YELLOW! :D Después de tanto tiempo, al fin la actualización que estaban esperando xD lo lamento enserio u.u quería actualizarlo lo antes posible, pero buah… En las notas me explayaré en ese tema xD
Les dejo el nuevo capítulo anticipándoles que está bien largo ;D compensando mi ausencia jajaja
Sólo la letra de una canción aparece en el capítulo y es "Always" de Killswitch Engage, les recomendaría que escuchen la versión acústica para éste capítulo :P y también al final hace mención de "A song for you" de Amy Winehouse, que habla mucho de cómo se siente Mimi con respecto a Matt, pero ya eso lo voy a utilizar más adelante ;3
Espero que lo disfruten y como saben, espero sus comentarios al respecto :3
Guía Narrativa:
― Diálogo.
«Pensamiento»
"Énfasis"
Letra de canciones
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Dio un paso y estuvo frente al atrio de madera, teniendo encima de ella a todas las miradas. Sus ojos vagaron por un segundo hacia el cielo que comenzaba a oscurecerse. Sintió una pequeña y casi insignificante gota de sudor resbalando por su espalda. Suspiró y dio un vistazo fugaz de izquierda a derecha, contemplando la cantidad de estudiantes reunidos. La impresión de encontrar más rostros que los que estuvieron reunidos el día anterior fue suficiente para cambiar de dirección sus preocupaciones. Al menos el espectáculo del día anterior sirvió para atraer la atención, pensó.
Tragó saliva y esbozó una ligera sonrisa al tiempo en que sus manos viajaron hasta los extremos del atrio; de esta manera, dio el saludo inicial dirigiéndose a sus compañeros, como a las pocas autoridades reunidas. Era algo normal aquello, después de todo contaban con una Directora demasiado ocupada en asuntos "más importantes" como para presentarse en aquella conferencia.
― Les agradezco su paciencia y lamento que la reunión de ayer no se haya podido concretar. ―dijo apretando ligeramente los extremos del atrio. –Quiero hacer una introducción rápida, para no alargar más esta convocatoria. Como todos saben, cada representante de los clubes existentes en la Institución, pasarán al frente para presentar sus prórrogas para éste año. –Intentó mantener su sonrisa acentuada, pero cuando sus ojos fueron capturados por unos oscuros y profundos, un nudo en la garganta atentó contra su calma. Entornó sus castaños orbes al cielo y la impresión de hallarlo más gris, le hizo flaquear las piernas.
Apretó con más fuerza los extremos de la madera y por un momento pensó que podía romperla en cuestión de segundos. Cerró los ojos y trató de tranquilizarse a sí misma. Volvió a dirigir su mirada hacia los estudiantes, centrándose en los rostros de los miembros del club de periodismo, sonriéndoles.
─ Soy consciente de que quizá muchas peticiones no les podré hacer realidad, pero les doy mi palabra… –su mano derecha se deslizó hacia la banda roja añadida a la manga izquierda de su camisa, indicándola como Presidenta Estudiantil. –…que haré todo lo que esté a mi alcance para lograrlo. –Vio la aprobación en los rostros de la multitud ante aquellas palabras. Sonrisas, asentimientos, miradas de asombro. Todo era ideal, pero a pesar de ello, la tensión que provocaban los ojos de Minamoto Koji sobre ella, podía abrumar por completo todo sentimiento de victoria en ella. –Y ahora, los presidentes de cada club, pasen al frente formando una fila hacia la mano izquierda. –señaló con su mano extendida el extremo izquierdo del corredor donde se ubicaba y al tiempo en que decía aquello, veía levantarse a varios estudiantes, de los cuales sólo conocía a Taichi, como Presidente del club de Fútbol; Takeru, tras el club de Basket y Hikari como la representante del club de Natación; a diferencia de ellos, pocos rostros conocía aunque estaba también aquella jovencita rubia con las facciones que la delataban como extranjera.
Mimi se hizo a un lado sonriéndoles a los alumnos que iban conformando la fila de Representantes. Yolie y otra compañera más los ubicaban para que vayan avanzando hacia el atrio para presentar a su club y vaya citando sus prórrogas.
La presidenta se acomodó en una de las sillas junto a su vicepresidenta y la secretaria. Iba estudiando a cada uno de los que avanzaban hasta que vio al muchacho castaño de ojos verdes, Shiota Hirokazu, como el líder del club de música, reemplazando al verdadero presidente de aquel club.
La ausencia de Yamato sólo acentuó la incómoda sensación que traía encima. Y sabía que era su culpa. Apretó los puños con fuerza, ambos descansando sobre su regazo, intentando calmar el ardor que rascaba su lado posterior de la garganta.
Se sentía impotente y la idea de que lágrimas de rabia cayesen por su rostro, le hicieron cerrar los ojos y tratar de calmar la respiración. Inhalaba con fuerza y dejaba escapar el aire unas repetidas veces. Debió de ser una acción poco disimulada pues sintió la mano de su vicepresidenta, Tadao Chizuru, sobre la suya. Mimi la miró sorprendida, encontrando una sonrisa reconfortante en la azabache.
― Tranquila, todo está saliendo perfecto.
Formuló una sonrisa, aunque más bien trataba de disimular la ironía que quería dejar escapar. Por supuesto, todo estaba saliendo perfecto porque alguien más le salvó el pellejo.
Una brisa impregnada con el aroma a lluvia les meció el cabello. Mimi parpadeó sorprendida y buscó hallar el cielo a pesar del techo encima de ella. El tono grisáceo de las cargadas nubes le robó el aire.
Las lágrimas que había tratado de contener hace un momento alertaban con salir al exterior. No iba a mostrarse de esa manera. Se puso de pie y cabizbaja, trató de calmarse para caminar hacia el interior del colegio.
─ ¿Tachikawa? –La llamó Chizuru, pero ella sólo le hizo una seña con la mano para que no se preocupara, formulando un "ya regreso" con los labios para hacerse entender. Así, avanzó hacia las puertas y empujándolas con fuerza, se resguardó dentro de la estructura.
Ahí, se abrazó a sí misma. Estaba helada y podía sentir castañear los dientes. Cuando cruzó la mitad del pasillo se recostó sobre una de las paredes respirando con dificultad. Trataba de normalizarse pero su cabeza era un revoltijo de cosas. «Sólo… Límpiate el rostro. Todo estará bien, Mimi.» Se dijo a sí misma y comenzó a caminar con más rapidez.
A su mente llegó la imagen de Yamato, del arrogante y atrevido Ishida… Pero enseguida, los orbes oscuros del Minamoto dándole juicio. No se había percatado en qué momento sus pasos se aceleraron hasta convertirse en un trote que se detuvo cuando casi se estrelló contra un basurero. Recostó su espalda contra la pared que tenía como consuelo, disfrutando del frío que emanaba ésta.
Aquel esfuerzo físico le vino bien, sentía su cuerpo desahogarse poco a poco, volviendo a emanar calor de su piel. Dejó que su espalda resbalara contra la pared hasta que su trasero percibió el suelo. Flexionó las piernas hasta que sus muslos chocaron contra su pecho. Miraba a la nada pero un solo pensamiento se anidó en su mente.
«Esto tiene que terminar… Ahora mismo» Pensó. Estaba en el proceso de levantarse cuando oyó una voz que le resultaba familiar y a la vez, tortuosa.
─ Tengo que admitir que me sorprendes, Tachikawa.
Mimi volteó su rostro hacia donde provenía la voz de Koji, quien estaba a medio trayecto de ella, plantado mirándola con un semblante impenetrable. ¿En qué momento entró? Se preguntó Mimi.
― M…Minamoto… -Susurró con la respiración un poco más tranquila.
Se enderezó y lo vio avanzar hacia ella a zancadas con las manos en sus bolsillos y una expresión que delataba el claro desprecio que lo inundaba. Por un momento, comenzó a temer.
─ Minamoto, ¿q…qué haces…?
─ Cuando te vi ponerte de pie, me dije a mí mismo que quizás te pude haber juzgado mal, que nadie podía ser tan cínico. Que quizás querías reivindicarte con todos tras ese numerito de hipocresía que diste al inicio… ―Mimi retrocedió un paso. No le gustaba a donde se dirigían las palabras de Koji.
Si las miradas pudiesen matar, ella ya estaría postrada en el suelo, desangrándose. Minamoto no disimulaba el odio que sentía hacia ella en esos momentos y eso la inquietaba, más aún cuando lo veía avanzar de esa forma. Cuando se dio cuenta, el chico se detuvo a tan solo un par de metros de ella, con la misma serenidad asesina que lo caracterizaba.
― Pero al ver que habías entrado a este lugar, sólo hizo que comprobara lo vil, egoísta y sucia que eres. –entrecerró los ojos, acentuando su amenaza. –Y pensar que Yamato no sólo te salvó, sino que se arriesgó por ti ciegamente.
─ ¡Y…Yo no se lo pedí! –respondió a la defensiva, como si fuese lo único que pudiese decir, aunque en realidad fue lo primero que se le pasó por la mente. Y en cuanto hubo pronunciado aquello, se mordió la lengua. Vio al chico acentuar el ceño fruncido. –Escucha… Esto no tiene que ser así. Yamato me salvó y le estoy realmente agradecida, pero…
─ ¿Y aun así piensas actuar con cinismo? Después de que arriesgó su vida por ti… Ni siquiera puedes decir la verdad ante los estudiantes para que vean el tipo de persona que eres.
Mimi sintió un escalofrío recorriéndole la espina dorsal, no quería oírlo más, quería apartarlo y hacerlo callar, pero su cuerpo no se movía ni sus ojos se apartaban de su rostro.
― N…No lo entiendes.
─ Apuesto a que es la primera vez que escuchas esto, ¿no, es verdad? –Sonrió con ironía y dio un paso más, al que Mimi ya no puso un pie en retroceso y estuvieron un poco más cerca. –Te crees la más apta para tomar un cargo como el que tienes impreso en tu manga izquierda… ¡Pero no eres nada! –Respingó al oír como Koji alzó un poco la voz y se tapó los oídos. Odiaba cuando la gente gritaba o se alborotaban a su alrededor.
─ No alces la voz, Minamoto… Cállate. –Intentó que su voz no expresara lo alterada que estaba, pero dudaba poder evitarlo.
─ ¡No quieres oírme porque sabes que es cierto! –Koji se aproximó, lleno de furia y la tomó por sus muñecas, apretándolas con fuerza, mientras trataba de apartarlas de sus oídos. Mimi cerraba los ojos, intentando negarse a sí misma del miedo que sentía por culpa del bajista, aunque él no supiera con exactitud por qué actuaba así.
─ Cállate… Por favor… Para…
─ ¡Tan solo mírate, tan pequeña ahora! No eres nada. ¡Te superpones a los demás, quieres llamarte líder pero ni siquiera puedes sacrificarte por quien te salvó!
─ ¡Koji! ―una tercera voz se les unió y fue esta misma quien apartó de un manotazo al azabache de la castaña. Mimi sólo sintió que el agarre de Koji se aflojó para después tener la ancha espalda de Tai frente a su rostro.
Pero el Yagami no fue el único en intervenir, pues junto al Minamoto estaba su gemelo sujetándole de un brazo mientras trataba de calmarlo. En el rostro de Koji había furia reprimida, mirando a Tai con rabia. Claro que el moreno no se quedaba atrás.
─ ¡¿Qué se supone que haces zarandeando de esa manera a Mimi?! –la aludida miraba atónita a Tai y más aún cuando éste bramó. Sujetó entonces, la camisa del moreno entre sus manos, para llamar su atención, aunque no consiguió nada.
─ No te metas, Taichi. –exigió el azabache. –Esa niña no merece tu protección.
─ Koji… esa no es la manera de solucionar las cosas. –Decía Koichi a su lado mientras que Koji trataba de zafarse del agarre de su hermano, pero parecía imposible.
─ ¿Qué sucede? Parece que me perdí de algo. –Dijo Tai pasando sus castaños ojos de Koji a Koichi, pero ambos miraban a Mimi. Entonces, Tai se volvió hacia su mejor amiga plantada mirando a Koji. ―¿Meems?
La chica miraba a Koji y su garganta se contrajo. Sintió su rostro siendo sostenido por las firmes manos de Tai, entonces supo que ella estaría bien. Que él nunca dejaría que nada le sucediese. Un atisbo de valor infundieron los ojos del Yagami en ella.
― Este asunto no te incumbe, Koji. –Formuló Mimi mirando a Koji nuevamente. El Minamoto pareció no comprender sus palabras a causa de su bajo tono de voz. Ella lo repitió con más fuerza y vio como el azabache luchaba por zafarse de su gemelo para ir contra ella.
― ¿Cómo que no me incumbe?
― Sobrevaloras mi puesto, Minamoto. –Habló la muchacha. –O quizás me sobrevaloras a mí. No puedo deshacer la suspensión de Ishida sólo con sonar mis dedos, porque es eso lo que esperas que haga, como si lo único que me detuviera fuera mi pereza y falta de escrúpulos. –A cada palabra que decía, sentía que se estaba haciendo escuchar y su voz sonaba con más firmeza.
― Te equivocas, Tachikawa. –Intervino Minamoto relajado –Si hay algo que aprendí es que nunca esperes nada de nadie. Y por lo que veo hago bien en mantener la regla contigo. –Miró a su hermano y se soltó de él para ir hacia la salida.
Los tres presentes miraron a Koji marcharse, pero Mimi aún sentía la presión de sus palabras sobre los hombros.
― Mi hermano no es la mejor persona para delegar la preocupación del grupo, -dijo el azabache con pena en su voz. –pero sus intenciones no son malas.
― Por supuesto, -soltó Tai con molestia. –a mí también me encanta zarandear chicas para enseñarles mi preocupación. –Koichi se encogió de hombros.
― Lamento eso, Tachikawa-san. Pero si hay algo que puedas hacer por Yamato, te estaremos muy agradecidos. –Miró por donde Koji se marchó. –Incluso mi hermano. –Hizo una leve despedida con la cabeza y se marchó.
Cuando la puerta se cerró detrás del Kimura, Tai se volvió hacia Mimi quien mantenía los ojos en el suelo. El castaño se pasó una mano por la nuca y trató de encontrar las palabras adecuadas. Sabía que con Mimi, tenía que ir con palabras premeditadas.
― Ey, qué intenso. –Soltó el chico. -¿Quieres explicarme lo que sucede aquí?
Mimi lo miró y al ver la notoria confusión en el rostro de Tai, le hizo sentirse relajada. Sonrió tenuemente y lo abrazó por la cintura. El Yagami no tardó en reaccionar, rodeándola con sus brazos.
― Te lo explicaré mejor esta tarde.
― Hecho. –Susurró Tai contra la cabeza de Mimi.
Pasó nuevamente la rejilla húmeda por encima del modular de madera, llevándose consigo una fina capa de polvo. Sonrió satisfecho al ver cuán brillante había quedado el modular de la sala tras quitar el polvo que hacía tiempo venía acumulándosele.
Entonces fue regresando a su lugar cada cosa que hace un momento había retirado para limpiar mejor. Aquel mueble se caracterizaba por ser el reposo de muchos cuadros y fotografías que enseñaban a los miembros de su familia.
Cuando se había mudado a aquella casa hace seis meses, a Yamato le resultó difícil el tener que cruzar por aquella sala y observar recuerdos que a él no le pertenecían. La mayoría eran de Natsuko con Takeru cuando pequeño, o de Tk y la forma en que iba creciendo.
Sabía que se trataba de su madre y de su hermano menor, pero de todas maneras no podía dejar de sentirse como un completo extraño en aquella casa. Aunque claro, con el pasar del tiempo, eso fue desapareciendo de a poco, aunque no podía mentir al decir que aquella sensación se había extinguido por completo.
Pero no es que su madre no quisiera sus fotos allí, ella se lo había pedido cuando desempacaron sus cosas… Pero él no poseía muchas fotos suyas cuando pequeño y si las tenía, no quería estar exhibiéndolas en aquel mueble. Aunque para su sorpresa, su madre pasó por encima de su decisión y allí estaba contemplando algunas fotos de cuando aún vivía con ambos padres.
Sonrió con ternura al contemplar aquella imagen. Aún lo recordaba, era la navidad del 99'. Takeru acababa de nacer y era la primera navidad que él había pasado con su hermano menor. Yamato tenía tres años en esa fotografía y estaba sentado entre sus padres, mirando embelesado a su hermano menor.
A diferencia de su madre, Hiroaki no era de perseguirlo con una cámara por cada cosa que hacía. Excepto por algunas ocasiones como lo era la vez en que su padre le había enseñado a ejecutar su viejo bajo. Y también cuando, por navidad, a la edad de diez años, le había regalado su primera guitarra.
Nuevamente aquellos recuerdos le enardecían el pecho, con las lágrimas que intentaba reprimir. Él no lloraba, no podía permitirse aquello. Ya se había deshecho de todas las lágrimas hace tiempo.
Apartó esas ideas y fue colocando cada fotografía en el orden que él creía conveniente. Cuando acabó, se puso de pie y se alejó un poco para ver qué tan bien quedó su organización. No sabía de dónde surgió aquel antojo suyo por empezar a limpiar su casa, pero había dado inicio con su propio cuarto y luego el de su hermano menor, un desordenado como sólo él puede serlo. Acabó por ir al de su madre y después a la cocina. Y ahora allí se encontraba, acabando de organizar las fotografías.
Iba a ir a darse una ducha, pero entonces oyó la llave introduciéndose en la cerradura al otro lado de la puerta, enseguida se abrió y vio a su madre entrando a la casa. Natsuko se sobresaltó un poco al encontrar a Yamato plantado allí, mirándola con sorpresa.
─ Yamato… Me has asustado. –Dijo con una mano sobre el pecho cuando recobró la compostura. –Disculpa, estaba muy concentrada. –Miró a su hijo y luego al mueble de madera reluciendo el color caoba y parpadeó sin comprender. ― ¿L…Lo has limpiado tú?
El rubio miró hacia donde su madre lo hacía y luego se encogió de hombros para así caminar hacia el pasillo.
─ Sí, estaba aburrido. –Confesó y entró a su habitación.
Su madre dejó algunas pertenencias en la pequeña mesa de la sala para así encaminarse hacia su habitación, aunque claro que se detuvo primeramente ante la de su hijo mayor. Yamato volvió a salir de allí, encontrándose con su madre.
─ ¿Qué haces aquí? –Preguntó él, aunque al ver la forma en que sonaba su pregunta, intentó formularla de otra manera. –Normalmente vienes de noche.
─ He venido a buscar unos expedientes que olvidé en mi cuarto. –Respondió y entró a su cuarto pero sin necesidad de cerrar la puerta tras ella, razón por la cual pudo oír a su hijo claramente.
─ Si se trata de las carpetas celestes, las ubique dentro de tu cajón.
Natsuko, quien buscaba aquellas carpetas entre sus ropas, detuvo sus manos para girarse a verlo, pero éste ya se había metido al cuarto del baño. Por un momento, la mujer estuvo mirando a la nada y así retomar su caminar hacia su mesita de noche, encontrando dentro del cajón las carpetas que había estado buscando.
