Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Respuesta a los reviews:

Sumset: Hola Sum, me alegra mucho saber que la historia te gusta, de verdad. Muchísimas gracias por tus hermosas palabras y espero que lo que viene también te guste. Besitos.

Ali Potter Malfoy: Hola Ali, la verdad es que sí me he visto muy mala, pero ahora que Voldemort ya no está me voy a dedicar a reparar todo el daño que hizo. Es una pena la muerte de Blaise, pero así lo tenía contemplado desde el principio de la historia. Muchas gracias por tu comentario y besos para ti también.

Nan: Hola Nan, así es. Ésta era la pareja que tenía planeada desde el principio de la historia. De hecho, su destino ya estaba decidido desde el segundo capítulo. Habrá más protagonismo de Remus y Lucius y bueno, aún no es momento para que Sirius lo sepa. Jajaja, no preciosa, el fic no va a terminar aún. Calculo unos siete u ocho cap. más o menos, hay que reconstruir las vidas de toda esta gente. Al contrario, gracias a ti por seguir leyendo. Besitos mil.

Muchas gracias también a Mis Andreina Snape, Julia, EugeBlack y M-Cha por sus reviews.

A todas aquéllas personas que leen mi historia, muchas gracias.

XX

Realidades dolorosas.

Primera Parte.

Madame Pomfrey jamás se imaginó que llegaría a tener tanto trabajo en una sola noche. A pesar de contar con la ayuda invaluable de su auxiliar y de los médicos y enfermeras que la acompañaban, todos ellos apenas se daban abasto con los Aurores que llegaban heridos.

El amanecer estaba muy próximo y en ése preciso momento, la enfermera se encontraba bastante ocupada en un caso que nunca pensó, llegaría a ver tan de cerca. La joven que yacía en la cama de una de las habitaciones privadas y a la que conocía desde que era una niña.

Hermione se debatía entre los brazos de Oliver sin dejar de gritar, sus ojos castaños inundados de lágrimas. El muchacho apenas podía sostenerla mientras Poppy le administraba una poción para sedarla y Remus permanecía oculto en un rincón del pequeño cuarto pintado de blanco. La enfermera le había pedido que se alejara de la muchacha al notar que su presencia la alteraba más.

La joven cayó en un profundo sueño producto del calmante que Poppy le diera. Oliver suspiró mientras la depositaba con delicadeza sobre la cama y la arropaba, sin dejar de sentir un nudo en la garganta por la suerte de la que fuera la más brillante de sus compañeras.

Remus se acercó a ellos y sus ojos dorados se cruzaron con la seria mirada de la enfermera.

-Es grave, Remus. –Fueron sus primeras palabras-. Es obvio que el Dementor le robó sus recuerdos. El problema es que no sabemos el grado del daño causado.

-¿De qué manera podríamos saberlo? –Remus extendió una mano para acariciar los despeinados cabellos de quien era su amiga.

-Será necesario hacerle unos estudios más profundos. Por desgracia no cuento con los medios adecuados para ello. –Poppy suspiró mientras observaba con pesar a la muchacha-. Habrá que internarla en San Mungo para que unos especialistas la vean.

-Sé que su alma está intacta. –Remus se sentó en la orilla de la cama sin dejar de acariciar la cabeza de la muchacha, sus ojos dorados mostrando una gran congoja-. La prueba de ello es que reacciona a los estímulos.

-Eso es verdad. –Afirmó la enfermera-. Pero su grado de depresión es severo, por lo poco que pude apreciar. Remus... –El hombre giró su rostro hacia la enfermera, quien lo miró con profunda seriedad-. No puedo dar ningún diagnóstico porque no soy especialista. Pero te sugiero que te vayas haciendo a la idea de que tal vez... no tenga recuperación.

-No, Poppy... no puedo aceptar eso. –Remus movió la cabeza de un lado a otro, negándose a ésa terrible posibilidad-. Haremos lo que sea necesario... lo que sea.

Oliver y la enfermera observaron a Remus mientras éste tomaba la mano de Hermione para obsequiarle un beso, las lágrimas brotando de sus ojos sin poder detenerlas. Decidieron darle espacio para que pudiera descargar toda su angustia y salieron en silencio dejándolo solo con la muchacha.

-Perdóname, Hermione... -Remus continuó acariciando su mano sin poder evitar que un sollozo escapara de lo más profundo de su garganta-. Ustedes estaban a mi cargo. Eran mi responsabilidad y no supe cuidarlos. No supe... perdóname, pequeña... perdóname... Ron.

oooooooOooooooo

Draco apareció en la enfermería y caminó con el cuerpo de Blaise entre sus brazos. Poppy acababa de enviar a Oliver a buscar unas pociones en la oficina cuando los vio. No pudo evitar una profunda exclamación al descubrir quién era la persona que el rubio cargaba con tanto amor. El muchacho depositó el cuerpo de quien fuera su pareja sobre una de las camas que se encontraban cerca.

-No puedo creerlo, no... –La enfermera examinó el cuerpo del castaño y con pesar corroboró lo que para el rubio ya era una dolorosa verdad-. Merlín... ¿Cómo se lo diré a Oliver? ¿Cómo?

Draco pareció reaccionar cuando escuchó el nombre que brotó de labios de la angustiada mujer. Cerró sus ojos, enrojecidos por tanto llanto al mismo tiempo que escuchaba la voz de Oliver detrás de él.

-¿Decirme qué, Madame? –Oliver se acercó a ellos. Poppy calló y Draco permaneció con los ojos cerrados al tiempo que éste descubría el cuerpo de su pareja-. ¿Blaise?

-Lo siento... tanto... –Poppy quiso acercarse a él, pero Oliver se dejó caer sentado sobre la cama, a un lado del padre de su hijo.

-¿Por qué lo siente, Madame? –Poppy lo miró sin entender. Draco abrió sus grises ojos y lo que vio lo dejó sorprendido. Oliver acariciaba el rostro de Blaise mientras acomodaba sus cabellos castaños en su lugar. Y sonreía-. Él sólo duerme.

-Pero, Oliver... no... –La enfermera trató de decir algo más, pero Oliver se puso de pie y se dirigió a la puerta.

-Será mejor que siga con mi ronda. –Se acomodó la bata blanca sobre su delgado cuerpo de un modo muy profesional. Sonrió otra vez mientras miraba, extrañado, los ojos hinchados de Draco-. Vendré más tarde cuando ya haya despertado.

Ni Poppy ni Draco alcanzaron a reaccionar. Sólo vieron cuando el muchacho desapareció detrás de la puerta y luego escucharon sus pasos alejándose por el pasillo.

-¿Qué fue eso?

-Está en shock. –La enfermera cubrió con una sábana blanca el rostro pálido de Blaise. Draco volvió a cerrar los ojos sin querer ver lo que Poppy hacía-. Será mejor dejarlo tranquilo por ahora. Cuando él mismo acepte lo que ha pasado entonces... será hora de acompañarlo en su sufrimiento.

Poppy se retiró, dejándolo a solas con Blaise y su dolor. Y negándose a pensar que Oliver se encontraba en estado de shock decidió salir detrás de él. Depositó un beso en los fríos labios de Blaise y volvió a cubrirlo con la sábana blanca.

Con un último suspiro salió de la habitación. Necesitaba decirle lo que había sucedido, y para ello era imperativo que el moreno comenzara por aceptar lo ocurrido.

oooooooOooooooo

La noticia de la derrota de Lord Voldemort en manos del "Niño que vivió", corrió como reguero de pólvora por todo el mundo mágico. Entrada la mañana de ése histórico viernes veintinueve de Julio, cientos de reporteros se congregaron a las afueras de los terrenos de Hogwarts, en espera de la confirmación de propia boca del Fundador de la Orden del Fénix, o en el mejor de los casos, del mismo Harry Potter.

Pero nadie sabía que ni el profesor Dumbledore, ni su llamado niño de oro estaban en condiciones para responder a sus preguntas y mucho menos dar una conferencia.

Minerva McGonagall se hallaba sentada en una silla junto a la cama donde el viejo director reposaba, en apariencia dormido. Sus ojos verdes, empañados por el llanto, apenas la dejaban distinguir el rostro sereno de su viejo amigo. Le dolía en el alma verlo en ésas condiciones, tanto como el no saber lo que había pasado para que ahora se encontrara así.

Sólo sabía que Arthur Weasley había logrado trasladarlo junto a un inconsciente Severus, después de lo que pareciera un difícil enfrentamiento contra Voldemort. Pero no existía la certeza de lo ocurrido, pues el profesor de Pociones aún estaba inconsciente en la habitación de al lado y Harry se encontraba en San Mungo, donde Sirius había decidido llevarlo.

