Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.
Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.
Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.
Que la disfruten.
K. Kinomoto.
Quiero agradecer a Devi y a Julia, por sus reviews.
Y a todas aquéllas personas que leen esta historia, muchas gracias.
XXIV
Sentimientos callados.
Ron y sus padres se abrieron paso a tropezones entre la marea de reporteros y curiosos que saturaban la entrada a San Mungo. Era la mañana del domingo, y la noticia de que Harry Potter se encontraba despierto y en recuperación había circulado demasiado rápido. La gente estaba ansiosa por saber todo lo relacionado con el héroe del mundo mágico.
Arthur tuvo que crear una barrera alrededor de su hijo cuando un reportero lo reconoció como el mejor amigo de Harry, y las preguntas comenzaron a llover a su alrededor, aturdiéndolo. Pero Ron sólo quería ver a su amigo y no detuvo su andar hasta que se perdió de vista, dejando a los reporteros con las preguntas en el aire.
Sus padres tuvieron que correr detrás de él cuando el muchacho aceleró sus pasos hasta llegar a la habitación donde Harry ya se encontraba de pie, junto a Remus. Al escuchar su nombre en voz de su hermano del alma, Harry ladeó la cabeza y entrecerró los ojos al tiempo que se sentía envuelto en un cálido y fuerte abrazo, lleno de sentimientos tan contradictorios que por un instante pensó que su corazón no lo resistiría.
Correspondió al abrazo de Ron con la misma fuerza mientras dejaba que su mejor amigo se desahogara sobre su hombro, hasta que sintió que se tranquilizaba poco a poco. Arthur y Molly se acercaron a ellos y Harry dejó que el abrazo se hiciera más grande, y el calor del afectuoso saludo de Arthur y la humedad de las lágrimas de Molly sobre su mejilla le hicieron ver en ellos a dos amorosos padres.
-¿Qué te ha dicho el médico?
-¿Cuándo podrás salir de aquí, compañero?
-Te irás con nosotros a la Madriguera¿Verdad?
Harry se quedó sin palabras ante la arrolladora cantidad de preguntas que llovían a su alrededor. Remus sólo sonrió, consecuente, mientras tomaba a Arthur y Molly del brazo y los conducía hacia la salita para responder él mismo a todas ellas. El muchacho respiró tranquilo y buscó a tientas la cama para sentarse, invitando a Ron a hacer lo mismo.
-Supongo... que a éstas alturas ya te habrás enterado de todo lo que ha ocurrido. –Harry asintió en silencio al comentario de Ron, buscando su mano para apretarla entre las suyas-. Me imagino que debes estar furioso con Sirius.
-No quiero hablar de él, Ron. –Fue la respuesta seca de su amigo, y el pelirrojo pudo notar un dejo de pesar y decepción en su voz-. Pero dime... ¿Cómo va el tratamiento de Hermione¿Hay posibilidades de que se recupere?
-La doctora que la atiende le está administrando un medicamento innovador. Dice que es muy bueno para combatir la depresión profunda. –Harry suspiró al sentir la enorme tristeza en el corazón de su amigo-. Mañana tengo una entrevista con ella, supongo que me informará sobre sus progresos. Aunque... hasta ahora no he visto mucho de ello. ¿Sabes? No he podido acercarme a hablarle, sólo puedo verla desde lejos.
-Lamento escuchar eso. –Harry cerró los ojos con fuerza, con la sensación de que al abrirlos pudiera ver algo. Lo hacía con frecuencia y después se reprochaba a sí mismo por su necedad-. Quisiera... poder verla yo también.
Ron apretó la mano de Harry, comprendiendo sus palabras.
-¿Qué te dijo el médico¿Tienes posibilidades de recuperar la vista?
-No lo sé, Ron. Me recomendó a varios especialistas. –Harry sonrió con ligereza para hacerle ver a Ron que no debía preocuparse por él. Ya tenía bastante con el problema de Hermione-. Pero confío en que tendrá solución. De cualquier forma, no pienso acudir a nadie si no está Severus conmigo.
-Pero... no sabes cuánto tiempo...
-Él saldrá pronto, lo sé. –Ron frunció el ceño, sorprendido ante el optimismo de su amigo. No era que Harry nunca hubiera sido alguien positivo, era que en ésas circunstancias cualquiera podía volverse pesimista. Sin embargo, Ron notó que su amigo parecía estar haciendo un gran esfuerzo por demostrarle que se encontraba bien.
-¿Cómo está tu familia¿Les va bien a los gemelos en su tienda?
Ron siguió conversando con él, sin dejar de preguntarse qué tanto de su actitud optimista era real, y cuánto estaría guardando su corazón, de ésa parte dolorosa que su mejor amigo tanto se esforzaba en ocultar.
oooooooOooooooo
Una hora después de que los Weasley se marcharon, el doctor Curtis autorizó a Harry salir de su habitación para que pudiera pasear por la terraza del área de Medicina Interna. Y aunque el muchacho no podía apreciar la belleza del lugar, sentía la fresca brisa rozando su cuerpo y los cálidos rayos del sol devolviéndole poco a poco las fuerzas, disminuidas por tantos días de estar postrado en cama.
Caminaba despacio, tomando el brazo que Draco le ofrecía mientras era guiado en su paseo. La terraza donde ahora se encontraba había sido hechizada para que pudiera pasear con tranquilidad sin ser molestado. Había sido necesario debido a que al ser reconocido, algunos reporteros que se encontraban adentro lo habían abordado acosándolo con preguntas que el muchacho no estaba listo para responder.
-¿Crees que sea prudente que sigas guardando silencio? –Preguntó el rubio cuando su amigo pudo serenarse después del acoso de los reporteros. Lucius y Remus se habían quedado rezagados para dejarlos hablar con tranquilidad-. ¿No crees que sería mejor que les contaras todo lo que ocurrió entre Severus y tú? Sólo así te dejarían en paz.
-No, Draco. La situación de Severus es muy delicada y decir la verdad, tal y como es, podría hundirlo mucho más. –Fue la respuesta firme del moreno. Éste se aferró al brazo de su amigo cuando sintió que tropezaba con una piedra en el camino. Draco se apresuró a sostenerlo, reprochándose por no estar al pendiente de los obstáculos-. Primero quiero salir de aquí y averiguar todo lo relacionado con la denuncia. Quiero hablar con los abogados en persona y enterarme de lo que están haciendo para ayudarlo.
-Ellos no han podido hacer mucho, Harry. Hay pruebas físicas de lo que ocurrió entre ustedes en la Mansión Riddle.
-Lo sé, Draco. –Respondió su amigo, molesto consigo mismo al recordar que él le había pedido a su pareja que le hiciera el amor aquélla noche, sin imaginarse hasta qué punto lo perjudicaría-. No he descartado la posibilidad de conceder una entrevista y aclararlo todo, pero lo que más me interesa ahora es que Severus salga de prisión. Después de eso me dedicaré a limpiar su nombre.
-El único medio para que Severus quedara libre, era que tu padrino retirara la denuncia. –Harry asintió, dándole la razón-. Y a condición de que te marcharas con él a París, pero tú te negaste¿Cómo piensas convencerlo ahora?
-No lo sé. –Respondió el moreno. Su rostro se contrajo por un instante en una mueca de disgusto, que de inmediato cambió a una de firme determinación-. No sé cómo, pero voy a hacer que Sirius retire ésa denuncia a como dé lugar.
Harry ya no quiso seguir hablando de su padrino. Cada vez que recordaba lo ocurrido con él, sentía que su sangre hervía de rabia y que su corazón se encogía de dolor. Porque a pesar de todo lo que el animago le hiciera él lo amaba, y no había nada que le doliera más que ver cómo Sirius mostraba su lado más oscuro cegado por el rencor.
