Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuesta a los reviews.
EugeBlack: Hola Euge, espero que tú también te encuentres bien. Qué bueno que el capítulo te gustó, y aunque la separación de Severus y Harry ha sido difícil, los problemas apenas empiezan. La relación de Draco con su padre se irá consolidando poco a poco, pues lo necesitarán más adelante, así como también será necesaria la madurez de Draco para lo que se les viene a todos encima. Con respecto a Remus, aunque su corazoncito está roto, será lo bastante fuerte para superar cualquier cosa. En cuanto a Sirius, él tendrá que aceptar lo que sucede, aunque para eso tenga que sufrir un duro golpe. Muchas gracias de verdad por tu comentario y te deseo toda la suerte del mundo en tu primera historia Slash. Besos y cuídate tú también. RPD: Me encanta el Salto Ángel, no pude evitar mencionarlo, es una maravilla de la naturaleza .
Ailuj: Hola, Julia. Me alegra mucho saber que el capítulo te ha gustado. Han quedado claros los motivos de Sirius y se dará cuenta de su error, tenlo por seguro, aunque para eso tendrán que pasar muchas cosas. En cuanto a Remus, es cuestión de tiempo y de algunas cosas más para que sepa dónde poner su corazón. Draco te va a gustar más a cada capítulo que transcurra y Harry y Severus, pues... ¿qué te diré? Sus problemas apenas está empezando. Muchas gracias por tu comentario, besos y abrazos para ti también.
Sedex: Hola, Sedex. Como pudiste ver, aquí quedó aclarado el resentimiento de Sirius. Y es verdad que los demás no tienen la culpa, y él tendrá que comprenderlo de una u otra forma. Jeje, En cuanto a Draco y a Voldie, era necesario que primero pasara todo esto para que después apareciera él. Y no falta nadita para que eso pase. Como siempre, te estoy muy agradecida por tu comentario y espero que éste capítulo te guste.
Nan: Hola, Nan. Como puedes ver, la historia se ha complicado, pues los motivos que mueven a Sirius, a pesar de todo, son justificados. Tendrán que pasar muchas cosas para que logre aceptar lo que ocurre a su alrededor y para eso va a necesitar ayuda y una dura lección. Sobre el que Severus sepa lo que su padre hizo, pues va a ser una situación que no va a estar en manos de Sirius, eso te lo puedo asegurar. Espero que este capítulo te guste y muchas gracias por tu comentario. Besitos.
Miss Andreina Snape: Hola linda, Así es. Sirius tendrá que hacer a un lado todo el rencor acumulado y tratar de perdonar, si no quiere pasar solo el resto de sus días. En cuanto a Remus, lo que le ha ocurrido sólo es un paso más en su búsqueda de la felicidad, y le servirá para abrir los ojos a otras posibilidades. Con respecto a Sirius, es obvio que lo que necesita es mucha ayuda, ya veremos qué pasa y de qué manera la recibe. Te agradezco mucho tu comentario y espero que éste capítulo sea de tu agrado.
A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.
XVII
Medidas desesperadas.
Primera Parte.
La noche parecía no haber descendido sobre el espeso bosque que rodeaba al Castillo, iluminado en su totalidad por el intenso resplandor de la luna llena. Ésa noche, ni nubes ni estrellas se atrevían a cruzarse en el camino del blanco Astro, opacadas ante la belleza del Amo y señor del firmamento nocturno.
En la Casa de los Gritos, Remus Lupin se hallaba escondido en el cuarto más alejado que había podido encontrar, lejos de cualquier puerta o ventana que pudiera dejar pasar cualquier pequeño haz de luz de aquél redondo y enorme lucero, tan hermoso y fascinante para lo enamorados... pero tan aterrador y doloroso para quienes como él, cargaban con una maldición en sus espaldas.
Acostado en posición fetal, el licántropo abrazaba sus rodillas y se mordía los labios tratando de reprimir el instinto animal que anidaba en él, y que ésa noche parecía querer surgir con más fuerza que nunca. Gruesas lágrimas brotaban de sus dorados ojos humedeciendo el suelo cubierto de polvo sobre el que se hallaba.
"Sabes que no debes beber los días previos a la Luna Llena... la poción no tendrá el mismo efecto..."
Las palabras que Sirius le dijera volvían una y otra vez a su mente aturdida, mientras el licántropo no dejaba de reprocharse el no haberle hecho caso. La noche en que partiera con Harry había abierto otra botella. La bebió toda y lloró hasta que el amanecer lo sorprendió en medio de su sala.
Severus se dio cuenta de su estado la tarde siguiente, cuando fue a dejarle la poción. Remus tenía los ojos inyectados de sangre e hinchados. Y un terrible dolor de cabeza. El profesor de pociones le había dirigido una dura mirada de reproche, pero aún así le ofreció la poción.
-No servirá de nada. –Le había dicho el licántropo mientras rechazaba el ofrecimiento del profesor.
-Eso, debiste pensarlo antes. –Le respondió el ex mortífago-. De cualquier manera bébela, puede que te sirva de algo.
Ésa misma noche decidió partir a la Casa de los gritos, pues no soportaba la presencia de nadie cerca de él, y no quería escuchar los reproches de Albus por no haber tomado las debidas precauciones. Empacó algunas mudas de ropa, llamó a un elfo para que le preparara unos bocadillos y partió para pasar ésa noche y las que faltaban, antes de volver a lo que él le llamaba normalidad.
Remus apretó los dientes con fuerza al sentir que su cuerpo se rebelaba ante las órdenes de su mente nublada. La luz de la luna se filtró por las viejas y apolilladas tablas, reflejándose en sus dorados ojos inundados de lágrimas. Afuera, en el Bosque negro, se escuchó un aullido seguido de otros más. Con un grito ahogado, Remus dejó que sus instintos dominaran sin poder resistirse ni un momento más al insistente llamado de su naturaleza.
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Draco Malfoy se sostuvo con fuerza de su escoba mientras descendía frente a las quietas aguas del lago. Se quitó la pesada capa que cubría su cuerpo sudoroso y la extendió sobre el verde pasto. Se sentó sobre ella y dejó su escoba a un lado mientras dejaba que la fresca brisa nocturna revolviera sus rubios cabellos, relajándolo.
-Se está muy bien así... –Murmuró mientras entrecerraba sus grises ojos, heridos por el intenso resplandor de la luna-. Ahora sé porqué a Severus y a Harry les gustaba tanto este lugar...
Suspiró mientras se sentaba con los pies cruzados. Él nunca le había puesto demasiada atención a ése lugar. No se distinguía por ser un fiel admirador de la naturaleza. Jamás, durante el tiempo que estuvo con Blaise se le ocurrió verse con él en lugares como ése. Él prefería encerrarse en el salón de los Menesteres, servirse una copa y hacer el amor con él frente a la chimenea. Y Blaise nunca pareció dar señales de no estar conforme con lo que hacían.
"Nunca supe si le gustaban los lugares como éste..." Pensó mientras una sombra de tristeza surcaba sus claras facciones. "Él nunca me lo dijo y yo... nunca se lo pregunté."
Arrancó una brizna de pasto y jugueteó con ella mientras continuaba con sus pensamientos.
"Cometí un error al creer que él quería las mismas cosas que yo. Tal vez por eso él prefirió la compañía de Wood..."
El día anterior, mientras su padre hacía sus ejercicios en la enfermería, el rubio se había escapado un momento, presentándose en la oficina de Poppy con el pretexto de pedirle una poción.
-¿Y su auxiliar? –Le preguntó al tiempo que observaba a la enfermera buscando en la gaveta-. Hace días que no lo veo... ¿Ya no trabaja con usted?
-¿Oliver? –Poppy se extrañó ante la pregunta del Slytherin. Aún así, respondió a lo que creyó sólo era curiosidad-. Él sigue siendo mi auxiliar. Si ya no lo has visto debe ser porque ya no vive en el Castillo.
Draco no dijo nada. Con ésa respuesta su duda había quedado aclarada.
-¿Necesitas hablar con él? –La enfermera miró su reloj-. No debe tardar en llegar.
Pero Draco sólo había tomado el frasco que Poppy le ofrecía y sin decir nada más había salido de la oficina.
Draco tiró la brizna de pasto que sostenía entre sus dedos y se puso de pie. Recogió algunas piedritas y comenzó a lanzarlas al agua con fuerza. Supuso que ahora vivirían en el mismo departamento que en algunas ocasiones ellos dos compartieran, las pocas veces que habían logrado escaparse de la vigilancia de su Jefe de Casa en sus visitas a Hogsmeade.
