Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J. K. Rowling. Ésta historia está escrita sin ánimo de lucro.

Advertencias: Este fanfic será Slash con Lemon. Es decir, contendrá relaciones, algunas explícitas, entre chicos. Más adelante Mpreg. También habrá parejas hetero, muerte de algún personaje y mucha angustia. Si alguna de éstas situaciones no te es grata, no lo leas. Sólo aviso.

Nota: He tenido que modificar algunos detalles del pasado, carácter y edades de algunos personajes, así como características y funcionamiento de algunos hechizos y objetos mágicos, para poder adaptarlos a mi historia. Espero no incomodarles.

Que la disfruten.

K. Kinomoto.

Quiero agradecer a Devi y a Iana, por sus reviews.

Y a todas aquéllas personas que leen esta historia, muchas gracias.

XXVIII

Necesito que estés junto a mí.

Primera Parte.

La algarabía que reinaba en el sencillo comedor de los Weasley ésa noche de Navidad, parecía ejercer una mágica influencia sobre Hermione. Sentada entre Ron y Ginny, admiraba la primorosa decoración hecha por las manos de las dos únicas mujeres de la familia. Observaba con atención cada uno de los rostros sonrientes que la rodeaban, contagiándola de una calidez que sabía conocida, y que bullía dentro de ella deseando salir.

Saboreando con deleite el más sabroso pastel de manzana que alguna vez recordara, se reía de alguna broma hecha por los gemelos a los presentes y respondía a sus preguntas, atenta al hilo de las conversaciones que giraban a su alrededor. Cuidadosa en cada detalle, Molly había guardado todas las fotografías de la casa que pudieran delatar su relación con Ron, sabiendo que Hermione no estaba lista aún para asimilarla.

Había amenazado a todos sus demás hijos, que tenían que hacer grandes esfuerzos para no decir algo que pudiese arruinar ésa noche tan especial para Hermione. Y en medio de ése pequeño y cálido espacio, lleno de risas y bromas ella descubrió que le gustaba ése lugar. Por primera vez desde su despertar en un mundo solitario de blancas paredes sintió su corazón contento, palpitando al ritmo de las risas de ésas alegres cabelleras rojas que se desvivían en atenciones hacia su persona.

A su lado, Ron la observaba con ojos llenos de amor. Sonriente y bella, con un sencillo vestido color lila que él mismo había escogido de su ropero, donde las cosas de su novia aún aguardaban su regreso. Hermione le miró y por un eterno segundo su sonrisa sólo fue para quien ella consideraba su benefactor. Después, la mirada café volvió a posarse sobre los demás comensales y Ron permaneció observándola, deseando que su sonrisa volviera a posarse sobre él.

Se puso de pie y extendió su mano en una silenciosa invitación al pequeño jardín, que la joven aceptó con un ligero rubor en sus mejillas. Agradeció a sus anfitriones por la cena y el delicioso pastel de manzanas mientras era guiada por Ron hacia el exterior. Sentados sobre la pequeña banca en la que tantas noches hablaran de sus planes para el futuro, ahora sólo conversaban de cosas triviales, mientras los primeros copos de nieve caían con lentitud sobre sus cabezas.

-Adentro está más cálido, ¿Te gustaría regresar con los demás? –Hermione negó en silencio y Ron conjuró una capa para abrigar su espalda, cubierta sólo por un chal, regalo de Molly-. No te preocupes si ellos siguen despiertos hasta la madrugada. Tu habitación está lista para cuando quieras retirarte a descansar.

-Me agrada éste lugar. Si no te molesta, quisiera quedarme un momento más –Hermione recorrió con mirada añorante cada rincón de ése pequeño, pero bien cuidado invernadero-. Conozco éste jardín. No me acuerdo de muchas cosas... pero sí recuerdo haber estado muchas veces aquí.

-¿Qué es lo que recuerdas?

-Noches de luna... algunos días lluviosos... un baile –la joven levantó la mirada hacia los ojos grises de su acompañante-. ¿De qué era el baile?

-A mis padres les gusta mucho bailar cuando celebran alguna fecha especial –fue la respuesta de Ron-. Pudo ser algún aniversario de bodas... o un cumpleaños. Cualquier cosa.

-¿Con quién bailaba yo? –preguntó, haciendo un gran esfuerzo por recordar.

Ron no respondió a su pregunta. En vez de eso, conjuró un hechizo con su varita y las suaves notas de una vieja canción resonaron en cada rincón del jardín.

-Si hoy no lo recuerdas... mañana lo harás –Hermione se sorprendió cuando él tomó su mano y la guió hacia un claro, junto a un rosal-. ¿Te gustaría bailar conmigo?

Hermione asintió en silencio y dejó que Ron la envolviera entre sus brazos. Escuchando las letras de la canción, recargó su frente sobre el ancho hombro y su mirada vagó por los rosales que a pesar de la nevada permanecían frescos y lozanos.

-¿Crees que algún día lograré encontrar el camino de regreso, a todo aquello que perdí?

-Ya lo estás haciendo, Hermione... –ella sonrió ante la respuesta de quien consideraba su salvador, su fortaleza. Ron la estaba rescatando de la negrura y el dolor, mostrándole con su constante presencia el camino a su recuperación.

En ése breve instante, sintiendo la respiración de Ron junto a su oído y los copos de nieve anidando sobre ellos, Hermione deseó que su mundo dejara de ser blanco. Cerró los ojos y se abandonó al rojo de las rosas de Molly y de los suaves cabellos que hacían cosquillas en su cuello, llenando su mente y alegrando cada uno de sus pensamientos.

Sabía que al día siguiente debía regresar a las inmaculadas paredes del hospital. Pero en ésa noche de Navidad ella quería ser feliz junto a Ron, al menos por un momento.

oooooooOooooooo

La lujosa decoración que presumía el salón privado de Lucius en el Hambleton, no había logrado impresionar a ninguno de los presentes. Inmerso cada cual en su propio mundo de dudas y preocupaciones, reparar en ella y alabarla no les resultaba de gran interés. A pesar de los intentos de Remus y Harry por hacer más ameno el ambiente durante la cena, la tensión que los rodeaba era tan palpable que ambos llegaron a creer que las cosas se saldrían de control en cualquier momento.

Por fortuna no fue así, pero era innegable que la cena se había convertido en un total fracaso. Pasada la media noche y al no poder más con el ambiente pesado que reinaba, Harry fue el primero en dimitir. Con toda la cortesía de la que fueron capaces, él y Severus se despidieron de sus anfitriones para salir a toda prisa del restaurante. Su pareja no le había entregado aún su regalo y además, le había prometido una sorpresa que el muchacho estaba impaciente por recibir.

Pocos minutos después de la partida de su ahijado, Sirius fue el siguiente en retirarse. Agradeció la invitación de Remus con un cariñoso abrazo, lo que provocó una mirada celosa del rubio como única despedida. A solas con Lucius en el privado y sintiéndose más tranquilo, Remus se distrajo en observar la nevada a través del ventanal mientras Lucius llenaba sus copas, invitándolo a sentarse junto a él. Con una suave sonrisa, el profesor se alejó de la ventana para disfrutar el calor de su compañía.

-Jamás... una simple reunión se me hizo tan larga y tensa como ésta –fueron sus primeras palabras. Lucius asintió en silencio, un amago de sonrisa en sus delgados labios-. Espero que nunca se repita.

-Me temo que ésta será la primera vez, de muchas –fue la razonable respuesta del rubio-. Así tendrá que ser mientras Severus y Potter sigan juntos.

-No pareces molesto por el fracaso de ésta noche –Lucius sólo se encogió de hombros ante el comentario de su pareja.