Draco pudo ver que una sombra de tristeza surcaba el rostro de su amigo, y decidió que era mejor cambiar de tema.
-Mi padre me comentó que mañana te darán de alta. –Harry asintió en silencio, agradeciendo al rubio por el cambio de conversación-. ¿Te irás con los Weasley?
-Me quedaré en los aposentos de Remus, aunque recibí una invitación para irme a vivir con ellos. –Harry detuvo su andar al escuchar el ruido del agua cayendo en una fuente. Draco lo guió hasta una banca cercana, donde Harry se sentó-. Pero la verdad es que no quiero ser una carga.
-No creo que ellos lo consideren así. –El moreno no respondió, pues comprendía la razón en las palabras de su amigo. Sin embargo, él sabía de los apuros por los que estaban pasando con la situación de Hermione, y no quería añadir un problema más a su larga lista de ellos-. Aunque en realidad me alegra saber que seremos vecinos.
-Es verdad, Remus me comentó algo parecido. –Harry sonrió al recordar el sentimiento de profundo cariño que percibía cada vez que el licántropo pronunciaba el nombre de Lucius-. ¿Qué piensas con respecto a Remus?
Draco frunció el ceño, sorprendido ante la pregunta de su amigo. Movió la cabeza de un lado a otro, mientras trataba de buscar una respuesta apropiada para el momento.
-Pues... no lo sé. Me parece una buena persona.
-Remus posee un gran corazón y merece amar y ser amado... ¿No lo crees?
-Supongo que sí. –Draco entrecerró los ojos, mirando a su amigo con cierto recelo-. ¿Por qué me estás diciendo todo esto?
-Por nada, Draco. –Harry sonrió y se levantó de la banca para continuar con su paseo. Draco se apresuró a ofrecerle su brazo, que Harry tomó sin dudarlo-. ¿Sabes? Remus es lo más parecido que tengo a una familia, junto con los Weasley. Yo sólo quiero que sea feliz.
-Qué bueno que pienses así. –Aunque Draco no entendía ni una palabra de lo que Harry le hablaba, algo en su interior le dijo que debía guardar ése dato para futuras referencias.
-La hora de visita está terminando. –Lucius y Remus se acercaron a los muchachos, y Draco hizo sus pensamientos a un lado para atender a las palabras de su padre-. Será mejor que te despidas de tu amigo.
-Te veré mañana en el Castillo. –Harry asintió, sonriendo dentro del abrazo del rubio-. Quizás podamos almorzar juntos.
-Es un compromiso, Draco. –Remus ocupó el lugar del rubio tomando el brazo de Harry, pues el joven aún perdía el equilibrio cuando no hallaba algo en qué sostenerse-. Cuídate mucho.
Draco se encaminó a la salida de la terraza seguido por su padre, quien dedicó una mirada significativa a Remus. Éste sólo levantó la mano en señal de despedida mientras lo observaba alejarse. La brisa meció los largos cabellos rubios de su compañero y Remus estuvo tentado a recogerlos entre sus dedos, pero sólo atinó a suspirar hasta que Lucius desapareció de su campo visual.
-¿Deseas que volvamos a tu habitación? –El licántropo se volvió hacia Harry, quien sonrió al tiempo que negaba con la cabeza y se aferraba al brazo que lo sostenía.
-No, quedémonos un momento más. –Permaneció parado en mitad de la terraza y respiró con fuerza el aroma a verde y tierra húmeda. Le recordaba tanto a su lugar junto al lago, cuando pasaba las tardes en compañía de Severus-. Y dime, Remus... ¿Desde cuándo tienes esos sentimientos hacia el señor Malfoy?
A Remus ya no le sorprendió que Harry intuyera lo que sentía. En vez de eso, rió con ligereza y rodeó los hombros del muchacho para seguir caminando.
-La noche de la batalla... él me hizo una proposición a la que no quise negarme. –Harry sintió una gran alegría cuando percibió una intensa emoción en el corazón de su amigo conforme le hablaba de Lucius-. Las cosas han ido bien. Nada del otro mundo, tú sabes. En realidad... ni él ni yo queremos estar solos.
-Lo quieres¿Verdad? –Remus sólo suspiró, analizando la pregunta del muchacho. Su sonrisa se amplió cuando le respondió en un tono melancólico, que a Harry le recordó a aquella última conversación, cuando hablaron sobre lo que sentía por Sirius.
-Es difícil no quererle. Ha sido una gran compañía y bueno... yo nunca he sido de piedra.
-Tal vez... él sea la persona indicada para ti.
-La verdad es que no me he detenido a pensar en eso. ¿Recuerdas que te hablé de alguien con quien estuve en mi época de juventud? –El muchacho asintió después de hacer memoria. Remus le había comentado que había llegado a quererlo mucho-. Pues era Lucius.
Harry se sorprendió, para después reír con fuerza. Remus lo acompañó en su risa al darse cuenta de lo curioso que había resultado el terminar queriendo otra vez a la misma persona.
oooooooOooooooo
La mañana del lunes encontró a Minerva sentada junto a la cama de Albus, tomando su mano con gran cariño. El viejo director llevaba más de veinte días en estado de coma mágico, y hasta el momento no recibía noticias del señor Flamel. Aún así, no perdía la esperanza de que el poderoso mago pudiera hallar la solución a su problema.
Poppy entró a la habitación y tras saludar a la animaga, tomó asiento a su lado.
-¿Es verdad que Harry ha despertado? –Le preguntó al tiempo que le mostraba la edición del Profeta de ésa mañana.
Minerva asintió con una ligera sonrisa, sin dejar de mirar el dulce rostro dormido de su amigo.
-Remus me lo notificó anoche, será dado de alta hoy mismo. –Su rostro se ensombreció por un instante mientras continuaba-. Pero mucho me temo que no todas las noticias son buenas. El muchacho ha quedado ciego.
-Oh... cuánto lo siento, Minerva. –Se lamentó Poppy, sin dejar de sentir genuina pena-. ¿No hay nada que pueda hacerse al respecto?
-El medimago que lo atendió le recomendó algunos especialistas, supongo que se someterá a algún tratamiento. –Suspiró, apretando la mano de Albus entre las suyas-. Lo importante ahora es que ya ha despertado y se encuentra bien, lo que significa que los problemas de Severus no tardarán en solucionarse.
Poppy frunció el ceño, extrañada. Si todo lo que giraba con respecto a la situación del profesor de Pociones le era por demás intrigante, el comentario de la subdirectora sólo la confundió mucho más.
-Hay algo que no entiendo de todo esto, Minerva. –La subdirectora levantó la mirada para poner atención a la pregunta de su amiga-. Si Severus no hizo nada de lo que dicen¿Por qué Sirius lo denunció ante el Ministerio¿Qué fue lo que sucedió entre ellos?
Poppy miró con fijeza a los verdes ojos de la animaga, deseando saberlo. Minerva sólo movió la cabeza y se puso de pie después de depositar un beso en la mejilla de Albus. Poppy se sintió frustrada al no recibir respuesta a su pregunta.
-No te compliques, Poppy. –Le aconsejó su amiga, comprendiendo su frustración-. Si todo sale bien lo sabrás más pronto que tarde, no lo dudes. Mientras tanto te aviso que Harry vivirá en el Castillo.
-Pensé que se quedaría en Grimmauld Place, con su padrino.
-Nada de eso. Se quedará aquí, con Remus. –Fue la respuesta de la animaga, quien ya estaba informada de la reacción de Harry al enterarse de la denuncia de Sirius contra su pareja-. Estoy organizando un almuerzo para darle la bienvenida. Algo sencillo, pues no estamos de ánimos para fiestas.
-Me parece una buena idea. –La apoyó la enfermera-. ¿Necesitas ayuda?
