Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews.

Miss Andreina Snape: Hola linda, ésa va a ser precisamente la cara que va a poner, jeje. Pero el asombro no le va a durar tanto tiempo como el coraje. En cuanto a los Dementores, no te preocupes, porque Severus no tendrá que verles la cara, su tarea va a ser otra. Eres la primera que me dice que detesta a Oliver. Hum... sé que tal vez lo parezca, pero la verdad es que él no se ha metido entre ellos. De hecho, fue el primero de quien Blaise se enamoró. De Draco se enamoró poco tiempo después, aunque se haya relacionado primero con él. En cuanto al perdón por parte de Draco, creo que Blaise tendrá que hacer mucho para lograrlo. En esta primera parte se sabrá lo de Harry y Severus. En cuanto a lo del medallón, pues verás lo que decidirá Harry al respecto. Espero que te guste el capítulo y muchas gracias por tu comentario. Besitos miles.

Marck Evans: Hola, Marck, antes que todo, muchas gracias por el esfuerzo al escribir en un idioma que no es el tuyo, y te aseguro que te he entendido a la perfección, así que puedes decir que ya casi dominas el español escrito. Me halaga de verdad que cada capítulo de la historia te gustara, y que te guste el Lucius que he manejado en ella. Sé que está algo fuera de OCC, pero me he esforzado porque no pierda lo más esencial de ser un Malfoy. En cuanto a Sirius, en éste capítulo podrás ver que no tendrá un infarto, pero sí una reacción muy fuerte –y creo que lógica-, a lo que descubrirá. Draco ha sufrido mucho en esta historia, creo que es el que más lo ha hecho, y me da pena tener que decir que seguirá sufriendo por un buen rato más. Al crear la trama de la historia no medí su sufrimiento, pues no consideré su relación tan cercana con la mayoría de los personajes. Draco hará muchas cosas con las cartas de Blaise, pero el destino de ellas se verá mucho más adelante. En cuanto a un trío... creo que en esta historia no lo habrá. Blaise tendrá que tomar una decisión sobre las dos personas que ama, y será definitiva, sólo espero que el resultado no te decepcione, ni al resto de los lectores. En cuanto a Lucius y Remus... sabemos que el corazón de Remus ya está ocupado, pero el rubio también hará su lucha, así que en ese aspecto aún no hay nada dicho. Me alegra mucho que Narcisa te gustara, aunque tuve que dejarla en el camino te aseguro que no se habrá ido en vano. Ahora me disculpo yo por esta respuesta enorme. Muchas gracias por tu comentario y espero que este capítulo también te guste. Un abrazo y un beso para ti también.

Ailuj: Hola Julia, nada de eso, ningún comentario es tardío para mí, y en cambio los recibo con mucho gusto. Espero que te la hayas pasado de lo más lindo en tu descanso. En cuanto al regalo de Narcisa, a Lucius le servirá más adelante, pero con quien menos te lo imaginas. Me alegra que la relación de Harry y Severus te siga gustando, y en cuanto a Draco, tienes toda la razón, cada golpe es una piedra menos en el camino a su felicidad (jo, qué bien se oyó eso) En cuanto a Harry y el medallón, conocerás su decisión en éste capítulo, y de Dumbledore no es de extrañar, pues siempre ha sido así. En cuanto a Sirius, jeje, Pomfrey sí tendrá un paciente de un ataque, y no precisamente al corazón. No sabes el gusto me da saber que mi historia te emociona, eso me emociona también. Espero que disfrutes de este capítulo y muchas gracias por tu comentario. Saludos y besos.

Sedex: Hola Sedex, la situación con este trío seguirá siendo complicada durante un rato más, hasta que Blaise tome la decisión que tenga que tomar. Draco seguirá sufriendo, sólo espero que lo que tengo destinado para él lo compense con creces. En éste capítulo verás lo que ocurre con Sirius y su encuentro con Harry, y ejem... (busco y busco a ver donde puse que no habría sangre) hum... muertos no habrá, al menos no en este capítulo, eso te lo puedo asegurar. En cuanto a que a Dumbledore no le vaya a pasar nada, pues... tampoco lo puedo asegurar, jeje. Mejor te dejo tranquila para que leas el capítulo y te mando muchos abrazos y besos.

Kitty Cat: Hola Kitty, me alegra mucho que la historia te guste. En éste capítulo podrás ver la decisión que Harry toma con respecto al medallón. No habrá embarazo más que el de Oliver, tal vez pueda tratar un mpreg de ellos dos en alguna otra historia. Aunque el medallón pasará a un segundo plano por el momento, eso no significa que pase al olvido. Tendrá su importancia debida más adelante. Te agradezco mucho que me dejaras un comentario y te mando muchos saludos y besos.

A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.

XVI

La hora de la verdad.

Primera Parte.

Draco caminaba con paso inseguro por los pasillos que conducían a sus habitaciones. La noticia que acababa de escuchar aún seguía repitiéndose en su mente una y otra vez, taladrando sus sentidos. Tenía la vista nublada, se sentía mareado y no podía respirar. Se detuvo un instante para recuperar el aliento y se recargó sobre la fría pared, su frente pegada a ella tratando de refrescarla.

Durante varios minutos el muchacho permaneció en ésa posición. Cualquiera que le hubiera visto en ése momento habría pensado que se encontraba en estado de ebriedad. Con los labios apretados y los brazos caídos se balanceaba de un lado a otro sobre su frente aún pegada en la dura roca, lacerándola sin darse cuenta con las diminutas piedras incrustadas en los viejos ladrillos.

Una pequeña gota de sangre escurrió por su mejilla y él pensó que estaba llorando. Limpió la gota con su temblorosa mano y entonces se dio cuenta de lo que pasaba. Suspiró mientras retiraba su cabeza de la áspera roca. Siguió caminando, sosteniéndose con una mano para no perder el equilibrio, pues aún se sentía mareado. Divisó el camino donde se hallaban los aposentos que compartía con su padre y aceleró sus pasos para llegar cuanto antes.

Llegó frente a su puerta y con frustración se dio cuenta que no recordaba la contraseña. Se quedó parado un rato con los ojos cerrados tratando de recordarla. Cuando al fin pudo lograrlo la puerta se abrió y él entró, la mirada perdida y pequeñas gotas de sangre escurriendo aún de su lastimada frente.

Lucius Malfoy se encontraba absorto leyendo un libro en la sala. Escuchó la puerta abrirse y dejó su libro a un lado para saludar a su hijo.

-Hola, Draco. Pensé que tardarías más con Severus... –Frunció el ceño en gran preocupación cuando vio al muchacho-. ¿Qué te ocurrió?

Draco permaneció parado frente a su padre. Un nudo en la garganta le impidió hablar. Con pasos lentos se encaminó a su habitación, pero Lucius se atravesó en su camino, impidiéndole el paso.

-¿Qué fue lo que te pasó? –El mutismo de su hijo aumentó su preocupación. Draco continuaba parado frente a él, su mirada extraviada-. ¿Draco?

El muchacho volteó a ver a su padre, su mirada gris convirtiéndose en agua. Apretó los puños y su cuerpo comenzó a temblar. Un jadeo brotó de sus labios y antes de que su padre pudiera preguntarle nada más, su hijo cayó de rodillas frente a él. Lucius se adelantó para tratar de sostenerlo y se sorprendió cuando su hijo buscó su regazo y refugió en él su rostro inundado de lágrimas.

Lucius suspiró mientras acariciaba los rubios cabellos de su hijo, quien sólo se estremecía entre sollozos mientras articulaba frases entrecortadas que el hombre no lograba comprender.

