Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews anónimos:

Paddypau: Hola linda, es verdad, Remus está sufriendo y espero que no por mucho tiempo. Sirius bueno.. ese es otro tema aparte. Harry quiere a Sirius y tiene fe en que cambiará, pero la verdad es que para que eso suceda deberá darle una gran lección. Sevy y Harry van a volver a verse, pero será el preludio de algo muy difícil que les espera. Me alegra que el fic te guste, de verdad. Y espero que el capítulo que viene también te guste. Mil besos para ti también.

Nan: Hola Nan, La verdad es que yo no tengo dudas sobre con quién se va a quedar Remus, jeje, sería el colmo siendo yo quien está escribiendo la historia --. Pero creo que con esto he hecho dudar a más de una. Los acontecimientos se irán dando poco a poco, y cada quién tendrá sus propios sentimientos a ése respecto. Sobre Ron y Hermione, creo que se te va a hacer algo de eso, porque lo que a ellos les espera también es un golpe muy duro. La verdad es que trato de escribir lo más rápido que puedo, pero el tiempo se me va tan rápido. De cualquier manera aquí seguimos y espero que el siguiente también te guste. Muchas gracias por tu comentario y muchos besos.

Muchas gracias también a EugeBlack, Ailuj y Miss Andreina Snape, por sus reviews.

A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.

XVII

Medidas desesperadas.

Segunda Parte.

Severus entró al aula de Duelo deseando que estuviera vacía, pues no se sentía con ánimos para dar clases. Su deseo se vio frustrado cuando vio que los muchachos ya se encontraban ahí. Suspiró mientras observaba a Draco, que se acercaba a él seguido por Ron y Hermione.

-¿Sucede algo? –Le preguntó al rubio. Pudo ver que el muchacho parecía contento-. ¿Y bien?

-Se trata de Harry. –El hombre puso toda su atención a su ahijado-. Hermione y Ron me acaban de decir que encontraron el modo de hacerle llegar una carta tuya sin que Black se entere.

-¿Ah, sí? –Preguntó el profesor, incrédulo-. ¿Y se puede saber cómo?

-Nosotros iremos a verlo ésta tarde. Y se la entregaremos en sus propias manos. –Hermione apareció en el ángulo de visión del profesor mientras continuaba-. Podemos prometerle que haremos todo lo posible.

-Eso es muy amable de su parte, señorita Granger. –Le respondió Severus-. Pero creo que no han tomado en cuenta los riesgos.

-Vale la pena intentarlo. –Draco se adelantó a cualquier comentario de la pareja-. No perderíamos nada.

-Perderíamos. Y mucho. –Aclaró el profesor-. Ustedes serán los primeros en perder su confianza si Black los descubre. Si Harry está tratando de recuperar ésa confianza, la perderá de forma definitiva. Y en cuanto a ustedes... –Señalando a los tres-. No podrán volver a escribirle ni aunque sus cartas vayan dirigidas al mismo Black.

Los muchachos guardaron silencio ante el último comentario del profesor.

-Y en lo que a mí respecta... –Les dijo mientras subía a la tarima de Duelo-. El asunto que tengo que tratar con Harry es demasiado delicado y comprometedor, como para arriesgarme a que caiga en manos equivocadas. Y no estoy hablando sólo de Black. Ahora pongan atención, la clase va a comenzar.

No hubo ningún comentario al respecto durante el tiempo que duró la clase. Los muchachos se concentraron en aprender los hechizos y contra hechizos que el profesor les enseñó. Pero cuando la clase terminó, Draco se acercó a la pareja.

-¿Ya pensaron en lo que harán? –Les preguntó mientras caminaban hacia la puerta.

-Hasta antes de hablar con el profesor Snape, estaba muy segura. –Le respondió la muchacha-. Pero después de lo que nos dijo, ya no lo estoy tanto.

-Yo sigo pensando que podemos hacerlo. –Intervino el pelirrojo-. Sólo debemos tener mucho cuidado.

-¿Y si Black los descubre? –Ron calló ante las palabras del rubio-. Ustedes no vieron la mordida que le hizo a Severus en el brazo. Estoy seguro que aún le duele.

-No creo que Sirius me haga algo como eso. –Replicó el Gryffindor.

-¡Por supuesto que a ti no! –Aclaró el rubio, ya impaciente-. Estoy hablando de Severus. A ustedes tal vez les retire su confianza, tal y como él mismo lo dijo. Pero tratándose de mi padrino, lo más probable es que lo denuncie ante el Ministerio.

-No creo que sea capaz... –Draco miró a Ron con seriedad-. ¿O sí?

-Él quiere tantito. Cualquier motivo, para enviarlo a Azkaban. –El rubio negó con la cabeza-. Creo que Severus tiene razón. No debemos arriesgarnos.

-Eso no es justo. –Reclamó el pelirrojo-. Sabemos que Harry está triste. Algo debemos hacer para animarlo.

-Seguiremos escribiéndole. –Hermione trató de confortarlo-. Como lo hemos hecho hasta ahora.

-Harry no necesita que le escribamos nosotros. –Insistió su novio-. Y creo que ustedes saben a qué me refiero.

La pareja volteó a ver al rubio.

-De acuerdo. –Cedió al fin-. Trataré de convencer a Severus de que le escriba unas cuantas líneas. Nada comprometedor. ¿Puedo escribirle una carta yo también?

-Por supuesto. –Le respondió Hermione-. Iremos a visitar a Hagrid y te esperaremos ahí, con o sin la carta del profesor. –La pareja desvió su camino hacia la salida del Castillo. Draco emprendió la misma ruta que acababa de tomar su padrino. Corrió para alcanzarlo hasta que pudo divisarlo doblando en una esquina.

-¡Severus! –El hombre se detuvo al escuchar su nombre. Draco disminuyó el paso hasta quedar frente a él-. He decidido escribirle una carta a Harry. Ellos me harán el favor de entregársela.

-Bien. Te deseo mucha suerte. –El profesor reinició su caminata hacia las mazmorras.

-Sólo quería que supieras que Harry está muy triste. –Severus se detuvo sin voltear a verlo-. Parece que está deprimido.

El hombre no dijo nada y siguió caminando hasta llegar a sus aposentos. Pronunció la contraseña y entró. Su ahijado entró detrás de él.

-¿Cómo puedes saber eso? –Le preguntó mientras se quitaba la capa. Se sentó en el sillón y comenzó a hojear un libro de pociones.

-Ron me lo acaba de decir. –Le respondió el rubio, sentándose en el sofá junto a él-. Y aunque no me lo hubiera dicho, estoy seguro que lo debes saber bien.

-¿Cómo no voy a saberlo, Draco? –Severus dejó escapar una sonrisa torcida-. Así me he sentido desde que se marchó. Estoy seguro que Harry lo percibe por medio de su empatía.

-¿Por qué no le escribes? –El hombre negó con la cabeza-. No le escribas nada que pueda comprometerlos, sólo unas palabras. Las suficientes para alegrarle el día.

El hombre guardó silencio durante un largo momento, analizando las palabras de su ahijado.

-Quiero... decirle tantas cosas... –Murmuró mientras cerraba el libro-. Quisiera que estuviera conmigo ahora...

-Entonces díselo. –Draco posó una mano sobre su hombro, animándolo-. Eso que acabas de decirme, díselo tú a él.

-¿Crees... que Weasley pueda lograrlo?

-No es tonto. Se las ingeniará. –Draco pudo notar que su padrino estaba indeciso. Convocó pluma y pergamino y se acercó a él-. Ron y Hermione me esperan para que les entregue tu carta.

Severus observó lo que Draco le ofrecía y después de pensarlo un poco más decidió tomarlo.

-Espera aquí... –Le ordenó mientras se dirigía a su habitación. Draco esbozó una sonrisa mientras se acomodaba en el sillón y hacía aparecer otra pluma y otro pergamino. Momentos después él también escribía.

oooooooOooooooo

Harry se encontraba en su habitación, encogido sobre un pequeño sillón frente a la chimenea; su verde mirada atenta al crepitar de las rojizas llamas y un libro en sus manos, sin abrir. Más libros cerrados se hallaban desperdigados por toda su cama, sin otra utilidad más que la de ocupar espacio. Sirius le había permitido tomar de su biblioteca cuantos libros quisiera, con tal de que tuviera algo en qué entretenerse.