Poppy lo examinó sin poder hallar heridas físicas. Su diagnóstico sobre el estado del Director fue que se encontraba en una especie de coma. La enfermera y algunos medimagos que se encontraban con ella hicieron todo lo posible para despertarlo, sin resultado alguno. Y Minerva no dejaba de pensar que el Medallón que Albus le obsequiara a Severus tenía mucho que ver con ello.

Secó sus lágrimas y se puso de pie. Se dirigió hacia el velador junto a la cama y tomó pluma y pergamino. Sus obligaciones no habían terminado aún, pues debía notificar a los padres de los jóvenes caídos en batalla para que fueran a reconocerlos. Dos jóvenes de Ravenclaw, dos de Hufflepuff y uno de Slytherin, todos ellos víctimas de maldiciones mortales, y una Gryffindor atacada por un Dementor.

-Hermione... –La animaga dudó por un instante ante la hoja en blanco, sin saber cómo comenzar. Estaba segura que Molly no sabía aún lo ocurrido, ni a la joven ni a su propio hijo, pues cuando la subdirectora se retiró de la Mansión Riddle con los muchachos, la señora Weasley se quedó para girar las últimas indicaciones al grupo que dirigía. Escribió unas palabras y después de pensarlo mejor, rasgó el pergamino. Hablaría con ella en persona.

Ése día tendría muchas cosas qué hacer. Visitaría a los muchachos heridos para enterarse de su evolución. También hablaría con el editor del Profeta, pues era necesario dar a conocer a la prensa todos los hechos. Pero para poder contarle todo con lujo de detalles, debía saber lo que había ocurrido en ésa habitación.

Tenía que esperar a que Severus despertara, pues él era el único que podía decirle lo que había sucedido en ése lugar. También enviaría cartas a los miembros del Consejo del Colegio, para dar a conocer el estado actual del Director e ir tomando las medidas convenientes. Tenía muchas cosas qué hacer. Demasiadas. La mayoría de ellas muy dolorosas.

Suspiró una vez más mientras tomaba otro pergamino. Después de medio minuto sin saber cómo comenzar, decidió que el principio sería lo mejor.

-Queridos Señor, y Sra. Zabini...

oooooooOooooooo

Sirius caminaba de un lado a otro esperando noticias sobre Harry. Desde su llegada a San Mungo, el medimago que recibiera a su ahijado no había aparecido para hablarle sobre su estado. La preocupación lo consumía conforme pasaban las horas, haciendo que la espera se le hiciera demasiado larga.

El brazo herido por Bellatrix aún le dolía, pues el animago no había querido atenderse para no tener que moverse de su sitio. Ya después tendría tiempo para eso. El medimago salió al fin de la sala donde el muchacho había sido atendido. Sirius se detuvo de golpe al verlo acercarse a él, la ansiedad reflejada en sus azules ojos.

-¿Señor Black? –Sirius asintió-. Soy el doctor Curtis.

-¿Cómo está Harry? –El médico le invitó a tomar asiento y después se sentó a su lado mientras tomaba aire para comenzar.

-El muchacho presenta huellas de latigazos en su espalda, lo que indica que fue torturado. –Sirius apretó los puños con rabia. Aún así, permaneció en silencio esperando a que el medimago continuara-. También tiene heridas en algunas partes del cuerpo, como el torso y los muslos. Fueron hechos con algún objeto punzante y al parecer cauterizadas al mismo tiempo.

-¿Quiere decir que lo quemaron mientras lo lastimaban? –El hombre frente a él asintió. Sirius sintió que una inmensa ira crecía en su interior-. ¿Quedará... marcado?

-Por fortuna, no. –Fue la respuesta del medimago-. Las heridas de las que le hablo fueron curadas a tiempo, al igual que los latigazos. La persona que lo curó hizo un buen trabajo, pues le limpió las heridas a conciencia y después le aplicó una poción cicatrizante que no dejará huellas.

Sirius frunció el ceño ante las últimas palabras del medimago. Fue más que obvio para él que Harry había sido tratado por Snape. Aún así, la rabia que sentía no disminuyó en absoluto.

-Por otra parte... encontramos rastros de semen en su cuerpo. –Sirius levantó la mirada y el doctor Curtis sintió que lo traspasaba con ella-. Aunque no hay señales de que haya sido violado, pues no tiene heridas externas o internas que lo demuestren. Aún así no descartaremos la posibilidad de que haya sufrido alguna clase de abuso sexual.

-¿Qué hicieron con las muestras de semen?

-Como se trata de una posible violación, decidimos mantenerlas en el laboratorio. –Sirius asintió, comprendiendo-. En realidad, señor Black... eso es lo menos alarmante ahora. Lo que nos preocupa es el veneno de la serpiente que lo atacó.

-¿Qué quiere decir? –Sirius sintió que el alma escapaba de su cuerpo cuando vio el rostro del médico ensombrecerse-. ¿Qué pasa con él? ¿Acaso no pudieron extraerlo de su cuerpo?

-El muchacho no fue mordido por la serpiente, por lo que el veneno no corrió por sus venas y eso le salvó la vida. –El hombre suspiró, sin saber cómo continuar-. Verá, señor Black... Harry recibió el veneno de lleno en su rostro, e hizo contacto con sus ojos.

Sirius negó con la cabeza, renuente a seguir escuchando lo que intuyó que vendría a continuación.

-Ingirió un poco de veneno por vía oral. –Prosiguió el médico-. Le aplicamos un lavado estomacal y le dimos una primera dosis de antídoto, para evitar el envenenamiento. Ahora está inconsciente y no sabemos cuánto tiempo permanecerá en ése estado. Pueden ser horas o días... o incluso semanas. Todo dependerá de su organismo y cómo reaccione a las demás dosis que se le apliquen.

-¿Eso... es todo?

-Me temo que no. Existe la posibilidad de que el veneno haya afectado su visión. –Un gemido brotó de los labios de Sirius. Se cubrió el rostro con una mano mientras el medimago continuaba-. Limpiamos su rostro y sus ojos lo mejor que pudimos. Puedo garantizarle que no quedó un sólo rastro de veneno en ellos.

-Entonces... ¿No sufrió daño severo?

-No sabremos la magnitud del daño hasta que despierte y podamos hacer las pruebas pertinentes. –El doctor Curtis se puso de pie, haciendo que Sirius se levantara también. Lo miró directo a los ojos, esperando que el animago comprendiera cada una de sus palabras-. Señor Black, me temo que existe la posibilidad de que el muchacho quede ciego.

El animago sintió que el piso dejaba de ser estable. Se tambaleó y el doctor Curtis lo sostuvo del brazo para ayudarlo a sentarse. Sirius se separó de la mano que lo sostenía por la fuerza de la costumbre.

-Quiero verlo.

-Podrá hacerlo en cuanto se le traslade a una habitación. La enfermera a su cargo lo conducirá. Si me disculpa... –El medimago inclinó la cabeza en señal de despedida y se alejó por el largo pasillo. Sirius permaneció sentado en el mismo sitio, sin poder creer lo que acababa de escuchar. Una mano se posó sobre su hombro y levantó la vista.

-¿Cómo está Harry? –Remus se sentó a su lado y pudo observar una profunda tristeza en su mirada-. ¿Sirius?

Las lágrimas que brotaron de los azules ojos del animago fueron la respuesta a su pregunta. Preocupado, Remus sostuvo su hombro y guardó silencio, dando oportunidad a que su mejor amigo se desahogara.

oooooooOooooooo

Oliver abrió la gaveta de las pociones por enésima vez ésa mañana. Se había dedicado de lleno a administrar sus medicamentos a los pacientes de Poppy, pues no quería que su turno terminara sin haber atendido a todos ellos. Él estaba agradecido con la enfermera por haberle dado la oportunidad de permanecer como su auxiliar, y ésa noche había sido la prueba crucial para que el muchacho supiera que ser medimago era su verdadera vocación. Ahora ya no le quedaba duda alguna de eso.

Acomodó sobre una bandeja las pociones que le tocaba llevar sin olvidarse de anotar en un pergamino las que estaban por agotarse. Era seguro que Severus Snape tendría mucho trabajo en los próximos días. Con esos pensamientos se aproximó a la puerta de la oficina, bandeja en mano. Pero una figura espigada y rubia le obstruyó el paso.

-Debemos hablar. –Draco le quitó la bandeja de la mano ante la molestia del Gryffindor, quien sólo se cruzó de brazos-. Sobre Blaise.

-Es hora de las medicinas. -Oliver volvió a acercarse a la bandeja para tomarla, pero una mano de Draco lo detuvo-. Los pacientes esperan.