Las contempló un momento y luego volvió a mirar por donde Matt se había metido a bañar. Sonrió ligeramente. Salió, entonces, de su cuarto para encaminarse hacia la sala, tomando sus cosas, aunque no pudo evitar dirigir sus ojos hacia la repisa de fotografías que se encontraban bien ubicadas y organizadas.
─ Alguien se ganó una buena cena hoy. –Se dijo la rubia con una sonrisa en el rostro, saliendo de su casa nuevamente.
Un sonoro coro de aplausos acompañaron a las prórrogas del presidente del club de química. Una alumna lo secundó para tomar lugar frente al micrófono y presentarse como la presidenta del club de artes plásticas. Y mientras hablaba sobre lo que aquel taller deseaba para ese año, Hikari estaba aburrida, parada esperando a que llegara su turno y pudiese por fin bajarse de aquel lugar.
─ Descuida, enseguida te tocara. –Oyó la castaña detrás suyo. Curiosa, se volvió y encontró a Takeru sonriéndole en tono cómplice. Él la conocía tanto como para leer en su cuerpo las ganas que tenía por desaparecer de allí.
─ Esto se está alargando demasiado. –Repuso ella cruzándose de brazos, mirando al frente nuevamente.
─ Este año es diferente. Las personas en verdad desean que se oigan sus peticiones. –Takeru miró a la joven de tez morena hablando sobre todo lo que en el club de arte se realizaba y por ende, lo que deseaban para ese año. Luego volvió su vista a Kari. ―¿Cómo está tu rodilla?
Al parecer, la pregunta tomó por sorpresa a su amiga, pues miró a Tk y luego bajó la vista a su rodilla, la cual se encontraba cubierta por un parche blanco que amortiguaba el ardor en su articulación, vista gracias a la falda que traía puesta.
─ Está bien, pero no podré practicar hasta que se sane completamente. –Comentó con desdén en su voz. Le molestaba el no poder entrar al agua con normalidad.
─ Sé lo que has de sentir –dijo Tk entonces. –si tuviese que dejar de practicar por un tiempo, yo…
─ Aún estoy molesta contigo.
Tk casi se atragantó con su propia saliva cuando escuchó eso. No disimuló la sorpresa de sus palabras y Hikari lo notó cuando se volvió a él.
─ ¿Molesta? ¿Por qué?
─ ¿Y aún te lo preguntas? –Dijo frunciendo el ceño. –En verdad eres un cínico, Takeru. –Iba a darle la espalda nuevamente, pero Tk la tomó del brazo y se lo impidió, haciendo que sus miradas se cruzaran.
─ Lo dices como si en verdad hubiese hecho algo para hacerte enojar. Yo no recuerdo nada. –Hikari rodó los ojos hastiada por sus palabras y eso a él molestó en verdad. –Siquiera me dices qué te molestó.
─ Es el colmo que tenga que decírtelo cuando tienes que ser consciente de ello. –Takeru negó con la cabeza. Ante la clara duda de su amigo, ella exhaló un suspiro y atinó a decir. ―¡¿Cómo puedes olvidarte de la escena tan exagerada que me hiciste frente a Wallace la otra vez?!
El rubio se llevó una mano al mentón, pensativamente, sacando en Hikari más rabia así que directamente le dio la espalda. Takeru hizo memoria de lo que hubo sucedido el fin de semana, más específicamente, el domingo por la tarde.
«Hikari recibió un mensaje de texto aquel domingo por la mañana y –a diferencia de antes –esta vez, se apresuró a revisar lo que acaba de llegar como si su vida dependiera de ello. Su sonrisa se ensanchó aún más cuando leyó "Wallace" como remitente del texto y apuró a sus dedos para responder al saludo del norteamericano.
Era domingo, así que era ronda de videojuegos y comida chatarra que religiosamente compartían entre Takeru, Daisuke y ella; aquella ocasión los tres se encontraban en el departamento de Daisuke, en donde el apodado Davis y Takeru estaban con el rostro a punto de apoyarlo contra la pantalla del televisor mientras jugaban Need for Speed 3.
─ Hey, Kari –Llamó Davis sin despegar la vista de la TV. -¿Quieres dejar de devorarte los nachos y pasarle al próximo campeón mundial de carreras?
─ ¿Campeón mundial? –Preguntó divertido el rubio enarcando una ceja pero sin apartar sus ojos de la carrera virtual.
─ Di lo que quieras, Takaishi. Enseguida te haré morder el polvo.
─ Vienes diciendo eso desde que empezamos a jugar y aún no has ganado nada. –Rio entre dientes al pasarle al auto del Motomiya tras una curva que se ganó un gruñido molesto por parte del moreno. –Y creo que aún no mordí nada de polvo, querido amigo.
─ Maldición… -Murmuró molesto. Luego desvió momentaneamente la vista sobre el hombro, pues detrás de ambos se ubicaba el living donde Hikari estaba sentada con la fuente de nachos y la salsa de mariscos que ella misma había preparado. -¿Kari? –Volvió a repetir al no tener respuesta de la castaña.
La muchacha se puso de pie casi de un salto, llamando la atención de ambos jóvenes y provocando que el auto de Tk se saliese de la ruta y se estrellara contra un depósito incendiándose en el acto.
─ ¡Demonios!
─ ¡¿Qué sabor tiene el polvo, Takaishi?! –Preguntó divertido Daisuke.
Takeru por su parte le dedicó una mirada molesta pero el movimiento de Hikari al buscar algunas cosas dentro de su bolso, llamó su atención como la de su amigo.
─ ¿Kari? –Preguntó Tk.
La joven se volvió a verlos con una gran sonrisa.
─ Wallace vendrá a por mí en un momento.
─ ¿Saldremos a algún lado? –Preguntó Tk. Hikari lo miró con un semblante un poco sorprendido y luego agregó.
─ En realidad, solo Wallace y yo. –Amplió su sonrisa mientras coloreaba sus labios de color rosa –Iremos a ver una película.
Davis, comprendiendo lo que estaba sucediendo, se puso de pie de inmediato y agregó.
─ ¡Aquí hay muchas películas, ¿por qué no vemos una juntos?! –Le dirigió una mirada a su rubio amigo para que dijera algo, pero el muchacho sólo podía mirar confundido a Kari.
─ Nunca te arreglas para salir al cine con nosotros. ¿Por qué lo haces ahora? –La castaña dejó de sentarse sobre el sofá, pero sin mirar a Takeru, hasta que tras un prolongado silencio, ella volvió a elevar su mirar hasta sus amigos.
─ Es algo complicado. No lo entenderían. –Guardó sus cosas y sin darles tiempo a nada, se dirigió hacia la salida de la casa. –Nos veremos mañana en el colegio.
─ ¡Hikari, espera! –Habló Tk, insatisfecho con la actitud de su amiga. Se incorporó del suelo y la siguió a zancadas hasta que impidió que abriera la puerta. - ¿Por qué tienes que irte? Es domingo. Los domingos siempre estamos juntos.
Aquella joven no podía mirar a Takeru a los ojos, había algo que se lo impedía. En cambio, sólo podía observar la mano del rubio sobre el pomo de la puerta, impidiendo que ella se marchara, pero si quería salir, debía enfrentarlo, se dijo. Levantó el rostro hasta él, intentando que los ojos celestes de Tk no hicieran el mismo efecto en ella.
─ Este domingo no, Tk. Entiéndelo. –Apartó la mano del muchacho y por fin pudo abrir la puerta.
Takeru en cambio, parecía abstraído de la realidad con aquellas palabras. Quedó allí estático junto a la puerta, mirando a la nada. Había algo que le molestaba muy en el interior de su pecho, algo que le impedía respirar con normalidad y le hacía sentirse tan ajeno.
Vio como Daisuke se abría paso hacia la puerta y se detuvo para darle una palmada a Takeru en la mejilla, intentando regresarlo a la realidad.
─ No sé tú, pero no dejaré que esto acabe aquí. –Sin más, Davis bajó las escaleras que llevaban desde el piso de su departamento hasta la calle.
Le costó un poco decidirse, pero enseguida siguió a su moreno amigo escaleras abajo, intentando comprender qué es lo que estaba sucediendo con ellos.
Cuando llegó a la planta baja del edificio, vio a Daisuke observando a las afueras del departamento. El rubio se aproximó también y allí vio a Hikari junto a Wallace, sonriéndole de una manera tan extraña, una muy distinta a como solía sonreírles a ellos dos. Entonces, aquella sensación en el pecho comenzó a arderle con insistencia y sin pensarlo, salió del recinto y se plantó frente a ambos jóvenes.
─ Tk. ¿Cómo estás? –Saludó el joven estadounidense con una grata sonrisa, que no fue tan bien respondida por él.
─ Wallace, nosotros… -inició Tk. Miró a Hikari y vio la confusión en su rostro. Luego, Daisuke apareció entre ellos.
─ Nos preguntábamos, si la invitación al cine nos incluía, ¿No, Takeru? –El extranjero abrió la boca para decir algo, pero enseguida miró a Hikari, quien estaba sonrojada por la vergüenza.
─ N…No los incluye, ya se los dije. –Contestó enseguida la Yagami. Miró a Wallace. –Vámonos.
─ ¿Por qué, Kari? –Preguntó ahora Takeru, haciendo que todos los presentes le sostuviesen la mirada. Hikari le negó con la cabeza y enseguida apartó su vista de él. Insistió a Wallace para marcharse de allí de una vez. – ¿Acaso Wallace y tú tienen cosas privadas que hacer?
Borton se sonrojó ante la pregunta de su amigo, entonces entornó sus orbes claros hacia Hikari. La chica, a diferencia de antes, esta vez sí estaba mirando a Takeru a los ojos y con un semblante completamente serio.
─ No, no tenemos cosas privadas. Sólo queremos ir a ver una película al cine. ¿No entiendo por qué tienes que estar entrometiéndote donde no te llaman? –Volteó a Wallace. -Vámonos.
─ Si sólo van al cine, soy yo el que no entiende por qué te has puesto labial si es lo que más odias en el planeta. Dices que pareces un payaso con eso, entonces…
─ ¡Takaishi! –Bramó Kari iracunda y muerta de la vergüenza, enseñando, a través del rostro colorado, lo molesta que estaba. - ¡Madura, ¿quieres?! –Tomó a Wallace del brazo y comenzó a caminar, arrastrando a su amigo con ella.
Takeru y Davis los vieron marchar, realmente sorprendidos por aquella reacción en su amiga, pues era la primera vez que la castaña se dirigía a uno de ellos de esa manera.»
Al recordar lo sucedido aquel domingo, Tk pensó que Kari no podía seguir molesta hasta la fecha. Entendía que estuviera aún afectada el lunes, pero no ese día, habiendo pasado tantos días después.
─ No puedes enojarte conmigo por algo así. –Repuso Takeru molesto también, pero ella no se dignó a mirarlo. –Además, fue también culpa de Daisuke. ¿Por qué no te has enojado con él?
─ Cállate, no quiero hablarte. –Simplemente dijo Kari, pero el rubio no quería dejar allí la conversación y volvió a girarla por un brazo hasta tenerla frente a ella. ― ¡¿Qué ocurre contigo, Tk?!
─ Es simplemente ridículo. No puedo creer que te hayas molestado por algo tan estúpido.
─ ¿Estúpido? ¡¿Llamas estúpido haberme avergonzado frente a Wallace?!
─ ¡No te avergoncé! ¡Tú exageraste las cosas! ¡Además, ¿por qué tanta preocupación por lo que pueda pensar Wallace?! ¡Él no te gusta!
Hikari calló un momento, con los ojos abiertos y el rostro sonrojado, mientras que Takeru iba comprendiendo lo que estaba sucediendo.
─ Él no te gusta… ¿Verdad?
─ Eres un idiota, Takaishi. –dijo dándole la espalda. Pero entonces, oyó su voz resonando por todo el colegio. Abrió los ojos sorprendida y más aún al ver el micrófono delante de su boca. ¿En qué momento llegó a estar allí enfrente? ¿Cuánto habrá dicho que todo el mundo haya podido oír?
Miró al frente y vio como todos los alumnos del colegio los estaban mirando boquiabiertos. Unos cuantos flashes le hicieron entrecerrar los ojos y maldecir en su interior. Los dos jóvenes se sonrojaron enormemente al ser conscientes de la atracción que representó su escena para todos los demás. Entonces, Yolei, quien se encargaba de organizar a cada uno de los que pasaban a hablar, dijo en voz baja a Kari.
─ Habla sobre tu club y haz como si nada sucedió. Yo me encargare de la prensa luego.
Hikari tardó un poco en comprender lo que su amiga acababa de decir pero entonces, recobró la compostura, se adelantó y se enderezó ante el micrófono tras el atrio de madera.
Michael adoraba ir a las tiendas de instrumentos que pertenecían a su padre. Pasear sus dedos por sobre las teclas del piano o el puente de una guitarra clásica era sublime. El aroma que impregnaba la madera lustrada y nueva en ellos no tenía igual. Y aquella ocasión no era diferente.
Durante su estadía en Japón, ayudaba a su padre con respecto a sus empresas en cada ciudad y era turno de Odaiba.
Cruzaron la puerta del vehículo con el cual se manejaban, mientras Wallace le comentaba cosas sobre Hikari como cual enamorado. Michael rió por lo bajo. Sin duda su primo era aún un niño que se enamoraba con facilidad. A diferencia de él, que después de tanto tiempo volvió a sentirse diferente y llamativamente con mejor humor, como si todo fuese más agradable. Sonaba ridículo incluso pensarlo, pero cada vez que sabía algo de Mimi estando tan lejos, añoraba la época junto a ella, esperando poder verla.
Y en esos días que tuvo estadía en Japón, ya no se trataba de un anhelo infante, sino algo más fuerte.
Su teléfono dio un pitido anunciando la llegada de un nuevo mensaje, pero antes de poder siquiera sacarlo del bolsillo de su chaqueta de jean, las puertas de "Serenity" se abrieron. Casi por inercia dejo de pensar en su teléfono al ver cuanta maravilla apreciaban sus ojos. Sin duda, aquel lugar podría superar a las sucursales que había visto en América. Claro que aquel dato no se lo diría a su padre, era más bien una opinión suya.
Enseguida llegó junto a ellos una empleada bastante llamativa, pues su cabello corto era un pelirrojo brillante y puntas en rubio, mientras sus ojos destilaban un verde cautivadoramente profundos. La joven, de quizá unos diecisiete o dieciocho años, les hizo una reverencia en forma de saludo, al cual ambos correspondieron sonrientes.
─ Buenas tardes, vengo de parte del Señor Borton. Soy su hijo. –saludó el rubio mayor de diecinueve años en un perfecto japonés, al que le debía a sus muchos tutores de lengua extranjera. –he venido a hablar con el gerente de ésta sucursal.
─ Oh, por supuesto. –Respondió la joven muchacha. Les hizo una seña con una mano para que la siguieran. –Los conduciré al despacho del Señor Kurosawa.
La siguieron y ambos compartieron una mirada cómplice ante la llamativa muchacha. Cruzaron la tienda bien surtida de instrumentos de reconocidas marcas y gran gama de modelos. Michael estaba fascinado con todo lo que veía y parecía que eso no pasó desapercibido por la joven empleada.
─ Lindo, ¿no? –El rubio mayor la miró curioso y luego asintió volviendo a mirar a su alrededor. –No es por presumir, ―siguió la joven con una sonrisa divertida. –pero la sucursal de Odaiba es la mejor en todo Japón.
─ Eso se puede apreciar con facilidad. –repuso ahora Wallace. –Con mi Tío, he viajado para ayudarlo en varias ocasiones y puedo decir que este lugar supera a los demás.
─ Eso me alaga, muchacho. –Respondió la joven.
─ ¿A ti? –Preguntó ahora Michael mirando a la joven, quien le devolvió una mirada sugerente a través de una sonrisa torcida. Aquella respuesta causó un sonrojo notorio en el rubio y desvió la mirada a otro lado. Aquella chica lo incomodaba. –Q…Quiero decir…
─ Sucede que, niño, soy la mano derecha del Señor Kurosawa. –Dicho esto se detuvo frente a una puerta y los dos jóvenes la imitaron, aunque el rubio mayor frunció el ceño por la forma en la que lo había llamado. Era sorprendente que aún a sabiendas de que estaba tratando con el propio hijo del dueño de Serenity Records, ella osara enfrentarse a él de esa manera.
Y tras la orden que vino desde el interior de aquella oficina, la chica abrió la puerta y los extranjeros dieron con la imagen de un sujeto de mediana edad, frente a una computadora cargando dígitos desde una carpeta de color amarilla. Al levantar el rostro y ver quienes habían llegado, dejó de inmediato sus cosas y se puso de pie para hacer una reverencia al tiempo en que los saludaba.
─ Oh, Joven Borton, qué gusto verlo nuevamente. –Saludó el hombre en su idioma natal, correspondido por el aludido y su primo.
─ Señor Kurosawa, el gusto es nuestro. –Se reincorporó nuevamente el rubio. –Veo que éste lugar ha prosperado desde la última visita que le hemos hecho.
─ Me alegra oírlo. Y trabajamos arduamente porque así sea. –Miró a la joven que los acompañaba. –Veo que ya conoció a mi hija Reiko. Sin duda, tenerla aquí ha sido de gran ayuda.
Michael despegó su vista de la del hombre para dirigírsela a la muchacha con notoria sorpresa. Ella le sonrió divertida y le enseñó el símbolo de paz con los dedos, causando en él cierta molestia.
─ Desde que Tia, mi querida esposa, ha fallecido, Reiko se ha convertido en mi mano derecha para sacar adelante esta sucursal y le estoy muy agradecido. –Hizo una pausa. –Pero no creo que esté aquí para oír nuestra historia –despidió a su hija con la mano y ella asintió, para girarse hacia los extranjeros y con una reverencia, despedirse. –Siéntense, por favor. Hablemos de cosas importantes.
Michael asintió y al igual que su primo, tomó asiento frente al escritorio de Kurosawa, pero antes observó por donde se había marchado Reiko, frunciendo el ceño.
Estaba ensimismada mientras adornaba las rosas que apenas oyó la puerta del negocio abrirse, sino fuese porque Takumi –una de las que ayudaba en el negocio― llamase su atención al golpear la mesa donde Sora trabajaba.
Levantó la cabeza y se sacó uno de los auriculares que traía para mirar a la joven mujer.
― Un cliente. –Informó y le sonrió para señalarle las flores que estaba terminando. –Déjamelo a mí y ve a tenderlo.
― De acuerdo. –Salió desde detrás de la mesa y fue hasta la puerta de madera que conectaba su estudio con el salón principal de la florería de su familia.
Abrió la puerta casi sin prestar atención, se limpiaba las manos húmedas con el delantal rosa que traía puesto de manera distraída, hasta que alzó la mirada para saludar al cliente recién llegado, pero sus palabras casi no hallaron final al ver a Taichi plantado en medio del salón, observando detenidamente unos tulipanes.
