Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Quiero agradecer a Devi, Julia, Sumset y Nan, por sus reviews.

Y a todas aquéllas personas que leen esta historia, muchas gracias.

XXIII

Si tú estás a mi lado.

Segunda Parte.

La mañana del sábado dio la bienvenida a Lucius en la Casa de los Gritos. El hombre despertó poco a poco sintiendo un incómodo dolor en el cuello y se reprochó el haberse quedado dormido sobre su silla. Deshizo el hechizo que pusiera en la entrada la noche anterior y se apresuró a buscar a Remus en las cercanías. Lo encontró encogido sobre el pasto, a unos metros del Sauce Boxeador.

Levitó el cansado cuerpo hacia el interior de la casa y lo depositó sobre la colcha, para después recostarse junto a él. Lo abrazó durante un largo momento, dándole calor y depositando ligeros besos sobre sus cabellos castaños, cubiertos de pequeñas hojas. Remus despertó poco a poco y volvió su rostro hacia el rubio, y Lucius pudo ver que una sombra de tristeza oscureció sus ojos dorados cuando le preguntó.

-¿Lo viste... todo? –Lucius asintió en silencio mientras repasaba con la yema de sus dedos su rostro cubierto de heridas, aún frescas-. No te culparé... si no quieres volver a verme.

Lucius pensaba responderle, pero Remus volvió a cerrar los ojos dejando que el cansancio lo venciera. El rubio depositó un suave beso en sus labios y lo vistió para después colocarlo sobre sus piernas. Ya acomodado sobre la silla de ruedas, lo abrazó con fuerza y al sentirlo, Remus rodeó su cuello con sus brazos y la silla de ruedas se elevó para dirigirse al Castillo.

La primera idea de Lucius fue llevarlo a la enfermería, pero después de meditarlo por unos segundos decidió que él mismo curaría sus heridas. Desvió su camino hacia los aposentos del profesor de Defensa, y pasó frente a la puerta de sus propias habitaciones en el instante que Draco salía.

-¿Por qué llevas a Lupin sobre tus piernas? –Fue la primera pregunta que brotó de labios del muchacho. Miró el rostro imperturbable de su padre, esperando una respuesta.

-Lo encontré en las cercanías del Castillo. –Lucius podía sentir la suave respiración del licántropo junto a su oreja. Draco continuaba parado junto a él, esperando una explicación-. Está herido, y no consideré prudente dejarlo ahí.

-¿Y no pudiste llevarlo a la enfermería?

-No tiene heridas serias. –Fue la respuesta de su padre-. Poppy tiene mucho trabajo con sus propios pacientes. Así que me encargaré de él.

-¿Y desde cuándo eres tan considerado? –Lucius entrecerró sus azules ojos, reprochándole su atrevimiento con un severo silencio. Draco no se inmutó y mantuvo su mirada gris fija en la de él.

-¿Y desde cuándo tengo que contestar a todas tus preguntas? –Draco abrió la boca sin dejar salir ni un sonido. Frunció el ceño, molesto y a la vez avergonzado al darse cuenta que su forma de hablar había sido irrespetuosa. Lucius pareció darse cuenta de eso porque su voz se suavizó-. Escucha... le debo un favor a toda esta gente, y sabes a cuál me refiero.

Draco sintió en silencio, su mirada fija en el cuerpo dormido de Remus, cuyos brazos aún continuaban enredados en el cuello de su padre. Al notar el escrutinio del que Draco hacía objeto al hombre entre sus brazos, lo apretó más contra su cuerpo.

-Eres libre de elegir a tus amistades. –Concluyó Draco al tiempo que se encogía de hombros y suspiraba-. Supongo que no importa lo que yo opine al respecto.

-Por supuesto que me importa lo que pienses, Draco. –Remus suspiró entre sueños y una de sus manos cayó sobre el regazo de Lucius. Draco pudo ver que había rastros de sangre en ella.

-Será mejor que te des prisa en atenderlo. –Draco dio media vuelta para seguir su camino-. Después hablaremos con calma.

-¿Trabajarás en el laboratorio?

-No. Iré a visitar a mi madre. –Draco detuvo su andar para volverse hacia su padre-. Después iré a Hogsmeade, necesito surtir el laboratorio.

-¿Irás solo? –El muchacho asintió-. Ten mucho cuidado, y no confíes en nadie.

-No te preocupes, me cuidaré. Te veré a la hora del almuerzo. –El joven levantó su mano en señal de despedida y Lucius retomó su camino a los aposentes de Remus, sin poder evitar preocuparse. Aunque Voldemort ya había sido derrotado aún podrían haber mortífagos merodeando por ahí, clamando venganza contra quienes tuvieran que ver con la derrota de su señor.

Dejó sus pensamientos a un lado y se enfocó en curar las heridas de Remus, decidido a confiar en su hijo y en su sentido de la precaución.

oooooooOooooooo

Ron se encontraba en la Madriguera desayunando con su familia. Mientras sus padres conversaban de sus respectivos trabajos, los gemelos se habían dedicado a bromear con Ginny obteniendo algunas sonrisas ligeras del más pequeño de los varones Weasley, quien en el fondo les agradecía ésos alegres momentos.

Ése día tenía planeado ir a ver a Hermione aunque sólo fuera por unos instantes. Ya era bastante tarde y apenas le alcanzaría el tiempo para unos minutos de visita. Después de eso pasaría a ver a Harry. Sus padres le habían prometido que irían también, pero a última hora los habían citado en el Ministerio y estaban por marcharse.

Ron dejó su plato a un lado, dispuesto a retirarse. Molly lo impidió tomando su mano e invitándolo a que se quedara un momento más.

-Tenemos algo que darte. –Le dijo su madre mientras Arthur se ponía de pie y abría un cajón en una vieja alacena, al fondo del largo comedor. Tomó un sobre y regresó a su lugar en la mesa para entregárselo a su hijo.

Ron aceptó el sobre amarillento tratando de hacer memoria, tal vez era su cumpleaños y no lo recordaba. Descartando ésa posibilidad tan remota, el muchacho lo abrió con cuidado y lo que vio lo dejó impresionado. Dentro del sobre había un cheque a su nombre, de una cuenta en Gringotts a nombre de sus padres y con una cantidad bastante considerable.

-¿Qué significa esto? –Preguntó, sin salir de su sorpresa-. No lo entiendo...

-Ése dinero te ayudará a pagar parte del tratamiento de Hermione.

-Pero... es demasiado. –Respondió el muchacho a su padre, sin apartar la vista del importe escrito en el cheque-. Es mucho más de lo que yo podría ganar en casi un año de trabajo en el restaurante, ¿De dónde sacaron todo esto?

-Cada uno de tus hermanos decidió aportar algo. –Fue la respuesta de Molly-. En realidad no es mucho considerando la gran cantidad de miembros que tiene la familia.

-Cuando nos enteramos de lo ocurrido a Hermione, decidimos que no podíamos quedarnos de brazos cruzados... –Continuó Fred. George asintió a sus palabras mientras lo secundaba.

-Y enviamos una carta a Bill y otra a Charlie, y ellos nos prometieron que tratarían de ayudarte con lo que pudieran.

-Y aunque no lo creas, Percy también contribuyó con algo. –Siguió explicando Molly-. Y Ginny ha estado trabajando como ayudante de los gemelos en su negocio. Ella también está recibiendo un sueldo.

