Capítulo VI

Úrsula y Ariel llegaron a tierra sin problemas. A ambas les costó acostumbrarse a caminar, pero a Úrsula mucho menos y eso perturbo a la joven princesa, que no tenía idea del pasado humano de su acompañante.

―¿Dónde estamos? -Ariel estaba aturdida fuera de su habita.

―Adoro la juventud, siempre preguntando. Estamos seguros aquí, es lo único que tienes que saber.

Úrsula se las había ingeniado para hacer creer a la princesa que iba a ayudarle en su cometido de enamorar al príncipe, cuando claramente estaba haciendo lo contrario.

El primer día le engañó diciéndole que Eric vendría a cenar y así tendría la primera oportunidad. Así que, cuando Ariel paseaba por aquel castillo desconocido con una"R" por todas partes, lo hacía confiada.

―Igual esta chica es de la que estaba enamorado de mi padre -divagó la joven pelirroja, mirando el cuadro que sostenía entre sus manos.

―¿Qué? -pudo decir Úrsula.

La mujer del rey Tritón había muerto hace dos años.

―Mi padre nunca quiso a mi madre, no de esa manera... no intensamente. Sé que solo tengo dieciséis años, pero él nunca la miraba como yo miro a Eric.. y bueno, siempre lo he sospechado. Su corazón estaba en otra parte. Y mirando este cuadro, yo veo esa mirada- dijo ella mostrandole el cuadro.

Estaba hablando de un cuadro que había encontrado escondido en el ático, lleno de polvo y estropeado por el paso del tiempo. En él se podía observar a dos jóvenes, un chico y una chica. Él iba exquisitamente vestido con traje y ella llevaba un sencillo vestido blanco. Él la mirada y ella sonreía.

Úrsula evocó aquel momento.

Sean, deja de mirarme- reía la joven sin apartar la vista del pintor.

-¿Por qué? Es divertido.

-Así el pintor no puede retratarte bien.

-Yo doy igual, mientras te pinte bien a ti.

―¿Tú qué opinas? -la princesa la distrajo de sus recuerdos.

―Puede ser, sí.

Ariel se fijo en la firma del pintor, pero lo que más le llamó la atención fue el título, escrito más arriba. "Regina y Sean". "Regina" repitió la joven.

―¿La conocías?

―¿Mm? -Trató de disimular la bruja del mar.

―Esta joven, la del cuadro, Regina. Esta es su casa. La conocías muy bien ¿no?

―¿Por qué lo dices?

―Quiero decir, por eso estamos aquí. Debe de ser muy intima tuya para que te deje la casa...

Úrsula estuvo a punto de reírse en su narices. No la había reconocido. Aunque bien pensando, no era extraño. Ahora siempre iba de negro, con el pelo recogido y la chica de ese cuadro era muy diferente, tan inocente y tierna. Además un cuadro siempre es interpretado distintamente según quien lo mira.

―Podría decirse que eramos cercanas.

―¿Qué relación tenía ella con mi padre? ¿Y qué pintas tú en todo esto? -Había algo que se le escapaba a la hija del Tritón.

La reina se encogió de hombros, mostrando indiferencia.

―Solo sé que estuvieron juntos un tiempo y él se marchó.

―Con mi madre -completó la joven con un suspiro, volviendo a examinar el cuadro.

―Basta de tonterías -dijo Úrsula, arrebatándole el cuadro- ve a prepararte para el príncipe. Y procura no hurgar más por ahí, o puede que te lleves más de una desagradable sorpresa.

Ariel asintió, pues su tarea era demasiado importante. Ya indagaría en el pasado de su padre cuando hubiera solucionado el lío en el que se había metido.

―Deja de llorar. Habrá tenido otro compromiso -la voz fría de Úrsula resonaba en la habitación.

―¿Esperas que me crea eso?

Por un momento, Úrsula creyó que la había descubierto.

―¿Insinúas...?

―No le intereso, está clasicismo. -lograba decir Ariel entre sollozos- Todo porque me fui, si él supiera... que lo hice porque no tenía más remedio. ¡No podía estar en tierra! Pero dejé pasara demasiado tiempo...

Úrsula la escuchaba y a cada palabra que decía, más identificada se sentía.

―Si es así, se dará cuenta.

―¿Cuándo? ¿Cuándo me vuelva a ir? Será demasiado tarde... ¿Es que el amor nunca puede triunfar? Lo daría todo por él, en serio. No creo que jamás vuelva a amar como lo he amado a él. Incluso, si no le vuelvo a ver...

―Eh, no te pongas así, aún tenemos dos días. Haremos que ese piernecitas se enamore -La bruja de mar se sorprendió a si misma con estas palabras.

―¿De verdad lo crees? Sé que si no lo conseguido jamás seré feliz, por muy joven que sea, es un sentimiento que tengo en el pecho... no sé si puedas entenderme...

―Te entiendo. Y ahora duerme, niña. Mañana lo verás.

Lo que acontecería mañana, ni Úrsula podía saberlo. Una parte de ella quería realmente ayudarla a recuperar al amor de su vida. ¿Qué grande era esa parte? ¿Estaría dispuesta a desobedecer a su maestro y buscar su propio destino?