Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Respuesta a los reviews anónimos:
kazumiSnape : Hola Kazumi, Draco ha tomado una decisión definitiva con respecto a ésa relación. Para él es una capítulo de su vida que ya se cierra. En esta segunda parte sabrás lo que hará Harry y también la reacción de su padrino. Ahora empieza lo más difícil y espero seguir teniéndote por aquí. Besos y muchas gracias por tu comentario.
Nan: Hola Nan, me alegra mucho que la escena de Draco con Blaise te gustara. Sobre el encuentro entre Remus y Lucius sabrás en ésta segunda parte. Sé que me veo bastante cruel dejando ésas frasecitas sueltas por ahí. Pero como venía diciendo, ésta es una historia de género Angs, angustia, mucha angustia. Y no sólo para los personajes, sino también para quienes la lean, jejeje. ¿A que no te dejé angustiada? Pero no debes preocuparte linda, amo los finales felices y esta historia no va a ser la excepción. Pero mientras tanto seguirán sufriendo. Feliz Navidad y año Nuevo para ti también. Y muchas gracias por tu comentario. Besitos.
Muchas gracias también a Miss Andreina Snape, Keyg, Ali Potter-Malfoy, Ailuj y EugeBlack, y por sus reviews.
A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.
XVIII
Reencuentros y Despedidas.
Segunda Parte.
-Severus... ¿Podemos hablar un momento?
-Señor Finnigan... le toca con el señor Zabini. –El profesor de Pociones dejó a la pareja de rivales en turno sobre la tarima, mientras seguía al profesor de Defensa hasta el fondo del aula-. ¿Qué sucede, Lupin?
-Creo que los muchachos están exhaustos. –Severus recorrió con la mirada los rostros agotados de sus alumnos. Suspiró al tiempo que asentía con la cabeza a las palabras de su colega, que siguió hablando-. Deberíamos darles un descanso. Ya saben todos los hechizos y creo que no es conveniente que los fatiguemos demasiado.
-No oigo que se quejen.
-Y nunca lo harán. –Insistió el licántropo-. Ellos saben que no están aquí en calidad de estudiantes.
Severus analizó las palabras del profesor de Defensa, sin dejar de observar a los muchachos. Si en su época de estudiantes les hubiera hecho lo mismo, enseguida le hubieran reclamado, aún tratándose del profesor más estricto de todo el Colegio. Pero ahora no eran estudiantes. Eran hombres y mujeres jóvenes que habían aceptado participar en una operación donde sus vidas corrían peligro, y estaban conscientes de eso.
-Tienes razón. –Aceptó al fin-. Deben estar enteros para cuando llegue el momento de la batalla. De lo contrario no podrán estar alertas.
-Me alegra que lo entiendas. –Remus acompañó al profesor de Pociones, quien se dirigió a sus estudiantes.
-Es todo por hoy. –Todos respiraron, aliviados-. A partir de mañana trabajaremos dos horas menos por turno. El tiempo que les sobre podrán ocuparlo en lo que quieran, sólo procuren descansar. Y no olviden purificar su magia.
-Gracias, padrino. –Draco se acercó a Severus al tiempo que guardaba su varita en el cinturón y se colocaba su capa-. De verdad estoy cansado.
-Lo sé. Por cierto... lo que tú hiciste a la hora del almuerzo fue admirable.
-¿Viste lo que ocurrió?
-Todo el comedor lo vio. –El muchacho se sonrojó-. No tienes porqué avergonzarte. Hiciste lo correcto.
-Yo sólo defendí a mi padre. –Alegó el muchacho-. Nadie tiene derecho a hablar mal de él.
-Qué bueno que tú pienses eso. –Severus recogió sus cosas y se dirigió a la puerta, seguido por el muchacho-. ¿Qué harás ahora?
-Creo que iré a dar una vuelta... –Vio que Blaise salía del aula sin dejar de observarlo-. Lo más lejos posible.
-Entonces te veré más tarde. –Severus se despidió de su ahijado dejándolo a mitad del pasillo. Éste suspiró tratando de decidir a dónde ir sin que Blaise lo siguiera. No tuvo que hacer el esfuerzo. Distinguió a su padre doblando la esquina y se dirigió a él, sin dar oportunidad al castaño de que lo alcanzara.
-Hola, Draco. –Lucius se detuvo al ver acercarse a su hijo-. Pensé que seguirías en clase.
-Hoy terminamos temprano. –Draco tomó los asideros de la silla y lo condujo a través de los pasillos, hasta llegar a la salida que daba a patio central-. ¿Quieres que te lleve a algún sitio?
-¿Te gustaría dar un paseo?
-Por supuesto.
Salieron hacia el patio y anduvieron un buen trecho hasta que llegaron a un enorme jardín. Desde que padre e hijo descubrieran ése sitio no habían debajo de visitarlo juntos. Draco detuvo la silla debajo de un frondoso árbol y se sentó sobre el pasto.
-Quiero agradecerte lo que hiciste hoy en el comedor.
-Sólo hice lo que debía. –Respondió su hijo-. No puedo permitir que nadie te llame... mortífago.
-Se requiere de mucho valor para contradecir con tanta convicción lo que a todas luces sólo es la verdad.
Draco frunció el ceño al escuchar a su padre. Se movió de su sitio y se recargó contra el árbol buscando una mejor posición.
-No es verdad. –Le contradijo-. Tú no eres un mortífago.
-Lo fui, Draco. –Lucius suspiró alzando su mirada al cielo. Su hijo pudo ver que éste se reflejaba en sus azules ojos cuando él prosiguió-. Y por más que lo intente no habrá nada que pueda hacer para borrar lo que hice en el pasado.
-El pasado no me importa. –Fue la respuesta del muchacho-. Ni siquiera el futuro porque nadie sabe lo que ocurrirá mañana. Me importa el presente. Y en el presente tú no eres un mortífago. Eres mi padre.
Lucius extendió su mano para alcanzar el hombro de su hijo.
-Te agradezco mucho que pienses así, Draco. –Apretó su hombro con afecto-. Y me alegra saber que estoy logrando poco a poco tu confianza.
Un agradable silencio siguió a las palabras de Lucius. Éste recorrió con su mirada todo el lugar, hasta que divisó la figura de Blaise a varios metros de ellos. El muchacho pareció ruborizarse al verse descubierto y trató de ocultarse detrás de un árbol.
-Se ve... que está muy interesado en ti.
-¿De qué estás hablando? –Le preguntó su hijo, que no se había dado cuenta de nada.
-Hablo del muchacho que está allá. –Draco dirigió su mirada hacia donde su padre señalaba, pero no vio nada-. Está escondido detrás de aquél árbol. Es el muchacho del sepelio.
-¿Blaise? –Draco se levantó de un salto y esperó. En ése momento Blaise salió de su escondite y sus ojos se encontraron. Draco desvió su mirada y se volvió a sentar en el pasto. Se cruzó de brazos y suspiró, sus mejillas sonrosadas.
Blaise también suspiró desde su sitio junto al árbol. Le dirigió una sonrisa triste a Lucius en señal de despedida y se alejó con lentitud del lugar.
-¿Estás molesto con él? –Draco sólo se encogió de hombros-. ¿Acaso... discutieron?
-No sé de qué hablas. –Le respondió su hijo, su sonrojo aumentando.
-Draco... –Lucius acercó su silla hasta quedar junto a él. El muchacho se hizo a un lado para darle espacio-. No estoy ciego para no darme cuenta que hay... o hubo... algo entre ustedes.
-¿Te molesta que pueda tener algo con... un chico? –Draco volteó a ver a su padre. Se sorprendió al ver su rostro sereno, sin ninguna señal de reproche-. Veo que no.
-Parece un buen muchacho. –Draco asintió-. ¿Cómo dices que se llama?
-Blaise... Zabini.
-¿Zabini? Conozco a sus padres. Immanuel y Francesca. De las familias más influyentes en Italia. Viajan por negocios y placer la mitad del año...
-Dirás todo el año. –Replicó su hijo en tono de reproche-. Estoy seguro que tú los conoces más que el mismo Blaise.
Lucius captó el reclamo en la voz de su hijo. Se sintió apenado al percibir que también iba dirigido a él. Draco pareció notarlo porque su voz se suavizó.
-No importa. –Refiriéndose a Blaise-. Será mejor que regresemos.