-Estoy acostumbrado a lidiar con tensiones de cualquier tipo –interesado en sus palabras, Remus dejó su copa de vino sobre la mesita de la sala para prestarle toda su atención-. He pasado la mitad de mi vida entre reunios sociales y de negocios. Diferencias de opinión, rivalidades entre familias y demás roces provocan situaciones de ésa naturaleza, con mucha frecuencia.

-Como anfitrión, debe ser incómodo lidiar con ése tipo de cosas –Remus hizo un suave gesto de fastidio para enfatizar sus palabras-. En éste caso sólo éramos nosotros. Pero creo que no hubiera sabido qué hacer de haber estado en alguna de tus reuniones.

-Lo mejor que se puede hacer en éstos casos, es mantener temas de conversación neutrales, y desviarlos a terrenos más seguros cuando se vea venir la primera discusión –Remus estudió el gesto concentrado de su pareja, que hablaba como si estuviera haciéndose entender por un niño y no por el hombre sentado a su lado. Sosteniendo su copa frente a él, Lucius siguió hablando ignorante de la mirada profunda que le dedicaban los ojos dorados del profesor-. Pero en casos extremos, lo mejor es sentar a los discordantes en mesas diferentes.

-Por favor, recuérdame no volver a sentar a ésos dos en una misma mesa. Nunca más –Remus dio por concluida la lección mientras le retiraba la copa de la mano para dejarla sobre la mesita, junto a la otra. Lucius cerró los ojos y descansó su cabeza sobre el respaldo, tomando la cintura de Remus cuando éste se sentó a horcajadas sobre sus piernas, abrazándose a su cuello-. Si te sientes incómodo...

-Así estás bien –Remus sonrió complacido al tiempo que clavaba su nariz entre el cuello y el hombro del rubio, que suspiró al sentir el aliento de su pareja haciendo cosquillas en su piel. El profesor tomó el gesto como una discreta invitación para explorar un poco más allá, y Lucius abrió los ojos, sorprendido al sentir la mano de Remus traspasando la frontera de sus finas prendas-. Espera...

-¿Hum...? –el ronroneo junto a su oído le erizó la piel. Con un suspiro, detuvo la mano que amenazaba con deslizarse más abajo aún. Remus sintió el cuerpo de su pareja tensarse y se detuvo-. ¿Qué sucede?

-No, Remus –el profesor frunció el ceño y lo miró a los ojos, deseando una explicación más clara.

-¿No quieres estar conmigo? –Remus hizo amago de retirarse, pero Lucius sostuvo su cadera con fuerza para evitar que se alejara de él-. Pensé... que ésta noche tú y yo podríamos... -la mirada ambarina siguió posada sobre la suya, exigiendo una explicación que creía merecer. Lucius sostuvo su mirada durante un breve instante, antes de desviarla y responder de la forma que él siempre acostumbraba.

-Ahora no deseo hacerlo. Es todo –los ojos dorados lanzaron un destello de dolor, y Lucius se arrepintió de haber sido tan directo. Aún así, permaneció firme en su posición, sintiendo cómo su corazón se encogía cuando su pareja se separó de su lado para sentarse junto a él. A la tenue luz de las velas, el rubio pudo advertir el coraje en el rostro del profesor, que se volvió hacia él para hablarle con profunda seriedad.

-Yo... te amo, Lucius –maldiciendo su valor Gryffindor al arriesgarse a recibir otro rechazo más en su vida, Remus siguió hablando-. No busco algo pasajero contigo, necesito que estés junto a mí hasta el final de nuestros días. Tampoco espero que tú me digas lo mismo, porque sé que no eres así. Sólo quiero saber... si correspondes a esto que ahora siento.

A pesar de la inmensa alegría que Lucius sintió al escucharlo, su rostro permaneció impasible. Más de veinte años atrás, él había deseado oír ésas palabras de sus labios. Ahora que al fin se cumplía ése sueño de su adolescencia, el hombre maduro en que se había convertido no podía creer que sucediera. Pero las palabras que tanto deseaba decir se atoraron en su garganta, negándose a salir. La vacilación de su gesto dio una respuesta a Remus, que se puso de pie para recoger su capa del perchero.

-Remus...

-Está bien... entiendo –el profesor acomodó la capa sobre su espalda, haciendo que el prendedor de ámbar refulgiera al ser ajustado en su broche. Al verlo, Lucius no pudo evitar comparar su belleza con los ojos que lo miraban con profundo dolor-. Será mejor que me vaya.

-Espera... –Lucius conjuró su andadera ortopédica, odiándola más que nunca al ver que Remus ya abría la puerta del privado dispuesto a marcharse, cuando él apenas se ponía de pie para alcanzarlo-. Ordenaré que tengan listo el carruaje.

-No te molestes –el profesor se detuvo, sólo para mirarlo con el gesto más serio del que Lucius tuviera recuerdos-. Me apareceré en el Colegio.

-¿Afuera de las barreras? ¿Estás loco? –el rubio maldijo en silencio cuando el dolor en su cintura le recordó que no debía apresurar sus lentos pasos. Remus estuvo tentado a acercarse a él para sostenerlo, pero se contuvo-. Está nevando, te congelarás antes de que llegues al Castillo.

-Me servirá caminar un poco. Lo necesito –traspasó el umbral sin darle tiempo a que Lucius pudiera replicar algo más-. Feliz Navidad.

-¿Te veré mañana?

-Tal vez –y se marchó dejando al rubio molesto consigo mismo, por no haber podido decirle ésas dos palabras que el profesor le acababa de declarar con tanta sinceridad.

Sintiendo ése lugar más frío por la ausencia de Remus, se reprochó el no haber podido explicarle todas las cosas que necesitaba que su pareja comprendiera. Necesitaba decirle que aún no era el momento. Quería decirle que lo amaba y que deseaba estar con él, sin que el recuerdo de su esposa se interpusiera entre ellos. Quería confesarle que cuando cerraba los ojos aún podía ver el rostro de Narcisa, sonriéndole, y Remus no se merecía algo como eso.

-Feliz Navidad... –murmuró, convencido de que si iba a estar con Remus en la intimidad sería en una entrega total, sin nadie más en medio de su relación.

Y para que eso pudiera ocurrir sólo necesitaba tiempo. Un tiempo que era obvio que Remus ya no quería esperar.

oooooooOooooooo

Enredados bajo suaves sábanas de satén en una de las suites del Hambleton Hall, Harry y Severus descansaban después de descargar la tensión de las horas anteriores. A través de la cortina entreabierta y sin necesidad de dejar su cálido lecho junto a Harry, Severus podía ver cómo los copos de nieve se posaban con suavidad sobre el rellano del ventanal. Admirando ésa blanca noche de Navidad, el profesor cerró los ojos mientras amoldaba su cuerpo contra la delgada espalda de su pareja, dispuesto a descansar.

-¿Sabes? Ésta es la primera vez que pasamos una noche fuera del Castillo –Severus abrió los ojos al escuchar la voz de su pareja. Rodeó su cintura, mientras lo atraía con más fuerza contra su pecho.

-Pensé que ya dormías –Harry negó con la cabeza, sin cambiar su cómoda posición contra el pecho del profesor, que continuó-. Sin contar aquella noche en la Mansión Riddle... así es –Harry se estremeció sin querer ante el recuerdo de aquélla horrible noche. Severus notó su reacción, por lo que decidió desviar el tema-. ¿Te gustó la sorpresa?

-Me encantó. No me imaginé que me propondrías pasar una noche en éste hotel tan lujoso.

-Es una pena que tú no puedas ver lo hermosa que es la habitación –Harry asintió en silencio, para después encogerse de hombros restándole importancia.

-Está bien, no hay problema –fue su sincera respuesta, mientras se apretaba contra su pecho, sintiendo cada músculo de su pareja encajar a la perfección en todos los ángulos de su espalda-. Ya me lo describiste y puedo imaginarlo. Y aunque no fuera tan hermoso como me has dicho, lo importante es que estamos juntos.