Pero el muchacho no tenía ánimos para nada. Menos para leer. La mayor parte del día se la pasaba encerrado en su habitación, escribiendo cartas a Severus a escondidas de su padrino, con la esperanza de hacérselas llegar de alguna forma. Sólo había necesitado un poco de magia para crear un pequeño escondite en la cabecera de su cama, donde guardaba las cartas que escribía. Y el cachorro de león que le servía de despertador se había convertido también en el guardián de ése lugar secreto.

Suspiró mientras se ponía de pie para asomarse por el ventanal. Afuera, las aves que anidaban sobre las copas de los árboles comenzaban a regresar a sus nidos, señal de que la tarde estaba cayendo. En unas cuantas horas más sería de noche y entonces un elfo doméstico aparecería frente a él para avisarle que la cena estaba servida y que su padrino lo esperaba en el salón.

Y entonces Harry se presentaría ante él con la mejor de sus caras y cenarían en completo silencio, hasta que Sirius se percatara de su mirada triste tras las gafas redondas y comenzara una de sus tantas charlas de sobremesa. Charlas en las que Harry pondría todo su empeño en participar para que su padrino viera que se hallaba a gusto en su compañía, aunque su mente y su corazón se encontraran lejos, en las mazmorras de Hogwarts.

Así habían sido sus días desde su llegada a la mansión Black. Y el muchacho estaba seguro que a Sirius le preocupaba su actitud. Él veía cómo el animago se esmeraba en encontrar mil y una formas para sacarlo de ése aislamiento en el que se había recluido por su propia voluntad. Pero era en vano. Aunque el mismo Harry no quisiera admitirlo, estaba resentido con Sirius. Resentido y molesto por no haberle dado la oportunidad de demostrarle que su relación con Severus era algo serio, y no un juego.

Harry desvió su vista del ventanal para dirigirla a su baúl, que descansaba en el rincón más oscuro de su habitación. No había desempacado. Y no lo haría porque sólo faltaban unos cuantos días para que Severus fuera a buscarlo, tal como se lo prometiera la noche en que se despidió de él.

"Sé que Sirius cree que todo lo hace por mi bien..." Pensó mientras se recostaba boca abajo sobre su mullida cama. "Y le agradezco que se preocupe por mí. Pero se está equivocando."

Levantó una mano para acercarla a la cabecera y hacerle cosquillas detrás de las orejas al cachorro, que ronroneó de gusto. "Sé que hará hasta lo imposible con tal de que no me vaya con él..." Escondió la cabeza entre sus brazos mientras respiraba con fuerza. "Lo que más me duele es que al irme con Severus todo entre él y yo, acabará mal."

No pudo evitar sentir una enorme tristeza al caer en la cuenta de lo que su decisión implicaba. En el momento en que uniera su vida a la de Severus se ganaría el eterno disgusto del animago, y entonces lo perdería.

-No quiero que eso suceda... –Murmuró mientras dos silenciosas lágrimas escapaban de sus verdes ojos-. Si al menos no se odiaran tanto...

-Harry... –La voz de su padrino lo sobresaltó. Secó sus lágrimas con disimulo y trató de sonreír mientras se levantaba de la cama.

-¿Sí...? –Sirius se dio cuenta que el muchacho había llorado, pero no le dijo nada-. ¿Sucede algo?

-Tienes visitas. –Harry frunció el ceño, sin comprender-. Ron y Hermione vinieron a verte.

-¿Cómo...? –El rostro de Harry se iluminó. Miró a su padrino, aún sin poder creerlo-. ¿Están aquí¿En la mansión? –El animago asintió.

-Te están esperando en la sala. –El muchacho se encaminó a la puerta, la felicidad reflejada en su cara. Al pasar junto a Sirius, éste lo detuvo del brazo mientras lo veía a los ojos-. Escucha, Harry... estoy intentado... volver a confiar en ti.

Harry bajó la cabeza cuando comprendió a qué se refería su padrino.

-Te lo agradezco. –Le respondió mientras le devolvía la mirada-. No tienes por qué preocuparte.

-Eso espero. –Le advirtió mientras lo dejaba pasar-. Estaré cerca... por si se ofrece algo.

Harry asintió y se dirigió a la sala a toda prisa, seguido por Sirius. Apenas lo vieron, sus amigos se acercaron a él para abrazarlo con cariño, bajo la atenta mirada del animago.

-Qué gusto me da verlos. –Les dijo el muchacho mientras devolvía los abrazos de sus amigos con el mismo afecto-. ¿Cómo han estado¿Y tu familia?

-Bien, Harry. –Ron y su novia tomaron asiento frente a él. Sirius permaneció parado junto a la chimenea, recibiendo de vez en cuando a algún Auror que aparecía por ella-. Mi papá está aquí, en una reunión. –Harry sonrió, comprendiendo-. Mi mamá les horneó éste pastel. Creo que es de manzana.

Harry tomó el pastel que su amigo le ofrecía. Volteó a ver a Sirius, quien lo miraba con atención.

-Dale las gracias de nuestra parte. –Le dijo mientras dejaba el pastel sobre la mesita-. Lo comeremos en la cena.

Guardaron silencio durante un momento. Podía sentirse la tensión en el ambiente creada por la presencia del animago cerca. Ron y su novia se miraron mientras el pelirrojo palpaba un objeto muy pequeño en el bolsillo izquierdo de su chamarra.

-Bill está de visita en la Madriguera. –Comentó el menor de los varones Weasley-. Se quedará todo el fin de semana.

-Es una buena noticia. –Le respondió Harry con sinceridad-. Salúdalo de mi parte.

-Así lo haré. –Ron sacó una cajita del bolsillo derecho y se la extendió a su amigo-. Los gemelos te envían esto, es una nueva caja de bromas. Está teniendo mucho éxito en el aparador de su tienda.

-Gracias, Ron. –El muchacho tomó la caja y después de observarla un instante la depositó en la mesita, junto al pastel-. Te avisaré cuando me decida a abrirla.

Ron y Hermione pudieron darse cuenta de lo que Harry hacía. Él les estaba dando a entender que todo lo que le dieran frente a Sirius iba a ser examinado por el animago antes de serle entregado a él.

-¿Has estado practicando los hechizos? –Le preguntó su amiga cuando el silencio comenzaba a ser pesado. El muchacho negó con la cabeza-. Hemos aprendido muchos hechizos nuevos. –Le dijo mientras sacaba un pergamino y se lo entregaba-. Te los anoté todos para que los practiques.

-Te lo agradezco mucho, Hermione. –El muchacho sostuvo el pergamino en sus manos. Sus amigos se dieron cuenta de su rostro triste y supieron que pensaba en Severus.

-Es bueno que aprendas nuevos hechizos. –Le dijo Sirius desde su lugar junto a la chimenea-. Si quieres podemos practicarlos más tarde.

El muchacho accedió mientras dejaba el pergamino junto a los demás objetos.

-¿Han visto a Hedwig? -Los muchachos asintieron-. ¿Se encuentra bien?

-Sí, Harry. No te preocupes. –Le respondió su amigo-. Hagrid cuida muy bien de ella.

-Es bueno saber eso.

-Hola, Harry. –Arthur Weasley se acercó al muchacho para saludarlo. Éste se puso de pie, correspondiendo a su abrazo-. ¿Cómo has estado?

-Bien, señor Weasley.

-Me alegra escucharlo. –El hombre palmeó su hombro con afecto-. Molly te envía su cariño.

-Muchas gracias.

-Sirius... –El Auror se dirigió al animago-. Hay una reunión con Dumbledore. Nos espera en su oficina.

-¿Ahora? –Arthur asintió-. ¿Sabes de qué se trata la reunión?

-No lo sé. –Le respondió el mayor de los Weasley-. Acabo de enterarme. Molly también fue convocada.

-¿Qué sucede, Sirius? –Le preguntó su ahijado. El animago resopló, descontento por la situación. Después de Severus, Dumbledore era la siguiente persona a la que menos quería ver en ésos momentos.

-Me tengo que ir. –Le respondió con evidente mal humor. Seguro que en ésa reunión estaría Severus presente, y el sólo pensarlo lo alteró-. Será mejor que te despidas de tus amigos.

Ron y Hermione se pusieron de pie para dar a su amigo un abrazo de despedida. Hermione fue la primera en abrazarlo.

-Te escribiremos, Harry. –El muchacho asintió dentro del abrazo-. Y por favor, practica los hechizos.

