¡Hola, hola! ¡¿Cómo han estado?! :D

Aquí les traigo el quinto capítulo de esta historia con más MiMato indirecto para ser exactos xD Hay celos y más celos en distintas parejas que de seguro les resulta divertido.

Tengo un anuncio importante que hacer a final del capítulo, así que les dejo con una simple recomendación: Coman mucha fruta y verdura… Ok, eso también pero la más importante.

En la última escena se hace mención de un tema del trío musical de country Lady Antebellum que se llama "Just a kiss" y si les interesa, pues escúchenlo *3* es hermoso y describe tanto aquel primer beso de nuestro MiMato.

En fin… Les dejó para que disfruten de la lectura. :3


Guía Narrativa:

― Diálogo.

«Pensamiento»

"Énfasis"

Letra de canciones


Punteó una vez más las cuerdas de su guitarra ―lento descenso de notas― en forma distraída y tranquila, mientras miraba por la ventana que tenía junto a él. A través del cristal veía a las personas caminar con más calma de lo habitual, pero aún había cierta prisa al andar. Los sábados se caracterizaban por ello, pensó él. Cuando el acelerado correr de la rutina parecía descender por un momento para que de vuelta al lunes, la rueda siga corriendo como siempre. Las calles transitadas por los vehículos se veían como juguetes desperdigados en una habitación, desde la altura en donde se hallaba.

Se acomodó mejor contra la pared que sostenía su espalda, sin dejar de puntear las notas en la guitarra acústica que traía encima; exhaló un suspiro cansado, de esos que uno da cuando aún sin hacer nada te sientes agotado. Volvió sus ojos hacia sus dedos, estudiando la correcta posición de éstos, generando un arpegio lento y para qué negar que un poco lastimero. Tenía una melodía en la cabeza, una que no podía ignorar simplemente.

Luego de arropar a su madre, Yamato se había dado una ducha caliente para quitar el escozor que el frío de la calle le había producido. Y en la tina, recostado, todo su cuerpo se fundía en calor y en el agradable olor que el jabón desprendía. Y así, su mente vagaba con frenesí.

El vapor que se elevaba del agua resultaba semejante a fantasmas frente a él, pero no inmutaban su sonrojado rostro provocado por el calor. Ni siquiera cuando el agua comenzaba a volverse más caliente, resultó ser suficiente motivo como para alejar de él lo que atormentaba su mente. O mejor dicho, quién lo hacía.

Aún tenía la sensación de los pequeños y finos dedos de Mimi enredados en su cabello y su delicada figura entre sus brazos, al igual que su atrapante aroma a chantillí, penetrando los confines de su olfato. Pero la sensación que parecía no querer desaparecer de él y con justa razón, era la de sus labios. Sus carnosos e inexpertos labios bajo los suyos.

Besarla, en un principio resultaba como un tipo de venganza por la bofetada que le había propinado. No hacía falta conocerla mucho como para saber que nunca antes había besado a alguien. Así que ¿Qué mejor tortura para una chica como ella, que la persona a quien odias fuese quien te lo robara?

Todo iba perfecto de acuerdo a sus deseos por humillarla, todo… Hasta que sintió el líquido salado ingresando clandestinamente entre ambos labios, sintiendo la calidez que emitía y el sabor que dejaba al paso.

La había visto con los ojos húmedos cuando jugó con ella, cuando le hizo creer que la besaría y la había dejado sin más. Rompería en llanto en cuestión de segundos, pensó. Y en un principio, quería hacerla sufrir, humillarla y torturarla hasta sentirse satisfecho. Y lo estaba logrando, pero cuando sus lágrimas se entrometieron… Cuando sintió como ella se deshacía como la arena entre los dedos, algo lo golpeó en su interior, con tanta intensidad que no recordaba haberlo sentido antes.

Y entonces, la abrazó. La sujetó con fuerza sin saber por qué hacía aquello. ¡Él quería que ella llorara y se lamentara por querer verle la cara de idiota! Pero sólo se colocó la soga al cuello al besarla, al estrecharla contra su cuerpo con ahínco inexplicable. Y ahora, él pagaba las consecuencias de sus actos.

Se paso las manos húmedas por el rostro, restregándolo. Si seguía pensando demasiado, estaba seguro que acabaría por despertar fantasmas que él no necesitaba. Ya tenía demasiados rondándole las espaldas, como para querer tener una legión entera.

Se puso de pie y con la toalla doblada sobre la estantería encima de él, se secó rápidamente el cuerpo, sacando los pies fuera de la tina con cuidado de no resbalar. Enroscó entonces la toalla por su cintura y quitó el tapón de la bañera para dejar correr el agua.

Conciliar el sueño sí había sido difícil, aún después del cálido baño que se dio. Cuando ya estuvo sobre su cama bajo una ligera sábana cubriéndolo del frío del ambiente, mantuvo su mirada puesta en el techo mientras sus manos se hallaban detrás de su nuca.

Cerró los ojos con la molestia producida a causa de los pensamientos que iban rondándole y, tratando de ahuyentarlos iba tarareando una canción en su cabeza que tuviese el mismo efecto como el contar ovejas le resultaba a su hermano.

Recordó la melodía de I'm still here, era una de las canciones favoritas de su padre, la cual solía oírle tocar en la armónica cuando él tampoco podía dormir. Y en su mente, como una película, circulaba los versos de aquella canción de Goo Goo dolls, con la cual su padre se sentía identificado y para qué negar que él también lo hacía.

Y entonces, aquella melodía, había empezado a desaparecer y una nueva nació, más triste, más profunda y cargaba en ella todo lo que en su cabeza resonaba. Sin darse cuenta, aquella canción le sirvió de arrullo a sí mismo y cayó dormido finalmente. Aunque la melodía, en lugar de desaparecer para cuando despertó, seguía allí como el centinela de su propia celda. Al pendiente de él.

Lo primero que había hecho al despertar, fue tomar su guitarra e ir buscando las notas que reprodujesen a la realidad la melodía de sus sueños. Estuvo tan atrapado en su labor de sacar las notas para esa canción, que había llegado la hora del encuentro con los muchachos de la banda.

Un golpe fugaz se acentuó en su cabeza de un momento a otro y Yamato se precipitó, casi tirando al suelo la guitarra, más por el susto que por el dolor. Viró la mirada alterada a los otros cuatro jóvenes que se hallaban en la misma habitación y con rabia espetó al que se encontraba junto a un pizarrón acrílico blanco, mirándolo con el ceño fruncido aunque dudaba que aquel fuese un semblante enojado. Claramente podía verse que las comisuras de sus labios luchaban por no entornar una sonrisa divertida.

― ¡Kazu! –Gritó Yamato molesto, sobando la zona lastimada a lo que el chico se descruzó los brazos.

― ¡Hey, Ishida, te necesitamos aquí, no en la luna! –Dio golpecitos al pizarrón detrás de él. –No nos estás ayudando mucho mientras suspiras mirando la ventana como cenicienta.-

― No le queda mal. –Atinó ahora Ruki con una sonrisa divertida, sentada más próxima al rubio, quien le dedicó una mirada fulminante. –Rubio, ojos azules y desdichado. Sólo necesitamos unos zapatitos de cristal y listo.-

Tanto Koichi como Koji rieron por lo bajo. Yamato rezongó molesto y dejó a un lado la guitarra, recostándola en la pared vecina a él y se sentó mejor sobre la ménsula que sobresalía de la única ventana en aquella habitación.

― Si quieres mi ayuda, Kazu, ten la decencia de borrar lo que está escrito allí. –Señaló Matt de mala gana a lo que todos asintieron al unánime.

Kazu también se giró a ver lo que había escrito y se encogió de hombros decepcionado y volver a mirar a sus compañeros.

― ¿Qué? ¿No creen que el Señor Borton nos haya desechado porque soy muy sensual?-

En la pizarra blanca iba escrito como título principal y con hiraganas grandes de color rojo: "Razones por las cuales el Señor Borton nos ha desechado".

Ruki se volvió al rubio y con un gesto, le pidió el borrador que le había arrojado el baterista hace un momento. Matt lo tomó al tiempo en que la chica se había incorporado del suelo y recibió el objeto con facilidad entre sus manos, una vez que con un diestro tiro Matt se lo lanzó. La Makino avanzó hacia el frente, pasando de Koji situado a un lado sobre el suelo y estando frente al pizarrón, empujó a Kazu a un lado, quien protestó ante ella pero hizo caso omiso. Ruki borró la única opción escrita en el acrílico que Shiota puso como razón primordial, casi con gusto.

La banda solía reunirse un día de por medio en alguna de las casas de sus miembros para los ensayos, teniendo los sábados como días válidos en sus horarios. Pero precisamente ese sábado ninguno ―a excepción de Yamato― había llevado sus instrumentos, pues la reunión que se desarrollaba en la casa de la Makino no era precisamente para ensayar. Sino para evaluar sus errores en cuanto al concierto de la noche anterior. Aprender de los errores, había optado Koichi y aunque todos parecían estar de acuerdo en su punto, Matt no consideraba que su banda tuviese que cambiar algo.

― Si Borton nos considera "Poco originales" no es que fuésemos a rogarle por firmar con alguien a quien nuestro estilo no agrada. –Había expuesto Yamato tras la marcha de Borton y su oportunidad con él.

― Guárdate el orgullo para otro momento, Yamato. –Dijo Koji igual de harto que el rubio, mientras tomaba asiento en una de las sillas de plástico que había desperdigadas por allí.

Cuando Michael J. Borton había dado su voto final y se había marchado del bar junto con su familia, los muchachos de la banda estuvieron sumidos en un silencio derrotado, hasta que Yamato, realmente furioso por no haber conseguido la aprobación del hombre, soltó aquello.

Koji era un chico igual de orgulloso que el rubio, pero a pesar de ello era consciente de que aún les faltaba mejorar en algunos aspectos. Y si Borton decía que algo les faltaba, tenía que creer en su palabra. Después de todo, no es el dueño de una disquera tan famosa a nivel mundial porque así se le pegó la gana.

― ¿Acaso piensas que nuestra presentación no valía la firma? –Preguntó Matt a Koji con visible rabia. El azabache levantó la vista a su líder y frunciendo el ceño dijo.

― No creo que la presentación haya estado tan mal, es sólo que…

― ¿Tan mal? –Preguntó interrumpiéndolo. -¿Algo que quieras compartir con el grupo, Minamoto?-

Pocas ocasiones él lo llamaba por su apellido, sólo cuando lo reprendía o le llamaba la atención. Koji sabía que el rubio no era de reaccionar con intensidad, bastaba sólo con exponer su punto en un tono mordaz para darse a escuchar y respetar, como lo hacía en esos momentos. Pero estaba haciendo una rabieta injusta en ese instante y el de la bandana negra no lidiaría con ello.

― ¿A parte de tu falta de atención? Creo que nada más.

Vocalista y bajista se miraron con fuerza, mientras el resto de los miembros se encogía de hombros. Matt y Koji nunca discutían, no solían tener diferencias ya que se llevaban muy bien por ser tan parecidos y el otro disfrutaba de la compañía de su compañero, pero en esos momentos, parecería que aquello se quedó como un recuerdo más.

― Bien, bien. Ya fue suficiente. –Repuso Ruki poniéndose en medio. Era la única a quien ambos escuchaban, aunque sea por las malas. Miró a ambos jóvenes. –Váyanse ahora mismo. –No disimularon su sorpresa al oírle decir eso, por lo que continuó hablando ella. –No resolverán nada con los nervios crispados, así que mañana reunión en mi casa a las tres de la tarde. –Miró a Kazu y Koichi. -¿Entendieron?-

Ir en contra de la pelirroja, era ir en contra de la marea misma. Nadie protestó ante su decisión y Matt se marchó de allí a zancadas marcadas y molestas, mientras su deseo por fumar le hervía las entrañas.

Pero decir que sólo él fue el afectado con la decisión deliberada del hombre, era mentira. Todos y cada uno de los miembros de la banda se vio superado por tal hecho, incluso Ruki estuvo muy afligida porque después de todo, corrió a cuenta de ella la presencia de Borton en aquel lugar. Nadie la culpaba, pero era imposible no sentirse impotente por más que trataran de hacerle ver que no era así. Aunque claro, estaban hablando de Makino Ruki. Ella no revelaba sus emociones con facilidad ni soltura, gracias a la capacidad que poseía por ocultarlos tras una actitud indiferente a todo, que ni Yamato o Koji parecían poder igualar.

― Entonces… -Dijo Ruki ahora tomando el pincel rojo en mano con intención de escribir en el acrílico. -¿Alguna idea útil? –Kazu levantó la mano a lo que ella resopló con desgano. –Que no tenga que ver con que eres sensual, Kazu.-

El chico se encogió de hombros, derrotado y dejándose caer en el suelo, cruzó sus piernas para cerrar los ojos y pensar. Koji se pasó una mano por el mentón de forma pensativa, su hermano –sentado sobre la cama con un almohadón entre los brazos- también tenía la mente ocupada buscando algo que aportar.