-Estoy de acuerdo contigo –Severus no tuvo necesidad de decir nada más, pues Harry sabía muy bien lo que él estaba sintiendo. Permaneció en silencio, escuchando la suave respiración del muchacho, mientras volvía a cerrar los ojos dispuesto a conciliar el sueño.

-Mañana iré a visitar a los Weasley para entregarles sus obsequios, ¿Me acompañarás? –los negros ojos volvieron a abrirse, y el profesor hizo una mueca de desagrado que Harry adivinó a la perfección-. Por favor, ¿Sí?

-Hum... está bien. Pero sólo estaremos un momento –aceptó al fin-. Quiero estar a solas contigo el mayor tiempo posible, antes de volver al laboratorio.

-¿Trabajarás mañana también? –Severus pudo notar desilusión en la voz de su pareja-. ¿Por qué no te tomas el día para descansar?

-No puedo, Harry. Sabes que debo aprovechar cada minuto de los pocos días que quedan antes de que comiencen las clases –Harry sólo suspiró al reconocer la razón en las palabras de su pareja-. Además... ya encontramos la enzima tipo i Plasmina /i . Sé que estamos cerca de encontrar la enzima que nos falta.

-Gracias por dejar que Sirius forme parte de esto. No sabes lo mucho que significa para mí que hicieran sus problemas a un lado para trabajar juntos.

-Lo estoy haciendo... –respondió su pareja, para corregirse de inmediato-. Lo estamos haciendo por ti.

-Lo sé. Y se los agradezco mucho –un largo momento de silencio siguió a la respuesta de Harry. Momento que Severus aprovechó para dejar que el sueño volviera a él-. También quiero agradecerte lo de ésta noche.

-¿Hum? ¿Qué cosa? –el muchacho sonrió al notar la voz adormilada de su pareja.

-Te comportaste muy bien en presencia de mi padrino –hizo una breve pausa para después afirmar-: Él también lo hizo. No me olvidaré de agradecérselo después.

-Sí... no hay problema –Severus bostezó mientras cubría el cuerpo del muchacho con la sábana blanca. No quería admitirlo, pero él también estaba sorprendido. A pesar de la incomodidad de haber compartido la mesa con Black, en ningún momento se le pasó por la cabeza provocarlo durante la cena. Y más sorprendido estaba aún, de haber recibido el mismo trato por parte del animago-. Pero que conste que sólo es por ti.

Harry sonrió ante lo dicho por su pareja, pero no hizo ningún comentario al respecto. En cambio, se acurrucó más contra su pecho y cerró los ojos. Al notar su silencio, Severus dio por sentado que la conversación había terminado y se permitió relajarse también.

-¿Puedo preguntarte algo? –ésta vez, fue un largo suspiro lo que el muchacho recibió como respuesta-. Sé que Draco no estuvo en la cena por la presencia de Remus... él mismo me lo comentó cuando hablé con él para tratar de convencerlo de aceptar su invitación.

-Así es –Severus frunció el ceño, tratando de adivinar a dónde quería llegar su pareja con ése comentario-. ¿Qué sucede con eso?

-Sé que el señor Malfoy también trató de convencerlo de estar presente durante la cena –el hombre guardó un silencio que Harry tomó como una respuesta afirmativa-. Pero estoy seguro que si tú se lo hubieses pedido, él no habría podido negarse. ¿Por qué no hablaste con él para tratar de convencerlo también?

Severus se incorporó sobre su codo, su rostro quedando cerca del rostro del muchacho, que se estremeció al escuchar su voz susurrando contra su oído.

-Si Draco hubiese asistido a la cena, sólo por obedecerme a mí... ¿Cómo crees que Lucius se hubiera sentido al respecto?

-Es una muy buena pregunta... –meditó el muchacho-. No sé cómo se hubiera sentido él... pero yo me hubiera sentido como un enorme cero a la izquierda.

-Exacto, Harry –Severus se alegró de saber que el muchacho había comprendido su punto-. Desde que era un niño, Draco siempre me ha visto como una figura paterna. Y eso gracias a la ausencia de sus padres la mayor parte del tiempo. Ahora que su relación con Lucius se ha estrechado, mi influencia sobre Draco significa un obstáculo para el desarrollo sano de ésa relación.

-Tienes toda la razón –aceptó su joven pareja, imaginando que Sirius también se sentiría de la misma forma si él antepusiera la autoridad de Remus sobre la suya. Aunque Remus era también como un padre para él, Sirius era su padrino. Un título que como ya le había demostrado, no ostentaba sólo por su linda cara.

-Lucius necesita ser más firme con Draco, como su padre que es –prosiguió el profesor-. Eso no significa que tenga que imponerse, pero sí hacer valer su autoridad ganándose de paso su respeto. Y la única forma en como puede hacerlo, es no perdiendo contacto con él.

-Entonces... ¿Hizo mal en volver a la Mansión Malfoy?

-No. Hizo mal en permitir que Draco no quisiera verlo –Harry asintió, comprendiendo-. Debe hacerle entender que aunque ya no vivan juntos eso no significa que no vaya a estar presente en su vida. Ésa presencia constante de su padre hará que Draco sepa que siempre será importante para él, pase lo que pase. Incluso, aunque Lucius decida rehacer su vida con alguien más.

-Creo... que ambos tienen mucho qué aprender al respecto.

-Todos tenemos mucho qué aprender, de nosotros mismos y de los demás. Por ejemplo, tú...

-¿Yo? –Harry se volvió hacia él, su mano buscando su rostro para acariciarlo-. ¿Qué es lo que debo aprender?

-Que a las tres de la madrugada las personas normales duermen. No hablan.

-¿Olvidas que yo no soy una persona normal? –Harry sonrió al tiempo que se impulsaba sobre el cuerpo del profesor, que suspiró al sentir sobre él la joven piel, cálida y suave-. Pero si quieres dormir...

Como única respuesta, Severus lo estrechó entre sus brazos mientras lo besaba con ardor. Instantes después, Harry renunciaba a la razón para entregarse por completo a sus caricias.

oooooooOooooooo

Draco despertó sintiendo latentes punzadas de dolor en su rodilla, que muy a su pesar le hicieron recordar lo sucedido el día anterior. Quiso incorporarse y un profundo quejido brotó de sus labios cuando trató de mover la pierna. Frustrado, se quedó quieto durante un largo momento, confiando en que el dolor menguara con el calor de la chimenea. Oliver se removió a su lado, abrazándose a su cuerpo para sentir su calidez y Draco lo dejó hacer, sin importarle el dolor que ahora parecía recorrer su pierna entera.

Tratando de olvidar la punzante molestia, se dedicó a observar el rostro dormido a la luz del amanecer que entraba por el único ventanal de la habitación. Los labios de Oliver tenían un ligero tono morado debido al frío y Draco rozó su contorno con la yema de sus dedos, tratando de darles calor. Al sentir su suavidad, una corriente recorrió su espalda estremeciéndolo sin querer. Acarició la piel de las frías mejillas, que adquirieron un tono más sonrosado al notar el calor de la mano que las acariciaba.

Oliver suspiró, y Draco se descubrió deseando ser el dueño de su suspiro. En ése instante le quedó claro porqué no le gustaba que Oliver mencionara a Blaise. Estaba celoso de su recuerdo. Celoso porque el moreno soñaba con él en ése instante, cuando lo que Draco quería era que pronunciara su propio nombre. Recogió con el dedo un mechón de su negro cabello, una mueca de pesar formándose en sus labios. Acababa de descubrir que Oliver Wood le gustaba, y ahora no sabía qué hacer con ése sentimiento.

