¡Hey! I'm back :D bueno… no del todo xD Aún hay una parte de mí atrapada por la U y en verdad que no afloja eh! D': A penas tuve tiempo para escribir la continuación y después de casi un mes –quizá un mes en sí, perdí la noción del tiempo- vuelvo a traerles este nuevo capítulo lleno de muuucho drama, como el aderezo favorito del menú :3
Anyway, al pie del capítulo me explayaré mejor en lo que respecta el capítulo, así que iré directo al grano…
Hay un par de músicas que vienen incluidas en esta parte, así que si les gustaría escucharlas, ya les dejo los títulos:
* Without you here – Goo Goo Dolls (como amo este grupo xD)
* Run – Snow Patrol, pero más espefícifcamente la versión de Leona Lewis *3* (Oh, Gosh, es increíble esa canción)
Y eso por ahora.
Les dejo con las indicaciones narrativas añadiendo una más que serían el flash back y los sueños.
Guía Narrativa:
― Diálogo.
«Pensamiento»
"Énfasis"
Letra de canciones
Flash back.
«Sueños»
Miércoles por la mañana. Un bonito día iniciándose a penas, con el sol despertándose en el horizonte y las personas ya movilizándose desde aquella temprana hora por las calles de Odaiba.
Para las siete de la mañana el Instituto Superior de Odaiba ya se encontraba con varios alumnos disponiéndose en sus salones de clases o desayunando en la cafetería.
Y al igual que el movimiento estudiantil ya se sentía por sus pasillos, también lo hacía las fuertes zancadas que un par de pasos brindaba al pasillo del segundo piso. No había personas merodeando por aquel lugar para su suerte y fue éste dato el impulso propicio para dar aún más fuerza a su presencia.
Los castaños ojos de Mimi se centraban sola y exclusivamente en las puertas de caoba que la esperaban a tan solo unos pasos de allí. Sin vacilar tomó en mano el pomo de la puerta y lo giró tan fuerte que al abrir, la sonora golpiza la aturdió un poco.
Dentro del modesto lugar visualizó algunos instrumentos –batería, teclado eléctrico, bongos y un viejo piano― situados contra las paredes, mientras algunas butacas de madera se disponían en rondas y él se encontraba sobre una de ellas, era el provocador de los arpegios lentos que reinaba allí adentro. Yamato ni se inmuto en lo que respectó su ingreso.
― Ishida –nombró Mimi con el rostro sonrojado por la presura en sus pasos y el ceño acentuando su mal humor.
― Ya te oí hace cuadra y media. –soltó el muchacho sin mirarla, manteniendo los ojos clavados en las notas que formaba con sus dedos sobre el puente de la guitarra. ― ¿Puedo saber a qué debo tu inesperada visita?-
Ella se enderezó altivamente, cerrando sus manos en puños a cada lado de su cuerpo y recordando el por qué se encontraba en aquel lugar.
― Exijo una explicación –inició, ganándose una mirada rápida por parte del rubio con duda. –sobre el comportamiento de tus compañeros de banda. –Matt dejó entrever un bufido divertido y empezó a enderezarse en la butaca sin dejar de tocar la guitarra. ― ¿A qué vino aquello?- preguntó la castaña pero sin finalizar agregó ― Y no estoy de humor.
― Se nota. –respondió. –En verdad, no creí que harían algo al respecto esos tres idiotas. –continuó sin mirarla.
― ¿Q…Qué estás diciendo? – preguntó anonadada. ― ¡Creí haber sido muy clara contigo, Ishida! ¡No les ayudaré con Mike ni haré nada relacionado con ustedes! ¡¿Por qué tus amigotes no lo entienden?!
― Tachikawa – respondió luciendo su voz ronca, logrando que Mimi bajara su propio tono y lo mirara atenta. Él seguía sin mirarla. ― ¿Recuerdas cuando te había preguntado si habías deseado tanto algo a tal punto que te doliera? –Mimi lo miró dubitativa un momento pero acabó asintiendo. –Bueno, ellos desean esa firma con tal intensidad.
― ¡Pero eso es ridículo! –bramó Mimi extendiendo ambas manos y mirando al techo en forma dramática para centrarse nuevamente en Yamato. ―¡Hablen directamente con Michael, les daré su número si quieren, pero no me incluyan!
Matt no se inmutó ante sus palabras y estuvo en silencio por un momento durante en el que Mimi se debatía entre si la estaba ignorando o si en verdad no pensaba responderle. Pisoteó contra el suelo como berrinche, al tiempo en que lanzó un gritillo de protesta.
― Por más que te desligues de esa manera, seguiremos sin conseguir nada. Piensa, Tachikawa – repuso con voz cansina― Si tú fueras Borton y un puñado de mocosos desconocidos vinieran a pedir que firmes con su banda, ¿Lo aceptarías? – Mimi dudó un momento, comprendiendo a donde quería llegar. –Claro que no lo harás, ni por más talento que tengan. En cambio, habría otro tipo de compromiso si tu hijo viene y te lo pide, ¿no?
― Pero yo no…
― ¿Tú no tienes que ver en eso? ― completó Yamato a lo que Mimi habia querido decir recientemente. Ella frunció sus labios cuando presionó su mandíbula, conteniendo las ganas de gritarle. ― ¿Acaso piensas que el chico ese nos dará su ayuda gratuitamente? Ni nos conoce. ―dijo y por un momento dejó quietos sus dedos para mirar a la nada. Dio una pausa y luego enfoco sus ojos en Mimi. ―Pero tú eres su novia. ¿Tienes alguna duda al respecto?
― Y... Yo... ― ¿Por qué seguía pensando que ella era su novia? O mejor dicho, ¿Por qué ella no se lo decía? Lo pensó un momento y vio como Yamato la miraba directamente. Volvió a su semblante inicial. ― ¡No me interesa, Ishida! ¡Ellos no pueden estar inmiscuyéndose en mi vida para conseguir algo así! ― y tenía razón. Aquellos dos días anteriores fueron un infierno total cuando había puesto un pie en el Instituto.
El lunes por la mañana había llegado como era costumbre a las siete de la mañana, con la tranquilidad y frescura que un camino sin contratiempos le había brindado. Subió los escalones para ingresar a la institución y los sensores de las puertas se activaron, dejándola pasar. Caminó hacia el interior pensando en qué atractivo podía ofrecer para la Conferencia del miércoles, cuando observó como algunas personas –ya presentes en la Institución- se giraron a verla.
No es que fuese algo raro que lo hicieran, más bien lo que llamó su atención iba a por el hecho que compartían una sonrisa con cierta mofa. Extrañada, se detuvo un momento pero siguió caminando hacia la escalera. No quiso indagar mucho en aquel detalle. «Soy la nueva presidenta, es obvio que me conocen. También que me saluden de ahora en adelante» Se dijo a sí misma.
En el siguiente piso, más estudiantes estaban reunidos y recostados por las paredes, hablando tranquilamente. Pero como hace un momento, todos giraron al verla con una pequeña sonrisa. Nuevamente una extraña sensación se apoderó de ella y disminuyó la velocidad de sus pasos para que enseguida, volviera a recuperar la movilidad y alejarse de allí.
Siguió el trayecto que dirigía hacia su salón de clases, subiendo otra escalera más, otro nivel más y otras personas que le sonreían con aquella mofa en el rostro.
Era obvio que su nuevo título como presidenta no era la razón de aquel comportamiento. Había algo más pero no sabía que era. Se miró a sí misma, rebuscando a sus espaldas incluso si había algo fuera de lugar, si le creció una segunda cabeza o un tercer brazo. Pero todo en ella estaba en orden. Desesperada avanzó a un paso más acelerado para su salón, intentando no mirar a las personas que le sonreían con desdén y burla.
Pero antes de poder ingresar al aula, vio a Yolei interceptándola y sujetándola por el brazo derecho, impidiendo que siguiera avanzando. Mimi respiraba acaloradamente, sonrojada por lo alterada que estaba. Miró a su amiga quien le dedicó una mirada preocupada.
― ¿Puedes explicarme qué significa eso que está en tu pupitre, Meems? –dijo con tono serio.
Mimi parpadeó confusa y entonces se soltó de Yolei, avanzando lo más de prisa que pudo. Había unos estudiantes en la puerta, mirando y riéndose mientras observaban el interior del aula. Ella los empujó y se abrió paso para quedar pasmada de la sorpresa cuando vio que su asiento –que se encontraba ubicado en el centro mismo del salón― adornado por unos cinco canastos de rosas rojas, rosas y blancas, mientras un cartel sobresalía por el respaldo con hiraganas escritas diciendo "Acepta, por favor" y un pequeño globo en forma de corazón atado al cartel.
Quiso gritar, patalear y salir huyendo. Cambiarse el nombre y mudarse a algún lugar lejano, de ser posible. Pero lo primero que hizo fue avanzar hacia su lugar y explotar el globo en forma de corazón con sus uñas, como si con eso solucionara la humillación que le habían tirado encima. Iba a romper el cartel pegado a su respaldo cuando vio una pequeña nota en ella. La abrió y leyó, haciendo que las ganas de romper en llanto por la frustración la sedujesen.
»Querida Tachikawa:
Con este pequeño presente, te acercamos nuestros más sinceros deseos porque aceptes nuestro pedido. En verdad deseamos firmar con Serenity Records y tú eres la única que nos puede ayudar.
Con cariño
Kimura Koichi
(Tecladista de The Warrior Wolf.)«
Hizo añicos la nota en su mano, mientras su sangre hervía dentro. Su mirada, oculta por sus cabellos castaños, proclamaba ira, odio y ganas inmensas de matar y regocijarse con ello. Y eso sólo aumentó con los comentarios y risas poco disimuladas a sus espaldas.
Se volteó hacia los curiosos y su mirada de odio fue suficiente para hacerlos callar. Nunca habían visto a Mimi realmente enojada y aquella mirada que desprendía un aura abrumadoramente asesina hacía que más de uno pensara dos veces antes de seguir burlándose.
― ¡Yolei! –dijo y la de lentes acudió de prisa a su lado. –Ayúdame a deshacerme de estas flores. –su amiga asintió atemorizada por aquel cambio en Mimi y de prisa la ayudó, tomando en sus manos una de las canastas. Luego Mimi miró a otros de sus compañeros. ― ¡¿Qué esperan?! – rápidamente muchos de ellos se acercaron para tomar las canastas restantes y así salieron del aula para dirigirse al jardín principal. Ya el jardinero sabría qué hacer con ellas.
La humillación no tenía precio para la muchacha, pero ese lunes solo fue el inicio.
Al día siguiente, aunque no hubo ninguna sorpresa aguardándola, en su escritorio había una pequeña nota. Nada ostentoso ni vistoso como lo fueron las canastas y el globo, sino una simple nota doblada con su nombre «Tachikawa Mimi» escrito en él. Con total desconfianza la tomó entre sus dedos y la abrió para leer su contenido. Era corto y conciso, pero cargado de autoridad.
»Jardín trasero. 12:00 p.m.«
― Oh, claro que no iré. –murmuró para sí misma al tiempo que arrugaba la nota en su mano. ¿Por qué debería hacerlo?
Y así como su fuerte voluntad lo dictaminó, ella no se movió de su pupitre cuando la hora del almuerzo llegó. Prefería morir de hambre que verse involucrada en aquel juego enfermizo del cual, estaba segura, se rendirían cuando viesen que ella no cedería.
O eso pensaba.
Estaba completando las líneas de su libro de gramática japonesa cuando las puertas de su salón se abrieron con un golpe seco. No había nadie en su aula salvo ella. Recientemente habían salido todos sus demás compañeros de clase para ir a almorzar, por lo que no pensó que se tratara de ellos. Ni siquiera Yolei, ya que ella había ido con Kari a la cafetería.
Y cuando el sonido violento de la puerta la sorprendió, se giró a ver quién era, más su alma se cayó por el suelo al ver aquella infaltable banda cubrir la cabeza de su portador. Por un momento, a Mimi le pareció que aquella costumbre que poseía el Minamoto por cubrirse la cabeza con una banda tenía un trasfondo religioso, pero prefirió obviar esa observación cuando lo vio avanzar hacia ella con paso firme y casi robótico.
Ella lo siguió con la mirada hasta que éste se detuvo frente a su pupitre, dedicándole su semblante serio y el ceño fruncido, mientras un tic nervioso se apoderaba de su labio cuando éste trató de formular una sonrisa; claro que lo último en parecer era eso.
Mimi enarcó una ceja con veraz duda por su presencia, pero antes de inquirírselo, fue interrumpida por el azabache cuando éste depositó ―casi con demasiada fuerza― un obento negro, simple y oscuro (al igual que él) sobre su pupitre, sacando un ligero sobresalto de Tachikawa. Ella pasó su mirada sorprendida del obento a la del Minamoto, pero él no la miraba, sino que estaba cabizbajo.
― ¿E…Esto…― preguntó con duda la castaña, pero enseguida Koji levantó la mirada y ella se sorprendió de encontrar en las mejillas del muchacho un ligero sonrojo. Él la miraba con el ceño fruncido al igual que sus labios, ya sin intentar sonreír, sino que expresaba con ello que estaba haciendo algo que no deseaba.
― Come. –dijo simplemente y se giró hacia la silla que tenía enfrente para sentarse en ella, dándole la espalda a Mimi.
― Eh… ―Ella tomó el obento con algo de extrañeza y miedo. Miró nuevamente la espalda de Koji. ― ¿Gracias? – abrió la pequeña caja negra y se encontró con verduras cortadas en pequeños trozos con un poco de camarones pequeños y dos bolas de arroz salpicadas con furikake.
Sudó frío y de prisa, lo volvió a cerrar, deslizándolo hacia donde estaba Koji.
― N…No puedo aceptarlo. –murmuró intentando reprimir las arcadas que le genero ver el furikake sobre el arroz.
Él se volvió hacia ella violentamente, sobresaltándola.
― No puedes. Debes comer. – insistió él ya sin rastro alguno de sonrojo.
― ¿Por qué?
― Para que aceptes nuestro pedido. – Mimi parpadeó un momento y luego, al comprenderlo todo, se puso de pie inmediatamente mirándolo con rabia.
― ¡No lo haré!
― Te ordeno que lo hagas. – siguió él también levantándose, a lo que ella frunció mucho más el ceño.
― No.
― Hazlo.
― Ni hablar. – se giró y caminó apresuradamente hacia la salida.
La mano de Koji sujeto su muñeca con fuerza, deteniéndola. Se volteó a verlo y cuando su mirada oscura se posó sobre la suya, algo dentro de ella le decía que él no desistiría. La fuerza que expresaba Koji en sus ojos era tan imponente como la de Yamato.
Entonces recordó la vez que Yamato la sujeto de esa manera y la atrajo hacia él para besarla. Un escalofrió se removió desde su columna hacia su nuca cuando se percató de la cercanía que llevaban entre ambos y de que la puerta del salón se encontraba cerrada. «No me besaría. Él no lo haría…» ¿Cómo estaba tan segura? Pues él no era Yamato.
― Acepta de una vez por todas. - dijo Koji, sacándola de sus pensamientos acentuando su agarre. Ella frunció el ceño molesta.
― Olvídalo. - bajó los ojos hacia su muñeca apoderada por el Minamoto y luego devolvió su mirada hacia él en un segundo. – Suéltame. Me haces daño.
― Acepta y lo haré.
― ¡Que me sueltes, maldita sea! - y entonces, aprovechando su cercanía, levanto su pie para estrellar la punta del talón contra el pie de Koji. Lo pisó con toda la fuerza que pudo concebir y se alegró de oír un gruñido de dolor por su parte. La soltó entonces, así que en un rápido movimiento por alejarse, se giró para abrir la puerta detrás de ella y salió.
Abandono la tarea de cerrar el salón para empezar a correr con todo lo que sus piernas le permitían, meciendo su falda sin interesarle que algo por demás se viese. Solo quería huir. Lo escuchó llamándola por su apellido pero ni se volvió a verle. Mientras supiese que aún estaba lejos de ella no le preocupaba que le estuviese pegando alaridos por todo el colegio. Aunque debía agradecer que no hubiesen personas por los pasillos que pudiesen ver aquella escena tan extraña.
Oyó que sus acelerados pasos no eran los únicos retumbando por el pasillo, así que miró por sobre su hombro para confirmar su temor. Él también había echado a correr para atraparla.
Su adrenalina subió y si su huida anterior no era lo suficientemente desesperada, ahora si creía serlo. No era buena en deportes, es más, siempre era la última en llegar en las carreras. Ella misma se decía ser un fiasco con lo físico. Era necesario mencionar que las buenas notas en cuanto a esa materia se lo debía a su facilidad con la retórica y diplomacia.
Sin embargo, en esos momentos no había relojes cronometrando sus corridas, ni una expectación meramente calificativa. Esto era un intento por sobrevivir. Para su suerte, aquel dramatismo le duro poco al ver la única alternativa de escape con que podía contar: la señalización de los baños.
Se metió al baño de mujeres, rogando porque Koji no fuese como Yamato y obviara el espacio privado. Estaba más que claro que si se hubiese tratado del testarudo del Ishida, el hecho que se escondiera de él en un baño de chicas no serviría para alejarlo. Comprobó que el reservado bajista resultó ser respetuoso en cuanto a eso y tras proferir reclamos contra ella o el sexo femenino, se marchó viendo que no conseguiría nada con estar de pie frente al baño.
Aquellos días fueron alocados y muy extraños para Mimi. Ya bastante tenía con ocuparse de su nueva labor como presidenta, organizando eventos escolares, cuidando la organización de los clubes, velar por las cuestiones que competen al alumnado en si como para tener a dos locos correteándole con la intención de que aceptara algo que, decía ella, no la involucraba.
