Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews:

Nan: Hola,NanLa verdad es que sí, ésta es la parte más difícil de la historia. Jajaja, la verdad es que no eres anónima porque no sepa quién eres, sino porque tus reviews no llevan cuenta a dónde poder responderte de cualquier forma ya quité ésa palabra. Sobre el embarazo, ugh, creo que no debí hacer que Harry dijera algo como eso, la verdad es que sólo fue un comentario inocente de su parte. Harry no se va a embarazar en esta historia, lamento si las ilusioné en balde. Sobre Remus y Lucius, las cosas comienzan a dar forma como podrás ver en este capítulo, pero hasta la segunda parte. Muchas gracias por tu comentario y besos para ti también.

Muchas gracias también a Miss Andreina y EugeBlack, y por sus reviews.

A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.

XIX

La Última Batalla.

Primera Parte.

Advertencia: En éste capítulo habrá angustia, violencia, tortura y muerte de algún personaje. Se recomienda su lectura con reservas.

Algunas escenas parecerán fuera de tiempo, eso se debe a que fueron tratadas desde el ángulo de cada personaje involucrado en ellas.

ooooOoooo

Albus Dumbledore observó el fino traje negro de Draco que Lucius le acababa de entregar. Se apresuró a deshacerse de sus llamativas vestiduras y colocárselo amoldándolo a su medida, todo con la ayuda de un sólo hechizo. Aunque la Marca en el antebrazo de Severus había dejado de molestarle, era necesario darse prisa y no correr ningún riesgo. Bajó las escaleras lo más rápido que pudo y momentos después se encontraba frente a las dos personas que, impacientes, ya lo esperaban en su oficina.

-¿Estás listo, Albus? –Severus se acercó a él. Le extendió un vaso de cristal cuyo contenido el anciano mago reconoció como la poción Multijugos.

-¿Tiene la sangre de Remus? –El profesor de Pociones asintió al tiempo que introducía un cabello rubio dentro del humeante líquido verde. Con un largo suspiro, el profesor Dumbledore bebió el contenido bajo la mirada atenta de su protegido.

Albus se arqueó sobre su cuerpo y Severus lo sostuvo por los hombros para evitar que cayera. Harry se encontraba detrás de su pareja, observando los cambios que poco a poco se operaban en el cuerpo del director. Segundos después, Albus Dumbledore desapareció y en su lugar, la figura altiva de "Draco" Malfoy apareció ante ellos.

Harry abrió grandes sus ojos verdes. Nunca dejaría de sorprenderse ante los cambios tan espectaculares que ésa poción provocaba. Nada quedaba del anciano que momentos antes estaba frente a él. "Draco" habló y su voz juvenil resonó en cada rincón de la oficina.

-¿Por qué no me dijiste que mi voz también cambiaría, Severus? –Le preguntó el director mientras tomaba su varita y con un hechizo, regresaba sus elegantes túnicas a su tamaño original, haciendo que entallaran a la perfección sobre su ahora alto y bien formado cuerpo.

-No lo sabía, Albus. El libro no dice nada al respecto. –Fue la sorprendida respuesta del profesor de Pociones. El hombre tomó del escritorio un frasco y se lo entregó al director-. Bebe esto, te servirá para evadir el olfato de Nagini. Nosotros ya la bebimos.

-¿Es la poción inhibidora? –Severus asintió y "Draco" la bebió, tras lo cual se acercó a su escritorio y sacó un objeto que Severus reconoció como un trasladador-. Será mejor que nos demos prisa, Arthur y todos los demás ya deben estar desesperados.

Se acercó a la pareja y los envolvió en un abrazo. Harry y Severus cerraron los ojos cuando "Draco" comenzó la cuenta regresiva y momentos después desaparecieron de la oficina para aparecer en la parte oeste del Bosque Negro. Severus examinó el lugar con su varita y descubrió el sitio donde los demás se ocultaban.

Se dirigieron hacia allá a toda prisa tratando de no delatarse ante los mortífagos que custodiaban los alrededores de la Mansión Riddle, que se vislumbraba como una enorme sombra negra elevándose, tenebrosa, sobre todos ellos. Arthur respiró aliviado al ver llegar a los tres hombres juntos.

-¿Cómo va todo por aquí? –Preguntó el Director. Arthur tardó en asimilar que se encontraba frente al fundador de la Orden del Fénix y vaciló un segundo antes de responderle.

-Bien, Albus. –Señaló con la mano toda la periferia, protegida por los Patronus de los Aurores encabezados por Remus-. Los Dementores están desesperados. Intuyen que hay alguien, pero no logran acercarse lo suficiente para detectar nuestra presencia. Minerva, Lucius y Sirius están sosteniendo el hechizo para eludir la vigilancia de los mortífagos.

-¿Sirius está aquí? –Harry sintió que su corazón se le saldría del pecho-. ¿Puedo hablar con él?

-Me temo que no podrá ser ahora, hijo. –Respondió el Auror-. El hechizo que están llevando a cabo requiere mucha concentración. ¿Quieres que le dé algún recado de tu parte?

-Sólo dígale que... –El muchacho titubeó, ordenando sus ideas-. Dígale que lo quiero y que... todo esto lo estoy haciendo por amor.

-Estoy seguro que él lo sabe muy bien. –Arthur posó una mano sobre el hombro del muchacho-. Pero de todas formas se lo diré.

-Debemos darnos prisa, Albus. –Intervino el profesor de Pociones-. El antebrazo me está ardiendo otra vez.

-Permíteme tu varita, Harry. –El muchacho hizo lo que "Draco" le pidió. Éste recogió un palo seco de los muchos que había en el suelo. Pronunció un hechizo y el palo se convirtió en una varita idéntica a la de Harry. Los demás lo observaron en silencio mientras el director murmuraba algo que no lograron entender. De la varita original emergieron unas luces blancas que se introdujeron en la varita falsa.

-¿Qué fue eso? –Preguntó el muchacho cuando su varita le fue devuelta.

-Cuando Severus le entregue nuestras "varitas" a Voldemort, éste percibirá la magia que debe haber en ellas, y no dudará en que son las verdaderas. –Le entregó la varita falsa a Severus, quien ya tenía en su poder la "varita" del verdadero Draco-. Cuídate, Harry.

-Así lo haré, profesor Dumbledore. –Harry guardó su arma en el lugar que él consideró más seguro, y se dirigió a su pareja-. Estoy listo.

Severus suspiró mientras cubría su cabeza con la capucha negra y hacía aparecer sobre su rostro la máscara blanca de mortífago. Los Aurores que se encontraban cerca lo observaron con cierto recelo cuando su rostro quedó oculto. Harry percibió el sentimiento de desconfianza y acercándose a su pareja, le obsequió un firme beso, que Severus correspondió de inmediato mientras rodeaba su estrecha cintura.

-¿Por qué hiciste eso? –Le preguntó en voz baja mientras unía su nariz a la del muchacho. Éste sonrió y acariciando su rostro sobre la máscara le respondió de la misma forma.

-Ya era hora de que supieran quién eres en realidad.

-¿Un espía para la Orden? –Severus apretó más su cintura, pegándolo a él ante las expresiones de sorpresa de todos los demás.

-No. –Harry volvió a besarlo-. La persona que más amo.

-Yo también te amo, Harry... –Severus hubiera querido responderle con otro beso. Pero el ardor en su antebrazo le recordó el motivo por el que se encontraban ahí. Sin soltar a su pareja de su cálido abrazo, levantó su varita sobre su rostro y lanzó un Desmaius.

Harry se desplomó entre sus brazos y Arthur, aún sin recobrarse de la sorpresa se aproximó a "Draco" para sostenerlo cuando, segundos después, también cayó inconsciente.

-Que Merlín los proteja... –Murmuró al viento cuando Severus desapareció con dos de las personas que más amaba, ahora indefensas y a merced de su suerte... y de la voluntad de Voldemort.

oooooooOooooooo

Severus apareció frente a la Mansión sosteniendo a los dos muchachos, uno en cada brazo. Los depositó con suavidad sobre el suelo en el instante que dos guardias lo descubrían. El profesor tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no matarlos ahí mismo al verlos extraer sus varitas.

-El Lord los quiere vivos... e ilesos. –Fue lo único que necesitó para que ambos hombres se alejaran, temerosos de la reacción de su señor si se atrevían a ponerles una mano encima. Palpó las varitas falsas en su cinturón y extrajo las varitas verdaderas de "Draco" y Harry. Después las escondió en una bolsa secreta en su túnica, haciendo nota mental de dónde tenía cada cual.

El profesor de Pociones levitó a "Draco", al tiempo que tomaba los rebeldes cabellos de su pareja y lo halaba hacia el interior de la mansión, pidiéndole perdón en silencio por el dolor de cabeza que eso le causaría más tarde.