-Nos ha ido muy bien en la tienda, Ron. –Concluyó Fred-. Así que aunque los demás no puedan ayudar tan seguido, nosotros sí lo haremos.

-Nosotros también te ayudaremos con lo que podamos, hijo.

Las palabras de su padre hicieron que un nudo se formara en la garganta del muchacho. En ése momento comprendió el porqué debían marcharse al trabajo en día sábado. Estaban trabajando horas extras para poder ayudarlo.

-No sé que decir... esto es tan... –Ron guardó silencio, incapaz de expresar con palabras lo que su corazón estaba sintiendo. Junto a él, Ginny se abrazó a su hermano y éste correspondió a su cálido gesto, mirando a su familia con todo el amor que ellos le inspiraban-. Gracias.

Su familia no necesitó más palabras para comprender lo que Ron trataba de expresar, y Ron no necesitó más pruebas para saber que nunca le faltaría nada mientras su familia estuviera a su lado.

oooooooOooooooo

En medio de su aturdimiento, Harry se revolvía inquieto sin dejar que el doctor Curtis lo examinara con calma. Desde que despertara de su inconsciencia no había tenido oportunidad de hablar con Sirius, quien se encontraba a su lado tratando de controlarlo. Dentro de su mente, sus pensamientos no lograban coordinar lo suficiente y no entendía nada de lo que estaba pasando.

Lo único que sentía en ése instante, era una dolorosa sensación de ansiedad y miedo. Unas inmensas ganas de llorar lo invadieron y el muchacho no pudo evitar sollozar, mientras trataba de encontrar la razón de ése aterrador sentimiento. Sintió una mano aferrarse a él y gritó, asustado.

-Necesito examinarlo, joven Potter. –Le habló el doctor, tratando de que su voz se escuchara lo más suave posible-. Y no podré hacerlo si no está tranquilo.

Aterrado, Harry negó con la cabeza tratando de hablar, pero sus labios secos sólo emitieron un sonido ininteligible. Sirius se acercó al muchacho y acarició sus negros cabellos, tratando de serenarlo.

-Deja que el doctor Curtis te examine, Harry. –El joven se resistió, sacando un suspiro de frustración de su padrino. Sirius y el doctor Curtis se miraron y después de un momento de breve silencio, el medimago dejó tranquilo al muchacho y le prometió que volvería más tarde, cuando estuviera más calmado.

-Sirius... –El animago se apresuró a volver a su lado y tomó su mano. Sintió el fuerte agarre de su ahijado, como si éste temiera perderse si llegaba a soltarlo-. Agua...

Sirius convocó un vaso con agua que el muchacho bebió, desesperado. Cuando su sed se calmó permaneció en un estado de semi inconsciencia, mientras trataba de ordenar los recuerdos que en su mente parecían no tener pies ni cabeza.

-¿Dónde... estoy?

-Estás en San Mungo. –Sirius continuó sosteniendo su mano mientras respondía. El muchacho movió la cabeza de un lado a otro, tratando de organizar sus ideas.

-¿Qué... sucedió?

-Tuviste un enfrentamiento contra... Voldemort. –Al escuchar a su padrino, una luz de comprensión lo iluminó, y los recuerdos comenzaron a surgir, atropellados-. Nagini... te lanzó veneno e ingeriste un poco.

Harry se tomó su tiempo para dejar que los acontecimientos durante la última batalla se ordenaran dentro de su cabeza, ahora mucho más despejados. Recordó el instante en que Nagini se atravesó en la maldición que él lanzara contra Voldemort, y el veneno haciendo contacto con su rostro. También recordó lo sucedido con el Medallón.

-Severus... ¿Está bien?

-Sí. Pero no pienses en eso ahora. Lo importante es que te recuperes pronto. –Harry no pudo ver el rostro disgustado de Sirius, de modo que su respuesta lo tranquilizó. Y aunque le hubiera gustado hacer más preguntas se sentía demasiado débil para seguir hablando. Sirius lo observó por un momento antes de darse cuenta que se había quedado dormido.

La enfermera en turno llegó y el animago le pidió que se quedara con él. Quería ir a su casa a darse un baño, después iría a Hogwarts para avisarle a Remus. Aunque sabía que el licántropo no estaría en condiciones de ir a verlo, estaba seguro que la noticia le alegraría mucho. Con ésos pensamientos, el animago se dirigió a la chimenea de la recepción y lanzó un puñado de polvos con destino a su mansión.

oooooooOooooooo

Ron volvía de su visita al Área de Psiquiatría cuando a lo lejos divisó a Sirius. Apresuró sus pasos para llamarlo, pero el animago desapareció por la chimenea de la recepción sin darle tiempo a alcanzarlo. Se dirigió a la recepcionista solicitando ver a Harry y ésta asintió dándole acceso al pasillo donde se hallaba la habitación de su amigo.

-Buenos días. –Saludó a la enfermera, quien dejó el ejemplar de Corazón de Bruja que leía para responder a su saludo-. ¿Alguna novedad?

-Muy buenas noticias. El joven Potter recuperó la conciencia ésta mañana. –Fue la alegre respuesta de la mujer-. Ahora sólo duerme.

-¿Harry despertó? –Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en el rostro del pelirrojo, quien jadeó, sorprendido mientras se acercaba a la cama de su amigo. Las pequeñas mangueras aún seguían conectadas en sus manos, pero observó con alegría que su rostro tenía más color-. Qué noticia tan maravillosa. ¿Podré quedarme con él hasta que despierte?

-Sólo mientras dure la hora de visita. –Respondió la enfermera.

Ron asintió mientras se sentaba en la silla a un lado de la cama, rogando poder cruzar algunas palabras con su amigo antes de tener que marcharse. Tomó su mano y permaneció en silencio, observándolo durante varios minutos. El rostro de Harry estaba sereno y supuso que tal vez Sirius no le había dicho nada aún sobre Severus.

Tal vez el animago no había tenido tiempo, o valor para hacerlo. Ni siquiera estaba seguro si él iba a ser capaz de contarle lo ocurrido a Hermione. Suspiró, buscando en su mente las palabras apropiadas para poner a su amigo al tanto de todo lo sucedido sin provocarle una gran impresión.

Estuvo a su lado durante todo el tiempo que duró su visita, hasta que la enfermera se acercó para informarle que debía retirarse. Ron tuvo que resignarse a no ver despierto a su mejor amigo ni poder hablar con él, y tras depositar un beso en su frente se marchó directo a la Madriguera a esperar el regreso de sus padres. Se pondrían felices al saber que al fin Harry había recuperado la conciencia.

Se despidió de la enfermera, que volvió a su lugar en el sillón sin darse cuenta que Harry sacudía la cabeza, despertando. La recepcionista a la que Ron saludara una hora antes entró apenas vio que el pelirrojo se marchó, y en su mano llevaba un ejemplar del Profeta.

-¿Ya te enteraste? –Preguntó a la enfermera. Ésta la miró, interrogante-. Ya fijaron la fecha para el juicio del mortífago que secuestró al joven Potter. Será el día treinta y uno de éste mismo mes.

Al oír ésas palabras, Harry frunció el ceño por debajo de la venda que cubría sus ojos. Aguzó el oído para prestar atención a las dos mujeres que detrás de la mampara, conversaban en voz alta sin saber que eran escuchadas.