Matt no se molestó en buscar una respuesta, porque él se mantenía firme en lo que había dicho: su banda no tenía nada que cambiar. Así que, en forma aburrida, comenzó a jugar con el llavero que pendía de la llave de su motocicleta y de la de su casa. Era un bonito y pequeño juguete con la forma de un lobo en color blanco que Sora le había regalado en una ocasión que tuvo una cita con ella en un parque de diversiones.

― Y si –había iniciado Koichi, llamando la atención de todos los presentes, quienes sostuvieron su mirada en él. – En lugar de buscar errores en nosotros, vemos las opciones que podríamos implementar.-

― Es una buena idea. –Acotó Ruki tras pensarlo un momento. -¿Tienes algo? –Koichi asintió.

― Pensaba que quizá podamos dar una nueva imagen. –Koichi se tensó un poco al ver cómo la confusión reinaba en el rostro de sus compañeros. Se aclaró la garganta. –Es decir… Nuestras canciones hablan con la ira propia del metal core. Podríamos entornar una imagen más adecuada.-

― ¿Te refieres a vestirnos y maquillarnos de una forma…?

― Emo, Koji –soltó Matt viendo el punto del gemelo de éste. –sugiere que demos un aspecto más emo como lo dan Black Veils Brides[1], ¿no?

― Tocamos metal core, no música deprimente como para ir delineándonos los ojos de negro y pasar como una banda de visual kei. –Sentenció Minamoto encogiéndose de brazos y negando con la cabeza.

― ¡Podríamos pintarnos el cabello de colores extravagantes! –Aportó emocionado Kazu. -¡Yo pido rojo! A ti podría irte bien el azul, Matt. ¡Oh y Koji violeta y a ti verde, Koichi!

El silencio posterior hizo caer una gotita de sudor al baterista, viendo la forma cansina en que el resto de los presentes le sostenía la mirada. Molesto, se cruzó de brazos e hizo un mohín.

― No visual kei y no X Japan[2], Kazu. ―Finalizó Ruki volviéndose hacia el pizarrón y comenzar a escribir. –Bien, supongo que la imagen es un comienzo, aunque dudo que la presentación sea algo de lo que tengan que mejorar. –Puso la tapa al pincel y se giró a sus amigos. –He visto a Borton durante toda la presentación y parecía encantado con ella y los covers. Quizá sólo deban centrarse en lo que las músicas propias implican.

― Es cierto –apoyó Koichi volviendo a hablar. –cuando el Señor Borton nos ha objetado algo, fue con respecto a nuestras propias canciones. –Pasó la mirada de Kazu a su hermano y posteriormente a Matt, quien echó un suspiro cansino. –Quizá sólo ellas sean nuestro punto flojo.

― ¿En verdad consideran que debamos cambiarlas? –Dijo Matt. –Son parte de nosotros, la forma en que nos identificamos frente al público. –Hizo una pausa rápida antes de que lo interrumpieran. –Podemos contactar con otras disqueras si lo deseamos, muchachos.

― ¿Y no te has puesto a pensar –dijo Ruki ahora- que quizá nos den la misma respuesta de la que Borton nos ha dado? –Matt calló ante su respuesta y frunció el ceño claramente sin fundamentos. Ruki relajó su semblante y se llevó las manos a sus caderas.

Un prolongado silencio se había formado en la habitación, en el cual cada uno estaba metido en sus cavilaciones, pensando sobre todo lo que les estaba sucediendo. Una clara frustración era la que reinaba en el rostro de los muchachos. Y entonces, Kazu habló.

― ¿Qué les parece esto? –Sus compañeros le permitieron sus miradas. –Investiguemos a Borton y a todas las bandas con que haya firmado. Quizá nos dé un panorama de lo que acostumbra a tener y a partir de allí, canalizar el cambio de nuestras canciones.-

No hacía falta decir que todos los que estaban allí presentes quedaron asombrados de que aquella gran idea proviniese de la boca del disparatado baterista. Ruki se abrió paso en su habitación hacia el escritorio blanco de madera junto a Koji y levantó la pantalla de su notebook.

Matt se levantó y tomó su guitarra en mano, para así meterla dentro de su funda negra.

― ¿Te vas? –Preguntó Koji reincorporándose del suelo. Matt se giró a verlo cuando paseaba la hebilla del cierre de la funda.

― Así es. Quedé con Tai al salir de aquí. –Se cruzó la correa por el pecho y ajustó su guitarra por la espalda. En eso, sonó su teléfono celular apurando la mano del rubio por tomarlo de su bolsillo trasero. Descolgó y atendió. -¿Tk? ¡¿En dónde te habías metido, maldita sea?! –Regañó el rubio, desfilando una sonrisa divertida en los presentes.

Extrañas veces Matt se dejaba ver alterado, era de aquellas personas impulsivas pero no de las que hacían una escena y aquel lado sobreprotector hacía su hermano era una de las pocas ocasiones en que veían a Yamato un poco fuera de la sobriedad que lo caracterizaba.

― ¿Nota? –Preguntó Matt sorprendido. –Oh. Ya veo. –Se encogió de hombros y daba la espalda a sus compañeros, quienes le sonreían molestamente. Se dirigió nuevamente a la ventana por donde había vagado su mente aquella tarde. –Lo sé, lo sé. Tú ocúpate de tus cosas, mocoso. –Sonrió al oír a su hermano protestar tras la línea. –De acuerdo. Nos vemos –pero antes de colgar, su hermano siguió hablando. -¿Qué tal nos fue ayer? Esto… -Entrecerró los ojos con cansancio.

Los demás miembros de la banda y Ruki observaron a Matt tensarse mientras iba relatando a grandes rasgos la mala noticia que había afectado al grupo. Pero desviaron la mirada, como si no hubiesen estado husmeando en la conversación con Takeru cuando Matt se volvió hacia ellos.

― ¿Dónde estaba Tk? –Preguntó Koichi con una pequeña sonrisa que aflojó el semblante en Matt.

― Fue con Daisuke y Hikari a encontrarse con un amigo. –Sonrió divertido. –Está claro que olvidó lo que debía hacer para historia. –Koichi y Koji se tensaron al mismo tiempo en que oyeron aquella oración, compartiendo miradas, ampliando la sonrisa en Yamato. ―Y por lo que veo, ustedes también.

― Ya tenemos la investigación, -inició Koji echando un suspiro cansino. –es sólo que somos un asco con la materia. Espero no reprobar.

― ¿Harás la tarea con Tai? –Preguntó Kazu uniéndose a la conversación con una ceja enarcada y clara diversión en su rostro.

― No te mentiré, sólo jugaremos en su nuevo PS4. –Se encogió de hombros. –Al regresar a casa, investigaré. –y de ésta manera, el rubio se despidió de los demás para salir de la habitación y encaminarse a las escaleras fuera del departamento de la Makino.


Echó un largo suspiro con cansancio y hastío, cruzada de brazos e inconscientemente, tamborileando sus dedos contra los brazos contrarios. Hikari observaba el parque con poco interés, realmente ansiosa por marcharse de allí de una buena vez por todas, pero pareciera que eso nunca sucedería.

Dirigió su mirada hacia sus dos amigos y compañeros de clase. Daisuke se hallaba discutiendo con un niño de unos ocho años porque el pequeño había lanzado su balón hacia donde ellos se encontraban y el muy dramático del Motomiya había actuado como si de una gigantesca bola de demolición les caía encima, cuando en realidad sólo acabó por golpear el respaldo del asiento en donde se encontraban sentados hace sólo un momento. Rodó los ojos con fastidio.

Y luego, su mirada fue hacia su rubio amigo quien se estaba haciendo una llamada a su hermano mayor sobre su salida de esa tarde. Takeru le había dicho que cuando Matt había llegado a su casa, tanto él como su madre estaban dormidos así que cuando se despertó aquel sábado por la mañana fue a verlo, pero el Ishida se hallaba profundamente dormido y parecía realmente agotado. No quería molestarlo, por lo que sólo se alistó para salir dejándole una nota al hacerlo, pues su madre también tenía un compromiso aquel sábado y Matt despertaría sin nadie quien le explicase dónde se habían ido todos.

Kari le sostuvo la mirada por un momento a Tk, quien se encontraba dándole la espalda en este momento, mientras movía la mano libre mientras hablaba. Sonrió divertida. El muchacho tenía ciertos tics nerviosos mientras hablaba por teléfono: el más característico era el de caminar de un lado a otro y luego detenerse por un momento, para retomar su caminata sin rumbo. Y el segundo era el de mover la mano libre y ajena a sujetar el teléfono para mecerla expresivamente mientras hablaba.

Soltó otro suspiro cansado dirigiendo la mirada hacia el frente nuevamente, viendo a la gente pasar y pasar de vez en cuando. Estaba cansada de estar sentada en aquel banco en lo que transcurrió aquella media hora de espera. ¿A quién esperaba? Oh, pues al amigo extranjero y desconocido de Takeru y Daisuke. Pero cómo iban las cosas, ya comenzaba a odiarlo. Había algo que se llamaba "Respeto" y que los japoneses –al igual que muchas otras personas- consideraban en expresar de muchas maneras y el llegar puntual al sitio acordado era una forma muy buena de demostrarlo.

Echó la cabeza hacia atrás y miró el cielo totalmente despejado. Una tela amplia e interminable en azul cobalto que la tranquilizaba enormemente. Cerró los ojos y respiró con tranquilidad. Y entonces, oyó la voz de Takeru con emoción.

― ¡Wallace! ¡Al fin llegaste!

«Imposible… Eso es…»

― Lamento tanto la tardanza.

Hikari abrió los ojos como platos al oír su voz y se reincorporó tan rápido que sintió un fuerte azote de mareo. -Mi primo tardó una eternidad para estarse listo para su cita y como él debía traerme pues, aquí estoy.-

Y allí estaba. Su rubio y brillante cabello sedoso y peinado hacia un costado de manera suelta y relajada, mientras sus ojos cian miraban a Takeru emocionado por volver a verlo. «Wallace» pensó Hikari al darse cuenta que en verdad era él y se le quedó viendo inmutada totalmente.

― ¡Hey, Wallace! –Y allí llegaba corriendo Daisuke casi abalanzándose para abrazar al norteamericano con toda la efusividad que lo caracterizaba y el Borton correspondiendo a su saludo con otro abrazo. –Te tardaste. ¡El helado cae a cuenta tuya!-

Rió y a Hikari pareció que el tiempo se detenía al instante, recobrando todo movimiento cuando los tres adolescentes se giraron a verla. Vio a Takeru dirigirse a ella con un gesto de mano, por medio del cual la atención de Wallace cayó enteramente sobre ella.

―…nuestra amiga Yagami Hik…

― ¿Kari? –Dijo Wallace igual o quizá más sorprendido que ella, dejando de prestar atención a Takeru para avanzar con un ligero trote hacia donde se hallaba. –Vaya… -Su sonrisa amplia la contagió y sonrió igual de emocionada. –N…No sabía que vendrías.-

― No sabía que eras tú el misterioso amigo de Tk y Daisuke. –Repuso ella poniéndose de pie para cuando él estuvo frente a ella. Él no dejaba de contemplarla como si hubiese descubierto el más invaluable y exótico tesoro, haciéndola sonrojar ligeramente.

― Es un pequeño planeta, si te pones a pensar. –Y se rascó la mejilla, enseñando cierto nerviosismo. –A…Ayer olvidé pedirte tu número. Pensarás que soy un idiota, ¿no?-

― Para nada, yo…

― ¿Se conocen? –Tanto Hikari como Wallace dirigieron su mirada hacia la cara muy sorprendida que tanto Takeru y Daisuke sostenían, cuyos ojos pasaban de la muchacha al americano.

Borton sonrió con pena y compartió una mirada con Hikari, por un momento fue como si sólo ellos comprendieran lo que quería decirse sin palabras, un idioma mudo de miradas y sonrisas en donde Takeru entrevió algo que por mucho tiempo no pensó reconocer en los ojos de su amiga de infancia.

―…y así es como nos conocimos. –Terminó de relatar Wallace mirando nuevamente a una sonrojada Kari, por hacer mención de algo que Tk no llegó a escuchar. Estaba demasiado sorprendido observándola y descifrando aquel semblante en ella.

Hikari nunca miró a nadie así y era la primera vez que lo hacía. Era muy extraño, tenía que decirlo pero había tanta frescura, que por un momento no pensó que se trataba de su mejor amiga.

El teléfono de Tk sonó y éste pegó un respingo por la sorpresa. Rebuscó distraídamente en el bolsillo de sus pantalones de mezclilla y al sacarlo, vio en la pantalla la foto de su compañera, Orimoto Izumi, cariñosamente apodada Zoe. Sintió a Daisuke colarse por sobre su hombro para ver quién llamaba, tenía esa costumbre infantil así que no se molestó en enseñarle el nombre de la rubia muchacha con influencia italiana.

