PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN. Sé que no actualicé en mucho tiempo, pero de verdad no tenía idea como continuar el fic, creo que la universidad y el bloqueo se colocaron de acuerdo.

Lo cierto es que tenía la mitad del capítulo por marzo, pero luego que escribir, simplemente la idea no venía, pero ya pude armar algo coherente.

Para los que me enviaron correos preguntando si continuaría el fic, la respuesta es SÍ, no pretendo dejarlo tirado, puede que me demore pero no lo dejaré inconcluso.

Como sabrán Hetalia no es mío, solo los OC me pertenecen.

Cap 7

Después de aquella incómoda escena y habiendo ya terminado el postre, Matthew condujo a las naciones, nuevamente a la sala.

- lo siento por ese mal momento

- no te preocupes mon petit – Francia se sentía un poco abatido, el primer hijo que conocía, lo odiaba.

- ahora que ya comieron, quiero hablar con ustedes seriamente – su expresión, usualmente amable, era severa – ¿quieren o no, conocer a los chicos? – Cruzó los brazos – los que estaban allá, solo eran los mayores. Si deciden dejar esto hasta aquí, el daño no sería tan grande, puedo hablar con los chicos y creo que entenderían, pero es diferente si son niños; no quiero que los ilusionen y luego simplemente los abandonen. Porque si lo hacen…

- tranquilo bro – se defendió Alfred - yo quiero conocer a mis hijos, a todos.

- ¿ustedes?

Las demás naciones asintieron

- he pensado que lo mejor es que se reúnan con sus hijos en privado. Le pedí a Damla que los juntara en cada habitación, de esa manera habrá más privacidad, pero solo será una hora.

- ¿Por qué?

- no quiero sobrecargar a los niños, algunos de ellos son muy pequeños y no entenderán, pero otros, si bien, no son adolescentes, entienden lo que ocurre.

- creo que Canadá – san, tiene razón

- hay otra cosa también – continuaba estando serio – como sabrán, no son los únicos que tienen hijos. Hay otras naciones que también tienen – suspiró – les rogaría que no mencionaran a nadie esto.

- vee ¿Por qué no?

- lo quiero hablar personalmente, además, sería peligroso para los niños. Hay algunos países que no tienen buenas relaciones y si la existencia de los niños se revelara a todos, podrían tomar represalias a través de ellos. No estoy diciendo que se deban ocultar para siempre, pero sería mejor esperar un tiempo.

- Matvey tiene razón, da

En ese momento Damla entra con una expresión nerviosa y preocupada.

- ya los agrupé por país

- ¿están todos?

- sí

Matthew nuevamente estaba inquieto.

Este era el momento que había temido, como les había dicho antes, el que conocieran a los chicos mayores, no le molestaba; si bien, no eran adultos, eran lo suficientemente mayores para comprender la situación.

Pero ahora…

No quería admitirlo, pero le molestaba todo esto. Cuando había decidido ocuparse de los pequeños sabía las consecuencias; un día crecerían y se irían o sus padres biológicos los vendrían a buscar, pero esperaba que hubiese sido por un largo tiempo; claro que con alguno de ellos como Jeanne o William habían estado casi doscientos años con él, pero el tiempo pasaba tan rápido…

Podía detener todo esto

Podría buscar en su libro de magia, que tenía muy bien escondido, un hechizo de memoria y no recordarían nada, todo sería como antes.

Pero no sería justo.

No sería justo con Jennifer que siempre quiso conocer a su padre, ni con William, que esperaba hablar alguna vez con Arthur o incluso Nicola, que desde que supo de su padre, le ha estado preguntando cuando va a conocerlo.

Así que debía continuar con esto

Porque los niños eran primero

Desde que se adjudicó este trabajo, su prioridad era el bienestar de aquellas pequeñas ciudades, aún por sobre su propio interés.

- los niños, ya los están esperando – los países comenzaron a moverse un poco inquietos - ¿Quién empieza?

Comenzaron a mirarse entre sí; Francia abría y cerraba la boca, sin atreverse a hablar, Inglaterra solo tenía la cabeza agachada, Feliciano se aferraba al brazo de Alemania ocultando su rostro, el alemán estaba tieso sin mirar a nadie en particular, Japón respiraba rápidamente, como si fuera un gran esfuerzo estar ahí parado, Estado Unidos reía de forma nerviosa, pero no decía nada.

- yo iré

Canadá miró a Rusia, él solo estaba sonriendo suavemente como suele hacerlo.

