Disclaimer: D Gray-man le pertenece a la grandísima (cruel y despiadada) Hoshino Katsura
Advertencias: AU, Yullen, OoC y lenguaje inapropiado
Aclaraciones: Las letras en cursivas son utilizadas como pensamientos de los personajes
Sin más los dejo con este capítulo
Capítulo 3
Sentimientos encontrados.
La mañana había terminado hace un buen rato ya, el calor que la tarde brindaba era bastante agradable y el sol brillaba tranquilamente. El cielo mostraba su esplendoroso color azul, sin alguna nube en el horizonte que perturbara la vista.
Cierto peliblanco se encontraba caminando por el pasillo que conducía al comedor dispuesto, como siempre que por ahí pasaba, a probar las habilidades de Jeryy en la cocina. Una vez en la habitación donde sirven los alimentos, fue directo a la ventanilla de los órdenes, esta vez el ojigris tenía un favor especial que pedirle al moreno. Allen fue recibido por la característica amabilidad del cocinero
–Hola bombón, ¿qué puedo hacer por ti esta tarde?
–Hola Jeryy, me preguntaba si podías preparar comida para una especie de picnic, tú sabes, para poder comer en el jardín
–¡Claro que sí, lindura! Solo dime cuantas personas participarán en la reunión al aire libre, aunque es raro que desees comer afuera, sobre todo considerando la gran cantidad de comida que comes siempre
–Je, parece que me conoces bien, solo seremos dos personas…
–¡Kya! Allen-chan quiere conquistar a alguien. Prepararé algo especial entonces
–N-no, Jeryy te equivocas…–tartamudeó un poco el inglés, con un leve sonrojo en sus mejillas
–No te preocupes Allen-chan, tu secreto está a salvo conmigo –comentó el moreno mientras le guiñaba un ojo al albino, para comenzar con el trabajo que le acababan de encomendar. El ojigris no pudo evitar sonrojarse aún más por la actitud de Jeryy, pero una sonrisa se dibujó en su rostro porque éste, hasta cierto punto, tenía razón.
Le parecía bastante increíble lo rápido que había fluido el tiempo. Ya llevaba dos meses en esa sección del hospital, y se la estaba pasando bastante bien, todo gracias a la amistad entablada, la cual si no era la mejor le bastaba, con un japonés muy, pero muy amargado, quien le hizo recordar lo que significaba querer a alguien. Viendo el rumbo que seguían sus pensamientos, sacudió la cabeza para cambiarlos, pero una sonrisa un poco tonta seguía dibujada en sus facciones. Para su fortuna, el cocinero volvió a asomarse por la ventanilla, con el encargo listo haciéndole un gesto para que se acercara, evitando retomar la línea de pensamientos abandonada
–Aquí tienes Allen-chan, espero que disfrutes la comida y logres conquistar a esa persona especial
–Jeryy, te dije que no quiero conquistar…
–Tranquilo, dije que mantendría tu secreto a salvo y así lo haré, mejor apresúrate. No queremos que se te haga tarde
–Muchas gracias, Jeryy
–Es un placer Allen-chan y mucha suerte
Sin más tiempo que perder y agradeciendo constantemente, el albino llegó a la salida y, con un último movimiento de mano, se despidió del cocinero mientras sostenía con su mano disponible la canasta brindada momentos atrás. Comenzó a caminar tranquilamente por el pasillo para dirigirse al jardín, con una gran sonrisa en su rostro. Esa mueca se encontraba en sus finas facciones, prácticamente, desde que se levantó esa mañana y no le había abandonado ni un instante. Pensar en pasar tiempo con el japonés le hacía sentirse estúpidamente feliz. Si bien él era una persona amable y educada, o sociable, la única persona a la cual podía considerar realmente como amigo era al japonés, aunque sabía perfectamente que esos no eran los únicos sentimientos que ese amargado despertaba en él. Para su fortuna, o su desventura, estaba enamorado de BaKanda, sin saber exactamente cuándo y cómo sucedió.