-¿Por qué no quieres aceptarlo? –Oliver le miró como si no supiera de lo que el rubio le hablaba-. Él... está muerto.

-¿De qué hablas? –Oliver negó con la cabeza, haciendo a un lado al rubio para tomar las pociones-. Blaise está dormido. Necesito darme prisa para ir con él a casa... –Draco resopló con frustración. En un intento por hacerlo entrar en razón lo tomó por las muñecas con fuerza-. ¡Me lastimas! ¿Qué te pasa, Malfoy?

-¡Él está muerto! ¡Muerto! –Oliver entrecerró sus ojos cafés al escucharlo gritar. Su cuerpo tembló mientras trataba de zafarse del fuerte agarre del rubio-. Él... está... muerto...

-¡No es cierto! –Oliver siguió forcejeando mientras observaba a Draco, sorprendido al verlo llorando. Draco lo soltó y lo miró con impotencia, reprimiendo con trabajo los sollozos que intentaban escapar de su garganta. Oliver levantó una mano y la posó en su suave rostro, tratando de secar sus lágrimas-. ¿Por qué lloras? Él sólo duerme. Cuando termine mi ronda yo mismo lo despertaré y entonces nos iremos a casa.

-Él... recibió una maldición... que iba dirigida a mí.

-Se hace tarde. –Oliver le dio la espalda para regresar por la bandeja y Draco sintió ganas de lanzar el objeto por la ventana. En vez de eso, se acercó a ella y enfocó su mirada gris en la claridad resplandeciente del día, contrastante con la terrible oscuridad que había dentro de él.

-Él se atravesó en el camino de una maldición que no tenía contra hechizo. Dio su vida por mí. Yo... debí morir en su lugar... –Un silencio pesado se hizo en la pequeña oficina. Draco suspiró mientras proseguía-. Él... nos amaba a los dos y... murió por mi culpa...

-No fue tu culpa. –Draco escuchó la voz de su padre y se giró para descubrir que Oliver ya no estaba, y que no había alcanzado a escuchar sus últimas palabras-. Nadie tuvo la culpa.

-Él no puede... no lo acepta.

-Dale tiempo, Draco. –Lucius se acercó a su hijo y convocó una silla para que el muchacho se sentara. Hizo lo que su padre le pedía y dejó que tomara su mano en un claro gesto de consuelo-. No todas las personas reaccionan del mismo modo. Esto es algo que él nunca se esperó. No lo obligues porque podría ser peor.

-Yo... tampoco lo esperaba. Nunca lo esperé...

-Lo sé, y eso sólo demuestra lo diferentes que son el uno del otro. –Lucius pasó una mano por los rubios cabellos de su hijo. Draco inclinó la cabeza mientras cerraba sus grises ojos-. Ya lo aceptará. La pregunta es... ¿Qué harás tú cuando eso ocurra?

-Blaise temía que él se quedara solo... –Draco levantó la vista y sus ojos tristes se encontraron con la mirada azul de su padre-. No tengo idea de lo que voy a hacer. Pero te puedo asegurar que Blaise no tendrá que preocuparse por eso.

oooooooOooooooo

Ron sentía un lastre invisible atado a sus débiles párpados. Cuando al fin pudo abrir los ojos se descubrió a sí mismo en una de las camas de la enfermería. Se esforzó en recordar la razón por la que estaba en ése lugar, y lo único que logró fue un vago recuerdo de él frente a los Dementores invocando su Patronus, y después un fuerte dolor en el cuerpo. Luego, nada.

Trató de levantarse de la cama, pero el mismo peso que antes sintiera en sus párpados ahora lo sentía en todo su cuerpo. Dejó de forcejear al darse cuenta que no había logrado moverse ni un centímetro.

-¿Dónde está mi hijo? –Ron sintió un gran alivio al escuchar la voz de su madre cerca de él. La cortina que lo separaba de las demás camas se abrió para dar paso a una angustiada Molly. Al verlo despierto, ella lo abrazó dando gracias por saberlo a salvo. Ron se sintió aliviado cuando al fin pudo moverse para corresponder a su abrazo-. ¿Qué te sucedió?

-No lo sé, mamá... –Ron suspiró mientras dejaba que su madre le sirviera un poco de agua, que tragó con mucho esfuerzo-. No recuerdo muy bien...

-Fue golpeado por un hechizo oscuro. –Minerva apareció en ése instante. Acababa de salir de la habitación de Albus, después de dejar a Fawkes con la labor de entregar su correspondencia lo más pronto posible. Tomó el brazo de Molly y la condujo detrás de la cortina.

-¿Qué sucede, Minerva? –Ron alcanzó a escuchar la pregunta de su madre. Trató de enderezarse para poder captar la conversación que sostenía con su Jefa de Casa, pero no lo logró-. ¿Mi hijo está bien?

-Sí, pero... –El muchacho se esforzó para poder escuchar lo que decían, sin resultado alguno. Un sollozo ahogado de su madre lanzó una punzada de dolor en lo más profundo de su pecho, y un oscuro presentimiento le robó el aliento al escuchar el nombre de su novia de labios de la subdirectora.

-¿Mamá? –Ellas guardaron silencio al escuchar al muchacho. La cortina volvió a abrirse para dar paso a las dos mujeres. La señora Weasley se sentó en la cama a un lado de su hijo mientras tomaba su mano-. ¿Dónde está Hermione?

Minerva decidió hablar al ver que otro sollozo ahogaba la voz de Molly.

-Cuando usted estaba invocando su Patronus una maldición le dio de lleno.–Ron supo entonces qué había sido aquél terrible dolor que sintiera-. La señorita Granger conjuró el contra hechizo... –Él miró a una y otra mujer, sus ojos grises llenos de preguntas-. Usted se recuperará, pero ella...

-Ella... ¿Acaso también le pegó una maldición?

-No, hijo. –Su madre sostuvo su mano con fuerza, queriendo con ello aminorar el dolor que lo que estaba por decir provocaría en su hijo-. Cuando quiso invocar su Patronus... no pudo.

-¿Qué... qué intentas decirme? –Ron apretó la mano de su madre, obligándola a continuar.

-Hermione quedó expuesta... y un Dementor... –Ron no necesitó que ella continuara hablando-. Lo siento mucho, hijo...

-¿Dónde está? –El muchacho se levantó de la cama haciendo un gran esfuerzo. Su madre lo ayudó a sostenerse-. Quiero verla.

La subdirectora los condujo a la habitación donde la joven se encontraba, aún sedada. Se acercó a ella y acarició su rostro sereno.

-No lo creo... –Ron besó con delicadeza los suaves labios de su novia, deseando con ello poder despertarla-. Ella parece estar bien.

-Por desgracia no es así, señor Weasley... –Minerva permaneció junto a la puerta, sin dejar de mirar con pesar el hermoso rostro dormido de la joven-. Ella sufre de ataques de pánico, lo que significa que el Dementor le robó todos sus recuerdos bellos.

-¿Cómo pueden saber eso? No hay modo de comprobarlo si sólo la tienen sedada. –Insistió el muchacho, negándose a creerlo-. Me quedaré con ella y ya verán que cuando despierte me reconocerá.

-Me temo que eso no será posible. –La subdirectora se dirigió entonces a Molly, quien parecía pensar lo mismo que su hijo-. Remus fue quien la trajo. Ella estaba en un trance de terror muy severo. Me temo que no lo reconoció, y si lo hizo... no fueron muy gratos sus recuerdos sobre él.

Minerva hizo una breve pausa para dejar que madre e hijo terminaran de asimilar lo que les decía.

-¿Qué pasará con ella? –Preguntó Molly, afligida-. ¿Se quedará aquí?

-De ninguna manera. –Ron se adelantó a cualquier respuesta de la animaga-. Irá a casa, conmigo. Yo cuidaré de ella hasta que se recupere.

-Siento tener que decirle que no es recomendable, señor Weasley... –Intervino Minerva, cada vez más apenada-. Ni siquiera aquí hay los medios adecuados para su tratamiento. Poppy recomendó que lo mejor es que se le interne en San Mungo.

-No... no lo permitiré.

-Ron... creo que Poppy tiene razón. –Molly se acercó a su hijo y acarició sus cabellos-. Nosotros no podremos cuidar de ella en ésas condiciones. Hermione necesita atención especializada.

-¡No irá a San Mungo! –Ron se tapó el rostro con las manos y las lágrimas brotaron de sus ojos. Su madre lo abrazó tratando de consolarlo-. No dejaré que la encierren y la droguen. Ella va a recuperarse... yo voy a ayudarla...

-Si, mi amor... haremos lo que sea necesario. Nosotros te ayudaremos, pero también deberás dejar que la vean los especialistas.

