Disclaimer: DGM no me pertenece le pertenece a la desalmada Hoshino Katsura
Advertencias: (lo de siempre) universo alternativo, Yullen, lenguaje inapropiado, OoC en algún lado...
Sin más, los dejo con este capítulo
Capítulo 4
Operación: evitando al Moyashi
La primavera estaba cerca de su fin, el olor a lluvia traído por la siguiente estación se respiraba en la suave brisa del día. Aun así el calor no daba tregua y, a pesar de apenas haber comenzado el día, el ambiente ya era bastante cálido.
Abrió los ojos lentamente pero el brillo de la estancia, enfatizado por el blanco en todos lados, lo obligó a parpadear repetidas veces. Una vez se hubo acostumbrado a la luz del lugar, lo primero que visualizó fue la lámpara colgante de la habitación, chasqueó la lengua, como solo él sabía hacerlo, maldiciendo su suerte y tratando de incorporarse para largarse de ahí. Sabía que esa estancia no era su reconfortante habitación, pero francamente no recordaba por qué termino allí
–Che, blanco… –fue lo único articulado por sus labios mientras pensaba en alguien en quien no quería pensar, enojándose consigo mismo por ese signo de debilidad. Se dejó caer de nueva cuenta en su cama, no tenía ánimos para levantarse y salir de ahí, además, seguía bastante abrumado y su mente no quería ayudarle a recordar lo sucedido, por eso no reparó que él no era la única persona en la habitación
–Yuu-chan que bueno que ya despertaste. Me tenías muy preocupado, querido hijo –habló el sujeto con una voz muy aliviada mientras se abalanzaba al japonés. Esa voz y esa manera de actuar solo podían corresponder a uno de los tantos sujetos que realmente odiaba. Habiendo tantas personas en ese maldito y puto lugar quien lo recibiera tenía que ser él, rodó los ojos fastidiado y soltó un nuevo chasquido, alejando al ser que se encontraba abrazándolo. Si él se encontraba ahí su situación solo podía ser clasificada como complicada
–Con un demonio, no soy tu maldito hijo ni nada parecido. Agradezco que ni siquiera seamos familiares –respondió indiferente regresando su mirada al techo, rogando que ese tono de voz y esa manera de actuar fueran suficientes para alejarlo de él y evitar la problemática situación que le avecinaba.
–Yuu si sigues así te saldrán arrugas en el rostro muy pronto –habló en un tono paternal, acomodándose en una silla situada al lado de la cama
–Con una mierda, como si me importara. ¿Por qué carajos estás aquí? –soltó de una buena vez para apresurar las cosas, comprobando que cualquier intento para que le dejara en paz sería en vano
–¿Acaso no recuerdas lo que pasó, Yuu? –comentó con una voz muy suave, viendo fijamente a Kanda, quien simplemente no se dignaba a verlo
–Tsk –fue la única respuesta que pudo obtener la otra persona de la estancia
–Está bien, te lo diré. Un chico te trajo a la enfermería hace dos días inconsciente, cuando lo interrogué me dijo que antes de que perdieras el conocimiento estabas actuando de una manera extraña. Sino mal recuerdo su nombre era Allen-kun, parecía muy preocupado por ti.
–Che, justo lo que me faltaba –susurró y llevó uno de sus brazos al rostro, cubriendo sus ojos de la, ahora fastidiosa, luz emanada por la lámpara.