-Vaya, vaya... aunque tardaste en venir, la espera valió la pena. –Fueron las primeras palabras que Lord Voldemort pronunció apenas Severus llegó frente a él-. Tu trabajo ha sido casi impecable, Severus.

-Sólo hice lo que me pediste, mi Lord. –Severus soltó sin ceremonia los cabellos de Harry, haciendo que su cabeza chocara contra el suelo. El cuerpo de "Draco" siguió levitando junto a él-. Aunque debo admitir que hacerme de... Potter... no fue tan sencillo.

-Puedo imaginarlo. –Voldemort se levantó de su sillón para acercarse a las tres personas frente a él. Severus le entregó las "varitas" que el Lord guardó entre sus ropas-. Estoy enterado que Sirius Black te denunció ante el Ministerio por secuestro. Pensé que serías más discreto.

-No pude evitarlo. –Fue la respuesta de Severus-. Me encargaré de Black cuando sea el momento.

-Es bueno escucharte hablar así... con ése desprecio que siempre te ha distinguido. –Voldemort observó el rostro de Harry y pasó un dedo sobre el oscuro moretón que tenía en su mejilla. Severus entrecerró los ojos-. Parece que no has perdido el tiempo...

-Se puso muy difícil. –Respondió, agradeciendo en su interior a Weasley por haberle pegado con la semilla-. No tuve otra opción.

Voldemort dejó el rostro de Harry para volverse hacia el cuerpo flotante de "Draco". Levantó una de sus ásperas manos y un gesto de repulsión cruzó el rostro oculto del profesor cuando el Lord recorrió sus finos rasgos en una ruda caricia.

-Esperé tantos años... –Murmuró el ser oscuro, mirando con embeleso la atractiva y joven figura, objeto de sus más negros y sórdidos deseos-. Desde que te vi en brazos de tu padre por primera vez. Tan parecido a él... tan deseable como él.

Severus frunció el ceño al escucharlo. Se prometió que le preguntaría a Lucius al respecto si lograban salir vivos de ése lugar. Después de un momento más de contemplación, el Lord se volvió hacia él, su deforme rostro surcado por el cansancio físico y mágico. Y Severus supo que aún no había bebido su poción.

-Lleva a éste hermoso ángel a mis aposentos. –Le ordenó mientras volvía a acariciarlo-. Pero no lo despiertes, yo mismo lo haré. Quiero que mi rostro sea lo primero que vea cuando abra sus divinos ojos.

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Severus. No sabía qué le preocupaba más, si el tono demasiado dulce en la rasposa voz del Lord, o el hecho de tener que dejar a Harry a su completa merced.

-¿Qué hay con Potter? –Preguntó, tratando de que su voz no reflejara la creciente angustia que comenzaba a alojarse en su pecho.

-Déjamelo. Él y yo tenemos... mucho de qué hablar. –Fue la seca respuesta de Voldemort. Severus reprimió un suspiro de frustración mientras inclinaba la cabeza, obediente. El Lord hizo flotar el cuerpo de Harry con un movimiento de su mano mientras se dirigía hacia el mismo lugar donde Lucius casi muriera-. Alcánzame en los calabozos, creo que ya sabes el camino.

-Sí... mi Lord. –Severus observó con dolorosa impotencia cómo su pareja, inconsciente aún, desaparecía por la puerta que conducía hacia las mazmorras.

Sabiendo que a partir de ése momento la vida de Harry dependía de cada segundo ganado, se encaminó a toda prisa hacia los aposentos de Voldemort, el cuerpo de "Draco" flotando detrás de él a la misma velocidad que su angustiado corazón palpitaba.

Llegó a un pasillo donde un muro ocultaba la entrada secreta a las habitaciones del Lord y después de apretar una extraña piedra, el muro se abrió para cederle el paso. Atravesó la puerta de la enorme habitación y colocó el cuerpo del rubio sobre la cama.

-Enervate... –El muchacho abrió sus grises ojos y tras recordar dónde estaba se incorporó en su lugar en la cama.

-¿Dónde está Harry? –Fue la primera pregunta que brotó de sus labios cuando vio que Severus y él estaban solos-. ¿Y Voldemort?

-Se lo llevó a los calabozos. –Una sombra de gran preocupación asomó al rostro del rubio cuando Severus le entregó su varita-. Sé que no debí desarmarlo. Pero de no hacerlo a éstas horas ya lo hubiera descubierto.

-Tienes razón. –"Draco" escondió su varita entre sus túnicas y se puso de pie-. Debes ir por él antes de que lo mate.

-Lo sé, Albus. Lo sé. –Severus palpó la varita de Harry entre sus ropas y se acercó a la puerta-. Debes fingir que aún estás inconsciente. Me dijo que quería despertarte él mismo.

-No te preocupes, sé lo que debo hacer. –El director observó a su protegido salir de la habitación con rapidez. Escuchó sus fuertes pasos mientras se alejaba corriendo hacia donde Harry se encontraba y comenzó a recorrer la habitación con la mirada.

"Por aquí debe estar el sitio donde se concentra la magia de las protecciones..." Pensó mientras examinaba con su varita los objetos colocados sobre los muebles que se encontraban cerca de él. "Debe ser algún objeto. Tiene que ser lo bastante resistente para que soporte la energía mágica..."

Buscó debajo de la cama y revisó cada uno de los muebles de ésa habitación, sin encontrar nada. Suspiró de frustración al ver que al fondo había una puerta entreabierta, invitándolo a explorar el espacio oculto detrás de ella.

"No puedo moverme de aquí." Meditó con desilusión, su mirada gris fija en la puerta. "Si Voldemort aparece de pronto, descubrirá que estoy despierto. Y mientras más se tarde ése monstruo en volver, menos tiempo tendré para hacer mi trabajo. Eso sin contar con que Harry podría estar herido... ¡Maldición!"

Impaciente, comenzó a dar vueltas por todo el lugar, tratando de imaginar cuáles serían los hechizos más contundentes contra las que sabía, serían barreras demasiado difíciles de derribar.

"Tienen que ser parecidos a los hechizos que le di a Severus para derribar las defensas de Grimmauld Place, pero más poderosos..." Reflexionó al tiempo que abría un cajón semioculto en un mueble. Una caja de regular tamaño, de fina madera tallada con grabados de serpientes apareció ante él. "¿Qué es esto?"

Tomó la caja en sus manos y después de asegurarse que no tuviera una maldición encima la abrió. Frunció el ceño, extrañado al ver que dentro de ella había una gran cantidad de pequeños frascos conteniendo un líquido espeso y transparente. Pudo observar que eran muy parecidos a los que Severus utilizaba en su laboratorio.

-Parecen pociones. –Murmuró mientras contaba los frascos. Eran veinte en total-. ¿Serán las que bebe para recuperar fuerzas?

Por un instante estuvo tentado a tomar uno de los frascos, pero se abstuvo al pensar que Voldemort podría darse cuenta. Decidió dejar las pequeñas botellas en su sitio y cerró la caja para guardarla en el cajón secreto.

Acababa de hacerlo cuando escuchó pasos acercándose. Guardó su varita entre sus negras túnicas mientras corría hacia la cama para recostarse en ella. "Draco" alcanzó a cerrar sus grises ojos al mismo tiempo que la perilla de la puerta comenzaba a girar.

oooooooOooooooo

Harry volvió en sí poco a poco, parpadeando para tratar de vislumbrar algo entre la oscuridad que lo rodeaba. Sacudió la cabeza, aturdido, al no reconocer el sitio donde se encontraba. Sintió un frío repentino y trató de abrazarse a sí mismo para darse calor, pero no lo logró. Un par de argollas rodeando sus muñecas le impidió todo movimiento.

-Bienvenido al infierno, Harry Potter... –El muchacho se retorció de dolor, sintiendo el poderoso cruciatus hiriendo cada parte de su cuerpo-. Viéndote de ésa forma no pareces tan poderoso. ¿Acaso todo lo que se ha dicho sobre ti sólo es un mito?

-¿Quieres... probarlo? –Harry intentó zafarse de los grilletes que lo aprisionaban, en vano.

-¿Acaso estás retándome? –Un amago de sonrisa pareció dibujarse en lo que Harry supuso eran los labios de Voldemort-. Eres más tonto de lo que pensaba, Potter. ¿Acaso no has visto las condiciones en las que te encuentras?

Harry analizó la pregunta y se tomó su tiempo para mirarse a sí mismo y todo a su alrededor, sus verdes ojos adaptándose a la tenue luz de las antorchas. Pudo ver que no sólo estaba inmovilizado con los grilletes. Además, estaba sin ropa, sin Severus y sin su varita.

-Tienes una... fea costumbre de tratar a tus... invitados. –Murmuró mientras forcejeaba con sus ataduras. Otro agudo dolor atravesó su cuerpo y lo hizo cejar en su intento-. Cruciatus... ¿Eso es... todo lo que sabes hacer? ¿Eso es... todo lo que tienes?