Las rizadas pestañas temblaron bajo los párpados dormidos, que se abrieron para dejarle ver dos hermosas almendras, obnubiladas aún por el sueño. Oliver le sonrió y Draco retiró la mano de su rostro mientras estrechaba su cintura para acercarlo a su cuerpo, deseando probar ésos labios entreabiertos a tan pocos centímetros de los suyos. Oliver despertó por completo al ver tan cerca de él sus ojos grises con un especial e intrigante brillo. Pero los labios de Draco, húmedos y tibios sobre los suyos, le impidieron meditar en ello.

Sorprendido, Oliver sólo cerró los ojos al sentir el suave toque que nunca llegó a ser un beso. Trató de hallar una explicación a la marea de sentimientos que la liviana caricia de ésos labios dulces estaba despertando en él, pero la razón volvió a la mente de Draco. Se alejó de su cuerpo y poniéndose de pie con enorme esfuerzo desapareció detrás de la puerta del baño. Oliver sólo pudo observarlo mientras se alejaba, sus mejillas sonrosadas y en sus labios la sedosa sensación de ése cálido roce.

No quiso profundizar en el torbellino de sensaciones que emergían con él, pero tuvo que reconocer que ésa emoción que Draco siempre le hacía sentir le gustaba mucho. Cerrando los ojos, trató de revivir los besos de Blaise en su memoria, y se asustó al notar que no recordaba el sabor de sus labios. Sintió una lágrima ahogarse en su garganta cuando la conciencia del olvido le llegó de golpe. Él no quería olvidar a Blaise, pero en sus labios aún rondaba el calor de los labios del rubio.

Se incorporó sobre el duro suelo, abrazándose a sí mismo al sentir el frío aumentar sin Draco a su lado. Aspiró su fino perfume, que había quedado impregnado en sus propias prendas al dormir toda la noche entrelazados. Le dolía imaginar que tal vez dentro de algunos meses ni siquiera sería capaz de recordar el rostro de Blaise, o reconocer el aroma de su perfume en el ambiente. Luchando contra los sentimientos de culpa que comenzaban a golpearlo, se puso de pie para desquitar su frustración contra la puerta.

-¿¡Es que no vas a darnos de comer hoy tampoco!? –Oliver siguió golpeando la gruesa madera hasta que las palmas de sus manos enrojecieron-. ¿¡Acaso piensas matarnos de hambre!? ¿¡Me estás escuchando!?

Al oírlo, Draco salió para averiguar qué pasaba. Lo encontró golpeando la puerta con tanta fuerza, que por un instante pensó que lograría derribarla. Lo tomó por los hombros para llevarlo al baño, consciente que su padrastro no se dignaría a hacer acto de presencia por mucho que Oliver lo llamara. No le gustaba la idea de beber el agua helada del grifo a riesgo de pescar una pulmonía, pero era lo único que tenían a su alcance y que podía aligerar de alguna forma el hambre que sentían.

Después de mojarse el rostro y tratar de verse presentable, Oliver siguió a Draco de regreso a la habitación. Mientras lo hacía, pudo advertir que el rubio caminaba con dificultad. Se sentó a su lado frente al calor de la chimenea y sin mediar palabra, presionó la rodilla por encima del pantalón, haciendo que Draco gimiera de dolor al tiempo que la alejaba de su mano. Temiendo haberse equivocado en su diagnóstico y que la rodilla del rubio estuviese lesionada, le pidió con la mirada que lo dejara examinarlo.

-No podré ver cómo está por dentro, para eso necesito mi varita –desilusionado, Oliver sólo se conformó con revisarla por fuera. Había un enorme hematoma producto de algún fuerte golpe, pero no parecía estar rota-. Quiero que trates de flexionarla, hasta donde puedas –Draco hizo lo que le pedía, pero sólo pudo doblar la pierna unos cuantos centímetros-. Será mejor que ya no la muevas. No hay modo de saber si hay algún hueso astillado, y no podemos arriesgarnos a que sufras alguna hemorragia interna.

El rubio asintió en silencio, sin dejar de observar la forma tan seria en que Oliver actuaba.

-¿Estás molesto conmigo? –Oliver dejó de observar su rodilla para volverse hacia él. No pudo evitar ponerse nervioso ante el recuerdo. Sin saber qué responder, sólo se puso de pie para buscar algo en el baño, dejando al rubio con la intriga. Momentos después, regresaba a su lado con las manos vacías-. No me has respondido.

-No encontré nada que pudiera servir para calentar un poco de agua –fue la respuesta evasiva de Oliver. Draco sólo suspiró mientras el moreno continuaba-. Una compresa para tu rodilla habría servido para calmar el dolor...

-Ya deja mi rodilla en paz –Oliver levantó su mirada café para encontrarse con sus ojos grises. Trató de retirarse, pero Draco sostuvo su barbilla para impedir que se alejara de él. Sólo deseaba besarlo.

Pero no quería un simple roce como el de momentos antes... deseaba un beso de verdad. Oliver lo miraba con ojos interrogantes, sus pupilas cafés brillando de expectación y algo más que Draco no supo interpretar. Sin dejar de sostener su rostro, lo acercó a él para probar otra vez sus labios y Oliver sintió que algo se removía en su interior. Ésa emoción que siempre latía cada vez que Draco se encontraba cerca de él, que le gustaba y le hacía sentirse embriagado y al mismo tiempo confundido.

La puerta abriéndose de golpe los obligó a separarse, y la figura tambaleante de Mark se dejó ver debajo del dintel. Cuando ambos se pusieron de pie, Oliver se fue a golpes contra su padrastro, quien apenas pudo esquivar el puñetazo que iba dirigido a él. De un empujón, Mark alejó al muchacho que con trabajo mantuvo el equilibrio, evitando caer. Sabiéndose en desventaja frente a su padrastro, no tuvo más remedio que controlarse y alejarse de él para volver junto a Draco, sin dejar de mirarlo con resentimiento.

-Escuché tu escándalo de hace unos momentos... ¿Piensas que vas a intimidarme con tus gritos? –cerró la puerta de golpe mientras se acercaba a los muchachos, varita en mano. Draco no pudo evitar una mueca de desagrado al notar su aliento alcohólico-. ¿Tienes hambre? Pues... ¡Aguántate!

-¡No tengo porqué aguantarme! –fue la rebelde respuesta de su hijastro-. ¡Estoy en mi casa! ¡No vamos a pasar hambre sólo porque a ti se te da la gana! ¡Necesitamos comer!

-¿Quieres callarte? –Draco frunció el ceño, extrañado al ver que el hombre se acercaba al ventanal, como temiendo que alguien pudiera escucharlos-. ¿Qué te has creído? ¿Qué yo soy tu elfo? –su voz se volvió un susurro y su mirada se tornó peligrosa, lo que provocó que el rubio diera un paso atrás-. Da las gracias porque aún estás vivo.

-Si vas a tenernos otra noche aquí, por lo menos danos algo de comer –Mark entrecerró los ojos ante la demanda de su hijastro-. Llevamos un día entero sin probar bocado.

-¿Y qué más desea el señorcito? ¿Un helado de limón? –el hombre se aproximó a su hijastro, que por instinto se alejó de él-. ¿Te parece mucho una noche de frío y hambre? –la mirada oscura se posó sobre el rostro del muchacho, el rencor aflorando en cada uno de sus gestos cuando habló-. Yo pasé tres años... tres largos años de hambre y frío en una helada celda de Azkaban por tu culpa. Tres largos años en los que los Dementores me robaron mucho más que la razón...

-Tú te los buscaste... –le respondió Oliver mientras veía cómo el rostro de Mark se oscurecía a cada palabra suya. Con un gesto de dolor, Draco se aproximó a Oliver, preocupado por la reacción del hombre-. Jamás debiste tocar a mi madre.

Ambos muchachos se tensaron cuando Mark apuntó con la varita hacia su hijastro.