― Acepta y te dejarán en paz. – repuso Yamato sin disimular la gracia que le daba todo aquello. Mimi respiró profunda y sonoramente, intentando no reaccionar mal.
― No lo haré. – dijo. ― ¿Puedo preguntar… – siguió ella tras un momento, armándose de valor al recordar que se hallaban solos en ese lugar. – por qué no has insistido también tú?
― Me has dejado en claro las cosas, Tachikawa. – respondió sin emoción alguna en la voz, sorprendiendo a Mimi. Ella, inconscientemente, dio un paso atrás, mientras lo miraba con ojos sorprendidos. – No soy de los que ruegan y créeme que aunque desee desesperadamente esa firma, Borton no es el único a quien podemos recurrir. – y volvió a mirar su guitarra.
Sus palabras estaban cargadas de decisión. Él no le rogaría, estaba claro y saber eso hizo que algo en Mimi se encogiese diminutamente dentro de su pecho. Como si una pequeña ventana de luz se cerrara y la inundara la oscuridad. Trató de apartar esos pensamientos ridículos y retrocedió con paso firme para volver hacia la puerta.
― Ojalá tus compañeros entendieran las cosas como tú. – lo miró por encima del hombro al decir esto, esperando que él la estuviese viendo marchar pero no. Él no la miraría. Apretó sus puños a los costados. –Hazles saber que no cederé y que se dejen de molestar. Hoy tengo una importante conferencia y no deseo que me lo arruinen.-
No hubo respuesta. Salió finalmente de la sala de música, cerrando la puerta tras de sí. Se recostó en la madera y sintió que le pesaba el cuerpo. Sus uñas se sujetaron con fuerza al rasgar superficialmente la puerta que la respaldaba. ¿Por qué se sentía así?
Trajo a su mente la forma en que Yamato la observó hace un momento. Totalmente diferente a como lo hacía antes. Cargada de superioridad y diversión, disfrutándola con la mirada. Tampoco es que esperara algo de él. No después de haberle negado algo tan importante para él como lo hizo aquel sábado por la noche.
Movió la cabeza hacia los lados, negándose a pensar más en ello. Tenía otras cosas en qué gastar tiempo y mente. Y tratando de que aquello no la desconcentrara, se alejó de allí.
Vertió más harina dentro de la cuenca de vidrio, para seguir mezclando con las chispas de chocolate, dándole forma a la masa pegajosa que se batía entre sus dedos. La siguió amasando y untándose las manos con ella cuando la puerta se abrió y la asustó.
― Ken… ― nombró al reconocer al muchacho que ingresó a la cocina del Instituto. Yolei sonrió al ver que traía dos bolsas con más ingredientes para galletas. ― ¿También Mimi te ha encargado algo?-
El Ichijoji le respondió con pena asintiendo a su pregunta. Cerró la puerta con su espalda y se dirigió a la mesa de madera que tenían en el centro. La sala era amplia, pero las cocinas y hornos, junto con el resto de los mobiliarios de cocina llenaban sus esquinas, dejando que en el centro se ubicara una mesada de roble alta y oscura. Sobre la que estaban cuencos sucios y vacíos, con cucharas igual de manchadas, vasos de agua y leche también vacíos.
― Veo que el huracán Tachikawa estuvo aquí. – bromeó Ken cuando se acercó hacia Yolei, recostándose y mirándola disimuladamente. Miyako sonrió.
― Así es y para colmo, me deja con el trabajo por acabar. – respondió con cansancio.
Un mechón de cabello se liberó del rodete que sujetaba su largo y sedoso cabello. Iba a acomodárselo, pero los dedos de Ken fueron más rápidos y ya lo tenía entre ellos, para llevárselo tras la oreja de Yolei.
― G…Gracias. – susurró sonrojada, intentando no mirarlo, pues su cercanía le aceleraba el corazón y hacía que su respirar fuese inestable.
Él lo notó y alejó su mano de ella y aunque no podía apartar sus ojos de su rostro, por lo que se forzó voltear a ver los hornos encendidos. Yolei lo observó disimuladamente por el rabillo de sus ojos.
Eran amigos, o eso decían. Pero los amigos no se miraban de esa manera y lo sabían. Había mucho más entre ellos que no se podía obviar simplemente, pero tampoco hacían mucho para sacarlo a relucir. Y había una razón fundamental para no hacerlo. Ichijouji Osamu.
Osamu, un muchacho azabache y atractivo de lentes, es el hermano mayor de Ken y la razón por la cual hoy, tanto él como Miyako se conocían.
No hacía mucho tiempo que la familia Inoue se había mudado a Odaiba, pero como toda mudanza implicaba un cambio, también los miembros de la familia debían afrontarlo.
A Yolei, el cambio no sabía con el mejor de los sabores. Es más, le aterraba tener que afrontarse a una nueva ciudad, donde no conocía a nadie y el tener que empezar de nuevo –colegio, amigos, lugares- la deprimía.
Quizá fuese obra del miedo mismo, pero la primera semana en el colegio no se caracterizó por ser la mejor de todas. Las personas la observaban en silencio, estudiándola y muy pocas personas se dignaban a hablarle. Lo odiaba.
Fue una tarde que su madre le había pedido que fuese a comprar algo del minimercado a unas cuadras de su nueva casa que aquella mala racha cambió.
A regañadientes fue al lugar y con la lista en mano, iba leyendo lo que necesitaban en su casa. Estaba tan metida en lo que iba en la lista que no se fijó en su caminar y acabó por chocar contra el carrito de alguna persona. Se acomodó los lentes y pidió disculpas, sin percatarse que la lista desapareció de su mano.
Para cuando levantó el rostro, ya se encontraba frente a un muchacho atractivo de quizás uno o dos años más que ella, sonriéndole divertido. Miyako se sonrojó y volvió a pedir disculpas. A él no pareció importarle así que continuó con su trayecto, pero Yolei había perdido el norte de sus compras. Su pequeña lista se había caído y no lo hallaba. Mirara donde mirara, perdió la lista. Se giró hacia donde iba caminando el muchacho y se armó de valor para llamarlo.
― ¡D…Disculpa! – y él se volvió a verla, entonces se sonrojó aún más. Agachó la mirada para seguir diciendo. -¿N…No has visto mi lista? – el joven enarcó una ceja y dejó su carrito para aproximarse hacia ella. –Mi lista de compras.
― ¿Te refieres a esta? – preguntó el muchacho mientras se ponía de cuclillas y recogía de entre unas latas de durazno un trozo de papel mal cortado. Lo examinó mientras se reincorporaba y sonrió al ver que en el título iba escrito "Para Miyako". – Supongo que eres Miyako.
Le tendió el papelito y ella asintió con bochorno. ¿Cómo a su madre se le ocurría escribir su nombre allí, como si fuese a olvidarse quién era ella? Carraspeó e iba a seguir caminando pero la voz del muchacho la detuvo.
― Mi nombre es Ichijoji Osamu. – Ella se giró a verlo y lo vio sonreír amablemente.
Desde ese momento, supo que su mudanza no fue tan mala. Y desde entonces, adoraba ir al mercado para encontrarse con Osamu y pasar el rato juntos, charlando y divirtiéndose. Se volvieron muy buenos amigos y los encuentros dejaron de hacerse vía mercado.
Acostumbraban a salir a caminar o ir a comer en algún lugar, pues pasado el tiempo iban dándose cuenta que tenían muchas cosas en común, en especial con la electrónica. Por la misma razón iban a eventos que competían tal tema que a ambos encantaba.
Y fue una tarde de enero que por primera vez Miyako había llegado a la casa de los Ichijouji por invitación de su amigo. Era la primera vez que pisaba su hogar así que quería dar una buena impresión a los que vivían allí. En cuanto ingresó a la morada, vio a un muchacho de su misma edad sentado en el sofá de la sala leyendo lo que parecía ser un libro. Pero al acercarse pudo ver que se trataba de una novela ligera, la de V de Vendetta. Uno de los favoritos de Yolei.
Osamu le había comentado que tenía un hermano menor de la misma edad que ella, así que supuso se trataba de él. Observó la sala en donde se encontraban y viendo que su amigo aún no bajaba –y movida por lo aburrida que estaba-, intentó tomar conversación con aquel chico sin lograr mucho.
El muchacho era muy cerrado y ni siquiera le dirigía la mirada cuando Yolei le hablaba. «Aburrido» vino a la mente de Yolei mirando despectivamente a Ken sentado al otro extremo de la sala. Era el tipo de chico que ella no soportaba. Mal inicio para su relación con el hermano de su amigo, pensó.
Pero aquella no fue la última vez que pisó esa casa, ni la última que vio a Ken. Aunque era de esperarse que en los siguientes encuentros tampoco hablase mucho con él, Yolei iba acostumbrándose al muchacho.
Ella no pensó que su relación con Ken pudiese pasar de un saludo a más, hasta que llegó a la casa de los Ichijouji nuevamente pero ésta vez Osamu no se encontraba. Fue Ken quien le informó sobre ello al salir a recibirla. Cuando él le dijo que su hermano no estaba, pensó en regresar por donde vino, hasta que Ken –parado en la puerta― dijo.
― Si quieres, puedes esperarlo adentro. Hace frío. –Y era verdad. El invierno estaba latente a su alrededor. Ella sonrió como agradeciendo el gesto y asintiendo Ken se hizo a un lado para dejarla pasar.
Aquella tarde la pasó junto a él, charlando de temas variados, riendo y hasta discutiendo sobre temas triviales que no pensó poder entablar con el hermano de su amigo cuando lo conoció recientemente. El tiempo fue transcurriendo demasiado rápido para el gusto de ambos, sin que la presencia de Osamu se diese.
Llegó la noche, aún con Yolei presente en casa de los Ichijouji, sonó el teléfono y el muchacho fue a atender pues sus padres no regresaban aún de trabajar.
Yolei, que había estado recordando aquellos sucesos, apretó con fuerza la masa viscosa que tenía entre las manos al rememorar precisamente ese momento. Cuando todo ocurrió con aquella llamada cargada de dolor y desesperanza.
Osamu había tenido un accidente de regreso a su casa cuando un auto lo atropelló y el conductor huyó. Cuando lo supieron, no hubo tiempo de miramientos y ambos fueron de prisa al centro de salud en donde se hallaba su hermano internado, varado en un estado de coma que muchos médicos habían dicho que sería imposible regresar.
Fueron los días más ruines de toda su vida. Yendo después del colegio al hospital para visitar a Osamu y ver a Ken pegado a una silla tras el vidrio que impedía acercarse a su hermano sumido en la inconsciencia.
Aún recordaba que se había quedado a su lado hasta la noche, cuando sus padres le llamaban para que regresara. Ella odiaba tener que irse, pero Ken le sonreía y le decía que estaba bien. Pero fue una noche cuando quiso hacer caso omiso al pedido de sus padres por regresar, sólo para estar junto a sus amigos un rato más.
Sentada junto a Ken, observaba el vidrio que los separaba de Osamu. Entonces lo oyó decir.
― Deberías irte ya. – Yoleí lo miró. Aquellas palabras le dolieron pero sabía que no estaban dichas con tal intención. Sólo asintió y se levantó, pero no quería mover sus pies.
― Volveré mañana. – dijo ella y mientras se decidía a marcharse, sintió la mano de Ken sobre la suya. Ella se volvió a verlo pero éste se mantenía cabizbajo, aún sentado sobre la silla. -¿Ken?
― Él te quiere mucho, Yolei. – comentó en un murmullo que poco pudo oír su amiga. Ella se acuclilló frente a él, intentando verle el rostro. Ken levantó la mirada y ella vio que el muchacho poseía unas ojeras oscuras que parecían golpizas bajo sus ojos. El cansancio era un hecho en él. –Él te quiere mucho…
― Y a ti también, Ken. – dijo Yolei con ternura, acariciando el rostro de su amigo. Pero Ken negó con la cabeza, confundiéndola.
― No, es mentira. – ella negó, pero él no parecía verla. – Él no me quiere, porque… - se relamió los labios y cerró los ojos. Ella trataba de entender qué sucedía, pero entonces Ken añadió. – Porque yo te quiero a ti. –los ojos de Yolei se abrieron sorprendida ante sus palabras y supuso que aquella confesión no era más que el producto del cansancio en el joven.
Miyako se fue enderezando y tomó las manos de Ken para que hiciera lo mismo. Él así lo hizo. Ken le llevaba a Miyako una cabeza de diferencia, pero eso parecía no importarle a la joven, quien lo abrazó fuertemente. Él dio un suspiro cuando sintió el cuerpo de Yolei contra el suyo y correspondió seguidamente. Entonces, se separó un poco de ella para mirarla.
Estuvieron en silencio un momento, observándose a los ojos. Y entonces, Yolei fue consciente de algo que con Osamu no sucedía, aún con todo el tiempo que llevaba conociéndolo.
Y eso era aquel magnetismo con el que su propio cuerpo respondía al de Ken. Esa pertenencia inmediata que sentía hacia él, como si supiera que ella y él eran el uno para el otro. Y parecía que esa sensación no solo ella lo sintió, sino también Ken, pues éste fue acercándose a ella y acabó la distancia con los labios puestos sobre los de Miyako.
Ella pareció sorprenderse al inicio, pero no tardó en acercar su cuerpo al de él. Cerró los ojos y sintió el sabor de los labios de Ken sobre los suyos. Tenían sabor a café y eso era porque el muchacho vivía a base de ese líquido para mantenerse en vela junto a su hermano mayor.
Fue la primera vez que lo sintió de esa manera, como si no necesitara otra cosa más que Ken, besándola y sintiéndolo de esa manera. El beso fue casto pero sentido, aunque no duró mucho más, puesto que él lo deshizo para mirar a su hermano tras el vidrio.
― Miyako – habló Ken sacándola de sus pensamientos. Le sorprendió al verlo sonreír tímidamente, aunque más bien parecía tratando de reprimir una carcajada. Ella no ocultó su desconcierto, pero cuando la mano del muchacho acarició su mejilla y la alejaba nuevamente, comprendió que acababa de limpiarle una gran mancha de masa para galletas. – Recuerda que las galletas son para los demás.
Aquel beso no se volvió a repetir ni a mencionar siquiera. Osamu continuaba en coma, así que eso parecía ser la razón por la cual Ken no podía actuar con libertad. El porqué se mostraba ajeno a ella cada vez que podía.
Pero a pesar de todo, ella lo conocía con profundidad y allí estaba nuevamente aquel lado de Ken que muchos no conocían. El chico gracioso, sereno y cariñoso. El joven que ella fue conociendo a partir de ese fatídico día. Y del cual se había enamorado perdidamente.
― Sigue hablando y no habrá galletas para ti, Ichijouji. – fingió enfado para tomar un poco de crema en las manos y esperando a que Ken bajase la guardia, acercó su mano manchada hasta la mejilla del muchacho, sacando de él un semblante sorprendido. – Y esto te ganas.-
Él reclamó para así meter la mano en el cuenco y lograr lo mismo que Miyako, mancharle el rostro. Entre risas y amenazas, estuvieron llenándose de crema el rostro y cabello, hasta que Ken se apoderó de las manos de Yolei y la sujetó a cada lado de ella para que no le siguiera manchando.
Ambos reían a carcajadas hasta que sus manos descendieron de a poco, dándose cuenta en qué tipo de situaciones se hallaban. Ambos con la cercanía propicia para que un pequeño movimiento lo acabara. Sus ojos mirando a los del otro. Las sonrisas aún presentes pero descendiendo cuando el aliento del otro rozaba su rostro.
― ¿Recuerdas cuando escuchamos esa canción de Goo Goo Dolls? – comenzó a decir Ken soltando las muñecas de Yolei para acariciar sus brazos. Ella asintió simplemente. – me preguntaste si significaba algo para mí y dije que no – volvió a asentir.
Recordaba que hace tiempo ambos se encontraban en la habitación de Miyako escuchando música y hablando de trivialidades, como lo hacían siempre, cuando sonó Without you here y la muchacha no pudo evitar pensar que aquella canción la describía increíblemente cuando estaba con el menor de los Ichijouji.
― Pues debes saber que… – dijo entonces él, acortando la distancia entre ambos. – mentí.-
Y sus labios se unieron, acabando con la separación. Ya no les interesaba que estuviesen empapados con mezcla para galletas, o que el trabajo de acabar esas galletas aún no finalizara. Se abrazaron con fuerza y profundizaron el beso que hace tiempo habían deseado.
Lento y demandante. Yolei llevó sus manos al rostro de Ken para intensificar aún más el beso y él la abrazó por la cintura, atrayéndola hacia él, sintiéndola y deseándola como lo había venido haciendo desde que se habían conocido.
Se separaron un poco para tomar aire y mirarse. Ambos tenían el rostro sonrojado y una sonrisa en los labios. Miyako bajó la mirada a sus manos y luego echó a reír al darse cuenta que había llenado de mezcla el cabello de Ken.
― Graciosa. – repuso él entrecerrando los ojos y dándole otro beso corto en los labios. – Vamos, casi hemos desperdiciado toda la masa.
― ¡Oh, es cierto! ¡Mimi me matará! Ella quería que las quinientas galletas estén listas para la conferencia de esta tarde. – se giró para volver a su labor. ― ¿Me pasarías la bandeja de acero que está en la repisa?
― Claro. – respondió yendo hasta donde le había indicado la muchacha y regresó hacia ella. – Déjame ayudarte. – Ella le sonrió abiertamente. Le vendría muy bien algo de ayuda, ya que Mimi no se encontraba en esos momentos con ella. ― Dime, ¿Es necesario que estés también tú en la conferencia? – Yolei le dedicó una mirada curiosa. – Quería llevarte a un lugar.
― Supongo que Mimi puede arreglárselas sola. – sonrió y comenzó a darle forma a las galletas para que luego, Ken las colocara sobre la bandeja de acero.
