¡Hey! ¿Cómo están?
Aquí de nuevo yo para endulzar su día –poca modestia la mía xDDD- Espero que hayan tenido una buena semana :D
Y cómo lo prometí, un nuevo capítulo cargado con sorpresas para los fans de Kari :3 y una mucho más grande para los amantes del MiMato :DDD
En fin, les dejo el tracklist de la segunda parte del concierto de The Warrior Wolf :D Qué lo disfruteeen!~
/Sólo algunos temas llevan letra, el resto hace mención de los nombres pero se los pondré aquí de todas maneras/
* Raised by wolves – Falling in reverse
* Pain – Three Days Grace
* Royal – Make do and mend
* What lies beneath – Breaking Benjamin
* The feel good drag – Anberlin
* Riot – Bullet for my valentine
* I want you (she's so heavy) – The Beatles
Guía Narrativa:
― Diálogo.
«Pensamiento»
"Énfasis"
Letra de canciones
Sus labios rozaban superficialmente el micrófono frente a él, sus ojos tapados por sus párpados y una melena rubia, ocultándole rastros de sudor que las luces de los reflectores deseaban dejar al descubierto, pronunció al mismo tiempo en que rasgaba las cuerdas de su guitarra con su púa.
― I was lost, I went down. I was sustained by the sound, by the angels singing me to sleep; now my feet are leaving the ground. Am I dead or am I dreaming instead? Cornucopia of opiates are flooding my head.
El sonido de la batería junto con la segunda guitarra por cuenta de Koji saltaron al mismo tiempo, mientras la voz de Yamato con aquella facilidad y rapidez de pronunciar sus versos, se abrió paso en los parlantes.
I'm insane, that's a start
All it takes is a spark to ignite my bad intentions
And to what I do best to your heart
Don't be fooled, I was raised by the wolves
Now the moon takes its full so you know
I wont play by the rules
El momento en que la verdadera música de la banda se alzara con emoción sobre el público había llegado. Los covers habían finalizado con Far away y dieron inicio con canciones de autoría propia.
― Con ésta canción –había dicho Yamato cuando dio anuncio de que su propia música sería la protagonista de la noche, unos minutos después de que acabase el último cover. –el nombre de la banda nació. –Sonrió exhalando aire de sus pulmones. Miró a sus compañeros y dijo. –La letra habla un poco de cada uno. Espero que les guste… Con todos ustedes, esto es Raised by the Wolves.
Some way, somehow, we're falling out
Caught in-between my enemies
No way, not now, I wont back down
I draw the line with you and me
You're what I started now disregarded
One day they'll see, it was always me.
Algunas personas ―las que parecían acompañar a la banda a todos los pequeños conciertos que ya anteriormente habría dado― iban cantando el coro con ellos. Incluso algunos, ya influenciados por la emoción y el alcohol, se habían puesto de pie y gritaban las letras donde la voz gutural se abría paso.
Due mistakes that I have made to this day
I am trapped inside a Dillinger
Villains only of thinking of ways
To get out of this god awful place
I just learned that my fate is something
I cannot escape so
Era un tema bastante atrapante, no sólo por la melodía que en verdad logró hacer cabecear a los jurados extranjeros de aquella noche. Wallace observaba incluso a su Tía hacerlo, cosa que parecía ser algo impropio de la mujer amante del jazz y estilos más clásicos en vez de la música que invadía el momento. Ver a su tío incluso tamborileando sus dedos por la mesa al compás de la música no era raro, estaba acostumbrado a oír ese tipo de música siendo el representante de una productora de música como lo era Serenity Records. Pero desde que había dado inicio el concierto, el hombre se mostró bastante encantado con la banda.
Los versos de la canción eran tan enigmáticos, encerrados en lo que parecería ser ira, dolor y cierta venganza. El vocalista había dicho que todos los de la banda conformaban algo en aquellas palabras y le daba curiosidad saber qué situaciones los marcaron para escribir aquella canción. «Raised by the wolves… Criado por los lobos. Un buen nombre.»
Spill my blood for you
One to many times
La canción ya iba por el puente principal para cuando Wallace se puso de pie. Le dijo a su tía que iría al baño aunque parecía que ella sólo emitió un "claro" sin comprender lo que le había dicho realmente. Se dirigió como pudo hacia donde el letrero de neón indicando los sanitarios lo guiaba. Había muchas personas, muchas más de las que recordaba ver cuando el concierto había dado inicio. Era una buena señal para la banda.
Sonrió para sus adentros cuando llegó por fin a los sanitarios, pero antes de poder cruzar la puerta, el movimiento violento que la puerta del baño de damas dio al abrirse de golpe, lo detuvo y llamó su atención.
En el umbral, recostada por el marco se hallaba una muchacha con el rostro agachado y con bastante dificultad para ponerse de pie. Wallace era un chico tímido, aunque no como antes que parecería congelarse ante la presencia de otra persona, en especial si ésta era una chica. Pero en esos momentos, la preocupación por ella pudo más.
― D…Disculpe -Había dicho pero en ese mismo momento los aplausos aplacaron su voz al término de la canción, sin poder hacer que su voz se oyera con fuerza. Se aclaró la garganta y se acercó un poco más hacia donde se hallaba la joven muchacha. -¿Se encuentra bien?
La muchacha tardó en darse cuenta que iba para ella la pregunta y levantó un poco el rostro, enseñando su rostro. Sus ojos brillaban con intensidad por hallarse humedecidos y sus mejillas daban saltos de luz por el rastro de lágrimas en ellas. Parecía no comprender sus palabras, pero entonces formuló una pequeña sonrisa que logró preocuparlo aún más.
― ¿Tan mal luzco? –Preguntó y con un pequeño movimiento para lograr enderezarse, sus rodillas se tambalearon e iría directo al suelo, de no deberse al acto reflejo del norteamericano para sostenerla con los brazos, casi abrazándola.
― ¡Cuidado! –Había soltado en su lengua materna, pero al tenerla asegurada entre sus brazos, recordó que quizá ella no comprendiera lo que había dicho. –Cuidado… -Dijo ahora en japonés y con serenidad mientras trataba de enderezarla. Le apartó un poco el cabello del rostro y la observó.
Sus ojos castaños lo miraban como si estuviese delante de algún espejismo, algún fenómeno visual del que era consciente pero agradecía de tener frente a ella. Enderezó sus piernas aún abrazada por el joven que la sostenía con fuerza, con tanta protección que la hacía desear permanecer así para siempre.
― G…Gracias. –Susurró ella débilmente y él no pudo evitar pensar que su voz, aún entre el ruido exterior, sonaba tan dulce.
― No luces mal. –Se apresuró a decir cuando ella se apartó un poco y recostó contra la pared más cercana. Por un momento, Wallace sintió frío al no tenerla contra su cuerpo como hace un segundo y deseó estrecharla nuevamente entre sus brazos. «Concéntrate» se había dicho desviando la mirada avergonzada de la de ella.
Una pequeña risita oyó por parte de la muchacha y eso hizo voltear su rostro hacia ella, encontrándola con una sonrisa en el rostro y ojos brillándole gracias al letrero de neón cercano a ambos.
― ¿Cómo estás tan seguro? Está muy oscuro.
Sintió sus mejillas calientes y su corazón bombeando con aceleración. Tenía razón, estaba oscuro y agradecía que estuviese así para que ella no fuera consciente del bochorno que traía encima. Pero a pesar de ello, él podía observarla y delinear detalles, no perfectamente, pero detalles al fin. Como el color de sus ojos o la curvatura de su sonrisa entre inocente y divertida.
― Aun así –dijo Wallace rascándose la nuca con vergüenza. –puedo verte.
Ella borró su sonrisa por un momento y Wallace temió que su gramática japonesa estuviera oxidada y le haya dicho cualquier otra cosa a la muchacha, pero luego ella se encogió de hombros.
― Gracias… Por verme. –susurró pero aun así él pudo oírla.
― E…Eh –Sudó frío y sus mejillas se enrojecían cada vez más. –S…Soy Wallace Borton.
― Yagami Hikari. –Sonrió.
Mimi aplaudió cuando aquella canción, Raised by the wolves había finalizado. Sin apartar la vista del escenario, así estuvo todo ese tiempo viendo como Matt aullaba con furia las letras que parecían haber salido de la profunda decepción y dolor. Nunca antes le habían parecido atractivas las canciones con screams, ―las hallaba poco delicadas y molestas― pero nunca antes había visto a alguien cantarlas y detallar la sensación que impregnaba, como el Ishida enseñaba al cantar.
―…Es por eso que vinimos a Japón. –Hablaba Michael pero sin que Mimi lo oyera realmente.
― Ya veo. –Dijo ella volviéndose hacia él y sonriéndole amablemente.
Se sentía mal por no haber oído ni un cuarto de lo que había dicho Michael, pero aquella canción la había llamado como si fuese ella un roedor movilizado por el atrapante talento del Flautista de Hamelín.
― Entonces… -Siguió Michael a lo que Mimi bajó su vista a la copa de mojito ya vacía. -¿Estás aquí por la banda? No sabía que te gustara… Este tipo de música. –Profirió sin mucha simpatía al referirse a la banda, señalando el escenario con una mirada.
― Pues no me gusta mucho –admitió y cerró sus puños. –pero he venido por invitación de un amigo mío que conoce a los miembros del grupo. –Michael asintió ante sus palabras y regresó la vista al escenario.
Se sentía realmente estúpida en esos momentos, fuera de lugar. ¿Qué hacía aún parada allí? ¿Esperaría que la función terminara para irse? Volvió su vista hacia Tai y vio que aún seguía hablando con Sora. No podía obligarlo a llevarla a casa y hacer que aquel reencuentro con su amiga de infancia se arruinara por su culpa. Nunca se lo perdonaría a sí misma.
Suspiró cansinamente. «Si tuviese un auto, esto no sucedería» Sacó del bolsillo de su cartera el teléfono celular y observó la hora. Las doce de la noche. Podría molestar a su chofer para que viniese a buscarla, después de todo se le pagaba para eso, ¿no?
Regresó la vista al escenario cuando la voz de Matt retornó a los parlantes.