- de acuerdo – comenzó a caminar hacia las escaleras – por favor, sígueme.

- da

Matthew esperó a que Iván le alcanzara, para comenzar a subir las escaleras.

- son dos – comenzó Matthew – un niño y una niña.

- da, de seguro son buenos niños

Terminaron de subir las escaleras y antes de que Rusia pudiera seguir avanzando, Matthew lo arrinconó contra la pared

- Escúchame muy bien Iván – siseó – si le haces cualquier tipo de daño a los niños, te juro por Dios que te las veras conmigo – lo apresó más – me has visto en el campo de hielo cuando jugamos hockey y sabes lo brutal que puedo llegar a ser y créeme que por los niños puedo ser mucho peor.

- la madre Rusia cuidará bien de ellos – en ese momento los papeles se invierten e Iván es quien ahora presiona a Matthew contra la pared – me gusta la faceta de Matvey en el hockey.

- suéltame

- ¿Por qué? – se acercó más – podrías ser uno con Rusia, da. Matvey tiene una gran familia.

- deja de tus juegos Iván – lo alejo con sus brazos – te estoy haciendo un gran favor en permitirte ver a tus hijos, hay algunos que no estaban de acuerdo con esto.

- ¿Por qué lo permitió Matvey?

- porque ellos te quieren conocer – suspiró – sé que no eres una mala persona en el fondo y que solo te sientes solo. Pero por favor no los asustes.

- lo prometo.

Avanzaron hasta una habitación.

En la habitación, sentado en una de las dos camas que había en la habitación, había un niño pequeño, de alrededor de nueve o diez años; tenía el cabello del mismo color que el Ruso, de igual manera que los ojos, pero sus rasgos eran más suaves.

Junto al niño estaba un coche, con una niña pequeña; tenía los ojos violeta y el cabello rubio claro, atado con dos moños.

- Iván – comenzó Matthew – te presentó a Dimitri, la representación de Moscú y a Anastasia, la representación de San Petersburgo.

Iván sonrió, pero no de manera espeluznante.

- los dejo solos.

Matthew salió

Comenzó a bajar las escaleras un tanto inseguro, sabía que Iván no haría nada y en último caso tenía cámaras en las habitaciones de los niños, no en todos, pero en los más pequeños era necesario.

Además, Dimitri y Anastasia eran pequeños, a diferencia de otros, que podrían darle un momento difícil a las naciones.

Llegó a la sala

- ¿ahora quien sigue?

- Matthew – comenzó Inglaterra - ¿estás seguro de dejar a Rusia solo?

- ¿Por qué no?, conozco a Rusia y he tomado todas las precauciones. Y bien, ¿Quién sigue?

Japón tomó valor y habló

- me gustaría ser el siguiente Canadá – san

- de acuerdo, ven conmigo

Comenzaron a subir hacia el segundo piso en completo silencio.

- Canadá – san, debo disculparme con usted

- ¿Por qué?

- no fue mi intención el que usted tuviese que cargar con el cuidado de mi hija, era mi responsabilidad y fallé, le ruego que me disculpe.

- Japón – comenzó Matthew con una suave sonrisa, una vez que llegaron – para mí no fue ninguna carga, yo… yo he estado mucho tiempo solo y sé lo triste que es. Solo quiero que ellos sean felices y que se sientan amados.

- Canadá – san, usted es una persona honorable.

Llegaron a la habitación.

- ¿estás listo?

-s-si

A penas entró se detuvo.

Frente a él se hallaba una pequeña niña de no más de cinco años; tenía el cabello oscuro hasta el mentón y expresivos ojos castaños.

- Kiku, ella es Akari y representa a Tokio

La pequeña miró primero a Matthew quien asintió para luego acercarse a Kiku

- hola – susurró – tío Matthew dijo que eras mi papá

- ha – hai

Canadá los observó con una suave sonrisa

- debo ir con los demás, disfruten su estancia

Al salir de la habitación lo estaba esperando una niña pequeña.

- tío Mattie

- ¿Qué pasa Derya?

- ¿es verdad que hay otros países abajo?

- si – la pequeña de cabello castaño murmuró algo - ¿Qué dijiste?

- ¿está mi papá? – le preguntó con la esperanza brillando en sus ojos avellana

- no – la expresión de tristeza le encogió el corazón – pero te prometo que lo traeré ¿de acuerdo?

- está bien tío

Matthew la vio alejarse e hizo una mueca.

