Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews:

Nan: Hola Nan, me alegra mucho saber que el capítulo te gustó, y la escena de Severus también. La verdad no me imaginé que se vería de ésa forma, pero qué bueno que te pareciera así. Sobre Remus y Sirius tienes toda la razón y lo comprobarás en ésta segunda parte. Y a las personitas que extrañaste las verás ahora, no lo dudes. Espero que no me mates por lo que viene, que es duro. Muchas gracias por tu comentario. Besitos.

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Muchas gracias también a EugeBlack, Miss Andreina Snape, By Unika Olimka, Ali Potter Malfoy y Julia por sus reviews.

A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.

XIX

La Última Batalla.

Segunda Parte.

Advertencia: En éste capítulo habrá angustia, violencia, tortura y muerte de algún personaje. Se recomienda su lectura con reservas.

Algunas escenas parecerán fuera de tiempo, eso se debe a que fueron tratadas desde el ángulo de cada personaje involucrado en ellas.

ooooOoooo

Lucius respiró aliviado cuando la marca en su antebrazo dejó de arder. Le había sido muy difícil contener las ganas de gritar de dolor, pero sólo se había conformado con apretar los dientes con fuerza y cerrar los ojos, deseando que el tormento pasara pronto. Levantó la mirada y vio a lo lejos a Remus, que parecía sostener una charla con el animago.

Frunció el ceño, mortificado, cuando vio que el rostro del licántropo estaba ruborizado.

-¿De qué estarán hablando? –Se preguntó en un murmullo mientras se acercaba a ellos, los celos carcomiéndolo. Se detuvo al ver la figura de su hijo frente a él-. ¿Qué sucede, Draco?

-¿Estás bien, padre? –Preguntó el muchacho, sus grises ojos surcados por la preocupación. Lo había estado observando desde lejos y no le habían pasado inadvertidos sus gestos de dolor-. ¿Necesitas otra poción?

-Estoy bien, hijo. Gracias. –Lucius observó al muchacho. Antes de salir del castillo, Minerva les había entregado los trajes de batalla y ahora lucía un atuendo rojo que le sentaba muy bien a su color de piel. Draco se había negado a ponérselo al principio por ser el color característico de la Casa Gryffindor.

Pero al final tuvo que acceder cuando McGonagall le dejó claro que, o se vestía con ése uniforme perteneciente a la Orden del Fénix, como todos los demás, o no iría a ninguna parte con ellos.

La voz de Minerva llamando a Draco sacó a Lucius de sus pensamientos. El muchacho se despidió de su padre para regresar al grupo. Estuvo un largo momento observando a Remus, quien continuaba hablando con Sirius. Con un suspiro, decidió que ya era suficiente ser sólo espectador y aunque no tuviera idea de lo que hablaban, decidió interrumpir la conversación.

-Disculpen la interrupción. –Ambos hombres voltearon a verlo-. Black, Weasley dice que te vayas preparando, las barreras no tardarán en ser derribadas.

Sirius asintió a las palabras de Lucius con un gruñido.

-Te veré después. –Levantó su mano en señal de despedida.

-¿Cómo va todo? ¿Han sabido algo de Severus? –Preguntó el profesor cuando Sirius se marchó. El rubio negó con la cabeza, en su mirada azul un destello que Remus no supo interpretar-. ¿Estás bien?

Remus se agachó a su altura y acarició su brazo por encima de la negra capa. Lucius gimió quedo y el licántropo frunció el ceño cuando su mano se impregnó de una humedad que a la luz de la luna menguante reconoció como sangre.

-Es la Marca. –Lucius se adelantó a cualquier pregunta-. Estuvo llamando a todos sus servidores... fue demasiado insistente ésta vez.

-Comprendo... –Remus alzó su varita y limpió la sangre impregnada en sus finas ropas-. Para que no estés tan incómodo.

Lucius asintió en señal de agradecimiento. Remus continuaba agachado frente a él y no pudo resistir la tentación de acariciar el contorno de su rostro con el dedo índice. Remus sonrió ante el delicado gesto.

-¿De qué hablaban? –Remus lo miró sin entender-. Black y tú.

-De muchas cosas. –Respondió quitándole importancia. Miró al hombre frente a él y entrecerró los ojos al reconocer cierto tono-. ¿Estás... celoso?

-¿Hay algún motivo para que lo esté? –Remus negó con la cabeza mientras suspiraba. No, no había ningún motivo. Su cabello castaño escondía una de sus cejas y dejó que Lucius lo colocara en su lugar, despejando su frente-. Creo que no tengo ningún derecho a sentirme así.

-¿Eso quiere decir que sí lo estás? –Lucius lo miró con seriedad. La sonrisa de Remus se amplió y sus ojos brillaron con diversión. –Estás celoso... estás celoso... estás...

-¿Es necesario que me lo repitas? –Remus rió con fuerza ante el tono indignado del rubio. Éste sólo suspiró, una vena resaltando en su frente-. Ya basta.

-Está bien... me callo. –Remus alzó ambas manos en señal de paz y Lucius las alcanzó para encerrarlas entre las de él, posándoles sobre sus piernas dormidas. Ahora fue el turno de Remus de ponerse serio. Volteó para todos lados, nadie los estaba mirando. Todos los Aurores a su alrededor estaba ocupados en no despegar la mirada de los Dementores-. Lucius... ¿Qué sucede?

-Cuando todo esto acabe... –Remus frunció el ceño, captando la insinuación en las palabras de su ex amante.

-Creo... que es muy pronto aún... –El licántropo bajó la mirada para no enfrentar la mirada azul frente a él-. Hay cosas... que aún duelen.

-Lo sé. Mejor que nadie. –Remus asintió al comprender que Lucius hablaba de su recién fallecida esposa-. Pero también sé que tal vez no tengamos otra oportunidad. ¿O acaso no has pensado igual?

-También lo he pensado... mucho. –Fue la respuesta de Remus. Lo miró a los ojos, tratando de descifrar lo que pasaba por la mente del rubio en ése momento. Lucius apretó sus manos entre las de él y a Remus le pareció notar emoción en su voz cuando le preguntó.

-Si salimos vivos de ésta... –Y antes de que el otro pudiera decir algo-. Tengo una casa de verano en una isla en el Caribe. Sería todo un fin de semana, solos... tú y yo.

Remus permaneció en silencio un largo momento, que Lucius aprovechó para observarlo a sus anchas. El hombre conservaba una sombra de tristeza en su maduro rostro y deseó no ser el causante de ella. El licántropo estaba a punto de responder a la proposición de Lucius, cuando alcanzaron a escuchar la orden que Arthur dio a su grupo. Las barreras se habían roto.

-Es la hora. –Lucius se separó de Remus. Se disponía a integrarse al grupo de Minerva cuando la mano del profesor sujetó su silla. Se giró a verlo y al momento sintió la humedad de sus labios, cálidos y dulces, posándose sobre los suyos. Sujetó su rostro y correspondió con ardor a su beso, ajeno al movimiento a su alrededor-. ¿Eso... es un sí?

-Cuídate. –Remus sonrió y se enderezó para regresar con su grupo. Y Lucius también sonrió mientras se dirigía hacia el grupo de Minerva.

oooooooOooooooo

La Mansión Riddle sufría un drástico cambio de escenario. De ser un punto de reunión para celebrar una fiesta por la que sería la derrota del "Niño que vivió", en cuestión de segundos se transformó en un campo de batalla, donde lo único que podía apreciarse con claridad entre la confusión creada por la irrupción de la Orden del Fénix, era los rayos de diferentes colores que brotaban de las varitas de ambos bandos.

Hombres y mujeres con máscaras blancas en el rostro corrían de un lado a otro tratando de escabullirse de los Aurores que, pese a no estar utilizando maldiciones, poseían métodos infalibles para desarmarlos, inutilizarlos y en el peor de los casos, despojarlos de sus máscaras para poder identificarlos.

Bellatrix Lestrange permanecía detrás de una gruesa columna, oculta a la vista de los Aurores y lanzando maldiciones hacia el sitio donde se concentraban la mayor cantidad de ellos. El gusto no le duró demasiado. Arthur, al ver que alguien se ocultaba detrás de la columna arremetió contra ella, destrozando gran parte de su estructura.