― ¡Muy bien! ¡Esta es la última oportunidad que tenemos para que acepte nuestro pedido! – dijo con euforia el baterista de la banda. –Todos han fracasado en la tarea de conseguir que Tachikawa nos ayude. – miró a los gemelos. – Malas estrategias, mis queridos amigos.
― La mejor forma de llegar a una chica es con detalles. No entiendo por qué tuvo que ser diferente con ella. – se excusó Koichi echando un suspiro cansado, mientras se recostaba en el respaldo de la silla, ubicado a un lado de Kazu.
― Mi idea de exigírselo iba a resultar si esa niña no fuese tan testaruda. – añadió molesto Koji mirando en otra dirección, con el orgullo claramente herido.
Los tres instrumentistas de la banda se encontraban sentados en la fila de sillas blancas que desfilaban sobre el pasto del patio trasero de su colegio, como el resto de los estudiantes. Casi nadie respetaba las reglas de que cada club debía sentarse juntos, eso se podía ver con claridad. A margen de ello, era sorprendente que todos los alumnos –o al menos la gran mayoría- estuviese presente.
Faltaban unos minutos para que la hora acordada llegara y la imagen de Tachikawa Mimi subiese tras el estrado. Todos tenían sus inquietudes y solicitudes escritas en papeles blancos que irían nombrándolas en voz alta, en cuanto Mimi diese micrófono abierto para ellos.
Mientras tanto, Kazu, Koichi y Koji estaban sentados en la última hilera de sillas, esperando a que el momento llegase y poner en marcha su "Infalible plan".
― Repitamos el plan. ― dijo entonces Kazu mirando a sus costados.
― Cuando Mimi salga y de la palabra a los alumnos... ― empezó a decir Koichi encogido de hombros.
― Levantaremos las pancartas y carteles. ― continuó su gemelo. Koji miró a Kazu con una ceja enarcada. ― ¿En verdad crees que accederá si la avergonzamos así?- Koichi se arrimó hacia el Shiota para poder oír mejor a su gemelo, asintiendo a sus palabras.
― Es verdad, ella solo se enojara y nunca nos considerara si llamamos la atención de esa manera.
― Ya, ya. Dejen de llorar, niñas. – respondió Kazu sonriente sin prestar atención a sus palabras, mirando al frente con decisión. –De ahora en adelante, el increíble Hero Kazu se encargará de todo. Y acuérdense de mi cuando esa muchacha acepte ayudarnos.
»Saldré con Ken. Te he dejado las galletas en el horno.
Besos. Yolei«
Leyó el mensaje que le había enviado su amiga recientemente con cansancio y frustración. «Por supuesto, ve a divertirte mientras me dejas todo el trabajo» pensaba Mimi con molestia.
Faltaban pocos minutos para que la tan esperada Conferencia iniciara. Como la nueva Presidenta, tenía que tomar una estrategia que capturara más público y por sobretodo, mantenerlos hasta el final, Mimi se valió de la comida para tal hecho. Después de todo, era una de las tantas formas en que se podía conquistar a las personas.
Miró su reloj en el teléfono y calculó el tiempo en que las galletas deberían de estar todas para así ir ofreciéndolas al público. Por supuesto, eso daría una buena imagen de ella como la Nueva Cabeza del Instituto, alguien quien se preocupa en verdad por las personas.
Guardó de nuevo su teléfono en el bolsillo de la falda verde que componía su uniforme y regresaba la vista a lo que hace un momento estaba haciendo. Algunos alumnos de distintas clases, conformantes de la directiva junto a ella, se habían encargado de que todo estuviera listo para ese momento. Las sillas, los logos de los clubes, todo.
Ella, por su parte, supervisaba todo conforme creía conveniente y al parecer, saldría así tal cual lo planeó. El orden de las cosas, los lugares y por sobre todo la conexión de cables, previendo que no le sucediese lo mismo que aquella ocasión en la que debía dar su charla presidencial.
Pero claro. Este día, sería muy distinto. Trató de sonreír; ya tenía todo listo y presto. ¿Por qué no estar satisfecha y feliz? Dejó escapar un suspiro derrotado, bajando los hombros en el acto.
Los ojos de Mimi fueron hacia el estrado y aunque mantenía la mirada fija sobre él, tenía la mente en otro sitio. No podía evitar sentirse con un gran peso en el pecho al recordar al protagonista que causó disturbio con su charla presidencial.
Y allí nuevamente aparecía Ishida en sus pensamientos. Frunció el ceño y entrecerró los ojos con angustia. Cada segundo tenía que hacer mención de él o algo relacionado. Intentaba mantener la mente alejada de todos lo que involucraban a aquel sujeto, pero parecía imposible. Pero en esos momentos era aún peor por el sabor amargo que le había dejado su último encuentro con él en la sala de música.
―Me has dejado en claro las cosas, Tachikawa. No soy de los que ruegan y créeme que aunque desee desesperadamente esa firma, Borton no es el único a quien podemos recurrir-.
Sus palabras frías le entumecían el pecho. Inconscientemente, se llevó una mano sobre el mismo, apretándoselo ligeramente, como pensando que de esa manera, esa sensación molesta se alejaría de ella.
― Tachikawa –la llamaron y se volvió en redondo, encontrándose con un menudo muchacho azabache de lentes. Era su asesor, Sanada Toshiro. –Ya está todo preparado. Y los estudiantes ya están tomando asiento. ―dijo cuando estuvo junto a ella, acomodándose los lentes con su dedo índice.
Mimi dirigió su mirar hasta donde las sillas blancas, corroborando lo que acabó de oír.
― ¿Ya se encuentra aquí el periódico escolar? – preguntó a Sanada sin despegar la vista del frente.
― Ahora mismo se están colocando en el extremo izquierdo.―
― ¿Y los clubes?
― Ya están todos. – dijo y una pequeña sonrisa se posó en el chico de lentes mirando a los estudiantes para después, dirigirse a la castaña. –Sin excepción alguna. Todos y cada uno de los clubes han confirmado su asistencia y están acomodándose en estos momentos.
El bullicio sólo acentuó la gran cantidad de personas presentes, sorprendiéndola. Aquello era realmente conmemorativo. Normalmente, al realizarse ese tipo de conferencias, pocos clubes confirmaban su asistencia y eran aún menos los que aparecían en aquel evento.
Sea lo que fuese el motivo real, este año era diferente y no mentía al decir lo orgullosa que se sentía por ello. Exhaló un suspiro tranquilo y sonrió también para ella. Entonces, se volvió otra vez hacia Toshiro.
― Sanada, avísame cuando estén todos; de esa manera iniciaremos con la conferencia. – culminó aquello y entonces el muchacho asintió para alejarse.
Mimi lo vio marchar hacia los encargados de la prensa y otros alumnos más, llevando a cabo su orden. Entonces también ella se alejó pero hacia donde se encontraba su amigo Koushiro, nuevamente a cargo de las instalaciones de sonido y cables.
El pelirrojo llevaba los auriculares puestos, probando la entrada y salida del sonido, así que no se percató de la llegada de Mimi hasta que ella agitó su mano frente a él, para llamar su atención.
― Oh, Mimi. – saludó el muchacho bajando los auriculares para posárselo sobre los hombros. –El sonido ya está listo y no habrá interferencias esta vez.
― Eso es genial, Izzy. – sonrió. Fue hacia donde la gente iba ubicándose, estudiándolos en silencio.
Pudo distinguir a Takeru junto a una chica rubia muy bonita de cabello largo, hablando animadamente con él, mientras al otro extremo, totalmente lejana a él, se hallaba Kari, dialogando también con una compañera suya.
Eso tomó por sorpresa a Mimi. Por lo que estaba viendo, casi nadie respetaba los lugares ni formaciones de clubes, así que lo lógico sería ver a Tk junto a Kari. No le dio mucha importancia y siguió observando.
Vio llegar a Taichi y lo primero que hizo fue saludar a unos muchachos en la última fila para luego sentarse entre ellos. Curiosa, se estiró un poco más para dar con sus rostros, pero ninguno de ellos era la persona a quien esperaba ver. A diferencia de eso, visualizó a Minamoto Koji sentado junto a un muchacho alto castaño de ojos verdes a quien reconoció como Shiota Hirokazu, el baterista de la banda. Y precediéndole estaba el hermano de Koji, Kimura Koichi.
Fue cuando llamó su atención cierta agitación en algunas personas, quienes miraban frenéticamente hacia el Instituto. Se volvió para ver a sus espaldas y comprobó lo que inquietaba a la multitud. Sus ojos se abrieron sin mesura, reconociendo el lugar de donde salía aquella humareda peligrosa. Y entonces a su mente vino el mensaje de Yolei.
No pensó o analizó. Directamente dejó que su cuerpo se moviese por instinto corriendo con toda la desesperación hacia las puertas que daban al interior del colegio. Oyó a Izzy llamándola, de seguro muy confundido por su reacción, pero no le interesó. Otras cosas tenían más importancias en esos momentos.
Yamato guardó su teléfono luego de leer el mensaje que Kazu le había enviado, diciéndole que ya estaban en el patio trasero del Instituto esperando a que la charla diese inicio y por ende, poner en marcha su plan de levantar carteles y protestar por la ayuda no otorgada de la Presidenta. No tenía interés en ir, después de todo sabía que no lograrían nada con esa chica. A veces se sorprendía de que la muchacha poseyera tantas personalidades dentro de un menudo cuerpo como el suyo.
Guardó su guitarra en el forro negro y se lo colgó por el hombro. Como ahora todos estarían ocupados con aquella conferencia, podía marcharse a su casa sin contratiempos. Miró la hora en el reloj que había en la sala, 15:30. Hacía media hora que las clases habían terminado, pero durante ese tiempo él estuvo en la sala de música acabando con la letra y melodía que aquel sábado había nacido.
Tomó el papel donde la letra de la canción residía y le dio un último vistazo. La letra era buena, aunque tenía que admitir que mucho abandono sobresalía de él, como si una historia de un amor frustrado se tratara. Sonrió con amargura. «Amor frustrado, por supuesto» pensó con ironía.
Lo dobló en cuatro y un poco más para guardárselo en el bolsillo de su chaqueta del colegio, el mismo color verde que pigmentaban sus pantalones. Se dirigió hacia la salida del salón de música y cuando abrió la puerta de ésta, su nariz se topó con un extraño aroma, el mismo que provoca algo quemándose.
No le dio importancia. Era algo común que los del club de ciencias experimentaran cosas y provocar ligeros estallidos menores. Puso llave a la puerta y empezó caminar por el pasillo hacia las escaleras. Pero el olor a quemado iba en aumento.
Bajó unos pocos escalones cuando su mente reaccionó. Recordó que Kazu le había insistido en ir a la conferencia, pues todos los miembros de los clubes estaban presentes. «Todos…Están en la conferencia» pensó y entonces la calma lo dejó. Bajó más a prisa los escalones, dispuesto a seguir el camino que el aroma a quemado le enseñaba.
En el primer piso pudo ver una leve capa de humo, pero aún era muy tenue como para pensar que el fuego se desarrollaba allí. Se apresuró a bajar hasta la planta baja del Instituto donde el humo parecía emanar con más candor.
Una vez estuvo en la nave principal, miró a sus costados con frenesí buscando la dirección exacta del incendio. «El comedor» Pensó al ver que el humo se trasladaba desde el ala este. Se descolgó la guitarra del hombro y lo dejó en el suelo para correr en dirección a la cafetería.
Quedó pasmado por la sorpresa de ver, a través de las puertas de vidrio, cómo el humo se batía dentro del lugar. Por más que forzara la vista, la nube negra le impedía ver con claridad lo que había adentro. Sin embargo, se agachó un poco reconociendo las patas de las sillas y mesas, pero algo más llamó su atención… Un par de piernas.
Inmediatamente, abrió las puertas de vidrio y la fumarada lo golpeó junto con aquel olor. Se deshizo de su chaqueta para taparse la nariz y boca con la tela gruesa y de esa manera, ingresó. A pesar de que sus ojos le ardían, trató de avanzar y entonces la vio. Su pequeño cuerpo cayendo al suelo inerte, como si el de una muñeca se tratara.
Algo dentro de él se quebró al verla.
― ¡Tachikawa!
En cuanto la práctica se canceló por aquella conferencia presidencial, Tai, en lugar de ir a los vestidores para cambiarse el uniforme por el del equipo de soccer, salió para ir a el comedor y comprar algo rápido que llenase su estómago. No era muy partidario de gastar dinero en ese lugar, pero viéndose ante la necesidad de hacerlo, no tenía muchas opciones. No después de haberse despertado tarde y haber sido casi abandonado por su hermana menor para ir al colegio. Sin mucho tiempo, sólo pudo alistarse y salir con un café bebido y aun recorriendo el camino de su boca hasta el estómago.
Agradecía que el día anterior, su padre le brindase su mesada pues así podía comprarse un gran sandwich, que en esos momentos disfrutaba enormemente, caminando hacia el patio trasero del colegio, buscando el lugar en donde el equipo de fútbol se ubicara.
Plantando los pies sobre el césped bien cuidado, observó las filas blancas de sillas con grandes cantidades de alumnos. Avanzó mientras observaba las espaldas de las personas y como podía percibir, muy pocos eran los que cumplían las reglas de sentarse con sus correspondientes clubes, él tampoco tenía ganas de seguir las reglas. Así que al ver a los de la banda y miembros del club de música, optó por situarse junto a ellos.
El primero en notar su presencia fue Koichi, sentado a un lugar de la última silla que estaba libre. Le sonrió y le indicó que se sentara con ellos. Así lo hizo y al estar ya sentado, los saludó como lo hacía siempre con su grata sonrisa y efusividad.
― ¿Dónde está Matt? – preguntó Tai. Transportando su mochila hacia el frente y apoyándola sobre su regazo al terminar de comer su almuerzo.
El Shiota rodó los ojos cansinamente y le hizo un ademán con la cabeza señalando su propio teléfono celular que tenía en su mano.
― No quiere participar. Dice que es una pérdida de tiempo.
― No lo culpo – respondió Koji mirando a su amigo, ganándose una mirada recriminatoria por parte de Kazu, pero que no produjo ningún efecto en el azabache. Es más, éste lo ignoró para observar a Tai. –No se tomó muy bien que Tachikawa nos negara ese favor.
Tai se encogió de hombros y sonrió con pena, comprendiéndolos. Se ponía en su lugar y era normal estar enrabiado por algo así. Tener la posibilidad de lograr lo que más deseaban, pero por un pequeño detalle no poder hacerlo.
― Descuiden. Acabarán consiguiendo un disco, créanme. – aseguró levantando su pulgar en buena fe, que correspondió una sonrisa agradecida por parte de los miembros.
Y una conversación trivial se desarrolló entre ellos, hasta que los ojos de Tai fueron buscando a su pequeña y dulce hermana menor. Para su suerte, estaba a unas filas por delante de él, acompañada de sus compañeras de clase.
Instintivamente, buscó a Takeru y al no verlo cerca de ella, le resultó extraño. Eran compañeros de clases y casi nunca estaban separados en el colegio. Aquello ameritaría cuestionamientos, pero como se trataba de Tai, eso no significaba gran cosa.
Volvió a prestar atención a los muchachos que lo acompañaban y entonces, el movimiento violento que se generó por delante a ellos llamó su atención. Volvió la vista al frente y más aún cuando el barullo aplacó la calma anterior.
Las personas se iban poniendo de pie para observar consternados y aterrorizados cómo un humo tenue iba tomando más forma y oscuridad, conforme los segundos transcurrían.
Tai también se levantó sin despegar la vista de aquello, pero entonces oyó la voz de Takeru gritando un nombre y al girarse, lo vio correr tras una muchacha rubia de cabello largo. La ansiedad que el movimiento y tensión provocó fue contagiándolo, pero aquello no significó nada hasta que Kari, salió también a trote tras su amigo.
― ¡Kari! – gritó y los siguió rápidamente.
La chica rubia era rápida, bastante incluso para Takeru que estaba en el equipo de basket. Tai tampoco la seguía, sólo con la mirada para percatarse a donde iba dirigida aquella carrera. Pero la preocupación latente en él era el bienestar de su hermana; por lo que, cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella, la detuvo jalando su brazo y haciendo que se girara hacia él para que, con la respiración desbocada, le explicara la sucedido.
― ¿Qué ocurrió? ¿Por qué saliste corriendo?
― Zoe se levantó y corrió hacia el interior del Instituto, no sé muy bien por qué pero cuando Tk la siguió, tenía que hacer lo mismo. – respondió Kari con un semblante bañado en preocupación. Se volteó para mirar cómo se alejaban de ella. - ¡Hay que detenerlos, Hermano! Esto puede convertirse en un incendio.
Tai estudió la situación por un momento. No quería que su hermana se involucrara, quería tenerla segura así que avanzó para que ésta se quedara a sus espaldas.
― Iré a buscarlos, pero tú te quedas aquí. – para su desgracia, su hermana tenía la misma determinación y testarudez por la cual él se caracterizaba así que no se hizo para atrás.
― ¡De ninguna manera! Voy contigo. – y no esperó a que Tai le diese el visto bueno, simplemente echó a correr.
― ¡Hikari! – exclamó pero ella no se regresó a verlo, siguió avanzando. Tai carraspeó pero no tardó en seguirla. Si su hermana quería hacerse la heroína, no podía dejar que esté sola. Él iría con ella hasta el fin del mundo.
Doblaron en la esquina donde se abría otro acceso hacia el Colegio, siguiendo los pasos por donde tanto Takeru como Zoe habían ingresado. Al hacerlo, oyeron la voz de Tk elevada y alterada. Avanzando un poco más, vieron a la rubia siendo sujetada por los hombros por Takaishi, mientras éste trataba de hacerla entrar en razón.
