Ddisclaimer: D Gray-man le pertenece a Hoshino Katsura, si fuera mio no sufrirían con parones de más de un año ;w;
Advertencias: universo alternativo, muchos recuerdos, Yullen, etc.
Disfruten del capítulo
Capítulo 5
Recuerdos: la historia de un niño después de quedar huérfano. Te necesito a mi lado.
Flashback
La tarde no podía ser más triste, la lluvia comenzó a caer desde temprano y no había parado desde entonces, además los sollozos de un niño de blanca cabellera resonaban en aquel lugar donde descansan los muertos al ver como el ataúd, que contenía el cuerpo del que fue su padre, comenzaba a descender al hoyo que formaría parte de su última morada. Los presentes realmente sentían pena por el pequeño, el pobre nunca pudo conocer a su madre, debido a su prematura muerte, su padre ahora se encontraba muerto y, como si no fuese suficiente, no tenía algún otro pariente. El pequeño niño observaba atentamente los preparativos realizados antes de comenzar a verter la tierra en el agujero, mientras las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, disimuladas solo un poco por la fría lluvia, y entonces se dio cuenta que la vida podía ser muy cruel y despiadada si se lo proponía.
Un hombre de pelirroja cabellera y con un cigarro en los labios se posó a su lado y depositó una de sus manos en su hombro izquierdo, en señal de consuelo. Ese hombre era Cross Marian, un amigo muy cercano de su padre –Mana Walker– quien casualmente había ido a visitar a su amigo el día de su defunción, ahorrándole así al pequeño todas las molestias conllevadas por el papeleo. Ese pelirrojo la mayoría de las veces le sacaba de quicio, pero en el fondo era una buena persona, desde que podía recordar éste siempre ayudaba a Mana y ahora estaba haciendo lo mismo con él. Marian se había quedado su lado y lo consoló, por llamar de alguna manera el apoyo brindado durante todo el tiempo transcurrido hasta el entierro, pero no podía hacer más por él; una vez terminado el funeral sería llevado a una casa hogar. Cross abandonó su antigua posición y se dirigió a lo que sería la tumba de su amigo, tomó la pala y vertió el primer montón de tierra en el agujero, al instante otros amigos de Mana le siguieron. Allen solo podía observar atentamente, dejando fluir las lágrimas, las cuales disminuían su cantidad paulatinamente pues con cada montón de tierra le alejaban de su querido padre, con cada montón de tierra le quitaban las esperanzas de vivir, con cada montón de tierra se llevaban su felicidad, con cada montón de tierra lo asesinaban sin piedad.
La lluvia cesó en el instante en que los hombres dejaron de trabajar, el de mirada grisácea se acercó lentamente a la última morada de su padre, sosteniendo un ramo de flores fuertemente, quedándose de pie, inerte, observando las palabras grabadas en la lápida, recordando las últimas palabras dichas por Mana con esa sonrisa que alguna vez le trajo dicha: "no te detengas, sigue caminando". Esas palabras bien podrían ser clasificadas como sabias sin embargo, no tenían mucho significado para un niño que, en teoría, lo perdió todo. Dejo las flores con un gran recelo, dirigió una última mirada a la tumba y dio media vuelta, quería seguir llorando y quedarse ahí para morir e ir con su familia, pero no podía, Mana jamás se lo perdonaría. Sin embargo, sus ojos ya no reflejaban rastro alguno de vida. El pelirrojo le llamó y comenzaron a caminar, alejándose de ese sitio que le trae dolor a las personas.
Una vez más se encontraba frente a la tumba de Mana con un ramo de flores. Un año había transcurrido desde la partida del único ser a quien realmente quiso, pero esta vez no como un huérfano. Se inclinó y colocó las flores en agua para que duraran un poco más, se quedó de rodillas frente a la lápida y la observó por largos minutos; susurró en tono muy débil un "estoy tratando de seguir caminado" y se retiró. Prolongar su estadía en ese triste lugar solo le haría más daño porque un año no le era suficiente para poder curar una herida de ese tamaño, y mucho menos para un niño de once años de edad. Buscó un poco con la mirada y encontró lo que buscaba: el hombre que le trajo, su nuevo padre, El Conde del Milenio, definitivamente era un sobrenombre raro, pero así lo llamaban. Este hombre con aspecto extravagante se acercó al peliblanco tranquilamente, le removió un poco los cabellos y habló
–¿Has terminado ya, Allen-kun?