"En éste momento deben estar juntos..." Los celos atormentándolo. "Compartiendo la misma cama... la que él y yo... "
Cerró los ojos y sacudió la cabeza para alejar ésos pensamientos. Volvió sobre sus pasos para recoger su capa, cuando un objeto a unos metros de él llamó su atención.
-¿Qué será esto? –Se preguntó mientras lo recogía-. Parece una escoba envuelta para regalo... –La desenvolvió-. ¡Pero si es una Saeta de Fuego!
La contempló durante un rato, admirándola. Frunció el ceño tratando de analizar el porqué alguien dejaría algo tan costoso como eso tirado en ése lugar. No tuvo que pensarlo mucho.
-Debe ser la escoba que su padrino le había prometido a Harry... –Se dijo mientras su rostro se iluminaba-. Con toda seguridad iba a entregársela la noche en que los descubrió. Debió dejarla olvidada después de atacar a Severus...
Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro mientras acomodaba la escoba entre sus piernas. Un segundo después se encontraba en el aire, a varios metros de distancia de donde la montara. Con un grito de júbilo, el muchacho elevó más la escoba y recorrió los terrenos del Castillo a una gran velocidad.
La fuerza del viento a ésa altura hacía que su camisa se pegara a su cuerpo, arrugándola. Pero a Draco no parecía importarle ése pequeño detalle. Él estaba absorto, admirando el hermoso paisaje debajo de él.
Y por primera vez en mucho tiempo se sintió libre. Elevó sus brazos y dejó que la Saeta se condujera sola, mientras absorbía ésa libertad en toda su extensión. Cuando se sintió desahogado volvió a tomar el palo y aterrizó con suavidad, la sonrisa aún en sus rojos labios.
-Esto es genial... –Se dijo mientras continuaba admirando la escoba-. Tengo que conseguirme una igual...
Un prolongado aullido cortó el silencio que lo rodeaba, sacándolo de sus pensamientos. El muchacho se puso nervioso al darse cuenta que parecía proceder de las cercanías. Pudo notar que era un aullido lastimero, como si el animal que lo emitiera estuviera sufriendo. Observó a su alrededor y con sorpresa se dio cuenta que se había alejado demasiado, y ahora estaba cerca de las barreras de protección que lo separaban del Bosque Prohibido.
Brincó en su sitio, asustado al escuchar otro aullido tan cercano como el primero. Sin pensarlo dos veces volvió a subir a la Saeta y se elevó para alejarse del lugar.
-Debió ser un Hombre Lobo... –Murmuró mientras se tranquilizaba al divisar de nuevo el lago-. Con toda seguridad estaba herido...
Sintió pena al pensar en el infierno que ésos pobres seres debían llevar a cuestas. Seres humanos transformándose en monstruos una vez al mes. Sintió un escalofrío al pensar que alguien cercano a él pudiera ser uno de ellos.
-Ni pensarlo... –Se dijo mientras recogía su capa y su escoba sin bajar de la Saeta-. Jamás permitiría que un licántropo se acercara a mí... mucho menos que fuera mi amigo.
Se sostuvo con fuerza y levantó el vuelo para regresar al Castillo.
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Severus dejó a un lado el libro de pociones que Albus le obsequiara. Agitó con mucho cuidado la poción que hervía en su caldero y esperó unos segundos antes de lanzar un suspiro cansado.
-Muy bien... hasta ahora todo ha resultado. –Dejó que la poción reposara un momento y se dispuso a envasarla.
Bostezó al tiempo que se estiraba para relajar sus músculos, en tensión desde que ya no tenía a su lado a la única persona que con sus atenciones había sido capaz de relajarlo. Desde que Harry partiera, el profesor de pociones se había metido de lleno en su trabajo al grado de pasar los últimos días encerrado en su pequeño laboratorio, sin querer saber nada de nadie. Sólo se aparecía por las mañanas para las clases de Duelo que a pesar de todo no había suspendido, para después regresar a encerrarse y seguir trabajando.
Varias veces, Draco había tratado de convencerlo para que saliera a dar un paseo, y así pudiera distraer su mente. Pero tras varios intentos terminó dándose por vencido. Lo había dejado en paz comprendiendo que después de todo, era lógico que se encontrara deprimido. Su padrino no había recibido ni una sola carta de su pareja, y era de esperarse, ya que estaba seguro que Sirius Black no le permitiría al muchacho escribirle bajo ninguna circunstancia.
Y él no le había escrito, porque sabía que no existiría correspondencia alguna dirigida a Harry, que no pasara primero por las manos de su padrino. Por lo que el profesor se había resignado con saber de él por medio de Draco, quien sólo se concretaba a decirle que Harry se encontraba bien. Pero la verdad era que él sabía lo mismo o menos sobre su mejor amigo.
El profesor salió de su laboratorio y se dirigió al bar. Se sirvió una copa y se sentó en su cómodo sillón frente a la chimenea. Mientras bebía de su copa, el hombre posó una mano sobre su antebrazo. La herida que Sirius le hiciera tres noches atrás ya había sanado. Tuvo que reconocer que el auxiliar de Poppy era un enfermero muy eficiente. Suspiró. No era la mordida de Black lo que le preocupaba... era la Marca Tenebrosa.
Voldemort no había dado muestras de vida en ésos últimos días y eso sólo significaba una cosa: que en cualquier momento la Marca ardería y él tendría que presentarse ante su señor... con Harry y Draco como sus prisioneros.
"Se supone que ya debería tenerlos en mi poder para cuando me llame..." Pensó mientras jugueteaba con la copa en la mano, nervioso. "¿Con qué excusa le saldré si me presento ante él sin llevarlos conmigo?"
La sola idea de tener que entregarle a ése monstruo a dos de las personas que más amaba, hacía que su corazón se paralizara. "No pienso llevarlos conmigo. No sin un plan de defensa efectivo."
Y la situación empeoraba ahora que Black se había llevado a Harry. Estando el muchacho en el Castillo era mas fácil crear una estrategia en el momento que fuera preciso. Pero el problema radicaba en que no había encontrado el modo de comunicarse con él.
-Tiene que haber alguna manera de ponerme en contacto con Harry... –Murmuró mientras se ponía de pie-. Si tan sólo supiera cómo penetrar las barreras de Grimmauld Place sin que Black lo note...
Sus meditaciones fueron interrumpidas por Draco, quien entraba en ésos momentos con dos escobas en la mano.
-¿Volando a éstas horas? –Le preguntó, frunciendo el ceño-. ¿No crees que es algo tarde?
-Lo siento, padrino. –Le respondió el joven mientras se acercaba a él-. Se me fue el tiempo sin darme cuenta.
-¿Por qué tienes dos escobas? –Draco extendió la Saeta hacia el profesor, quien dudó un segundo antes de tomarla-. ¿De dónde la sacaste?
-La encontré en el lago, por el lugar que Harry y tú frecuentaban. –El hombre lo miró sin entender-. Estaba envuelta en papel para regalo. Sospecho que Black iba a regalársela a Harry la noche en que los descubrió.
-¿Cómo puedes saber eso? –El profesor examinó la escoba con detenimiento. Era nueva, por lo que supuso que el muchacho estaba en lo correcto-. ¿La has usado?
El rubio asintió, sonrojándose.
-¿Sabes que pudo haber sido una trampa? –Draco lo miró, sorprendido-. Pudo tener un hechizo trasladador.
-Pero aún así no hubiera podido trasladarme. –Respondió el muchacho con seguridad-. Nunca dejé atrás las barreras de protección.
-No hubiera sido necesario, Draco. –El aludido movió la cabeza, sin comprender-. Si hubiera estado embrujada te hubiera podido llevar a donde quisiera apenas la montaras, y no hubieras podido hacer nada para evitarlo.
-No... lo pensé. –El muchacho palideció al darse cuenta de lo imprudente que había sido-. Lo siento.
-Está bien. Lo importante es que no te ocurrió nada. –Palmeó su hombro para confortarlo-. Si estaba envuelta en papel regalo lo más probable es que sea de Harry. Él me comentó que Black le había prometido otra.
-Así es. –Draco se permitió relajarse-. Es muy veloz.
-No lo dudo. –Ambos sonrieron-. ¿Por qué no te la quedas en lo que planeo la forma de enviársela?
-¿Estás hablando en serio? –Los ojos de Draco brillaron-. ¿Podré volarla?
-Sólo procura no alejarte demasiado. No la maltrates o Harry se enfadará. –Draco asintió, feliz-. Y ten mucho cuidado.