Pain… Without love
Pain… I can't get enough
Pain… I like it rough
'Cause I'd rather feel pain than nothing at all
Los toms sonaron en sincronización con el bombo y las guitarras seguidamente. Todos, tanto los miembros de la banda como el propio público, parecían mecer la cabeza al compás de la melodía. También correspondía a una autoría propia de The Warrior Wolf que lucía aquel aire oscuro y atrapante, con el deleite de una tragedia.
«Tragedia» Pensó Mimi y la palabra se asoció rápidamente con todos los textos de Shakespeare que había leído. Tragedia, venganza, ira… Dolor.
You're sick of feeling numb
You're not the only one
I'll take you by the hand
And I'll show you a world
That you can understand
― Al parecer disfrutas de la función. –Había dicho Michael.
Sus palabras la hicieron girar su rostro hacia él y sonrojarse al verse allí, babeando por la presentación que, aunque no podía negar era increíble, se trataba de Ishida Yamato, el sujeto a quien ella debería repudiar por tal insolencia hacia ella.
This life is filled with hurt
When happiness doesn't work
Trust me and take my hand
When the lights go out
You will understand
― S…Son buenos. –Dijo enderezándose. De pronto, se sentía incómoda y necesitaba hallar a Kari. Había olvidado por completo a su amiga ebria y si Tai la veía sin ella allí… No, no podía darle ese tipo de sustos a su amigo. –Escucha, debo buscar a mi amiga. Creo que está en el baño.-
― Claro. –Pero antes de que Mimi avanzara, la sujetó por su brazo con delicadeza, sin lastimarla, captando su atención. –Te espero aquí, aún tenemos mucho de qué hablar.-
Ella sólo sonrió y asintió para así marcharse hacia donde Kari se hallaba.
Yolei observaba a su alrededor buscando a sus amigas con la mirada. Las había perdido de vista de un momento a otro. ¡¿Cómo se atrevían a dejarla allí?! Miró al chico que tenía junto a ella comiendo unas papas fritas mientras observaba embelesado hacia el escenario. Sonrió con ternura.
A pesar de que había sido él quien la invitó allí porque ya había asistido a algunos pequeños conciertos que había dado The Warrior Wolf, Ken parecía tan atrapado con ellos como si fuese la primera vez que estuviera presenciándolos. «Encantador» Se dijo.
En parte, agradecía a sus amigas por ser tan comprensivas con ella en cuanto a darle su espacio con Ken. Después de todo, aquella salida había sido para festejar el logro de Mimi. Se acomodó los lentes cuando sintió que éstos se le resbalaban por su tabique mientras se había puesto de pie.
Ken le dirigió la mirada, sorprendido por ver sus movimientos.
― Regreso enseguida –había dicho ella posando su mano sobre el hombro del muchacho. Él asintió y se levanto para darle lugar a sus pasos.
― ¿Quieres que te acompañe? –Había preguntado cuando ya estuvo afuera, a lo que ella se volvió para sonreírle.
― Descuida, puedo sola. Además –dijo buscándolas con la mirada. –creo que están en el baño.
Él pareció comprender el punto y sonrió con pena para volver a sentarse.
Con cuidado de no tropezarse con las personas alrededor de ella, fue sujetándose de donde podía. Ya se le complicaba con la miopía pero ahora que todo estaba oscuro, parecía una tortura caminar entre tanta gente y con tan poca luz. ¿Debería de haber aceptado la ayuda de Ken?
Suspiró al ver la luz de neón con la indicación de los baños y se aproximó hacia ellos con el cuidado que iba llevando. Empujó la puerta y se topó con el interior del pasillo de un baño que separaba los lavabos –tres cuencas de lavatorios sobre una repisa de granito empotrado contra la pared y sobre el cual se hallaba un rectángulo de vidrio enseñando los tres cubículos vacíos paralelos, al igual que a la figura de Mimi frente al espejo.
Mimi se giró a verla casi con susto y Yolei no sabía cómo reaccionar al ver aquel rostro en su amiga. La castaña parecía mostrar un semblante cansado y angustiado. La de cabello violáceo avanzó hacia su amiga al tiempo en que Mimi habló.
― No encuentro a Kari.-
― ¿Qué? ¿A dónde fue? –Mimi se abrazó a sí misma. Se sentía fatal y Yolei lo notó.
La castaña fue narrándole lo sucedido y de cómo Hikari se había emborrachado con una sola copa y de que al regresar por ella al baño, no había rastro alguno.
Mimi estaba a punto del colapso y sus ojos le ardían con insistencia. La luz del baño era clara y Miyako pudo ver que su amiga estaba al borde del llanto. La atrajo hacia ella y la abrazó con fuerza, dándole palmaditas pausadas en la espalda.
― No te pongas así. Vayamos a buscarla.
Mimi asintió aún con el abrazo y se separó de su amiga para caminar a zancadas feroces hacia la salida del baño, encontrando aquel contraste de iluminación que le hizo forzar la vista.
No la hallarían fácilmente. Se estremeció.
Al salir hacia el cúmulo de gente, visualizó la mesa en donde Tai, Ken y Sora se hallaban pero no había rastro de Hikari. Un nudo se formó en la boca del estómago de ambas jóvenes, quienes compartieron una mirada y cuando iban a avanzar, Mimi visualizó a alguien en la barra.
Era un joven alto de cabello rubio y ondulado, apariencia extranjera y una belleza innata que dejó sorprendida a la Inoue. Mimi avanzó casi corriendo hacia él de no ser por la cantidad de personas que había de por medio y pareció casi desmoronarse en él.
El muchacho la tomó por los hombros mientras la miraba atento a todo lo que Mimi le decía. Cuando Yolei llegó junto a ellos, la Tachikawa se volvió hacia ella y luego miró a su amigo.
― Michael, ella es mi mejor amiga Inoue Miyako. –Le había presentado a lo que la aludida le dio una pequeña reverencia con la cabeza en forma de saludo. –Yolei, él es mi amigo de la infancia, Michael Borton Washington. –Hizo una pausa. -¿Nos ayudarás a buscar a nuestra amiga?
― Por supuesto. Vayamos hacia donde haya más iluminación y veamos si resalta entre las personas. –Inició diciendo con voz firme y propia de un líder, se había dicho Miyako. –Buscaremos también por afuera del local.
― Es verdad, -dijo Yolei al captar el punto del muchacho. –hay un pequeño jardín que da a la calle. Pudo haber salido a refrescarse.
Mimi y Michael asintieron y se apresuraron a buscarla.
― Esto fue Pain para todos ustedes. –Dijo Matt tras la mayoría de aplausos que se azotaron tras el último grito del rubio entonando el título de la canción. Observó con una amplia sonrisa a todo el público que tenía delante, vibrando con su música. Con las manos ―una sobre el pedestal del micrófono y la otra sobre el cuerpo del mismo― lo acercó hacia él como si de un cuerpo se tratara. - ¡Matsuda's! ¡¿Cómo la están pasando?!
Otra tanda de gritos y silbidos accionó su voz.
― Eso creí. –Susurró con sensualidad cargada en su voz al tiempo en que enarcaba una ceja de manera sugerente, accionando el grito femenino del público. –Vayamos con otra de mis favoritas… -Se alejó del micrófono y señaló a su bajista. -¡Koichi! ¡Kazu!
Tras ello, tanto el bajo como el bombo fueron accionando un compás de cuatro tiempos dobles para así oírse la voz del rubio nuevamente.
― Nights like these fell too big for me. On this endless stretch of apartment sheets. But still the chains of the snowless streets sing to me. And it seems to be.
Y entre el público pudo ver mecerse las piernas de Mimi de vuelta hacia donde el rubio de cabello ondulado se hallaba. Apartó la vista de prisa, intentando no distraerse. Sus ojos se fueron hacia el hombre de quien dependía su contrato y vio que éste movía la cabeza al igual que su esposa junto a él, mirándolo.
― That every night for at least the last few weeks. You hold me close and my heart admits defeat. And with a slowng pace of beats, it hums the day complete and I fall asleep.
You're the only habit I won't break
Te only set o vacancies I save
And you deserve a reverence I can't pay.
Y tras pronunciar aquello, el movimiento acelerado de unas personas dirigiéndose hacia la salida llamó su atención. Mimi, el chico ese y su amiga de lentes se dirigieron a la salida de manera presurosa, como si el lugar se estuviese incendiando y sólo ellos se dieran cuenta de ello.
― No te desconcentres. –Oyó a Koichi próximo a él, trayéndolo a la realidad.
― Now ever morning I can hear you chase. The monsters of your waking hours away. You torn to me and say: "Baby boy, it hurts to have to wait".
― ¿Y esa? –Preguntó la muchacha señalando con su cuchara hacia el cielo, un conjunto de estrellas que llamó su atención.
Wallace subió la vista hacia la dirección con que apuntaba su nueva compañía. Sonriendo, identificó la constelación.
― Se la llama Crux o Cruz del sur –dijo sin apartar la vista del cielo. –la conforman cuatro estrellas y está ubicada en plena Vía Láctea. –Siguió diciendo con emoción. Kari dirigió sus ojos hacia él con clara impresión. Era realmente guapo, se dijo.
Aún dentro del bar, con tan poca luz, pudo ser consciente de que era atractivo, pero ahora que los detalles eran tan claros gracias a la iluminación nocturna, quedó maravillada.
Él pareció fijarse en que ella lo miraba detenidamente y desfiló sus ojos hacia los de Hikari para sonrojarse. Ella apartó la mirada de vuelta al pastel de vainilla que tenía entre sus manos, roja de la vergüenza.
Luego de su bochornosa presentación en el baño, Wallace comprendió que la borrachera de la joven era causante de aquella falta de equilibrio, así que lo primero que le sugirió fue llevarla afuera para que respirara un poco de aire fresco.
Trasladarla hacia el exterior del lugar fue todo un reto para el rubio, ya que las personas iban en aumento y le dificultaban el paso, pero cuando lograron salir, agradeció que el lugar contase con un pequeño jardín trasero en donde algunas mesas vacías se hallaban.