-No sé qué fue lo que te ocurrió que te ha puesto de ésa manera... –Le susurró mientras continuaba acariciando sus suaves cabellos, sus manos manchándose con la sangre de su frente-. Sé que no he sido el mejor de los padres y que no tengo derecho a tu confianza. Sólo quiero que sepas que si necesitas hablar, yo estaré dispuesto a escucharte. No lo olvides.

Calló al sentir que los sollozos de Draco aumentaban. Su hijo se abrazó a él con más fuerza y entonces Lucius pudo sentir que a pesar de todo, aún no era tarde para demostrarle que podía ser un buen padre.

oooooooOooooooo

El arribo del crepúsculo sobre los terrenos del Castillo daba un matiz rojizo al cielo, iluminado por los últimos rayos del sol que comenzaba a ocultarse detrás de las colinas cubiertas de verde hierba, y coronadas por nubes arreboladas. Las mismas nubes a las que Harry y Severus en ése momento trataban de encontrarles forma, y que ocultaban con sublime discreción la pálida presencia de la luna, a unos cuantos días de ser redonda.

Se encontraban frente al lago, como todas las tardes. El muchacho estaba sentado con la espalda recargada contra el árbol. Severus se hallaba recostado con su cabeza descansando sobre las piernas de su pareja. De vez en cuando Harry se inclinaba para darle un suave beso y Severus le correspondía enredando sus dedos en sus negros cabellos.

-¿Qué forma le encuentras a ésa? –Severus señaló una nube y Harry siguió la trayectoria de su mano.

-Tiene la forma de un borreguito...

-¿Y aquélla? –El hombre señaló otra y Harry sonrió.

-Un globo.

-No, Harry. –Lo corrigió su pareja-. Tiene la forma de un caldero... al revés.

Harry rió con suavidad. Él le había encontrado la misma forma pero había preferido jugar con él.

-¿No puedes pensar en otra cosa que no sea en tu trabajo? -El muchacho pellizcó su mejilla y Severus apretó los ojos por inercia.

-Pienso en ti. Todo el tiempo.

-¿En serio? –Harry se inclinó y besó la punta de su nariz-. ¿Y qué es lo que piensas?

-Eso... te lo diré más tarde... en nuestra habitación... –Harry hizo un pequeño puchero y Severus rió.

Pasaron varios minutos en completo silencio, disfrutando de la llegada de la noche y de su compañía mutua. Hasta que Severus hizo algo que a su pareja le extrañó. Cerró los ojos y levantó ambas manos, dibujando formas invisibles en el aire.

-¿Qué estás haciendo? –Le preguntó mientras dirigía su atención al movimiento de sus manos. Severus suspiró mientras continuaba con los ojos cerrados.

-Hay algo... que no he hecho desde que era un niño... –Su pareja siguió observándolo-. Sólo quiero ver si puedo hacerlo otra vez...

Harry guardó silencio mientras veía a Severus mover sus manos con elegancia, de una forma que al muchacho le recordó a un maestro dirigiendo una orquesta. El sol se había ocultado y la luna se mostraba sin pudor iluminando la noche y dándole una claridad etérea. Las níveas manos de Severus resaltaban en la oscuridad y Harry casi pudo ver que tenían la blancura de la misma luna.

Pero cualquier pensamiento fue dejado a un lado cuando, de los largos dedos de Severus, comenzaron a surgir unas extrañas luces. Harry abrió grandes sus verdes ojos cuando su pareja delineó una forma en el aire y las luces adquirieron la forma que Severus había invocado con sus manos.

El profesor mantenía sus negros ojos cerrados. Sus manos dibujaban formas caprichosas en el aire y las luces las seguían, haciéndose contrastantes con la oscuridad que los rodeaba. Harry tenía su mirada fija sobre las delgadas líneas de distintos colores. Rojos, amarillos, azules, naranjas, verdes, blancos... algunas tan intensas que tenía que entrecerrar los ojos cuando su intensidad hería sus verdes pupilas. Algunas otras tan sutiles que el muchacho tenía que aguzar la vista para distinguirlas.

Severus permaneció un rato más dejando que sus dedos dibujaran por voluntad propia. Harry seguía absorto en el vaivén de sus manos. Cerró por un momento sus verdes ojos, tratando de guardar en su memoria ése maravilloso momento. Y se sorprendió cuando descubrió que también podía verlas con los ojos cerrados.

El hombre detuvo sus movimientos y volteó a verlo. Ojos negros buscando los verdes ojos del muchacho que tanto amaba.

-¿Cómo... cómo hiciste eso? –Severus vio cómo su pareja abría sus ojos y sonreía, aún sin poder creer lo que acababa de presenciar. Harry tartamudeó mientras tomaba las manos de Severus y las examinó, buscando algún objeto mágico. No encontró nada-. ¿Cómo pudiste... hacer eso sin varita?

-¿Las viste? –Severus frunció el ceño ante la pregunta de Harry. Se incorporó para quedar sentado frente a él y tomó su rostro haciendo que el muchacho lo mirara a los ojos-. ¿Tú también viste las luces?

-Vi todo lo que hiciste. –Fue la respuesta del joven Gryffindor-. Vi las luces y los colores... y las formas...

-No puedo creer que tú también las vieras... –Severus acarició su rostro y Harry se estremeció, al sentir la suave caricia de esos ágiles dedos que hacía unos momentos observara danzando con tanta gracia-. Se supone que nadie puede verlas más que yo...

-Pues no es así. –Harry tomó ambas manos de su pareja y las dirigió a sus labios, depositando un beso en cada una-. Yo también las vi. Hasta con los ojos cerrados. ¿Me dirás cómo lo hiciste?

-Lo descubrí hace mucho tiempo... –Severus trató de enfocar su mente en lo que parecía ser un recuerdo muy lejano-. Cuando apenas era un niño.

-¿Podrías contarme? –Ante la vacilación de su pareja-. ¿Por favor...?

-Está bien... –Suspiró-. Una vez mi padre regresó a casa, después de una reunión con mortífagos. Mi madre había salido con unas amigas y me dejó a cargo de la elfina que me cuidaba. Se suponía que regresaría antes que mi padre pero no fue así...

Harry permaneció en silencio, esperando que su pareja continuara.

-Cuando vio que mi madre no estaba se enfureció. Ella había dejado instrucciones a la elfina de que me protegiera si mi padre intentaba golpearme. Ella intuyó que algo así sucedería y entonces me ocultó en la cocina. En un espacio muy pequeño que utilizaban como bodega secreta.

-¿Bodega secreta?

-Los elfos tenían prohibido beber en casa. Ahí guardaban algunas cajas de cerveza de mantequilla.

-Entiendo...

-Mina... así se llamaba. Mina permaneció oculta a mi lado mientras mi padre destrozaba todo lo que hallaba a su paso. Cuando mi madre llegó él la interrogó. Ella le tenía tanto miedo que no pudo decirle nada. Entonces comenzó a golpearla.

Severus calló durante un momento. Harry suspiró mientras acariciaba su cabello, consciente de que él necesitaba silencio.

-Cuando escuché que mi padre la golpeaba quise salir de mi escondite para defenderla, pero Mina no me lo permitió. Ella salió y cerró la pequeña puerta con un hechizo para que yo no pudiera salir. Todo estaba muy oscuro y sólo alcanzaba a escuchar los gritos de mi padre y las súplicas de mi madre para que ya no siguiera golpeándola.

-¿Qué edad tenías?

-Nueve años... aún no poseía varita. –Severus prosiguió con su relato-. Mina trataba de intervenir, pero cada vez que lo intentaba mi padre lograba ahuyentarla con un hechizo. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que los gritos dejaron de escucharse.

-¿Qué sucedió contigo?

