Heeey, sé que he tardado muuuuuuuuuuuuchísimo tiempo en actualizar y tiene una explicación: No he tenido tiempo. Esto se debe a que estoy hasta arriba de exámenes, trabajos, deberes y demás. Lo siento mucho, de verdad, pero no pude actializar antes.

El caso es que aquí tenéis el cap 8, espero que os guste y siento que sea corto, pero la inspiración no ha estado de mi parte últimamente. En fin, lo único que me queda por decir es que muchísimas gracias a las personas que dejan los reviews y que leen la historia, gracias de verdad. No sé cuándo podré subir el siguiente capítulo, pero os pido por favor que tengáis paciencia, este fic no está abandonado, por supuesto que lo terminaré, lo prometo. El problema es que dentro de poco tengo las pruebas de acceso a la universidad y hasta junio o julio no podré ponerme enserio con el fic, pero por favor, paciencia ante todo. Me voy ya y os dejo leer en paz. Adiós.


Bonnibel y yo nos presentamos en el hospital en el cual estaba Marshall esperándonos. Llegamos a la puerta de dicho edificio y allí estaba él, con una cara que no me gustó nada. Tan solo llegar Marshall se quedó mirándome fijamente, estaba bastante asustada por su mirada, no era normal. Bonnibel observaba la escena y como ninguno de los dos articulaba palabra alguna, ella decidió hacerlo.

"¿Qué está pasando, Marshall?, ¿por qué tienes esa cara?" Preguntó Bonnie nerviosa.

Marshall apartó la mirada tan seria que tenía sobre mí, la puso sobre Bonnie, la miró por unos segundo y luego la volvió hacia mí.

"Papá está aquí." Contestó él con una mueca de desagrado y desgana.

Yo estaba perpleja, no habíamos visto a nuestro padre desde hace uno años. ¿Qué diablos hacía él aquí? Desde que mamá murió él se desentendió de nosotros y de los abuelos, tan sólo se dedicó a su trabajo por completo, viajaba a todos lados para sus reuniones de negocios y lo último que sabíamos de él era que estaba residiendo en Inglaterra.

Cerré los ojos, respiré profundamente e intenté calmarme, eran demasiadas emociones mezcladas.

"¿Qué cojones hace aquí? Hace años que no sabíamos nada de él." Dije yo intentando no perder el control.

"Sé lo mismo que tú, Marceline." Contestó mi hermano igual de serio que antes.

"Está bien, creo que deberíamos de calmarnos un poco." Dijo esta vez Bonnie apartándonos y haciendo que entráramos en razón.

En ese mismo instante salió papá de la habitación y se acercó a donde estábamos nosotros.

"Vaya, vaya… Sí que habéis crecido vosotros tres, eh…" Dijo él esbozando una sonrisa y dándonos unas palmaditas en la espalda.

¿Sinceramente? Por mi le hubiera dejado las cosas bien claras, le habría mandado a la mierda, pero allí estaba la pelirosa para calmarme como siempre. Mientras papá estaba hablando Bonnie pudo ver mi cara de enfado que iba creciendo y los puños apretados, ella me cogió la mano y me lanzó una de esas miradas que te hacían pensar que todo estaba bien, consiguió que me tranquilizara al instante.

Papá seguía hablando y yo simplemente decidí irme, no aguantaba más allí, era demasiado para mí. Salí de allí sin ni siquiera dedicarle una mirada a papá. Estuve andando un buen rato hasta que me detuve en un parque que para mi bien estaba vacío, sinceramente, no tenía ganas de aguantar niños correteando y gritando. Me senté en un banco y me puse a pensar en todo lo ocurrido. ¿Qué debería de haber hecho? Quiero decir, sé que algún día tendré que echarle valor y hablar con Hunson, sí, mi padre se llama Hunson Abadeer. Como iba diciendo, sabía que tenía que hablar con él y dejar las cosas claras, pero hoy no, no estaba preparada, demasiadas emociones juntas.

Estuve allí sentada un rato sin hacer nada, tan sólo miraba el cielo e intentaba tranquilizarme. Todo esto era demasiado duro para mí, pero podía con ello, eso estaba claro. Un ruido familiar me sacó de mis pensamientos, resulta que era mi móvil, me estaba llamando Bonnie. Decidí contestar ya que estaba más tranquila.

"¿Marceline, dónde estás? Nos tienes a todos preocupados, tu abuela no para de preguntar por ti.