Furiosa al verse descubierta, la mujer tuvo tiempo para escabullirse en un pasillo y desaparecer de la vista del Auror, quien suspiró con frustración al ver que el agresor había logrado escapar sin siquiera haber podido identificarlo.

Pero Sirius, del otro lado del enorme salón, sí pudo reconocer el elegante andar y los rubios cabellos de su prima. Derribando oponentes que se atravesaban en su camino, llegó hasta el sitio donde Bellatrix acababa de desaparecer y sin pensarlo dos veces decidió internarse en la Mansión detrás de ella, perdiéndose entre sus intrincados pasillos.

oooooooOooooooo

Justo cuando Voldemort descubría su huída, las barreras de protección habían sido derribadas y ahora Severus recorría junto a Harry los pisos superiores, derribando a cuanto mortífago se les cruzaba enfrente. De vez en cuando, Severus tenía que impulsar a su pareja para que corriera más rápido, pues las heridas de sus muslos al andar se volvían muy dolorosas.

-No puedo creer que en tan poco tiempo las fuerzas de Voldemort se desplegaran de ésta manera. –Harry observaba con creciente asombro la gran cantidad de mortífagos que iban encontrando en el camino-. ¿Cómo pudieron llegar tan pronto?

-Con magia oscura, Harry. Se puede desaparecer de repente y aparecer detrás de alguien como si nada.

-Entonces podrán escapar de la Mansión. –El muchacho se sostuvo con fuerza la herida en su costado al sentir una terrible punzada. Al darse cuenta, Severus disminuyó la velocidad de su marcha.

-Weasley debió lanzar un hechizo contra apariciones alrededor de la Mansión después de entrar con la Orden. –Respondió el hombre al tiempo que desarmaba a un mortífago y lo inmovilizaba contra la pared-. De lo contrario éste lugar ya estaría vacío.

-¿Vas a dejarlo ahí? –Preguntó el muchacho, mientras observaba al mortífago tratando de soltarse de sus ataduras invisibles-. Alguien puede llegar y liberarlo.

-Ninguno de sus compañeros podrá hacerlo. –Severus lo tomó del brazo para atraerlo hacia un hueco en la pared creado por dos pilares-. Es un hechizo que sólo los Aurores pueden romper.

Severus se resguardó en el mismo sitio, dejando a Harry preso entre su espalda y la pared. Harry notó que el cuerpo del hombre se tensaba y un segundo después escuchó los pasos de gente acercándose.

-Son muchos. –Escuchó a Severus susurrar mientras preparaba su varita-. No dejes que te vean.

Harry empuñó su varita, dispuesto a apoyar a su pareja si las cosas se le dificultaban. Severus salió al pasillo y lanzó un hechizo para después ocultarse en un rincón. Varios de ellos cayeron sin saber qué les había pegado. Los que quedaban se separaron y lanzaron maldiciones hacia todas los lugares que se les ocurrían.

Severus derribó a los que se encontraban cerca de él, mientras Harry sólo observaba la precisión en la puntería del hombre y la sangre fría con la que los atacaba. Pudo apreciar el rostro de su pareja y vio que se encontraba muy serio y concentrado en lo que hacía. Sintió un escalofrío al recordar que ése hombre algún día perteneciera al mismo bando contra el que ahora luchaba.

Agradeció en su interior que ahora no fuera así. No quería ni imaginar lo que le sucedería si tuviera que enfrentarlo en ésas circunstancias. "Puede ser más peligroso que el mismo Voldemort..." Meditó. Sus reflexiones fueron interrumpidas por un sonido demasiado familiar en el ambiente.

-Nagini... –El muchacho salió de su escondite para seguir los silbidos de la serpiente. Severus, concentrado como estaba en la batalla no se dio cuenta que su pareja desaparecía detrás de una puerta-. Debo acabar con ella.

Harry convocó un "Lumus" y recorrió la habitación entera, sin encontrar nada. Dejó de escuchar el silbido y decidió regresar a su lugar entre los dos pilares, pues no quería que Severus descubriera su ausencia y se preocupara. Cuando salió al pasillo vio a los mortífagos que el profesor derribara, pero ni un rastro de él.

-¿Severus? –Harry lo llamó en voz baja, tratando de no llamar la atención-. ¿Dónde estás?

Caminó unos cuantos pasos hacia donde suponía encontraría a su pareja, pero no había nadie. Se detuvo de repente cuando creyó escuchar de nuevo el silbido. Recorrió otra vez el lugar sin encontrar nada y sintió que la respiración le faltaba cuando descubrió la varita de Severus, tirada en medio del pasillo.

oooooooOooooooo

Severus bajó la varita cuando vio que ya no quedaba ningún mortífago a su alcance. Revisó de lado a lado el largo pasillo antes de regresar al lugar donde había dejado a Harry a buen resguardo. Su sorpresa fue mayúscula cuando al llegar descubrió que el muchacho ya no estaba.

-Harry... ¡Harry! –Severus caminó a grandes zancadas el pasillo, buscándolo-. ¿Dónde diablos se habrá metido?

Temiendo lo peor, regresó al lugar del enfrentamiento y buscó entre los cuerpos inconscientes a su alrededor. Ninguno de ellos era Harry. No sabía si sentirse tranquilo porque no estuviera herido o preocuparse más por no encontrarlo.

En medio de ése pensamiento sintió una presencia detrás de él. Se giró con rapidez, con la esperanza de que se tratara de su joven pareja. Comprendió su error cuando la gran cabeza de Nagini golpeó con fuerza la mano que sostenía su varita, haciendo que el profesor la soltara.

Severus no tuvo tiempo para reaccionar. Antes de que pudiera recuperar su arma, la enorme serpiente volvió a embestir, ésta vez sobre su cabeza. Severus no necesitó otro golpe para caer al suelo, sin sentido.

Nagini silbó con deleite ante el cuello cálido y palpitante que se ofrecía ante ella. Reprimió sus instintos al recordar la orden explícita de su Amo. Rodeó con su largo cuerpo las piernas de su presa y con una rapidez que sólo un animal de cuatro metros podía tener, desapareció por el pasillo rumbo a las habitaciones de su señor.

oooooooOooooooo

El ritmo de la batalla no se apreciaba tan intenso como lo fuera al principio. Aún así, Arthur aparecía y desaparecía por los pasillos y habitaciones circundantes sin perder de vista a los compañeros caídos para activar sus trasladadores y enviarlos a la enfermería, o a San Mungo en algunos casos. Tampoco podía dejar de mirar su reloj. Seis horas, de las cuales tres habían transcurrido desde que irrumpieran en la Mansión, aunque dado el cansancio, parecían ser muchas más. Y sólo quedaba una hora antes de que Albus regresara a su verdadera apariencia.

Los hombres de Molly no habían vuelto aún, lo que significaba que no tenían noticias del grupo de Dumbledore. Y no podía culparlos, había observado que la mansión era enorme y no descartaba la posibilidad de que, por un sólo pasillo de diferencia, se hubieran cruzado varias veces en el camino. De cualquier modo no pensaba dejar que el amanecer llegara sin haberlos encontrado. Si era necesario él mismo iría a buscarlos.

Arthur distinguió a su hijo a unos cuantos metros y lo llamó. El muchacho se acercó a él.

-¿Cómo va todo? –Le preguntó mientras observaba hacia la entrada, donde ya casi no había movimiento-. ¿Hay algún herido?

-Arthur... –El Auror que acababa de llegar impidió que el muchacho respondiera-. Remus necesita más hombres. La mayoría ya no pueden invocar sus Patronus.

El mayor de los Weasley volteó para todos lados, buscando a alguien disponible para el trabajo. Suspiró con frustración cuando vio que la mayoría de los que quedaban seguían lidiando contra una gran resistencia.

-Yo puedo ir. –Arthur miró a su hijo con seriedad-. Sé invocar mi Patronus. Remus nos enseñó muy bien.

-Pero... –El Auror dudó-. ¿Has lanzado algún hechizo oscuro? ¿Algún contra hechizo?

-No, papá. –Respondió el pelirrojo-. No he invocado magia oscura.

-De acuerdo. –Aceptó después de algunos segundos que a Ron le parecieron eternos-. Sólo... ten mucho cuidado.

-Así lo haré, papá. Gracias. –Ron se dirigió hacia la salida de la Mansión.

-¿Adónde vas? –Le preguntó Hermione cuando pasó cerca de ella.