― ¡Tú no entiendes! –dijo entonces Zoe al borde de las lágrimas. -¡Todo mi trabajo está en el salón de costura! ¡Todo por lo que trabajé este tiempo!
Tai se aproximó hacia ellos al igual que Kari y al ver a la última, Tk pareció aflojar el agarre que imponía sobre Izumi pero no se alejó de ella, ni alejó sus ojos de los de la Yagami.
― ¿Qué ocurre? –preguntó Tai con su habitual tono alterado. Zoe se volteó a verlo y dijo.
― Los trajes que confeccioné para el club de teatro están en el salón de costura. Necesito ir a buscarlos. Si les pasa algo…
― ¡Eso no importa ahora! –intervino la castaña añadiéndose a la conversación. Se abrió paso entre los dos chicos y Takeru soltó a Zoe para que ella tuviese más acceso. Izumi miró a Kari con ojos sorprendidos y humedecidos. –Los trajes pueden volver a hacerse, pero si te pasa algo a ti, no se podrá recuperar fácilmente, Zoe. –La rubia la observo por un momento en silencio, digiriendo lo que ella acababa de decir. Takeru hizo lo mismo, aunque en su mirada había mezcla de muchas cosas mientras delineaba el rostro de su amiga.
Una capa de humo más negro se aproximó hacia ellos y un estruendo lo acompañó que provocó el gritar de los presentes. Kari cubrió a Zoe para agacharse contra el suelo por el susto.
Takeru miró a Tai y éste asintió, como comprendiendo su mirada. Fue así como cada uno tomó a una de las jóvenes y se dirigieron a la salida, donde Tai condujo primeramente a Zoe, al ser la chica con más necesidad de salir de allí por la carga emocional que traía encima. Tras ellos iban corriendo Tk y Hikari.
Ésta última, cuando iban saliendo por la puerta hacia el exterior, tropezó al fallar un peldaño en los escalones. El impacto la hizo pegar un grito de sorpresa y dolor, sintiendo arder las rodillas, que fueron las primeras en encontrar el piso. Intentó levantarse, pero el ardor provocado le hizo fruncir el rostro.
― ¿Qué pasó? –Tk se plantó frente a ella arrodillándose a su nivel y trató de enderezarla, pero aquella sensación dolorosa, impedía que sus piernas se desplegaran con soltura. –Tranquila, -dijo el rubio intentando calmarla, ganándose una mirada suplicante por parte de Kari. –te llevaré. –y entonces fue acercándola a él para acunarla en sus brazos con toda la delicadeza que pudo, como si al hacerlo con algo de brutalidad, ella pudiese romperse o quebrarse.
Kari recibió el contacto del pecho de Tk y como si su propio cuerpo conociese a la perfección el de su amigo, se acopló al de él, encajando y armonizándose. Takeru avanzó corriendo hasta llegar junto a Tai y Zoe, ya a metros de la instalación. La castaña no se molestó en pedirle que la bajara, estaba muy cómoda de esa manera y en verdad se sentía una tonta por estar pensando en eso cuando otra debía de ser su preocupación.
El instinto sobreprotector de Tai pareció no entrever la situación de Tk con su hermana, pero le dieron la razón cuando regresaron hacia donde debía de estar el resto de los alumnos.
― La gente está acudiendo hacia el frente del colegio. Al parecer sucedió algo allí. –Tai miró a sus tres acompañantes, pero centró su atención en Hikari y luego en Takeru. –Mejor siéntala y quédate con ella. Iré a ver qué sucedió. – y tras el asentimiento de los mismos, sólo Zoe y Tai echaron a correr hacia donde se iniciaba el predio educativo y conforme iban avanzando, la aglomeración de gente fue un hecho.
Taichi comenzó a abrirse paso entre el muro de personas, pero cuando lo hizo, sus ojos fueron conocedores de lo que aclamaba la atención de las personas. Su alma se quiso caer, al ver la figura de su querida amiga en el suelo, inconsciente y manchada con cenizas negras.
«La brisa vespertina fue lo que provocó que sus ojos se abrieran de a poco, seducida por aquel contacto. Sus orbes castaños se hicieron con la luz que inundaba el lugar en donde se vio despierta. Parpadeó un poco para acostumbrarse a ella y dirigió su rostro hacia la fuente del brillo.
Vio su mano levantarse por instinto hacia su rostro para cubrir sus ojos ante la llameante luz y entonces todo comenzó a tener forma y distinción ante ella. Era la ventana junto a su cama la cual desprendía tanto resplandor, o mejor dicho era el efecto que tenía la luz sobre el vidrio de ésta.
Giró su cuerpo para darle la espalda y se encontró con la imagen de una habitación muy distinta a la que recordaba pertenecerle. El suelo, en lugar de estar revestido por una alfombra rosa, se mostraba con el natural color de la madera.
Los muebles eran grandes desde donde se hallaba y reconoció el color caoba de ellos, un lustre perfecto y occidental. Quizá lo único occidental que halló en aquel lugar, pues la puerta, paralela a ella, era la tradicional puerta corrediza japonesa, con el telar blanco que se mezclaba con la madera endurecida del bambú tratado.
Entonces, no tardó mucho en reconocer en donde se encontraba. Una sonrisa radiante afloró en su rostro cuando lo hizo y se levantó casi con violencia sobre el colchón. Miró abajo y comprobó que aquel colchón era un cómodo futón blanco ubicado hacia el final de la habitación cuadrangular que pertenecía a las típicas casas en Kyoto.
Salió del futón para correr emocionada hacia la puerta y abrirla. Su dinamismo sólo se prolongó más al ver el pasillo de madera que le guiaba como el caudal de un río hacia su dirección. Caminó con familiaridad por esos pasillos. Sus pies descalzos sintiendo la frialdad del suelo le provocaba aquella sensación que hace tiempo extrañaba. Entonces el sonido del piano la sorprendió. Apresuró el paso, motivada por hallarla a ella, siguiendo el rastro de aquel sonido.
Y al estar frente a la puerta, oyó la dulce voz de su adorada Tía Ritsuka. Su voz era dulce y grave al inicio, adoraba escucharla cantar cuando niña.
To thing I might not see those eyes
Makes it so hard not to cry
And as we say our long goodbaye
I nearly do
Pero enseguida entrevió algo que salía de los recuerdos que tenía. Su voz no sonaba con alegría y cariño. En lugar de eso, se oía tristeza y melancolía en ella.
Posó sus manos sobre la puerta y la fue corriendo despacio, sin hacer mucho ruido para no interrumpir a su tía, como si hacer el más mínimo ruido, provocara que aquel momento se desvaneciese de inmediato.
Light up, light up
As if you have a choice
Even if you cannot hear my voice
I'll be right beside you dear
La imagen del interior la recibió con una tenue luz y el piano blanco de cola, reposaba en el centro mismo de aquel lugar. Su tía le daba la espalda a ella, pero de todas maneras la reconoció por su larga y ondulada cabellera castaña, muy parecida a la suya. La mujer traía puesto un vestido blanco, sin mangas que se ceñía en la cintura, sin ser muy largo.
Louder louder
And we'll run for our lives
I can hardly speak I understand
Why you can't raise your voice to say
A pesar de no verla, la sentía hermosa pero no radiante como la recordaba. Era por aquel sentimiento que transmitía con su voz. Introdujo un pie dentro de aquel cuarto y fue cerrando la puerta cuando estuvo dentro por completo.
No despegaba la vista de su Tía, esperando poder contemplarla bien y cuando decidió rodear la habitación para ver su rostro, vio como los hombros de la mujer comenzaron a temblar levemente para después ser un interminable terremoto interior que sólo produjo un sollozo lastimero. Su tía dejó de cantar, su voz se quebró para después hacer más sonoro su llanto.
Quedó de piedra al verla de esa manera. Nunca había visto a su tía llorar y menos de una forma tan deprimente.
― ¿P…Por qué…? –Oyó decir a su tía. Mimi dio un pie en retroceso, pero de todas maneras quería oírla hablar más, saber por qué estaba así. -¿P…Por qué te fuiste?»
A pesar de la inconsciencia, se oían voces a su alrededor. No supo cuántos hablaban, pero Mimi los oía en forma lejana y desvanecida. Poco a poco recobró el sentido y sus ojos se movían bajo los párpados para finalmente, dejar que éstos se levantaran con pesar. Se encontró con una pared blanca y luminosa que la desconcertó aún más. Entrecerró los ojos y se hizo con la luz que emanaba aquel foco de luz contra el techo liso y blanco.
Con dificultad viraba sus ojos hacia los costados, intentando reconocer el lugar en donde se encontraba. Por ambos lados una cortina aguamarina la esperaba. En cualquier otra ocasión le habría resultado lindo aquel color, pero con la cabeza palpitándole con fuerza como lo hacía en esos momentos, sólo le causaba repulsión y ganas de vomitar. Cerró los ojos, afligida y se dio cuenta que estaba inhalando un tipo de aire distinto, pero que lo hacía con más facilidad de la que recordaba antes de caer inconsciente.
Suspiro un tanto ahogado por el choque de aliento que le provocaba. Entonces, un gemido desprendió su boca por la irrupción que accionaba contra su propio respiro.
― ¿Qué fue eso? - oyó a una de las voces pero, a diferencia de cuando recobró la consciencia, ahora la escuchaba con claridad.
― Quizá sea Tachikawa. - respondió enseguida y antes de que acabara de hablar, la tercera voz se elevó con más euforia y alivio que las anteriores.
― ¡La Señorita ha despertado!
Eran voces cuyos dueños aún le resultaban irreconocibles para ella, pero entonces tres figuras aparecieron en su campo de visión. La primera y la que encabezaba a las otras dos, situada precisamente junto a su cabeza, era la enfermera Nakamura, funcionaria dentro del Instituto. La mujer de cabello negro, comenzó a tomarle el pulso y a verificar algo en sus ojos.
― ¿Cómo se siente, Tachikawa? – preguntó con dulzura maternal.
― Mareada. – murmuró ella aunque nuevamente aquel aliento inodoro ingreso a su boca cuando lo dijo y fue cuando por fin se dio cuenta que traía puesta por el rostro una mascarilla de oxígeno. En su mirada se asomó la confusión y desesperación, así que la primera reacción fue el de quitarse la mascarilla mientras intentaba incorporarse sobre, lo que supuso sería la camilla de la enfermería, pero unas manos a su otro costado le impidieron mucho.
― No trate de moverse mucho, Señorita. – giró de a poco su rostro para hallar a Tanaka, su mayordomo mirándola con súplica a través de sus cansados y avejentados ojos azules, casi celestes. Siempre había pensado que Tanaka, en sus mejores años, debió ser un chico muy atractivo con aquella tez blanca y ojos claros. – Ha inhalado mucho humo y eso fue perjudicial para sus pulmones. – miró a la enfermera, tratando de conservar la calma y luego volvió a posar sus ojos sobre Mimi. –No se asuste. La mascarilla solo trata de limpiar sus pulmones para normalizar su respiración. – hizo una pausa para luego decir. -Esperaremos que el medico crea conveniente que deje la mascarilla.
― ¿T…Tanaka? – exclamó con duda y luego fue haciéndose a la idea. Soltó la mascarilla y volvió a recostarse para mirar el techo. Cerró los ojos con cansancio. Algo le decía que estaría un rato más en aquel lugar, pero no podía permitirse faltar al colegio. Su conferencia fue arruinada nuevamente y tenía que retomarla cuanto antes. –Ya veo. – los castaños orbes de Mimi se volvieron hacia donde Tanaka se hallaba. –El horno… de la cocina… se incendió. - dijo recobrando los recuerdos que galopaban en un remolino de flash back tras sus parpados. Cerró los ojos y su ceño se frunció al rememorar. -Las galletas estaban allí y… antes de que mi charla iniciase, el olor a quemado me hizo recordar que las dejé adentro y…
― No hables, Meems. – insistió otra voz junto a Tanaka. Esta era más aniñada que las anteriores y a pesar de no podía verla, sabía que se trataba de su mejor amiga, Yolei.
El mayordomo se hizo a un lado para dejar que la peliviolacea avanzara hacia Mimi y aunque la efusividad fuese algo característico en Yolei, se notó la inseguridad para tocar a su amiga.
La castaña entrecerró los ojos al dar con el semblante de culpa que reflejaba su amiga en el rostro. Entonces, Yolei habló mirándola con súplica, dejando que la Tachikawa fuera conocedora de las lágrimas que estaban amenazando con salir.
― Meems. Lo siento tanto… - un pequeño sollozo se escapó de sus labios pero rápidamente fue aplacado por su propia mano, intentando reprimir las ganas de romper en llanto. – Si no me hubiese ido… Esto no hubiese sucedido. Perdóname, por favor.
Mimi era una chica perfeccionista y cínica muchas veces, en especial con sus propias amistades. En cualquier otra ocasión hubiese reprendido a Yolei porque era cierto, fue su culpa el dejar el horno encendido, pero no era correcto dejar que la carga de la situación se posara sobre ella. La Inoue había estado con ella en todo ese tiempo, esperando que despertara y pedirle disculpas con toda la sinceridad del mundo. No podía molestarse con ella por más que quisiera.
La castaña negó con la cabeza librando de la culpa a su mejor amiga, mientras intentaba esbozar una sonrisa, aunque supuso que la mascarilla de oxígeno, no se entendería ni una simple mueca. Aunque por la forma en que Yolei sonrió –una mezcla entre dolor y alivio- entendió que quizá su sonrisa sí llegó a vislumbrarse.
Iba a agregar algo aun sabiendo que si abría la boca pero la enfermera la interrumpió.
― No hables mucho, recuerda que acabas de despertarte. – miró al mayor en la sala. – Avisaré al médico para que venga a verla, pero por lo que veo, podrá llevársela ya esta noche. -El alivio de los presentes se materializó en un suspiro de alivio unánime y una sonrisa que fue dirigida hacia la muchacha, sin embargo, continuó la mujer llamando la atención de todos nuevamente. - Trate de que no haga mucho esfuerzo y manténgala con dieta líquida. Ya el médico dictaminará los estudios que deba hacerse para chequearla cada tanto.
― Por supuesto. Muchas gracias. –respondió el hombre.
Nakamura dejó la sala en la que se hallaban reunidos y que por todo lo que había oído Mimi, comprendió que se encontraba en un sanatorio. Era de suponerse, pensó, pues el inicio del incendio dejaría en desuso las demás salas cercanas. Pensando en la crítica situación que debió verse ella al caer inconsciente, la tuvieron que trasladar al sanatorio más cercano.
― Tranquila, Señorita. Ya podremos dejar este lugar para que pueda estar mejor en la casa. – dijo Tanaka con cariño, acariciando la cabeza de la chica como cuando era más pequeña.
Mimi lo miró a los ojos y asintió. Estaba cansada. Quizá en verdad lo que necesitara fuese un baño de sales que tranquilizara todo su cuerpo y descansar.
Cuando la enfermera se retiró, Yolei fue a tomar su lugar junto a la cabecera de Mimi, guardando silencio para no molestar a su amiga. En parte se lo agradecía, pero otra parte le gustaría alejar ese ambiente tan lúgubre que se anidaba a su alrededor. Cerró los ojos y su respiración era normal nuevamente, cuando exhaló el aire también fue con un suspiro mudo, empañando la mascarilla de esa manera.
Entonces fue acomodando los recuerdos que le presidieron a su desmayo. Desde cuándo se había percatado del humo tenue desprendiéndose del ala este del edificio. Y cuando sus pasos se iniciaron con ansiedad hacia el interior del Instituto, cuando en su mente solo se encontraba el bienestar de sus galletas porque de eso dependían muchas cosas para que la Conferencia fuese todo un éxito.
Fue una impulsiva y lo sabía pero no podía desperdiciar todo el dinero invertido en los ingredientes para tales cantidades de galletas que al final terminasen hechas polvo en cuestión de segundos.
Antes de perder el sentido y equilibrio, escuchó un sonido casi sordo para ella. No sabía lo que era, ni sabía de dónde provenía. Su cerebro hizo contacto al recordar que aquello fue un grito, una voz llamándola.
De seguro fue esa persona la razón por la cual aún estaba viva. La incertidumbre la invadió y de pronto, las ganas por arrebatarse la mascarilla de oxigeno la golpearon. Abrió los ojos de par en par y miró a Yolei para sujetar su mano, la cual descansaba sobre cerca de la suya. La peliviolácea la miró sorprendida y luego pasó la vista al mayordomo, como expresando su desconcierto.
― ¿Señorita? – había hablado Tanaka ubicándose junto a Yolei, para poder ver el rostro de Mimi. Ella viró los ojos de su amiga en el hombre mayor y luego su mano libre se posicionó sobre la mascarilla para hacerla a un lado.
El aire que desprendía la mascarilla fue escapándose del material hacia el exterior, pero eso no parecía no interesarle a Mimi. Ella se trató de reincorporar, pero las manos de Tanaka la sujetaron por los hombros con cuidado de no lastimarla, pero la castaña pudo sentir la desesperación en él.
― ¿Qué sucede? Tranquilícese, Señorita.
― ¿Meems?-
Cuando iba a hablar, la cortina que separaba su camilla del resto, se corrió y dejó entrever la imagen de dos personas, ambas vestidas de blanco. La enfermera Nakamura era una de ellas la cual iba detrás de un hombre canoso con grandes lentes, vistiendo una bata blanca y un estetoscopio sobre los hombros.
Mimi logró sentarse sobre la camilla pues ya no se lo impedían. Observó a quienes se acercaban a ella y luego pasó su mirada a sí misma. No le resultó una sorpresa ver que aún llevaba el uniforme del colegio, aunque fue un poco chocante el observar que toda su prenda se hallaba bajo una capa de ceniza.