–Sí, Conde.
–Okay~ entonces apresurémonos, pues Tyki-pon y Road nos esperan~
Allen asintió y comenzó a seguir al Conde hasta llegar al auto, adentro se encontraban los mencionados, quienes eran sus hermanos. Tyki era un sujeto bastante relajado y despreocupado, le llevaba siete años, pero aun así le agradaba y se "llevaba bien" con él, poseía una cabellera oscura ondulada y unos ojos dorados. Por su parte Road, quien tenía nueve años, lucía una cabellera azul en un peinado peculiar y una azabache mirada, fue su compañera en el orfanato, una niña bastante alegre y, ocasionalmente, algo sádica, aun así le cogió bastante cariño en ese lugar y el sentimiento era recíproco, se podría decir que era su única amiga, pues pasar tiempo con ella no le resultaba tan fastidioso y hasta era divertido. La chica lo vio y se le lanzó encima, brindándole un abrazo de consuelo, porque sabía perfectamente cómo se sentía su querido hermano. Éste le correspondió y después todos subieron al auto, dando comienzo así a su viaje.
Sin muchos miramientos decidió sentarse a lado de la ventana, permitiéndose así observar el paisaje brindado: edificios enormes grises, autos atorados en el tráfico, gente caminando de prisa, nada especial que pudiera llamar su atención. Esa triste y deprimente visión solamente le traía recuerdos, memorias acontecidas, situadas después de la muerte de su querido Mana. Su llegada a la casa hogar, su aislamiento para con los otros niños en ésta acompañado de un muy mal comportamiento, la amistad entablada con la pequeña Road, las constantes pesadillas que le asaltaban por las noches, su vacío en el corazón, la llegada de ese tal Conde, su adopción junto con la peliazul, su nueva familia, las palabras de Mana, su prematura maduración, el dolor, las terribles pesadillas que le seguían visitando en la noche, ese vacío que no se llenaba a pesar de tenerlo todo… El auto se detuvo y divisó una enorme mansión, al parecer habían llegado a la casa de uno de sus tantos hermanos, pues El Conde no tenía hijos propios y decidió adoptar tantos como se le permitiese.
La visita a la mansión de Sheril solo podía significar una comida familiar. Suspiró cansinamente, aún seguía sin acostumbrarse a ese tipo de reuniones, intentó adaptarse a ellas y a su nueva familia, pero algo simplemente no lo dejaba. Seguir caminando resultaba bastante complicado. Abrió la puerta y salió del auto, ayudó a Road, esperaron al Conde y a Tyki y se encaminaron a la entrada de la mansión. Era hora de usar la máscara del niño amable y educado que lo sacaba de situaciones complicadas, aunque por dentro estuviera completamente destrozado. Road lo notó y le tomó por la cintura, esa niña era la única que verdaderamente lo entendía, le dedicó una sonrisa sincera y enseguida portó su máscara, esperaron unos instantes en el porche, la puerta se abrió, fueron recibidos de manera cálida y la obra comenzó. Realmente aborrecía esas situaciones.
Los meses pasaban y la máscara que había creado Allen para escapar de las situaciones problemáticas y tediosas se hizo un hábito muy común en él, ya no la usaba solamente en las reuniones familiares, también la utilizaba en la escuela e, inclusive en "su hogar", para evitar cualquier tipo de contacto innecesario. Solamente podía ser él mismo en su propia habitación cuando se encontraba solo y, algunas veces, cuando estaba con Road, quien a pesar de su corta edad sabía perfectamente lo que el peliblanco hacía y le preocupaba mucho, pues eso solo podía significar que la muerte de su padre no había sido superada y todo ese dolor lo cargaba él solo, sin decir nada a los demás para evitar ser una molestia. Y lo peor de todo era que sus intentos por ayudarlo no eran suficientes, habló con Allen e intentó hacerlo recapacitar pero no obtuvo los resultados deseados, solamente esa sonrisa fingida creada para evitar situaciones complicadas; incluso habló con el Conde, pero éste no podra hacer algo para ayudarlo si su querido peliblanco no se lo permitía. Era muy doloroso para ese par verlo así.
