Ye-Yellow!~
¡Ash, en cuanto terminé este capítulo, ya me puse a terminar el siguiente! Como estoy sobretiempo debido a que dentro de dos semanas retomaré la universidad ―¡Sh*t!― me propuse subir con rapidez este capítulo.
Fui tan feliz de leer los comentarios que me dejaron :') en verdad me alegraron el día *baila la macarena*
Anyway! Antes de que siga parloteando, les dejo el capítulo con mi más sinceras emociones a flor de piel :3
Guía Narrativa:
―Diálogo.
«Pensamiento»
"Énfasis"
Capítulo II:
«Me debes otra»
Sentía la fresca brisa colándose por su ventana abierta. Solía tener la costumbre de dejarla así por aquella frescura que ingresaba y le hacía compañía. Se removió a gusto entre las sábanas que lo acompañaban en su cama individual, exhalando un pequeño gemido al sentir como sus músculos se movilizaban con un pequeño movimiento.
El reloj que se encontraba en la pared paralela a él sonaba sutilmente con su caminar, marcando las seis y media de la mañana. Una hora temprana para su despertar. Gracias estabaaisa, las cortinas se mecían con parsimonia al tiempo en que dejaba libre un poco de brillo propicio de un amanecer temprano.
Algunos cánticos por parte de unos ruiseñores se oyeron a la lejanía, poco y nada sobre los cables eléctricos de las calles. Parecían que se cernían en sus oídos y lo traían a la realidad de a poco. Su rostro enterrado entre el colchón y su almohada le impedía el paso de la luz matutina, pero sus oídos seguían expuestos a lo que lo que la tranquila mañana iniciada, le ofrecía.
O eso creyó. Pues toda tranquilidad que pudo haber sentido en aquellos pocos minutos, se fue a la basura cuando el estruendoso sonido ―como si estuvieran estrangulando a un pobre gato― del despertador de su hermano, le hizo proferir una palabrota que ahogó el colchón y la almohada encima de su cabeza. Estrujó las plumas dentro de la funda contra sus oídos, pero parecía que su hermano no se dignaba a despertarse.
Aún con una pared separándolos, Yamato podía oír con claridad el tono del despertador de su hermano menor. Era uno de los motivos por los cuales despreciaba el sistema de Samsung y sus deplorables tonos preestablecidos. «Maldita sea…».
Se enderezó sobre la cama, dejando a la vista su cara malhumorada, cabello alborotado, producto de una noche cuyo sueño no cumplió aún las horas necesarias. Era cierto, la noche anterior la banda ensayó unas horas de más y el tiempo pasó volando hablando con los muchachos en la casa de Koji, llegando a la suya más o menos a la una de la madrugada. Era muy bueno escabulléndose. Cuando vivía con su padre, solía hacerlo con tanta facilidad hasta que su padre lo descubrió y tomó ciertas precauciones con respecto a las salidas nocturnas. Eso no lo detuvo mucho tiempo, claro.
El dormir ciertamente tarde no era tanto el problema, lo era aquella forma de despertar repentina y molesta. La música estridente no iba a dar tregua pues su hermano, con el sueño tan pesado como sólo él podía tenerlo, no pensaba apagarlo. Se vio obligado a sacar sus largas y desnudas piernas fuera de la cama para reincorporarse con cierta dificultad, dejando que su cuerpo solamente revestido por sus boxers negros, dejara su lecho.
Se despabiló aunque sus ojos aún parecían no querer abrirse, pero no podía soportar aquel tono polifónico que su hermano utilizaba como despertador. Ambas manos se fueron al cabello, desordenándoselo aún más con desesperación al tiempo en que avanzaba hacia la puerta, con los pasos arrastrándose y salir finalmente de su habitación caminando hacia la de su menor y abriéndolo de golpe, un tic nervioso apareció en su ojo derecho.
El muy condenado Takeru ni se había inmutado ante tal algarabía que le brindaba su teléfono. Es más, el rubio menor se encontraba a pata suelta y con las sábanas en el suelo, mientras medio cuerpo estaba por salírsele de la cama. «Tiene que ser una broma»
Con ira poco disimulada, se dirigió a su hermano y tomando el teléfono desactivó la alarma, sumiendo a la habitación en un glorioso silencio. Aunque claro, el hecho de que Takeru pudiese seguir durmiendo plácidamente era muy molesto. Acentuó su ceño fruncido. Aún no estaba satisfecho.
Tomó entre sus dedos la nariz del chico y lo apretó ligeramente, logrando que el aire contenido lo despertara casi de golpe.
Sonrió de medio lado, satisfecho de no ser el único que tenía el sueño interrumpido. Takeru alarmado y con los brazos sosteniendo su peso sobre la cama, lo miró atónito.
―¡Hermano! –Dijo el de ojos celestes mirando con sorpresa a quien lo había despertado. -¡¿Acaso tratabas de matarme?!
―Pensaba que ya lo estabas ―atinó a decir con poca preocupación y caminando nuevamente hacia la salida, con su mano derecha en el cabello, peinándoselo―, como no te has inmutado con semejante despertador, te di por muerto.
Takeru lo vio marchar con el ceño fruncido y aquello propinó para que le gritara desde su habitación.
―¡¿Cuándo te despertarás de buen humor?!
Oyó algunos trastes golpeándose en el lavabo de la cocina, llamando la atención de Tk, quien se preguntó si su madre aún seguía en su casa.
Se puso de pié y caminó con lentitud fuera de su cuarto ligeramente desordenado para dirigirse hacia el pasillo de piso blanco y reluciente que lo conduciría a la puerta de la cocina. La abrió y se sorprendió de encontrar la cabellera corta y rubia de su madre meciéndose mientras limpiaba algunos platos de la noche anterior.
―¿Mamá? ―La mujer pareció no advertir en su llega, por lo que oír su voz le provocó cierto respingo que le hizo girar a verlo con los ojos entornados por la sorpresa― Creí que ya te habías ido al trabajo.
Tk se fregó un ojo con el dorso de la mangas larga que traía puesto, dejando que seguidamente, un bostezo se le escapara. Su madre siguió con su labor para enjuagar los platos de vidrio y colocarlos en el fregadero, dejando que éstos gotearan y se secaran posteriormente.
―Se han levantado un poco más temprano ―Informó girándose a verlo, recostando la espalda por el lavabo. Tk cayó en cuenta de ello al ver que ella ya llevaba puesto su saco y falda con los tacones, lista para ir a trabajar― ¿Tu hermano ya está despierto? ―Se dirigió hacia el comedor haciendo un gesto para que lo siguiera. Así lo hizo su hijo y en cuanto estuvo en él tomó la silla y se sentó en la cabecera.
―Sí, él me despertó ―Comentó con cierta amargura. Desfiló los ojos por sobre la mesa, en ella estaba el pan cortado y tostado sobre un plato de vidrio gris, mientras tres tazas de café ya dispuestas sobre pequeños platillos de porcelana. Tk tomó uno y se llevó a la boca una tostad―. Entró al baño.
Su madre no dijo nada, tomó una de las tazas y la bebió pausadamente. Se giró dándole la espalda a su hijo. Él la observaba, siempre tan distante y absorta en sus pensamientos. A veces deseaba saber qué surcaba por el pensamiento de su madre. La veía más deteriorada, cansada y angustiada.
Y sabía la razón.
Ingresó a su habitación con la toalla rodeándole la cintura y su cuerpo despidiendo las gotas de agua que una refrescante ducha le propinó. Tenía el rostro más despierto aunque seguía deseando acurrucarse una hora más en su cama. Era viernes. No podía aguardar que el tiempo transcurriese velozmente y ya fuese de tarde.
Caminó dejando a cada paso un rastro húmedo de sus huellas hasta su armario de donde sacó su uniforme. Lo estudió un momento, viendo que parecía ligeramente arrugado. «Como si importase» Se dijo mentalmente al tiempo en que arrojaba tanto la camisa como los pantalones verdes de vestir tras su hombro hasta que aterrizase en su cama desarreglada.
Buscó ropa interior y colocándoselos, fue vistiéndose con cierta rapidez. Una vez que salga de su habitación, tendría que darle los buenos días a su madre y eso no era precisamente lo que adoraba hacer por las mañanas mal despertadas como lo fue aquella.
Abrió el cajón de su mesita de noche, buscando su púa y unos brazaletes negros que siempre se las colocaba en las muñecas, cuando se encontró con un papel doblado en cuatro. Sonrió de medio lado al haber extendido el papel y hallar la propaganda de su banda que tocaría en vivo.