-Permanecí escondido algún tiempo más. –Movió la cabeza de un lado a otro, recordando lo ocurrido-. Pensé que Mina se había olvidado de mí. Después me enteraría que habían logrado librarse de la ira de mi padre y que él se había marchado. Mina se había dedicado a curar las heridas de mi madre, por eso no se acordó de mí.

-Debiste sentir mucho miedo... –Severus asintió-. ¿Qué hiciste durante todo ese tiempo que estuviste encerrado?

-Traté de entretenerme de algún modo. No era la primera vez que tenía que esconderme de mi padre, ya me había escondido muchas veces dentro del clóset. Pero nunca en un lugar tan reducido y tan oscuro como ése, y sin poder salir. Así que me distraje recordando todos los hechizos que venían a mi memoria. Cuando todos los hechizos que sabía se terminaron, entonces comencé a hacer guiños con las manos.

-¿Sabes hacer guiños? –Preguntó Harry, sorprendido por la revelación.

-Mi madre me enseñó a hacer figuras en las paredes con las sombras que proyectaban las velas encendidas. –Continuó con su relato-. Pero yo no tenía luz. Sabía que existía un hechizo que hacía salir luz de la varita, iluminándolo todo.

-El hechizo "Lumus".

-Exacto. Como no podía ver nada, entonces intenté con todas mis fuerzas que de mis dedos manara alguna luz para que pudiera iluminar todo a mi alrededor. Cerré los ojos y me concentré lo más que pude. Cuando los abrí me llevé una gran sorpresa. No sólo salía una luz blanca de mis dedos, sino muchas luces de distintos colores. Como las que acabas de ver.

-Es increíble lo que me has contado... –Harry acarició con el dedo índice todo el contorno de sus negras cejas-. Tus padres debieron llevarse una gran sorpresa cuando supieron lo que tú eras capaz de hacer con tus manos.

-Nada de eso, Harry. Nadie más que yo pude verlas. –Interrumpió su pareja-. Cuando intenté mostrarles, ellos nunca las vieron. Insistí tanto en ello que mi padre creyó que me había vuelto loco. Me golpeó y me amenazó con encerrarme en San Mungo si seguía diciendo que veía luces. Jamás lo intenté de nuevo. Hasta ahora.

El rostro de Harry se contrajo en un gesto de genuina sorpresa.

-¿Quieres decir... que soy el único que las ha visto? –Ante la afirmación de Severus, el muchacho cerró sus verdes ojos y suspiró al tiempo que sentía una gran emoción llenar su corazón. Recargó su rostro en la mano que lo acunaba-. Si yo también puedo verlas... ¿Qué crees que signifique?

-No lo sé, Harry. –Fue la respuesta de su pareja-. Tal vez Albus pueda decirme algo al respecto. Me encargaré de preguntárselo.

Severus volvió a su lugar en el regazo de Harry. Éste acarició sus suaves cabellos mientras pensaba en lo que acababa de ocurrir. Él jamás se imaginó que Severus tuviera un don tan hermoso, y que él pudiera ser partícipe y único testigo de ello lo tenía sorprendido.

Por otro lado, se sentía feliz al ver que la confianza que había entre los dos crecía día a día, y que su relación con Severus había llegado hasta el punto de contarse el uno al otro algunas cosas de su pasado. Como aquélla vez que Severus había hecho referencia a sus anteriores relaciones. Pero jamás había sucedido que su pareja le contara un secreto guardado con tanto celo durante casi toda su vida... y mucho menos que le confiara algún recuerdo doloroso relacionado con sus padres.

-¿En qué piensas? –La varonil voz de Severus interrumpió sus pensamientos. Harry siguió acariciando sus negros cabellos y le sonrió mientras le respondía.

-Me siento halagado al saber que has compartido conmigo algo tan especial como eso. –Observó a Severus sonreír, la luna reflejándose en sus negros ojos-. Y el que tú me hayas contado una parte tan personal de tu vida me hace sentir que soy digno de tu confianza... y eso me hace muy feliz.

Severus levantó un poco el rostro para acercarlo al suyo. Depositó un beso en sus labios y le respondió de la misma forma.

-Yo también soy feliz, Harry. Porque ahora estás conmigo...

-Y lo estaré siempre, Severus. –El muchacho correspondió al beso de su pareja y depositó su cabeza sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón-. Sin importar lo que pase, siempre estaré contigo.

Severus enredó sus largos dedos en sus cabellos y cerró los ojos. Pasaron unos minutos antes de que Harry se diera cuenta que se había quedado dormido, y sonrió mientras acariciaba su amplio pecho por encima de su ropa. Pudo notar que traía puesto el medallón que Albus le regalara y entonces recordó su conversación con el viejo director.

En realidad no había sido una conversación. Ni siquiera el anciano se había tomado la molestia de explicarle sus razones. Sólo recordaba con nitidez la pregunta que el director le había dirigido antes de que Harry pudiera siquiera plantearse la posibilidad de decirle nada más.

-Si hubieras tenido la misma oportunidad de protegerlo de alguna manera... ¿Tú no habrías hecho lo mismo?

Y el Gryffindor sólo se había concretado a mirarlo con seriedad y después había salido de la oficina. Y aunque no le había respondido al director estaba seguro que el anciano mago sabía muy bien su respuesta.

Volteó a ver el rostro sereno del hombre que dormitaba en su regazo. Sus negros ojos cerrados y una ligera sonrisa en sus labios. Sonrisa que sólo podía apreciar en momentos tan especiales como ése.

-Claro que hubiera hecho lo mismo... lo único que me molesta es que no se me haya ocurrido primero... –Murmuró mientras acercaba su rostro al suyo para besarlo. Severus reaccionó al beso y le correspondió tomando su cuello con su mano y atrayéndolo más hacia él.

Estuvieron unos minutos más besándose. La luz de la luna iluminaba ambos cuerpos vestidos de negro y Harry aventuró sus manos sobre el cuerpo del profesor, quien gimió en respuesta contra su boca, ávida por probar más de él.

Estaba a punto de pedirle que se fueran a su habitación cuando un ruido extraño lo sobresaltó. El cuerpo de su pareja se tensó y ambos se separaron. El hombre se enderezó de su posición y Harry pudo ver en la oscuridad cómo fruncía el ceño, alterado, mientras miraba hacia un punto fijo. Harry siguió la mirada de su pareja y se quedó petrificado.

A unos metros de ellos, un imponente perro negro gruñía feroz, las enormes fauces abiertas mostrando sus filosos colmillos. Antes de que pudieran reaccionar, Sirius Black en su forma de animago se lanzó sobre Severus. Y mientras su pareja era atacada por su padrino Harry sólo atinó a gritar su nombre.

oooooooOooooooo

-Lamento molestarte tan tarde, Remus. Pero necesito ésas calificaciones para enviarlas al Comité.

-No te preocupes, Minerva. Ya están listas. Sólo faltan las de sexto y séptimo.

La subdirectora siguió al profesor de Defensa a su oficina. Cuando llegaron, Remus se dirigió hacia su escritorio para buscar la información que la animaga le pedía.

-No hay problema. Puedes entregármelas después. –El licántropo asintió desde su lugar en el escritorio y mientras lo esperaba, la subdirectora se dedicó a observar el lugar. Su vista se detuvo de repente en la pizarra y conforme fue leyendo lo que en ella estaba escrito su rostro fue palideciendo-. Remus...

-¿Dime? –El hombre siguió con lo que hacía sin levantar la mirada.

-¿Has visto hoy a Sirius?

-No. –Respondió sin darle importancia-. Hoy no vino a ver a Harry. ¿Por qué me preguntas?

-Es que... hay un mensaje en tu pizarra.