La otra persona de la habitación solo lo miró con tristeza y guardó silencio por algunos minutos mientras pensaba en su siguiente movimiento. Si bien, su trabajo consistía en mantener cuerdos a sus pacientes, odiaba entablar la relación doctor-paciente Él prefería, y por mucho, tener un trato más humano con ellos, crear un vínculo agradable y demostrarles que él realmente deseaba su recuperación y, eventualmente, su salida la institución, quería convertirse en una especie de padre para ellos, alguien en quien pudieran confiar. Si bien todos los residentes del hospital tenían una gran historia, la cual solo era conocida por sus psiquiatras y ellos mismos, también poseían una carga muy pesada la cual solamente ellos podían llevar. Él deseaba convertirse en un soporte para ellos. Después de un rato considerable de silencio volvió a articular palabra, esperando que su querido hijo le diera las bases necesarias para poder ayudarlo
–¿Estás listo para hablar sobre lo ocurrido, Kanda? –cambió su actuación paternal manejada hasta ese momento por una pose seria y profesional, después de todo debía hacer su trabajo
–Che, nada importante, solamente recordé a Alma, eso es todo –no pensaba dar más detalles de lo ocurrido a su tan amado psiquiatra Froi Tiedoll. En primer lugar, no recordaba con exactitud lo ocurrido y tampoco se sentía con ánimos para contarle el aumento de las flores de loto en el estanque. Saber que su puta enfermedad estaba empeorando realmente le estaba comenzando a joder la existencia. Y por si fuera poco, la actitud de su psiquiatra lo sacaba de quicio
–¿Estás seguro, Kanda? –replicó una vez más, debía insistir si quería obtener respuestas, solamente un milagro le haría hablar a la primera. Kanda Yuu siempre había sido una persona difícil, recordaba perfectamente la primera vez que lo atendió, a aquel joven de diecisiete años destrozado, quien solamente deseaba morir y que, eventualmente, se fue convirtiendo en alguien distante y frío, resignado a vivir.
–Con un carajo, ya te dije que no es nada grave –refutó enojado, viéndolo seriamente esta vez. Estaba completamente seguro que podría tratar su enfermedad siempre y cuando se mantuviera alejado del Moyashi, por lo tanto, no consideró necesario abrir la boa de más.
–Tanto tú, como yo, sabemos que eso no es cierto Kanda, pero por está ocasión lo dejaré pasar. Entiendo que es demasiado doloroso recordar y más aún hablar del incidente con Alma, pero por tu bien debes hacerlo, no sé por qué la habrás recordado mas un motivo debe de haber. De todos modos, siempre eres bienvenido a visitarme para tener una charla. Ojalá te pases por mi consultorio pronto dispuesto a hablar, ya que si te obligo a hacerlo ahora no obtendré los detalles que necesito saber –argumentó levantándose de su asiento y se posó al lado de Yuu, revolvió un poco su oscura cabellera y después emprendió la retirada
–Tsk, eres un vejete molesto –comentó en forma de agradecimiento. Si bien había perdido, hasta cierto punto, la manera de interactuar con los demás, Tiedoll sabía perfectamente interpretar cada una de sus palabras, pues los insultos siempre cumplían una función diferente a la de ofender al otro
–Por cierto, Yuu-chan, Allen-kun ha estado visitándote estos días. Debo admitir que me pareció bastante extraño ver a alguien que se preocupara por ti, pero realmente me alegró que estés haciendo amigos de nuevo –comentó antes de abrir la puerta para desaparecer por ésta, dedicándole una sonrisa al asiático
No pudo evitar tronar la lengua como signo de desaprobación. Ese Moyashi se estaba convirtiendo en un asunto que estaba más allá de su control. Le vino a la mente el cruel recuerdo que despertó su ataque de esquizofrenia, aquel contacto con los labios del albino, dirigió una de sus manos a sus befos recordando la exquisita sensación de probarlos y soltó una risa irónica. Definitivamente ya no podía negar más lo obvio, ese enano realmente le gustaba y estaba causando estragos en su mente, pero no era la gran cosa, encontraría una manera efectiva de matar, o por lo menos enterrar, todos esos sentimientos. No podía permitirse semejante felicidad. Estaba completamente seguro que si se alejaba lo suficiente de él, pero ahora sí de manera contundente no como su primer patético intento, lograría poner al Moyashi fuera del peligro que representaba él mismo y quizá también lograría salvarse a sí mismo. Decidido a romper todo lazo de amistad, o de cualquier otro tipo, se levantó de la cama y se fugó de la enfermería, ya después se las arreglaría con la brutal jefa de enfermeras. Si quería lograr que su plan funcionara debía de comenzar a evitar al enano marcado.