-Veo... que aún me falta por lograr un poco más de tu confianza. –Draco comprendió que su padre en realidad sí estaba interesado en saber todo sobre él-. Si alguna vez te sientes listo para confiar en mí... estaré dispuesto a escucharte.
Lucius dio la media vuelta para alejarse. Draco suspiró y haciendo acopio de todo el valor que pudo le habló.
-¿Tendrás... tiempo ahora?
Su padre detuvo la silla y se volvió hacia su hijo. Éste pudo notar un destello de alegría en sus azules ojos, iluminados ahora por las últimas luces del atardecer. Y entonces no se arrepintió de su decisión.
-Ahora y siempre, Draco.
Regresó a su lugar junto a él, dispuesto a escuchar lo que su hijo estaba listo para contarle. Tenían todo el resto de la tarde antes de que Draco tuviera que presentarse en el Gran Comedor, y él a su cita con Remus.
oooooooOooooooo
Harry dormía en sus aposentos de Grimmauld Place. Con la respiración agitada, se revolvía entre las sábanas mientras una imagen añorada se hacía presente en sus sueños.
Se encontraba en la orilla del lago con Severus, como la última vez que estuvieron juntos. El hombre descansaba en su regazo mientras Harry unía sus labios a los de él, disfrutando con los ojos cerrados de un beso en el que se entregaban por completo.
Cuando el beso terminó, Harry abrió sus verdes ojos para admirar los de su pareja. Pero en vez de los profundos pozos negros en lo que siempre se perdía, se encontró con unos ojos bermellón que lo miraban con el más profundo de los odios.
Se halló de pronto en lo que parecía ser la Mansión Riddle. Hasta donde su vista alcanzaba sólo lograba ver ruinas y desolación. A lo lejos, vio los rostros de sus seres queridos y él trató de caminar hacia donde ellos se encontraban. Pero por más que lo intentó, sus piernas no pudieron responderle. Sólo pudo observar, con desesperada impotencia, cómo las siluetas de ésas personas tan amadas por él se volvían borrosas hasta que ya no pudo distinguirlas.
Harry se sintió solo por completo en ése tenebroso lugar. Trató de gritar, pero no pudo brotar sonido alguno de sus labios. Escuchó una risa tenebrosa que hizo vibrar todo a su alrededor, taladrando sus oídos. El joven dirigió su mirada hacia donde la risa provenía, y se encontró de frente con el principal responsable de todas sus pesadillas.
-Voldemort... –Harry buscó por instinto su varita, sin poder encontrarla. El Lord Oscuro no dijo nada. Sólo continuó riendo mientras dejaba que detrás de él una silueta conocida tomara forma ante los ojos del Niño que vivió.
-¿Severus? –El corazón de Harry latió con fuerza y, olvidándose de la presencia de Voldemort, enfocó su atención en la persona que él más amaba-. ¿Estás bien?
Severus extendió una mano hacia él, que Harry no tardó en buscar. Hizo un esfuerzo supremo hasta que sus piernas obedecieron y entonces pudo tomar la mano que lo reclamaba. Severus encerró entre sus manos las del joven mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios.
-Ahora estoy bien... –Le respondió la voz amada. Harry buscó su boca y lo besó con intensidad, para después separarse unos centímetros de su pareja y así poder admirar sus negros ojos.
Perdió su verde mirada en las dos hermosas lagunas negras que su pareja poseía. Pudo ver que de ellas comenzaban a brotar lágrimas que fueron deslizándose por sus pálidas mejillas. Harry acarició ése rostro adorado dejando que las cristalinas gotas humedecieran sus manos.
-¿Por qué lloras, amor? –Le preguntó mientras trataba de secar sus lágrimas. Severus no dijo nada. Sólo correspondió a su caricia mientras lo abrazaba.
-Te amo... –Harry se estremeció ante las palabras dichas en un susurro. Cerró sus ojos y dejó que Severus lo envolviera en un largo abrazo lleno de sentimientos-. Nunca lo olvides...
Harry frunció el ceño al escucharlo. Se separó del calor del cuerpo maduro y volvió a enfocar su mirada en sus negros ojos. Severus continuaba llorando. Pero ésta vez, Harry vio algo que le cortó el aliento y le paralizó el corazón en profundo terror...
-¡Severus!
Harry despertó con una sensación de ahogo en su pecho. Se sentó en la cama, aturdido aún por la intensidad de su sueño mientras lágrimas de angustia se deslizaban por sus mejillas. El muchacho trató de normalizar su respiración al tiempo que se despojaba de las sábanas que cubrían su tembloroso cuerpo y pronunciaba la contraseña de su cabecera.
Segundos después sostenía en sus manos el pergamino que su pareja le enviara.
-Severus... por favor... responde... –Murmuró el joven, buscando con desespero la forma de hacer que la pequeña Hedwid apareciera en él-. Por favor...
Se puso de pie dejando a un lado el pergamino y se asomó por el ventanal. La luna menguante se encontraba en su punto más alto y el muchacho supo que pasaba de la medianoche. Suspiró varias veces tratando de serenarse y se sentó en la orilla de la cama, palpando su cicatriz. No sintió nada.
Sus verdes ojos se cerraron mientras trataba de armar en su memoria los recuerdos de su reciente pesadilla. Se tapó el rostro con las manos, aún temblorosas, mientras trataba de encontrarle alguna razón, algún sentido lógico a ése terrible sueño.
Muchas visiones creadas por su asustada imaginación le hicieron pensar lo peor. ¿Y si Voldemort ya había convocado a su pareja? ¿Y si él no pudo avisarle a tiempo? ¿Y si lo estaba torturando por no haberlo llevado con él?
-Tengo que ir con Severus... –Harry se levantó de golpe y sin pensarlo más, sacó del cajón de su mesita una piedra que ésa misma mañana había recogido del jardín. Tomó su varita y se concentró lo más que pudo hasta convertirla en un trasladador. Se cambió el pijama por un pantalón de mezclilla y una camisa negra y se puso los zapatos.
Suspiró mientras rebuscaba en su escondite la carta que ya tenía preparada para su padrino, rezando porque el animago pudiera entender su proceder. La depositó sobre su almohada sin notar que el pergamino de Severus quedaba olvidado sobre su desordenada cama.
-Perdóname, Sirius... –Murmuró antes de pronunciar el hechizo para burlar sus barreras. Se colocó su capa y guardó su varita en el cinturón.
Sostuvo la piedra en su mano y segundos más tarde el muchacho desaparecía de Grimmauld Place.
oooooooOooooooo
Remus y Lucius se encontraban en la terraza de la Torre de Astronomía. Sentados uno frente al otro en una elegante mesa arreglada a gusto del Slytherin, acababan de disfrutar de una cena preparada por los elfos.
-La cena estuvo deliciosa, Lucius. Te agradezco la invitación. –El profesor se permitió observarlo mientras el aristócrata bebía con elegancia el fino líquido oscuro que llenaba su copa. Éste se dio cuenta de la escrutadora mirada de su ex amante y dejando la copa a un lado entrelazó sus manos por encima de la mesa.
-No me lo agradezcas, fue todo un placer. –Remus se sorprendió ante el gesto del rubio, quien al ver su mirada desconcertada dejó su mano para volver a tomar su copa.
Siguieron conversando de muchas cosas. Lucius observaba a Remus mientras éste le hablaba, siguiendo con propiedad cada tema de conversación que el rubio le planteaba. A pesar de que en su juventud su relación sólo había estado basada en el placer mutuo, ellos siempre encontraron cosas de interés para compartir. Ésa era una razón por la cual Lucius amaba a Remus, y era que, a pesar de su precaria situación económica, era un hombre culto y bien preparado. La compañía ideal para sostener los más interesantes temas de conversación.
Hubo un breve momento de silencio, roto por el canto de alguna ave nocturna cruzando el cielo. Remus tenía una duda y decidió salir de ella de una vez por todas.
-¿Por qué me invitaste a cenar?
Ésta vez fue el rubio quien se sorprendió. Tardó en responder mientras ordenaba sus ideas.
-Severus y Draco están muy ocupados con sus clases y no tengo a nadie más con quién conversar. –Limpió sus labios con una servilleta y dejó su lugar en la mesa para dirigirse a la terraza. Remus imitó sus movimientos y ahora se encontraban en el mismo sitio donde conversaran la última vez.
-Entonces... ¿Soy algo así como un escape a tu aburrimiento? –Remus entrecerró sus dorados ojos, esperando la verdad que sabía no tardaría en salir de boca del orgulloso aristócrata.