-Remus necesita apoyo. –El muchacho no se detuvo mientras continuaba. Hermione pudo notar que su novio estaba entusiasmado-. Voy a invocar mi Patronus.

-Espera, voy contigo. –La joven alcanzó a su pareja y ambos salieron de la Mansión para integrarse al grupo de Remus, que en ése momento luchaba porque su Patronus, una majestuosa Águila Real, se mantuviera estable.

El licántropo suspiró con alivio cuando vio que sus ex alumnos se acercaban a él. Los Aurores a su alrededor todavía resistían, pero él ya se estaba agotando. El caballo surgió de la varita de Ron a su llamado y logró ahuyentar a los Dementores que rondaban cerca, dando un respiro a los demás Aurores.

-¿Por qué no te quedas en medio, Remus? –Sugirió Hermione-. Necesitas descansar.

Remus asintió dando las gracias a la muchacha con una sonrisa cansada, mientras ella invocaba un Patronus lo bastante poderoso para que el lugar quedara libre de Dementores por un largo momento.

oooooooOooooooo

El nutrido grupo de mortífagos que se encontraban pegados contra la pared no podía creer que hubieran sido vencidos por un niño. Albus en su forma de "Draco", sonrió con satisfacción mientras reanudaba su camino en la búsqueda de Harry y Severus. Se detuvo durante un momento para elegir entre los muchos caminos que los intrincados pasillos ofrecían, sin decidirse por ninguno.

Él sabía que al momento de ser destruidas sus defensas, Voldemort había adivinado que él en realidad no era Draco, y debía estar furioso por la trampa. También suponía que sobre la primera persona en quien descargaría toda su furia sería Severus, de ahí su prisa por ser el primero en hallarlo. Observó que faltaba menos de un minuto para regresar a su identidad, y se preparó para volver a ser Albus Dumbledore.

Una sombra, ágil y larga se reflejó en la pared a su derecha. Albus entrecerró los ojos esperando el golpe de Nagini. La serpiente silbó, aturdida, cuando ella fue lanzada varios metros contra la pared con un hechizo del director. Se retorció con furia deslizándose con rapidez para escapar del Kedavra que el mago le lanzó, desapareciendo entre los numerosos pasadizos con los que contaba la Mansión.

Albus permaneció en guardia, esperando un ataque sorpresa del astuto animal. Otra sombra se perfiló contra la pared y apuntó, dispuesto a enfrentar a quien se aproximaba.

-¿Profesor Dumbledore? –Harry emergió de las sombras y se acercó a él, cojeando por el dolor en sus piernas mientras forzaba a sus ojos para que pudieran distinguir mejor.

-¿Estás bien, Harry? –El muchacho asintió, sin deseos de explicar el porqué de sus heridas. El anciano mago se giró en búsqueda de la serpiente, pero ya no había rastro de ella-. ¿Dónde está Severus?

-No lo sé. Llevo mucho tiempo buscándolo. Estábamos enfrentando a un grupo de mortífagos y me alejé un momento para seguir a Nagini. –Extrajo la varita del profesor de entre sus ropas para mostrársela al director-. Cuando regresé no lo encontré. Sólo su varita. Temo que Nagini lo haya atrapado. Tampoco tengo idea de dónde se esté ocultando Voldemort.

-Debe estar escondido en sus habitaciones. –El director volvió sobre sus pasos, haciendo que Harry lo siguiera con dificultad-. Debemos volver. Si Nagini logró atrapar a Severus, entonces Voldemort ya lo debe tener en su poder.

-Debe estar haciéndole daño. –Harry apresuró sus pasos, a pesar del dolor que esto le provocaba.

-Tal vez. Pero no con maldiciones, Harry. –Respondió el profesor Dumbledore-. O ya me hubiera enterado.

Aunque Harry se sintió más tranquilo con la respuesta dada por su director, no descartó la posibilidad de que Severus estuviera siendo torturado como lo había sido él, o peor. Por otro lado, era poco probable que Nagini lo hubiera matado, pues de querer hacerlo, lo habría hecho en el mismo lugar donde lo capturara. Rogó porque su pareja estuviera bien.

-Profesor... –Harry trató de caminar más rápido, intentando alcanzarlo-. ¿Por qué Voldemort no está luchando como todos los demás?

-Pueden haber muchas razones, Harry. –Albus frunció el ceño, tratando de recordar el camino hacia las habitaciones de Voldemort. Después de un instante de duda lo recordó-. Tal vez piensa que los Aurores no son rivales dignos para él y que debe delegar ése trabajo a sus mortífagos.

-Eso sería... una tontería. –Harry deseaba detenerse un momento para descansar, pero el sólo pensamiento de lo que su pareja pudiera estar pasando le daba estímulo para continuar.

-Otra razón podría ser que esté reservando fuerzas para cuando tenga que enfrentarte... ¡Ah!

-¡Profesor! –Harry vio que el anciano caía al suelo, retorciéndose por lo que al parecer era un intenso dolor. Se agachó para sostener su cuerpo, tembloso aún por lo que adivinó sería una maldición lanzada por Voldemort hacia su pareja-. ¿Está bien?

-Es él, Harry... –Murmuró el director. Otra maldición atravesó su cuerpo. Harry lo abrazó con más fuerza, tratando de consolarlo-. Lo tiene. Tiene a... Severus.

-Debemos ir por él. –Lo ayudó a levantarse y con mucho esfuerzo consiguieron reanudar su camino. Acababan de avanzar unos cuantos metros cuando Albus volvió a caer, presa de intensos dolores-. Resista, señor... por favor.

-Te estoy... retrasando. –El director tomó la mano de Harry y lo hizo mirarlo a sus azules ojos-. Adelántate. Sus habitaciones están al fondo del pasillo frente a ti. –El muchacho asintió-. Al final del pasillo hay una piedra en la pared que resalta entre las demás. Sólo tienes que apretarla y encontrarás el único camino hacia él.

-¿Qué hará usted? –Harry dudó en dejarlo en ésas condiciones en mitad de un pasillo donde podría encontrarse con muchos peligros, incluyendo Nagini-. No puedo dejarlo aquí.

-Tengo una gran reserva de magia destinada para contrarrestar éstos hechizos. Estaré bien. –Le respondió el director-. Enviaré un aviso a Arthur por medio del anillo y te alcanzaré apenas me sienta mejor, ¡Ahora vete!

Harry obedeció al instante. Corrió por el camino que el director le acababa de indicar, olvidándose del intenso dolor en sus piernas y rogando por que Severus resistiera hasta que lograra llegar a él.

oooooooOooooooo

Severus no sabía cuánto tiempo había pasado desde que Nagini lo capturara, pero estaba seguro que eran horas. Llevaba mucho tiempo encerrado en una pequeña y fría cámara. Sentado sobre el suelo con las rodillas dobladas, no podía moverse lo suficiente para poder cambiar de posición y no tenía idea de en qué parte de la Mansión estaba.

Su trasladador estaba destrozado y sólo quedaban pedazos desperdigados por el pequeño espacio, como un claro aviso de que Voldemort no lo dejaría escapar. Varias veces había intentado utilizar magia oscura y desaparecer del lugar, pero la pequeña prisión estaba hechizada para evitarlo.

El hombre colocó una mano sobre su cabeza, adolorida por el golpe que Nagini le diera. Hacía rato que se había resignado a la pérdida de su arma y sólo rogaba porque Harry no hubiera sido atrapado también. Se frotó ambas piernas con fuerza para alejar la sensación de adormecimiento que le ocasionaba su posición tan incómoda.

Le extrañaba mucho que Voldemort no hubiera aparecido en todo ese tiempo para reclamarle por su traición, o peor aún, molérselo a maldiciones. Pero eso no lograba tranquilizarlo, pues conociéndolo, imaginaba a ése monstruo preparando algo mucho más doloroso y terrible que lo que a Lucius le tocara en su momento. Cerró sus negros ojos para alejar ésos terribles pensamientos.

No tuvo que esperar mucho tiempo antes de distinguir la silueta de quien alguna vez fuera su señor, perfilándose en la entrada del pequeño cuarto.

-Levántate. –Ante la seca orden, Severus no tuvo opción más que obedecerle. Se levantó con mucho esfuerzo, pero sin demora. Deseaba postergar su tortura el mayor tiempo posible y no le daría motivos para comenzar ahora. Al salir, se sorprendió cuando descubrió que se encontraba en las habitaciones privadas.