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Apenas hubo terminado de desayunar se retiró de la estancia donde se preparan los alimentos, debía dirigirse a la enfermería y probar suerte a ver si en esta ocasión podía encontrarse con Kanda. Desde el día en que colapsó frente al estanque se la pasó pegado a la enfermería, esperando noticias de su amargado sin embargo, los doctores y enfermeras no le dieron tan preciada información. Lo máximo obtenido fue un "está estable" de parte de un tal Froi Tiedoll quien se presentó como el psiquiatra de Kanda. Suspiró cansinamente y se dio cuenta que ya estaba frente a las puertas de la enfermería. Estando harto del trato brindado por los concurrentes del lugar, decidió infiltrarse al recinto mientras rogaba por no ser visto y sacado sin poder lograr su cometido. Comenzó a inspeccionar la primera parte del lugar pero no lo encontró; continuó su recorrido infiltrándose ahora en las habitaciones privadas, pero siguió sin tener suerte. Estando seguro de haber recorrido la enfermería de pies a cabeza, bastante decepcionado, salió de ahí pensando sobre el posible paradero del pelinegro.
Se dirigió con presurosos pasos al lugar más probable en el cual podría estar: su habitación, pero no lo encontró, se pasó también por la cafetería, el jardín central, los pasillos menos concurridos y finalmente su lugar especial sin tener éxito alguno en su empresa. Resignado a no poder verlo ese día, se dirigió al comedor y tratar de saciar sus ansias así. Le costaba bastante entender por qué no querían darle información con respecto a Kanda, admitía que era un enfermo más del lugar, pero eso no le quitaba el derecho de saber el estado de su amigo. Bastante decepcionado se dirigió a la ventanilla para ordenar y se encontró a Jeryy
– Allen-chan, es un gusto verte por aquí, ¿qué puedo hacer hoy por ti? y ¿cómo te fue con tu cita? –habló con el júbilo que le caracterizaba
–H-hola Jeryy-san, vengo por lo de siempre y preferiría no hablar de eso –respondió algo apenado, mientas la escena del beso venía a su mente
–De acuerdo, Allen-kun. En un momento estará lista tu orden y espero que las cosas con tu querida se solucionen –el hindú desapareció por la ventanilla y el albino no pudo evitar sonrojarse, admitía que era un adolescente medianamente atractivo y que podría tener a cualquier chica a su merced, y más en ese lugar sin embargo, su corazón lo traicionó y terminó siendo seducido por un hombre que para colmo era un amargado terrible. Suspiró cansinamente al recordar que no sabía cosa alguna de Kanda aún y se limitó a esperar su orden.
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Después de cambiar su bata por el horrendo uniforme blanco del hospital, confiando en su memoria, se dirigió cautelosamente al comedor para evitar ser visto y saciar su apetito; el albino ya debería haber pasado por esa estancia y andaría en algún otro sitio perdiendo el tiempo, pero estando a punto de entrar se paró en seco y divisó al enano sentado en el lugar de siempre, atragantándose como de costumbre. Tronó la lengua y se alejó del lugar lo más rápido posible, ya encontraría otro momento para satisfacer su hambre. Realmente pareciere que el destino estaba aferrado en joderlo y obligarlo a recrear una nueva tragedia, pero esta vez no lo permitiría. Comenzó a caminar sin un rumbo fijo, pensando en qué hacer a continuación y solo atinó en ir a encerrarse a su preciada habitación, estando seguro que ahí se salvaría de él.
Y así se pasó una semana entera, cambiando su horario de salir de la habitación, evitando pasar por los recintos frecuentados, huyendo cada vez que el Moyashi andaba cerca, saliendo en la madrugada a cuidar su jardín, pidiendo su comida "para llevar" e ingerirla en sitios inimaginables, encerrándose en su habitación y visitando el gimnasio más de lo que le gustaría. Pero todos sus esfuerzos estaban rindiendo frutos, no se quejaba del todo, el número de flores de loto vistas en el estanque estaban comenzando a disminuir en una manera positiva, y también sentía que esa distancia formada para destruir sus sentimientos funcionaba, bien era cierto que la distancia mata la pasión, pero también era cierto que los recuerdos son espadas de doble filo, ese maldito beso que le dio al albino en un arrebato de debilidad no lo dejaba en paz, siempre aparecía cuando menos se lo esperaba, recordándole que jamás podría encontrar la felicidad. Parecía que el incidente del trágico día comenzaba a dejarlo en paz.
