Sé que no tengo perdón por haber tardado tanto pero no diré nada solo les dejo el capitulo.
Sexta noche o el robo de los papeles invertidos
La capital del continente, ciudad Centella. Lugar cede de los poderes político-religioso, lugar del Gremio de la Eternidad.
La ciudad se extendía en forma de luna a lo largo de la costa interna del continente, las paredes y calles eran forjadas de piedra blanca que daban una sensación de eternidad interrumpida por el ocasional colorido de las vitrinas de las tiendas, flores colgaban del alfeizar de todas las ventanas en jardineras color madera, las callejuelas eran ocupadas casi todas por las mesas sombrilleadas de los cafés y restaurantes.
Los carruajes iban y venían como único trasporte de alquiler tirados por caballos de diferentes razas, los autos classicos* permanecían estacionados fuera de las casas durante la temporada en que las lluvias escasean, y apenas algunos conducidos por aquellos que enamorados del auto recién adquirido u obligados por la lejanía del trabajo o la escuela debían de atarse a la maquinaria para llegar a sus destinos.
Las aceras eran transitas por más personas que las calles por vehículos, parecía un desordenado desfile de vestidos, trajes, colores de cabello y pieles, de palabras entremezcladas con las de la conversación de a un lado y todo se detiene en alguna parte cuando un muchacho con el uniforme deportivo de su escuela se detiene frente al mural de anuncios varios, a leer el afiche que anuncia la presentación de una película vieja en un cine independiente.
La pantalla holográfica gigante sobre un edificio marca la hora exacta las ocho, el muchacho corre para no llegar tarde a la escuela y los locales que aún no habían abierto corren sus cortinas y abren sus puertas invitando a los clientes a entrar.
La ciudad de extiende hasta la costa en donde a lo lejos se ve una isla y como su la espuma del mar se uniera para crear una brecha sólida, un largo camino conduce hasta la amurallada entrada a la sede del Gremio de la Eternidad.
-Aquí estamos señorita, La entrada al Gremio de la Eternidad -Anuncio el cochero tensando las correas para detener el movimiento del carro que se detuvo frente a la puerta de madera reforzada unida a la largo muro color de oro que surcaba el entorno de la isla y del gremio.
-Gracias -bajo del coche con el neceser en mano y mientras buscaba el dinero en la bolsa interna de la chaquetilla de algodón que llevaba sobre el vestido azul, no había tenido la oportunidad de cambiar sus ropas solo había tomado las maletas a medio deshacer de su habitación, regreso lo esencial al neceser y había salido sin pedir uno de sus propios vehículos al encargado del garaje.
-Oh! señorita, no hace falta – meneo las manos el cochero después de bajar la maleta de la chica del compartimiento trasero del carruaje.
-¿De qué habla? este es su trabajo – insistió sorprendida de que le detuviera la mano negándose a tomar su paga.
-Los cocheros tenemos el acuerdo de no cobrar un viaje hasta este lugar.
No pudo evitar que una sonrisa se formara en sus labios, todos en el gremio sabían bien que los cocheros no cobraban a aquellos que iban al gremio en búsqueda de ayuda.
-Yo no estoy aquí por la razón que usted piensa – dijo tomando la mano del hombre para dejar en ellas la paga.
Seis insignias de cobre** dejaron estupefacto al cochero que hasta entonces entendió que no era una peregrina que buscaba refugio en el gremio, su poco tiempo con el trabajo de chochero no le habían permitido más que dos viajes previos al gremio y ahora que veía a la joven podía distinguir en ella ese porte magnánimo que caracterizaba a las personas que había visto abrir la puerta y tenderle la mano a los peregrinos que había traído con antelación.
La vio abrir por su propia mano la puerta de entrada, que se suponía solo podía abrirse por dentro. "¿Quién ha montado en mi coche?" se preguntó viendo las insignias una última vez antes de meterlas en el bolsillo y subir al coche para darle vuelta y regresar a la ciudad.
Tras las puertas del muro de oro un sendero conduce entre la arboleda de un bosque que corre desde la pequeña montaña al norte de la isla y rodea la zona habitable; solo después de recorrer un kilómetro a pie y haber pasado la pequeña capilla en el claro del bosque era que se podía ver el tejado azul del edificio del gremio.
