Disclaimer: Todos saben que D . Gray-man no me pertenece. Para nuestra ventura, o desventura, es de Hoshino Katsura

Advertencias: AU, malas palabras, OoC y cambios de edad en los personajes(?)

Me he tardados un buen tiempo en actualizar, pero por fin les traigo el siguiente capítulo. Disfrútenlo -W-


Capítulo 7

Deber.

¿El día sería soleado?, ¿estaría cayendo una lluvia torrencial?, ¿o simplemente la brisa estaría meciendo los árboles gentilmente bajo un cielo nublado? No había forma en la que él pudiera saberlo, pues lo único lo único apreciable por su campo de visión se reducía a estructuras blancas, molestamente blancas.

No podía creerlo, había batido su récord de estar en la puta habitación sin siquiera molestarse por lograrlo. Ni siquiera cuando lo internaron en ese lugar había visitado con tanta frecuencia la estancia. De seguir así se convertiría en un cliente frecuente y ese pensamiento no le era grato ni en lo más mínimo. Suspiró con hastío y volvió a su posición inicial, recargándose en la acolchonada pared, cruzando sus brazos y cerrando los ojos, preguntándose cuánto tiempo más tendría que aguantar estar en esa habitación del infierno mientras su retorcida mente se encargaba de jugar con él, pero todavía sin ser del todo despiadada.

Lavi simplemente se encontraba de pie, recargado de la misma manera que su mejor amigo sin embargo, él apreciaba con una terrible calma y meditabundo semblante las alucinaciones traídas a la vida por la enfermedad de Yû, las cuales si no eran una quimera lo suficientemente elaborada, por lo menos su breve lapso de cristalización lograba resultados significativos en el asiático, a pesar de sus esfuerzos olímpicos para ignorarlas porque siempre intentaban interactuar con él, ya sea dirigiéndole algunas palabras o a través de un breve contacto físico

–Oye Kanda –intentó relajar el tenso ambiente palpable dentro de las 4 acolchonadas paredes

–Vete a la mierda –cortó tajante cualquier tipo de conversación que el idiota pelirrojo deseara comenzar, no estaba de humor para andar discutiendo con su mente. Sin embargo, la mente del japonés no estaba muy de acuerdo con su decisión

–Yû ¿por qué me ignoras? ¿Acaso quieres olvidar lo que sucedió de aquel día?... –una de las alucinaciones le acarició el rostro y se desvaneció al instante, aun asi fue suficiente para desestabilizar emocionalmente al japonés, quien solo pudo recordar el propósito de su estadía en ese lugar, propósito desplazado a un segundo plano por un peliblanco

–Jodido Moyashi. Todo esto es tu culpa… –escupió las palabras, apretando sus mandíbulas con demasiada fuerza, así como sus ojos y antebrazos; soltando su característico chasquido de lengua más por costumbre que por molestia. Sabía que esas acciones no lograrían desaparecer las alucinaciones, pero el malestar causado le hacía recordar que todavía estaba lo suficientemente cuerdo

–Eres todo un romántico, Yû. Pensar en Moyashi-chan en estos momentos solo demuestra que estás loco por amor –comentó, intentando una vez más distraer a su mejor amigo, dándose cuenta que las palabras utilizadas fueron una muy mala elección

–Vete a la chingada y cierra es puta boca de una vez si no quieres morir de nuevo –masculló por inercia sin dirigir la mirada al Conejo idiota, esperando que su débil oración tuviera los efectos deseados.

