Ninguno de los personajes de hetalia me pertenecen, todos son de Hidekaz Himaruyan, solo los OC son míos.

CAPÍTULO 2: UN GIRO DEL DESTINO

Amelie suspiró.

Catorce años han pasado desde aquella noche, el pueblo no había cambiado mucho, seguían tan verdes los árboles y la gente continuaba siendo amable; en la casa de la señorita las cosas tampoco habían cambiado mucho, la señorita Lourdes mantenía esa elegancia que la distinguía, continuaba visitando a sus amigas los fines de semana y continuaba administrando sus tiendas que poseía en la ciudad, la florería, una librería y una tienda de muñecas.

Si bien, tanto el pueblo como la señorita no habían cambiado, las cosas definitivamente no eran como antes y eso era debido a Jeanne.

Su pequeña Jeanne.

Jeanne era una niña preciosa; su cabello era largo, ondulado y de un precioso tono rubio cobrizo, sus ojos también eran muy hermosos, de un precioso tono azul y a veces, inexplicablemente, cuando veía esos ojos por un momento se le venía a la mente la hermosa ciudad de París, por otra parte su piel era pálida, mucho más que la de la señorita que la hacía ver como si fuese una muñeca de porcelana; además de lo hermosa que era, era muy inteligente, parecía que sabía de memoria la historia de París y además del francés hablaba muy bien inglés.

Sin embargo, había cosas que desconcertaban a Amelie.

Cuando Jeanne era bebé casi nunca lloraba, era muy tranquila, pero hubo días en que lloraba de tal manera que creía que iba a morir con lo fuerte que gritaba y un segundo después dormía, en un principio creyó que tal vez eran cólicos, sabía que los bebés sufrían de eso, pero la manera en que lloraba le llegaba a asustar, era como si la estuviesen matando.

Cuando la niña era de cuatro tenía unos cambios de humor muy extraños, podía estar riendo un momento y al siguiente estallar en llanto o estar tranquilamente leyendo en el jardín para luego arrojar furiosa el libro al suelo y comenzar a quejarse.

Le preocupaba enormemente que la niña tal vez hubiese nacido con algún problema mental y le expreso su inquietud a Lourdes, pero ella lo desestimó.

- si la niña está loca, que se quede así – se limitó a decir – puede que sea mejor que la envíe a una casa de locos y no a un convento.

La señorita Lourdes era cruel con la niña, no la miraba, no le hablaba, ni siquiera reconocía su presencia, solo hablaba con ella cuando forzosamente debía hacerlo, esto era con sus amistades, o bien, cuando iba a la iglesia y es que no podía ser cruel con la "sobrina" que amablemente había criado.

Jeanne sabía la verdad; cuando tenía diez años la escuchó hablar con Lourdes sobre ella, de cómo le preocupaba que el pueblo supiera que tenía una hija siendo soltera o peor aún que el padre de Jeanne apareciera y divulgara su aventura. A pesar de haber escuchado todo lo que dijo su madre, Jeanne no había dicho nada hasta dos meses más tarde.

Flash back

- ¿así que soy la hija bastarda de la tía Lourdes? – mencionó como si nada durante el desayuno con Amelie.

- ¿Qué? – preguntó entrecortadamente Amelie, ella no había dicho nada, si la señorita se enteraba, la despediría – no, por supuesto que no ¿dónde oyó eso?

Jeanne la perforó con la mirada, a Amelie no le gustaba que la niña le mirase así, se sentía como sí alguien poderoso le estuviese mirando, ni siquiera cuando la señorita Lourdes se enfadaba se sentía así; y eran esas miradas las que le hacían hablar.

- es – es verdad – se limitó a decir mientras bajaba la mirada – usted es hija de la señorita Lourdes.

Hubo un silencio incómodo

- ¿sabes dónde está mi padre? – preguntó para luego beber un sorbo de leche.