― Bienvenido, ¿en qué puedo…? – Cuando oyó a Sora hablar, Tai levantó la vista y se vio reflejado en sus grandes ojos rojizos. ―¿Tai? ¿Qué haces aquí? – No podía disimular su sorpresa. La última vez que lo vio fue aquel viernes en el concierto de Matt.
El castaño se pasó una mano por el cabello y desvió la mirada a una de las estanterías, la misma en donde estaban los tulipanes que observaba hace un momento.
― Mi madre quería unas flores. –Sonrió y miró a Sora. – Me dio esta dirección, pero no mencionó que fuese la de tu madre. – Exhaló un bufido divertido. – Sorpresa.
Ella trató de relajarse sonriendo, pero sólo pudo mover un poco los hombros de forma robótica. Se volteó a sus costados como observando lo que la rodeaba y luego volvió a Tai.
― Y… ¿Has visto algo que te haya gustado?
― En realidad, sí. – Señaló los tulipanes con su índice. – Quiero algo con estas flores.
― De acuerdo. – Avanzó hacia donde estaba él y tomó la maceta con las flores que eligió para así ubicarlas sobre la mesada de la caja. ―¿Quieres un racimo o un arreglo más elaborado?
El Yagami sacó su billetera del bolsillo y corroboró lo que poseía. Encogido de hombros fue hasta Sora.
― ¿Descuento por un amigo de la infancia? – Ella lo miró con el ceño fruncido y una sonrisa divertida. – Está bien. ¿Cuánto por un racimo de estas con…― dirigió su mirada de vuelta a los estantes. Si había algo peor que elegir ropa, lo era el elegir flores. – Quizá esas. – Dijo señalándole unas margaritas. ― Sora lo observó con una ceja enarcada, totalmente incrédula por aquella elección.― ¿Qué? No sé nada sobre flores.
― No hace falta que lo digas. – Dejó los tulipanes para así caminar hacia la estantería derecha, se volvió hacia Tai. – Ven. – El moreno la obedeció con algo de lentitud. Sora se encaminó hacia donde había unas flores coloridas dispuestas sobre un almacén. Las estudió un momento y luego dijo. – Siempre que vayas a comprar una flor específica, debe llevar unas que la hagan lucir más radiante. Un complemento. – Sonrió al ver la forma en que Tai miraba las flores sin comprender. – Si quieres tulipanes, tienes que elegir flores más pequeñas y de colores que no compitan con la esencial. Por ejemplo estos jazmines. ¿Lo ves?
Sora sacó unos pocos jazmines para llevarlas hasta donde estaban los tulipanes. Tai no observaba las flores, sino a la chica. No podía apartarla de su vista, por más que se lo repitiera en la cabeza y en los miles de idiomas que no sabía… Era imposible. Sonreía como estúpido y lo sabía, pero no le importaba.
Caminó hacia ella y al estar cerca, fue conocedor que el aroma que desprendía la pelirroja era una amalgama de esencias florales. No tenía que sorprenderle, si trabaja todo el día en ese lugar, era normal que acabara oliendo a flores.
Estaba tan inmerso en sus pensamientos que pegó un respingo al sentir como Sora chocó contra él al voltearse y hallarlo muy pegado a ella. Ambos con los ojos abiertos como platos, se observaba mudos. Sora se había vuelto una chica esbelta y alta en lo que recordaba de aquellos dos años, así que ahora sus labios le llegaban justo sobre el mentón de Taichi, algo muy distinto hace tiempo.
─ T…Tai… ―Susurró ella cuando sintió como las manos del muchacho se habían apoderado de su cintura.
Ella elevó los ojos hacia los de él y Tai perdió la noción del tiempo. Aquellos rubíes con los cuales soñaba, ahora estaban allí frente a él, hipnotizándolo nuevamente. Era la peor tortura. O eso creía, pues el muchacho bajó la vista hasta los carnosos labios de su amiga de infancia y se le hizo agua en la boca el querer saborearlos.
Si su aroma olía a flores… ¿Cómo sabrían sus labios? Era su único pensamiento en esos momentos, pues su sentido común se fue de vacaciones al mismo tiempo en que cruzó aquella puerta. Siempre era lo mismo con ella. Siempre caía rendido a sus pies sin que ella moviese un solo dedo.
─ Te extrañé. –Susurró Tai, aunque aquellas palabras querían sólo sonar dentro de su cabeza, sus labios las formularon al exterior. Vio como el semblante tranquilo de Sora la abandonó al oírlo hablar y entonces, ambos cayeron en la trampa de la que él estaba tratando de huir.
Sora se impulsó sobre sus pies y acortó la distancia entre ambos con sus propios labios, cubriendo los finos de él. En un principio fue solo un roce, sólo piel chocando hasta que Tai dejó que su deseo por ella lo cegara por completo.
La atrajo hacia él y la besó con más fuerza, atrapó su boca con la suya y la saboreó. Primero lento y tortuoso, para después apoderarse por completo de ella y reclamarla como suya. Ella no se opuso, es más, se entregó a él en el momento en que cruzó sus brazos tras su cuello, apegando su cuerpo contra el suyo. El simple roce de sus senos por su plano pecho, le hicieron hervir la sangre.
Sus lenguas se acariciaban con descaro, con todo el deseo que sentían por el otro al igual que sus cuerpos querían sentirse cada vez más con cada caricia.
No se habían dado cuenta de que no estaban en el mejor lugar para besarse de esa manera tan necesitada y cayeron en cuenta de ello cuando la puerta de la despensa se abrió y la furiosa voz de Toshiko los hizo separarse con violencia.
Ambos miraron a la mujer plantada en la puerta, mirándolos como si ambos estuviesen desnudos y hayan tenido un encuentro casual en pleno negocio… Aunque claro, de no haber intervenido, estaba segura que aquello acontecería junto con la deshonra de su hija.
─ ¡Yagami, te lo repito, ― volvió a decir la madre de Sora. – suelta a mí hija!
─ ¡Mamá, no armes un escándalo, no hacíamos nada malo! –Avanzó Sora hacia su madre pero ella no la miraba, sólo tenía ojos en llamas para el muchacho presente.
Tai, por su parte, estaba conmocionado. Miraba a la mujer y luego a Sora, tratando de defenderlo, pero su madre no quería oír de razones. Ella sólo lo veía como la persona que trató de abusar de su pobre hija y el recuerdo del pasado le hizo bajar la calentura de su cuerpo para entrar en razón.
¡Todo lo que se había prometido hace tiempo, lo había roto en cuestión de segundos! Ya había tenido un mal momento con aquella mujer y esto sólo le sabía cómo un asqueroso dejavú.
Taichi se disculpó con las Takenouchi y se retiró del lugar, olvidándose el motivo por el cual había entrado a aquella florería en un principio. Caminaba aceleradamente, su respiración era irregular tanto por el beso como por su huida inmediata, pero no le interesaba. Mientras más rápido desapareciera de la vista de aquella mujer, todo estaría bien…
─ ¡Tai!
O eso pensaba.
La voz de Sora lo hizo detenerse, pero aun cuando la oía correr hacia él, no deseaba mirarla. La chica lo siguió y al alcanzarlo, trató de darle la vuelta, aunque él se negó con fuerza.
─ Tai, mírame… ― Pedía ella, aunque lo único que conseguía era que él cerrara los ojos con fuerza. – Mírame, por favor… Esto… El beso… Lo siento, yo no debí…
─ No, no debiste. – dijo el muchacho con dureza, dejando que la chica lo mirara incrédula por la frialdad en su voz. – Pero no tienes la culpa, yo sí. No tuve que corresponderte. Lo siento.
Ella se quedó un momento en silencio y avanzó un paso hacia él. Trató de tocarlo, de sentirlo aunque sea con la punta de sus dedos, pero él se apartó y la miró un momento.
─ No tenemos que vernos otra vez. No era mi intención entrar a tu negocio… ― Sonrió con tristeza. – Creo que…
─ No, Tai. – Respondió ella. ―¡Sé que sentiste lo mismo que yo! Además, has dicho que me extrañabas… ¡Yo también lo hice! ¡Cada día desde que dejé Odaiba! – Los ojos de Sora comenzaron a humedecerse. – Y lo lamento… Sé que te herí hace dos años. Fui egoísta al marcharme de aquí pensando que la única que sufría fui yo, pero…
─ Mejor me voy. – Tai avanzó unos pasos pero sintió la mano de Sora estirar su chaqueta y detenerlo. – Sora… No sigas. No te avergüences más.
La pelirroja abrió los ojos incrédula por lo que acabó de oír y aunque buscaba la mirada de Tai, para decirse a sí misma que sólo estaba bromeando, él sólo le daba la espalda.
─ Taichi…
─ Ya lo superé y seguí adelante. Deberías hacer lo mismo. – La miró sobre el hombro. – No puedo hacerle esto a Mimi.
Sora lo soltó finalmente, con el rostro pasmado y las manos temblándole. Él no quería verla de esa manera, así que se alejó hasta perderla de vista.
Había ordenado alfabéticamente los discos antiguos de su madre y algunos que habían pertenecido a su padre, por lo que no fue difícil escoger el que buscaba. Tomó entre sus manos la caja que pertenecía a Pink Floyd y se reincorporo sobre el suelo para ir hacia su habitación. Pero cuando iba cruzando la cocina, oyó la puerta de su casa abrirse y las voces de su hermano y madre dentro. Se detuvo para así volverse a verlos, y cuando dio con los ojos del menor, este dejó de hablar y borró la sonrisa de su boca para mirarlo un momento y luego formular una mueca entre cansancio y cariño. Matt relajó su semblante y le sonrió levemente.
─ Takeru, ve a traer las otras bolsas del mercado. ─ La voz de su madre se materializó con su imagen dentro de la cocina, trayendo dos bolsas de plástico en cada mano y dejarlas sobre la mesada del comedor. En cuanto vio a Yamato, le hizo una seña con la mano para que viniese junto a ella. ─ Ayúdame aquí.
─ ¿Para qué son tantos ingredientes? ─ Pregunto Matt al estar frente a las bolsas, hurgando con la mirada en su interior.
Natsuko no lo miró, solo se deshizo de su chaqueta celeste y se lo tendió a su hijo.
─ ¿Que prefieres, salmón o mariscos?
Yamato le dirigió una mirada de sorpresa ante aquel menú extravagante, pues cenar cualquiera de las dos opciones no implicaba un gasto modesto.
─ ¿A qué viene esto? Aún falta un poco para nuestros cumpleaños. ─ Respondió sorprendido pero con clara simpatía en su voz. A su madre le agradó hallar ese tono de voz para con ella, así que le dedicó una gran sonrisa luego darle la espalda, tomando lugar frente al horno.
─ Supongo que te vino bien esa suspensión. ─ Yamato dejó de meter su mano dentro de la bolsa de plástico donde había descubierto un frasco de furikake. ─ La casa nunca estuvo tan limpia antes.
Matt sonrió, cómplice a las palabras de su madre para luego enseñarle el frasco de furikake.
─ De acuerdo, pero déjame preparar el casero. Odio estas cosas embazadas.
─ Yo también ─ dijo Tk uniéndoseles en la cocina, trayendo con él unas dos bolsas más de cosas.
Cuando se marcharon de Serenity, la sonrisa retorcida de aquella chica aún seguía latiendo en la mente de Michael. Había burla en ella y eso le molestaba. No le agradaba en lo absoluto.
El pitido de un nuevo mensaje en su teléfono le hizo apartar esos pensamientos, recordando que no había leído el anterior texto que le llegó. Sacó el móvil y con sólo leer el destinatario, todo malestar desapareció.
Enseguida, remarcó el número del remitente y al oír la voz de Mimi, relajó los hombros que traía tensos.
― ¿Qué puedo hacer por ti, cariño?
Tras cortar todos los ingredientes para la ensalada wakame[1], Yamato vertió la salsa ponzu[2] en cada platillo. Luego se giró para tomar el tazón con furikake casero que preparó y fue hasta su madre quien vertía arroz en tres tazones. Fue cubriendo la superficie blanca con el polvillo.
― Te aseguro que eres la única japonesa que prepara sashimi y lo acompaña con arroz.[3] – Dijo Yamato al terminar su labor.
Natsuko hizo rodar los ojos mientras secaba el salmón con un trapo con ligeros golpecitos.
― Si la vecina te viese, te demandaría. – Su madre rio por el comentario.
― Cállate y córtame el salmón. – Matt avanzó hacia su madre y tomó el cuchillo con habilidad. Siempre que había que hacer cortes, Yamato era el indicado. Tenía un don natural para la cocina, pero no era de extrañarse teniendo un padre trabajando casi las 24 horas del día, él debía de arreglárselas por sí mismo. – Sólo quiero dar una buena cena. Casi siempre cenamos lo mismo y entre pagar en un restaurante y cocinar en casa… Prefiero pagarte a ti para que nos cocines.
Yamato enarcó una ceja pero siguió con su labor de retirar la carne oscura y la piel. Enseguida, comenzó a cortar la carne en tiras mediano espesor. Su madre observaba los movimientos limpios de su hijo, admirando cuanta perfección tenía al hacerlo.
― Veo que cobraste experiencias en la cocina. – Dijo Takeru al ingresar a la cocina con una toalla secándose el cabello. El chico traía puesto una camiseta de basket y un buzo negro. Se sentó a la mesa. - Aunque comer pescado crudo cortado en filetes es más rápido que estar anclado a una olla.
― Como el dicho dice, Takeru: Kasshu Hoju.[4] – El aludido miró con confusión a su hermano, a lo que su madre se adelantó a aclarar.
― "Lo más importante es cortar, cocinar viene después"[4] – Explicó. Yamato miró a su madre con una disimulada sonrisa. – Me sorprende que aún recuerdes la frase de tu abuela, Yamato.
El timbre del departamento sonó, compartieron miradas de incertidumbre, pues no esperaban a nadie más. Natsuko le indicó a su hijo que se encargaría de acabar los cortes, por lo que Yamato se inició sus pasos hacia la puerta de la cocina que daba a la sala, limpiándose las manos con un trapo limpio. Tomó el pomo de la puerta en su mano, la giró para abrirla y halló una radiante sonrisa tras la puerta.
─ ¡Ey, Matt! ─ El rubio puso los ojos en blanco y se volvió hacia el interior de la casa, dejando libre el paso para el recién llegado.
─ Tk, tu novia. ─dijo Matt al abrir la puerta de la cocina y la feliz imagen de su madre y hermano preparando la cena los recibió.
─ ¡Qué bien, llegue justo para cenar! ─ vocifero Daisuke apareciendo a espaldas de Matt.
─ ¿Daisuke?
─ ¿Dónde tienes tu teléfono, Tk? ─ Davis avanzó hacia donde estaban ellos y tomo asiento en el lugar que pertenecía a Matt. ─ Te estuve llamando hace como hora y media. ─ Takeru busco su teléfono en el bolsillo de la buzo y verifico las llamadas perdidas de su mejor amigo.
─ Lo siento, Davis. ─ Repuso el rubio con pesar. ─ Se habrá puesto en silencio sin que me dé cuenta.
─ Samsung… Es por eso que no confío en cosas que no sean de producción nacional. ─ Matt asintió ante las palabras de su madre. ─ Bien, pondré un plato más. ─ Miro a Daisuke. ─ ¿Te gusta el sashimi de salmón?
─ Por supuesto, Señora T. ─ Natsuko le dedico una mirada fugaz. ─ Emh... Señora Takaishi.
Matt rio por lo bajo al igual que Tk al ver que su madre, a pesar de los años conociendo al Motomiya, aún no se adapta a su extravagancia.
Yamato buscó un tazón más en la alacena y la llenó con arroz, haciendo el mismo proceso anterior de polvorear furikake. Los oía hablar sobre cosas relacionadas a la conferencia de esa mañana en el colegio. En realidad, poca atención les prestó y eso hizo que perdiera el interés de inmediato.
Natsuko acomodó los retazos de salmón en la plancha de madera, vertiendo salsa de soja y fue cuando se percató de que faltaba algo más.
─ Oh… ─ La mujer dejó lo que estaba haciendo para abrir la cesta de verduras y darse cuenta que no había raíz de wasabi[5].
─ ¿Qué ocurre? ─ Yamato advirtió el cambio en su madre.
─ Creo que se nos acabó el wasabi. Y olvidé comprarlo en el supermercado.
─ Está bien, iré a comprarlo ahora. ─ Su madre lo miro con pena. ─ ¿Qué? ¿Piensas que puedes servirles sashimi sin wasabi? Ya bastantes reglas culinarias has roto por una noche.
Natsuko sonrió y le indicó que buscara su billetera para ir a comprar. Yamato no tardo en encaminarse a la salida y aunque trato de sacar su motocicleta, su madre le insistió que el autoservicio solo estaba a unos pasos de su casa. A regañadientes, bajó los escalones a la calle y la fuerte ventisca nocturna lo recibió.
Elevó la mirada al cielo, las nubes oscuras cubrían todo. Era una señal clara que se avecinaba una tormenta
Se colocó sus auriculares y dio play a su lista de música. Inició sus pasos por la acera con Run to you , un muy buen tema para acompañar la noche, pensó. Caminaba pausadamente con las manos en los bolsillos, metido en la canción que invadía sus oídos hasta que se percató de un taxi que retomó su estado de quietud para avanzar con velocidad, pasando junto a él.
Por la forma en que se marchó, debió de estar apurado, razonó Matt. Volvió su vista al frente y en la lejanía, vio una silueta sentada en un banco. Entrelazó la posible relación que podría tener el taxi con aquella persona.
Conforme avanzaba, la luz del alumbrado público le fue haciendo conocedor de una cabellera larga y ondulada, con una chaqueta rosa pálido al cual se abrazaba con fuerza, mientras en una de las manos sostenía una pequeña bolsa de plástico color dorada con la insignia de Dolce y Gabana. Detuvo su música y la contempló. Se la veía tiritando de frio, incluso sus piernas, las cuales iban vestidas en una calza negra, delatan el frio que sentía.
El rostro de la joven le hizo detener sus pasos para profundizarla con la mirada, intentando quizá, dar con lo que cruzaba por su mente al estar mirando con aquella intensidad al cielo. Una mezcla entre miedo y asombro.
─ Tachikawa. ─ La llamo entonces y ella, al oírlo, pegó un respingo violento y lo miró. Se mantuvieron en silencio un momento hasta que ella se paró y caminó el poco tramo que restaba entre ambos. ─ ¿Qué haces aquí?
Ella se acomodó un mechón de cabello tras la oreja, se aclaró la garganta y lo miró a los ojos. Él encontró un ligero sonrojo en el rostro que le causó más curiosidad.
― Y…Yo… Estaba buscando tu casa. – Dijo y su sonrojo aumentó al ver la clara sorpresa de Yamato. – ¡N…No me mires de esa manera! Necesitaba hablar contigo.
