Disclaimer: DGM no me pertenece, es obra de la desaparecida Hoshino Katsura

Advertencias: las de siempre, lenguaje inapropiado, Yullen, violencia, y un poco de OoC (estoy trabajando arduamente para desaparecerlo ;w;)

Les dejo el capítulo. Disfrútenlo y lo siento por la demora


Capítulo 6

Culpable.

El viento movía bruscamente las nubes ubicadas en el azul firmamento, ocultando el sol tras ellas e impidiendo al sofocante calor característico de la primavera ser emitido, siendo sustituido por un ambiente de calma, impregnado de humedad, preludio de una caótica tarde.

Huyó. Su actuación de instantes atrás hubiera parecido cualquier otra cosa menos algo tan patético y cobarde como la huida. Tras todo lo confesado por el Moyashi su cabeza solo podía pensar en cómo aquella situación terminaría si decidía aceptar los sentimientos del albino, y eso no era para nada algo grato ni bueno. Por alguna extraña razón deseaba evitar que el enano le viera de nuevo en un estado tan penoso como en el del estanque y sentía que si se quedaba más tiempo con él eso sucedería. Tras haber andado sin rumbo por un buen rato, adentrándose en las zonas menos concurridas y más abandonadas del complejo arquitectónico, un ves estuvo seguro de estar lo suficientemente lejos del peliblanco para que éste se atreviera a buscarlo y asegurándose también de estar completamente solo, detuvo su andar y emitió algo parecido a un grito de desesperación, seguido por una serie de golpes al muro ubicado frente a él. Puño izquierdo, puño derecho, izquierdo una vez más y el derecho no soportó un nuevo golpe. Con la respiración un poco agitada, recargo su cabeza en la pared recién golpeando, permitiendo a su oscura cabellera suelta cubrirle el rostro.

Se deslizó lentamente al piso de madera y comenzó a pasear su mirada en los objetos situados a su alrededor, tanto los muebles como el piso estaban cubiertos por una fina capa de polvo. Cerró los ojos y se permitió disfrutar las punzantes olas de dolor provenientes de sus manos, quizás se había excedido un poco al momento de cristalizar sus emociones sin embargo, en el fondo sabía que eso es lo buscado al golpear la pared con tal brutalidad. Solamente al sentir el dolor creía que, de alguna muy extraña manera, podía calmar todo lo guardado en su interior, pudiendo de esta manera pagar, aunque sea una mínima parte, todos los pecados realizados hasta ese momento, desde el incidente con su mejor amigo y su primer amor hasta el del Moyashi. Por lo tanto el concepto de masoquista jamás podría quedarle, éste era demasiado superficial para su situación. Culpable. Esa palabra lo describía mucho mejor y le sentaba a la perfección. Posó su mirada en el techo, observando la mortecina luz brindada por la lámpara que estaba fallando mientras trataba de buscar la mejor solución para su situación.

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Tras haber sido abandonado por el japonés, comenzó a recorrer el hospital psiquiátrico con demasiada parsimonia, pensando que con esa acción el tiempo para escuchar la respuesta prometida fluiría mucho más rápido. Grave error. No llevaba más de diez minutos cuando la caminata le sacó de quicio, pues ésta solo permitía a sus pensamientos volverse más confusos y ser más analizados, dando como resultado que los sentimientos de ansía y arrepentimiento aumentaran con cada minuto transcurrido ¿Realmente había sido una buena idea contarle toda su vida a Kanda y confesarle sus sentimientos? Debía admitir que sus acciones fueron más un impulso que la conclusión de una larga reflexión.