-Espere... no necesitamos ser violentos –el rubio trató de aligerar un poco el ambiente, hablando con toda la serenidad que le fue posible-. Lo único que queremos es comer. Sin hambre, nosotros nos quedaremos callados y no lo molestaremos en lo más mínimo. Así usted podrá seguir haciendo sus cosas con calma y ni siquiera se acordará que estamos aquí.

El hombre consideró las palabras del rubio. A él le convenía el silencio antes que cualquier otra cosa. Sin barreras de protección, cualquiera que pasara a varios metros en el camino podría llegar a escuchar sus gritos de auxilio. Aunque ellos no sabían ése detalle, Mark no quiso arriesgarse y sin dejar de apuntar a los muchachos con la varita, salió de la habitación dejándola asegurada. Momentos después regresó con dos platos sobre una charola que depositó en el suelo. Desconfiando, ninguno de los dos quiso acercarse a ella.

-¿Qué diablos esperan para comer? –preguntó el hombre ante la mirada suspicaz de los muchachos. Una sonrisa retorcida se dibujó en sus labios al imaginar lo que estaban pensando-. No se preocupen. No tengo planeado matarlos... aún –dirigió una mirada peligrosa hacia su hijastro, para después dar media vuelta. Antes de salir de la habitación concluyó-: Tengo planes para ti y te quiero fuerte para cuando llegue ése momento.

Draco y Oliver se miraron entre sí, sin decidirse a probar la comida que desde los dos platos sobre la bandeja se antojaba tentadora. Ambos tenían mucho apetito, así que decidieron arriesgarse y probar un bocado.

-No parece estar mal –concluyó Draco después de olerla por un buen rato-. Deja que coma yo primero y si no me hace daño...

-Nada de eso –le interrumpió el moreno-. O la comemos los dos juntos, o la dejamos.

Draco lo meditó por un instante, sin poder evitar sentirse halagado por el detalle de Oliver. Asintió en silencio, rogando porque la comida no les hiciera ningún daño. Una hora después no quedaba nada en la bandeja y los muchachos descansaban en el suelo, satisfecha su hambre y contentos de seguir vivos.

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Sentado en la fuente del mausoleo de Narcisa en el cementerio de la Mansión Malfoy, Lucius se encontraba admirando la hermosa estatua de mármol, rodeada de frescos y olorosos jazmines. Desde su regreso a la Mansión la visitaba todas las tardes para dejar sobre la fuente sus flores más queridas. Él mismo las cortaba del jardín que perteneciera a su esposa, y que ahora mantenía con mucho amor Eli, la elfina que la cuidara desde niña.

Conversaba con su esposa durante largos momentos, y cualquiera que lo conociera no imaginaría nunca que a él le gustaba hacer eso. Se sentaba en la orilla de la fuente y le contaba sobre sus reuniones de negocios; sobre su hijo y sobre Severus, a quien pese a su mal genio Narcisa siempre tuvo en gran estima. Le contaba sobre cualquier cosa que creía que a ella le podría interesar. Pero no se atrevía a hablarle aún de su relación con Remus.

-Draco no aceptó mi invitación a cenar –le dijo mientras su mirada azul recorría los demás monumentos a sus ancestros, todos ellos orgullosos de su sangre pura-. Sigue molesto conmigo por... algunas cosas.

Ésa misma mañana había ido a Hogwarts a visitarlo. Sorprendido de que no hubiese cambiado la contraseña de las habitaciones, lo esperó durante mucho tiempo. Resignado al comprender que no lo vería de nuevo, decidió pasar a ver a Remus para invitarlo a desayunar y de paso, aclarar lo ocurrido entre ellos la noche anterior. Pero a él tampoco pudo encontrarlo en sus aposentos.

-Ellos están molestos conmigo –reflexionó, mirando con amor a los hermosos ojos labrados en jaspe-. Pero no voy a dejar que el día termine sin aclararles todo lo que estoy sintiendo.

Lucius colocó una mano sobre la superficie cristalina, que reflejaba el rostro sonriente de la que fuera su compañera durante tantos años.

-Sabes que te sigo amando, y que jamás podré olvidarte –la sonrisa de su esposa pareció brillar desde la fuente-. Es sólo que... necesito decirte que hay alguien, y creo que también lo amo.

Lucius calló durante un breve instante, esperando alguna manifestación física de la ira de su esposa, pero la sonrisa de Narcisa siguió reflejada en el pequeño claro de agua frente a él.

-Lo conocí cuando estudiábamos en Hogwarts. Se llama Remus y es un Hombre Lobo... pero es una gran persona y con él me siento muy a gusto. Eso no quiere decir que he dejado de amarte –le aclaró, procurando evitar malos entendidos entre ellos-. He notado que él desea estar conmigo y yo también. Pero cuando estoy con él no puedo evitar pensar en ti.

Desvió su mirada de la fuente para contemplar la caída de la tarde. Brillando en intenso color sangre, el sol ya se ocultaba poco a poco detrás de las blancas montañas que rodeaban los terrenos de la Mansión, tiñendo el cielo en tonos anaranjados y ocres, radiantes y dorados. Y hermosos. Tan hermosos y radiantes como los ojos de Remus.

Avergonzado, alejó sus pensamientos sobre su actual pareja. Cada vez que visitaba la tumba de Narcisa procuraba que sus pensamientos sobre Remus no desviaran su atención de ella. Por ésa razón no dormía en las habitaciones principales. No quería soñar con Remus mientras dormía en la misma cama que durante más de veinte años ellos dos compartieran. Sentía que ésa era una forma de respetar su memoria y su casa.

-Draco no está contento con nuestra relación. Él piensa que te he olvidado –prosiguió, cuando el sol ya se había ocultado por completo y la oscuridad se cernía sobre ellos-. Espero que tarde o temprano la acepte, porque quiero que él y Remus logren llevarse bien algún día.

-Amo Lucius, señor... –su conversación fue interrumpida por la llegada de Eli. Lucius dirigió su mirada seria hacia el pequeño ser, y ésta se acercó a él con timidez. La elfina siempre había tenido completa confianza al dirigirse a su adorada niña Narcisa, pero la imponente presencia del amo Lucius nunca había dejado de intimidarla.

-¿Qué sucede?

-Una lechuza le ha traído ésta carta, señor –Lucius tomó el pergamino que la elfina le extendió, y que abrió para leer después de invocar un Lumus. A la luz de la varita, Eli vio con preocupación cómo el rostro de su amo palidecía al ver lo que parecieron ser pequeños documentos que acompañaban a la misiva-. ¿Necesita algo, amo Lucius?

-Ve a Hogwarts y localiza a Remus Lupin. Dile que me espere en la entrada del Castillo. Y prepara el carruaje, parto ahora mismo hacia allá –al instante, la elfina obedeció a la voz alarmada de su amo. Haciendo un enorme esfuerzo, Lucius se incorporó para apoyarse sobre su andadera ortopédica. Con el Lumus de su varita aún alumbrando sobre la hermosa estatua, dirigió una mirada seria al rostro sonriente de su esposa-. Te prometo que todo saldrá bien.

Veinte minutos después, el lujoso carruaje Malfoy descendía sobre los terrenos del Castillo, frente a un impaciente Remus. El profesor abrió la portezuela y suspiró aliviado al ver que su pareja se encontraba bien. Aún así, no pudo dejar de notar la gran preocupación que ensombrecía los finos rasgos del aristócrata.

-¿Estás bien? Tu elfina vino a verme... ¿Qué es esto? –lo ayudó a bajar del carruaje mientras el rubio le mostraba lo que parecía ser una carta.

-Se lo llevaron –el licántropo abrió la carta y después de leerla comprendió la preocupación de su pareja-. Secuestraron a Draco.

-Localizaré a Arthur, debemos dar aviso al Ministerio –con la carta aún en la mano, el profesor se acercó a su pareja para envolverlo entre sus brazos-. Lo encontraremos, Lucius. Te lo prometo.

