Hetalia no es mío, solo los OC me pertenecen
Hola a todos, perdón por tardarme tanto en actualizar, pero tenía pruebas en la universidad que me dejaron sin vida.
Quiero agradecer a todos los que me enviaron reviews y ojala sigan comentando este fic.
Aclaración: esto es con respecto a la pregunta que hice si querían parejas o no. No es que voy a convertir el fic en algo romántico, el romance no es lo mío, pero puede que insinúe algo, pero será secundario y más adelante.
CAPÍTULO 5: VERDADERAS INTENCIONES
Canadá salió de la sala con las naciones siguiéndole; cuando reveló todo, o al menos una parte de ello, sintió que se le quitaba un peso de encima, pero tenía la certeza de que las cosas se complicarían una vez que llegaran a la casa.
Le envió un mensaje de texto a Damla para avisarle que iba con las naciones, si se lo enviaba a Jeanne crearía un escándalo.
- primero iré a recoger a Brad – se giró – ¿vinieron en taxi?
Todos asintieron
- para que sea más rápido tres personas se pueden ir conmigo y cuatro en un taxi. ¿Qué les parece?
- sure Mattie, pero el héroe va contigo
- mon petit, yo también junto con Angleterre – parecía que el aire había dejado de ser tenso
- ¿WHAT?, no iré contigo, prefiero irme en taxi
- da, Inglaterra es bienvenido para unirse a la madre Rusia
Arthur lo miró con horror
- prefiero soportar al bastardo del vino
- entonces Alfred, Francis y Arthur se vienen conmigo – asintieron – y para el resto, acabo de llamar a un taxi.
Caminaron hasta la recepción; en ella la recepcionista estaba hablando por teléfono y junto a ella estaba Brad rayando un papel; se acercó y gradeciendo a la mujer, quien solo asintió para continuar hablando, tomó a Brad de la mano.
- nos vamos a la casa – tomó de la mano al niño – estás castigado
- ¿Por qué?, yo no hice nada
- saliste sin permiso de la casa y solo con pijama – iba a protestar, pero la mirada de su tío lo callo – no verás televisión ni jugaras videojuegos – pensó – hoy ni mañana.
- pero-
- ¿quieres que sea una semana?
- no
- entonces no reclames.
Los países miraron esa interacción, esa faceta de Matthew aún les asombraba.
Salieron hacia el aparcamiento donde estaba el auto de Matthew y el taxi esperando. Matthew se sentó en el puesto del conductor y colocó a Brad a su lado, tenía que tener al pequeño bien vigilado.
- están todos acomodados – preguntó mientras ponía en marcha el auto, su familia asintió – bien, nos vamos.
Llevaba unos minutos conduciendo cuando Brad empezó a hablar.
- hola – dijo girándose hacia los ocupantes de atrás – soy Brad, ¿Quiénes son?
- eh – Alfred estaba nervioso –yo, pues soy Al- Alfred
- soy Arthur
- soy Francis, mon petit
- mira tío Matt, el señor Francis se parece a Jules, ¿Por qué se parece a Jules? – Brad era muy curioso, casi tanto como Alfred.
A Matthew le hacía gracias que un niño tan pequeño se pareciese tanto a Alfred, le recordaba aquellos tiempos en que ambos eran colonias.
Francis mientras tanto pensaba en lo que dijo el niño, tenía un hijo que se llamaba Jules y al parecer se parecía él, ¿Cómo será? ¿Qué edad tendrá?, cada vez se estaba impacientando más.
- son ideas tuyas – sonrió un poco – ¿Qué hiciste mientras me esperabas?
Brad comenzó a parlotear sobre lo que había estado haciendo. Canadá comentaba de vez en cuando, pero ninguno de los tres ocupantes de atrás de atrevía a hablar.
Matthew decidió cambiar eso.
- Brad – el pequeño dejó de hablar – a Alfred le encanta superman
- ¿de verdad? – Preguntó mirando al americano – a mí también me gusta, me disfrazo de superman para halloween. ¿Tú también te disfrazas?
- eh – tragó – sí, me disfrazo en halloween
- me gusta salir a recoger dulces – Brad se había volteado completamente, arrodillándose en el asiento – yo me disfrazo de superman y Jenny de la mujer maravilla.