-Por supuesto que no, mi querido Potter... –Voldemort levantó la varita y apuntó a su pecho. Murmuró algo entre dientes y Harry gritó de dolor al sentir como si un hierro candente lo traspasara-. Conozco muchas maneras de tratar a mis invitados.

Harry apretó los puños y los dientes con fuerza, tratando de resistir el terrible dolor que lo atravesaba. Voldemort se colocó a sus espaldas y pronunció algo que el muchacho no pudo entender. Una lágrima rebelde escapó de sus ojos al sentir un agudo resquemor cruzando su espalda de extremo a extremo y enseguida, el chasquido inconfundible de un látigo.

A ése primero siguieron otros más, que Harry no pudo contar porque su mente se concentró en tratar de alejar ése terrible dolor que lo atormentaba. Mordió sus labios hasta hacerlos sangrar, tratando de impedir que Voldemort pudiera escuchar ni un sólo quejido saliendo de su boca.

-Tonto... y necio. Muy necio. –Voldemort se paró frente al muchacho, quien permaneció con los ojos tan cerrados como su mente. Su enemigo lo tomó de la barbilla con rudeza, le quitó los lentes y los lanzó lejos. Harry alcanzó a escuchar el ruido que hicieron al quebrarse.

Lo obligó a abrir los ojos y los purpúreos de él se clavaron como puñales, intentando profanar sus pensamientos. Harry casi pudo sentir que algo crujía dentro de su cabeza, pero no cedió. Su esfuerzo rindió frutos. Voldemort lo soltó con un rudo movimiento haciendo girar su rostro de forma violenta.

-También eres muy resistente. El anciano te ha entrenado muy bien.

El joven exhaló un suspiro cuando sintió que su enemigo dejaba en paz su mente. El ser oscuro permaneció junto al muchacho, tratando de atemorizarlo con su sola presencia. Pero Harry no se dejó intimidar y lanzó una mirada retadora a la aberración parada frente a él.

-¿Alguien te... dijo antes que... eres lo más feo que... existe? –El joven Gryffindor pudo sentir el segundo de desconcierto que atravesó la mente del Lord oscuro. Tiempo que le llevó darse cuenta que los latigazos eran una caricia en comparación con el terrible dolor que sintió, cuando la punta de la varita del engendro se clavó a la altura de sus costillas.

Harry exhaló un quejido mudo que se quedó atorado en su garganta. Advirtió cómo la sangre brotaba de su cuerpo y se deslizaba con rapidez hacia abajo, recorriendo su pierna hasta llegar a su pie. Gritó como un poseso cuando notó que algo quemaba su lastimado cuerpo. Voldemort estaba cauterizando la herida en vivo para evitar que se desangrara.

Se arqueó de dolor, revolviéndose con frenesí entre las cadenas que lo apresaban, al sentir que en su cuerpo se abrían otras heridas nuevas para después ser cerradas de la misma manera.

-No eres tan fuerte como aparentas, ¿Cierto? –Voldemort tomó los negros cabellos y alzó su cabeza hundida sobre el pecho, levantándola a la altura de su púrpura mirada-. Todos los que han pasado por este maravilloso lugar han soportado mucho más de lo que tú. ¿Acaso estás llorando?

Harry apretó los labios para evitar que las lágrimas siguieran brotando. El ardor en su espalda era insoportable y comenzaba a desfallecer. Voldemort apretó su cuello con rabia y él sintió que el aire le faltaba. Abrió la boca por instinto para dejar pasar aire, en vano. La mano que lo aprisionaba era mucho más fuerte de lo que jamás se imaginó.

-Sólo necesito apretar un poco más...

Su visión borrosa distinguió apenas el deforme rostro de su peor enemigo y sus ojos comenzaron a cerrarse. Escuchó la maligna voz del ser tenebroso y con un gran esfuerzo logró esbozar una ligera sonrisa cuando detrás de él, la figura de Severus se dejó entrever en medio de la oscuridad que comenzaba a invadirlo.

oooooooOooooooo

El pasillo que conducía hacia las escaleras que bajaban a los calabozos, era para Severus el más largo que había conocido en toda su vida. Corría con toda la fuerza que le daban sus largas piernas, sabiendo que a cada paso que daba, era un momento más de vida para su joven pareja.

Sin detenerse una sola vez a descansar, bajó los eternos escalones como si tuviera alas. Su rostro oculto bajo la máscara palideció cuando a sus finos oídos llegó el sonido de los gritos ahogados de Harry, y la malvada risa de Voldemort conforme se acercaba por el oscuro pasillo que daba a la única celda de ése horrible lugar.

A su mente regresaron las escenas de la noche en que Lucius casi muriera en ésa misma mazmorra, y su corazón se encogió de profundo temor al imaginar a Harry en la misma situación. Casi sin aire, llegó al final del pasillo y dio vuelta a la pequeña esquina para encontrarse con una escena que le robó lo poco que le quedaba de aliento.

Harry yacía colgado del techo, sostenido por unos grilletes en sus lastimadas manos. Sus temblorosas piernas apenas soportaban su propio peso y sus costados y muslos presentaban huellas de haber sido heridos por un objeto punzante. Largos hilos de sangre partían de sus heridas y caían en pequeñas gotas al terminar en la punta de sus pies.

Severus pudo distinguir qué era aquello rojo que rodeaba las heridas, y por experiencia supo que Voldemort se las había cauterizado para detener la sangre y aumentar la tortura.

Apretó los puños con rabia y avanzó a grandes zancadas hacia donde Voldemort se encontraba. Éste apretaba el cuello de su pareja con una de sus toscas manos mientras los ojos del muchacho comenzaban a cerrarse. Su rostro estaba muy rojo por la sangre que ya no circulaba hacia el resto de su pálido y lastimado cuerpo.

-Sólo necesito apretar un poco más...

-Mi Lord... –Voldemort giró el rostro hacia la voz que lo llamaba, sin soltar el cuello del muchacho-. No creo que sea conveniente acabar con él ahora. Si lo matas de ésa manera no podrás obtener su magia.

Voldemort entendió lo que su servidor trataba de decirle y soltó el cuello de Harry. Severus sintió que el alma regresaba a su cuerpo cuando su pareja comenzó a toser, el aire regresando de golpe a sus pulmones. El Lord apretó la varita en su mano, dudando. Harry cerró los ojos cuando la punta rozó la cicatriz de su frente, y Severus afirmó su varita por debajo de sus negras túnicas.

-Con mucho gusto te mataría en éste mismo instante. Pero no quiero arriesgarme a que me ocurra lo mismo de la última vez. –Apretó la punta de la varita contra la cicatriz. Harry gimió al sentir el ardor ya conocido quemando su suave rostro.

-Mi señor... hay algo... que quisiera pedirte. –La grave voz de Severus hizo que el Lord desviara su mirada bermellón hacia él-. Por supuesto... si en tu voluntad está el concedérmelo...

El ser oscuro retiró la varita de la frente de Harry, y Severus siguió manteniendo firme la mano con la que sostenía la de él. Inclinó la cabeza en señal de sumisión mientras continuaba.

-Potter... –Murmuró su apellido con todo el desprecio que fue capaz, su corazón encogido al ver el rostro adolorido de su amado niño-. Él ha sido una tortura para mí durante todos estos años en Hogwarts. Humillación tras humillación, he sido objeto fijo de sus groserías y altanerías...

El profesor calló, con la certeza de que el Dark Lord había entendido su petición. Levantó la mirada y Harry se estremeció al ver un odio profundo refulgiendo en los negros ojos que minutos antes lo miraran con tanto amor. Cerró los ojos para rechazar todo pensamiento negativo, y recordando que se encontraba frente a su peor enemigo, trató de cerrar su mente como el mismo Severus se lo había enseñado.

Voldemort no respondió. En vez de eso, se acercó al cuerpo colgante del muchacho y lo rodeó con lentitud, movimiento que a Severus le recordó a una serpiente enroscándose alrededor de su presa.

-Nada me gustaría más que humillar en persona al "Niño de oro" de Dumbledore... y de paso tomar lo que me pertenece ahora mismo. –Severus supo que Voldemort se refería a Draco-. Pero por desgracia no puedo hacerlo. Aún...

Una duda cruzó por la aturdida mente de Harry al escucharlo. Pero prefirió dejarlo para otra ocasión, si es que se presentaba. El Lord se encontraba de espaldas a él y aprovechó para dirigir su mirada a Severus, rogando porque su pareja entendiera que él le estaba pidiendo su varita. Severus adivinó las intenciones del muchacho y negó con un leve movimiento de su cabeza. Harry desistió de su idea, en sus verdes ojos mil preguntas que esperaba que su pareja le respondiera.