Lavi se vio tentado a pronunciar el monosílabo que encendía la furia del japonés, pero se contuvo porque ahora comprendía el origen de ese comportamiento. Soltó un suspiro cansino, sintiéndose inútil e impotente ante la misión que le había dado la mente de Kanda para evitar una nueva tragedia ¿Por qué era tan complicado? La respuesta probablemente radicaba en el mismo pelinegro, al negarse a aceptar su situación y el respiro que su propia mente le estaba brindando. Volvió una vez más su esmeralda mirada a su compañero y se enfrascó de nueva cuenta en los pensamientos de éste, quien solamente rogaba para que el tiempo restante para abandonar la acolchonada habitación fluyera con rapidez. No pudo evitar esbozar en su rostro una mueca de lástima.

o~o~o~o~o~o~o

Una sonrisa estaba dibujada en sus finas facciones a pesar del ambiente en el que se encontraba, por lo menos ese cuarto acolchonado ya no lograba intimidarle. Para su alivio interno la estadía en la habitación blanca había dejado de ser una pesadilla viviente y una tortura bastante cruel para reducirse a tiempo perdido. Ubicado cómodamente en el acolchonado piso, jugaba con sus blanquecinos cabellos ubicados en su frente con el fin de pasar el rato cuando la puerta se abrió lentamente, permitiendo ver en el umbral de ésta a un alemán con una curiosa marca en la frente, una rubia cabellera acomodada en una trenza y una cobriza mirada, quien solamente le llamó por su apellido. El albino entendió el mensaje y se levantó de su cómoda posición para seguir a su psiquiatra, quien ya había abandonado el recinto

–Bien, Walker. Hoy fue tu última visita a la habitación 103 ¿Cómo te sientes? –habló en tono neutral, observando la monótona rutina de todos los días, aunque el paciente cambiaba en cada ocasión

–Pues me siento normal, Howard –confesó esbozando una sonrisa sincera, sonrisa que hace algún tiempo había dejado de utilizar mientras era sustituida por una falsa, que extrañamente resultaba igual de cálida y mucho más sencilla de dibujar; todo gracias a Nea

–Oh, ya veo, Walker –abrió la puerta de su consultorio y le indicó al inglés que pasara, éste obedeció instantáneamente

–Bueno, doctor Howard, ¿qué vamos a hacer hoy? –soltó repentinamente, sin mostrar molestia alguna

–Solo hablaremos, Walker. Pero en esta ocasión no como doctor-paciente, sino como amigos. Siéntete libre de contarme lo que quieras –pronunció mientras revolvía algunos documentos situados sobre su escritorio, recordando que ese tipo de pláticas eran parte del tratamiento también

–Está bien, Link. Supongo que ya te diste cuenta, bueno también ya te lo había comentado, que alguien ha llegado para ayudarme a controlar mis problemas con Nea, más allá de toda la medicación, ¿no? –comenzó a hablar mientras jugaba con una pelota tomada del escritorio del alemán, ignorando que esa confianza brindada por su psiquiatra era, hasta cierto punto, una ilusión

–Así es, Walker –respondió monótonamente mientras firmaba algunas hojas

–Pues creo que es hora de decirte quién es. Es que necesito un poco de ayuda para poder acercarme a esa persona. Verás es, ¿cómo decirlo?, un poco retraído socialmente hablando –concluyó mientras devolvía el objeto recién tomado a su lugar, sintiendo como el color carmesí adornaba sus pálidas mejillas

–Como quieras, Walker. Veré cómo puedo ayudarte con ese asunto aunque no entienda muy bien a las mujeres –habló manteniendo fija su mirada aún en los documentos entre sus enguantadas manos. Mientras, las mejillas del albino se tornaban con un carmesí más intenso, las palabras recién dichas le hicieron sentir un poco de vergüenza

–Ehem, ahí radica la cuestión, Link. No sé cómo, pero resulta que esa persona es un hombre, igual que yo –terminó hablando con un hilo de voz, desviando su platina mirada hacia el estante de libros ubicado a su derecha. El psiquiatra solo encaró una ceja y desvió por unos momentos su atención de los papeles y la posó en el ser sentado del otro lado del escritorio

–Ese es tu problema, Walker –explicó con una voz neutral mientras volvía la atención a los documentos de su escritorio