Optó por la mesa más próxima y ésta –al igual que el resto de ellas- era cuadrada y de madera blanca, teniendo cuatro sillas a sus lados apuntando concéntricamente hacia su interior. Sentó a la muchacha en una de ellas con sumo cuidado.
― Creo que lo mejor será que comas algo dulce –Dijo arrodillándose junto a ella a lo que Hikari asintió.
― ¿Puede ser…un pastel de vainilla? –Su voz sonaba adormilada y aún bajo efectos del alcohol, pero para Wallace fue como si una niña pequeña e indefensa le haya pedido comer postre.
― Claro. –Susurró con una sonrisa y fue de vuelta al interior del bar para ver qué podían ofrecerle de postre. El barman fue muy generoso en brindarle la carta de postres y agradeció que tuviesen tartaletas dulces, en especial que había el sabor que Kari deseaba.
Y allí estaban ambos. Observando el cielo mientras Wallace le hablaba de las estrellas, de las constelaciones que conocía y de las que solía ver en su casa en Colorado.
― Soy originario de Nueva York, es una ciudad hermosa pero las luces dificultan mucho para observar las estrellas. –Había dicho cuando ella le había preguntado cómo sabía tanto de constelaciones y demás. –Es por eso que amo Colorado. Por las noches, aprecio el cielo hasta quedarme dormido.-
― Es una bonita afición la tuya. –Dijo Hikari con una sonrisa, ya con los efectos del alcohol reducidos gracias al azúcar que consumió en aquel gran pedazo de pastel.
― Sonará muy nerd de mi parte, -volvió a decir cuando le contó acerca de la constelación que llamó la atención de Hikari. –pero Crux es una de mis favoritas.-
― ¿De verdad?-
Él asintió.
― Es la más pequeña pero la que lleva brillos magníficos en su constelación. –Miró a Hikari disimuladamente, aunque ella compartió su mirada. –Es una luz diferente a las demás. Brilla a su manera.
Se sostuvieron la mirada un momento y todo pareció desaparecer a su alrededor. Sólo estaban ellos, teniéndose el uno al otro. Todo parecía perfecto, pensaron. O eso fue hasta que el golpe seco de la puerta al estrellarse contra la pared cuando ésta se abrió, los sacó de inmediato a ambos de aquel trance romántico con un fuerte respingo.
― ¡Kari!
El sonrojo de la joven ―en un principio por encontrarse a solas con Wallace ―, sólo aumentó cuando sus dos amigas corrieron junto a ella como si sus vidas dependiera de ello y la abrazaron desconsoladamente.
― N…No respiro…
― ¡¿Dónde te habías metido?!
― ¡Te buscamos como locas!
― Yo tengo la culpa –tanto Yolei como Mimi se separaron de Hikari, bridándole aire a la jovencita, para virar sus miradas hacia el atractivo joven que acompañaba a su amiga. –la saqué aquí para que respirara un poco de aire puro. Supongo que debí de haber avisado a sus conocidos que estaba bien.
Mimi se reincorporó y sonrió al joven, negando con la cabeza. Cuando iba a decir algo, la voz de Michael la detuvo.
― ¿Wallace? Menos mal. –Se unió al grupo que se encontraba en el jardín, ubicándose junto a Wallace. –Si su amiga estuvo con mi primo, entonces estuvo en buenas manos. –Dijo dándole pequeños golpes a la espalda del muchacho, quien se tocó la mejilla de manera apenada.
― ¿Tu primo? –Profirieron las jóvenes al unánime, aunque al verlos bien con la luz de los alumbrados públicos y de la propia luna y estrellas, podían ver el gran parecido en sus facciones.
Taichi jugaba con la servilleta que tenía entre sus manos de manera perdida. La banda tocaba aún en el escenario, pero para él era como si estuviese en una habitación insonora y solitaria. Tantos recuerdos galoparon en su mente al instante en que había visto a Sora sentada en aquella mesa en compañía de otras personas que, por la poca iluminación, no pudo identificarlos como es debido.
¿Acaso debería alegrarse de verla? Pues lo estaba, en verdad sentía una gran felicidad al verla allí, después de esos dos años sin tener contacto alguno. Pero de todas maneras, aún existía un hueco ciego en su interior, que pareció abrirse más cuando ella se acercó a él, cuando lo abrazó y recordó todo de ella.
Su aroma, su calor, su cuerpo en sí. Todo en ella era perfecto y fue cuando se dio cuenta lo mucho que la necesitaba en todo ese tiempo. ¿Qué debería de hacer ahora? "Hey, Sorita ¿te gustaría salir conmigo?" "¿Quieres recordar los buenos tiempos?" ¡Claro que no!
― Deberíamos salir algún día –Tai casi cayó de espaldas cuando oyó la voz de Sora rompiendo las barreras sonoras en su cabeza con aquella oración. Se sonrojó, como si ella acabase de oír sus pensamientos de hace un segundo. Se giró a verla y ésta le sonreía amablemente. –ya sabes, para recordar buenos tiempos.
Más sonrojo para el momento. Era obvio que el sentido en el que él lo había dicho en su cabeza era totalmente distinto al que Sora empleaba con él en esos momentos. Desvió la mirada a otro punto, rascándose la mejilla con pena.
― S…Si, sería bueno. –Fue lo que había dicho y entonces ella se encogió de hombros, mirándolo.
Se lo notaba tenso y algo abstraído, lejano a ella a pesar de estar pegados el uno junto al otro.
― Aquella chica –inició Sora mirando sus manos- ¿es tu novia?
― ¿Eh?
Tai volteó su rostro y halló a Sora muy cerca del suyo, un poco más y sus narices se tocaban. Sudó frío. ¡¿Qué le estaba sucediendo?! Se alejó y miró el escenario.
― ¿Hablas de Mimi? –Preguntó recuperándose de aquel bombeo repentino y acelerado que su corazón había dado. Sora no apartaba su mirada de la suya y entonces, un repentino brillo en los ojos de su amiga le hizo dudar. ¿Podía decir que era su novia y así Sora se alejaría, mantendría distancia? No se veía mal esa idea, después de todo no deseaba verse vulnerable ante ella. -¿P…Por qué lo preguntas?
― Es sólo que parecían bastante cercanos. –Sonrió. –Es muy bonita. Deberías salir con ella. –Sintió como si la pelirroja le hubiese propinado un puñetazo en la boca del estómago. ¡¿Qué se suponía que significaba eso?!
Sus ojos se dirigieron a los de Sora, con cierta molestia. ¿A qué iba todo ese juego inentendible de la chica? Ella observaba el escenario distraídamente.
― ¿Por qué has regresado? –Sora lo miró extrañada y al ver la seriedad en el rostro de su amigo, dudó un momento. Él la vio tensar sus hombros y mirarlo con súplica.
― Yo…
Su respuesta fue interrumpida por las amigas de Tai junto con Kari, sentándose de vuelta en el sillón. Tai echó un suspiro silencioso que hizo vacilar a Sora.
― ¿Dónde se habían metido? Casi acaba el concierto y ustedes se dignan a aparecer. –Dijo Tai fingiendo reprimenda.
Las jóvenes se miraron entre sí y una risa avergonzada apareció entre ellas que hizo enarcar una ceja al moreno.
Sora, viendo que ya no formaba parte del ambiente y que él parecía desear que así se mantuviese, se levantó llamando la atención de los demás.
― Debería volver con mis amigos. Los he dejado un poco solos.
―Eh, ¿ya te vas? –Había dicho Kari con fastidio a lo que la pelirroja sonrió. –Deberías venir a casa en estos días, Sora. ¿No es verdad, Hermano? –Miró a su mayor que intentaba prestar atención al concierto.
Tai dirigió sus ojos hacia Sora.
― Por mí, no tienen que preocuparse. –Aquellas palabras, aunque sonaron como el tipo de respuesta que daría en aquel caso, su tono y manera de mirar a su amiga quisieron decir algo que sólo ella pudiese comprender. Algo que golpeó a la chica y apretó los puños.
― ¿Ves? Ven a casa, Sora.
― D…Debería irme. –Dijo ignorando la petición de Kari para marcharse de allí.
Hikari miró marcharse a su amiga y luego a Tai, iba a reprenderlo por la forma en que se había ido la muchacha, suponiendo que el boca floja de su hermano había dicho algo que la molestó, pero al ver el rostro de Taichi, dudó. El joven miraba la servilleta entre sus manos con un semblante de angustia y fastidio.
Mimi observó la hora en su teléfono cuando la última canción, Riot había acabado, sorprendida de que ya fuesen las doce y media de la noche. Había transcurrido bastante tiempo y fue un concierto en donde el tiempo no jugaba un rol importante. Ya se daba cuenta de ello al ver cuánto ya había transcurrido y finalmente la despedida del grupo se oía en los parlantes, ganándose gritos en protesta con el "Otra más" del público.
Miraba a su alrededor y veía el entusiasmo contagioso. A expensas de ello, ella tampoco deseaba que acabara, se había acostumbrado a oír su voz. Dirigió su atención al escenario y vio sonreír a toda la banda. De seguro, pensó, no sería la primera vez que un público les pedía quedarse por más tiempo.
Matt levantó las manos a la altura de sus oídos como queriendo oír más del ruego. «Soberbio» Pensó divertida y entonces, Yamato tomó de vuelta el micrófono.
― Ustedes ganan –y de nuevo, esa sonrisa de lado, autosuficiente y altanera que relucía su canino de manera atrevida. -Una última y mi favorita. –iba diciendo mirando Koji, quien dirigió la orden al resto de sus compañeros. –un tema muy particular que compusieron los Beatles. Con esto nos despedimos, Matsuda's. –y un gesto con las manos por parte suya, las luces de los reflectores fueron descendiendo en secuencia, sumiendo una oscuridad peligrosa a todas las zonas del escenario, finalizando con el reflector que iba directo a Yamato.
El sonido también fue reduciéndose en el público, expectante de lo que sucedía, atraído por aquel juego de luces que los hacía ver terriblemente profesionales y misteriosos.