― Vaya, tiene que ser algo muy urgente si has venido a… - Yamato dejó de hablar cuando comprendió lo que estaba sucediendo. Viró su mirada hacia el banco donde encontró a Mimi y luego la volvió a mirar. - ¿Has buscado mi casa pero…? – Señaló por donde el taxi se había marchado.
― Creí que con decirle al taxista sobre ti, podría acercarme a tu casa. –Yamato cerró los ojos y trató de reprimir una sonrisa tras oír sus palabras. Mimi por su parte lo miró con molestia. - ¡Lo siento, nunca he subido a un taxi! Nunca tuve la necesidad de hacerlo. Y creí que entre los pueblerinos se conocían... ¿Cómo iba a saber que el chofer de aquel taxi solo se burló de mí dándome un viaje por casi toda Odaiba y acaba tirándome aquí?
― Descuida, ya me doy cuenta de ello. – Avanzó y cruzó junto a ella para seguir caminando.
Mimi se volvió hacia él indignada.
― ¡E...Espera! ― La miro sobre el hombro, una vez se detuvo, apreciando el sonrojo en sus mejillas, quizás por el frio que sentía. - Te he estado buscando y te vas como si mi sacrificio no hubiese valido nada.
Él rodó los ojos hastiado.
― Iba al autoservicio. ― Indicó con su pulgar señalando a sus espaldas. ―Si no quieres hacerme perder el tiempo, será mejor que camines.
Mimi iba a protestar pero al ver que Matt retomó su camino, se apresuró a seguirlo. Caminaron en silencio entonces, ella frotándose las manos para darse calor, mientras él seguía escuchando en sus auriculares, ahora a Led Zeppelin con Black Dog.
De momento, la miró por el rabillo del ojo y comprobó que la chica observaba el cielo con el mismo semblante que hace un momento. Él levantó la mirada y vio las nubes grises ocultando la luminosidad de la luna. Un viento que provenía del sur les meció las hebras de sus cabellos mientras sonaba en sus oídos como un susurro solitario.
Estaba muy sumido en sus pensamientos, así que cuando Mimi habló, parpadeó confundido.
― No sabía que habías sido tú quien me salvó. – La joven no lo miraba, ahora tenía los ojos clavados en el suelo, con una clara señal de pena en la voz. – De verdad fue algo que no esperaba que hicieras por mí. No después de cómo te traté la otra vez.
― ¿Tan inhumano me ves? Lo hubiese hecho por cualquier otra persona. – Soltó sin darse cuenta de la dureza en sus palabras. La miró por el rabillo del ojo pero ella seguía con la mirada gacha. – Escucha… Si estás aquí para agradecérmelo…
― Mentiste para protegerme. – Ella detuvo sus pasos y por primera vez lo miró. Él la imitó, reflejándose en sus inocentes ojos. – Te han suspendido por algo que no has hecho, Ishida, yo… - Se le formó un nudo en la garganta y bajó nuevamente la mirada, mordiéndose el labio inferior de forma indecisa. De pronto, Matt sintió ganas de mordérselo como lo había hecho cuando la besó.
Se maldijo internamente. No tenía que estar pensando en esas cosas cuando estaba delante de ella o acabaría haciendo algo muy estúpido de lo cual se arrepentiría. Desvió la mirada a otro punto y ella trató de llamar su atención nuevamente, aunque Matt sólo rehuía de sus ojos. Entonces sintió la mano de Mimi sujetándole su mandíbula para obligarlo a verla a la cara.
― ¡¿Q…Qué se supone que haces?!
― ¡No me evites! ¡Esto es muy difícil para mí y tú sólo te marchas! – Sus ojos brillaban con intensidad, como aquella noche en el estacionamiento.
Tenerla enfrente y sin poder hacer nada lo estaba matando de a poco, pero sabía que si daba un paso en falso, se estaría colgando la soga al cuello.
― Está bien… - Tomó la mano de Mimi y la alejó de su rostro para bajarlo con lentitud. –Tenemos quince minutos entre que vaya a comprar lo que vine a buscar y volver a mi casa. Piensa en tus palabras y puedes decirme todo lo que desees después, ¿te parece bien? –Ella suspiró cansinamente y asintió. – Bien. Ahora apresura el paso que tengo hambre.
Mimi no dijo nada más para contradecirlo, sólo lo siguió. Sus pasos eran lo único que se oía y al viento que cada tanto los azotaba. Mimi se abrazaba cada vez con más fuerza a su pobre chaqueta, entonces recordó la bolsa que traía con ella.
― ¿Qué traes en la bolsa?
― Oh – miró su mano que la sujetaba y con la mano libre sacó de su interior una prenda que bien era conocida por Yamato. El chico se detuvo para recibir la prenda. – Olvidé que lo traía conmigo. Es una de las razones por las que quería verte. – Matt tomó la prenda con sus manos y luego se lo tendió nuevamente a Mimi. - ¿Por qué me lo devuelves?
― Porque estás por congelarte. Has algo útil y póntelo encima. – Mimi frunció el ceño y antes de que fuese a reprocharle algo más, atinó a decir. – Ya te salvé de que te quemaras. ¿Quieres congelarte ahora? – La castaña se sonrojó pero enseguida se colocó la chaqueta de Matt.
No pudo evitar observarla colocándoselo. La prenda le quedaba muy grande sobre los hombros y las mangas resguardaban sus manos por completo, al igual que el corte de la chaqueta culminaba bajo la cintura de Mimi. La idea de imaginársela sin nada más que esa chaqueta era tentadora, pero no podía darse ese lujo, así que trató de ignorarla y seguir caminando.
― ¡Ishida, espérame!
Finalmente llegaron al autoservicio y las puertas se corrieron para dejarlos pasar. Matt avanzó con tanta familiaridad que no se molestó en indicarle nada a Mimi. Sólo caminó hasta la sección de verduras, buscando con un vistazo rápido la raíz de wasabi. Cuando lo halló lo tomó para regresar sus pasos hacia la caja más próxima donde pagaría.
Aunque la imagen de una Mimi ensimismada mientras observaba todo a su alrededor como si nunca hubiese visto antes pilas de langostas enlatadas, le hizo detener la intención de marcharse para esbozar un semblante incrédulo. Enseguida sonrió divertido. Aquella chica sabía tanto de normalidad como Takeru de mujeres.
Dirigió entonces sus pasos hacia ella y viendo que no cayó en cuenta de su presencia, se acercó a su oído para susurrarle.
― Cuidado, si las sigues mirando de esa manera, podrían derretirse. –Ante su repentina y cercana voz, Mimi pegó un respingo para alejarse seguidamente de él, retrocediendo. Aunque tuvo la muy mala suerte de estrellarse contra uno de los trabajadores de aquel lugar.
― Oiga, tenga más cuidado. – Reprendió el hombre a Mimi, quien se sonrojo de la vergüenza.
― ¡¿Qué sucede contigo?! ¡¿Por qué has hecho eso?! – Protestó molesta la Tachikawa volviéndose a Matt, una vez el hombre a quien chocó se halla marchado.
Yamato no disimuló la gracia que le causaba ver a Mimi tan molesta y abochornada. Era algo digno de elogiarse a sí mismo. Se cubrió con una mano la amplia sonrisa en el rostro.
― Así que es verdad. Ni siquiera a un supermercado has entrado. –Repuso al borde de carcajearse.
Mimi tensó sus hombros, cerrando las manos en puños, fulminándolo con la mirada. Indignada, se cruzó de brazos.
― Cómo te he dicho hace rato, no tengo la necesidad de visitar estos lugares. – Pero a pesar de sus palabras, Yamato seguía sonriendo burlescamente. - ¡Ni que fuese algo tan importante! Todo el mundo puede hacer esto.
― Claro que todo el mundo puede hacerlo, de hecho, lo hace. – Habló el muchacho. – Eres tú la única excepción que no se adecua al montón. –La chica abrió la boca como para decir algo más pero enseguida la cerró, sin fundamento alguno. Él destelló un incisivo en su sonrisa que lo hacía lucir mucho más atractivo.
― No quieras pasarte de listo, Ishida. Puedo cumplir con este tipo de rituales cotidianos sin experiencia alguna. – Yamato la miró con una curiosidad divertida, así que enseguida le tendió lo que deseaba comprar. Mimi al ver la raíz de wasabi dentro de la bolsa de plástico, retrocedió un paso con desconfianza y subió su mirada a Matt. - ¿Q…Qué haces?
― Tú lo has dicho. Dices que eres capaz de realizar estos… "Rituales cotidianos". Pues hazlo, Tachikawa. Quiero verte intentándolo. – Ambos se sostuvieron la mirada retadoramente. Él con una sonrisa en los labios, mientras ella fruncía los suyos. Finalmente, le arrebató el producto de sus manos para así darle la espalda y comenzar a caminar. Matt se cruzó de brazos, mirándola mover sus delgadas piernas con gracia felina, para después llamarla. – Tachikawa… - Ella se giró a verlo con el semblante serio, así que el chico sólo apuntó a sus espaldas con un pulgar. – La caja está hacia éste lado.
La chica parpadeó confundida un momento para después volver a su semblante inicial. Retomó el paso por donde Matt le había indicado, cruzando junto a él con el rostro enaltecido, buscando la bendita caja. Aunque claro, en la mente de Mimi la idea de "caja" era muy distinta a la realidad.
Yamato trató de reprimir una carcajada cuando vio a la chica preguntando sobre dónde estaba la "caja", al mismo empleado a quien ella había chocado recientemente. «Sí, supongo que es un buen castigo»
Caminaron en silencio todo el trayecto de regreso a su casa, algo que en cualquier otra situación, no le hubiese molestado. Observó a Mimi por el rabillo de sus ojos y cayó en consciencia que el silencio existente era realmente incómodo. O al menos así lo sentía él.
Yamato no era de aquellos que se molestaba por mantener en pie una conversación o parecer agradable. Todos quienes lo conocían realmente sabían lo poco conversador que era y ni intentaban cambiar eso en él. Claro que Mimi era completamente diferente a esas personas. Ella intentaría apaciguar el silencio existente preguntando, mencionando o aunque sea proferir algo para lograrlo y hacer que él hablase ― algo que veía en común con Taichi ―. Sin duda era algo molesto que encontraba en personas como ella, pero en ese momento esperaba que aquel "defecto" suyo hiciese acto de presencia porque estaba poniéndose muy incómodo.
La joven, a diferencia de acontecimientos anteriores, en ese momento parecía abstraída de la realidad. Cabizbaja, observaba el suelo, dejando que su rostro fuese cubierto por algunos mechones castaños que a la luz nocturna tomaron un color más profundo e intenso. Parecía estar caminando junto a una persona totalmente distinta.
Relajó los hombros al exhalar su respiración, volviendo a mirar al frente, dándose cuenta que sólo faltaba una cuadra para llegar a su casa.
Una brisa cargada del aroma propio de Odaiba los acarició y sintió a sus músculos contraerse por el frío que sentía. No pudo evitar volver a mirar a Mimi, recordando la forma en que ésta tiritaba al estar sentada en aquel banco. No mentía al decir la sorpresa que le causo que Mimi hubiese venido a verlo, o al menos el haber intentado encontrarlo.
Sola, perdida y tiritando de frío. ¿Qué acaso Tai no cuidaba de ella? ¿O al menos sabía que ella estaba allí? No le sorprendería saber que el moreno sea un completo ignorante de la nueva hazaña de su querida amiga.
Carraspeó inconscientemente. Esa chica era un completo desastre, tan descuidada. ¿Cómo se le ocurría embarcarse en la búsqueda de su casa cuando ni siquiera conoce el manejo de las calles? No le sorprendía que haya hecho algo tan estúpido como meterse dentro del foco del fuego aquella ocasión. Si pensaba en sí mismo como una persona impulsiva, Mimi lo superaba enormemente.
La chica, al advertir la mirada del rubio encima de ella, levantó el rostro hacia él. Cuando los grandes orbes de la muchacha lo miraron con curiosidad, una terrible vergüenza lo embargó. ¿Tanto tiempo la estuvo mirando como un idiota? Apenado, intentó disimular la forma en que la miraba, rehuyendo de sus ojos para aclararse la garganta y finalmente hablar.
― S…Sólo me resultaba extraño que estés tan callada.
Mimi se sonrojó ante el comentario, deteniendo sus pasos para mirarlo ofendida.
― No me hagas quedar como una charlatana, Ishida. No tengo nada que aportar. - La miro con una ceja enarcada, acentuando aún más el sonrojo en ella. -Oh, por favor. - Miró a su alrededor. - ¿Vives por aquí?
― Es allí. - Yamato extendió su índice hacia el frente, señalando el complejo de apartamentos al cual se acercaban.
Mimi asintió en silencio para continuar caminando de la misma forma que hace un momento, hasta que imitó a Yamato cuando éste se detuvo. La castaña observó la entrada de vidrio del vestíbulo principal, el cual tenía a sus costados y de forma simétrica dos revestimientos en piedra negra que daba un contraste de dureza a la arquitectura aliviada de los elementos translúcidos.
Vio a Matt avanzar un paso y la desesperación que Mimi había estado intentando controlar todo el trayecto junto con la ansiedad que la mataba por dentro, se desató y extendió su mano para tomar el codo del muchacho.
― Ishida… - El muchacho la miró al sentir que lo detenía. Mimi pareció flaquear cuando los orbes lapislázulis de Yamato la observaron y bajó la mirada. – Yo quería, no sólo agradecerte por… Por todo lo que has hecho por mí. También…
Sus palabras fueron interrumpidas cuando vio una figura descender de las escaleras laterales dentro del vestíbulo. Takeru al ver a través de la transparencia del cristal a su hermano en compañía de una joven, se apresuró a las puertas para abrirla y reconocer a Mimi.
― ¡Mimi, ¿cómo te encuentras? ¿Qué haces aquí?!
No le dio tiempo a responder a la Tachikawa. Simplemente la atrajo hacia él y la abrazó con fuerza, sorprendiendo no sólo a ella, sino también a Yamato. La joven esbozó una sonrisa ante el gesto de Tk, cosa que provocó que Yamato rodara los ojos. Mimi, al ver esto, le envió una mirada asesina.
― Trata de no asfixiarla, Tk. – Intervino Matt sin poder contenerse y enseguida el menor se separó un poco de Mimi con una sonrisa apenada.
― Lo siento, Mimi. No quise incomodarte. – Se rascó la nuca, apenado. –Es sólo que tras todo lo que ha sucedido y todo lo que mi hermano me ha contado…
La castaña sonrió enternecida por Tk así que posó una mano en el hombro del rubio, impidiéndole continuar.
― Ya estoy bien. Gracias por preocuparte. – Miró a Yamato y exhaló un suspiro. – Creo que continuaremos otro día.
Matt vio como ella iba deslizándose el abrigo por los brazos y el rubio tuvo la necesidad de decirle que no lo haga, que no se marche, pero no dijo nada. A diferencia de él, fue Tk quien habló.
― Ey, ¿por qué no pasas? Estábamos a punto de cenar. – Tanto Mimi como Matt miraron al menor. - Mi madre suele excederse con las raciones de comida, hay espacio para un invitado más. – Miró a Matt con una sonrisa cómplice. – Claro, cuando te dignaras a aparecer con lo que faltaba.
― Oye, más respeto a tu hermano mayor, mocoso. – Le tendió la bolsa con wasabi. Tk hizo un puchero a modo de protesta y luego se giró a Mimi, quien sonreía divertida al verlos de esa manera.
― Anda, ven adentro. Hace frío. – Y sin oír nada por parte de la chica ni de su hermano mayor, jaló a Mimi por la muñeca para meterla dentro del vestíbulo y caminar aceleradamente hacia las escaleras.
Matt los vio avanzar y acentuó aún más su ceño fruncido. Dejado atrás, cuando fue a él a quien Mimi vino a ver. «No seas idiota» Se dijo a sí mismo para entrar finalmente al edificio, cerrando la puerta tras de él.
Tanto Mimi como Takeru subían los peldaños de la escalera para llegar al primer piso, hablando sobre la conferencia de esa mañana y de lo vergonzoso que fue para él, sacando carcajadas en Mimi. Yamato los seguía unos pasos detrás y sonrió al oír a Mimi reír de esa manera.
Cuando llegaron a la puerta de su hogar, hallaron a Daisuke en el umbral, aparentemente expectante de su llegada.
― Ey, miren quién llegó. Si sabía que Yamato traería su visita, hubiese invitado a Hikari. – Ante el comentario, Mimi se sonrojó pero sin saber qué contestar. Buscó la mirada de Yamato para recibir apoyo, a lo que el chico le dio un golpecito a la frente de Davis con su dedo índice.
― Ni aunque fueras el último chico del mundo Hikari se animaría a salir contigo.
― Hieres mis sentimientos, Ishida. – Dijo el Motomiya fingiendo dolor en su voz. Matt se abrió paso junto al moreno dejando sus zapatos en la entrada y se dirigió a la cocina seguido por Takeru y Mimi, quienes hicieron lo mismo con los calzados.
La castaña no pudo evitar observar el hogar de Yamato y apreciar lo diminuto que era. Si bien, le resultaba curioso ver cómo tantas personas vivían en un complejo de apartamentos, se preguntaba cómo sería vivir en uno como lo era el de los hermanos. La idea era inquietante pero no dejaba de generar en ella mucha curiosidad.
Sus ojos viajaron del sofá a las cortinas y luego a la repisa con algunas fotografías. Llamó la atención de Mimi el encontrar los rostros de Takeru cuando niño y de la que, suponía sería su madre. Intentó hallar entre ellas alguna donde pudiese ver a Yamato cuando niño, la simple idea la hacía sonreír, pero para su desgracia no había ninguna.
― Madre, ella es Tachikawa Mimi. – La voz de Tk hizo girar a Mimi sobre sus pies para ver que una mujer de, quizá unos treinta y tantos años, se acercaba a la sala. Era muy hermosa y en su rostro podía notar rasgos parecidos a los que caracterizaban las facciones del Takaishi.
Mimi hizo una reverencia con la cabeza, a modo de saludo.
― Mucho gusto, Señora. – Cuando se enderezó, sonrió con sinceridad. –Tiene un hogar muy acogedor.
― Te lo agradezco. – Dijo Natsuko estudiando a Mimi disimuladamente. – Soy la madre de Yamato y Takeru, Takaishi Natsuko. – Sonrió.- Así que eres tú a quien Yamato rescató la otra vez. – Vio a su hijo en el umbral de la cocina. – Oh, y hablando del rey de Roma. Lamento que él sea quien te haya puesto en peligro en un principio… No sabía que poseyera un instinto culinario oculto.
― Madre… - Avanzó enseguida Yamato para señalarle a sus espaldas la cocina, como diciéndole que aún habían cosas que debía atender. La rubia le reprochó con la mirada pero antes de que alguien más haga o diga nada, Mimi se adelantó a decir.