La rapidez con la que fluye el tiempo ocasionó la llegada, una vez más, del aniversario de la muerte de su querido Mana. Allen, con ya trece años de edad, se encontraba frente a la última morada de su padre, esta ocasión había sido llevado solamente por El Conde quien le esperaba en el auto. Adam Noah, mejor conocido como "El Conde Milenario", realmente peleaba por ganarse la confianza y cariño del chico a quien había adoptado tres años atrás, ya que a pesar del tiempo que llevaban viviendo juntos, no había podido acercarse realmente a él, su relación era bastante superficial. Había tratado de darle todo lo que pedía más su cariño, pero aun así el pequeño huérfano adolescente no le correspondía. El único momento en el que realmente podía acercarse a él era en esa triste fecha, en la cual bajaba sus defensas y se encontraba vulnerable, así como cuando se pasaba horas tocando frente al piano obsequiado en su cumpleaños número doce, donde podía apreciar los verdaderos sentimientos del pequeño Allen, los cuales eran cristalizados en las hermosas y trágicas melodías que aquel chico peliblanco creaba. Escucharlo tocar ese instrumento le permitía comprender mucho mejor al adolescente, pero por más que lo intentara le era imposible quitarle aquella máscara, tan odiada para Adam, que se creó.
Tratado de olvidar su línea de pensamientos, divisó a su pequeño músico caminar en dirección a la tumba de su antiguo padre hasta que le perdió de vista. El ojigris depositó el hermoso arreglo de flores blancas que llevaba sobre la tumba y se quedó observando detalladamente aquel espacio del camposanto, por más fuerte que aparentara ser, su debilidad lo abordó y algo en su interior se rompió; sus piernas no pudieron soportar el peso de su cuerpo, dejándolo caer de rodillas, tenía un nudo en la garganta y deseaba dejarlo salir, pero las lágrimas de sus apagadas orbes ya no querían fluir, aun así una especie de llanto silencioso se apoderó de él, ocasionando un temblor involuntario en sus cuerpo y sus manos estaban apretando la tierra con una gran fuerza. Cualquiera podría jurar que el adolescente se encontraba llorando, pero en sus ojos no había rastro de lágrimas que lo delataran sin embargo, su interior estaba desmoronándose lentamente.
Después de unos minutos en aquella posición levantó el rostro y se quedó apreciando el cielo, Mana le había dicho que no importa lo que pasara él debía seguir caminando, debía seguir viviendo, pero por más que lo hubiese intentado, y vaya que lo hizo, no encontraba razón alguna para vivir. Estaba bastante agradecido con El Conde, pues le había dado todo lo que cualquier niño podría desear: una educación, un sinfín de juguetes, una familia, cariño y amor, pero aun así su corazón se seguía sintiendo vacío, no había encontrado la forma de llenarlo, lo único que le brindaba felicidad era el piano recibido en su cumpleaños e, irónicamente, su máscara, la cual prácticamente se había apoderado de él. Recuperando la compostura se incorporó lentamente con la mirada perdida, debía seguir caminando, por Mana, por su nueva familia e, incluso quizás, solo quizás, por él mismo. Miró por última vez el sepulcro de su padre y comenzó su caminata para encontrarse con Adam.
Otro aburrido día comenzaba para un Allen de catorce años de edad, ir a la escuela no le agradaba bastante, pero seguramente Mana le habría obligado a ir y por eso lo hacía. Estando en las puertas de aquella institución divisó a una persona que en su vida creyó volvería a ver. Un pelirrojo despreocupado, fumando tranquilamente se encontraba parado como si nada en la entrada de la institución, el adolescente se sorprendió bastate y sin pensarlo demasiado se acercó a Cross, el otro, por su parte, al divisar al peliblanco apagó su cigarro y esperó por su llegada
–Cross, es un milagro verte por aquí –por alguna razón el peliblanco se sentía feliz y se deshizo de su máscara
–Tranquilo chico idiota, solamente tenía curiosidad por saber lo que fue de ti tras tu adopción por el Conde
–¿Cómo sabes eso?