-Me agrada tu compañía. –Una sonrisa de triunfo se dibujó en los carnosos labios de Remus, que a Lucius no le pasó por alto-. ¿Contento?
-Tal vez... –Remus se tomó la libertad de reír a costillas de un indignado Lucius Malfoy. Éste sólo se encogió de hombros al tiempo que el profesor acercaba una silla para sentarse junto a él y disfrutar de la hermosa vista que ofrecía el lugar.
-La última vez que estuvimos aquí me comentaste... que no tenías a alguien con quién estar. –El licántropo desvió su mirada del horizonte para volver su atención a la pregunta del Slytherin-. ¿Ha sido siempre así? Es decir... ¿Nunca... te has enamorado?
-Una vez. –Respondió el profesor de Defensa.
-¿Y? ¿Qué sucedió?
-Nada. –Concluyó el hombre lobo-. No era para mí. Más bien... yo no era para ésa persona.
-¿Me estás diciendo que no fuiste correspondido? –El otro asintió-. ¿No ha habido alguien más después de mí?
Remus guardó silencio durante un momento, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Suspiró al tiempo que se cruzaba de brazos, buscando una posición más cómoda.
-Si te refieres a relaciones estables... no. Ninguna. –Lucius dejó que prosiguiera-. Aunque eso no significa que todas mis noches fueran solitarias. A excepción de las noches de Luna Llena, claro.
-¿Quieres decir... que yo fui la última persona con la que tuviste una relación duradera?
-Aunque no lo creas, así es. –Remus se volvió hacia el rubio, sus dorados ojos fijos en los de él-. Aunque... todos estos años he creído que lo que hubo entre tú y yo no fue con exactitud una relación.
-¿Qué te hizo pensar eso?
-Bueno... nunca involucramos sentimientos. –Respondió el licántropo. Lucius suspiró, sin permitir que el profesor lo notara-. Sólo fue una relación basada en el sexo. Pensé que lo teníamos claro.
-De hecho... –Lucius desvió su mirada azul de los ojos dorados del hombre frente a él y se permitió perderla en la lejanía-. Nunca hablamos al respecto.
-Éramos muy jóvenes. –Remus convocó con su varita las copas que habían quedado sobre la mesa y le entregó al rubio la suya-. En lo último en lo que pensábamos era en los sentimientos.
-El hecho de que nunca habláramos no significa que los sentimientos no estuvieran presentes. –Remus escuchó con atención las palabras de su ex amante. Se acercó a él tratando de encontrarse con su mirada. Pero Lucius la esquivó mientras continuaba-. Tú me gustas, Remus. Siempre me gustaste.
-Siempre lo supe, Lucius. –Ante la mirada de asombro del rubio-. ¿Crees que nunca me di cuenta? –El licántropo acercó su mano a la pálida mano que descansaba sobre el regazo de Lucius. Éste respiró profundo, tomando la mano que se le ofrecía.
-¿Y yo? ¿Alguna vez te llegué a gustar? –Lucius sostuvo la mano de Remus, deseando escuchar lo mismo de él.
-Mucho. –Remus pudo ver que los azules ojos se estrechaban, incrédulos. Reforzó su afirmación apretando la mano que sostenía-. Si no me hubieras gustado, no hubiera permitido que te acercaras a mí.
-¿Crees que si hubiéramos seguido adelante, esto hubiera resultado?
-Para mí resultó. –Lucius lo miró sin entender-. Tú has sido la única persona con la que he tenido algo duradero. Y te estoy agradecido por eso.
-No es suficiente. –Lucius dejó escapar un largo suspiro. Acercó la mano de Remus a sus labios y depositó un beso en ella-. Tú merecías... mereces que alguien te ame.
-El amor está prohibido para mí, Lucius. –Dejó salir el licántropo en un amargo murmullo que el rubio apenas pudo escuchar-. Un hombre como yo no puede ser amado.
-Hablas como si toda ésta situación fuera tan... natural. –Remus sólo se encogió de hombros ante el comentario del Slytherin-. Y yo no creo que sea así.
-Lo es. Al menos para mí. –Remus dejó su copa a un lado mientras continuaba-. Me he resignado a pasar solo el resto de mi existencia.
-Lamento no coincidir contigo. –Insistió el rubio-. Estoy seguro que si lo intentaras no te arrepentirías.
-Una vez lo intenté, Lucius... –Su mirada dorada perdiéndose en el recuerdo de los furiosos ojos azules de Sirius-. Y tuve motivos suficientes para arrepentirme.
-¿Te arrepientes de haber estado conmigo?
Remus dejó los pensamientos sobre Sirius a un lado para volver su mirada al hombre junto a él. Sonrió mientras acercaba su rostro al de Lucius para depositar un beso en su mejilla, que se coloreó de un intenso rojo. El Slytherin cerró sus azules ojos dejando que sus oídos se inundaran con el sonido de ésa voz que tanto amaba, y el aliento de Remus chocara con el suyo cuando él le respondió.
-Podré arrepentirme de muchas cosas... –Acarició su rostro, cubierto aún de un tenue sonrojo-. Pero te puedo asegurar que jamás me arrepentiré de lo que viví contigo.
oooooooOooooooo
Harry apenas pudo mantener el equilibrio cuando hizo aparición en mitad de la oficina del director. Fawkes aleteó, sorprendido, para después gorjear contento al reconocer a su amigo. El muchacho acarició sus brillantes plumas en señal de saludo, dudando si atreverse a irrumpir en las habitaciones privadas del profesor Dumbledore, o esperar a que éste se percatara de su presencia. Dirigió su verde mirada a la chimenea y tuvo una idea mejor.
-¿Harry? –La voz del director impidió que el muchacho lograra su objetivo. Harry dejó los polvos Flú en su lugar y lo observó bajando las escaleras mientras guardaba su varita-. ¿Qué estás haciendo aquí, mi muchacho?
-Lamento llegar a éstas horas, profesor Dumbledore. –Se disculpó el joven Gryffindor. Albus levantó una mano para darle a entender que no había problema-. Severus me dio los hechizos para poder trasladarme y...
-Estoy enterado de eso, Harry. –Le interrumpió el anciano mago mientras se acercaba a él para palmear su hombro, invitándolo a tomar asiento frente a su escritorio-. Mi pregunta es, ¿Cuál es el motivo que te ha hecho volver?
-Hace unos momentos... tuve una pesadilla. –Se levantó de golpe ante la mirada asombrada del director-. ¡Debo ver a Severus! ¡Creo que me necesita!
-Espera, Harry. –El profesor Dumbledore lo instó a volver a su lugar en la silla mientras convocaba un servicio de té-. Puedes estar seguro que Severus se encuentra bien.
-¿Cómo puede saber eso?
-¿Olvidas que soy el primero en enterarme si él se encuentra en peligro? –Harry recordó todo lo referente al medallón y sus poderes. Sonrió, apenado, mientras bebía un sorbo de té y mordisqueaba una galleta-. Ahora... ¿Podrías contarme tu pesadilla?
Harry dejó la galleta a un lado y suspiró mientras tomaba aire para comenzar. Mientras le contaba al director, éste parecía estar analizando a fondo lo que escuchaba de labios del muchacho, quien se alteró cuando relató la última parte de su sueño.
-Severus lloraba y de pronto... –La voz de Harry se quebró-. Sus lágrimas se convirtieron en sangre. Todo alrededor empezó a derrumbarse y... vi su cuerpo y... estaba lleno de heridas y sangraba... y sus ojos... ya no brillaban...
-Tranquilo, Harry. –Albus tomó sus manos para confortarlo. El joven respiró con fuerza tratando de calmarse, y después continuó.
-Se separó de mí. Yo traté de alcanzarlo pero no podía moverme y... comenzó a alejarse hasta que... desapareció como los demás... –Albus permaneció en silencio esperando que Harry continuara. Éste sólo movió su cabeza y se cruzó de brazos, tratando de controlar el temblor de su cuerpo-. Eso... es todo.
Albus le ofreció una taza de té, que el muchacho apenas pudo sostener en sus manos. Cuando se sintió más tranquilo se volvió al director.
-¿Qué cree que signifique?
-Hum... no creo que haya sido una premonición, puesto que la cicatriz no te ardió. Por ése lado podemos estar tranquilos. Aunque por otro lado... no es bueno confiarnos demasiado en ése detalle. Tu don de la empatía es poderoso.