Aquella era una de las razones por las que quería evitar este encuentro; nada garantizaba que los padres de algunos niños los aceptaran por el simple hecho de ser sus hijos. No se refería a que los negaran o algo así, aquello era imposible, pero sí podían ignorarlos o desatenderlos. A él no le molestaría quedarse con ellos para siempre pero ver la cara de sufrimiento de algunos porque están sin sus padres le rompe el corazón.

Ahora tenía que continuar con estas reuniones; si el reunir a los miembros del g8, con los cuales compartía más a menudo, le estaba complicando, no quería imaginar con las otras naciones.

Con pesadez fue a reunirse con el resto de sus invitados.

- ¿Quién sigue?

Nuevamente ninguno quería ir, y estaba resultando un poco molesto para Canadá ya que entre las reacciones de algunos de los chicos mayores y sus propias preocupaciones, la tarde se estaba haciendo muy pesada y que además le agregara a eso la reticencia de sus invitados a reunirse con sus hijos, habiendo sido ellos quienes le pidieron a Matthew el reunirse…

Bueno, ya estaba cansado.

- Alfred, tú eres el siguiente – dijo tomando del brazo a su hermano

- pe-pero Matt, yo… eh ¿no puede ir otro?

- no – siseó – esto ha tomado mucho tiempo y mi paciencia se está agotando, además no quiero hacer esperar a los niños.

- pero bro, elige a otro

- no – lo llevo hacia la escalera – hoy ha sido un día muy estresante y mi paciencia se está acabando

- pero Matt, no estoy seguro yo… ya los conocí ¿verdad?, a Jenny y a Brad, así que puedo esperar. ¿Por qué no llevas primero a Francis? Debe tener un montón de hijos.

- Alfred – lo llamó una vez que hubiesen llegado al segundo piso - ¿a que le tienes miedo?

- HAHAHAH yo no tengo miedo

- Alfred

- además soy el héroe

- Alfred

- y los héroes no tienen miedo a nada y…

- ALFRED

- ¿Qué?

- ¿Por qué estás asustado?

- es que yo Matthew… - suspiró – bro ¿y si no les gusto? ¿y si piensan que soy estúpido? O peor ¿si no les gustan las hamburguesas ni los videojuegos?

- me gustan las hamburguesas

Jennifer estaba apoyada en el marco de la puerta.

- se tardaban mucho así que salí a buscarlos – miró a Matthew – tío, no te preocupes por mi papá, yo me encargaré desde aquí.

- claro

Alfred estaba realmente nervioso y más aún al ver a Matthew alejándose mientras él se quedaba solo con Jennifer.

- relájate dad, no muerdo, bueno al menos yo no.

Alfred no dijo nada

Jennifer suspiró

- si quieres lo dejamos hasta aquí. Yo puedo hablar con mis hermanos y ellos entenderán

- NO. Yo- yo quiero conocerlos y también…

- solo sé tú mismo ¿sí? – le sonrió amablemente – sabemos cómo eres o al menos tenemos una idea.

- ¿en- en serio?

- sí. Tío Matt siempre nos hablaba de ti y nos contaba historias de cuando eran colonias y estaban bajo el cuidado de la abuela Arthur.

Alfred soltó una risita por el "abuela". Como disfrutaría tomándole el pelo a Arthur.

- vamos entra

Tomando aire abrió la puerta

Mientras tanto…

Matthew miró atentamente a los cuatro que quedaban.

- Arthur eres el siguiente – el susodicho asintió rápidamente y siguió a su ex colonia.

En el camino no hablaron nada, Arthur estaba demasiado nervioso y Matthew demasiado cansado para decir algo.

Hasta que llegaron a la puerta

- Arthur, antes que te presente, necesito decirte algo

- claro, ¿Qué pasa?

- William no se reunirá contigo

- William es Londres, ¿cierto? – Matthew asintió – él… ¿él me odia? ¿es por eso que no me quiere ver?

Canadá guardó silencio unos segundos

- no creo que te odie; pero él no está listo para hablar contigo – suspiró – William es diferente a los otros chicos, es más introvertido y no le gusta hablar mucho. Me dijo que no está listo para reunirse contigo hoy, pero que otro día lo hará.

Arthur asintió con resignación

- a propósito, Scarlett también quiso estar en la reunión.

- ¿ah sí? – estaba sorprendido, no creía que Escocia le hubiera hablado de él y de haber hablado de seguro que no eran cosas buenas. - ¿Por qué?

- ella me preguntó por los hermanos de su padre, Escocia la trajo muy pequeña y él por lo visto no le había hablado de ti.