–Realmente eres un chico idiota, fui yo quien arregló tu adopción, Mana me encargó buscarte una buena familia por si alguna vez él llegaba a faltar
–Mana…
–Vamos a dar un paseo, Adam me permitió hacerlo, así que camina
Dicho lo anterior Allen comenzó a seguir a Cross, quien caminaba sin un rumbo fijo, aunque no lo pareciera ese chico le preocupaba. Después de recibir una llamada del Conde, unas cuantas semanas atrás, en la cual le platicó el comportamiento tan deprimente del hijo de su mejor amigo, sentía una obligación de hacer algo por el chico, hubiera venido antes pero su trabajo le tenía demasiado ocupado, ser el jefe de un bufete de abogados no era nada sencillo, pero se las arregló para intentar hacer algo por Allen. Caminaron hasta llegar a un pequeño parque lleno de árboles, una fuente y algunos puestos ambulantes. Divisó una banca y se sentó seguido del ojigris. Buscó algo entre los bolsos de su abrigo y sacó otro cigarro, lo encendió y se puso a jugar con el humo antes de comenzar. Pasaron varias horas platicando y el gran Cross Marian entendió la situación de Allen, ese adolescente realmente era un perfecto idiota, tratar de tragarse todo el dolor que sentía y fingir ante los demás era bastante estúpido, pero al parecer era la única manera que encontró para poder seguir viviendo. No podía entender el enorme lazo que ese chico y Mana habían entablado. Lo invitó a comer y continuaron con la charla, esta vez el pelirrojo le estaba dando una especie de terapia al otro, mintiéndole en algunas cosas para intentar sacarlo del profundo abismo en el que él mismo decidió sumergirse
–Ya que eres tan bueno para la música deberías tomarlo como algo más serio
–Pero ¿para qué?, no le encuentro mucho sentido, solamente toco para desahogarme
–¿Sabes? Alguna vez Mana, en las tantas borracheras que tuvimos antes de que se casara, me confesó que uno de sus más grandes sueños era convertirse en un gran músico y que sus hijos siguieran ese camino
–¿Eso es cierto, Cross?
–¿Por qué habría de mentirte, chico idiota?
Después de la comida, el pelirrojo acompañó a Walker a su hogar y se despidió, amenazándolo con que para la próxima vez que viniera a visitarlo debería de ser un músico profesional, sino se lo llevaría como su aprendiz y solamente Dios podría salvarlo. El chico le prometió que haría todo lo que estuviera a su alcance para lograrlo y así evitar un destino bastante escalofriante, además si era el sueño de Mana, lo cumpliría por él. Y por fin, con un propósito en la vida,, entró a su hogar deshaciéndose de su máscara para hablar con el Conde y pedirle le ayudara con esa fantasía, aun así el vacío de su corazón seguía presente, aferrarse a un sueño no era suficiente, necesitaba encontrar a alguien que le ayudara a llenar esa molestia. Y por ese sencillo motivo la decisión recién tomada lo llevaría a su perdición.
Adam comenzó a hacer llamadas para apoyar al peliblanco con su sueño, cosa bastante sencilla debido a su influencia. Realmente le hacía demasiado feliz saber que por fin el chico ojigris, a quien había adoptado, tenía una razón de ser y le era sincero, y en menos de un mes logró colocarlo en la mejor escuela de músicos, aunque ésta implicaba su estancia permanente en la institución. Eso a Allen no le importó en lo más mínimo, mientras pudiera preparase para cumplir el sueño de su amado padre haría lo necesario para conseguirlo. Vivir en El Arca sonaba bastante interesante, podría aprender sobre algo que le hacía sentirse bien consigo mismo y haría feliz a Mana dondequiera que éste estuviera. Pero ese pensamiento no duró mucho.
Una vez estando Allen instalado en el Arca se dio cuenta que todos en ese lugar aspiraban a la fama y la gloria, y actuar como un chico cortés y educado no le serviría de nada. Para alcanzar el sueño de su amado padre debería de ser arrogante y egoísta, y con esa filosofía, nació Neah, pero ya no era una simple máscara que él pudiera controlar, Neah definitivamente era un nuevo individuo. Sus ganas de cumplir aquella quimera realmente eran impresionantes. Y gracias a esa ilusión tan estúpida se olvidó de su propia felicidad, provocando que ese vacío, el cual se había llenado un poco, creciera aún más. Durante varios meses Allen tuvo el control de su cuerpo durante las tardes, una vez que las clases habían terminado. Le resultaba bastante complicado tener que perder la conciencia por un tiempo bastante considerable, donde no sabía lo que hacía Neah, tampoco sabía con exactitud el tipo de persona que era, pero por lo menos sus intereses en común le permitían utilizar lo aprendido por éste. Sin embargo, con el trascurrir de los meses el dominio de su cuerpo lo perdía, sin nada que pudiera hacer, al parecer convertirse en un músico reconocido era lo único importante.