Se podía decir que conocía Kanda lo suficiente y por eso le resultaba divertida la situación en la que se encontraba, aunque no se arrepentía en lo más mínimo. Yuu Kanda era bastante arrogante, amargado, grosero, frío, orgulloso y mal hablado, pero no podía negar que éste también era muy atractivo, de finas facciones, con profunda e hipnotizaste mirada, poseedor de un cuerpo bien formado y también de un cabello muy hermoso. Probablemente todo comenzó esa tarde en la que había sido transferido, cuando le llamó Moyashi frente a ese bellísimo jardín de elegantes flores blancas, porque en ese momento lo abordó un sentimiento que él creía extinto prácticamente desde la muerte de su querido padre. Volvió a sonrojarse, pensando en ese instante tan perfecto para él y, también, al recordar aquella expresión de sorpresa combinada con ternura formada en el rostro del mayor. Sin más, todavía sonrojado, decidió apresurar sus pasos para sorprender a ese amargado e intentar ganarse algún sentimiento por parte de éste, aunque solamente se tratase de una amistad mayor.
No después de mucho andar llegó al jardín principal de la institución y empezó su labor de buscar al ojinegro, cosa que le resultó bastante sencilla, pues sabía perfectamente que a esa hora del día él se encontraba sentado frente al estanque artificial, con los ojos cerrados, meditando tranquilamente. No es que se la pasara todo el día vigilando al pelinegro, simplemente éste hacía lo mismo todos los días a la misma hora y, casualmente, lo notó. Así que se acercó cautelosamente y se posó del lado contrario en el cual encontraba el de azabache cabellera, para poder observarlo en silencio, admirando su rostro, el cual lucía mucho más perfecto de lo normal debido, simplemente, a la tranquilidad brindada por la meditación. Después de unos minutos de enajenamiento, decidió caminar a la actual posición del asiático
–Kanda –habló suavemente para no interrumpirlo tan abruptamente sin embargo, no hubo respuesta
–Kanda –lo intentó una vez más, obteniendo el mismo resultado
–Oye Kanda –el peliblanco ya comenzaba a desesperarse y una venita resaltó en su frente
–BaKanda, ¡no me ignores cuando te estoy hablando! –Gritó completamente desesperado
–Con una mierda Moyashi, ¿no ves que estoy ocupado? –intentó no sonar molesto, pero las palabras utilizadas arruinaron su intento. Por su parte el albino ensombreció su semblante
–BaKanda bastardo, ¿siempre tienes que ser tan grosero? –Soltó dolido el ojigris, dejando caer la canasta brindada por el amable cocinero, dispuesto a marcharse y mandar a la chingada su intento de mejorar la relación con ese idiota. El japonés no pasó desapercibidas las reacciones del chico e, increíblemente, se levantó y detuvo la retirada del peliblanco, tomándolo por la manga de su camisa. Allen se paró en seco bastante sorprendido, giró la cabeza para encontrarse con la mirada de Kanda y esperó a que hablara. Éste francamente no tenía ni la más remota idea del por qué había actuado así, o por lo menos eso creía, fue un simple arrebato, un impulso, aun así debía decir algo, pero sentía que el color subía a sus pálidas mejillas
–Tsk, eres una nena. Si el estúpido cocinero se entera que dejaste su comida tirada por ahí definitivamente se molestaría… Y dudo mucho que quieras quedarte sin comer por una bobada –Aclaró evitando ver al chico a la cara ¿realmente fue lo mejor que se lo pudo ocurrir? El albino no pudo evitar esbozar otra de esas tontas sonrisas y decidió olvidar la típica manera de actuar del ojinegro
–No soy una nena BaKanda, y tienes razón, no debo de desperdiciar la comida que Jeryy prepara con mucho afán para nosotros… N-no es que me, me moleste ni nada p-pero… ¿p-podrías soltar mi, mi mano? –Tartamudeó Allen sonrojado, sentir la calidez de la mano del otro le agradaba, pero en ese instante necesitaba su extremidad. Por su parte el asiático obedeció instantáneamente ¿en qué jodido momento había pasado a tomar la mano de ese enano?