- ¿Quién es Jenny? – preguntó Arthur
- ella es mi hermana
- ¿tienes más hermanos? – a Alfred le costó preguntar esto, todo lo relacionado con sus hijos, era estresante.
- sí, esta John, Alex y Jenny – Alfred sudaba - ¿Por qué está nervioso?
- por nada – dijo rápidamente - ¿así que eres el más pequeño?
- sí, pero hay niños más pequeños en la casa, están mis primos.
- ¿tus primos?
Asintió hacia lo dicho por Arthur – son hijos del tío Matt y son pequeños. Gilliam es un bebé y no camina, y Alen es pequeño, pero el sí camina.
- ¿Cuántos hijos tienes Mathieu?
- cinco – le respondió al Francés, quien se sorprendió y luego soltó una risita.
- oh mon amour, sabía que aún quedaban rasgos franceses en ti – se rió pervertidamente – tienes que contármelo todo.
- ¿Contar qué? – preguntó Brad
- shut up frog – siseó Arthur – hay un niño presente.
Alfred soltó una risa, pero calló al escuchar las palabras de Matthew.
- llegamos
La casa de Matthew era bastante grande. Era de un estilo inglés con tres pisos de un color crema con ventanas del tipo americano; había un antejardín muy bien cuidado con rosas, violetas, camelias, un sin fin de flores. La reja que cercaba la casa era de color negro pero se hallaba cubierta de enredaderas, siendo lo único libre de plantas, la reja de entrada al garaje y la pequeña puerta para ingresar al antejardín desde la acera.
- oh mon petit tu casa es magnifique
- vee, la casa de Canadá es muy grande.
- ja (sí), debe ser porque vive con tantos niños
- somos muchos niños – dijo Brad, quien iba de la mano de su tío hacia la entrada de la casa – tengo muchos amigos con quienes jugar.
En ese momento la puerta se abre.
En la entrada había una joven rubia con una trenza; vestía un pantalón negro, camiseta azul y chaleco negro. Tenía en sus labios una suave sonrisa forzada.
- hola Matthew
- hola pequeña – ella miró fijamente al resto de los países sin decir nada – te presentó a los otros miembros del G8.
- buenos días, soy Damla – saludó estrechando la mano de cada nación.
- buenos días – murmuraron, tratando de pensar, de quien era hija.
Damla miró a Brad.
- estás en serios problemas
- ya lo castigué – dijo Canadá - ¿les avisaste que veníamos?
-sí – soltó una risita – si hubieses visto el escándalo que armó, pero ya se le pasará.
- Brad ve a vestirte
- pero…
- no te preocupes, Jenny no te regañará
- pero acompáñeme tío – lo miró con ojos de cachorro – Jenny me gritará y no me gusta que me griten.
Suspiró y fijó su vista en Damla, quien aunque contrariada asintió.
- de acuerdo – tomó la mano y antes de entrar a la casa, se dirigió a las naciones – entren, están en su casa.
Tomando la mano de Brad entró.
- vamos entren – dijo Damla con una sonrisa divertida – no mordemos
"mucho"
-eh claro, jajajaj – rió nervioso el americano y las naciones comenzaron a entrar, siendo Rusia el último y Damla cerrando la puerta.
Damla se les adelantó y los hizo pasar a la sala.
La sala era bastante amplia; las paredes eran de un color crema, similar al del exterior, había cuadros colgados y adornos en ellas. El piso de madera era cubierto por una alfombra café os y sobre una mesa de madera en el centro de la sala y sobre ella un florero con rosas, las mesa se hallaba rodeada de tres sillones amplios de cuero marrón claro y dos sillones individuales del mismo color.
- por favor tomen asiento – los países se sentaron; en un sillón Italia y Alemania, en el otro Rusia y Francia, y en el ultimo Estados Unidos e Inglaterra - ¿desean beber algo?
- claro – dijo Arthur, quien empezaba a impacientarse.
- vuelvo enseguida
Salió de la sala
- ¿de quién será hija? – Preguntó Arthur – no pude pensar en nadie.
- no creo que sea de nosotros – dijo Francia – me refiero, su nombre no sonaba europeo
- mmm tampoco americana – acotó Alfred – no se refirió a Matthew como papá así que no es su hija y Brad dijo que mi hij- - no podía decir esa palabra en alto, aún estaba asimilando la situación – dijo que su hermana se llama Jennifer.