― En realidad, Señora Takaishi, -vio a Yamato mirarla y haciéndole una negación con la cabeza, pero ella no pretendía hacerle caso. –no fue culpa suya lo sucedido. Todo fue mi culpa. Yo fui quien dejó las galletas en el horno y descuide las consecuencias de mis actos. –Sonrió amablemente al ver el rostro sorprendido de Natsuko por sus palabras. –Su hijo fue en realidad la razón por la que yo esté hoy aquí. Él asumió la responsabilidad del castigo por temor a que me relevaran de mi puesto como Presidenta Estudiantil.
― ¡Ya, no digas más! –Intentó detenerla Matt sonrojado, pero Mimi siguió sin escucharlo.
― Pero no se preocupe, Señora. Ya he hablado con la Directora del Instituto y considerará mi testimonio a favor de Yamato. –Ante sus últimas palabras se generó un profundo silencio que incluso el rubio permitió al verse realmente sorprendido por lo que acababa de oír. Ella le sonrió. –Era eso lo que intentaba decirle, pero no tenía forma de contactar con él.
Natsuko pareció despabilarse y pasó su mirada de Yamato a Mimi. Luego tomó a Mimi por los hombros, para abrazarla fuertemente. La castaña por su parte se quedó estática ante lo que sucedió hasta que la mujer la soltó.
― Lo lamento, no quise asustarte. Es sólo que… -Miró a Matt y sonrió. –Olvídalo. Muchas gracias, jovencita. Realmente me alegro que Yamato tenga amigas tan maravillosas.
Mimi se sonrojó y buscó la mirada de Matt quien le enseñó una sonrisa de costado. Ella volvió la atención a Natsuko, cuando ésta le preguntó si le gustaba el sashimi con arroz a lo que Mimi la acompañó hacia la cocina. La rubia se volvió a Yamato.
― ¿Quieres buscar una silla más?
Su hijo asintió y se dirigió por el pasillo que daba a las habitaciones del departamento, ingresando a la suya y tomando la silla de su escritorio, se regresó al umbral de la puerta.
Por medio del rabillo del ojo se percató de la figura de Mimi en el pasillo, aunque ésta tenía puesta su atención en los retratos ubicados en las paredes. El chico avanzó hacia ella a lo que Mimi se volvió a verlo.
― Buscaba el baño, pero… -señaló con su índice las fotos. –no pude contenerme en verlas. –Para curiosidad de Mimi, todas ellas eran fotos de Takeru. Yamato interpretó las intenciones de la chica y antes de que pudiese preguntar más, él le señaló con el pulgar a sus espaldas la puerta del baño.
― Es allí.
Taichi observaba distraídamente el reloj antiguo con detalles victorianos colgado por la pared, moviéndose a un compás que lo entretenía mientras imitaba el repiqueteo con su pie, golpeando con el talón el suelo a cada paso que daba el segundero.
Siete y media de la noche. Ya había transcurrido media hora desde que llegó a la mansión Tachikawa buscando pasar con su mejor amiga la tarde; aunque claro, la noche ya estaba puesta cuando tocó el timbre del lugar. Pensó que Mimi lo reprocharía por llegar tarde, pues la idea era estar allí a las cinco. Sin embargo, tras lo sucedido con Sora, el despejarse la mente le tomó casi toda la tarde. El tiempo transcurrió demasiado rápido estando en su casa que no se fijó que las siete estaban por sonar y él aún no iba junto a Mimi.
Salió de casa con la condición de volver lo antes posible, ya que el pronóstico –y también el propio cielo– hacía mención de una tormenta avecinándose. Sacó el auto de su papá y se encaminó a la casa de Mimi, para toparse con la noticia de que había salido hace no mucho tiempo, según Tanaka y de que no tardaría en volver.
¿Qué otra cosa podría hacer más que esperarla? Pues él había prometido estar junto a ella ese día y así sería.
Oyó abrirse la puerta que conducía al pasillo interior de la casa y se enderezó casi de un golpe esperando ver a Mimi llegando al fin. Ya estaba preparando su discurso de falsa indignación, aunque la verdadera indignación estuvo presente cuando fue Tanaka quien cruzó el umbral de la puerta, trayendo una ronda más de té de manzanilla.
― Lamento tanto que tenga media hora esperando, Señor Yagami. –Se disculpó el hombre a lo que Tai negó con la cabeza y sonrió al mayor.
― Sólo Taichi. El "señor" me hace quedar muy viejo. –El hombre asintió ante su prórroga. Tai tomó la taza entre sus dedos y dio un sorbo rápido, saboreando el sabor de la manzanilla. –Delicioso. –Dijo para sí mismo y luego miró al hombre. -¿Sabe si Mimi llevó su teléfono? La he estado llamando pero nadie contesta.
El rostro de Tanaka parecía afligido.
― No sería sorpresa que la Señorita se halla olvidado su teléfono celular en su recámara, pues se marchó muy apurada y sin mencionárselo nada a nadie. –Echó un suspiro cansado que a Tai pareció percibir cierta preocupación. -Iré a buscarlo para confirmarlo. –Hizo una reverencia y se retiró.
Tai por su parte, volvió a tirar la cabeza contra el respaldo y observar las imágenes de cielo que tenía frente a él. Se preguntaba en dónde pudo haber ido Mimi y dejar su teléfono. Era algo impropio en ella, aunque debió de ser una salida repentina para que la chica se olvidara algo tan vital para sí misma.
Cerró un momento los ojos y la imagen fresca de Sora lo recibió. Aún tenía el sabor amargo que le dejó aquel encuentro con la muchacha. Y más aún al hacerla sentir tan mal con todo lo que le había dicho esa tarde. Se llevó ambas manos contra el rostro y comenzó a frotárselo para apartar las ideas de su cabeza.
Mimi observaba atentamente los platillos delante de ella. Un platillo poco profundo le indicaba su porción de ensalada wakame y varios trozos de sashimi de salmón condimentados con wasabi y salsa de soja; junto a éste se encontraba un bol pequeño lleno de arroz sharin y furikake polvoreando su superficie.
No podía creer que tenía que estar pasando por aquella situación. Si bien, estaba tan acostumbrada a que en su hogar los platillos se diseñen de tal manera que a ella le agradasen y si no lo conseguían, debían de prepararse nuevamente. Cabe destacar que no estaba tan familiarizada con la comida tradicional, pues la gastronomía en su hogar se inclinaba por platillos extranjeros.
Pero ese no era el caso. Una gota de sudor resbaló por su sien en forma nerviosa. No podía rechazar la comida estando en una casa ajena, mucho menos al saber que Natsuko había gastado mucho para ello –por lo que ésta le estuvo mencionando–; pero hacerse a la idea de estar comiendo furikake… No, impensable, se dijo.
El sonido de las voces y el golpeteo de porcelana trajo a Mimi de regreso a la realidad. Se sentía un poco lejana al ver cómo hablaban entre ellos, reían incluso, como si fuese lo más normal del mundo. No podían culpara de encontrar extraño a aquello, pues normalmente, comía sola debido a que sus padres casi nunca estaban en casa y los empleados comían en la cocina, en horarios distintos a los que se manejaba ella. La idea de hablar con alguien más era desechada.
Estaba segura que si ellos pudiesen ver la escena que ella contemplaba en esos momentos, pensarían que era una falta completa de etiqueta.
Daisuke estaba intentando robarle un pedazo de carne al plato de Tk, mientras éste lo movía de un lado para otro, intentando salvar la dignidad de su comida. Enseguida la madre de los rubios intervino regañando la actitud infantil de los jóvenes y Matt la interrumpio diciéndo que gastaba saliva en vano cuando aquellos dos no cambiarían.
No es que le molestara su estilo de vida, pero al comparar con lo que Matt vivía día a día… Era interesante.
Trató de reprimir una carcajada al ver como Natsuko sujetaba con fuerza las mejillas tanto de Tk como la de Daisuke, reprendiéndolos. Luego entornó los ojos hacia Matt que se hallaba a la otra cabecera de la mesa, paralelo a su madre, negando con la cabeza por la actitud de los presentes. El muchacho percibió su mirada y sus ojos se enfocaron en ella con una mueca cansina.
― No te asustes. Esto es normal.
― Ya lo noto. –Se tapó la sonrisa con una mano, sin poder quitar la vista de los presentes. Era algo tan distinto a sus cenas que pensó en poder acostumbrarse a aquello todas las noches.
― ¿Esperas que tu pescado comience a hablar? –Pronunció Matt de tal forma que Mimi pueda oírlo sin molestar a los demás. Aunque por la conversación que se llevaba entre Takeru, su madre y Daisuke, no creía que fuesen a tomar en consideración sus palabras.
― E…Es sólo que… -Tragó saliva observando el plato de arroz. –Todo se ve delicioso, lo digo enserio… Pero… No como furikake.
Cuando pronunció lo último, sintió que lo que acabo de decir fue propagado a través de un altavoz por toda la ciudad, ya que un notorio silencio se prolongó al decir aquello. Enseguida, Mimi viró su rostro a los demás acompañantes que le sostenían la mirada con vistosa extrañeza.
― ¿No te gusta el furikake? –Preguntó Daisuke con una ceja enarcada. -¡¿Qué tipo de japonesa eres?!
Mimi se sulfuró ante aquel comentario y todo su rostro se tornó colorado, mucho más que antes, tensando los hombros para mirar con reproche a Daisuke.
― N…No… E…Es sólo que… Y…Yo
― ¿Lo has probado alguna vez? –Preguntó ahora Tk. –Antes solía decir que no me gustaban las judías rojas, pero sólo se debía porque nunca lo había probado.
Mimi negó con la cabeza y miró su plato.
― Es un poco extraño que no le guste el furikake, siendo un condimento esencial en el arroz. –Dijo ahora Natsuko de forma pensativa, aunque no iba a nadie en particular, sólo un comentario al aire.
Mimi iba a decir algo, pensaba en algunas palabras que pudiesen cubrir su actual situación, pero cuando levantó el rostro para mirarlos y abrir la boca para pronunciar algo… Sintió un intruso ingresando violentamente a su cavidad bucal.
― Todo tiene su primera vez. –Dijo Davis introduciendo con sus propios palillos un bocado de arroz con furikake a la boca de Mimi, casi atragantándola.
― ¡No seas bruto, estúpido! –Reprochó enseguida Matt al ver la forma en que el moreno tomó por sorpresa a Mimi.
La chica se echó para atrás por el impulso de Davis y casi cayó de la silla, pero se sujetó de la mesa con fuerza para recobrar el equilibrio aunque con la boca llena de arroz con furikake.
El sentir la masa pegajosa del arroz sharin junto con la mezcla equilibrada de sal que le proponía el furikake con retazos de pescado; más específicamente, salmón, no pudo sino cerrar los ojos mientras masticaba y saboreaba mejor aquel preparado que nunca probó antes y su paladar vibró de alegría junto con su propio estómago, ya que estuvo sin comer desde el almuerzo en el colegio.
Sin duda, aquel sabor era nuevo, llamativo, extraño incluso pero no dejaba de ser agradable. No podía creer que se tratara de furikake. ¿Cómo era eso de combinarlo con pescado? A Mimi le resultaba fascinante aquel descubrimiento, cuando era algo tan normal para los demás. Cuando abrió los ojos de a poco y tragó, observó el plato servido frente a ella y luego levantó sus orbes castaños a los presentes, quienes la observaban expectantes.
― ¿Estás bien? –Preguntó Natsuko preocupada. –Si no te gusta, puedes dejarlo y…
― En realidad… -Inició Mimi con una pequeña sonrisa. –Está delicioso.
La mujer se notó más relajada junto con la amplia sonrisa de Daisuke y su discurso sobre "yo tenía razón", mientras Tk lo regañaba por haber sido tan violento con la joven.
― De verdad que no sabes nada de la normalidad, ¿eh, Tachikawa? –Mimi volteó su rostro hacia Matt con las mejillas abultadas, teniendo la boca llena de arroz con furikake de pescado. La imagen fofa de Mimi contradecía a toda etiqueta que solía representar la castaña, siendo motivo suficiente para hacer reír a Matt.
Ella se sonrojó enormemente, pero enseguida la indignación fue reemplazada por la sorpresa de ver a Matt riendo de esa manera. Era la primera vez que escuchaba su risa y observaba sus facciones tan relajadas. Era una vista genuinamente nueva y atractiva. Mimi sonrió también y una vez que hubo tragado todo lo que traía en su boca, se tapó con una servilleta la boca para poder reír con más libertad.
La cena continuó entre risas y charlas vociferadas, que a Mimi le sentó de maravilla, hasta que observó el reloj dispuesto en la pared de la cocina y en donde tocaban las nueve y media de la noche. Abrió desmesuradamente los ojos y se puso de pie inmediatamente, llamando con ella la atención de los presentes.
― ¡Oh, Dios! ¡¿Es tan tarde?! –Repuso ella alarmada.
Natsuko miró también el reloj y cayó en cuenta de que era verdad, así que dejó su plato a un lado.
― En verdad nos hemos pasado de tiempo. –Miró a Matt. –Acompáñala a su casa.
― Nosotros también vamos. –Se incluyó Takeru de inmediato mirando a Daisuke y luego a Mimi con una sonrisa, pero su madre le cortó enseguida.
― Tú tienes cosas que hacer para mañana. Deja que tu hermano vaya. –Miró a Matt nuevamente. –Lleva mi auto.
Mimi se apresuró a decir.
― No se preocupen. Llamaré a mi chofer para que venga a recogerme.
― Ya es tarde para sacarlo de su casa. –Dijo Matt mirándola ceñudo.
― ¿Qué tiene? Es su labor después de todo. –Contestó Mimi como si fuese lo más normal del mundo y en verdad así lo consideraba ella.
― ¿Siempre eres tan dulce? –Dijo Yamato con claro sarcasmo en su voz. Se puso de pie y le hizo una seña a la chica para que lo siguiera. -Andando, te llevaré. –Y caminó hacia la sala para buscar las llaves del auto de su madre.
Mimi lo miró marcharse y luego se volteó a ver a los demás, esperando que alguien dijera algo. Sin embargo, la voz de Matt llamándola desde la sala para que se apurara, la hicieron pegar un respingo.
― ¡No me des órdenes, Ishida! –Repuso molesta. Se enderezó fuera de la silla y miró a quienes estaban aún sentados. Se despidió con una reverencia de ellos. –Muchas gracias por la cena, Señora Takaishi. La pasé muy bien.
La mujer sonrió a sus palabras y se puso de pie para acompañarla hasta la salida, donde la despidió con un pequeño cabeceo en forma de respeto. Matt se había adelantado a bajar por las escaleras para ir a encender el vehículo y hacer que entrara en calor, pues era peligroso el conducirlo sin calentarlo antes y más cuando el clima nocturno se caracterizaba por descender los grados.
Antes de que Mimi saliese por la puerta para seguirlo, Natsuko la detuvo.
― Estoy en deuda contigo, Tachikawa. –La castaña sonrió ligeramente pero negó con la cabeza.
― No debería. Soy yo quien está en deuda con ustedes. –Hizo otra reverencia en forma de saludo y luego se giró para marcharse, bajando los escalones hasta poder ver la cabellera rubia de Matt en el estacionamiento.
Empujó la puerta de madera que conducía a la parte trasera del complejo de apartamentos y las luces de un Toyota rojo le indicaron el camino hacia Yamato.
Se plantó junto al auto, mirando al rubio tras el volante. Matt, por su parte al verla plantada allí, le hizo una seña con la cabeza para que se subiera ya.
― ¿Qué estás esperando? ¿Qué te abra la puerta? –Preguntó divertido Matt mientras observaba el tablero del vehículo.
― Eso es obvio. –Respondió Mimi. Matt enseguida la miró entre curioso y divertido, enarcando una ceja, esperando oír que se trataba de una broma, pero al ver la seriedad en el rostro de la castaña, supo que no estaba mintiendo. -¿Qué esperas?
― Que seas normal… -Murmuró entre dientes con hastío. –Abre la puerta tú sola. Tienes todas las posibilidades para hacerlo.
Mimi se echó para atras como si Matt acabara de decirle algún improperio que la haya ofendido, mirándolo con extrañeza en el rostro. Yamato rodó los ojos y se puso de pie, sacando una sonrisa satisfactoria en la castaña. Aunque no veía venir las acciones del muchacho.
Yamato la tomó por los hombros y la encaminó para estar frente a la puerta del acompañante, pero enseguida Mimi lo detuvo.
― ¿Qué haces? Debo ir en la parte trasera. Todo el mundo lo sabe.
― Tienes que estar… Ah, está bien. –La movió casi empujándola hacia la puerta trasera. Ubicándose detrás de ella, tomó su muñeca. Mimi se tensó al sentir la respiración del rubio sobre su oreja derecha. –Muy bien… -Pronunció casi en un susurro, erizando los bellos en la nuca de Mimi. –Ahora, atiende bien porque sólo lo haré una vez.
― ¿H…Harás…qué? –Preguntó con la respiración agitada. Entonces sintió como la mano de Matt guiaba a la suya hasta que la hizo tomar manija de la puerta. Mimi dejó de sentir presión para que la confusión la embargara.
― Ahora, levanta la palanca y estira hacia fuera. Así abrirás la puerta y entrarás sin problema. –Mimi parpadeó un par de veces para comprender lo que sucedía y enseguida se soltó de Matt para empujarlo, abrir la puerta e introducirse dentro del cubículo. - ¡Vaya, aprendes rápido, Tachikawa!
― ¡Eres un idiota! –Le gritó desde dentro del auto. El rubio bufó divertido y se metió también en el auto.
No tardó en movilizar el vehículo, dirigiéndose a la salida del estacionamiento, saliendo así hasta la calle, la cual estaba desierta. Emprendieron la marcha de esta manera.
Yamato corrigió la posición del espejo retrovisor para poder observar mejor lo que lo proseguía, pudiendo observar de paso el rostro de Mimi ladeado, observando la ventana junto a ella. La joven miraba enigmáticamente lo que el vidrio polarizado le enseñaba, silenciosamente.
─ ¿Sabes la calle de tu casa o tampoco eso manejas?
La muchacha trató de guardar la calma ante las palabras del rubio, se notaba el tic nervioso en su ceja al hallar tan impertinente comentario. Ni siquiera lo miró, sólo contestó.
─ Mi casa queda unas cuadras antes de llegar al Rainbow Bridge[6]. -Pensó un momento. -Doblando a la cuadra del Familymart Centerville.
─ Oh, no está muy lejos de aquí. –Se dijo a sí mismo. Presionó un poco más el acelerador para tomar con más soltura la calle, sin excederse del límite urbano permitido. No sería divertido atraer la atención de algún oficial de tránsito.
― Ishida, -llamó la muchacha sin despegar sus ojos de la ventana, a diferencia del rubio quien la observó un momento por el retrovisor. –aún no te he dicho todo lo que quería. –Tragó saliva y cerró los ojos. –En realidad, son dos cosas que aún no he podido decirte.
Matt enarcó una ceja, pero no insistió en el tema. No quería hacerla sentir más presionada de lo que ya se estaría sintiendo. Mimi, cruzada de brazos, entreabrió su boca para empezar a hablar, pero enseguida los cerró, mordiéndose el labio inferior con indecisión.