-Muchas gracias, pero ya lo tengo todo arreglado. Sólo serán los Weasley y los que habitamos el Castillo. –Minerva se detuvo frente a la chimenea de la oficina para tomar un puñado de polvos-. El clima es bastante agradable, así que el almuerzo será en los jardines del ala oeste.
Poppy se despidió de la animaga y regresó a su oficina, sin dejar de preguntarse qué sería aquello tan intrigante que sucedía alrededor de Harry y el profesor de pociones.
oooooooOooooooo
Apoyando ambas manos sobre el cristal de la oficina de la doctora Sayers, Ron observaba a lo lejos a los pacientes del Área de Psiquiatría Mágica, en espera de poder encontrar a su novia entre todos ellos. No tardó en divisarla, sentada en la banquita blanca y en compañía de una enfermera. Una emoción muy grande inundó su corazón cuando, desde la distancia en la que se encontraba, le pareció ver que mantenían una conversación.
-Buenos días, señor Weasley. –La doctora Sayers entró a su oficina y pudo ver el rostro sorprendido del muchacho, por lo que no le extrañó que el joven pelirrojo no respondiera a su saludo.
-¿Ella está... conversando? –La mujer asintió con una sonrisa, invitándolo a tomar asiento frente a su escritorio, cosa que el muchacho hizo mientras continuaba observando a su novia-. ¿Eso es bueno?
-Claro que sí, señor Weasley. Es por ése motivo que le pedí que viniera. –La doctora hizo aparecer dos humeantes tazas de café. Ron tomó una y la mantuvo entre sus manos, impaciente por escuchar lo que la doctora le diría-. Para comenzar, déjeme advertirle que el hecho de que ahora esté un poco más animada, no significa que su recuperación vaya a ser igual de rápida.
-¿Qué quiere decir?
La medimaga bebió un sorbo de su café y se puso de pie, dirigiendo su mirada hacia el cristal, a través del cual podía observar a todos y cada uno de sus pacientes en su paseo matinal.
-Que ella no es la única que ha mostrado un avance de ésa naturaleza. –Ron siguió su mirada y pudo darse cuenta que en efecto, dos pacientes más parecían conversar con sus enfermeros. La doctora se volvió hacia el muchacho mientras convocaba un pequeño frasco que apareció en su escritorio-. Ésa es la poción de la que le hablaba, y que usted autorizó que se administrara a la paciente.
Ron asintió recordando la primera consulta, el día en que internaran a su novia. La doctora les había explicado sobre un nuevo antidepresivo que acababa de introducirse en el mercado, y que estaba demostrando una gran eficacia a partir de la tercera semana de iniciado el tratamiento.
-¿Éste medicamento la ha hecho reaccionar? –La medimaga asintió-. ¿Qué es lo que contiene?
-Ésta poción contiene una droga psicoactiva, capaz de modificar el estado anímico o alterar las percepciones.
-¿Me está diciendo que durante éstas semanas la han estado drogando? –El gesto de molestia de Ron no pasó inadvertido por la doctora, quien negó con la cabeza al tiempo que regresaba a su lugar en el escritorio.
-No todas las drogas son perjudiciales, señor Weasley. –En este punto, la medimaga abrió un expediente que se encontraba frente a ella. Ron reconoció la foto de Hermione en la primera hoja. La mujer repasó el expediente de su paciente mientras continuaba-. Todo depende de quién, cuándo, cuánto cómo y con qué fin se consuman. En éste caso su aplicación es con fines terapéuticos, y se lleva un estricto control de sus dosis y horarios.
Ron permaneció en silencio analizando las palabras de la medimaga. Aunque el ver a Hermione más reanimada le infundía ánimos, no terminaba de convencerle la idea de que se le administraran drogas. Tenía muchas dudas al respecto y consideró pertinente aclararlas de una vez.
-¿Cuánto tiempo tendrá que administrarle ésa droga?
-Todo depende ella. Verá, señor Weasley, los pacientes que se someten a un tratamiento con drogas presentan ciertos efectos psicológicos. Hay dos aspectos que están influyendo en la experiencia de Hermione con éste tratamiento...
Ron dejó su taza de café y se acercó al ventanal. Hermione había dejado de conversar con la enfermera y ahora se encontraba sentada en el pasto con un pergamino frente a ella. A su lado se encontraban regados unos pinceles y una paleta de colores. Parecía pintar algo sobre el papel. Ron no pudo distinguir lo que ella hacía ya que la joven se hallaba colocada de costado.
-¿Qué está haciendo ahora? –Preguntó el muchacho, deseoso de salir a la terraza y sentarse junto a ella.
-Está desarrollando uno de los aspectos de los que le hablaba. Lo que ella aporta con su propia experiencia. Su fortaleza psíquica y física, las huellas mentales de su infancia, su aprendizaje vital, sus tendencias emocionales e intelectuales, sus motivaciones e intenciones. –Ron asintió, comprendiendo-. Es decir, todo lo que incumbe a ella como individuo. Nosotros le dimos a escoger la forma en la que ella quería expresar todo eso. Algunos pacientes deciden hablar, algunos otros escribir. Ella eligió pintar.
-¿Cree que sea momento de que ella pueda verme?
-Me temo que aún es muy pronto para eso. –Una sombra de tristeza se dibujó en los ojos grises cuando escuchó la respuesta de la doctora. Ella se puso de pie y se colocó a su lado-. Ése es el otro aspecto del tratamiento. Se trata del ambiente tanto físico como humano que rodea a Hermione. Durante sus sesiones se incluirán poco a poco a otras personas, de modo que ella aprenda a reconocerlas y desarrollar confianza en ellas. Pero aún falta algún tiempo para entrar a ésa etapa del tratamiento.
-¿Cuánto tiempo?
-No puedo darle una respuesta exacta. Como ya le dije, todo depende de cómo reaccione Hermione al tratamiento. –La doctora cerró el expediente de la muchacha, mientras Ron permanecía observando a su novia, que aún dibujaba-. Durante ésta primera etapa analizaré todo lo que ella pueda aportar sobre la base de sus experiencias. Es como un rompecabezas mental. Necesitaré armarlo para poder actuar en consecuencia a partir de la siguiente etapa.
-¿Hay algo que yo pueda hacer mientras tanto? –La doctora pudo apreciar la necesidad de ayudar en las palabras de Ron. Asintió al tiempo que sacaba del cajón de su escritorio una pila de pergaminos.
-Esto es la que ha pintado en los últimos días. –La doctora extendió los pergaminos frente al muchacho para que pudiera observarlos. A Ron le sorprendió descubrir que en todos ellos influía en gran medida el color rojo-. A primera vista parecen cosas sin sentido, pero he podido analizar que la mente de Hermione parece estar buscando la luz al final del túnel.
-¿Quiere decir que está consciente de lo que le pasa? –La doctora asintió-. ¿Cómo es eso posible?
-La mente es un misterio, señor Weasley. –Ron acarició con la punta de sus dedos cada trazo hecho por la mano de su novia. Sintió con ése acto que de alguna manera se conectaba con ella-. ¿Ha notado que el color que más usa es el rojo?
-¿Por qué?
-Tal vez el color rojo es el que despierta más emociones en ella. Es el que más influye en sus pensamientos y en sus sentimientos. –Volteó a ver al muchacho, quien se sintió incómodo al encontrarse observado con fijeza por la medimaga-. Usted tiene el cabello rojo, señor Weasley.
-Y uno de los colores de nuestra Casa en Hogwarts es rojo. Y las rosas que deja en la tumba de sus padres siempre son rojas.
-Parece que el color rojo ha influido en ella la mayor parte de su vida. –La doctora guardó los pergaminos en su lugar en el escritorio, para después volverse hacia el muchacho-. Nos enfocaremos en eso para acercarnos a Hermione.
Ron observó cuando la enfermera regresó por Hermione para llevarla a su habitación. Con eso, supo que la hora de visita había terminado. Se alejó del ventanal para regresar a su lugar frente a la doctora.