-Así lo haré, padrino. Gracias. –El rubio se dirigió a la puerta-. Hasta mañana.
-Hasta mañana.
Cuando Draco se marchó, el profesor se dirigió a su habitación. Se desvistió y entró al baño para darse una ducha.
-Mañana hablaré con Albus... –Se dijo mientras terminaba de prepararse para dormir-. Tal vez él pueda hallar la manera de comunicarme con Harry.
Se acomodó bajos las sábanas, cerró los ojos y suspiró al tiempo que recordaba cada uno de los momentos vividos al lado del joven que amaba. Ésos fueron sus últimos pensamientos antes de quedarse dormido.
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Bellatrix Lestrange se sumergió cuan larga era bajo el agua perfumada. Dejó que la espesa espuma la cubriera por completo antes de emerger de su tina, sus empapados cabellos oscurecidos y esparciéndose por toda su espalda. Permaneció recostada dentro de la bañera por tiempo indeterminado antes de decidir que ya era suficiente.
Con un delicado movimiento de su mano apagó las velas que iluminaban con sutileza todo el lugar y se puso de pie. Se envolvió con una toalla afelpada y se sentó en su tocador, de donde tomó un cepillo con mango de oro y comenzó a peinar sus largos cabellos, secándolos en el proceso.
La mujer se preparaba con calma para dormir. Ella no tenía motivos para arreglarse con prisas, porque no tenía que ver a nadie. Nadie la esperaba. El único motivo en su vida había quedado atrás cuando años antes supo que su único amor había decidido casarse con su hermana, sin haberle dado nunca la más pequeña oportunidad de intentar acercarse a él y conquistarlo.
-Lucius... –Murmuró mientras contemplaba su fotografía puesta sobre el tocador.
Ella lo había conocido en su época de Colegio. Enamorada de él desde el primer momento en que lo vio, Bellatrix hizo todo lo posible por convertirse en el objeto de su atención. Pero Lucius jamás tuvo ojos para verla a ella. Sólo supo de su existencia cuando fue presentado a su hermana Narcisa, el mismo día de su compromiso matrimonial con ella.
-Narcisa...
Bellatrix apretó el cepillo con fuerza, sin por ello dejar de poner atención a la delicadeza con la que desenredaba sus finos cabellos. Ella nunca perdió las esperanzas de conquistarlo. Aún estando Lucius casado con Narcisa, Bellatrix siempre buscó un pretexto para acercarse a él. Pero lo único que lograba a cambio de sus intentos fallidos era una mirada indiferente de su cuñado, con toques de lejana cortesía cuando ella se acercaba a saludarlo.
Lucius jamás la miró como ella hubiera querido. Como la miraban la mayoría de los hombres a los que ella despreciaba con la única esperanza, de convertirse en la dueña de los azules ojos de una ilusión que con el correr de los años se volvía más lejana y difícil de alcanzar. Aun así, ella siempre creyó que de haber sido la elegida por sus padres para casarse con él, él también habría terminado amándola tanto como amó a su hermana.
Dejó el cepillo a un lado y enfocó su mirada azul en el espejo. El cristal le devolvió la imagen de una mujer madura, pero atractiva aún. Largos cabellos rubios coronaban un rostro ovalado de una belleza clásica, y de una tersura envidiable. Cualquiera hubiera querido ser dueño de su cuerpo, firme y deseable a pesar de su edad. Pero ella no quería a cualquiera. Ella ambicionaba mucho más.
Había ambicionado en su momento a Lucius Malfoy y todo lo que su aristocrático apellido implicaba. Pero él ahora ya estaba muerto, y ella estaba consciente que no debía seguir basando sus ilusiones en el recuerdo de un fantasma. Acarició su escultural cuello con su mano, que resbaló por su brazo hasta llegar a la Marca que adornaba su antebrazo izquierdo. Ésa era su ambición ahora. Su deseo desde que se enteró de las intenciones de Lord Voldemort.
Ella había perdido la oportunidad de convertirse algún día en la mujer de Lucius, pero ahora tenía un nuevo proyecto mucho más ambicioso que ése: el poder que implicaría el ser convertida en la mujer de Lord Voldemort... y en madre de su heredero. Pero ella sabía que no debía jamás plantearle semejante ofrecimiento a su Lord. Aún no. Ella sabía que si quería ocupar el lugar de Draco Malfoy en su vida, tenía que ser discreta y tomar la iniciativa.
-¿Para qué quieres a un niño, mi Lord? –Se preguntó mientras cubría su hermoso cuerpo con un delicado camisón, sin dejar de mirarse en el espejo-. Sabes que yo estoy dispuesta a darte el heredero que tanto deseas... y mucho más.
Tomó el retrato de Lucius y lo besó con dulzura. Lo acercó a su pecho y lo estrechó con fuerza al tiempo que su mirada azul volvía a posarse sobre su propia imagen tan parecida –muy a su pesar-, a la de su hermana.
-Tú me robaste lo que yo más amaba... tu hijo no me robará ésta vez lo que me corresponde por derecho... –Murmuró a la memoria de Narcisa, sus carnosos labios apretados en una mueca de odio y determinación-. Ésta vez obtendré lo que quiero... aunque para lograrlo tenga que matarlo a él también.
Dejó el retrato de Lucius en su lugar y se metió bajo las sábanas. Poco después, dormía en un sueño intranquilo de ansias de poder, su mente maquinando el siguiente paso a seguir para convertirse en la mujer de su Lord.
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Blaise entró a su recámara con mucho sigilo, pensando que Oliver ya dormía. Pudo distinguir que el Gryffindor se encontraba recargado en el marco de la ventana, perdido en sus pensamientos. Blaise se quedó parado cerca de la puerta, observando a sus anchas la esbelta figura de una de las dos personas que más amaba. Su rostro reflejaba el brillo de la luna y Blaise pensó por un instante que se le podría confundir con un ángel.
Oliver, que no se había percatado de su presencia, suspiró mientras se abrazaba a sí mismo y entrecerraba sus ojos cafés. Su pareja intuyó que estaba pensando en su bebé. Se acercó con una sonrisa y lo abrazó por la espalda. El moreno se sobresaltó para después sonreír y recargar su cabeza sobre el hombro del castaño, buscando una posición más cómoda.
-Siento haberte asustado... –Blaise entrelazó sus manos con las de Oliver y depositó un suave beso en su mejilla-. Pensé que ya dormías.
-Te estaba esperando. –Oliver suspiró al sentir la ligera caricia de su pareja-. ¿Cómo te fue?
-Muy bien, pude hablar con la dueña de la librería. Me dijo que uno de sus empleados renunció. Me pidió ayudarla durante el verano hasta que encuentre a alguien más. –Suspiró-. No me pagará mucho, pero como sólo será por las mañanas está bien. ¿Y tú? ¿Tuviste mucho trabajo en la enfermería?
-En realidad no. Sólo cubrí mi guardia. –Se encogió de hombros-. No pasó nada fuera de lo común.
-Y... ¿Cómo está el señor Malfoy?
-Sigue teniendo mucho dolor. –Blaise sintió una gran tristeza al escucharlo-. Pero no hay nada que se pueda hacer. Irá disminuyendo conforme pasen los meses.
-¿Tiene posibilidades de recuperarse?
-Sí. Sólo es cuestión de tiempo. –Oliver se soltó del agarre de su pareja para mirarlo de frente-. Veo... que estás muy interesado en saber. ¿Te importaría decirme por qué?
-Bueno... es sólo curiosidad. –Blaise giró el rostro para evitar su mirada-. Además, su hijo fue mi compañero.
-Ya veo... –Oliver ya no hizo más preguntas-. Draco Malfoy está viviendo en el Castillo.
-¿Lo has visto? –El corazón de Blaise latió con fuerza-. ¿Cómo está?
-Igual que siempre, supongo. –Sonrió con ligereza-. Presumido y arrogante.
Blaise sólo asintió en silencio, sintiendo un gran pesar al no poder verlo.
"Lo extraño tanto..." Pensó mientras suspiraba recordando el beso que le diera antes de partir. "Si tan sólo pudiera lograr su perdón..."
-¿En qué piensas? –La voz de Oliver lo regresó a la realidad. Movió la cabeza en señal de negación.
-En nada, Oliver. –Intentó cambiar el tema-. Hoy recibí carta de mis padres. Volvieron a Italia.
-¿De verdad? –El moreno se sorprendió. Blaise le había comentado que sus padres se la pasaban viajando y que casi no le escribían-. ¿Y qué dice? ¿Vendrán a verte?