― He hablado con Michael esta tarde –dijo por fin, aún sin mirarlo, pero de haberlo hecho estaba segura que su nerviosismo se le pasaría al ver el rostro de sorpresa que formuló el rubio. Matt se mantuvo callado y así la castaña continuó hablando. –le expliqué todo y le he pedido lo que deseabas. Lo comprendió y hará lo que esté a su alcance para convencer a su padre de darles otra audición. –Hizo una pausa. –Aunque me ha pedido hablar contigo personalmente un día de éstos.
― ¿Y lo segundo?
Mimi frunció el ceño molesta.
― ¿Eso es todo lo que dirás? Me he tomado la gentileza de molestar a Michael por ti y…
― ¿Le debes algo? –Preguntó, interrumpiéndola. Ella no disimuló su confusión al respecto, así que prosiguió. -¿No te ha pedido nada a cambio de hablar con su padre?
― ¿A qué se debe eso? ¡Claro que no! Es un buen amigo que haría todo a buena fe por sus amigos. –Matt rodó los ojos cansinamente.
― Como sea. ¿Qué es lo otro que debes decirme?
Mimi, quien estaba de brazos cruzados, clavo sus uñas en sus brazos a modo de darse valor. Era una chica orgullosa que difícilmente dejaba de lado aquel lado suyo, sin importar las situaciones. Pero con Matt era diferente. Aspiró profundamente, cerrando los ojos, comenzó a hablar.
― Había tratado de decirlo desde hace rato, pero es un poco difícil… Yo deseaba discúlpame. –Matt no pudo evitar mirarla a través del espejo retrovisor, encontrándose con los orbes castaños de la muchacha. Claro que Mimi, con aquel simple contacto visual comenzó a perder la poca confianza que logró adquirir en sí misma, dando lugar al nerviosismo. –N…No me mires así, por favor. No es sencillo para mí sí me estás mirando de esa manera. –El chico relajó los hombros y miró a otro punto. –Sé que me odias y crees que soy una molestia. Yo tampoco te considero el más galante de los chicos. Eres arrogante, atrevido, indignante…
― ¿Volvemos a la parte donde te disculpas?
Mimi mostró una pequeña sonrisa que fue correspondido por el rubio.
― A pesar de todo, no habías dudado en ayudarme ni en asumir la culpa, cuando eras inocente… Y es por eso que también quería agradecértelo. –Bajó la mirada a sus manos. –Aunque pienses que soy egoísta y desinteresada, no soportaba la idea de no hacer algo por ti. Por eso llamé a Michael y…
― Déjame serte claro, Tachikawa –Le cortó enseguida el muchacho. Mimi lo miró confundida. –No te odio. Si es eso lo que pensabas, estás equivocada. Sí creo que eres mimada, terca y escandalosa, pero no busco que te mortifiques o quieras redimirte porque te he salvado. Como te lo he dicho antes, actuaría de la misma manera habiéndose tratado de cualquier otra persona, desconocida o no. –Hizo una pausa y continuó hablando así. –Lo que en verdad me causa molestia es que parece que aún no caes en cuenta de lo que realmente sucede.
― ¿De qué hablas?
― Demonios… -Murmuró. –Escucha, fue tu actitud la que odié. Aquel impulso por mostrarte fuerte e independiente cuando deberías de pensar que tus acciones no sólo te afectan a ti. Sino a todos a tu alrededor. –No se daba cuenta, pero a cada palabra que decía, sus manos se aferraban con más fuerza al volante.
― ¡No actúes como si fuera que me conoces, Ishida! –Dijo molesta Mimi, sin ganas de callarse la rabia que le causó las palabras del rubio. - ¡Yo defiendo lo que creo correcto! Así como tú pero diferimos en concepto, eso es todo.
― ¡¿Crees que meterte al foco del fuego por salvar unas estúpidas galletas es defender algo?! –Matt elevó un poco más la voz, sin darse cuenta y Mimi parecía no quedarse atrás, enderezándose y mostrándose altiva aun estando en el asiento trasero.
― ¡Para ti pueden no significar nada, pero sí para mí! –Bramó iracunda. -¡Y para que lo sepas, hay cosas por las que uno se sacrifica!
― Bien dicho, hay cosas. ¡Cosas importantes! ¡Cosas por las que uno muere defendiéndolo, no por malditas cosas que pueden ser reemplazadas! -Mimi iba a seguir protestando, pero enseguida Matt continuó hablando. - ¡¿Alguna vez has pensado en los demás cuando corres ese tipo de peligro?! No se trata sólo de ti, maldita sea.
A pesar de estarle diciendo esas cosas a la joven, Yamato tenía otro rostro en la cabeza a quién deseaba decirle todo eso. Cuando se dio cuenta de lo que dijo y de lo alterado que estaba como para estar conduciendo, redujo la velocidad y relajó sus hombros contraídos por el nerviosismo. Aspiró con más tranquilidad y buscó a Mimi a través del espejo. La chica miraba perdidamente la ventana.
Maldijo todo lo que conocía, incluyéndola a ella como a sí mismo. Era un impulsivo que decía todo lo que pensaba sin ponerse a medir sus palabras. Bajó entonces la mirada hasta donde la radio solía ubicarse, pero que en la actualidad sólo prevalecía un espacio vacío.
― Sería menos incómodo si aún contara con la radio. –Dijo con un poco más de calma en su voz. –La radio se descompuso gracias a Takeru.
Mimi levantó el rostro para ver el tablero del vehículo y comprobar aquel detalle en él. Sonrió involuntariamente y con disimulo al imaginarse cómo pudo Tk desbaratar la radio a tal grado de tener que extirparla del tablero.
Permanecieron en silencio hasta que tuvieron que detenerse cuando el semáforo dio en rojo. Yamato tenía la costumbre de que cada vez que se detenía el auto, se recostaba por el volante. Quizá para observar mejor el semáforo –el cual estaba muy por encima de él– o sólo se deba a una mala costumbre suya.
Mimi lo observaba en silencio hasta que algo llamó aún más su atención. Unas gotas chocaron contra el vidrio del parabrisas. Los ojos de Mimi se abrieron sorprendidos y entonces volteó a su ventana para ver como más gotas caían contra el vidrio de esta.
Como si ellas pudiesen quemarla, se alejó de la ventana con temor, al tiempo en que volvía su cabeza hacia la otra ventanilla paralela a ella, hallando más gotas de lluvia que iban llenando su visión.
Yamato, al notar cómo las gotas caían con más frecuencia y fuerza, dejó escapar un suspiro cansino. La lluvia sólo le daba ganas de acostarse a dormir, acurrucado entre sus sábanas.
El semáforo volvió a ponerse en verde y él apretó el acelerador del vehículo, yendo a la misma velocidad que hace un momento. Le sorprendía como las calles estaban desiertas y el silencio de su zona era tal que hasta algunos edificios parecían estar durmiendo, a pesar de que Odaiba se caracterizaba por ser un centro de recreación y ocio.
Entonces, entre las nubes oscuras que cubrían el cielo, un destello brillante se mostró con fuerza pero silencioso aún. La tormenta aún no estaba próxima pero en cualquier momento tomaría partido y para cuando eso, esperaba estar ya metido en su cama. Odiaba manejar con ese tipo de clima.
Estaban en silencio así que percibir un ligero gimoteo proveniente del asiento trasero, fue sencillo. Matt subió los ojos al retrovisor, buscando la imagen de Mimi y le sorprendió verla hecha un ovillo, sujetándose con las manos cada lado de su cabeza mientras ésta se encontraba sobre sus rodillas. Los hombros de Mimi temblaban como hojas y su sollozo se hacía cada vez más audible.
─ ¿Tachikawa?
Fue cuando el sonido abrumador de un trueno, desató un grito desesperado en Mimi y se minimizó mucho más.
─ ¡¿Qué te ocurre?! –Preguntó preocupado y alterado al oírla gritar de esa manera. Ella no contestaba, seguía estando de esa manera.
Otro trueno en compañía del centellante rayo, provocó otro grito desgarrador en Mimi, hasta tal punto de elevar la mirada y rogarle a Yamato que detuviese el auto.
Matt no sabía lo que estaba sucediendo pero tener a Mimi tan asustada, no era algo que deseaba experimentar con el motor en marcha. Fue reduciendo la velocidad como pudo para así encostarse y colocar las luces de stop.
Pero por desgracia, el cielo se había convertido en un campo minado, donde los centellas de luz propios de los rayos y sus consecuentes rugidos, hicieron que Mimi se echara a llorar con tanta desesperación que Matt no sabía qué hacer. Se volteó a verla y estaba estática, con los ojos desmesuradamente abiertos y las lágrimas bañando todo su rostro como parte de sus rodillas. Nunca antes había visto tanta desesperación plasmado en el rostro de una persona, pero enseguida recordó hace seis meses que había visto aquel rostro.
Apartó aquel recuerdo de su mente y apagó el motor del vehículo. Trató de tranquilizarse también él y volteó a ver a Mimi. La chica temblaba y gimoteaba sin cesar. Se enderezó y trató de hablar con ella, pero parecía imposible.
─ Tachikawa, tranquilízate. –Pero ella no lo oía. Era como si para ella, él no existiese y estuviese sumida en un hoyo oscuro. Necesitaba hacerla reaccionar, pero por cada trueno que resonaba en el cielo, ella perdía más acceso a la realidad.
Recordó a Takeru de pequeño cuando aún vivían juntos y debían soportar las discusiones de sus padres. Aquellas horribles noches sin fin, oyendo los gritos de sus padres, mientras ambos hermanos se tenían sólo el uno al otro. Tk no paraba de llorar y lo único que podía hacer Matt, era tratar de consolarlo con la mentira. Decir que todo estaba bien cuando ni siquiera él sabía si eso era verdad.
Abrió la puerta y se bajó del auto. Enseguida, abrió la puerta trasera del vehículo y se metió dentro. La temperatura bajó de un momento a otro, pero cuando quiso acercarse a Mimi, arrimó un poco sus dedos sobre la mano de la joven, palideció al sentirla helada.
─ ¿Tachikawa…Qué te ocurre? –Pero ella no lo oía. Sus ojos humedecidos, parpadeaban con dificultad. «Maldición»
Un trueno se desató, mucho más atroz y feroz que los anteriores, e hizo que Mimi chillara, pegando un respingo. No tuvo otro remedio más que atraerla hacia él con fuerza hasta aprisionarla entre sus brazos, mientras Mimi lloraba amargamente. Sentía como las manos de la joven sujetaron con fuerza su playera y sus lágrimas humedecieron su pecho.
La abrazó y con una de sus manos comenzó a acariciarle el cabello hasta bajar a la espalda. Arrimó su rostro al oído de la joven y comenzó a hablarle despacio, intentando que ella bajara la voz.
─ Tachikawa, escúchame. Respira y trata de calmarte. –El llanto parecía no cesar, sintiéndose impotente por no poder hacer nada. Se alejó un poco de ella y llevó sus manos al rostro de Mimi, ella mantenía los ojos cerrados mientras las lágrimas caía por sus mejillas. Observarla de esa forma le produjo una extraña sensación en el pecho. No iba a poder hacerla reaccionar sólo con hablarle. Necesitaba algo más fuerte.
Acercó su rostro al suyo y aproximó sus labios a los de ella, acabando la distancia entre ambos, besando sus labios. Halló un sabor salado en ellos, uno que las lágrimas desesperadas plasmaron. La besó al principio con temor, simplemente pieles sintiéndose entre ambos. Pero al parecer, su idea tuvo éxito. Mimi se apretó más contra Matt, dejando a su paso un suspiro que resultó tan atractivo para el rubio.
Yamato, por más que lo odiase, tuvo que alejarse de sus labios para poder observarla y corroborar que esté mejor. Mimi abrió los ojos lentamente, con cierta inseguridad para reflejarse en los orbes de Matt. Él sonrió con más tranquilidad y le secó las mejillas con los pulgares, aumentando el sonrojo en la muchacha.
─ T…Tengo miedo… -Susurró ella con el rostro preocupado. –Aún sigo oyendo los… -Matt la hizo callar chitándole levemente.
─ Lo sé, pero no te ocurrirá nada. No estás sola, Mimi. –Le acarició la mejilla con su pulgar y la contempló. Su rostro sonrojado por el llanto y por el beso, era tan tentador. Deseaba besarla mucho más y en cada parte de ella. Pero debía controlarse y dejar de pensar de esa manera.
La castaña le sostuvo la mirada como sorprendida, sonriendo luego divertida, generando curiosidad en él.
─ ¿Qué…?
─ Es la primera vez que me llamas por mi nombre. –Matt parpadeó un momento y su sonrojo no conoció precedente. Comenzó a tartamudear como un idiota, buscó alguna coartada qué decir, pero entonces otro trueno hizo gritar a Mimi.
Matt la sostuvo con fuerza. Necesitaba que escuchara algo más que el trueno o volvería a perderla de la realidad. Entonces, recordó que cuando niños, para calmar a Takeru, solía cantarle canciones que ambos conocían y de esa manera, el grito de sus padres pasaba a último plano.
Ocultó el rostro de Mimi en su pecho y siguió acariciando su espalda mientras pensaba en alguna canción que pudiese calmarla.
Era odioso como cuando más necesitaba recordar algo, su mente se empecinaba en hacerle olvidar todo lo que conocía. Pero entonces, recordó la melodía que había compuesto para el grupo y comenzó a tararearle al oído, hasta que las palabras se abrieron paso por sus labios.
In this moments, of lost and torments
When the vast skies don't seems to call to you
When the weight of this world bears down
And the stars fallen like tears
Monuments builts in remembrance of me
But this monuments fade and fall in decay
The Memories are all that remains
As far as east from the west, remember
Entonces el coro de la canción pasó a otro plano y nuevos versos nacían en su mente. Versos que en esos momentos deseaba decirle a Mimi para que pudiese calmarla.
I am with you always
From the darkness of night 'ntil the morning
I am with you always
From the life until the death takes me
Cerró los ojos y recordó a su hermano menor. Eran palabras que también se lo había dicho a él.
When hope seems lost, down and lonely
I am here with you, always
Matt sintió como Mimi se removió y apartó su rostro de su pecho, elevando sus ojos hasta los de él. Dejó entonces de cantar para observarla.
─ Cambiaste la letra. –Matt no disimuló su confusión a lo que ella se apartó un poco más de él para conducir su mano al bolsillo de la chaqueta que le pertenecía al rubio, sacando de éste un papel doblado en cuatro. Abrió los ojos sorprendido de volver a ver aquel papel y vio como Mimi iba desdoblándolo.
─ ¿Lo tenías tú? –Pronunció incrédulo, mirando las manos de Mimi. Levantó sus ojos a los de ella y no pudo disimular su sorpresa. -Creí que se cayó aquel día del incendio.
─ Estaba dentro de la chaqueta. –Explicó. Bajó entonces la vista al papel, para después tendérselo a Matt y mirarlo con genuina ternura. –Es una muy buena canción, pero… Creo que me quedo con la improvisación.
No se había dado cuenta pero de un momento a otro, sentía su rostro arder ligeramente. Tenía que agradecer que no haya mucha luz o ella sería conocedora del sonrojo que le propinó. Sonrió para sus adentros y posó su mano sobre la cabeza de Mimi, mirándola a los ojos, viendo como ella reaccionaba a su caricia, encogiéndose de hombros.
― ¿Soy yo o tienes la costumbre de sorprenderme? –Murmuró divertido, sacando en Mimi una sonrisa más relajada.
― Lo sé. Soy una cajita de sorpresas. –La sonrisa que le dedicó Mimi estaba cargada de ternura pero también de picardía. Una combinación que dejó a Matt con la guardia baja.
Un nuevo rugido del cielo, aplacó su diversión, enviando ondas de terror por todo el cuerpo de Mimi, quien pegó un respingo y se cubrió con ambas manos sus oídos, cerrando con fuerza los ojos, como si de esa forma pudiese mandar lejos todos sus miedos.
Sin darse tiempo a analizar las cosas, la sostuvo con fuerza protectora, acariciando los brazos de Mimi, intentando relajar la tensión. Subió entonces sus manos a donde descansaban las de Mimi, y comenzó a hablar lento y despacio pero con seguridad.
― Tranquila, nada te sucederá. –Bajó las manos de Mimi con lentitud hasta que éstas dejaron de cubrir sus oídos. –Estás a salvo aquí… Conmigo. –La castaña dudó un momento pero finalmente, levantó sus párpados y se encontró con aquellos orbes lapislázulis.
Estaba acostumbrada a hallar en ellos mofa, autosuficiencia y enojo, que parecía una ilusión óptica ―propia de la poca iluminación― el ver una genuina preocupación en los ojos de Matt, una mezcla de seguridad y preocupación que calaba aún más fuerte que todos aquellos monstruosos estruendos dentro de ella.
― G…Gracias… -Susurró tan bajo que por un momento, creyó que su voz no había salido. Pero al ver como Matt le mostró una sonrisa ligera y comprensiva, supo que su cercanía permitió ser oída.
El rubio la atrajo más hacia él, posando su frente contra la de Mimi y logrando que las puntas de sus narices se tocaran y sus respiraciones acabaran por acompasarse. Ninguno dijo nada, ni siquiera se atrevían a mirarse.
Matt fue consciente de sus acciones, pasado un momento y aunque sabía que nuevamente estaba yendo contra su promesa, no podía imaginarse alejar a Mimi en esos momentos. Se la veía tan frágil y él deseaba consolar su tormento. Quería ser el único a quien ella recurra cuando sintiese temor o angustia… Se maldijo internamente pero no se alejó de ella. Lo necesitaba.
― Disculpa… -Habló Mimi pasado un momento en completo silencio. Yamato dirigió sus ojos hacia Mimi pero sin apartarse de ella. La chica seguía mirando hacia abajo, incapaz de verlo a la cara. Quizá por vergüenza o por temor a alejarse de él. –N…No suelo ser tan… Miedosa. En verdad. –Tragó saliva. –Pero es algo que no puedo controlar. D…De verdad me…me avergüenza que me veas de esta manera. –Hizo una pausa para tragar saliva. -Ni siquiera Tai o Yolei saben que sufro este tipo de fobias. –Matt entrecerró los ojos y algo de él se sentía aliviado. Vio a Mimi sonreír con dureza. –Normalmente, estoy al tanto de los pronósticos y siempre tiendo a mirar el cielo en busca de algo sospechoso; soy una maniática. Todos creen que se debe a una razón superficial, para mantener mi imagen impecable, lejos de la lluvia… Y prefiero que sigan pensando en eso… -Mimi lo miró por primera vez y estudió la expresión de Yamato, intentando descifrar la reacción del mismo. Lo más común sería que en estos momentos comenzara a burlarse de ella, diciendo que no era más que una niña pequeña llorando por truenos. Pero entre todas las palabras que esperaba oír de él, no previó las que Matt profirió seguidamente.