Hace exactamente una semana y media había llegado Ruki ―amiga de los chicos de la banda y suya también― con la noticia de que su abuela era una conocida estimada de Michael J. Borton, dueño de una de las firmas musicales más conocidas tanto en América como en Japón, y que el hombre se encontraba en Odaiba en esos momentos.
―¡Eso quiere decir que podemos firmar un contrato con él! ―Alentó eufórico Kazu saltando de la butaca en donde se hallaba hace un momento.
―No seas bruto. No es tan sencillo ―Intervino Koji junto a él, posando su mano derecha en el hombro del castaño, haciéndole sentar nuevamente. Miró a Ruki apoyada por una repisa de discos con los brazos cruzados sobre su pecho, quien asintió ante sus palabras―. Si fuese tan sencillo firmar con una disquera con tal renombre como lo es Serenity Records, todos serían famosos.
―Es verdad.
Se hallaban reunidos en el negocio de la familia Makino, una tienda de música e instrumentos que montaba con su madre en la hora de descanso, cuando el cartel de "cerrado" yacía expuesto hacia la calle, colgada por el vidrio de la puerta. La familia Makino era conocida por su talento musical, pues Hata Seiko ―abuela de Ruki― era una importante cantante soprano y pianista retirada.
Su abuela conocía a la banda que conformaban los amigos de su querida nieta y cuando la noticia de que su conocido, Michael J. Borton, se encontraba en Japón, no dudó en pedirle a Seiko que contactara con él para hablarle de los chicos.
―Mi abuela habló con él y Borton dijo que estaba por negocios aquí, que le resultaría difícil darse un poco de tiempo para venir, pero ―los jóvenes no despegaban su mirada de la pelirroja con semblante distante―, que se pondría en contacto con ella en caso que pueda.
―Espera ―intervino Yamato haciendo una señal con sus manos para detener sus palabras. El rubio estaba sentado al otro lado de Kazu―, cuando nos habías citado aquí habías dicho que tu abuela recibió una importante llamada, Ruki.
―Eso quiere decir que… ―Inició Koichi con una amplia sonrisa. Ruki asintió en silencio y estalló la euforia de Kazu volviéndose a parar y levantar un puño en alto.
―¡Michael Borton nos oirá tocar y le gustaremos tanto que nos pedirá ser su banda privada!
Yamato dejó extendida la propaganda del show que su banda, Warrior Wolf, daría esa noche a las diez de la noche en el bar que dirigía la familia Matsuda. No podía esperar a que sea la hora acordada y enseñarle a Michael J. Borton que su banda merecía firmar un contrato con él.
Se colocó las muñequeras y guardó la púa de su guitarra en el forro de la misma para así salir de su habitación. Le rugía el estómago y esperaba hallar algo que comer. Para su suerte, cuando surcó el pasillo que lo llevaba hacia la cocina encontró ya a Tk sentado a la mesa del comedor en donde reposaban dos tazas de café ―de las cuales, una ya se encontraba entre los labios de su hermano menor―, y tostadas descansando sobre un platillo de porcelana blanca con detalles de rozas en sus bordes.
Y como si no pudiese evitarlo, la imagen de su madre recostada por el lavabo bebiendo de su taza de porcelana blanca ―juego del platillo en donde iban las tostadas―, lo recibió en cuanto avanzó hacia la mesa comedor y tomó asiento.
―Buenos días ―Saludó el hijo mayor para los presentes.
―Nada de buenos ―Farbulló Tk con resentimiento fingido, mirándolo. Yamato sonrió de costado y agitó sus cabellos con una mano.
―Lo serían si pusieras una música decente como despertador.
―Yamato… ―Oyó decir a su madre cuando ésta se despegaba del mueble y caminaba a paso cauteloso hacia la mesa en donde estaban sentados ambos hijos suyos. Él la observó y luego se sentó en la silla, tomando entre sus manos la taza de café caliente con una tostada que se la llevó a la boca― ¿Podrías explicarme por qué has llegado tarde ayer?
Tk mordisqueaba entretenido su tostada hasta las palabras de su madre y de inmediato, sus orbes celestes fueron a parar sobre los de su hermano, a quien lo vio cerrar los ojos en un acto de imploro por paciencia.
Tk miraba por lo bajo a su hermano. Siempre era lo mismo con él y su madre, parecía que nunca iban a congeniar y él tampoco ponía de su parte para lograr algo diferente que las acostumbradas discusiones con ella.
―Tuve ensayo con la banda. Tú lo sabes ―Repuso sin mucho ánimo por continuar aquella conversación tan de mañana. No podría estar más fregada para él―. No estoy en mala junta si eso es lo que te preocupa ―Finalizó mirándola con cierto cansancio.
―No se trata de la mala junta, Yamato ―Habló nuevamente su madre enderezándose y mirándolo con reproche―. Lo que me molesta es que no me tengas en consideración. ¿Acaso me has avisado que llegarías tarde? ―Hizo una pausa―. Lo peor de todo es que creías no me daría cuenta ―Depositó su taza con cierta fuerza sobre la madera de la mesa, llamando la atención de sus dos hijos―. ¡Mírame cuando te hablo!
―Sólo llegué un poco tarde. No tienes por qué alterarte ―Dijo ya con poca paciencia en su voz, mirando directamente a los ojos a su madre. Ésta negó con la cabeza mientras fruncía los labios en una fina línea recta, cargada de nerviosismo.
―¡¿Te parece que "un poco tarde" es llegar a la una de la madrugada, Yamato?!
El muchacho no despegaba la vista de su madre con la mandíbula tensa y los puños apretados. Sabía que si respondía a sus palabras, sólo iniciaría una de las interminables peleas que odiaba lidiar con ella. Así que solo se puso de pie y aun con la mirada en su madre se puso en marcha.
―¡¿Dónde crees que vas?! ―Dijo siguiéndolo, pero éste se giró de golpe y con resentimiento, soltó.
―Me adelantaré al Instituto.
―¡Yamato, no has desayunado!
Ante aquella acotación por parte de su madre, dio un ligero bufido que hizo encoger los hombros a Natsuko.
―Lo hubieras pensado antes ―Y sin más, salió del cuarto con zancadas feroces y cerró la puerta de un portazo.
Tk mantuvo la mirada en su taza de café y cerró los ojos exhalando el aire contenido durante esa pequeña discusión. Con los puños apretados, recordó con pesar qué hace más de seis meses que su hermano se mudó a vivir con ellos pero la relación que mantiene con su madre, parecería que no mejoró en absoluto durante ese tiempo.
Ella lo vio salir de la puerta sin siquiera mirarla, mientras que su ceño permanecía fruncido, se sentó en una de las sillas mirando de forma perdida la taza de café de Yamato y la tostada a medio comer. Tk sentía lástima por su madre, no había mucho que pudiese hacer si su hermano no cooperaba y no lo haría.
Yamato había cambiado mucho desde que su padre había fallecido hace seis meses atrás, pero parecería que fue ayer cuando aquella noticia lo golpeó con tanta fuerza que ya ni reconocía a su hermano. Desde entonces, Yamato vivía con él y su madre, pues aún seguía siendo menor de edad y estaba bajo la protección de Natsuko, aunque parecía que lo último que deseaba Yamato era eso.
Subió las escaleras con presura una vez dejó el auto con el que su chofer la trajo al colegio y sus piernas se movilizaron con la misma emoción que en su rostro iba tatuado. Abrió las puertas principales del Instituto a la temprana hora de las siete y cuarenta, para dirigirse exclusivamente hacia las escaleras que la llevarían al segundo piso y por ende, al club de periodismo.
Miyako le había escrito muy temprano de que los votos habían sido revelados y la noticia sobre la presidencia se daría por escrito en el periódico escolar esa mañana, con el permiso de la Dirección del Instituto por supuesto. Al saber eso, Mimi aceleró su preparación para el colegio y quizás agradecía que todos la admirasen demasiado como para ignorar cierto desarreglo en su larga melena castaña y enmarañada en las puntas a causa del apuro por salir de su casa.
Subió los últimos escalones y con su bolsón golpeándole el costado derecho, correteó hasta las puertas de caoba en donde iban escrito "Prensa".
Yolei la recibió con una grata sonrisa y la dejó pasar para entregarle el ejemplar original que ya estaba en circulación en todo el Instituto. Solo era cuestión de tiempo para que el alumnado entero supiese que la Nueva Presidenta del Centro Estudiantil era…
―¡Mimi, felicidades! ―Dijo cuándo la muchacha miró a su amiga con una amplia sonrisa. La efusividad hizo que abrazara con fuerza a su mejor amiga y ambas saltaran de alegría, pegando gritos por la emoción.