El licántropo levantó la vista y frunció el ceño mientras se acercaba a la animaga. Reconoció la letra de su amigo enseguida.

"Pasé a saludarte pero no te encontré. Fui a buscar a Harry al lago para entregarle su regalo. Si ves este mensaje te estaremos esperando. Sirius."

-Debió llegar hace rato. Con toda seguridad debe estar con Harry ahora.

-¡Por Merlín! –Minerva se llevó las manos a la boca, sintiendo que las rodillas se le doblaban-. ¡Debemos ir al lago!

-¿Por qué? –Remus frunció el ceño al ver la preocupación dibujada en el rostro de la animaga-. ¿Qué está sucediendo, Minerva?

-¿Acaso no lo sabes? –El licántropo negó con la cabeza-. ¡Harry y Severus se citan en el lago todas las tardes!

Remus sintió que el alma le caía a los pies al escuchar esas palabras.

-Por favor, Minerva... dime que es una broma.

Pero Minerva ya salía del despacho a toda prisa. Remus salió tras ella con el corazón en vilo.

-No me esperes, Remus. Ve al lago lo más rápido que puedas, yo iré detrás de ti... presiento que habrá problemas.

Remus apresuró sus pasos hacia la salida del Castillo y corrió con todas sus fuerzas para llegar lo más pronto posible al lago, pidiendo con todo el corazón que Minerva estuviera equivocada. Deseaba que estuviera equivocada.

oooooooOooooooo

Lucius observaba el rostro dormido de su hijo. Después de que el muchacho se desahogara en su regazo, su padre se había dedicado a curar las heridas de su frente que aunque no eran graves, corrían el riesgo de dejar cicatrices.

Su hijo no había querido decirle nada, y él no le había insistido. Sabía que no había aún la confianza suficiente entre ambos como para que Draco le contara todos sus secretos. Pero al menos ya se había dado un acercamiento entre ellos, y eso lo tranquilizaba.

Se aseguró que su ventana estuviera bien cerrada y después de una última mirada a su hijo, salió de su habitación para dirigirse a la de él. Draco abrió los ojos con lentitud al escuchar que la puerta se cerraba. Se sentó en la orilla de la cama y alcanzó a oír cuando su padre se encerró en su habitación.

Sentía mucho no haberle dicho nada. Él pensaba que aún era muy pronto para ver a su propio padre como a un confidente. Incluso Severus le inspiraba más confianza que él. Enterró en sus manos su rostro, aún con visibles señales de llanto, mientras recordaba la conversación que por accidente escuchara en la enfermería.

"No puedo creer que estén esperando un hijo. Pero... ¿Cómo pudo haber sucedido?"

Él sabía muy bien que los embarazos masculinos no eran cosa natural. Era necesario un tratamiento para que un mago pudiera ser capaz de concebir.

"Wood debió beber una poción de fertilidad. No hay otra explicación para que ahora esté embarazado... y según lo que pude escuchar, Blaise lo sabe."

Sintió una gran rabia inundar sus venas.

-¿Cómo pudiste hacerme esto, Blaise? ¿Cómo pudiste?

Draco no podía concebir que Blaise siguiera insistiendo con él, aún sabiendo que esperaba un hijo con el otro. Menos aún podía creer que el embarazo de Oliver no fuera algo planeado.

-Ellos debieron estar en tratamiento. –Se dijo a sí mismo mientras se ponía de pie y se acercaba al ventanal para abrirlo. Le hacía falta aire fresco-. Ellos debieron llevar un buen tiempo intentándolo... entonces... ¿Por qué siguió buscándome? ¿Por qué?

Antes de que pudiera plantearse otra interrogante, una lechuza se posó en el alféizar de su ventana. La reconoció enseguida como la lechuza de Blaise.

Tal fue la ira que sintió por el descaro de su ex pareja, que el rubio estuvo a punto de sacar su varita y lanzarle un Kedavra. Pero se abstuvo al pensar que el animal no tenía ninguna culpa.

Suspiró, tratando de tranquilizarse. Con cuidado desató el pequeño pergamino de la pata del animal que, presintiendo el estado de ánimo del muchacho, levantó el vuelo apenas la hubo soltado perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Draco permaneció unos momentos más parado en el ventanal, el pergamino enrollado aún en su mano. Después se dirigió a su mesita de noche y abrió su cajón para extraer todas las demás cartas, aún sin leer, que Blaise le enviara.

-Son demasiadas... –Se dijo mientras las sostenía entre sus manos, el ceño fruncido en clara molestia-. Demasiadas mentiras...

Su rostro fue cambiando poco a poco conforme una idea cruzaba su mente. Él estuvo ciego todo ése tiempo y se había enterado del engaño de Blaise de la manera más cruel. Ahora también se enteraba del embarazo de Oliver de la misma forma.

-¿Por qué he de ser el único que sufra su engaño? –Susurró con malicia mientras guardaba una de las cartas en la bolsa de su pantalón-. Sólo necesito una...

Guardó las demás cartas y tomó su capa. La colocó sobre su espalda con lentitud, disfrutando del momento que se acercaba. Tratando de no hacer ruido salió de su habitación y de los aposentos que compartía con su padre. Palpó por encima de su pantalón el pequeño pergamino y se dirigió hacia la enfermería.

Era hora de que la venda que cegaba a Oliver Wood también cayera... y él mismo se encargaría de que así fuera.

oooooooOooooooo

Severus Snape no podía creer lo que estaba sucediendo. Un segundo antes se encontraba recostado sobre el regazo de Harry, besando sus carnosos labios. Y de un momento a otro la situación cambió. Un extraño ruido lo había puesto en alerta y dejó de besar a su pareja para ver qué ocurría.

Y ahora se encontraba en el pasto, tendido por completo sobre él y con un enorme animal sobre su cuerpo. Repuesto de la sorpresa inicial había reconocido a su atacante, cuyos filosos colmillos habían buscado su cuello, y que él protegió con sus brazos por instinto.

Escuchó el grito asustado de Harry al mismo tiempo que su brazo izquierdo recibía el ataque directo. Agudas punzadas de dolor lo recorrieron desde el hombro hasta la punta de sus dedos y no pudo evitar proferir una maldición cuando la carne de su antebrazo fue desgarrada por el furioso perro.

-¡Basta! ¡Detente! –Harry se abalanzó sobre el enorme animal y se montó sobre él para tratar de alejarlo de su pareja. Se asustó cuando vio la sangre en el pasto y sacó fuerzas de flaqueza para despegar al animal de Severus, tomándolo por las orejas.

El perro aulló al sentirse izado de ésa manera. Severus se levantó como pudo y con mucho esfuerzo sacó su varita de su cinturón. Harry trataba de mantener alejado a su padrino, pero por más que lo intentaba la fuerza del animal era mayor. Severus trató de lanzarle un "Desmaius", pero Sirius fue más rápido y logró zafarse del agarre de su ahijado recuperando su forma humana, varita en mano.

-¡Crucio! –La maldición lanzada por el animago se dirigió hacia el pecho de Severus, quien no pudo hacer nada para esquivarla.

-¡Severus! –Harry corrió hacia donde su pareja se encontraba. El profesor no se había movido un solo milímetro y se mostraba sorprendido-. ¿Estás bien?

-No... pasó nada... –Se palpó a sí mismo para comprobar que no sentía ningún dolor. Levantó sus negros ojos hacia el hombre a unos metros de él, quien lo miró atónito al darse cuenta que no había logrado hacerle daño-. ¡Eres un estúpido, Black! ¡Ni siquiera puedes apuntar bien!