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Su situación realmente era el colmo. Se levantó más temprano de lo usual, esta vez no permitiría que su objetivo escapara. Llevaba una semana sin poder verlo, definitivamente éste estaba haciendo un buen trabajo al tratar de evitarlo. Había ido a todos los lugares posibles para poder buscarlo y en ninguno había tenido éxito. Después de su colapso frente al estanque, pareciera que la tierra se lo había tragado. Todavía existía una explicación para que no lo hubiera encontrado, pero se negaba a aceptarla. Ese amargado orgulloso no pudo haber sido derrotado por su esquizofrenia. En fin, decidió levantarse, darse una ducha e ir a la habitación de Kanda, para ver si esa mañana la suerte estaba de su lado.
Caminó rápidamente por los pasillos y llegó a su destino, respiró profundo y se dispuso a golpear levemente la puerta de madera ubicada en frente suyo, realizó la acción, esperó unos segundos, mas no obtuvo respuesta. Aún así no se daría por vencido, todavía cabía la posibilidad de no haber sido escuchado y tocó una vez más, empleando una fuerza mayor, aun así consiguió el mismo resultado. No se dio por vencido y siguió repitiendo la misma acción por aproximadamente media hora, solo que en algunas ocasiones clamaba el nombre del japonés sin embargo, el resultado era el mismo: nada. Aquella situación realmente comenzaba a superarlo, por más que lo hubo intentado, y vaya que lo hizo, Neah comenzaba a aparecer de nuevo. Al parecer no fueron suficientes las visitas frecuentes con Link, su psiquiatra, y el cambio de medicación. "El músico" estaba de regreso y no deseaba volver a ser controlado de nuevo.
Se dejó caer, utilizando la puerta como apoyo de su espalda, cubriendo su marcado rostro con las manos. Estaba completamente harto de la situación, le hacía sentir imponente. Se había prometido a ayudar al de fría mirada, pero no sabía siquiera dónde estaba éste para realizar su cometido. La angustia lo estaba convirtiendo en su presa. Pero eso no era todo, sabía que Kanda era el único que podía ayudarlo, sonaba bastante egoísta pero necesitaba la presencia del japonés para que le ayudara con Neah. Soltó un suspiro cansino y se quedó ahí tirando, divagando en todos sus recuerdos, apagándose lentamente. Después de una leve sacudida de su cuerpo y un constante parpadeo se incorporó lentamente, pero esta vez quien controlaba el cuerpo poseedor de una blanca cabellera no era Allen Walker, era Neah.
–Es realmente increíble lo fácil que puede ser quitarle el cuerpo a este tipo, aunque eso solo puede significar una cosa –soltó una leve risita y se levantó –Este mocoso definitivamente es un inútil. Mira que haber podido controlarme en menos de un mes y después permitirme hacer lo que quiera… Sino mal recuerdo ésta es la otra sección del hospital, por aquí debe andar ese afeminado que le causa problemas al enano. Creo que una pela con él no estaría mal… –Así que, dispuesto a buscar al pelinegro, comenzó su caminata de búsqueda, moviendo de vez en cuando sus extremidades para volver a acostumbrarse a éstas.
El sueño le había abandonado hace ya un buen rato, pero no deseaba levantarse todavía, o más bien no debía si no quería arruinar la técnica que le estaba dando tan buenos frutos para evitar al Moyashi. Se sentó al borde de la cama, se colocó en su pose de meditación y esperó por la hora previamente fijada para abandonar la estancia. Todo hubiera ido según lo planeado de no ser porque alguien osó interrumpir sus momentos de meditación tocando a su puerta. Bufó quedamente y simplemente decidió ignorar al sujeto, quien parecía querer derribar la puerta. Harto de ese molesto ruido se levantó, estando dispuesto a golpear a quien lo estaba jodiendo con tan molesta acción, pero se controló y cayó en cuenta que la persona detrás de la puerta podría ser el enano. Y no se equivocó. Era la primera vez que le tocaba soportar sus constantes llamados y, para gran sorpresa suya, era algo bastante duro.