-Según lo que estoy entendiendo, ésa droga que se le está administrando sirve para tratar la depresión profunda en la que la dejó el Beso del Dementor. Y las terapias son para que pueda adaptarse a su entorno y más adelante a lo que antes conocía. –La doctora asintió en silencio a todo lo dicho por el joven-. Pero... ¿Qué hay con los recuerdos que le robaron¿Hay algún modo de que pueda recuperarlos?
La doctora Sayers suspiró. Era la pregunta que más trabajo le costaba responder.
-Los recuerdos le fueron robados, señor Weasley. Me temo que eso no podrá ser recuperado.
Después de que Ron se marchó, la doctora se quedó analizando el dibujo que Hermione acababa de hacer. Al igual que con los demás, el color rojo predominaba en él. Eso significaba que su mente estaba tratando de hacer resurgir lo que ella consideraba valioso, y estaba consciente que debía recuperarlo. Ella quería recuperarlo.
Tal vez al igual que Ron, la joven luchaba por recobrar sus recuerdos. La doctora no pudo evitar un gesto de frustración.
Para una persona con amnesia los recuerdos volvían tarde o temprano, algunas veces con ayuda de sesiones hipnóticas. Pero era porque los recuerdos ahí estaban, ocultos tras un velo, pero estaban.
"Los recuerdos robados por un Dementor no se recuperan."
Lo había escuchado infinidad de veces durante su carrera en la Universidad. Y sus colegas lo repetían una y otra vez. Pero si nadie había intentado antes regresar los recuerdos robados a una víctima de Dementor¿Cómo podían estar tan seguros de su afirmación?
-Si tan solo conociéramos aquello tan valioso que guardaba tu mente antes del Beso, Hermione... entonces podríamos intentarlo.
oooooooOooooooo
El doctor Curtis examinó por última vez a Harry antes de firmar los documentos que acreditaban su salida del hospital. Mientras el muchacho terminaba de vestirse con una muda de ropa que Molly le había llevado el día anterior, Remus discutía el asunto de la cuenta con la oficinista.
-¿Está segura que no hay nada más por liquidar? –Preguntó cuando la mujer le dijo que la cuenta ya había sido cubierta el día anterior, por Sirius Black.
-Así es, señor Lupin. El señor Black dejó un cheque abierto a nombre del hospital. –Le respondió la mujer al tiempo que le entregaba la copia del cheque y la factura, y Remus contuvo la respiración al ver el importe total escrito en ambos documentos.
-¿Es todo? –La mujer asintió y el licántropo agradeció con un gesto silencioso antes de regresar a la habitación, donde Harry ya lo esperaba vestido. Remus sonrió con pesar cuando vio que se había puesto la camisa al revés, y después de mencionarle el hecho y ayudar a un ruborizado Harry a colocársela de nuevo, decidió que era hora de partir.
-¿Arreglaste lo de la cuenta del hospital? –Remus dejó que el muchacho tomara su brazo para ser guiado-. Necesito que me digas cuánto es para retirarlo de mi cuenta en Gringotts, no quiero que cargues con ése gasto.
Remus detuvo su andar junto a la chimenea de la recepción, haciendo que Harry se detuviera con él.
-En realidad no fui yo quien cubrió la cuenta, Harry. Fue Sirius. –El licántropo no dejó de observar el gesto de molestia del muchacho. Aún así, continuó-. Dejó un cheque firmado y lo ha liquidado todo.
-Con mucha más razón iré a Gringotts. –Fue la respuesta insistente de Harry. Remus sólo suspiró ante su necedad-. No quiero deberle nada.
-Déjalo así, no tiene caso que hagas esto más grande. –Harry calló, meditando sus palabras-. Además, aún debemos ir a la Mansión Black por tus cosas.
-No regresaré a Grimmauld Place, Remus. –Respondió Harry, terminante-. No quiero volver a pisar nunca más ése lugar.
-No te había querido decir esto para no mortificarte, pero... Sirius vino ayer a visitarte. –Harry suspiró con pesadumbre al escucharlo-. Y cuando supo que le habías negado el permiso para verte, se puso muy triste. ¿Por qué no tratas de razonar con él?
-Dejé mi baúl en las que eran mis habitaciones. –Remus sonrió con ligereza cuando escuchó la respuesta del muchacho. Tal vez aún estaban a tiempo para resolver las cosas entre ellos-. ¿Me ayudarías con él?
-Claro que sí, Harry. –Remus lanzó un puñado de polvos y mencionó el nombre de Sirius. El joven se sobresaltó cuando escuchó la voz de su padrino respondiendo al llamado del licántropo. Sintió dos fuertes brazos estrechándolo y el calor de las llamas, a las que imaginó de un tono verdoso.
-No me dejes solo con él... –Murmuró antes de sentir que era transportado por la red. Remus soltó el abrazo para depositarlo sobre suelo firme y sintió la mano de Harry cerrarse alrededor de su muñeca, insistiendo para que no lo dejara.
-¿Cómo estás, Harry? –Sirius se acercó a su ahijado, pero al escuchar sus pasos el muchacho se hizo para atrás, sin soltar su agarre sobre el brazo de Remus. El animago se percató del movimiento y decidió no insistir en su acercamiento-. Fui a visitarte ayer pero... no me dejaron pasar a verte. ¿Quieres comer algo? Le pediré a uno de los elfos que prepare el desayuno. Tu habitación está lista...
-Sólo vine por mis cosas. –La respuesta tajante de Harry no fue tan dolorosa para Sirius como la frialdad en su joven voz, y Remus se preguntó si no se habría equivocado al llevarlo tan pronto con él. La mano de Harry sobre su brazo le dolió-. ¿Me acompañas, Remus?
El licántropo suspiró al tiempo que se soltaba del agarre de Harry, quien se sintió abandonado cuando lo escuchó decir que él iría por sus cosas.
-Será mejor que los deje solos para que puedan hablar. –Terminó de decir antes de dirigirse a las habitaciones del muchacho, con la esperanza de que ellos pudieran arreglarse.
Al no tener un apoyo firme, Harry extendió los brazos buscando algo en qué apoyarse. Sirius se apresuró a sostenerlo antes de que perdiera el equilibrio, pero Harry encontró el nicho de la chimenea y se soltó con brusquedad del agarre de su padrino. Sirius sólo suspiró ante la reacción del muchacho, y permaneció parado junto a él.
-Remus me dijo que... perdiste la vista. –Harry no respondió. Cerró sus ojos verdes y desvió su rostro para evitar que Sirius los viera. Sirius contuvo las ganas de abrazarlo, pero sólo se limitó a permanecer a su lado-. Déjame llevarte a París. Buscaremos a los mejores medimagos...
-Ya te dije que no iré contigo a París. –La imperturbable voz del muchacho hizo que Sirius sintiera una punzada de angustia, aún así continuó hablando con la esperanza de convencerlo.
-No importa, si no quieres ir a París está bien. Podemos buscar un tratamiento para ti en algún otro país... o aquí mismo. –Los ojos azules brillaron, ilusionados-. Ya verás cómo juntos podremos salir de esto...
-¿No lo entiendes? –Sirius calló de golpe al escuchar el tono enfadado en las palabras de su ahijado-. No iré contigo a ningún lado. Ya no quiero... nada contigo.
-No digas eso, Harry. –Sirius trató de abrazar al muchacho pero éste se escurrió de sus brazos, golpeándose una pierna contra la mesa hasta que encontró apoyo junto a una ventana-. Entiéndelo por favor... yo sólo quiero lo mejor para ti.
-Entonces deja libre a Severus. –Harry se agarró con fuerza de la cortina transparente. La luz de la mañana entraba de lleno e iluminaba cada una de sus facciones. Era su ahijado, su niño, y Sirius lo vio en ése instante más hermoso y perfecto que nunca.