― Zoe, yo… –dijo cuando tomó el teléfono formulando una sonrisita, que fue rápidamente acaparada por un semblante consternado. Todos los allí presentes oyeron la potente y sulfurada voz de la muchacha tras la línea, posando en Takeru una mirada curiosa. –N…No, claro que no lo olvidé. –Hizo una pausa en donde visualizó el rostro de Kari mirándolo entre curiosidad y enfado. –Voy para allá. –Un momento más de pausa. –Sí, en cinco minutos estaré allí. A… -La despedida fue fríamente acaparada por el silencio al ver que la llamada se cortó abruptamente. Alejó el teléfono de su oreja y lo observó con cansancio, encogiéndose de hombros.

― ¿Problemas en el paraíso? –Preguntó Daisuke con una sonrisa divertida a lo que su amigo suspiró.

― Olvidaste la tarea de historia, ¿no? –Preguntó Kari negando con la cabeza mientras se cruzaba de brazos. –Zoe te matará. ¿En dónde está?-

― Me espera en la biblioteca, quiere que vaya de inmediato. –Miró a Daisuke y luego a Kari. -¿ya han hecho la tarea?

La castaña sonrió con pena aflojando el semblante frente a sus amigos.

― En realidad, mi parte ya está hecha. –Señaló a Daisuke con el mentón. –Tú aún tienes qué investigar.-

― Lo iba a hacer luego del paseo con Wallace. –Se excusó el moreno fingiendo ofenderse.

En eso, el recién nombrado se incorporo a la conversación de la cual no tenía mucha idea de lo que sucedía, pero parecía comprender lo más importante, por lo que añadió pasando la mirada de Daisuke a Takeru y finalmente, terminar en Kari.

― Podemos ir a la biblioteca, en verdad me resulta interesante recorrer lugares de importancia cultural.-

― Entonces, andando. –Dijo Hikari con una amplia sonrisa. –No hagamos esperar a Zoe.-


― Así que no habrá firma. –Concluyó pensativamente Taichi sin despegar la mirada del televisor al igual que su rubio acompañante.

― No.

― Es una verdadera lástima. –Dijo encogiéndose de hombros. –Ya estaba por soltar la noticia que tenía un amigo famoso. –Matt sonrió de medio lado. –Bueno, al menos consuélate con saber que tú serás el del amigo famoso, cuando yo sea un futbolista reconocido a nivel mundial y mi imagen esté dentro de la FIFA soccer.

― Eso ocurrirá de aquí a diez años como mínimo. –Habló Yamato sin borrar su sonrisa. –Para entonces, yo estaría haciendo mi quinta rabieta en algún hotel de Manhattan y arrestado por ello, como toda buena estrella de Rock.-

― No metas a Axl en esto. –Hizo un movimiento exagerado con su comando para intentar derribar con su luchador al de Yamato, pero el chico lo esquivó eficazmente. -¡Quédate quieto! Demonios… -Suspiró. –Entonces, ¿qué planean hacer para llamar la atención?-

― No hemos llegado a nada aún, sólo se dieron ideas pero nada en concreto. –Dio un golpe seco al personaje de Tai que le restó vida al castaño y lo oyó maldecir por lo bajo.

― Deberían de usar algo distintivo. Viejo, ayer su guardarropa dejó mucho qué desear. La presentación estuvo buena, pero ¿no pensaron en maquillarse? El estilo de Kiss es bueno, pero algo retro. ¡Oh, incluso podrían teñirse el cabello con colores llamativos! A ti te sentaría el azul, ¿lo sabías?-

Matt rodó los ojos con cansancio y echó otro suspiro pero más bien cargado con molestia.

― Fue lo mismo que sugirió Kazu.

― No me extraña que sea el más genial entre ustedes. Adoro a ese chico. –Sonrió divertido Tai.

― Los idiotas se atraen dicen muchos estudiosos. Veo que es verdad.

Tai le hizo un gesto con su mano izquierda, como restándole importancia a lo que acababa de decir, para luego volver a posarla sobre el control.

― Hoy tú nos llamas "idiotas", mañana nos llamaran "Genios". Acuérdate de mí cuando reciba algún nobel interesante. –Y con un último movimiento, Matt blandió un ataqué mortífero para acabar con la vida de Tai. ― ¡Nooo! –Gritó Tai al tiempo en que dejaba caer el control al suelo y se llevaba ambas manos al cabello para jalarlo con frenesí.

En su rostro iba dibujado la clara sorpresa, decepción e impotencia característica de alguien que va perdiendo siete veces seguidas en el mismo juego… mientras que en su contrincante se leía la clara satisfacción y seguro aburrimiento de ir ganando aquellos encuentros.

Yamato se encogió de hombros y sonrió de medio lado al dejar el control sobre el suelo y tomar el último pedazo de pizza que se encontraba en el cartón cuadrangular. Miró a Tai y levantó el trozo de pizza como si de una copa se tratara y estuviese brindando con ella.

― A tú salud, Yagami, el último pedazo. –Y dio un gran bocado con gusto al recibir una mirada iracunda por parte del moreno.

― Maldito Ishida –masculló con molestia y dejó que su mano derecha, cuyo codo descansaba sobre la rodilla del mismo lado, sostuviese su cara con fastidio. –Ni que quisiera pasarme de glotón como tú.

Yamato se limpió con su pulgar el rastro de queso que su pizza de mozzarella dejó en la comisura de sus labios con tanto gusto que a Tai le dio asco.

― Di lo que quieras, pero el último trozo de pizza siempre es el mejor.

― ¡Maldita sea! –Volvió a bramar el castaño zarandeándose el cabello desquiciadamente. Yamato tenía razón, porque el último trozo siempre hablaba de victoria y de quién era el mejor. Y aunque tras aquella sanguinaria batalla contra su mejor amigo en su PS4, siempre el último –la batalla que decidiera quién se llevaba el último trozo de pizza- era el más significativo de todo el encuentro.

Taichi se puso de pie a regañadientes, llevándose consigo el cartón vacío y desfilando en calcetines sobre el suelo de su sala hacia su cocina, en cuya encimera depositó la pieza de basura.

― ¿Te has dado cuenta que ganarme aquellos siete encuentros consecutivos sólo dice que eres un maldito friki? –Dijo Tai tratándose de consolar. Abrió la puerta del refrigerador y sacó una coca-cola a medio trayecto de acabarse y buscando un vaso de vidrio, se sirvió su contenido espumoso y negro. –Las chicas dejarán de delirar por ti al saber que eres un geek.

Yamato se engulló el último pedazo de comida chatarra para luego lamerse la punta de sus dedos y mirar divertido a Taichi.

― Eso es lo que piensas tú, pero créeme que al apretar los botones del comando, sólo verán mis bíceps acentuarse sensualmente y ahí es cuando puedes empezar a comprarme condones al por mayor.

Tai rodó los ojos con hastío. Si bien el odiar que Matt siempre lleve las de ganar no era por otra simple razón, que no fuese aquella soberbia desmedida que resguardaba su mejor amigo de la infancia.

Se volvió hacia la sala y se dejó caer sobre el almohadón en donde se había sentado todo el resto de la tarde que pasó junto a Yamato, jugando y apostando. «Como en los viejos tiempos» pensó entrecerrando los ojos con cierta melancolía al mirar al frente, pero sin mirar a nada específico. Aunque sabía que al referirse a los tiempos pasado, faltaba la presencia de cierta pelirroja de ojos rubíes y tez trigueña.

― Entonces… -Inició Matt a lo que Tai dio un sorbo más de su gaseosa sin despegar la vista de la consola. –Al fin has vuelto a ver a Sora, pero no veo un ápice de felicidad en tu rostro. –Tai lo miró sorprendido, como si en verdad le sorprendiera que sacara a relucir aquel tema entre ambos. El rubio lo miraba intensamente, al igual que lo hacía cuando temas de real importancia se ubicaban en su conversación.

Tai abrió la boca para decir algo pero la cerró al instante y dio otro sorbo. No deseaba hablar de ella en estos momentos. El silencio reinó entre ambos y Matt supo que Sora se había vuelto un tema tabú. Yamato se reincorporó del suelo para caminar hacia la cocina y sacar del refrigerador la botella de coca.

― ¿Recuerdas que cuando niños –había iniciado Tai lo suficientemente fuerte como para que lo oyera desde donde estaba. En el departamento, no había más personas que ellos dos, así que podían hablar con tranquilidad y en el tono que quisieran sin esperar molestar a nadie. –competíamos para ver quién se casaría con ella?

Matt, que había quitado la tapa al plástico, suspendió la acción de verter el líquido en el vaso de vidrio que tenía a mano al oír aquella mención en particular. Era verdad que Tai y él solían rememorar cosas de la infancia, pero casi nunca hablaban de Sora. No desde que ella se había mudado hace dos años.

― Lo recuerdo. –dijo retomando lo que estaba haciendo.

― ¿Y recuerdas que ella acababa siempre eligiéndote a ti?

Al oír aquello, Matt se sobresaltó y el líquido negro acabó por derramarse por la encimera y hacer resbalar el vaso de vidrio por ella, dejando que el estruendoso ruido del golpe llenara la casa. Para su suerte, el vaso no se rompió ni quebró. Lo enderezó rápidamente y miró instintivamente a la pared que lo separaba de Tai.

« ¿Lo sabe? ¿Sabe que salí con Sora? ¡Maldición!» Pensó sobresaltado el rubio. Tras el tiempo en que la Takenouchi había regresado de Tokyo y el supuesto romance entre él y ella se dio, muy pocas personas sabían al respecto. Para variar, sólo los de la banda y su hermano estaban al tanto. Pero nunca se lo había dicho a Tai, aunque cabía mencionar que en ese entonces, el muchacho estaba de vacaciones con su familia en Osaka así que aquel dato pasó desapercibido para cuando todo acabó y Tai regresó a Odaiba.

Y no, no se lo había mencionado ¿Por qué? Era muy sencillo. Para Matt no representó gran cosa y decir que no tomó muy enserio su relación con Sora era cierto, pero mencionar aquello a Tai… ¿Cómo se lo tomaría al saber que su mejor amigo había tenido una corta relación con la que fue su primer amor? Y no mentía al decir que pensó en mencionárselo, porque después de todo Sora sólo fue un amor de niño… ¿No?

― ¿Matt? –Tai surcó el umbral de la cocina al oír aquel estruendo y vio a su amigo sosteniendo el vaso firmemente sobre la mesada, con una gran cantidad de gaseosa escurriéndose por ella y cayendo al suelo. –Viejo, no me des esos sustos.-

― L…Lo siento. –Dijo y sin mirarlo, fue deprisa a tomar la rejilla de tela y mojarla bajo el grifo del lavabo. Empezó a limpiar el líquido dulce que dejaba un camino pegajoso a su paso. –Ah y sí lo recuerdo. ¿A qué viene este baúl de los recuerdos? –Preguntó tratando de no sonar alternado, mientras limpiaba y le daba la espalda a Tai.

El castaño se recostó por el marco de la puerta, cruzado de brazos.

― Es sólo que… -Y calló. Matt, lo miró por sobre el hombro y vio a su amigo serio, algo bastante extraño en Taichi, tanto así que parecía estar delante de un completo extraño.

«Maldita sea…» Pensó nuevamente.

― Tai, tú… -Inició Matt poniéndose de pie e ir al lavabo para limpiar la rejilla y sacar de ella todo el resto de gaseosa que quedó impregnada en su cuerpo. -¿Aún sigues enamorado de ella? –Y vio que Tai lo miraba directamente, extrañado por su pregunta, pero luego recobró la compostura y sonrió abiertamente.

― Ahora recuerdo que tengo el último juego de GTA, vamos a…

― Taichi. –Cortó rápidamente Matt. Taichi advirtió la seriedad de su amigo, encogiéndose de hombros, pero su expresión divertida no desapareció.

― Enamorado o no, ya no interesa cuando ella no siente lo mismo, ¿no es verdad? –Se pasó una mano por la nuca de forma apenada. –Lo había dejado en claro hace dos años.

Matt apretó los puños con fuerza, con tanta que sentía el dolor punzante de sus uñas clavándoselas en las palmas. Tai se giró en redondo y salió de la cocina para dirigirse a la sala y desde allí, gritó al rubio.

― ¡Oh, por cierto, ¿Qué ocurrió con Mimi?!-

Matt palideció al oírle decir aquello. Había tratado de no nombrarla para no tener que hacer mención de lo que había sucedido con ella en la madrugada en aquel estacionamiento. Pero ¿Qué querría decir Tai con eso? ¿Acaso ella se lo mencionó?

― ¿Por qué me preguntas eso? –Desfiló sus palabras con toda la tranquilidad y cinismo que pudo desenterrar al ir hacia la sala.

Tai, sostenido por ambas manos contra el suelo, lo miró curioso.

― Es que cuando salimos del bar, le pregunté si le habías caído bien pero reaccionó tan extraño.

― ¿Extraño? –Preguntó al sentarse junto a él, en la almohada semejante a la de Tai.

― Sí, es decir, no quería que hiciese mención de eso porque le dolía mucho la cabeza. –Hizo una pausa y frunció el ceño. –No le has dicho o hecho nada para molestarla, ¿No?

« ¿Eso era una pregunta o una afirmación?» Pensó Matt tenso, con los hombros duros y entornados hacia atrás como solía hacer cuando se ponía nervioso y trataba de disimularlo.