- no, sólo lo vi una vez y la señorita nunca volvió a hablar de él – la miró de reojo y Jeanne solo miraba su desayuno - ¿se encuentra bien señorita?

- si – se levantó de la mesa – estoy feliz de saber porque ella me odia tanto.

- la señorita no la odia solo…

- ME ODIA – gritó golpeando con el puño la mesa –ME HA ODIADO DESDE SIEMPRE

Fin del flash back

La niña nunca había mencionado esa conversación nuevamente, solo se limitaba a mantenerse fuera de la vista de la señorita.

- Amelie – Jeanne se estaba colocando su abrigo y sombrero – iré al pueblo

- ¿desea que la acompañe?

- no, quiero estar sola.

Cuando se hubo ido Amelie suspiró, esperaba que cuando la niña tuviese edad de casarse cambiaría un poco, tal vez dejaría de ser tan fría con las demás personas y se abriera más con ellos, puede que incluso sonriera, como cuando era más pequeña y rogaba a Dios que Jeanne encontrara un lugar que le hiciera feliz.

Jeanne comenzó a caminar hacia el centro del pueblo, necesitaba alejarse de ese lugar. Nunca le gustó vivir en ese pueblo y mucho menos bajo el mismo techo que Lourdes, Amelie no le molestaba aunque no soportaba que le dijera cómo comportarse o que pensar; ella sabía cómo debía hablar, sentarse o comer y lo que ella pensara o creía solo le concernía a ella.

Siempre se había sentido desplazada en este pueblo, como si no perteneciera aquí; sentía que las personas eran tan simples, los complacían las cosas más mundanas y los enfadaban las cosas más absurdas; que si aumentaban los impuestos, que las noticias tardaban tanto en llegar, etc. Entendía que esos les acomplejaran, pero aquellos problemas no eran tan importantes, había personas que la guerra estaba matando, otras personas que morían de hambre, esos eran problemas reales.

Continuó caminando por la vereda, aún era temprano así que el pueblo estaba casi desierto; comenzaba a acercarse a la plaza cuando se detuvo.

Sintió un tirón

Comenzó a mirar frenéticamente a ambos lados, la panadería aún estaba cerrada y el vendedor de tabaco de la otra acera acababa de llegar a su tienda.

¿Qué había sido?

Otro tirón

Se concentró y espero a que volviese a suceder y de pronto…

Otro más

- "hacia el bosque" – pensó.

El bosque que se hallaba al lado izquierdo del pueblo era bastante grande y frondoso, tenía varios senderos y se hallaban flores de diversos colores, no había animales salvajes salvo algunas liebres y pequeños zorros; así que con determinación se encaminó hacia allá.

A pesar de ser que aún era temprano el bosque estaba muy iluminado, la humedad acumulada por la noche había desaparecido y se respiraba un aire templado; Jeanne comenzó a caminar por el sendero que llevaba al centro del bosque, mientras andaba se concentraba para ver si volvía a sentir ese tirón.

Caminó durante media hora y los árboles eran cada vez más frondosos, la luz menguaba mientras se acercaba al centro del bosque y los pequeños animalitos comenzaban a aparecer más a menudo.

Otro tirón

Se detuvo, esta vez era hacia un lado del camino, dudo por un momento

¿Y si se perdía?

Bueno, no creía que alguien la extrañaría mucho, puede que Amelie, pero nadie mas; en el pueblo no se le veía mucho, su madre, no le gustaba que saliese durante el día, o podía salir cuando amanecía o cuando anochecía.

Tal vez para evitar que hablase con las personas y se le escapara que era su hija o simplemente para deshacerse de ella, esperando que en una de las salidas alguien la asesinara.

No le sorprendía, Lourdes nunca la quiso y nunca lo haría; estaba demasiado resentida con su padre, por haberse ido sin decir nada y haberla dejado sola y con una hija.