-Él sólo te hará daño... entiéndelo... –Se acercó a él, y pudo ver cómo el rostro del joven se endurecía.
-Tú eres quien me ha hecho daño, Sirius. –El hombre detuvo su andar al escuchar a su ahijado, y su alma se congeló ante las duras palabras del muchacho-. Al hacerle daño a Severus me has hecho daño a mí también. Me has separado de la persona que más amo y eso... es algo que jamás podré perdonarte.
Al escuchar a su ahijado, las palabras que Remus le dijera días antes volvieron nítidas a su mente, haciendo que su corazón se encogiera de dolor por la grande razón que entonces no encontrara en ellas.
"Él nunca te perdonará que te aproveches de alguna posible incapacidad para gobernar sobre sus decisiones... y mucho menos que lo alejes de la persona que ama..."
El silencio de su padrino le hizo saber que estaba comprendiendo cada una de sus palabras. Harry siguió hablando, su voz quebrándose poco a poco mientras tomaba la decisión más dolorosa de su vida.
-No quiero que vuelvas a acercarte a mí... no quiero volver a saber nada de ti, Sirius... nunca más en mi vida.
Remus, que volvía en ésos momentos con el baúl de Harry escondido entre sus túnicas, alcanzó a escuchar lo que el muchacho decía. No pudo evitar sentir que su corazón se detenía al ver el rostro abatido de Sirius conforme lo escuchaba.
-No digas eso, Harry yo... –Sirius tomó los hombros del muchacho y lo atrajo hacia él en un desesperado abrazo, al que Harry no correspondió. Sirius sostuvo entre sus brazos el cuerpo indiferente de su ahijado, frío, impasible. Depositó suaves besos en sus ojos ciegos y en sus tersas mejillas, dejando que Harry sintiera sus lágrimas mojando su joven rostro-. Por favor... tú eres lo más valioso que tengo... mi Harry... mi niño...
Y su corazón se quebró cuando junto a su oído, la voz dura de Harry susurró como mil cuchillos que terminaron de rasgar la poca esperanza que aún le quedaba.
-Ya no soy un niño. Ya no soy tu niño... –Sirius dejó escapar un sollozo y Remus cerró sus dorados ojos, su corazón quebrándose también cuando Harry terminó de clavar su última daga en el pecho destrozado del animago-. No vuelvas a llamarme así porque en lo que a mí respecta... tú y yo ya no somos nada.
Los brazos de Sirius cayeron a sus costados, liberando a Harry de su abrazo. Éste avanzó unos pasos y cuando sintió las manos de Remus se sostuvo con fuerza, suplicante. Remus comprendió el mensaje y lo condujo a la chimenea, donde lo abrazó después de lanzar un puñado de polvos.
Antes de marcharse dirigió su mirada hacia Sirius. Éste sólo permaneció parado en el mismo sitio, sus azules ojos bañados en lágrimas. Esperó el reproche en la mirada dulce de su amigo, el te lo dije, que siempre sigue a una advertencia no escuchada.
Pero en vez de eso, Remus sólo cerró sus dorados ojos y un suspiro brotó de sus labios. Un claro lo siento mucho, antes de desaparecer con Harry dentro de la chimenea.
Ya en la sala de sus aposentos en Hogwarts, Remus sostuvo entre sus brazos al desconsolado muchacho, sintiendo una profunda pena. Harry no había dudado al elegir entre su padrino y su pareja y Sirius lo había perdido. Y estaba consciente que el dolor que ahora Harry sentía, era poco en comparación con el que Sirius debía estar sintiendo.
oooooooOooooooo
Viendo que lo acontecido con Sirius en la Mansión Black había deprimido a Harry, Remus le propuso ir a dar un paseo. El muchacho no había querido desayunar nada y esperaba que una larga caminata le abriera el apetito. En vez del paseo Harry le pidió que lo llevara a la enfermería, pues quería hacerle una visita al profesor Dumbledore.
Hagrid se encontraba cuidando del anciano mago cuando el muchacho entró a la habitación, y no pudo evitar alzarlo entre sus fuertes brazos hasta casi asfixiarlo, mientras lloraba de emoción. Harry pudo sentir como suyo el sentimiento abrumador de tristeza y alegría que invadía el enorme corazón del guarda bosque.
Cuando el semi gigante lo liberó de su poderoso abrazo después de prometerle que iría a visitar su cabaña más tarde, Remus lo condujo hacia la silla junto a la cama de Albus y guió su mano hasta que Harry tomó la cálida mano del anciano. Hagrid y Remus salieron para dejarlo solo, y el muchacho permaneció en silencio junto al director, escuchando su respiración.
Mientras sostenía su mano, hizo un gran esfuerzo en recordar lo ocurrido en la última batalla, y revivió en su memoria el instante en que Voldemort le lanzó a Albus el Kedavra. Él no supo en ése momento a quién le pegó, pero la profesora McGonagall lo acababa de poner al tanto de su visita a los Flamel y no pudo evitar estremecerse al pensar que si el Medallón no hubiera existido, ése Kedavra hubiera matado a Severus.
Un sentimiento de profunda gratitud invadió su corazón, hacia el anciano mago que reposaba en ésa cama, dormido. Suspiró al tiempo que estrechaba la frágil mano del anciano entre las suyas, preguntándose que estaría pensando Severus ahora que conocía la verdadera función de ése Medallón. Con toda seguridad debía estar furioso con el director.
-¿Usted cree que se enojará mucho conmigo por no decírselo? –Preguntó al anciano, deseando recibir una respuesta que no llegó.
Sintió una gran preocupación al pensar en su reacción cuando supiera que él también estaba enterado de todo. Esperaba tener el valor para confesárselo, y rogaba por que su pareja no le reprochara demasiado el no habérselo dicho. Aún así, el no se arrepentía de haber respetado la decisión del director, pues de haberle devuelto el Medallón Severus hubiera muerto a manos de Voldemort.
Suspiró. Ya no venía al caso pensar en eso. Voldemort estaba muerto y gracias a Albus Dumbledore, Severus vivía. Harry apretó con cariño la mano que sostenía, al tiempo que su corazón trataba de expresar en palabras su profundo agradecimiento.
-Muchas gracias, profesor Dumbledore... –Harry acercó su rostro hasta sentir la respiración del director muy cerca de él, y siguió hablando en un murmullo que si el anciano mago hubiera podido escuchar, lo habría tomado y guardado como un secreto entre los dos-. Salvó la vida de la persona que más amo, y con ello salvó también mi vida...
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Harry agradeció con todo el corazón la calurosa bienvenida de la que fue objeto a la hora del almuerzo. Bajo la supervisión de la profesora McGonagall, los elfos colocaron una mesa en medio de un claro en el jardín que colindaba con el ala oeste del Castillo. El día seguía siendo soleado y la brisa hacía ondear el blanco parasol bajo el cual se protegían los presentes.
Como era de esperarse, la conversación giraba alrededor de todo lo acontecido en la última batalla y la derrota del Señor Oscuro. Sin querer saber nada al respecto, Ron y Harry se disculparon y dejaron su lugar en la mesa para dirigirse hacia un área arbolada, donde se sentaron bajo la sombra de un gran sauce. La plática entre los muchachos se enfocó entonces en los últimos resultados de sus equipos favoritos de Quidditch.
Molly, Minerva y Poppy se encargaban de aconsejar a Oliver sobre todo lo relacionado con su embarazo, atenciones a las que el joven Gryffindor sólo asentía, avergonzado y algo incómodo. Ésa mañana se había levantado con el estómago más revuelto que de costumbre, y el té de hierbabuena no estaba haciendo mucho efecto. Se hizo el desentendido cuando las mujeres comenzaron a desviar la charla hacia otros temas y puso atención a la conversación que Arthur, Hagrid, Remus y Lucius sostenían a su derecha.