Llegó la fecha en el que el quinto aniversario luctuoso de Mana se cumplía y el Conde decidió ir a visitar al peliblanco joven para realizar la habitual visita a la tumba del único ser a quien éste amó. Pero su sorpresa fue gigante al encontrarse a un Allen completamente cambiado, a quien esa fecha le parecía poco relevante, pues ese día tenía un recital bastante importante y le era imposible faltar, y más si la causa era algo tan trivial. El Conde quedó bastante estupefacto, no encontraba palabras que decirle al joven delante de él, esa manera de actuar no era para nada parecida a la del chico a quien adoptó. Por su parte "Allen" al ver que la conversación había terminado se retiró sin mayor ceremonia para prepararse para el recital. Adam solamente permaneció sentado, observando al chico hasta que éste desapareció de su vista y no pudo evitar sentir un gran sentimiento de culpa.
Una semana después de aquel incidente, Allen por fin pudo utilizar su cuerpo y notó que la fecha más importante para él había pasado y se maldijo a sí mismo por no poder siquiera hacer algo tan sencillo como ir a visitar a su padre; entregar su cuerpo para tratar de cumplir el sueño de la única persona a la que amó y no poder ir a contarle sus avances le hizo sentirse de lo peor. Después de ese día no volvió a tener control de su cuerpo hasta el día en el que el sexto año de la muerte de Mana llegó, así como el incidente que lo llevó al hospital psiquiátrico.
Neah se la pasaba peleando y causando problemas en El Arca, pero debido a su talento la expulsión no era un castigo para él, y por eso el joven de dieciséis años hacía lo que le placía. Sin embargo, todos tienen un límite y el albino lo pasó extraordinariamente, y aunque fuera el mejor pianista del mundo, su comportamiento no tenía comparación y fue expulsado, justamente el día de la muerte de Mana. Adam recibió la noticia y, bastante decepcionado, decidió que debía ir a recoger a Allen personalmente, tenía que hablar con él y poner en su lugar a ese jovencito. Road, bastante preocupada por lo que escuchó, le rogó a su padre adoptivo por que le permitiera ir y lo consiguió. Ambos llegaron al vestíbulo de la escuela y pudieron divisar a "Allen" con sus cosas listas para irse, así como al director de la escuela. El Conde del Milenio le ofreció una gran disculpa a su amigo y éste se retiró restándole importancia al asunto, pero eso sí, recomendándole que llevara a Neah con un médico para ser examinado. Adam se extrañó por el nombre utilizado pero no le importó, lo más probable era que Neah fuera su alias, simplemente se acercó a Allen y comenzó a reprenderlo
–¿No se supone que querías llegar a ser un gran pianista, mi joven músico?
–Claro que quiero ser un gran pianista, lo que pasa es que la gente de este lugar es bastante incompetente y no me entiende
–Allen ¿por qué dices eso?
–¡Eso qué importa!, además yo no soy Allen. Mi nombre es Neah, Neah Walker, quien se ha ganado el nombre de "El músico"
–No digas esas cosas Allen…
–Maldita sea, ¿no entiendes que me llamo Neah?
–¿De qué hablas? Tú eres Allen Walker, decidí aceptar tu decisión de conservar el apellido de tu padre cuando te adopté. No sé de donde sacas que tu nombre es Neah –ante ese comentario la poca cordura que quedaba en el cuerpo del albino desapareció y algo en su interior se rompió
–¡Cállate!, ¡cállate!, ¡cállate!, tú no sabes nada sobre mí. Mi nombre es Neah Walker y yo no tengo familia, mi única razón para existir es convertime en un gran músico y demostrarle a toda esta bola de idiotas incompetentes que yo soy mucho mejor que todos ellos, que a pesar de sus estúpidos comentarios de superioridad lograré psarlos sin problema alguno
–Allen… tranquilo…
–¡Qué no soy Allen!