― No hablamos de muchas cosas. Sólo del concierto y esas cosas. –Mintió con toda la destreza que pudo, sin dar rendijas de vacilación en sus palabras. – ¿Suele frecuentar esos lugares? Quizá no estaba acostumbrada o sólo se encontraba cansada. Parece una chica muy quisquillosa.

Tai echó un suspiro sonoro y aflojó el semblante tras eso, asintiendo. Matt volvió a respirar con más tranquilidad al ver que su amigo creyó todo lo que dijo. Tenía que felicitarse a sí mismo por tal cinismo con que podía actuar en ocasiones.

― Quisquillosa y caprichosa. –Sonrió tiernamente y se volvió para apoyar ambos brazos sobre sus rodillas y mirar el vaso vacío en el suelo. –Pero en verdad es una muy buena compañía. –Matt no pudo evitar mirarlo detenidamente cuando dijo aquello.

Entonces, recordó aquella escena en donde Tai se había deshecho de su chaqueta de cuero para colocársela a Mimi sobre sus pequeños hombros, cubriéndola del frío. Ver aquella forma en que ambos se sostenían la mirada, con tanta pertenencia y confianza le sentó relativamente molesta.

― Eres muy cercano a ella. –Dijo, aunque más bien sonó como una pregunta disimulada que pareció borrar el malestar en Tai. Matt volvió para mirarlo y se sorprendió de hallar a Tai completamente diferente, con menos seriedad y amargura que hace un momento cuando Sora apareció en su conversación.

― Nos hicimos amigos cuando ella se había mudado aquí a Odaiba. –Contó. –En un principio, me resultó muy molesta, siempre diciéndote qué hacer, testaruda y caprichosa como sólo ella puede ser. –Sonrió y miró a Yamato. -Pero no tardé en encariñarme con ella. En verdad es una persona muy dulce cuando la conoces bien.-

Matt estudió sus palabras y la expresión con que Tai mencionaba todo ello. Hacerse la misma idea del castaño no fue difícil, después de todo traer a la mente a Mimi era traer también el recuerdo de ambos en el estacionamiento. Era una maniática para controlarlo todo, que todo salga como ella lo deseaba y pecaba grandemente de caprichosa y mimada, pero, cuando rompió la distancia con ella y la vio encogerse ante él, la sensación de fragilidad que le transmitió Mimi sólo le hacía darse cuenta que todo lo que ella le había enseñado antes era una barrera, una que usaba para protegerse.

Tenerla tan cerca y sentirla tan suya con solo un beso… Supo que había mucho más por debajo de lo que solía ocultar. Fragilidad, delicadeza, pureza.

― No quisiera que te fijaras en ella –soltó entonces Tai y Yamato lo miró y aunque en su interior se sorprendió de oírle decir eso, había un pequeño gesto de extrañeza en su rostro. –No lo tomes a mal, pero aunque parezca muy altiva y demandante, sigue siendo una chica. No quisiera que tú y ella tuviesen que verse de esa manera, para evitarte problemas posteriores. –Hizo una pausa tomando el comando en manos. –Ambos sabemos que todas las chicas con quien sales acaban llorando y lo último que deseo para ella es eso. –Rió entre dientes. –Y no, no te estoy amenazando. Ella puede ocuparse de ti, si en vengarse piensa.-

Matt creía en sus palabras. Aquella faceta suya podría ser sólo una barrera, pero podría ser tan ruin como ella lo sepa manejar. No pudo evitar sonreír de lado al darse cuenta de ello. «Estúpido Tai… Acabas de ponerla como "La manzana prohibida" para mí» El peor error. Mientras alguien consideraba prohibida alguna cosa, más la deseaba. Pero se consideraba lo suficientemente inteligente como para diferenciar las cosas.

Su teléfono sonó con un tono corto que avisaba la llegada de un mensaje. Tomó el aparato y revisó lo que le acababa de enviar Ruki:

»No sabemos dónde estará Borton, pero sí su hijo«

― Descuida –había dicho mientras guardaba su teléfono y tomaba el comando entre sus manos. –después de todo, no es mi tipo.


― ¡¿CÓMO QUÉ LO HAS BESADO?!

Un tremendo grito provocó el sobresalto y el giro de miradas en los clientes de la famosa pastelería Amai Yuwaku [3] a la que tanto Mimi como Yolei eran asiduas desde que se habían vuelto amigas. Aunque claro, en esos momentos, Mimi deseaba negar toda relación con la peliviolácea de lentes.

― ¡Qué te calles, tonta! –Recriminó molesta Mimi mientras la jalaba de su brazo para que se encogiera como ella sobre la mesa y ocultar su presencia del resto de las personas que las observaban sin disimulo. -¡¿Qué parte de "No te alteres" no has comprendido, Miyako?!–Sí, la había llamado Miyako y no es que eso fuese malo, más bien hablaba de que Mimi en verdad estaba con los nervios a flor de piel con todo lo que le había relatado.

Y es que al llegar a casa, no le interesó la hora ni la condición en que se encontrara su amiga, la llamó y le exigió que ese día debieran verse con urgencia en Amai Yuwaku porque estaba pasando por un momento muy crítico en su vida. Y aunque Yolei sólo respondió con un "Por supuesto" algo somnoliento, ahora –que tenía todos los sentidos dispuestos- sabía que en verdad había ocurrido una tragedia para Tachikawa.

― Y no, no lo he besado. Fue él quien lo hizo.

― Lo siento, lo siento. Es que una noticia así… ¿En qué estabas pensando?

― ¡No lo besé yo, ya te lo he dicho! ¡Él me…!

― ¡Sí, pero tú habrías podido propinarle una patada en la zona baja o morderle el labio o hacer algo más útil que quedarte allí, correspondiéndole! –Mimi jamás permitiría que su amiga se refiriera a ella con tanta brusquedad, pero al ver la verdad en sus palabras, se quedó con los ojos abiertos como platos y su rostro mostrándose perplejo.

Miyako tenía razón. ¡Ella pudo detenerlo si quería! ¡Podría haberlo apartado, golpeado, mordiéndolo incluso! Pero no, no lo hizo. ¿Por qué? ¿Por qué siguió su juego? ¿Por qué dejó que la dominara de esa manera? Ella no era así y lo sabía. Ella jamás se dejaba influenciar por nada ni nadie, tenía el criterio lo bastante marcado y formado como para que a estas alturas viniesen a imponerle algo que consideraba erróneo… Porque así consideraba a Ishida Yamato, ¿no? ¡¿No?!

Bajó los hombros y la mirada. Tenía las manos cerradas en puños apretados a cada lado de su taza de café caliente y su pastel de frambuesa helada con chispas de chocolate. La Inoue observó a su amiga con pena y condujo sus manos hasta los puños de Mimi para tomarlo y darle todo su apoyo.

― T…Tú no sabes –inició Mimi- cómo me sentí cuando… Cuando fingió que me besaría, Yols. –Sus ojos le ardían nuevamente. Cada vez que lo recordaba, allí saltaban sus lágrimas y la hacían verse como una tonta e inmadura. –Estaba demasiado dolida y humillada que cuando me besó…

― Entonces –la voz de Yolei sonó con cautela al pronunciar sus palabras.- ¿Lo disfrutaste, Meems?

Mimi levantó la mirada humedecida al instante en que su amiga acabó de pronunciar aquello, perpleja.

― ¡C…Claro que no! –Dijo de inmediato, sonrojándose aún más. Ya venía con el rostro acalorado por el sulfuro que le provocó oírle a su amiga gritar a los cuatro vientos su gran hazaña de aquella madrugada.

― Y si tuvieses la oportunidad de repetir ese momento –Dijo. -¿Qué harías? –Mimi no lo pensó mucho, directamente habló con la ira que nacía de ella.

― Propinarle otra bofetada, patearlo si es posible. –Miyako sonrió orgullosa de que su amiga volviese a recuperar aquel espíritu fuerte y decidido que no se dejaba aplastar por nada ni nadie.

― Bien, hagamos esto. –Mimi asintió a lo que decía Yolei con una sonrisa renovadora. -¿Qué es lo que más odias en todo el mundo, tanto así que desata tu ira?

― Furikake. [4] –Respondió sin más. Yolei enarcó una ceja más que confusa ante la respuesta de Mimi por lo que ella bramó molesta. -¡Odio el furikake! ¡Pensar que esté sobre mi arroz me da arcada y entro en crisis! ¡Asco!

― Está bien… -Fue lo que dijo Yolei tratando de que la respuesta y reacción de su amiga fuese bien digerida. Volvió con su sonrisa, para decir. –Por lo tanto, Meems, si nuevamente te resulta difícil ir en contra del Ishida's sex appeal piensa en él como si se tratara de un plato entero de asqueroso Furikake.

Mimi parpadeó un par de veces para luego sonreír de oreja a oreja y pegar un alarido enérgico y cargado de felicidad, nuevamente ganándose las miradas de los clientes y el hastío de los empleados.

― ¡Eres brillante, Yols! ¡¿Cómo no se me ocurrió antes?! Pero descuida, Ishida Yamato no volverá a tomarme desprevenida. –Su sonrisa cambió totalmente cuando, al girar la vista hacia el ventanal que tenían hacia su costado izquierdo, vio como un oficial de tránsito le colocaba el cepo al vehículo de su amiga. -¡Yolei, el auto!

La violácea se volvió violentamente hacia donde Mimi estaba mirando boquiabierta, meciendo su cabellera larga tan aprisa que pudo haber golpeado a cualquiera que pasara junto a ella. Los orbes de la Inoue se abrieron desmesuradamente y se levanto de inmediato para ir corriendo en dirección a la puerta.

― ¡Mi padre me matará!

Mimi maldijo a su amiga por haberle dejado atrás, pero cuando quiso imitarla en salir corriendo tras ella, la mesera que les atendió le impidió el paso con una sonrisa muy fingida.

― Son 50 yenes. –Repuso la muchacha de cabello negro extendiendo la mano abierta hacia Mimi, como esperando recibir la paga por todo lo que habían consumido.

Mimi farfulló algo inentendible mientras violentaba con la mirada a la chica y entonces, buscó adentro de su cartera la billetera rosa. Sacó los 50 yens y le tendió casi arrojándole el billete por la cara de mala gana.

Mimi se llevó las manos a sus caderas mientras esperaba a la empleada con su factura, tamborileando con el taco de sus sandalias el suelo. La mesera regresó con el papel que daba veracidad a su consumo.

― Aquí tiene. Vuelva pronto. –Dijo la muchacha aún con la sonrisa falsa en el rostro que crispó más a Mimi.

Entonces, ella tomó el papel sin mucha gracia y salió disparada hacia la puerta del local, intentando no chocar con las personas que iban entrando y hasta se admiró de su propia agilidad, pero cuando todo su cuerpo –movido por la urgencia de ir junto a su amiga de lentes- salió del local, chocó de lleno contra una masa muscular y tanto ella, como su obstáculo, cayeron al suelo.

― ¡¿Podría tener más cuidado?! – Mimi no esperó ver el rostro de su atacante, directamente recriminó con furia sin contener. La joven estaba echada de cola contra el pavimento, mientras las personas caminaban a su alrededor sin dirigirle más miradas que mofas divertidas al ver su mala suerte. No se molestó en retribuirles miradas iracundas, sólo bastaba con ignorarlos y salir de allí con la dignidad que le quedaba.

― Serías tú quien debería de mirar por dónde camina. –De inmediato culpó el joven.

Mimi oyó proferir frente a ella con voz molesta, al que se encontraba igual de caído que ella, un chico que vestía una camiseta negra y una chaqueta deportiva color azul, con unos jeans desteñidos, zapatos deportivos y una banda azul en la cabeza. El chico exhaló un gruñido de protesta y se paró para limpiarse los jeans. De pie, se sobó la cabeza al tiempo en que la miraba desdeñosamente.

Ella esperó que el chico le tendiese la mano para ayudarla a levantarse, pero estaba claro que la educación no corría por cuenta suya. Lo maldijo por lo bajo y se reincorporó, tomando en mano su cartera para luego señalarle con el dedo, iba a reprocharle pero cuando visualizó mejor su rostro cayó en el hecho que lo reconocía.

Su inconfundible banda le hizo recordar el concierto de la noche anterior en el bar Matsuda's y del chico tocando ágilmente el bajo y posteriormente la segunda guitarra. Por su parte, el de cabello azabache sujetado a una coleta baja enarcó una ceja confundida por la forma en que Mimi lo miraba, pero ella sin darse cuenta de ello hasta que él dijo.

― ¿Por qué me miras así? ¿Nos conocemos? –Preguntó, aunque su demandante voz ronca le hacía lucir como si estuviese enojado todo el tiempo.