El ex mortífago levantó su varita para lanzar una maldición al animago, quien a su vez volvió a apuntar hacia el pecho de Severus. Pero Harry se adelantó y se interpuso entre ellos.

-¡Quítate de en medio, Harry! –Le gritó a su ahijado, sus azules ojos llenos de ira-. ¡Quítate si no quieres que te lastime!

-¡No me quitaré! –Harry se acercó a su padrino, tratando de tranquilizarlo.

Se detuvo de golpe al ver a los ojos de una de las personas que más quería. Había mucha ira. Pero también mucho dolor y decepción. Ésa mirada lo hirió mucho más que cualquier cruciatus que pudiera haber recibido de él en cualquier momento.

-Por favor... déjanos explicarte...

-¿Por qué, Harry? –Fue la primera pregunta que brotó de sus labios-. ¿Por qué, mi niño?

-Lo amo... –El muchacho se armó de valor y mantuvo su mirada sobre él-. Los dos nos amamos.

-No puede ser... –Sirius negó con la cabeza, rechazando las palabras de su ahijado-. Tú no puedes amar a ése...

-Es la verdad... –Severus mantenía la varita en alto y la sangre manaba de su otro brazo en grandes cantidades. Comenzaba a sentirse mareado-. Yo también lo amo.

Sirius no quiso seguir escuchando y sin poder controlar su rabia lanzó lejos a Harry, quien cayó sentado en el pasto, junto al árbol. Antes de que el muchacho pudiera levantarse el animago volvió a lanzarle a Severus otra maldición, que el ex mortífago tampoco sintió.

Severus respondió al ataque y de un momento a otro, ambos se encontraban enfrascados en un agresivo duelo. Algunas maldiciones dieron en el cuerpo del animago, quien le lanzó otras maldiciones más al profesor. Severus pudo esquivar algunas, pero otras dieron en su cuerpo sin hacerle daño.

Harry no podía hacer nada más que observar, con evidente impotencia, cómo las dos personas más importantes de su vida desquitaban el infinito odio que desde hacía tantos años los carcomía. Quería sacar su varita y desmayarlos a ambos, pero sabía que no serviría de nada. En cuanto los despertara volverían a atacarse.

Y si su padrino ya se había enterado de su relación, no tenía ningún caso lanzarle un hechizo para que lo olvidara. Tarde o temprano tendrían que volver a enfrentarlo, y era mejor hacerlo de una vez por todas.

-¡Por favor, Sirius! –Harry logró llegar a su lado cuando el animago fue derribado. Éste se puso de pie de inmediato, dispuesto a seguir atacando a Severus-. ¡Por favor! ¡Detente!

-¿¡Desde cuándo estás con ése...? –Le increpó a su ahijado. Y furioso al ver que no le respondía se dirigió al profesor-. ¿¡Desde cuándo te has atrevido a poner tus sucias manos encima de Harry?

-¡Eso no es asunto tuyo! –Severus mantenía la varita en alto, pero el dolor en su brazo izquierdo era insoportable. La zona desgarrada le ardía y la gran pérdida de sangre hacía que comenzara a ver borroso. Se sostuvo la herida tratando de contener la hemorragia.

-Sirius, por favor... –Harry corrió hacia su pareja y permaneció junto a él-. ¡Necesita atención médica!

-¿Te has revolcado con él? –Sirius pudo ver cómo Harry bajaba el rostro, mientras Severus fruncía el ceño, ofendido ante su forma de expresar algo que para ellos era tan especial.

-¿Cómo te atreves a hablarle así? –Le alegó el profesor, los dientes apretados y sus negros ojos clavándose en él como dagas.

-¡Responde! –La mirada azul de Sirius estaba dirigida hacia el muchacho.

-Eso no te importa... –Severus respondió por su pareja. El tono indiferente de su voz hizo que el rostro de Sirius se descompusiera aún más-. Ocúpate de tus propios asuntos.

-Eres... un... madito... asalta cunas... ¡Crucio!

-¡No!¡Sirius! –Harry no tuvo otra opción mas que interponerse entre Severus y la maldición. Estaba seguro que a ésas alturas, el profesor Dumbledore no iba a poder resistir más maldiciones. Se abrazó a Severus y éste sólo pudo sostenerlo mientras el muchacho se retorcía de dolor entre sus brazos.

-¡Harry! –Sirius bajó la varita de inmediato y corrió hacia su ahijado-. ¿Estás bien?

Severus depositó el cuerpo adolorido del muchacho sobre el pasto. Harry tenía los ojos entrecerrados y el gesto torcido en una mueca de sufrimiento. Lo apretó contra sí, tratando de confortarlo.

-¡No te acerques a él! –Le gritó al animago cuando lo vio aproximarse. Su varita apuntando directo a su corazón-. ¿Cómo te atreves a lastimarlo?

-¡No sabía que se interpondría! –Le respondió el otro, fuera de sí-. ¿¡Cómo diablos iba yo a saberlo?

-¡Debiste imaginarlo!

-Severus... –La voz de Harry se dejó escuchar y ambos callaron-. Estoy bien...

-Suéltalo... –Sirius se acercó a Harry y trató de levantarlo en brazos, haciendo a Severus a un lado-. ¡Quítate!

-¡No lo toques! –Severus apretó más el cuerpo de su pareja contra el suyo. Sirius volvió a perder los estribos y lo golpeó en el rostro. Severus no tuvo tiempo de meter las manos para evitarlo.

-¡Basta! –El animago sintió que alguien lo levantaba en el aire y cuando sus pies tocaron tierra se encontró con la mirada dorada de Remus-. ¿Qué le pasó a Harry?

-¡Éste imbécil lo hirió con un cruciatus! –Severus respondió antes que el animago. Remus volteó a ver a su amigo, el ceño fruncido y sus dorados ojos brillando de rabia.

-¿Es cierto eso?

-Fue un accidente. –Sirius agitó la mano con la que golpeara a Severus-. No sabes lo que ha ocurrido...

Un silencio incómodo siguió a ése comentario. El animago iba a agregar algo más cuando escucharon que alguien se acercaba. Era Minerva.

-Espero que tengan una buena razón para justificar lo que acaba de ocurrir... –La mujer llegó casi sin aliento y los miró con intensa seriedad. Prefiriendo mantenerse al margen fingió no saber nada-. Porque no creo que Albus les acepte cualquier excusa.

Volteó a ver a Severus, quien aún sostenía a Harry entre sus brazos.

-¿Se encuentra bien, señor Potter? –El muchacho asintió y no tuvo más remedio que levantarse. Severus se quedó parado junto a él, su brazo ardiendo y una mueca de dolor en sus labios.

-¿Severus? –La mujer alcanzó a ver la sangre que manaba de su brazo-. Será mejor que vayas a la enfermería.

-No. Necesito arreglar esto de una vez.

-Te estás desangrando... –Harry se acercó a su pareja, provocando un gesto de rabia en Sirius-. Iré contigo...

-¡Tú no irás a ninguna parte! –Sirius se adelantó y tomó a Harry por el brazo-. ¡Vienes conmigo ahora!

-¡Déjalo! –Severus lo tomó del otro brazo y el muchacho gimió por el dolor.

-¡Deténganse! ¡Los dos! –Remus dejó libre el brazo de Harry de la mano de Sirius. Severus también lo soltó al darse cuenta que le hacía daño-. Será mejor que nos vayamos, Sirius. Necesitas tranquilizarte...

-Nadie irá a ningún lado hasta que esto se arregle. –Minerva se dirigió a Severus-. Ve a la enfermería y si Poppy te lo permite alcánzanos en la dirección. Ustedes... acompáñenme.