Escuchó los comentarios relacionados con la participación de sus ex compañeros en la Orden de Fénix, y su mirada café se perdió en los recuerdos de la mañana en la que se despidiera de Blaise por última vez. Comenzó a sentirse mal. Junto a su padre, Draco observó la palidez en el rostro de Oliver, y cuando el moreno se levantó de la mesa para perderse un momento en la arboleda a varios metros de donde Harry y Ron se encontraban, se levantó para ir detrás de él.
Se detuvo cuando lo encontró recargado en un árbol, su mano izquierda cubriendo su boca mientras con la otra se sostenía contra el tronco para no perder el equilibrio. Estaba más pálido que antes y Draco advirtió el esfuerzo que estaba haciendo para no devolver el almuerzo. Se acercó a él pisando la hojarasca y llamando la atención de Oliver, quien se volvió con sus ojos cafés brillando por las lágrimas que apenas podía contener.
-¿Te encuentras bien? –Oliver negó con la cabeza, que después apoyó contra la rugosa madera. Cerró los ojos y respiró con fuerza por la nariz, tratando de llenar sus pulmones de aire-. ¿Necesitas algo?
-Sólo... un poco de agua... –Draco convocó una copa llena, que le ofreció a Oliver. La mano del moreno tembló cuando bebió un sorbo y Draco se apresuró a sostenerla para que pudiera terminar de beber. Pasaron varios minutos antes de que Oliver se separara del árbol y buscara asiento en la alfombra verde que cubría sus gruesas raíces. Cerró sus ojos cafés y dejó que la brisa meciera sus negros cabellos antes de abrirlos y dirigirlos hacia el rubio, que permanecía parado junto a él-. Gracias. Me siento mejor.
Draco asintió en silencio a sus palabras de agradecimiento y Oliver se movió de su sitio para cederle espacio a su lado. El rubio lo pensó por un momento antes de aceptar su invitación. No tenía muchas ganas de volver al lado de su padre, pues la conversación en la mesa tampoco le estaba haciendo ningún bien. Se sentó junto a Oliver y ambos permanecieron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos.
-Blaise... pensaba mucho en ti. –Draco sintió una punzada en su pecho, algo que no supo definir cuando escuchó el comentario del moreno. Tragó duro y las palabras surgieron temblorosas de su boca cuando le preguntó.
-¿Te hablaba... de mí?
-Él me decía que eran muy buenos amigos. –Oliver suspiró, tratando que los recuerdos de sus días junto a Blaise volvieran a él sin que eso le formara un nudo en la garganta-. Siempre que volvía de la enfermería, me preguntaba por tu padre y por ti. Y a pesar de que yo siempre le respondía lo mismo él no se cansaba de preguntarme.
Draco no respondió, y el silencio del rubio hizo que Oliver volteara a verlo, tratando de analizar los gestos de su compañero de asiento. Pero Draco no tenía expresión alguna, sus grises ojos parecían mirar un punto fijo frente a él. En ése momento, Oliver deseó haber aprendido a leer la mente.
-Éramos... buenos amigos. –Concluyó Draco, su voz tan inexpresiva como sus gestos.
Oliver se dio por satisfecho con su respuesta y volvió a cerrar sus ojos, sin poder evitar recordar la mañana de su despedida. La conversación en la mesa sobre la Orden del Fénix había despertado una pregunta dormida, la misma que él le hiciera a Blaise y que entonces el castaño no había sido capaz de responderle.
-El día en que fue llamado... yo le pregunté por qué había aceptado participar en la Orden. –Sintió la mirada gris de Draco sobre su persona y decidió continuar-. Pero él no pudo... o no quiso decirme.
-¿Piensas que yo podría saber la respuesta a ésa pregunta? –Oliver pudo notar la incomodidad en la voz del rubio, y se disculpó con la mirada antes de responderle.
-Ustedes eran amigos y supongo... que debió decirte algo. –Draco suspiró, exasperado. Jamás se imaginó que llegaría a tener una conversación de ésa naturaleza con la persona a su lado.
-No me dijo nada. Nunca supe cuáles fueron sus motivos.
-Tengo un recuerdo... pero no sé si fue real o fue un sueño. –Oliver encogió las piernas y abrazó sus rodillas descansando su mentón sobre ellas. Después de un prolongado silencio que a Draco comenzaba a hacérsele insoportable, Oliver se volvió hacia el rubio para mirarlo con insistencia, haciendo que éste cruzara su mirada gris con la suya-. En él... tú me decías que Blaise... había muerto al recibir una maldición...
Draco se puso de pie de forma brusca y le dio la espalda, negando con la cabeza. Oliver se levantó detrás de él, su mirada café fija en los rubios cabellos que el viento mecía a su antojo, y que la luz del sol que se filtraba a través de las ramas le daba la apariencia del oro.
-No quiero hablar de eso. –A Oliver no le sorprendió la respuesta seca del rubio, en cambio, esforzó a su mente a recordar lo acontecido aquélla mañana en la que Draco le insistiera que Blaise estaba muerto. Palabras dolorosas que en ése entonces no había querido aceptar-. Ya no tiene caso... recordarlo.
-Tú me dijiste... que él había recibido una maldición que iba dirigida a ti... –Draco apretó los puños con rabia, y Oliver pudo ver cómo su espalda se estremecía-. ¿Acaso él... dio su vida por ti?
Draco no respondió, y ése solo gesto fue suficiente para que la pregunta de Oliver quedara respondida. Ya no hubo más preguntas. En cambio, Oliver permaneció parado detrás del rubio, observando la tensión en cada uno de sus músculos, como si estuviera conteniéndose de hacer o decir algo de lo que temiera arrepentirse después.
No se dio cuenta que Draco apretaba los labios con fuerza, mordiéndolos para evitar que un sollozo escapara de ellos. Por su mejilla se escurrió una lágrima que encerraba toda la culpa y el enojo que sentía hacia quien alguna vez fuera su pareja.
Oliver volvió a recordar la mañana de su despedida, y su conversación con Blaise sobre el profesor Snape y los motivos que tenía para luchar a favor de la Orden.
"-¿Crees que las razones de las que hablas sean lo bastante poderosas como para que el profesor sea capaz de traicionar a...?
-Tanto como para eso. Te puedo asegurar que una de ellas al menos lo es. Es la misma razón que motivó a los Malfoy a traicionarlo también...
-¿Estás hablando de Draco Malfoy?"
Y fue en ése instante que la pregunta que le hiciera a su pareja quedó respondida.
"-Espero que tú estés en lo correcto... y que sea razón suficiente.
-Lo es. No lo dudes..."
-Fue razón suficiente... para Blaise. –La voz de Oliver tan cerca hizo que Draco se girara para encontrarse con su rostro. Y se preparó para escuchar del moreno un reclamo por haber sido el responsable de que su hijo ahora ya no tuviera a uno de sus padres a su lado.
En vez de eso, Oliver levantó su mano hacia el rostro de Draco y secó la lágrima que humedecía su blanca mejilla. Un suspiro brotó de los labios del rubio cuando en los labios de Oliver se dibujó una suave sonrisa, gesto que contrastó con la tristeza que pudo escuchar en su voz.
-¿Sabes qué pienso? –Draco se estremeció cuando Oliver mantuvo su suave mano sobre su rostro, uno de sus largos dedos acariciándolo con dulzura-. Que debió quererte mucho... para hacer algo como eso.
-Él no debió... –Draco calló al sentir que el dedo que antes recorría su rostro ahora se posaba en sus labios, silenciándolo.
-Él debió tener razones muy poderosas... y yo jamás cuestionaría ésas razones.