-Así lo haré, Hermione. –Harry permaneció abrazando a su amiga un momento más. Para entonces, Ron no había perdido detalle de los movimientos de Sirius. El animago les dio la espalda durante un instante, que el pelirrojo aprovechó para sacar de su bolsillo izquierdo el pequeño objeto y guardarlo en el bolsillo de la camisa de su amigo.

Harry se percató de lo que Ron había hecho y palideció. Pero antes de que Sirius pudiera analizar la reacción de su ahijado, el pelirrojo lo envolvió entre sus brazos, mientras Hermione se acercaba al animago para despedirse de él.

-Trataremos de venir a verte más seguido. –El moreno correspondió a sus palabras con una sonrisa-. Cuídate mucho.

-Tú también, Ron. –Le respondió mientras lo acompañaba a la chimenea-. Si ven a Remus, díganle que lo quiero.

Los muchachos asintieron mientras tomaban un puñado de polvos y desaparecían por la chimenea. Fue en ése momento que Sirius se dirigió a su ahijado.

-Ve a tu habitación, Harry. –El joven hizo el intento de preguntar, pero él no se lo permitió-. No sé cuánto tiempo tardaré en volver, así que no me esperes para cenar.

Su ahijado obedeció sin protestar. Después de despedirse de Arthur se encaminó con nerviosa rapidez a su habitación. El señor Weasley se adelantó a la oficina de Dumbledore mientras Sirius se cercioraba que los regalos de Harry no estuvieran hechizados, para después desaparecer por la chimenea detrás del Auror.

oooooooOooooooo

Harry entró a su habitación sintiendo que su corazón se le saldría del pecho en cualquier momento. Había sido una verdadera osadía de Ron la de colocar ése objeto en su bolsillo. No quería ni imaginarse lo que hubiera pasado de haberse dado cuenta su padrino.

Se recargó sobre la puerta mientras trataba de controlar su respiración agitada por haber llegado corriendo. Cuando al fin se sintió más tranquilo, hurgó en el bolsillo de su camisa y extrajo el pequeño objeto que Ron le entregara. Lo sostuvo durante unos instantes tratando de identificarlo. Era obvio que había sido reducido para que pasara inadvertido.

Con manos temblorosas de anticipación, tomó su varita y lanzó un "Finite Incantatem" sobre el objeto, y de inmediato adquirió su tamaño normal. El muchacho pudo observar un cilindro para guardar pergaminos enrollados y supuso que se trataba de una carta. Corrió hacia su cama y se sentó en una de sus orillas, frente a la ventana.

-¿Será de Severus? –Se preguntó con un hilo de voz. Se apresuró a quitar la tapa del cilindro y sin querer esperar más, lo giró para dejar salir su contenido. Dos pergaminos cayeron en sus manos. El muchacho dejó el cilindro a un lado y tomó uno de ellos. Reconoció enseguida la letra de Draco.

Sonrió mientras tomaba el otro pergamino y su sonrisa se ensanchó. Su nombre estaba escrito con letras que parecían escritas con plata y con una caligrafía limpia y experimentada.

-Severus... –Su corazón latió aún con más fuerza mientras se apresuraba a abrirla. La carta temblaba entre sus dedos cuando la alzó para leerla. Se sintió frustrado cuando no pudo distinguir nada en el papel. Se puso de pie y se acercó a la ventana para aprovechar la última luz de la tarde. Seguía sin poder ver nada. Tomó su varita y casi rayando en la desesperación invocó un "Lumus" que iluminó todo a su alrededor. Suspiró mientras volvía a enfocar su vista sobre el papel.

-¿Qué está sucediendo? –Fue la pregunta que brotó de sus labios cuando vio que no había nada escrito en ella. Volteó el pergamino para observar el reverso. Estaba limpio-. No lo entiendo...

Acercó aún más su varita encendida, pero sólo distinguió la hoja en blanco.

Con un bufido de frustración, el muchacho dejó la carta a un lado y enfocó su atención a la carta de Draco. No tuvo problema alguno para leerla.

"Hola, Harry. Espero que esta carta logre llegar a tus manos sin ningún tropiezo. Aún así, si tu padrino llegara a leerla, se dará cuenta que en realidad no tiene nada de malo lo que he escrito en ella..."

Harry sonrió mientras entrecerraba sus verdes ojos, imaginándose a Draco escribiéndola.

"Se te extraña mucho por aquí. Las clases de Duelo no son las mismas, ya no tengo un rival digno contra quien enfrentarme..."

-Que Ron y Hermione no lean esto...

"Y no tengo a quien retar a una carrera de escobas..."

-Ni yo. –Murmuró con tristeza-. Ni siquiera tengo una escoba...

"Las horas marchan a ritmo lento. No tengo ánimos para recorrer el Castillo yo solo. Y aquí entre nosotros, no me gustaría volver a perderme..."

-Creo que a Severus tampoco...

"Mi padre y yo nos encontramos bien, dentro de lo que cabe. Él sigue asistiendo a sus terapias y sigue sintiendo dolor, pero confío en que el tiempo pase pronto y al fin pueda volver a caminar..."

-Yo también lo espero, Draco.

"Pero me imagino que no querrás que te hable de clases de duelo ni de escobas ni de mi padre. Me imagino que querrás saber de alguien que te extraña mucho..."

-Severus...

"Hedwig..."

-¿Hedwig?

"La he visto últimamente. Está muy alicaída y se le ve muy triste. Todo el día está encerrada y sólo sale por las mañanas, para después regresar y volver a encerrarse. Yo la veo deprimida..."

-Qué extraño... Ron me acaba de decir que se encuentra bien. ¿Me habrá mentido para que no me preocupara?

"He tratado de animarla para que salga a pasear por las tardes... ya sabes... a los sitios que más le gustan..."

-¿Cuáles?

"Pero la verdad es que no quiere salir a ningún lado... no si tú no estás ahí."

Harry rió con fuerza cuando al fin comprendió.

-No me está hablando de Hedwig...

"Me he dado por vencido porque sé que de verdad te extraña y creo que no le encuentra sentido ir a esos lugares ella sola..."

-Lo entiendo... –Susurró en medio de un largo suspiro-. Yo tampoco le encontraría ningún sentido sin él.

"Así que hoy le até ésta carta a la pata y te la envié, espero que te alegre el día, porque sé que sientes lo mismo también. Al principio se negó porque pensaba que tal vez no llegaría a su destino, ya sabes, que se perdería en el camino... pero logré convencerla. Calculo que llegará hoy por la tarde... si tu padrino no la ve antes, claro."

-Ya la recibí, Draco. Muchas gracias.

"Espero que puedas leerla con toda tranquilidad. La mejor hora para hacerlo será por las noches antes de dormir..."

-¿Por las noches?

Harry sonrió al terminar de leer la carta y la guardó en el cilindro. Se quedó pensando un rato en las palabras de Draco. Tomó entre sus manos la carta de Severus y volvió a acercar su varita para poder leerla. La carta seguía en blanco.

-Le haré caso a Draco... –Se dijo mientras apagaba su varita con un "Nox" y enrollaba el pergamino. Se acercó a la cabecera de su cama y el cachorro de león ronroneó cuando el joven mencionó una contraseña. Un hueco apareció en la fina madera, donde el muchacho depositó el cilindro junto a la carta de Severus-. Esperaré hasta la noche. Tal vez entonces sepa qué fue lo que me escribió.

Arregló sus ropas y después de asegurarse que su pequeño tesoro estuviera seguro, salió de su habitación para dirigirse a la sala. Era hora de probar el pastel que Molly le enviara.

oooooooOooooooo

Lucius entró por la puerta de la oficina del director con el ceño fruncido. Durante su almuerzo con Severus y su hijo, el profesor de pociones le había comentado sobre la reunión que sostendrían con Albus Dumbledore. Cuando Draco le preguntó si él podría estar presente, su padrino se había negado de forma tajante.

La firme respuesta negativa de su ex compañero de colegio había inquietado un poco a Lucius, quien no quiso preguntarle nada durante el resto del almuerzo. Cuando terminaron de comer, el profesor se puso de pie y después de agradecer su invitación se retiró a toda prisa, por lo que el rubio supuso que no estaba dispuesto a responder a ninguna de sus preguntas.

Draco tomó la Saeta de Harry para salir a los terrenos, dejando a su padre sólo en sus aposentos. Como aún era temprano para que comenzara la junta, Lucius decidió darse una vuelta por la enfermería para ver cómo estaba Remus. Lo encontró despierto leyendo un libro. Después de conversar un largo rato con él, y viendo que el profesor de defensa se encontraba bastante cansado, decidió dejarlo tranquilo y dirigirse a la junta de una vez.