Voldemort lo observó con una expresión tan indescifrable como sus mismos pensamientos. Se preguntó qué estaría rondando por su mente en ése momento.

-Estoy tratando de encontrar una razón, sólo una por la cual he sido merecedor de tu traición. –Sólo la práctica continua pudo lograr que Severus disimulara el largo escalofrío que lo recorrió-. Lucius tuvo razones para hacerlo. Narcisa también. Y todos aquellos que lo han hecho han tenido un motivo lo bastante poderoso para atreverse a engañarme. Dime, Severus, ¿Cuál ha sido tu razón?

-Vas a tener que averiguarlo por otro medio. –Fue la respuesta del profesor-. En lo que a mí respecta, son razones muy personales que no pienso ventilar delante de nadie.

Severus sintió que su cuello era apretado con fuerza y sus manos atenazaron las muñecas de su agresor. El profesor entrecerró los ojos, resistiendo mientras caía en la cuenta que Voldemort era más fuerte de lo que había creído.

-Entonces, yo te las diré... –Voldemort dejó su cuello y acercó su rostro al del profesor hasta quedar a unos centímetros de distancia. Severus permaneció inmutable pese a que sabía que en cualquier momento podría morir-. Tiene que ver con un mocoso mucho menor que tú, que fue tu estudiante y con el que además te acuestas... ¿No es así?

-Ignoro de qué me hablas. –Pese a que no tenía idea de cómo se había enterado, prefirió seguir fingiendo, esperando que eso le ayudara a ganar tiempo.

-¿Sabes que mi querida mascota ha ido a buscarlo? –Voldemort pudo vislumbrar un destello de preocupación en sus negros ojos-. Ambos sabemos que lo encontrará y que entonces su bienestar estará garantizado tanto como el tuyo. Porque creo que ya te has de imaginar lo que les haré cuando Nagini lo traiga.

-Él acabará contigo. –Afirmó Severus con toda la seguridad que el pleno conocimiento sobre su pareja le inspiraba-. Es mucho más fuerte y poderoso que tú.

-Veo que le tienes demasiada fe a ése chiquillo. –Voldemort se alejó del profesor y levantó su varita. Severus se tensó esperando lo peor-. Tengo que admitir que es bueno soportando el sufrimiento. Quiero ver qué tan bueno será soportando el tuyo...

Severus cerró los ojos esperando el primer golpe mientras escuchaba el cruciatus que Voldemort le lanzaba, pero no sintió nada. Abrió los ojos y pudo ver que el Lord lo miraba con el ceño fruncido, tratando de analizar el por qué Severus continuaba parado frente a él como si nunca le hubiera lanzado una maldición.

-¿Quién es? –Severus no pudo comprender la pregunta que le hacía-. ¿Quién te está protegiendo? ¿De qué manera lo está haciendo?

Severus permaneció en silencio, su mente trabajando a toda velocidad para tratar de hallar una respuesta a ésa pregunta. Voldemort volvió a levantar su varita y como la primera vez, la maldición lo traspasó cual si se tratara de un fantasma.

-¡Responde!

Entonces, a su mente volvió aquél día en que Albus le obsequiara el medallón.

"Sólo es un hechizo de protección. Nada importante..."

Y la noche en que Sirius Black lo descubriera con Harry en el lago.

"Eres un idiota, Black! ¡Ni siquiera tienes buena puntería!"

Otra maldición pegó en su cuerpo sin causarle un sólo rasguño. Llevó su mano al pecho, sintiendo el medallón por debajo de sus negras prendas.

"Quiero que me prometas que no te lo quitarás bajo ninguna circunstancia..."

-Albus... –La voz surgió de labios de Severus en un doloroso murmullo que Voldemort no alcanzó a oír-. ¿Qué es lo que has hecho, viejo necio?

Logró esquivar el ataque que Voldemort le lanzó. Viendo que no podría herirlo con más maldiciones, el ser oscuro conjuró un hechizo para destruir el techo bajo el cual Severus se encontraba parado.

El profesor apenas pudo evadir un gran pedazo que cayó muy cerca de él. Pero algunos escombros alcanzaron a golpearlo, derribándolo. Con un sólo movimiento de su mano, Voldemort hizo que la gran loza que Severus acababa de esquivar cayera sobre sus piernas, inmovilizándolo. Severus las sintió crujir y ahogó un gemido de dolor mientras el Lord se agachaba a su altura para murmurarle.

-No voy matarte ahora. Esperaré a que Nagini traiga mi encargo y entonces haré una gran fiesta.

Severus quiso responder algo, pero sus negros ojos se cerraron contra su voluntad, la oscuridad haciendo acto de presencia.

oooooooOooooooo

McEwan no podía creer que lo que había frente a él fuera real. Corría hacia la salida de la Mansión para escapar cuando un extraño objeto que volaba se atravesó en su camino, impidiéndole el paso mientras su máscara desaparecía de su rostro y su varita escapaba de su mano. Los ojos del hombre se abrieron, desmesurados al reconocer a la persona que se encontraba sentada en ésa extraña silla flotante.

-Mal... Malfoy... –El hombre tragó saliva al encontrarse con unos azules ojos llenos de profundo rencor-. Pero si tú estás... estás...

-Vivo. Como puedes ver. –Lucius acercó su silla hasta quedar frente al sorprendido hombre, quien al verse descubierto se arrodilló frente a él, suplicándole clemencia-. Tú proporcionaste información del Ministerio al Lord. Y mi esposa murió por ésa razón.

-¡No es así, Malfoy! –McEwan agitó ambas manos, negando con su voz chillona que hizo a Lucius entrecerrar los ojos con molestia-. Él sospechaba de ustedes. Yo sólo hice lo que me ordenó. ¡Por favor... no me mates! ¡Te lo suplico! ¡Él me lo ordenó!

-Si tú no hubieras hablado nada de esto hubiera ocurrido. –McEwan se encogió de temor cuando Lucius colocó la punta de su varita en su cuello-. Desmaius.

Lucius dejó que un Auror se acercara para levantar al hombre inconsciente y llevárselo. Había sido demasiado benévolo con McEwan, el patético espía de Voldemort en el Ministerio. Pero no sería igual cuando se encontrara frente a aquéllas personas que de forma directa participaran en la tortura y muerte de Narcisa.

A pesar de que la Orden ya había logrado capturar a la mayoría de ellos, haciendo cuentas él sabía que era necesario encontrar a los que se hallaban escondidos. Y ésas cuatro personas ocupaban el primer lugar en su lista.

Volteó a ver el grupo de Minerva. Los muchachos estaban concentrados en no dejar escapar a los que quedaban en el salón. Observó a su hijo. Draco se movía con seguridad y arremetía cuando era necesario. Cuando no, se protegía y esperaba con paciencia a que algún mortífago pasara cerca para inmovilizarlo al momento. Se sintió orgulloso de él.

Por un instante estuvo tentado a separarse de él y recorrer la mansión para buscar a Arnold y a Thomas, los hombres que abusaran de Narcisa la noche de su muerte. Severus le había proporcionado la información, pues sus nombres se le habían quedado tan grabados como todo lo ocurrido ésa terrible noche. Y Lucius sabía muy bien quiénes eran, pues no había sido la primera vez que se divertían con algún prisionero del Lord.

Pero desistió en su intención de alejarse demasiado de Draco. A pesar de la seguridad con la que peleaba el muchacho, no descartaba cualquier riesgo y no quería ni imaginar que algo le pasara. Se quedó en el mismo sitio al tiempo que buscaba a Arthur con la mirada.

Al ver que el mayor de los Weasley estaba demasiado ocupado girando instrucciones y combatiendo, se acercó a Molly. Ella esperaba noticias de los Aurores a cargo de la búsqueda del grupo de Dumbledore mientras apoyaba a su esposo, pues éste había tenido que enviar a muchos de sus compañeros a la enfermería. La mujer se volvió hacia el rubio cuando éste le habló.

-Faltan algunos por capturar. –La mujer le miró con atención-. Hay habitaciones ocultas a simple vista que pueden servir de escondite. Le daré la clave para que puedan encontrarlas.

Molly asintió y memorizó la clave que Lucius le dio. Al instante, envió a varios Aurores con la contraseña para que buscaran a los que faltaban. Lucius se volvió hacia el sitio donde su hijo combatía. El joven se encontraba parado con su espalda pegada contra la pared y ya no tenía la varita en su mano.