Los treinta minutos siguientes fueron los más largos de su existencia, ese caballeroso chico se mantuvo tocando el pedazo de madera y, ocasionalmente, llamándolo sin tregua, hasta que paró y se deslizó, usando la puerta como apoyo, para llegar al piso y comenzó a sollozar. Eso logró que flaqueara por unos instantes. Se dio cuenta que estaba a punto de llegar a la puerta para abrirla y consolar a su nuevo dolor de cabeza, pero se controló justo a tiempo y solo se quedó de pie, esperando por la retirada del otro la cual, para su fortuna, sucedió instantes después. Se dio cuenta que si bien los esfuerzos realizados le estaban dando frutos, no eran del todo suficientes. Según él, al alejarse del Moyashi, sus sentimientos hacía él terminarían enfriándose y eventualmente desaparecerían, pero parecía no ser verdad, pues el incidente de momentos atrás solo le demostró que aún era un idiota debilucho incapaz de destrozar al chico que le trajo un rayo de esperanza a su vida. Estando seguro de la retirada del peliblanco decidió ir al gimnasio para deshacerse de todos esos sentimientos que no dejaban de joderlo.
Una ardua sesión con el costal de box le ayudó a deshacerse de toda esa frustración sentida consigo mismo. Se dirigió a los vestidores y se dispuso a tomar una ducha, sentir las gotas de agua tocar y recorrer su cuerpo le hacía sentir mejor, de alguna manera pensaba que el líquido incoloro se llevaba sus pesares muy lejos. Cerró las llaves y se preparó para continuar con su día dejando, en esta ocasión, su oscura cabellera húmeda suelta. Comenzó a recorrer el pasillo lentamente pensando en su siguiente movimiento, pero la voz de alguien hizo que su sangre se congelara
–BaKanda realmente tienes cabello de mujer –habló con sorna
–Moyashi –mustió dándose cuenta que el ser detrás suyo era Neah
–Te ves más idiota desde la última vez que nos vimos –caminó en dirección suya y se cruzó de brazos, dibujando una sonrisa maliciosa en sus facciones
–Deja de decir tonterías Moyashi –se cruzó de brazos también y evitó establecer contacto visual con el albino
– ¿Por qué tan tranquilo hoy? –interrogó realmente curioso, estaba seguro que si alguien osaba ofender su cabello habría una pelea garantizada
–Eso no te incumbe Neah, solo desaparece de mi vista –soltó disgustado y emprendió la retirada para evitar cualquier interacción, aun así le preocupaba bastante que Neah poseyera el cuerpo de Allen
–Nada de eso, BaKanda. Tú no te vas de aquí hasta que arregles las cosas con Allen
–¿De qué carajos hablas Moya… Neah? –se corrigió instantáneamente, el mote de Moyashi solo le pertenecía al Moyashi, no a Neah
–Eso le toca a Allen explicártelo, solo te diré que yo aparezco cuando él se siente, digamos, solo
–No me vengas con esas estupideces, no creo que seas del tipo que se preocupa por los demás
–En eso tienes razón, BaKanda pero debo de confesarte que ese adolescente idiota realmente me importa, podrá ser un sentimentalista llorón, pero cuando ambos nos sincronizamos la cosa se pone divertida. Como sea, me retiro, fue un gusto volver a verte aunque no pude agarrarme a golpes contigo. Hasta la próxima –habló tranquilamente, acerándose al rostro del ojinegro y, en un rápido movimiento, le besó. El otro se quedó estático, su cerebro no podía procesar la información correctamente, pero después de ese rápido roce de labios el albino perdió el conocimiento cayendo en el pecho del mayor, quien lo sostuvo entre sus brazos para evitar su caída, sin muchas ganas de querer hacerlo, hablar con él solamente contribuiría al desarrollo una nueva tragedia. Unos instantes después, el peliblanco se removió entre sus brazos y se despertó, ocasionando un sonrojo en sus pálidas mejillas.