Ron asintió con pesar. Se abrazó a su pareja y refugió su cabeza en su cuello, como tantas veces hiciera después de hacerle el amor. Molly tomó la mano de la muchacha y la acarició con el cariño que sólo una madre era capaz de sentir por un hijo. Porque para ella, Hermione también era su hija.

Minerva decidió que en ése lugar sobraba y salió para dejarlos solos. Era hora de visitar a los demás muchachos y atender a sus padres, que no tardarían en llegar. La animaga se alejó con lentitud por el largo pasillo sin dejar de escuchar sus sollozos, aumentando de intensidad.

oooooooOooooooo

Remus caminaba de un lado a otro en la habitación privada donde Harry descansaba. Después de ser tratada la herida de su brazo, Sirius le había pedido que se quedara con él en lo que salía a hacer algunas diligencias. Al preguntarle a donde iría, el animago se había mostrado renuente a decirle, y el licántropo no quiso insistirle para evitar una discusión.

Se paró junto a la ventana, que había sido hechizada para evitar que cualquier reportero o curioso se asomara por ella montado en su escoba, como lo habían intentado ya desde que circulara la noticia de la llegada a San Mungo del ahora "Niño que venció".

El hombre dejó su lugar junto a la ventana para acercarse al muchacho. Suspiró mientras retiraba sus revueltos cabellos de su sudorosa frente, que ardía en fiebre. El profesor tomó un paño y lo mojó con agua fría para posarlo sobre ella, tratando de no humedecer la venda blanca que cubría sus ojos.

Permaneció observándolo durante un largo momento. Era innegable que el muchacho se había convertido en todo un hombre. Sus rasgos, que antes fueran los de un niño habían perdido redondez y ahora eran afilados y bien definidos. El corte de su barbilla era más profundo y sus músculos se adivinaban más pronunciados y firmes por debajo de la delgada bata.

-No culpo a Severus por poner sus ojos en ti... –Murmuró con aire paternal mientras remojaba otra vez el paño para colocarlo sobre su frente-. Eres toda una tentación, mi niño.

La puerta de la habitación se abrió dando paso a Sirius y Remus pudo observar que su rostro estaba endurecido. El animago se sentó en una silla junto a la cama y tomó la mano de su ahijado.

-He decidido que cuando Harry despierte, nos iremos a París. –Remus frunció el ceño ante las palabras de su amigo-. Si llegara a quedar ciego, yo mismo buscaré a un especialista para ponerlo en tratamiento.

-No sabes lo que estás diciendo. –Remus se levantó de su lugar junto a Harry y fue a sentarse a un lado de Sirius, tratando de hacer entrar en razón al hombre frente a él-. No has pensado en lo que Harry desea. Eso es lo que en realidad importa.

-Harry no estará en condiciones de decidir nada. –Insistió el animago-. Ni siquiera sabemos qué consecuencias provocará en su organismo el veneno de ése animal.

-Él nunca te perdonará que te aproveches de alguna posible incapacidad para gobernar sobre sus decisiones. –Escuchó un resoplido del animago como única respuesta-. Y mucho menos que lo alejes de la persona que ama.

-¡Él es el responsable de que ahora Harry esté así!

-Por el amor de Dios, baja la voz... –Remus se dedicó a cambiar el paño húmedo esperando que Sirius se tranquilizara-. Ni siquiera sabemos cuánto tiempo tardará en despertar. –Se volvió a él mientras continuaba-. No compliques más tu relación con Harry por una necedad. Él está a dos días de cumplir la mayoría de edad y será libre de hacer lo que quiera.

-No con él. No con ése mal nacido... –Cansado, Remus sólo suspiró tomando asiento en la cama junto a Harry. Sirius posó una mano sobre su brazo vendado mientras proseguía-. Ya le hizo demasiado daño y no permitiré que siga lastimándolo más. Ya va siendo hora de que comience a enfrentar las consecuencias de sus actos.

-¿De qué hablas? –Remus dejó lo que hacía para volverse a su amigo. Su mirada azul dijo mucho más que lo que el licántropo hubiera querido escuchar-. Sirius... ¿Qué es lo que has hecho?

-Fui a terminar con algo que debí hacer desde un principio. –Remus lo miró con insistencia, sus dorados ojos taladrándolo-. Fui a denunciar a Severus por abuso sexual. A éstas horas el Ministerio ya debe haber girado una orden de arresto en su contra.

Remus cerró los ojos y bajó la cabeza. Su mano tembló cuando soltó la mano de Harry de entre las suyas. Dejó la orilla de la cama para caminar hacia la ventana, tratando de encontrar las palabras adecuadas.

-Estás cometiendo el error más grande de tu vida. –Sirius se cruzó de brazos y se recargó sobre el respaldo, haciéndole ver al licántropo que no pensaba desistir. Éste apretó los dientes con rabia mientras continuaba–. Sabes tan bien como yo que Harry no sufrió ninguna violación.

-Mientras más lejos esté de él, será mejor. –Sirius tomó el lugar que Remus ocupara momentos antes junto a Harry-. Ése mortífago se atrevió a poner sus sucias manos encima de mi ahijado. Yo se lo había advertido, Remus, y él no me escuchó.

-¿Cómo puedes hacerle esto a Severus? ¿Cómo puedes hacerle esto a Harry? –Sirius pudo notar en la tenue voz de su amigo, que éste controlaba con mucho esfuerzo las ganas de gritar-. ¿Acaso has pensado en los daños que esto acarreará? ¡Severus irá a Azkaban y quedará etiquetado como un vil pederasta! ¡Y Harry! ¡Harry nunca te va a perdonar!

Remus respiró con fuerza y se acercó a la cama donde Harry dormía. Notó que la fiebre ya había bajado y depositó un beso en su frente antes de dirigir su mirada dorada hacia Sirius.

-Te sugiero que remedies ésta situación lo más pronto que puedas, o estarás cometiendo un error que te costará muy caro.

-Si lo que pretendes es que retire mi denuncia, entonces tendrás que esperar sentado. –Remus resopló, frustrado, mientras se dirigía a la puerta-. Me llevaré a Harry lejos de aquí, y así tendrá todo el tiempo y espacio del mundo para olvidarse de él.

-No sé si ya pensaste en lo que pasará cuando Harry despierte y se entere que has enviado a Severus a Azkaban... –Sirius hizo como que no lo escuchaba. Remus abrió la puerta para marcharse, no sin antes terminar de decirle lo que tenía atorado en la garganta-. Lo único que sé, Sirius... es que cuando eso suceda no querré estar en tu lugar.

oooooooOooooooo

-Quiero irme ahora... ¡Suéltame!

-¡No puedes, Snape! Necesitas reposo absoluto.

Arthur sostuvo con fuerza al profesor de Pociones para evitar que se hiciera más daño. Poppy sólo suspiró mientras le hacía beber una poción que el hombre reconoció de inmediato como un tranquilizante.

Severus apretó los puños ante la impotencia por no poder moverse de la cama. Hacía una hora que se había despertado sólo para encontrarse con la frustrante noticia de que tenía ambas piernas fracturadas. Poppy ya había convocado los hechizos de curación pertinentes y lo único que el profesor necesitaba ahora era no moverse para dejar que sus huesos terminaran de sanar.

Pero eso era lo último que le importaba en ése momento. Acababa de enterarse por medio del Auror que Harry se encontraba en San Mungo, pero por desgracia era todo lo que sabía sobre él. También quería ver a Albus. Minerva lo había puesto al tanto de su estado y le había pedido que le contara todo lo ocurrido. La animaga le había devuelto la varita que Lucius le entregara y a petición del mismo Severus había guardado el medallón en un lugar seguro, para después partir hacia la oficina de Dumbledore y escribir un comunicado al diario El Profeta.

Poppy salió dejando a los dos hombres solos. Arthur se dejó caer en una silla junto a la puerta y Severus observó una gran preocupación en su cansado rostro. El Auror acababa de hablar con su esposa y así se enteró de lo ocurrido a Hermione y a su hijo. También le entristecía el estado de salud de Albus, que aún no despertaba. Y sobre Harry no sabía nada en absoluto, pues no tenía noticias de Sirius. Remus había partido horas antes para averiguar todo lo que pudiera sobre el muchacho, pero aún no regresaba.

-Deberías irte a descansar. –Sugirió el profesor. Arthur levantó la mirada y sonrió, socarrón. Severus suspiró mientras posaba sus negros ojos en algún punto en el techo-. No puedo moverme, así que no podré salir de aquí.

-Sí, claro. –El Auror volvió a su posición anterior. Severus resopló con disgusto al ver que no había logrado su propósito-. Esperaré a que venga Malfoy. Él impedirá que te marches y arruines más tus piernas de lo que ya están.