Draco sintió un frío repentino cuando la mano de Oliver dejó su rostro y el moreno dio un paso atrás. Antes de alejarse por la arboleda se volvió hacia él, y sus ojos cafés se llenaron con la imagen del rubio que permanecía parado debajo del árbol, la luz del día iluminando sus claras facciones.
-Aunque me gustaría conocer ésas razones... algún día. –Murmuró antes de desaparecer por el camino que conducía al ala oeste del Castillo.
Draco se quedó parado en el mismo sitio, su mano sosteniendo la mejilla en la que aún sentía la humedad de su lágrima, y la calidez de los dedos que la secaran.
-Algún día las conocerás... si logro encontrar el valor para decírtelas.
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Remus terminó de arropar a Harry en su nueva habitación antes de regresar a la sala y ponerse cómodo en su sillón, junto a la chimenea. Convocó una copa de brandy y dio un lago sorbo, tratando de borrar la tristeza que sentía al recordar el rostro angustiado de Sirius después de las duras palabras de su ahijado. Y aunque no podía negar que el animago se lo tenía bien merecido, eso no evitaba que en su corazón se anidara un profundo pesar por la aflicción que su mejor amigo debía estar sintiendo.
El licántropo miró con fijeza las rojizas llamas, cuyos leños escaldados lanzaban breves chisporroteos que lo invitaban a acercarse a ellas y cruzar el umbral que lo separaba de la Mansión Black. Suspirando, se puso de pie y tomó un puñado de polvos. Tal vez pudiera ir y volver antes de que Harry se percatara de su ausencia. Durante casi un minuto el hombre se mantuvo parado frente a la chimenea, dudando. Y tras otro largo suspiro dejó los polvos en su sitio para regresar a su sillón.
Después de servirse dos copas más, decidió que lo mejor era dejarlo unos días, solo. Tal vez lo que Sirius necesitaba era tiempo para pensar. Para reflexionar sobre su situación con Harry y aceptar de una vez por todas, que no poseía el poder suficiente sobre el muchacho para ir en contra de sus deseos. Tal vez ése tiempo le serviría también para recapacitar sobre la denuncia y desistir en su necedad de seguir amargándole la vida a Severus.
Dispuesto a no seguir pensando más en Sirius y sus problemas con su ahijado, el hombre lobo se retiró a su habitación. Se dio una larga ducha y se metió bajo las sábanas. No pudo evitar pensar en Lucius y su conversación con Harry ésa misma mañana. Si no hubiera sido por el muchacho, nunca se le hubiera ocurrido pensar que Lucius fuera la persona indicada para él. Mucho menos cuando ni siquiera sabía cuáles eran los sentimientos del rubio.
A pesar de todo debía admitir que se hallaba muy a gusto en su compañía. Sin importar que hasta ése momento su "relación" no pasara a un plano mayor, él sentía que había entre los dos algo mucho más profundo que lo que tuvieran en sus años mozos. Remus lo arguyó al hecho de que ambos habían madurado y que la mayoría de sus acciones no estaban influenciadas por el ímpetu de su juventud, a diferencia de sus lejanos diecisiete.
Remus enfocó su mirada en la luz de la luna menguante que entraba por su ventana. Aún le costaba asimilar que Lucius se atreviera a presenciar su última transformación. Pero lo que más le sorprendió, fue su firme palabra de acompañarle en cada Luna Llena. Ya había perdido la cuenta de las veces que Sirius brillara por su ausencia durante ésas noches. Sólo esperaba que a diferencia del animago, Lucius recordara su promesa.
"Lo quieres¿Verdad?" Remus sonrió con ligereza al recordar la pregunta que Harry le hiciera. Si ésa misma pregunta se la hubiera hecho unos meses antes cuando sólo él conocía la verdad sobre sus sentimientos hacia Sirius, su respuesta hubiera sido muy distinta. Pero ahora su corazón se había resignado a no ver a su mejor amigo más que como tal. Y la presencia de Lucius se había vuelto tan constante para él, que ahora le era muy difícil negar que sus sentimientos hacia el rubio se volvían cada vez más profundos.
No se engañó al reconocer que no lo amaba, pues en su corazón aún seguía latiendo un fuerte sentimiento hacia Sirius. Pero tampoco se engañó al admitir que en su última transformación no extrañó al animago como en otras ocasiones. Y eso sólo significaba que Lucius se estaba metiendo muy hondo en él, y que la respuesta que le diera a Harry ésa mañana era una verdad muy grande que no estaba dispuesto a dejar que se perdiera en el olvido.
-Es difícil no quererte... –Murmuró, dedicando un pensamiento hacia la persona que ahora comenzaba a ocupar un lugar muy especial en su corazón. Y fue la imagen de Lucius la que ocupó toda su mente antes de quedarse dormido.
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El retorno de los profesores al Colegio coincidió con la reunión que Minerva tenía programada con la Junta Escolar. A ésas alturas, Harry ya estaba enterado de la situación delicada en la que se encontraba Severus con respecto a su permanencia como profesor de Pociones. Por lo que, ante la insistencia del muchacho, la subdirectora no tuvo otra opción que la de permitir que estuviera presente en la reunión.
Y aunque a los miembros de la Junta Escolar –a excepción de Lucius-, les sorprendió la presencia del "Salvador de Mundo Mágico", no tuvieron objeción alguna en escuchar sus argumentos, pues nadie mejor que el mismo Potter para aclarar todo lo relacionado con el escabroso asunto que amenazaba con manchar el nombre del Colegio.
Pero ellos no sabían que el nombre de la escuela era lo último que a Harry le preocupaba. Aún así, puso lo mejor de su parte para hacerles ver que no tenían porqué inquietarse. Todo lo relacionado con la denuncia y lo sucedido en la Mansión Riddle el día de la batalla, era sólo el resultado de un malentendido entre el profesor Snape, Sirius Black y él, que no tardaría en aclararse.
Harry respondió con toda la paciencia que fue capaz, al agotador interrogatorio al que fue sometido por los miembros de la Junta. Y sin importar qué clase de respuestas diera a cada pregunta, en todo momento hizo énfasis en la inocencia del profesor. A pesar de eso, la discusión se hizo larga hasta que al final un hastiado Lucius Malfoy dio el ultimátum que resolvió todo el asunto.
Y así fue como se decidió que mientras no se solucionara el problema del profesor de Pociones, el Colegio tenía una semana antes de que las clases comenzaran para encontrar un suplente. Agradeciendo que el asunto de la denuncia quedara atrás, Minerva decidió desviar la atención de los presentes hacia la situación de Albus, que también requería de una pronta solución.
El asunto del estado de salud de Albus Dumbledore, fue otro largo tema en disputa que terminó cuando Harry hizo la sugerencia –aunque nadie se la pidiera-, de que fuera la profesora McGonagall la que ocupara la Dirección mientras se encontraba el modo de hacer reaccionar al profesor. Para sorpresa de la misma Minerva, todos los profesores estuvieron de acuerdo, y aunque los miembros de la Junta Escolar querían seguir alegando, otro ultimátum por parte de Malfoy dio fin a cualquier conato de discusión.
-Ahora sólo necesitamos encontrar a un profesor de Pociones suplente, que también tendrá que fungir como Jefe de Casa. –Retomó la subdirectora cuando los miembros de la junta se marcharon. Harry deseó en silencio que ése momento no llegara, pues contaba con que Severus quedara libre antes del Juicio. Minerva se volvió hacia el profesor de Defensa mientras continuaba-. Y debido a que ocuparé la Dirección en lugar de Albus, necesitaré a un nuevo Jefe para la Casa Gryffindor. Y me parece que Remus es el más adecuado para cubrir ésa plaza.
-Pero, Minerva... –Remus no pudo evitar sonrojarse cuando todo el profesorado lo miró con una sonrisa, apoyando la proposición de la subdirectora. El profesor se preguntó si había alguna decisión en la que alguna vez sus compañeros no estuvieran de acuerdo-. Sabes que habrá algunos días en los que... no podré vigilarlos.