–Gracias, lo siento, no sé q… ¡Kanda! ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? Espera, estás bien –gritó lo último y se abalanzó al asiático
–Tsk, con una mierda Moyashi, quítate de encima. ¿Qué crees que pasó? –masculló, sintiéndose feliz en el fondo, apartando al inglés de su cuerpo
–Pues yo que sé, estaba sentado frente a tu habitación tratando de encontrarte y repentinamente yo… olvídalo. Neah pasó ¿verdad?
–Genio. Como sea, me largo y ni se te ocurra seguirme
–No
–¿No qué?
–No pienso dejarte ir, estuve toda la maldita semana buscándote ¿sabes lo preocupado qué estaba? Incluso pensé que habías sido mandado a la sección A
–¿Quieres que te felicite o algo así por haberme encontrado? –comentó altanera y burlescamente, no podía echar por la borda todo el esfuerzo de la semana pasada
–¡Maldita sea, Kanda! ¿Te cuesta tanto trabajo ser amable por una vez en tu vida? –tomó al amargado por el cuello de su playera, apretando éste con fuerza, por más caballeroso y educado que fuera, esas virtudes suyas siempre eran puestas a prueba por él
–¿Y por qué tendría que serlo? Ya te lo dije, tanto tú como yo somos dos enfermos más en este maldito lugar, no encuentro la utilidad de entablar amistades aquí –habló con un tono extremadamente frío, dirigiéndole una mirada de superioridad a quien lo tenía apresado
El albino no pudo soportar más esa actitud de Kanda, aflojó el agarre de la camisa del pelinegro hasta desvanecerlo y le soltó un buen puñetazo en la cara, el japonés no se esperó ese golpe y, a pesar de no haber sido muy potente, terminó en el suelo, levantó su mirada incrédula al albino y lo vio de pie, apretando fuertemente sus puños, escondiendo sus platinos ojos con su cabello y recordó las palabras dichas por Neah: "cuando ambos nos sincronizamos la cosa se pone divertida". Se levantó como si nada y emprendió la retirada, comenzar una pelea en ese instante resultaría problemático. Allen, sorprendido por el golpe que nunca llegó, levantó su mirada y vio al amargado retirarse, ¡ese afeminado estaba huyendo!, no se lo iba a permitir, necesitaba hablar con él por eso lo había estado buscando sin descanso. Corrió para alcanzarlo y lo tomó fuertemente del brazo, el otro sin mucho esfuerzo se zafó y continuó su camino. El albino, sorprendido aún, lleno de rabia por tal comportamiento, volvió a alcanzarlo, pero está vez le jaló el cabello con fuerza para que se dignara en prestarle atención. Y lo consiguió, solo que obtuvo como respuesta un golpe en el estómago y una especie de "déjà vu" lo abordó. Kanda realmente había tratado de controlarse, pero ese tirón en su cabello no pudo perdonarlo. Si el enano buscaba pelea se la daría entonces.
–Parece que jalarte el cabello es la única manera para que me prestes atención –articuló con dificultad, ese golpe sí que lo había afectado
–Tsk, ¿es todo lo que tienes que decir? –refutó resignado, al parecer no le quedaba de otra más que escuchar a ese enano
–Claro que no, BaKanda –habló con mayor facilidad, al parecer el ojinegro había accedido a escucharlo –De hecho lo que vengo a contarte es una larga historia
–Che, ¿no lo puedes dejar para después, Moyashi? –comentó intentando evitar esa charla
–Me temo que no, Kanda. Es muy importante para mí que sepas lo que te voy a contar –dijo con una sonrisa en el rostro
–Con un carajo, comienza de una buena vez Moyashi que no tengo todo el día –mustió sabiendo que acababa de tirar a la basura todo el trabajo de la semana pasada. La forma de actuar del Brote de habas le resultaba extraña y presintió que algo malo saldría de su conversación
–Está bien, Kanda… –pronunció en un susurro, dirigiéndole otra sonrisa al japonés. Éste corroboró su mal presentimiento y solo decidió esperar a que el enano comenzara a hablar
–Lo que deseo contarte es mi vida… –desvió la mirada del pelinegro y en sus facciones se formó una nueva sonrisa, pero esta denotaba melancolía. Kanda solo tragó grueso ante tan desconcertante actuación.
Notas en el próximo capítulo -W-
Mabo-san