Voldemort rodeó de nuevo la esbelta figura del muchacho y enfocó sus ojos carmesíes en el rostro oculto de Severus. Era hora de ponerle la última prueba, de la que había hablado con Nagini y que terminaría por lograr su total confianza en él. Levantó ambas manos y las posó sobre las caderas del joven Gryffindor, quien apretó los dientes con asco al sentir el cuerpo de Voldemort frotándose con lascivia contra el suyo. Severus tuvo que contenerse para no lanzarse contra su repulsivo cuello.

-Veo que la juventud te ha sentado muy bien, Potter. –Rozó con su áspera mano el rostro alabastrino del Niño que vivió. Harry lo miró con profundo odio y Severus apretó los dientes, la rabia ardiendo en sus venas al ver cómo ése monstruo tocaba el rostro tan amado por él-. Tu piel es muy suave y apetecible... has hecho un buen trabajo, Severus, y mereces una recompensa.

La esperanza renació en el corazón de Severus cuando el Dark Lord se dirigió a él.

-Te cedo el derecho de divertirte con el muchacho. Te lo has ganado. –Voldemort guardó su varita y se encaminó hacia la salida. Severus lo acompañó mientras subía las interminables escaleras-. Te doy carta abierta para que hagas con él lo que quieras. Pero déjalo vivo. Quiero matarlo yo mismo.

-Te estoy agradecido... mi Lord.

Voldemort detuvo sus pasos en la puerta para volverse a él.

-¿Dejaste a Draco en mis aposentos, como te lo pedí?

-Lo dejé sobre tu cama, aún está inconsciente.

-Muy bien. Ya quiero ver la cara de mi dulce niño cuando lo despierte. –El Dark Lord reanudó sus pasos-. Cuando termines con Potter llévalo a la habitación de huéspedes en éste mismo piso y mantenlo ahí. Dentro de unas horas enviaré por él y quiero que esté listo para la diversión que ofreceré "en su honor".

Severus no respondió ante el tono mordaz en la voz del Lord. Permaneció parado en la puerta hasta que el ser oscuro desapareció de su vista. Se aseguró que no enviara a nadie para ser espiado y corrió escaleras abajo para regresar por su pareja.

Harry se sacudió entre sus cadenas cuando escuchó los pasos de alguien acercándose, y se tranquilizó al descubrir de quién se trataba. Severus se apresuró a liberarlo de sus ataduras y el muchacho emitió un quejido ahogado cuando el hombre lo abrazó, intentando sostenerlo.

Severus escuchó su suave gemido de dolor, y enseguida, la cálida sangre de Harry resbalando entre sus manos. No tuvo que examinarlo para saber lo que ése monstruo le había hecho en la espalda.

-Maldito demente... –Murmuró mientras recuperaba la ropa de Harry, tirada en un rincón. La hechizó para hacerla flotar detrás de él y tomó la capa del muchacho para cubrirlo con ella tratando de no rozar sus heridas, aún frescas.

Los brazos protectores del hombre levantaron el cuerpo herido de su joven pareja, deseando sacarlo lo más pronto posible de ése terrible infierno. Al sentirse a salvo entre sus brazos, el muchacho se sujetó a su fuerte cuello y se estremeció. Y el corazón de Severus también se estremeció cuando sintió a Harry llorar en silencio.

oooooooOooooooo

"Draco" no movió ni una pestaña cuando la puerta se abrió. Trató de relajar su cuerpo ante la poderosa presencia que se acercaba a él. Voldemort se quedó parado a un lado de la cama, y el rubio casi pudo sentir de forma física la intensa observación de la que estaba siendo objeto.

-Enervate...

"Draco" abrió sus grises ojos poco a poco, fingiendo adaptarlos a la tenue luz que iluminaba el lugar donde se encontraba. El rostro de Lord Voldemort a unos centímetros del suyo fue lo primero que vio cuando logró enfocar su mirada. Se enderezó de inmediato, el terror dibujado en sus bellas facciones. Voldemort sonrió de forma maligna al ver la primera reacción del muchacho ante su presencia.

-¿Contento de verme? –El Dark Lord se enderezó de su posición y se sentó en la orilla de la cama-. ¿Creíste que con el sacrificio de tus padres lograrías librarte de mí?

-¿Dónde está Potter? –Voldemort exhaló lo que pareció ser un suspiro al escuchar la soberbia voz del muchacho.

-Tan parecido a tu padre... -El rubio permaneció en silencio, esperando su respuesta-. Potter está en muy buena compañía. Severus se está encargando de que su estadía aquí sea... placentera.

El rubio sintió un gran alivio al escucharlo. Eso significaba que Harry se encontraba a salvo. La inescrutable mirada del Lord se clavó en sus grises ojos y supo que no tardaría en incursionar en su "mente frágil". Se concentró en los recuerdos más importantes sobre la vida de Draco Malfoy, mientras lo sentía abrirse paso en ella y cerró los ojos, obsequiándole al ser oscuro todo lo que él quería que viera.

-Parece que tu infancia no fue muy feliz al lado de Lucius y Narcisa. –Voldemort pudo vislumbrar una sombra de tristeza en el joven rostro, y lo tomó entre sus ásperas manos, haciéndole sentir una repentina náusea que soportó con entereza-. Cuando acabe con Harry Potter, me encargaré de recompensarte todas tus horas de amarga soledad... con creces.

"Draco" apretó los labios con fuerza cuando fueron profanados por los labios secos de Voldemort, en lo que pareció ser un beso. El Dark Lord no se dio por vencido hasta hacerlo abrir la boca por completo para deslizar su lengua, que el joven pudo reconocer igual de áspera que todo el resto de lo que alcanzaba a ver de piel.

Soportó con estoicismo la ruda caricia hasta que terminó, dejando a un Lord satisfecho por el momento.

-Trata de descansar, pequeño. Porque dentro de unas horas volveré para hacerte mío. No pienso esperar hasta el mes que viene. –Se puso de pie y se dirigió a la puerta-. Después de eso nuestra unión se efectuará en la fecha que he fijado, y entonces nadie nos separará. Y procura no salir de mis aposentos, si no quieres tener algún encuentro desagradable con mi mascota.

"Draco" observó la figura de Voldemort desparecer tras la puerta. Escuchó sus pasos alejándose hasta que el lugar quedó en completo silencio. Se levantó de la cama con agilidad y se asomó por el ventanal. El cementerio se distinguía a unos cuantos metros como un recordatorio de las atrocidades del Dark Lord a las víctimas que ahora descansaban en él. Se preguntó si Voldemort habría elegido ésa habitación para rememorar cada noche y vanagloriarse en su misma crueldad.

Dejó sus reflexiones a un lado al recordar porqué estaba ahí. Extrajo su varita de entre sus finas ropas y mencionó en voz baja un hechizo para insonorizar la habitación y otro para que le avisara cuando alguien se acercara. Se aproximó a la puerta entreabierta y sin pensarlo más se adentró en la habitación adyacente, que resultó ser una gran sala decorada al estilo Slytherin.

Varita en alto, comenzó a pronunciar diversos hechizos que poco a poco lo conducirían al lugar donde el poder de las barreras se concentraba. No tardó mucho tiempo en encontrarlo.

"Era de imaginarse..." Pensó el rubio mientras una sonrisa se dibujaba en su terso rostro. Frente a él se encontraba una figura en tamaño reducido de Nagini, hecha de oro y jade y en cuyos ojos resaltaban dos grandes rubíes. "Resulta que Voldemort no es tan impredecible como se suponía..."

Respiró con fuerza mientras levantaba la varita y apuntaba hacia la estatua, hechizos complicados emergiendo de sus suaves labios. Cualquiera que en ése momento entrara a la habitación, se daría cuenta que aquél joven concentrado en hechizos tan complejos -y desconocidos para la mayoría-, no era Draco Malfoy. Al menos no el verdadero.

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Severus suspiró con alivio cuando por fin la espalda de Harry dejó de sangrar. El muchacho se encontraba recostado de lado sobre una enorme cama, en la habitación de huéspedes donde Severus lo llevara. Desde su llegada, el hombre se había dedicado a limpiar las heridas en el cuerpo de su pareja. Harry no había pronunciado palabra alguna y Severus no se atrevía a interrumpir el silencio que los envolvía.

Cambió el paño empapado con sangre por uno limpio, que humedeció con el líquido de una poción que extrajo de su cinturón. Harry cerró los ojos con fuerza al sentir un fuerte ardor en la espalda, y Severus se apresuró a terminar de limpiar cada una de sus heridas. Sintió a su joven pareja relajarse, y supuso que la poción estaba comenzando a surtir efecto.

Se dispuso a revisar las heridas de su torso y de sus muslos. Ya no sangraban porque Voldemort se había encargado que así fuera, pero la roja carne alrededor se apreciaba aún viva y muy dolorosa. Severus no pudo evitar un gesto de profunda ira al imaginarse el dolor tan grande que debió haber sentido su pareja durante ése breve pero cruel momento de tortura.

Harry sintió de lleno la ira que inundaba el corazón de Severus, y tomó una de sus manos para distraer su atención de las heridas y hacer que lo mirara a él.