―¡Gracias, Yols! ―Abrazó con fuerza a su amiga― Pero también debo darte algo de crédito. Has sido la mejor asesora de campaña que pude haber pedido ―Dijo una vez se hubieron separado―. Andando, yo invito los pasteles de fresa.
A Yolei el brillaron los ojos cuando oyó aquello y ¿cómo podría rechazar un pastel así y más cuando la misma Presidenta te la ofrecía? Ambas jóvenes salieron con la algarabía brotando de sus bocas, dejando que los pasillos del colegio, aún con pocos alumnos, pudiese saber que la Buena Nueva estaba llegando.
Llegó al Instituto con pasos lentos y cansados. Echó un bostezo. Caminó hacia el interior del edificio para ser recibido por el reloj general. Siete menos cuarto. «Genial» se dijo con sarcasmo. Era demasiado temprano para su gusto. Aún le rugía el estómago, se llevó una mano hasta él y maldijo el no haber podido acabar su desayuno.
―Será mejor que coma algo.
Desvió sus pasos que, en situaciones distintas abrían ido hacia el segundo piso donde se hallaba la sala de música con los integrantes de su banda dispuestos allí practicando para esa noche, mas la necesidad de ingerir algo comestible pudo con él. Se encaminó entonces hacia los pasillos del ala este en donde las amplias puertas de vidrio se hallaban abiertas con las letras de "Cafetería" en ellas.
Era normal no ver muchas personas aún dentro. Sólo un madrugador o un idiota que quería llamar la atención venía a desayunar en la cafetería del instituto, pues para pagar tal cantidad por unos dangos era ridículo y ni siquiera llenaban para un desayuno balanceado.
El color blanco lo estaba por sacar de quicio, pero el molesto verde que lucían los detalles dentro del lugar ―ventanales, mesas, sillas― hacían regurgitar su estómago casi vacío.
«Concéntrate, Yamato» Se dijo para centrar su atención en el exhibidor de alimentos frescos. En esos momentos, contaba con la cantidad de dinero que un par de dorayakis podría ofrecerle. Fue hasta donde se hallaban los pasteles y postres, esperando que le atendieran.
Sumido en la penuria del hambre que lo embargaba, desvió su vista hacia los otros pasteles que había un poco más alejados del delicioso plato con dorayakis recién preparados. Se veían deliciosos y era un crímen que cada porción costasen lo que uno podría gastarse en ropa nueva.
Unas risas y voz estridente llamaron su atención. Era muy temprano para que las personas ya estuviesen tan eufóricos. Se giró un poco hacia donde la entrada recibía a las personas y vio a dos particulares muchachas meciendo sus faldas verdes, hablando muy por encima de lo que una conversación para 'dos' pudiese significar. Y sus labios se curvaron hacia arriba cuando reconoció a una de ellas.
Pero lo que más gracia le había dado, era la forma en que la joven castaña se detuvo tan abruptamente, cambiando su expresión de diversión por una totalmente opuesta. Yamato regresó entonces su vista hacia el vidrio que lo separaba de su desayuno ―y probablemente sea todo el alimento que consumirá estando en el Instituto.
―¿Mimi, ocurre algo? ―Preguntó Yolei al ver como el rostro alegre y vivaz de su amiga cambió en cuestión de segundos. Por su parte, la castaña pareció despertar de una hipnosis y viró la vista a su amiga.
―Es… Espérame en una mesa, iré a comprar el pastel para ambas.
Yolei giró un poco la cabeza, como confundida pero Mimi la hizo sentarse para luego caminar hacia el exhibidor.
―Buena elección ―había soltado Yamato en cuanto Mimi estuvo frente al vidrio, a una prudencial distancia de él―, es buen remedio un poco de dulce para apaciguar la amargura.
―Mira quién habla ―Mimi ni se molestó en mirarlo, prefería evitar tener contacto con sus orbes azules―. ¿No eres tú el rebelde sin causa? Eres tú quien necesita endulzar su día.
―Podrías comprarme el desayuno y estaremos a mano, ¿te parece? ―Dijo Yamato con toda la normalidad, ignorando el comentario de Mimi.
Por primera vez desde que llegó hacia allí, se giró hacia él con fuerza, dejando que su melena castaña bailara con el movimiento. Él siguió sin mirarla pero percibió aquel movimiento dramático por su parte y su malhumor inicial se estaba esfumando.
―¿A mano? ―Profirió como ofendida― ¡Yo no te debo nada!
―Ey, de haber sabido que resultarías con tan mala memoria ―Lentamente fue mirándola―, no me habría molestado en salir del teatro aquella vez.
Mimi se quedó viéndole como si acabase de decirle alguna grosería y él sólo enarcó las cejas sin quitar la diversión en sus labios. Antes de continuar hablando, la mujer que se encargaba de tomar los pedidos, se acercó a ellos.
―¿Qué desea? –Dijo sin interés aparente la mujer con una redecilla negra en el cabello, vistiendo un uniforme con la insignia del Instituto.
Mimi sonrió amablemente, saludándola.
―Dos pasteles de fresa, por favor.
―Dos dorayakis ―Ambos habían expuesto sus pedidos al mismo tiempo y cuando se dieron cuenta de ello, sus ojos volvieron a encontrarse con molestia, mientras que la mujer sólo rodó los ojos con impaciencia―. Atienda a la dama, al parecer está con más antojo de azúcar ―Mimi se sonrojó al oírle decir eso, iba a protestar pero la mujer ya estaba buscando entre los postres el pastel de fresa.
Enrabiada, miró a Yamato.
―Estabas arruinando mi campaña política. ¿Cómo no haberte echado de ahí?
―Corrección: No me echaste, yo salí por voluntad propia ―Puso énfasis en sus palabras―. Además, tenía reservado el teatro ―Se excusó él.
―¡Me has interrumpido!
―Tenía el derecho a hacerlo.
―¡¿Sabes qué?! ¡Esto no tiene sentido! ―Dijo muy cabreada, señalándolo con su dedo índice de manera acusadora, pero al ver qué estaba llamando la atención, bajó el dedo y fue susurrándole―. Yo no te debo nada y tú no tienes por qué exigirme algo a cambio.
―No, pequeña ―Yamato tomó el cuello de la camisa de Mimi con sus dedos sin ejercer casi fuerza para atraerla a él. Mimi lo miraba entre impotente y sorprendida―. Tú me debes un favor porque fui generoso contigo. Aunque descuida, no te pediré gran cosa… ―Sonrió y a Mimi pareció faltarle la respiración al ver la bella sonrisa que poseía―. Bueno, aún no tengo nada en mente pero no deberías de preocuparte mucho.
―Suéltame ―le quitó su mano con violencia―. Me largo.
Al dar unos pasos más, la voz de Yamato se oyó nuevamente.
―Ah y Tachikawa…
―¡¿Qué?!
Al volverse a verlo, él le señaló las dos porciones grandes del pastel que le había pedido a la mujer y sonrojándose se acercó nuevamente. Susurró y entonces, Matt le tendió el plato en sus manos para luego susurrarle.
―Me debes otra.
Mimi lanzó un gritito de frustración y dio una pisada de protesta contra el suelo, arrebatándole el plato y desfilar sus piernas en dirección a donde su otra amiga se encontraba, aunque ya no sola, sino con una muchacha más de cabello corto y castaño. Matt enseguida reconoció a la chica como la hermana menor de su mejor amigo, Yagami Hikari.
«Qué pequeño es el mundo»
Ingresó a la sala de música en donde solo se encontraba Kazu, Koji y su hermano Koichi, el primero jugando con sus palillos frente a la gran batería en el centro del salón, Koji estaba ejecutando su guitarra eléctrica azul mientras que su gemelo leía las partituras frente al teclado eléctrico. Ambos levantaron su rostro al verlo entrar y los saludaron.
―¡Ey, miren quien llegó temprano! ―Repuso Kazu apuntándolo con ambos palillos―. Mi amigo, tienes aspecto de haber sido apaleado antes de venir.
―No difiere de la realidad ―Murmuró aunque estaba claro que no deseaba hablar de eso con sus compañeros. Se quitó la correa de la funda en donde descansaba su guitarra cuando avanzó hacia un taburete vacío cerca de Koji.
El azabache lo observó disimuladamente por el rabillo de los ojos, compartiendo la opinión bromista de Kazu en cuanto al estado de Matt, claro que para él no le traía mucha gracia observar ligeras líneas oscuras bajo los ojos del rubio, se lo veía mucho más meditabundo de lo que acostumbra y aunque fuese uno de los motivos por los cuales ambos se llevaran con más afinidad, había un límite en Matt.