-Es una buena noticia. –La enfermera hizo a un lado su revista para tomar el ejemplar que la recepcionista le ofrecía-. Es tiempo suficiente para que el joven Potter termine de recuperarse y pueda atestiguar contra él.

-Su testimonio terminará de hundirlo, ten por seguro que ése hombre ya no saldrá de Azkaban. –La apoyó su compañera mientras se dirigía a la puerta-. Espero que Severus Snape reciba su justo castigo.

La recepcionista salió de la habitación para volver a su lugar de trabajo y la enfermera dejó a un lado el diario para seguir leyendo su revista, ignorante que en la cama contigua Harry apretaba las sábanas al mismo tiempo que la venda blanca sobre sus ojos se humedecía.

oooooooOooooooo

El elfo doméstico encargado de llevar el desayuno a los aposentos del profesor Lupin, se encargó también de retirar la bandeja y de paso, limpiar el velador de todo el material de curación que Lucius tomara del botiquín para tratar las heridas de Remus.

-¿Cómo te sientes? –Preguntó el rubio cuando el elfo desapareció de la estancia.

-Un poco adolorido, pero mejor. –Remus sonrió con ligereza mientras tomaba la mano del hombre junto a él-. Gracias por curar mis heridas, no tengo cómo pagarte.

-Ya me encargaré de cobrarte... de alguna forma. –El profesor sonrió provocador cuando entendió la alusión en las palabras del rubio, y éste rozó sus labios en un toque muy leve, pero lleno de promesas-. ¿Tienes en tu botiquín alguna poción para el dolor?

-Creo que sí. Es un frasco con un líquido de color morado. –Lucius regresó a su silla para dirigirse al baño, pero no encontró la poción de la que Remus le hablaba. Estaba por volver a su lado cuando escuchó que alguien entraba a la habitación y saludaba al licántropo-. Sirius... ¿Qué haces aquí? ¿Dejaste solo a Harry?

-Ha despertado, Remus. –Fue la respuesta emocionada de su amigo. Lucius entrecerró sus azules ojos, a la expectativa. Imaginando que su presencia impediría que Black continuara hablando decidió esperar en el baño y se acercó a la puerta entreabierta, desde donde pudo ver al animago-. ¿Por qué estás aquí y no en la enfermería?

-¿Dices que Harry despertó? –Respondió el licántropo sin molestarse en contestar la pregunta de su amigo-. ¿Ya lo examinó el medimago? ¿Y cómo está?

-Aún no sabemos nada, él no se dejó examinar. –Sirius suspiró mientras se sentaba en la cama, junto a él-. Estaba muy asustado y desorientado. El doctor Curtis dijo que intentaría examinarlo cuando estuviera más tranquilo.

-¿Y por qué no estás con él ahora?

-Lo dejé dormido, sólo vine para avisarte. –Sirius se puso de pie, dispuesto a marcharse-. Debo volver a su lado, no debe tardar en despertar.

-Espera, Sirius... –Remus se sentó recargando su espalda contra la cabecera mientras lo miraba con seriedad-. ¿Ya le contaste lo que hiciste con Severus?

-Hablas como si yo tuviera la obligación de rendirle cuentas a mi ahijado sobre ése... –Sirius apretó los puños y respiró con fuerza, tratando de controlar la creciente sensación de molestia al escuchar el nombre de Severus de labios de su amigo-. Harry tendrá que aceptar que lo mejor es marcharse a París conmigo.

-¿Y vuelves a lo mismo? –Remus sólo resopló, disgustado-. Él ni siquiera va a querer escucharte. Apenas sea dado de alta irá directo a buscarlo.

-No voy a permitirlo.

-¿Y cómo vas a impedírselo? –Cubriendo su desnudez con la sábana, Remus se levantó de la cama con mucho trabajo y se acercó a pasos lentos hacia donde su amigo se encontraba. Sirius se apresuró a llegar a su lado para impedir que la debilidad lo venciera-. Antes hubieras podido retenerlo contra su voluntad, pero ahora es mayor de edad.

Remus colocó una mano sobre el hombro de su amigo, apretándolo con fuerza. Lo miró directo a los ojos y Lucius alcanzó a escuchar la gravedad en su voz cuando Remus siguió hablando.

-Retira la denuncia, Sirius. –El animago movió la cabeza, rechazando sus palabras-. Aún estás a tiempo. Hazlo antes de que Harry se entere de lo que has hecho, o después será demasiado tarde.

Por toda respuesta, Sirius tomó la mano que descansaba sobre su hombro y guió a Remus de regreso a la cama, donde lo ayudó a sentarse.

-Trata de descansar, te veré después.

-Sirius...

Sin hacer caso a la voz de Remus llamándolo, el animago se apresuró a salir de la recámara para dirigirse a la sala. El profesor permaneció sentado en la cama sin saber qué hacer, hasta que la voz de Lucius lo hizo salir de su estupor.

-Hiciste lo que pudiste, lo que pase a partir de ahora sólo será culpa suya. –Remus asintió, dándole la razón. Aún así, la preocupación era palpable en su rostro cubierto de heridas. Lucius convocó una pluma y un pergamino y comenzó a escribir unas palabras.

-¿Puedo saber qué escribes?

-Enviaré una carta a Severus. Debe enterarse que Potter ha despertado. –Al escuchar la respuesta del rubio, Remus recordó el favor que el profesor de Pociones le pidiera la noche en que fue llevado a Azkaban. Se levantó lo más rápido que pudo y se dirigió a su ropero, de donde extrajo una muda de ropa-. ¿Qué se supone que estás haciendo?

-Debo estar con Harry, ahora. –Lucius lo miró sin entender. Dejó lo que estaba haciendo al ver a Remus deshaciéndose de la estorbosa sábana que lo cubría. Se mordió los labios, observándolo mientras el profesor intentaba vestirse con mucha dificultad. Remus sintió la intensa mirada azul sobre él y lo reprendió, divertido-. ¿Vas a contemplarme o me vas a ayudar?

Sin muchas ganas de cooperar, Lucius convocó un hechizo para dejar a Remus vestido. Éste caminó con trabajo hacia la puerta, y Lucius se atravesó en su camino, impidiéndole seguir adelante.

-Estás muy débil, Remus. –El profesor no tuvo fuerzas para negar lo obvio. Sentía en cada parte de su cuerpo el dolor de sus heridas, visibles desde donde quiera que se le mirase. Ni siquiera sabía si sería capaz de cruzar la chimenea y llegar entero a San Mungo.

-Necesito estar ahí cuando Harry despierte. –Insistió, decidido a partir al hospital a pesar de su condición-. Hay unas palabras muy importantes de parte de Severus que necesito decirle.

-Entonces iré contigo.

Remus sonrió cuando el rubio le hizo una invitación para que se sentara sobre sus piernas, y mordisqueó el lóbulo de su oreja, provocador. Lucius suspiró, concentrándose en mencionar su destino mientras lanzaba otro puñado de polvos y desaparecían con destino a San Mungo.

oooooooOooooooo

Para la enfermera que en ésos momentos trataba de tranquilizar a Harry, parecía como si el muchacho poseyera una fuerza sobrehumana. Y en su condición era lo más acertado, considerando que ella sola no había logrado evitar que se pusiera de pie tratando de salir de la habitación.

-Por favor, joven Potter... –La enfermera tomó por los hombros al muchacho, tratando de impedir que se golpeara contra algún objeto-. Regrese a la cama o me veré obligada a darle un calmante.