-Estoy bien. –Le susurró mientras una suave sonrisa se dibujaba en su terso rostro-. Ya casi no me duele.

-Quisiera... matarlo. –Severus apretujó con fuerza el paño que sostenía, haciendo que unas gotas de la poción resbalaran por sus nudillos hasta humedecer la sábana-. Si pudiera... yo mismo lo mataría con mis propias manos.

-No me cabe duda de que lo harías. –Harry acarició su rígida mano y Severus la aflojó para dejar paso a los dedos que se entrelazaron con los de él-. Y yo no haría nada para evitarlo, si no fuera porque el sólo intentarlo podría costarte la vida.

-No debí dejarte solo con ése monstruo. –Severus humedeció otro paño para colocarlo sobre las heridas de su torso-. Desde que supe que te llevaría al calabozo... debí hacer algo para evitarlo.

-Todos sabíamos el riesgo que corríamos... al llevar este plan a cabo... ah... –Severus redujo la presión que ejercía sobre sus lesiones al aplicarle la poción-. Al menos no me destrozó el cuerpo con tantos cruciatus. Eso hubiera sido peor.

-Tú no sabes, Harry. –Severus sacudió la cabeza, tratando de alejar de su mente cada una de las torturas infringidas por el Lord, en las que él mismo había sido alguna vez partícipe y testigo-. El cruciatus es la maldición más leve que él utiliza. –Harry se estremeció al escucharlo-. Conoce maldiciones mucho más terribles. Algunas pueden marcarte de por vida. Algunas otras matarte de forma lenta y dolorosa... y muchas no tienen contra hechizo.

-Se podría decir que tuve mucha suerte.

-Más bien... él no tuvo tiempo.

El silencio volvió a adueñarse de la habitación después de las palabras de Severus. Harry cerró sus verdes ojos mientras dejaba que Severus terminara de curar su torso y sus muslos. Lo sintió levantarse de la cama para regresar momentos después con un paño mojado con agua tibia.

Limpió la sangre ya seca que había escurrido por sus piernas hasta sus pies. Cuando terminó le ayudó a ponerse la ropa interior y colocó una almohada detrás de sus glúteos para que pudiera permanecer de lado sin mucho esfuerzo. Se cercioró que la puerta estuviera bien asegurada y se recostó en la cama, junto a él.

-¿Por qué lo hace? –Preguntó Harry después de varios minutos en completo silencio-. Es decir... ¿Qué obtiene a favor lastimando a las personas?

-No te esfuerces en encontrar una razón para lo que hace, Harry. –Severus se acomodó de lado para quedar frente a él. Harry cerró sus verdes ojos cuando sintió los largos dedos de su pareja delineando sus suaves rasgos-. Hay quienes lo hacen porque les proporciona placer provocar el dolor en los demás. Otros porque aumenta su sensación de poder sobre aquellos a los que lastiman. Él no lo hacer por placer, porque no puede. Ni por poder porque sabe que ya lo tiene. Él lo hace porque sí. Porque es un demente.

-¿Qué vamos a hacer ahora? –Harry tomó la mano de su pareja y la dirigió a sus labios para obsequiarle un beso-. No podemos estar metidos aquí hasta que el profesor Dumbledore rompa las barreras. ¿Cómo evadiremos a Voldemort mientras tanto?

-Tenemos unas cuantas horas para nosotros. Hasta que Voldemort calcule que me he cansado de torturarte y... ya sabes. –El muchacho asintió-. Confío en que Albus logre su objetivo antes de ese tiempo.

-¿Y si no es así?

-Entonces... tendremos que idear algo. –Fijó su mirada en la puerta-. Podríamos hacerle creer que me golpeaste y lograste escapar. Pero para serte honesto dudo mucho que lo crea.

-Y podría matarte por haberme dejado escapar. –El muchacho negó con la cabeza-. Olvídalo. No es factible.

-Tienes razón.

Harry tembló con ligereza y Severus acrecentó el fuego de la chimenea. A pesar de ser pleno verano, ése lugar se sentía tan frío como las mazmorras de Hogwarts. Supuso que la habitación se encontraba cerca de los calabozos. Recordando ése lugar y las palabras de su enemigo decidió aclarar algunas dudas.

-Severus... ¿Qué quiso decir Voldemort cuando mencionó que no puede tomar a Draco aún? ¿Tiene algo que ver con que necesita mi poder?

-Ésa es sólo una parte de la razón. –Respondió Severus mientras lo abrazaba tratando de no rozar sus heridas-. La otra razón es la poción que bebe cada determinado tiempo.

-¿Qué clase de poción es?

-Una que está elaborada con base en el veneno de Nagini. La utiliza para recuperar fuerzas perdidas. Pero tiene un inconveniente: Le provoca impotencia.

-¿Quieres decir que ahora está débil? –El hombre asintió-. Si es así, ¿Por qué no me dejaste matarle cuando tuve la oportunidad?

-¿Cuál oportunidad, Harry? –Severus movió la cabeza de un lado a otro-. Estabas maniatado por los grilletes y aunque no hubiera sido así, ¿Crees que porque Voldemort no se toma la poción deja de ser poderoso?

-¿No crees que será más difícil enfrentarlo cuando la haya bebido? –Harry comenzaba a enfadarse-. ¿No fuiste tú quien me dijo que yo era lo bastante poderoso para vencerlo? ¿Qué confiabas en mí?

-Por supuesto que confío en ti, Harry. Eso jamás lo dudes. ¿Recuerdas que también te dije que debías ser cuidadoso? –El muchacho asintió. Severus se enderezó sobre uno de sus codos hasta que su rostro quedó sobre el de su pareja-. ¿Crees que Voldemort es tan tonto para dar la espalda a alguien sin tomar las debidas precauciones?

-¿Qué quieres decir?

-Él está protegido con el mismo escudo que protege a su mascota. Y es ni más ni menos que el mismo escudo que protege toda la mansión. –Un destello de comprensión brilló en los ojos verdes-. De haberle lanzado algún hechizo, éste hubiera rebotado contra su cuerpo como si fuera de hule. Él hubiera descubierto la mentira en el momento y entonces tú y yo no estaríamos hablando ahora.

-Yo... no lo imaginé. –Harry bajó la cabeza, avergonzado por haber sido tan ingenuo-. Creo que aún me falta mucho por aprender.

Severus se acercó más a él y besó sus labios, tratando de confortarlo.

-Muchos lo intentaron antes que tú, y lo pagaron muy caro. –Besó su hombro haciendo que Harry cerrara los ojos, al tiempo que se recordaba a él mismo a punto de hacerlo la noche en que Voldemort torturó a Lucius. De no habérselo impedido el mismo Lucius, él no lo estuviera contando.

-Entonces no nos queda más que esperar a que el profesor Dumbledore derribe las barreras. –Harry se estremeció al sentir que su pareja mordisqueaba el lóbulo de su oreja-. Eso me dará ventaja sobre Voldemort.

-No, Harry. –Lo corrigió el profesor-. Quedarás en igualdad de condiciones que él.

-Tienes razón. –Suspiró-. Serán horas muy largas. Sólo espero que a Voldemort no se le ocurra venir a ver qué estamos haciendo. A propósito, ¿No se supone que deberías estar violándome?

-Sabes que nunca te haría algo como eso, Harry. Tendrá que conformarse con creerlo. –Severus besó el cuello de su pareja, marcado por los fuertes dedos de Voldemort. Lo acarició con sutileza, tratando de borrar las oscuras huellas en él-. La poción que bebe tarda algunas horas en hacer efecto y le induce al sueño. Si acaba de beberla entonces no se aparecerá por aquí.

-Eso espero... –Harry acercó su rostro y lo besó, apretándose contra el cuerpo del mayor. Severus rodeó su cintura con su brazo y aumentó la cercanía, rozándolo y haciendo que el muchacho suspirara en medio del beso. Se separó de él un instante para encontrarse con sus negros ojos-. Porque quiero que me hagas el amor.

-Pero... estás herido. –Severus dudó-. Podría lastimarte más.

-No me harás daño. –Harry deslizó una mano por debajo de las negras ropas del hombre frente a él hasta encontrar su cálida piel, que acarició con deleite. Severus suspiró ante el contacto-. Te necesito...

Ésas fueron las palabras mágicas que hicieron que Severus comenzara a despojarse de sus ropas. Harry rió con ligereza ante la evidente prisa de su pareja. Cerró los ojos y suspiró cuando Severus volvió a besarlo, acariciándolo con cuidado mientras cubría con el suyo el tibio cuerpo del muchacho.

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Nagini entró arrastrando su largo y pesado cuerpo por el enorme salón, su lengua bífida olfateando todo a su alrededor por la fuerza de la costumbre. Voldemort terminó de beber su poción, observando a su servidora más fiel mientras se acercaba con lentitud hacia donde ya la esperaba, recostado en un largo y cómodo sillón.