- eso nos deja a Asia y África – Inglaterra miró a Japón - ¿alguna idea?
- su nombre no es japonés, pero suena… - pensó un momento – no estoy seguro, pero me parece que es un nombre árabe.
- hay muchos países con esa cultura, da – a pesar de sonreír, Iván también estaba un poco nervioso – podría ser cualquiera.
- ¿podríamos preguntarle? – sugirió Alemania
- sí, podríamos preguntarle, me pareció una signorina muy linda
- pero ella no estaba cómoda con nuestra presencia – Arthur suspiró – no debí haberme levantado esta mañana.
- ninguno de nosotros.
- hola
Los países se giraron hacia la entrada, en ella había una niña. Era pequeña, pero parecía mayor que Brad; tenía el cabello rojo, liso y a la altura del mentón; vestía un sencillo vestido verde con flores amarillas, debajo de este unas medias café y botas marrones, llevaba un chaleco marrón y cintillo verde que hacía juego con sus ojos del mismo tono.
- Ho – hola pequeña – saludó Arthur un poco tenso, esos ojos le inquietaban.
- vee, que linda bambina
- ¿Cómo te llamas? – preguntó Japón con una suave sonrisa
- me llamo Scarlett
- ¿Cuántos años tienes?
- tengo nueve – ella sonrió y se acercó hacia la mesa - ¿Quiénes son? – Los miró más detenidamente - ¿son países como Mattie?
- si mon petit – Francia intentó probar algo - ¿conoces a Brad?
- si – asentía rápidamente – él es más pequeño que yo, pero a veces jugamos juntos.
- ya veo – le sonrió – dime pequeña ¿Matthew te cuida bien?
- si – comenzó a juguetear con los pliegues de su vestido – yo creo que sí, porque o si no mi papá no me habría dejado con él.
- ¿tu padre te dejó con él?
- sí, yo vivía con mi papá, pero él trabaja mucho así que me trajo a vivir con Mattie.
- ¿vivías con tu padre? – preguntó Arthur desconcertado, ¿había otra nación que sabía de los niños y no dijo nada?
- sí
- ¿Quién es tu padre? – preguntó Alfred curioso, estaba seguro que no era él así que podía estar tranquilo, sin esa horrible incertidumbre
- mi papá se llama Scott – Inglaterra abrió los ojos desmesuradamente al mismo tiempo que los demás lo miraban
- ¿Scott, dijiste? – Francia continuó ya que Inglaterra estaba en shock - ¿Scott qué?
- mi papá se llama Scott – respondió la niña – él es Escocia y yo soy Edimburgo.
- SCARLETT
Damla había llegado con una bandeja con jugos, miró a la niña y luego a las naciones, estaba claro que había dicho algo.
- hola Damla – dijo la niña – mira ellos son como Mattie
- si – le sonrió – ¿Por qué no vas a arriba?, todos están en la sala de juego viendo una película.
- bueno – se dirigió a la salida – adiós
Y salió.
La sonrisa de Damla desapareció; ella colocó la bandeja en medio de la mesa y cruzándose de brazos habló.
- ¿Qué dijo ella?
- ¿a qué te refieres? – preguntó Ludwig.
Los fulminó con la mirada.
- no se hagan los estúpidos, sé que quieren saberlo todo – se relajó un poco – les puedo responder yo, pero no quiero que engañen a los niños para sacarle información.
- pero si no hemos engañado a nadie – dijo Alfred.
Damla enarcó una ceja.
- de todas formas – dijo mientras distribuía los refrescos – me pueden preguntar lo que sea; les responderé hasta donde pueda, pero – levantó la vista – no intenten engañar a los más pequeños para que les den información o las cosas se pueden colocar… rudas.
Asintieron ante lo dicho por la chica; por la mirada que tenía ella no bromeaba.
- ¿podemos preguntar lo que sea? – Arthur no estaba seguro - ¿cualquier cosa?
- eso dije – se sentó en uno de los sillones individuales – pero responderé hasta donde pueda, hay cosas que no me corresponde decir.
- de acuerdo – Arthur se enderezó y decidió empezar por algo sencillo - ¿Qué edad tienes?
- diecisiete – respondió – he estado con esa edad por unos años.