–Eso es cruel, Link –refutó inflando los cachetes, haciendo un mohín

–¿Por qué lo dices? Yo no he dicho que te dejaré sin mi ayuda. Mejor suelta el nombre de una vez –tomó de nueva cuenta la pluma y comenzó a realizar algunas anotaciones

–Está bien, está bien. Pero no te vayas a burlar ni nada parecido –amenazó antes de pronunciar aquel nombre japonés. Respiró lentamente y prosiguió su intervención –el tipo con problemas de socialización es Kanda Yû –Link detuvo su escritura y dirigió su cobriza e incrédula mirada al marcado rosto de su paciente

–¿Es en serio, Walker? –su interrogante estaba impregnada de sorpresa y preocupación

–Te dije que no te burlaras, Link. Y es verdad –reprochó encarando la mirada del rubio. Sin embargo, al analizarla un poco se dio cuenta que su doctor no se estaba mofando de él, sino que le observaba como si sintiera lástima por él

–Walker…

–¿Dije algo malo? –se apresuró a decir. La ansiedad lo estaba carcomiendo

–Debes alejarte del paciente de Tiedoll. Como intentes acercarte más a él las cosas solo empeorarán –trató de advertirle sonado serio y dejando su papeleo para después, abandonando su papel de amigo

–Pero ¿por qué? Tú dijiste que me ayudarías –Allen no entendía a qué venían esas palabras

–Sé lo que dije, pero no con él. No puedo hacerlo, solo te expondría –esa conversación se estaba tornando bastante problemática. Entre tantos enfermos tenía que ser ese japonés

–¡Con un demonio, Link! Deja de hacerte el interesante y dime qué pasa –explotó. No permitiría que le alejaran del amargado sin una buena explicación

–Me temo que no puedo. Ese tipo de información es confidencial y solo la manejamos los psiquiatras. Por favor, acata mi advertencia y alejate de él. Estoy seguro que con otro tipo de tratamiento podremos controlar a Nea y… –no le permitieron terminar de hablar

–No. No pienso alejarme de Kanda. Si bien una parte egoísta de mí lo necesita a su lado, la otra está preocupada por él porque sabe que su esquizofrenia está empeorando y no lo dejará ahora –sentenció decidido

–Pero Walker… –al ojicobre le daba igual las preferencias sexuales de su paciente, pero le era menester frenar el vínculo entre ese par, por el bien de ambos

–Lo siento, doctor Howard. Necesito ir a comer –finalizó la conversación levantándose de su asiento y encaminándose a la salida. Link solo lo dejó. Sabía de antemano que intentar hacer entrar en razón a ese mocoso de 19 años le sería imposible en ese instante.

Apreció a su paciente desaparecer al ser cerrada la puerta y se desplomó en su silla, un hábito no muy común en él, masajeando su sien mientras se dedicaba a pensar qué haría con su paciente. Al parecer sería necesaria una reunión con Tiedoll. Volvió a cerrar con pesadez los ojos rememorando el caso de Kanda Yû. Por el bien de los pacientes, la mayoría de los psiquiatras conocían la enfermedad de cada habitante de la institución mental, así como el caso que los dejó ahí. Y la historia de ese asiático era una de las más intensas y dramáticas de las que conocía. Su deber como médico siempre sería velar por el bienestar de todos los pacientes por lo tanto, no debía permitir esa interacción que por más bien que pudiera provocarle a Allen, las posibilidades de salir mal parado superaban a las ventajas y lo decía especialmente por Kanda. Exhaló lentamente y se dispuso a terminar el papeleo acomodado sobre su ordenado escritorio.

o~o~o~o~o~o~o

Suspiró por pura inercia al cerrar la puerta de su consultorio para dirigirse a la sala donde se reunían sus demás homólogos con el fin de pasar el rato. Intentar tener una charla o sesión productiva con Kanda Yû resultaba desgastante, ni toda la experiencia ganada al trabajar por 15 años en Inocencia y lidiar con todo tipo de pacientes le eran lo suficientemente útiles para tratar con el asiático; lo único que le había dado resultados eran esos casi tres años que llevaba de conocerlo y aun así le resultaba complicado hacerlo hablar. Esbozó una triste comparando al muchachito de diócesis años completamente destrozado a quien le habían asignado hace algún tiempo con el Kanda actual. No podía quejarse, había logrado que la perdida mirada del japonés recuperara su brillo.