-Y bien, Nagini... ¿Qué noticias me traes de Severus?

-No ha perdido el tiempo, mi señor. –Nagini se enroscó a los pies de su amo mientras continuaba-. He podido percibir todo su odio a través de la sangre del muchacho. También he detectado el aroma del sexo.

-Parece que Severus ha vuelto a ser el mismo de antes. Más le vale que lo deje vivo. –Voldemort se recargó en el respaldo de su sillón y jugueteó con un recipiente de cristal que tenía en su mano-. El efecto de la poción tardará sólo unas horas en manifestarse, y yo mismo quiero encargarme de acabar con el "niño de oro" de Dumbledore.

-¿Desea mi amo que regrese a vigilarlo?

-No, Nagini... ¡Ah! –Voldemort se estremeció mientras la poción actuaba, regresando poco a poco las fuerzas a su cuerpo en medio de terribles dolores de los que sólo su mascota podía ser testigo-. Quiero... que estés a mi lado. Apenas me sienta mejor y con el poder suficiente convocaré... a mis mortífagos, deseo que todos estén presentes cuando acabe con Harry Potter.

Voldemort cerró los ojos y se acomodó en el sillón. Nagini lo observó durante un largo momento hasta que pudo percibir que se había quedado dormido.

"Mi señor está muy débil..." La enorme serpiente se deslizó con sigilo por el respaldo y se enroscó detrás de su amo, siempre en guardia, mientras continuaba con sus pensamientos. "Pero aún así, su poder no tiene comparación."

A pesar de su debilidad -que no dejaba de preocuparle-, su amo contaba con una gran ventaja sobre el "niño que vivió", y era el hecho de que Potter ahora estaba solo y desarmado.

"El amo tiene a sus servidores, y me tiene a mí. Sin Dumbledore y sin su varita, ése niño no tendrá oportunidad alguna contra él." Pensó mientras lo observaba dormir. Recargó su gran cabeza sobre el hombro de quien había sido su dueño durante toda su vida.

"Pero si no llegara a ser así, yo estaré ahí para ti, amo... hasta el fin." Se dijo antes de cerrar sus cárdenos ojos y dejar que el sueño la venciera también.

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Arthur Weasley observó su reloj con preocupación. Tres horas habían transcurrido ya desde que Severus partiera con los muchachos, y no había manera de saber qué ocurría adentro. El anillo que Albus le entregara no emitía brillo alguno, señal de que las barreras de protección aún no habían sido derribadas.

-¿Hay algo? –Arthur dejó de observar el anillo para volverse a su esposa. Respondió a su pregunta negando con la cabeza mientras recorría el lugar con la mirada. El grupo de Aurores que Remus encabezaba estaba haciendo muy bien su trabajo. Los Dementores continuaban dando vueltas, desesperados al no poder lanzarse contra las presencias que con tanta claridad percibían. Cada vez que se acercaban eran rechazados por los Patronus de los magos.

-Sólo le quedan cuatro horas a Albus para seguir manteniendo la identidad de Draco. –Señaló el Auror a su esposa-. Si no logra romper las barreras antes de ése tiempo, correrá el riesgo de ser descubierto y entonces no podremos hacer nada para ayudarle.

-Estoy segura que lo logrará, querido. –Molly acarició el brazo de su esposo, infundiéndole ánimos-. Si hay alguien que siempre logra lo que se propone, ése es Albus Dumbledore.

Arthur sonrió con ligereza dando razón a las palabras de su esposa. Vio que Minerva, Lucius y Sirius cedían su lugar a otros tres Aurores para tomarse un momento de descanso. Los observó mientras se acercaban a él, la pregunta muda en cada una de sus miradas. Éste volvió a negar con la cabeza, obteniendo a cambio un suspiro de impaciencia por parte de la animaga.

-He estado pensando que no tenemos un plan B para el caso en que esto no funcione. –Expresó Minerva, la aprehensión reflejada en su semblante-. No nos pusimos de acuerdo con Albus sobre qué procedería si las barreras no fueran rotas antes de siete horas. –Se retorció las manos, nerviosa-. Estoy comenzando a creer que todo esto ha sido un error.

-Yo siempre he sabido que esto es un error. –Sirius comenzó a pasearse de un lado a otro, sus largos cabellos meciéndose con la fuerza del viento a su paso-. No puedo creer que haya aceptado participar en ésta locura. Hubiera sido mejor hacer volver a Harry a Grimmauld Place.

-No es momento para quejas, Sirius. –Replicó el Auror-. Sé que mientras Harry y Severus estén juntos el muchacho estará seguro. Por otro lado Albus es uno de los mejores magos que han existido. Tengo fe en que no tardará en romper las barreras.

-¿Y si no fuera así? –Insistió el animago-. No quiero verme pesimista, pero mi fe por el anciano ha mermado mucho en los últimos días. Coincido con Minerva en ir planeando alguna solución alternativa.

-Ya no hay tiempo para pensar en eso ahora. –Intervino Lucius, que hasta ése instante sólo se había concretado a escucharlos. El matrimonio y los dos animagos pudieron ver que su rostro se contraía de dolor mientras se frotaba el antebrazo-. El Lord está convocando a todos sus servidores.

Todos pudieron constatar lo dicho por el ex mortífago cuando la Marca Tenebrosa se dejó ver como una enorme sombra verde, contrastante con la oscuridad del cielo nocturno.

-Genial. –Farfulló el animago-. Ahora Harry ya no estará solo con tres dementes. Ahora serán muchos más.

-Eso era lo que esperábamos desde un principio. Sabíamos que El Que No Debe Ser Nombrado los llamaría. –Arthur se dirigió al rubio-. ¿Crees que podrás aguantar hasta que logremos entrar a la Mansión? –Lucius asintió a la pregunta del Auror. Éste se volvió hacia Minerva-. Será mejor que vayas preparando a tu grupo. Confío en que Albus no tardará en derribar las barreras.

-¿Cuánto tiempo deberé esperar después de que tu grupo entre? –Preguntó la profesora.

-No tomaremos el tiempo. –Respondió Arthur-. Enviaré a un Auror por ustedes cuando sea el momento. Como los muchachos no saben aparecerse, el grupo de Remus los custodiará hasta las puertas de la Mansión. De esa forma los Dementores no podrán atacarlos.

Minerva y Lucius asintieron a sus palabras. Arthur se dirigió entonces a su esposa.

-Dividiremos nuestro grupo en dos, la mitad entraremos primero y abriremos espacio para que ustedes entren detrás. Yo protegeré las salidas para evitar que los que estén adentro puedan escapar. Tu grupo se internará en la Mansión y se encargará de los que traten de ocultarse dentro de ella. Designa a algunos Aurores para que busquen a Albus y compañía. –Su esposa asintió a sus palabras. Arthur volteó a ver a Remus, quien se encontraba enfrascado en ahuyentar a un grupo de Dementores con su Patronus-. Ellos tendrán que quedarse custodiando las entradas de la Mansión.

-Pero, Arthur... –Minerva no se mostró muy conforme con ésa decisión-. Ellos llevan mucho tiempo invocando sus Patronus. Terminarán agotados y el riesgo será mayor.

-Sin las barreras de protección los Dementores también podrán entrar a la Mansión y entonces sería peor. –Advirtió el Auror-. Me pondré de acuerdo con Remus y le enviaré a los Aurores que sean necesarios.

-De acuerdo. –Aceptó la animaga, no muy convencida-. Sólo espero que logren resistir el tiempo suficiente.

Sirius, quien desde que Arthur mencionara a Remus no había despegado su mirada de él, vio cuando el licántropo cedía su lugar a un Auror y se resguardaba en medio del grupo para descansar. Siguió observándolo durante un momento más y tras unos segundos de duda, el animago respiró con fuerza y se aproximó a paso lento hacia donde Remus se encontraba.

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Severus y Harry permanecían aún en la habitación de huéspedes. El muchacho se vestía con cuidado, pues a pesar de las curaciones que le hiciera su pareja, las heridas aún dolían. Terminó de colocarse la túnica sobre su espalda, mientras el hombre lo observaba con atención desde su posición junto al ventanal, su camisa entreabierta dejando a la vista del muchacho parte de su firme pecho.

Harry conservaba un ligero rubor en sus mejillas y sus negros cabellos alborotados caían sobre su frente cada vez que movía la cabeza hacia determinado ángulo. El muchacho levantó la mirada y el hombre suspiró despacio perdiéndose en sus verdes esmeraldas, mucho más bellas por no llevar puestas las gafas.

-¿Estás seguro que ves bien sin tus anteojos? –Preguntó el profesor, preocupado-. Puedo regresar al calabozo a buscarlos.