Un momento de silencio surgió entre los dos hombres. Nunca habían cruzado más de dos palabras que no tuvieran que ver con su trabajo en la Orden, y ésa situación ahora los incomodaba. Severus se sintió en confianza para hablar de temas de índole no profesional. Lo adjudicó al tranquilizante que Poppy le acababa de dar.

-Lamento lo ocurrido a la señorita Granger, y a tu hijo. –Arthur asintió, agradeciendo sus palabras. Supuso que el interés de Severus se debía a un motivo más personal que a lo que a su familia respectaba. Y basándose en ésa suposición decidió aclarar algunas dudas.

-¿Qué hay con exactitud... entre Harry y tú? –Severus se sintió incómodo ante la pregunta tan directa, pero supuso que debía responder, pues conocía la gran estima que ésa familia guardaba hacia el muchacho y su preocupación genuina por él. Y en el fondo se los agradecía.

-Él y yo somos una pareja. –Ahora fue el turno de Arthur de incomodarse. Pero aceptó la respuesta a sabiendas que su pregunta había sido igual de franca-. Llevamos unas semanas de relación.

-No tenía idea... –A Arthur le estaba costando un poco de trabajo aceptar algo como eso. Pero estaba seguro que Snape era capaz de cualquier cosa, menos de jugar con algo tan serio como admitir una relación con quien había sido su estudiante, y menor de edad. Eso sin contar con el beso del que había sido fiel testigo la noche anterior-. Snape... ¿Estás consciente...?

-Basta. –Lo cortó el profesor-. Estoy harto de que todo el tiempo se me esté recordando que Harry es menor. No he pensado en otra cosa desde que comencé con él mi relación. Los dos hemos estado conscientes desde un principio, y Harry es tan serio como yo a ése respecto.

Arthur se puso de pie y se paró junto al ventanal. Entreabrió la cortina dejando que la luz inundara la habitación.

-Supongo... que el conflicto que hay entre Sirius y tú, es porque él no acepta su relación.

-Siempre ha habido conflictos entre los dos, eso lo sabes muy bien. Pero él es quien tiene problemas, no yo. –Respondió el ex mortífago. Al instante se arrepintió de lo que acababa de decir, al recordar que ahora él también enfrentaría un gran problema si Sirius decidía mantener su denuncia contra él-. Como sea, sólo faltan dos días para que Harry sea libre de hacer lo que quiera. Y yo estaré ahí para apoyarlo.

-Deberían tratar de arreglarse. –Señaló el Auror al tiempo que se volvía hacia él-. Porque no me gustaría que Harry sufriera por culpa de los problemas entre ustedes.

Severus frunció el ceño, comprendiendo. Sin importar la decisión que Harry tomara, se sentiría apoyado sólo por uno y abandonado por el otro. Y sabiendo el amor que su pareja sentía por los dos, eso iba a resultar muy doloroso para él. En su interior admitía que una larga conversación con Sirius, sin varitas de por medio, podría ser parte de la solución.

"Si pudiera demostrarle a Black cuanto amo a Harry, entonces él no tendría objeción alguna y no le quedaría otra opción que aceptar lo nuestro..."

La puerta se abrió dejando paso a la figura de Remus. Arthur se acercó a él y le ofreció una silla que el licántropo aceptó agradeciendo al Auror con la mirada. Se sentó cerca de la cama y Severus lo observó con lo que el hombre lobo reconoció como la más pura angustia.

Minutos más tarde Poppy salía otra vez de la habitación, donde había tenido que sedar por completo al profesor. Ésta vez, ni Arthur ni Remus pudieron contra él en su intento desesperado por ir a ver a Harry hasta San Mungo.

oooooooOooooooo

Lucius recogió un pequeño frasco de entre las manos dormidas de su hijo. Poppy le había prescrito una poción para dormir sin soñar y el muchacho tuvo que beberla ante la insistencia de su padre. Aunque la hora del almuerzo ya había pasado y Draco no había querido comer nada, el hombre se conformaba con que durmiera lo necesario. Con toda seguridad despertaría antes del anochecer y para entonces ya tendría lista la mesa para cenar con él.

Lo observó durante un momento y después de cubrirlo con una delgada sábana, decidió dejarlo descansar. Lanzó un hechizo para que le avisara si Draco lo necesitaba y se dirigió de nueva cuenta a la enfermería. No sabía nada de Severus y quería ver cómo estaba. Tampoco había visto a Remus y deseaba verlo para confirmar que se encontraba bien.

Se había enterado por medio de comentarios, que en una de las habitaciones privadas tenían a un paciente, víctima del beso del Dementor. Alarmado, el ex mortífago solicitó que se le informara de quién se trataba. Sintió un gran alivio al saber que no era Remus, aunque no dejó de sentir pena por la muchacha. Después de todo, nadie merecía algo tan terrible como eso.

Llegó a la enfermería y preguntó por la habitación de Severus. Después de ser informado, el aristócrata se dirigió hacia allá para saludar a su ex compañero. Se llevó una gran sorpresa al descubrir que la habitación estaba custodiada por dos Aurores del Ministerio que no lo dejaron pasar a verlo.

-¿Se puede saber qué está sucediendo? –Lucius insistió en entrar, pero uno de los Aurores le cerró el paso. Vio a lo lejos a Arthur, quien al descubrirlo se aproximó a él. Lucius se alejó de los Aurores que custodiaban la habitación, tal vez Weasley pudiera decirle algo-. ¿Snape está bien? ¿Por qué no puedo pasar a verlo?

-Él está bien. Tiene ambas piernas fracturadas, pero se recuperará. Necesitamos hablar... –El Auror lo condujo hasta el fondo del pasillo, donde se aseguró que nadie pudiera escucharlos. Cuando vio que tenía toda la atención del rubio, comenzó-. Snape está en problemas.

-¿Qué clase de problemas? –Lucius pensó por un momento que tal vez lo estuvieran relacionando con el Dark Lord. Si era así, entonces sólo necesitaría un buen abogado y uno que otro testigo de la Orden a su favor.

-Hay una denuncia en su contra por los delitos de secuestro y abuso sexual. –El rubio frunció el ceño al escucharlo. Ésas acusaciones eran demasiado serias para no darles importancia. Antes de que pudiera preguntar, el Auror se adelantó-. En la persona de Harry Potter.

Lucius permaneció en silencio ante las palabras de Weasley. Si había entendido bien, Severus era acusado de haber secuestrado y violado al Niño que vivió. Y si era así, entonces iba a necesitar más de un buen abogado y demasiados testigos a su favor.

-¿En qué pruebas se basan para hacer una acusación de ésa naturaleza? –Preguntó el aristócrata, sin poder creerlo aún-. ¿Quién puso ésa denuncia?

-No puedo decirte nada más, Malfoy. –Fue la respuesta del Auror-. No me corresponde hacerlo. Lo único que te puedo adelantar es que, dentro de lo que cabe, Snape es inocente y me consta. Pero es necesario que para que te enteres de todo con detalles, hables con él en persona.

-¿Y cómo se supone que hablaré con él si no me dejan entrar a verlo?

-Snape no ha querido decir nada, ni siquiera ha solicitado un abogado. Su varita le ha sido confiscada y está bajo custodia en el Ministerio. –Lucius entrecerró sus azules ojos mientras lo escuchaba con atención-. Se niega a hablar hasta que Harry despierte. Y me temo que para eso tal vez tengan que transcurrir semanas. Te sugiero que te presentes con un abogado defensor, sólo así podré otorgarte el permiso para entrar a la habitación.

-Espera aquí... –Lucius se alejó en su silla de ruedas y no se detuvo hasta llegar frente a la chimenea. Tomó un puñado de polvos y después de mencionar un destino, desapareció entre las llamas. Minutos después regresó. Un hombre maduro, de porte distinguido y ataviado con una elegante túnica negra de impecable corte, apareció detrás de él.

El aristócrata lo presentó como el señor Maxwell Raddal. Arthur reconoció el apellido como el de la firma de abogados Mansfield & Raddal, la más prestigiosa –y costosa-, del mundo mágico. Después de la autorización por parte del señor Weasley, los Aurores los dejaron pasar.

Severus se encontraba en la cama, su espalda recargada contra el respaldo y sostenida por dos grandes cojines. Aún así, parecía encontrarse muy incómodo. Levantó la mirada del libro de pociones que leía al ver a su ex compañero entrar a su habitación acompañado por el otro hombre, al que no reconoció.

-Él es el señor Raddal... el señor Snape... –Los presentó mientras el hombre extendía su mano para saludarlo. Severus correspondió al saludo sin dejar de mirar a los azules ojos del rubio-. Weasley me dijo que no tienes abogado defensor, así que me tomé la libertad de traerte a los míos. Creo que los vas a necesitar.