― ¿A qué viene eso? No me hables de esa manera sin conocerme. –Respondió molesta Mimi, tomando su cartera del suelo y limpiándose la parte trasera de sus shorts de seda rosa y arreglándose la playera blanca con letras en amarillo brillante que decía "I love NY" junto a la imagen ensombrecida de la Estatua de la Libertad. –Y para tú información, no. No nos conocemos.-

Él sólo frunció el ceño y fue un gesto compartido. Ambos mirándose retadoramente, aunque a decir verdad para Mimi aquello era raro. Normalmente los chicos al verla, sólo alegaban que fue su propio error y se disculpaban. ¿Por qué él tenía que ser diferente? Y antes de que siguieran hablando, una nueva voz se les unió.

― ¡Mimi! –Gritó Yolei acercándose hacia ellos, pero sin percatarse aún de lo que sucedía. –Hablé con el policía y no se llevará mi auto, así que… Hey, -miró al muchacho. –yo te conozco. Minamoto Koji, ¿no? Eres el bajista que tocó ayer en el bar.

Él ya había separado su mirada de la de Mimi para cuando Yolei apareció y la observó en silencio por un momento, tratando de reconocerla. Entonces, las miró a ambas y luego pareció comprender las cosas.

― Entonces es de ahí de donde me conoces. –Concluyó Koji mirando a Mimi, aunque ella frunció más el ceño.

― Ya te lo dije, no te conozco y créeme, no deseo hacerlo después de que me hayas chocado de esa manera. –Miró a Yolei. –Sí, hemos ido ayer al bar Matsuda's pero sólo para salir, no porque deseáramos verlos.

Miyako, movida por el hecho de conocer a un rockstar avanzó hacia Koji con emoción, casi desplazando a Mimi a un lado y hablar con su tono de voz alto y enérgico.

― Oí que tenían una firma con una importante disquera. –Dijo Yolei pasando por alto las palabras de Mimi, quien no disimuló su total perplejidad. ¡¿Qué todos pensaban ignorarla?!

Vio a Koji echar un suspiro silencioso cuando la pregunta de Miyako salió a flote y Mimi lo miró con curiosidad sincera. ¿Acaso ese era el rostro de alguien cuya banda firmó un reciente contrato? Y entonces lo comprendió.

Las manos de Mimi que se hallaban a cada lado de sus caderas se cerraron en puños y apretó la mandíbula. Ya presentía a dónde iba aquella reacción por parte del joven bajista. Para entonces, la imagen del Ishida en estacionamiento, fumando como si su vida se fuese en ello, galopó en su mente y lo asoció con el rostro de Koji.

― Así es, pero no nos aceptaron. –Dijo finalmente Koji metiendo ambas manos en los bolsillos de su chaqueta deportiva.

― Eso es terrible. -dijo Yolei virando su mirada a Mimi, pero ésta no apartaba la vista de Koji, como si deseara hablar pero sin saber qué decir. -¿Meems?

Koji también la miró y entonces, la castaña dijo.

― Lamento oír eso –bajó la mirada y luego tomó la muñeca de su amiga. –Vamos, Yols. Tengo prisa.

Yolei se despidió del chico cuando Mimi empezó a jalar de ella por la acera yendo hacia donde el vehículo de Yolei se encontraba estacionado. Koji las vio marcharse y luego regresó su vista al trayecto que iba caminando antes de ser interceptado por Mimi.


Desfiló sus altas sandalias por el camino de piedras blancas que conllevaba de la entrada a la puerta principal de su –para nada modesto- hogar, con la mirada cansada y el deseo de darse una ducha templada, mientras Lana del Rey hacía que su humor mejorase con su singular voz.

Los jardines amplios y llenos de bellas flores como de demás plantas ajenas a la botánica nipona, la recibían pero no estaba con los ánimos cargados para dirigir su atención hacia ellas. Y antes de que sus pies subiesen por los escalones que conducían al porche amplio y reluciente de estilo neoyorquino, las altas y blancas puertas se abrieron de inmediato enseñando -aparte del grandioso lugar que se resguardaba en su interior- a una mujer de mediana edad vestida con un traje negro disimulado y un delantal blanco al igual que el tocado en encaje que descansaba sobre su ajustado cabello que acababa en un rodete alto.

Cuando Mimi cruzó el umbral, la mujer hizo una reverencia como saludo. Pero ella ni lo advirtió y pasó de largo como siempre hacía con su servidumbre.

Fue caminando por el interior de la gigantesca sala, en cuyas paredes de color hueso descansaba un millar de retratos con todo tipo de tamaños y enseñando desde rostros sobrios hasta puestas en escena de ambientes distintos. Su favorito era en la que una dulce Mimi de diez años se hallaba junto a su querida Tía Ritsuka, ambas sonriendo a la cámara mientras un gran piano blanco de cola relucía a un costado suyo. Era el piano que la mujer tocaba y el mismo con el que Mimi aprendió también a ejecutar aquel tan bello instrumento.

Sonrió ligeramente al ver aquella fotografía como lo hacía cada vez que ingresaba a su hogar. Verla, era rememorar sus tiempos en Kyoto, una bellísima y cálida ciudad en donde su tía vivía y de quien poco y nada sabía en la actualidad. Si bien, cuando niña iba con sus padres a visitarla en los veranos y disfrutaba de la compañía de aquella mujer, poco tiempo duró para que eso se acabara y perdiera contacto con ella sin saber el motivo. Cuando preguntaba a sus padres por ello, ellos simplemente decían que vivía muy lejos como para estar al pendiente de ella todo el tiempo.

Ver el retrato de su tía cuando ésta tenía veinte años era como verse a sí misma con esa edad. La mujer era la hermana menor de su madre y a diferencia de Satoe, las hebras de Ritsuka eran mucho más onduladas y castañas que el brillante caoba que portaba su progenitora y del cual, Mimi no era una fiel heredera. Los ojos de su tía eran mucho más profundos y parecían ocultar algo más allá de lo que la cámara capturó en ese entonces. Nunca se puso a analizar con profundidad la fotografía de su tía y tampoco es que tuviese ganas de ello.

Sus tacos repiqueteaban sobre el piso reluciente de un color ónix al tiempo en que avanzaba y caminaba en dirección a la escalera izquierda que le llevaba directo a sus aposentos, pero antes de poder siquiera poner un pie sobre el primer escalón, un hombre la interceptó con su categórico traje negro haciendo una gran reverencia con la cabeza.

― Señorita Tachikawa, su madre la está esperando en el comedor. –Anunció a lo que la castaña se giró a verlo.

― ¿Ahora? En verdad estoy muy cansada. –Repuso ella echando un suspiro cansino y teatral.

― Lo catalogó de forma urgente, mi lady. –Insistió el hombre que llevaba canas en el poco cabello que mantenía. Mimi estudió sus palabras y se encogió de hombros.

― Bien, pero que sea rápido. Tengo que salir después y me siento impedida por el cansancio. –El hombre asintió comprensivo y la guió hacia el ala oeste de la gran mansión aún donde los pisos eran de aquel color oscuro y brillante hasta que el hombre se detuvo delante de dos puertas amplias de color caoba.

Las abrió a la par que la cálida iluminación corría a cuenta de los veladores pendidos por una lámpara de hierro suspendida en el techo, la recibió, al igual que la alfombra beige que tomaba partido bajo todo el juego de muebles comedor, del cual las sillas eran blancas con respaldos anchos y la mesa era de roble brillante por el barniz.

Una chimenea la esperaba al final de la moderada habitación sin nada que ofrecer, por supuesto; las paredes que recorrían sus costados eran de ladrillos blancos hasta alcanzar las esquinas y parte de las paredes a los costados, donde se alzaban dos espejos rectangulares sobre cómodas de madera y veladores también dispuestos a sus costados.

Mimi halló a su madre sentada a la cabecera paralela a la puerta donde estaba ella. Supuso que estaba muy entretenida hablando con aquel sujeto ―vestido con una elegante camisa celeste que daba una combinación sin vacilo con su cabellera un poco larga, ondulada y rubia― que se ubicaba a su mano izquierda, por lo que no se inmutó cuando las puertas del comedor se abrieron.

― Mi Señora –dijo el mayordomo cuando estuvo dentro del comedor con Mimi a sus espaldas, aunque ella avanzó un poco más que él, ya que ella no necesitaba del permiso de nadie para deslizarse como deseara por las habitaciones. –la joven Tachikawa ya está aquí como lo pidió.

Una mujer de rostro altivo y mirada calma con unos bellos ojos oscuros y cabello castaño, un poco más claro que las hebras que ondulaban el rostro de Mimi, se hallaba contemplando a su hija ingresar. Su sonrisa infante era una de las tantas maravillas en aquella mujer, una que te dejaba pensando qué edad realmente portaba, ya que su tono de voz y forma de hablar hacía dudar a muchos.

― Muchas gracias Tanaka. –Dijo la mujer con cariño plasmado, como todo lo que salía de su adorable madre. Satoe se puso de pie y Mimi dedujo que su compañía era realmente importante para que su madre vistiese su bello traje blanco perla que usaba para ciertas visitas. –Oh, querida. –Dijo yendo hacia ella con una gran sonrisa que hacía resaltar su magnífica dentadura blanca. –Ven, quiero enseñarte a quién ha venido a verte.

Posando sus manos sobre los diminutos hombros de su hija, la hizo entornar la mirada hacia el joven que se levantaba y giraba para verla. Mimi no disimuló su sorpresa al ver que se trataba de Michael, sonriéndole con dulzura.

― Mike. ¿Qué haces aquí? Creí que… -Dijo ella, pero el muchacho no tardó en hablar.

― Lo sé, pero deseaba tanto verte que no pude esperar a que sea la hora acordada. –Se sinceró el muchacho yendo hacia ella. Sus palabras, una dulce y acaramelada voz varonil, la hizo sonrojarse y sonreír tontamente. El chico se acercó a ellas y miró a la mayor. –Y en verdad me alegro de haber venido, tu madre y yo nos hemos pasado la tarde hablando sobre muchas cosas.

― ¿Muchas cosas? –Preguntó mirando a su madre, aunque ella sólo miraba encantada a Michael, mientras juntaba sus manos.

Sabía que su madre adoraba a Mike. Desde pequeños le tenía un gran cariño, pero ahora que el tiempo había transcurrido y ver en su madre aquella mirada enamorada, sabía que no sólo veía al chico como el niño a quien conocieron en Estados Unidos. Y algo incomodó a Mimi al darse cuenta a qué venía esa mirada de su madre. «Pretendiente. Ella lo ve como el yerno que siempre deseó» Dijo y se espantó al pensar en ello.

Así es. Su madre era una mujer visionaria y proyectada al futuro. Todo lo que ella era y todo lo que consiguió se debe a aquella característica suya. No por nada era la dueña de una prestigiosa empresa comercial famosa alrededor del mundo. Dio un paso atrás y su madre lo sintió por lo que le dirigió una mirada sonriente.

― Mimi, cariño, ve a cambiarte. Mike ha esperado mucho por ti y no creo que desee hacerlo más. –El tono de advertencia revestida de dulzura que su madre utilizaba cuando deseaba algo, la invadió y pasó su mirada de Michael a ella.

― En verdad, estoy algo cansada y quisiera…

― Meems –su madre se volvió hacia ella con sus firmes ojos, aquellos que siempre enseñaban dulzura y tranquilidad, le demostraban que no deseaba discutir con ella. Y Mimi tampoco lo quería. Se encontró cediendo y sonrió a Michael.

― Bien. –Miró a Satoe. -¿Puedo hablar contigo en privado? –La mujer asintió e hizo un gesto de educación a Michael para que las aguardara un momento.

Mimi salió de allí seguida por su madre. Sus pasos, que al estar en el comedor eran amortiguados por la alfombra, resonaron cuando tuvieron contacto con las baldosas negras del pasillo. Tanaka cerró las puertas del comedor cuando ambas mujeres salieron por ella. Mimi esperó a alejarse lo suficiente del hombre para volverse a su madre y decir con urgencia.

― Lo has llamado tú, ¿verdad? –Satoe pareció sorprenderse al oírle decir eso y Mimi aflojó su semblante. No era forma de hablarle a su madre y lo sabía. – ¿Michael vino porque querías hablar con él?

― En realidad, Elizabeth, su madre, me ha llamado para hablar y me comentó lo encantada que estaba de que tú y Mike volviesen a verse. –Respondió caminando en dirección a las dos escaleras encorvadas que las llevaban al primer piso de la mansión, subiendo por la que se hallaba a la izquierda. –Y no tuvo mejor idea que su hijo viniese a hablar conmigo.

― ¿Sobre qué? –Mimi comenzaba a desesperarse y se le notaba en su respiración acelerada e irregular, aunque también implicaba el hecho de ir tras su madre ya que la mujer tenía unas fuertes y ágiles piernas que la hacía moverse con tanta gracia y rapidez que a veces le costaba seguirle el paso.

― Oh, cielo. No te espantes, no vino a hablar de matrimonio si es lo que te preocupa. –Rió divertida y finalmente sus pasos salieron de los escalones para aventurarse hacia el largo y amplio pasillo oscurecido, que a cada pisada próxima ingresando por él, las luces fueron encendiéndose con su presencia. –Sólo quería saber a qué lugar podía llevarte y que te sientas cómoda.-

Mimi observó a su madre por un momento mientras caminaba a su paso, esperando encontrar veracidad en su rostro. Luego miró su trayecto y sonrió ligeramente. Michael, el tan atractivo chico norteamericano, venía junto a su madre como cual niño preocupado sólo para complacerla a ella. Para que sea una cita ideal y llena de expectativas cumplidas. Se sonrojó ante tal idea y trotó hasta que alcanzó a su madre y la tomó por el brazo, llamando la atención de esta.