Y segado completamente por la furia, dejándose llevar por el dolor y el vacío que padeció su corazón por todos esos años, se lanzó contra el Conde con intenciones de matarlo. La forma de actuar de ese sujeto realmente le fastidiaba, que trataran de ser amable con él le sacaba de quicio, así que lo derribó al piso y colocó sus manos alrededor de su cuello, comenzando a asfixiarlo. Road veía con horror la escena, le era imposible creer que su querido Allen actuara de esa manera y corriendo, a pesar de tener solamente catorce años, se abalanzó contra éste para evitar una desgracia. Logró quitarlo del cuello de su padre adoptivo, pero aun así él tenía fija su meta de matarlo todavía y, sin mucho esfuerzo, la aventó contra una de las columnas que ahí se encontraban, Adam al ver la irracional conducta de su hijo adoptivo no tuvo otra opción más que enfrentarse a él, de lo contrario las cosas terminarían bastante mal.
Comenzaron una pelea nada grata y, sorpresivamente, el joven oji gris llevaba la ventaja, logró dejarlo en el piso una vez más, pero esta ocasión utilizó un florero como apoyo para derribarlo. Adam, con un intenso dolor en la cabeza, sangre escurriendo por ésta y con las manos del chico sobre su cuello, intentó alcanzar un trozo de la porcelana, cosa que consiguió después de un gran esfuerzo. La vista comenzaba a fallarle y el aire le falta, ya sin saber bien lo que hacía levantó la mano con la que sostenía el pedazo de porcelana y lo dirigió directo a la cara del inglés, quien falló al evitarlo, y la parte izquierda de su rostro fue cortada, produciendo que la sangre comenzara a brotar constantemente. Gracias a la terrible herida en su rostro, Neah fue vencido por Allen, quien al ver lo que hacía su otro yo se alejó inmediatamente del cuerpo inconsciente del ser que lo adoptó, dándose cuenta que también dañó a la pequeña Road. Horrorizado, manchado por su propia sangre, no pudo soportar más la situación y se desmayó.
Cuando abrió los ojos, en realidad cuando abrió el único ojo que podía utilizar, se percató que estaba en un hospital y a su lado había un oficial que le estaba vigilando. Bastante extrañado intentó sentarse en la cama y lo logró, pero notó que en su muñeca izquierda tenía puestas unas esposas atoradas a la cama. Todavía extrañado miró al oficial, éste se acercó y le informó acerca de su situación. Al parecer intentar encontrar la felicidad y cumplir el sueño de Mana resultó ser la peor elección que tomó en su vida. El pobre inglés tenía una orden de arresto en su contra por intento de homicidio hacia Adam hecha por Sheril y el bondadoso Conde del Milenio estaba en coma, afortunadamente Road no había sufrido heridas graves, pero aun así él se sentía como basura. Seguir caminando ya no tenía sentido, pues al intentarlo lo único conseguido fue arruinarse la vida.
Mientras el joven albino tenía pensamientos suicidas, un hombre de imponente porte y pelirroja cabellera entró en su habitación y le proporcionó un buen coscorrón. Después de decirle que era un perfecto idiota, le informó que él personalmente, llevaría su caso. Cross Marian se lo debía, pues por tratar de darle una buena vida al inglés solamente se la arruinó, al parecer haberlo hecho su aprendiz hubiera sido lo mejor. La duración del juicio se prolongó durante tres meses, en ese tiempo Allen Walker descubrió que padecía un trastorno de doble personalidad y lo que lo desató fue ese vacío en su corazón que nunca llenó. Gracias a la maestría de Marian como abogado logró obtener la mejor sentencia: permanecer en una institución mental hasta curar su enfermedad o controlarla, porque en el momento en el que atacó al magnate Adam Noah no tenía control de sus acciones. Él, sinceramente, hubiera preferido morir para ver a Mana una vez más.