No hacía falta ser adivino para saber que aquella cara larga se debía a que nuevamente tuvo una discusión con su madre. Su estado no solo hablaba por él, sino por el hecho que el rubio acostumbraba a llevar pasada las siete y media, no las siete como era ese día.
―¿Cuándo traerás el bajo del que hablaste, Matt? ―La voz de Koichi sonó amable interrumpiendo los pensamientos de su hermano y ganándose la mirada de Matt que lo miraba con somnolencia.
Matt volvió su vista a sus dedos ubicados sobre el puente de su guitarra acústica repasando notas mudas para luego responder al Kimura.
―Está viejo y no tengo mucho dinero para reparar la entrada de su amplificador ―Matt cambió de nota, de re menor a mi séptima. Era la introducción de la canción que habían estado practicado toda la noche anterior ―y la que él practicaba solo cada que podía― en la casa de Koji.
―Ya veo ―Finalizó Koichi mientras empezaba a mover sus manos sobre las teclas del piano, siguiendo lo que la partitura le enseñaba.
La mirada azulina de Yamato ―que se encontraba en sus dedos sobre las cuerdas― pasó en un vistazo rápido al taburete que tenía junto a él y ver encima el periódico del colegio llamó su atención. O mejor dicho, la fotografía que centralizaba el encabezado.
Dejó de tocar instintivamente y con cierta lentitud ―a causa de la curiosidad que le causaba el artículo en primera plana―, dejó la guitarra recostada por la silla al otro lado de él y atrajo en sus manos el periódico.
Koji lo miró curioso, aunque no fue el único ya que Hirokazu se apresuró a acotar con aires de diversión. No siempre veían a Yamato auto-interrumpiéndose cuando se encontraba practicando.
―¿Te interesa la política estudiantil o la nueva presidenta, Matt? ―Su tono sugerente hizo bufar de manera seca al rubio, pero aquello no lo hizo limitarse en examinar la fotografía de aquella chica que hace tres días le había hecho enfadar y recientemente le había hecho una escena de 'niña caprichosa'.
En la portada estaba escrito »Tachikawa Mimi, el nuevo rostro del Instituto Odaiba, asumirá la presidencia el siguiente miércoles frente a todo el alumnado«
«Tachikawa Mimi… ―repitió con diversión en su mente aquel nombre. Esa muchacha lo sacó de quicio con solo escucharla unos cinco minutos. Sin duda era de esas chicas atractivas pero que pensarías dos veces antes de intentar algo con ellas―, niña mimada y engreída… Oh, sí. Justo lo que más aborrezco».
Y no mentía.
Todas las chicas con quienes salía eran de esas que sólo le interesa una cosa y no pasaba por el lado de hablar demasiado o profundizar en lo que "sentimientos" implicara. Hacía el trabajo más fácil para ambos. En especial para alguien a quien no deseaba estresarse con las mujeres y cuando hablaba de mujeres, precisamente evitaba involucrar a la categoría que pertenecía Tachikawa.
Delineó con sus ojos la figura que tras el atrio de madera se encontraba, con una tenue sonrisa a la par que pronunciaba algunas palabras, capturada y encerrada en la imagen que él se encontraba apreciando. Era bonita y lo admitía. A pesar de que la tinta del diario hiciese un arte puntillista con las imágenes, él podía apreciar los detalles que recordaba en ella.
Incluso en la cafetería no se había prohibido recorrerla con la mirada cuando ella no se daba cuenta. Tez blanca y tersa, ojos acaramelados y cabello castaño, esta vez delineándole tanto sus pechos como su espalda en una cascada larga y con tenues ondulaciones. Una belleza revestida de superficialidad y carisma político. Perfecta para la labor. Mucha etiqueta exterior, pero quizá podía llevarse una sorpresa si indagaba un poco más.
Sonrió para quitarse esa idea de la cabeza. Normalmente, en las de su "clase" no hallabas más que exigencia y compromiso que él prefería evitar a como dé lugar, pensando sólo en ellas, pisoteando a quien necesite para conseguir sus caprichos.
Durante el transcurso de esos tres días ―aunque fuese por un instante― traía a la cabeza el momento en que la tenía encima de él. Su delicado cuerpo contrastando con la de él en gran medida. No era un adicto al sexo, solo lo justo y necesario pero aquel roce insignificante pudo despertar en él cierta curiosidad.
Le daba gracia al recordarla sonrojada de la ira y vergüenza, emanando efusivamente el aroma que se desprendía por sus poros ante tanta movida repentina. «Chantillí» se había dicho mentalmente. «Como si de un pastel de fresa se tratara» Odiaba lo dulce y odiaba tenerla en la memoria de sus sentidos.
Eran las chicas de las que él rehuía por lo escandalosas y molestas que eran y así era ella y la primera impresión no se le despegaba de la mente ni a la segunda. Aunque ciertamente, era divertida si lo mirase en otra perspectiva.
«Mala idea, Yamato Dijo con una sonrisa en los labios que trataba de reprimir. Soltó el diario de vuelta a su lugar y retomó el punteo de notas bajo sus dedos. Mala idea»
El sol imponente a las tres de la tarde daba un precioso brillo a las instalaciones del Instituto Odaiba, dejando al descubierto sus paredes pulcras en blanco con detalles en verde que iban acomodados por los marcos de las ventanas y de las puertas. El amplio patio delantero se abría paso como dos brazos extendiéndose hacia los confines de la salida, un largo trayecto revestido de un verde floral, avisando el ingreso de la primavera.
Y en cuanto la campana que anunciaba el culmen de las clases resonó a lo largo y ancho del amplio predio educativo, desde lo alto podía apreciarse como los alumnos salían a patas sueltas de las instalaciones, vistos como pequeñas hormigas huyendo de su destruido hoyo.
El aclamado viernes después de clases daba inicio y nadie resultaba exento de aquel hecho. Un buen fin de semana se iniciaba y todos se preparaban para iniciarlo de la mejor manera.
Los agraciados pasos de Mimi se disponían fuera de los pasillos bien lustrados del Instituto, dirigiéndose hacia la salida principal al igual que su acompañante y mejor amiga, Yolei. Ambas hablaban de trivialidades femeninas como era costumbre, cargando con sus bolsones en sus hombros enseñando un Louis Vuitton blanco y sus iniciales estampadas en colores juveniles por toda la tela, sus colgantes rosas y detalles en dorado que se ajustaban al brazo de Mimi y una cartera Dolce Gabana de cuero en gamas de rosas con el mango en negro que iba en el antebrazo de Yols.
No por nada eran consideradas una de las jóvenes más populares de todo el Instituto.
Cuando fueron descendiendo por los escalones, la llamada de la voz que les resultaba familiar las hizo detenerse y girarse un poco, encontrando con la aniñada imagen de Hikari Yagami, hermana menor de Taichi. La castaña llevaba el cabello corto y arreglado con dos horquillas rosas que resaltaban entre sus hebras oscuras. Y a diferencia de la esplendorosa imagen que llevaban Mimi y Yolie para el colegio, Kari resaltaba por su sencillez y dulzura.
Hikari era dos años menor a sus amigas y aunque aquello pudiese resultar un poco complicado a la hora de hallarse entre clases, se las arreglaba para pasar junto a sus amigas entre los recesos y solían ir juntas a sus respectivas casas por cortesía de Mimi y su chofer, pero desde que las prácticas del equipo de fútbol de su hermano, Tai, retomaron luego de un lapso vacacional, volvía con él a su hogar.
―Me alegra haberlas alcanzado ―dijo sonriéndoles y uniéndose a sus pasos para continuar bajando las escaleras blancas hacia el camino que las llevaba a la salida.
La plática se concentró en la victoria que llevaba Mimi ahora que asumió el rol de presidenta para el nuevo año que se iniciaba. Aunque no podía faltar el festejo del mismo, pues Mimi no quería hacerlo pasar por alto y mucho menos la entusiasta de Yolie.
―No estoy en contra de una película de terror y delivery de pizza ―Habló la menor que no veía mejor diversión en un viernes por la noche sentada en el sofá de su sala comiendo comida chatarra y desvelarse con una tanda completa de películas. Aunque al ver la mirada de reprobatoria de sus amigas, supuso que la idea de 'diversión' que concebía ella era distinta a las suyas. Kari desvió la mirada sonrojada por la pena―. ¿Qué? Sólo decía.
Miyako rodó los ojos y luego llevándose un dedo en el mentón mientras caminaba, meciendo su larga cabellera violácea pensaba algún lugar al que podían ir.
―Esa mirada ya me trae mala espina ―Mimi la observaba divertida, pues cuando se trataba de salir, el espíritu organicista de Yolei salía a flote y no descansaba hasta tenerlo todo listo. No se equivocaba al tener a Miyako como su asiste y coordinadora.