Otro tirón la despertó, ya había decidido seguir ese extraño tirón así que decidió ir en esa dirección; mientras más se acercaba el tirón aumentaba así que comenzó a correr, corrió y corrió y mientras más lo hacía el tirón aumentaba; los árboles y la vegetación ya era muy espesa y la luz disminuía cada vez más, pero no se detuvo; su corazón latía fuertemente y su respiración se aceleraba, se acercaba cada vez más, podía sentirlo y de pronto…

Cayó al suelo.

Había chocado con algo.

O alguien

Levantó la vista y ahí frente a ella había un joven, no parecía muy mayor, puede que alrededor de unos 20 años, su cabello era rubio y ondulado y sus ojos de un intenso violeta enmarcado en lentes.

- dis – disculpe, no lo vi – dijo Jeanne sonrojándose mientras bajaba la mirada

- no te preocupes, no fue tu culpa – le estiró la mano mientras le sonreía - ¿me permites ayudarte?

Jeanne asintió y dejó que la ayudara; cuando estuvo parada lo observó atentamente, tenía la piel muy clara, pero no parecía europeo; vestía un abrigo verde y una funda marrón y además llevaba ¿un oso?

- ¿quién es usted? – preguntó

- mi nombre es Matthew, Matthew Williams – le sonrió mientras le estrechaba la mano - ¿Cuál es su nombre?

- soy Jeanne Chevalier – le devolvió la sonrisa, sentía que podía confiar en él, pero aún así decidió ser cuidadosa - ¿Qué está haciendo aquí?

- te estaba esperando – ella se sorprendió – necesito hablar contigo

-¿de qué?

- es una historia muy larga – señalo hacia un enorme árbol tras de él – detrás de ese árbol hay un claro, sentémonos en la hierba y hablemos ¿te parece?

- ¿Por qué debería confiar en usted? – no podía ir con un sujeto que apenas conocía, era joven pero no tonta

- eres muy inteligente – tomó en sus brazos el oso – yo no te haré daño, te lo prometo – ella lo miró dudosa – pero de verdad necesito hablar contigo, es algo muy importante.

- primero dígame de que hablaremos

- de tu padre

Jeanne se quedó en piedra

- ¿mi… padre?

- sí – nuevamente le sonrió - así que ¿vienes?

- de acuerdo – comenzó a caminar tras de él - ¿de dónde es usted Sr. Williams?

- sólo llámame Matthew – llegaron al claro; era pequeño pero habían muchas flores y la luz del sol lo inundaba por completo – y soy de Canadá.

- yo nací en este pueblo – le dio una sonrisa tímida – me puede llamar Jeanne

- de acuerdo Jeanne

Se sentaron en la hierba y Jeanne quedó mirando a Matthew expectante.

- ¿Qué me quería decir de mi padre? – inquirió curiosa

- primero que nada, ¿sabes lo que es una representación humana de una nación?

- una vez leí sobre aquello – se concentró para hacer memoria – decía que algunas naciones o países tenían representación en una persona, es decir, la población se representaba en una – Matthew asintió – pero es lo único que sé

- no te preocupes – le sonrió mientras acariciaba el pelaje del oso – ahora, lo que te voy a decir quiero que me escuches atentamente y cuando termine podrás hacerme todas las preguntas que desees ¿de acuerdo?

Jeanne asintió

- como habías mencionado, hay representaciones humanas de naciones; estas representaciones aparecen y desaparecen según la nación, si la nación se desintegra la representación o renace con otro nombre o desaparece, eso es lo que ocurrió con quien fue la representación del imperio romano.

- pero ¿Qué tiene que ver mi padre con todo esto? – Miró a los ojos del canadiense – no puedo entenderlo ¿es que acaso tuvo problemas con alguna representación?

- no – soltó una risita – en realidad sí, pero es algo propio de él.

- ¿Qué exactamente está tratando de decirme?

- tu padre se llama Francis Bonnefoy – Jeanne abrió desmesuradamente sus ojos al escuchar por primera vez el nombre completo de su padre – y él es la representación humana de Francia.