- ¿a qué te refieres, da?
- crecimos de forma constante por un periodo de tiempo. Alrededor de los catorce años – explicó – ahí nos quedamos atascados en esa edad, luego de un tiempo volvemos a crecer.
- ¿cada cuanto tiempo?
- es relativo –respondió ante la pregunta del alemán – luego de los catorce años pueden pasar años o incluso décadas antes de volver a crecer.
- ¿hace cuanto que tienes diecisiete?
- alrededor de unos veinte años
- discúlpeme Damla – san, pero ¿Qué representación es usted?
Todos miraron a la chica
- represento a Ankara
Los murmullos comenzaron
- ¿Dónde es eso? – preguntó Alfred perdido
- vee, estoy seguro que no es Italia
- no es ninguna ciudad de Europa, al menos no de Europa central – aportó Alemania
- esa ciudad suena un poco árabe – dijo Francis – no será acaso…
- ¿no es esa la capital de Turquía –san?
Silencio en la sala
- ¿eres hija de Turquía? – la chica fulminó con la mirada a Arthur quien se encogió, pero asintió
- ¿eres su única hija? – se atrevió a preguntar Arthur, las miradas que daba esa chica no le gustaban para nada
- no, tengo una hermana
Un silencio incómodo, tenían muchas preguntas que hacerle, pero notaban lo incómoda y hastiada que estaba ella y eso era preocupante. Si una chica con una mínima relación con ellos, es decir, no era hija, ni sobrina ni nada de ellos, al menos no directamente, se comportaba así, ¿Cómo lo harían sus hijos?
Necesitaban un tema más neutral
- la pequeña que estaba antes, me refiero a Scarlett – comenzó Arthur- menciono que Escocia la trajo a vivir aquí.
- así es – respondió – él la trajo hace unos tres años, no sé mucho, pero tengo entendido que él la había cuidado cuando pequeña.
- ¿hay una nación aparte de Canadá y Escocia que sepa sobre ustedes?
- no, no sé de nadie – estaba más relajada – ahora ¿puedo hacerles preguntas, yo?
- claro, no hay problema – dijo Alfred con una gran sonrisa que la chica no devolvió.
- ¿Qué pretenden con todo esto?
- ¿Cómo?
- lo que escuchó señor Alemania, ¿Por qué hacen esto?
- ¿Por qué estamos aquí?
- si – se levantó - ¿Por qué quieren involucrarse ahora?
- no lo sabíamos – saltó Alfred – Canadá nunca dijo nada y no sabíamos que esas mujeres iban a quedar embarazadas.
- y ¿Por qué quieren involucrarse? – Apretaba los puños – Matthew nos ha criado bien y ustedes nos quieren alejar de él.
- NO – Alfred se levantó – no queremos hacerles daño, demonio – no sabía explicarse – para nosotros esto es nuevo y solo queremos conocerlos ¿sí?
- ¿no nos obligaran a irnos a vivir con ustedes?
- yo no – dijo el americano – no al menos ahora, yo solo quiero conocer a mis hijos – se sentó – si me los llevara ahora, no sabría qué hacer, así que solo quiero conocerlos, por ahora.
- ya veo – susurró, era más decente de lo que pensaba, pero aún no la convencía - ¿y usted señor Francia?
- ¿yo?
- sí, usted, su reputación le precede ¿Qué piensa hacer? – no quitaba su vista de él - ¿renunciaría a la vida que lleva por un grupo de niños que no conoce?
- yo… - no se lo había planteado de esa manera, ¿renunciaría todo por una vida familiar?, no estaba seguro, criar a un niño no era algo fácil, Canadá había sido tranquilo y sus otras colonias no le habían hecho mayor problemas, pero solo eran eso, colonias; si él se iba por un tiempo y sabía que estarían bien, pero esos niños no; tendría que se su padre, estar con ellos en todo momento y no estaba seguro de que podría con todo eso – yo no sé si seré un buen padre, pero de verdad quiero intentarlo – suspiró – al menos quiero llegar a conocerlos.
- ¿Qué me puede decir señor Rusia? – Iván sonrió suavemente - ¿usted piensa que sería un buen padre?
- da
- ¿está seguro?
- da, Rusia será un buen padre.