Y entonces el sonido que crea la fricción de los dedos por las cuerdas de la guitarra ascendiendo por el puente, se oyó en los parlantes, a continuación de un melodioso y fantasmal coro producido por las segundas voces de la banda, Koichi y Koji, mientras los reflectores iban iluminándolos de a poco, como el crepúsculo en el horizonte, en gamas de un rojo infernal, delineando las figuras de los dos jóvenes, cuya entonación ―que sonaban como súplicas sugerentes― fueron descendiendo al silencio, para ser acallados por la guitarra de Koji en punteadas delicadas pero fuertes, seguidas por el sonido que invitaba a su voz casi en un susurro, de esos tan íntimos y sensuales, a extenderse por todos los rincones.
― I want you… -El bombo lo presidió tres veces con la guitarra de Matt imitándolo en punteadas. –I want you so bad… Babe -Los tres golpes volvieron al igual que el terrible rojo que acariciaba peligrosamente el cuerpo del Matt.
Las luces tomaron vuelo y el brillo rojizo se acomodó entre ellos, iluminándolos, mientras la melodía los hacía mecerse con lentitud insana, como llamas bailando a la hoguera.
― I want you… I want you so bad, babe. I want you… I want you so bad. It's driving me mad, it's driving me mad.
Y entonces la melodía que se alzaba constante con una versión más oscura y pesada de lo que aquella canción en sí representaba, se hizo con los recuerdos de Mimi, reconociéndola. Sus ojos abiertos como platos al darse cuenta de ello. «Es la misma» Pensó y estaba en lo cierto.
Era la misma melodía que ella recordaba haber oído al ingresar al teatro aquel día, cuando fue a interceptar a Yamato y pedirle que saliera de ese lugar. Un calor se extendió en su pecho e inconscientemente, se llevó una mano hasta allí, presionándolo para acallar la sensación que le producía oír su voz penetrando su interior, envolviéndola.
I want you
I want you so bad, babe.
I want you
I want you so bad.
It's driving me mad, it's driving me…
No podía apartar la vista de él, como aquel día cuando había llegado hasta aquel lugar y lo vio sentado sobre el escenario ejecutando su guitarra, pero en esos momentos, oír su voz ronca y atractiva pronunciando cada palabra como si de deliciosas mordidas pudiesen ser, la desconcentraba enormemente. Erotismo puro.
She's so…
― Ese idiota no se guarda ninguna. –Oyó a Tai decir con diversión en su voz. Mimi giró lentamente su vista de Matt hacia su amigo sentado junto a ella, con duda. ―Esta canción vuelve locas a las chicas. –Siguió. -Es como una canción afrodisiaca para ellas. –El moreno le señaló a sus espaldas para que observara al resto de los presentes. Así lo hizo ella, comprobando con total sorpresa que todo el público femenino visible bajo la poca iluminación, parecían haber sido suministradas de éxtasis. Su euforia era abrumadora.
Trató de relajarse con la sonrisa de su amigo, pero a pesar de ello se sentía con el pulso acelerado y la mente nublada. Sintió a Yolei tironearle el brazo y regresó su vista hacia su amiga.
― ¿Qué ocurre?-
― Te está mirando –Dijo ella con su rostro intranquilo. Mimi no comprendió a qué se estaba refiriendo, hasta que con sus grandes ojos tras los lentes circulares, le señaló al frente.
Mimi siguió la dirección a donde su amiga le señaló, encontrándose con el escenario. Subió la vista hasta él y entonces comprendió a lo que Yolei se refería. Él la observaba sin disimulo alguno, mientras pronunciaba lascivamente I want you. De haber estado en cualquier otra situación, estaba segura que no dudaría en armar un escándalo al chico, pero en esos momentos no se sentía capaz ni de levantar la voz.
― ¿Quieres explicarme por qué te estaba mirando de esa manera, Meems?
Yamato ya no la miraba, pero de todas maneras seguía presente en ella la fuerte huella de sus ojos. Se giró hacia Yolei quien le increpaba preocupada y seria.
― Yo… -Ni siquiera ella sabía qué decir al respecto.
Tragó saliva dificultosamente. No podía negar aquel efecto que tenía él sobre ella. Su piel estaba erizada y su respiración era inconstante. Efectos que no sabía cómo controlar y deseaba que se detuviesen.
Volvió a mirarlo, pero ya no hubo contacto visual, él se encargaba de hacer gritar a las demás chicas en todo el recinto.
Lo observó nuevamente. «No… No te detengas».
La presentación terminó para disgusto de la mayoría que con I want you (she's so heavy) los había dejado con deseos de oír más. La música programada volvió a sonar por los altavoces, ambientando el lugar.
Los miembros de la banda bajaron tras el escenario con cuidado de no tropezar. La luz allí tampoco era muy buena y tras el efecto del concierto, era normal que sus cuerpos se encontraran agotados.
Allí ya los esperaba Ruki y Takato, en compañía del hombre más importante de la noche: Michael J. Borton. Todos, al caer en cuenta de su presencia, tragaron con dificultad ―incluso Kazu que acostumbraba a comportarse relajado en todo momento― Yamato avanzó hacia el hombre para estrecharle la mano que el hombre le tendió.
― Señor Borton. –Saludó Yamato en inglés. –Es un placer conocerlo al fin.
― Después de esta presentación, hijo –Dijo el hombre hablando también su idioma. –el placer es mío. –Miró a los demás chicos y sonriéndoles, mostrando el brillo dorado que destellaba en su molar derecho de oro. –Fue una presentación increíble –siguió diciendo el hombre a lo que los muchachos sonrieron emocionados y viéndose más relajados. –su joven amiga me ha hablado muy bien de ustedes y viendo que se trata de la nieta de mi estimada amiga Seiko, hice un espacio entre mis actividades para oírlos tocar.
― Y en verdad lo apreciamos. –Se apresuró a decir Matt volviéndose a sus compañeros, quienes asintieron a sus palabras.
― Me alegro. –Repuso el hombre guardando sus manos en los bolsillos de sus pantalones, luego su mirada dejó de enseñar aquella familiaridad apertura, para desdeñar un semblante más serio. –Pero no firmaré con ustedes.
Tanto Ruki como el resto de los muchachos abrieron los ojos como platos por sus palabras. Yamato retrocedió un paso, cerrando sus manos a cada lado suyo en puños, mirando al hombre como si acabase de abofetearlo sin motivo alguno. Y en parte, se sentía así.
― Señor Borton… -Inició Ruki tratando de lograr que aquellas palabras se revertiesen. Pero el hombre levantó una mano como para hacerla callar y así lo hizo ella, mirando a Yamato con rostro impasible.
― Tienen talento, eso está claro. Pero…
― ¿Pero? –Dijo Matt con obvia impaciencia en su voz. Koichi tocó su brazo para hacerle calmar. No debían olvidar que se trataba de una figura famosa y respetada.
― Pero no difieren mucho de las bandas que ya están vigentes en la industria. –Se pasó una mano por el cabello rubio. –Piensen, ¿Qué los haría resaltar de entre todas las bandas de metal core o industrial que ya están al aire? Ya he oído mucho de ese estilo y créanme que no cierro un contrato sin proyectarme al futuro y si ustedes no hallan algo que los haga resaltar, dudo que tengan uno.
Sus nervios se crisparon. Apretó más fuerte los puños, sintiendo el punzante dolor de sus uñas clavándose más adentro en su piel. El hombre se despidió de ellos y se marchó, dejando atrás un silencio sepulcral que nadie, ni siquiera Kazu, se animaba a romper.
Un tic nervioso se apoderó de la ceja de Taichi, observando sin gracia alguna lo que tenía enfrente. Sus hombros se tensaron con molestia y tanto Hikari como Mimi ya previeron la reacción del muchacho.
«Aquí viene» Pensaron al mismo tiempo las jóvenes negando con la cabeza.
― ¡¿Quién demonios es tan estúpido para estacionarse delante de mi auto?!
Una gotita de sudor resbaló por la frente de Ken y la de Yolei. No los culpaba. Aún no conocían muy bien al moreno y a sus arranques de ira impulsiva como lo era el maldecir a los cuatro vientos.
Hikari y Mimi suspiraron cansinamente.
Tras culminar la última canción de la banda, los jóvenes se habían movilizado fuera del local una vez pagada la cuenta. Después de todo, sin ser mayores de edad ―al menos las chicas presentes― había un horario de llegada en cuanto a salidas nocturnas implicase.
Y fue así como sus pasos desfilaron hacia la puerta de vidrio del local, aún con una gran multitud dentro, para dirigirse al estacionamiento que contaba Matsuda's, a la vuelta del bar con el letrero blanco y letras en negro enseñando en kanjis la palabra "Estacionamiento".
Era un predio amplio sin techo y donde había cabida para cierta cantidad de vehículos, cosa que a simple vista, parecía haber sido sobrepasado, y no lo decía sólo por ver una marea automotora impidiendo sus pasos con facilidad; sino porque había otra interminable cantidad de vehículos estacionados alrededor de la manzana que correspondían al local nocturno.
Ingresaron al estacionamiento aún sin ser conscientes de lo que les esperaba, riendo de alguna tontería que iba diciendo Tai cuando éste se detuvo abruptamente, casi haciendo tropezar a su hermana que iba detrás de él. En otras circunstancias, al moreno le resultaría cómico. Claro que al ver que su auto ―correctamente estacionado de cola― tenía enfrente una camioneta negra impidiéndole el paso, lo último que consideraba en esos momentos alguna cosa, era que fuese cómica.
Hubo mucha gente, es verdad y ver al estacionamiento aún abarrotado de carros estacionados al igual que las motocicletas ―hacia el costado del vehículo de Taichi―, sólo les daba la pauta de que la noche aún no finalizaba para ninguno de sus respectivos dueños.
― Serías más útil si fueses a buscar al dueño, en lugar de preguntárselo a la nada. –Respondió Mimi masajeándose la sien.
― Si harás algo, hermano, será mejor que lo hagas ahora. - Kari suspiró derrotada y miró su reloj.- Recuerda que mamá nos ha dado una hora de llegada y estamos por romperla.
Tai se tensó al recordar las claras instrucciones de su madre en cuanto al horario. Yuuko no era de las mujeres flexibles cuando a romper horarios se trataba, en especial cuando sus dos retoñitos se encontraban fuera de su casa.