-No es necesario. En realidad no estoy tan ciego como crees. Veo un poco borroso, pero puedo caminar sin dar con mi nariz contra la pared. –Harry se acercó a su pareja y le ayudó a terminar de abotonarse la negra túnica. Severus besó su mejilla sonrosada y Harry suspiró abrazándose al cuerpo de quien fuera su profesor, sintiendo el medallón descansando sobre su pecho-. ¿Cómo podremos saber cuando las barreras sean derribadas?

-Habrá una alteración en la magia del lugar. –Severus entreabrió la cortina y se asomó por el ventanal. Afuera la calma reinaba y sólo se escuchaba el sonido de los animales nocturnos en las áreas cercanas al Bosque. De vez en cuando se dejaba entrever la silueta de algún mortífago montando guardia, sin imaginar que unos cuantos metros más adentro, un ejército de Aurores esperaba el momento para atacar-. Mientras más daño logre hacer Albus a las barreras, más notoria será la alteración.

Unos pasos acercándose a la habitación hicieron que la pareja se separara de inmediato. Severus hizo una señal a Harry y el muchacho corrió hacia el rincón más alejado, donde se sentó abrazando sus rodillas mientras se protegía parte del rostro con la túnica. Severus se puso la máscara y extrajo su varita para deshacer el hechizo silenciador, justo en el momento en que la perilla giraba. Liberó el seguro de la puerta con otro hechizo y la puerta se abrió.

-El Lord ha ofrecido una fiesta y quiere que llevemos ante él a su invitado de honor. –El hombre vestido de negro se acercó a Severus, su rostro cubierto por la máscara blanca. Observó toda la habitación para después posar su mirada sobre Harry-. Parece que no serás el único que la pasará bien ésta noche.

Caminó hacia donde el muchacho se encontraba y se quedó parado frente a él. Severus sostuvo su varita con firmeza, listo para utilizarla si al hombre se le ocurría poner una mano sobre su pareja. Frunció el ceño, molesto, cuando otro mortífago a quien tampoco pudo reconocer, entró detrás del primero y se quedó parado junto a la puerta, observando a Harry con marcada insistencia.

-¿Por qué no vas tú primero? –Le susurró mientras se acercaba. Severus pudo notar un tono de lujuria en su voz-. Nosotros iremos detrás de ti... con nuestro invitado.

-Me temo que eso no será posible. –Respondió Severus con los dientes apretados-. Al Lord no le gusta que lo hagan esperar.

-No tardaremos mucho. –El otro mortífago se inclinó sobre el cuerpo del joven, quien se encogió en su lugar. Tomó con una mano la barbilla del muchacho y con la otra separó sus rodillas. El otro mortífago permaneció parado junto a Severus, observando la escena frente a ellos-. ¿Verdad que vas a portarte bien?

Harry permaneció con los brazos cruzados y entrecerró sus verdes ojos ante la amenaza. Desvió su rostro de la mano que lo apresaba y el hombre, molesto por la actitud rebelde del muchacho le lanzó una bofetada.

Eso fue lo último que hizo. El hombre recibió una maldición que lo hizo caer al suelo, muerto. El otro mortífago, sorprendido ante lo ocurrido, levantó su varita hacia Severus, quien continuaba apuntando hacia el cuerpo inerte a un lado de Harry.

-¿Qué es lo que has hecho? –Severus sintió la punta de la varita en su cuello y separó los brazos en señal de rendición-. Cuando el Lord lo sepa...

-No creo que eso ocurra... –El mortífago desvió su vista de Severus para volverse hacia el lugar de donde provenía la voz. Abrió los ojos en gran sorpresa al ver a Harry de pie amenazándolo con su varita.

-¿Qué está sucediendo? –Murmuró mientras cometía el error de desviar su mano del cuello de Severus para apuntar hacia el muchacho.

Pero su pregunta nunca fue respondida. Escuchó la voz de Severus, grave y lejana, antes de caer sin vida a un lado de su compañero.

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Remus bajó su varita y dejó que un Auror tomara su lugar mientras se dirigía hacia el centro del grupo para descansar. Por fortuna, no había sido necesario utilizar la magia de todos sus hombres, ya que un sólo Patronus lograba ahuyentar a la mayor parte de los Dementores, si lograba ser lo bastante poderoso.

Aún así, le preocupaba el hecho de que, mientras más intensos fueran los Patronus invocados, mayor era la magia requerida para seguir convocándolos, y mayores los riesgos de agotamiento. Suspiró. Sólo esperaba que su gente lograra resistir el tiempo suficiente hasta que las barreras fueran rotas por Albus.

-Remus... –El licántropo sintió que su corazón se detenía. Había creído escuchar la voz de Sirius detrás de él-. ¿Podemos hablar un momento?

Respiró con fuerza al descubrir que no se había equivocado. Dio la media vuelta con lentitud y sus ojos dorados se encontraron con los azules del animago.

-Sirius... hola... –Se sintió avergonzado al notar cómo sus mejillas comenzaban a arder, señal clara de que estaba ruborizado. Era la primera vez que lo veía después de su confesión amorosa, y no supo dónde esconder su rostro-. ¿Cómo estás?

Sirius sólo se encogió de hombros, dándole a entender que se encontraba bien, dentro de lo que cabía.

Remus no dijo nada más. Permaneció de pie frente al hombre, esperando alguna palabra de su parte. Después de todo, era él quien lo había ido a buscar. Eso, y el que no se le ocurría nada para entablar una conversación con quien él pensaba, ya no lo consideraba su mejor amigo.

-Te tocó un trabajo bastante agotador... –Señaló el animago mientras miraba a su alrededor la huída de los Dementores ante los Patronus de los Aurores-. Son muy buenos. Elegiste a los mejores.

Remus sólo asintió en silencio. Su mirada dorada vagó por todo el lugar, la dirigió al cielo para después regresarla hacia Sirius. Volvió a suspirar.

-Quiero... agradecerte por haberme ayudado la otra vez. –Sirius levantó ambas manos, restándole importancia a sus palabras de agradecimiento-. Salvaste mi vida.

-No fue nada. Hice lo que debía. –Se arrepintió de lo dicho cuando notó la mirada de Remus ensombrecerse-. Quiero decir... eres mi mejor amigo y no podía... dejarte ahí.

-Entiendo... –Remus sintió alegría al escucharlo. Al menos Sirius seguía considerándolo su mejor amigo-. Pensé que tú no vendrías ésta noche.

-Estoy aquí por Harry. –Fue la respuesta del animago-. Él... huyó de Grimmauld Place. Me dejó una carta pidiéndome su apoyo y... sólo por eso estoy aquí.

-¿Sigues molesto con él? –Sirius suspiró como respuesta. Remus supo entonces que las cosas no se habían arreglado aún-. Me imagino que sigues oponiéndote a su relación con Severus.

-No hay tal relación, Remus. –El licántropo sólo movió la cabeza de un lado a otro ante la necedad de su amigo-. Él sólo lo utilizó. Lo enamoró para poder convencerlo de que participara en ésta locura.

-¿De dónde sacas semejante idea? –Remus se sintió molesto al ver que el animago le restaba mérito a la inteligencia de Harry-. Harry no es un bebé, sabe muy bien lo que hace, y lo que siente. Más que lo que nosotros podemos imaginar.

-Se aprovechó de su inocencia y de su amor para llevarlo ante El Que No Debe Ser Nombrado. –Insistió Sirius, sus azules ojos entrecerrados al recordar el pergamino que descubriera en la habitación del muchacho-. Estoy seguro que él fue quien le dio los hechizos para que pudiera salir de la Mansión.

Remus ya no quiso seguir insistiendo. Sabía que Sirius era una cabeza dura y que no iba a poder hacer nada para convencerlo. Confiaba en que él mismo lo descubriría por su propia cuenta. Por otro lado, aunque Sirius le había insinuado que seguía siendo su amigo, no sabía qué pensaba con respecto a lo que sentía por él.

-Sirius... sobre lo que pasó la última noche... yo... –Cerró los ojos, deseando que Sirius no reaccionara de forma negativa ante el recuerdo de su beso-. Lo siento. Y espero que ése episodio quede atrás y podamos seguir siendo amigos.

-Yo ya lo dejé atrás, Remus. –Sirius se acercó a él y colocó una mano sobre su hombro-. Me di cuenta que eres mi único amigo y que... no podría jamás renunciar a tu amistad. Eres como un hermano para mí y nunca dejaré de verte de ésa manera.

-Ya veo... –Remus no pudo evitar entristecerse ante las palabras de Sirius. Pero él tampoco concebía la idea de perder a su mejor amigo. Si para que la amistad prevaleciera él tenía que admitir que Sirius jamás sería para él, entonces estaba dispuesto a aceptarlo.

Había sido muy sencilla la manera en que el animago se había metido en su alma. Sólo rogaba poder ser capaz de soportar el dolor que significaría arrancarlo para siempre de su corazón. Él entendió con claridad que a partir de ésa misma noche, Sirius Black dejaría de ser una ilusión de algo tan imposible como el amor, y tendría que convertirse en la realidad de una amistad imperecedera que bien sabía, valía toda la pena.