-¡Sirius! ¿Dónde está Sirius? –Harry se alejó del contacto de la mujer y tanteó el aire con sus manos, intentando encontrar un soporte para no caer. La venda sobre sus ojos lo desesperó y trató de arrancársela, pero lo único que logró fue que las pequeñas agujas de los tubos en sus manos le desgarraran la piel-. ¡Quiero hablar con mi padrino!

Sirius, que en ése instante iba entrando, alcanzó a escuchar la voz alterada del muchacho y se dirigió hacia Harry para tratar de calmarlo.

-¿Qué está pasando aquí?

-¡Sirius! –Harry escuchó su voz y se abrió paso a tropezones hasta sentir su cuerpo envuelto en un abrazo protector-. Por favor... dime que no es verdad. ¡Dímelo! ¡Dime que Severus no está en Azkaban!

-¿Cómo te enteraste? –Sirius miró con gravedad a la enfermera, quien se retorció las manos, avergonzada por su indiscreción-. Déjenos solos.

Sirius se hizo a un lado para dejar pasar a la mujer y ayudó a volver a Harry a la cama. Convocó un paño para limpiar las heridas que el muchacho se acababa de provocar, mientras permanecía en silencio sin responder a las preguntas atropelladas de su ahijado.

-¿Es verdad lo que ésa mujer dijo? ¿Severus está en Azkaban? ¿Por qué? ¿Qué fue lo que hizo?

-Primero que nada, quiero que te calmes y me escuches... –Le habló con voz enérgica. Cuando Harry guardó silencio dejó el paño a un lado y decidió continuar-. Es verdad, Snape está en Azkaban.

Harry escuchó cada palabra del animago sintiendo una terrible sensación de angustia y desolación, y su corazón se estremeció de profundo miedo. Estaba aterrado, y la idea de saber a Severus en Azkaban aumentaba su temor cada vez más.

-¿Por qué está en Azkaban? ¿Qué fue lo que hizo? ¿Acaso lo están relacionando con Voldemort?

-Voldemort no tiene nada que ver en esto. –Sirius vio con claridad cómo el cuerpo delgado de su ahijado se estremecía conforme lo escuchaba-. Ése mortífago está en Azkaban porque te secuestró y abusó de ti.

-¡Eso no es cierto! –Harry apretó los puños con rabia, sintiendo un gran dolor lacerando su alma. Haciendo un gran esfuerzo, se puso de pie para enfrentar a su padrino-. ¡Severus no hizo nada de eso! ¡Tú sabes que eso no es cierto!

-El médico que te examinó encontró rastros de semen en tu cuerpo... –Sirius también se puso de pie y se paró frente al muchacho, quien se tensó al sentirlo tan cerca-. Lo que quiere decir que ése mal nacido abusó de ti. –Harry negó con la cabeza, sin poder creer lo que escuchaba-. Eso sin contar con que se atrevió a quebrar mis barreras de protección para llevarte con él. Y eso es secuestro desde cualquier ángulo en que se le mire.

-¡Severus no me secuestró! –Insistió su ahijado, dispuesto a aclarar ésa terrible confusión de una vez por todas-. ¡Tampoco abusó de mí! Él y yo... yo estaba herido y le pedí que me hiciera el amor.

-No estoy interesado en saber lo que hicieron ése... y tú. –Harry sintió cómo su pequeña esperanza de arreglarlo todo se derrumbaba ante la fría respuesta de su padrino.

Sirius lo tomó del brazo, y lo que fue una clara muestra de afecto de parte del animago, para Harry fue un doloroso agarre que le quemó por dentro, y que hizo que todo su cuerpo se sacudiera por la violenta sensación. Y en ése instante pudo sentir lo que Sirius estaba sintiendo.

Y se asustó, haciendo que se alejara del agarre de su padrino. Él había sentido alguna vez el odio de Voldemort, y había correspondido a ése odio sin poder ni querer evitarlo. Y ahora podía percibir con claridad que en el corazón de Sirius habitaba el más puro rencor quemándolo, eclipsando todo lo bueno que el hombre poseía en su interior. Todo lo que era hermoso en su padrino estaba velado por el más oscuro odio.

No pudo evitar preguntarse cómo no se había dado cuenta antes, del terrible sentimiento que habitaba el corazón de alguien tan cercano a él. Había sentido el apasionado amor de Severus, y el dolor de Remus ante su soledad y el rechazo de la persona que amaba... incluso había llegado a sentir el cariño que el mismo Sirius le profesaba.

Él conocía la aversión de Sirius hacia Severus, y hasta había llegado a sentir algo de ella, como aquella noche en que los sorprendiera junto al lago. Pero nunca la había sentido en toda su magnitud como hasta ése momento. Sirius volvió a tomar su mano y Harry rechazó el contacto sin poder evitarlo.

-No me toques... –El animago frunció el ceño, sin entenderlo. Aún así, alejó su mano al ver que el muchacho comenzaba a alterarse-. No lo sabía... no sabía que lo odiaras tanto.

-Ya no hablemos de él, Harry. –El muchacho ahogó un sollozo, rogando porque Sirius no se diera cuenta que su venda volvía a humedecerse-. Nos iremos a París, y buscaremos un medimago que te ayude a recuperarte. Ya verás cómo el tiempo y la distancia harán que pronto lo olvides.

-Retira la denuncia y libéralo. –La voz de Harry fue enérgica, y así lo entendió Sirius cuando le respondió de la misma manera.

-Lo haré, si te marchas conmigo a París.

Harry guardó un prolongado silencio, y Sirius creyó que estaba considerando su proposición. Estaba seguro que el muchacho se marcharía con él a París si eso le garantizaba la libertad a Severus. Severus no había aceptado su trato al negarse a renunciar a Harry a cambio de su libertad, pero sabía que Harry no lo pensaría dos veces antes de aceptar.

-Eso era lo que tenías planeado desde un principio, ¿Verdad? Enviaste a Severus a prisión para que yo no tuviera otra opción que irme contigo a cambio de su libertad... –Sirius no respondió, y ésa silenciosa respuesta de su padrino le hizo comprender todo con total claridad-. No es así... fue Severus el que no quiso dejarme y por eso ahora está en Azkaban...

-Olvídalo. –Fue la insistente respuesta de Sirius-. Ven conmigo a París y prométeme que no volverás a hablar de él, y retiraré la denuncia.

-No me iré contigo a París. –La voz sonó temblorosa y Sirius pudo percibir la ira adueñándose de ella-. No iré contigo a ninguna parte...

-Escucha, no quiero tener que ser drástico contigo... –Aunque Harry no pudo ver la mirada de aprensión de Sirius, percibió el sentimiento con total claridad-. Pero si no vienes conmigo, me encargaré de que Snape nunca salga de Azkaban.

La voz de Harry sonó dura cuando él le respondió, y Sirius comprendió que ése Harry ya no era el mismo al que había logrado intimidar en el Colegio, frente a Albus.

-Mientras estuve en la Mansión contigo hice todo lo posible por convencerte de mi amor por Severus. Tuviste la oportunidad de comprenderlo y aceptarlo, y no lo hiciste. Permaneceré a su lado, porque Severus me necesita tanto como yo a él. Y no espero que lo entiendas porque ahora sé que eso nunca ocurrirá.

-Harry, entiéndelo. ¡No tienes ningún futuro al lado de ése mortífago! –Sirius lo tomó con fuerza de los hombros, haciendo que Harry volviera a estremecerse.