― Lo mismo digo. Mis padres tampoco me permitieron más de la una. –Fue Yolei quien habló ahora con el semblante preocupado.
Ken observó a Yolei y luego sus ojos fueron hacia su amigo.
― Tai –habló Ken también presente en el grupo, todos giraron a verlo. –puedo acercarlas hasta sus casas, para evitar problemas. Busca tranquilo al dueño del vehículo.-
El moreno se encogió de hombros y miró a su hermana y a sus dos amigas. Tanto Kari como Yolei asintieron a Tai, quien luego observó a Mimi.
― ¿Mimi? –Preguntó él a lo que la muchacha negó con una sonrisa.
― Descuida, yo esperaré. –Miró a sus amigas. –Será mejor que vayan. Tengo cómo cómplice al portero de mi casa, miente por mí cada vez que me excedo. –Les guiñó un ojo.
Entonces Kari miró a su hermano quien tras mucho pensarlo, echó un suspiro derrotado. Se giró hacia Ken.
― Viejo, gracias. –Ken asintió en respuesta y haciendo un gesto a sus amigas, fueron tras él en dirección al auto que se hallaba estacionado en la calle.
Tanto Tai como Mimi vieron marchar a sus amigos y luego, el moreno se volvió a ella.
― Espérame un momento –dijo. –regresaré enseguida. –Mimi asintió para dejarlo marchar.
Tachikawa se giró para ver el auto de Tai y limpiar un poco el capot trasero del mismo, y recostarse por él, observando la desbordada cantidad de vehículos en aquel estacionamiento.
Inconscientemente, tarareaba desfilando la vista hacia las motocicletas, todas de un estilo diferente a la otra con colores igual de diferentes. Nunca había montado una y no tenía intención de hacerlo, las consideraba poco seguras y sin mencionar lo poco femeninas que podrían verse.
Cuando reconoció en sus labios la melodía que tarareaba, se sorprendió a sí misma. Negó frenéticamente la cabeza, intentando detener aquella canción de sus labios. Suspiró seguidamente y miró al cielo estrellado.
En su mente aún estaba la melodía de aquella canción, la que en el teatro le había oído ejecutar a Yamato. Recordar su imagen con la insolencia con que se mostró y compararla con su comportamiento atrevido y sensual de esa noche… Había un ligero contraste, pero una pequeña línea que compartían. Aquellas facetas en el Ishida que iba conociendo.
Bajó los ojos y vio su reflejo distorsionado ubicarse sobre la puerta del copiloto de la camioneta que impedía su retorno a casa. Se acercó un poco al vehículo y aprovechó que la ventanilla de éste le sirviese como espejo. Fue acomodándose el cabello en dos cascadas a cada lado de su rostro y pasó su atención en el vestido, lo acomodó mejor y subió un poco más el escote del mismo.
La brisa nocturna se alzaba con frescor, atacando el interior de Mimi como si de agujas se tratara. Soltó un suspiro al abrazarse a sí misma, intentando reprimir un escalofrío que recorría renuente su espina dorsal. Aún con frotarse los brazos con las manos, el calor parecía ir desapareciendo de su cuerpo.
Una nube grisácea acaparó el brillo de la luna y por un momento, el estacionamiento estuvo sumido en un brillo muy tenue, penumbra a su alrededor. El frío subió con más ahínco en ella. Volvió a observarse en el vidrio de la ventana. «Una chaqueta no estaría mal» se dijo mentalmente, reprochándose por no haber oído la recomendación de su madre al salir de su hogar.
Sumida en sus pensamientos y en el frío que trataba de aplacar, el sonido de unos pasos aproximándose la sacó enseguida de ellos, siendo consciente de que Tai ya venía por ella para marcharse de allí. Miró nuevamente la camioneta.
« ¿Vendrá el dueño con Tai?» Pensó pero sólo se oía un par de pasos.
Con curiosidad, se alejó un poco de la cabina que impedía visualizar el resto del predio para observar quién se adentraba al lugar. Y cuando Matt entró a su campo de visión, ya fue tarde para mirar a otro punto, pues sus ojos azules encontraron los suyos. Si Matt llegó a sorprenderse de verla allí, sabía disimular bastante pues su semblante parecía imperturbable.
Se mantuvo erguida, pero desvió sus ojos hacia la camioneta nuevamente, intentando ignorar su presencia. Los ojos azules del chico ya no se cernían sobre ella, pero Mimi era consciente de que sus pasos se dirigían hacia su dirección. Levantó la mirada finalmente, abriendo la boca para decir algo pero enseguida la volvió a cerrar al darse cuenta que el rubio pasó de largo junto a ella y fue hacia la primera motocicleta que se encontraba a unas poca distancia de donde se hallaba.
Mimi lo observaba en silencio, estudiándolo. El chico se encontraba de espaldas a ella, llevando fielmente a su guitarra colgada contra su espalda, haciendo que el negro de su funda hiciese un gran contraste sobre la playera blanca de los Rolling Stones, única prenda de abrigo que no le servía de mucho, pensó Mimi, aunque a diferencia de ella, él no parecía inmutarse ante el ambiente fresco o disimulaba muy bien.
Nuevamente aquella faceta silenciosa y reservada vislumbraba en él, se dijo, la misma con la que lo había conocido aquella ocasión en el teatro. Absorto de todo lo que lo rodeaba. Infló sus cachetes, molesta. ¡¿Cómo podía ignorarla?! ¡¿Cómo se atrevía?! Carraspeó sonoramente, cruzándose de brazos.
― ¿Has venido hasta aquí para desconectar mi guitarra?
Mimi dio un respingo cuando la voz de Matt rompió el silencio de la noche y sus pensamientos. Su mirada acudió a la figura del muchacho al instante y entonces, lo vio de espaldas y en cuclillas revisando algo de su moto.
― Lamento decirte que has llegado tarde. –Pronunció al erguirse de nuevo, mirándola por sobre el hombro.
No estaban muy alejados, así que la chica fue consciente de la pequeña sonrisita en el rostro de Yamato. Aquella que mostraba superioridad y diversión por ella.
Bufó y volvió su vista al frente.
― No te hagas muchas ilusiones. –Profirió despectivamente. Se paso nuevamente sus manos por sus brazos en un intento por calentar su cuerpo. –Me llevé una gran sorpresa al verte aquí, no tenía planeado encontrarte, ni lo deseaba. -Dijo de forma queda, aunque lo suficientemente audible para él.
Sintió que el Ishida aún seguía observándola, pero prefirió mantenerse ajena a sus ojos. Tenían un efecto indeseado sobre ella. Cerró sus castaños ojos frunciendo el ceño también.
― ¿Has venido con Tai y Kari? –Preguntó cómo ignorando lo que Mimi acabo de decir.
― ¿Y qué si lo hice? –Lo miró por el rabillo de sus ojos. Vio que el muchacho se había descolgado la guitarra y la colocaba contra su motocicleta.
― Debí suponerlo. -soltó con aparente fastidio en su voz. -Nunca fue muy bueno eligiendo sus amistades.
― Eso explica por qué es amigo tuyo. –Cortó frunciendo su ceño. Él volvió a mirarla y ésta vez, ella no temió entornar sus ojos hacia él.
Ambos se miraban con desafío y clara señal de que no le intimidaba el otro. Matt apartó la mirada con diversión, guardó en su bolsillo la llave de su moto y algo más ―que Mimi no reconoció desde su distancia― y así, avanzó hacia ella.
― Mira, no vine aquí a discutir… -Empezó a decir Mimi cuando lo vio aproximarse. De pronto, su calma parecía desequilibrarse a cada paso que daba hacia ella. Apartó su mirada de él, la ponía nerviosa.
― Que bien, porque no estoy de ánimos. –Soltó el muchacho casi con cansancio. Ella se tensó al instante en que él se había recostado también por el vehículo de Tai. No la miraba, por supuesto, tenía los ojos clavados al frente pero tampoco parecía estar viendo la camioneta negra.
Ella, que en un principio lo miró por el rabillo del ojo de forma cautelosa, ahora giró un poco más su rostro. Ver aquel semblante en él era nuevo, uno que no enseñaba autosuficiencia ni nada de lo que él se acostumbraba a mostrarle.
Y en un movimiento, el chico sacó de su bolsillo una cajita rectangular que llamó la atención de Mimi. Aunque no tardó en reconocer que se trataba de una cajetilla de cigarrillos. Atenta fue viendo como el chico agitó la caja y luego se lo acercó a los labios cuando la cabeza de uno de los cilindros blancos desfiló fuera del cartón.
Él le dedicó una mirada también por su rabillo y le acercó la caja a ella, invitándola a lo que Mimi negó y volvió a mirar al frente, un tanto incómoda por el silencio. Yamato guardó la caja de vuelta a su bolsillo y ahora tenía en su mano un encendedor con el cual prendió fuego a su cigarrillo.
― No es recomendable fumar. –Soltó de pronto Mimi sin saber qué decir y realmente preocupada por ver aquel semblante en él.
Matt no pareció inmutarse con su comentario y exhaló el aire apuntando hacia el cielo, dejando que la brisa se lo llevara sin importunar a Mimi con el humo, aunque ella de todas maneras fue consciente del aroma que desprendía. «Tabaco y menta» Pensó al reconocerlo. Un aroma distinto, pero no desagradable.
― Tampoco lo es estar sola en un estacionamiento a oscuras. –Dijo luego Yamato a lo que Mimi lo miró sin comprender.
Él no le dedicó mirada alguna pero era consciente de que ella sí lo hacía, entonces levantó la barbilla indicando la dirección de la entrada. Ella entornó sus ojos hacia donde él le había señalado mientras Matt daba otra calada a su cigarrillo, cayendo en cuenta que habían dos hombres en claro estado de ebriedad, que la miraban con sonrisas lascivas pero cuando el Ishida se reincorporó del auto, desfiló sus pasos con gracia hasta situarse frente suyo, de cara a ella.