-No. –El rostro de Blaise se ensombreció-. Sólo escribieron para avisarme que me han depositado otra mensualidad. Saldrán a Suiza mañana.
-Siento mucho escuchar eso... –Oliver acarició su rostro y besó sus labios con dulzura-. No te desanimes. Ya verás que vendrán a visitarte cuando menos te lo imagines.
Blaise recuperó su sonrisa al escuchar sus palabras. Lo tomó de la mano para conducirlo a la cama.
-Será mejor que descansemos, mañana debemos trabajar. –Se metieron bajo las sábanas y el castaño volvió a abrazarlo-. ¿Quieres que salgamos el fin de semana a algún sitio?
-¿Qué propones?
-Acaban de abrir una tienda de artículos para bebé en Hogsmeade. ¿Te gustaría ir a verla?
-Me encantaría... –Escondió su rostro en su cuello, haciéndole cosquillas-. Podríamos ver algunas cunas. Y juguetes.
-Y ropita.
-¿No crees que es muy pronto? –Le preguntó con voz divertida-. Ni siquiera tengo el mes, y aún no sabemos qué será.
-¿Y eso qué? –El Slytherin besó los negros cabellos de su pareja-. Compraremos ropa amarilla y blanca, para empezar.
Oliver rió con ligereza, animado ante el entusiasmo del padre de su hijo.
-De acuerdo. –Acarició su pecho por encima de la ropa-. Y luego nos iremos a cenar.
-¿Y luego?
-Y luego... –Oliver acercó sus labios a su oreja, haciendo que Blaise se estremeciera-. Haremos lo que tú quieras... –Blaise tomó al moreno de la cintura y lo impulsó para colocarlo sobre él-. ¿Qué haces?
-Estoy haciendo lo que yo quiera... –El castaño besó con pasión los carnosos labios del Gryffindor, arrancándole un gemido.
-Pensé... que querías descansar. –Oliver onduló su cuerpo, provocándolo.
-Eso... será después...
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-¿Cómo van las clases de Duelo?
-Muy bien, señor Weasley. El profesor Snape nos está enseñando a combatir hechizos oscuros.
Ron y Hermione estaban sentados uno junto al otro, compartiendo la enorme mesa con Ginny, sus padres y Bill, que acababa de llegar y pensaba quedarse todo el fin de semana.
-¿Te hospedarás éstos días con nosotros? –Le preguntó su madre mientras servía un poco de guiso en su plato. Su hijo asintió-. Podrás utilizar la habitación de Fred y George.
-¿Por qué en la habitación de los gemelos? –Le preguntó su hijo-. ¿Qué pasó con mi habitación?
-Tu hermana la está utilizando. Y Hermione está utilizando la de tu hermana.
Bill volteó a ver a Ron, quien sólo se encogió de hombros dándole a entender que ellas lo habían dispuesto así.
-De acuerdo. –Aceptó sin ganas de alegar. Cuando su madre y su hermana decidían hacer cambios en la Madriguera no había manera de contradecirlas.
-Hoy en la mañana fui a Grimmauld Place. –Mencionó Arthur, atrayendo la atención de Ron y su novia-. ¿Por qué no nos dijeron que Harry ya vive con su padrino?
-¿Lo viste? –Le preguntó Ron, entusiasmado ante la idea de saber más de su amigo-. ¿Cómo está?
-En realidad sólo lo vi por unos instantes. –Respondió su padre. Y luego agregó-: Quise saludarlo, pero Sirius llegó en ése momento y lo mandó a su habitación. No pude cruzar palabra con él.
-Pensé que Sirius estaba conforme con que Harry se quedara en el Castillo. –Mencionó Molly-. ¿Qué habrá ocurrido para que se lo llevara con él? ¿Ustedes lo saben?
-Tal vez... –Ron jugueteó con el tenedor mientras respondía. Hermione decidió guardar silencio-. Tal vez Sirius lo extrañaba mucho y por eso quiso llevárselo.
-Sí, puede ser. –Arthur volvió su atención a su cena-. Aunque no sé si fue mi imaginación, pero me pareció ver a Harry un poco triste.
-¿Está triste? –Molly se preocupó-. ¿Crees que esté enfermo?
-Espero que no. De cualquier manera volveré mañana en la tarde. Hay reunión con algunos miembros de la Orden y aprovecharé para saludarlo.
Ron y su novia voltearon a verse.
-¿Podemos pedirle un favor, señor Weasley? –Preguntó la muchacha, nerviosa. Arthur asintió-. ¿Podríamos ir con usted?
-Por supuesto. –Respondió el Auror-. A Harry le va a dar mucho gusto verlos.
-Hornearé una tarta para que se la lleven de mi parte. –Agregó Molly, entusiasmada-. Espero que le guste de manzana.
-¿Crees que Sirius nos permitirá verlo? –Preguntó Ron al oído de su novia, mientras observaba a su familia hablando de otras cosas.
-Verlo, sí. –Le respondió Hermione de la misma forma-. Hablar con él... tal vez. Pero no a solas.
-¿Quieres decir que Sirius estaría presente en nuestra conversación?
-No lo dudes, Ron. –Murmuró la muchacha-. Sirius pensará que si nos deja solos con él, lo primero que Harry hará será preguntarnos por el profesor Snape. Y ten por seguro que así será.
-Y estando Sirius presente no podremos hablarle de él.
-Exacto.
-¿Sabes? Creo que Sirius está exagerando. –Consideró el pelirrojo-. Eso de revisar la correspondencia que Harry nos envía y recibe de nosotros sólo demuestra una gran falta de confianza.
-Confianza que el mismo Harry perdió desde el momento en que le ocultó su relación con el profesor. –Reflexionó la muchacha-. La verdad es que no podemos culparlo.
-Aún así... –Insistió el muchacho-. No me parece justo que Harry no sepa nada de él. Eso es lo que debe tenerlo triste.
-Si al menos pudiéramos... –Una idea pareció formarse en la mente de Hermione, que la joven desechó de inmediato-. No. Es una tontería.
-¿Qué cosa? –Le preguntó su pareja. La muchacha negó con la cabeza-. Vamos, dime...
-Estaba pensando que tal vez... el profesor Snape podría escribirle una carta. –Vio que su novio la escuchaba con atención-. Y nosotros podríamos dársela mañana, sin que Sirius se dé cuenta.
-Eso suena muy arriesgado... –Meditó el pelirrojo-. Pero podría funcionar. Sólo falta que Snape quiera escribir ésa carta.
-Hablaremos mañana con Draco. –Decidió Hermione-. Que él se encargue de convencerlo si es necesario.
-De acuerdo. –Aceptó el muchacho-. Sólo espero que Sirius no nos corra de su casa antes de que podamos verlo.
-Yo también lo espero.
-Ron... –El aludido levantó la vista hacia su hermano-. Papá me acaba de comentar que aún no has decidido qué carrera estudiarás.
-Así es, Bill. –El pelirrojo menor hizo su plato a un lado-. Tengo que pensarlo muy bien. No quiero arrepentirme después por haber tomado una decisión precipitada.
-Y haces muy bien. –Intervino Molly-. Lo importante es que te sientas cómodo con la carrera que elijas.
-Pues si piensas entrar a la universidad éste año, tienes que decidirlo cuanto antes. –Continuó Bill-. Debes sacar ficha y estudiar para el examen.
-Lo sé, Bill. –Respondió su hermano, poniéndose nervioso-. Tal vez decida no estudiar éste año. Así tendré más tiempo para buscar opciones de carrera.
-Eso suena muy bien, Ron. –Lo apoyó su padre-. Sólo no dejes que los años pasen sin que te decidas. Después será mucho más difícil reanudar tus estudios.
-Estoy consciente de eso. –Suspiró-. Lo pensaré.
-¿Ya es seguro que tú te irás a Italia éste año, Hermione?
-Sí, señora Weasley. –Respondió la muchacha-. El próximo mes tramitaré mi ingreso a la universidad.
-¿Cómo le van a hacer para verse Ron y tú cuando te vayas? –Le preguntó la mujer sin poder evitar sentir una punzada de tristeza ante la decisión de marcharse de casa a quien quería como a una hija.
-Bueno... hay muchas maneras. –Respondió Hermione-. Están los trasladadores, la Red Flú, las apariciones... estoy segura que no habrá impedimento para que nos veamos seguido.
-¿Y por qué no se casan antes de que te marches? –Le preguntó Molly-. Se ahorrarán mucho dinero en polvos Flú. Y Ron podría buscar una carrera en la misma universidad.
Ron y su novia se miraron, para después dirigir su mirada a Molly.