-¡Suéltame! –El muchacho se liberó de las manos de Sirius y cayó sobre la cama. Buscó a tientas la otra orilla y logró ponerse de pie del otro lado-. ¡No vuelvas a tocarme!

Harry aún podía sentir el odio de su padrino, tan fuerte que casi lo sentía como si fuera propio, lo que hizo que su miedo aumentara. Sirius rodeó la cama intentado acercarse a él mientras le hablaba, pero Harry escuchó su voz cerca y se alejó hasta quedar arrinconado en la esquina de la pequeña habitación.

-Harry... escúchame...

-¡No quiero escucharte! ¡No quiero que te acerques a mí! –Sirius lo abrazó tratando de tranquilizarlo, pero el muchacho se revolvió entre sus brazos sin dejar de gritar-. ¡Severus! ¡Quiero a Severus!

-¡Sirius! –Remus y Lucius entraron a la habitación y vieron a Harry debatiéndose entre los brazos de Sirius-. ¡Suéltalo! ¿Qué estás haciendo?

-¡Remus! –Al sentirse libre de los brazos de Sirius, Harry tanteó con sus manos el sitio de donde provenía la otra voz. Remus hizo a un lado al animago para envolver al muchacho entre sus brazos-. ¡Dile que se vaya! ¡Quiero que se vaya!

-Tranquilo, Harry... –Remus volteó a ver a Sirius y éste trató de acercarse otra vez, reacio a querer marcharse -. Por favor, Sirius... déjalo.

-Pero, Remus...

-Ya lo escuchaste, Black. –Sirius giró su mirada azul al oír la voz de Lucius detrás de él-. El muchacho quiere que te vayas.

-¿Qué diablos haces tú aquí, Malfoy? –Remus y Harry pudieron escuchar el claro desprecio en la voz del animago. Remus suspiró cuando su amigo se volvió hacia él-. ¿Qué hace él aquí?

-Eso no es asunto que te importe. –Lucius se adelantó a cualquier respuesta del licántropo-. Ahora lárgate si no quieres que te saque yo mismo.

-Ya escuchaste a Lucius, será mejor que te vayas. –Sirius frunció el ceño mientras giraba su mirada sorprendida hacia el licántropo, sin poder creer lo que Remus le decía. Éste guió a Harry hasta sentarlo en la orilla de la cama-. Ahora vuelvo, Harry...

-No, por favor... Remus... no te vayas.

-Tranquilo, volveré en un momento. –El licántropo volteó a ver a Lucius, suplicante. Éste asintió en silencio a su ruego-. Lucius se quedará contigo por si algo se te ofrece, ¿De acuerdo?

Harry asintió y Remus se apresuró a tomar del brazo a Sirius para sacarlo de la habitación. Ése sólo movimiento le hizo sentir dolorosas punzadas en sus heridas recientes, pero eso no le importó.

-¿Qué se supone que haces? –Sirius se zafó del fuerte agarre del licántropo, y éste lo miró con severidad-. ¡Harry y yo necesitamos aclarar todo de una vez!

-Creo que ya ha sido bastante por hoy, Sirius. –La voz de Remus era tranquila a pesar de las circunstancias. Eso provocó que el animago respirara varias veces, tratando de calmarse también-. Ahora está muy alterado y no creo que quiera escucharte.

-Yo sólo... quiero lo mejor para él.

-Entonces creo que ya sabes lo que tienes qué hacer. –Sirius movió la cabeza, negándose a escuchar a su amigo. Remus sólo suspiró, frustrado-. Mientras siga existiendo ésa denuncia, Harry no querrá nada contigo.

-Dile que volveré después. Esperaré a que esté más tranquilo y entonces volveremos a hablar. –Sirius suspiró mientras se arreglaba la capa sobre los hombros-. Tal vez para entonces ya haya reconsiderado mi proposición.

El animago se perdió en la esquina del pasillo sin darle tiempo a Remus de preguntarle a qué se refería. Después de varios segundos de duda, el hombre dio media vuelta para volver al lado de Harry. Lo encontró en el mismo lugar donde lo dejara, sollozando sin poder controlarse, mientras Lucius sólo lo miraba sin saber qué hacer.

-Gracias, Lucius. –Su compañero sólo se encogió de hombros y su mirada impasible no engañó a Remus, quien intuyó que el hombre debió estar manteniendo una lucha interna entre dejar que el muchacho siguiera llorando, o decirle algunas palabras de aliento. Y al parecer había optado por lo primero-. Ya estoy aquí, Harry...

-Lo sentí, Remus. Pude sentir su odio hacia Severus y es... tan grande. ¿Por qué lo odia tanto? –El hombre se sentó a su lado y el muchacho extendió una mano para buscarlo. Cuando al fin pudo encontrarlo, rodeó su cuello y se abrazó a él, hundiendo su cara en su pecho-. ¿Por qué Sirius me ha hecho esto?

-Él piensa que es lo mejor para ti, hijo. –Harry se separó del fuerte cuerpo que lo envolvía, al tiempo que posaba sus dedos sobre su rostro herido. Remus tomó su mano y la apretó contra su pecho mientras continuaba-. Pero te prometo que averiguaré la razón que lo mueve, Harry. Y tal vez... ya verás que todo se solucionará. Ahora dime... ¿Cuál es la proposición que te hizo?

-Me pidió que me fuera a París con él y que ya no volviera a mencionar a Severus, y entonces retiraría la denuncia. –Remus miró a Lucius mientras movía la cabeza en desaprobación-. Pero no lo haré. Me quedaré aquí porque Severus me necesita a su lado y no lo defraudaré.

Lucius frunció el ceño al oír las palabras del muchacho, pues eran casi las mismas que Severus le dijera cuando se negara a aceptar ése mismo trato. Convencido ahora del trasfondo que había en ellas, decidió dejar que siguieran hablando y se dirigió a la salita detrás de la mampara.

-Ya no te alteres más, Harry. Me dijo que volverá cuando estés más tranquilo, y sería bueno que trates de razonar con él.

Remus prefirió no seguir insistiendo al ver que Harry movía la cabeza, negándose a admitir que su padrino pudiera ser capaz de hacerle semejante daño. Él había tenido la ilusión de que terminada la guerra, Severus sería reconocido como el héroe que era y entonces Sirius ya no tendría motivos para seguir negándose a su relación, pues quedaría comprobado que Severus ya no era un mortífago.

Siempre había pensado que ésa era la razón por la cual Sirius no había permitido antes su relación con él, pero después de lo ocurrido estaba seguro que el motivo de su odio obedecía a algo muy distinto. Y lo que más le dolía era darse cuenta que ése odio hacia Severus había resultado ser mucho más poderoso, que el amor hacia quien en tantas ocasiones él le llamara "su niño".

Cansado, Harry suspiró mientras buscaba el respaldo de su cama. Remus lo ayudó a acomodarse y colocó una almohada detrás de su espalda para que estuviera más cómodo. La enfermera llegó en ése momento con el almuerzo para el muchacho y como se negara a probar bocado, Remus le agradeció y la enfermera tuvo que retirarse.

-Sácame de aquí, por favor. –Suplicó el muchacho, tanteando el aire hasta que sintió que Remus tomaba su mano-. Severus me necesita.