Lucius sólo correspondió a su abrazo, sintiendo que había hecho lo correcto al buscar al profesor. Ahora más que nunca lo necesitaba a su lado.

oooooooOooooooo

Sr. Malfoy, tenemos a su hijo. Se lo devolveremos sano y salvo si cumple al pie de la letra todo lo que le ordenemos. Reúna la cantidad de US$10'000,000.00, en billetes de todas las denominaciones. Tiene hasta el día de mañana lunes, antes del mediodía. Guarde el dinero en un baúl reducido y llévelo al Callejón Knockturn, donde alguien estará esperándole. Entregue el dinero a ésa persona y su hijo aparecerá a salvo en Hogsmeade, frente al estanque de los cisnes. Le sugiero que no haga trampas, ni dé aviso al Ministerio ni a ninguna otra autoridad, o no volverá a verlo.

Arthur leyó el pergamino por enésima vez, antes de volver su mirada hacia los rostros angustiados de las personas que se hallaban a su alrededor. Se encontraban reunidos en la oficina de Albus en el Colegio de Hogwarts, único lugar que consideraban seguro contra una posible fuga de información. Era un caso serio el secuestro del hijo de uno de los magnates más poderosos del Mundo Mágico, y las precauciones nunca estaban de más.

A Remus le había costado mucho trabajo convencer a Lucius de involucrar a Weasley y su grupo de Aurores en algo que requería discreción absoluta. Pero era la única forma de ayudarlo a encontrar a Draco lo más pronto posible. Y aunque la advertencia lanzada en la carta era razón convincente para no hacerlo, no pudo negarse a la gran posibilidad de que la ayuda oportuna pudiese salvar la vida de su único hijo.

Así que tras conocer la situación, Arthur había convocado a su grupo de más confianza, y a quienes reconocía por su entera discreción y eficiencia en resolver casos de ésa naturaleza. Eran incondicionales Molly, Minerva, Severus y Remus como apoyo extra y aunque Harry se sentía impotente, Arthur se había encargado de convencerlo de que él también sería de invaluable ayuda. Remus había tratado de localizar a Sirius pero al parecer, el animago había vuelto a perderse en el Londres Muggle.

Arthur suspiró, preocupado por la difícil situación. Era domingo por la noche, por lo que Lucius contaba con unas cuantas horas para reunir la estratosférica cantidad de diez millones de dólares. Aún considerando que pudiese mover a todas sus influencias y reunir semejante cantidad en tan poco tiempo, no era garantía de que los secuestradores cumplirían su palabra de devolverle a su hijo con vida. Era un riesgo que no pensaba correr bajo ninguna circunstancia.

-¿Sospechas de alguien que pudiese estar actuando en venganza contra ustedes? –el rubio frunció el ceño, concentrado en tratar de recordar alguna deuda pendiente-. Puede tratarse de algún socio inconforme, o un miembro de la familia... o alguien con quien tuviste alguna diferencia en el pasado.

Aunque Arthur trató de ser sutil, el hombre comprendió que el Auror se refería a su pasado como mortífago. Mantuvo su mirada fija en las credenciales que Draco repusiera meses atrás ante el Ministerio. Se negaba a creer que su hijo hubiese sido plagiado, pero sus documentos eran la prueba de que los secuestradores no estaban jugando. Si las cosas no llegasen a salir bien, corría el riesgo de que aquello que sostenía en sus manos fuera el único recuerdo que le quedara de él.

Hizo un recuento de las personas con las que había mantenido alguna disputa en el pasado. Parientes lejanos con los que ya no mantenía ningún contacto, socios de negocios malogrados que quedaron arruinados cuando trataron de defraudarlo; y una larga lista de nombres de mortífagos en busca de venganza por la traición de su familia a su fallecido Lord. También fueron considerados algunos enemigos de Narcisa y de Draco. Arthur anotó cada uno de los nombres que el rubio le dio.

Molly partió con los Aurores hacia el Ministerio. Averiguaría todos los movimientos que durante las últimas horas, hicieran las personas que Arthur acababa de anotar en la lista. Si habían utilizado su varita para hacer daño lo sabrían y orientarían en ellos su investigación. El Auror decidió entonces, enfocar su atención en las únicas personas con las que Draco había mantenido contacto directo durante los últimos días. A su lado, Remus permanecía de pie junto a la chimenea, su mirada preocupada puesta sobre su pareja.

Frustrado al no poder moverse al ritmo que la situación exigía, Lucius había cambiado la andadera ortopédica por la silla de ruedas, mucho más práctica. Minerva caminaba de un lado a otro, preocupada; y Severus no dejaba de revisar la biblioteca personal de Albus en busca de algún hechizo que pudiese servir de ayuda para localizar a su ahijado. Al verlo, Remus recordó que la noche de la desaparición de Sirius él había pensado en lo mismo. Y no dudaría en hacerlo ésta vez, de ser necesario.

-Sería bueno saber quién fue la última persona que vio a Draco antes de su desaparición –Arthur asintió a la sugerencia de un preocupado Severus, que siguió revisando entre los libros del director mientras continuaba-. Tal vez ésa persona pueda proporcionar información valiosa.

-La última vez que vi a Draco fue la noche del viernes –Remus fue el primero en responder, pues aún tenía presentes todas las veces que visitara los aposentos del rubio cuando trató de convencerlo de estar presente en la cena.

-Yo hablé con él el mismo viernes por la tarde –intervino Harry. Severus frunció el ceño en preocupación al ver la palidez de su rostro. Su pareja le había mencionado que se sentía apenado por no haber percibido algún peligro alrededor de su amigo, e imaginó que ésa debía ser la razón de su pálido semblante. Frunció el ceño cuando vio que el muchacho cerraba los ojos y colocaba una mano sobre su sien izquierda, como si la cabeza le doliera-. Me comentó que el sábado iría a Hogsmeade a surtir el laboratorio, como siempre. Ésa fue la última vez que supe de él.

-¿Y nadie lo vio ayer? –preguntó el Auror. Todos los presentes negaron con la cabeza-. ¿Saben si aparte de Hogsmeade, tenía algún otro plan en mente para ése día?

-Sí –recordó Remus-. Me dijo que cenaría con Oliver Wood ésa misma noche.

-¿Wood? –Arthur frunció el ceño, tratando de hacer memoria-. ¿Dónde he escuchado ése apellido?

-Oliver Wood fue mi compañero de Casa –se apresuró a responder Harry-. También fue el capitán de nuestro equipo de Quidditch. Tal vez por eso se le hace conocido.

-Sí... puede ser –reflexionó el Auror-. Debemos localizarlo de inmediato. Tal vez pueda darnos alguna información.

-Yo iré a buscarlo –respondió Minerva. Como Directora, ella tenía la facultad para vencer cualquier protección puesta en el Castillo. Se dirigió a la puerta-. Roguemos porque ése muchacho pueda decirnos algo.

-Malfoy... ¿Tienes algún problema con tu hijo que no se haya resuelto aún? –la pregunta de Arthur descolocó al rubio. Éste se irguió sobre su silla, incómodo.

-Sé a dónde quieres llegar, Weasley –fue su respuesta enérgica-. Pero te puedo asegurar que mi hijo no necesita una actuación de ésa clase para lograr mi atención.

-Tranquilo, Lucius... –Remus dejó su lugar junto a la chimenea para acercarse a su pareja-. Es razonable que se consideren todas las posibilidades –ésta vez se volvió hacia Arthur-. Draco es un buen muchacho, jamás haría algo como eso.

-De acuerdo –con ésas palabras, Arthur dio por finalizado el tema que tanto había incomodado al aristócrata. Se limitó a esperar el regreso de Minerva-. ¿Qué clase de relación lleva con ése muchacho... Wood?