― No entiendo por qué te disculpas. –Formuló primeramente, mirándola serio. –El miedo no es algo que puedas controlar ni ocultar. Puedes dejar de fingir… -Dijo lo último en un leve tono. –Créeme. Las apariencias son difíciles de mantener en alto por mucho tiempo. Llegará un momento en que te cansarás y todo el esfuerzo se vendrá abajo. Y es allí cuando realmente el lamento no está de más.
Mimi no apartó sus ojos de él, admirada por sus palabras. El tono en que lo decía y la forma en que sus orbes azules lucían…
― Supongo que sabes de lo que hablas, porque ya lo has vivido, ¿no es verdad?
Matt no dijo nada por un momento. Estudió sus palabras y tras un suspiro de resignación, asintió.
― Se podría decir que sí.
Nuevamente un largo silencio lo precedió. Mimi no sabía si debía alejarse ya de él o permanecer aún en esa posición tan cómoda, sintiéndolo tan cerca. Por más que quisiese mantenerse aún como la digna Tachikawa que pretendía ser, sabía que poco y nada había para mostrar. Ya que Matt, ahora, era conocedor de lo que en verdad se ocultaba tras toda aquella máscara.
Viéndose tan cerca y tan apegada a Matt, estaba comenzando a dudar de su fuerza de voluntad. Pero no podía mentirse a sí misma. Había tanto en él que despertaba abrumantes emociones en ella. Tentada a correr y alejarse, pero ella seguía estando allí, esperando que él penetrara cuanto más pudiese en ella. ¿Por qué?
― Lamento haberte gritado hace un momento. –La voz de Matt trajo de vuelta a Mimi a la realidad. Ella recordó las palabras del muchacho y la forma en que se había alterado. –No suelo perder la calma. No con tanta facilidad, al menos… Pero he perdido a una persona muy importante hace poco, gracias a esa actitud. No lo tomes a mal. Sé que tratas de evitarles problemas a los demás, de resolver todo por tus propios medios, pero deberías de pensar que tus decisiones no sólo te afectan. También hay personas que se preocupan por ti y deberías de devolverle el gesto, pensando también en ellos.
La castaña digirió las palabras de Matt y pensó en Tanaka. El mayordomo que velaba por ella como si fuese el abuelo que no tuvo. Aún recordaba la expresión de miedo y preocupación que se había apoderado del mayor cuando ocurrió aquel incendio en el colegio.
Bajó la mirada y apartó su frente de la de Matt, bajo la atenta mirada de éste. En cambio, ella recostó su cabeza en el espacio del cuello y hombro de Matt, ocultando su rostro del rubio. Necesitaba pensar. Tanaka no era el único sirviente que sufría a causa de las niñerías de Mimi. La chica se preguntaba si alguna otra persona se preocupaba por ella de igual forma y cayó en cuenta que nunca se había dado la oportunidad de averiguarlo.
La culpabilidad comenzó a arder en su pecho, expandiéndose por todo su cuerpo. Y sin darse cuenta, abrazó más a Matt.
El rubio, por su parte, sintió cierta desilusión al ver como Mimi se alejó de él, pero al posar su cabeza contra su hombro, un calor abrazador lo recorrió de arriba a abajo. Al principio se sintió torpe y no sabía cómo responder a aquel gesto, pero entonces llevó sus brazos alrededor de la cintura de Mimi, forjándose a su figura. Estaba seguro que podría acostumbrarse al cuerpo de Mimi a tal punto de volverse un adicto a ella. Su aroma era embriagante y su calor lo tranquilizaba. Aquella forma en que ella se mostraba a él, sin barreras o máscaras, encendía un instinto protector en él. En parte, comprendía a Tai por ello. Se notaba que tenía el mismo efecto en él, pero en esos momentos prefería no hacerse mención de que ella abrazaba al moreno de la misma manera. La simple idea afectó su humor.
Habló entonces al oído de Mimi.
― ¿Quieres que te lleve a casa o prefieres esperar que pare la lluvia? –Era verdad. La tormenta aún azotaba en el exterior, aunque ya no con tanta fuerza como lo fue hace un momento.
Mimi observó la ventanilla que tenía enfrente y se aleja un poco de Matt, deshaciendo el abrazo pero no la cercanía que tenían ambos. Ella se recuesta contra el respaldo del asiento y lo miro con cierta vergüenza en sus ojos, mientras se mordía el labio inferior con indecisión.
― ¿P…Podemos esperar?
Matt sonrió y se recostó junto a ella. Ambos estuvieron observando el techo del vehículo, oyendo las gotas golpear las ventanas y alguna que otra precipitación en el cielo. Yamato vio a Mimi tensarse cuando el brillo de un rayo esclareció el cielo. Debía mantenerla ocupada.
― Siempre que alguien me pregunta por mi más grande miedo… -Inició Matt, atrayendo la atención de Mimi. Él la mira con una pequeña sonrisa que ella corresponde. –Siempre digo que no temo a nada.
― ¿Qué no eras tú el que hizo un conmovedor discurso sobre que el fingir está mal? –Yamato rio por lo bajo. –No es justo que sepas mi fobia y yo no la tuya.
― ¿Parezco tener miedo a algo? –Preguntó con autosuficiencia, ganándose así que Mimi lo mirara con una ceja enarcada. Matt se encogió de hombros y le señaló con su dedo índice. –Bien, pero si dices algo, me las pagarás.
― Estaremos a mano. –Sonrió con inocencia. Matt lo pensó un momento y dijo.
― Payasos. Los odio.
Mimi parpadeó un momento y luego echó una pequeña risa que hizo sonrojar al Ishida.
― ¿Por qué te ríes? Son abominables.
― No lo puedo creer. Toda esa imagen de chico-nada-me-importa era solamente algo superficial.
― En realidad, pocas cosas me importan. –Alegó con tono indiferente pero aún no podía digerir la mofa en la voz de Mimi.
― Bien, bien. ¿Cómo surgió tu coulrofobia?[7] –Preguntó Mimi, pero Yamato ya no sabía si continuar hablando sobre el tema. La castaña lo notó. Se llevó entonces su mano hasta la de Matt. Ante su tacto, el chico bajó sus ojos hasta los dedos de Mimi y luego los subió para ver su rostro. –Lo siento, no quise burlarme.
― Orgullo herido. Me burlaré de ti cuando haya parado la lluvia. –Mimi le sacó la lengua a lo que él sonrió satisfecho. –Bien, fue en mi cuarto cumpleaños que mis padres quisieron hacer algo diferente por mi cumpleaños, así que mi padre se disfrazó de payaso y no, no me mires así. Fue horrible. Decía cosas sin sentido y se reía de cualquier estupidez. ¡Nadie puede estar feliz siempre, es antinatural! –Se pasó una mano por el cabello. -Como sea… Yo eché a llorar y me escondí en el baño. No salí de allí hasta que mi padre se sacó el horrible traje y limpió su rostro. Fin de la historia. –Miró a Mimi con una ceja enarcada. -¿Algo más que quieras acotar, chica graciosa?
― Nop. –Soltó pero enseguida dijo. –Claro que para tu próximo cumpleaños, me disfrazaré de Harley Quinn[8]. Sería divertido verte encerrado en el baño a los 18 años.
― Tachikawa, si te disfrazaras de Harley Quinn, muchos chicos se meterían al baño pero no precisamente para esconderse. –Mimi cambió su expresión divertida por un sonrojo abrumador que ensanchó la sonrisa en Yamato, comprendiendo la indirecta del chico. Comenzaba a notar que adoraba ver su rostro avergonzado y aun mas el ser él quien la provocase.
― A…Así que… T…Tus padres… -En forma incómoda se aclaró la garganta, tratando de disimular sus movimientos robóticos y avergonzados que le causó el comentario de Matt. – ¿Aún les gusta darte ese tipo de cumpleaños? –Dijo a son de broma, intentando relajarse en el acto, pero al ver como la expresión en Matt cambió, no sabía si fue malinterpretada.
― En realidad, ese fue mi último cumpleaños en donde ambos estuvieron juntos. –Comentó el rubio. A cada palabra pronunciada, Mimi borró la sonrisa de su semblante. –Diez meses después, se divorciaron.
Mimi tragó saliva con dificultad, como si estuviese tragando clavos en su lugar. Miró sus rodillas y se relamió los labios con ansiedad. Pero fue cuando unió los cabos sueltos: El por qué Yamato y Takeru llevaban apellidos distintos, o lo que Hikari le había mencionado sobre el hermano mayor de Tk que hacía apenas unos meses se mudó con él y su madre. Parpadeó un poco confundida y recordó que al entrar en la casa de los Takaishi, un rápido vistazo le bastó para ver que en las repisas que poseía una estantería de madera ubicada en la sala, cargaba fotografías, que entre todas las que había, sólo mostraban los rostros del menor entre los rubios y su madre.
Una fría sensación se apoderó de su nuca y casi tuvo el impulso de pasarse una mano por esa zona, como si aquello se esfumaría con una sacudida. Había mucho de Matt que no sabía, estaba claro, él no daba apertura a mucho tampoco; pero en esos momentos, quería saber todo de él. Todo cuanto pudiese.
Dirigió sus ojos hacia él y lo vio perderse en la ventana empañada. Deseaba conocer qué había detrás de aquellos ojos indiferentes, que intentaban mostrarse serenos ante cualquier situación. Desde que lo conoció, se debía de admitir a sí misma, consideró a Yamato como un chico misterioso gracias a su carácter reservado pero con una personalidad llamativa. Le resultaba atractivo aquel aire en él, pero en esos momentos, el saber que había algo mucho más profundo dentro suyo, la llenó de una curiosidad admirativa… Y un temor renuente.
― Hikari me había mencionado algo sobre tus padres… Sobre su divorcio. –Hizo una pausa. –Lo había olvidado. Lo lamento. Fue un comentario inapropiado.
― Vaya… Dos disculpas en tan sólo un día. Demonios, ¿soy yo o te estas ablandando? –Mimi parpadeó y después frunció el ceño.
― No tienes por qué actuar así, como si nada te importa.
― En realidad, no me importa, Tachikawa. –Soltó sin apartar la sonrisa torcida en su rostro. –Y a ti tampoco debe de importarte. Está en el pasado y ahí se debe quedar.
― Puede ser, -concedió ella sin apartar la mirada ceñuda de la de él. –pero por más enterrado que esté en el pasado, eso no significa que no haya dejado marca. –Exhaló un suspiro. –Ni que sea fácil de olvidar. –Dijo lo último en un tono más bajo.
Yamato miró a Mimi cerrar sus puños con fuerza, preguntándose qué estaba surcando la mente de la joven, hasta que ella levantó los ojos de vuelta a los suyos y lo increpó.
― Con mi familia acostumbrábamos a ir de vacaciones a Kyoto, a la casa de la hermana de mi madre. –Inició. –Tenía cinco años como lo recuerdo. Estábamos en su gran casa, era de noche y estaba lloviendo. Yo estaba acostada durmiendo cuando el sonido de voces viniendo de la cocina me despertó. Eran las voces de mi mamá y mi tía. Al principio no escatimé en detalles, hasta que oí al cielo rugir de repente. Fue suficiente para quitarme el sueño y salir de mi habitación en busca del consuelo de mi madre y mi tía.
Matt entrecerró los ojos comprendiendo a dónde iba dirigido aquel relato. Ella apartó su mirada y a Yamato le pareció ver como los orbes castaños de la muchacha se sumergían en una lejanía surreal, como si estuviese reviviendo nuevamente los recuerdos que materializaron su miedo.
― Salí de la habitación y oía la voz alterada de mi madre. Ella es una mujer muy dulce y casi nunca se enfada o pierde el control. Es toda una dama… Así que oírla de esa manera era algo nuevo e… Impensable. –Hizo una pausa. –Mi tía tampoco se quedaba callada. Ambas gritando y maldiciendo… Un recuerdo horrible. Parecería que a cada decibel que subían, la tormenta empeoraba. Los sonidos eran demasiado fuertes y comencé a marearme. Tenía miedo y la oscuridad del pasillo tampoco ayudaba. –Cerró los ojos congregando fuerzas para continuar hablando.
» Al tratarse de una mansión tradicional japonesa las habitaciones estaban en el segundo piso, así que cuando intenté bajar por los escalones, el sonido de un trueno me hizo perder el equilibrio y… Caí de las escaleras con el sonido de los gritos y el trueno en mi cabeza. –Hizo una larga pausa que Yamato no se atrevía a quebrar. –No recuerdo nada después de eso, así que supongo que me desmayé en ese momento. Fue la última vez que fuimos a la casa de mi tía, pero cada vez que hay anticipo de tormenta o siquiera las nubes oscuras cubriendo el cielo, es como si reviviese de nuevo todo aquel momento.
Matt no sabía qué decir, tenía las palabras de Mimi en la cabeza y la imagen viva de una pequeña niña cayendo por las escaleras mientras aquella vivencia tortuosa se tatuaba dentro de ella. Mimi volvió a hablar.
― Sé que me oculto tras mucha apariencia, que no deseo preocupar a los demás, tienes razón. Pero no quieras darme un sermón cuando tú no eres muy diferente. –La castaña miraba a Yamato con seriedad, con determinación en sus ojos, como si la chica llorona hubiese desaparecido para dejar en su lugar a otra persona completamente diferente.
Era una faceta en Tachikawa que le gustó encontrar, una diferente a la apariencia que enseñaba. Sonrió de medio lado y llevó una mano a la mejilla de la castaña. Ante su tacto, Mimi se encogió de hombros y por más que deseaba mantener su firmeza, su cuerpo reaccionaba ante el simple tacto del chico como si de mantequilla se tratara. Se maldijo a ella misma por ello.
― No dejas de sorprenderme. –Susurró él. Pero él no lo decía por las palabras de Mimi, sino porque sentía que ella lo comprendía y un arrebato de sinceridad lo asfixiaba. Quería recostar su cabeza sobre el regazo de la chica y desahogarse. Nunca antes tuvo la necesidad de hablar de sus problemas, porque tenía el consuelo de la música, de las notas, de las cuerdas, de acordes que expresen todo lo que él no podía con palabras. Pero entonces, esa niña aparece y él tiene esos arranques maricas de hablar de sentimientos… Mierda tras mierda.
― Ishida, dime… -Dijo Mimi tomando la mano de Matt, alejándolo de su rostro, porque no podía concentrarse con su tacto. –la persona a quién perdiste…
― Demonios, mujer… -Susurró con sequedad. -¿Esperas que me desahogue porque hemos compartido algunas confidencias? –Negó con la cabeza.
La Tachikawa infló los cachetes molesta y soltó la mano de Matt.
― Hablas como si fuese un canje, idiota.
― Oh, perdóname, ¿qué no era eso?
Mimi se cruzó de brazos con el rostro sonrojado.
― ¡Claro que no! –Su firmeza fue flaqueando al pronunciar lo siguiente. –P…Pero he sido sincera contigo. Muestra algo de compasión.
Yamato lanzó una risa seca y corta. Se pasó ambas manos por el cabello, peinándoselo hacia atrás. Dio una corta mirada a Mimi y la forma en que ella lo miraba y juraba por el cielo que estaba a punto de ceder ante ella. ¡Como la odiaba!
Matt no hablaba de la muerte de su padre, porque sabía el proceso: Incomodidad, silencio, compasión, pena dirigida entera y directamente hacia él. Odiaba ver eso en los ojos de las personas. Era una de las razones por las que él no deseaba ir al velorio de su padre. Sólo gente que fingía comprender el dolor ajeno, pero lo que en realidad hacía eran tirar migajas de pena hacia él. "Oh, pobrecito, no se merece esto". Pero lo que en realidad pasaba por la mente de todas las personas era "Sólo traerá problemas a Natsuko y a Takeru" "Un chico como él sólo hace eso: traer problemas."
Lo recordaba. Recordaba cada maldita palabra de consuelo y cada mirada hipócrita que le dedicaron, aunque claro… Él hizo inolvidable el velorio de su padre. Sonrió con amargura y luego volteó a Mimi.
― Bien, –dijo él, pero levantó su dedo índice como si estuviese dictaminándole algo. –pero si consigo que mi historia sea mejor, estarás en desventaja y me deberás un favor.
Ella enarcó una ceja confundida.
― ¿Un favor? ¡Estás loco!, Ishida. ¿Yo lo hago ver como un canje y tú como una competencia?
― No te amargues, mujer. –Mimi rodó los ojos a lo que él hizo brillar su incisivo con diversión. Se llevó las manos tras la nuca, recostándose por el asiento con ellas. -Tenía casi ocho años y Takeru, cinco cuando nos separamos definitivamente y comencé a vivir con mi padre, tras tantos pleitos legales a causa de la custodia. Fue un cambio muy duro para ambos, dependíamos del otro como no tienes idea.
― Aprendí a valerme por mí mismo cuando todo eso pasó, o eso pensaba. Separarme de Takeru implicó un duro golpe y más al ver que mi imagen de hermano mayor se desvanecía con Taichi de por medio. –Mimi mostró su desconcierto a lo que Matt hizo un paréntesis. –Takeru y Hikari fueron compañeros y amigos desde que tienen uso de memoria. Uno de mis mayores temores era ver que Tk prefiriese a Tai antes que a mí y eso nos llevó a una rivalidad sin aparente tregua entre ambos, claro que él no sabía los motivos que me llevaron a detestarlo por tanto tiempo. –Sonrió con cinismo. –Bien, digamos que maduré con el paso de los años y caí en cuenta que nuestra pobre comunicación como hermanos era un duro paso para poder independizarnos. Claro que lo último que deseaba era que mi hermano tuviese que crecer forzosamente cuando aún era un niño. Madurar rápido es una mierda. –Lo oyó bufar. –Creí que lo hice tras todo lo que sucedió, creí que era lo suficientemente fuerte como para afrontar lo que fuese, que ya no dependía de nadie más… Pero entonces él, mi padre, comenzó a enfermar.
Mimi no se percató que se estaba acercando a Matt. Podía sentir como las palabras de él resonaban en su propio pecho, retumbando como campana y haciéndola sentir tan vacía y adolorida. Imaginarse el dolor que habría sentido el rubio al imaginarse a Taichi suplantándolo como hermano mayor de Tk. Sin duda, ella creía que el castaño era un estupendo hermano, ella misma lo consideraba como uno, por lo que el miedo de Matt tenía fundamento pero ella no creía que Tk pudiese tener un mejor hermano que Matt.
― Mi padre era un fumador, un adicto al tabaco y todo gracias al fracaso. Se sentía un perdedor. Ya traía el hábito de joven, pero aquello se volvió una dependencia insana. Un matrimonio fallido, un hijo alejado de él, otro al cual le costaba educar, los gastos… Recuerdo encontrar como diez a quince cajetillas a la mañana, desperdigadas por toda su habitación, pero siempre que le preguntaba algo, me decía "aún eres joven para estas cosas" o "cuando seas mayor lo entenderás"… -Guardó silencio un momento que pareció ser una eternidad. –Hace tres años se le diagnosticó cáncer pulmonar y el muy maldito… No pensaba decírmelo.