- ¿no les hará daño? – Rusia era el que más le preocupaba, no quería que lastimara a los niños.
- Rusia promete cuidarlos, como lo hace con Ucrania y Bielorrusia
- de acuerdo – no estaba segura con respecto al ruso, pero eso se lo podía dejar a Matthew. Fijó su vista en la próxima víctima – señor Inglaterra – el aludido se sobresaltó - ¿Qué tiene que decir?
- pues yo…
- ¿se siente capaz de hacer un buen trabajo como lo ha hecho Matthew?
Unos segundos de silencio
- sé que cometí errores, pero quiero intentarlo – mordió su lado inferior – yo quiero ser un padre, sé que Canadá ha sido un buen padre, pero yo también quiero serlo – suspiró – quiero tener una segunda oportunidad, para no cometer los errores que cometí con mis colonias.
Damla asintió y miró a Japón.
- ¿se siente preparado señor Japón? ¿No tiene miedo de que su honor se vea manchado?
- tengo todos esos miedos, pero si no hago nada no podría vivir conmigo mismo y deseo reparar lo los errores que he cometido con respecto a mi hijo, así que prometo que no defraudaré a Canadá – san ni a mis hijos.
- entiendo – ahora su próxima víctima – señor Alemania
El alemán ya se esperaba su turno.
- ¿Qué opina usted? ¿Cree que podrá con esto?
- lo intentaré – susurró – yo no crié a colonias pequeñas pero, de verdad quiero hacer esto, quiero estar con él o ella y conocerlo, no voy a obligarlo a ir conmigo, pero de verdad que quiero ser parte de su vida.
Las naciones y Damla lo miraron con impresión, ese no era él Alemania que conocían. Incluso Ludwig estaba impresionado, siempre había guardado sus sentimientos y ocultado sus emociones, pero esto era diferente, tenía que comenzar a ser un poco más abierto si tendría que lidiar con niños. No quería asustarlos como usualmente Italia se quejaba de él.
- finalmente ¿Qué va a hacer usted señor Italia? – el italiano estaba temblando, esa chica era muy dura – o mejor aún ¿quiere ser un padre o no?
Italia estuvo en silencio y ya sin temblar tanto comenzó a hablar.
- no me gustan los niños – los países y Damla abrieron los ojos – demandan mucha atención y cuidados, me cuesta preocuparme de otras personas que no soy yo – suspiró – he pensado incluso que lo mejor sería que Canadá se quedara con ellos.
Silencio en la sala
- pero – las lágrimas se asomaban por sus ojos – pero estoy aquí, estoy aquí porque quiero conocerlo, sé que soy cobarde, llorón y débil, pero se trata de mi hijo y yo quiero por una vez se valiente y ocuparme de él.
- guau que profundo señor Italia – dijo Damla – esperaba otra actitud de ustedes, pero han excedido mis expectativas.
- ¿a qué se refiere? – preguntó Japón
- creí que serían más cobardes – respondió simplemente – que esto solo era una novedad para ustedes – se sentó nuevamente – pero si solo quieren conocerlos y de verdad pretenden asumir su paternidad supongo que no tendría problema.
Suspiro generalizado.
De pronto la puerta se abre e ingresa Canadá, solo que esta vez venía sin Brad.
- disculpen por el retraso, pero estaba resolviendo unos problemas
- no importa mon petit
- ¿los atendieron bien?
- sure Bro.
- ya veo – sonrió – a propósito, hay alguien que quiere conocerlos.
- así ¿Quién? – todos estaban intrigados
- esperen un segundo – Canadá salió un momento y luego ingreso con un niño que de inmediato corrió hasta la mesa.
- HOLA A TODOS – gritó – soy el grandioso Dominik y estoy feliz de conocerlos KESESESE
¿Adivinen de quien es hijo? Ajajaj,
Quiero decir que este capítulo fue difícil de escribir, en un principio tenía un bloqueo, luego mil y una ideas rondaban en mi mente por lo que fue difícil elegir que dirección darle al fic y luego el maldito tiempo.
Pero YA ESTÁ
Espero que haya sido de su agrado, sobre la próxima actualización puede que demore, va a comenzar la época de exámenes finales en la universidad y mi tiempo desaparecerá para todo lo que nos sea estudio; puede que demore pero actualizare.
Gracias por leer
Angie.