No después de mucho andar a través de esos pasillos, divisó al final del corredor a uno de sus compañeros de trabajo, quien tenía el cabello acomodado en una trenza y mostraba un semblante meditabundo. Decidió alcanzarlo, comenzando a caminar con rapidez y logró colocarse frente a él, pues justamente era a ese alemán a quien deseaba encontrar en la sala de reunión. Por su parte, el alemán solo alzó la mirada y lo notó sin embargo, no mustió palabra alguna o dejó reflejar emoción alguna en su rostro, pero sus ojos denotaban un sentimiento de aflicción

–Link –soltó en un susurró mientras levantaba la mano en forma de saludo, previendo el porqué de esa mirada

–Tiedoll –respondió de la misma manera, realizando una ligera reverencia con la cabeza en forma de saludo, apreciada el tranquilo semblante de su compañero de trabajo

–¿Tienes un minuto, Link? Hay algo de lo que necesito hablar contigo –soltó de una buena vez con tono amable

–Por supuesto, Tiedoll –asintió apenas terminó de hablar el francés quien le ganó por tan solo unos segundos la formulación de la pregunta y continuó su intervención –Sígueme, por favor –sin esperar su consentimiento comenzó a caminar. Al instante Froi siguió sus pasos

Su recorrido hasta el lugar donde charlarían un rato se desarrolló en un silencio bastante denso, el francés podía apreciar la angustia que Link transmitía por más que se esmerara en ocultar que la situación de su paciente realmente le afectaba. Esbozó una imperceptible sonrisa y dejó a su compañero de trabajo en paz. En ese preciso instante necesitaba concentrarse en la solución que le daría al asunto que les obligaba a reunirse. El rubio entró al comedor y se dirigió a la ventanilla, por su parte Tiedoll buscó una mesa lo suficientemente aislada de las demás y tomó asiento. Instantes después el alemán lo alcanzó con una bandeja que contenía un par de tazas humeantes y una cesta de galletas, tomando asiento también mientras ofrecía una de las tazas a su colega quien aceptó gustoso y comenzó a degustar la infusión

–Supongo que no tengo que explicarte el motivo de esta plática ¿cierto, Link? –dio un nuevo sorbo y acomodó la taza sobre la mesa

–Supones bien, Tiedoll –imitó la acción del francés y fijó toda su atención al hombre frente suyo

–Me alegro. Vaya lio en el que se han metido nuestros pacientes –comentó quitándole importancia al asunto, recargándose en el respaldo de la silla

–No lo creo, todavía estamos a tiempo de separarlos para evitar cualquier tipo de situación complicada –complementó la idea, cruzando los brazos

–Con que así vez las cosas… –no podía reprocharle la manera de abordar la situación. En teoría, eso era lo correcto

–Déjate de rodeos y terminemos esto de una vez –sentenció dando un sorbo a su bebida caliente, tomando un par de galletas

–Vaya, tu siempre tan serio y directo. Deberías de relajarte un poco más, Link. Así te saldrán arrugas pronto –apreció que al alemán se le formaba un ligero tic nervioso en el ojo derecho

–No entiendo cómo es que puedes actuar tan despreocupadamente cuando tenemos un pez gordo entre manos. Me cuesta creer que llevas más tiempo que yo trabajando aquí –soltó incrédulo, introduciendo una nueva galleta a su boca

–Link aún eres muy joven –habló con tono paternal, esbozando una sonrisa

–Tengo 30 años –cortó tajante y rodó los ojos

–Bueno… –no sabía qué decir

–Como sea, tenemos cosas más importantes que tratar que nuestra edad. Necesito alejar a Walker de tu paciente. No puedo permitir que un peligro como Kanda Yû permanezca cerca suyo –sentenció, esperando recibir un gesto de consentimiento, mas éste no llegaba