Jeanne estaba en shock, no podía ser, pero… pero…

¿Cómo era posible?, que el padre que la abandono a ella y a Lourdes fuera Francia en sí mismo, no podía ser cierto, era totalmente… ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado?; comenzaba a desesperarse.

- yo – yo no entiendo – su respiración era agitada - ¿pero cómo?, ¿Por qué se fue?

- necesito que te tranquilices – dijo Matthew mientras acariciaba la cabeza de la chica intentando calmarla, luego de unos momentos ella se tranquilizó - ¿estás más tranquila? – ella asintió – entiendo que este confundida y enfadada, pero tienes que saber otras cosas más – ella asintió – Francia es una persona muy coqueta, que gusta de seducir mujeres, pero no es una mala persona.

- ¿Qué no es una mala persona? – Se levantó de golpe - ¿Cómo puede decir eso?, él abandonó a mi madre, me dejó sola sin importarle lo que pasara conmigo.

Respiraba de manera agitada

- él no sabe de ti – se limitó a decir Matthew mientras se levantaba – es más, no sabe que puede tener hijos.

- ¿qué?

- las representaciones solo aparecen, no nacen como cualquier humano – explicó – las naciones entre sí no pueden tener hijos, pero aquello no se aplica a los humanos, así que entre una nación y una humana pueden nacer hijos.

- ¿cómo sabe todo esto? – Inquirió mirando al rubio y de pronto una idea surgió - ¿es que usted es…?

- sí, soy la representación humana de Canadá.

- nunca había visto a uno – surgió una duda - ¿Cómo sé que es verdad?

- ¿Qué cosa?

- todo – respondió – que usted es Canadá, que soy hija de… Francia.

- ah, ya veo – miró un punto fijo en el suelo durante un momento – ¡ya sé!

Matthew de pronto comenzó a buscar en los bolsillos murmurando por lo bajo, de pronto sacó un pequeño papel.

- aquí está – señaló alegremente, mientras lo desdoblaba – mira esto - Era un papel amarillento con marcas de estar doblado y mostraba varias líneas trazadas como un pequeño mapa – dame tu mano – ella estiró su mano y Matthew hizo que apoyara su mano sobre el papel – cierra los ojos y dime lo que ves.

Jeanne un poco escéptica cerró los ojos; en un principio todo era naturalmente oscuro y de pronto millones de imágenes la invadieron, era muchas y pasaban muy rápido, distinguió palacios, jardines enormes y un río.

Quitó su mano del papel

- ¿Qué fue eso? – dijo aún sorprendida

- la ciudad de París – sonrío – este papel es un trazado de la ciudad solo marqué la ubicación de calles – dobló el papel y lo guardó – lo que viste fue la ciudad actual de París.

Jeanne quedó sorprendida, estaba consternada, en shock e incluso aterrorizada; siempre se había sentido diferente, como fuera de lugar y ahora que entendía todo sentía una infinidad de emociones, rabia, tristeza, desconcierto, alegría.

Comenzó a reír histéricamente.

Todo era tan extraño que no sabía que pensar, parecía sacado de una historia, que Dios definitivamente se estaba burlando de ella, que su vida era un montaje, creía que sabía quien era y ahora se enteraba que no era ni humana.

- Jeanne cálmate – pidió Matthew mientras trataba que dejara de reír – Jeanne por favor.

Ella continuaba riéndose; sentía que no podía parar, el aire se le iba, pero no podía detenerse y de pronto…

PAFF

Sintió un ardor en su mejilla y abrió los ojos de golpe.

Matthew o Canadá aún estaba con la mano levantada mirando serio a la chica, no quería abofetearla pero tenía que hacer que se detuviera.

- lo siento por abofetearte – dijo él mientras la ayudaba a levantarse – pero era necesario

Ella aún lo miraba sorprendida, nunca nadie la había golpeado.