Al llegar al jardín principal de la institución buscó inconscientemente el estanque artificial. Sonrió ante los recuerdos traídos por ese lugar, le parecía bastante increíble que se le hubiera confesado a ese ser a quien conocía tan poco, aunque sabía con certeza que Kanda era un perfecto amargado antisocial con buenos sentimientos en el fondo, muy en el fondo. Llevó sus finas manos a su cabeza y se jaló ligeramente sus blanquecinos cabellos, obteniendo como resultado la mirada extrañada de algunos pacientes a su alrededor, pero solo los ignoró; su mente no dejaba de culparle por haberse dejado llevar por un impulso y no se lo reprochaba, pero por más que deseara regresar el tiempo y esperar por una mejor oportunidad jamás podría hacerlo, lo hecho, hecho estaba. Suspiró cansinamente y encaminó sus pasos a la única estancia que le haría olvidar sus problemas de manera satisfactoria. Sin embargo, seguía pensando en Kanda, debería haber esperado tan solo un poco más, él apenas acababa de salir de la enfermería tras su colapso frente al estanque debido al empeoramiento de su enfermedad. Una parte de su conciencia le señaló que quizás le estuviera haciendo daño al que llenaba ese vacío en su corazón, pero simplemente deshecho esa idea tan absurda y apresuró sus pasos al comedor. Eso no podía ser posible, ¿o sí?

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No sabía con certeza cuánto tiempo había transcurrido desde su permanencia en el piso y su divagación sobre el acabado del techo, pero estaba seguro que el plazo dado al albino todavía no se cumplía, aun así seguía sin saber qué hacer ¿Quedarse con el Moyashi? ¿Mandarlo al diablo y que se las ingeniara como pudiera? ¿O simplemente ignorar lo recién ocurrido y seguir como si nada? La cabeza ya le punzaba mortalmente y el dolor en las manos no le ayudaba mucho. Suspiró con hastío y maldijo su suerte por enésima vez, dirigiendo su mirada al viejo cuadro colgado en la pared, en el cual no hablá reparado hasta ese instante. Y entonces no pudo evitar pensar que la vida realmente amaba joderle la existencia. Esa pintura desgastada la conocía, demasiado bien para su gusto, debido a la visita forzosa a un museo, organizada por su alguna vez amada Alma. Todavía recordaba perfectamente el discurso que la joven le soltó muy emocionada cuando vieron la pintura, pues era una obra de su pintor favorito

Morte della Vergine… –susurró mientras la escena volvía a su mente

–De Caravaggio, Yû –al escuchar esa voz el japonés se congeló, dirigió lentamente su expectante mirada al lugar donde provino ésta y vio algo completamente imposible. Un delicado ser femenino de tez blanca y castaña cabellera ondulada le dedicaba una cálida sonrisa. Kanda parpadeó demasiadas veces, tantas que se mareó un poco, pero por lo menos logró su cometido. Aquella joven ya no se encontraba ahí

–Tsk, con una mierda… –mustió completamente abatido, si tenía la más mínima esperanza de intentar ser feliz al lado del Moyashi, lo de recién solo le confirmaba que su destino consistía en sufrir y vivir miserablemente. Suspiró derrotado y se incorporó lentamente, por lo menos ya sabía qué decirle al enano canoso cuando lo tuviera frente a sí. Sin embargo, una nueva voz le hizo pararse en seco. Al parecer era el día de joder a Kanda

–Yû-chan –ese tono desesperante, llamándole por su nombre de pila

–Esto no me puede estar pasando realmente… –se dijo, negando lo que sus confusos sentidos percibían

–Oh Yû, no digas eso ¿Cómo es posible que recibas de esa manera a tu mejor amigo? –y ahí ese tono despreocupado de nuevo

–Si ignoro la alucinación del Conejo idiota estaré bien –trató de engañarse a sí mismo

–Oh Yû, no seas tan cruel conmigo, todavía de que he venido a ayudarte –caminó y tocó el hombro del asiático

–Tsk, mejor me apuro, el Moyashi debe de estar esperándome –ignoró el leve roce y continuó con su camino

–Kanda –y ahora ese timbre de vos demostrador que el pelirrojo podía ser serio de vez en cuando

–Ah ¿qué chingados quieres, Lavi? –habló vencido, resignado a seguirle el juego a su mente

–Kanda… –soltó con un aire de tristeza

–No me digas que solo has aparecido para sentir pena por mí –bufó molesto, cruzándose de brazos

–Claro que no, Yû. Como te acabo de decir he venido a ayudarte

–No me jodas, ¿cómo te atreves a decirme eso si eres producto de mi puta enfermedad?