Cualquiera llegaría a imaginar que el edificio en donde se congregaban los miembros del gremio sería una gran edificación al centro de la única plaza que era rodeada por un hospital, un comedor común, un encantador parque recreativo, un banco y un juzgado, algunas tiendillas de pobre stock en comparación con la magnánima biblioteca pública que frecuentemente era visitada por estudiosos en búsqueda de material para sus investigaciones.
Pero no, el edificio recorría todo el entorno como una muralla militar vista dese fuera y como un pasillo de dos pisos que albergaban las oficinas administrativas en el primer piso y las habitaciones que eran repartidas entre miembros del gremio y peregrinos.
La plaza era dividida por canales que eran alimentados por el único rio que había en la isla y servían como fuente para potable, los canales se entrecruzaban y se perdían al llegar en el pasillo formando una gran triqueta vista desde el iré.
Ethel entro en la plaza y barias personas se concentraron en ella sorprendidas por un persona nueva.
-¿Señorita usted también vino a pedirle ayuda a los ángeles? – pregunto un pequeño observándola hacia arriba, llevaba una canasta con panes
-¿Tu eres quien reparte la comida a los enfermos? – pregunto evadiendo la primera pregunta, nunca había gustado de explicar su razón de estar en ese lugar y no era que odiara al gremio o le incomodara permanecer en él, realmente le gustaba el lugar y mucho pero entre menos supieran los peregrinos de su existencia en ese lugar era mejor…para ellos.
El pequeño asintió con entusiasmó y le mostro el contenido de la canasta, no solo llevaba hogazas de pan si no también un par de frascos de mermelada y algunos trozos de queso.
-Gracias por tu trabajo- Le alborotó los cabellos y lo dejo seguir con su camino, el reloj al centro de la plaza marcaba casi las tres, suponiéndole que las personas estarían en el comedor común ella tomo camino contrario al pequeño, tomo uno de los pasajes que conducían a una de las escaleras al segundo nivel, la hilera de ventanas y puertas de pomo plateado intercaladas marcando el inicio y el final de cada dormitorio era interrumpida por una habitación sin ventana con una puerta de pomo dorado.
-Que la maldición de mi sangre me proteja – dijo para sí, colocando la mano sobre el pomo color de oro – y que la expiación de mis culpas salve las almas de la perdición.
Giro el pomo sin cerradura y abrió la puerta.
La habitación era diminuta a comparación con su recamara en la mansión Sorrow, pero aun así era más grande de lo que por fuera podía imaginarse.
Una cama colgaba de gruesas cadenas aseguradas al techo, pegada a la pared frontal izquierda y con una escalerilla de cuatro peldaños para poder subir, debajo de esta se encontraba un escritorio de madera clara y una silla sin cojín, en la pared frontal derecha reposaba un gran libero tan atiborrado de lecturas que incluso guardaba libros de forma horizontal sobre otros más, junto a él en la esquina con la pared principal una pequeña mesa con un florero vacío sobre una caja plateada, en la pared principal –aquella que es la primera en verse al entrar a la habitación- había dos farolas que guardaban detrás de sus cristales una piedras finamente pulidas en forma de prisma de un color azul opaco y entre ellos una puerta de cristal que conducía a un pequeño balcón que permitía la vista de todo el bosque y la playa más allá del muro.
Miro las masetas con las plantas secas, ya después se encargaría de reponer las muertas plantas por alguna cosa que no ocupara cuidados especiales.
Se acercó al escritorio en donde aún estaban las últimas lecturas y anotaciones en las que había trabajado antes de abandonar su habitación en el gremio para asumir sus labores como el Quinto Dios.
"…el resultado de la exposición a frecuencias sonoras de alto decibeles muestra un resultado favorable para la investigación del generación de luz no ígnea.
Si logro encontrar una forma de producir altos decibeles sin lastimar el oído sin afectar el resultado, podremos evitar la activación de los cristales de luz mediante calor…"
Decía la última nota hecha sin fecha, había estado buscando una forma de hacer encender los cristales de luz sin la necesidad de que a estos se los acercará fuego para que resplandecieran.
Los cristales de luz eran piedras que cuando entraban en contacto con el calor resplandecían en una agradable luz azul.
El gremio había encontrado en una mina dentro de la isla tal grandiosa cualidad cuando un trabajador había acercado su puro a los cristales que en aquel entonces eran usados para reforzar los metales y casi nunca como joyería.
Miro el fino reloj de plata sujeto a su muñeca, ya era hora, quisiera o no era el momento y debía de enfrentarse a esa persona.