Su mortificación creció de forma considerable cuando vio a quienes se encontraban ahí. Minerva McGonagall sostenía una acalorada discusión con Severus. Ambos callaron al verlo llegar, lo que sólo logró aumentar su incertidumbre. Había algo en el ambiente. Algo que el hombre no podía ver a simple vista, pero su instinto le decía que no era nada bueno.

La aprehensión del ex mortífago se vio justificada cuando momentos después, Molly Weasley arribaba por la chimenea y minutos más tarde Arthur Weasley, seguido por Sirius Black.

-Espero que la razón por la que me has llamado justifique el que haya tenido que dejar mi casa llena de Aurores. –Sirius le reclamó al director-. No me gusta ausentarme cuando tengo visitas.

-Créeme, mi querido Sirius, que lo justifica.

El animago escuchó las palabras del anciano mientras echaba un rápido vistazo a toda la estancia, reconociendo a los presentes. Una mirada de intenso odio se reflejó en sus ojos azules al encontrarse con los negros ojos de Severus. El profesor de pociones permaneció imperturbable. Albus decidió seguir hablando anticipándose a cualquier reacción por parte de los dos hombres.

-El motivo por el que los he citado aquí... –Comenzó mientras hacía aparecer varias sillas frente a él, y un servicio de té y galletas. Aunque lo último sólo fue un gesto de mera cortesía, pues tras la noticia que estaba por dar dudaba que alguien quisiera disfrutar de ellas-. Es porque han sucedido algunas cosas sobre las que será necesario actuar cuanto antes.

Todos guardaron silencio. Albus dirigió su mirada hacia Severus, quien asintió desde su lugar junto a él. Minerva permanecía parada del otro lado del director, también de pie. Ésta vez fue el profesor de pociones quien tomó la palabra.

-La última noche que Voldemort me convocó... –Mientras miraba a los ojos a Lucius. Éste sólo asintió con la mirada, comprendiendo-. Me dio una orden que deberé cumplir cuando él vuelva a llamarme.

Todos los presentes sintieron un largo escalofrío mientras Severus continuaba hablando.

-La próxima vez que me convoque, deberé llevar a Harry y a Draco... conmigo.

-Pero...

-¿Qué...?

Varias fueron las voces que se alzaron ante la última declaración del profesor. Molly palideció y tuvo que ser sostenida por su esposo, mientras éste escuchaba sin intención las palabras de reclamo que salían de labios del animago. Lucius entrecerró sus ojos mientras acercaba su silla de ruedas hacia Severus, quien se agachó para poder escuchar lo que el hombre le dijo, casi al oído.

-Escucha, Severus... –Le habló con voz apenas audible-. No te lleves a mi hijo.

-Lucius... no...

-Él... es mi única familia. –Su mano derecha se cerró con fuerza sobre el brazo del profesor-. Él es lo único que me queda. Mira... podemos arreglarnos... llévame a mí en su lugar...

-Tranquilo, Lucius. –Severus posó una mano sobre la mano que sostenía su brazo-. No pienso llevar a Draco conmigo.

Lucius frunció el ceño, tratando de entenderlo. Iba a preguntarle algo cuando la voz de Sirius se alzó sobre las demás.

-¿A qué diablos estás jugando ahora, Snivellius? –Le encaró, sus ojos crispados de rabia y temor-. ¿No te ha sido suficiente con lo que le has hecho¿Ahora quieres entregarlo a tu Lord?

-¡Sirius! –Albus se puso de pie, su voz enérgica dirigida hacia el animago-. Será mejor que te sientes y escuches. Tenemos un plan.

El tono autoritario en la voz del director fue suficiente para que Sirius guardara silencio. Aún así no se movió de su sitio. Albus suspiró mientras continuaba.

-Durante los siete años que Harry ha estado en éste colegio, ha recibido la capacitación suficiente para cuando llegue el momento de enfrentarse a Voldemort. –Sirius iba a reclamar algo, pero el anciano levantó una mano, impidiéndole hablar-. Y siempre supimos que ése momento tarde o temprano llegaría.

-¿Qué tratas de decir con eso? –Lo interrumpió el animago-. ¿Acaso pretendes que ése mortífago que tienes por protegido se lleve a mi ahijado?

-Me temo que tendrá que ser así, Sirius.

-Pero... Albus... –Molly no pudo evitar intervenir, la ansiedad reflejada en su rostro-. Él es un niño... no puedes dejarlo enfrentarse solo a ése... monstruo.

-Él no estará solo, Molly. –Le respondió el director en tono tranquilizador-. Todos nosotros estaremos con él. Es por eso que los he citado aquí ésta noche.

-¿Cuál es el plan? –Preguntó un preocupado Arthur, quien hasta el momento se había concretado sólo a escuchar.

-A grandes rasgos, consiste en que Severus presente a Harry ante Voldemort cuando sea el momento. Alguien más entrará a la mansión con ellos, con el único objetivo de desactivar las barreras de protección.

-¿Y se puede saber quién y cómo podrá entrar con ellos? –Preguntó Lucius, ya más tranquilo después de la respuesta dada por Severus-. No sé si lo sepas, pero la energía que crea las barreras sólo puede ser destruida desde adentro.

-Estoy enterado de eso, Lucius. –El anciano se volvió hacia el rubio-. Ya Severus se encargó de informarme algo al respecto. Lo único que necesitamos saber es el lugar exacto donde se concentra ésa energía.

-La energía se concentra en las habitaciones privadas del Lord. –Fue la respuesta de Lucius-. Y sólo sus servidores de más confianza tienen acceso a ellas.

-Me extraña que no hayas sabido eso, Snivellius... –Intervino el animago, su voz escapando por entre sus dientes apretados-. Considerando que eres uno de sus más fieles servidores...

-Basta, Sirius. -Albus decidió continuar-. En ese caso hallaremos la forma de llegar hasta ahí. Cuando las barreras de protección sean destruidas entonces la Orden del Fénix podrá entrar y atacar.

-Todo eso está muy bien y suena maravilloso. –Recalcó el animago en tono sarcástico-. Sólo que no han tomado en cuenta un pequeño detalle.

-¿Cuál? –Preguntó el director, seguro de la respuesta.

-Que Harry no irá a ninguna parte. –Albus suspiró al darse cuenta que había acertado en su suposición-. Porque de ninguna manera permitiré que nadie, y mucho menos ése... –Señalando a Severus con el dedo índice-. Se lo lleve con él.

-Sirius, creo que deberías escuchar primero todo el plan. –Minerva decidió intervenir-. Lo que ellos proponen es una buena idea.

-Pues felicidades a las dos mentes más brillantes de Hogwarts... –Contestó el animago, para después continuar-. Que tendrán que ingeniárselas para llevar a alguien más. Porque en lo que a mí respecta, Harry se queda en Grimmauld Place.

-Eres un necio... –Severus sintió la vena de su frente latir con fuerza-. ¿Acaso no lo has entendido? Voldemort tiene planeado unirse a Draco el primero del mes que viene. Y no lo hará sin antes destruir a Harry. ¡Tenemos que adelantarnos a sus planes!

-¡Pues tendrá que permanecer soltero! –Sirius se encaminó con decisión a la chimenea. Al llegar se giró para verlo a los negros ojos-. ¡No consentiré que se arriesgue la vida de mi ahijado sólo porque tú estás dispuesto a quedar bien con los dos amos a los que sirves!

-¡Tarde o temprano Harry tendrá que enfrentarse a él! –El profesor de pociones prefirió no hacer caso al último comentario del animago. Se acercó a él mientras continuaba-. ¡No puede pasar el resto de su vida enclaustrado en tu mansión sólo porque tienes miedo de perderlo!

-¡Yo sólo lo estoy protegiendo! –El rostro de Sirius enrojeció y su respiración se agitó cuando le respondió-. ¡Lo protejo porque lo quiero¡Él es lo único de James y Lily que ahora me queda en esta vida¡No puedo darme el lujo de perderlo como los perdí a ellos!

Los presentes guardaron silencio ante las últimas palabras del animago. Éste suspiró con fuerza tratando de tranquilizar su respiración agitada.

-Eres un egoísta... –Murmuró Severus con los dientes apretados-. Piensas en ti antes que en la persona que dices querer...