–Kanda

–Tsk, no puedo creer que estoy discutiendo con una maldita alucinación

–Ese es el punto, Kanda. Verás, debido al estrés al que se ha visto sometida últimamente tu mente, ésta decidió darme vida para ayudarte a deshacerte de todo ese estrés y prevenir un colapso como el de hace casi tres años. También estoy aquí para ayudarte a encontrar una solución para cualquier cosa, incluyendo tu situación amorosa- habló con voz burlona en la última sentencia, mientras tenía en la cara una expresión de picardía

–No me chingues –respondió rodando los ojos con hastío, lo que acaba de decir el pelirrojo era una reverenda estupidez

–Pero Yû no estoy bromeando, solo te digo la verdad

–¿En serio crees que voy a creerle a una alucinación? Por favor, no me hagas reír. Ya tengo suficiente con estar aquí encerrado por mi puta enfermedad para que ahora salgas tú diciendo toda esa mierda sobre que te tengo que aguantar. Yo no pienso regresar al pabellón A

–Kanda…

–Tsk, como sea. Desaparece de mi vista, muérete de nuevo, regresa por donde viniste o lo que sea. No quiero ver tu sosa cara por más tiempo, además tengo cosas que hacer y no quiero desperdiciar mi tiempo contigo

–Oh Yû, me temo que no podré cumplir tu petición. A partir de ahora estaré las 24 horas del día, los 7 días de la semana, las 4 semanas del mes y los 12 meses del año pegado a ti. Así que más te vale que te acostumbres a mi presencia. Y que mejor oportunidad para que te adaptes a mí que yendo ahora mismo con Moyashi-chan

–¿No tienes respeto por tu integridad física, Conejo idiota? –harto completamente de esa absurda situación, tomó la camisa del pelirrojo con fuerza, dispuesto a darle una golpiza para poder tranquilizar sus emociones, formando en su pálido rostro una sonrisa bastante escalofriante

–Vamos Kanda, hazlo, no te reprimas. De cualquier manera yo estoy aquí para ayudarte a sentirte mejor –La sonrisa socarrona que había esbozado en un principio se transformó en una melancólica.

El ojiverde solo podía pensar que a pesar de seguir siendo solo una quimera en ese mundo, sentía perfectamente todos esos sentimientos padecidos en vida, inclusive hasta un poco más acentuados, como esa depresión que nunca lo dejaba en paz. Kanda pudiendo leer los pensamientos del otro, solamente le esbozó un buen puñetazo en la cara, golpeando prácticamente la nada, pues sus puños lastimados no sintieron malestar alguno. Soltó a Lavi y éste cayó estrepitosamente al suelo, haciendo más escándalo del que era merecedora la escena

–Vete a la mierda, estúpido –espetó venenosamente caminando lo más rápido que podía, quizás si lo dejaba ahí tirado desaparecería y podría respirar con un poco más de tranquilidad

El pelirrojo, de alguna extraña manera, reaccionó a todas y cada una de las acciones de Kanda. Se incorporó lentamente sobándose la parte afectada y se dispuso a seguir al asiático, listo para divertirse viendo a su menor amigo lidiando con una situación amorosa, a pesar de saber de antemano que el asunto del pelinegro jamás podría darse como algo normal, cosa que realmente hubiera deseado poder presenciar estando con vida.