-¿Quiere decir que todo lo que vi en mi sueño podría cumplirse? –Un escalofrío recorrió el cuerpo de Harry al recordar la última parte de ése sueño. Cerró los ojos por un momento, tratando de alejarla de su mente.
-Severus es un excelente mago, Harry. –Palmeó su hombro para confortarlo-. Además de la protección que le he entregado, es un hombre que sabe cuidarse a sí mismo. No debes dudarlo.
-Quisiera verlo ahora.
-Lo verás, Harry. Ten paciencia. –Lo tranquilizó el anciano-. Él ahora está descansando. Ha tenido días pesados con las clases a los muchachos del grupo de Minerva. Ahora tenemos que resolver un problema... tu padrino. –Harry se hundió en su lugar al escuchar al director-. Supongo... que no se dio cuenta de tu partida...
-Le dejé una carta. En ella le pido que entienda los motivos que me llevaron a huir de casa. –Albus lo observó en silencio-. ¿Cree que podría volver a tiempo antes de que se dé cuenta de mi partida?
-Por desgracia, no. –Fue la respuesta del director-. Puedes volver, pero él tendrá que enterarse. Las barreras de protección se activarán en cuanto entres a la mansión, sin importar el modo en que lo hagas.
-¿No puedo burlar sus barreras con un hechizo? ¿Cómo hace unos momentos?
-Sólo puede hacerse desde adentro. –Harry se hundió aún más en su sitio-. Del mismo modo que pienso hacerlo si logramos entrar a la Mansión Riddle.
-Entiendo... ¿Cree que Sirius será capaz de venir a buscarme?
-No me extrañaría. –Albus se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro, acariciando su barba como siempre que algún problema se presentaba-. No te preocupes, yo hablaré con él y trataré de convencerlo.
-Gracias, profesor Dumbledore. –Harry se puso de pie, la impaciencia reflejándose en cada uno de sus movimientos-. ¿Puedo ir a ver a Severus ahora?
-Claro, Harry. –El director sonrió mientras lo acompañaba a la chimenea. El joven Gryffindor desapareció entre las llamas y él se acercó a su Ave Fénix, que aún permanecía despierta después de haber visto al muchacho.
-¿Sabes, Fawkes? –El ave aleteó, escuchando a su dueño-. Me alegra que Harry ya esté aquí. Será mucho más fácil a la hora en que Voldemort convoque a Severus.
Permaneció unos minutos más pensando en el sueño que Harry le acababa de contar. Confió en que sólo fuera una pesadilla, y no una premonición. Al menos sabía que el medallón protegería a Severus de cualquier maldición lanzada contra él. Lo que le inquietaba, era un detalle sobre el cual no había podido hacer nada.
"Es una pena que el medallón no pueda protegerlo también de las heridas físicas..." Meditó mientras se dirigía a paso lento a sus habitaciones dejando al ave en su percha, ya dormida.
oooooooOooooooo
Harry recorrió con la mirada cada objeto en la sala de los aposentos de Severus. Apreció todo lo que se encontró en su camino y que, durante los días que compartiera con Severus, había llegado a conocer más que a sus cosas mismas. Suspiró al tiempo que se sentaba en el sillón negro y acariciaba toda su superficie, sintiendo su suavidad. Sin querer esperar más, se dirigió a la habitación donde el profesor dormía y abrió la puerta despacio, tratando de no hacer ruido.
Se acercó a la enorme cama, donde pudo ver a su pareja durmiendo. Su largo cuerpo yacía cubierto por las sábanas negras y entre sus brazos una almohada, a la que Harry se mostró ansioso por sustituir de inmediato por él mismo. Sin pensarlo dos veces, se despojó de cada prenda de ropa hasta quedar desnudo.
Trepó a la cama y se arrastró por debajo de la sábana que cubría el cuerpo de su pareja, buscando la almohada como una serpiente busca a su presa. Sus intenciones iniciales tuvieron un giro drástico cuando su mano topó con la cadera de Severus, que se movió entre sueños. Harry apenas tuvo tiempo de levantar la cabeza para no ser golpeado por la rodilla del hombre.
Se quedó quieto, esperando que los latidos de su corazón se normalizaran. Era emocionante sentir cómo se hallaba tan cerca de la persona que amaba, y jugar a las escondidas debajo de las sábanas comenzaba a excitarlo. Severus se acomodó y de pronto Harry se vio atrapado entre sus fuertes muslos. La sensación sólo duró el segundo que Severus tardó en volver a acomodarse.
Para entonces, Harry ya se había olvidado por completo de la almohada y ahora buscaba una presa mucho más interesante. Se deslizó hacia la izquierda y pasó por encima de su pareja para volver a encerrarse entre sus piernas. Severus se revolvió entre sueños. Harry se quedó quieto un momento hasta que el hombre se relajó de nuevo.
Esbozó una sonrisa traviesa y acercó su rostro a su entrepierna, tan dormida como su dueño. Acercó su nariz a ella y, reprimiendo una pequeña risa, la presionó contra el cuerpo de su pareja, que se estremeció entre sueños. Harry esperó a que Severus dejara de estremecerse para arremeter otra vez, ésta vez con sus labios.
Besó cada centímetro de ésa parte de su pareja que tanto extrañaba. Suspiró en anticipación antes de bajar el elástico del pantalón y probar ésa piel tan anhelada. Severus gimió en respuesta, aún dormido, y Harry aprovechó para comenzar a acariciarlo.
Tomó en su mano su hombría casi despierta. Recorrió de arriba a abajo la suave piel que la cubría y un estremecimiento más profundo se adueñó del cuerpo de Severus, que abrió sus negros ojos, confundido aún entre la vigilia y el sueño. Entonces, el joven hizo algo que provocó que el hombre despertara por completo.
-¿Harry? –Preguntó Severus, sorprendido cuando se incorporó para averiguar qué pasaba-. ¿Qué...? ¿Cómo...? Ah... Harry...
Harry no respondió. Severus se sintió dentro de la boca de su joven pareja, y alzó la cabeza dejando su fuerte cuello expuesto cuando Harry lo saboreó con fuerza, con urgencia. A Severus no le importó en ése momento si estaba despierto o todo era un sueño. Lo único que le importaba era la sensación de la boca de Harry degustando de su cuerpo, agitado por el placer que su pareja le obsequiaba.
Severus posó sus manos sobre la cabeza del joven entre sus piernas, deseando que sus alborotados cabellos fueran tan reales como lo que sentía. Estrujó con ansias, haciendo que Harry comprendiera y aumentara el ritmo. Severus se arqueó, sus negros ojos entornados y el nombre de su pareja escapando entre gemidos de sus rojos labios.
Harry dejó lo que hacía para subir a su boca y obsequiarle un beso apasionado, al mismo tiempo que le retiraba la ropa. Severus correspondió a su beso negándose a abrir sus negros ojos por temor a despertar de ése hermoso sueño. Mientras dejaba que su joven pareja lo desvistiera, lo instó a separarse de él deslizándose por debajo de su cuerpo. Harry sintió cada beso que recorrió su piel centímetro a centímetro y cuando vio la posición en que Severus estaba lo miró sin entender.
Comprendió lo que el hombre deseaba cuando su virilidad, deseosa de caricias, quedó a la altura de la cabeza de Severus. Sin pensarlo más, Severus tomó la cadera de su joven amante y lo impulsó haciéndolo quedar sobre él. Un gemido ahogado vibró en la garganta de Harry cuando su pareja lo tomó en su boca, acariciándolo de la misma forma en que él lo hacía.
Ambos balancearon sus cuerpos, pidiendo más. Severus deslizó su lengua por toda la sensible piel, haciendo que Harry se abriera sólo para él. El hombre aprovechó para introducir un dedo y Harry se arqueó. Severus gimió cuando sintió que su pareja hacía lo mismo que él. Comprendió el juego del muchacho y se dedicó a tocarlo de la misma forma en que él mismo deseaba ser tocado.
Manos suaves acariciaban la espalda y las piernas de Harry, rozando todo lo que podían alcanzar. Severus se esmeraba en prodigarle sensaciones que Harry jamás imaginó, su joven cuerpo sería capaz de experimentar. Él estaba probando cosas nuevas con su pareja, y le gustó saber que Severus estaba dispuesto a enseñarle y que él estaba listo para aprender.
Siguieron con el delicioso juego hasta que con un último gemido, Harry obsequió a su pareja todo lo que su joven cuerpo había retenido durante todas sus noches, ausentes de sus caricias. Severus bebió cada gota hasta que su mismo cuerpo vibró por el placer contenido. Y Harry saboreó y disfrutó de cada segundo en que lo sintió estremecerse debajo de su cuerpo.