-Mejor no hables, Snivellius... –Le respondió Sirius en el mismo tono-. Aún tengo tiempo de presentarme en el Ministerio y enviarte a...

-¡Al diablo con tus amenazas! –Todos brincaron en su sitio al escuchar el grito iracundo del profesor-. ¡Si Azkaban es el precio que tengo que pagar para que Harry pueda ser libre, entonces estoy dispuesto a pagarlo!

Lucius frunció el ceño, sin comprender de lo que estaban hablando. Pudo observar que Molly y Arthur se miraban el uno al otro, sus rostros llenos de confusión. Minerva suspiró mientras movía la cabeza y Albus se dejó caer en su silla, exhausto.

-Déjalo, Severus. –Expresó con voz cansada. Ambos hombres en disputa voltearon al ver al anciano mago. Éste parecía haber reducido su tamaño y ahora la silla sobre la que estaba sentado parecía más grande de lo normal-. Sirius... no te puedo culpar por tratar de protegerlo. Disculpa si te hemos molestado.

Sirius trató de decir algo, pero la actitud del director lo hizo permanecer en silencio. Tomó un puñado de polvos y antes de marcharse volteó a ver a Severus.

-Te enviaré a Azkaban. Lo haré... –Le advirtió en voz tan baja que sólo el profesor pudo escucharlo-. Atrévete a acercarte a él... y te juro que lo haré.

Lanzó el puñado de polvos y mencionó su destino. Cuando desapareció, Severus se quedó un rato parado en el mismo sitio, tratando de contener su ira. La voz de Albus lo volvió a la realidad.

-Bien, señores... –El viejo director pareció recobrar la compostura cuando se puso de pie y correspondió a la mirada preocupada de los presentes, con una suya cargada de gran decisión-. En vista de que no contaremos con el apoyo de Sirius, no nos queda otra opción, más que tomar otra clase de medidas para poder tener a Harry con nosotros cuando llegue el momento.

-¿A qué te refieres, Albus? –Preguntó la señora Weasley, sin gustarle del todo las palabras del anciano mago-. ¿Qué medidas tendrán que tomar, entonces?

-Las que sean necesarias, querida Molly... –Le respondió, sus ojos azules reflejando una determinación que los hizo estremecerse-. Las que sean necesarias.

oooooooOooooooo

Sentado en uno de los sillones de la sala de su padrino, Harry se encontraba ahíto, sus manos sobre su atiborrado estómago y observando con pesadez somnolienta el trozo de pastel que aún quedaba sobre la mesita. El muchacho se había comido la mayor parte y ahora la culpa comenzaba a corroerlo.

-Engordaré. Mucho... –Se talló la barriga y suspiró, sin querer moverse de su sitio-. Lo siento por Sirius... tendrá que conformarse con lo que le dejé...

Dirigió su mirada verde hacia la chimenea. Las llamas danzaban ofreciendo a su vista destellos carmesíes. Deseó con toda su alma poder traspasar el nicho y refugiarse entre los brazos de la persona que amaba. Pero Sirius, previniendo cualquier intento del muchacho de ponerse en contacto con Severus, había hechizado la chimenea para que sólo en su presencia pudiera ser utilizada.

Harry se puso de pie y se estiró para alejar la sensación de molestia por haber comido tanto. Tomó un puñado de polvos, los lanzó a la chimenea y mencionó las habitaciones de Severus en Hogwarts. Los polvos se desvanecieron entre las llamas sin crear ninguna conexión. Suspiró mientras regresaba a su sitio en el sillón.

-Al menos lo intenté... –Murmuró con desencanto, cruzándose de brazos. Volteó a ver el reloj de pared. Las manecillas marcaban las ocho de la noche-. ¿Adónde habrá ido Sirius? No parecía estar muy contento...

Sus meditaciones fueron interrumpidas al ver las llamas tornarse verdes. La figura de Sirius apareció frente a él, el ceño fruncido y murmurando maldiciones.

-¿Sirius? –El muchacho se acercó a su padrino, quien calló en el instante en que descubrió a su ahijado observándolo-. ¿Estás bien?

-¿Qué haces aquí? –Le preguntó mientras arrojaba su capa sobre el sillón, sin ninguna ceremonia-. Creí haberte dicho que te fueras a tu habitación.

-Quería probar el pastel que nos trajo Molly. –Harry vio al animago dirigirse al bar para servirse una copa-. ¿Adónde fuiste¿Por qué estás molesto¿Tuviste algún problema?

-¿No crees que son demasiadas preguntas? –Sirius se dejó caer sobre el sillón con la copa en la mano. Harry se sentó junto a él, tratando de analizar cada uno de sus gestos. Sirius se sintió escudriñado y desvió su rostro de la mirada interrogante del muchacho-. Ya es tarde. Será mejor que te vayas a dormir.

-Pero si apenas son las ocho. –Harry tomó el pedazo de pastel que quedaba sobre la mesa y se lo ofreció a su padrino. Éste frunció el ceño al ver que en realidad no era mucho. Harry se sonrojó mientras sostenía la rebanada frente a él-. Es que... estaba muy sabroso.

-Ya me di cuenta... –Sirius dejó su copa a un lado y probó un pedazo-. Está delicioso.

-Sí... –Harry observó a su padrino comiendo el pedazo de pastel en silencio. Mientras lo hacía, no dejó de preguntarse a qué se debía el mal humor del animago.

"¿Habrá tenido algún problema?" No mencionó palabra alguna mientras Sirius terminaba y dejaba el plato en la mesa. "¿Será acaso que tuvo que ir a Hogwarts?"

Tratando de disimular su ansiedad, el joven se acomodó en el sillón y jugueteó con el tapizado, esperando que Sirius le dijera algo.

-Estuve... en Hogwarts. –Harry vio con alivio que el hombre ya estaba más calmado. Agradeció en su interior a la señora Weasley por hacer los pasteles más sabrosos de todo el mundo mágico-. Hubo una reunión con Dumbledore.

-¿Ha... ocurrido algo importante? –El hombre volteó a verlo, sus ojos duros clavados en los de su ahijado. Harry se encogió en el sillón, temiendo haber dicho algo inapropiado. El animago se dio cuenta del gesto del muchacho porque de inmediato cambió su dura mirada por una de preocupación.

-¿Sabías que tienen planeado entregarte al Que No Debe Ser Nombrado?

Harry frunció el ceño, tratando de entender las palabras de su padrino. Su rostro perdió el color cuando recordó su conversación con Severus la tarde que estuvieron en el lago, al día siguiente de haberle golpeado el rayo.

"La próxima vez que me convoque, tendré que llevar a Draco y a ti... conmigo."

Permaneció sentado en el sillón, su rostro pálido y sus verdes ojos fijos en la nada.

-¿Harry? –Sirius lo tomó del brazo para hacerlo reaccionar-. ¿Qué te pasa?

-Lo... había olvidado... –Fueron las primeras palabras que brotaron de sus labios. Volteó a ver a su padrino, quien lo miraba con impaciencia-. Lo olvidé...

-¿De qué hablas? –Sirius lo hizo quedar frente a él en el sillón-. ¿Qué fue lo que olvidaste?

-Él... me lo dijo. –Sirius lo miró sin entender-. Se suponía que lo llamaría uno de éstos días.

-Harry...

El muchacho se levantó del sillón como impulsado por un resorte. El animago pudo ver que sus manos estaban temblorosas y su voz también cuando su ahijado volvió a hablar.

-Por favor... dime que no lo ha llamado... –Sirius entonces comprendió lo que Harry estaba balbuceando y también se puso de pie, mirándolo como si nunca en su vida lo hubiera visto-. Dime... que no ha sido convocado.

-¿Lo sabías?

-¡Dímelo! –Harry se abalanzó sobre Sirius tomándolo por los hombros. El animago se sobresaltó ante la fuerza impresa en el agarre de su ahijado-. ¡Dime que no irá solo¡Dime que estás de acuerdo con nuestro plan!

-¡Basta, Harry! –El hombre se soltó de las fuertes manos del muchacho-. Si tú sabías sobre los planes de Dumbledore¿Por qué no me lo habías dicho?

-¡Porque no lo recordaba! –El joven se pasó las manos por el despeinado cabello, en una clara señal de que tenía los nervios crispados-. ¡Lo olvidé por completo!

-¿También estabas de acuerdo con ellos?

-¡Por supuesto¡También fue mi idea!

-¿Tu idea? –Sirius negó con la cabeza, totalmente confundido-. Pensé que era idea de Dumbledore y ése...