Frunció el ceño, su vista recorriendo todo el salón. Su aliento se congeló cuando la descubrió a ella a unos cuantos metros de su hijo mientras apuntaba a su cuerpo, el más puro odio reflejado en su mirada. La maldición brotó de los labios de Bellatrix al mismo tiempo que él levantaba su varita y apuntaba directo al corazón de su cuñada.

oooooooOooooooo

Sirius despedazó la enésima puerta que encontró y esperó unos segundos antes de entrar. Suspiró, frustrado, cuando vio que la habitación estaba vacía, como la mayoría de las que revisara hasta ése momento. Ya había tenido varios encuentros desagradables con mortífagos, de los que había logrado salir bien librado. Pero en ése momento su mente estaba ocupada en encontrar a Harry y de paso dar con su prima, de quien sospechaba no se encontraba muy lejos.

Sus suposiciones se vieron confirmadas cuando al salir de la habitación, sintió un golpe en el brazo y el hombre se retorció de dolor. Bellatrix se encontraba frente a él, varita en mano, mientras observaba al hombre sosteniéndose el brazo herido.

-Hola, primito. Parece que estamos destinados a encontrarnos en espinosas circunstancias. –Sirius torció el gesto al escucharla, su varita afirmada en su mano y apuntando hacia ella-. Me pregunto si añoras tanto como yo los viejos tiempos, cuando éramos niños y jugábamos a las escondidas.

-Ahora no estamos jugando, Bella. –Sirius trató de desarmarla, pero Bellatrix lo esquivó con agilidad-. Tenemos una cuenta pendiente.

-Vamos, Sirius... creí que ya habías olvidado lo del Velo. –Ahora fue el turno del animago de esquivar la maldición que su prima le lanzó-. ¿Por qué eres tan rencoroso?

-Está en la sangre. –Sirius le lanzó un hechizo que la dejó aturdida, pero aún así no logró desarmarla.

Cuando le apuntó para inmovilizarla, ella desapareció ante sus ojos. Intuyendo lo que haría su prima a continuación, se recargó contra una pared y esperó a que volviera a aparecerse, ésta vez a su costado derecho. El animago apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado cuando en la pared junto a él se abrió un enorme agujero.

Bellatrix sintió un dolor lacerante en todo su cuerpo y supo que Sirius le había lanzado un cruciatus. Apenas pudo recuperarse lo suficiente para ver que ahora se encontraba en completa desventaja. Un grupo de Aurores acababa de doblar la esquina y la mujer vio la oportunidad para escapar de su furioso primo aprovechando su momentánea distracción.

-Maldición... –Murmuró el animago cuando Bellatrix volvió a desaparecer. Reconoció a los Aurores como los que formaban parte del grupo de Molly-. ¿Han encontrado algo?

-Nada por el momento. –Respondió uno de ellos-. No hay señales de Dumbledore ni de Potter. Tampoco hemos podido dar con Snape.

-Yo buscaré a mi ahijado. Ustedes busquen a Dumbledore y a Snape. –Sirius retomó solo su camino mientras concluía-. Y si lo encuentran díganle que más le vale que Harry esté bien, o yo mismo haré que se arrepienta de haberlo traído aquí.

Bellatrix esperó a que los hombres desaparecieran y dejó su refugio detrás de la pared. Si había escuchado bien, Sirius estaba buscando a su ahijado porque Severus lo había llevado ante la presencia de su Lord. Si era así, entonces a ésas horas Harry Potter debía estar en sus manos. Sonrió, complacida.

-Parece que las cosas no serán tan difíciles como creía... –Bellatrix retrocedió sobre sus pasos para volver al Salón. Tenía el presentimiento de que ahí vería a la persona que ahora le interesaba-. Si mis cálculos no me fallan, debe estar entre los Aurores que entraron hace unas horas.

Bellatrix se escurrió con agilidad hasta llegar cerca de la salida. Permaneció oculta en el recibidor que servía de división entre la puerta principal y el Salón. Una sonrisa torcida se dibujó en sus carnosos labios cuando vio la cabellera inconfundible de su sobrino, peleando a favor de la Orden.

-Tal como lo imaginé. Sabía que no desperdiciarías la oportunidad de vengar a tus padres. –Apuntó hacia el muchacho-. ¡Expelliarmus!

La varita de Draco voló de sus manos, y el muchacho fue lanzado varios metros atrás. Abrió sus grises ojos, aturdido, al tiempo que lograba distinguir una máscara blanca frente a él. Su sorpresa fue mayúscula cuando Bellatrix se despojó ella dejándole ver su rostro.

-¿Tía Bella? –El muchacho la miró, tratando de entender. Comprendió lo que pasaba cuando Bellatrix le apuntó con su varita-. No serás capaz... yo soy tu sobrino.

-No me digas... –La mujer sofocó una risa que a Draco le provocó escalofríos-. ¿Por qué no le preguntas a mi querida hermana? Ella te dirá de lo que puedo ser capaz. Claro... cuando te encuentres con ella.

Draco entendió al instante lo que la mujer le estaba diciendo. Una creciente ira inundó su pecho cuando se puso de pie para enfrentarla.

-Tú fuiste... ¡Tú la mataste! –Draco trató de acercarse a ella, pero Bellatrix se lo impidió con un sólo movimiento de su mano. Draco luchó por liberar su cuerpo pegado a un pilar contra su voluntad-. ¡Suéltame!

-¿Sabes por qué la maté? –Bellatrix mantuvo la varita levantada hacia él. Draco dejó de forcejear al sentirse liberado del hechizo y permaneció en su lugar mientras escuchaba las palabras de su tía-. No fue sólo porque mi Lord me lo pidió. Yo la odiaba. Ella siempre tuvo lo mejor. Yo siempre tuve que conformarme con lo que ella dejaba.

-Eso no es cierto. Mi madre te quería... era tu hermana. –Draco seguía sin poder creer lo que escuchaba. No podía concebir que su tía pudiera ser tan malvada, no con quien toda su vida se había dedicado a protegerla, a amarla-. ¿Cómo pudiste?

-Fueron años... –Prosiguió la mujer-. Años en los que vi cómo ella se adueñaba de todo lo que yo quería. De todo lo que yo ambicionaba.

-Ella no te robó nada.

-¡Tú no sabes! –Draco se sobresaltó ante el grito de su tía-. ¡Yo lo vi primero! ¡Yo lo conocí antes y ella me lo robó! ¡Por eso él nunca me miró! ¡Por eso él nunca se tomó la molestia de conocerme!

Draco movió la cabeza de un lado a otro, tratando de digerir cada una de sus palabras. El gesto de su tía se suavizó poco a poco hasta que una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

-Pero eso ya no viene al caso ahora. Él está muerto y no hay nada que se pueda hacer a ése respecto. –Draco permaneció en silencio ante sus amargas palabras-. Ahora tengo otros motivos que me mueven. Tengo otros planes mucho más ambiciosos y tú interfieres con ellos. Y no lo puedo permitir.

Desconcertado por la verdad de la que acababa de enterarse, Draco no escuchó las palabras de su tía. Su atención volvió a ella cuando la oyó mencionar al principal motivo de sus pesadillas.

-Sé que mi Lord ha puesto su mirada en ti para procrear un heredero. –Draco pudo notar el desprecio puro en la voz de la mujer-. Pues bien, yo quiero ocupar tu lugar. Quiero ser yo quien le dé a mi señor todo lo que él quiere... y muchas cosas más que tú no podrías ser capaz de darle.

Draco no pudo reprimir una risa sarcástica al escucharla.

-¿Y crees... que yo estoy entusiasmado con la idea de darle un heredero? –La mujer permaneció impasible ante el gesto del muchacho-. Por mí no te preocupes. Te cedo mi lugar con mucho gusto.

-Eres un tonto. Mi Lord te ha dado en bandeja de plata la oportunidad de controlar todo el mundo Mágico y Muggle, y tú la estás desperdiciando. Pero las cosas no son tan sencillas. Él está encaprichado contigo y sé que no descansará hasta que logre su objetivo.

Bellatrix sujetó con fuerza su varita y apuntó al cuerpo del muchacho, que palideció.