-Ya hablamos de eso, señora Weasley. –Le respondió con educación-. Hemos decidido esperar un tiempo hasta que Ron decida lo que quiere estudiar.
-Deberías estudiar para Auror. –Le comentó Bill-. Eres un buen estratega. Es muy útil en una carrera como ésa.
-También podrías estudiar derecho. –Intervino Arthur-. En el Ministerio hacen falta muy buenos abogados.
Ron sólo suspiró mientras se ponía de pie, dejando a su familia decidir su carrera y su futuro en una charla de sobremesa. Hermione observó la actitud de su pareja y salió al jardín tras él.
-¿Estás bien? –Le preguntó mientras posaba una mano sobre su brazo-. ¿Quieres que hablemos?
El muchacho se sentó sobre una pequeña banca en medio del jardín y respiró con fruición el aire fresco de la noche.
-Siempre ha sido lo mismo, ¿Sabes? –Le dijo mientras tomaba la mano de la joven sentada a su lado. A lo lejos podían escuchar las risas de los miembros de su familia. Alcanzaron a oír la voz de Fred y supieron que los gemelos acababan de llegar-. Nunca... he podido tomar una decisión sin sentirme influenciado por ellos.
-Es normal, Ron. –La muchacha recargó su cabeza sobre el hombro de su novio-. Son tu familia. No puedes excluirlos de tu vida. Ellos te aman y lo único que hacen es procurar lo mejor para ti.
-Me están perjudicando. –El pelirrojo movió la cabeza de un lado a otro-. No se dan cuenta que con ésa actitud, ellos me están volviendo una persona muy dependiente y... temerosa.
-Ron...
-Se los agradezco de verdad. –Continuó el muchacho-. Pero por una sola vez en mi vida quisiera que nadie interviniera cuando tome mis decisiones.
-Entiendo lo que quieres decir. –La joven acarició sus rojos cabellos, tratando de tranquilizarlo-. Sólo quiero que entiendas que lo hacen porque te aman. Y estoy segura que aunque ellos intervengan, al final siempre respetarán las decisiones que tomes.
Ron guardó silencio ante las palabras de su novia. Ella pudo ver que aún había frustración en sus gestos cuando se puso de pie.
-Llegaron mis hermanos. –Murmuró mientras caminaba de regreso al comedor-. Vamos a ver qué carrera tienen los gemelos reservada para mí...
Hermione resopló ante el claro sarcasmo en las palabras de su pareja. Antes de que Ron se marchara lo tomó de la mano. El joven se detuvo para ver cómo su novia se acercaba a él y lo miraba con seriedad.
-Escúchame, Ron... –Le instó para que la mirara a los ojos. La luz de la luna iluminó sus bellas facciones y el joven no pudo evitar posar una mano sobre ése rostro tan amado. Las palabras que surgieron de labios de la mujer que adoraba fueron claras y enérgicas. Y Ron creyó oír en ellas un tono de presagio.
Sintió un escalofrío mientras Hermione seguía hablando.
-No debes jamás desdeñar el apoyo que tu familia te ofrezca. Porque el día en que tengas que tomar la decisión más importante de tu vida tendrás que hacerlo solo, y entonces desearás con toda tu alma que ellos estén a tu lado.
Soltó su mano y Ron la vio alejarse hacia el interior de la casa. Quiso seguirla, pero algo en su interior lo obligó a quedarse en el mismo sitio mientras ella se detenía a unos metros de él.
-Nunca lo olvides, mi amor... –Fueron sus últimas palabras antes de desaparecer por la puerta que daba al comedor.
oooooooOooooooo
Sirius Black bebía una copa de vino sentado en el sofá del salón, tratando de relajarse. En los últimos días las reuniones de la orden se efectuaban más seguido. No había mañana, tarde o noche en que su casa no estuviera ocupada por algún grupo de Aurores planeando estrategias de defensa. El animago comenzaba a cansarse de ésa situación.
Y aunque no lo demostraba, su cansancio se aunaba a la preocupación que ésas reuniones le dejaban. Era obvio que Albus Dumbledore vislumbraba un enfrentamiento muy próximo contra Voldemort.
Y era ahí donde su aprehensión se hacía más patente. Y era el hecho de que, sin importar estrategias de defensa ni demás imprecisiones, la verdadera arma secreta para la destrucción del llamado Señor Oscuro radicaba en el joven de diecisiete años que en ése momento dormía en una de las habitaciones de su casa.
Desde su última discusión con su ahijado la noche misma en que lo trajera a la mansión, el muchacho se mostraba ausente en todo momento. Sirius había estado seguro que Harry volvería a ser el mismo con el paso de los días. Pero con gran pesar se dio cuenta que no era así, y que conforme los días transcurrían una sombra de tristeza se hacía más notoria en los verdes ojos de aquél a quien amaba como a un hijo. Y aunque no quisiera aceptarlo, tenía que admitir que el estado del muchacho también le afectaba a él.
Sirius trataba de sacar a su ahijado de la trinchera en la que se había metido, estableciendo amenas charlas de sobremesa y ofreciéndole interesantes actividades para distraerse juntos, como practicar hechizos de transformaciones –materia que el animago siempre dominó desde sus años de escuela-, hasta practicar con él hechizos de defensa que sabía, era lo que más entusiasmaba a Harry.
Pero era obvio que el muchacho había perdido interés. Largas eran las horas que se encerraba en sus habitaciones, hasta que Sirius llegaba y se las ingeniaba para sacarlo de ahí. El único momento del día en que el joven parecía despertar, era cuando su padrino le entregaba la correspondencia que sus amigos le enviaban y que él leía con avidez y el rostro iluminado, para ensombrecerse otra vez al terminar de leer y volver a encerrarse en sí mismo.
Ya no sabía qué hacer. Era indiscutible que la decisión de sacarlo de Hogwarts había sido la correcta, pues bajo ninguna circunstancia hubiera permitido que su ahijado continuara viendo a Snape. Y el hecho de revisar su correspondencia antes de entregársela era algo que no iba a dejar de hacer, por mucho que a su ahijado le molestara.
"Ni siquiera puedo sacarlo a pasear a ningún sitio. Y mucho menos llevarlo de viaje." Pensó mientras se levantaba del sofá para acercarse al ventanal. "Siento... como si estuviera fallando en mi papel de padrino. ¿Qué estarán pensando James y Lily de mí ahora? ¿Qué estará pensando Remus?"
Su mirada azul se posó sobre la luna. Sintió una enorme tristeza al acordarse de él y lo que debía estar pasando en ésos momentos.
"Yo debería estar a su lado ahora." Pensó mientras su mirada permanecía fija en el cielo. "Se lo prometí. Yo le prometí que nunca más estaría solo durante éstas noches..."
Apretó los puños con fuerza y suspiró. Su voz se quebró dejando escapar un débil murmullo.
-A ti también te he fallado...
No pudo evitar que a su mente volviera la noche en que salió por la chimenea sin siquiera mirarlo. La voz de Remus empapada de tristeza al preguntarle si podrían seguir siendo amigos.
-No lo sé... –Había sido su respuesta aquélla vez.
-No lo sé... –Murmuró el animago, su rostro ensombrecido-. No lo sé.
Ésa seguía siendo su respuesta. No lo sabía. No sabía como mirarlo ahora que conocía sus preferencias sexuales. No sabía cómo tratarlo después de enterarse de lo que Remus sentía por él. No sabía... cómo seguir siendo su amigo.
-Él también está sufriendo. –Sirius apartó su mirada del blanco disco lunar para posarla sobre su ahijado. Éste se encontraba parado detrás de él, su pijama puesto y sus cabellos alborotados como siempre. Se sintió viajar en el tiempo al verlo tan parecido a su padre.
-No sé de qué hablas. –Le respondió el animago, volviéndose hacia el ventanal para evitar que el muchacho viera su tristeza.
-Sé lo que estás sintiendo. –El muchacho suspiró mientras se acercaba para quedar a su lado, posando su verde mirada en el cielo-. Sé lo que está sintiendo él. ¿No crees que deberías dejar tu orgullo a un lado y pensar en su amistad de tantos años?
-No se trata de orgullo, Harry. –El hombre cruzó sus manos por detrás de su espalda-. Tú no sabes...
-Lo único que sé es que te necesita. Y tú a él. –El hombre movió la cabeza hacia ambos lados, negándose a escuchar-. Sólo se tienen el uno al otro.
-No, Harry. –La mirada de Sirius se cristalizó-. Ahora las cosas son diferentes. Ya no podemos ser amigos.