-Yo mismo se lo sugerí a Severus cuando él me lo contó. –El joven comenzó a pasearse de un lado a otro de la sala, nervioso en extremo-. Se suponía que entraríamos juntos a la mansión Riddle y la Orden del Fénix entraría detrás de nosotros.

-Pero... ¿Acaso tú estás loco? –Sirius se atravesó en el camino del muchacho para evitar que se siguiera moviendo-. ¿Tienes idea del lío en que tú mismo te has metido?

-¡No me importa! –Harry se enfrentó a su sorprendido padrino-. ¡Cualquier cosa es mejor que permitir que Severus vaya solo!

-¡Deja de decir tonterías¡No tienes por qué arriesgar tu vida por ése mortífago!

-¡Ya te he dicho que no le llames así! –El grito de Harry alertó a los Aurores que se encontraban en la reunión-. ¡Él ya no es un mortífago¡Y no es sólo por él que arriesgo mi vida!

-¿Sirius? –Un grupo de Aurores llegó al lugar de donde provenían los gritos, varita en mano. Harry calló mientras Sirius volvía su iracunda mirada hacia ellos-. ¿Todo está bien aquí?

Sirius respiró varias veces, tratando de calmarse.

-Sí. No hay problema. –Prosiguió mientras volvía su mirada azul hacia su ahijado-. ¿Ya terminó la reunión?

-Está por concluir. –Respondió el mismo Auror-. Necesitamos que estés presente para ultimar detalles de la bitácora.

-En un momento estaré con ustedes.

El Auror asintió y regresó con los demás para continuar con la reunión. Un tenso momento de silencio hizo mella en el ambiente. Sirius decidió romperlo cuando tomó su capa del sillón y habló al muchacho sin mirarlo.

-No me importa si fue idea tuya o no. –Desarrugó su capa con la mano y sabiendo que tenía la atención del chico sobre su persona continuó-. No irás a ninguna parte. Albus y su protegido tendrán que buscarse a alguien más que ocupe tu lugar.

-No lo has entendido¿Cierto? –Harry se acercó a su padrino, quien volteó a verlo al escuchar la seriedad en su voz-. Esto no es sólo por Severus... ni siquiera es por mí.

El muchacho permaneció parado a unos centímetros de su rostro, tan cerca, que el animago pudo verse reflejado en sus verdes esmeraldas.

-Esto es por ellos... –Prosiguió mientras señalaba el lugar donde momentos antes estuvieran los Aurores-. Es por Draco, por Hermione... –Su voz se quebró hasta convertirse en un tembloroso murmullo-. Es por Remus, por ti... por las personas que más amo en éste mundo...

Una lágrima se deslizó por el rostro como alabastro del "niño que vivió". Lágrima que Sirius estuvo tentado a recoger con su mano. Quiso cerrar el espacio entre ellos y envolverlo entre sus brazos, y decirle que no debía preocuparse, que a su lado él estaba seguro. Que él lo protegería de todo aquello que pudiera hacerle daño.

Pero en vez de eso, el animago permaneció impasible viendo cómo aquél a quien amaba como a un hijo daba la media vuelta y se alejaba de su lado, dejándole a cambio de su presencia una profunda sensación de vacío.

oooooooOooooooo

-Estás muy bien, Remus. Tienes una gran capacidad para recuperarte de las heridas serias.

-¿Cuándo podré salir de aquí?

-Si todo va como hasta ahora, mañana por la tarde podrás regresar a tus habitaciones. –Poppy terminó de examinar a Remus y después de darle a beber una poción, acomodó sus almohadas y dejó un vaso con agua sobre la mesita, a un lado de la cama-. Oliver se quedará de guardia. Si necesitas algo no dudes en llamarlo.

-Gracias, Poppy.

La enfermera sonrió con afecto al licántropo y tras atenuar la luz de la estancia salió cerrando la puerta con suavidad. Se encaminó a su oficina y después de dar algunas instrucciones a su auxiliar se dirigió a la chimenea. El profesor Dumbledore la había llamado para una reunión y eso la tenía muy intrigada.

-Buenas noches. –Saludó la mujer a todos lo que se encontraban ahí, mientras tomaba asiento en una silla junto a Molly-. Lamento el retraso, Albus.

-No hay problema, Poppy. –El director decidió continuar con la reunión-. Entonces nos dividiremos en cuatro grupos. El primero será el grupo de Severus, Harry y la persona que entrará con ellos para derribar las barreras de protección. Por desgracia aún no hemos podido decidir quién será...

Dumbledore miró a uno y otro rostro, pero nadie dijo nada. Ninguno de los presentes tenía intenciones de ofrecerse como voluntario para hacer un trabajo tan peligroso como destruir las barreras de protección de Voldemort.

-El segundo grupo será el de los Aurores del Ministerio y de la Orden con más experiencia en batalla. Estarán encabezados por Arthur y Molly, y serán los primeros en entrar a la mansión Riddle. –El matrimonio asintió-. El tercer grupo será el de los jóvenes recién graduados que aceptaron apoyarnos. Ellos entrarán detrás de los hombres de Arthur.

-Será una batalla encarnizada, Albus. –Manifestó la subdirectora, sin poder evitar una nota de preocupación en su voz-. ¿Crees que sea conveniente que se integren de lleno a ella? Ellos no tienen la experiencia de los Aurores...

-No será así. Tú te encargarás de ellos y tendrás que dejar pasar un tiempo razonable, hasta que consideres que las defensas de la mansión han sido mermadas por el segundo grupo. –Fue la respuesta del director. Minerva pareció tranquilizarse-. Los muchachos serán un apoyo extra y se ocuparán de los mortífagos que traten de escapar y de los pocos que queden adentro. ¿Alguna duda?

Poppy, que no estaba enterada de nada, prefirió esperar hasta que el director terminara para poder preguntar.

-Bien. El cuarto grupo estará conformado por aquellos Aurores que tengan más pericia en la invocación del Patronus. Ellos serán los encargados de someter a los Dementores.

-¿Quién será el responsable de ése grupo? –Preguntó el Auror.

-Será Remus. Menos mal que la Luna Llena ya pasó y podremos contar con él. –El director suspiró-. Es una lástima que ahora no esté aquí. Es muy bueno aportando ideas.

-Oh, Albus... lo lamento. –Poppy se llevó la mano a la cabeza mientras se reprochaba a sí misma-. Olvidé informarte que Remus se encuentra en la enfermería.

-¿Le ha ocurrido algo¿Se encuentra bien?

-Sí, sí. No te preocupes. Ésta mañana Sirius lo trajo con heridas profundas. Creo que anoche tuvo problemas en el Bosque. Pero está evolucionando muy bien, calculo que para mañana por la tarde le estaré dando de alta.

-Me alegra escuchar eso. Severus... –Volviéndose al profesor-. Tenemos algo pendiente con él¿No es así?

-¿Está en condiciones para hablar? –Le preguntó Severus a la enfermera. Ésta asintió-. ¿Puedo ir a verlo?

-Por supuesto. Lo dejé despierto. –Severus se encaminó a la chimenea-. Sólo no lo fatigues demasiado.

El hombre asintió mientras lanzaba un puñado de polvos y desaparecía. Pasaron dos minutos antes de que volviera a aparecer.

-¿Y bien? –Le preguntó el director-. ¿Pudiste averiguar?

-Así es, Albus. –El hombre regresó a su lugar junto a él-. Es el regalo que Black le había prometido a Harry.

-¿Se puede saber de qué están hablando? –Minerva hizo ésta pregunta por todos los presentes, quienes los observaban con la duda impresa en la mirada.

-No es nada en realidad, Minerva. Sólo necesitábamos que Remus nos respondiera una pregunta, y ya lo hizo. –Se recargó en su silla, poniéndose cómodo, y prosiguió-. Ahora volvamos a donde estábamos...

-Disculpa, Albus. –Lo interrumpió Poppy-. Pero llegué tarde a la reunión y creo que me he perdido de algo importante. ¿Cómo es eso de que entrarán a la Mansión Riddle?

Albus procedió a ponerla al tanto de la situación. Le contó todo a grandes rasgos, momento que Lucius aprovechó para hacerle una señal a Severus, quien se acercó a el.

-¿Qué sucede?

-Hace unos momentos Albus mencionó algo sobre unos graduados que aceptaron apoyar a la Orden...

-El tercer grupo.