–¿Estás seguro? Yû me ha dicho un par de cosas que me hacen creer que eso no es lo correcto. Y lo digo por Allen

–¿Y piensas hacerle caso al enfermo? Ese par debe ser separado inmediatamente, por el bienestar de los dos. No sé qué te haya dicho Kanda, pero no pienso arriesgar a Walker. Walker es capaz de lograr su objetivo de enamorar a tu paciente y simplemente no lo puedo permitir. Sabemos de antemano que eso solo desencadenaría otra "tragedia"

–Link… me temo que ya es demasiado tarde. Mi querido Yû ya ha sucumbido a los encantos de Allen –soltó esbozando un triste sonrisa

–¿Eh? ¿Cómo puedes decir las cosas tan tranquilamente? Sabes lo que eso significa y ¿todavía me pides que deje a Walker cerca de él? –movió la cabeza en forma de negación repetidamente sin poder entender la actuación de Tiedoll

–Es bastante ilógico, ¿verdad? La situación de Yû definitivamente está empeorando, de hecho, puede ver y hablar con Lavi… pero cuando lo veo hablar de tu paciente pareciera que ha encontrado algo por qué seguir viviendo, a costa de su propia destrucción. Como su psiquiatra sé que debo de alejarlo de Allen, pero como su apoyo para ayudarle a ser feliz no puedo alejarlo de él

–Tiedoll, tanto tú como yo sabemos que la vida de nuestros pacientes está por encima de cualquier otra cosa. Su felicidad es algo secundario aquí. Odio decirlo pero nos pagan para… –no pudo continuar la frase, las palabras no salían de su boca

–Lo sé, Link. Lo sé –Tiedoll entendía lo difícil que podía ser decir algo tan simple como lo que deberían de hacer como empleados del hospital psiquiátrico y le evitó a su compañero pronunciar aquellas palabras

–Entonces, supongo que ya entiendes lo que tenemos hacer, ¿verdad?

–Separar a ese par… Estoy seguro que Yû podrá salir adelante pronto pues entiende que es por su propio bien, pero ¿qué hay de Allen?

–No te preocupes, ya encontraré la manera de convencerlo. Si es necesario utilizar la medicación más poderosa o mantenerlo encerrado, eso haré

–Link…

–Por favor, Tiedoll. No necesito alguna especie de sermón. Ya te lo dije, nuestra única obligación es mantener a nuestros pacientes con vida… Me alegro mucho que podamos haber llegado a algo, Tiedoll –dio un último sorbo a su té y se dispuso a salir del recinto, pero la voz de su compañero le hizo detenerse por algunos instantes

–Te repito, estoy seguro que Yû lo entenderá, pero Allen es quien verdaderamente me preocupa. No intentes negarlo, se nota que la situación de Allen te preocupa demasiado –intentó detener al alemán, mas su intento fue en vano

–Gracias por tu preocupación y hasta luego, Tiedoll –cortó tajante cualquier otra cosa que ese francés quisiera decirle, no se sentía con ganas para aceptar sus consejos o algún otro comentario.

No era necesario que le recordara lo que estaba a punto de hacerle a su paciente, ese tipo de situaciones hacía que a veces, solo a veces, detestara su trabajo. Por una parte estaba completamente satisfecho al saber que Nea finalmente estaba uniéndose a la personalidad de Walker y comenzaba a lograr una recuperación satisfactoria, pero ahí, en esa cura, radicaba el punto de inflexión. Por más que el asiático quisiera controlarse, el alemán sabía debido a su experiencia que no lograría y terminaría protagonizando una nueva tragedia, nombre impuesto por Kanda al incidente que le dejó en esa situación, lo que le hizo pasar una de sus manos por su cabellera, para calmarse un poco.