Mimi entonces vio como los hombres se alejaban. Un pequeño hueco de preocupación se le había formado al caer en cuenta que si Yamato no hubiese estado allí, era seguro que aquellos hombres vendrían a molestarla. Tragó saliva con lentitud y luego miró a Matt, quien exhalaba otra tanda de humo entornado hacia el cielo.
Ella lo observaba en silencio. Aquel aire de indiferencia, de que nada parecía lastimarlo o importarle… Era solo eso. Era como el humo. Para muchos era oscuro y molesto, pero no dejaba de ser algo que con el tiempo, se desvanecería.
― Deberías de decirle a tu novio que cuidara mejor de ti.
Mimi lo miró sorprendida al oírle decir eso, pero claro que él en esos momentos, no la miraba. Dio una calada más y se recostó por la camioneta negra.
― ¿Lo dices por Tai? –Preguntó casi alarmada al verse confundida de esa manera con su amigo, haciendo que su voz sonara mucho más aguda de lo que en realidad deseaba.
― Vaya, ¿Tai también está involucrado? –Echó una risa divertida echando humo a través. Ella se sonrojó por la vergüenza. –No sabía que eras experta en este tema.
Indignante, se dijo.
― ¡Tai es mi mejor…!
― Hablaba del rubio aquel con cara de niña. –Soltó de pronto él sin mirarla, interrumpiéndola.
Mimi dudó un momento sobre aquella descripción y entonces, el rostro de Michael llegó a su mente. Se sonrojó un poco al ser asociada como la novia de Mike, pero entonces, la duda la embargó y miró a Matt.
― ¿Cómo…? –Y entonces fue consciente de lo que sucedía y sonrió divertida. Él, que miraba el cielo, bajo sus ojos hacia ella y enarcó una ceja llevándose el cigarrillo a un costado, dejando que el humo propio, se elevara junto a él. –Ya veo. Nos has estado viendo durante todo el concierto, ¿no? –Matt le sostuvo la mirada un momento y a Mimi le pareció entrever una ligera señal de debilidad en su semblante, aquella apariencia indiferente ser rasgada ligeramente, pero fue por un micro segundo.
― No te acredites mucho, Tachikawa. –Soltó él volviendo a su pasivo semblante, dando una calada más.
― No tiene rostro de niña, además. –Continuó diciendo ella, ignorando lo que Yamato acabo de decir, sonriéndole con cierta malicia. No podía negar que había cierta satisfacción en ella. -¿Acaso estás celoso?
Matt soltó una carcajada burlona mientras exhalaba el humo, despegándose del vehículo. El humo había salido disparado en torno a ellos así que él chico se encargó de desvanecerlo con su mano libre. Luego miró a Mimi con una sonrisa incrédula mientras enarcaba una ceja.
― ¿Lo dices enserio? –Ella no borró la suya a lo que él negó con la cabeza, sin poder creerse de que ella había dicho aquello, como si le estuviese tratando de convencer que, en verdad El Hada de los dientes le había dejado diez yens bajo su almohada. ―Tienes que estar bromeando.
― ¿Por qué no? –La castaña se miró las uñas de manera indiferente, sin ocultar la satisfacción de verlo así: fuera de su habitual autosuficiencia. –Después de todo, Mike es muy atractivo.
Él se volvió hacia ella, mirándola aunque ya no con aquella sonrisa divertida en su rostro, sino con ojos que miraban algo que no podían aceptar.
― No tengo por qué estarlo. –Repuso él de mala gana, sin ocultar su molestia. Ella sonrió para sus adentros. Era momento de cobrar venganza. –No tengo por qué envidiarlo.
― ¿Estás seguro? –Preguntó ella con un brillo maligno en sus ojos que él respondió con un fruncir de ceño.
― Muy seguro.
― Bueno, -dijo ella fingiendo inocencia. -Mike no tiene problemas en conquistar chicas sin aparentar ser un chico malo.
― Eso lo hace ser bastante homosexual si me lo preguntas. –Repuso él volviéndose a recostar por la camioneta a sus espaldas. Mimi sonrió al ver la forma en que sus hombros se tensaban por lo molesto que se ponía.
«Me la debes, Ishida» Pensó la chica con victoria en los labios.
Mimi iba desvaneciendo el humo de apariencia de Matt. Podía ver a través de él y supo entonces que era de esos chicos que mantienen la calma hasta que el tema tiende en amenazar a lo que él considera como sus "habilidades virtuosas". «Hombres» pensó divertida Mimi al ver cómo el chico reaccionaba.
― Homosexual o no, logra su objetivo. –Siguió diciendo Mimi con inocencia y seguridad. –A diferencia tuya, Ishida, -lo miró con diversión. -que tras una batalla de largo trayecto logras capturar a las mujeres. Pero Mike, con su simple presencia…
― ¿Quieres apostar?
Mimi fue borrando su sonrisa triunfal al ver cómo la de Yamato, una entornada hacia un lado, apareció, desafiándola. Sintió tensos sus hombros al ver cómo el chico dejó caer su cigarrillo y apagó su colilla con su zapato y con él, despegó su espalda del vehículo para iniciar unos pasos lentos y felinos hacia ella.
Ella tragó amargo mirándolo atentamente al avanzar. La luna se dejaba acaparar por algunas nubes en lo alto, haciendo que la penumbra vuelva a envolverlos. Y recordó sus palabras Tampoco lo es estar sola en un estacionamiento a oscuras y retrocedió pero el auto de Tai le impedía avanzar más.
La confianza que alguna vez ondeó victoriosa dentro de ella, había caído en picada cuando aquellos ojos cernidos como fieras al acecho y aquella sonrisa de lado, que dejaba a la vista su incisivo rebelde, le quitó el aire.
Trató de serenarse, cerró los ojos e intentó sonreír para aplacar el nerviosismo que sentía.
― ¿A…Apostar?
Cuando la distancia entre ellos se limitaba a sólo unos pasos, Mimi inconscientemente trató de apartarlo colocando sus manos en el pecho del chico para hacerlo retroceder, pero su cuerpo macizo no se inmutó en absoluto. Al final fue ella quien, coaccionada por la firmeza de los músculos y el calor que emanaba, acabó por encogerse.
Los orbes castaños en ella se movían de un lado a otro, buscando alguna abertura por donde huir, pero aunque tuviese la oportunidad, era consciente de que en esos momentos, dudaba que sus piernas le respondieran.
Él posó ambas manos sobre las de Mimi y las acarició lentamente para luego hacerse con ellas y apartarlas de en medio. Ella intentaba no mirarlo y cerró los ojos con fuerza, apretando su mandíbula hasta que sintió como las manos del chico iban subiendo por sus brazos desnudos y tembló. Tembló como cual hoja de otoño tiembla con el monzón que se la desea llevar.
― ¿Tienes frío, Tachikawa? –Profirió él a media voz, casi susurrándole su nombre en el oído. Ella fue consciente de su cercanía y echó un involuntario gemido de sorpresa.
Con la mirada aún en el suelo y los ojos cerrados, sintió que una de las manos de Matt tomó su mentón y levantó su rostro. Ella tampoco luchó mucho contra él y levantó los parpados, encontrándose con aquellos lapislázulis peligrosos.
Las nubes dejaron de bloquear la luz lunar y ésta los baño por completo, aunque Mimi no fue consciente de ello hasta ver cuan diferente podía verse Matt ante aquella luz. El rostro del chico resaltaba con más frescor y vitalidad, trasluciendo su tez con la sensación de que sería tersa pero dura a la vez. Sus ojos parecían poseer un brillo diferente, uno que no recordaba haber visto antes en ellos, parecía que ellos veían a través de ella. Su cabello rebelde y desordenado, parecía más rubio bajo los efectos de la luna y un deseo por entreverar sus dedos en ellos, la asaltó.
Sus pensamientos fueron aplacados totalmente cuando Matt, con su pulgar, recorrió lentamente el labio inferior de la joven y una corriente eléctrica la azotó. Era la primera vez que alguien la tocaba de esa manera, entre delicadeza y posesión; la primera vez que un chico se acercaba tanto y rompía sus barreras celestes. No sabía cómo reaccionar ante él. Sabía que estaba dejándose vencer y aunque una vocecita en su interior le gritaba que se apartara de él, que lo alejara de ella, porque cuando estaba con él parecería que su sentido común se tomaba vacaciones, Yamato desprendía una fuerza magnética sobre ella y ella no era rival para él.
Y allí dio prueba de ello. Inconscientemente, su cuerpo fue acercándose más hacia él, con la intensión de fundirse en su cuerpo y entonces sintió el calor que emanaba como su propio aroma, tabaco y menta, tensando todo músculo en ella. La mano de Yamato que hace un momento estaba sobre el brazo de Mimi, se aventuró hasta ir a su espalda, acariciando su largo y sedoso cabello. Aquel tacto logró que los ojos de la chica se entrecerraran por el placer agradable que le producía el calor de su cuerpo.
Entonces, él bajó su rostro hacia el de ella, con tanta lentitud que a Mimi le resultó una eternidad. Ella cerró los ojos lentamente, dejándose arrastrar por él. Y cuando sus labios estuvieron a punto de tocarse…
― Supongo que yo gano.
A pesar de que no se había separado ni un centímetro, un frío abrazador recorrió a Mimi cuando Matt dijo aquellas palabras. Mimi abrió los ojos de par en par, atontada como si acabasen de despertarla forzosamente de un sueño y aunque no deseaba admitirlo, en parte era verdad.
Matt se alejó de ella, mientras sonreía con victoria. Ella lo miraba incrédula. ¿Qué se suponía que fue todo aquello? Él… No pudo siquiera pensar en cómo llamarlo. Estaba tratando de reprimir un chillido de frustración y dolor. Sus ojos le ardían, en parte porque no podía parpadear de la impresión y porque éstos empezaban a acumular lágrimas. Y sintió como si en su garganta se anidaran millones de cuchillas, raspando el camino, ahogando un sollozo.
Rabia. Frustración. Vergüenza. Dolor. Mil y un sentimientos se anidaron en ella en cuestión de segundos y sin detallar en su estado, tomó impulso para levantar su mano y con fuerza propinarle una bofetada a un Ishida con la guardia baja.