-Yo sólo veo a uno. –Respondió el profesor-. Y no necesito abogados.

-El señor Mansfield vendrá más tarde, señor Snape. –Intervino el hombre que acompañaba a Lucius-. Ahora se encuentra en el Ministerio averiguando todo lo relacionado con su caso.

-No necesito que nadie me represente. –Severus cerró el libro y se cruzó de brazos-. En cuanto el señor Potter despierte se aclarará todo este asunto.

-No pareces muy preocupado, considerando que tienes problemas bastante grandes. -El rubio le ofreció un asiento al abogado, lo más alejado posible de Severus para poder acercarse al profesor y hablarle en modo confidencial-. ¿Sabías que existe la posibilidad de que pasen semanas antes de que Potter despierte?

-Esperaré el tiempo que sea necesario. –Severus observó al hombre mientras extraía unos papeles de su portafolio y se enfrascaba en su lectura, ignorando su conversación.

-Sólo respóndeme una pregunta, Severus. –El rubio miró con fijeza a los negros ojos, tratando de hallar en ellos la respuesta-. ¿Lo hiciste?

-¿Tú que crees?

-Lo que yo crea es lo de menos. –Respondió Lucius-. Aquí lo importante es lo que ocurrió en realidad.

-Lo que pasó no es de la incumbencia de nadie, más que del señor Potter y mía. –Lucius movió la cabeza de un lado a otro ante el hermetismo del profesor-. Y no pienso ventilar mis asuntos personales aunque con ello vaya a parar a Azkaban.

-Severus... sé que tú y yo no hemos sido el más grande ejemplo de lo que podría llamarse confidentes. Pero cuando nos necesitamos hemos sabido contar el uno con el otro. –El profesor asintió en silencio, mientras jugueteaba con el libro entre sus manos. Lucius arrimó su silla hasta quedar lo más cerca posible de él-. Mi distinguida ayuda es el único recurso que tienes por ahora para no terminar pasando el resto de tus días en prisión. Ahora, ¿Vas a decirme lo que sucedió?

Severus suspiró mientras miraba a los azules ojos del rubio. Éste levantó una ceja, esperando. Después de suspirar una vez más, el profesor de Pociones dejó el libro a un lado y tras cerciorarse que no fuera escuchado por el abogado, comenzó.

-Harry y yo... tenemos una relación.

oooooooOooooooo

Remus entró por la chimenea de su habitación con dos ejemplares del Profeta en sus manos. Después de despojarse de su capa y ponerse cómodo, convocó una copa de brandy y decidió hojear la edición matutina. Como era de esperarse, todas sus páginas estaban colmadas de noticias relacionadas con la caída de Voldemort. Remus acarició con ternura una fotografía mágica de Harry en el centro de la primera página, cuyo encabezado en grandes letras negras llamaba al muchacho "El salvador del Mundo mágico".

-Estoy seguro que James y Lily están muy orgullosos de ti, mi pequeño. –Murmuró al rostro sonriente de quien amaba como a un hijo-. Ojalá pudieras despertar pronto para que veas con tus propios ojos la magnitud de lo que has logrado...

Se dispuso a leer las notas que más resaltaban en el diario. Aunque la mayoría exageraba algunas cosas y otras más le restaban importancia a lo ocurrido, se dio cuenta que los acontecimientos narrados se acercaban demasiado a la realidad de lo sucedido durante la noche. Agradeció en su interior a Minerva por haber sido ella quien se encargara de que así fuera.

Por otra parte, no se daban detalles concretos sobre el estado de salud de Harry ni del profesor Dumbledore, las dos personas sobre las que la gente deseaba saber. Minerva también se había encargado de que se guardara un hermetismo casi absoluto a ése respecto, por cuestiones de seguridad hacia los involucrados y por respeto a su intimidad, señalaba.

El licántropo cerró el diario para tomar la edición vespertina y su ceño se frunció en gran molestia al ver el encabezado. Acusaban a Severus Snape como el mortífago que había secuestrado y violado al Niño que vivió. Sin querer enterarse de nada, arrojó el periódico a la chimenea donde se convirtió en cenizas. Atardecía y el profesor de Defensa se puso de pie para encender los candelabros de la sala.

Alguien tocó a la puerta y Remus se apresuró a abrir. Se sorprendió al ver de quién se trataba.

-Lucius... –El licántropo se quedó parado sin saber qué hacer. Era la primera vez que el rubio lo visitaba desde su estancia en el Castillo y estaba en verdad turbado.

-¿No me invitas a pasar?

-Ah, sí. Claro. Disculpa. –El profesor se sonrojó al darse cuenta que había actuado como un tonto. Lo guió a la sala, donde Lucius eligió el sillón de dos plazas al costado derecho de la chimenea, y con un hechizo de levitación se ayudó a ponerse cómodo. Remus no pudo evitar sonrojarse otra vez ante la actitud tan relajada de su visitante-. ¿Deseas beber algo?

-Lo mismo que tú. –Le respondió al tiempo que señalaba la copa que yacía sobre la mesita de centro. El rubio lo observó mientras llenaba una copa para él y después volvía a llenar la suya. Recibió su bebida de mano de Remus y aprovechó para atraerlo y hacerlo sentarse junto a él. Le satisfizo el tono sonrosado que prevaleció en las mejillas del licántropo.

Remus bebió un pequeño sorbo de su copa sin atreverse a mirarlo. Después de un breve momento de silencio, Lucius tomó su barbilla para encontrarse con sus ojos dorados. Frunció el ceño al ver una gran tristeza reflejada en ellos.

-¿Todo está bien? –Remus suspiró mientras negaba, su rostro aún sostenido por la mano del rubio-. ¿Podrías contarme?

El licántropo dejó su copa a un lado y recargó su cabeza en el respaldo del sillón. Lucius suspiró cuando la cremosa piel de su cuello quedó expuesta a la tenue luz que alumbraba la estancia, dándole una apariencia tan dorada como sus ojos.

-¿Crees... que haya alguien entre nosotros que en ésta batalla no haya perdido algo valioso?

Lucius guardó silencio, analizando a fondo la pregunta del licántropo. Él había perdido a Narcisa, Draco a su madre y al muchacho que amaba. Pensando en los demás, Albus Dumbledore aún podía perder la vida si no lograba despertar. Por ende, Severus corría el riesgo de perder a quien Lucius sabía, el profesor de Pociones le guardaba un gran cariño. También corría peligro de perder su libertad, y con ello a la persona que amaba.

Observó a Remus. El hombre tenía los ojos cerrados y pensó que también estaría haciendo un recuento mental de sus propias pérdidas, y las de las personas cercanas a él.

-En mayor o menor medida, todos perdimos algo. –Reconoció mientras rodeaba sus hombros para atraerlo hacia él. Remus aceptó el gesto y escondió su rostro en su fuerte cuello, aspirando su fino perfume-. Pero creo que mientras sigamos viviendo, podemos tratar de recuperar algunas de las cosas que hemos perdido.

-Y aprender a vivir sin las que ya no podremos recuperar... –Remus levantó la mirada para encontrarse con la mirada azul del hombre que lo abrazaba.

-Y aprender a vivir sin ellas. –Concluyó Lucius mientras acercaba su rostro para besarlo.

Remus volvió a cerrar sus ojos al sentir un agradable calor llenando todo su ser. Sintió que las lágrimas brotaban de ellos cuando Lucius dejó de besarlo para estrecharlo entre sus brazos, y Remus escuchó con claridad cada uno de los latidos de ése corazón que a pesar de las pérdidas sufridas aún latía, como latía también su propio corazón.

"Y aprender a vivir sin ellas..." Repasó en su mente mientras correspondía al beso de Lucius, abrazándose con fuerza a él para seguir sintiendo su calor.

oooooooOooooooo

Poppy terminó de revisar al último paciente y después de asegurarse que todo estuviera en orden decidió tomarse un momento de descanso en su oficina. Los demás medimagos ya se habían retirado después de ponerse de acuerdo con ella sobre los turnos a cubrir, ya que la enfermera iba a necesitar su ayuda por algunos días más hasta que la mayoría de los pacientes fueran dados de alta.

Llamó a un elfo doméstico para pedirle que le llevara algo de cenar. Había estado tan ocupada con su trabajo que se había olvidado de dormir y de comer, y su cuerpo ya se lo estaba reprochando. Pero apenas probó bocado. Había algo que le preocupaba en gran manera, y que tenía que ver con la actitud de su auxiliar.