Chasqueó los dedos como si hallase la pieza faltante en su rompecabezas y deteniendo sus pasos, sus amigas la imitaron, dijo.
―He oído hablar de un bonito bar al final de la calle Ariake ―Hizo una pausa y retomó el paso al igual que Mimi y Kari―. Ken me lo había comentado la otra vez, suele tener una banda que toca excelentes covers y la comida es muy buena.
Tanto Mimi como Kari compartieron una mirada cómplice con aquel "Ken me lo había comentado" por parte de Yols. Ella no era consciente de eso hasta que se giró a verlas, prosiguiendo con su comentario y al ver la curvatura sugerente en las sonrisas de sus amigas, su rostro fue tornándose en un rojo vivo que ascendía y ascendía.
―Me miran mal… ¿Por qué me miran así? ¡Él y yo solo somos…!
No acabó la frase, puesto que Kari se le adelantó para culminarla con el "Amigos" que intentaba hacerles creer que eran tanto ella como el Ichijouji.
―Oh, por supuesto ―Acotó Mimi como si fuese lo más obvio del mundo, meciendo sus manos―. Y eso de mandarse mensajes al dos por tres no tiene mucho que ver ¿o sí?
―N-No estamos hablando ahora por ejemplo.
Aunque aquel interrogatorio furtivo hacia la Inoue podría resultar tan satisfactorio para sus amigas, Hikari interrumpió a Mimi al desligar una de las correas de su mochila de uno de sus brazos y así llevarlo hacia el frente, caminando con cierta torpeza por no prestar atención a su camino.
Mimi la miró con reproche puesto que sin desearlo, chocó contra ella. Aunque reprenderla pasó a otro plano cuando la Yagami sacó de su mochila un papel doblado en cuatro partes. Lo extendió y mirando a Miyako, dijo.
―Por si acaso, Yolie, ¿es este el bar que te mencionó Ken?
La castaña tendió el papel pasando por enfrente de Mimi, casi haciéndola tropezar para observar detenidamente la propaganda junto a Miyako.
―Oh, conozco este lugar ―Dijo Mimi con una grata sorpresa―. Tai me ha dicho que algunos amigos suyos tocan allí por las noches.
―De hecho, sí. Es este mismo lugar, Kari ―Sonrió satisfecha de no verse como el centro de las burlas de sus amigas―. ¿Quién te dio el anuncio?
En papel estaba el hombre del local "Matsuda's Bar" y la presentación de una banda a partir de las diez de la noche.
―Warrior Wolf… Qué nombre ―Dijo Mimi aunque más para ella misma.
―Pues no se diga más ―La menor entre las tres jóvenes, volvió a doblar el papel para meterlo en el bolsillo de su mochila rosa con detalles en blanco que traía en la espalda―. Tk me lo ha dado. Su hermano tocará esta noche allí. Por cómo me ha dicho, estará el dueño de una disquera que pretende firmar con ellos. –Sonrió tiernamente.
Si no fuese por el llamativo hecho que creyeron ignorar en el joven Takaishi, estarían contentas de oír aquella gran noticia. Kari observó con curiosidad el rostro de sus amigas y al preguntar por ello, tanto Mimi como Yolie hablaron al mismo tiempo.
―¿Tk tiene un hermano?
Salieron sobre la acera del colegio, deteniéndose a hablar sobre la noticia de la cual eran ignorantes sobre Takeru. El joven y tierno compañero de Kari ―un atractivo chico de quince años de ojos celestes y cabello rubio―, se había mudado a aquel colegio hace un año, congeniando al instante con la hija menor de los Yagami.
―Sí, así es.
―No sabía que tuviese uno ―Reiteró Yolie aún sorprendida por tal hecho, al igual que Mimi.
―No habla mucho de él ―Dijo Kari sin mucho interés sacando del bolsillo de su mochila su teléfono celular―. De hecho, su hermano mayor se ha mudado con él hace sólo unos meses y es nuevo en el colegio. Dudo que lo conozcan ya que es un tanto… Antisocial, por así decirlo ―Luego miró a Mimi―. Aunque creo que va también en Tercero de secundaria.
―Vaya, conociendo a Tk y su espontaneidad, se me hace difícil imaginarme a una versión suya pero reservado ―Decía Mimi llevándose una mano a la barbilla de forma pensativa, aunque al hacer aquello, al imaginarse a un muchacho rubio de ojos celestes con aires solitarios lo primero que se dibujó en su memoria era el rostro de aquel muchacho que la desafió hace tres días. «Ishida Yamato.»
Se abofeteó mentalmente por traerlo a él y a su estúpida sonrisa altanera a la mente como le había sonreído esa mañana. No era el único chico rubio de ojos celestes en el Instituto, de hecho. «Él también es nuevo y… ¡No! Eso es imposible. Además se apellida Ishida, así que no tendría por qué preocuparme.» Pero en lugar de estarse tranquila, el incidente de la otra ocasión no la dejaba estar. Ya habían pasado tres días desde entonces y al parecer, Yamato ya no era invisible a sus ojos.
No han sido muchas ocasiones, pero en esos tres días lo pudo ver caminando hacia el segundo piso, cosa que llamaba su atención pues él cursaba el tercer año de secundaria al igual que ella, solo que en otra sección, excepto claro ese mismo día en donde le tocó toparse con él en la cafetería. «¡Oh, Dios mío! ¡Soy una stalker!» Se decía Mimi con pánico impregnado en su rostro mientras jalaba de su cabello, desesperada.
―¿Mimi? ―Sus dos amigas se le quedaron viendo, llamándoles la atención por aquella reacción repentina por parte de la castaña; quien, al verse ante un público reducido, bajó con lentitud sus manos y se peinó el cabello con ellas―. ¿Por qué estás tan colorada? ¿Tienes fiebre?
Para su suerte, antes de responder con una negativa poco creíble debido a lo exaltada que se encontraba, Kari dijo guardando nuevamente su teléfono pero esta vez en el bolsillo de la falda plisada verde.
―Al parecer Tai tendrá práctica de fútbol hoy –Hizo un ademán con la mano en forma de despedida ―Le diré lo de la salida de esta noche, así que pasaremos a buscarlas, ¿les parece bien?
―Claro.
Con ello, Kari avanzó a zancadas presurosas por el camino cementado hasta doblar en una esquina en donde solía encontrarse con su hermano mayor. Mimi la vio alejarse y pensar en Tai. Con el tema de la campaña casi no había tenido tiempo para sus amigos, en especial para él, sin embargo él la apoyaba como podía.
―¿Nos vamos?
La voz de Yolie la hizo girar su rostro de vuelta a la suya y luego ver que su auto ya estaba parado enfrente de ambas, con el motor encendido. El chofer bajó del auto y abrió la puerta para dejar que ingresaran a la cabina.
Mimi asintió y fue Yolie quien tomó asiento y se acomodó dentro, para dar espacio a Mimi que hiciese lo mismo después. Ella introdujo su pie izquierdo dentro y algo, como si fuese que la llamaba, le hizo girar su rostro de lado, encontrándose con ojos azules que la observaban, acechaban.
Saliendo del Instituto sobre la acera se encontraba él, cargando su mochila al hombro con una mano sujetando la correa mientras la otra estaba dentro del bolsillo de sus pantalones y por su pecho blandía la correa que correspondía al forro de su guitarra en la espalda, comprendiendo la razón por la cual siempre iba a la sala de música antes de su propia clase.
Sus ojos, un par de orbes azules intensos, la escudriñaban con la mirada y eso la hizo bacilar. No supo cuánto tiempo estuvieron observándose, pero la voz de su chofer la trajo nuevamente a tierra. Desvió su vista al hombre de mediana edad y claras canas queriendo resaltar en el abultado bigote castaño y algunas hebras del mismo tono bajo su sombrero azul que iba a juego con el resto del uniforme. Ella asintió y tras una última mirada, él sonrió con aquella altanería que ella aborrecía y finalmente, ingresó al auto.
«Yamato Ishida»
Se dejó caer casi desplomándose en una silla negra que había en aquel escenario ovalado. Llevó su cabeza hacia atrás y dejó salir un ligero suspiro. No sabía que acarrear todo el equipo fuese un trabajo tan arduo y estaba exhausto. Levantó un poco su muñeca izquierda y vio la hora en su reloj: seis y media de la tarde. Bajó nuevamente su brazo y se reincorporó sobre la silla, dejando que su cabello rubio se meciese con el movimiento.
―¿Agua? –La voz de Takato lo tomó por sorpresa. El castaño estaba junto a él con una bandeja y cuatro vasos de vidrio con agua fresca.