-¿Seguirás siendo mi amigo? –Remus sonrió ante la pregunta del animago. La misma que él le hiciera la noche en que salió por la chimenea sin mirar atrás.

-Siempre seré tu amigo, Sirius. –Le respondió, correspondiendo a su sincera sonrisa con una igual-. Yo siempre estaré para ti... siempre.

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El Salón principal de la enorme Mansión Riddle se hallaba en pleno. Apenas iluminados por la tenue luz de las velas encendidas a todo lo largo y ancho, podían observarse grupos de hombres y mujeres vestidos de negro, conversando de cosas sin aparente importancia. Todos ellos ocultando su rostro de los demás, a sabiendas que el sólo hecho de estar ahí ya se consideraba una razón poderosa para ir a parar directo a Azkaban.

Lord Voldemort hizo su entrada en el lugar, provocando murmullos a su alrededor que fueron acallados con un solo movimiento de su mano. Se tomó el tiempo para pasear entre sus servidores, quienes se encogieron en su sitio ante la mirada carmesí que los escrutó a detalle, clavándose en sus mentes con dolorosa impiedad.

Satisfecho, caminó con elegancia y sin prisas, sus verdes túnicas flotando detrás de él. Sintiendo encima de su figura la mirada temerosa de la mayoría, se sentó en su silla, donde su mascota y amiga ya lo esperaba enroscada a un costado.

Un escalofrío general se dejó sentir cuando Nagini recargó la mitad de su enorme peso sobre sus hombros y su cabeza afilada se contoneó con movimientos hipnóticos a un lado de la cabeza de su Lord. Ninguno de los presentes pudo distinguir entonces dónde comenzaba una y terminaba el otro.

Voldemort hizo señas a dos mortífagos que se encontraban frente a él. Éstos se acercaron y asintieron con un movimiento de cabeza a lo que al parecer fue una orden dada por su Lord. De inmediato enfilaron hacia uno de los pasillos, donde se perdieron.

-Veo que no están aquí todos los que he convocado... –Sus servidores se miraron, unos a otros, tratando de adivinar el porqué su Lord reuniría a tanta gente en un sólo sitio-. Quiero pensar que su ausencia es causa de fuerza mayor. De cualquier forma, me encargaré de recordárselos.

Transcurrieron varios minutos en los que Voldemort murmuró algo que sólo pudo ser escuchado por los pocos que se encontraban cerca. Poco a poco fueron llegando los que faltaban, todos ellos con sus rostros ocultos por la blanca máscara y frotándose el antebrazo donde se hallaba la marca, ahora sangrante y dolorosa en extremo.

Nagini silbó, orgullosa al ver la forma en cómo su amo lograba tal poder de convocatoria. Siempre había entendido la diferencia entre el respeto y el temor. Y su señor no necesitaba hacer el esfuerzo vano en lograr el respeto de sus servidores si podía utilizar la ruta más cercana para lograr su colaboración. Y pudo constatarlo cuando su lengua bífida pudo percibir en el ambiente el inconfundible aroma del miedo.

-Muy bien, me alegra que ya estén todos aquí. –La atención general regresó a su persona y entonces continuó-. Ésta noche es especial. Porque serán testigos de la muerte de aquél que desde su nacimiento ha sido el mayor obstáculo para hacerme del poder que tanto he ansiado...

Todos los presentes trataron de entender las palabras recién dichas. ¿Acaso era lo que se estaban imaginando? Cualquier duda quedó despejada cuando el Lord concluyó.

-Ésta noche, Harry Potter morirá. –Los murmullos de exclamación no se hicieron esperar. Voldemort se puso de pie y levantó ambas manos. Los murmullos cesaron-. Y por eso decidí que estuvieran todos ustedes presentes. A éstas horas, Albus Dumbledore debe estar tratando de localizar a su "niño de oro". Y aunque el acceso a la propiedad está bien custodiado y la Mansión protegida, no significa que no exista la posibilidad de una batalla próxima contra la Orden del Fénix.

Todos sus servidores asintieron, otorgando razón a sus palabras. Muchos de ellos mostraron sus varitas, dando a entender a su Lord que siempre estaban en guardia.

-Me complace ver su disposición. Para cuando el anciano y su Orden logren dar con el paradero de su niño, será demasiado tarde. Nagini... –La serpiente se desenroscó de su cómodo lugar para dirigir su atención a su amo y los presentes sintieron un estremecimiento al escucharlo hablar en parsel-. Averigua porqué los hombres a los que envié no han vuelto con Severus y Potter.

-Sí, amo. –El animal se deslizó con sorprendente agilidad, y un camino se abrió a su paso cuando serpenteó por el suelo hasta salir del enorme salón.

Voldemort caminó hacia el ventanal, dando la espalda a sus servidores. Éstos aprovecharon el ambiente de relajación para reanudar sus conversaciones, todas ellas enfocadas ahora en la noticia que acababan de recibir.

Ajeno a lo que sucedía detrás de él, Voldemort perdió su lóbrega mirada en la oscuridad reinante en el bosque, que se divisaba como una fortaleza natural contra cualquiera que quisiera profanar la seguridad de su refugio. Desde que con ayuda de Colagusano él volviera a la "vida", no había querido salir de la mansión Riddle. No, mientras no recuperara la forma de Tom Riddle.

"Pero pronto todo eso formará parte del pasado..." Sonrió para sus adentros, en anticipación a lo que en pocos minutos pasaría en ése mismo salón. "Harry Potter morirá y seré el feliz dueño de su poderosa magia... y de mi dulce rubio..."

-Mi señor... –Voldemort se volvió hacia donde Nagini le hablaba-. Los hombres a los que enviaste están muertos.

-¿Qué has dicho? –El silencio se hizo presente en el salón ante lo que pareció ser un grito del Lord dado en parsel-. ¿Severus y Potter?

-No están en la habitación, mi Lord. –Voldemort ondeó con fuerza su capa al caminar hacia la salida del salón. Sus servidores se quedaron en su sitio, temerosos de su reacción.

Voldemort se dirigió a toda prisa hacia la habitación de huéspedes. Lo primero que vio al llegar fue a sus dos servidores en el suelo, sin vida, y lo que parecía ser material de curación sobre el velador. El ser oscuro levantó uno de los paños y lo acercó a su nariz. Reconoció el olor de la poción cicatrizante.

Llevado por la sospecha, extrajo de entre sus ropas las varitas de Harry y Draco que Severus le entregara. Maldijo en silencio cuando, al pronunciar un "Finite Incantatem", éstas se convirtieron en dos simples ramas secas. Las partió en dos, la rabia inundando sus venas.

Antes de que pudiera decir algo, sintió que el suelo temblaba bajo sus pies y las paredes de la mansión se cimbraron. Recuperó el equilibrio al mismo tiempo que Nagini se erguía en actitud defensiva. Sintió la alteración mágica cuando sus barreras fueron destruidas y corrió hacia sus aposentos, seguido siempre por su fiel mascota.

Las puertas de sus habitaciones se abrieron de par en par, su fina madera destrozándose ante la furiosa acción de su mano. Contrajo un gesto de rabia cuando vio que Draco ya no estaba. Se acercó al sitio donde la figura de Nagini se encontraba, ahora convertida en oro líquido que se deslizaba con lentitud por el suelo de la habitación.

Regresó a su recámara y revisó con su varita cada centímetro de ésta, buscando alguna pista que le ayudara a ratificar sus sospechas. Encontró abierto el mueble donde guardaba el veneno de Nagini para sus pociones. La caja ya no estaba.

Sólo había una persona capaz de derribar sus barreras de protección con semejante contundencia. Era la única después de Harry a la que más trabajo le costaba destruir. La única capaz de atreverse a hurgar entre sus cosas en su ausencia y adueñarse de ellas sin temer a la reacción de su dueño.

-Albus... Dumbledore... –El nombre brotó de sus ásperos labios en un susurro tan funesto como su misma aversión hacia la persona cuyo nombre acababa de pronunciar. Se volvió a su mascota-. Quiero que los busques. Quiero que los encuentres a uno por uno y los traigas a mi presencia. Y los quiero vivos.

Nagini silbó en respuesta y salió a toda prisa de los aposentos de su dueño.

Voldemort se quedó parado en mitad de su habitación, el más puro odio reflejándose en sus encarnados ojos. Escuchó en la lejanía la conmoción ocasionada por el ataque inesperado de lo que supo, era la Orden del Fénix.

-Pagarás por esto, Severus Snape. –Susurró, sus palabras perdiéndose entre los crecientes ecos de la batalla-. Y juro que no habrá nada que tú desees más, que la misma muerte cuando te tenga en mis manos... maldito traidor.

Continuará...

Próximo capítulo: La Última Batalla. Segunda Parte.

Notas:

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)