-Exacto. –El hombre lo miró con aprehensión-. ¿Puedo saber de qué se trata?

-Hace varios días convoqué a los estudiantes de último año, para solicitar su apoyo a la Orden del Fénix. Hice una lista de los que aceptaron y se la entregué a Albus.

-Sólo respóndeme una pregunta... ¿Draco está en ésa lista? –El hombre asintió-. ¿Y se puede saber en qué momento tenían pensado tú y ése cabeza hueca de mi hijo, informarme algo tan importante como eso?

-Pensé que él ya te lo había dicho. –El rubio negó con la cabeza-. Incluso pensé que habías dado ya tu autorización.

-En ningún momento, Severus. –El profesor de pociones pudo ver una mueca de enfado en el rostro de su ex compañero de colegio-. ¿Acaso crees que pienso dejar que Draco vaya como borrego al matadero? Que es como supongo que irán todos esos muchachos...

-No me sorprende que te moleste, Lucius. Sé que lo que menos deseas es ver a Draco en peligro. Y también sé que Albus no podrá hacer nada al respecto si te niegas. –El rubio asintió, dando a entender lo evidente-. Pero sería bueno que le preguntaras a tu hijo su opinión. Después de todo, si él aceptó formar parte de la Orden es porque tiene razones muy poderosas.

-Sí. Vengar la muerte de su madre es una de ellas. –El enfado en el rostro del ex mortífago cambió a uno de preocupación-. ¿No te das cuenta, Severus? Llevarlo con nosotros sería casi lo mismo que entregárselo al Lord en sus propias manos.

-¿Y qué es lo que piensas hacer, entonces¿Dejarlo encerrado en su cuarto? –El rubio no respondió-. ¿Crees que él va a estar tranquilo sabiendo que todos afuera están arriesgando su vida para protegerlo y él sin hacer nada?

-No quiero que le ocurra nada. No quiero... que ése monstruo lo toque. Que ni siquiera lo mire...

-Él no estará solo. Estará seguro mientras permanezca en el grupo. Además, lo has observado en las clases de Duelo y sabes que es muy bueno. –Lucius suspiró con inquietud-. Y no permitiré que Voldemort le ponga una mano encima. Ni a él ni a Harry.

El rubio permaneció en silencio un instante. Severus no supo interpretar sus gestos mientras lo observaba. Aún así, prosiguió con su labor de convencimiento.

-Draco no se quedará de brazos cruzados y pasará sobre tu autoridad si es necesario. Es muy voluntarioso cuando se lo propone. –El hombre frente a él asintió, un brillo de orgullo en su mirada-. Si te niegas, lo único que conseguirás será una batalla de voluntades y créeme, no querrás pelear con él.

Lucius se frotó la barbilla y bajó la cabeza, pensativo. Era obvio que el hombre se encontraba inmerso en una lucha interior.

-Permitiré que vaya. –Levantó su mirada y habló a Severus con voz enérgica-. Con la única condición de que yo esté a su lado en todo momento. Ahora quisiera preguntarte algo más... -Severus asintió-. ¿Desde cuándo llamas a Potter por su nombre?

Severus levantó una ceja, sorprendido ante la pregunta de su ex compañero. Iba a abrir la boca para responderle cualquier cosa, pero la voz de Albus se lo impidió. Dio la media vuelta y caminó a su lugar haciendo flotar sus negras túnicas detrás de él, dejando al rubio con la pregunta en el aire.

-Bien, señores... –Albus observó a Lucius mientras regresaba a su sitio y decidió continuar-. Ya he puesto al tanto a Poppy sobre el motivo de ésta reunión. Así como también el porqué la he llamado. Ella será la encargada de recibir en la enfermería a los heridos en batalla. Tiene un directorio de medimagos y se pondrá en contacto con ellos para que la apoyen. También hablaré con el director de San Mungo. Lo conozco desde hace muchos años y sé que no tendrá inconveniente en recibir y atender de inmediato a los Aurores que resulten heridos.

Hubo un largo momento de silencio tras las últimas palabras del director. A nadie le agradaba la idea de resultar herido en batalla. Mucho menos sus seres queridos.

-Los Aurores que trabajan para el Ministerio, deberán llevar con ellos un trasladador que los conduzca directo a San Mungo. El tiempo será oro si llegasen a resultar heridos. –Todos los presentes tomaron nota-. Los Aurores que sirven a la Orden tendrán un trasladador que los llevará directo a la enfermería. Los responsables de cada grupo se encargarán de ver que se cumpla con ésta disposición.

-¿Qué hay de los jóvenes de mi grupo? –Preguntó Minerva.

-Ellos también tendrán un trasladador que los llevará directo con Poppy. Ustedes y por supuesto, los demás profesores, también deberán llevar uno. Poppy será la encargada de organizar a los médicos y enfermeros que los atenderán. ¿Alguien tiene alguna duda?

-No debe haber error al coordinarnos, Albus. –Comentó Arthur-. Necesitamos saber el momento exacto en que las barreras sean derribadas para poder entrar y atacar por sorpresa.

-Estás en lo correcto. No deberá pasar ni medio minuto entre una cosa y otra. –Respondió el director mientras sacaba un anillo de oro del cajón de su escritorio. Después de aplicarle un hechizo se lo entregó al Auror-. Éste anillo desprenderá un brillo que podrás ver en la oscuridad. Eso significará que las barreras han sido derribadas. En ése instante entrarás a la Mansión con tu grupo. Los demás deberán seguirte.

-Muy bien. –Respondió el Auror mientras se colocaba el anillo.

-Y mientras esperamos¿Qué haremos con los mortífagos que montan guardia cerca de las barreras? –Preguntó Lucius-. ¿Y qué hay de los Dementores?

-El grupo de Remus se hará cargo de mantenerlos a raya. –Respondió el director-. Mientras tanto, Minerva y tú podrán utilizar un hechizo de ilusión para que los mortífagos no se den cuenta de nada.

Lucius asintió en silencio.

-Bien... creo que ya no hay nada más que hacer por hoy. –Se puso de pie-. Agradezco mucho su presencia y estaremos en contacto.

Mientras Los Weasley se preparaban para partir, Albus susurró algo al oído de Severus y éste hizo una señal a Lucius con la mirada para que se quedara. Minerva no se movió de su sitio. El director esperó a que Poppy y el matrimonio partieran para dirigirse a ellos.

-Creo que hasta ahora hemos cubierto casi todos los ángulos, menos los dos más importantes. El primero es Harry. Y el segundo, la persona que tendrá que entrar con ustedes a la Mansión Riddle para destruir la barreras de protección.

-El asunto con Harry ya está en marcha. –Comentó el profesor de pociones.

-¿Qué quieres decir con eso, Severus?

-Hoy le envié una carta por medio de Ron Weasley. –Severus hizo caso omiso a la mirada de reproche del director-. Supongo que a éstas horas ya debe estar en su poder, considerando que Black no me reclamó nada al respecto... lo que significa que su amigo pudo entregársela sin ningún problema.

-O no pudo entregársela.

-También existe ésa posibilidad. –Consultó la hora en su reloj-. Lo sabré en unos momentos más.

-Bien... esperemos que haya sido lo primero y que no te ocasione problemas. –Albus decidió continuar-. Entonces sólo nos queda ver quién se encargará de las barreras de protección.

-¿A quién tienes en mente para eso? –Preguntó la profesora de Transformaciones-. Tiene que ser alguien muy poderoso.

-Tienes toda la razón, Minerva... –Albus comenzó a pasear por la oficina, su rostro meditabundo mientras acariciaba su larga barba-. No podemos arriesgarnos a enviar a cualquiera, la labor de romper las barreras es vital para el éxito de nuestra empresa. Si la persona encargada no lo logra, no podremos tomar la mansión por sorpresa y Voldemort tendrá tiempo para organizarse y atacarnos.

-Hay otra cosa que no hemos tomado en cuenta. –Intervino Lucius-. Nagini. Ése bicho siempre está pegado a las faldas de su amo. Y no hay modo de hacerle nada, pues está protegido. Si logra detectar la presencia de un intruso le avisará enseguida y todo se arruinará. Ésa serpiente es muy lista.

-Lucius tiene razón. Una capa de invisibilidad no será suficiente para lograr pasar. –Secundó el profesor de pociones-. Aunque... hay algo que sí podría funcionar.

-¿Qué cosa, Severus? –Preguntó Minerva, esperanzada.