Llegaron a la puerta de la habitación y Matthew la abrió.

Apenas abrió la puerta una pequeña abrazó a Arthur por la cintura.

- HOLA TÍO

Arthur se congeló un momento pero luego se relajo y acarició el cabello de la niña.

- hola Scarlett

- vamos entra tío, te estamos esperando

El inglés sonrió suavemente y asintió

Canadá miraba la escena ya menos estresado, ya solo quedaban Francia, Italia y Alemania.

Con Italia, Francia y Alemania…

- "cálmate Ludwig, puedes hacer esto, eres fuerte" – pensaba Alemania mientras se paseaba por la sala. Estaba muy nervioso, un hijo no era algo para tomar a la ligera y ahora tenía que hacerse cargo, después de todo era su responsabilidad.

Miró a Italia

A decir verdad, le preocupaba un poco; Feliciano era… era… ¡bueno era Italia! Y un niño bajo su cuidado… le preocupaba.

Pero también estaba él.

Podría ayudar a Italia, claro que el también necesitaría ayuda, pero para eso habían libros. Pero Italia no era un buen lector y dudaba que leyera algún libro, incluso si se lo pasaba en sus manos.

Así que básicamente Italia estaba a la deriva, pero él se había prometido que protegería a Italia, así que era su deber ayudarlo.

Miró a Francia.

Se veía deprimido, bueno, quien no lo estaría; no había sido un buen encuentro con su hijo y al parecer no era el único que se sentía así con respecto a él.

¿Y si su hijo era igual?, eso también le preocupaba, lidiar con un hijo al cual no conoce es una cosa, pero lidiar con otro que no te conoce y además te odia, es algo totalmente distinto.

- Alemania

Levantó la vista y Canadá le estaba mirando

- ¿Qué?

- es tu turno.

Canadá observaba de reojo a Alemania mientras iban a la habitación, se notaba tenso y preocupado.

- son mellizos, un niño y una niña.

- ¿una – una niña?

- ¿te molesta?

- n-no – empezó a sudar

Una hija

Tenía una hija, si ya creía que sería complicado el tener un hijo, una hija era peor; no sabía que hacer frente a una, ¿y si decía algo que la ofendiera? ¿Y si se enojaba? O peor aún ¿si lloraba?

- son relativamente tranquilos.

Llegaron frente a la puerta y Matthew la abrió.

Lo primero que captó su atención fueron dos pares de ojos azules que lo miraban con expectación.

- te presento a Jan, la representación de Berlín y Erika, la representación de Hamburgo.

Se sintió muy incómodo.

La niña no dejaba de mirarlo y daba saltitos rebotando sus trenzas rubias y el niño… solo tenía la cabeza gacha.

- hola me llamo Erika. ¿Cómo te llamas? – antes de que respondiera – él es mi hermano Jan – tomó del brazo al castaño – es tímido pero es muy divertido.

- te dejo con tus hijos

Canadá se apoyó en la puerta que acababa de cerrar y suspiró con cansancio, tantas emociones le estaban pasando la cuenta. Y aún quedaba Italia y Francia.

Con Italia creía que las cosas irían bien, sus hijos eran pequeños y son fáciles de tratar. Pero a Francia…

Para él las cosas no serían fáciles, en especial con Jeanne y Jules, pero con los más pequeños puede que se lleve bien; siempre había tratado de ser lo más imparcial posible con todos, que viesen a sus padres de una manera objetiva, sin rencores, lo que ocasionaba a veces conflictos, especialmente con Jeanne.

Flash back…

Matthew estaba contándole a una Francine de cuatro años sobre sus tiempos como colonia de Francia.

- gracias a él tengo un buen paladar, era un muy buen cocinero

- cuando lo conozca, ¿me puede cocinar?

- tendrás que preguntarle.

- ¿y si no me quiere?

- ¿Por qué no te querría?, eres una niña muy linda

- Jeanne dijo que no nos quiere.

- Jeanne no sabe eso – una duda le entró - ¿Qué te ha dicho Jeanne sobre tu papá?

- dijo que es un persona mala, que nos abandonó y que no le importamos.

Matthew guardó silencio; iba a tener una conversación muy seria con Jeanne, le había advertido que no le metiese ideas en la cabeza a sus hermanos menores o a los otros niños más pequeños.

- Francine – comenzó – ¿recuerdas cuando decías que no te gustaban las manzanas? – la niña asintió - ¿Qué fue lo que te dije?

- que debía probarla

- ¿te gustó?