Se arrodillo frente al cofre de madera e hierro forjado que aguardaba entre la pared principal, bajo el farolillo izquierda, y el escritorio. Saco de él un juego de prendas y un par de zapatos, coloco las prendas sobre la silla y los zapatos los tiró junto a la misma sin mucho cuidado.
Se despojó del vestido azul y de las sandalias. Primero se colocó la blusa blanca con la espalda descubierta, de cuello mao cerrado por un nudo chino en cordel de seda negra, los hombros descubiertos y manga larga en las orillas de los hombros, el cuello y el puño de las mangas eran dorados, el pantalón también blanco sin ningún adorno, los zapatos de satén negro y dorado, finalmente una faja negra sintiéndole la cintura.
Revolvió el interior del neceser sacando de su interior dos cajas pequeñas una negra redonda de cual tomo un brazalete de plata con el emblema del gremio (un halcón con las alas abiertas que lleva una orbe con un cometa en su interior) y la otra cuadrada y plata que contenía un anillo también de plata con una elaborada S. El brazalete se lo coloco en la mueca derecha sobre la maga de la blusa y el niño en el pulgar de la mano izquierda.
Terminada su labor se observó en el espejo de cuerpo completo que era la parte interna de la puerta sin picaporte, imposibilitada para ser abierta desde adentro.
-Hay que armarse de valor, solo será una reunión de rutina – Suspiro con fuerza, solo se había visto en tres ocasiones con aquel que gobernaba sobre los miembros del gremio y sabia de buena manera que ella no era de su agrado.
Tomo el jarrón vacío de la mesita en la esquina y lo dejo a un lado para sacar de la caja de plata una llave como las que ya no se usaban en esa época, pequeña y de un plateado algo oxidado con dientes como de cierra desgastada, cabeza*** redonda con un pequeño orificio del cual colgaba una cinta azul. Se trataba de una llave de tiempos antes del cataclismo, un método fuera de uso, o eso era lo que se podría llegar a creer.
Con llave en mano y habiendo colocado el jarrón en la misma posición se acercó al farolillo la derecha de la puerta de cristal, lo miro unos segundos recorriendo los grabados de la base, apreciando el delicado relieve en flores que ocultaban la ranura en donde entro la llave que tras ser girada y removida, revelo el secreto de su existencia.
Un pasaje se abrió en el suelo dejando ver un túnel al final de las escaleras de mármol.
Se colgó la llave al cuello gracias a la cinta azul y tomo un encendedor que había guardado en el bolsillo del suéter que antes llevaba.
Bajo por las escaleras y tomo el farol de mano que activaba la trampa que cerraba el pasadizo, se quedó en oscuridad hasta que la luz azul dentro del farol de mano se encendió cuando acercó la llama del encendedor.
Camino por el corredor siguiendo el camino único hasta llegar a una cámara con tres puertas y cuatro túneles iguales a aquel que le había servido como camino a ella.
Frente a una de las puertas esperaba un hombre alto de cabellos rubios ocultos debajo de la capucha de una capa color hueso con una cintilla cruza a la altura de los hombros que se abrochaba con una insignia dorada al pecho con el emblema del gremio, la capucha se extendía hasta los pies simulando un habito religioso.
-Hola Jhon – Saludo atrayendo la atención del guardia
-¡Señorita Sorrow! Que gusto verla – Anuncio descubriendo su cabeza para dejar ver sus ojos azules y blanquecina tez – Esperábamos que llegara mañana, tal vez.
-Estaba en el continente cuando se me anuncio la situación ¿Ahora eres guardia de puerta? ¿Qué hiciste, ahora? –pregunto extendiendo la mano para saludar efusivamente al rubio.
-Deje salir los caballos de mar sin notarlo –Contesto rascándose la nuca y riendo tímidamente – La chica se limitó a sonreír.
Jhon no solo era mayor que ella por tres años sino también vivía en él gremio desde que era un bebe, y aunque eso lo hiciera uno de los Angeles más experimentados sus constantes descuidos le valían una serie de trabajos y castigos que lo ponían en situaciones un poco complicadas.
-Pero pase señorita, ahora anuncio su llegada…
-Alto Jhon – Interrumpió una voz grabe, las miradas de ambos se dirigieron a una de las tres puertas de dónde provenía la voz.
Cruzando el umbral y dirigiéndose a ellos un hombre tal alto como Jhon de cabellos castaño oscuro y mirada ambarina vistiendo el mismo habito que el rubio.