En cuanto le hubo dado la espalda al pelirrojo, dejándolo a su suerte, sus emociones lograron superarlo y obligaron a su mente a apagarse lentamente, como si se tratara de un reflejo para alejarlo del peligro; sus movimientos comenzaron a ser mecánicos, su andar se volvió un tanto torpe pero todavía seguía siendo lo suficientemente firme para no obligarlo a tropezar y caer. Aunque odiara admitirlo ese día había sido demasiado para él y su atrofiada cabeza. La inesperada confesión del Moyashi con su historia de por medio, la repentina aparición de Alma y la absurda resurrección del odioso Conejo eran eventos extraordinarios que solo lograban empeorar las cosas en su psique. Tras haber andado por algún rato en modo automático, la conciencia volvía a él y se percató de la llegada a su querido jardín de rosas blancas. Sin muchos miramientos, ignorando lo de recién, se acomodó con su típica posición de meditación frente al rosal, comenzado a repetir su mantra. Por lo menos de esa manera distraería a su mente y evitaría que ésta le confundiera con respecto a la respuesta ya seleccionada. Lavi solo se acomodó al lado de su mejor amigo y le observó analíticamente, a pesar de ser siempre un bromista idiota, él siempre había sido más que eso, alguien demasiado observador y analizador.

Lavi, después de haber escarbado en los variados recuerdos de su mejor amigo, con un aire de tristeza, por fin logró comprender a Kanda y su complicada situación. Jamás había pensado que el asiático cargaba con algo como eso, pues los detalles contados cuando estaba con vida sobre el trágico día, aunque eran varios, solamente habían sido la punta del iceberg, además nunca le habló sobre todo lo ocurrido después de éste. Así que dispuesto a cumplir con su cometido, decidió romper el silencio y decirle al pelinegro cuál era la mejor opción para él

–Oye Yû –se removió en su asiento esperando por alguna respuesta de su compañero, mas no obtuvo lo deseado

–Yû~ –lo intentó una vez más, obteniendo el mismo resultado. Sabiendo que sería ignorado olímpicamente por su amigo, comenzó a hablar porque sabía que esa era la única manera en la que sería escuchado

–Como te dije mi misión ahora es ayudarte a tratar de ser feliz. Por lo tanto, tras haber indagado en tus recuerdos y en tus sentimientos, he concluido que la respuesta que debes darle a Moyashi-chan es aceptar sus sentimientos y corresponderlos

–Estás bromeando, ¿verdad? ¿Cómo puedes decir semejante idiotez? Si ya has visto mis recuerdos, como el chismoso que eres, te habrás dado cuenta que no puedo hacer eso

–Claro que puedes, Yû. Solamente debes de contarle todo a Allen para que también pueda entenderte…

–Ni de coña. No tengo porque andarle contando mi vida al Moyashi ese, además, por si no chismoseaste lo suficiente, ese tipo tiene problemas graves causados por mi culpa y soltarle toda mi chingada vida solo lograría traerlo peor

–Pero Yû...

–Con una mierda, Lavi. Cierra la puta boca de una maldita vez –sentenció rabioso. El pelirrojo, al ver la expresión en el rostro de su mejor amigo, decidió acatar las palabras del japonés y se acomodó a su lado, uniéndose a él en la espera del chico con una cicatriz en la cara. Al parecer su trabajo sería más complicado de lo pensado.

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Su estadía en el comedor le había hecho bastante bien, tras haber comido todo lo del menú de esa tarde, repitiendo platillos varías veces, su alma se sintió mucho más tranquila, tanto que no se percató que la hora pactada ya había pasado hace no más de 40 minutos. Con un bocado de pastel en la boca y sosteniendo unas brochetas de dangos en la mano, salió disparado de la estancia para llegar lo más pronto posible al lugar fijado de manera no explícita por el asiático. Pero conforme se iba acercando a éste, y conforme su ración de comida se terminaba, los sentimientos que había tratado de superar con la comida volvían, inclusive con una mayor intensidad. Su resolución y determinación comenzaban a flaquear y entonces la pequeña voz en su conciencia que le decía sobre un posible daño al amargado lo golpeó fuertemente, aun así negó esa absurda posibilidad y la desechó rápidamente. Eso realmente sonaba demasiado ilógico y poco probable.