―Gracias ―Tomó un vaso y se lo llevó a los labios para beber.
El Matsuda se dirigió a los demás miembros de la banda para tenderle el vaso con agua fría. Yamato, por su parte, bebió unos sorbos y luego depositó el vaso en el suelo junto a la pata delantera de la silla.
Apoyó sus codos sobre las rodillas y tras un momento de silencio mirando a la nada, tomó con una mano la guitarra eléctrica negra junto a él mientras que con la otra buscaba su púa en el bolsillo. Apoyó el instrumento sobre su regazo como cual padre apoyaría a su hijo en él y comenzó a puntear las cuerdas con sus dedos.
Estaba exhausto, pero no solamente por el trabajo pesado que había hecho junto con sus demás compañeros de la banda, sino que tenía la mente cansada y nublada. «No es momento» se dijo a sí mismo y trató de que las notas de sus canciones fuesen las que centraran su atención.
Oyó a sus demás compañeros conectar algunos cables de sus respectivos instrumentos y cada quien ensimismarse en la música que Yamato había empezado a puntear
―Abriremos con esa ¿no?
―Así es ―Dijo Matt respondiendo a Kazu y ante su afirmación, sus palillos sonaron en un conteo para después alzarse con energía sobre los toms 1 y pasar luego al 2, seguido a ellos, marcaba el compás el bombo con su pedal. Fue un movimiento rápido y certero para después finalizar con el platillo, que vibró ante el golpe―. ¡Oh, yeah!
―Guarda un poco de energía, Kazu.
Una nueva voz se oyó al igual que la puerta abriéndose y cerrándose con un chirrido estridente, propio de los años. Todos los presentes viraron la mirada hacia la joven pelirroja de cabello recogido y mirada impenetrable, sus ojos de un fulminante centellaron con cierta diversión al verlos.
Sus pasos se acercaron hacia el escenario en donde se hallaban ellos, no estaba muy por encima del suelo, no se trataba de un lugar demasiado amplio después de todo, pero el suelo tapizado en madera corría por igual al resto del bar Matsuda.
―Ruki. Hola ―Habló Takato con una sonrisa amistosa y un ligero sonrojo en sus mejillas que ella no pudo ignorar y le sonrió discretamente.
Los demás jóvenes la saludaron a lo que ella dio un cabezazo silencioso correspondiéndoles, cruzada de brazos, manteniendo aquel aire enigmático que la caracterizaba. Aunque no solo era aquella esencia suya la que llamaba la atención de los allí presentes…
―Miren nada más, hasta Ruki puede verse femenina de vez en cuando ―Comentó divertido Kazu tras un silbido de admiración por la muchacha que acostumbraba a llevar puestos jeans y playeras oscuras con zapatos deportivos.
Ruki era del tipo de chica que usualmente viste de manera cómoda y holgada, no con aquella blusa negra de tirantes y un escote pronunciado o los shorts de jean que enseñaban sus atractivas piernas ubicado por sobre el medio muslo. Ella los fulminó con la mirada a todos.
―No tengo la culpa ―Dijo de manera cansina sin poder reprimir un ligero pigmento en sus mejillas―. Estaba buscando ropa qué ponerme para la noche.
―No olvides que ella nos consiguió el local para tocar, idiota ―Dijo Matt sin poder reprimir una ligera risa por su comentario del Shiota, ya que no podía estar más de acuerdo con él.
―En definitiva, fue Takato quien nos proporcionó el bar de su familia para tocar y citar aquí al Dueño de la disquera ―Acotó Kazu volviéndose a ganar una mirada inquisidora por parte de Ruki y una sonrisa apenada por parte de Takato.
―En verdad, yo no…
Era cierto que Takato les había conseguido el local de su familia, desplazando a los grupos que habían solicitado el local días atrás. Pero fue Ruki quien realmente organizó todo el evento, incluso habían juntado dinero a pedido de la pelirroja e imprimir los volantes que hace ya una semana se encontraba en circulación.
―Sigue hablando, Hirokazu y veremos si sigues ileso después del concierto ―Amenazó renuentemente la pelirroja subiendo al escenario de un solo paso. Luego se dirigió a Takato―. Supongo que ya está todo en su lugar. Lamento no venir antes a ayudar.
―No tiene importancia.
Se giró dándoles la espalda y observando el lugar. Ya estaba todo dispuesto para la noche. Y aunque el bar no fuese muy amplio, las mesas negras en círculo y sillas del mismo tono, se acomodaban perfectamente sin sobre encimarse unas contra otras. En cada una estaba reposando un servilletero con detalles ondulados hechos en acero, bastante llamativo, también iba una canastilla con los básicos condimentos en sachet.
El ambiente estaba dirigido en un entorno maderero moderno que calmaba la vista. La iluminación aún iba a favor del sol de la tarde, pero se podía ver que el lugar estaba bastante bien equipado, con cuencas en el techo en donde se ubicaban disimuladamente los focos, al igual que sobre el escenario habían seis reflectores medianos, que por la noche se lucían para dar un espectáculo prometedor.
―No la molestes, tonto.
―¿De qué lado este, Koji?
Seguía la discusión entre los miembros de manera divertida por lo reciente. Koji, sin mirar al baterista estaba afinando las cuerdas de su bajo pero sin apartar una ligera sonrisa divertida en su rostro.
―En definitiva del lado que me conviene y precisamente tú no eres ese.
―Opino igual ―Fue la respuesta unánime por parte de Kouchi y Matt.
Ruki miró a Kazu por encima de su hombro y sonrió con autosuficiencia, a lo que el castaño hizo un puchero.
―Baaah… Ni que quisiera su ayuda ―Kazu se cruzó de brazos por el pecho.
Takato tomó conversación con su amiga, quien hablaba animadamente con el castaño, después de todo eran cercanos y se tenían mucha confianza. Aunque claro, para sacar un poco de diversión a base de ello, Kazu no podía reprimir comentarios acerca de una relación mucho más íntima entre ambos.
―¡Oh, ahora entiendo! ―Dijo Hirokazu golpeando con su puño cerrado la palma de su mano abierta, como habiendo resuelto alguna clase de acertijo. Todos le miraron expectantes―. Es por eso es que vienes tan arreglada ¿no, Ruki? Ya entiendo por qué Takato fue tan amable en hacernos publicidad.
Y aquello fue la gota que colmó el vaso en la paciencia de la Makino. El sonrojo no podía apartarse ni de Ruki ni de Takato, quien desvió la mirada a otro punto, como si alguien le hubiese llamado. Entonces, la pelirroja avanzó con fuerza hacia un Kazu desprevenido, propinándole un golpe en la cabeza con su puño cerrado.
―Vuelve a hablar y ya dejaré que los guardias se encarguen de ti, Shiota.
Todos miraban divertidos a Kazu quejarse por el dolor sobándose la cabeza, aunque su diversión fue aplacada por la llegada de otra persona al bar aún cerrado.
―Supongo que el golpe se lo tenía bien merecido.
Matt entornó los ojos a la pelirroja de piel morena que se acercaba a ellos con una sonrisa divertida, aunque cuando la vio el peso en su pecho parecía aumentar y desfiló nuevamente a su amigo baterista.
―¡Sora, tu prima está loca! ¡Me ataca sin motivo! ―Lloraba Kazu señalando con sus baquetas y lágrimas de cocodrilo amenazando en la comisura de sus ojos. Ruki por su parte lo observaba con victoria en su rostro.
―Yo diría que lo tenías bien merecido ―Yamato dejó a un lado su guitarra, llamando la atención de Sora quien subió al escenario para ir en su dirección―. Hola ―Saludó con una sonrisa disimulada cuando estuvo enfrente de él.
―Hola ―Sonrió con cierta timidez en su voz―. ¿Nervioso?
―¿Por tocar? No, realmente ―Su voz sonaba ciertamente cortante, cosa que para Sora no pasó desapercibida y le hizo dar un traspié con incomodidad.
―Ya veo ―Estaba nerviosa por hablar con Yamato. Ya habían pasado como dos semanas desde que la extraña relación que llevaban ambos, acabó y aunque fue culminada en buenos términos, ella no podía evitar entristecerse o ponerse ansiosa al estar junto a él.
Todos los allí presentes eran conscientes que el Ishida se sentía atraído por Sora así que no fue sorpresa cuando ellos habían comenzado a salir juntos. Es más, estaban felices por él. Aunque Matt no hablaba de sus relaciones, sabían que solían ser cortas y no durar ―en su mayoría― más que algo certeramente físico, incluso Sora sabía a lo que se exponía con Yamato. Tampoco ella esperaba mucho de él, porque ella creía sentir la misma atracción qué él decía sentir, pero sin darse cuenta la atracción pudo más que Sora y acabó por enamorarse de él.