-¿Por qué no? –Harry frunció el ceño, molesto ante la actitud de su padrino-. ¿Por qué tus prejuicios son más fuertes que tu cariño? ¿Por qué te empeñas en dejar tirada tu amistad de toda la vida sólo porque ahora sabes lo que él siente?
-Me mintió... –Sirius recargó su frente sobre el vidrio. Sus ojos azules se cerraron para no mostrar el dolor que estaba sintiendo-. Crecí... pensando que lo conocía. Todos estos años no hizo más que mostrarme algo que nunca fue.
-Él no te mintió. –Harry posó una mano sobre el hombro del animago-. Lo único que hizo fue callar.
-Eso es mentir.
-No, padrino. Lo único que él hizo fue guardar bajo siete llaves lo que sentía su corazón, para no hacerte daño. Él sabía que rechazarías su amistad y por eso calló. ¿Tienes idea de lo carcomida que quedó su alma? ¿Tienes idea de la carga tan grande que tuvo que soportar ocultando un sentimiento que con el paso del tiempo crecía cada vez más?
Sirius no respondió. Con un suspiro de frustración, Harry se apartó de su lado y se encaminó a la puerta.
-Sólo déjame recordarte que Remus es lo único verdadero que tienes en la vida. Lo único verdadero y valioso. –Sus verdes ojos se encontraron con los azules de su padrino-. Que Merlín no permita jamás el que tengas que perderlo para darte cuenta de eso.
Harry salió de la habitación de su padrino, dejando a un Sirius Black con la mirada fija en la luna, el corazón apretado y las lágrimas deslizándose por su cara.
Y el nombre de Remus atorado en la garganta.
oooooooOooooooo
La claridad de un nuevo día descendió con lentitud sobre el Bosque Prohibido, despertando poco a poco a las criaturas que lo habitaban. Los ojos dorados de Remus fueron heridos por la luz que se filtraba a través de sus párpados cerrados.
El hombre emergió de su letargo con pesadez dolorosa, mientras trataba de ordenar el caos que anidaba en su mente. Cuando al fin tuvo noción de dónde se encontraba buscó con la mirada la ruta más cercana que pudiera llevarlo de regreso a la Casa de los gritos.
Pero cuando intentó levantarse, un dolor agudo recorrió todo su cuerpo desnudo. El hombre respiró con fuerza mientras trataba de reprimir un grito y se llevó la mano hacia su costado derecho. Observó su mano cubierta de sangre y dirigió su mirada hacia su cuerpo.
Unas profundas heridas se dejaban ver a lo largo de sus costillas. Por la forma de la lesión, el hombre supuso que se trataba de un zarpazo, y por el tamaño llegó a la conclusión de que había sido hecha durante algún enfrentamiento con otro Hombre Lobo.
El hombre permaneció acostado un largo momento sobre el suelo cubierto de suave musgo, dejando que los escasos rayos de sol que lograban filtrarse por las densas ramas dieran un poco de calor a su aterido cuerpo. Después de un tiempo intentó moverse, y sólo logró que otro profundo gemido escapara de sus labios.
Fue entonces cuando cayó en la cuenta de la seriedad de su situación. Estaba perdido en medio del bosque, débil tras su última transformación y herido de gravedad.
-Sólo... debo recuperar un poco de fuerza... –Murmuró mientras se abrazaba a sí mismo, tratando de tranquilizarse-. Pronto estaré bien y entonces podré volver a casa...
Cerró los ojos y trató de relajarse con los sonidos de la naturaleza que lo rodeaba. Sus sentidos aún estaban muy sensibles y cualquier ruido extraño lo sobresaltaba, haciéndolo volver de golpe a la realidad. La debilidad lo venció y pronto sus párpados se cerraron para sumirlo en la inconsciencia.
No vio cuando una sombra se acercaba a él con gran rapidez, ni cuando una negra capa cubrió su cuerpo herido. Tampoco pudo sentir cuando dos fuertes brazos lo alzaron con gran cuidado para entonces desaparecer en la espesura del bosque con su desfallecida y preciosa carga.
oooooooOooooooo
Severus entró a la oficina del director y Fawkes lo saludó con un suave canturreo. Mientras esperaba al mago mayor se dedicó a hojear algunos de los libros de su biblioteca, tratando de encontrar alguno que pudiera sacarlo de sus dudas.
La noche anterior, recordando cada uno de sus encuentros con Harry llegó a su memoria la última vez que estuvieron juntos, cuando Black los descubrió besándose frente al lago. Recordó el momento en que le mostró a Harry las luces que emergían de sus manos y decidió tratar de averiguar el porqué su pareja también había logrado verlas, aún con los ojos cerrados.
-Buenos días, Severus. –El profesor de pociones dejó en su lugar el libro que repasaba para responder al saludo de director-. Veo que llegas temprano, ¿Hay algo que te preocupa?
-Para serte honesto, Albus, a éstas alturas todo me preocupa. –El anciano mago sonrió ante la respuesta de su protegido. Lo invitó a tomar asiento mientras ordenaba el desayuno, en una obvia invitación que el profesor aceptó-. En realidad estoy aquí porque necesito que me ayudes a aclarar una duda que tengo con respecto a... algo que ocurrió la noche que Black nos descubrió en el lago.
-¿De qué se trata?
Mientras esperaban el regreso del elfo doméstico, Severus se dedicó a relatarle, -omitiendo algunos detalles que no venían al caso-, lo ocurrido antes de la llegada del animago. Cuando terminó de contarle pudo ver en el rostro de Albus una amplia sonrisa, y en sus ojos azules un extraño brillo que al profesor le intrigó.
-Lo que más me sorprendió, fue el hecho de que Harry también pudiera verlas con los ojos cerrados.
Albus se llevó una mano a la barba, pensativo, mientras Severus lo miraba cada vez más intrigado. El elfo regresó con el desayuno y el director probó un poco de él antes de tomar la palabra.
-Tal vez a ti te sorprenda, Severus. –Fue su respuesta después de lo que el profesor consideró un muy largo momento-. Pero la verdad es que a mí no. Harry y tú no son el primer caso, ni creo que sean el último.. aunque sí son casos muy contados.
-Me gustaría que me lo explicaras con más claridad.
Albus lo invitó a tomar su desayuno, dándose tiempo para ordenar sus pensamientos. Se recargó en el respaldo de su silla y esperó a que el profesor dirigiera su atención a él para comenzar.
-Sin duda alguna, ustedes son Almas Gemelas. –El brillo en los ojos del director se acentuó al ver la sorpresa en los negros ojos del profesor-. No me mires así, Severus. ¿Has oído hablar del Aura?
-Por supuesto, Albus. –Le respondió Severus, ofendido-. No soy un ignorante.
-No te ofendas, hijo. –Albus bebió un sorbo de té antes de continuar-. Todos escuchamos hablar del Aura, pero la mayoría no sabe todo lo referente a ella. De hecho, hay gente que se dedica a estudiarlas.
-Yo soy profesor de Pociones, profesor de Duelo y espía en mi tiempo libre. –Le reclamó el profesor, mosqueado-. Y si tuviera un poco más de tiempo libre, estudiar sobre las Auras sería lo último a lo que me dedicaría.
-Ni yo te imaginaría haciéndolo. –Albus rió con ligereza ante la mirada afilada de su pupilo-. Pero en fin, volviendo al tema, todo aquello que existe posee un Aura. El Aura es un campo de energía que emanamos y que descubre nuestro estado interior. Y está dividida en siete capas a las que se les llama Chakras.
-Las Siete Chakras. –Apuntó el profesor de Pociones. Albus asintió-. He oído hablar de ellas. Tengo entendido que cada una tiene un color.
-Exacto. Y ésos son los colores que conforman nuestra Aura. Pero no ahondaré en eso porque sería cuento de nunca acabar. –Levantó ambas manos para dar énfasis a sus palabras-. Sólo te diré que los seres humanos tenemos el poder para identificar sus colores. Los Muggles tienen sus métodos, y los Magos tenemos el nuestro.
-Creo saber a dónde te diriges. –Lo interrumpió el profesor-. ¿Estás tratando de decirme que lo que hice cuando tenía nueve años, y que repetí en el lago con Harry, fue identificar mi Aura?
-No sólo la identificaste, Severus. –Agregó el anciano mago-. También la exteriorizaste. El Aura es muy difícil de identificar. Lo es mucho más el manifestarla, al menos físicamente. Y mírate, tú lo has logrado sólo con el poder de tus manos.