Estando a unos escasos metros de llegar, Allen se detuvo abruptamente en el pasillo que le conduciría a donde Kanda. La voluntad se había ido con ese último dango comido. Ahora ya no se sentía muy convencido de ir con él para obtener la respuesta prometida, le aterraba bastante lo que le diría aquel ser tan amargado y frío. Respiró hondo un par de veces y, tras decirse a sí mismo que todo estaría bien a pesar de ser una mentira, con paso vacilante terminó de recorrer el pasillo. Cuando hubo llegado divisó a Kanda en su típica pose de meditación, se acercó lentamente y carraspeó un poco para anunciar su llegada. Por su parte el asiático solamente abrió sus oscuros orbes y soltó con bastante parsimonia el aire contenido en sus pulmones. Lavi permanecía sentado, con la mirada fija en Moyashi, expectante por lo que estaba a punto de ocurrir

–Ehem, pues ya estoy aquí, Kanda -habló bastante inseguro, y el japonés lo notó

–Tsk, ya era hora Moyashi, pensé que te acobardarías y no vendrías –habló con sorna, disimulando la tensión sentida

–Jamás haría algo así, BaKanda afeminado... –le respondió realizando un mohín. Por lo menos, gracias a la actuación del ojinegro, se sentía absurdamente tranquilo

–Enano canoso... –masculló mientras se levantaba para encarar al Moyashi y comenzar la función, retrasar más el asunto solo sería una molestia. Lavi permanecía sentado en el suelo, observando con una sonrisa la escena

Allen comenzó a sentirse nervioso cuando Kanda se paró frente a él, viéndolo fijamente. Sintió como el color subía a sus mejillas y decidió apartar la mirada. Quizás lo mejor sería salir corriendo y disculparse después, diciéndole que todo lo contado eran cosas de Neah sin embargo, algo en el fondo le impedía escapar de ahí; no estaba seguro si era orgullo o simplemente la esperanza de ser correspondido. El punto es que permaneció de pie sin atreverse a mirar a los ojos al afeminado. Por su parte éste solo agradecía internamente que el enano no le viera a los ojos, así las cosas serían más fáciles. No muy seguro de cómo comenzar separó los labios de una buena vez para comenzar a hablar

–Moyashi –se le congelaron las palabras. Había practicado la escena demasiadas veces mientras lo esperaba y ahora no podía llevarlo a cabo. El aludido con un gran esfuerzo levantó la vista al rostro de quién le llamaba y así empeoró su situación. Lavi se puso de pie y se comenzó a burlar del asiático

–Che. Moyashi yo no soy ningún marica, así que puedes quedarte con esos sentimientos por mi parte no recibirás nada. Si fantaseas conmigo en las noches es tu problema –terminó cruzándose de brazos, desviando la mirada. Allen solo lo veía con una cara de estupefacción. El pelirrojo solo pudo reír ante tan elocuente comentario de su amigo

–¿Eh? –fue lo único que pudo articular al no entender del todo las palabras dichas por Kanda

–Serás idiota… –musitó. No podía creer que el Moyashi fuera tan lento, al parecer tendría que decirle las cosas lo más explícitamente posible para que pudiera entender. Y eso no le gustaba

– BaKanda… –insistió, creía que lo que le acaban de decir era un rechazo, pero no estaba del todo seguro

–Con una mierda, Moyashi ¿Es tan difícil entender que no quiero tus sentimientos? –trató de buscar las palabras menos bruscas, pero esa no era su especialidad. Había decidido quedarse al lado del Moyashi solo como un amigo sin embargo, con lo recién dicho dudaba que eso fuera posible

–Yû, eso fue muy cruel –intervino Lavi, aprovechando la distracción de Allen ante lo dicho, obteniendo una mirada asesina por parte del asiático

–Con una mierda para ti, BaKanda ¿Qué no puedes tener más tacto con este tipo de cosas? –soltó furioso, si bien sabía que así actuaba Kanda, que lo rechazara así le dolía, y mucho. Apretó los puños con fuerza y escondió sus ojos tras su flequillo. Las nubes grises acumuladas en el cielo comenzaban a soltar su carga.