Y sí, realmente se sentía muy preocupado con respecto a Walker. No lo negaría, sin saber exactamente cómo, terminó sintiendo un gran afecto por ese peliblanco. Las pláticas entre amigos, a pesar de ser parte de su tratamiento, las disfrutaba bastante y se sentía realmente cómodo al saberse merecedor de la confianza del joven. Al levantar su cobriza mirada, divisó que ya se hallaba en el jardín principal del hospital y accidentalmente se topó con su paciente, quien parecía bastante feliz al lado de Kanda Yû. No pudo evitar esbozar una mínima sonrisa ante la escena, la cual se desvaneció tan pronto como apareció. Y no era para menos, estaba a punto de traicionar la confianza dada por su paciente y de arruinarle la vida, así que decidió que por lo menos le dejaría disfrutar el resto del día porque el afecto desarrollado al albino se lo demandaba. Ya mañana sería otro día y recordaría lo que implicaba ser un psiquiatra en Inocencia.

o~o~o~o~o~o~o

–Kanda

–Vete al carajo, Moyashi

–Es Allen ¿cuántas veces tendré que repetirlo para que te entre en esa cabeza tan hueca, que solo sirve para presumir tu cabello de mujer?

–Te lo advierto, Moyashi. Hoy no estoy de humor para soportar tus estupideces

–No te creo. Siempre que me ves dices lo mismo

–Yû deja de ignorar a Moyashi-chan. Además se ve adorable infando sus cachetes, no te puedes negar a él.

Lo único que hizo ante los dos últimos comentarios fue apretar los párpados e inhalar profundamente. Repetir su mantra e intentar dejar su mente en blanco con ese par era una misión prácticamente imposible de cumplir. Ante la actitud del japonés, Allen solo pudo soltar un cansino suspiro ¿cómo se supone que se acercaría a Kanda así? Pero esa línea de pensamiento se vio interrumpida al recordar lo dicho por Link esa mañana. Volvió a posar su grisácea mirada en el pelinegro y no pudo evitar esbozar una triste sonrisa

–Oye Kanda –como de costumbre no hubo respuesta y decidió que continuaría hablando –¿Sabes? Hoy en mi sesión con Howard sucedió algo bastante raro. Cuando le dije que me gustabas, él al instante me pidió que me alejara de ti ¿por qué?

–Che, yo que sé –bufó sin más, no soltaría algo por lo que se pudiera arrepentir después

–Ah, aun así es bastante extraño… ¿tú que crees? –insistió, tratando de obtener aunque sea una pista

–Con un carajo, ¿no ves que estoy tratando de meditar? –fastidiado, se dignó a mirar a su dolor de cabeza

–Hmp, pero tu hora de meditación es a las 9 y eso fue como hace dos horas… –infló los cachetes y se cruzó de brazos

–Acabo de salir de la puta habitación blanca… ¿cómo demonios sabes eso? –se justificó e instantáneamente se sorprendió ¿acaso ese enano lo tenía vigilado y ni siquiera se había dado cuenta?

–Pues… –definitivamente lo agarraron desprevenido –…este, yo… –las palabras no salían de su boca, estaba completamente en blanco y la profunda mirada de Kanda no le ayudaba mucho a pensar algo coherente

–Oh Yû, no seas cruel con Moyashi-chan y deja de mirarlo como si quisieras matarlo, mira en que aprieto lo has puesto, aunque esa mirada… ¿no me digas que planeas noquear a Moyashi-chan para robarle la virginidad al pobre?