-Me aseguraré que no seas un estorbo en mi camino como alguna vez Narcisa lo fue para conquistar a tu padre. –Entrecerró sus azules ojos y una siniestra sonrisa brotó de sus labios mientras buscaba en su mente una maldición apropiada para él-. Morirás con lentitud y entre el más intenso de los dolores. Y mi Lord no tendrá otra opción más que aceptar mi ofrecimiento...

Bellatrix lanzó la maldición que acabaría poco a poco con la vida de Draco Malfoy. En el momento en que una luz roja brotaba de su varita, una de igual color pegaba en su propio cuerpo, haciéndola caer al suelo presa de terribles dolores. Sin saber qué había ocurrido, la mujer levantó la mirada y desde el suelo pudo distinguir algo que le paralizó el corazón.

Junto a su hijo, una silla de ruedas descendió y el rostro serio de Lucius Malfoy se dejó ver entre la bruma que comenzaba a rodearla.

-Lucius...

Fue cuando cayó en la cuenta que había recibido la misma maldición que ella había utilizado segundos antes, y de propia mano del hombre que amaba. Bellatrix extendió sus brazos y trató de arrastrarse para llegar junto a aquél a quien había deseado toda su vida. Al único dueño verdadero de su corazón y si él lo hubiera querido, también de su voluntad.

Pero las fuerzas la abandonaban poco a poco. Su voz dejó salir su nombre una vez más, en un suave susurro que nadie pudo escuchar. Su cuerpo comenzó a morir y antes de que llegara su fin ella pidió un último deseo.

Una sola mirada de ésos ojos azules que durante tantos años atormentaran su alma. Una sola mirada de ése hombre al que ella amara en silencio. Un sólo segundo de ésos dos profundos y turbulentos mares inundando sus sentidos la harían dichosa. Ella moriría contenta con una mirada, no importaba ahora si era de odio... pero al fin una mirada para conservarla, feliz a donde quiera que la muerte la llevara.

Bellatrix exhaló su último suspiro a unos cuantos metros de la única persona que había amado durante toda su vida. Sus ojos quedaron fijos en ésa altiva figura dueña de sus sueños delirantes, de sus ilusiones y deseos. Fijos en los ojos azules que hasta el final deseó, notaran su extinguida existencia...

Pero Lucius nunca la miró.

oooooooOooooooo

Draco ya no escuchaba las palabras de su tía. Su mente se había quedado atorada en el instante en que ella le confesara el odio que sentía por su madre y su supuesto amor hacia su padre. No podía creer que su tía pudiera guardar tanto rencor hacia su propia hermana. Volvió su atención a Bellatrix cuando ésta le confesó sus planes de ocupar su lugar como la madre del heredero de Voldemort.

Una risa cargada de sarcasmo había sido su respuesta inmediata. Luego, unas palabras más que se perdieron entre el ruido de la batalla a su alrededor. Y después, un rayo rojo emergiendo de la varita de su propia tía y dirigiéndose hacia él. Cerró los ojos esperando sentir la maldición imperdonable que acabaría con su vida.

En vez de eso, unos brazos cálidos lo envolvieron y escuchó un suave gemido. Draco abrió sus grises ojos para ver a Blaise mirándolo con los suyos llenos de amor. El firme abrazo de quien fuera su pareja se aflojó al tiempo que su cuerpo se deslizaba con lentitud hacia el frío piso del salón.

-¡Blaise! –Draco alcanzó a sostenerlo entre sus brazos en el preciso momento en que Lucius descendía junto a ellos, en su rostro una gran preocupación. Al verlo, Draco comprendió lo que Blaise acababa de hacer. El muchacho había presenciado el momento en que Bellatrix le lanzaba la maldición y, reconociéndola como mortal, no lo había pensado dos veces antes de atravesarse en su camino.

-¡Padre! ¡El contra hechizo! –Su mirada angustiada se posó en los azules ojos de Lucius, y pudo ver un profundo abatimiento en ellos-. Por favor... tiene que haber uno...

-Lo siento, hijo... –Draco vio cómo su padre movía la cabeza de un lado a otro, la impotencia reflejada en su mirada azul-. No hay... contra hechizo.

-No... no... no... –Draco estrechó entre sus brazos el lánguido cuerpo de quien alguna vez fuera su pareja, sus grises ojos cargados de pesadas lágrimas-. ¿Qué has hecho, tonto? ¿Por qué?

-Porque... te... amo... –Draco clavó su mirada anegada en los cálidos labios que, entreabiertos, dejaban escapar poco a poco la vida en cada exhalación-. Mi corazón... entero... mi... vida... entera...

Un sollozo entrecortado brotó de los labios de Draco, quien unió su frente sudorosa a la del muchacho agonizante.

-¿Y tu bebé? –Le susurró, sus labios casi pegados a los suyos, sintiendo cómo su respiración se volvía más pesada-. ¿Qué pasará con él? ¿Y Oliver?

-Mi... hijo... –Una honda tristeza se dejó ver en los ojos aceitunados. Tristeza que se reflejó en la mirada gris de Draco cuando él le respondió-. Nunca... podré... conocerlo...

-¡No debiste! –Le reclamó Draco entre sollozos, sus manos enredándose entre sus suaves cabellos castaños-. ¡Ellos te necesitan!

-Oliver se... quedará... solo... –Asió el cuello de su túnica roja con las pocas fuerzas que le quedaban, su mirada aceitunada ahora llena de gran preocupación-. Escucha... su... padrastro... no permitas... que se... acerque a... él...

-¿De qué hablas? ¿De qué? Blaise... Blaise... –Draco unió su boca a la de él, deseando con toda su alma poder devolverle el aliento-. Por favor... no...

-¿Algún día... me... perdonarás...?

Draco apenas pudo responder, estremecido por las lágrimas que corrían a raudales por sus mejillas. Y tomando su mano la llevó a sus labios, sus ojos perdidos en los cálidos ojos de Blaise.

-Nunca... me dijiste... qué amabas de él. –Le respondió, recordando la pregunta que él alguna vez le hiciera.

Blaise acercó su mano al rostro de su gran amor, acariciándolo con dulzura mientras sus últimas palabras surgían de él en un cálido susurro, que Draco tuvo que esforzarse por escuchar.

-Eso... mi hermoso... Draco... tendrás que... averiguarlo... tú... mismo...

La suave mano que lo acariciaba cayó en su regazo. Draco atrajo hacia su cuerpo el cuerpo inerte de aquél a quien amara con todo su ser, sus lágrimas cayendo sin medida sobre su rostro y dejando huellas húmedas y saladas por toda su piel.

Lucius, quien no se había apartado de su lado esquivando los hechizos que caían a su alrededor, deseó con todas sus fuerzas tener el poder para revivir a aquél hermoso joven cuyo cuerpo, ya sin vida, su hijo acunaba entre sus brazos arrullándolo en un último sueño del que ya jamás despertaría.

oooooooOooooooo

Para los mortífagos que a ésas alturas de la batalla aún resistían, el tiempo se había convertido ahora en su peor enemigo. El alba se percibía, ya cercana, y no podían permitir que les amaneciera en la Mansión. La mayoría no podía dejar de pensar en la notoria ausencia de su Lord, que en toda la noche no se había dignado a hacer acto de presencia.

Al ver que la balanza se inclinaba a favor de la Orden del Fénix, muchos vieron la necesidad de abandonar a su señor y su casa, aventurándose a pasar por encima del grupo de McGonagall. Algunos no pudieron salir, pero otros lograron vislumbrar el espeso bosque frente a ellos, y por consiguiente, el pasaporte a su libertad.

Pero no contaban con el grupo de Aurores dirigidos por Remus, quienes, al ver que algunos de ellos trataban de huir se dispusieron a inmovilizarlos. Al verse sorprendidos, contraatacaron hiriendo a algunos. Ron estaba concentrado en su Patronus cuando algo le pegó, lastimándolo.

-¡Ron! –Hermione, que acababa de ceder su lugar a Remus, alcanzó a ver cuando su pareja caía presa de una maldición que reconoció como las que el profesor Snape les había enseñado a combatir.

Sin pensarlo dos veces, corrió hacia donde el muchacho se encontraba y dirigió su varita hacia él, conjurando el contra hechizo. Una sonrisa se dibujó en sus labios cuando vio que Ron aún respiraba. Buscó el trasladador de su pareja y lo activó para enviarlo a la enfermería.