-Antes de pasar a ver a su alteza debe de ser revisada
-Pero ella es uno de los cinco, eso es una falta
-Eso sería así si no fuera –Pauso un momento como juntando toda la aberración que le tenía a la joven – una Sorrow –arrastro su nombre de tal manera que hizo trenzar cada musculo de la joven, soportando los deseos de saltar sobre su cuello.
-Damián no voy a permitir que le faltes al respeto de esta manera, bien sabes que ella…
-¡Jhon! - La voz de la chica hizo eco en la habitación – no tengo nada que ocultar y si hacerme revisar tiene tranquilo a Damián, no tengo ningún problema
Jhon retrocedió un paso, su rostro mostraba la clara molestia que le causaba eso, Ethel era como una hermana para ella.
-Él se molestara mucho cuando se entere – Murmuro para sí mismo, apretando los puños mientras veía como la chica era cateada por dos hombres vestidos con pantalón y palera de algodón gris además de llevar protecciones de guerra como un peto que cubría solo su pectoral izquierdo, hombros y espinilleras, que junto con las lanzas los ubicaba como guardias.
-Si intentas algo Sorrow – gruño Damián al oído de la chica antes de dejarla pasar esta mientras cambio miradas con Jhon antes de pasar por la puerta que le correspondía a este custodiar
"No le digas nada"
Pudo leer en aquel gesto
-Jhon, debes de aprender a dejar la amistad de lado y concentrar en tu trabajo, eres el más despreciable en la orden de los Angeles
-Damián tu deberías aprender que significa tu posición como Ángel
Tras cerrar la puerta siguió aquel pequeño pasaje hasta llegar a unas escaleras de piedra que la condujeron a una puerta de madera que tras ser hubiera revelaron los brillantes rayos del so sonido de los pájaros y la naturaleza, el aroma a humedad y musgo fue sustituido por el perfume de flores barias y el dañino frio por una refrescante briza.
-Al fin puedo ver a la famosa hija de Ián Sorrow –
En un quiosco al centro de aquel invernadero un hombre alto de cabellos rubios brillantes, con algunos mechones plateados que surcaban su cabeza, su rostro cuadrado de pómulos altos demostraba que en juventud había sido un hombre bástate apuesto ahora por la mitad de la mejilla izquierda le surcaba una gran cicatriz que casi se tocaba con una que atravesaba el puente de su nariz. Con gran porte aun mantenía sus anchos hombros erguidos.
Se encontraba sentado frente a una mesa redonda dispuesta para el té.
-Me dijeron que gustas del té de vainilla y los dulces, así que mande a poner esto para ti, me dijeron que habías partido temprano de tu mansión en Towel así que tuve todo preparado para ti
-Su majestad me gustaría me permitirá declinar su invitación y pasar al tema más pertinente – Se inclinó frente al quiosco, con gesto lleno de solemnidad y respeto.
-Ethel – La gran y rasposa mano del hombre la tomo de la barbilla invitándola a levantar la vista – Si te pido que vengas a este lugar es para hablar sin formalismos, tu eres la amada hija de Ián, el salvo mi vida muchas veces cunado éramos jóvenes, lo llegue a considerar un hermano.
- Pero eso no lo exenta de creer lo que todos, si no le importara su alteza no quisiera ningún trato especial por ninguna razón que usted pueda considerar.
-Entiendo – El hombre la soltó y se alejó dejando atrás el quiosco – Sé que priorizas tus labores como Sorrow dirigidas a Aura pero las situaciones aquí se está complicando cada vez más y pronto se desatara una guerra civil contra el gremio, he mandado a traer a todos los dioses a este lugar pero solo has llegado aquí tu por el momento
-¿Cuánto tiempo tengo?
-Dos meses antes de que todos regresen al gremio, durante ese tiempo tengo que pedirte que se encarguen de conseguir la mayor cantidad de "alimento" para Aura, el tiempo que se tenga que permanecer en el gremio es incierto, pero también te pediré que tengas cuidado con tu sombra, aunque yo no tenga ninguna razón para negar lo que haces, debes de tener presente que los demás miembros del gremio consideran una rebeldía tu actitud al haber elegido como sombra a la perdedora de la prueba del dolor, después de lo que paso con tu padre
Ella no dijo nada y el solo se marchó, no supo cuánto tiempo estuvo en ese lugar, tal vez hasta que la tetera dejara de humear.