-Son buenos amigos –todas las miradas volvieron a enfocarse en Harry, que ahora se encontraba parado junto a la puerta, deseando escuchar el ruido de las escaleras anunciando el regreso de la animaga-. Han estrechado mucho sus lazos en éstos últimos meses.

Remus y Lucius se miraron, tratando de descifrar el significado de las palabras de Harry. El regreso de Minerva desvió su atención de ése detalle.

-El señor Wood no está en sus aposentos –todos pudieron sentir la preocupación en la voz de la profesora-. Revisé su habitación y encontré éste papel sobre su mesita de noche.

Arthur tomó el papel y lo leyó en voz alta. Cuando terminó, la preocupación de los presentes había aumentado de forma considerable.

-¿Quieres decir que Oliver estaba con Draco en Hogsmeade cuando fue secuestrado? –fue la pregunta de Remus, que los demás no se atrevieron a hacer-. ¿Eso significa que Oliver...?

-No es del todo seguro –Arthur entregó la carta de Draco a Lucius, quien después de observarla durante un instante la guardó entre los documentos de su hijo-. Tal vez almorzaron juntos y después el muchacho decidió pasar las navidades con su familia, fuera del Castillo.

-Eso es imposible –intervino Minerva, cada vez más angustiada-. El señor Wood no tiene familiares. Por eso vive en el Castillo.

Un tenso momento de silencio siguió a las palabras de la Directora. Ninguno era capaz de asimilar que Oliver pudiese ser una víctima circunstancial del secuestro del heredero Malfoy. Tratando de encontrar alguna otra explicación que pudiese justificar la ausencia del auxiliar de Poppy, Arthur se arriesgó a sopesar todas las posibilidades.

-¿Qué tan profunda es la amistad que los une? –los demás lo miraron sin comprender-. Es bien sabida la rivalidad natural entre Gryffindor y Slytherin... tal vez hubiese entre ellos algún viejo rencor...

-¿Insinúa que Oliver podría estar involucrado en el secuestro de Draco? –Harry interpretó el silencio del Auror como una afirmación-. Yo no estoy de acuerdo con su teoría, señor Weasley.

-No quiero contrariarte, Harry... pero la pregunta de Weasley es muy válida –Harry frunció el ceño al escuchar a su pareja. Negó con la cabeza en desacuerdo cuando Severus expuso sus razones-. No hay que olvidar que tanto Draco como el señor Wood tuvieron una relación en común con el señor Zabini. ¿Y si Wood ya se enteró de ello? ¿Y si ha reaccionado mal al saberlo?

-Puedo asegurarles que Oliver sería incapaz de hacerle daño a Draco. Y no lo digo sólo porque fue mi compañero de Casa –Harry tanteó con su bastón el camino hacia donde se encontraba su pareja-. Aunque no he podido verlos, los he sentido cuando están juntos y sé que hay un inmenso cariño entre ellos. Casi me atrevería a decir que...

Las palabras de Harry fueron interrumpidas cuando escuchó que alguien arribaba por la chimenea.

-¿Qué averiguaron? –Arthur se dirigió al Auror que acababa de llegar, y el cual sostenía un pergamino en la mano.

-Los demás Aurores ya están investigando el paradero de las personas de la lista, pero hace falta visitar todos estos lugares, tal vez encontremos alguna pista –hizo una breve pausa para dejar que Arthur analizara el pergamino que acababa de entregarle-. Son muchos, ¿Quiere que convoque a otro grupo para que le den seguimiento?

Arthur negó con la cabeza. Fuera del pequeño grupo de Aurores que él había elegido para el caso, no confiaba en nadie más que fuera capaz de guardar la más completa discreción. Y de ello dependía en gran medida la vida de Draco y del otro muchacho, si es que estaban juntos.

-Te lo agradezco mucho, pero será mejor que yo me encargue de esto en persona –fue su respuesta después de meditarlo por un largo momento-. Por favor, dile a Molly que no deje de enviarme noticias –cuando el Auror se marchó, Arthur anotó algo en un pergamino y se lo entregó a Remus-. ¿Me harías el favor de investigar en éstos lugares?

-Claro que sí, Arthur –Remus tomó el papel que el Auror le ofrecía-. Te avisaré de inmediato apenas logre averiguar algo –antes de partir dirigió una mirada a Lucius, que interpretó su gesto como una silenciosa promesa de que todo estaría bien.

Lucius se marchó momentos después con una lista larga de lugares qué investigar, y con la súplica de Arthur de que no actuara por su propia cuenta si no quería poner en riesgo la seguridad de su hijo. Con una lista igual de larga, Minerva partió minutos más tarde. Arthur y Severus se repartieron los sitios que faltaban de la lista y al final, sólo quedó Harry, que también esperaba formar parte en la investigación.

-Será mejor que te quedes en el Castillo –Severus sintió que su corazón se encogía al ver el rostro entristecido de su pareja-. Así podrás estar pendiente de cualquier noticia que puedan traer los demás. Nos estaremos comunicando contigo a través de la chimenea, así que aquí te tendrás que quedar. También quiero que interrogues a todos los habitantes de éste Castillo. Necesitamos saber si alguno vio a Wood durante el fin de semana.

-Pero... eso es una gran responsabilidad –Harry se sorprendió al ver que también tenía asignada una tarea igual de importante-. ¿Estás seguro que quieres que yo lo haga?

-Si no fuera así, no te lo pediría.

Harry asintió mientras escuchaba la partida de Severus por la chimenea, y se avocó a la tarea que el profesor le acababa de asignar. Pasó horas interrogando a todos los elfos, fantasmas y estudiantes que se habían quedado en el Castillo, pero ninguno de ellos logró dar razón alguna del paradero del muchacho. Con esto, llegó a la preocupante conclusión de que Oliver Wood también había sido secuestrado.

No podía dejar de sentirse disgustado consigo mismo al no haber notado ninguna señal de alarma en el estado anímico de Draco, y también en el de Oliver. Toda ésa noche del sábado él había estado más preocupado por lo que ocurría entre Severus y su padrino durante la cena. Y más tarde en todo lo vivido en la intimidad de la habitación de ése hotel con su pareja. Pero en ningún momento se preocupó por pensar en nada más que no fueran ellos dos. Y eso lo tenía muy apenado.

Se recostó sobre un sillón y cerró los ojos tratando de concentrar sus pensamientos en sus amigos, pero el dolor de cabeza que sentía era muy fuerte. Resignado, se relajó lo más que pudo y sólo dejó de sentir ése incómodo malestar cuando el sueño lo venció.

oooooooOooooooo

Oliver descansaba su cabeza contra el ventanal de su habitación, su mirada café atenta a cualquier movimiento en los alrededores. Llevaba más de una hora en ésa misma posición deseando que en cualquier momento llegaran a rescatarlos. Sin abandonar su lugar junto a la ventana se sumió en sus pensamientos, ajeno a la observación de la que era objeto por parte de Draco. No dejaba de preocuparle la incertidumbre de lo que su padrastro planeaba para ellos dos apenas cumpliera sus propósitos.

Ésa misma tarde, Mark había regresado para despojar a Draco de todas sus pertenencias, incluidos los ingredientes para las pociones y todos los obsequios que adquiriera en Hogsmeade. Pero antes de marcharse, el hombre le había informado a Draco que ésa misma tarde acababa de enviar una lechuza a su padre, exigiéndole dinero a cambio de su libertad. Draco pareció tomar la noticia con bastante calma, y él lo atribuyó a una demostración de confianza que tal vez el rubio estaba muy lejos de sentir.

Pero su actitud había dado resultado, pues Mark dejó de molestarlos y se marchó, dejándolos otra vez sin cenar. Al menos ya no tenían que beber agua helada del grifo. Oliver había lavado bien los dos platos y los había colmado de agua, para después dejarlos sobre la charola lo más cerca posible del fuego. Con el agua a una temperatura más cálida, habían logrado alejar un poco el frío y el dolor de la rodilla de Draco tras aplicarle algunas compresas.