Se quedó parada un momento en el mismo sitio sin darse cuenta que sin el Patronus de Ron, el lugar había quedado desprotegido. Al percatarse ello, dio media vuelta para enfrentar a los Dementores al tiempo que invocaba su Patronus. Pero su nutria jamás emergió de su varita. Hermione lo intentó una y otra vez, sin éxito.

Un largo escalofrío recorrió todo su ser al recordar un importante detalle: Los hechizos y contra hechizos que Snape les había enseñado eran oscuros. Y ella sabía muy bien que no se podía convocar un Patronus si la magia del mago que lo invocaba no estaba purificada.

Hermione cayó en la cuenta de ello cuando vio a dos Dementores dirigiéndose a ella. La muchacha trató de correr para poder refugiarse dentro del grupo resguardado por los Patronus de los demás Aurores, pero demasiado tarde.

Ni siquiera alcanzó a gritar. Sintió un frío repentino atravesando lo más profundo de su ser cuando uno de ellos atrapó su joven rostro, desvaneciéndola poco a poco junto con sus más hermosos recuerdos. Las tibias lágrimas que brotaron de sus ojos castaños se cristalizaron en diminutas perlas de hielo al intentar deslizarse por su cara, ahora helada, mientras sucumbía bajo el terrible beso.

Remus, quien permanecía concentrado en su Patronus sintió en su espalda una extraña y fría sensación. Giró su cabeza para averiguar de dónde provenía y su corazón se detuvo en el instante en que descubrió al Dementor atacando a la muchacha.

-¡Hermione! –Corrió hacia ella al tiempo que su Patronus ahuyentaba al Dementor. Se agachó para observarla. Ella tenía sus castaños ojos abiertos, pero su mente parecía haberse marchado con su atacante. La tomó entre sus brazos, tratando de hacerla reaccionar. Hermione enfocó su mirada en la persona que le hablaba, su mente tratando de identificar la dulce voz que escuchaba-. Soy yo, Remus...

Un leve destello de comprensión surgió en sus ojos cuando pareció reconocer al hombre frente a ella. Gritó, horrorizada, mientras se revolvía entre sus brazos, tratando de huir de él.

-Tranquila... mírame... soy yo... –Remus trató de calmarla con suaves palabras, pero sólo logró que Hermione se agitara con más fuerza entre sus brazos, mientras seguía gritando en medio de un ataque de histeria y espanto. Remus se asustó al ver el estado de la muchacha y sin pensarlo más decidió lanzarle un Desmaius.

Después de designar a un Auror para que ocupara su lugar, Remus mantuvo entre sus brazos a Hermione y activó su trasladador para llevarla a la enfermería.

oooooooOooooooo

Lucius sentía un gran pesar oprimiendo lo más profundo de su corazón. Después de lo acontecido en el salón le había sugerido a su hijo que volviera a Hogwarts, pues ya todo estaba acabando. Minerva lo había apoyado en su decisión y como Draco no quería separarse del cuerpo de Blaise, decidieron enviar a la enfermería a los dos.

Ahora más que nunca, el hombre estaba consciente que su hijo iba a necesitar todo su apoyo para lograr superar ésa terrible pérdida. Él sabía mejor que nadie el dolor que dejaba la muerte de un ser tan amado, pues él también lo había vivido en carne propia. Sólo esperaba que Draco conservara la fortaleza y madurez suficiente para salir adelante. Pero sin duda alguna él estaría ahí para ayudarlo.

Sabiendo a Draco a salvo en el Castillo, tuvo que hacer a un lado sus meditaciones y concentrarse en el motivo por el cual se encontraba en ése lugar. Su silla de ruedas se elevó para alejarse a toda velocidad hacia el único sitio que le faltaba por visitar. Sólo quedaba una persona en su lista negra, y se dirigió hacia allá.

En el pasillo donde segundos antes se encontraba, sólo quedaron los cuerpos de Arnold y Thomas. Sus rostros aún conservaban un gesto de súplica muy parecido al que, en su último encuentro con el ex mortífago, McEwan también tuviera.

Pero a diferencia de él, ellos no habían logrado su clemencia.

oooooooOooooooo

Harry se detuvo al final del pasillo que el director le indicara. Ante su vista defectuosa todas las piedras de la pared frente a él eran iguales. Con un suspiro de frustración palpó las que sus manos alcanzaron hasta que pudo encontrarla. La apretó con fuerza y un pasillo corto y ancho apareció ante él.

Corrió hasta topar con el final, donde la puerta de la habitación de Voldemort aún podía verse hecha pedazos. Apretó su varita en su mano cuando escuchó el sonido de lo que parecía ser un derrumbe y como en un largo siseo, la voz de su peor enemigo llegó hasta sus oídos acompañada de un gemido de dolor que reconoció de inmediato.

-No voy matarte ahora. Esperaré a que Nagini traiga mi encargo y entonces haré una gran fiesta...

-¡Severus! –Harry entró a la enorme, pero semi destruida habitación en el momento en que su pareja perdía la conciencia. Tenía la parte inferior de su cuerpo atrapada debajo de una enorme plancha de concreto. Sintió una intensa furia inundar sus venas mientras se giraba hacia el monstruo, que parecía sorprendido ante su repentina llegada.

-Vaya, vaya... pero parece que mis planes se adelantarán. –Harry le lanzó un hechizo para desarmarlo, que el ser oscuro esquivo sin dificultad-. Esto va a ser muy divertido...

Voldemort convocó un escudo al mismo tiempo que le lanzaba maldiciones a Harry, que éste logró eludir. El joven intentaba traspasar el escudo de su adversario mientras se concentraba en impedir que las maldiciones dieran en su cuerpo. No pasó mucho tiempo antes de que lograra su objetivo.

Voldemort esquivó el ataque del muchacho en el instante que Nagini llegaba. Harry reconoció el siseo molesto de la serpiente y giró su vista para ubicarla. El animal evitó acercarse al joven y en vez de eso, se dirigió hacia donde estaba Severus, que ya comenzaba a recuperar el sentido.

Harry puso atención a la voz de Voldemort pronunciando palabras en parsel.

-Nagini, mata al traidor. –Harry corrió hacia donde su pareja se encontraba, atravesándose en el camino de Nagini y sin dejar de apuntar con su varita hacia Voldemort.

-Ni siquiera lo pienses... –La serpiente silbó, sorprendida al escucharlo hablar en su lenguaje. Retrocedió cuando la mano izquierda de Harry apuntó a su enorme cuerpo con lo que Severus reconoció como su varita.

Nagini siguió retrocediendo asustada hasta llegar a los pies de su señor. Harry Potter hablaba parsel. Y para ella eso significaba que era tan poderoso como su amo. Y si con una varita ya era peligroso no quería saber lo que sería capaz de hacer con dos.

Harry se acercó a su pareja y le entregó su varita. El profesor la tomó en el instante que Albus Dumbledore entraba a la habitación, atrayendo la atención de Voldemort. Sus ojos carmesíes observaron cuando el director se agachó a la altura de Severus y con un hechizo lo liberó de la enorme loza que aprisionaba sus piernas. El profesor se mordió los labios para no gritar, al tiempo que extraía el medallón de entre sus túnicas.

-¿Qué... significa... esto? –Le preguntó al director mientras se arrancaba el medallón del cuello. Albus permaneció sereno ante la mirada interrogante de su protegido.

-¿Estás bien? –Harry se distrajo por un segundo para averiguar el estado de su pareja. Voldemort aprovechó el momento y dirigió su varita hacia el corazón de Albus. Pero Severus, que no había apartado su mirada de él, adivinó sus intenciones.

-¡Albus! –Severus colocó el medallón sobre el pecho del director mientras lo abrazaba. Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro del Dark Lord cuando el Kedavra emergió de su varita dirigiéndose a los dos hombres.

Una intensa luz de color azul surgió del medallón, chocando contra el rayo verde y cegando de momento a todos los que se encontraban en ésa habitación. Harry tuvo que cerrar sus verdes ojos para evitar el reflejo y cuando los abrió, su corazón se paralizó por el temor.

Albus y su pareja yacían del otro lado de la habitación. La energía liberada por el choque los había lanzado con fuerza y ninguno de ellos daba señales de vida. Al ver lo ocurrido, Harry gritó de dolor. Levantó su varita hacia el ser oscuro, sus verdes ojos irradiando un intenso odio por el monstruo frente a él.