Cundo abandono el campo florido por la salida que solo ella concia y regreso a la plaza principal, las personas caminaban de aquí para allá los niños corrían persiguiendo se entre ellos. Ella amaba ese lugar, le había mostrado lo más hermoso de la vida.
-Señorita – El niño que había visto cuando llego le llamaba acompañado de una niña pequeña – N la vi en el comedor así que le guarde un poco – ofreció una hogaza de pan y la niña un frasco con mermelada
-¿Les parece si lo comemos juntos? – Pregunto y ambos niños mostrar los dientes en una gran sonrisa.
Partió el pan y lo unto de mermelada de frambuesa para los tres, lo comió con ellos sentada bajo uno de los arboles a la orilla del parque y que ofrecía la vista de toda la plaza. Terminado el pan los niños regresaron con sus familias. Sonrió. Le recordaban a ella y Jhon cuando niños.
Miro al cielo
-Mañana estaré de regreso en Spirit – cerro los ojos y se dejó llevar por la paz de la lugar.
-Ethel – Llamo la chica con gran entusiasmo, amenazado con lanzarse en un abrazo a su hermana
-Isa – No pudo decir más porque un puñetazo en el abdomen la doblo de dolor
-Eso es por irte sin explicarme nada – Objeto la menor con suma molestia – Estaba preocupada.
-Supongo que lo tenía perecido – Dijo apenas, mientras con la mirada retenía a Star al pie de las escaleras para que no interfiriera.
-¿Cuándo será el día en que me confíes en mi como es debido?4
Ethel se levantó con problemas para poder responder
-Yo confió en ti como es debido, en quien no confió es en ellos
Y aun así te sigue gustando el gremio como si fuera un hogar al que regresar
- Lo es para mí Isa, comprendo que te sientas encerrada en el gremio pero para mí es un hogar, antes de que tu llegaras el gremio fue el único lugar que conocía y cuando lo deje no me encontré con el fantástico mundo que cuentan las historias que papá nos relataba siendo niñas, además sabes que no todos son malas personas.
-Lo sé y yo también confío en él, pero eso no nos da inmunidad
-No pretendo tenerla
Isaura busco la palabras que su hermana no le decía en la mirada de esta, la suave mirada casi maternal y la sonrisa melancólica, supo que estaba preocupada a la vez que estaba en paz, también supo que estaba decepcionada por lo que dedujo que no se había topado con esa persona espacial para ella en el gremio, pero había lago más era claro que había escuchado algo desagradable en ese lugar.
-¿Cuál es nuestro próximo trabajo? – pregunto imaginando que esa sería la razón
- Diezmar Spirit
La sorpresa apareció en los ojos de Star e Isaura.
-¿Cómo? – Se atrevió a preguntar el joven
-Tenemos dos meses para conseguir todo lo posible, la guerra es inevitable y hay que regresar al continente cuanto antes.
Comenzó como una suave risa subiendo de intensidad hasta ser una sonora carcajada Isaura destellaba deseo en la mirada y psicosis en la sonrisa
-Pro fin trabajaremos como es debido – la gran y torcida sonrisa se apoderó de su rostro
-Aún tenemos que guardar apariencias – Dijo la mayor con una sonrisa de medio lado, no mentiría diciendo que no le excitaba esa idea pero aun había cosas que hacer y su coartada de estrellas pop rock les serviría muy bien.
-Star en donde está el tío Marian – pregunto la mayor
-Desaparecido
-Ese maldito viejo está jugando con mi paciencia cuando parezca dile que es momento de jugar con los papeles correctos – Paso al joven y subió las escaleras con su valija en mano.
Star se acercó a la menor que destilaba por los poros deseo y diversión
-Supongo que yo también debo de jugar mi papel de ahora en adelante
-Así es –Contesto Isaura
* Uso la palabra clásico con doble s con la intención de que se trate más de una marca que de una línea estética algo como decir que en las calles solo había ferraris, aunque claro que los autos son al estilo clásico que nosotros conocemos.
**El sistema monetario en el continente será a base de insignias de estaño y cobre, siendo las de cobre las de mayor valor, en las islas se manejaran créditos y es dinero enteramente virtual.
*** Me refiero a la parte de donde se toma la llave, la verdad no sé cómo se llame con certeza pero una buena amiga me dio el nombre de cabeza, que realmente no me parece descabellado (xD) así que lo usé.
