A/N: Tengo el fic terminado y lo iré subiendo poco a poco.
Capitulo II
—Yo sé que en el fondo me quieres- dijo Regina, medio en broma, medio en serio, al saber que estaba impacientándolo con sus preguntas.
Solían pasar el rato en la biblioteca del palacio, discutiendo sobre libros o cualquier otro tema que saliera al paso.
—¿Tú te sientes querida por mí?- contestó Sean para su sorpresa.
¿Qué si se sentía querida por él? Se lo había preguntado a sí misma muchísimas veces. Casi tantas como la pregunta adversa. Y entonces se dio cuenta de que sí, de alguna forma, sabía que él la quería. Y ella no era de las personas que escondían la verdad. Así que fue sincera cuando contestó.
—Sí.
—Pues ya está- fue lo único que dijo él.
"Pues ya está". Sus palabras eran jeroglíficos en su cabeza. Cada palabra se desglosaba en muchas posibilidades. Era como si él siempre quisiera decir más de lo que decía, pero diciendo lo menos posible. Era francamente desesperante para una mente enamorada.
Si le hubieran preguntado que era lo que le había hecho enamorarse, Regina no hubiera qué sabido responder. Ya casi ni recordaba lo que era mirarle sin devoción. Todas sus palabras, sus gestos, todo lo que descubría de él, era como si se viera envuelta en una espiral, y sin darse cuenta, acabara en el centro. Sin retorno.
—Me marcho la semana que viene. -dijo él de pronto.
—Ah. ¿Cuándo vuelves?
—No creo que vuelva pronto.
La tristeza la invadió de pronto. Toda su ilusión consistía en los ratos que le veía y ahora él se iba.
—Llévame contigo.
—No te dejarían -dijo Sean suspirando.
—Me escaparé.
—No puedes venir a dónde yo voy. -tras una larga pausa, continuo- Es la verdad, Regina, no puedes venir. No es que yo no quiera.
—Pues te hechizaré. Haré que te quedes.
Él río y se acercó a ella. Nunca mantenían contacto físico. Esto era nuevo para Regina. Cuando él le acarició la mejilla con el pulgar, las piernas le empezaron a temblar y juraría que todo daba vueltas.
—No hará falta.
—¿Te quedarás?
—No, pero ya me tienes hechizado.
Esto la descolocó por completo. Él nunca había demostrado sus sentimientos. No así. Toda su relación consistía en acertijos y segundas intenciones. Era como una neblina. Y en cierto sentido, le gustaba, así nunca arriesgaba. Pero ahora estaba demasiado atrapada por aquello.
—Me hechizan tus ojos oscuros, llenos de vitalidad. Me hechiza tu cicatriz del labio superior, a la que tengo ganas de besar más veces de las que estaría dispuesto a admitir en público, y me hechiza que siempre tengas una opinión para todo y lo vulnerable que te ves cuando crees que nadie te mira...
Siempre se había sentido acomplejada por la cicatriz, nunca la había visto como algo positivo. Y ahora sin embargo, él la nombraba como una de sus cualidades.
Esa tarde fue la tarde de su primer beso. Fue como un resguardo de despedida. De que él volvería. De que algo había nacido. De que algo debía crecer.
Pero él no volvió.