Severus no tuvo otra opción. Tambaleante, se encaminó a la enfermería volteando su mirada de vez en cuando hacia Harry quien, escoltado por Sirius y Remus, caminaba detrás de la subdirectora rumbo a la oficina del director. El muchacho volteó a verlo, su rostro compungido y adolorido aún, y Severus entonces tuvo la ligera sospecha de que les aguardaban serios problemas.

oooooooOooooooo

Oliver suspiró mientras volteaba a ver el reloj de pared en la oficina de la enfermería. Hacía varias horas que Poppy se había marchado a una emergencia y el muchacho sólo estaba esperando a que volviera para poder irse a sus aposentos a descansar. Se desperezó en la silla en la que se hallaba sentado leyendo un libro, pues ya no tenía otra cosa qué hacer.

Ésa misma tarde había empacado sus cosas para mudarse al día siguiente al departamento de Blaise. Puesto que ya no tendría que buscar trabajo en otro lado, Poppy le había autorizado abrir una red desde el departamento hacia la enfermería, con el objeto de que Oliver no tuviera que viajar por ningún otro medio para presentarse a trabajar.

No cabía en sí de la emoción. Para poder quedarse otro año más en la enfermería, había tenido que solicitar la autorización del profesor Dumbledore. Pero estaba consciente que para eso debía explicarle sus verdaderas razones. Cuando el director se enteró de su embarazo se regocijó con la noticia y no sólo lo felicitó; además, le aumentó el beneficio de la beca sin que él se lo pidiera.

Un largo suspiro brotó de sus labios mientras cerraba sus ojos marrones y se creaba una imagen de Blaise y él teniendo una vida en común. Se imaginó a sí mismo dentro de dos o tres años, volviendo de sus clases en la universidad una noche cualquiera. Se imaginó a su pareja esperándolo y a su pequeño correteando alrededor la casa. Puso una mano en su regazo y acarició al pequeño ser que se formaba dentro de él, poco a poco y con la paciencia que a su futuro padre ya le faltaba.

"Ya quiero conocerte..." Pensó mientras continuaba acariciando su plano vientre, sus ojos aún cerrados. "Ya quiero que llegue el día en que te pueda sostener entre mis brazos, mi pequeño..." Una sonrisa soñadora se dibujó en sus labios. "¿Serás niño? ¿O serás niña?"

Recordó de pronto que en alguna parte había escuchado que los bebés pueden oír dentro del vientre. Y aunque él sabía que aún era muy pronto para eso, no le importó y sus delgados labios se abrieron para comenzar a tararear una dulce canción.

Su bien modulada voz se dejó escuchar por toda la oficina. Una melodía suave que llenaba cada rincón de ése pequeño espacio donde se encontraba. Oliver siguió con sus ojos cerrados, recargado en la silla y meciéndose de forma inconsciente, como si ya estuviera arrullando a su bebé.

-Me gustaría que fueras una niña... –Murmuró en mitad de la canción, como si quisiera que su bebé lo escuchara y pudiera cumplir su deseo-. Y que tengas sus ojos y su cabello...

Mientras cantaba, no reparó en que Draco ya se encontraba parado bajo el dintel de la puerta. El rubio permaneció en ése lugar sin saber qué hacer. Por un lado quería interrumpir ésa escena que, a pesar de ser muy dulce desde su ángulo de visión, dada las circunstancias en las que se daba le resultaba dolorosa.

Pero por otro lado, quería seguir parado en el mismo sitio. Quiso volverse invisible para que él no lo viera y entonces pudiera seguir escuchando ésa voz, tan hermosa como nunca antes había escuchado una.

Frunció el ceño, molesto por ésa situación. Él estaba ahí para abrirle los ojos. Para hacerle ver que su castillo de inmensa felicidad sólo era una ilusión. Quería que supiera que estaba siendo engañado de la misma forma en la que él lo había estado por mucho tiempo. Quería romper sus sueños y sus ilusiones igual que los de él fueron rotos. Palpó el pequeño pergamino en su bolsillo. Cerró los ojos y suspiró.

Oliver dejó de cantar de repente. Había creído escuchar la respiración de alguien muy cerca de él. Draco abrió sus grises ojos, que se encontraron con los grandes ojos cafés de Oliver. Éste sonrió apenado al darse cuenta que Draco lo había escuchado y poniéndose de pie se dirigió hacia el muchacho.

-¿Se te ofrece algo, Malfoy? -Lo observó por un momento-. ¿Qué te ocurrió ahora?

Draco no comprendió a lo que el moreno se refería. Éste le señaló la frente y entones entendió. Movió su cabeza, negando mientras sacaba el pergamino del bolsillo. Oliver frunció el ceño al tiempo que observaba el objeto en la mano el rubio. Extendió su mano para tomarlo, pero alguien detrás de Draco hizo que el auxiliar de Poppy desviara su atención de su persona.

-¿Profesor? –Draco se quedó con el pergamino en la mano. Oliver observaba a alguien detrás de él y se giró para ver quién era. Grande fue su sorpresa cuando vio a su padrino frente a él, sosteniendo su brazo izquierdo mientras que con un gesto de dolor mal disimulado trataba de contener una hemorragia.

-¿Qué te ocurrió? –Le preguntó, alarmado cuando el profesor se sostuvo de su hombro para no caer.

-¿Dónde está Poppy? –Severus entró a la oficina y se sentó en la silla que Oliver ocupara momentos antes. Ambos muchachos pudieron ver entonces la gravedad de su herida.

-Ella no está, profesor... –Le respondió Oliver mientras abría la gaveta y extraía material de curación-. Está atendiendo a un paciente.

-Maldición... tendré que ir a San Mungo. –El hombre hizo el intento de pararse, pero la gran pérdida de sangre hizo que se mareara, quedando sentado en el mismo sitio.

-Si me dice lo que le ocurrió tal vez pueda ayudarle. –Oliver acercó su mano para examinar la herida, pero Severus la retiró con brusquedad-. Si no lo examino no podré curarlo.

Severus y Draco cruzaron una mirada. Ambos sabían que él no podía ir a San Mungo. Para su mala suerte la herida se hallaba justo sobre la Marca. Estaba seguro que en San Mungo lo atenderían sin ningún problema, pero también sabía que al salir del hospital, algunos Aurores lo estarían esperando para llevarlo directo a Azkaban.

-No es que no confíe en su capacidad, señor Wood... –Le respondió entre dientes mientras lo miraba directo a los ojos-. Lo que sucede es que en este brazo tengo algo que no debe ver... y no sé si podré contar con su discreción.

Severus ya había sido herido muchas veces antes. Heridas tan graves que en otro cuerpo menos adaptado a ésas situaciones hubieran sido mortales. Su cuerpo estaba lleno de cicatrices que lo confirmaban. En la mayoría de los casos Poppy se había encargado de curar sus heridas, en otras ocasiones se había curado él mismo.

Pero ahora la situación era algo más complicada. La herida que Sirius le hiciera se encontraba en una zona inaccesible para poder curarse él solo, ya que necesitaría ambas manos para hacerlo. Y ahora que Poppy no se encontraba la situación empeoraba. Además, tenía mucha prisa ya que Harry lo esperaba en la oficina del director.

-No sé a qué se refiere, profesor. –Oliver interrumpió sus pensamientos-. Pero le aseguro que si no fuera discreto, no podría ser Medimago.

Severus meditó en las palabras del muchacho. Llegó a la conclusión de que si Poppy lo tenía como su auxiliar era porque confiaba en él. Además, ya no soportaba el dolor.

-De acuerdo... –Aceptó, sin otro remedio-. Pero le advierto que lo que vea dentro de ésta oficina, aquí se ha de quedar, a menos que prefiera que le lance un "Obliviate".

-No será necesario. –Respondió el moreno-. Seré discreto.