Minutos más tarde, ambos se encontraban abrazados bajo las sábanas. Severus repasaba con la yema de sus dedos cada centímetro del rostro de su pareja, sin poder creer que ahora estuviera a su lado. Harry entrecerraba sus verdes ojos sintiendo el roce de ésos maravillosos dedos, contento de ocupar al fin el tan envidiado lugar que la almohada ocupara hasta antes de su regreso.
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El amanecer del jueves se coló por el ventanal de la habitación de Sirius Black, haciendo que los azules ojos del animago se abrieran con lentitud al sentirse heridos por los primeros rayos del sol.
Contra su voluntad, dejó su cómodo lugar entre las sábanas para darse una ducha rápida y bajar al salón para desayunar. Su casa estaba llena de Aurores y no podía darse el lujo de dormir hasta deshoras. Vio en el reloj de su recámara que ya se hacía tarde y se dio prisa en arreglarse, pensando en no hacer esperar más a Harry.
Se dirigió al salón y al llegar vio con sorpresa que Harry no estaba. "Tal vez salió a volar en su escoba." No le dio importancia. "Ya le dará hambre y entonces vendrá." Se dispuso a desayunar mientras esperaba que su ahijado apareciera de un momento a otro.
Pero la hora del desayuno pasó y el muchacho no apareció. Sirius bebió un poco de jugo y llamó a Nico, su elfo doméstico.
-Buenos días, amo Sirius. –Lo saludó el pequeño sirviente-. ¿En qué puede servirle Nico al amo?
-Necesito que me ayudes a localizar a mi ahijado. –Le pidió el animago-. Creo que salió a volar temprano y no ha vuelto.
-Nico lo buscará ahora mismo, amo Sirius. –El elfo despareció y Sirius se entretuvo con el diario hasta que, minutos después, el elfo apareció otra vez.
-¿Y Harry? –Fue lo primero que el animago preguntó al ver que el elfo había regresado solo.
-Nico no lo encontró, amo Sirius. –Respondió su sirviente mientras se retorcía las manos, nervioso-. Tampoco está en su habitación. Amo Sirius... Nico quiere mostrarle algo.
-¿Qué es? –Sirius se levantó de la mesa para seguir al elfo. Éste se encaminó a la habitación de Harry y dejó que el animago entrara para después pasar él-. ¿Qué sucede, Nico?
-No encontré al amo Harry por ningún lado, pero mire... –Señalando la almohada-. La vi cuando me acerqué para tender la cama.
Sirius se acercó para tomar la carta que Harry dejara la noche anterior. Una extraña inquietud lo recorrió por entero al tiempo que la abría, deseando en el fondo que no fuera lo que presentía.
El elfo observó cómo el rostro de su amo se contraía en un rictus de dolor conforme la leía. Dio un paso atrás cuando el animago bajó con lentitud la mano temblorosa que sostenía la carta, su mirada azul fija en la nada.
-¿Amo Sirius? –Tanteó el pequeño sirviente, deseoso de poder servir de algo.
-Retírate.
El elfo no esperó a que su amo le repitiera la orden. Desapareció al instante dejando a Sirius solo en esa enorme habitación. El animago se sentó en la cama, su mano sosteniendo aún la carta que Harry le escribiera. Suspiró mientras recorría con su mirada todo el espacio. Vio su baúl en el mismo lugar de siempre y supo que el muchacho no se había llevado nada con él.
Su Saeta de Fuego estaba recargada en una esquina del cuarto. El animago se acercó a ella y la tomó en sus manos. Acarició el mango de la escoba al tiempo que una lágrima escurría por su mejilla. Dejó la escoba en su lugar y cuando se disponía a salir descubrió algo que llamó su atención.
Se acercó a la cama y distinguió entre las sábanas revueltas lo que parecía ser un pergamino. Frunció el ceño, extrañado, cuando lo abrió y vio que no había nada escrito en él. Guiado por un presentimiento, el hombre extrajo su varita del cinturón y apuntó hacia el pedazo de papel.
-Finite Incantatem...
Del papel comenzaron a surgir unas letras de lo que parecía una especie de conversación. El animago leyó lo que había escrito en ella y descubrió la última comunicación de Harry sostenida con Severus, la noche del lunes.
El dolor que hasta ése momento estaba sintiendo se trucó de pronto en una intensa ira. Sirius apretó los labios con fuerza al tiempo que estrujaba el pergamino en su mano, arrojándolo al suelo junto con algunos objetos que halló a su alcance. Tomó la carta que Harry le escribiera y volvió a leerla, sintiéndose traicionado en su amor y en su confianza.
Querido Sirius:
Cuando encuentres ésta carta, yo estaré en Hogwarts, cumpliendo con mi destino. Ambos sabemos que he sido escogido por la profecía como el elegido para enfrentarse a Voldemort, para matarlo... o morir en sus manos.
Yo no puedo permitir que los seres que más amo luchen contra él sin contar con mi apoyo. Es tan necesaria mi presencia, como indispensables lo son ustedes para mí. ¿Qué sería de mi vida sin Remus y sin ti? ¿Sin Ron y Hermione? ¿O sin Draco o el profesor Dumbledore? ¿Sin Severus?
Sé que tú tienes el poder para ir a buscarme y hacerme volver. Sé que hay muchas formas en que puedes impedir que yo luche contra Voldemort. Pero ésta vez yo te pido sólo una cosa: Tu apoyo. Te necesito, Sirius.
No sólo como mi padrino, o como el gran amigo de mis padres. Te necesito como el valiente y gran mago que tú eres... como mi amigo.
Sé que hay muchas cosas que debemos arreglar entre nosotros. Pero por ahora tú ocupas el lugar de mis padres. Quiero sentir tu apoyo... necesito tu bendición.
Te amo.
Harry.
Sirius dobló con cuidado la carta y la guardó en su bolsillo.
-Nico... –El elfo apareció apenas escuchó su nombre-. Necesito que estés al pendiente de lo que los Aurores necesiten. Tengo que salir.
-Sí, amo Sirius. ¿Tardará mucho el amo Sirius en volver?
-No. –Respondió el animago-. Estaré de vuelta a la hora del almuerzo. Puedes retirarte.
Cuando el elfo desapareció, el hombre se dirigió a la sala. Leyó la carta varias veces más antes colocarse la capa y dirigirse a la chimenea.
-Por supuesto que no te dejaré solo en ésta batalla, Harry... –Murmuró mientras tomaba un puñado de polvos-. Pero primero... hay algo que tengo qué hacer...
Mencionó un destino y segundos después el animago desaparecía entre las llamas.
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-No sabes cuánto me alegra verte de vuelta, Harry. Hedwid y yo te hemos extrañado todos estos días.
-Te agradezco que la hayas cuidado tan bien, Hagrid.
Harry se encontraba en la cabaña del semi gigante. Ésa mañana, mientras Severus y él desayunaban en la cama, el director le pidió al profesor que lo viera en su despacho. El muchacho de cabellos alborotados se despidió de su pareja contra su voluntad, y viendo que aún era muy temprano decidió pasar a visitar al guardabosque, y de paso ver cómo estaba su mascota.
Hedwid aleteó alrededor de su dueño y se posó en el respaldo de su silla, su pico haciendo cosquillas en su oreja. Harry rió ante la caricia juguetona y se levantó de su asiento para marcharse. Era hora del desayuno en el Gran Comedor y quería saludar a sus amigos.
-Si me esperas un momento, iré contigo. Debo ir a buscar un bulbito que la profesora Sprout me pidió que transplantara. –Hagrid se apresuró a dejar lista la comida de sus mascotas y quince minutos después partían hacia el Castillo-. Me imagino que tus amigos aún no saben que estás aquí.
-Llegué después de la medianoche-. Fue la respuesta del Gryffindor-. Los únicos que saben sobre mi regreso son el profesor Dumbledore, Severus y tú.
-Estoy seguro que tu llegada sorprenderá a más de uno.
Decir que su llegada sería una sorpresa fue quedarse corto. La mayoría de los muchachos que ya se encontraban desayunando palideció cuando Harry Potter entró en el Gran Comedor. Y no es que la presencia del Niño que vivió fuera impactante por sí misma, era que todos y cada uno de ellos comprendían a la perfección su significado.