-Me estás provocando dolor de cabeza, Albus. Vayamos al grano. –El director suspiró ante la poca paciencia de su protegido-. ¿Qué tiene que ver todo eso con las Almas Gemelas? ¿Y con que Harry haya visto lo que ni siquiera mis padres pudieron ver?
-En realidad, nada. –Severus lo miró como si estuviera loco-. Por lo menos no están relacionados de forma intrínseca. Verás... el encuentro de las Almas Gemelas sucede mucho antes de conocerse en el plano físico. El Alma de Harry y tu Alma han estado unidas a lo largo de los tiempos.
Albus se puso de pie y tomó un libro del estante. Después de encontrar la página que buscaba regresó a su lugar en la mesa.
-Los Muggles relacionan la estabilidad y pureza del Aura con el encuentro de las Almas Gemelas. Hay quienes logran encontrarla. Y hay quienes mueren esperándola. En el mundo Mágico, existe un hechizo para identificar a tu Alma Gemela. De manera que un mago puede encontrarla de inmediato o tardar un poco en encontrarla. E incluso a veces... nunca se la encuentra.
El anciano calló tras sus últimas palabras, perdiéndose en sus propias reflexiones. Severus frunció el ceño al notar cierta tristeza en su voz y decidió respetar su silencio omitiendo comentario alguno. Cuando Albus se sobrepuso continuó con su explicación.
-Si tú decidieras comprobar que Harry es tu Alma Gemela, bastaría con ése hechizo. Y toda ésta plática que hemos tenido sobre Auras y Almas Gemelas estaría de sobra. Pero... –Y en éste punto el director le mostró un párrafo en el libro-. Sólo ha habido casos excepcionales en que un mago ha podido ser testigo de la manifestación del Aura de su Alma Gemela.
-¿Cuántos casos?
-Tres. Incluyéndolos a ustedes. –Y antes de que Severus pudiera preguntar nada más-. Y no hay ningún caso documentado sobre algún mago que haya podido "ver" el Aura de su otra mitad... con los ojos cerrados.
-¿Harry es el primer mago que lo logra?
-Según parece, así es. –Albus dejó el libro a un lado para continuar con su desayuno, dando tiempo al profesor para asimilar lo que acababa de escuchar.
Severus sólo perdió su vista en el plato frente a él, mientras se sumía en sus propios pensamientos. Le gustó mucho el saber que Harry era su Alma Gemela. Y no le extrañaba después de toda la pasión que hizo ebullición desde el primer momento en que se vieron, sin importar que dicha pasión se hubiera manifestado primero en forma de odio y luego en total y franco amor.
Tampoco le extrañó el hecho de que su pareja pudiera ver su Aura, habiendo ya dos casos registrados antes que él, y siendo Harry un mago tan poderoso y especial. Lo que le intrigaba era el hecho de que pudiera verla también con los ojos cerrados.
-¿Cómo puede hacer eso? –Se preguntó a sí mismo en voz alta. Albus dejó su postre a un lado mientras se dirigía a su protegido.
-¿Cuál es el don que Harry tiene, que le hace sentir lo que los demás sienten?
-Su empatía. –Severus dejó traslucir la comprensión a través de sus negros ojos-. Él no sólo puede ver mi Aura... también puede sentirla.
-Por eso, lo que tú sientes lo percibe de forma más fuerte, que lo que puede percibir de los demás.
-Es... una gran responsabilidad. –El director asintió en silencio a sus palabras-. Deberé tener cuidado al manejar mis emociones, si no quiero influir en las emociones de Harry...
-Exacto.
Albus convocó una taza de café para Severus y otra taza de té para él. Ambos bebieron mientras se permitían disfrutar de un breve momento de silencio, roto sólo por el batir de las alas de Fawkes desde su percha.
-Severus... –Albus decidió romper el silencio-. Pasando a otro asunto... ¿Ya pensante bien en la propuesta que te hice sobre el ataque a la Mansión Riddle?
-No me convence del todo ésa idea, Albus. Y lo sabes muy bien. –Severus dejó a un lado su taza de café y se puso de pie-. Pero dadas las circunstancias, no hay otra salida. Así que puedes contar conmigo para lo que sea que tengas en mente.
-Lo importante es encontrar el modo de hacernos de Harry sin llegar a la violencia. Y será excelente si además no te involucras directamente con eso. Así evitaremos que Sirius vaya a acusarte al Ministerio y te envíe a Azkaban.
-Eso va a estar muy difícil. –Respondió el profesor-. Seré su primer sospechoso y no se detendrá a pensar si tuve que ver o no. Correrá a denunciarme.
-Nos encargaremos de eso cuando llegue el momento. Ahora dime, Severus... ¿Estás seguro que la Saeta que Draco encontró era el regalo de Sirius para su ahijado?
-No puedo asegurarlo. –Respondió el profesor de pociones-. Pero Harry me comentó que Black le había prometido una.
-Necesitamos asegurarnos, no vaya a ser una trampa. –Albus se recargó en su silla y lo miró con fijeza-. La única persona que podría confirmarlo es Remus. Habrá que preguntarle.
-Tendremos que esperar hasta que vuelva. –Severus se rascó la barbilla, pensativo-. Anoche fue luna llena.
-Es verdad... lo había olvidado. –El director se levantó y comenzó a pasearse de un lado a otro-. Mientras, pasemos al asunto de Draco. Habrá que ver...
-Albus... –Interrumpió el profesor-. No creo que sea prudente llevarme a Draco también. Él no sabe nada de Oclumencia y si lo presento ante Voldemort no pasará ni medio minuto antes de que se entere de todo.
-Lo sé, Severus. Ya he pensado en eso. –El anciano palmeó su hombro mientras continuaba-. También debemos ver la forma de distraer a Voldemort el tiempo suficiente para que podamos romper las barreras de protección.
-Ése es otro detalle, Albus. –Severus entrecerró sus negros ojos, al parecer tratando de recordar algo-. Tengo entendido que la única forma de vencer las protecciones es desde adentro. El problema es que no tengo conocimiento del lugar exacto donde se concentra la mayor cantidad de la energía que crea las barreras.
-Eso sin contar con que tú no tendrás tiempo para hacerlo.
-Tendrá que hacerlo alguien más. –Alegó el profesor-. Yo estaré muy ocupado tratando de que Voldemort no mate a Harry mientras esté indefenso.
-¿Piensas desarmarlo? –Preguntó el director, sin evitar preocuparse ante el comentario de su protegido.
-Trataré de no hacerlo. Pero en todo caso tendré que desmayarlo. –Ante la mirada de aprehensión del anciano-. No pretenderás que lo lleve caminando.
-Tienes razón. –Suspiró-. Todo esto es mucho más complicado de lo que parece.
Guardaron silencio durante un largo momento, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Si Severus no podía llevar a Draco consigo, al menos esperaba que Voldemort se conformara con la presencia de Harry. Ahora lo único que faltaba era encontrar el modo de ponerse en contacto con su pareja.
-Sería bueno... –La voz de Albus interrumpió sus pensamientos-. Que nos reuniéramos aquí ésta misma tarde. Le pediré a Minerva, a Lucius y a los Weasley que estén presentes. Tal vez ellos puedan aportar algunas ideas. Llamaría a Sirius, pero dudo que esté en disposición de ayudarnos.
-Pues debería contribuir con algo. –Le reclamó el profesor-. Después de todo también es miembro de la Orden.
-En otras circunstancias no dudaría en solicitar su colaboración. –Reiteró el anciano mago-. Pero como están las cosas entre él y tú lo único que hará será entorpecer nuestros planes. En especial estando Harry en medio de ellos.
-Disculpa que no esté de acuerdo contigo, Albus. –Insistió el profesor-. Pero creo que sería prudente llamarlo y explicarle la situación tal y como es. Como tutor de Harry tiene la obligación y el derecho de estar enterado de todo.
-Sabes que no permitirá que Harry vaya contigo.
-Agotaremos todos los recursos antes de tomar cualquier decisión drástica.
-De acuerdo. –Aceptó el director después de meditarlo-. Sirius también estará presente en la reunión. Trataremos de convencerlo. De no lograrlo tomaremos otras medidas.
-Entonces no veremos en la reunión. –El profesor se dirigió a la puerta-. Estaré en el aula de Duelo dando clase. Te veré más tarde.
-Severus... –El hombre volteó a verlo-. Ya verás que todo saldrá bien.
-Eso espero, Albus... –Le respondió, sus negros ojos fijos en los azules del director-. Por el bien de Harry... eso espero.
oooooooOooooooo
-Lamento no poder acompañarte, padre. Pero se me hace tarde para ir a clase.
-Está bien, Draco. No te preocupes.