Sin embargo, para Matt aquello iba lejos de la realidad a la que él deseaba. Cuando se dio cuenta de ello, no pudo continuar fingiendo que él sentía algo más profundo por ella. Era una gran amiga suya, pero tenía que acabar con aquello que ni él mismo sabía qué era.
Seguían hablando, pero Yamato se daba cuenta que por más que quisieran ocultarlo, era distinto.
―Pero creo que el dueño de la disquera sí te pone nervioso, ¿o no? ―Yamato pasó una mano por su rostro, de manera cansina―. Les irá bien. Estoy segura ―Él la observó y sonrió en forma de agradecimiento.
―Oigan, par de tortolos ―La voz de Kazu volvió a la acción con su categórica característica: molestar a otros―, miren que no están solos. Hay público ―Yamato puso los ojos en blanco para pararse seguidamente. Se estiró un poco y luego avanzó hacia la costa del escenario y bajar.
―Bien, me voy yendo. Aún me quedan cosas por hacer ―Fue lo que dijo para marcharse.
Y en cuanto la puerta se cerró tras él, todos ―excepto Sora― miraron con reprimenda al boca floja de Hirokazu. Él se encogió de hombros con ligera pena.
―Sora, perdón si…
Ella lo miró con un deje de tristeza en su rostro pero queriéndose ocultar tras una sonrisa que parecía más una sonrisa cansada que otra cosa.
―Descuida, no pasa nada ―Hizo una pausa―. Está un poco nervioso por lo de esta noche ―Miró a Ruki―. ¿Nos vamos?
Su prima casi por instinto asintió y siguió a Sora para marcharse del bar.
Abrió las puertas de su placar blanco al tiempo en que observaba minuciosamente las prendas que se encontraban dobladas correctamente entre repisa y repisa, clasificados por colores y temporadas. Nada parecía satisfacer su ojo crítico respecto a moda. «Es una ocasión especial ―pensó encogiéndose de hombros sin apartar la vista de sus prendas― debo verme espléndida».
Volvió a cerrar el par de puertas del centro del amplio mueble para abrir las que la presedían, hallando vestidos y camisas pulcramente colgadas. Con sus manos fue abriéndose paso entre ellas, visualizándolas detenidamente e imaginándose vestirlas esa noche. Tampoco creyó hallar nada hasta el último vestido que atrajo su atención y la hizo entornar una sonrisa en el rostro.
Arrebató la prenda de la percha y aún con la toalla cubriendo su desnudez, abrió la primera puerta del placar en donde había un espejo de cuerpo completo. Colocó el vestido contra ella, viendo cuan bien lo lucía. Era un vestido drapeado en las caderas, haciendo que resaltara sus curvas y el contraste que hacía aquel verde oscuro con su piel era llamativo y adorable al mismo tiempo. Tenía que admitir que aquel color hacía resaltar también sus cabellos castaños ―ahora húmedos por lavarlos― y sus ojos achocolatados.
―Bien. En marcha ―Se dijo a sí misma cerrando la puerta que contenía el espejo con su mano libre. Desajustó el nudo que mantenía la toalla por su cuerpo y ésta cayó al suelo al instante. Buscó su ropa interior y se colocó el vestido―. Nada mal, Tachikawa ―Dijo estando nuevamente examinando el vestido frente al espejo del placar.
El escote era acentuado de manera sutil, pudiendo enfatizar sus atractivos atributos de manera disimulada pero sensual. El corte del vestido le llegaba por medio muslo enseñando sus piernas, largas y delgadas, las cuales caminaron en dirección al amplio estante en donde descansaban sus calzados.
Halló el par de zapatos perfectos que iban con aquel atuendo, unos Prada cerrados y cuyo taco la elevaba unos ocho centímetros dejándola aún más elegante.
Guardó la caja de dónde sacó los zapatos de charol negro y se dirigió para empolvarse la cara. No necesitaba mucho maquillaje, por más que saliera a un lugar transitado aquella noche con sus amigos, solo lo esencial para acentuar sus ojos y labios. Con una sombra en verde que iba acentuándose a medida que se acercaba más a la comisura de sus delineados ojos en negro. Polveó un poco sus mejillas y directamente fue al Rouge que delineó por sus labios. Estaba bellísima.
Otorgó una mirada rápida a su teléfono celular cuando fue a la cama, verificando que no se le esté haciendo tarde y enseguida llegó un mensaje. Lo abrió y el remitente «Tai» le sacó una pequeña sonrisa.
"Espero que ya estés vestida" Aquel mensaje la tomó por sorpresa aunque la confusión se transformó en susto cuando la puerta de su habitación se abrió con fuerza.
Un grito ahogado salió de su garganta cuando pasó, frunciendo el ceño cuando el castaño de cabello alborotado y piel tostada surcó el umbral como amo y señor de todo.
―¡Ey, estás vestida! ―Dijo divertido Tai avanzando hacia ella con paso seguro.
―Lamento desilusionarte ―Dijo con tono sarcástico tratando de contener una sonrisa por él.
Tai le mostró con una mano su dedo pulgar y el índice simulando algo pequeño, mientras le guiñaba un ojo.
―Sólo un poquito.
―A todo esto ¿qué haces aquí? ―Miró su teléfono nuevamente―. Aún no son las nueve ―Él sonrió de oreja a oreja y tomó su muñeca para jalar de ella y ponerla de pie. Finalizó la cercanía con un fuerte abrazo que tomó por sorpresa a Mimi, en un principio parecía estática pero no tardó en corresponderle.
―¡No podía felicitarte solo por mensaje! ¡Enhorabuena, Meems! Creo que está demás decir que te lo mereces, pero sigamos el protocolo ―La separó de él con las manos sobre sus pequeños hombros sin borrar la sonrisa en su rostro ni ella del suyo.
―Tai… Gracias ―Su rostro se enterneció y sus mejillas tomaron un color ajeno al polvo que se echó encima.
―Ya, ya. No soy bueno para estos momentos cursis ―La soltó y meneó sus manos restándole importancia caminando de vuelta hacia la puerta, aunque Mimi vio claramente como las mejillas del moreno se tornaron ligeramente sonrojadas ―Kari nos espera en lo de Yolie, así que no las hagamos esperar.
Mimi asintió y buscando rápidamente su adorado bolso de charol negro, metió su teléfono celular, un labial y un espejo para marcharse junto con su amigo escaleras abajo y salir de su residencia.
Matt bajó de su motocicleta una vez estacionó en el parqué del departamento en donde vivía. Metió las llaves en su bolsillo y con la mochila a cuestas, rodeó la edificación para ir hasta la entrada principal del departamento; era alto y la pintura que anteriormente fue blanco ahora podía apreciarse un poco más marfil a causa del tiempo anidándose en sus instalaciones.
Sus pasos lo condujeron hacia las escaleras del primer piso por cuyo pasillo caminó hasta la entrada de su hogar. Sacó las llaves de su casa del bolsillo de sus jeans ―el mismo que compartía con el de su motocicleta― e ingresó a su hogar.
Su sala lo recibió con la luz encendida al igual que el del televisor y Takeru sentado en el sofá beige enfrente, con los pies descalzos sobre la mesita de vidrio.
Al oír la puerta, Tk giró su rostro y saludó a su hermano al verlo. Matt se descalzó e ingresó a su hogar, dejó su mochila en el sofá individual para caer sentado al lado de su hermano.
―¿Cómo están los preparativos? ―Habló Tk cambiándole el canal.
―Cansador. Creí que nunca acabarían los bafles ―Extendió sus brazos por la cabecera del largo sofá para tres y su cabeza cayó sobre ésta también.
―Te dije que podía ir a ayudarlos.
―Los viernes traes una ridícula cantidad de tarea ―Su tono de voz era cansino y distorsionado a la audición ya que aún seguía con la cabeza recostada.
Observaba el techo de su departamento como si fuese lo más grandioso que haya existido jamás. Cerró los ojos un momento y no pudo evitar pensar en Sora. «Maldición…» Frunció el ceño impacientemente. No quiso salir de allí a la disparada, haciéndole pensar que no deseaba hablar con ella. Era su amiga después de todo y se arrepentía enormemente por ser tan estúpido y haber aceptado salir con ella cuando en realidad no la veía de esa manera.
Aunque cabía resaltar que durante el tiempo que estaba saliendo, no deseaba acostarse con ella. Agradecía no haberlo hecho, solo la destruiría aún más y allí sí podía odiarse a sí mismo.
Se sintió culpable al darse cuenta que estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no oía a Tk hablando, contándole sobre las tareas de los viernes.