-¿Llegó la hora de partir a la batalla? –Fue lo primero que Ron le preguntó después de casi asfixiarlo con un abrazo de oso. Harry negó con la cabeza y el poco aire que le quedaba-. Entonces, ¿Qué haces aquí? ¿Y qué hay de Sirius?
-Creo que primero deberíamos dejar que desayunes. –Hermione tomó el brazo de su amigo y lo condujo hacia la banca-. Después podrás contarnos todo con calma.
-Ya desayuné, Hermione. Gracias. -Harry se sentó en el espacio que sus amigos le dejaron-. ¿Qué les parece si terminan de desayunar y damos una vuelta?
-Eso suena muy bien, compañero. –Ron apuró la comida que ya tenía servida en su plato-. Tenemos una hora antes de que la clase comience.
-¿Estuviste practicando los hechizos que te envié, Harry? –El moreno asintió a la pregunta de su amiga.
Sus ojos verdes recorrieron el Gran Comedor. Se sintió cohibido cuando se descubrió objeto de las miradas de todos sus compañeros, algunos de ellos saludándolo desde lejos. Distinguió a Draco Malfoy en el extremo de la mesa y sin dudarlo se levantó para ir a su encuentro.
Draco también se puso de pie para recibir al Gryffindor con un fuerte abrazo. Sus compañeros de Casa se sorprendieron al ver el afectuoso saludo entre los que alguna vez fueran enemigos declarados.
-¿Todo está bien? –El rubio tomó el brazo de su amigo para alejarlo de oídos curiosos-. ¿Severus ya sabe que estás aquí?
-Sí, Draco. No te preocupes. –Harry palmeó su hombro para tranquilizarlo, pues el Slytherin se veía preocupado-. Me adelanté a su llamado. Por cierto, muchas gracias por la carta. No tienes idea de lo útil que ha sido.
-No me lo agradezcas. –Draco trató de restarle importancia al asunto. Aunque por boca del mismo Severus se había enterado del valor inestimable de su idea-. ¿Sabe tu padrino que estás aquí? ¿Cambió de opinión al respecto?
-Me temo que no. –El rostro del Gryffindor se ensombreció-. Huí de la Mansión Black y sólo le dejé una carta.
-Espero que eso no te provoque problemas. Ni a Severus.
-Yo también lo espero. –Volteó a ver a sus amigos, que ya se estaban levantando de la mesa-. ¿Ya terminaste de desayunar? –El rubio asintió-. Iremos a dar una vuelta. ¿Quieres venir con nosotros?
-Por supuesto. –Se dirigieron a la salida sin hacer caso a los murmullos que se levantaban a su paso.
Momentos después, los cuatro muchachos se encontraban en el exterior del Castillo. Se detuvieron a descansar bajo la sombra de un gran árbol en uno de los costados del bosque, desde donde podían ver la cabaña de Hagrid.
-No puedo creer lo que hiciste, Harry. –Fueron las palabras de Hermione después de que el muchacho los puso al tanto de todo.
-No me gustaría estar en tus zapatos cuando Sirius lea la carta que le dejaste. –Comentó el pelirrojo-. Va a estar furioso.
-Lo que más me preocupa es lo que pueda hacer en contra de Severus. –Reflexionó Draco-. Puede ser capaz de cumplir su amenaza de enviarlo a Azkaban.
-Te diré lo mismo que le dije a Remus. Será mejor que no lo haga.
Harry se agachó para recoger unas semillas que se encontraban tiradas cerca de él. Las reconoció como el mismo tipo de semillas que en su tercer año Hermione lanzara hacia la cabaña de Hagrid para alertarlos, y que en ése entonces salvaron la vida de Buckbeak, condenado a muerte por la influencia de Lucius Malfoy.
Suspiró mientras dirigía su verde mirada hacia Draco. Éste sostenía una conversación con sus amigos, ajeno a la observación de la que era objeto. Draco había cambiado. Lucius Malfoy también. Habían necesitado un golpe muy duro para que eso ocurriera, pero el cambio se había dado.
Él confiaba en que Sirius cambiara también. No en su persona, pues a pesar de su carácter explosivo y a veces inmaduro él lo amaba tal y como era. Él deseaba que Sirius cambiara su impresión sobre Severus. Que se diera la oportunidad de descubrir a la persona maravillosa que había debajo de la capa negra y la actitud adusta. Él deseaba que Sirius descubriera su corazón como lo había hecho él. Y que lo aceptara tal y como ahora lo aceptaba él.
-Mi padrino es una buena persona. –Reflexionó en voz alta, llamando la atención de sus amigos-. Sólo necesita abrir los ojos y ver más allá de las apariencias.
-Claro que sí, Harry. –Hermione le obsequió un abrazo, sus largos cabellos haciendo cosquillas en su cuello-. Ya verás que todo se arreglará entre Sirius y tú. Eres lo más importante para él y sabemos que es capaz de todo por verte feliz.
-¿Saben? Me obsequió una Saeta de Fuego nueva. –Hermione se separó de él y pudo ver el entusiasmo en sus verdes ojos-. Es muy bonita. Me encantó.
-¿La trajiste? –Ron se vio decepcionado cuando su amigo negó con la cabeza-. Qué pena, me hubiera gustado poder montarla.
-¡Es muy veloz! –Todos voltearon al escuchar la voz emocionada de Draco. Éste se puso rojo como la grana mientras daba dos pasos atrás-. Eh... quiero decir... bueno yo... creo que ya va a comenzar la clase.
Dio la media vuelta para salir de la arboleda, cuando sintió un golpecito en la cabeza.
-¿Así que estuviste divirtiéndote con mi Saeta mientras yo moría de aburrimiento? –Otra semilla se dirigió hacia el cuerpo del rubio, quien apenas pudo esquivarla-. ¿Y se puede saber cómo fue a parar a tus manos?
-¡La encontré tirada junto al lago! –Respondió el rubio entre risas al ver a Harry riendo también, mientras continuaba lanzando semillas hacia él. Una de ellas dio justo en su frente-. ¡Oye! ¡Severus me dio permiso de tenerla mientras encontraba la forma de enviártela! ¡Hey!
Draco se agachó para recoger todas las semillas que pudo mientras seguía esquivando los ataques del moreno. Logró lanzar una hacia Harry, que éste logró evadir.
-¡Oye! -Ron se talló la cabeza mientras tomaba unas semillas que Hermione recogió para él-. ¡Qué mala puntería tienes, hurón!
-¡Ay! –Se quejó Harry, frotándose la mejilla derecha-. ¿Por qué me la lanzas a mí? ¡Él fue quien te pegó, no yo!
Harry le tiró a Ron todas las semillas que pudo, mientras Draco trataba de atinarle a él. Los tres jóvenes jugaron a la guerrita con las semillas ocultándose tras los árboles que podían. Hermione sólo los veía, guarecida detrás del gran árbol y a salvo del ataque de los muchachos.
"Se ven tan lindos..." Pensó mientras reía como hace mucho tiempo no lo hacía. Y entonces deseó con todas sus fuerzas que ése hermoso momento nunca terminara.
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-Adelante. Ya sabes que eres bienvenido.
-Y tú ya sabes que mi visita no es de cortesía, Albus.
El director observó a Sirius Black mientras éste sacudía su capa gris, maltratada por su viaje por la Red Flú. Convocó un servicio de té y le invitó a tomar asiento, cosa que el animago rechazó.
-Sé a qué has venido, y te confirmo que Harry está aquí. Y se encuentra sano y salvo.
-Lo de sano, puede que te lo crea. –Arguyó Sirius-. Pero que se encuentre a salvo, lo dudo mucho.
-Éste Colegio es más seguro que tu misma Mansión. –Le respondió el director-. Y ya lo has comprobado.
-Sabes muy bien a qué me refiero. Y no esperes que alabe los trucos que utilizaste para deshacer mis barreras de protección. –El anciano guardó silencio ante las palabras de su ex alumno-. Y quiero creer, por mi salud mental, que él se encuentra con sus amigos ahora.
-Estás en lo correcto. De hecho... –Consultó su reloj-. Está en clases en éste momento. Puedes ir a comprobarlo por ti mismo, si quieres.
-No vine aquí para hablar con Harry. –Masculló el animago mientras se acercaba al escritorio del director-. Estoy aquí porque hay algo que quiero que sepas, y prefiero ser yo quien te lo diga, y no que te enteres por algún otro medio.
-Te escucho.