-¿Qué te pasó? –Draco se acercó a su padrino mientras Oliver retiraba sus prendas superiores con un hechizo y comenzaba a examinarlo.

-No querrás saberlo...

-Parece una mordida... –Oliver observó la herida con detenimiento-. ¿Le mordió algún animal?

-Un perro... muy rabioso. –Ambos muchachos se miraron, preocupados por la respuesta del profesor. Draco dio un paso atrás, por instinto-. No ése tipo de rabia, señor Malfoy. En realidad el perro estaba muy molesto.

Oliver sólo movió la cabeza mientras aplicaba un hechizo para contener la hemorragia. Sacó una poción de su gaveta y se la ofreció al profesor. Severus pudo ver que se trataba de una poción para que recuperara la sangre perdida.

El moreno comenzó con las curaciones. Limpió la carne herida con el líquido transparente que usara con Draco cuando curó su frente, lo que el rubio pudo observar mientras trataba de sacarle la verdad a su padrino. Éste sólo pronunció el apellido de Sirius con los labios y aunque Draco no le entendió, el desprecio que vio en ése gesto lo hizo comprenderlo.

-Te dije que fueran cuidadosos... –Le susurró mientras Oliver seguía con lo suyo-. ¿Dónde fue? ¿En el lago?

El hombre asintió mientras contraía su rostro en una mueca de dolor. Oliver se dio cuenta y aplicó un hechizo para anestesiar su brazo, cosa que el profesor le agradeció en su interior.

-¿Dónde está "H" ahora? –Severus lo miró con sorna al ver que Draco sólo había pronunciado la primera letra del nombre de su pareja, supuso que para evitar que Oliver lo supiera.

-En la dirección... con todos los demás.

-¿Con todos...? –Draco ya no siguió preguntando. No quería imaginarse a quiénes se refería su padrino con "todos".

Permanecieron en silencio observando a Oliver, quien después de desinfectar la herida comenzó a aplicarle hechizos para ir cerrándola. Tenía que hacerlo poco a poco, ya que la carne estaba tan dañada que si no le ponía el cuidado debido, corría el riesgo de que el músculo le quedara deforme.

La herida fue cerrando poco a poco mientras Oliver invocaba varios hechizos de curación. Conforme lo hacía, el muchacho pudo observar un extraño tatuaje en el sitio que estaba curando. Su rostro empezó a palidecer cuando, a pesar de su hinchazón, la Marca Tenebrosa adquirió completa forma en el antebrazo de su profesor.

-¿Se encuentra bien, señor Wood? –Preguntó el ex mortífago ante la palidez de su ex alumno. Éste sólo asintió en silencio mientras buscaba algo en la gaveta de las pociones. Severus pudo observar que su herida ya estaba cerrada y, pensando que el muchacho ya había terminado, se puso de pie.

-Aún no he terminado, profesor-. Oliver se acercó a él y comenzó a untarle una pomada-. Le servirá para bajar la hinchazón y para que no le duela, ahora que ya le quité la anestesia.

Severus frunció el ceño al ver que el muchacho pasaba su mano untada con la pomada sobre su tatuaje de un modo muy profesional, como si no lo tuviera. Volteó a ver a su ahijado y pudo descubrir que éste se encontraba tan sorprendido como él.

-Ya está... –Oliver guardó la pomada en su lugar-. Si siente alguna molestia puede tomar cualquier poción para aliviarla. Pero si aún así el dolor no disminuye tendrá que regresar para que lo examine.

Severus asintió con un leve movimiento de cabeza y se vistió. Después de despedirse de Draco de la misma manera se dirigió a la chimenea rumbo a la dirección. Oliver no se extrañó de la actitud de su ex profesor de pociones, él siempre era así. El rubio se quedó en la oficina, observando a Oliver guardar el material de curación en su lugar. El moreno se percató de su presencia y volteó a verlo.

-¿Se lo dirás a alguien?

-No sé de qué hablas.

Draco respiró con fuerza mientras formulaba una pregunta más directa.

-¿Le dirás a alguien lo que has visto?

Oliver cerró la gaveta y se sentó en su silla, donde abrió el libro que antes leyera.

-Yo no he visto nada, así que no sé a qué te refieres. –Se enfrascó en su lectura a la espera de que el rubio se marchara. El Slytherin ya estaba por salir, pero Oliver recordó algo y lo detuvo-. Malfoy... –El rubio volteó a verlo, su mirada interrogante-. Ibas a entregarme lo que tienes en la mano...

Draco frunció el ceño mientras observaba el pergamino que aún tenía, ahora arrugado por la ansiedad. Volteó a ver al moreno, quien esperaba su respuesta.

-Esto es mío. ¿Qué te hizo pensar que iba a dártelo?

-Pensé que me lo darías. Ésa impresión me dio.

-Pues no estés pensando lo que no es. –Draco dio la media vuelta y se marchó, dejando al moreno con la pregunta en la boca.

-Y entonces... ¿Para qué viniste?

oooooooOooooooo

-¿Ya te sientes mejor?

-Sí, Minerva. Muchas gracias.

Albus y la subdirectora se encontraban en las habitaciones privadas del anciano mago. Minutos antes de que la animaga llegara, él se hallaba acostado leyendo un libro cuando sintió un poderoso cruciatus atravesando su cuerpo. Supo en seguida que Severus estaba en problemas.

Trató de levantarse para averiguar qué estaba ocurriendo, cuando otra maldición hizo mella en él, derribándolo. Pasaron varios minutos en los que el anciano tuvo que hacer buen uso de su magia y concentrarse para contrarrestar los efectos de las maldiciones de las que, estaba seguro, Severus era objeto.

Cuando Minerva llegó lo encontró tirado en el suelo. Por fortuna para él los ataques habían cesado, dándole un merecido respiro a su cuerpo cansado. Al verlo, ella supo enseguida lo que había ocurrido. Y mientras ayudaba al director a regresar a su cama, no dejó de reprocharle la osadía de haberle regalado aquél medallón a Severus.

Pero Albus tenía en mente una preocupación mayor: Sirius Black. Ahora que el animago había descubierto la relación entre Harry y su protegido, estaba seguro que él tampoco iba a salvarse de las maldiciones del padrino del "niño que vivió". Y es que ése era ahora el verdadero problema, Harry seguía siendo un niño... y Sirius su tutor.

Suspiró mientras se levantaba de la cama. Se arregló la túnica escarlata y con la ayuda de Minerva bajó las escaleras que conducían a su oficina, donde el animago lo esperaba ya, mientras se paseaba de un lado a otro de la habitación, furioso. Remus sólo lo observaba en su ir y venir, preocupado por la reacción de su amigo cuando se enterara que él también había estado al tanto de la situación.

Harry se encontraba en una esquina, casi oculto, como si no quisiera estar ahí. Percibía cada una de las emociones que fluían en el interior del animago, y no le gustó en absoluto lo que su padrino estaba sintiendo. Se sobresaltó cuando escuchó la voz del director saludando a los presentes, mientras bajaba de las escaleras con lentitud, acompañado por Minerva.

-No sé qué de bueno pueda tener ésta noche, Albus... –Lo enfrentó el animago cuando el director se hubo sentado-. No, cuando vengo a ver a mi ahijado y me lo encuentro... revolcándose en el lago... ni más ni menos que con un mortífago...

-¡Severus no es un mortífago! ¡No hables así de él! –Harry salió del rincón para enfrentar a su padrino-. ¡Y no nos estábamos revolcando!

-¡Tú cállate! –Harry dio un paso atrás al escuchar el iracundo grito de Sirius-. ¡No tienes ningún derecho a contradecirme! ¡Creo que no necesito informarte que no estoy muy contento contigo!