Un Expelliarmus fue suficiente para desarmar a Voldemort, quien sintió la fuerza del muchacho mientras se estrellaba contra la pared contraria. El Dark Lord alcanzó a escuchar el sonido de su varita cuando Harry la partió en dos. Pero no pudo ver cuando el "niño que vivió" se paró a unos metros de él y apuntó directo a su corazón.

-¡Avada Kedavra!

Un enorme cuerpo obstruyó el paso del rayo cuando Nagini se irguió en todo su tamaño, en actitud defensiva hacia su amo. Al sentir la maldición pegando en su cuerpo, Nagini dirigió su cabeza hacia Harry y escupió su veneno en el rostro del muchacho.

Harry se sacudió al sentir una viscosa humedad en todo su rostro mientras Nagini caía, muerta. Escupió lo que había entrado en su boca sin poder evitar que unas gotas resbalaran por su garganta y se talló la cara tratando de quitarse los restos de veneno en ella. Comenzó a ver rojo y supo que la toxina también había alcanzado sus ojos. Su vista comenzó a nublarse y sólo distinguió sombras borrosas. Voldemort se acercó a él y lo tomó por el cuello de la túnica, tratando de asfixiarlo.

-Quién lo diría... –Harry escuchó el siseo en la voz de su enemigo, entre las punzadas de dolor que el veneno de Nagini estaba causando en todo su rostro-. No pensé que sería tan fácil matarte. De haberlo sabido hace tiempo habría mandado a Nagini contigo...

El muchacho afirmó su varita y la dirigió al cuello del Lord. Éste apretó la muñeca de Harry junto a su cuello, y el muchacho gritó al sentir su piel sensible por el efecto del veneno en contacto con su piel rasposa. Se zafó del agarre de su enemigo con las pocas fuerzas que le quedaban y se arrastró como pudo hasta topar contra la pared. La figura del hombre frente a él se volvía cada vez más negra, y Harry recorrió el lugar con la mirada para percatarse que todo a su alrededor también se tornaba oscuro.

Harry intentó levantar la mano que sostenía su varita, pero la debilidad lo venció. Escuchó la risa tenebrosa de su enemigo y a su memoria acudió el sueño de la noche anterior. Se sintió tranquilo dentro de su dolor al saber que su sueño se cumplía en él, y no en la persona de Severus. El Lord levantó su mano y la dirigió hacia el muchacho mientras sus ojos carmesíes se entrecerraban.

-Ha llegado la hora de cumplir con mi más grande deseo... acabar contigo y hacerme de todo tu poder. Te mataré y después tomaré al heredero Malfoy y entonces... no habrá nadie que pueda detenerme.

-No estén tan seguro...

Voldemort escuchó una voz conocida por él y volteó el rostro hacia donde provenía. Una sonrisa torcida se dibujó en sus delgados labios mientras pronunciaba su nombre entre una mezcla de sorpresa y disgusto.

-Mi querido Lucius... ¿Es mi imaginación... o tu varita es más grande? –Voldemort distrajo su atención de Harry para posarla sobre su antiguo servidor-. Ésta ha sido una noche de muchas sorpresas...

-Ésta será tu última noche. –Lucius levantó su varita y apuntó directo al corazón del Lord-. Esto... es por Narcisa...

Por el grito aterrador que brotó de la boca de Lord Voldemort, fue más que obvio que el maligno ser no se esperaba el poderoso cruciatus que brotó de la varita de Lucius, haciendo hervir en punzadas de intenso dolor cada fibra de su ser.

-Esto... es por mi hijo... –Otro aterrador grito se dejó escuchar mientras Harry tanteaba con su varita el lugar de donde provenía-. Y esto... es por mí...

Voldemort volvió a retorcerse como una serpiente al sentir el gran poder que emanaba de quien le había sido fiel alguna vez. Harry se dirigió a ciegas hacia donde el grito provenía y haciendo un gran esfuerzo, levantó su mano empuñando su varita. Alcanzó a escuchar la voz de Voldemort y el ruido de la silla de Lucius estrellándose contra la pared. Y después nada.

-¿Señor... Malfoy? –El silencio fue la respuesta que obtuvo. Supo entonces que se había tardado demasiado en actuar.

-Harry... –El muchacho alcanzó a escuchar la débil voz de Severus, y sintió que su corazón latía de nuevo.

-¿Dónde... estás? –Harry se arrastró hacia donde provenía la voz de su pareja. Tanteó con la mano que tenía libre, deseando sentir el calor que emanaba de él. Severus frunció el ceño ante la actitud desesperada del muchacho. Lo observó con atención desde su lugar y ahogó un gemido de dolor cuando descubrió lo que le había ocurrido.

-Harry... tus ojos... –Severus hizo a un lado el cuerpo de Albus y trató de moverse, pero sus piernas heridas no pudieron obedecerle. Buscó su varita y vio con impotencia que estaba fuera de su alcance, junto con el medallón-. Aquí estoy, a tu izquierda...

Harry siguió tanteando el terreno a su paso, pero parecía que Severus era inalcanzable. Cada intento de avance era una tortura para él y las fuerzas escapaban de su cuerpo por la acción del veneno. Severus giró su vista hacia Voldemort, y vio que éste comenzaba a recuperarse de las maldiciones de Lucius.

En un intento desesperado porque Harry pudiera verlo, Severus cerró los ojos y concentró toda su magia a través de sus manos. Harry parpadeó dentro de la oscuridad que reinaba a su alrededor al ver las hermosas luces, tan conocidas y amadas, que danzaban a unos cuantos metros de él. Una débil sonrisa se dibujó en sus pálidos labios cuando sus temblorosas manos pudieron alcanzar las manos de su pareja.

Severus lo recibió entre sus brazos, apretándolo contra su cuerpo, temiendo que desapareciera de su lado. Frente a ellos Voldemort se erguía, su mano derecha levantada hacia Harry. Severus supo de inmediato lo que pretendía.

Tomó la mano de su pareja con la que sostenía la varita y apuntó hacia el corazón de Voldemort. Éste tenía sus ojos carmesíes entrecerrados en un gesto de concentración, sus ásperos labios pronunciando el conjuro con el cual robaría toda la magia de Harry.

-Hazlo... Harry. ¡Ahora!

Guiado por la mano de Severus, concentró las pocas fuerzas que le quedaban mientras pronunciaba, por segunda vez, las dos palabras que esperaba no volver a pronunciar nunca jamás.

-Avada... Kedavra...

El rayo mortal brotó de la punta de su varita dando de lleno en el corazón de un sorprendido Voldemort, cuya vida escapó de su cuerpo en destellos de color verde, que Harry ya no pudo ver.

La varita del muchacho se escurrió de su mano inerte. Severus abrazó con fuerza su cuerpo y en medio del dolor, dejó que la inconsciencia lo recibiera de nuevo.

-¡Harry!

Sirius y Arthur llegaron y pudieron ver que Voldemort yacía en medio de la habitación, sin vida. El cuerpo de su mascota se encontraba a unos metros, sus ojos vidriosos mirando a la nada. Del otro lado de la habitación, Lucius Malfoy recuperaba el sentido.

-Llévatelo cuanto antes... el veneno de Nagini es poderoso. –Sirius tomó de entre los brazos de Severus el frágil cuerpo de su ahijado, mientras escuchaba las palabras de Lucius. Cerró sus azules ojos y al instante desapareció con su preciosa carga.

Arthur se dirigió a los cuerpos de Albus y de Severus, sus ojos oscurecidos por la preocupación. Con todo el cuidado que le fue posible, los abrazó a ambos y activó su propio trasladador. Segundos después desaparecían rumbo al Castillo de Hogwarts.

Lucius permaneció un momento más en ése lugar. Su mano se posó sobre su antebrazo y suspiró mientras observaba el cuerpo inerte de Voldemort a unos metros de él. Recuperó la varita de Severus junto con el medallón, y cuando consideró que ya era suficiente, dio la media vuelta y salió de la habitación.

La luz de un nuevo día bañó cada rincón de la Mansión Riddle, donde sólo quedaban los restos de quien durante muchos años mantuviera al mundo mágico en la penumbra.

Harry Potter había cumplido su misión.

Continuará...

Próximo Capítulo: Realidades dolorosas.

Notas:

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)