- sí

- aquí ocurre algo similar, nunca has conocido a tu papá y él tampoco te conoce, pero un día se van a conocer y ahí tu decidirás que quieres hacer, pero primero debes conocerlo ¿sí?

- si

Matthew dejó a su pequeña "hermanita" en su habitación y salió en busca de Jeanne. Como siempre ella estaba en su habitación leyendo.

Tocó la puerta , y hasta que escuchó un pequeño "pase", la abrió.

- Jeanne, tenemos que hablar

Ella dejó el libro sobre el velador y se sentó en su cama.

- ¿Qué pasa?

- ¿Por qué le estás diciendo esas cosas a Francine?

- ¿Qué cosas?

- sobre Francia – ella bufo – te he advertido que no le digas eso, a ella ni a los otros niños.

- es la verdad

- no lo és.

- SI LO ES – se levantó - ¿acaso es mentira que nos abandonó? ¿Qué es un idiota narcisista? ¿Qué nunca se ha preocupado por nadie que no sea el mismo?

- él me cuidó

- y también te abandonó

- no tenía mucha opción, pero en el tiempo en que fui su colonia estuve bien y cuidó de mí.

- eso no cambia el que nos abandonara a nosotros

- no sabe de ustedes

- POR QUE SE FUE – respiraba agitadamente – SE FUE, COMO LO HAN HECHO TODOS Y SI NO FUERA POR TI HABRÍAMOS TERMINADO VEINTE METROS BAJO TIERRA.

- NO ME LEVANTES LA VOZ – usualmente no gritaba, pero Jeanne se estaba pasando – entiendo tus sentimientos sobre Francia y sobre todo lo demás, pero no quiero que le metas cosas en la mente a tus hermanos o a los otros niños. No digo que hables maravillas de él, solo no digas nada.

- ¿Por qué lo defiendes?, él no es más que un imbécil, estúp-

PAF

Jeanne se tocó la mejilla, Matthew la había abofeteado, él nunca le había levantado la mano.

- sé que lo odias, pero él me crió; fue el primero en preocuparse por mí, en mostrarme lo que era una familia y no puedo permitir que lo insultes en mi presencia – se dio media vuelta para salir – si quieres odiarlo hazlo, pero en silencio.

Fin flash back…

Luego de aquello Jeanne se había negado a hablar con él, por una semana, pero luego las cosas volvieron a la normalidad con la llegada de su hijo Edmund. A Jeanne siempre le había gustado cuidar de sus hijos.

Ahora tenía que continuar con estos encuentros.

Se levantó y se dirigió hacia donde le esperaban Francia e Italia. Mientras iba hacia la sala, comenzó a divagar más hacia el futuro; ahora solo había tratado con el G8, pero tarde o temprano trataría con el mundo entero.

- era más fácil cuando era invisible – murmuró para sí

En la sala reinaba el silencio; Italia estaba inusualmente tranquilo mirando el suelo, mientras que Francia lanzaba miradas angustiadas a la escalera.

De pronto escucharon pasos y Matthew apareció al pie de la escalera.

- vamos Italia

Italia no se movió.

Canadá comenzó a impacientarse. Sabía que Italia no estaba muy convencido de esto, pero a diferencia de la mayoría de los niños, la hija de Italia estaba que se moría por conocerlo y no podía romper su ilusión de esa manera.

- Italia

El italiano miró a Canadá a los ojos.

- Feliciano – se acercó – sé que no te sientes preparado, pero solo los vas a conocer, no te estoy pidiendo que los tomes y los cuides tú. Solo conócelos.

Asintió.

- vamos, te están esperando.

Italia sintiendo sus pies de plomo, siguió a Canadá.

Mientras se dirigían a la habitación, Feliciano temblaba suavemente; a pesar de lo que Canadá le había dicho, aún estaba nervioso. Sabía que solo los conocería, pero eso era hoy, ¿y si mañana Canadá decidía que debían vivir con él?.

Casi sin darse cuenta, llegaron a una habitación.

- sólo será una hora – informó y abrió la puerta.

Tras ella se hallaban dos niños. Una niña y un niño.

La niña era mayor, tenía el cabello rubio oscuro hasta la barbilla a diferencia del niño quien lo tenía castaño y ondulado, pero ambos tenían sus ojos.

- ella es Nicola y representa a Roma – señalo a la niña – y el es Giovanni y representa a Toscana.

Feliciano no sabía que hacer, ¿debía hablar primero?, ¿esperar a que hablaran ellos? Miró de manera suplicante a Canadá, esperando que se quedara con él, pero el canadiense solo le sonrió y salió.