–Pues si quieres ese tipo de trato estás con la persona equivocada, ya deberías saberlo –comentó sin darle mucha importancia a lo dicho, comenzando a caminar para alejarse de ahí y darle fin a ese día tan ajetreado, sintiendo como las gotas de lluvia lo golpeaban sutilmente

–Eso ya lo sé, pero… –no pudo terminar la frase, no sabía qué decir. Un nudo se formó en su garganta

–¿Pero qué, Moyashi? –se vio obligado a detenerse y girar sobre sí para encarar de nuevo al ojigris –¿Esperabas que te volviera besar y te dijera que todo estaría bien? –no pudo evitar soltar lo que en el fondo deseaba

–Yo, yo no… –la ira que sentía comenzaba a apoderarse de él. Kanda realmente era un idiota amargado afeminado sin sentimientos. Ahora sí estaba completamente arrepentido de haber actuado tan precipitadamente. Ese bastardo no merecía sus sentimientos

–¿Algo más que quieras decirme? –habló con sorna una vez más. Sinceramente ese no era el escenario que él había planeado, se le habían salido las cosas de control. Solo pensaba rechazar al Moyashi y seguir como si nada, pero el idiota con una cicatriz en la cara le obligó a salirse de la ruta y darle a entender que no quería volver a verlo en su vida

–BaKanda bastardo –gritó para después abalanzarse hacia él. Una vez estando en el suelo, con la lluvia empapándolos sin pudor, comenzó a golpearlo en la cara. Kanda recibió los primeros golpes gustoso, la verdad hubiera permanecido así hasta que el enano se cansara, pero tenía que mantener su orgullo y una imagen, así que se quitó al enano de encima y una punzada de dolor le recordó las lesiones en sus manos, menuda suerte la suya.

Aprovechando la estadía del Moyashi en el suelo, se levantó y limpió un poco de la sangre que escurría por su rostro, tratando de disimular el dolor sentido. Se acercó en un ágil movimiento al peliblanco y le atestó una buena patada en las costillas. Lavi ante la escena solo trataba de detener al ojinegro, pues sabía que las cosa podían salirse de control, pero sus esfuerzos fueron en vano. Allen tras semejante golpe, escupió un poco de sangre y se reincorporó. Todavía no podía sucumbir, no le había dado al afeminado ese su merecido y aprovechando su distracción volvió a derribarlo al piso. Las ropas de ambos ya se encontraban completamente manchadas con lodo y las lágrimas de enojo e impotencia del albino se disimulaban con la tormenta caída sobre ellos. Tomó fuertemente la camisa del japonés y volvió a soltarle una serie de puñetazos al rostro.

Kanda se sentía completamente incapaz de proseguir con la pelea. El aspecto brindado por el Moyashi no le permitía golpearlo como de costumbre, así que solo cubrió su rostro de la ola de golpes brindad por el ser que se encontraba sobre sí. La lluvia continuaba cayendo con intensidad. Lavi observaba la escena con un aire de tristeza. Al ver que el amargado no respondía como siempre, decidió detener los golpes brindados y le miró fijamente, tratando de encontrar la respuesta ante tal comportamiento, encontrándose solamente con el rostro de éste completamente ensangrentado y con una extraña sonrisa formada en sus facciones

–¿Terminaste ya, Moyashi? Tus golpes parecen de nena –no pudo evitar emitir semejante comentario

–Mira quien habla, la señorita cabello de revista que no fue capaz siquiera de defenderse –le respondió cruzándose de brazos desviando la mirada del deformado rostro de Kanda

–Piensa lo que quieras, Moyashi –se quitó al albino de encima con un brusco movimiento y trató de levantarse, pero simplemente no lo logró. El dolor en su cara era insoportable y el de sus manos había empeorado, pues al recibir la lluvia de golpes del peliblanco solo apretó los puños con demasiada fuerza, logrando hacerlos sangrar. Mustió un sinfín de groserías para sí

–Eres un imbécil –masculló molesto sin embargo, al ver el estado de su contrincante la culpa comenzó a surgir de aquel lugar de su conciencia que no lo dejaba en paz

–Por lo menos no golpeo como niña –llevó sus manos a su rostro con un gran esfuerzo. El mocoso le había roto la nariz de nuevo