― Entonces, ayúdame con mi atuendo. No quiero decepcionarlo tampoco yo. –Dijo mirando a su madre a lo que la mujer, abrió los ojos emocionada.

― ¡Esa es mi Meems!


Introdujo unas monedas en el orificio correspondiente y apretó los botones de la máquina de bebidas que tenía frente a él. Dejó salir un suspiro mientras esperaba a que procesase su pedido y oyó el traqueteo que emitía la máquina para finalmente, sacar por debajo en una abertura rectangular tres sodas.

Las tomó con cuidado de que no se les cayese y cuando iba a por última, vio a Daisuke acercarse hacia él con un ligero trote y una sonrisa en sus ojos. Takeru se enderezó con la lata en la otra mano mientras las otras dos descansaban juntas en su derecha.

― Dame una. –Exigió y antes de que Tk pudiese decir algo, Daisuke le arrebató la que tenía en su mano izquierda y sin miramientos, comenzó a agitarla como condenado.

― ¡Hey, ¿qué piensas que haces?!

― Vengarme. –Dijo con una sonrisa maligna en su rostro que a Tk preocupó.

Daisuke miró sobre su hombro a la pareja sentada en la escalera de granito a una buena distancia de ellos, riendo y hablando de cosas que para la distancia a la que se hallaban era inteligible pero era más que obvio que la estaban pasando genial.

Tk se sentía ciertamente cansado pero no sabía por qué, tenía el cuerpo pesado y eso no se debía a la tarde en la biblioteca investigando acerca de la revolución francesa ni nada semejante. Una ligera presión en el pecho se acentuaba cuando sus ojos observaban a Kari riendo de esa manera o sonrojarse por algo que Wallace decía y no es que desmeritase la inteligencia de su amigo, pero eran cosas que hasta Daisuke podía decir y sonar interesante.

Giró su rostro hacia Daisuke y vio que el chico también estaba mirando a la feliz pareja pero claro, su rostro no enseñaba otra cosa que odio y rabia mientras seguía agitando la lata. Y entonces lo comprendió. Takeru sujetó la muñeca de Daisuke, deteniéndolo.

― ¿Qué se supone que haces? –Reclamó el Motomiya mirándolo cuando sintió que se apoderó de su muñeca.

― Es precisamente lo que quiero saber. –Hizo un gesto con su barbilla hacia donde se encontraban sus amigos. -¿Piensas dárselo a Wallace? No lo hagas.

― ¡¿Por qué no?! –Respondió alzando la voz, claramente frustrado. -Se ha pasado toda la tarde pegado a Kari y tienes que admitir que ni yo hago eso. ¡Seré baboso pero lo suyo es denigrante! –Takeru volvió a mirar a Wallace y a Kari juntos y se le encogió el pecho. Daisuke se dio cuenta de ello y frunció a un más. -¡Todo esto es tú culpa, Tk! –El rubio lo miró sorprendido. –Si no hubiéramos quedado con Kari y Wallace en el mismo lugar, ambos disfrutaríamos de la paz que reinaba antes de que Capitán América apareciese.-

Lo meditó un momento y tenía razón. No podía sentirse mal ni nada semejante porque fue por su culpa que todo había sucedido. Volvió a mirarla y esta vez, vio que Wallace acomodaba un mechón castaño de Hikari tras su oreja, mientras se miraban intensamente y un adorable sonrojo circulaba por las mejillas de su amiga.

Ya no se sentía mal, no. Había algo diferente dentro de Takeru que no reconoció antes y comenzaba a agitarlo. Era como si algo dentro de sí quisiese explotar al ver cómo el Borton quería tomar partido de esa manera con Kari. ¡Y Kari se lo permitía! Tk aún tenía su mano rodeando la muñeca de Daisuke y sin darse cuenta, comenzó a estrujarla bajo de ésta. El motomiya se soltó de prisa y miró a su amigo extrañado.

― ¿Y qué piensas lograr con bañarlo con soda? –Preguntó Takeru con una ceja enarcada.

Daisuke miró la lata en su mano y se encogió de hombros.

― Si tienes una mejor idea, soy todo oídos –Inició su trayecto hacia sus amigos. –pero mientras tanto, lo ahogaré en humillación y colorante naranja.

― ¡Daisuke! –Pero ya era tarde, su amigo inició un trote ágil hacia donde se encontraban Kari y Wallace, pero no previó la llegada de otra presencia interceptándolo.

Una melena rubia y larga hasta por debajo de su cintura, con un bonito gorro rosa que iba a juego con su chaqueta de pana del mismo color y unos jeans ajustados, hizo descender el paso de Daisuke al instante para evitar llevársela contra él.

― ¡Oh, soda de naranja! Mi favorito. –Dijo y trató de tomar la lata de la mano del Motomiya, aunque claro que él se lo prohibió. -¿Qué haces? ¡Déjame tomarlo!

― N…No, esto es para Wallace.

― ¡Cómprale otro y listo! –Respondió Izumi aún tratando de hacerse con la soda de Daisuke.

Y aunque él trató con todo lo que pudo para quitar de la mira de Orimoto aquella lata agitada de soda, la muchacha era testaruda como una mula y acabó por pisar el pie del muchacho con el taco de sus botas negras y detalles en rosa, logrando así que el chico dejase de alejarle la lata.

Sonriente por lograr su cometido, la chica abrió quitó el seguro de forma triunfal hasta que un geiser naranja la bañó todo el rostro y parte de su chaqueta, como algunas gotas rociaron sus jeans y botas. Pegó un gritito de sorpresa, arrojándoselo a Daisuke quien acabó igual de mojado y manchado igual que la rubia.

― ¡Hey, era mi playera favorita! –Repuso el muchacho viendo que se había mojado también él.

― Daisuke… -Profirió con tono de ultratumba, con todo el odio que una mujer humillada de tal manera, pudo concebir.

El muchacho palideció al toparse con el rostro ensombrecido de Zoe y comenzó a retroceder mientras la Orimoto avanzaba amenazante hacia él, aunque antes de que una matanza se viniese a continuación, Takeru corrió hacia donde se hallaban.

― Zoe –dijo y al llegar a ella ya se había deshecho de su propia chaqueta deportiva verde y con ésta, comenzar a limpiarle el rostro. -¿Estás bien? ¿Te lastimó?

La rubia cambió totalmente su semblante sanguinario por uno en donde la sorpresa se anidaba, mirando contemplativa el rostro preocupado de Tk mientras le quitaba el exceso de líquido de su rostro y parte de su cabello.

Ella negó con la cabeza algo aturdida aun cuando le preguntó aquello. Era desconcertante hacerse a la idea de un Takaishi atento y maduro, que le estuviese reconfortando y limpiando cuando en otras ocasiones sólo se quedaría al margen como cual niño… Era extraño, pensó.

― ¿Qué sucedió? –La voz de Wallace acudiendo con un ligero trote hacia donde se hallaban con su total preocupación, pasando su mirada de Zoe hacia Takeru y luego a Daisuke.

Kari se le unió posteriormente pero sin decir mucho, solo observando la forma en que Tk limpiaba inmaculadamente a Izumi, como si su vida dependiera de ello, sonriéndole para tranquilizarla y diciéndole que todo iba a estar bien.

― ¿Mejor? –Preguntó Takeru a una Zoe muda y sonrojada. Kari advirtió aquella reacción y frunció el ceño sin poder evitarlo.

― Al parecer tienes todo bajo control, ¿eh? –Repuso divertido Wallace a lo que Takeru parpadeó sin comprender y luego miró a Zoe, sonriente.

― Zoe, lo lamento. –Dijo Daisuke ocultándose tras Kari, temiendo la furia mortífera de la Orimoto, pero ella apenas lo miró.

― Será mejor que te cambies –Dijo Wallace con tranquilidad y luego miró a Takeru. –Acompáñala, nosotros te esperaremos aquí. –Y dicho esto, posó su mano en el hombro de Kari.

Takeru miró la forma en que la mano del Borton tomaba posesivamente el hombro de su amiga, atrayéndola hacia él y de que ésta no hacía nada para evitarlo. Nuevamente aquella molestia iracunda picándole las entrañas. Quiso apartar la vista, pero fue precisamente cuando los grandes y bellos ojos de Hikari se posaron en sus propios ojos. Lo miraba seria y con un pequeño fruncir de su ceño.

Lo tomó por sorpresa ese semblante en la castaña, como si acabase de hacer algo malo y ella estaba molesta con él. Prefirió no pensar en ella y centrar su atención en Izumi.

― ¿Quieres cambiarte?

― Si, pero no tienes que acompañarme. Ya hiciste mucho. –Se giró hacia la biblioteca que se hallaba detrás de ellos. –Además, ya hemos recopilado buena información. Me iré a casa y adjuntaré las partes para imprimir.

― Hey, somos un equipo. –Insistió Takeru amigablemente. –Al menos dame algo más para hacer. Fui un completo inútil hoy, lo tenías todo bajo control allá adentro. –Zoe sonrió y se sonrojó un poco más.

― Bien, mañana iré a tu casa para imprimir. –Takeru asintió entonces, dirigiéndose a los demás, dijo. –Nos vemos el lunes. Un gusto, Wallace.

Todos se despidieron de ella con un agitar de manos, todos salvo Kari que apretaba los puños a cada lado de ella.


― Entonces… -Vaciló Mimi cuando Mike había doblado en una esquina estrecha. Miraba por su ventana, admirando los grandes edificios que ésta le enseñaba. Muy pocos los reconocía, estaba segura, ya habían salido de la jurisdicción a la que acostumbraba recorrer y estaba perdida. -¿A dónde vamos?

Vio a Michael levantar la comisura de sus labios en un acto de gracia que le resultó atractivo con la poca luz que tenían de los alumbrados que iban iluminándolos conforme circulaban por la amplia calle en doble sentido.

― No comas ansias, Meems. Te gustará –Respondió, pero luego le dedicó una corta mirada. –o eso espero.

Ella sonrió al verlo y trató de relajarse, volviendo a mirar por la ventana. Todo excepto la luna se movía, se alejaba y ella tenía una extraña sensación en la boca del estómago que intentaba aplacar. Tenía que disfrutar de aquella cita.

Finalmente, las ruedas se detuvieron con un pequeño chillido de fricción de la goma contra el suelo. Ambos se deshicieron de su cinturón de seguridad y ya se encontraban saliendo del vehículo que conducía Michael. Mimi se plegó mejor la falda en corte campana que llevaba puesto en color verde manzana y al levantar la vista se topó con la fachada principal de un jardín amplio y lujoso, lleno de luces blancas adornando la entrada y haciendo lucir una amalgama de flores exóticas que ella nunca había visto en crecer en Japón.

Sintió la mano de Mike posarse sobre su descubierta espalda –pues llevaba puesto una blusa que iba del cuello hasta el abdomen dejando libre gran parte de su espalda- por lo que sus ojos castaños buscaron los aguamarina de su acompañante.

― Vamos –Dijo con voz galante y ambos iniciaron su camino hacia la entrada.

El marco de las puertas como la de las ventanas iban en colores dorados que parecían estar bañados en oro líquido, mientras las paredes eran de un vistoso mármol brillante gracias a las luces decorativas ubicadas en cada pilar que daba de ellas hacia adentro. Subieron tres escalones pequeños y angostos para que, del par de puertas de vidrio que los separaran del lugar, solo uno se abriera de la mano del atento jefe de meseros, quien les hizo una reverencia al entrar.

Mimi quedó extasiada con todo lo que observaba. Era un lugar lo suficientemente grande y entornado de forma circular. Las mesas iban respondiendo a la misma forma –redondas y de tamaños diferentes para albergar dos, cuatro y hasta seis sillas a su alrededor- mientras encima de cada una pendía un velador revestido en papel cilíndrico, ambientando sutilmente el ambiente. Un pequeño bar se encontraba hacia el costado izquierdo del recibidor, desfilando una incontable cantidad de botellas tras las espaldas del barman.

Y en el centro mismo del lugar se vislumbraba una figura en mosaico con las baldosas brillantes. No había muchas personas y estas se mantenían ajenas a su llegada. Mimi se volvió hacia Michael con una sonrisa radiante.

― E…Esto es…

― ¿Te gusta? –Ella asintió sin poder proferir palabra alguna y era verdad. Estaba muda de la impresión, no había visto nunca nada igual. Él amplió su sonrisa con satisfacción. –Me alegro de oírlo.

― Buenas noches –saludó el jefe de los meseros. –síganme. Los guiaré a su mesa. –Y así lo hicieron.