Un primer sollozo se escapó de ella. Abrió los ojos atónita y se llevó la mano con la cual golpeó al chico, a los labios, tratando de reprimir el caudaloso llanto que quería explotar. Sus hombros le temblaban con ira. No podía verlo. Lo único que deseaba era estar en su casa.
― E…Eres un asco.
Yamato aún con el rostro ladeado por la cachetada, sonrió de costado. Aquel golpe sólo fue un detonante para sacar lo peor de él. Mimi por su parte, se sujetaba por el capot de auto, intentando tranquilizarse a sí misma aunque viendo sus hombros temblando, estaba claro que sería algo difícil de conseguir.
― Ishida Yamato –empezó a decir él con la voz ronca. –haciendo llorar a niñas pequeñas.
Mimi le dirigió una mirada sonrojada por el llanto contenido y casi se ahogó en un hipo al verlo nuevamente cerca de ella, a una distancia poco recomendable. Su desesperación pudo más que Mimi y sus manos trataron de empujarlo, alejarlo y golpearlo. Él dio un traspié hacia atrás por lo que ella aprovechó para escaparse de él, no podía seguir estando en ese lugar.
No avanzó mucho, ya que Yamato tomó de su muñeca y jaló de ella hacia él sin emplear mucha fuerza como para lastimarla, pero sí la suficiente como para que se estrellara contra su macizo pecho y cuando trató de protestar, él capturó sus labios con los suyos propios.
Mimi abrió grandemente los ojos, sin poder creerse aun lo que sucedía, profiriendo un gemido de sorpresa al sentir sus labios presos de los del Ishida. Todo transcurrió demasiado rápido y cuando cayó en cuenta, él la estaba besando. Las primeras lágrimas descendieron por las mejillas de Mimi hasta la comisura de sus labios, en donde Matt también sintió el sabor salado de sus lágrimas. Entonces, el chico la abrazó con la fuerza necesaria para que Mimi se acomodara contra su cuerpo y se fusionara con él. En parte, era tranquilizador y amortiguaba los sollozos y espasmos que desprendía su cuerpo.
Ella cerró los ojos y con ello, las lágrimas que se acumulaban en su comisura, cayeron sin más, mojando aún más sus mejillas. «Mi primer beso» pensó ella. Siempre se había imaginado que daría su primer beso en alguna puesta de sol, escena propia de las películas antiguas, en algún jardín mágico, en la playa o bajo la lluvia… No en un estacionamiento a la luz de la luna, mientras estaba llorando. Y mucho menos que el chico a quien ella odiaba, fuese quien le robara su primer beso.
A pesar de eso, el malestar en Mimi pareció ir aplacándose, desapareciendo para ser inundado por una sensación de vértigo, ansiedad. No sabía qué hacer, nunca había practicado para ese momento y se sentía ridícula al estarse planteando esas cosas en ese momento.
Y como si Matt supiera lo que circulaba por su mente, una de sus manos tomó la de Mimi y la dirigió hacia tras de su nuca. Movida por él, dirigió la otra mano también hacia donde se hallaba su compañera y envolviendo el cuello de Yamato, jaló más de él para sentirse más cerca de él.
Sintió como los labios de Matt se curvaron en una sonrisa y luego, él mordió ligeramente el labio inferior de Mimi, ganándose un chillido de sorpresa en ella, entreabriendo su boca. Yamato, por ende, profundizó el beso aún más y cuando la lengua del muchacho recorrió a la de ella, Mimo exhaló un gemido ahogado. Su sabor la penetró por completo.
Estaba tan transportada en aquel beso, que no se dio cuenta que el chico la había hecho caminar hasta recostar su espalda contra el capot nuevamente, aprisionándola contra él. Sólo fue consciente de ello cuando él pegó sus caderas a las de ella y una corriente de calor la envolvió.
Era extraño, se dijo. En lugar de sentirse minimizada por el hecho de que no tenía experiencia en cuanto a besos se trataba y claramente Matt llevaba las cuentas del baile, la sensación de sentirse libre y capaz de todo, era reconfortante. Entonces, sus manos se habían aventurado hacia la cabellera rebelde del chico y penetró con sus dedos sus hebras rubias. No pudo evitar reprimir una sonrisita al oír un gruñido de placer que Matt había solado contra su boca.
Y luego, el beso fue descendiendo hasta finalizar. Él separó un poco sus labios de los de ella y Mimi levantó sus párpados lentamente, como intentando no despertar de aquel sueño. Ambos respiraban con dificultad y se observaban en silencio.
Ella no tenía un panorama comparativo de cómo estuvo el beso, pero ver el rostro de Yamato pigmentado en un rojo carmín y sus labios delineados con el mismo color vivo a causa del beso… Supo que no estuvo del todo mal.
― ¡¿Mimi, sigues aquí?!
La voz de Tai se alzó sobre ellos, obligándoles a separarse casi de un salto aún sin recuperar la circulación correcta del aire o de la sangre en sus venas. Mimi agradecía que aquel vehículo estuviese allí para ocultarle a Tai lo que en realidad estaban haciendo.
Matt y ella compartieron una mirada fugaz que fue entornada hacia su amigo en común, acercándose hacia ellos en compañía de otro hombre, un sujeto de mediana edad que se suponía ser el dueño de la camioneta.
― Lamento este inconveniente. –Se disculpó el hombre haciendo una reverencia con la cabeza a los otros dos chicos. Ambos correspondieron al gesto con uno igual, aunque de manera distraída.
Entonces el sujeto volvió a rodear su coche para abrir su puerta y subirse a la cabina. Tai negó con la cabeza de manera cansina y regresó la vista a sus amigos.
― Veo que ya se conocieron. –Dijo Tai con una sonrisa. Ante sus palabras Mimi se sonrojó notoriamente y trató de alejarse lo más posible del rubio, llamando la atención de ambos jóvenes. -¿Sucede algo, Meems?
― E…Eh, es solo que hace mucho frío. Nada grave. –Sonrió ella apenada. Tai, que traía una chaqueta de cuero bajo su camiseta roja, se la quitó para ir hacia su amiga. –No es necesario. –Habló ella en voz quedita, mirando a su amigo con una pequeña sonrisa avergonzada, aún sin recuperarse del sonrojo anterior.
Él no oyó de pretextos y colocó la chaqueta sobre los hombros de Mimi. Ante el tacto cálido que propinó la prenda sobre ella, se abrazó instintivamente a ella.
Matt no pudo apartar la mirada de aquella escena. Y Mimi notó sus ojos encima de ellos, por lo que bajó la mirada.
Tai se volvió hacia Matt.
― Hey, gracias por esperar junto a Mimi. –Avanzó hacia el rubio, quien aflojó el semblante y echó un suspiro cansino.
― No es nada. –Acotó él metiendo las manos en los bolsillos delanteros de sus jeans. -Después de todo, esperar aquí sola para que te dignaras aparecer, podría ser peligroso.
Mimi se tensó al oírle decir eso, pues lo único que lograba era recordar lo que había sucedido minutos atrás.
― ¡No tuve la culpa! –Hizo un gesto con su barbilla para señalar la camioneta que ahora ya tenía el motor encendido. –No fue fácil de encontrar al muy tarado este entre tanta gente. Tuve que pedirle a Takato que me ayudase. –Exhaló un suspiro cansino cuando la camioneta negra se quitó del camino.
― ¡Tai, si no vamos a irnos todavía, ¿me abres el auto?! –Exigió Mimi con claro nerviosismo. El chico se volvió a ella de mala gana y murmuró algo para después ir a abrirle la cabina.
Ella entró de prisa y cerró la puerta de un golpe seco. Oyó a Tai gritarle afuera de que tuviese cuidado con la pintura pero eso a ella no le interesaba. Se abrazó a sí misma y se preguntó qué era lo que sucedía con ella. ¡Ella no era así, por el amor de Dios!
Ocultó su rostro entre sus manos y a pesar del frío que éstas emanaban, podía sentir con claridad el calor en sus mejillas. Se enderezó tras un momento y giró la cabeza para ver qué tanto hablaba Tai con Yamato, pero al estar dentro del coche, el sonido de sus voces se reducía sólo a murmullos inentendibles para ella.
Vio que Tai le daba una palmada amistosa al hombro del rubio y éste comenzó a caminar en dirección a su motocicleta, mientras Tai avanzaba hacia el auto, para reunirse con ella.
Llegó a su casa y arrastró los pies con cansancio hasta la puerta, tomó la llave de su motocicleta y la correspondiente a la de su casa para abrirla y dejar que el calor de su hogar lo recibiera al igual que la luz tenue del velador de pie ubicado en la esquina de la habitación, en donde iban los sofás.
Se quitó los zapatos sin prestar demasiada atención, ya que sus ojos estaban puestos en el pequeño ovillo rubio acomodado en el sofá individual. Suspiró con cansancio al ver a su madre allí. Lo había esperado toda la noche y acabó rendida al sueño de todas maneras.
Verla de aquella manera, inofensiva e inocente, dormida en fin, le daba la impresión de que una pequeña niña se hallaba profundamente dormida, habiéndose desvelado intentando esperar encontrarse con Santa para verlo comer sus galletas y recibir sus regalos.
«Será mejor dejarla dormir» Pensó y caminó hacia el pasillo que llevaba a su habitación. Abrió la puerta encontrándose con su interior precisamente como lo había dejado antes de marcharse.
Antes de irse, había tenido una discusión con su madre y se había molestado con Takeru. Recordar aquello le hacía sentirse pesado y con un pequeño nudo en el estómago. Caminó hacia la pared en donde recostó la guitarra que traía a cuestas, con cuidado de que no cayera contra el piso ante el primer descuido.
Se giró en redondo y abrió su armario, precisamente en donde guardaba las sábanas y edredones. Optó por el edredón verde que solía utilizar cuando el ambiente fresco se colaba por las esquinas, sin ser demasiado acentuado. Y con la colcha en mano, salió de su habitación direccionando sus pasos silenciosos hacia la sala.
Como esperaba, su madre aún seguía en la misma posición y sumida en sus sueños. Avanzó con la misma cautela y gracia de no hacer el más mínimo ruido. Aunque con lo poco que conocía a su madre, sabía que tenía el sueño tan profundo como el que Takeru poseía, así que despertarla ya cuando estaba a manos de Morfeo, le resultaría muy difícil.