–Realmente eres un idiota suertudo Allen, te advertí que si no eras un músico profesional para cuando nos volviéramos a ver te tomaría como mi aprendiz, menuda suerte la tuya, no lo lograste y te salvaste de mí –habló tratando de ocultar la tristeza que sentía
–Ni tan buena suerte Cross, muchas gracias por todo, creo que ser tu aprendiz no hubiera sido tan malo… Maldito Marian, hubieras hecho algo más por mí. Eres un inútil, Neah Walker no puede pasar el resto de sus días en un maldito hospital psiquiátrico
Tras la última frase vio como el cuerpo del peliblanco era sometido por dos sujetos pertenecientes a la institución mental que lo cuidaría de ahora en adelante. Sacó un nuevo cigarro, lo encendió y sin más que pudiera hacer por aquel joven se retiró.
Fin flasback
Kanda escuchó atentamente toda la historia del menor, cuando hubo terminado el peliblanco se quedó inerte, con la mirada fija en el piso, no recordaba lo doloroso que era contar sus recuerdos. El japonés se sentía bastante mal, al parecer la vida de su dolor de cabeza también había sido bastante dura. Actuando, sin pensar mucho en las consecuencias, se acercó al albino y lo abrazó, el otro solamente se aferró al cuerpo del asiático y se quedó así por un buen rato
–Perdón Kanda, no recordaba lo mucho que duele contar esto
–Che, no hay problema Moyashi, sino estabas listo no lo hubieras hecho y ya
–No, eso no podía ser posible, ya te dije que necesitaba contarte toda mi historia porque… –soltó el agarre y miró directamente el rostro de Yuu –…te amo. Como dije, necesito llenar este vacío que tengo en el corazón para seguir caminando y tú eres la persona que logró hacerlo, jamás creí en el amor a primera vista y esas cosas, pero cuando te vi por primera vez me sentí como antes de la muerte de Mana, supongo que cuando Neah chocó contigo también le pasó algo parecido. Sé que suena egoísta y es mucho pedir, pero te necesito a mí lado, no importa que nunca correspondas este sentimiento, de verdad, si puedo estar contigo, eso será suficiente para mí… –terminó hablando con un hilo de voz
–Moyashi… –La confesión realmente le agarró desprevenido, ver al albino en ese estado le dolía, pero estar con él no era la mejor decisión que podía tomar –Espero que sepas que cuando le cuentas cosas de este tipo a los demás debes estar preparado para cualquier tipo de respuesta –se alejó de su compañero y lo observó, el otro tenía una cara indescifrable –Ésta es la confesión más extraña que he recibido en toda mi vida, por eso te pido tiempo para pensar y analizar esta situación. Créeme que no eres el único con problemas aquí, Moyashi
–Me parece bien Kanda, te daré tiempo para pensar y si no quieres volver a verme te juro que no volveré a molestarte –Le dolía decir esas palabras, pero era un caballero y no faltaría a su palabra aunque eso significara la destrucción de su propio ser
–Tsk, Moyashi sentimentalista ¿no escuchaste que solamente quiero pensar un rato? Vaya que es tal Cross tenía razón sobre ti, eres un perfecto idiota. Después de la comida ve a buscarme…
–¿Cuántas veces tengo que repetirte que es Allen, BaKanda?, y así lo haré –Allen no pudo evitar sentirse agradecido por la actuación de su compañero, divisó al pelinegro caminar por el pasillo hasta que desapareció de su campo de visión y le perdió de vista. Ese Kanda sí que sabía cómo jugar sus cartas. Sin más que hacer por el momento se dispuso a abandonar su actual posición. La suave brisa, impregnada con olor a lluvia, le revolvió la cabellera después de comenzar a caminar.
Ahora sí las notas xD Primero que nada esta subida doble es una doble disculpa, en primer lugar por mi tremendo retraso y en segundo lugar porque esta historia pasará a convertirse en mensual debido al ataque de la uni xD
Bien, pasando al contenido de los capítulos, espero que no me maten por semejante desastre que hice en el pasado de Allen, era completamente necesario(?) Si hay algún error, les pido disculpas, por más que uno se esmere, siempre se esfuerzan por aparecer
Pues nada, muchas gracias a todos los que le dedican un poco de tiempo a esta historia y también a aquellos que dejan sus hermosos reviews. La oferta de los cinco reviews sigue medio válida, si junto los cinco antes del mes, intentaré actualizar antes de dicho plazo.
Sin más que decirles nos leemos en la próxima actualización.
Abrazos virtuales~
Mabo-san