- ahora que estas más tranquila tienes que terminar de escucharme – la miró directamente a los ojos y ella asintió suavemente – supongo que ya no tienes dudas de que soy una nación y que eres hija de otra – nuevamente asintió – no eres una nación, porque naciste de una mujer humana, pero tampoco eres totalmente humana porque tu padre es una nación.

- ¿Qué soy entonces? – sollozó – si no soy humana ¿me matarán?

- NO – gritó él – claro que no, yo nunca permitiré que te hagan daño – la abrasó mientras ella sollozaba en su pecho – eres mi hermanita.

- ¿tu hermana?

- si – le sonrió y limpió con sus pulgares las lágrimas de la chica – estuve al cuidado de Francia, así que creo que eso me convierte en tu hermano.

Jeanne le dio una radiante sonrisa, siempre había querido un amigo con el que pudiese hablar sin problemas, alguien que la escuchara, que la entendiera y ahora tenía a alguien, y no solo eso, él era su hermano.

- siempre quise un hermano – pero su sonrisa decayó un poco – pero no me has dicho ¿Qué soy?

- creí que lo había adivinado – Jeanne lo miró sin comprender – piensa, recuerda todo lo que ha pasado.

Ella comenzó a recordar lo que había pasado; estaba el tirón que sintió y el encuentro con Matthew, hablaron de las representaciones humanas y el hecho de que Matthew era Canadá. También el que era hija de la representación humana de Francia y luego Canadá le había mostrado ese mapa…

Definitivamente no era una nación, había nacido, tampoco era humana totalmente, ya que su padre era Francia, entonces…

- el mapa que pude ver – comenzó – ¿solo funciona con París o con cualquier otra ciudad?

- solo con París

Si solo funcionaba con París, eso quería decir que…

- si colocan un tazado como ese de Canadá ¿también verías los mismo? – el asintió sonriendo – entonces yo soy…

- la representación humana de París

La representación humana de París, representaba una ciudad, ahora sí que todo calzaba; el por qué se sabía de memoria la historia de la ciudad sin casi leer un libro sobre ella, por qué cuando se veía en el espejo y se enfocaba en sus ojos se le venían a la mente parques, palacios y el río.

Pero a pesar de saber aquello, aun tenía dudas, demasiadas.

- yo necesito saber – dijo mirando a su nuevo hermano - ¿moriré como los humanos?

- no – le revolvió el cabello – vivirás tanto como lo haga tu ciudad, sé que tienes muchas dudas y te las responderé todas o al menos las que sé, pero antes debo hacerte una pregunta, ¿vendrías conmigo?

- ¿a Canadá?

- eventualmente – comenzaron a caminar hacia el camino – antes necesito ir a otros lugares, no eres la única representación que ignoraba su condición de ciudad.

- ¿hay más como yo?

- sí, pero aún no has respondido mi pregunta ¿vienes conmigo o te quedas?

Jeanne comenzó a pensar en su vida, siempre había estado sola, aislada; su madre no la quería, Amelie tal vez la extrañaría, pero la olvidaría en un tiempo; los del pueblo no la conocían, Lourdes se había encargado de mantenerla encerrada en la casa y ahora había una oportunidad de ser libre, de estar con personas iguales a ella y la oportunidad de que alguien la quisiera por quien es.

- ¿no tendré que ver a mi padre? – inquirió

- no, si no quieres

- está bien, iré contigo.

Habían llegado al camino, el sol estaba en lo alto; el bosque que antes parecía sombrío, ahora era luminoso y brillante.

- tenemos que irnos pronto – mencionó el canadiense – pero puedes irte a despedir.

- no – si quería comenzar de nuevo, no debía mirar atrás – dejaré una carta pero nada más.

- si así lo deseas – se tomaron de las manos – salimos esta tarde.

- ¿A dónde?

- a Londres

Aquí está el segundo capítulo, espero que les agrade; la próxima actualización demorará un poco más.

Espero sus críticas y comentarios

Angi =)