–Tsk, ¿vas a quedarte ahí paradote como idiota o qué Moyashi? –Mustió dándole la espalda al chico y comenzó a caminar para alejarse de él
–¡Hey Kanda! Espera, ¿a dónde vas? –Se incorporó y recogió la canasta ubicada en el césped, para alcanzar al pelinegro que ya se encontraba bastante lejos de él
–Tsk, no te incumbe Moyashi
–Nada de eso, tú vas a comer conmigo te guste o no BaKanda. Tú mismo lo dijiste, no se puede desperdiciar la comida de Jeryy –Prácticamente exigió el peli blanco, tomando por un brazo al japonés para dirigirse al estanque. Instantes después, Allen se dio cuenta de lo que estaba haciendo y no pudo evitar sonrojarse por lo hecho, ni él mismo sabía de dónde sacó el valor para hacerlo. Mientras Kanda era llevado al estanque, la sorpresa lo invadió, ese Moyashi lo estaba conduciendo sin su consentimiento, pero aun así se sentía bien, no le molestaba ni en lo más mínimo.
–¿Sabes algo Moyashi? Eres un enano con agallas, sino fuera porque te respeto, ya estarías rogando por tu vida
–K-Kanda… Gracias… supongo… –Se sonrojó de nuevo
–¡Tsk!, como sea ¿Para qué quieres comer conmigo aquí afuera? –Habló disimulando la curiosidad que sentía
–E-e-este, yo, verás… P-p-p-pues, simplemente ya me había cansado de comer en el ahí adentro y… como eres el único amigo que tengo… creí que podíamos intentar algo nuevo… a-además el día es muy bonito –mintió lo mejor que pudo, rogando porque su amigo se creyera lo recién dicho
–Qué respuesta tan estúpida Moyashi, mejor confiesa que te gusto y ya
–N-ni que tuvieras tanta suerte BaKanda, y por enésima vez es Allen –refutó y fijó so mirada en la canasta que sostenía, apreciándola como si fuera lo más interesante del mundo, intentando de disimular su sonrojo
–Como si me importara…
Sin más, el japonés se dejó caer en el pasto, cruzándose de brazos y conteniendo una sonora carcajada, la cara roja del menor tratando de ser disimulada era demasiado para él, así que desvió su vista de El brote de habas y, sin querer, su mirada se cruzó con el estanque y vio algo que le obligó a mantener sus ojos fijos en éste. Por su parte, el indignado Allen imitó la acción del ojinegro tratando de disimular su vergüenza, realmente se esperaba cualquier cosa de Kanda, menos lo que le dijo. Suspirando, abrió la canastita para comenzar a repartir la comida, pero lo primero que apareció fue una tela que parecía ser un mantel, la dejó a un lado sin prestarle más atención, de cualquier manera, ya estaban acomodados en el césped y reanudó su búsqueda en la canasta. Comenzó a sacar los platillos contenidos en ésta y comprendió el papel del mantel, lo acomodó y puso encima la comida, al peliblanco le extrañó que su único amigo no le dedicara algún comentario grosero por su falta de sentido común y decidió posar su mirada en él. Lo que encontró fue a un Kanda abstraído, mirando fijamente el estanque, con un semblante de temor. Allen posó su mirada en el estanque para encontrar lo que perturbaba al pelinegro sin embargo, no encontró ese algo. A veces el asiático le hacía preocuparse innecesariamente, así que se acercó a él para comentarle que la comida estaba lista
–Kanda –No hubo respuesta y eso le asustó
–Oye Kanda… –Lo mismo
–Kanda ¿estás bien? –Esta ocasión sacudió levemente el brazo del mayor, éste se sobresaltó, sacudió levemente la cabeza y, con una mirada perdida, volteó a ver al peliblanco
–Moyashi…
–Kanda… ¿estás bien? –El oji gris repitió la pregunta y llevó una de sus manos al hombro izquierdo mayor, en una señal de apoyo. Definitivamente el comportamiento del mayor le comenzaba a preocupar, mas no obtuvo alguna respuesta de éste, solamente le miraba de manera ausente. Algunos instantes después, la vida regresó a los ojos del japonés y percibió el rostro de preocupación y miedo del albino. Retiró cuidadosamente la mano del inglés, soltó un suspiro cansino y comenzó a hablar
–No tienes por qué preocuparte Moyashi, simplemente me acabo de dar cuenta que tengo que visitar a mi estúpido psiquiatra más seguido
–No entiendo, ¿podrías explicarte?