Una ligera sonrisa se dibujó en sus labios cuando sintió que su bebé se movía, y posó sus manos sobre su vientre. Draco dejó de observarlo para ponerse de pie con mucha dificultad. A pesar de las atenciones de Oliver, el dolor había regresado y el rubio comenzaba a preocuparse de verdad. Cojeando, se acercó por detrás del moreno que concentrado en los movimientos de su bebé, no lo sintió llegar. Oliver se sobresaltó al sentir el cálido cuerpo de Draco detrás de él.

-¿En qué piensas? –se estremeció al escuchar su voz susurrando tan cerca de su oreja. Draco se dio cuenta y acercó su rostro aún más, sin dejar de hablarle-. Mi padre debe estar buscándonos ahora, y sé que nos encontrará.

-¿Crees que a éstas alturas ya sepan que estamos los dos juntos?

-En varias ocasiones le dejé claro a Lupin que pasaría la noche contigo –refiriéndose a la noche de Navidad. Aunque supo lo que Draco había querido decir, Oliver no pudo evitar encontrar otro significado a sus palabras, cosa que no le disgustó. Draco siguió hablando sin percatarse de nada-. Ten por seguro que ya hicieron sus conjeturas.

-Temo que Mark no sea capaz de cumplir con su palabra de dejarte libre –Draco asintió dándole la razón, pues ésa era una de las preocupaciones más grandes que tenía-. Y temo... lo que vaya a hacer conmigo después de obtener lo que desea de mí.

-Negociaré con él. Le ofreceré más dinero a cambio de dejarte libre y sin un rasguño –las palabras de Draco le sonaron como una firme promesa-. Haré lo que esté a mi alcance para impedir que les haga daño.

Los rubios cabellos hicieron contraste con los negros cuando Draco juntó su cabeza a la del moreno. Oliver se había quitado el gorro y en ése momento se dio cuenta que ahora era un poco más alto que él. Ya había cumplido la mayoría de edad tres meses atrás, y no quedaba duda alguna que no sólo heredaría la fortuna de su padre, sino también su estatura. Despacio, rodeó el cuerpo de Oliver hasta que sus manos se juntaron. El moreno se relajó ante el contacto y cerró los ojos, disfrutando de su cercanía.

-A pesar de todo lo malo que nos está pasando, me alegra que ninguno de los dos esté solo.

Draco no respondió, sólo escondió su nariz entre sus negros cabellos y en silencio permaneció abrazándolo, dejando que Oliver volviera a sumirse en sus pensamientos. Le gustaba estar así, y le gustaba él. Y ya no tenía ninguna duda de que lo necesitaba a su lado para saber que todo estaría bien.

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Remus apareció detrás de las barreras de protección del Castillo, cansado después de investigar cada uno de los lugares de la lista que Arthur le entregara horas antes. Se sentía frustrado al no haber encontrado ninguna pista que pudiera servirles para localizar a Draco. El amanecer del lunes ya punteaba de plomizo el cielo, señal de que ése día también nevaría, y de que sólo le quedaban a Lucius unas cuantas horas para reunir el dinero que le pedían. Avivó sus pasos rumbo a la oficina de Albus, deseando que los demás hubiesen tenido mejor suerte.

A excepción de Harry, dormido sobre el sillón en una esquina, no había nadie más en el lugar. Sorprendido al ver que había sido el primero en volver, se ocupó de convocar una sábana y cobijar al muchacho, quien al sentir su presencia despertó.

-¿Quién es?

-Soy yo. Remus –al escuchar la voz del profesor, Harry se relajó en el cálido lecho que le ofrecía el sillón-. ¿Sabes si alguien más ya dio con algún rastro de Draco?

-No han vuelto desde que partieron –respondió el muchacho, despertando del todo al recordar lo ocurrido a sus amigos.

-¿Y qué hay de Oliver? ¿Ya apareció?

-Aún no. Pero Severus me pidió que preguntara por él a todos los habitantes del Castillo. El sábado por la mañana fue visto por última vez cuando salía del Colegio. Desde entonces nadie lo ha vuelto a ver en ninguna parte. Él tampoco volvió de Hogsmeade.

-Eso aumenta las posibilidades de haber sido secuestrado también –Harry asintió con pesar a las palabras de Remus-. Tal vez están juntos ahora.

-Mientras así sea, podrán cuidarse el uno al otro –el profesor asintió a sus palabras-. ¿Sabes? Hay algo de todo esto que no logro entender.

-¿De qué se trata?

-Comprendo que secuestraran a Draco para obtener un rescate, siendo el único heredero de una considerable fortuna. Pero... ¿Por qué secuestrar a Oliver? Él no tiene familia, ni dinero... –Remus comprendió muy bien su duda, pues él también se estaba preguntando lo mismo-. ¿Qué es lo que quieren de él, si no tiene nada que puedan robarle?

-No tengo idea, Harry –fue la sincera respuesta del profesor-. Pero mucho me temo que lo que han de querer no ha de ser nada bueno –el hombre advirtió la preocupación en el rostro del muchacho y lo obligó a recostarse en el sillón-. Trata de dormir otro poco. Yo me quedaré aquí contigo, esperando noticias.

-¿Qué hora es?

-Está amaneciendo –Remus volvió a cubrirlo con la sábana y momentos después, el muchacho se sumía de nuevo en un inquieto sueño.

Remus se sirvió una copa de coñac, mientras buscaba asiento en una silla cerca del fuego. Después de haber pasado varias horas soportando el frío del exterior, el hombre agradeció la calidez del lugar donde ahora se hallaba. Hacía mucho tiempo que no se presentaba un invierno tan crudo y le preocupaba que los muchachos pudieran estar heridos, sufriendo hambre y frío y encerrados en algún horrible lugar carente de abrigo.

-¿Remus? ¿Dónde estás? –Harry interrumpió sus pensamientos al tiempo que se enderezaba en el sillón, buscándolo. El profesor dejó a un lado su copa para acercarse al muchacho.

-Aquí estoy... ¿Qué sucede?

-Acabo de soñar con un lugar –al oírlo, Remus se sentó junto a él y lo sostuvo por los hombros para hacerle entender que lo había escuchado-. Están juntos. En un cuarto vacío con una chimenea...

-¿Sabes si se encuentran bien? –Harry comprendió la pregunta del profesor y cerró los ojos, tratando de concentrarse en las emociones de sus amigos. Al final se dio por vencido, su rostro entristecido al no haber sido de mucha ayuda-. Está bien. No te presiones.

-No deberíamos confiar tanto en mi sueño –le sugirió el muchacho. Remus negó con la cabeza, dispuesto a contradecirlo. Aún no olvidaba la noche en que encontraran a Sirius. Y si ahora Harry había soñado con Draco, no estaba de más tomarlo en serio.

-¿Viste algo más en el sueño?

-Sí... pero nada que pudiera servir para encontrarlos –Remus ya no hizo más preguntas, cosa que Harry le agradeció en silencio. Tal vez si hubiese seguido soñando unos minutos más, habría logrado ver en su sueño algo que pudiera servirles para encontrarlos. Suspiró, resignado a tener que esperar el resultado de la investigación que Arthur dirigía.

A pesar de todo, él tenía el presentimiento de que sus amigos se encontraban bien. Y eso no se lo decía su intuición, sino el abrazo en que Draco tenía envuelto a Oliver mientras dormían uno muy junto al otro, frente a la chimenea de ésa pequeña habitación.

Continuará...

Próximo capítulo: Necesito que estés junto a mí. Segunda Parte.

Quiero agradecer a todos por sus reviews, y por seguir leyendo esta historia.

Besitos.

Rebeca (K. Kinomoto)