Capítulo V

Habían pasado casi dieciséis años desde la fatídica boda. Nadie osaba recordar lo sucedido, y muchos menos ante el rey. Poco a poco, fue convirtiéndose en una leyenda para la gente y ya nadie estaba seguro de que era verdad y que no.

Regina -o como era conocida en este mundo: Úrsula- se había convertido en esos años en 'La bruja del océano' y mantenía una guerra abierta con el rey. Solo que no era una guerra. Era un juego, una forma de expresar el odio y el resentimiento que sentían el uno por el otro. Una manera de retener el amor que los había unido. ¿Hasta dónde estaban dispuestos a llegar con esta guerra? ¿Se mataría el uno al otro? ¿Serían capaces? Nunca sabes como puede reaccionar uno a la hora de la verdad hasta que llega. ¿Y no es, acaso, el odio, otra forma de amor? Es intenso y tenaz. Y está tan enlazado con el amor, que de una cosa puede nacer la otra, y al revés, con suma facilidad.

— Nuestro próximo movimiento puede ser el golpe maestro. -dijo Rumpelstilskin excitado.

―¿De qué hablas, Rumpel? -inquirió Úrsula, sin mucho interés.

―Vamos a conseguir el poder de una vez por todas. Vamos a usar la debilidad del rey.

Por un momento Úrsula pensó en ella misma.

―Ariel, obviamente. -continuo el ser oscuro, ante el silencio de su discípula.

―Ah. Esa.

―Su hija más preciada. No hay nada que no diera por ella, incluso...

―El trono -terminó ella- ¿Qué has tramado?

―Es tan fácil que me derrito. Se ha enamorado de un humano y se ha empeñado en salir de este mundo. Vamos a usar eso para atraparla y luego negociaremos con Tritón.

―¿Tan fácil?

―Oh, nunca subestimes el poder del amor, querida.

Hubo un breve e intenso silenció, que Úrsula rompió.

―Lo sabías ¿verdad?

―¿Qué? -preguntó, haciéndose el loco, el ser oscuro.

―Que él era el rey, que se casaba y que yo estaba enamorada de él. Lo planeaste todo para que lo viera.

―No sé de que estás hablando. Y ahora, vete preparando para tu encuentro con la princesa del mar. Recuerda a quien debes lealtad.

Cuando Ariel llegó al encuentro de la bruja del océano, esta no puedo menos que admitir para sus adentros la belleza que transpiraba, una belleza fresca y genuina. Pero Aríel no se fiaba de ella y mucho menos, de que ella pudiera hablar de amor.

―¿Qué sabrás tú? -le espetó la princesa.

―Oh, yo no pertenezco a este mundo. Vine por amor -dijo sinceramente la bruja del océano.

―¿Cómo lo conseguiste?

―Como todo en esta vida, hice un trato.

Su padre siempre le había dicho que nunca hiciera tratos con nadie.

―¿Y valió la pena?

Úrsula estaba meditando la respuesta cuando se dio cuenta de que tenía que conseguir un propósito.

―Por supuesto. Pero no estamos hablando de mí ahora. Quieres ir allí arriba ¿no es cierto?

―Sí.

―Yo puedo ayudarte. A cambio de algo, claro.

―¿El qué?

―Un contrato. Has de firmarlo.

―¿Qué tipo de contrato? -preguntaba, cada vez más desconfiada, la joven princesa.

―Uno en el que me cedes tu lealtad o lo que es o mismo, me pertenecerás si no logras que tu principie se enamore de ti en un tiempo exacto de tres días.

―No puedo hacer eso. -negó Ariel.

―Buena suerte encontrando el amor mojado por aquí.

―Es demasiado arriesgado.

―Todo en esta vida es arriesgado. Si no arriesgas no puedes ganar. Quédate aquí, como una cobarde mientras la felicidad se te escapa de las manos.

Ariel titubeaba. Y a Úrsula le recordó a alguien.

―Piensa en ello. Te doy un día para decidirte.

Unas horas más tarde, Úrsula encontró, para su sorpresa, a su mentor en su casa.

―¿Qué haces aquí?

―Hacer tu trabajo. Ha firmado y la he enviado arriba. De nada. Últimamente dejas mucho que desear, reina del mar. ¿Un día para pensarlo? Y de paso que papaito le ayude a decidirse ¿no? ¿En qué estabas pensando?

―Creía que sería bueno darle tiempo para echarlo de menos -se excusó ella.

―Mal pensado. En estas situaciones uno tiene que actuar rápido. Ahora ya no sé di debería enviarte a vigilarla. Igual le das más tiempo para pensar.

―No. Me encargaré de que cumpla el contrato.

Úrsula y Ariel fueron enviadas al mundo no-acuático. La princesa con la necesidad de encontrar el amor verdadero y la reina del mar con el trabajo de evitarlo.

Sin embargo, Úrsula no sabia que esta vuelta a casa la iba a enviar a un viaje por su pasado que le llevaría a cuestionarse su presente.