–Tsk, creo que no te lo había mencionado antes, padezco esquizofrenia… Como sea, el punto es que este estanque me permite saber que tan grave estoy por medio de las flores de loto que veo flotando en él
–Pero Kanda ahí no hay… ya entiendo
–Eres un genio Moyashi, solo yo puedo verlas, porque son fruto de mi imaginación
–Kanda…
–Tsk, tengo hambre ¿qué te dio Jeryy para la comida? –Cambió el tema drásticamente, odiaba que los demás sintieran pena por él y, por alguna extraña razón, recibir la compasión del peliblanco le molestaba mucho más de lo normal. En primer lugar ¿por qué le había confesado algo así al enano? Su intuición le decía que las cosas se iban a poner jodidamente problemáticas a partir de ahora
–C-claro, bueno al parecer Jerry nos preparó varios bentos, éste de aquí tiene salmón, éste otro sushi, también hay uno con mariscos, otro con pollo…
–Tsk, dame ese de allá ¿por qué rayos mandó tantos si solo somos dos?
–B-bueno, no sé si recuerdas, pero como demasiado…
–Tsk –El albino pasó el bento al japonés y en seguida se puso a comer, prefería mil veces saborear su soba pero no estaba tan mal, cualquier comida de ese moreno valía la pena. Por su parte el inglés comía, o más bien devoraba, con una velocidad increíble el contenido de las cajas. Increíblemente ambos terminaron al mismo tiempo, incluso cuando Allen comió cerca de diez bentos. Éste, después de sonreírle al pelinegro, se dispuso a sacar el postre, una tarta de manzana
–Vamos Kanda, toma un pedazo
–Ni creas que voy a comer eso, Moyashi, odio las cosas dulces y ¿todavía puedes comer?, ¿cómo diablos te cabe tanto en el estómago?
–Ese explica porque eres un amargado BaKanda y no lo sé. Anda, no seas grosero y prueba un poco
–Te dije que no, Moyashi
–Como quieras, más para mí
Kanda decidió que era momento para retirarse y se levantó cuidadosamente, evitando ser notado por Allen, cosa demasiado sencilla porque el mocoso estaba muy ocupado disfrutando de todo el postre. Necesitaba reflexionar sobre las posibles causas del aumento en las flores de loto que veía en el estanque, aunque sabía la respuesta, pero no quería aceptarlo. No debía aceptarlo. La cantidad de lotos normalmente no pasaba de tres, ahora eran cerca de veinte. Llegó sin complicación alguna al pasillo que le conduciría a su precioso jardín, dirigiendo su mirada una última vez a la actual posición del Moyashi.
Ese enano peliblanco estaba causando una confusión en sus sentimientos y eso definitivamente no era bueno, eso solo podría ocasionar una nueva tragedia. Soltó un suspiro desganado y, recordando su última comida, se dio cuenta que estando con Allen su miserable existencia volvía a tener sentido, pasar unos simples minutos con él y apreciar una de sus sonrisas verdaderas, no las que solía enseñarle a todos por cortesía, le hacía el día y una sensación agradable se formaba en su pecho. Soltó una risa irónica debido a sus pensamientos, estaba perfectamente consiente que la relación entablada con el Moyashi era diferente a la que llevaba con Lavi y Lenalee. Con él podía sentirse como antes del maldito día que lo llevó ahí. Desde que lo vio por primera vez en el gimnasio, cuando chocaron supo que, de alguna manera, terminarían relacionados. Llegó a su jardín y se dejó caer al piso. Mientras apreciaba las flores, llevó una de sus finas manos a la cabeza y decidió deshacer su característico peinado para aminorar el dolor de cabeza, ocasionado por pensar demasiado sobre sus sentimientos.
El volver a amar a alguien estaba prohibido para él y por eso había estado evitándolo, siendo frío y distante con todos para mantenerse aislado e impedir entablar lazos con los demás, pero ese enano ojigris logró traspasar su barrera desde que lo encaró en el pasillo a los vestidores. Sintió un alivio cuando no percibió señales de vida del mocoso después de la pelea, así podría seguir evitando entablar lazos. Pero para su jodida mala suerte ese enano apareció de nuevo, con una nueva personalidad la cual logró hacerse un espacio en su corazón. Y por si eso fuera poco el Moyashi parecía corresponder esos sentimientos tan trágicos y jodidamente problemáticos para él. Debía hacer algo para alejarse de ese chico peliblanco, pero no estaba seguro de qué. Maldiciendo su suerte, tronó la lengua y se acostó, cubrió sus ojos con su brazo derecho e intento olvidarse de todo.