Estando junto a ella, depositó con cuidado la colcha en su menudo cuerpo, acomodando las orillas, para que se encuentre bien cubierta y el frío de la habitación no causase estragos en su ella.
A diferencia de ella o Takeru, Yamato tenía el sueño ligero y solía despertarse con facilidad, yendo a la cocina para tomar un vaso con agua o leche para ayudarlo a dormir. Y cuando aún vivía con ambos padres, su padre solía llegar tarde a casa a causa de su trabajo. Y en contadas ocasiones lo había visto entrar a la sala de su casa, descalzarse los zapatos con el cansancio propio de una persona que daba todo de sí todos los días.
Pero parecería que su cansancio se desvanecía cuando encontraba a Natsuko dormida en el sofá esperándolo, como lo era en esa ocasión.
El recuerdo de ver a su padre tapando con una manta a su madre, lo embargó tan fuerte que parecía vivirlo en carne propia. Su estómago se contrajo cuando recordó aquella escena y no pudo evitar preguntarse el por qué sus padres se habían separado.
Negó con la cabeza, intentando ahuyentar esos pensamientos de la mente. No tenía las fuerzas necesarias para debatirse sobre temas inútiles.
Suspiró silenciosamente y la observó dormir, como su cuerpo ascendía y descendía, con su respiración calma. Observarla de aquella manera, con el semblante relajado por completo, lo hacía hallar cierto parecido entre Tk y ella. Sus facciones eran más ligeras y tiernas que las acentuadas y marcadas que conformaba su propio rostro, el mismo que su padre tenía.
Acomodó por última vez la manta sobre su madre y ésta se removió un poco, hasta parecería querer despertarse. Entonces alejó sus manos rápidamente, como si tocarla implicara quemarse y esperó a ver que ella no abriera los ojos.
No lo hizo, para su suerte, pero en lugar de eso entreabrió los labios ligeramente.
― ¿Hiroaki? –Susurró ella entre sueños.
Matt abrió los ojos con sorpresa. Apretó los puños con fuerza, tanto así que sus nudillos se pusieron blancos y sus hombros se contrajeron en tensión. «Madre» Pensó al instante. Entrecerró los ojos con pesar. Ella lo extrañaba tanto como él.
Y recordó que cada vez que su padre llegaba tarde a su hogar, encontrando a Natsuko dormida en el sofá, luego de arroparla con alguna sábana o manta, él la besaba en la frente. Yamato lo había visto hacer eso varias veces, al igual que ver en el rostro de su padre el semblante de alguien que pide perdón en silencio.
El rubio se agachó y acercó su rostro al de su madre, depositando en la frente de la mujer dormida, un ligero roce de sus labios. Pensó que se debería de ver ridículo haciendo esas cosas, pero en ese momento, todo dolor de la cicatriz que solía palpitar en él, parecía dormir plácidamente como su madre lo hacía en ese momento.
Ella volvió a removerse y murmuró.
― Llegas tarde, Hiroaki…-
Sonrió divertido al imaginarse la mueca de fastidio de su padre al oírla decir eso y enderezándose, se alejó de ella, caminando de regreso a su habitación.
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N/A:
¡SOY MALAAA! ¡LO SÉ! ¡SÉ QUE IRÉ AL INFIERNO POR PONER SEMEJANTE ESCENA! D': me dio tanta pena en verdad…
Pero a parte de ello, las parejas empiezan a tener sus dramas e.e Por un lado Kari que conoció a su príncipe azul y Tai que comienza a sentir confusión con respecto a Sora.
Y mientras tanto, nuestro MIMATO :'3 ¿Qué les ha parecido el beso? Yo me he transportado escribiéndolo, mientras escuchaba algunas canciones que me hacían vomitar arcoíris *puke rainbow*
¡Espero sus comentarios!
Y agradezco enormemente los que he recibido en el capítulo pasado :DDD
Ali0516: ¡Hola! Aww, me pone tan feliz que te haya parecido hermoso :3 Jajajaja ¡Qué genial, has vivido el concierto a pleno! Así eees, nuestro Matt no podía dejar de verla e.e Pues con Mike de por medio, muchas cosas se esperan, en especial muchos celos por parte de nuestro querido Ishida :3 (Amo hacerlo rabiar xD) Jajaja Nos seguiremos leyendo :D
Eri sshi: ¡Holaaa! Muchas gracias, como te había comentado, estoy corta de tiempo por lo que me apresuro en actualizar porque luego ya no podré hacerlo con frecuencia D: Ay sii, Takeru es tan buen hijo :'3 pero tuvo que fallarle a su hermano por ello :c jajaja Kari sacó a relucir su mejor lado femenino sólo para él u.u pero bien que Wallace lo aprovechó eeeh! xD Aaaay error de imprenta xDDD Ya lo colocaré bien jajaja Sorry! Siii, qué pequeño era Odaiba para Mimi en esos momentos, toparse con él en ese lugar xD Y si, Sora está para eso xDDD Pobrecito Tai :c pero es que es taaaan adorable cuando sufre e.e (sádica xD) Y qué tal quedó Wallace, eeeh? Todo un pícaro él x3 Y ver celoso a Daisuke no sería sorpresa, pero Tk *0* Prometo hacerlo echar chispas xDDD ¿Cómo estuvo el MiMato en el capítulo? :D Ay, ese Mike provocador de besos Mimatos xD Y sobre los consejos… ¡Para nada, si estuvieron super buenos en verdad! Además, uno va creciendo gracias a las críticas de sus lectores :3 ¡Gracias de nuevo! Totaaalmente DDD: no quiero saber nada de la uni ahora mismo xDDD me acostumbre a la vagancia juaz! Eso es verdad, todo tendrá su recompensa después *fighting face* Yo también espero eso u.u pero conociendo a los profesores de allí, pues me flagelarán con la tarea DDD': Aaaawww no digas eso que me emociono todo :3 Pues supongo que iremos aprendiendo juntas, porque nunca he tenido una beta reader tampoco *gotita* Muchas gracias y nos seguiremos leyendo! :D
Mimimatt26: ¡Holaaa! Sii, seguiré subiéndolos hasta que las clases me digan "stop" D: pero por ahora, subiré tan rápido pueda para que ustedes disfruten de ellos :3 En verdad, muchas gracias por tu comentario y nos seguiremos leyendo! Byeee!~
Izzieblake: Muchas gracias, intento no hacerlo porque luego se me hará difícil hacerlo con todo el semestre viniéndome encima D: Así es, es por eso que quería darle un enfoque más personal porque son el estilo de música que escucho y que me imagino a Matt cantándolos *baba* jajaja La ropa quise hacerle más clásico también, con respecto al típico cantante estrafalario de rock que solemos ver en videos y demás xD después de todo, nuestro Yama es más reservado en cuanto a ello jajaja y aaaah! ¡Lo mismo digo! ¡Deseo estar allí presenciando el concierto! La próxima compraré entradas anticipadas –ok, no pero no cuesta nada soñar xDD- ¡Lo sieeeeento! TT^TT Siento que después de este capítulo, me odias aún más, no? :'c jajaja Así es e.e eeeh Mimi siente celitos de Sora, pero luego vamos a ir viendo los niveles de celos en Mimi cuando le toque celar de Matt Uhhh! xDDD Sii, es que soy una vueltera y charlatana xDDD jajajaja A veces me asusto porque supero las treinta páginas y me preocupa que sea demasiado, él pero viendo que a ustedes les gusta así, pos sigo derramando palabras en las hojas xDDD Tranquila, hubo una pequeña insunuación Michi en este capítulo y prometo más en los siguientes, como la que el público desea que es el de Koji x Mimi xD Asssh, como me empecino en hacer sulfurar a Matt xD No se fue a ningún lado, permaneció junto a él todo el tiempo hasta este capítulo en que Tai prácticamente la echó :c es que también, sufrió mucho por ella y luego se verá el cómo sucedió las cosas entre ellos :o ¡Muchas gracias por tu comentario y nos leeremos pronto! Ja neee!~
Sakurarika: ¡Holaa! Así es y cada vez más :D ¡Yeeey, Mike apareció y se vienen muchas cosas con él! :o Muchas gracias, en verdad me alegra saber que te haya gustado tanto *llora* Tu opinión a cerca de los celos, ¡Anotadísimo! Koji es otro sexy symbol que merece mostrar todo su potencial *¬* ¡Muchas gracias por comentar y luego nos leeremos! Byeee!~
Criiisi: ¡Hola! :DDD Ay, muchas gracias :3 a veces pienso que me paso de habladora con las descripciones jajaja Eso es lo que me encanta leer, que les haya sido fácil imaginarse las situaciones y personajes a lo largo del capítulo :D ¡Me alegra que te hayas transportado en el concierto! Yo también me sentía parte de él al escribirlo que me moría por estar allí en serio D: Aaaah siii, conozco la película! Es increíble! Ash, Matt como Stacey :3 Seeeexy *¬* Jajaja Pobre Natsuko, pero tranquila, la relación con su hijo cambiará posteriormente, pero muuuuy posteriormente xD Sii, Hiroaki :'c Lamento mucho eso en serio! Aaash, ¿En verdad? Qué emoción que te identifiques con ella :D También yo lo hago jajaja Pues es verdad, a Mimi le costará un poco dejar los celos hacia su amigo porque con lo caprichosa que es, pos si :/ jajaja Esta vez el TaiTora estuvo sumido en mucho drama, pero luego eso cambiara para bien ¡Gran idea la del triángulo amoros! Pos así están tornándose las cosas, aunque por ahora se concentrará mucho en cuanto a Mike y Mimi, cosa que hará estallar a Matt xD Jajajaja Así mismo :P Ayy si, Kazu es todo un show con sus invocaciones y espera el siguiente capítulo que prometo que reirás mucho más cuando se de la aparición de Wallace con sus amigos y los celos de Daisuke xDDD ¡Me alegra que te haya gustado! :3 Nos seguiremos leyendo, cuídate! Bye-Byeee!~