-Creo que necesitamos tranquilizarnos, Sirius... –La voz de Albus se dejó escuchar en medio de los gritos del animago-. No llegaremos a ninguna parte si sólo gritamos.

-Quiero creer... –Encaró Sirius al director, sus cerúleos ojos fijos en los del anciano-. Que tú no estabas enterado que tu profesor de pociones acostumbra a visitar las alcobas de sus estudiantes...

-¡Eso no es cierto! –Harry volvió a intervenir, cada vez más molesto, pero también más asustado-. ¡Severus siempre fue muy respetuoso, él jamás me tocó cuando yo era un estudiante!

Calló en el instante, al darse cuenta que sin quererlo, había admitido que su relación con él había ido más allá de los besos que Sirius presenciara en el lago. Sirius pareció adivinarlo, porque su mirada oscureció de forma muy peligrosa. Por instinto, Harry fue a pararse a un lado de Remus, quien lo tomó por los hombros para confortarlo.

-Quiero decir... yo no... –Remus apretó sus hombros, haciéndolo callar. El muchacho obedeció sabiendo que era lo mejor.

-También quiero creer... –El animago regresó su mirada hacia el director-. Que tú no estabas enterado de la relación entre mi ahijado y ése...

-Estoy enterado, Sirius... –Interrumpió Albus-. Y no veo nada de malo en que ellos dos se relacionen. Después de todo ya no son profesor y estudiante.

-¡Eso es ahora! –Sirius golpeó el escritorio con su puño. Todos menos Albus brincaron, sobresaltados-. ¡Pero estoy seguro que ellos tenían relaciones desde antes! ¿Fue por eso que no quisiste que Harry se fuera a vivir conmigo?

-Eso no tiene nada que ver. –El director permaneció tranquilo, enfrentando la mirada del animago-. La seguridad de Harry fue la verdadera razón, y eso lo sabes tan bien como yo.

-¿Estás consciente... que estamos hablando de un niño? –Albus permaneció en silencio ante la pregunta del animago.

-¡Ya no soy un niño! –Se apresuró a responder el muchacho. Remus sólo suspiró mientras seguía tomándolo por los hombros.

-¡Por supuesto que ya no lo eres...! –Le respondió su padrino, su voz bajó algunos decibeles provocándole al muchacho un ligero temblor-. Ya Snivellius se encargó de eso... ¿No es así? –Volteó a ver al director-. ¿Y estás consciente también que estamos hablando de un hombre mayor de treinta y cinco años, teniendo relaciones con un menor de edad?

Albus no respondió. Todo el tiempo había estado consciente de eso. Tanto como el mismo Severus. Se preguntó si Harry lo había estado en su momento también.

-Viéndolo de ésta forma, entonces llegamos a la conclusión de que Severus incurrió en el delito de pederastia... ¿O me equivoco? –El animago siguió viendo a Albus a los ojos. El anciano mago adivinó a dónde quería llegar y trató de arreglar las cosas de alguna forma.

-Podemos llegar a un arreglo...

-¿Ah sí...? ¿Y de qué forma piensas que podríamos hacerlo?

-Casando a Harry de inmediato... con Severus.

Remus, Harry y Minerva se voltearon a ver, unos a otros, para después fijar su mirada en el animago. Éste cerró los ojos por un momento y respiró, tratando de mantener una calma que era obvio que ya no sentía.

-¿Y piensas... que soy tan estúpido como para aceptar algo como eso? –Sus manos se cerraron en un puño. Remus soltó a Harry para acercarse a su mejor amigo-. ¿¡Por quién me tomas? ¿¡Por un imbécil?

-Sirius, cálmate. Por favor...

-¡No te metas en lo que no te llaman! ¡No estoy hablando contigo! –Los ojos dorados del licántropo se abrieron, sorprendidos. Sirius nunca le había gritado de ésa manera. Se sintió muy mal.

-¿Por qué le hablas así? –Le increpó su ahijado. Él sintió la reacción de Remus y supo que lo había herido-. ¿No ves que él no tiene ninguna culpa?

Pero en medio de su rabia, Sirius no escuchó las palabras de su ahijado.

-No te preocupes, Harry... ya se le pasará. –La voz de Remus sonó tranquila, pero Harry pudo ver que sus dorados ojos estaban llenos de tristeza-. Creo que no tengo nada qué hacer aquí. Si me disculpan...

El licántropo se acercó a la chimenea y después de mencionar su habitación desapareció dentro de ella entre las verdes llamas. Hubo un incómodo momento de silencio, que se cortó cuando Sirius volvió a tomar la palabra.

-Empaca tus cosas. –Dirigiéndose al muchacho-. Nos vamos ahora mismo.

-No iré a ninguna parte. –Sirius lanzó una mirada grave a su ahijado, sin poder creer lo que escuchaba-. Me quedaré aquí, con Severus.

-Creo que no estás en condiciones de negarte, Harry. Tu situación no es nada ventajosa. –Le recordó el animago, sus ojos puestos con fijeza sobre los del muchacho-. Ve por tus cosas.

Pero Harry se quedó parado en el mismo sitio, dispuesto a quedarse en el Colegio. Sirius ya no siguió insistiendo y, en vez de eso, se dirigió hacia Albus y Minerva, quienes sólo se habían concretado a observar lo que ocurría.

-Viendo que no hay otro modo de arreglar esto, me veo en la profunda pena de informarte, Albus, que reportaré éste hecho al Ministerio.

-¡No puedes hacer eso! –Harry se acercó a su padrino, su mirada verde llena de súplica-. ¡Por favor, no!

-Lo siento, Harry. Pero dada tu negativa de partir conmigo no tengo otra opción.

El muchacho se aferró al brazo de su padrino mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus verdes ojos a raudales. No podía imaginar una vida sin Severus, mucho menos podía imaginarlo a él encerrado en una prisión.

-Está bien, Sirius... –El muchacho bajó la cabeza, derrotado-. Iré contigo a donde quieras... pero por favor... no hagas nada en su contra.

-Ve a empacar. Te esperaré en las habitaciones de Remus. –El muchacho asintió, lleno de tristeza-. Y te quiero de regreso en diez minutos.

Harry caminó con paso lento hacia la puerta. Antes de salir volteó a ver al director, quien le dirigió una mirada de comprensión.

Cuando el joven se marchó, Sirius tomó un puñado de polvos y antes de lanzarlos a la chimenea volteó a ver a los dos profesores, su mirada insondable clavándose en ellos como un puñal.

-Quiero que le digan esto a Snape... –Sus palabras fueron claras y estuvo seguro que a ninguno de sus dos oyentes se le pasó alguna por alto-. Díganle que si se atreve a acercarse a Harry otra vez, yo me encargaré de que la próxima vez que lo vea sea desde una rendija en una de las celdas de Azkaban.

Lanzó los polvos y desapareció. Minerva y Albus respiraron aliviados al ver que la sangre había dejado de correr... al menos por el momento.

-¿Crees que Severus vaya a buscarlo? –Le preguntó la subdirectora, impresionada aún por lo ocurrido-. ¿Crees que Sirius sea capaz de enviarlo a Azkaban si lo hace?

El anciano mago asintió.

-¿Tanto lo odia? –Preguntó Minerva frunciendo el ceño ante el silencioso asentimiento de su amigo.

-No lo dudes, querida... –Le respondió el director. Se acomodó las gafas sobre su nariz y suspiró-. Y que tampoco te quede duda que Sirius será capaz de eso y más con tal de no volver a verlo cerca de Harry...

Continuará...

Próximo capítulo: La hora de la verdad. Segunda Parte.

Notas:

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)