-Sabes que si por mí fuera te llevaría con él ahora mismo. –La voz de su amigo fue suave y consoladora-. Antes de marcharse, Severus me pidió que te dijera que todo estaría bien. Debes creerle y tratar de recuperar fuerzas para que puedas salir pronto de aquí. Y para eso debes comer primero.

Harry asintió en silencio y Remus le dio una rebanada de pan al que el muchacho no le encontró ningún sabor. Aún así, decidió hacer caso a Remus y tratar de comer para recuperarse. Mientras más pronto estuviera fuera de San Mungo, más pronto podría ir a buscar a Severus.

Remus lo dejó comer tranquilo y fue a buscar a Lucius, quien del otro lado de la mampara leía el artículo del profeta que la enfermera había dejado olvidado. Al ver a su compañero dejó el diario a un lado y le miró, interrogante. Remus suspiró y se sentó a su lado en el sillón hablándole en voz muy baja para evitar que Harry los escuchara.

-No me ha preguntado por sus amigos, pero sé que no tardará en hacerlo. –Lucius comprendió y tomó su cálida mano-. No sé si sea conveniente que se entere ahora de lo que les pasó a Hermione y a Albus...

-No creo que le caiga muy bien enterarse por medio de otras personas.

-Supongo... que soy el indicado para esto, ¿Cierto?

-No sólo el indicado, sino el mejor. –Lo apoyó el rubio-. Según lo que he podido ver hasta ahora, eres el único que puede tranquilizarlo. Nadie mejor que tú para ayudarle a pasar este mal trago.

-Odio tener que dar malas noticias. –Remus escondió su rostro en su cuello y permaneció en ése tibio lugar, absorbiendo su fragancia-. ¿Quieres que almorcemos aquí?

-Me gustaría, pero Draco ya debe haber vuelto de Hogsmeade y debe estar esperándome. –Remus suspiró resignado mientras se ponía de pie para volver al lado de Harry. Lucius pudo advertir su frustración y lo retuvo tomando su mano-. ¿Hay algo que te moleste con respecto a Draco?

-Por supuesto que no, Lucius. –Remus sonrió con dulzura y volvió a sentarse a su lado-. Es tu hijo y lo último que haría sería molestarme por eso. Al contrario, me agrada ver que cada día te llevas mejor con él. Es sólo que... –Remus dudó por un instante entre seguir hablando o callar. Lucius oprimió su mano entre las suyas y él sólo sonrió-. Olvídalo. No es nada importante.

-¿Estás seguro? –Por toda contestación Remus depositó un suave beso en sus labios, y aunque a Lucius le gustó, su respuesta no terminó de convencerlo. Aún así prefirió no seguir insistiendo-. ¿Pasarás la noche aquí?

-Así es. Dudo que Sirius vuelva y si así fuera, no creo que Harry le permitiera quedarse.

-¿Cómo vas con tus heridas?

-Pediré una poción a la enfermera, aún siento dolor. –Remus miró las heridas de sus brazos y vio que la poción cicatrizante ya estaba haciendo muy buen efecto-. Fuera de eso todo lo demás está bien.

-Entonces, te veré mañana. –Lucius recuperó su silla de ruedas y pasó frente a la cama de Harry. Pensaba hablarle, pero vio que el muchacho había terminado de comer y al parecer se había quedado dormido-. Lo más probable sea que llegue acompañado, te aseguro que cuando Draco sepa que ha despertado querrá venir a visitarlo.

-Sé que a Harry le alegrará mucho hablar con él. –Remus se inclinó para despedirlo con un beso y enredó sus dedos en sus rubios cabellos, como últimamente le gustaba hacer. Cuando Lucius se marchó, el licántropo se acercó despacio y se sentó en la silla junto a la cama, observando en silencio al muchacho.

-¿Cómo está el señor Malfoy? –Harry se incorporó sobre la cama y el hombre rió con ligereza al tiempo que acariciaba sus rebeldes cabellos-. ¿Draco está bien?

-Pensé que dormías. Lucius está bien... –Remus esbozó una sonrisa que Harry no pudo ver pero en cambio, algo se removió dentro de su ser, y el muchacho sintió un calor que sólo había sentido en compañía de Severus, o al pensar en él-. Y su hijo también. Que no te sorprenda si viene a verte mañana.

-Tengo muchas ganas de hablar con él... –Harry sonrió mientras pasaba los brazos por debajo de su almohada, abrazándose a ella-. ¿Cómo están todos los demás? Quiero saber qué ocurrió con Voldemort, ¿El profesor Dumbledore está bien? ¿Y Ron? ¿Cómo está Hermione?

-Harry, escucha. Yo... ah, no sé cómo decirte esto pero... no todo salió muy bien. –Harry soltó la almohada y se enderezó para escuchar con atención a su amigo. Remus se sentó a su lado y tomó sus hombros para atraerlo hacia él-. Lograste acabar con Voldemort, eso sí. Ése monstruo no volverá a hacer daño a nadie pero... hemos tenido que pagar un precio muy alto por ello.

-¿Qué intentas decirme, Remus? –Harry percibió la angustia en el corazón del licántropo, y un oscuro presentimiento comenzó a invadirlo-. ¿Es Ron? ¿Le pasó algo a Ron?

-No, Harry. Él está bien. Es... se trata de Albus y...

-Hermione... –Harry no necesitó una respuesta de parte de Remus. Sólo tuvo que concentrar sus pensamientos en su querida amiga y entonces supo que algo muy grave le había ocurrido-. ¿Qué le sucedió a Hermione?

Mientras Remus le contaba sobre el ataque del Dementor Harry comprendió, en medio de sus lágrimas, a qué se debía ésa terrible sensación de angustia y temor que sintiera desde el instante mismo en que despertara de su inconsciencia.

oooooooOooooooo

Lucius esperaba en su habitación el regreso de Draco, mientras terminaba de escribir la carta que le enviaría a Severus. Cuando terminó, la ató a una de las lechuzas propiedad del Colegio y el ave partió rumbo a la Prisión de Azkaban. Si todo salía bien, ésa misma tarde Severus estaría recibiendo noticias de su pareja.

Escuchó cuando Draco volvía y llamó a un elfo para que les llevara el almuerzo. Se dio un baño y se vistió deprisa para alcanzarlo antes de que volviera a marcharse. A últimas fechas casi no lo veía, pues si no se la pasaba en el laboratorio elaborando pociones, se la pasaba en la enfermería, entregándolas.

Él no había querido decirle nada, pero se había dado cuenta que Draco siempre encontraba alguna excusa para ir a ver a Poppy. O mejor dicho, a su auxiliar. A él no se le había pasado por alto la forma en cómo Draco se había dirigido al joven Gryffindor la mañana en que fue a buscarlo a la enfermería, y tampoco se le escapó la actitud apenada del moreno cuando fue descubierto atendiendo a su hijo fuera de sus horas de ronda.

-Hola, pensé que estarías aún en los aposentos de Lupin. –Draco levantó su mirada del libro de pociones que acababa de comprar en Hogsmeade para saludar a su padre-. ¿Terminaste de curar sus heridas?

Lucius entrecerró los ojos al captar un dejo de sarcasmo en la voz de su hijo, al que prefirió hacer caso omiso, pues no tenía intenciones de comenzar una discusión.

-Acabo de volver de San Mungo. –Lucius se dirigió a la sala y dejó su silla a un lado para sentarse sobre uno de los sillones. Draco se sentó junto a él, poniendo toda su atención a las palabras de su padre-. Tu amigo Potter despertó ésta mañana.