― Señorita Tachikawa. – saludo el hombre y todo movimiento, tanto por parte de Mimi como por el de los demás se detuvo para centrar su atención en el hombre. – Mucho gusto, soy el Doctor Suzuki Yuujiro. –enarcó una ceja por la escena que se le presentó enfrente y al notar esto, tanto Tanaka como Inoue soltaron a Mimi para separarse a un lado de la camilla, haciendo una reverencia en forma de saludo. El médico asintió de la misma manera a su saludo y miró después a Mimi. Ella ya se había deshecho de la mascarilla, para mirarlo con seriedad. –Veo que ya se encuentra bien.-
Caminó para alistarse del otro lado, paralelo a donde se encontraban los conocidos de la castaña y así deshacerse del estetoscopio de los hombros, sujetándolo con facilidad, colocándose las olivas a los oídos y dirigir la campana al pecho de Mimi.
La mano del médico reposó en la espalda de la muchacha y le indicó que respirara con fuerza, para poder oír a sus pulmones y la forma en que se encontraban trabajando en esos momentos. Mimi así lo hizo y aunque su respiración no fuese tan fluida como siempre, no sentía la opresión que recordaba antes de desmayarse.
Suzuki retiró el aparato de su pecho y su mano de su espalda para así volvérselo a colgar tras el cuello. Miró a Mimi con una sonrisa calma y sacó una libreta del bolsillo de sus pantalones y una plumilla Parker del bolsillo ubicado en el pecho de la bata blanca. Comenzó a escribir mientras habló.
― Es normal que tus pulmones trabajen sin la fluidez acostumbrada tras el episodio de asfixia que ha vivido, Señorita Tachikawa. Pero descuide, eso sólo se le pasara si sigue las indicaciones prescritas aquí. – no la miraba, pero su voz estaba cargada de autoridad, tanto así que Mimi asentía en silencio. – Sería bueno que haga caminatas ligeras, sin forzar demasiado a su cuerpo ni su respiración. – levantó los ojos hacia Mimi y detuvo su escritura pero no dejó la pose que componía su mano sujetando la plumilla sobre la libreta. -¿Usted canta?
― ¿Disculpe? – preguntó ella sin comprender su pregunta. El médico repitió pero volvió a mirar el papel.
― Si practica algún tipo de vocalización para cantar. O suele cantar con continuidad. – Mimi miró a Tanaka y a Yolei para después mirar al doctor.
― Con frecuencia no, pero solemos ir a un bar-karaoke. – contestó sonrojándose por su respuesta a lo que el hombre asintió y seguía escribiendo en la libreta. -¿Por qué la pregunta?
― Pues sería conveniente que lo haga con continuidad. Así sus pulmones trabajaran con mejor disposición y entrenamiento. – terminó de escribir, arrancó la hoja en la cual lo estuvo haciendo y así le tendió a Mimi. – Sería muy bueno para su recuperación total e inmediata. – los ojos del profesional pasaron de Mimi a sus acompañantes. – Con su permiso. Me retiraré. Puedes sellar el alta en recepción y marcharse a su casa, Señorita. – sonrió enarcando las arrugas gestuales en su rostro y así sus pasos fuertes dejaron la sala.
― Tanaka, ¿Podrías ayudarme? – pidió la castaña una vez el médico ya no se encontraba. El mayordomo asintió y tomó las manos que le extendía la muchacha para alejarse de aquella camilla.
Aventuró entonces sus piernas por el borde de la cama, dejando que éstas le cuelguen hasta tantear el nivel del piso. Yolei le ayudó con los zapatos, aunque Mimi no quisiera. Cuando finalmente pisó el suelo, recordó nuevamente aquella voz gritando su nombre, que aunque pareciese tan lejana, aún se oía cerca de ella. Entonces se volvió hacia la enfermera.
― Disculpe – tras un momento de percatarse que Mimi se dirigía a ella, la enfermera miró a la estudiante con rostro curioso. ― ¿Sabe quién me halló en el comedor?-
Nakamura pareció esperar aquella pregunta por lo que le sonrió tiernamente, pero primero acabó de acomodar los instrumentos sobre la repisa de metal. Se agachó un poco y luego volvió a enderezarse.
Mimi la observaba en silencio, estudiándola con la mirada. Entonces la enfermera caminó hacia ella para extenderle algo con las manos.
― Fue un muchacho muy apuesto.-
La Tachikawa fue consciente de que se trataba de una prenda. Cuando la enfermera se lo entregó, ella lo tomó con curiosidad, pero no tardó en estrujar la tela cenicienta entre sus manos.
Cuando el teléfono de su casa había sonado, un mal presentimiento lo inundó. Tuvo toda la iniciativa por correr hacia él y tomar el tubo para ser quien atendiese, pero su madre ya estaba de pie junto al condenado aparato, descolgándolo. Matt, parado en el umbral de la cocina la observó por un momento y luego volvió al interior de la habitación, dejando que la puerta de ésta se cerrara.
Takeru estaba tranquilo comiendo de su tazón de verduras con kimchi y cuando vio aquel movimiento rápido de su hermano, levantó la mirada hacia él. Matt se llevó las manos al rostro y se lo friccionaba mientras caminaba de vuelta a su silla, pero no tomó asiento sobre ésta. Se mantuvo parado mientras seguía restregándose el rostro.
― ¿Algo malo? – cuestionó Tk.
Matt no quitó sus manos del rostro, pero sí detuvo el frenetismo de la fricción que ejercía éstas sobre él. Asintió pasado un momento y luego dijo.
― ¿Recuerdas el incendio dentro de la cocina del Instituto? – escuchó a Takeru pronunciar una afirmación con la voz, asintiendo con los palillos en la boca.
La puerta, entonces, se abrió de golpe. Los dos hermanos se sobresaltaron por tal violenta acción, observando la puerta y a su madre parada en el umbral de ésta. Matt palideció al tener contacto con los fieros ojos de Natsuko y muy en lo profundo quería volver a ocultarse la cara tras sus manos.
Y la voz de su madre se oyó en un rugido.
― ¡¿Un incendio, Yamato?!
― ¿Tú lo provocaste? – preguntó ahora Takeru, volviéndose hacia su hermano plantado de pie sobre el suelo, tan sorprendido como su madre, aunque claro, el nivel de nerviosismo era diferente en los Takaishi.
Yamato pasó su mirada de su madre a su hermano menor, dejando que una gotita de sudor resbalara de su sien a su mejilla. Estaba bien muerto y lo sabía. Bajó los hombros y luego dejó escapar una gran bocanada de aire.
― En realidad, no; pero…
― ¡Te suspendieron, Yamato! – gritó su madre iracunda. Así es, nunca antes había visto enfadada a su madre de esa manera. ― ¡¿Puedes explicarme cómo dejas un horno lleno de galletas en su máxima potencia y permites que una pobre chica ande por allí inhalando el humo tóxico?!
― ¡Yo la salvé después! – Yamato reaccionó ante tal represalia, intentando defenderse pero su madre no lo escuchaba.
― ¡Tres días sin ir al colegio! ¡¿Tienes idea de lo que eso significa?! –pronunció con rabia, señalándolo con su dedo índice y sin darle tiempo a su hijo para defenderse, exhaló un gritillo de protesta para volver a la sala.
Los dos muchachos permanecieron en silencio e inmóviles. Era verdad que Yamato no había visto a su madre enojada de tal manera, pero incluso a Tk lo sorprendió aquel nuevo nivel de ira que experimentó su madre. Pero Matt sabía que aquello iba más allá de las acostumbradas discusiones con su madre. Era algo más serio.
Los dos adolescentes se miraron por un momento como esperando que alguno dijera algo, pero estaban mudos por tanto alboroto. Y luego la voz de Natsuko se alzó con voz temeraria desde donde estaba.
― ¡Estás castigado un mes entero, Ishida! ¡Nada de televisión, celular, computadora! – dicho esto, Yamato se encogió de hombros. Había cosas peores, pensó. Y para finalizar aquel pensamiento, nuevamente su madre habló con fuerza. -¡Oh y esto te encantará: Nada de banda!
El castigo estaba hecho y con gran fuerza demoledora implementada para él. No podía permitir que algo así sucediera. Podía quitarle todo menos su banda, eso sería como ir contra su naturaleza misma. Yamato iba a protestar. Ya tenía los puños fuertemente cerrados a sus costados y tenía todo preparado en su cabeza para contrariar a su madre, pero su hermano lo tomó de su brazo con fuerza y le hizo mirarlo.
Matt miró al joven rubio con el ceño fruncido y bajó hacia la mano del mismo sobre su brazo. Tenía que admitir la sorpresa que causó en él hallar a Takeru con semejante fuerza como para frenarlo de esa manera. Aunque claro, no era momento ni tenía los ánimos para halagarlo. Y mucho menos al ver el tipo de semblante que portaba su hermano menor.
― Tenemos que hablar. – agrego Tk simplemente y con un movimiento de cabeza, dijo que lo siguiera.
¿Desde cuándo su pequeño hermano le daba órdenes? Yamato estaba seguro que aún no había llegado el día en que tuviera que obedecer a su hermano menor y era gracias a esa terquedad suya la cual saldría a flote para sobreponerse a la palabra de Tk. Aunque claro, Takeru lo conocía mejor que nadie y sabía lo que pasaba por la mente de su hermano, así que se volvió hacia él.
― Quédate si quieres oír otra rabieta de mamá. - esas palabras fueron suficiente para dejar algo en qué pensar a Matt, quien volvió un poco su rostro para observar la puerta de la cocina que conducía a la sala. Lugar en donde se hallaba su madre hecha una furia.
Convencido, siguió a Takeru. Entraron a la habitación de éste y Matt cerró la puerta una vez estuvieron dentro, volviéndose luego hacia el Takaishi y vio a éste mirándolo con seriedad. El menor de los rubios se sentó sobre la cama y con un gesto, pidió a Yamato que hiciera lo mismo.
No lo pensó mucho, sólo condujo sus pies hacia donde estaba su hermano para sentarse sobre la cama bien hecha. Pero cuando estuvo situado allí, Takeru se levantó de golpe y comenzó a caminar de un lado a otro. En cualquier otra situación –donde su orgullo no estuviese herido como para admitir algo así- pareciera como si Tk fuese a reprenderlo.
La última vez que alguien lo hizo, fue su padre. Recordar las veces en que tuvo que oír la "Charla", hacía pensar que esa situación tenía la misma esencia. Yamato sentado al borde de su cama, mientras su padre se paseaba por toda la habitación, con los brazos cruzados sobre su pecho mientras guardaba silencio, pensando en las palabras que le diría a su hijo, esperando poder lograr que colaborara con él.
Aquel tipo de "Charla" se dio cuando sólo era un niño y el divorcio de sus padres tenía poco tiempo de haberse ejecutado. Su padre dialogaba con él y le hacía comprender cuan negativo era contestar a la maestra porque no quería obedecerla. Pero cuando fue creciendo, esos diálogos no se desarrollaban de tal manera, sino que se materializaban en castigos más efectivos –según Hiroaki- como lo era el privarle de la libertad que acostumbraba.
Ver a Tk teniendo el mismo comportamiento que su padre hace años, le hizo esbozar una sonrisa disimulada. Siempre decía que el pequeño se parecía más a su madre que a su padre, pero en esos momentos dudaba de que aquello fuese una ley establecida. Yamato olvidó su molestia y lo miró caminar frente a él.
― ¿Entonces? Dime qué sucedió. – Takeru se detuvo mirándolo a los ojos, para pronunciar aquello. Por su parte, Matt sólo se encogió de hombros y rodó los ojos a otro punto. –Y no me mientas, Hermano. –amenazó acentuando su ceño fruncido. -Sé perfectamente que no cocinas galletas. ¡Mucho menos entras al comedor! Eres un tacaño.-
Yamato deslizó una mueca de gracia. Su hermano tenía toda la razón. Manteniéndose por un momento en silencio pensó que en verdad no perdía nada en contarle lo que realmente ocurrió, después de todo Takeru era su más grande confidente.
Frustrado, dio un suspiro y comenzó a relatarle lo sucedido.
― Esta bien... ― dijo con tono cansino, mirándose las palmas abiertas y reposando contra sus rodillas. ― Cuando te hablé sobre el accidente, obvié muchas partes. Entre ellas, el hecho de que sí conocía a la chica que estaba dentro del comedor. – cuando fue diciendo eso, no miraba a Takeru. Estaba pendiente de sus manos sujetando sus rodillas mientras las imágenes vividas se reproducían dentro de sí mismo. ― No lo hice porque tú la conoces y no quise preocuparte.-
Sintió a Tk sorprenderse y dar un paso hacia atrás. Yamato frunció el ceño y lo oyó pronunciar débilmente la pregunta que esperaba oír.
― ¿Q…Quien?
― Tachikawa Mimi – soltó pero se apresuró a decir, mirándolo disimuladamente.- Y antes que digas nada, yo tampoco lo sabía. – cerró los ojos y apretó aún más sus manos sobre sus rodillas. - Sólo acudí al comedor cuando olfatee el olor a quemado. Entré al ver a alguien dentro. No pensé, solo reaccioné. ― dejó escapar una sonrisa cansada. ―Gracias a ello, perdí la hoja de papel con la nueva canción que acabe hoy.
Un pequeño silencio se apoderó de la habitación. Matt no deseaba levantar la mirada para ver los ojos de Tk. No soportaría hallar en sus orbes celestes algún juicio contra su persona. Pero tampoco quería que aquel molesto silencio reinara en esos momentos.
― Hermano… ― hablo el menor de los rubios entonces, aunque Matt podía captar en su tono de voz que el muchacho no sabía qué decir. El Ishida levantó un poco los ojos y vio a su hermano mirándolo entre sorprendido y angustiado. ― ¿Cómo está Mimi?-
Matt dejó de presionar sus manos sobre sus rodillas y al hacerlo, sintió como la sangre volvía a correr por donde sus propias uñas se anidaron contra su piel, aún con la tela de sus pantalones que se interponía entre ambos. Yamato negó ligeramente con la cabeza y dijo.
― No tengo idea, pero supongo que bien. La saqué de allí y me topé con la enfermera Nakamura. Al rato apareció la Directora. ―Takeru tragó grande al oírle decir eso.
― ¿Por qué te echaste la culpa? No tuviste absolutamente nada que ver. ¡La salvaste, por el amor de...!
― Ya, Tk. ― detuvo su hermano poniéndose de pie, con claro gesto para que no continuara. ―Ya pasó y estoy bien. No me importa mucho el castigo.
― ¡Pero...! ― Takeru detuvo sus palabras al ver la mano de su hermano elevada, diciéndole que se callara. Takaishi cerró sus manos en puños y los elevó hasta la altura de su pecho, conteniendo las ganas de seguir hablando. Rendido, bajó la mirada y los brazos pero sin dejar que apretar sus puños. ―No es justo... ―murmuró. Tk entonces elevó sus ojos al mayor entre ambos. ― ¿Ella lo sabe? ¿Sabe que la salvaste? ―
Aún recordaba esa sensación de desesperación subiéndole desde el estómago hasta la garganta, ardiéndole. Se deshizo de la chaqueta con la que se cubría boca y se la colocó a Mimi, la tomó en brazos y salió corriendo hacia la salida.
Se alejó lo más que pudo, apretando todo el cuerpo de Mimi contra su pecho, intentando protegerla de lo que quizá, ya la había lastimado. Llegó hasta donde el pasillo se abría paso con la escalera. Colocó a Mimi en el suelo y le arrebató la chaqueta de tela de la boca para dejar que respirara libremente.
El humo congregado allí impediría eso, así que buscando a su alrededor, vio el seto grande de cerámica que estaba contra uno de los pilares. Fue a él para moverlo hacia las puertas y cuando el macizo cuerpo fue detectado por los censores de las puertas corredizas, éstas se abrieron y liberaron el humo.
Regresó con Mimi y le apartó algunos mechones de cabello del rostro. Lo traía impávido y ceniciento, se lo limpió un poco y aproximándose a ella, trató de sentir la respiración de la castaña, percatándose que no circulaba aire alguno. Inmediatamente, se fijó que el pecho de ella no subía ni descendía.
Se alejó como si ésta hubiese emanado una llamarada de su cuerpo, para mirarla con terror. ¿Qué se suponía que debía hacer? Había visto de paso algunos canales de salud y siempre le había resultado aburrido. Poco y nada sabía sobre primeros auxilios, pero tenía que intentarlo.
Se llevó sus dedos índice y midió el pulso cardiaco a partir de la vena madre y soltó un suspiro de alivio al recibir respuesta positiva, pero debía de aplicarle los primeros auxilios. ¿Qué sabía él al respecto? Pues nada.
Presionó con sus dedos la nariz de Mimi y acercó entonces sus labios a los de ella para transferirle aire, intentando que de esa manera éste pudiese llegar a los pulmones de Mimi. Propinó como diez bocanadas y luego se acercó de vuelta a su nariz para ver si el aire circulaba por ella. Nada.
Se pasó ambas manos por el cabello y luego recordó que tenía que presionar su pecho para tratar reanimar el aire y éste corriese con normalidad en su interior.
Sus manos le temblaban y con justa razón. No había aplicado los primeros auxilios a nadie y se necesitaba un poco más de conocimiento del que él contaba en esos momentos. Le hubiese gustado que Joe estuviese con él en esos momentos, era bueno con ese tema. Después de todo, su familia en sí estaba inclinada hacia el ámbito médico.
Puso una mano sobre el medio mismo del pecho y su otra mano sobre la propia para empezar a dar pequeños golpes que hiciesen reaccionar la circulación del aire. Pero temía lastimarla, así que exhaló con rabia.