La mesa en donde les destinó el amable hombre se ubicaba precisamente en el ventanal más amplio, con vista a los jardines que apreció al llegar y aún lo hacía. Tomó asiento cuando el Michael corrió la silla lo suficiente, invitándola a sentarse. Y cuando lo hizo, él se ubicó frente a ella. El mesero les tendió los menús y esperó pacientemente su orden.

Todo cuanto miraba Mimi se veía delicioso y extraordinario. Ella era una aficionada de la cocina pero disfrutaba preparar algún que otro pastel o galletas para cuando se reunía con sus amigas, incluso Tai ovacionaba sus talentosas manos. Y ver aquellos manjares le sentaba con unas increíbles ganas de estar en su cocina y dar rienda suelta a su imaginación. Rió para ella por lo tonta que debe de haberse oído aquello si lo hubiese dicho en voz alta.

― ¿Algún platillo te resulta gracioso? –Preguntó Mike atrayendo su mirada. Ella se sonrojó levemente y negó con una sonrisa.

― No me hagas caso. –Miró al mozo. –Me gustaría un platillo de mejillones al Pernod, por favor.

― Lo mismo para mí. Oh, podría ser una jarra de sangría fresca también. –Dijo el rubio tendiéndole al hombre su menú junto con el de Mimi. Y para cuando el hombre se retiró, el chico miró a la joven con aquellos ojos brillantes y preciosos que harían suspirar a cualquiera. –Si lo has pedido tú es porque debe ser muy bueno.

Mimi lo miró con una sonrisa en los labios. Michael era tan dulce y agradable. Todo lo que ella deseaba en un chico. «Ojalá él hubiese sido mi primer beso» pensó. Era el prototipo perfecto del Príncipe Encantador que ella buscaba. No al terrible cazador que contrataron para torturarla. Su sonrisa se alejó de su rostro al recordar a Yamato.

Aquel chico tenía todo lo que ella aborrecía. Era odioso, altanero, indiferente y… ¡¿Por qué estaba pensando en él?! Negó con la cabeza. Tenía que sacárselo de la mente. No podía dejar que nuevamente su recuerdo le arruinase aquella velada que había iniciado tan bien.

Michael le había estado hablando sobre cómo descubrió aquel lugar y de que en él sólo ambientaban músicas tranquilas y atractivas como el jazz, bossa nova, soul, house, incluso baladas country y tango. El tipo de música que ambos compartían. Era en verdad agradable estar en aquel lugar, rodeada de tanto lujo y belleza.

Incluso los demás clientes presentes eran el tipo de persona que ella acostumbraba a encontrar y socializar en los eventos que sus padres asistían. Gente con clase, dinero y alcurnia. No el bar de segunda al que había ido la noche anterior, topándose con todo tipo de gentuza ni escuchando música fuerte que pondría los pelos de punta a cualquiera con el oído tan bien educado como el suyo.

Pero sin importar lo mucho que mirase a Mike y asintiese como si estuviese escuchándolo y prestándole atención, su mente ya se encontraba lejos y vagando en el tiempo. La música a su alrededor le resultaba adormecedora. Era un tema de Michael Dublé, lento y sensual, agradable en fin.

Pero cuando finalizó, el sonido templado del piano en compañía de una instrumentación cargada por un compás del bombo y guitarra, le hizo despegar la atención de Michael para traer al recuerdo a Just a kiss de aquel trío increíble de country que solía oír con Yolei. Lady Antebellum.

Lying here with you so close to me

It's hard to fight these feelings

When it feels so hard to breathe

Caught up in this moments

Caught up in your smile

La voz de Hillary Scott era un poco más grave que la suya, pero compartían el mismo tono cuando ella hacía karaoke de aquella canción y la adoraba por el sensibilísimo en su letra y melodía… Pero nunca la había oído de aquella manera. Nunca la había sentido como lo hacía en ese momento.

I've never opened up to anyone

So hard to hold back when I'm holding

You in my arms

We don't need to rush this

Let's just take this slow

Y fue cuando recordó. Por mucho que trató de apartarlo de su cabeza, allí estaba de nuevo el recuerdo de Yamato y su primer beso, la situación y el desenlace que se dio en aquellos minutos que para ella resultó una fracción eterna.

Just a kiss on your slips

In the moonlight

Just a touch in the fire burning so bright

And I don't want to mess this thing up

I don't want to push too far

No podía concentrarse en lo que Michael iba diciéndole y en verdad se sentía culpable por ello, pero no podía quitar la canción de su mente ni agazapar la vívida imagen de Yamato en sus pupilas.

Just a shot in the dark that you just night

Be the one I've been waiting for my whole life

Be baby I'm alright, with just a kiss goodnight

El mozo regresó con la jarra con el contenido enrojecido meciéndose ligeramente en su interior cuando lo apoyó en su meza circular y les brindó de dos copas de boca abierta y cristalinamente limpias. Les sirvió para degustar su dulce sabor y con una reverencia, se marchó nuevamente.

I know that if we give this a little time

It will only bring us closer to the love we wanna find

It's never felt so real,no it's never felt so right

Michael y Mimi tomaron las copas al mismo tiempo y mirándose, Mike dijo.

― Por esta maravillosa noche juntos. –Ella sólo levantó la copa como él y la hizo sonar contra el cristal de su amigo para llevárselo a los labios y beber de su contenido embriagante.

Y cuando bebía, una luz brillante de un faro individual llamó su atención desde la calle, por lo que –aún con el cristal entre los labios- giró su rostro hacia el ventanal que tenía hacia su costado izquierdo y que daba a la calle. Ver lo que sus ojos le enseñaban no ameritaba a nada gratificante y la sorpresa casi le hizo escupir la mezcla de vino con licor de naranja que tenía en la boca cuando dio con aquellos lapislázulis que enseñaban diversión en sus retinas.

Just a kiss on your slips

In the moonlight

Just a touch in the fire burning so bright

And I don't want to mess this thing up

I don't want to push too far

Dejó la copa sobre la mesa casi con un golpe violento y comenzó a toser por haberse atragantado. Michael la contempló dubitativo y dejó también su copa a un lado para posar su mano sobre la de Mimi, la que sostenía la cola estrecha de su propia copa.

― ¿Meems? ¿Ocurrió algo? –Ella negó, tratando de sonreír pero sus ojos ―humedecidos por la violenta tos que la atacó― volvieron a ubicarse hacia la ventana para encontrar que Yamato había iniciado sus pasos hacia un costado en donde su imagen se veía oculta por unos setos.

― ¿M…Me disculparías? –Dijo y sin darle tiempo a responder, se levanto y caminó a zancadas marcadas y fuertes hacia la puerta que tenía a unos metros de ellos para salir y bajar por los escalones.

Sentía la mirada dubitativa de Mike a sus espaldas y estaba segura que veía aquella huida con malos ojos, pero no podía permitir que Yamato se paseara como amo y señor por esos lares, impidiéndole disfrutar de la compañía de Michael.

Dobló hacia la curvatura por la cual lo había hecho también el Ishida y la luz no era muy buena en ese sitio, pero de todas maneras lo vio recostado por el poste de luz que alumbraba a medias. «Muy bien, Mimi, ahora es cuando piensas en Furikake y lo enfrentas»

Detuvo sus pasos para tomar aire y reunir las fuerzas necesarias para encararlo. Dejar que toda la rabia contenida saliera en esos momentos y así, con la artillería cargada, desfiló hacia él con las manos hechas puños a cada lado de ella.

― Eres un maldito cínico, ¿te lo han dicho? –Soltó ella con todo el odio que sentía hacia él.

No lo vio despegarse del poste por el cual, su espalda se encontraba a recostada, pero sí lo vio sonreír como si disfrutara verla enfadada. Eso le hizo hervir mucho más la sangre.

― ¿Siempre que me ves reaccionas así? Vaya, no sé si tomármelo como un cumplido o qué. –El chico levantó una mano y con su pulgar, señaló sobre sus hombros al lujoso restaurante que tenían a un costado y del cual Mimi salió disparada cuando lo vio. –Así que en verdad es tu novio –Sus hombros dieron un pequeño zarandeo por la risa contenida. -¿Cómo reaccionó al saber que tu primer beso se lo robó el malo de la película?

Se sonrojó violentamente. Entonces, frunció los labios y aspiró cuan fuerte podía. ¡Lo mataría! ¡Lo juraba por todo lo sagrado que ella consideraba! Mimi le apuntó con su dedo índice.

― ¡¿Cómo te atreves a venir aquí y decir esa sarta de estupideces?! –Su voz sonaba alterada y ya se había dado cuenta que el cuida-coches los miraba con curiosidad, con toda la curiosidad que una discusión de pareja provoca en un transeúnte. Trató de bajar su voz pero no la amenaza en ella. –Escucha, sé que me detestas y descuida, es un sentimiento recíproco. Pero ¿Tendrías la amabilidad o por lo menos, la decencia, de irte de aquí? En verdad quiero volver adentro y no pretendo hacerlo con los nervios de punta.

― Muy linda. Bueno, escúchame tú a mí. –Repuso ahora Yamato dejando la comodidad del poste de cemento para avanzar hacia ella. Aunque claro, Mimi estaba demasiado nerviosa ―y pensando en Furikake― que no había ápice de debilidad en ella y eso lo advirtió perfectamente él. –En realidad, no vine aquí por ti. –

― ¿Q…Qué? - Y aquel nerviosismo dejó el rostro de Mimi para suplantarlo un semblante de real sorpresa. -¿Entonces para qué demonios he salido aquí afuera?

― No lo sé, realmente. –Se alzó de hombros fingiendo inocencia. –Quizá deseabas verme.

― Oh, por favor. Como si quisiera estresarme gratuitamente. –Dio un paso atrás, pero aun manteniendo la firmeza en ella, mirándolo despectivamente. –Si no has venido para molestarme, entonces ¿Por qué estás aquí?

Él le señaló con su dedo índice de nuevo el local y dijo.

― A qué no sabes quién es el padre de tu novio. –Ella parpadeó un par de veces sin comprender la pregunta de Matt, entonces instintivamente dirigió sus ojos de manera lenta y desconfiada hacia el restaurante frente a ellos. Matt previendo que la respuesta de Mimi sea negativa, dijo. –Es Michael J. Borton. El hombre de la disquera que nos rechazó ayer. –Y sonrió.

Mimi respiró entrecortadamente, pasando su mirada del restaurante a Matt.

― ¿P…Piensas…vengarte? ¡No lo permitiré, Ishida! ¡Si haces algo, te juro que…! –Su voz se alzó nuevamente, llamando la atención pero sin que ella se diese cuenta.

Matt, previó una escena poco deseada por él, la tomó por su brazo y la jaló hacia él para taparle la boca con su otra mano. Mimi con los ojos bien abiertos, trató de golpearlo, con su mano libre. Vio a Yamato maldecir por lo bajo y entonces, él jaló nuevamente de ella para que las luces dejaran de alumbrarlos. La acorraló contra la pared del restaurante y contuvo ambas muñecas de la joven con una sola mano, levantándolas sobre su cabeza castaña e impidió todo movimiento traicionero cuando Yamato, metiendo su pierna entre las de Mimi, la bloqueó. Era fuerte, se dijo, como para que con el uso de una sola mano le impidiese mover las suyas.

― Escúchame, no voy a hacerle nada. ¿Qué tipo de persona crees que soy? –Mimi ahogó un grito frustrado contra la palma de Matt. –Y no me insultes de esa manera. –Hizo una pausa exhalando un suspiro. –Mira, sólo quiero hablar con él y pedirle que su padre nos de otra cita para oírnos tocar. Sólo eso. –Mimi rodó los ojos como diciéndole que no le creía. Matt chasqueó su lengua y miró otro lado. –En verdad deseo esto, Tachikawa.

Mimi lo miró detenidamente, tenía el rostro ladeado hacia otro punto pero de todas maneras pudo ver un pequeño sonrojo en sus mejillas, como si le costara realmente sincerarse e hiciese todo el trabajo posible para lograrlo. Ella dejó de forcejear cuando él continuó hablando.

― No te conozco y no sé si has deseado algo con tanta magnitud que te cause un dolor en lo más profundo. –De a poco, fue mirándola. –La música lo es todo para mí. Es lo único que me hace sentir completo y que valgo para algo. –Mimi vio en los ojos de Matt súplica y aquel brillo de superioridad había dejado de alumbrar en sus lapislázulis orbes. ¿Podía creer en él?

Y luego, como si su mente quisiera quitarle el pequeño brillo de confianza que iba generando hacia Yamato, recordó la forma en que él se había burlado de ella, como fingió que la besaría y que la hizo sentirse especial para luego hacerla caer a un precipicio vacío y sin fondo. No, nunca volvería a confiar en él. Ese sujeto sólo quería engañarla una vez más y no le concedería el gusto.

Se removió bajo él un poco para que entendiera que no armaría un escándalo y así pueda soltarla. Él asintió y retiró sus manos de ella, mirándola expectante y para cuando estuvo libre al fin, ella lo miró a los ojos con toda la determinación que sentía en esos momentos.