-¿Harry despertó? ¿Cómo está? –Preguntó el muchacho, contento por la noticia-. ¿Pudiste hablar con él?

-Cuando llegamos estaba muy alterado. Se acababa de enterar de la denuncia de Black contra Severus. –Draco asintió, animándolo a continuar-. Como era de esperarse, Potter no quiere saber nada de ése hombre.

-¿Y sus ojos? ¿Puede ver?

-No lo sé, Draco. –Fue la respuesta de su padre-. Hasta la hora en que me marché, él no había dejado que su médico lo examinara. Supongo que a éstas horas ya deben saberlo. También debe estar enterado de lo sucedido a su compañera y a Dumbledore.

-Imagino... que debe estar muy angustiado. –Lucius asintió y su hijo guardó silencio durante varios minutos. Para Lucius era obvio que la noticia lo había entristecido también a él-. Quiero ir a verlo.

-Por hoy no será posible, pero podrás ir a verlo mañana durante la hora de visita. –Lucius posó una mano en el hombro de su hijo para confortarlo y éste asintió, resignado-. ¿Fuiste siempre a Hogsmeade? ¿No tuviste problemas con nadie?

-No tuve ningún problema, nadie me molestó y encontré rápido todo lo que buscaba. Hasta tuve tiempo para dar un paseo. –Se dirigieron al comedor cuando el elfo llegó con el almuerzo y Lucius escuchó con paciencia todo lo que el muchacho le contó-. También fui a dejar flores a la tumba de mi madre, ¿Por qué no me dijiste que le habías erigido un mausoleo?

-Quería que fuera una sorpresa. –Lucius se sintió complacido ante la mirada cargada de afecto que Draco le dirigió-. Espero que te haya gustado. Elegí el diseño de acuerdo al gusto de tu madre.

-Mi madre tenía gustos muy bellos. –Con ésa respuesta, Lucius supo que a su hijo le había gustado, tanto como a él. Draco suspiró mientras recordaba cada detalle de ése hermoso mausoleo que ahora embellecía la tumba de su madre.

Él había llegado a la Mansión con la idea de encontrarla tal y como la había visto el día en que fuera sepultada. Pero su sorpresa fue grande cuando vio un bello monumento erigido sobre ella.

Estaba hecho de suave jaspe en color rosa, esculpido en la forma de un ángel de largos cabellos con las alas extendidas, y con el hermoso rostro de Narcisa. Formando un semicírculo detrás de él, pequeños macizos de jazmines encantados para nunca marchitarse. Y al frente una caída de agua sobre una fuente, también de jaspe, y que dejaba ver a través de sus aguas transparentes una imagen viva de su madre, sonriéndole.

Draco había permanecido parado frente a ella, con las flores en su mano y sintiendo que en ése hermoso detalle se reflejaba todo el amor que su padre había sido capaz de profesarle. Lo que le hizo saber que no se había olvidado de ella, ni había dejado de amarla. Dirigió su mirada gris hacia su padre que en silencio, observaba a su hijo volver de sus pensamientos.

Suspiró, una pregunta formándose en sus labios y de la cual esperaba una respuesta sincera, como sincero había sido el sentimiento que percibiera estando parado frente a su tumba.

-¿Siempre amarás a mi madre?

Lucius suspiró a su vez, sus azules ojos posándose en los de su hijo diferentes sólo en el color, al tiempo que extendía su mano para tomar con afecto la mano del muchacho, mientras le respondía.

-Siempre la amaré. Eso nunca lo dudes, Draco. Nunca.

oooooooOooooooo

-Lo lamento tanto...

-No te angusties, Remus. La verdad es que... ya lo sabía.

El licántropo acariciaba con ternura los negros cabellos del muchacho. Sentado en una silla junto a la ventana, Harry entreabría las cortinas deseando que lo poco que aún quedaba de la luz del día se filtrara en sus ojos. Como si eso pudiera devolverle aquello que perdiera en la última batalla contra Voldemort.

El médico acababa de marcharse después de haberlo examinado y retirado la venda blanca que cubría sus ojos. Y la realidad no había golpeado con tanta fuerza al muchacho como a Remus, quien no pudo evitar que las lágrimas escaparan de sus ojos cuando los verdes del muchacho no fueron capaces de corresponder a su cariñosa mirada.

-Buscaremos a un especialista. –La voz de Remus era tranquila, pero Harry podía sentir la gran tristeza que lo embargaba-. Estoy seguro que alguno de los que el doctor nos recomendó será capaz de ayudarte.

Harry suspiró mientras asentía en silencio, pensando que lo sucedido había sido poco en comparación con lo que él esperaba de un enfrentamiento directo contra quien fuera considerado el mago más poderoso. Él había llegado a creer que moriría, o que enloquecería, y ambas cosas le hubieran ocurrido sin duda, de haber muerto Severus o algún otro ser tan amado.

A Hermione la había besado un Dementor, y aquél Medallón que Albus le obsequiara a Severus parecía haberle cobrado un precio muy alto por su protección. Y Draco y Oliver habían perdido a Blaise. Y a muchos Aurores sus familias ya no volverían a verlos con vida nunca más. Bueno... él había perdido la vista, y aún había posibilidades de recobrarla, al menos eso era lo que él deseaba.

-Todo se solucionará, Remus. Ya verás que lograremos recuperarnos. –El hombre no pudo evitar sonreír, complacido ante el gran optimismo del muchacho-. Y más pronto de lo que te imaginas volverás a ver al trío dorado buscando problemas y al profesor Dumbledore comiendo caramelos de limón...

-Que Merlín te oiga, Harry...

-Ahora, lo más importante es sacar a Severus de Azkaban. –Harry se puso de pie y con ayuda de Remus se dirigió del otro lado de la mampara, donde se sentó en el sillón más largo. Remus se sentó frente a él mientras lo escuchaba con atención-. Sirius... lo acusó de haberme secuestrado. Y también de abusar de mí mientras estuvimos en la Mansión Riddle...

-¿Qué es lo que tienes pensado hacer?

-Voy a echar abajo todas ésas mentiras. Voy a citar al editor del profeta y diré toda la verdad. –Remus negó con la cabeza, gesto que el muchacho no vio, por lo que continuó hablando-. Les diré que no hubo secuestro porque yo mismo escribí una carta a Sirius explicándole el motivo de mi partida. También les diré que Severus no abusó de mí, porque él y yo estamos enamorados y somos una pareja...

-Espera... espera... –En éste punto, Remus se tuvo que ver obligado a interrumpir al muchacho-. ¿Estás seguro que decir la verdad sobre tu relación con él ayudará? ¿No crees que podría empeorar las cosas?

-¿Por qué lo dices?

-No quiero parecer un aguafiestas, pero es necesario que antes de emitir una declaración de ésa naturaleza, pienses en las consecuencias que eso acarreará.

-¿Crees... que eso lo perjudicaría más de lo que podría ayudarlo? –Harry interpretó el silencio de Remus como una respuesta afirmativa-. No entiendo por qué...

-Para empezar, Severus y tú eran profesor y alumno cuando comenzaron su relación. –Harry asintió en silencio, comprendiendo-. Si eso llega a saberse, ten por seguro que Severus perderá su trabajo. Y unos cuantos profesores más también, por haberlos apoyado.

-No lo había pensado...