Ésa misma tarde, los señores Immanuel y Francesca Zabini habían acudido al llamado urgente de la subdirectora. Al enterarse de la muerte de su único hijo, ella había sufrido un colapso nervioso, pero su esposo fue lo bastante fuerte para soportar la terrible noticia.

El trámite para poder llevarse el cuerpo del muchacho había sido rápido, debido a que ya se había levantado el acta oficial señalando la causa de su muerte, y sólo faltaban las firmas de Poppy como la responsable de la enfermería, y de Minerva como la máxima autoridad interina del Colegio.

Poppy suspiró mientras hacía a un lado el plato, ya sin apetito. Horas antes de la llegada de los señores Zabini, ella le había ordenado a su auxiliar que dejara la gaveta de las pociones en paz y tratara de comer algo. Como el muchacho se negara, ella lo había amenazado con dejar de atender su embarazo, debido a que no estaba dispuesta a tener a un paciente que no se preocupaba por el bienestar de su bebé.

Ésas palabras parecieron calar hondo en Oliver, porque consumió casi todo lo que los elfos le llevaron, situación que Poppy aprovechó para mezclar una poción ligera para hacerlo dormir aunque fuera por unas cuantas horas. El muchacho aún dormía en el momento que los señores Zabini se llevaban a su hijo de regreso a Italia, por lo que no se había enterado de nada al respecto.

Cuando al anochecer despertó y fue a buscarlo para irse a casa, ella había tenido que informarle lo ocurrido. Oliver se molestó para sorpresa de Poppy, no con ella, sino con el mismo Blaise por no haberle avisado que pensaba irse a visitar a sus padres.

Eso había dejado a la enfermera anonadada, al ver que su auxiliar aún seguía en su testaruda negación de la verdad. Sin atreverse a decir nada más, sólo había asentido con un movimiento de cabeza a la despedida cortés del joven Gryffindor y lo había dejado marchar por la chimenea.

Poppy rebuscó entre los bolsillos de su bata blanca hasta encontrar la elegante tarjeta gris plata que Minerva le había entregado. En ella se detallaba la dirección por vía Red Flú para arribar a la capilla particular de la mansión Zabini, donde los restos del muchacho serían velados ésa misma noche antes de ser sepultado en el cementerio familiar, al día siguiente al atardecer.

La subdirectora había elaborado las tarjetas para enviarlas a los integrantes de la Casa Slytherin, debido a que su Jefe de Casa no estaba en condiciones para hacerlo. Poppy le había pedido una con la intención de entregársela a Oliver, como su pareja que ella sabía que era. Y ahora, con la tarjeta aún en su mano, la enfermera no sabía si había hecho lo correcto al no entregársela.

-¿Cómo voy a dársela? –Se preguntó en un acongojado murmullo, sin saber que Draco acababa de llegar y se encontraba en la puerta de la oficina, sus grises ojos reconociendo el pedazo de papel entre sus dedos-. ¿Cómo haré para que acepte lo ocurrido?

-Es necesario que él esté presente en el sepelio. –Poppy se sobresaltó al escuchar al muchacho. ¿Por qué todos los Slytherin tenían la costumbre de ser tan silenciosos?-. Él necesita ver todo con sus propios ojos, de lo contrario nunca reconocerá su muerte.

-En circunstancias normales no pondría objeción alguna. –Poppy se levantó de su lugar en el escritorio y se acercó al muchacho-. Pero Oliver no está en condiciones de sufrir una fuerte impresión. Eso... podría resultar muy peligroso para su salud.

-¿Y no cree que es más peligroso que siga en ése estado de negación? –Poppy guardó silencio, sin hallar una respuesta apropiada-. Usted que sabe de medimagia, ¿Qué cree que sea peor para él? ¿Seguir viviendo en la mentira que su propia mente ha creado como refugio, o que acepte la verdad de una vez por todas antes de que pase más tiempo y sea más peligroso para él y su bebé?

-¿Cómo supiste...? –Draco levantó ambas manos, negándose a responder a ésa pregunta. Poppy respiró con fuerza analizando las palabras del muchacho. Tenía que aceptar que estaba en lo correcto, dejar pasar más tiempo sería peor-. Está bien. Creo que lo mejor será que le entregue ésta tarjeta.

-No se moleste. –Draco tomó el papel de mano de la enfermera y salió de la oficina para dirigirse a la chimenea. Poppy salió detrás de él, confundida-. Yo mismo se la entregaré.

-Pero...

-Pierda cuidado, seré prudente.

Poppy observó cuando el rubio tomó un puñado de polvos y desapareció después de mencionar su destino. Suspiró con resignación mientras daba la media vuelta y regresaba a su oficina, deseando que ése muchacho pudiera lograr lo que hasta ahora ella no había podido.

Draco emergió por la chimenea del departamento de quien fuera su pareja y se quedó parado un largo momento en el centro de la sala. Aspiró con fuerza el aroma de Blaise impregnado en todo el lugar, tratando de reprimir las ganas de llorar y acariciando su sillón preferido. Recordó que en ése pequeño espacio habían hecho el amor más de una vez en sus escapadas a Hogsmeade.

Se preguntó si en ése mismo sillón él y Oliver habrían estado juntos también. Movió la cabeza de un lado a otro, tratando de espantar ése pensamiento y decidió enfocarse en el motivo por el cual se encontraba ahí. Se encaminó a la cocina con la esperanza de verlo en ése lugar, pues no sabía si tendría el valor para buscarlo en la recámara. Aunque ya lo sospechaba, su frustración no dejó de ser grande al comprobar que no había nadie.

Respiró con fuerza al tiempo que abría en silencio la puerta de la habitación, donde pudo distinguir el delgado cuerpo del muchacho, ya dormido. Se acercó con mucho sigilo, apretujando en su mano la tarjeta y pudo ver que se había dormido vestido y con los zapatos puestos. Se mantuvo un largo momento parado a un lado de la cama, observándolo dormir.

Una pequeña lámpara en su mesita de noche iluminaba las facciones del muchacho. Sus negros cabellos estaban despeinados y algunos mechones alcanzaban a cubrir su frente, donde una suave arruga se dejaba ver en el entrecejo. Draco supuso que se debía al cansancio de la larga jornada a la que se había sometido, pues cuando él se había despertado ésa misma tarde, también se le había formado una arruga parecida. Se palpó para comprobar con alivio que ya había desaparecido.

El rubio se sentó con cautela en la orilla de la cama para observarlo más de cerca. Quería averiguar qué era lo que Blaise había visto en el Gryffindor, y que no había encontrado en él. Recorrió con más detenimiento cada uno de sus rasgos, descubriendo que sus pestañas eran tan negras como sus cabellos y muy largas y rizadas. Draco también tenía las pestañas largas y rizadas, pero no eran tan oscuras como las de él.

Sus cejas eran rectas, y estaban más pobladas. Su piel era de un tenue color moreno, que no dejaba de ser claro y a simple vista parecía muy suave al tacto. Suspiró mientras acercaba su mano con timidez para posarla sobre su rostro, y se sorprendió al descubrir que era mucho más suave de lo que aparentaba. Alejó la mano con rapidez cuando el durmiente suspiró entre sueños.

Recorrió con la mirada el largo cuerpo que yacía estirado por completo sobre la cama. Por la posición en la que se encontraba, el rubio supuso que se había quedado dormido apenas su cabeza tocara la almohada. Ya había estado frente a él en varias ocasiones y había descubierto que el moreno era un poco más alto. Lo arguyó al hecho de que era un año mayor que él.

Oliver se removió, inquieto, haciendo que Draco interrumpiera su observación a su persona y se pusiera de pie. Como se cercioró que el muchacho continuaba sumido en un profundo sueño, extrajo su varita y con un hechizo convirtió sus incómodas ropas en un pijama. Oliver sonrió entre sueños y al verlo, Draco olvidó qué hechizo utilizar para descalzarlo. Con un resoplido de frustración, le quitó los zapatos él mismo.

Draco permaneció varios minutos más contemplándolo, hasta que el objeto que tenía en su mano lo hizo regresar a la realidad. Sin notar la fotografía de Blaise y Oliver en el velador, dejó la tarjeta gris junto a la lámpara, esperando que el moreno la descubriera a la mañana siguiente, cuando despertara.

-Es por tu propio bien... –Murmuró, para salir de la habitación con el mismo sigilo con el que llegara.

oooooooOooooooo

Severus descansaba en la enfermería con ambas piernas inmovilizadas, su vista fija en la figura de Lucius junto a la ventana y en sus negros ojos una sombra de preocupación. Era la mañana del sábado treinta de Julio y las noticias sobre Harry seguían siendo las mismas. Su pareja seguía sin despertar.