― Lamento que no lograras la firma –dijo y Matt pareció sorprenderse. –pero no puedo hacer nada para que lo consigas. Y tienes razón, no me conoces y preferiría que se mantuviese de esa manera. Así que –comenzó a caminar para alejarse de la pared y volverlo a mirar. –no cuentes conmigo para ayudarte.

― ¿Qué? –Profirió estupefacto. –Tachikawa…

― No, lo siento. –Dio un paso más en retroceso. –Te agradeceré que te marches y no vuelvas a molestarme. –Se giró y le dio la espalda, comenzando a caminar nuevamente, dándole la espalda a Matt y a todo lo que él representaba para ella en esos momentos.

No lo oyó proferir absolutamente nada más, en verdad no se esperaba que ella le negase aquello, con tanta facilidad y frialdad. Pero ella no volvería a caer en su juego, no le daría la ventaja sobre ella.

Y mientras avanzaba, las palabras de Matt resonaban en su cabeza. No te conozco y no sé si has deseado algo con tanta magnitud que te cause un dolor en lo más profundo. ¿Alguna vez ella deseo algo tanto con aquella intensidad? No lo recordaba. Quizá porque todo lo que deseaba lo conseguía enseguida y no tenía que andar rogándole a nadie para que así fuera. Ella no luchaba por lo que quería, ella sólo lo exigía y lo tenía y estaba acostumbrada a ello.

La música lo es todo para mí. Es lo único que me hace sentir completo y que valgo para algo. Entrecerró los ojos mientras iba caminando hacia la entrada. Sus palabras no la dejaban pensar con claridad y estaban allí presentes, no la dejarían en paz y lo sabía.

Subió los escalones y vio al mesero abrirle la puerta con una sonrisa que ella no correspondió. Tenía la mente ocupada y alejada de la realidad. Caminó hasta la mesa en donde se hallaba Michael y éste no advirtió en su presencia –pues estaba de espaldas a la entrada- hasta que ella volvió a sentarse.

― ¿Meems? ¿Todo en orden? –Preguntó el muchacho rozándole la mano con cariño.

Ella bajó la mirada sobre la mesa y vio que sus platillos ya se encontraban allí. Volvió a mirar a su acompañante, tratando de sonreír aunque no se sentía con los mejores ánimos para hacerlo. Instintivamente, sus ojos se dirigieron al ventanal que a su izquierda le enseñaba el estacionamiento y parte de la calle. Ella buscó la figura del Ishida y lo halló arrancando el motor de su motocicleta, pero éste no le dirigió ninguna mirada. Algo en su pecho se estrujó y le aplacó la respiración por un segundo.

― Si… Todo es como debe ser.


[1]Es el nombre de una banda de metal alternativo, cuya imagen se identifica por el maquillaje excesivo y fomentando el estilo emo en sus peinados y vestimenta.

[2]Es el nombre de una legendaria banda japonesa de heavy metal con mucha trayectoria en cuanto a historia musical. En los primeros años se caracterizó por la vistosa vestimenta inspirados en la banda Kiss, llevando excesivo maquillaje y el cabello pintado en colores extravagantes y peinados alocados.

[3]El nombre "Amai Yukawu" fue invención mía y significa "Dulce tentación". Gran imaginación xD

[4]Es un condimento japonés deshidratado para espolvorear sobre el arroz y también tallarines.


.

N/A:

¡Muy bien! Aquí con todo el drama despidiendo el capítulo de hoy xD ¿Cómo les ha parecido el capítulo?

¡Ah, Hikari tiene competencia! D: ¿Eso ayudará para que el Takari se dé? Pues ya lo sabremos en la próxima próxima entrega xD

Y nuestro Tai que se deprime por todo lo que ocurrió con Sora, algo que ni Matt sabría exactamente qué fue. Pero aquí tenemos a Tai sonriéndose al pensar en Mimi… Umh, e.e

Adoro a este Kazu, tan únicamente divertido xD y teniendo un potencial inteligente que a penas lo hace lucir para no llamar mucho la atención eeeh xD

En fin… Aquí trayendo malas noticias D:

Mis queridos lectores, apenas y he empezado esta historia pero lamento muchísimo anunciarles que éste será el último capítulo que suba con continuidad, como lo he venido haciendo con los anteriores cuatro capítulos, debido a que retomo las clases en la universidad y el horario que me asignaron es Dioooos qué mierda, pero qué se le va a hacer D:

Trataré de seguir escribiendo cuando halle el tiempo indicado pero no quiero prometerles capítulos que estoy más que segura, me será difícil de publicar. Espero comprendan mi situación y lamento decepcionarles, pero sólo será un paro momentáneo que retomaré próximamente.

En verdad les agradezco por todo el apoyo que me han estado brindando en este fandom tan hermoso y ya siento que formé una pequeña y divina familia con ustedes.

Y bueno, me despido respondiendo los reviews :)

Eri-sshi: ¡Holaaa! Sí, todo gracias a ti, querida! :D Aaah, qué emoción que amaras este capítulo, yo también lo he hecho y Diooos qué casi lloro con Meems –ok, soy muy sensible xD- Ayy, si! Una se transporta y vive en carne propia la escena del MiMato xD Jajajaja Lo sée, Wallace se cae de tierno :3 Y el contrincante indicado para nuestro Takeru xD Ahora lo hemos visto con el inicio de unos celos infantes, a ver como reaccionará después e.e Y Mike sigue siendo ignorado en este capítulo. Pobre :c ser la sombra de Matt xD pero bueno, se le agradece por ser quien hará posible parte del Mimato :3 –Soy mala, lo sé xD- Tai se las lleva de lindo con todo esto del drama, pero en los siguientes capítulos se hablará más de su historia con Sora y del por qué aquel deseo por tenerla lejos. Jajaja descuida, el plan de decir que Mimi es su novia sigue en pié y dará sus frutos correspondientes e.e Así es, la borrachera de Kari que se ganó un rubiaso norteamericano ;n; ojalá me pasara algo semejante cuando me emborracho xDDD mentira jajajaja Ay, Dios si! Pero si les decía que sí todo sería color de rosa y me gusta hacerle sufrir a Matt :3 Lo admitooo! Ese chico es un potencial para Tsundere al igual que Koji *3* cómo los amooo! Me emociona tanto que te haya gustado el beso con tantas vueltas y dramatismos y seducciones y demases.. Muchos 'y' xD Lo mismo me sucede a mí cuando todo ya parece ir sobre ruedas y todos 'viven felices por siempre' Buuu! Aburrido! Pero trataré de salir del cliché para darle ese toque atractivo que nos gusta *n* xD Sii, Yamato se pasa de Tsundere con su madre a veces, pero va a ir mejorando ese relacionamiento con ella, pero tras un largo trecho :/ Ihhh, somos vagas con título y todo xDDD Tranquila, ya te harás de tiempo para eso, mientras… ¡A disfrutar! No me hagas caso que no soy quién para hablar xD en vez de hacer algo interesante en mis vacaciones me pasé leyendo como condenada jajaja tenía que empezar las clases de natación y danza, pero las suspendí para divertirme a mi manera xD ahora subí los kilitos que bajé en el año DDD: pero valió la pena :3 xD Oh y pos estoy estudiando arquitectura :D Soy un poco buena con el tema del dibujo y pos vivir de la escritura por acá es como un suicidio xD opté por otra de mis pasiones *3* Nos leemos!~ Byee!

IzzieBlake: Holaaa xD sí, me sorprendí por ello jajaja ¡Claro que sí, puedes llamarme como se te antoje! –le llama 'cleopatra' .-. ok xD- ¡Lo séee! ¡Lo lamento tanto pero no puedo hacer nada, aún no me enseñan a revivir a los muertos! TT^TT pero la tortura seguirá para tener un lindo final, te lo prometo *llora* El Michi está que arde sutilmente en este capítulo pero eso va a ir aumentando eeeh! xD Aaaay como me haces reír con tus comentarios xD Siii, ese Yamato es todo un malote sin remedio jajajaja Y aaash, me alegra tanto que te gustó el beso *3* Me inspiré tanto para que sea así de dramático y cute :3 Así es, Mimi se pasó de floja con Yamato en el beso pero qué vamos a hacer? Era su primer beso y Matt que se cae de sexy con su actitud, la cautivó por completo xD Pero en este capítulo recuperó la dignidad y lo enfrentó, aunque sigo pensando que se pasó un poquito de mala :c pero es que está dolida por lo que Yamato quiso jugar con ella D: ¡Exacto, además la historia así tendría más profundidad para contarse y lograr a lo que ellos más desean! Aunque ahora Mimi le puso un alto a Matt y veremos como se soluciona todo esto. Ayy, siii! Wallace anda de coqueto y ya cautivó a nuestra querida Hikari :3 Y ahora Takeru empieza a sentir unos ligeros celos, pero claro, aún no se trata de celos muy acentuados porque no se da cuenta de la gravedad del asunto D: Hacen una bonita pareja también con Wallace, pero la idea era el Takari, ojalá no me pase de egoísta y le de otro final xDDD Mentira jajaja Muchas gracias por tu comentario, que siempre me saca una sonrisota :D ¡Nos seguiremos leyendo! Bye!~

Ali0516: ¡Holaa! Sí, se pasa de malote ese Yamato que hace llorar a nuestra querida Mimi :/ Pero lo amamos igual, con todo ese aire de chico malo que enamoran a una *3* Así es, Wallace ya hizo acto de presencia y llevándose con él el corazón de nuestra Yagami :o En este fic, fomentaré el Kozumi (Koji x Izumi) así que ya tenemos pareja para él porque creo que –al igual que nuestro MiMato- son personalidades completamente diferentes que podrían atraerse y hacer una gran historia de amor *3* Jajaja Pero si necesito una OOC ya estás encabezando la lista ;) ¿Cómo te ha parecido los celos iniciales para nuestro Takeru? Ash, y ahora Izumi se mete como rival de Kari. Más drama para ellos jajaja Muchísimas gracias por tu comentario, nos seguiremos leyendo así que cuídate :D

Valeee: ¡Hola! Y muchas gracias por dejar un comentario con tus bellas palabras :3 En verdad me alegro tanto que te guste mi historia y te pongas feliz con cada capítulo. ¿Cómo te ha parecido el capítulo de hoy? ¿Te ha gustado? :D Así es, aquí el MiMato es el protagonista para hacernos la vida más feliz *3* Te entiendo, también lo amo! Y este Matt que ahora recibió el rechazo de Mimi con mucho drama avecinándose. Lamento mucho el hecho que daré un alto momentáneo a la historia, pero trataré de retomarla lo más pronto posible! En verdad lo lamento y espero comprendas. Nos leeremos. Cuídate :D

Observador del destino: Mucho gusto, Observador, en verdad me halaga que comentes esta historia. Pareces un buen crítico y respeto mucho eso. Así mismo, de eso se trata. Habrá mucho drama y obstáculos que harán crecer a todos y cada uno de los personajes, madurando con ellos y dando lo mejor de ellos para conseguir un final feliz. Planeo ponerles todo obstáculo puedan pasar para llegar a lo deseado. Tanto los sueños de uno, como al romance mismo porque no se los pondré muy fácil. Muchas gracias, en verdad mis mas sinceros agradecimientos por sus palabras y espero que el interés que tiene hacia esta historia continúe conforme los capítulos avancen. Espero que haya tenido un buen concepto de éste último y sin más que decir, me despido. Nos seguiremos leyendo.

Summerlilies: ¡Holiiii! :DDD Muchísimas gracias por dejar tu comentario y en verdad me haces sentir halagada con él :3 Gracias por tus palabras alentadoras e inspiradoras. ¿Fue tu cumpleaños? ¡Ah, mira como es el destino! ¡Feliz cumpleaños pasado! En verdad me hace feliz saber que te alegré el día y espero que con este capítulo haya hecho nuevamente :) Jajaja Aaaash, que emoción entonces que te encantó el MiMato y la intensidad de la escena *3* A mí también me fascino y extasió con todo lo sucedido jajaja Así mismo, el Takari sólo dio un leve inicio para hacerse más intenso en los próximos capítulos. Muchas gracias por tus palabras y tus ánimos, alegrándome con saber que me volví una favorita tuya! ¡Yeei, Fangirls pro MiMato Rulz! Tranquila, su sensualidad es para explotarla al máximo *3* Nos seguiremos leyendo!

Mariangeles: Hola, hola! No te preocupes, lo importante es que me lo has dejado ahora y me has hecho muy feliz :3 ¡Muchas gracias por tus palabras! ¡Estoy más que contenta, te ha gustado la historia y por sobretodo el último capítulo! Jajaja así es, Matt celoso es lo más sexy qué hay y habrá más. Espera cuando avance la historia te morirás de amor hacia él *3* y del MiMato en sí. Trataré de no hacer un romance cliché para que podamos disfrutar de las divergencias del amor en ellos y en las demás parejas. Así es, Matt –como había dicho- es un Tsundere en potencia jajaja Y sacará a relucir aún más ese apetitoso carácter suyo xD Por supuesto, Wallace y Mike ayudarán para dar forma al Takari y Mimato. Suspenderé por un momento la historia, pero prometo retomarla cuando me sea posible. Sin más, me despido y nos leeremos!~

.

.