Lucius y su hijo se encontraban en la enfermería después de salir de su sesión de fisioterapia. Ésa misma mañana, Draco se había levantado muy temprano para salir a dar una vuelta sobre la Saeta de Harry.
El hombre lo había esperado hasta la hora del desayuno, pero el muchacho no apareció. Suponiendo que se le había ido el tiempo volando, el hombre decidió no esperarlo más y después de desayunar había partido hacia la enfermería, donde el doctor Green ya lo esperaba en la oficina, con Poppy.
Antes de comenzar con la sesión, el medimago lo había examinado para ver cómo estaban sus articulaciones. El rubio seguía sintiendo mucho dolor, así que el doctor Green decidió que continuara tomando la poción para desinflamar y que siguiera practicando los mismos ejercicios, hasta que volviera a examinarlo dentro de un mes.
Poppy acababa de vestirlo y colocarlo sobre su silla de ruedas, cuando en ése instante alguien la llamó con voz alarmada. La enfermera salió para ver quién la llamaba y Lucius salió detrás de ella para dirigirse al área de ejercicios. Pero se detuvo en seco cuando vio a Sirius Black con el cuerpo herido de Remus en sus brazos.
Lucius sólo alcanzó a ver cuando Poppy le ordenó al animago que lo colocara sobre una de las camas. Remus desapareció de su vista en el instante en que la enfermera cerraba la puerta para comenzar a atenderlo.
Con el corazón a punto de salirse de su pecho, el rubio se había dirigido a toda prisa hacia ellos. Estaba a punto de abrir la puerta para preguntar qué le había ocurrido cuando en ése momento llegó su hijo, disculpándose por haber llegado tarde. Su padre no escuchó ninguna de sus palabras. Todos sus sentidos estaban puestos en la puerta que lo separaba de la persona que amaba.
Regresó a la realidad cuando escuchó la voz de Draco diciéndole que el doctor Green ya los esperaba. Jamás le habían parecido tan largas las horas que duró la sesión, y el medimago le llamó varias veces la atención por no estar concentrado. Draco se dio cuenta que algo le preocupaba a su padre, por lo que puso todo de su parte para que la sesión terminara pronto.
Cuando el medimago se marchó, Draco le preguntó qué le ocurría, pero él sólo se concretó a responder que estaba cansado. Su hijo ya no siguió insistiendo al ver que se le hacía tarde para su clase de Duelo.
-Padre... ¿Escuchaste lo que dije?
-¿Disculpa? –Lucius despegó la vista de la puerta que Poppy cerrara horas antes para dirigirla a su hijo. Éste lo miró con preocupación-. No te escuché.
-Preguntaba si te veré más tarde para almorzar. –Su padre asintió-. ¿Hay algún inconveniente si invito a Severus?
Ésta vez su padre negó con la cabeza. Draco sólo suspiró y tras despedirse de él salió de la enfermería.
Lucius se quedó en el mismo sitio durante un momento más. Quería saber qué le había ocurrido a Remus, y quería verlo. Sin importarle si Black se encontraba dentro se acercó a la puerta y la abrió. Tras un segundo de duda entró, sorprendiéndose al ver a Remus dormido bajo las sábanas blancas y ni una señal del animago cerca, cosa que agradeció.
Se acercó con sigilo hacia la cama, hasta que pudo percibir su respiración pausada. El lugar se encontraba apenas iluminado por la luz que entraba por un ventanal, y Lucius pudo ver que su rostro estaba muy pálido. Los brazos y manos de Remus estaban descubiertos y descansaban sobre su pecho, y el rubio alcanzó a distinguir heridas de arañazos. Alzó con cuidado la sábana que lo cubría y alcanzó a ver parte de su torso, que estaba vendado.
"¿Qué le habrá ocurrido?" Se preguntó mientras volvía a cubrirlo con la sábana. Lo observó durante varios minutos, sin atreverse a mover un solo músculo para no despertarlo. Suspiró, dándose por vencido, mientras extendía una mano para pasarla con delicadeza sobre su cabellera castaña. La acarició por un instante, sintiendo su tersura, para después deslizar su mano por su frente sudorosa.
-¿Tienes idea de cuánto te amo? –Susurró al tiempo que sus dedos se deslizaban por la piel de su rostro dormido. Se detuvo cuando la punta de sus dedos rozó la comisura de ésos labios por tanto tiempo anhelados, mientras Lucius cerraba sus ojos azules, intentado recordar su sabor.
Una extraña sensación lo embargó cuando su silla se elevó unos centímetros y Lucius se inclino para depositar un beso en la boca entreabierta, sintiendo su cálido aliento. Remus suspiró dentro del beso y el rubio se separó de él para dejarlo despertar.
Los dorados ojos se abrieron poco a poco, mientras Lucius veía cómo la luz de la conciencia entraba en ellos. Remus parpadeó varias veces, tratando de reconocer el rostro frente a él.
-¿Lucius...? –El licántropo levantó una mano para impedir que la luz del sol siguiera hiriendo sus pupilas, aún sensibles. El rubio se dio cuenta y se acercó al ventanal para cerrar las cortinas.
-¿Necesitas algo? –Le preguntó cuando hubo regresado a su lugar junto a la cama.
-¿Dónde... estoy? –Un estremecimiento recorrió su adolorido cuerpo-. Tengo frío...
Lucius acomodó un poco las sábanas para cubrirlo mejor. Remus seguía temblando. Con un suspiro, el rubio tomó sus manos y las cubrió con las suyas, tratando de darle calor.
-Estás en la enfermería. –Le respondió mientras frotaba sus manos-. ¿Qué te ocurrió?
-Creo... que me enfrenté a un igual. –Lucius lo miró sin comprender-. En el Bosque...
-Me habías comentado la que poción te volvía inofensivo. –Le contestó Lucius cuando al fin comprendió-. ¿Acaso no funcionó?
Una sombra de tristeza cruzó las pálidas facciones de Remus. El rubio iba a preguntar algo más cuando la puerta se abrió dejando pasar a Poppy. Lucios bufó de frustración cuando tuvo que soltar sus manos.
-Lucius, no sabía que estabas aquí. –El rubio no respondió. La enfermera se acercó a Remus para examinarlo-. ¿Cómo te sientes?
-No muy bien...
-Es normal. –Le respondió mientras le daba algo de beber-. Tus heridas eran muy profundas y perdiste mucha sangre. ¿Sabes? Deberías ser más cuidadoso con tu cuerpo. La próxima vez procura no beber antes de tomarte la poción.
Remus apartó el rostro ante la mirada inescrutable de su ex amante, para después posar sus dorados ojos sobre la enfermera.
-¿Cómo supiste que la poción no funcionó porque bebí? –Le preguntó. Poppy movió su cabeza de un lado a otro mientras respondía.
-Porque la persona que te trajo me lo dijo. –Ante la mirada interrogante del licántropo-. Fue Sirius quien te encontró en el Bosque. Él fue quien te trajo aquí.
-Sirius... –El rostro de Remus se iluminó-. ¿Dónde está?
-Se ha ido. –Le respondió Poppy-. Se marchó apenas supo que estabas fuera de peligro.
Remus ya no siguió preguntando. Poppy revisó sus vendajes y Lucius pudo ver que su rostro volvía a ensombrecerse. Mientras la enfermera continuaba examinándolo, el licántropo cerró los ojos cuando sintió que las lágrimas comenzaban a brotar. Poppy le dirigió unas instrucciones que él ya no escuchó, para después salir de la habitación dejándolos solos.
"No lo entiendo..." Pensó mientras se mordía el labio inferior, tratando de detener las lágrimas. "Me salva la vida y luego... se va."
Un sollozo ahogado que no pudo contener escapó de sus labios. Lucius frunció el ceño al verlo así, pero en vez de preguntar sólo se limitó a tomar de nuevo sus manos.
"Lo hizo por lástima..." Se dijo mientras sentía sus manos entre las cálidas manos de su ex amante. "Es obvio que no le importo..."
Volteó a ver a Lucius, quien a su vez lo observaba en silencio. Correspondió a su cariñoso gesto estrechando las manos que lo acariciaban y dejó que las lágrimas brotaran sin control, mientras giraba el rostro hacia la pared para que Lucius no lo viera.
Lucius no le dijo nada. Sólo permaneció en silencio, sosteniendo sus manos mientras dejaba que los sollozos de la persona que amaba llenaran el pequeño espacio donde se encontraban.
Continuará...
Próximo capítulo: Medidas desesperadas. Segunda Parte.
Notas:
Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.
Besitos.
Rebeca (K. Kinomoto)