–Serás idiota, Conejo –masculló completamente rojo, no sabía con exactitud si era debido a la ira que sentía o por las palabras recién pronunciadas. Lavi solo tragó grueso y emprendió la huida cuando vio al japonés levantándose de su lugar ignorando por completo a Allen, dispuesto a hacerlo sufrir. Tener acceso a la mente de su mejor amigo no siempre era una ventaja

Por su parte, el albino solo se quedó admirando extrañado la actuación tan repentina de Kanda y su mente le recordó el episodio del mayor frente al estanque. Sin razonarlo mucho, antes de que comenzara a correr el pelinegro, el mismo Allen se abalanzó contra él y lo abrazo con fuerza por la espalda, hundiendo su rostro en la espalda del otro, impidiéndole así emprender su carrera para evitar una situación incómoda para el japonés

–Tranquilo, Kanda –afianzó el agarré y respiró hondo, dejando que sus fosas nasales disfrutaran del aroma del ser a quien abrazaba –Aquí estoy, a tu lado. No dejaré que nada te pase

El pelinegro se tensó en el instante en el que alguien le impidió corretear al estúpido Conejo y se heló cuando sintió una respiración contra su espada, corroborando a través de algo susurrado por una frágil voz que era el enano peliblanco ¿Por qué jodidos hizo eso? ¿qué demonios estaba diciéndole? Su cabeza no lograba asimilar del todo la escena que estaba interpretando, pero se sentía bien. Cerró los ojos y se permitió disfrutar por algunos instantes el agarre de su dolor de cabeza. Lavi sencillamente se recargó a lo lejos en una pared observando con una amplia sonrisa la escena. Disfrutó como el chico lo atraía más a su cuerpo y pudo escuchar claramente la segunda frase pronunciada por el inglés, palabras que le trajeron a la cruel realidad

–¿Qué jodidos te pasa, Moyashi? –rompió el contactó bruscamente y encaró al enano, disfrazando la duda con un tono molesto

–Kanda, ¿estás bien? –el rostro marcado expresaba una genuina preocupación

–Che, ¿por qué no habría de estarlo? –cruzó los brazos y desvió la mirada al estanque, ignorando por completo el número de flores de loto que veía

–Pues empezaste a actuar raro y pensé que te pasaría algo como lo del otro día –confesó con un hilo de voz, viendo fijamente al ser enfrente de él

–Serás idiota, Moyashi –soltó sin mostrar alguna emoción en su voz y giró lentamente su cabeza hasta encarar al albino de nuevo

–Es Allen, BaKanda –dejó escapar el aire que había contenido por la preocupación y se permitió dibujar una sonrisa en su pálido rostro

–Como si me importara y ¿qué es lo que te da gracia, Moyashi?

–Nada en especial, BaKanda –respondió vagamente mientras colocaba sus manos tras su espalda y se mecía de manera distraída sobre sus talones

–Tsk, definitivamente eres un idiota –dijo sin más y comenzó a caminar con tal de alejarse de todo ese fastidio. Para su mala suerte, escuchó algunos pasos tras él y dejó escapar un suspiro cansino al estar seguro que el peliblanco le seguía, estando asquerosamente seguro que no podría quietarse a ese peliblanco durante todo el día.


Notas de la autora~

Antes que nada, si encuentran algún error ortográfico me disculpo

Ninoska: Gracias a ti por leer este intento de fanfic ;w; Y algún día sabrás lo que el destino les tiene deparado(?)

Bien, ahora... si pensaron que este intento de fanfic desaparecería y se quedaría inconcluso, temo decirles que se han equivocado. Aunque tarde siglos en actualizar, pienso terminarlo... Aunque la falta de inspiración y el trabajo en la Universidad me consuman lentamente(?)

Realmente siento demasiado el atraso, pero no hay mucho que se pueda hacer si cada vez que abres Word estás en blanco xD Solo espero que este capítulo haya sido de su agrado

Cualquier cosa que deseen decirme, pueden dejar un lindo review, no importa si son jitomatazos o critica constructiva. Todos los aprecio por igual -W- Recuerden que si quieren que actualice pronto, deben de juntar 5 comentarios~ Pónganme a trabajar ya que estoy de vacaciones(?) xD

En fin, creo que eso es todo por hoy

Abrazos virtuales y nos leemos en la próxima actualización~

Mabo-san~