―…Pero eso ya lo tenía todo hecho la semana pasada ―Dijo con cierto orgullo en su voz a lo que Matt profirió un sonido como dándole a entender que estaba de acuerdo con él― Oh, olvidé comentarte ―Saltó un momento y miró a Matt― Invité a Tai y Kari para lo de esta noche ―Matt aún con los ojos cerrados, emitió otro sonido de aprobación.
―Ya lo había invitado a él cuando Ruki nos confirmó la actuación en el bar de Takato… ―Hizo una pausa ―Pero está bien que se lo recuerdes. Ese idiota es un olvidadizo.
―Completamente, ―acató divertido Tk regresando su vista al televisor, volviendo a su tarea de hacer zapping, sin encontrar nada entretenido que ver―, cuando le hablé de la invitación a Kari, ella dijo que su hermano no se lo había mencionado en absoluto.
―Típico de él ―Acotó con una sonrisa de lado Matt.
―Kari me dijo que llevaría a unas amigas más esta noche ―Aún con los ojos cerrados y recostando la cabeza, Matt enarcó una ceja dubitativo. Si hablaba de amigas de Kari imaginaría que se tratarían de niñas de su edad. Aunque una rápida imagen se le hizo a mente.
Había visto a Kari hablando siempre con la chica de lentes grandes y cabello violáceo que iba en la otra sección de tercero de secundaria, como también la había visto con aquella chica… «Tachikawa Mimi» Pensó inmediatamente. El cansancio pareció ser un tema aparte cuando recordó la mirada compartida que se dio con ella al final de las clases, cuando iba a entrar a su coche y ella parecía no poder quitar sus ojos de él.
―Oye, Tk ―habló su hermano enderezándose y posando sus codos sobre las rodillas. Su menor le hizo un ademán con la voz de escucharlo. Quería quitarse las dudas al respecto, saber si Mimi iría esa noche al bar aunque sus intenciones se vieron truncadas cuando la puerta de la sala se abrió nuevamente, llamando a ambos la atención.
Su madre entró y cerró la puerta asegurándola con llave. Traía el rostro cansado y envejecido, hecho que a sus treinta y ocho años no debería de resultar evidente. Se deshizo de sus zapatos blancos que iban a juego con su falda y saco del mismo color, la última prenda iba doblada en su brazo dejando a la vista su blusa negra.
Los ojos cansados de Natsuko se elevaron hacia sus hijos.
―Hola, mamá ―Saludó Tk con su acostumbrada sonrisa. Ella le correspondió con "Hola" de igual manera, luego oyó a Yamato saludarla y sintió como su pesadez y cansancio parecería alivianarse un poco más.
―¿Cómo les fue? ―Dijo dejando sus cosas en la mesada de la sala y dirigirse a la cocina para tomar un vaso frío de agua.
Oía como Tk le comentaba algunas cosas del colegio, pero Yamato seguía callado, observando con desgano la televisión.
Ella se acercó al umbral, recostándose por el marco de la puerta que daba a la sala. Y a pesar de que quería prestarle atención a su hijo menor con las cosas que le comentaba, sus ojos no se apartaban de Matt.
El muchacho se encontraba sentado en el sofá con ambos codos sobre las rodillas y una mano sosteniendo su barbilla de manera cansina y ausente. Aquella forma de sentarse, esa mirada seria y hasta distante, mechones de cabello rubio cayéndole por el rostro casi accidentalmente, eran una de las tantas cosas que le hacían recordarlo a él. A Hiroaki.
Su matrimonio no había durado mucho por cuestiones de relacionamiento. Él era demasiado cerrado y ella… Bueno, no era la esposa del siglo tampoco. Odiaba verlo tan distante en ocasiones y que a veces centrara su atención solamente en el trabajo. Su matrimonio no había acabado porque ella no lo amase, al contrario, lo amaba demasiado pero tampoco deseaba vivir de esa manera.
Cuando supo que Hiroaki sufría de cáncer pulmonar, se sintió tan impotente y enrabiada contra él, porque se lo hizo saber cuándo ya había hecho metástasis en varios órganos importantes. Cuando ya se había hospitalizado. Era tarde.
Mirar a Yamato así, en silencio y distante le recordaban tanto a su padre, a su esposo. Preferiría mil veces que le gritara y le dijera las cosas que pensaba en lugar de callarlas y aplicarle la ley del hielo. Porque eso sí la hacía volverse loca.
Su mirada fue hallada por la de su hijo y éste la observó un momento con cierta duda. Ella le sonrió con cierta pena y dijo.
―¿Y a ti, Yamato? ¿Cómo te fue?
Aquella sonrisa entristecida de su madre resultó causarle pesadez en él. Como si estuviese arrepentida. Su mañana no había iniciado de la mejor manera, aunque siempre era así. Se enderezó en el sofá y volvió su vista al televisor.
―Bien ―nuevamente aquella frialdad que le crispaba los nervios. Era idéntico a su padre.
Ella frunció el ceño y exhaló un suspiro teatral que hizo a Yamato poner los ojos en blanco.
―Hmp… Preparé la cena después de bañarme ―Anunció regresando a la cocina, pero la voz de Tk la interrumpió.
―Hoy saldremos con Matt. ¿Lo recuerdas? ―Natsuko se asomó nuevamente a la sala con cara desconcertada y aquello fue suficiente para el mayor de sus hijos.
―Se supone que no habría más salidas nocturnas, Yamato ―Dijo con firmeza en su voz. Matt pareció sorprendido ante aquella reprimiendo y luego reaccionó.
―Hoy es el concierto de la banda para… ―Vio que su madre le sostenía la mirada con demasiada sospecha y poca credibilidad. Él se puso de pié y la enfrentó―. Claro. Es obvio que lo has olvidado ―Sonrió con pesadez a lo que Tk enmudeció y sus ojos celestes lo miraban temerosos―. Si piensas que me arruinarás esta oportunidad, estás muy equivocada.
―¡Yamato, te prohíbo qué…!
Muy tarde. El muchacho ya se había marchado a su habitación y dejándole con las palabras en la boca. Natsuko miraba el pasillo por donde él había cruzado con indignación y sorpresa.
¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Encerrarlo en su habitación? ¡No podía permitir que él se hiciese sobre su voluntad!
―Mamá… ―La voz de Tk la trajo a la realidad y volteó a verlo. Él lo miraba con súplica en el rostro―. No lo hagas.
N/F:
Y finalizamos con mucho drama familiar. Ahora saben por qué Yamato está siempre a la defensiva contra su madre o por qué Tk lo vea tan diferente a como era antes.
Y en cuanto al capítulo, creo que las discusiones que se mandan esos dos alegran a uno xD Me divertí mucho al ponerles en tal situación pero eso solo servirá para dar más ocasiones de choque entre ambos :3
¡Les agradezco un montón por los comentarios! Como les había dicho, me alegraron el día :D
Y aquí van las respuestas, ¡Yey!
Johy Garcia: ¡Hola, muy bien, gracias! :D Me alegra que te haya encantado. Es cierto, cuándo no lo es xD Y como lo has pedido, ya la primera tanda de discusiones por parte de estos dos jaja Espero que te haya gustado el capítulo y que no te hayan rajado del laburo D: tranquila, sólo pásame con tu jefe/a que yo arreglaré las cosas –feel like godfather- Nos leemos!~
Mariangeles: ¡Holaa! Gracias por tu comentario :3 Sii, también amo esta pareja y tienes razón, tienen mucho que ofrecer para una historia :D Graciaaas *3* Nos leemos luego y trataré de actualizar lo más rápido que pueda :3 Ja ne!~
Ali0516: Holaaa :D Gracias por dejar tu comentario. Me alegra que te haya gustado y espero que también lo haya hecho este nuevo capítulo. Trataré de no tardarme con el que sigue :D Nos leemos!~
MimiDeIshida: ¡Amo tu Nick! Tiene toda la razón *choca los cinco* jajaja ¡Hoolaa! Gracias por dejar tu comentario :D Totalmente de acuerdo contigo, cuando Matt se alza de aires para mostrarse como amo y señor de todo lo sexy (?) Actualizaré pronto la continuación, disfruta y cuídate! :D Byee!~
Izzieblake: ¡OH, Gosh! ¡Gracias por tus elogios, en verdad me hicieron feliz xD! Me alegra que te haya gustado y aaah, iré a favoritos :D *baila* Me costó un poco darle esas personalidades marcadas, pues a veces uno se pierde y confunde y aaah! *explota* Me alegra saber eso! Ah y cabe resaltar que soy fan tuya y tus historias :D Así que nos seguiremos leyendo! Bye-Byee!~