― Tachikawa… - pronunció mientras seguía presionándola y luego volvió a su rostro para sentir si respiraba y fijarse que su pecho subiese o bajase, pero nada había cambiado. –Maldición. Despierta. – dijo y volvió a taponar su nariz con sus dedos para colocar su boca contra la de ella y propinarle más bocanadas de aire. –Respira, por favor, Tachikawa.
Nada había cambiado. Una sensación de desolación lo embargó. No había sentido así desde hace seis meses. Sentir como si el suelo en donde estuviese varado se estuviera disolviendo como arena y un abismo estuviera susurrándole en la nuca. El vértigo lo iba arrastrando a lo más profundo de un negro vacío.
Miró a Mimi y la besó, ya no para darle respiración, sino para intentar sentirla, decirse a sí mismo que ella despertaría y le propinaría otra bofetada por su insolencia. Lo que fuese, aunque sea un insulto o algo que le dijera que seguía viva.
― Mimi, por favor… - suplicó contra los labios de la muchacha.
― ¡Ishida! – el rubio abrió los ojos de par en par al oír su nombre e irguió su cabeza hacia el pasillo oeste de dónde provenía la voz de la enfermera Nakamura acercándose hacia él a paso veloz en compañía de bomberos.
Ellos fueron directamente hacia el interior del comedor, mientras sólo uno, en compañía de la enfermera, se encontró con el rubio. Matt se alejó un poco de Mimi para que la mujer la revisara.
El bombero se arrodillo junto a Mimi y le dio un chequeo rápido sobre el pulso de la carótida, para después posar su mano sobre el hombro del rubio.
― ¿Es la única quien se encontraba dentro? – Yamato asintió.
― Creo que sí. No vi a nadie más. – el hombre miró al joven y luego le dio una pequeña palmada para erguirse y mirar a la mujer.
― Debe llevarla fuera y aplicarle los primeros auxilios. Sigue viva, pero necesita respirar.
― Lo sé. Gracias. – dijo la enfermera y miró a Yamato. – Tómala y llevémosla fuera. Necesita aire. –Matt no esperó a que terminara de hablar. En cuanto le dio la primera orden, ya tenía a Mimi en sus brazos y sujetándola con fuerza.
Ambos salieron por la entrada principal del Instituto para dejarla sobre el pasto fresco.
― No pude quedarme con ella mucho tiempo… ―comentó aunque más bien para sí mismo, entrecerrando los ojos, recordando el rostro de Mimi sobre el pasto. Aquella sensación de asfixia prevalecía en él al verla allí. Deseaba haber hecho más por ella. –Fue la enfermera Nakamura quien la hizo respirar nuevamente. Tosió un poco de sangre, pero según ella, era normal.
Cuando tuvo su ataque de tos, la mujer volteó a Mimi para que pudiese toser sin atragantarse, llevando con ésta acción, ligeras manchas de sangre que tiñó el pasto verde. Matt se acercó a Mimi de inmediato, aterrado al ver la mancha rojiza, pero no pudo siquiera tocarla, ya que la mano de la enfermera lo detuvo e hizo que la mirara. Ella le sonrió con ternura.
― Déjala. Está recuperando el aire. – explicó la enfermera. - El humo dañó sus fosas nasales y su garganta. Es normal que expida sangre por medio de su tos. – luego miró a Mimi y ésta poseía una mirada somnolienta. Reaccionó pero no estaba consciente del todo. La recostó en el suelo y le acomodó unos mechones en el cabello, para luego mirar al muchacho quien no despegaba la vista preocupada de la castaña. –Tienes una novia muy fuerte.
Aún seguía preguntándose por qué le dijo eso. Quizá se debía a que su intento por aplicarle la respiración boca a boca parecía otra cosa. No lo sabía pero no importaba ya.
Las personas iban acercándose como los típicos curiosos que eran, pero de pronto la Directora los encabezó, mirando despectivamente a las tres personas en el pasto.
― ¡¿Qué ocurrió?! ¡¿Por qué mi Colegio arde en llamas?!
― Hubo un incendio, pero aún no sabemos qué lo provocó. – contestó de prisa la funcionaria del colegio. Miró a Yamato. – Este chico salvó a esta joven estudiante.-
La directora miró a Yamato y pareció pasar por alto la acotación de la enfermera, pues dijo.
― ¿Tú sabes quién inició el incendio, muchacho? Esto merece una sanción inmediata y severa.-
El rubio observó a la mujer de cuarenta y tantos años, plantada frente a él con aire autoritario. Estaba claro que hablaba en serio. Ella se encargaría de hacer pagar a quien ocasionó semejante desastre al bienestar del Instituto y aunque Mimi se hallaba inconsciente, estaba seguro que eso no impediría a la Directora Oda para que destinara un castigo contra la castaña.
― ¿Acaso fue esa niña? – dijo Oda avanzando hacia donde se encontraba Mimi recostada, abriéndose paso contra Yamato.
Pero la reacción en él fue más rápida que su propio pensamiento. Se levantó al tiempo que la mujer cruzó junto a él y sin darle tiempo para avanzar más de la cuenta, sujetó su brazo con fuerza. Oda Mikami volvió su rostro indignado hacia Matt por tal atrevimiento, pero él no se hizo para atrás.
― No fue ella. – respondió de inmediato. –Fui yo. En verdad lo siento. –siguió y cuando quiso excusarse, la mujer rompió en gritos y demandas con amenazas bien cargadas.
Takeru oía a su hermano seriamente, atento a todo lo que decía y dándose cuenta de algo que Hikari le había dicho unos días atrás.
― Ya te imaginarás el resto. – exhaló cansado al terminar de relatarle lo sucedido con la despiadada directora, obviándole la parte en que lo suspendía con la excusa de que "Viendo tu acto heroíco, te tendré más consideración, muchacho. De no haber sido por eso, ya te habría expulsado." –Como aborrezco a esa mujer.
Tras un prolongado silencio, finalmente, Tk también dio un gran suspiro que relajó un poco más el semblante de Matt.
― Eso me resulta más creíble que el que hayas preparado galletas en la cocina e incendiaras el comedor por dejarlas dentro. – soltó, cruzándose de brazos y cerrando los ojos de manera pensativa. –Pero – continuó y eso sirvió para que Matt volviese su vista a su hermano con creíble duda, enarcando la ceja. – Aún no entiendo por qué has tenido que sacrificarte tú. Mimi es la presidenta estudiantil, no le tocaría ningún tipo de castigo, sólo porque lleva ese cargo. ¿Has pensado en eso?
Matt no apartó su mirada de la de su hermano menor, pero cuando sus palabras acabaron, el rubio cerró los ojos y carraspeó ligeramente. Sabía que su hermano seguiría recriminándole aquello y en verdad no deseaba oír más, ya tenía suficiente con el castigo de su madre. Iba a cruzar junto a Tk, pero él no esperó a que se marchara simplemente. Lo tomó por el brazo, para insistir.
― Es verdad que el colegio estará ligeramente inaccesible por todo lo que ha ocurrido, pero no tienes que conformarte con que te suspendan por algo que no has hecho.
Yamato lo miró por encima del hombro.
― No deseaba que me castigaran tampoco. Ni que fuese un mártir, Tk. – dijo Matt con total seriedad. – Pero sólo ponte a analizar. A la Directora no le interesaría que Tachikawa estuviese inconsciente. – echó un suspiro cansino para tratar de calmarse. – En mi lugar, ¿No harías algo semejante por proteger a Hikari? – aquella pregunta tomó por sorpresa a Takeru pues en su rostro se notaba la perplejidad de la comparación.
Luego, simplemente soltó a su hermano y desvió la mirada a la pared paralela a ellos, en donde unos posters de All American Reject y Coldplay descansaban.
― ¿Por qué la pones como ejemplo? –preguntó entonces el rubio menor con una sonrisa amarga que no pasó desapercibida por su mayor. Es más, eso causó duda en Matt.
Él y Hikari eran los mejores amigos y estaba seguro que darían su vida por el otro. Tan profunda es la estima que sienten que, por un momento pensó que su amistad podría transformarse en algo más profundo, aunque conociendo a su hermano, sabía que aquello tardaría mucho para volverse realidad.
Takeru no era tonto, pero aún no tenía la necesidad de ver a Hikari de otra manera que no fuese la niña a quien conoció en el jardín de infantes y que desde entonces, se había convertido en su mejor amiga hasta ahora.
Lo entendía, porque también estuvo en la misma situación que él en el pasado. Él no veía a Sora como nada más que su mejor amiga hasta que, en la fiesta de cumpleaños de Ruki, el pesado de Kazu insistió para que el tan aclamado juego juvenil de la botella tuviese lugar. Como parecía divertido ver que sus amigos besaran a otro –ya sea hombre o mujer- se incluyó dentro del círculo de personas; aunque claro, él no contó con que la botella lo eligiera para besar a su querida amiga de la infancia. Y fue al momento en que rozó los labios de Sora que supo que aquella niña de tiempo atrás no era la misma jovencita atractiva que tenía frente a él.
― ¿Sucedió algo con ella? – añadió Matt al ver aquella manera con que reaccionó su hermano.
― ¿Qué podría ocurrir? No seas paranoico. – se volteó para caminar hacia la salida de su cuarto.
― Tk, espera. – insistió Yamato. - ¿Qué ocurre? Es obvio que sucedió algo. – dijo entonces el mayor interponiéndose entre la puerta y Takeru. Ya era extraño que su pequeño hermano no viniese a desahogarse con él, porque sucedía algo y aquello era un hecho irrefutable.
Takeru negó y desvió la mirada nuevamente. No sabía mentir. Y el que no quisiese contárselo era lo que molestaba a Yamato. Eran hermanos, por favor. Él sabía todo sobre Tk y Tk sabía todo de él.
― Maldición, Takeru. ¿Qué ocurre?
― ¡Nada, ya déjame en paz! ¡Yo no ando preguntándote por tus cosas! – Matt enarcó una ceja ante su acotación que provocó en el menor un ligero sonrojo. –Está bien, sí lo hago. ¡Pero no tienes por qué inmiscuirte en este tema!
― ¿Por qué no? ¿Cuál es la diferencia de cualquier otro tema con este? Siempre me cuentas todo.
― Bueno, ya no tiene por qué ser así. – Matt lo miró sorprendido y para qué negar que le dolió oír eso. Takeru lo previó y el lastimar a su hermano lo hizo rabiar más. -¿O acaso quieres hablar también de Mimi?
Más duda por parte del Ishida, pero ahora su ceño se frunció y miró a su menor con cautela.
― ¿Qué tiene que ver ella con esto? – Takeru llevó la cabeza hacia atrás como gesto de exageración ante su pregunta.
― Por favor, hermano. – bufó con sarcasmo mientras negaba. -¿Crees que no me doy cuenta de lo pendiente que estás de ella? ¿La forma en la buscas con la mirada estando en el colegio? Creí que estabas muy metido en lo que respectaba a la banda, por eso parecías más lejano que antes. Pero cuando me relataste lo que ocurrió, tenías que ver tu rostro. – Matt avanzó un paso y con el semblante desafiante, señaló a su hermano con su dedo índice como amenazándolo.
― No seas ridículo, Takeru. Estás iracundo pero no tienes por qué inventar cosas para hacerme rabiar también a mí.
― ¿Inventar cosas? ¿Qué tan tonto crees que soy? – hizo una pausa para relamerse los labios secos por la tensión que emanaba en su casa. –Y no soy el único que ve esas cosas. Hikari fue la primera en notarlo.
― Si quieres sacarle algo en cara a alguien, ¿Por qué no empiezas por ti primero? – Takeru frunció el ceño con molestia a lo que Matt continuó. –Así es, mocoso. Algo sucedió con Hikari y lo puedo notar porque te conozco. ¿Qué es? ¿Ahora se cansó porque no te das cuenta que está enamorada de ti? ― El menor de los rubios quedó mudo ante sus palabras, pero no dejó de mirarlo con el semblante teñido en molestia. –Oh, parece que di en el blanco.
― ¡Eres un cínico, idiota!
― ¡Y tú una niña inmadura!
La puerta se abrió entonces de golpe, golpeando a ambos hermanos con fuerza como para hacerlos retroceder unos pasos. Ambos lanzaron un quejido de dolor al recibir aquel golpe y sobándose las partes lastimadas –cara y hombro- para luego lanzar sus miradas a la mujer plantada en la puerta. Entonces, el dolor físico no resultó ser tan acentuado.
― Yamato, ve a tu habitación. – dijo mirando al mayor y luego desvió la mirada a su hijo menor. –Y tú, limpia los trastes sucios. Ya tuve suficiente por parte de ambos.
En cuanto Natsuko, tras una última mirada amenazante, salió de la habitación, sus hijos se miraron retadoramente y así fueron a hacer sus propias cosas. Pero la tensión no iba a desaparecer tan fácilmente entre ambos, eso era seguro.
Miraba por la ventanilla del vehículo, sin prestar mucha atención a los negocios ni casas que dejaba atrás. Su rostro serio era apenas reflejado por el vidrio polarizado. La melodiosa voz de Lana del Rey sonaba dentro con Summertime Sadness, una de sus canciones favoritas. Pero en esos momentos, no prestaba atención a nada más que a sus propios recuerdos.
Miró el reloj, siete y media de la tarde. Era normal que el cielo se oscureciese ya. Normalmente a esa hora ya estaba cenando con sus padres; claro que esa semana sólo lo hizo con su madre, pues Keisuke tuvo que viajar a Osaka por cuestiones de negocios.
― Tanaka, ― inició Mimi sin dedicarle su rostro al mayordomo, sentado junto a ella en el asiento trasero del vehículo que los conducía a su mansión. Se relamió los labios con ansiedad y luego formuló su pregunta. ― ¿Sabes si mis padres han llamado?-
El hombre sentado al otro lado del asiento se removió un poco incómodo, así lo pudo sentir Mimi. Aquello ya le daba una idea de cómo sería la respuesta que recibiría, por lo que frunció el ceño y cerró los ojos.
― No, Señorita. – respondió. –Su padre, como sabe, está fuera de la ciudad en una importante junta de negociosos y su secretaria no ha deseado contactármelo. Mientras que su madre…
― Lo sé. Ocupada con asuntos de la empresa como para pensar en su única hija. – un prolongado silencio se instauró entre ambos. Oyó a Tanaka suspirar disimuladamente. Ya debería de estar acostumbrada a aquella relación a distancia que llevaba con sus padres.
Ellos casi nunca estaban en la casa. Viajaban mucho y a veces no los veía por meses como es el caso actual con su padre. Siempre fue de esa manera. Ella valiéndose por su lado, mientras sus padres andaban por el suyo. Trataba de comprenderlos, no era sencillo llevar y mantener en lo alto empresas financieras y publicitarias tan prestigiosas como lo eran la de sus padres. Aunque no estaría mal que de vez en cuando ambos estuviesen al pendiente de ella. Estar en una mansión terriblemente grande y sola era aburrido.
― Quizá no sea de mi incumbencia, Señorita – la voz de Tanaka la sacó de sus pensamientos, sin dedicarle mirada alguna. – Pero a lo mejor deberíamos ir a agradecer a aquel joven que tan amablemente acudió a usted.-
Pensar que sea aquel hombre el único quien en verdad se preocupaba por ella, era algo triste. Si bien su infancia se debatió bajo la protección de Tanaka y cuando niña veía al hombre como su mejor amigo, llegó el momento en que su madre le hizo diferenciar las cosas. Ella no tenía por qué estar relacionándose con la gente del servicio sino se trataba para dar y hacer que hiciesen cumplir sus órdenes.
Después de todo, su madre siempre le decía que sólo era gente contratada para satisfacer las necesidades que familias poderosas como lo era la suya, poseían.
Y tenía razón. No tenía por qué compenetrarse en la vida de ellos ni dejar que ellos hagan lo mismo en la suya. Mientras menos tratamiento exista entre ambas clases, mejor.
Ella estuvo en silencio un momento, estrechando con más fuerza la chaqueta de tela entre sus brazos, para después dejar escapar un sonoro suspiro.
― Tienes razón, Tanaka. No es de tu incumbencia. – respondió simplemente. «Mañana lo buscaré y se lo agradeceré.» Pensó y así lo haría.
Tanaka asintió y el trayecto se debatió en silencio. Un silencio que sirvió a Mimi para pensar en la persona quien resultó ser su salvadora. Se llevó una mano a su frente, sosteniéndola, mientras su codo reposaba en la manija ancha del auto. Sus ojos bajaron entonces hasta la prenda que pertenecía a su salvador. Podía sentir su presencia a pesar del estado deplorable en que se debatía la tela.
Entre todas las personas que pudieron haber estado allí y ayudarla, nunca pensó que Ishida Yamato fuese una de ellas, ni mucho menos que fuese exclusivamente él quien acudiese.
Cerró los ojos e inmediatamente volvieron a ella las imágenes del comedor. Volvió a oír aquel grito en su cabeza, aquel había sido un rayo de luz en mitad de un túnel oscuro y sin retorno aparente. Fueron los segundos más tétricos de su vida y ahora, en lugar de sentirse agradecida y aliviada porque se hallaba sana y salva… Un sentimiento profundo y doloroso se anidaba en su pecho. Miró nuevamente la prenda.
«Yamato.»
En cuanto llegaron a su casa y el chofer metió el auto en el amplio y elaborado garaje de paredes revestidas en piedras negras, Tanaka descendió del auto para abrir la puerta a Mimi del otro lado y hacer que ésta bajara. Tomó su cartera y se la colgó por el hombro para iniciar sus pasos hacia la puerta de vidrio que comunicaba el garaje con la cocina. No era sorpresa ver que no hubiera nadie. La cena se había servido hace más de una hora así que los empleados, una vez liberados de aquel trabajo final –y tras dejar impecable la cocina-, abandonaron el lugar para dirigirse a las habitaciones del servicio.