"Ehm… Sólo he ido a dar una vuelta, estoy en un parque cerca del hospital, necesitaba calmarme si no quería partirle la cara a mi padre…" Contesté yo mientras me pasaba la mano por el flequillo y me lo apartaba de la cara.

"¿Ya estás mejor?" Preguntó la pelirosa dulcemente.

"Creo que sí, ya no tengo ganas de partir cabezas." Dijo yo de broma para quitarle importancia al asunto.

Bonnie se rió y yo hice lo mismo.

"Debería de venir, tus abuelos quieren hablar contigo." Dijo ahora un poco seria y preocupada.

"¿Sigue él allí?" Pregunté yo desganada.

"No, salió hace un rato con tu hermano para hablar con él." Comentó ella.

"¿Pero qué cojones? Bueno, voy para allá. Hasta ahora." Dijo yo colgando el teléfono después.

Me dirigí al hospital rápidamente, tenía ganas de hablar con mis abuelos después de todo.

Llegué a la recepción de aquel hospital y decidí preguntar a la enfermera que estaba allí.

"Ehm… Disculpe, ¿la habitación de Betty Petrikov?" Pregunté yo a aquella enfermera que estaba de espaldas buscando unos papeles.

"Claro, ¿es usted un familiar?" Preguntó ella dándose la vuelta.

Se dio la vuelta y me quedé flipando, no podía creerlo. Era Ariana. Yo me quedé mirándola con una cara de estúpida y una leve sonrisa en la cara, como dije no me lo esperaba.

"¿Marceline?" Preguntó ella sorprendida y con una sonrisa enorme en la cara, la cual dejaba ver su adorable hoyuelo.

"Ariana, ¿qué haces aquí?" Pregunté yo confusa.

"Estoy aquí de prácticas, el hospital es de mi familia y bueno… Mi padre quiso que viniera aquí a hacer algunas prácticas." Dijo ella encogiéndose de hombros.

"Woah… No pensé que estuvieras estudiando medicina…" Dije yo rascándome la nuca.

"Ya… es que no estudio medicina…" Dijo ella cabizbaja.

"Y entonces cómo es que..." Empecé a hablar pero no pude terminar porque mi móvil sonó, era Bonnie. Entonces recordé a qué había venido, tenía que ver a mis abuelos. "Vaya… Lo siento, pero tengo que irme, hasta luego." Dije yo para irme corriendo a las escaleras, pero cuando llevaba la mitad me percaté de que no sabía el número de la habitación, así que decidí bajar y preguntárselo a Ari.

Bajé rascándome la nuca, cabizbaja y un poco avergonzada. Ari me estaba mirando con una sonrisa en la cara.

"Lo sé, soy idiota… Se me olvidó preguntarte el número." Dije yo avergonzada.

Ari simplemente me miró divertida, miró en el ordenador y habló.

"La habitación es la 216." Dijo divertida.

Yo me giré para irme pero me paró cogiéndome de la mano.

"No eres idiota, sólo un poco despistada." Terminó por decir dulcemente con una sonrisa en la cara.

"Gracias… Ya quedaremos y terminaremos esta conversación, ¿no?" Dije yo devolviéndole la sonrisa.

"Cuando quieras." Dijo ella y me soltó la mano.

Yo le hice un gesto con la mano para despedirme, subí por las escaleras a toda prisa, cuando llegué a la habitación pude escuchar algunas risas y una era de mi abuela, me alegró escucharla reír. Llamé a la puerta y entré.

"Vaya, vaya… Pero si es doña tardona." Dijo mi abuelo mientras me abrazaba.

"Yo… Lo siento, pero…" Me iba a disculpar pero mi abuela me interrumpió.

"No tienes que disculparte, querida. Lo importante es que ya estás aquí." Dijo mi abuela, la cual estaba en la cama del hospital, al lado de Bonnie.

Yo simplemente la miré y sonreí… Estaba bien, eso era lo único importante ahora. Me acerqué a ella y la abracé, durante un buen rato, la verdad… Había tenido miedo, miedo de perderla, pero ahora estaba bien, que era lo importante.

La tarde pasó tranquila, Bonnie se fue a casa porque tenía clases al día siguiente, y el abuelo también lo hizo, porque lo mandé a descansar un poco. Yo me quedaría esa noche allí con la abuela, pensé que sería lo mejor.

Estuvimos hablando de todo un poco hasta que se quedó dormida, yo por el contrario no podía dormir. Eran las doce y media de la madrugada y yo seguía sin poder dormir, no sé si era ese sofá incómodo en el que tenía que dormir o simplemente era porque mi cerebro no paraba de pensar en todo y en nada a la vez.