-Primero que nada quiero informarte que he decidido apoyar a mi ahijado en la lucha. Y me he incorporado al grupo de Arthur, quien me ha puesto al tanto de todos sus planes. Pero sólo lo hago por Harry.
-Me alegra escuchar eso.
-Lo que te diré ahora no te alegrará mucho. Vengo del Ministerio. –Albus tuvo un presentimiento mientras lo escuchaba-. Fui a denunciar a tu protegido por el delito de secuestro. Y si después de todo este lío aún sigue con Harry, también lo acusaré de abuso sexual.
Sirius dio un paso atrás al ver que el rostro del director se convertía en una máscara de furia.
-¿Cómo has podido...? –Se puso de pie mientras se acercaba a él, su dedo índice señalando al pecho del animago-. ¡Tú! ¡Malagradecido! ¡Tantos años solapando tus majaderías y las de tus amigos! ¡Poniéndote por encima hasta del mismo Severus...! ¿Y me pagas de ésta manera?
-¡Ahora no estamos hablando de niñerías ni travesuras de estudiantes! –El animago permaneció en su posición, sin inhibirse ante la reacción del director-. ¡Estamos hablando de delitos graves!
-¡Ambos sabemos que Severus no ha incurrido en ninguno de ellos! –Albus respiró varias veces para tranquilizarse. Fawkes canturreó en su percha, ayudándolo-. Harry regresó a Hogwarts por su propio pie. Ya debes haber leído la carta que te dejó. Y en cuanto a lo otro, jamás hubo abuso sexual. Él ama a Severus y se entregó a él por su voluntad.
-No me importa la forma en que se dieron las cosas entre ellos. Y mucho menos me interesan los detalles. –Fue la respuesta del animago-. Se lo advertí. Le advertí que no volviera a acercarse a mi ahijado.
-No puedes imponer tu voluntad a la felicidad de Harry. –Albus se recargó sobre su escritorio, abatido-. No puedes... robar la libertad de un hombre que durante tantos años ha luchado y arriesgado su vida... por la libertad misma.
-No te preocupes tanto, Albus. –Sirius se acercó a la chimenea-. Aunque ya he puesto mi denuncia puedo retirarla. Y el primer paso para hacerlo es que Snape se aleje de mi ahijado.
-Sabes que él preferirá perder la libertad antes que dejar a Harry.
-Pues será peor para él. –Sirius tomó un puñado de polvos-. La otra condición es que a Harry no le ocurra nada durante la batalla.
-Me he asegurado de su bienestar. Pero sabes bien que no hay garantía alguna a ése respecto.
-Pues será mejor que reces porque así sea. –Antes de marcharse se giró a ver al director-. O será tu protegido quien pague las consecuencias. Infórmale sobre lo que hemos hablado, para que no diga que no se lo advertí.
Mencionó su destino y desapareció, dejando al director con una sensación de impotencia y una sombra de decepción en sus profundos ojos.
-Mi querido Sirius... no sé que te ocurrió que te ha hecho ser así... –Murmuró mientras se dirigía al sitio donde Fawkes aún sostenía unas suaves notas, y posó una mano sobre sus tersas y brillantes alas-. Sólo espero que tu corazón y tu alma puedan encontrar la paz que necesitan... antes de que tengas que perder lo que más amas.
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-¡No puedo creer que Sirius me ocultara que estuviste grave en la enfermería!
-Como puedes ver ya estoy bien, Harry. Ya no te alteres por eso. Tal vez se le olvidó o... no le dio importancia.
Harry se encontraba en la sala de Remus. Ésa tarde, después de la clase, el licántropo lo había invitado a sus aposentos para ponerse al corriente de todo lo ocurrido durante esos días.
-Lamento mucho no haberte escrito. –Se disculpó el profesor-. Pero no quería alterar más a Sirius, no fuera a desquitarse contigo.
-No sabes cuánto siento que las cosas entre él y tú terminaran tan mal. –Harry mordisqueó una barra de chocolate que Remus le ofreció-. Pienso que si tal vez no hubieras estado enterado de mi relación con Severus, no hubieras tenido problemas con él.
-No digas eso. –Lo regañó el hombre-. Tú no tuviste nada que ver, así que no debes sentirte culpable.
-Siento... tu dolor, Remus. –Harry dejó su lugar en el sillón de enfrente para sentarse junto a él-. Y siento también el dolor de Sirius. Sé que él te extraña.
-No creo que me extrañe tanto como yo a él. –Remus dejó escapar un largo suspiro mientras proseguía-. Y si así fuera... dudo mucho que sea por la misma razón.
-¿Por qué es tan necio? –Le preguntó el muchacho, la frustración reflejándose en su voz-. ¿Por qué tan ciego para no ver a la persona maravillosa que tú eres?
-No se trata de eso, pequeño. –Remus palmeó su mano con afecto-. Sirius me quiere, estoy seguro. Pero jamás tuvo cabida en su mente el pensamiento de una relación romántica conmigo. Él me ama... o me amaba... como a un amigo. Nada más. Yo soy el único culpable aquí, por dar cabida en mi corazón a un sentimiento que sabía, jamás sería correspondido.
-Pero es que... duele... –Los verdes ojos del muchacho se nublaron-. Me duele... tanto tu tristeza.
-Oye, tranquilo... –Remus lo atrajo a su cuerpo para envolverlo en un suave abrazo-. No es tan grave en verdad... toda mi vida he sabido que él no sería para mí. Estoy resignado a eso.
-No es justo. Tú te mereces... tanto amor. –Murmuró entre sollozos-. Tú te mereces todo... y más.
-Harry, mírame... –El muchacho hizo lo que le pedía. Remus levantó una mano y secó las lágrimas que mojaban sus tersas mejillas-. Estoy acostumbrado a soportar el dolor, en todas sus presentaciones. Ya pasará. Pasará como todo pasa en esta vida.
-¿Y el amor? ¿Cuándo llegará el amor para ti?
Remus sonrió ante la pregunta impaciente del muchacho. De alguna manera comprendía su prisa, ya que Harry era afortunado al haber encontrado el amor siendo tan joven.
-Llegará cuando tenga que llegar, Harry. –Levantó la barbilla del muchacho y lo miró a los ojos-. Si el destino tiene a alguien para mí, entonces esperaré con paciencia. Al amor no hay que perseguirlo demasiado porque huye. Y yo ya estoy muy viejo como para estar persiguiendo nada.
-Tu no estás viejo. –Se separó de él y secó sus lágrimas, mientras reía con ligereza después de las palabras de Remus-. Tienes la misma edad que Severus.
-Severus ya no es ningún jovencito. –Harry hizo un mohín que al hombre le pareció gracioso-. Que el amor lo haga sentirse joven, ya es otra cosa.
Ambos rieron ante la última afirmación del licántropo.
-Debo irme. –El muchacho se puso de pie-. Severus me espera para cenar.
-Que la pases bien. –Rodeó sus hombros mientras lo acompañaba a la puerta-. Te veré mañana. Y ponte algo en ésa mejilla.
-Así lo haré, Remus. –Harry se talló la zona donde Ron le pegó cuando le lanzó la semilla ésa mañana. El golpe resultó más duro de lo que pensó y ya tenía un moretón-. ¿Cenarás solo? ¿Por qué no cenas con nosotros? Estoy seguro que Severus no pondrá ninguna objeción.
-Te lo agradezco, Harry. Pero en realidad cenaré con alguien.
-¿En serio? –El joven Gryffindor se detuvo en la puerta, curioso-. ¿Puedo saber con quién?
-Lo siento, pequeño... –Le respondió el licántropo, y sonrió ante el gesto de frustración del muchacho-. Pero no te lo puedo decir.
-¿Es algún enamorado? –El hombre sólo se limitó a reír. Harry se puso serio de repente-. ¿Te estás enamorando?
-Oye, oye... tranquilo. –Remus se recargó en el marco de la puerta cuando Harry salió al pasillo-. Recuérdalo... al amor no hay que perseguirlo...
-Porque huye. –Harry suspiró mientras tomaba su mano-. Tal vez tenga algo de cierto eso pero... creo que también hay una gran verdad en lo que te voy a decir.
-¿Qué cosa?
-Cuando el amor llega... no hay que dejarlo ir.
Harry soltó su mano y se alejó por el pasillo, dejando a Remus con sus palabras grabadas en la memoria.
-Aún es muy pronto para eso, Harry... –Murmuró mientras su mirada se clavaba en la única puerta con la que compartía el largo pasillo-. Pero puede que tengas razón.