Ella fue de la cocina al comedor y para finalmente conducirse hacia el pasillo donde se encontraban las escaleras que la llevarían al segundo piso. Pero antes de poder avanzar más, la voz del mayordomo la detuvo. Se volvió para verlo, ya con la mano puesta en el barandal de la escalera blanca de madera.
― Señorita, su madre pidió que se le comunicara su llegada.
― Pues avísale tú. Estoy cansada y en verdad no deseo verla. – dijo y cuando trató nuevamente de subir otro peldaño más, la voz de la recién mencionada afloró en las esquinas del lugar.
― ¡Mimi, ¿eres tú?! – su voz sonaba a la lejanía aún pero con la claridad que su potente –y a veces estridente- voz, le permitía. Entonces, del pasillo superior vio a su madre asomarse al inicio de la escalera para bajar por ella con velocidad pero sin perder el paso femenino que la alta sociedad le inculcó.
Mimi nunca había visto a su madre preocupada de tal manera, así que cuando llegó a ella y sus brazos la rodearon, una calidez la embargó también. Las ganas de romper en llanto afloraron en ella, pero trató de contenerse al apoyar su rostro contra el espacio que había entre el cuello y hombro de su progenitora. Satoe entonces dio caricias a la espalda de su hija, sobre su largo y ondulado cabello, tratando de tranquilizarla.
― No sabía que había ocurrido todo eso, Meems. – levantó la mirada y la enfocó en su mayordomo con un semblante de reproche. –Tanaka, me hubieras informado desde un principio lo sucedido. No andar con rodeos. ¡Mira a ver si le pasaba algo de mayor gravedad a mi hija!
Mimi se separó un poco de su madre y miró su rostro para luego voltearse y ver el de Tanaka. El hombre hizo una reverencia larga y profunda con la mitad de su cuerpo, pidiendo sus más sinceras disculpas y que aquello no volvería a pasar. Y entonces, Mimi volvió a sentirse culpable.
Aquel hombre fue el único de su casa –por no decir Familia- que acudió a ella para asistirla en cuanto le informaron su situación. Fue el único quien se preocupó por ella realmente.
Mimi miró a su madre nuevamente. Nunca antes su madre la había abrazado de esa manera sobreprotectora y se sentía bien. No quería que aquel trato con su madre se acabara así que dijo.
― Estoy cansada y deseo bañarme. –
― Por supuesto, cariño. – miró a Tanaka. –Dile a la mucama que prepare un baño de sales para mi hija y que el agua esté templada. –Satoe miró a su hija y notó la chaqueta de tela que traía Mimi colgada por su antebrazo. –Cariño, ¿Y esa chaqueta?-
Mimi miró entre sus manos la prenda, la inspeccionó un momento con las manos para después tendérsela a su madre.
― Mándala lavar. Necesito usarla mañana. – su madre asintió y se la tendió a Tanaka.
― De inmediato. –dijo simplemente el mayordomo y se retiró de allí hacia las habitaciones de servicio en busca de la mujer a cargo de Mimi, mientras se llevaba con él la prenda de Matt.
Por su parte, vio marcharse al viejo hombre y esa sensación de culpa no desapareció de ella. Avanzó los peldaños y cuando su madre ya no la miraba, abrió su mano para ver un papel hecho un ovillo.
Siguió caminando en dirección a su habitación y a unos pocos pasos de su puerta, su teléfono celular comenzó a vibrar en el bolsillo de su falda. Ya tenía una mano en el pomo de su puerta cuando sacó el teléfono de su bolsillo y vio que se trataba de una llamada. Giró el pomo de la puerta y atendió la llamada cuando estuvo refugiada en su propio cuarto.
― ¿Diga?
― ¡Mimi, por el amor de Dios! ¡¿Cómo estás?! –Una voz masculina se oyó alterada tras la línea y eso hizo que Mimi diese un respingo para después echar a reír abiertamente, recostando su espalda contra la puerta. -¡¿De qué demonios te estás riendo, mocosa?!
― ¡De ti, Tai! –Y más carcajada por su parte. Sus pasos fueron avanzando hacia el interior de su cuarto mientras se deshacía de su cartera al arrojarla hacia su sofá fucsia ubicada en una esquina con un velador de pie en color hueso.
― ¡Yo no me he reído en todo este tiempo, ¿sabes?! Estuve muy… -Y sus palabras murieron al no saber cómo continuar sus palabras.
― ¿Preocupado? - Mimi se sentó sobre su cama y se fue deshaciendo de sus zapatos, seguidos de sus calcetines.
― Sorprendido. Me sorprendiste mucho. – recalcó fingiendo seriedad a lo que Mimi sonrió burlona.
― Oh, por supuesto. Te sorprendí. Lamento haberlo hecho. – dijo con deje de sarcasmo. Fue desprendiéndose su camisa y la arrojó contra el suelo para después ir por la falda.
― Te perdono, pero sólo porque soy muy beneboloso. – profirió el muchacho.
― ¿Benevolente?
― También eso. – hizo una pausa para luego decir, ya sin rastro de diversión. -¿Cómo te sientes? En verdad me has dado un susto, Meems.
― Ya estoy mejor. Si, el susto fue para mí también, pero descuida, mañana regresaré al colegio. –Oyó una risita divertida tras la línea que le contagió a ella también.
― No cabe duda que ya estás mejor. Si se trataba de mí, faltaba al colegio una semana por "El gran cuadro traumático" que me llevé. – ante ello, ambos rieron cómplices pero enseguida, Taichi acompañó. –El entrenador es un ogro. Aún con lo que sucedió hoy, tendremos horas extras de entrenamiento, ¿Lo puedes creer? – Mimi negó con la cabeza mientras reía, pues su amigo no podía ser más holgazán. Pero la alegraba tanto que la hubiese llamado. – Hey, dime. ¿Qué harás por la tarde?
Mimi se paró de la cama al oír como llamaban a su puerta, se colocó la bata que colgaba del perchero plantado junto a su ropero y fue a abrir la puerta para dejar pasar a la mucama. La mujer hizo una reverencia ante ella como saludo y después fue hacia su baño privado a prepararle su tina con sales. Aún tenía en su mano izquierda el ovillo de papel que sacó de la chaqueta de Matt y se la introdujo en el bolsillo de la bata.
― ¿Mañana? Pues estaré organizando las actividades de los clubes. ¿Tienes algo planeado? –Mimi se recostó por el marco de la puerta que daba hacia el baño, esperando que la mujer terminara su labor para así poder bañarse tranquilamente.
― Escucha, iré a ayudarte. ¿Te parece?
― ¿Lo dices en serio? –Mimi sonrió ampliamente.
― Por supuesto. Hace mucho que no pasamos tiempo juntos. –Mimi sonrió enternecida por sus palabras. –Así que nos veremos mañana
― Está bien. Adiós. – y colgó la llamada para después acercar su teléfono al pecho. Le vendría bien estar con Tai, olvidarse de los problemas para divertirse sólo con él.
― Señorita, - la mucama se aproximó hacia ella y Mimi se volteó a verla. – Ya está listo su baño.
― Gracias. Puedes retirarte. –Y con una reverencia, así lo hizo la mujer.
Mimi esperó a que se marchara para así quitarse la bata. Caminó entonces hacia el baño y dejó caer al suelo el resto de ropa que quedaba en ella para introducir su pie izquierdo en el agua caliente.
El contacto que recibió contra su piel fue exuberante. Dejó escapar un suspiro de placer y entonces metió el otro pie para finalmente sentarse en la tina. Dejó que el resto de su cuerpo fuese abrazado por el agua caliente y el contacto de la sal hiciese su trabajo relajante en ella.
Entonces recostó su espalda contra la pendiente que poseía la bañera y cerró los ojos. Recordó el papel que extrajo de la chaqueta de Ishida. Abrió los ojos para buscar la bata.
Con sus manos humedecidas, fue tanteando el bolsillo hasta hallar el papel. Viendo que sus manos sólo arruinarían el material, las secó por el cuerpo de la bata y así abrió la hoja entre sus manos.
Eran letras escritas en hiragana con un pulso bastante atractivo. No eran como las letras de Tai o Izzy que parecían jeroglíficos inentendibles. Ésta era pulcra a pesar del estado ceniciento que tenía. Fue leyendo las palabras y comprendió que se trataba de la letra de una canción.
Sonrió se acomodó nuevamente con la espalda por la tina y siguió leyendo con más ánimo aquellas palabras. Eran hermosas y mientras avanzaba, no podía dejar que el rostro del dueño de aquel papel, se inmiscuyera entre sus pensamientos.
Tras la noticia de que el Instituto seguiría funcionando debido a que el daño sólo damnificó la cocina del lugar, por lo cual se utilizaría el jardín trasero como comedor y varias familias adineradas de la Institución contratarían a empresas de comidas para la hora del almuerzo, Mimi había vuelto al colegio.
Su obligación como presidenta estudiantil no veía bien el faltar un día a sus clases. Además de que, como en el anterior día su discurso se vio frustrado por aquel accidente, debía tomar lugar ese día. Así que cuando entro en la Institución, siendo las siete en punto y sin ver aún muchos alumnos, caminó hacia su salón.
Pero claro, otros madrugadores igual que ella, estaban deambulando tranquilamente por los pasillos, pero al verla, fueron directo a Mimi. Las preguntas se abalanzaron contra ella desde que subió las escaleras hasta que ingresó a su aula. Pero aunque fuese exhaustivo aquel momento, no podía negar que la atención hacia ella era bien recibida.
Sus compañeros de clase fueron llegando conforme la hora avanzaba y al verla, se acomodaban alrededor de su pupitre para oír todo lo que sucedió el día anterior y que conmocionó al colegio. Yolei tampoco tardó en aparecer, situándose junto a ella mientras también participaba en los relatos ya en el hospital.
Entonces, una de las chicas presentes la interrumpió.
― Entonces, Mimi. ¿Es verdad que Ishida Yamato te salvó la vida? – al pronunciar aquella pregunta, los murmullos se iniciaron a su alrededor, junto con el brillo ilusorio que las jóvenes poseían en sus ojos al hacer mención del sex symbol del Instituto.
Esa reacción no pasó desapercibida por Mimi quien compartió una mirada con Yolei para después bajar sus manos sobre su mesa y mirarlas como si éstas comenzaran a hablarle. Se había ensimismado en sus pensamientos cuando la mención del muchacho surgió, pero más bien se debía a que, entre tanta conmoción que generó el interrogatorio de las personas hacia ella, se había olvidado por completo de ir a verlo. Recordaba haber traído en una pequeña bolsa, la prenda que le pertenecía al igual que el papel blanco que recuperó de ésta.
Sonrió a su compañera quien le había hecho la pregunta.
― Si, fue él. – entonces la admiración se plasmó en el rostro de los que la rodeaban, mirándose entre ellos, comentando la hazaña del ausente rubio.
― Pues entonces fue un poco injusto su castigo. – se oyó otra voz dentro del círculo de estudiantes allí reunidos. Mimi volvió su rostro enseguida hacia su compañero sentado a su lado.
― ¿Qué has dicho? – preguntó la castaña con los ojos abiertos por la sorpresa. En verdad no se esperaba algo así. ¿Por qué razón lo castigarían?
Su compañero la miró con curiosidad, como si en verdad se sorprendiera en saber que ella no estaba al tanto de la última. Mimi tragó dificultosamente.
― ¿No lo sabes? Lo castigaron por iniciar el incendio en la cocina. –más murmullos que resultaban molestos para la muchacha. –Cuando lo supe, creí que se lo tenía bien merecido, pero ahora que nos confirmas que fue él quien te salvó, pues…
― No – dijo Mimi con voz quebrada. –No pueden castigarlo. Él no lo hizo. –lo último lo comento en un hilo de voz, más bien dirigida para ella misma. El resto de las personas la miraban con clara sorpresa y duda en sus rostros.
Frunció el cejo y cerró las manos en puños para así pararse de su asiento. Aplicó zancadas en sus pasos hacia la puerta del salón. No podía ser verdad aquello. Tenía que ser un error. Y mientras más avanzaba, la calma más la estaba abandonando. Sentía la mirada de todos sus compañeros sobre sus espaldas, pero no le interesó. Sólo quería ir a su clase y comprobar que efectivamente, no existió ningún castigo y poder agradecerle como es debido para que todo vuelva a la normalidad.
Pero cuando corrió la puerta del salón, se topó con la figura de su maestro de matemática. Dio un paso hacia atrás por la sorpresa de verlo y luego hizo una reverencia con la cabeza que fue respondida por el hombre al decir.
― Buenos días, Tachikawa. Veo que ya nos está acompañando nuevamente.
― Buenos días, Maestro Otori. – se enderezó y se hizo a un lado para que el docente ingresara al salón.
Con su llegada, los demás compañeros que hace un momento formaban un círculo alrededor de su propia mesa, se dispersaron para ubicarse tras sus propios pupitres, mirando al maestro ubicarse en el escritorio de mayor magnitud que descansaba a un lado del pizarrón.
En cuanto a Mimi, volvió a su asiento sin posibilidad alguna de hacer lo que tenía pensado antes de que empezaran las clases. «No importa, en la hora del almuerzo iré a verlo» se dijo.
Dio un sonoro bostezo cuando estaba desperezándose sobre la cama. Estiró sus brazos e hizo sonar algunos huesos de su espalda como el de su cuello. Aligeró su cuerpo y por fin deslizó sus piernas desnudas por el borde de la cama para colgarlas y tocar el suelo fresco de su habitación.
No recordaba haber dormido tanto desde hace tiempo, aunque no podía decir que fue un sueño muy placentero. No cuando te vas a dormir con la carga de haber discutido con tu hermano en el acto. Apoyó ambas manos a cada lado de sus piernas, tomando las sábanas desarregladas entre sus dedos. Miró el suelo y suspiró.
Tomó impulso y salió por fin de la cama. Sus pies desnudos se fueron encaminando hacia la puerta de su habitación para salir por ella. El estómago le rugía, así que sería conveniente hacerse un buen desayuno para… detuvo sus pensamientos y recordó que ese día no iría al Instituto. Se encogió de hombros al recordar que tenía tres días de suspensión.
No es que se moría por ir al colegio, pero con el severo castigo que le implantó su madre por "Tratar de incendiar su colegio", no tenía mucha diversión de por medio.
Llegó hasta la cocina y previo lo que suponía. Ya nadie estaba en la casa. Ingresó más al cuarto y fue directo al refrigerador para sacar el envase de leche fresca a medio trayecto por acabarse. Cerró la puerta del electrodoméstico y dio un vistazo rápido a la arrocera que descansaba sobre la encimera, junto al refrigerador.
Gracias a la gentileza de su madre, había una ración para él. De todas maneras, iba a ingeniárselas para preparar otro menú en caso que no hubiese arroz. Pero como ya tenía preparado prácticamente el desayuno, volvió a guardar la leche dentro de la heladera.
Instintivamente, levantó la cabeza hacia el reloj que reposaba contra la pared frente a él. Eran las diez de la mañana. Ahogó una risa divertida y sarcástica al verse despertándose a esa hora un jueves, cuando en esos momentos tenía que estar dando clases de matemática aplicada. Se encogió de hombros y siguió comiendo.
Mientras su mano derecha maniobraba con agilidad sus palillos, la izquierda iba tamborileando la mesa de comedor pequeña para cuatro personas. Era el mismo ritmo de la canción que hubo sacado hace unos días y cuya letra se perdió en el intervalo del rescate improvisado del día anterior.
Entrecerró los ojos al rememorar todo lo sucedido y la imagen de la menuda castaña acaparó su retina. Primero la viva figura de Mimi increpándolo sobre el asunto de la banda y de los intentos incesantes porque aceptara ayudarlos… Y un momento después, su figura pequeña e indefensa entre sus brazos. Un escalofrío lo recorrió nuevamente y dejó de masticar para embargarse en sus pensamientos. Entonces, las palabras de su hermano lo golpearon.
« ¿Crees que no me doy cuenta de lo pendiente que estás de ella? ¿La forma en la buscas con la mirada estando en el colegio? Creí que estabas muy metido en lo que respectaba a la banda, por eso parecías más lejano que antes. Pero cuando me relataste lo que ocurrió, tenías que ver tu rostro.»
Apretó con fuerza los palillos entre sus dedos. Takeru estaba muy equivocado si pensaba que lo conocía tan profundamente como para decirle semejante estupidez. Es más que obvio que aquello no era verdad. No soportaba a Mimi, era escandalosa, caprichosa y desesperante. Pero tampoco iba a darle la espalda en un momento como lo fue el de ayer. ¿Quién lo haría?
¿Desde cuándo salvarle la vida a alguien significaba otra cosa más que esa? No mentía al decirle a Tai, que Mimi no era su tipo porque en verdad no lo era. Y no significaba nada que estuviese pendiente de ella ni que la mirase cada vez que podía. Por supuesto, eso no tenía nada que ver. Porque aquella castaña era atractiva, no hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta de eso. ¿Quién no la miraría cuando pasara delante de uno? ¿Ni la buscaría con la mirada cada vez que podía? Todo el mundo lo hacía.
Dio un golpe a la mesa y alejó su tarro de arroz casi aventándolo. Dejó los palillos sobre la madera del mueble.
― Maldita sea… - pronunció y se impulsó con sus pies para retirar la silla de la mesa y así pararse. Luego recogería sus trastos sucios. Ahora tenía que hacer otra cosa para no pensar en cosas estúpidas como esas.
Fue directo a su habitación y cerró la puerta tras de sí con un portazo que estaba seguro la Señora Rokujo usaría de pretexto para venir a quejársele a su madre solo por diversión. Caminó a zancadas acentuadas y tomó su guitarra para sentarse sobre su cama desarreglada. Le quitó el forro y apoyó al instrumento sobre su regazo casi con necesidad. Entonces, sus dedos se pasearon sobre las cuerdas, sintiendo el metal de las mismas royendo sus yemas ya sin sensibilidad alguna. El tacto más adictivo que conocía.