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Realmente era el colmo ¿en qué momento permitió a Kanda escapar? El inglés se reprimía mentalmente por enésima vez su actuación, era perfectamente entendible su comportamiento de enajenación para comer, pero esta vez se había pasado porque su acompañante era el chico que le quitaba el sueño. Desanimado llegó al comedor y, evitando olímpicamente al cocinero, ya que estaba seguro le preguntaría acerca de su "cita" y no estaba de humor para eso, devolvió la canasta para alejarse de la habitación, todavía evitando a Jeryy. Una vez en el pasillo retomó la línea de pensamientos abandonada instantes atrás: el japonés.
La sonrisa boba que lo había acompañado todo el día por fin se desvaneció de su rostro, pero no era por un motivo grato. Si bien la confesión hecha por el mayor hacía sentir feliz, hasta cierto punto, porque era digno de la confianza del ojinegro que le soltara tan repentinamente que su enfermedad había empeorado después de un ligero trance no era nada lindo, eso solo lograba preocuparle ¿Qué haría si Kanda era transferido a la sección A? Simplemente su vida dejaría de tener sentido, una vez más, y decaería casi instantáneamente. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos tan deprimentes, lo que debía hacer ahora era buscar al asiático y tratar de ayudarlo en todo lo posible, no permitiría avanzar más esa esquizofrenia, no permitiría que se fuera de su lado, no se permitiría verlo sufrir.
Decidido en ayudar a como dé lugar al japonés, aceleró sus pasos para llegar a donde el de fría mirada, creyendo saber dónde se encontraba. Y afortunadamente no se equivocó. Encontró a su BaKanda acostado frente al jardín, cubriéndose los ojos. Todavía no había sido notado, por eso se encaminó a la ubicación de éste haciendo más ruido del necesario, por su parte el japonés se sobresaltó y en menos de un instante se incorporó, dispuesto a matar a aquel que osó molestarlo sin embargo, al ver de quien se trataba sus facciones se relajaron
–BaKanda grosero, ¿por qué me abandonaste mientras terminaba de comer? –Fingió estar dolido para alegrar a ese grosero
–Tsk, pues porque yo ya había terminado de comer y tenía otras cosas por hacer
–No seas mentiroso, tú no tienes nada que hacer en este lugar…
–Para tu información Moyashi, cuidar este jardín es algo
–Pero si estabas ahí tirado sin hacer nada…
–Tsk, ¿Qué carajos haces aquí?
–¿Qué no es obvio?, vine para reclamarte tu mal comportamiento y pasar un rato contigo, recuerda que tampoco tengo nada que hacer y estar contigo es divertido
–Carajo Moyashi, me la pones difícil, no me dejas otra opción… Pues no me importa Moyashi, éste es mi sitio y me rehúso a que estés aquí, así que largate y déjame en paz, no estoy de humor para aguantarte hoy
–Ah, Kanda… Es Allen, BaKanda y no pienso irme de aquí, así que más te vale que te tragues tu mal humor
–Como quieras, entonces me largo yo
–Maldición Kanda, ¿qué te sucede?
–Te lo dije hace rato ¿no?
–Sabes que eres mi único amigo aquí ¿no? Y aunque no lo creas, me preocupa verte así, dime ¿hay algo en lo que pueda ayudarte? Por favor Kanda, no intentes hacerte el fuerte
–Maldición Moyashi, ¿Por qué lo haces tan difícil? Dices que somos amigos, no recuerdo haberte dado ese título, deja de molestarme, realmente ni siquiera entiendo cómo es que me relacioné tanto contigo, además ¿quién querría tener amigos en este puto lugar donde todos somos unos malditos enfermos a los que abandonaron sus familias o huyen de la justicia? –Sabía que eso, sin duda alguna, lastimaría al ojigris pero, desafortunadamente, no tenía alternativa.