Remus le había prometido que lo mantendría al tanto de cualquier cambio que llegara a presentarse, y Lucius había sido el intermediario entre ellos dos, pues nadie más podía entrar a su habitación, que seguía custodiada por los Aurores. Los abogados acababan de marcharse y ahora el rubio sostenía en sus manos los documentos relacionados con la denuncia que Sirius Black interpusiera contra el profesor de Pociones.

-No puedo creer que lo hicieran... –Replicaba el aristócrata. Severus sólo suspiraba al escucharlo. Era la enésima vez durante ésa hora que el rubio lo repetía-. Y en plena Mansión Riddle.

-Él me lo pidió. –Respondió Severus, cansado de escuchar lo mismo una y otra vez-. Él estaba herido y no pude negarme. ¿Cómo podía decirle que no?

-¿Y no pudieron esperar a que todo acabara? –Severus entrecerró sus negros ojos mientras movía la cabeza de un lado a otro, fatigado-. Mejor aún, ¿No pudieron esperar a que fuera mayor de edad, por lo menos?

-Tú no entiendes, Lucius... –Severus recargó su cabeza sobre la almohada, sus ojos cerrados por completo, mientras repasaba en su mente las circunstancias que lo habían hecho decidirse a dar ese gran paso con Harry-. Estuve a punto de perderlo. Ni él ni yo tuvimos la fuerza para resistir más tiempo. Nos deseábamos y nos necesitábamos.

-Sí, y ahora eso te llevará directo a Azkaban. –Replicó Lucius, al tiempo que le mostraba de lejos los documentos que Severus ya había leído-. San Mungo tiene tus muestras de semen y si la fiscalía las presenta como prueba será tu perdición. Ya escuchaste a los abogados. Aunque Potter llegara a despertar y confirmara una relación contigo, quedaría en evidencia su minoría de edad. Eso seguiría siendo pederastia. Seguiría siendo un delito, sin importar que se diera con el pleno consentimiento de Potter.

Severus permaneció en silencio ante las palabras de Lucius. También había otra cosa que le inquietaba con respecto a ése asunto, y que los mismos abogados se habían encargado de recordarle. Habiendo comenzado su relación dentro de Hogwarts y antes de la graduación de Harry aunque sólo por unos días, se consideraría una relación profesor-estudiante. Eso sin duda perjudicaría al Colegio, a Albus como su director y a él en su carrera de profesor.

Un largo suspiro escapó de sus labios al caer en la cuenta de todos los perjuicios que acarreaba ésa denuncia. Si Harry despertaba y confesaba su relación con él como estudiante, el desprestigio para Hogwarts sería mayúsculo y la reacción de los padres de familia ante la situación sería muy violenta. Tendrían que tomarse medidas drásticas, y Albus y él serían los primeros en salir afectados. Eso sin contar con que el nombre de Harry quedaría manchado, al admitir una relación con quien llevaba la Marca Tenebrosa tatuada en su antebrazo.

Llegando a ése punto de sus pensamientos se preguntó si Black también estaba consciente de eso. Suspiró. Lo más probable fuera que no. El hombre estaba demasiado cegado por su rabia como para pensar con coherencia sobre las consecuencias de sus propios actos.

-También está el asunto del supuesto secuestro. –Prosiguió el rubio, haciéndolo emerger de sus pensamientos-. Según aquí, la fiscalía tiene pensado hacer tratos con dos mortífagos capturados durante la Batalla. –Lucius se acercó al profesor, quien enfocó su mirada ahora en el techo, mientras resoplaba-. Ellos atestiguarán que fuiste tú quien presentó a Potter ante el Lord. Hablarán a cambio de la reducción de sus condenas.

Lucius cerró la fina carpeta de cuero negro mientras buscaba los ojos de su ex compañero. Severus desvió su mirada del techo para corresponder a la suya mientras el rubio continuaba.

-Yo que tú no me preocuparía demasiado por esa denuncia. –Severus lo miró sin entender-. McGonagall y los Weasley tenían conocimiento de todos los planes de ataque a la Mansión Riddle. Los amigos de Potter que estaban enterados de tu relación con él también te apoyarán. Y no dudes que yo también atestiguaré a tu favor de ser necesario.

-Te lo agradezco, Lucius. –Respondió el profesor de Pociones, pensando en si Remus también estaría dispuesto a apoyarlo colocándose así, en contra de su mejor amigo.

También estaba la carta que Harry escribiera a Black la noche que escapó de la mansión. Pero lo más seguro fuera que Black la hubiese destruido. Él no guardaría algo que en algún momento pudiera utilizarse contra él mismo. La voz de Lucius interrumpió sus meditaciones.

-¿Cuándo te dará de alta Poppy?

-Dentro de diez días, si todo marcha bien.

-Haz lo que los abogados te sugirieron. –Lo aleccionó el aristócrata-. Trata de alargar tu estadía en la enfermería lo más que puedas.

Severus asintió a las palabras del rubio. Los abogados le habían dicho que en cuanto el Ministerio se enterara que ya había sido dado de alta, irían por él para llevarlo a Azkaban en espera del juicio. Al preguntarles el porqué lo encerrarían antes y no hasta que fuera demostrada su culpabilidad, ellos le respondieron que existía un interés especial por parte del Winzegamot por ése caso en particular.

-En otras circunstancias aguardarían hasta concluir otros juicios pendientes, pero tratándose de Harry Potter le van a dar prioridad. –Le había informado el abogado Raddal, durante su visita una hora antes-. Señor Snape, usted debe estar consciente que éste no será un juicio común, y que muchas cosas sobre usted y sobre su pasado saldrán a relucir en él.

Severus suspiró, perdiendo su mirada en un punto lejano. Por supuesto que estaba consciente. Muy consiente de todo el daño que hiciera en su pasado como mortífago. La Marca Tenebrosa en su antebrazo se lo recordaba una y otra vez, así como las pesadillas y los recuerdos que aún anidaban en su mente a pesar de tantos años transcurridos.

Pero en las últimas semanas sus pesadillas habían sido reemplazadas por un sueño muy bello. Un sueño en donde un hermoso joven de grandes ojos verdes le decía que lo amaba, que su pasado no le importaba. Un sueño donde había logrado probar el sabor de unos deliciosos labios como cerezas y deleitarse con el toque de una piel joven y lozana, que le había devuelto a él parte de la juventud robada por una vida llena de dolor y oscuridad.

Un sueño del que ahora despertaba, para devolverlo a una realidad en la que tendría que pagar por él con su misma libertad.

-¿Qué has pensado con respecto a la condición que Black puso para retirar la denuncia? –Severus volvió al presente al escuchar la voz del aristócrata. Se cruzó de brazos mientras negaba con la cabeza de forma enérgica-. Al menos podrías intentarlo por un tiempo. Después ya verían Potter y tú cómo reanudar su relación más adelante.

-No pienso abandonar a Harry. –Severus miró con fijeza a los azules ojos del rubio. Éste sólo entrecerró los ojos en señal de desaprobación-. Cuando despierte va a necesitarme. Y yo estaré ahí para él.

-Estarás en Azkaban. –Insistió el otro hombre, sin poder creer tal necedad-. No podrás hacer nada desde allá.

-Podré. –Declaró Severus, terminante-. Preso o no en Azkaban, estaré a su lado.

Lucius comprendió la alusión en las palabras de Severus. Decidió respetar su decisión y guardó silencio dejando que el hombre se perdiera de nuevo en sus pensamientos.

Severus sabía que no iba a ser fácil, pero confiaba en que Harry despertaría pronto y todo se arreglaría. Él sabía que su pareja lo amaba y confiaba en él, y no pensaba defraudarlo. No renunciaría a él a cambio de ninguna libertad, porque el amor de Harry era lo más valioso que tenía y no existía precio alguno que pudiera alcanzar lo que para él era lo más importante en la vida.

Él vivía arrepentido de su pasado, de las malas decisiones tomadas a lo largo de su oscura existencia. Ahora que al fin había encontrado a alguien que estaba dispuesto a acompañarlo en su largo camino a la redención, no estaba dispuesto a dejar que lo alejaran de su lado. A su mente regresaron las palabras de Albus.

I "...Pero creo que tampoco debemos negarnos la libertad de amar y ser amados, con todos nuestros defectos y todas nuestras virtudes. Harry vio algo en ti que lo hizo amarte. Así como tú descubriste en él la razón para amarlo..." /I

Nunca se arrepentiría de haber hecho caso a las palabras de Albus y haberse dado la oportunidad de amar a Harry, y permitirse el ser amado por él. Y si seguir amándolo significaba perder su libertad, entonces la perdería de ser necesario.

Continuará...

Próximo Capítulo: Realidades dolorosas. Segunda Parte.

Notas:

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)