Solo quedaba Francia.

Matthew lo había dejado a propósito para el final, necesitaba hablar con él antes. Caminó hacia donde su papá le esperaba.

- solo quedas tú – dijo al momento de llegar a la sala – pero antes tenemos que hablar.

Asintió

- primero que nada Jules no te odia, aunque é lo crea así; solo está resentido, por las condiciones en que lo adopté. Él no se reunirá en privado contigo, pero respeta que sus hermanos si quieran. Ahora sobre Jeanne – suspiró – ella fue la primera que traje y estuvo con su madre hasta que tuvo catorce, no fue una buena infancia así que también esta resentida, pero

- ¿tengo más hijos?, ¿además de ellos y Francine?

- sí, los conocerás en breve – continuó – a diferencia de ellos, sus hermanos los traje de muy pequeños aquí y en circunstancias más… agradables por así decirlo, a diferencia de Jeanne y Jules. Como mencioné antes, solo dales tiempo y no los presiones.

Volvió a asentir - ¿algo más?

- a ellos les asustan los extraños, así que por favor, no sea muy efusivo. Viste a Francine en el almuerzo, la mayoría son así.

- está bien.

- vamos

Siguió a Matthew por el mismo camino que las otras naciones habían seguido. Mientras caminaba un sentimiento de pesar lo invadió.

Siempre se había sentido culpable con Matthew, por dejarlo con ese pirata y no haberle ni siquiera escrito una carta. Y ahora Matthew era grande, no solo eso, sino que también era un padre y lo peor es que había criado a sus hijos. El niño que dejó, que abandonó había realizado el trabajo que él, inconscientemente, había renegado.

Matthew era un buen chico, mejor de lo que él fue; había tomado responsabilidades que no le correspondía y había hecho un excelente trabajo. Por lo que había visto los chicos bajo el cuidado de Matthew estaban bien. Lo que le llevaba a pensar en que si era necesario para esos niños.

- los niños que vi parecían tan bien cuidados estando con mon petit – pensó – yo no sería un buen padre. No pude serlo con mon petit y menos podré con otros niños.

- llegamos – anunció Matthew sacándolo de su ensoñación

- mon petit yo creo…

- te diré lo mismo que le dije a los demás, solo los estas conociendo no es que van a ir a vivir contigo ni nada de eso, solo ten una charla con ellos, conócelos.

- de acuerdo

Y abrió la puerta

Tras ella se hallaban dos niñas, un niño y un bebé.

Una de las niñas eran Francine, quien lo miraba con una suave sonrisa; la otra era definitivamente más pequeña, pero a diferencia de Francine tenía la piel morena y el cabello castaño muy largo y se escondía detrás de su hermana.

El niño era pequeño, lo miraba de manera expectante con sus enormes ojos azules.

Sus mismos ojos, todos sus hijos tenía sus ojos, incluso Jules.

El bebé estaba en un coche, pero era pequeño, no debía tener más de un mes y estaba dormido. No sabía de qué color era su cabello ya que estaba muy arropado.

- a Francine ya la conoces – la niña asintió – te presento a Corine, la representación de Toulouse, a Antoine, la representación de Niza y a Claude, quien representa a Nantes.

- los dejo – dijo Matthew saliendo de la habitación.

Matthew suspiró nuevamente, por fin había terminado y tenía una hora de descanso; ahora solo esperaba que las reuniones irían bien, de todas maneras les había pedido a Damla, Frans y Darleen que se quedaran cerca, por si algo surgía.

En ese momento su celular sonó.

- ¿sí?

- hola birdie

- ¿Gilbert?

- ja, el asombroso yo, te tiene una asombrosa noticia

- ¿Qué- qué clase de noticia?

- estoy en Canadá kesesese, el asombroso yo, te hará una visita

Dejo caer el celular.

Gilbert venía

OH NO

Ahora… ahora todo el mundo sabría de los niños. No es que Gilbert fuera chismoso o algo así… bueno lo era, pero si le pedía que guardara silencio en algo serio lo haría… hasta que se emborracha y soltara todo.

- demonios – murmuró.

Aquí está el capítulo, es lo que salió, de verdad ha sido el capítulo más difícil de escribir. Espero que les agrade, ya tengo la idea central de los próximos capítulos así que creo, será más fácil para mí escribirlo.

Dejen sus comentarios, dudas, etc.

Nos vemos en el próximo capítulo

Angi =)