–¿A sí? Pues yo no estaría tan seguro de eso –vigiló atentamente los movimientos y expresiones del otro, notando unas exageradas muecas de dolor y algo extraño en sus manos, estaban manchadas con sangre. Quiso pensar que eso había sido fruto del efecto exagerador de la lluvia combinada con la sangre, pero se dio cuenta que sus manos estaban realmente heridas. Preocupado se dirigió hacia él sin embargo, tuvo que gatear para llegar. Esa patada probablemente le había roto una costilla o quizás dos

–Vete al carajo, Moyashi –habló con dificultad, había llegado a su límite en todo.

–Tú vete primero, BaKanda –le respondió llegando a su lado y tomando sus manos a la fuerza, corroborando que éstas habían estado lastimadas antes de comenzar la pelea y concluyó enotnces que por eso no lo golpeó, el otro intentó recuperarlas, pero le fue imposible

–Kanda, tú… –se sintió como basura al haberse aprovechado así de la situación

–Que me dejes en paz, Moyashi –volteó a verlo desafiante, aunque en su estado dudaba mucho obtener los resultados que deseaba

–Es Allen, BaKanda. A-L-L-E-N. Y no lo haré, te ayudaré a llegar a la enfermería –se levantó ignorado el dolor de su costado izquierdo y, quien sabe cómo, logró que Kanda se levantara e hizo que uno de sus brazos le rodeara para ayudarlo a caminar. Por su parte el asiático solo se dejó hacer, a esas alturas ya le valía mierda todo.

El camino hasta la enfermería fue toda una odisea para ambas partes, y el hiperactivo pelirrojo le hacía a uno de los dos más tortuoso el camino. Allen a pesar de haber sido rechazado, en el fondo no se sentía tan mal, admitía que le dolía pero al parecer no fue tan malo como creyó, el afeminado seguiría a su lado y ya encontraría la manera de hacer que ese beso se repitiera. Al llegar a la entrada de la enfermería, se encontraron con un imponente ser custodiándola y el japonés solo tragó grueso al saber que la brutal jefa de enfermeras estaba ahí. Sin embargo, al momento en el que ésta vio a ambos empapados, manchados de sangre por todos lados y llenos de lodo, se olvidó de la santa regañina que le daría al japonés

–Ustedes… ¿Qué fue lo que pasó? –se dirigió lo más rápido posible a donde se hallaban Kanda y Allen, tomado entre sus brazos al más dañado y diciéndole al otro que lo siguiera

–Yo, lo siento. Todo fue culpa mía –susurró el inglés con un hilo de voz, donde las lágrimas amenazaban con salir de nueva cuenta

–Deja de hacerte el mártir, Moyashi –respondió con dificultad, sintiéndose humillado al ser cargado como princesa por una mujer. Ese enano peliblanco era realmente una molestia cuando se ponía así

–Yû, tú… –susurró Lavi, dedicándolo una mirada indescifrable a su amigo

–Cállate, Conejo idiota –mustió molesto. Los otros dos presentes alcanzaron a escuchar lo recién dicho por el asiático. La enfermera solo volteó a verlo con tristeza y el albino pensó que eso había sido fruto de su precario estado

Los tres entraron a la habitación de sanación y reposo para poder ser debidamente atendidos. Tras unos gritos de la jefa de enfermeras la tranquilidad de esa parte del hospital fue sustituida por demasiado movimiento. Mientras, la lluvia continuaba azotando con fuerza las instalaciones del hospital psiquiátrico, Inocencia.


Antes que nada, si encuentran algún error ortográfico me disculpo.

Segundo. Siento por la demora, excusarme no sirve de anda, solo espero que a pesar de la espera el capítulo haya sido de su agrado

Gracias a todos los que le dedican un poco de tempo a esta historia y más a los que dejan un review. Recuerden que esa sección ayudará a una actualizáción más pronta

Sin más me despido. Nos leemos pronto

Abrazos virtuales -w-

Mabo-san