-¿Recuerdas el libro de pociones que me regalaste hace días? –Le preguntó Severus al director, quien asintió-. Encontré un modo de perfeccionar la poción multijugos.

-Pero... es una poción que tarda semanas en elaborarse. –Replicó el rubio-. Y lo que menos nos sobra ahora es tiempo.

-Lo sé, Lucius... –Severus rodó los ojos en un gesto de obviedad-. Acostumbro guardar reservas.

-¿Qué clase de mejoras lograste con ésa poción? –Albus se acercó a su protegido, interesado en saber más.

-Agregándole un ingrediente extra, su efecto ahora es más duradero.

-¿Cuánto tiempo?

-Siete horas, como máximo. Pero... –Miró a uno y otro rostro, la preocupación reflejada en sus negros ojos-. Deberé ser muy cuidadoso a la hora de agregar el ingrediente final... si no quiero arruinar la vida de la persona que la beba.

-Pues... ¿De qué ingrediente estamos hablando? –Preguntó la animaga, nerviosa ante las palabras del profesor.

-Sangre... de Licántropo. –Sus oyentes se removieron, inquietos-. Sólo una gota. Los efectos serían terribles si agrego un poco más... o un poco menos.

-Creo saber a qué clase de efectos te refieres. –Meditó el director-. Con Remus y su sufrimiento ya tenemos bastante. Pero hay que admitir que es la mejor solución, aunque muy arriesgada.

-Y ahora mi pregunta es... ¿A quién enviarás para la labor de romper las barreras de protección? –Preguntó el profesor.

-A nadie. –Todos los presentes fruncieron el ceño ante la respuesta del director-. Yo mismo lo haré.

-Pero... Albus...

-Tranquila, Minerva. –El anciano mago la interrumpió antes de que comenzara a replicar-. No confío en nadie más para hacer algo tan delicado. Y tengo fe en que Severus no se equivocará a la hora de agregar el ingrediente final.

-Puedes contar con eso. –Le respondió Severus-. ¿De quién tomarás la identidad?

-De la única persona capaz de entrar a las habitaciones privadas de Voldemort... invitada por él mismo. –Se dirigió a Lucius-. ¿Me facilitarías un cabello de tu hijo... y sus memorias en un Pensadero?

Una sonrisa incipiente se dibujó en los labios de Lucius mientras respondía.

-Puedes contar con eso.

oooooooOooooooo

Harry entró corriendo a su habitación y se encerró en el baño, sin querer saber nada de su padrino. Se sentó en el piso con la espalda recargada sobre la puerta cerrada y dejó que sus lágrimas corrieran por su cara, lamentándose por haber olvidado algo tan importante como la orden que Voldemort le diera a Severus.

-¿Cómo pude ser tan estúpido para no recordarlo? –Murmuró entre sollozos-. ¿Y ahora cómo haré para estar con él cuando lo llame¿Y si ya lo ha llamado?

Un hondo escalofrío recorrió su columna, tan sólo al imaginar a Voldemort torturando a Severus por presentarse ante él con las manos vacías. Su miedo aumentó al acudir a su mente la noche en que torturó a los Malfoy.

-No. Eso no va a volver a ocurrir... –Se dijo mientras se desvestía y entraba a la ducha. Abrió la regadera y las gotas de agua comenzaron a recorrer toda su piel-. Debo volver a Hogwarts con Severus. No se presentará solo cuando Voldemort lo llame. Tengo que estar con él. Pero... ¿Cómo?

El agua de la regadera lo relajó poco a poco, hasta hacerlo sentir lo bastante sereno para pensar con coherencia. Salió de la ducha y se vistió, preparándose para dormir. Se acostó en su cama y se acercó a la cabecera que el cachorro custodiaba. Momentos después sostenía en sus manos la carta de Severus.

Desenrolló el pergamino y en la oscuridad de su habitación vio que no había nada escrito. Una suave sonrisa se dibujó en sus labios cuando en mitad de la hoja pudo ver un pequeño dibujo de Hedwid. La lechuza no medía más de tres centímetros y estaba parada sobre una línea que hacía de percha. Harry paseó su dedo índice sobre el dibujo y la lechuza agitó sus alas, como si despertara.

-Hola, Hedwid... –Murmuró el joven mago mientras observaba a su pequeña mascota volar por toda la hoja-. ¿Me has extrañado?

La lechuza aleteó una vez más y mientras volaba, unas palabras se formaron en respuesta a la pregunta del muchacho.

-"Te he extrañado mucho, Harry..."

Harry casi se cayó de la cama cuando vio lo que estaba ocurriendo.

-¿Severus? –Su corazón latiendo con fuerza-. ¿Eres tú?

-"¿Esperaba a alguien más, señor Potter?"

Harry rió con entusiasmo al darse cuenta de la clase de carta que su pareja le había enviado.

-No puedo creerlo... –Se puso serio de repente-. ¿Tienes idea de lo que hubiera pasado si Sirius se da cuenta?

-"Lo sé, y créeme que lo pensé mucho. Draco fue quien me convenció. De hecho... de él fue la idea del truco de la lechuza. ¿Sabes? Pensaba escribirte una líneas, pero creo que ésta fue una mejor idea."

-Ya lo creo... –Respondió el muchacho, la sonrisa aún en su rostro-. Agradécele de mi parte.

-"Lo haré."

-Sirius me comentó que estuvo en una reunión con Dumbledore. ¿Todo está bien?

-"Hasta ahora. Pero el día se acerca, Harry, por eso me he arriesgado a comunicarme contigo. Le contamos a Black sobre nuestras intenciones de asaltar la Mansión Riddle y se negó a dar su autorización para que participes. Supongo que ya debes estar enterado."

-Tuve una fuerte discusión con él. –Recordó con tristeza-. Necesito regresar a Hogwarts.

-"Aún no. Cuando llegue el momento."

-Pero... ¿Cómo volveré? –Harry acarició la pequeña cabeza de su mascota, quien continuó aleteando por toda la hoja-. No puedo salir por la Red Flú. Y romper las barreras de Sirius me llevaría mucho tiempo. Además... no quisiera tener que marcharme contra su voluntad.

-"Tendrás que ir considerando ésa posibilidad. Su negativa ha sido rotunda."

-Tienes razón. –Harry suspiró con resignación-. ¿Sabes? Me duele mucho que las cosas entre él yo no vayan a terminar bien.

-"No tiene por qué ser así, Harry. Si él de verdad te ama, aceptará lo que decidas. Aunque no será de la noche a la mañana."

-Espero que tengas razón. –Suspiró-. Quisiera verte ahora. Deseo... que me hagas el amor...

-"Yo también lo deseo, Harry. Pero debemos conformarnos por ahora con esto..."

-Es mejor que nada... –El muchacho guardó silencio mientras continuaba acariciando la cabeza de su lechuza. De alguna manera sentía que era a su pareja a quien acariciaba con tanta dulzura. El pequeño dibujo de Hedwid comenzó a desvanecerse. Harry frunció el ceño al ver que poco a poco desaparecía del pergamino-. ¿Severus?

-"La magia del pergamino sólo dura unos minutos. Debo irme."

-¿Volveremos a hablar? –El joven Gryffindor vio con impotencia cómo su lechuza se desvanecía poco a poco-. ¿Sigues ahí?

-"Hedwid volverá mañana a la misma hora, Harry. Te amo..."

-Yo también te amo, Severus.

El joven observó cómo el pequeño dibujo terminaba de desaparecer, junto con las últimas palabras de su pareja. Enrolló el pergamino con mucho cuidado y después de depositar un beso en él, lo guardó en su lugar secreto.

Permaneció despierto una hora más sin dejar de sonreír, recordando a Ron y Hermione arriesgando la poca confianza de Sirius al hacerle entrega de ésas cartas a escondidas. Pensó en Draco y la gran idea sobre su lechuza, y su labor de convencer a Severus, que debió ser complicada. Y mientras les agradecía con todo su corazón por tan hermosos detalles, supo que nunca hubiera deseado tener mejores amigos que ellos.

Ésa noche pudo dormir tranquilo. Fue una noche inundada de sueños donde las personas que tanto amaba al fin eran felices. Donde lograba vencer a Voldemort y estar al lado de Severus, y Sirius aceptaba su relación con él.

Sueños de felicidad y de dicha completa, de los cuales el joven mago pronto despertaría... y de la manera más cruel.

Continuará...

Próximo capítulo: Reencuentros y despedidas.

Notas:

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)