–Con esas palabras no lograrás separarme de ti, me propuse que no te dejaría solo y lo cumpliré. Creo que tienes razón muchos huimos de la justicia, pero no es que queramos, así lo decidieron otros, además los amigos "sirven" para ayudarse, y están ahí en esas situaciones cuando más perdido y solo se siente el otro, y aunque tú no me consideres tu amigo, yo así lo hago, así que te apoyaré
–¿Por qué me siento tan bien después de oír esas palabras? Jodido enano, me va costar demasiado trabajo apartarme de ti. Tsk, Moyashi sentimentalista, si quieres hacer algo útil, consigue algo para poder regar el jardín
–Está bien Kanda, ya vuelvo, y si intentas escapar de mí, no dudes que te encontraré –Comentó alegremente, volviendo a aparecer esa estúpida sonrisa que tienen los enamorados cuando son felices. El joven con una cicatriz en el rostro regresó en menos de un abrir y cerrar de ojos, entregándole una cubeta con agua al ojinegro para que éste pudiera regar aquel magnífico jardín de rosas blancas. Y así lo hizo, mientras era observado por aquel dolor de cabeza. Una vez terminada esa acción prosiguió a quitar algunas malas yerbas y ramas que sobraban ahí, acción a la que se unió Allen. Ambos estaban en cunclillas realizando aquella limpieza, en silencio, mirándose de tanto en tanto, tratando de que el orto no lo notara sin embargo, justo cuando terminaron, sus miradas se cruzaron. El inglés simplemente se perdió ante aquella impenetrable y fría mirada, mientras que el japonés admiraba aquellos platinos ojos que iluminaban a cualquiera, pero cuando notó lo que estaba haciendo, se levantó lo más rápido que pudo y salió, prácticamente corriendo. El peliblanco, involuntariamente, impidió la huida del pelinegro y ocasionó que cayera encima de él. Kanda no supo cómo reaccionar, simplemente estar encima de ese enano iba en contra de todos sus pronósticos y se quedó petrificado; Allen se encontraba igual que el orto, todavía no había imaginado una situación como ésa y lo único que reaccionó en ambos fue el rubor en sus mejillas, en ambos el rojo era demasiado notorio, y sin más que pudiera hacer el albino decidió improvisar.
Con una de sus manos tomó el cuello de la camisa de Kanda y comenzó a atraerlo lentamente hacia él, increíblemente el otro no ponía resistencia alguna y se dejaba. Por su parte, de manera inesperada y, dejándose llevar también, el pelinegro llevó una de sus manos al rostro del otro, removiendo parte de su oscura cabellera, que debido a que se encontraba suelta caía sobre Allen, para poder observarlo mejor y recorrer su níveo rostro, lo que provocó el estremecimiento del tocado, en especial cuando pasó por su cicatriz. La distancia entre ambos comenzaba a desaparecer, ambos sentían perfectamente la respiración del otro sobre su rostro, provocando que descargas eléctricas corrieran a través de sus cuerpos, ambos se miraron fijamente por eternos segundos, tratando de decirse todo lo que sentían por medio de sus miradas, pero aun así ninguno se atrevía a dar el siguiente paso.
Para la sorpresa del peliblanco, Kanda decidió terminar con eso y ,cerrando sus oscuros ojos lentamente, juntó sus labios en un sencillo beso, un simple roce. Allen no podía creer lo que sucedía, sentir aunque sea un roce de aquellos labios era como la gloria misma, así que decidió cerrar sus orbes para entregarse a ese beso y, dejándose llevar, jaló más la camisa de Kanda profundizando así el ósculo, el cual era demasiado dulce a pesar de que quien lo daba era el ser más amargado que conocía. El mundo podría terminar en ese mismo instante, los dos eran jodidamente felices. Por su parte el pelinegro al poder sentir esos cálidos e inocentes labios se sentía morir, cualquier cosa que pudiera suceder dejó de importarle, ahora solo podía concentrarse en ese instante, una cálida sensación abordó su cuerpo, al parecer eso era a lo que se le llamaba felicidad. Pero eso no le bastaba, sentir esos labios no le era suficiente.