-Por otro lado, no ayudará en nada a su defensa en el caso de abuso sexual. –Harry frunció el ceño sin entender-. Estarías admitiendo que tuvo relaciones contigo siendo tú menor de edad. Eso terminaría de hundirlo en Azkaban, ya que seguiría siendo un delito, aún habiendo estado tú de acuerdo con ello.

-Entonces negaré todo. Les diré que Severus no abusó de mí aquella noche. –Declaró el muchacho, decidido-. No hay pruebas de lo ocurrido entre él y yo. Será mi palabra contra la de Sirius.

-¿Ya olvidaste las muestras de semen? –Harry bajó la cabeza, apesadumbrado al recordar lo que Sirius también le había comentado-. Cuando sospecharon de una probable violación las guardaron como prueba. Ahora están en el Ministerio bajo custodia.

Harry guardó un prolongado silencio y Remus puso ver un asomo de enojo y decepción en sus pálidos rasgos.

-Todo le salió muy bien, ¿Cierto? –Remus lo miró sin entender. Harry sólo suspiró mientras continuaba-. Sirius supo jugar sus piezas y ahora nos tiene en jaque.

-Te aseguro que Sirius no ha pensado, Harry. Él sólo... ha hecho lo que cree que es correcto.

-Nada de lo que ha hecho ha sido correcto, Remus. –Reflexionó el muchacho con tristeza-. Pero tengo que admitir que Severus y yo tampoco hicimos lo correcto. Faltaban tan pocos días para mi cumpleaños... nada nos costaba esperar.

-Ya no tiene caso que pienses en eso ahora, hijo. –Trató de consolarlo el licántropo. Harry se recargó en el respaldo del sillón y se cubrió la cara con las manos, cansado-. Ya casi es de noche. ¿Por qué no vuelves a la cama y tratas de dormir un poco?

-¿Te quedarás conmigo?

-Por supuesto. –Harry se levantó para ser guiado por Remus hacia la cama-. Dormiré en el sillón.

-¿Puedo pedirte un favor? –El hombre asintió-. No quiero que Sirius vuelva por aquí... ¿Podrías pedir que no se le permita el acceso a ésta habitación?

-¿Estás seguro? –Harry no quiso responder a ésa pregunta. Se envolvió con la delgada sábana y cerró los ojos, tratando de dormir. Remus depositó un beso en su frente y terminó de arroparlo-. Que descanses, pequeño.

-Ya no soy pequeño, ya tengo dieciocho años.

-Para mí siempre serás mi pequeño. –Respondió Remus, riendo con ligereza ante el reclamo infantil del muchacho.

Harry ya no habló. En vez de eso se dedicó a recordar sus últimos instantes al lado de Severus, y la forma en cómo había logrado llegar hasta su pareja y abrazarse a él en medio de la oscuridad. Y la necesidad de volver a sentir el calor de su piel y escuchar su profunda voz hizo que se estremeciera.

Se preguntó qué estaría haciendo Severus en ése momento. Con toda seguridad estaría pasando frío y hambre, y extrañándolo tanto como él lo extrañaba. Recordó la proposición de Sirius y sin poder evitarlo una gran furia creció en su interior hacia el hombre al que alguna vez él entregara toda su confianza, todo su cariño.

"Ven conmigo a París y prométeme que no volverás a hablar de él, y retiraré la denuncia... pero si no vienes conmigo, me encargaré de que Snape nunca salga de Azkaban..."

Estrujó la almohada con fuerza conteniendo las ganas de llorar de dolor, de rabia... de impotencia. Él no sabía de qué forma ayudaría a su pareja a salir de ése horrible lugar, pero lo lograría así tuviera que renunciar a su propio nombre. De lo que sí estaba seguro, era que no aceptaría el chantaje de Sirius bajo ninguna circunstancia.

Harry logró secar una lágrima antes de que cayera sobre su almohada. A ésa lágrima siguieron muchas otras que el muchacho ya no pudo ni quiso contener.

"Me has separado de la persona que más amo, y eso nunca te lo perdonaré..."

oooooooOooooooo

"Potter ha despertado.

Sé que de todas las cosas que tengo que contarte, ésta parte es la que más te interesa, y es por eso que he decidido saludarte con éstas primeras palabras.

Él está bien aunque a ésta hora el médico aún no examina sus ojos, por lo que no te puedo informar con respecto a cómo ha quedado su vista. Pero lo importante es que está despierto y enterado de todo.

Black le ha hecho la misma proposición que a ti. Y te complacerá saber que tu pareja se ha negado de forma rotunda, y no sólo eso, parece que no quiere volver a saber nada de él.

Supongo que ahora que conoces la decisión de Potter, estarás consciente que las posibilidades de que tu caso llegue a juicio han aumentado de manera considerable. Confiemos en que Potter se mueva lo bastante rápido y nos evitemos llegar a últimas instancias.

La última vez que te propuse que aceptaras el trato que Black te ofrecía, tú te negaste, argumentando que él te necesitaría cuando despertara, y que estarías a su lado. Entonces no comprendí tus palabras en su cabal significado. Pero después de escucharlas de labios de Potter, creo que al fin las he comprendido.

Sólo puedo decirte que aunque no deja de ser una estupidez de tu parte, -y de Potter-, creo que ha sido una decisión muy valiente..."

Con su barba de varios días pegada contra una rendija, Severus forzaba la vista tratando de aprovechar la escasa luz de luna que se filtraba por ella. Aún así, apenas podía distinguir la elegante letra de Lucius escrita en tinta negra sobre el blanco pergamino que sostenía con tanta fuerza, que el papel temblaba entre sus manos heladas.

La había recibido ésa misma tarde. Y la había leído ya tantas veces con su rostro pegado a la fría pared, que ya se la sabía de memoria. Pero aún así no la soltaba, temeroso de que al hacerlo la carta se desvaneciera ante su vista como si se tratara de un sueño.

Volvió a leerla, una y otra, y otra vez. Y cada vez encontró algo nuevo en ella. Un defecto en la casi perfecta letra de su ex compañero de escuela, una mancha de tinta en alguno de los márgenes, e incluso una pequeñísima pluma gris de la lechuza en la que había sido enviada.

Y lo más importante: La certeza cada vez más grande, de que a pesar de la distancia y de las circunstancias, Harry estaba a su lado.

Continuará...

Próximo capítulo: Sentimientos callados.

Respuesta a los reviews:

Sumset: Hola Sumset, así es, Harry ya reaccionó y en este capítulo ya se pudo ver un poco de su reacción. Severus saldrá pronto, no lo dudes. Te agradezco mucho que me sigas dejando tus comentarios, y espero que disfrutes este capítulo también. Besitos mil.

Nan: Hola Nan, Hola Nan, antes que nada muchas felicidades por tu titulación, espero que te vaya muy bien con la carrera que elegiste. Sobre el nombre de la historia así es, por eso le puse así. Sobre Remus, hum... la verdad es que la forma en cómo lo describen en los libros cuando se bebe la poción no me gustó, por eso le hice algunos cambios a su personalidad cuando se transforma. Deja de ser peligroso pero sin perder la libertad de su naturaleza. Sobre Severus, jeje, tendrás que hacer fila porque ya hay muchas que quieren hacer lo mismo (yo la primera)U. Como pudiste ver, Harry ya está bien despierto. Al contrario, gracias a ti por leer y dejarme tu comentario. Besos y te deseo la mejor de las suertes.


Notas:

Muchas gracias a todos por sus reviews y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)