Y sus dedos comenzaron a moverse, ejecutando la melodía que había compuesto. No recordaba muy bien la letra, pero conforme las notas inundaban su cuarto, fue haciéndolo.
Apuró el paso lo más rápido que pudo, intentaba que las personas no la detuvieran en el trayecto para hablar de su gran actuación en el accidente ocurrido el día anterior. Si las personas la conocían ya por ser la presidenta del Instituto, ahora lo hacían por ser la Superviviente del Instituto.
Cuando la campanilla que anunciaba la hora del almuerzo sonó, ella guardó sus cosas dentro del cajón que contenía su pupitre y salió de su salón. No había estado prestando la debida atención a la clase de matemática, no como acostumbraba y eso era por culpa del estúpido Ishida. ¿Por qué siempre tenía que alterarla de esa manera? Y ahora no estaría tranquila hasta saber que vino al colegio y aquel castigo fue sólo un mal rumor ocasionado por un imbécil.
Cuando estuvo delante de la clase que correspondía al Tercer año de secundaria de la segunda sección, Mimi esperó a que todas las personas salieran de una vez. No pasó mucho tiempo plantada junto a la pared, pues los alumnos se habían marchado y para desgracia suya, no había rastro de Yamato en la sala.
Apretó con fuerza sus manos hechas puños a cada lado de su cuerpo y trató de razonar la situación. Quizá salió a almorzar, pensó. Entonces, a su mente trajo la imagen de Matt dentro de la sala de música con su guitarra en el regazo, tocando como era costumbre. Eso era más propio de él.
De prisa se giró de golpe, haciendo que su cabellera castaña lo hiciera con ella y así caminó apresuradamente hacia la escalera que la conduciría al segundo piso, lugar en donde se hallaban las salas de los clubes, entre ellos, el de música.
Cuando estuvo delante de la puerta, sujetó con fuerza el pomo de la misma y tras respirar profundamente, la abrió. No se molestó en tocar la puerta, pues ella estaba segura que al entrar, lo hallaría allí. Claro que la realidad fue otra.
Ya había formulado las palabras que le dirigiría al entrar para no demostrar lo urgente que le resultaba verlo allí dentro, pero cuando se encontró con la sala completamente vacía –salvo por los instrumentos-, su decepción era un hecho latente en su rostro. Observó la habitación por un momento, armándose de valor para entrar, cerrando la puerta tras de ella con cuidado. No quería generar ruidos que alterara la paz dentro. Sonaba estúpido, pero no le interesaba.
Recorrió con la mirada los instrumentos dispuestos de tal manera que en el centro de la sala se ubicaran las butacas en forma circular. Pero entre todos los instrumentos existentes en aquel lugar, sus ojos no se despegaron del piano vertical marrón que parecía estar olvidado en una de las esquinas.
Desde donde se encontraba y por la luz del foco, podía apreciar una capa de polvo que lo envolvía tristemente. ¿Será que alguien lo seguía utilizando? Y como si la llamara, caminó hacia el instrumento. La espalda daba hacia la pared, por lo que las teclas recibían al que ingresaba a la sala, en ese caso a ella. Así que tomó asiento en la banquina de madera lustrada, no sin antes sacar del bolsillo de su falda un pañuelo de tela con el cual sacudió el polvo.
Y los dedos de su mano derecha fueron acariciando de a poco la cuarta octava, primero con un do medio que llenó la sala y el sonido le hizo cerrar los ojos, recordando la sensación que le provocaba el piano. Luego ascendió la octava con lentitud hasta ganar más confianza con el instrumento pero al llegar a la, ningún sonido desprendió.
Abrió los ojos y los dirigió hacia la tecla, para tocarla nuevamente. Su cuerpo caía al interior de la boca del teclado a diferencia del resto de los dientes del piano. La tecla estaba rota. Su decepción fue grata. ¿Quién podía ser tan insensible como para tener un piano cuya tecla estuviese averiada? Quizá no fuese la única.
Y motivada por aquel pensamiento, empezó a tocar desde la primera octava con un movimiento lustre de dedos, sorprendiéndose que no hubiera perdido la práctica con respecto a la puntuación. Las notas sonaban ascendentes y armoniosas hasta en la que había reconocido rota hace un segundo. Sólo era esa tecla la que estaba averiada. Era un alivio, pensó. No podría imaginarse tocar algo con varias teclas rotas.
Se sorprendió a sí misma al hallarse con aquel deseo por tocar. Y una sonrisa calma apareció en su rostro. «Quizá Ishida fue almorzar. Lo esperaré.» Y así ambas manos se ubicaron sobre las teclas, aún en el aire, pero imponiendo presencia sobre sus cuerpos.
― ¿Qué podría tocar?
Y sin mucho pensar, sus dedos –movidos por la necesidad que impartía el instrumento sobre ella- fue ejecutando una escala de sol, su preferida. Y mientras el sonido llenaba la sala, una melodía galopó en su mente. El recuerdo de aquel sueño con su Tía Ritsuka.
Y sus dedos dejaron la escala para así ir mencionando la melodía de aquella canción con la cual recordaba tanto a su querida Tía. Era una canción que impregnaba tanto dolor y tristeza, pero no sabía por qué le gustaba tanto.
Incluso al rememorarla, podía ver claramente las espaldas de su Tía mientras tocaba aquella canción tan hermosa. No sabía si era una canción que ella misma la compuso o si sólo ejecutaba alguna ya existente, pero era hermosa.
Y sin poderse contener, su voz salió.
I'll sing it one last time for you
Then we really have to go
You've been the only thing that's right
In all I've done
Recordaba a su tía cantándolo con aquella voz que expresaba melancolía y tristeza. Valiéndose por la letra de la canción, sabía por qué estaba tan dolida. Un adiós que ella no pudo evitar.
And I can barely look at you
But every single time I do
I know we'll make it anywhere
Away from here
Entonces recordó la forma en que su tía comenzó a llorar. Como cuando ya no tiene más remedio y el recordarlo, sólo hacía que doliese aún más.
Oyó la puerta de aquella sala cerrarse y sus dedos se detuvieron al instante para que su rostro se girara rápidamente, buscando a quien había ingresado. Tenía las mejillas sonrojadas por cantar y por la vergüenza de que Ishida la hubiese estado escuchando todo ese tiempo… Aunque para su sorpresa, no se trataba del rubio.
― ¿Q…Qué haces aquí, Minamoto? – El azabache dejó su mochila en el suelo y la miró con un semblante serio.
― ¿No te parece que debo ser yo quien te pregunte eso? – Mimi se sonrojó aún más por sus palabras, pues tenía razón. Se puso de pie entonces, y se acomodó la falda aunque no necesitara tal arreglo. Estaba nerviosa.
― S…Sólo vine a… - bajó la mirada y vio entonces el bajo del azabache recostado por una de las butacas que al entrar, ya estaba allí. Entonces recordó por qué estaba en esa sala en un principio. Elevó su mirada y trató de mostrarse firme ante el muchacho. –Vine a ver a Ishida.-
El muchacho la miró con una ceja enarcada y luego bufó. Mimi tomó aquella reacción como una demostración poco educada. Hizo un puchero en protesta y dijo.
― ¿A qué vino eso? Necesito hablar con él.
― Sólo me sorprende que aun siendo la presidenta del Instituto, no sepas lo de Yamato. –Mimi dejó a un lado su semblante molesto para engendrar uno que expresaba curiosidad y desconcierto. Eso lo notó Koji, así que se cruzó de brazos para sostenerla una mirada fría. –Así que no lo sabes.
― Si continúas con esa actitud, Mina…
― Han suspendido a Yamato tres días. – interrumpió Koji de manera cansina, sin apartar la mirada de ella. Por su parte, Mimi exhaló el aire con que iba a acabar la oración, antes de ser interrumpida por el bajista. Su desconcierto fue claro.
― ¿Q…Qué? ¿Por qué?
― ¿En verdad no sabes nada? – respondió ahora de manera tosca. –La directora lo culpó por haber sido él el causante del incendio del comedor. Aunque claro, no hace falta conocerlo mucho como para saber que Yamato no tiene aficiones culinarias ocultas. –Entrecerró los ojos con desconfianza. – Pero creo que tú sí las tienes.-
Mimi dio un paso atrás y su cintura chocó contra el piano. Giró su rostro y observó las teclas; más específicamente, la tecla rota. La que no sonaba pero pedía agritos que alguien la escuchara.
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N/A:
Holaaaaa! Diooos, creí que no actualizaba más xD pero gracias al cielo, pude hacerme de tiempo para escribir y ahora estamos aquí reunidos para presenciar otro capítulo más :D
Anyway, les cuento que tardaré mucho para actualizar el siguiente capítulo :c Pero bueno, es por eso que quise darles una actualización bien larga para compensar mi tardanza anterior y la que vendrá xD
Primero que nada debo agradecer enormemente a mi queridísima beta que se pasa de buena onda conmigo y mis tropezones xDDD enserio me tiene mucha paciencia jajaja Además de que gracias a ella, podré ofrecerles un buen capítulo esta vuelta :3
Y ahora con el fic… ¿Cómo les ha parecido el capítulo de hoy? Pues si me lo preguntan a mí empezaría con los chicos de la banda xD No jodan que esos pendejos se pasan de testarudos xDDD pero ¿quién no lucharía hasta lo último por conseguir lo que más anhelan? :) Me incluyo, aunque claro, yo no iría correteándole a una chica por todo el colegio xD Sería un poco más sutil *prepara su banda de mafiosos*
Mimi se pasa de mala onda y quizá fue el karma el causante de todo pero eso sólo dará pie a más Mimato y atención! Posible Michi e.e De seguro quieren saber cómo va la letra de la canción de Yamato y espero pronto enseñárselos :3 Oh, este Matt que no quiere admitir lo que va sintiendo por Meems, pero veremos cómo va eso de la "manzana prohibida" y su fuerza de voluntad a prueba para el siguiente capítulo e.e
Qué tal les pareció, fans del Takari? Sé que no hay mucho qué ofrecer pero la atracción que hubo… Ufff! Y qué será que sucedió entre ambos, por eso Tk actuó así con Matt :/ Qué cosa esta Zoe xD Su actitud fue la misma que tomó Mimi, aunque claro que la última se retractó tarde. Aviso: habrá pareja para Zoe pero sólo esperen sentados a ver como se da la osa ;)
Y sin mencionar el Kenyako :o Cómo estuvo la escena :DDD ¡Oh, Osamu y su trágica situación que quiere poner a raya a Ken y Yols! D: Tengo que decir que su historia tiene mucho por lo cual puede explotarse, así que tengan paciencia xD
Lo mismo pasa con el Taiora, que esta vez no hice mención alguna, pero sólo porque aún no es tiempo xD aunque eso sí, en los próximos capítulos les aseguro que el drama acompañará a esta pareja :D
¡Ash, adoro a Natsuko! Su rol de histérica me resultó divertido de escribir, aunque no sería para nada simpático que tu hijo anduviese con instintos piromaniáticos xD Pero bueh, ha de ser duro al tener dos hijos que se quieran dar de trombones y sólo ella tenga que contenerlos.
Oh, y para dar aún más historia a todo, ya se habrán dado cuenta que introduje un OOC desde el capítulo pasado, viniendo a ser la Tía de Mimi, Ritsuka. Ella vuelve a aparecer en este episodio y se han de preguntar qué pudo ser aquel sueño y esa canción… Quiero saber qué piensan :D
Supongo que eso es todo por ahora xD
¡Dejen sus review con sus comentarios! Quiero saber qué tan bien recibido fue este capítulo ;)
Byee!~
Eri-Sshi: ¡Heeey! ¡Eri, muchísimas gracias por tu comentario y tu super ayuda! *reverencia* xD Lo mismo pienso. Yamato bien que tentó a Mimi a hacerle eso, pero ahora, como dices, es la mala de la película. Aunque ya veremos como sigue la cosa. Sii, y mientras más prohibida sea la manzana, más uno lo desea eeeh! A ver como lo toma Yamato y viendo lo de éste capítulo, a ver si su fuerza de voluntad no le juega en contra xD Jajajaja siii, todas están apuntando hacia Sora como blanco principal, en este capítulo no hubo nada de ésta pareja, pero de seguro en la siguiente ya se habla un poco más de su historia juntos e.e Sii, ya es un poco obvio que el Michi se irá presentando conforme avancen los capítulos y te aseguro una confrontación Tai/Matt muy pronto xD Ohh, y hasta este capítulo le ignoró a Mike xDDD en verdad se ganará ese premio, a ver cómo sigue jaja Lo mismo yoo! Su velada es la soñada por muchas, pero yo prefiero evitarme el estrés de la etiqueta xD Jajaja Hellyea! El cuadrado amoroso fue geeenial! A mí también me gustó mucho esa parte, en especial Takeru que sin darse cuenta le pone los celos en punta a Kari. Y respondiendo a tu pregunta, sí. Teniendo ya a Wellace, ¿por qué ponerse celosa por Tk? Pero eso sólo dice que Kari tiene aún al rubio en primer plano e.e jajaja Y quizá este capítulo haya ayudado un poco a ambos. Jajajaja completamente! Esa Kari es una suertuda, si andamos como ella dudo que nos llevan hombres así *3* Oh, si! Koji es un completo Tsundere que se respeta! xD Y ahora más cuando le trajo el obento a Meems xDDD pero qué va, su actuar con Mimi en la última parte, fue eeeeh! Este chico es un malote e.e Lo mismooo digo! Amo el sarcasmo masculino bien dirigido y depende quien sea también para que sea divertido su lado pedante xD por ejemplo tengo personajes ficticios que son pedantes pero siguen siendo cool dentro de todo xD ¡Así mismo, Kazu es un amor! Lo amooo y también pienso que es un Tai 2 xD Sii, así mismo. Castaño de ojos verdes y una visera que yo obvie en la descripción xD Aaaay, me matas de amor! Enserio si, extraño escribir con tranquilidad y continuidad por sobre todo, pero al menos actualizaré, aunque no con muuucha rapidez :c Pues es así, ahora debo preparar unas casas a distintas escalas y ya me corté con el cúter D: Me enojé y ahora estoy aquí relajándome e.e xD jajajaja Lo dices enserio?! Qué genial, quizá si hayas sido arquitecta en otra vida y tienes los conocimientos presentes ;D Primer semestre y si, muchísimas gracias! Trataré de que la Uni deje restos de mí y así poder continuar con la historia! Muchísimas gracias nuevamente por todo el apoyo que me brindas y te me cuidas! :3 Bye!~
IzzieBlake: Holaaa! Lo sé, lo sé. Se pasó de mala en el capítulo anterior y en este no mejoró nada xD Ayy, si. A mí también me molesta que traten de menos a las personas que trabajan en los servicios domésticos o en algún otro, no tiene por qué haber ese tipo de trato feo si somos todos lo mismo! Te entiendo! Cuando uno se esfuerza por dar todo de sí para los demás, pocos son los que te devuelven de la misma manera, pero bueno… xD Como mi papá dice siempre, no esperes mucho de los demás y no te vas a decepcionar. Pero es imposible! Dx A ver, de seguro me odias mucho más xDDD Juaaaz! Te engañé con el café ese jujuju Y pos, empezamos con el Michi, pero te aseguro que en el siguiente te sentirás completa! Porque el Michi aflorará y los celes de Yama también :3 Oh, si! Kazu se volvió el personaje favorito del capítulo pasado y a ver quién se lleva el premio en éste! :o Waah, sí. Matt es todo un bandido y es obvio que Tai lo hará pagar! A ver cuando sucede y cómo se dan las cosas entre ambos, quizá ayude tanto al Michi como al Mimato, pero de seguro algo sale de eso e.e Ou, si. Me faltó el Taiora y en este tampoco hice mención pero el siguiente capi ya lo hago. ¡Oh y el Kenyako hizo gala en este capítulo! En fin, muchísimas gracias por tus comentarios que siempre me sacan carcajadas! Nos leeremos!~
Ali0516: ¡Holaaa! ¡Muchas gracias por dejar tu comentario, me ha hecho muy feliz! :3 Y sí, ese Yamato e.e es ley! Cuando algo te lo prohíben, más lo deseas y él nos demostrará cuan verdad es eso ;) Ou, si! Koji se parece mucho a Matt pero sin duda, Minamoto es un Tsundere hecho y derecho a diferencia de Matt, que es menos vergonzudo xDDD aunque claro, veremos como le tratan las cosas a ambos. Yeeei, el cuadrado amoroso xD Takeru dando celos a Kari y ella a él. Pues sigo pensando en un OOC pero a largo plazo, tomaré tu oferta pero te aseguro que aparecerá ;) Muchas gracias nuevamente y nos seguiremos leyendo! Ja Ne!~~
Valeeee: ¡Hi, gracias por tu comentario en verdad me alegró! Oh, por favooor! No me lo agradezcas, soy yo quien lo hace porque valoras esta historia :3 Muchísimas gracias enserio! Yo también adoro esta pareja *3* Ya vamos entrando a la parte donde Yamato se cuestiona sobre sus sentimientos, a ver cómo continua esto e.e Gracias por comprensión y nos seguiremos leyendo!
Adrit126: ¡Holaaaa! Muchísimas gracias por tu comentario, en verdad me emociona que te haya gustado tanto :3 Así es, Matt está de mártir últimamente xD Nos seguiremos leyendo!
Clau: Holaa, así es. No podré actualizar con rapidez, pero trataré de hacerlo cada que pueda :) Muchísimas gracias por tus ánimos y ya actualizaré pronto! Hasta otra!~ :3
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