Con su lengua comenzó a recorrerlos lentamente y empezó a presionar la boca del otro para poder saborearla, Allen sin ninguna resistencia permitió el paso del húmedo músculo y sintió como éste comenzaba a recorrer toda su cavidad, su cuerpo estaba reaccionando a esa acción del mayor, así como a las caricias que comenzaba a brindar éste, el albino se sentía tan bien y no pudo evitar seguirle el juego a Kanda, por fin comenzaba a sentir lo que era llamado placer, así que comenzó a jugar con su lengua y a acariciar la espalda del otro. El japonés se estremeció ante la actuación del Moyashi, las manos de ese enano, a pesar de ser algo tímidas, lograban volverlo loco, así que siguió recorriendo con sus manos el delicado cuerpo del otro por encima de la ropa, disminuyendo la intensidad del beso para convertirlo en algo tierno. Era el colmo, no quería darle una mala impresión al ser que estaba debajo de él.
El peliblanco notó el cambio del mayor y no pudo evitar sentirse estúpidamente dichoso, ese amargado le quería y decidió corresponder ese suave y apasionado beso, no sin dejar de seguir acariciando el cuerpo bien formado del otro. La falta de oxígeno provocó la ruptura de esa muestra de cariño, aun así se separaron lentamente el uno del otro, sin querer hacerlo, abriendo lentamente sus ojos también. Una de las manos de Allen fue a para directo al rostro del japonés, delineando cuidadosamente éste, tratando de memorizarlo. Kanda simplemente se dejó y cerró los ojos esbozando una sonrisa, pero ese grato momento no dudaría más, porque un puto recuerdo del trágico día le llegó sin previo aviso, ocasionando que se separara abruptamente del ojigris, incorporándose en un instante, obligándolo a cambiar su actitud
–Tsk, mira Moyashi, esto que acaba de ocurrir no significa nada para mí. Bien te dije que mi maldita esquizofrenia está empeorando. Así que más te vale que no te hagas ilusiones ni nada… –Dijo en un tono de suprema crueldad y frialdad, debía lastimar a ese enano para alejarlo de él, de otro modo las cosas se complicarían. Sin esperar respuesta del otro caminó lo más rápido que pudo para alejarse de ahí y dirigirse a su habitación. Pero en su camino a ésta se topó con ese estanque que antes le brindaba tranquilidad, pues lo que vio esta vez solo podía significar su perdición. La mitad de ese cuerpo artificial de agua estaba cubierto por una cantidad impresionante de lotos.
Allen se quedó estupefacto por las palabras del otro, definitivamente le dolía lo recién dicho, no quería creer esas palabras, simplemente porque las acciones de ese amargado le decían lo contrario. Cuando pudo reaccionar para contestarle, se dio cuenta que estaba completamente solo y se levantó lo más rápido que pudo para buscar al asiático y hablar con él. Corrió por unos minutos y afortunadamente divisó a éste de pie, se acercó y estaba dispuesto a gritarle cuando notó que algo no iba bien, se colocó a su lado ya que Kanda no dejaba de mirar el estanque con un gran temor. Lo siguiente que ocurrió no se lo esperó. De la nada, el japonés comenzó a correr en dirección al cuerpo de agua, repitiendo una sola oración, dejándose caer de rodillas una vez llegando a la orilla para ver horrorizado un punto en el que no había nada. Allen se apresuró a colocarse a su lado para tratar de ayudarlo y, cuando llegó, le escuchó murmurar repetidas veces la primera oración, mientras aparentaba sostener algo entre sus brazos
–Alma, por favor no te mueras… Yo, lo siento, no quería, por favor, perdóname
–Kanda ¿qué te sucede? –Habló inútilmente
–Alma, por favor no te mueras… Yo, lo siento, no quería, por favor, perdóname… –Fueron las últimas palabras pronunciadas por el asiático antes de perder el conocimiento y dejar a un inglés completamente preocupado y sin saber que hacer.
Espero que les haya gustado este capítulo y si desean dejar un review siéntanse libres de hacerlo. Recuerden que por cada 5 hay actualización ;) Si hay algún horror ortográfico les pido disculpas.
Muy feliz año nuevo todos aquellos que leen esto y ojalá todos sus propósitos puedan ser cumplidos. Sé que es un poco atrasado pero la intención es lo que cuenta ¿no? Y ojalá y los Reyes magos les traigan lo que pidan(?)
Gracias a hazukirokudo y a ZAHAKI por su review. También gracias a todos aquellos que le dedican un poco de su tiempo a esta historia.
Creo que eso es todo por ahora. Hasta la próxima actualización. Abrazos virtuales :D
Mabo-san~