-Te apoyaré durante ésos días, Remus. –Fue la respuesta de Minerva-. ¿Aceptas el puesto?
-Lo haré con gusto, Minerva. –Respondió el profesor de Defensa. Harry y sus compañeros lo felicitaron y la reunión fue concluida después de afinar detalles sobre el programa de estudios y de revisar la lista de los alumnos que ése nuevo año serían examinados por el Sombrero.
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-Bueno, creo que eso es todo lo que puedo contarte por ahora. Ya quiero que sea domingo para ir a visitarte. Te extraño...
La vuela pluma quedó quieta sobre el pergamino cuando Harry terminó de hablar. Era miércoles por la noche, y la tercera carta que enviaba a la Prisión de Azkaban. Deseaba con todo su corazón que las palabras escritas en ellas le aligeraran los ánimos a su pareja. Ató la carta a la pata de Hedwid, apresurándola en su viaje y se dio prisa en arreglarse antes de la llegada de los Malfoy, pues Remus los había invitado a cenar.
-¿Estás listo? –Remus entró a la habitación y vio que Harry tenía algunos problemas para vestirse. No supo si ayudarle con algún hechizo o dejar que el muchacho se volviera autosuficiente, al menos en ése sentido. Harry negó con la cabeza y se dio por vencido cuando sus piernas se enredaron con el pantalón-. Déjame ayudarte...
El muchacho agradeció el favor y repasó sus alborotados cabellos con sus dedos, tratando de peinarlos. Y Remus sonrió divertido a ver que no había logrado nada con eso. Escuchó la puerta abrirse y supo que sus invitados ya habían llegado, por lo que apresuró al muchacho.
-Harry está en su habitación. –Fue el cordial saludo que dirigió a Draco, quien agradeció en silencio antes de dirigirse a donde el hombre le indicó. Remus depositó un ligero beso en los labios de Lucius y condujo su silla hacia el comedor.
Draco regresó acompañado de Harry y cenaron en medio de una amena charla llevada por los adultos. De vez en cuando, Draco observaba a Remus tratando de convencerse de que era un buen hombre y que no había nada qué temer. Y a Harry no se le pasó por alto el sentimiento de su amigo.
-¿Sucede algo? –Le preguntó cuando terminaron de cenar. Draco escogió un lugar junto a la ventana para poder hablar con libertad.
-No lo sé... es ése profesor. –Harry suspiró al percibir la desconfianza del rubio hacia Remus. Extendió su mano para buscar a Draco, que éste alcanzó para ayudarlo a sentarse junto a él-. No me gusta... que se lleve tan bien con mi padre.
-¿Te molesta que ellos sean amigos?. –Harry respiró con fuerza, disfrutando del viento fresco que entraba por el ventanal-. ¿Has hablado con él sobre esto?
-En alguna ocasión, pero lo hemos tratado de forma superficial. –Draco se encogió de hombros mirando con recelo al profesor-. Me dijo que se conocen desde su época de estudiantes. Nada más. Pero cuando está con él... es como si yo no existiera.
Harry sonrió para sus adentros. La sensación que Draco estaba experimentando no era otra cosa más que celos. Draco estaba celoso de la cercanía de Remus. Y no podía culparlo por sentirlos. Aunque él no los había podido observar, sentía con claridad la mutua atracción que había entre ellos, un sentimiento de compañerismo y algo más que lo hizo sonrojarse.
-Deberías hablar con él al respecto. –Le aconsejó su amigo-. Sólo así podrás aclarar todas tus dudas.
-Tal vez... no quiera saber nada. Aún.
Harry comprendió cada palabra de su amigo. De alguna extraña manera, Draco sentía que había algo más que una simple amistad entre su padre y Remus. Pero se negaba a admitirlo. Tal vez la misma idea le parecía absurda dado el poco tiempo transcurrido tras la muerte de su madre. Era lógico y muy comprensible.
-Si tu padre encontrara a alguien más... ¿Te molestaría? –Draco frunció el ceño ante la pregunta de su amigo. Suspiró al tiempo que dirigía su mirada gris hacia su padre, que continuaba enfrascado con el profesor en lo que parecía ser una conversación muy interesante.
-Mi madre acaba de morir, y él la amaba mucho. La sigue amando. –Fue la respuesta firme del rubio-. No creo que en tan poco tiempo logre enamorarse otra vez.
-Pero... ¿Y si alguna vez lo hiciera? –Preguntó el moreno con marcada insistencia-. ¿Le negarías el derecho de volver a ser feliz?
Draco no respondió en el instante. En cambio, observó cómo su padre sonreía por algún comentario del hombre a su lado. Él casi nunca lo veía sonreír, y le sorprendió la facilidad con la que el licántropo hacía que su sonrisa aflorara.
Una lechuza desconocida irrumpió en la ventana, sorprendiendo a los dos muchachos. Draco se apresuró a tomar las cartas que el animal llevaba en la pata y el ave alzó el vuelo para perderse en la oscuridad de la noche. Remus se puso de pie y se acercó a los muchachos.
-¿Sucede algo? –El hombre tomó las dos cartas que Draco le entregó. Examinó la correspondencia y no pudo evitar un gesto de molestia al ver lo que era. Con un suspiro, depositó sobre la mano de Harry las dos primeras cartas que le escribiera a Severus.
-¿Cartas para mí? –Preguntó el moreno, emocionado-. ¿Son de Severus?
-Me temo que no, Harry. –Fue la respuesta del licántropo-. Son las mismas cartas que le enviaste. Te las han devuelto.
-¿No llegaron a su destino?
-Y no llegarán, Potter. Por más cartas que le escribas. –Remus y Draco miraron a Lucius sin entender-. Según sé, no podrá haber contacto entre Severus y tú hasta el Juicio.
-No lo entiendo... ¿Quiere decir que tampoco podré ir a visitarlo a Azkaban? –Harry apretó las cartas contra su pecho, ansioso-. ¿Por qué?
-Porque no puede haber contacto de ninguna clase entre Acusado y Víctima. –Respondió el aristócrata-. Es una medida que evita situaciones de índole intimidatorio. Como represalias y amenazas de cualquier tipo.
-Yo... no lo sabía.
-Yo tampoco lo sabía, Harry. Lo siento. –Se disculpó Remus, apenado-. De haberlo sabido...
-Está bien... –Harry se puso de pie, las cartas apretujadas en su mano-. Si me disculpan, quisiera irme a descansar. ¿Draco, podrías...?
Draco se levantó y condujo a su amigo hasta su habitación. Ya adentro, Harry se desplomó sobre la cama sin poder contener las lágrimas. El rubio se sentó junto a él sin saber qué hacer. Al final, dejó que su amigo llorara sobre su almohada hasta calmarse.
-Me quedaré contigo hasta que te duermas. –Harry asintió en silencio y escondió las cartas debajo del colchón. Ya en pijama, se deslizó bajo las sábanas y dejó lugar para que Draco se acostara junto a él-. Es una pena que tu padrino no comprenda...
-Prométeme que el día en que tu padre se enamore otra vez, no le harás lo mismo que Sirius ha hecho conmigo.
Harry cerró los ojos y no tardó en quedarse dormido. Draco permaneció a su lado, pensando en la promesa que le pedía su amigo. Era algo muy difícil de hacer, pues él no podía concebir que su padre pudiese enamorarse otra vez. Aún así, decidió que no perdía nada con darle a su amigo la promesa que le pedía.
-Te lo prometo, Harry. –Respondió al fin, rogando no arrepentirse después.
Continuará...
Próximo capítulo: En busca de respuestas.
Notas:
Muchas gracias a todos por sus reviews y por seguir leyendo esta historia.
Besitos.
Rebeca (K. Kinomoto)