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-Espero que el asunto que vienes a tratar sea más importante que mi descanso, McEwan.
-Lo es, mi Lord. No lo dude.
Voldemort se sentó en el sillón desde donde acostumbraba dirigirse a sus servidores. McEwan esperó con paciencia mientras Nagini se enroscaba cerca de su amo, ocultando bajo su máscara blanca la repulsión que el enorme animal le provocaba.
-¿Y bien? –La voz de Voldemort se dejó escuchar como un largo siseo, haciéndole sentir escalofríos-. ¿A qué debo tu presencia a éstas horas?
-Le traigo noticias, mi Lord. –El hombre se sintió seguro de lograr con ellas el agrado de su Señor-. Sirius Black estuvo ésta mañana en el Ministerio. Interpuso una denuncia en contra de Severus Snape por el delito de secuestro.
Voldemort dejó de acariciar la cabeza diamantada de su serpiente para volver toda su atención al hombre frente a él.
-¿Dices que Black acusa de secuestro a Severus? –El otro asintió-. ¿Te enteraste a quién ha secuestrado?
-Sí, mi Lord. –Saboreando sus propias palabras-. A Harry Potter.
El silencio que siguió a ésas palabras fue tan agudo, que McEwan pensó que se podrían escuchar los latidos del corazón del mismo Voldemort, si lo tuviera. Respingó desde su lugar en el centro de la estancia mientras la voz de su Lord se dejaba escuchar.
-Has hecho un buen trabajo, McEwan. –El mortífago se inclinó en señal de reverencia-. Me encargaré de recompensarte más adelante. Retírate.
El hombre hizo lo que le pedía. Nagini se enroscó en el respaldo de la silla mientras colocaba su puntiaguda cabeza sobre uno de los hombros de su amo.
-¿Sabes, Nagini? –La serpiente siseó, escuchándolo hablar en parsel-. Ya me estaba preguntando cuánto tiempo más se tardaría Severus en cumplir con mi orden.
-¿Hay alguna razón en particular para que no lo haya convocado antes?
-Muchas, mi querida Nagini. –Le respondió su amo-. Y una de ellas era Sirius Black.
-Perdona mi ignorancia, señor. –Siseó la serpiente-. Pero... ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
-Si yo hubiera convocado a Severus y él me hubiera traído a Harry Potter, los hubiera matado a los dos. A uno por ser quien es... y al otro por traidor.
-Sigo sin entender, mi amo.
-Estaba esperando esto, Nagini. –Voldemort se acomodó en el sillón, haciendo que la enorme serpiente tuviera que cambiar de posición, no muy contenta-. La reacción lógica de Sirius Black ante la desaparición de su ahijado.
-¿La denuncia? –El Lord asintió-. Ya entiendo, mi amo. Si Sirius Black no se hubiera presentado en el Ministerio a denunciar el secuestro, significaría que hubo un plan de por medio.
-Has entendido muy bien, querida Nagini. Siempre he tenido dudas de la fidelidad de Severus. Y Black ha sido el medio para poner a prueba ésa fidelidad. Por otro lado, si Severus ha logrado lo más difícil, entonces no me cabe la menor duda que también tiene a Draco en su poder. Lo que me intriga, es que Severus no haya sido discreto.
-¿Severus ha pasado su prueba de fidelidad con éxito, mi Lord?
-Aún no. Sólo falta una prueba más para que pueda considerarlo como un fiel servidor. –Voldemort se frotó las manos, su mente oscura y retorcida planeando la mejor forma de recibir a sus invitados-. Ha llegado la hora, Nagini. No pasará de ésta noche para que al fin pueda lograr lo que más deseo: Matar a Harry Potter... y hacer mío a Draco Malfoy.
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-¿Dices que soy el único caso de un mago que logra "ver" el Aura de su Alma Gemela con los ojos cerrados?
-Según Albus, así es. No te muevas...
Harry se hallaba muy cómodo debajo de las sábanas, mientras Severus le aplicaba una pomada para desvanecer el moretón en su cara, que ya comenzaba a tener feo aspecto. La cena, ya fría, esperaba a un lado a que alguno de los dos la reclamara. Desde la llegada de Harry a los aposentos del profesor de Pociones se habían dedicado a hacer el amor sin acordarse de ella.
-Te veo muy tranquilo después de lo que te he contado. –Severus dejó la pomada a un lado y se metió bajo las sábanas junto a él-. ¿Acaso no estás sorprendido?
-¿Sorprendido? –Harry dejó escapar una suave risa mientras se montaba a horcajadas sobre el cuerpo del mayor, sintiendo su cálida y suave piel. Severus entrecerró sus ojos y suspiró ante el íntimo contacto-. Sobreviví a un Kedavra... soy inmune a la maldición Imperius... puedo sentir lo que los demás sienten... me enamoré de mi odiado profesor de Pociones y ahora esto... ¿Crees que me sorprende?
-Viéndolo de ésa manera... no es nada sorprendente.
-Te aseguro que si Poppy me dijera ahora mismo que estoy embarazado, no me sorprendería.
Severus rió con fuerza al escucharlo. Lo atrajo para darle un suave beso.
-Qué más quisiera que así fuera, Harry... –Sus labios haciendo cosquillas en los labios de su pareja-. Pero para serte honesto lo dudo mucho. Para poder embarazarte necesitarás beber una poción.
-Severus... –Harry se puso serio de repente. El hombre lo notó y lo abrazó con fuerza, pegándolo más a su cuerpo-. Tú y yo... es decir... tal vez sea muy pronto y todo eso pero... no hemos hablado sobre... qué pasará con nosotros cuando acabe todo esto.
Severus analizó lo que el muchacho trataba de decirle y suspiró. Él también se había hecho la misma pregunta en la oficina de Dumbledore, cuando el director le contó sobre la visita de Black y la denuncia que ahora pesaba sobre su nombre. Albus le había asegurado que no debía preocuparse, que haría todo lo que en sus manos estuviera para que él nunca pisara la prisión.
-Pero Harry no debe saber nada, o eso lo alterará demasiado. –Le había sugerido el anciano mago. Y él había estado de acuerdo con eso.
-¿Severus? –El aliento de Harry sobre su cuello lo devolvió al presente-. Si no quieres hablar de esto no hay problema...
-No, Harry. Está bien. –Severus acarició el suave rostro del muchacho, desvaneciendo la tensión que se reflejaba en él-. Nada me gustaría más que comenzar una nueva vida contigo. Quiero que vivamos juntos y tengamos una familia. Claro... si tú también lo deseas.
-Claro que sí, Severus. –El rostro del muchacho se iluminó. Lo besó con dulzura y Severus pudo sentir un calor recorriendo su pecho, y cualquier duda que tuviera a ése respecto se desvaneció en ése momento. Supo que eso era lo que en realidad quería.-. ¿Buscaremos un lugar para vivir?
-Por supuesto. No te tendré encerrado en las mazmorras del Colegio. Tengo la mansión que perteneció a mis padres, pero para serte honesto no quisiera volver a poner un pie en ella. Me trae muy malos recuerdos. –Severus lo besó y deslizó el joven cuerpo hasta quedar sobre él y se deleitó acariciando su tibia piel. Y olvidándose de Sirius y sus amenazas a su libertad decidió amar a ése muchacho ésa noche y todas las que la vida les permitiera-. Te amo, Harry. Nunca lo olvides.
Harry abrió sus verdes ojos al escucharlo decir ésas palabras. A su memoria regresó la pesadilla de la noche anterior y no pudo evitar estremecerse.
-¿Estás bien? –Severus sintió el temblor en el cuerpo del muchacho y dejó de acariciarlo. Pero antes de que su pareja pudiera responderle, sintió un dolor conocido punzando su antebrazo.
-¿Severus? –Harry vio el dolor reflejado en el rostro de su amante. El hombre se incorporó hasta quedar sentado, haciendo que el muchacho lo imitara sentándose junto a él-. ¿Qué sucede?
-Me está llamando, Harry... –Murmuró Severus en medio del gran dolor que la Marca le provocaba. Dirigió su vista hacia su joven pareja, que acarició su antebrazo con preocupación cuando entendió lo que el profesor trataba de decirle-. Habrá que avisarle a Albus. Ha llegado la hora de partir.
Continuará...
Próximo capítulo: La Última Batalla.
Notas:
Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.
Besitos.
Rebeca (K. Kinomoto)