Mimi apretó los puños con fuerza al igual que su mandíbula. La sola idea de imaginarse a un chico de catorce o quince años haciéndose a la idea de que su padre padecía una enfermedad de tal magnitud y sin poder hacer nada para remediarlo… Era agobiante.
― Me lo ocultó los primeros tiempos hasta que el efecto físico y los dolores ya no podían ser maquillados. Cuando le exigí una explicación, él sólo dijo que cuando sea mayor lo entendería. Era un idiota. –Vio a Matt apretar con más fuerza su mandíbula y por un momento, temió que fuese a descolocársela. -Él no quería que sus problemas recayeran sobre mis hombros, pero acabó dando a un chico de diecisiete años el cargo de su muerte y la lección empírica de vivir con ello. Lo odié tanto, hasta ahora lo hago.
El silencio se instaló en la cabina, cada uno con pensamientos asaltando sus mentes. Matt la miró y sonrió con cinismo.
― ¿Lo ves? Es por esa misma razón que odio hablar de esto. –Se llevó ambas manos al rostro y se lo restregó para después pasarse los dedos entre sus hebras rubias. –La gente te mira con lástima palpable, te dice cosas para que intentes sentirte mejor pero eso no cambia el hecho de que mi padre está muerto.
Mimi se enderezó sobre el asiento, apoyada sobre sus rodillas, acortó la distancia entre ambos y sin pensárselo mucho, atrajo a Matt entre sus brazos y ocultó su rostro en su cuello. El muchacho no reaccionó al principio, lo tomó por sorpresa. Lo único que podía apreciar con claridad eran los finos brazos de Mimi rodeándole el cuello mientras su cabeza descansaba a un lado de la de él. El aroma de ella lo invadió y cerró los ojos para deleitarse con su esencia. Relajó los hombros y se sumió en la figura de la chica.
― No sé qué decir –dijo Mimi muy bajito a la altura del oído de Matt, enviándole descargas de energía cuando las vibraciones de la voz de la joven se aventuró en su oído. –pero puedes estar seguro que lo último que quiero enseñarte es mi lástima. –La sintió sonreír. –Prefiero abrazarte antes que decir algo estúpido.
Yamato apreció las palabras de la castaña, porque aquel abrazo era sincero, lo sentía y eso provocó mil y un sensaciones en él. Esa chica tenía una facilidad increíble para hacerlo vacilar. Era terriblemente peligrosa y eso le gustaba, le gustaba ver que era impredecible, que lo sorprendería con una nueva imagen y palabras que no esperaría escuchar.
― Entonces, esto demuestra quién ganó. –Comentó divertido.
Mimi se separó de él casi de un salto, como si estuviese ardiendo en llamas.
― Tienes que estar bromeando, ¿no?
― ¿Qué? ¿A que mi historia no te dio ganas de llorar? –Mimi no podía creer la indiferencia de Matt y eso lo dejó expresamente escrito en su rostro. -¿Cuánto va el marcador? ¿Ishida: 100. Tachikawa: 1?
― Eres un maldito idiota. –Escupió ella, aunque con un tono de voz fingiendo enfado. Le falta poco por esbozar una sonrisa divertida. -¿Cómo es eso de Tachikawa: 1? Salve tu pellejo, Ishida. ¡Dos veces!
― Bien, ahora es cuando nombro las mil y un veces en que te he cubierto a ti. –Mimi rio por lo bajo y él deseaba oírla más.
Posó con fuerza su mano sobre la mejilla de Matt, disimulando una bofetada que ensanchó la sonrisa en Matt. Vio que él la miraba con intensidad. Como miras una obra de arte abstracta, atraído por su belleza mientras tratas de comprender su significado y la sensación de sentirse deseada, aclaró las dudas en su mente. No lo pensó más y se acercó a él, acortando la distancia entre ambos, posó sus labios sobre los de Matt de forma casi torpe y tímida.
Al principio fue un movimiento rígido e inseguro, pero cuando su piel conoció la textura firme y cálida de los labios del Ishida, ella pareció relajarse y dejarse llevar.
Ante sus labios, Matt se tensó porque entre todas las cosas que esperaba de la joven, no estaba en sus planes que diese el primer paso. Cuando sintió que acariciaba su mejilla, una calidez desconocida recorrió todo su cuerpo como una descarga eléctrica. Pero aquel beso no conocía precedentes. Era un beso casto, un simple roce de labios, como lo es el tacto de pétalos de cerezo posarse en la piel. Y sin embargo, en él tenía un efecto mucho más profundo.
Mimi se separó de él y lo miró a los ojos con temor y ansiedad.
― ¿Estamos a mano ahora? –Susurró ella mordiéndose el labio inferior en forma involuntaria, revelando lo nerviosa que estaba. Su sonrojo iba en aumento y era adorable, pero en él tenía un efecto diferente.
― ¿A mano? –Preguntó mirando los labios de Mimi. –Tienes que estar bromeando. –Llevó sus manos a la pequeña cintura de la castaña y la acercó a él, dejando que el vientre de la chica se apoyara descaradamente sobre su pecho plano. Sintió como Mimi se tensaba ante su tacto. –Te has puesto en desventaja, porque deseo más de esos. –Ella sonrió ligeramente y volvió a besarlo con aquella ingenuidad de principiante. Aquella que revelaba la virginidad de labios y para qué negar que de muchas cosas más.
Ese simple pensamiento, excitó mucho más a Matt. Mimi daba pequeños besos que iban aumentando el calor en el rubio. Si la joven deseaba matarlo lentamente, esa era la mejor manera.
Una voz, débil y apagada, sonaba desde la profundidad de la mente de Yamato, diciéndole que continuar con aquello estaba mal, que estaba cavando su propia tumba. Le daba la razón a su sentido común, estaba siendo un idiota al confraternizar de esa manera con los labios de Mimi, pero la carne es débil y sabía que ante ella, él no tenía voz ni voto. Su debate interno fue aplacado rotundamente cuando Mimi lamió el labio inferior de Yamato con dulzura, como si se tratara de un caramelo. Una corriente eléctrica lo recorrió de pies a cabeza y sabía que allí no había marcha atrás. Adiós al orgullo, adiós a las barreras… Ahora sólo eran ellos dos.
― A la mierda contigo, Tachikawa. –Susurró contra los labios de Mimi y se los mordió con placer, arrebatándole un gemido de sorpresa que lo volvió loco.
Ella abrió los labios ante la mordida y fue cuando Matt aprovechó para profundizar aquel beso que empezó con ternura y estaba por tornarse peligroso. La lengua de él se movía con habilidad y experiencia a través de la cavidad de ella, quien se sentía torpe y excitada al mismo tiempo, buscando cuanto más podía de él. Le gustaba sentir a Matt enseñarle el placer de los besos y de los efectos que él podía causar en ella.
De forma involuntaria, guiada más bien por el ardor que encendía en ella, arqueó su espalda y apegó aún más su cuerpo al del rubio. Él la sostuvo con mucha más pertenencia, abrazándola con fuerza, reclamándola como suya.
Ella cambio el trayecto de sus manos –que antes sujetaban el rostro de Matt– a su cabello, hundiendo sus dedos entre los cabellos rubios del chico, despeinándolo en el trayecto. Amaba sentir las hebras finas y sedosas entre sus dedos, haciéndose con el aroma que desprendía Yamato: una esencia sencillamente cautivadora entre menta y un ligero sabor a café, de esos que le dan sabor a una mañana tediosa.
Alentado por el tacto de Mimi, el rubio comenzó a acariciarla, invadiendo con sus manos la espalda de la chica, pasando por alto los límites de su blusa, sintiendo claramente la tersa piel en ella, una que no se cansaría de recorrerla hasta memorizársela por completo. A cada roce de sus manos, ella temblaba y se mecía contra él. Sin duda esa niña era terriblemente peligrosa. La voz de su razón que antes gritaba por hacerse escuchar, ahora era tan sólo un susurro que ni se molestaba ya en intervenir.
Sin pensarlo, Matt la subió sobre sus piernas. Ella se sentó a horcajadas de las caderas del muchacho, fundiendo sus tiernos senos contra el fuerte pecho del rubio. Un tacto realmente inspirador y más al sentir como éstos iban expresando la excitación de Mimi. Era la primera vez para la castaña sintiendo ese tipo de sensaciones, una mezcla entre excitación y miedo; Matt lo sabía y no mentía al decir que se sentía orgulloso de ser quien provocase aquello en ella.
Ishida se separó un poco de los labios de la joven para dirigir un recorrido de besos por su níveo cuello, en forma lenta y sensual, que aumentaba el calor dentro de aquel auto. La castaña reía por lo bajo y daba pequeños suspiros de placer. Nunca antes se había sentido de esa manera y no podía describirlo con palabras, pero esperaba que nunca acabase. La voz de Mimi ahogada en gemidos lo enloquecía y le dibujó con los labios una marca rojiza sobre el cuello de la muchacha.
― Y…Yamato… -Susurró entre risas, sacando de él una sonrisa provocativa.
― no suena nada mal. –Comentó. –Repítelo.
― Yama… -Una luz potente interrumpió sus palabras y sus besos. Ambos se volvieron a la dirección de dónde provenía aquel resplandor.
La confusión los hizo aguzar la visión. Matt limpió el vidrio empañado de su ventana, observando la figura de un automóvil policial aparcado a una distancia relativa de donde se encontraban. La vergüenza los hizo separarse al darse cuenta que un oficial estaba acercándose a su vehículo.
La preocupación en Tai y Tanaka fue tanta que decidieron salir a buscar indicios de Mimi. Ya era preocupante que la joven no hubiese dado referencias del lugar a donde iría, pero era algo agobiante el que las horas transcurriesen sin noticias de ella.
Lo último que deseaba era estar acostado en su cama, mirando el techo, incapaz de dormir por tener aquella preocupación latente en su cabeza.
Regresó sus pasos de vuelta a la Mansión Tachikawa en donde sólo se encontraban los sirvientes que atendían a la familia. Keisuke estaba de viaje de negociosos, mientras que Satoe aún no regresaba de la oficina. Sabía la difícil relación que llevaba Mimi con sus ocupados padres y eso sólo lo preocupaba aún más.
Estando a una cuadra antes de llegar a la casa de la mencionada, vio como un vehículo aparcaba frente a ésta, deteniéndolo para admirar la escena. Enseguida vio que de él descendían dos personas. Su rostro cambió por completo al ver a Mimi ser una de ellas.
― ¡Mimi! –Gritó, llamando la atención de los recién llegados.
― ¿Tai? –Preguntó ella confusa. Él no esperó a nada más, sólo echó a correr, descendiendo la velocidad de sus pasos estando a tan sólo un metro de ella para así mirarla con el ceño fruncido. -¿Qué haces…? –Antes de darle tiempo para hablar, la atrajo hacia él y la abrazó con fuerza.
Era verdad que el castaño se avergonzaba muchas veces de expresarse así. No por temor a malinterpretaciones, sino más bien por mantener su imagen de chico despreocupado. Ella lo sabía, pero en esos momentos no le interesaba nada más que saber que Mimi estaba bien.
― ¡¿Dónde demonios estabas?! ¡Creí que te sucedió algo! –Explotó él cuando se separó y la enfrentó con la mirada.
Mimi parpadeó por un momento y al parecer su cerebro hizo contacto sobre la razón de por qué Tai se encontraba en su casa.
― ¡Oh, Tai, cuanto lo siento! ¡Olvidé nuestra tarde!
― Eso no importa, -dijo. -¿Dónde estabas? ¿Por qué no has llevado tu celular? ¿Sabes lo preocupados que estábamos Tanaka y yo?
― ¡¿Señorita?! –La voz del mayordomo se hizo oír y todos miraron al hombre mayor saliendo de la residencia con el teléfono inalámbrico de la casa en una mano, a paso apurado para ir hacia la joven y estrecharla en sus brazos. -¡No sabe lo preocupados que estábamos todos! ¡Su madre ha llamado recientemente! –Mimi miró a Tanaka con rostro sorprendido. –No tuve opción, estaba a punto de llamar a la policía. –Finalizó mientras le peinaba el largo cabello a la joven.
Tai se alejó un poco para darle espacio a Tanaka en abrazarla, siendo el momento en que se percató de la otra presencia. La persona que acompañaba a Mimi en el auto.
― ¿Matt? ¿Qué haces aquí? –Preguntó aún con la voz alterada. Se acercó hacia él pero antes de llegar, se dio cuenta de algunas cosas. -¿Ella estaba contigo? –Matt pareció sorprenderse ante su pregunta y tardó en contestar. Tai observó la forma en que Matt estaba reaccionando y un calor lo invadió. -¡¿Tienes idea de lo agobiante que fueron estas tres horas?! ¡¿Ni siquiera se te pasó llamarme a avisar?!
Matt se sentía culpable, pero un ligero malestar se acentuó en él con las palabras de Tai. Endureció su mirada.
― ¿No crees que ella es lo suficientemente grande como para valerse por sí misma? –Dijo, aunque solamente para contradecir al moreno, pues con todos los acontecimientos de aquella noche se dio cuenta que no era verdad.
― ¿Qué dijiste? –Arrastró las palabras con amenaza.
― ¡Tai, fue mi culpa! –Ambos giraron la mirada hacia Mimi quien seguía bajo la protección de los brazos de Tanaka. Se separó de él para acudir hacia sus amigos. –Fue mi culpa. Olvidé mi teléfono al salir, pero no pensé que tardaría demasiado. Me perdí buscando la casa de Yamato, pero tuve la suerte de que me encontró. –Sonrió tímidamente mirando a Matt. Él sonrió de igual manera.
Tai pasó su mirada de Mimi a Matt y aquella manera en que se sonreían era una clara señal de que había algo mucho más profundo.
― ¿Yamato? –Preguntó Tai a Mimi. -¿Desde cuándo lo llamas por su nombre? –Y el sonrojo en Mimi fue la última confirmación que necesitaba para darse cuenta de lo que allí estaba sucediendo.
― ¿Por qué tiene que darte explicaciones? – reclamó Yamato mirando retadoramente a Taichi, quien no disimuló su rabia. Mimi estaba comenzando a perder la calma.
― Suficiente. Tai, lo lamento. –Se alivió de tener la atención del moreno. –Sólo fui a buscar a Yama… Ishida para entregarle su chaqueta y hablarle a cerca de su castigo removido por la directora. –Tai enarcó una ceja y señaló la chaqueta que tenía Mimi sobre los hombros. Ella captó su indirecta y se quitó la chaqueta de prisa para tendérsela a Matt. Él lo tomó pero no pudo evitar sentirse herido.
― Señorita –llamó Tanaka. –será mejor que llame a su madre y le explique este mal momento.
Yamato miró a Tanaka e hizo una reverencia al hombre.
― Lamento mucho haber causado inconvenientes.
El mayor estudió a Yamato con cierto desdén.
― En realidad, fue mi culpa. –Volvió a repetir Mimi pero sin poder mirar a Yamato y esa reacción en ella infundió dudas en el rubio. –Será mejor que entremos, Tanaka. –El mayordomo asintió e hizo un leve asentimiento en forma de despedida a los dos jóvenes. La castaña también les dio una última mirada y se volteó para iniciar sus pasos de regreso al interior de su casa.
Tanto Matt como Tai esperaron a que Mimi y su mayordomo ingresaran a su mansión, para volver la atención entre ambos. El joven castaño le dedicó una mirada de desaprobación al rubio para así girarse y caminar hacia donde tenía estacionado el auto de su padre.
Aquella mirada de reproche aumentó la ira en Matt, quien no reprimió su voz.
― ¿Cuál es tu maldito problema, Yagami?
― ¡Oh, qué considerado por preguntar! ¡Déjame decirte que eres tú mi maldito problema! –Encaró a Yamato. –Te había pedido sólo una cosa, una muy simple, si cabe mencionar. ¿Y qué haces tú, eh? ¡Le dejas un maldito chupón en el cuello!
El rubio abrió los ojos con sorpresa a lo que Tai rio con sequedad.
― ¿De verdad pensaste que no me daría cuenta? Puede que hayas engañado al viejo pero a mí no me vengas con la puta frase de "no es lo que parece". Sé reconocer lo que es un chupón, tengo experiencia. –Se llevó una mano sobre su tabique nasal y se lo apretó ligeramente, tratando de congregar paciencia. –No quiero armar un escándalo fuera de su casa, pero sólo te diré una cosa: No me importa que te tires a medio puñado de chicas en toda Odaiba. En realidad no me importa lo que haces en tus ratos calientes, Ishida, pero te pido que tengas sólo un gramo de decencia con Mimi. Ella no es como las demás, ella…
― ¡¿Crees que no lo sé, idiota?! –Interrumpió Matt harto de la actitud de Tai. –Sé que ella es diferente y por más que no quieras creerlo, jamás le haría daño. Está bien, nos besamos. Sí, le hice un chupón en el bendito cuello. Soy culpable, pero deja de actuar como si fueses su padre, demonios. ¡Ella ya es grande, puede tomar sus propias decisiones!
― Gracias por aclarar ese punto, pero hay algo que Mimi ignora. –Ishida enarcó una ceja. –puede tomar sus propias decisiones, el problema es que si se enamora de ti, no habrá marcha atrás. Para ti sólo serán besos apasionados y calientes, los mejores "siete minutos en el cielo"… Pero para ella serán más que sólo besos, Yamato. ¿No lo entiendes?
― Entiendo que eres un maldito celoso. ¿Acaso te gusta, es eso? –Preguntó molesto y la verdad es que saber su respuesta, lo sacaba de quicio.
― Eres un idiota. –Arrastró las palabras con rabia, dando media vuelta y dirigiéndose a su vehículo. Sacó las llaves de su bolsillo y estaba tan nervioso que falló varios intentos por meter la punta de su llave en la cerradura del auto. Cuando por fin los hizo y estuvo a punto de meterse dentro, aspiró aire y miró a Matt. El chico también estaba dirigiéndose a su vehículo, así que habló fuerte para que pudiese oírlo a pesar de la distancia. –Por más que no quieras lastimarla, lo harás.
Dicho esto, encendió el motor y se marchó. Dejando a un pensativo Yamato.
Luego de asearse y ponerse sus pijamas, Mimi tomó su teléfono y revisó las incontables llamadas perdidas de Tai. Se sentía culpable de haberse olvidado de su cita, se lo compensaría, pensó. Una tierna sonrisa afloró en los labios de Mimi. La culpa que sentía fue desplazada por una sensación totalmente opuesta, una que tenía nombre y apellido.
Tomó sus auriculares y los conectó a su teléfono. Buscó su selección de música para dormir y con botón de aleatorio la voz de Amy Winehouse sonó en sus oídos con A song for you. No había criada que le hubiese preparado el baño ni la cama, por más que Tanaka le ofreció llamar a sus sirvientes para complacerla, ella recordó aquel nuevo descubrimiento sobre su relacionamiento con las personas que vivían con ella.
― E…Es un poco tarde. Me las arreglaré yo sola. –Y antes de que Tanaka pusiese le dijera algo más, ella se apresuró a decir. –Hoy actué de una forma inconsciente. Perdóname.
El mayor parpadeó perplejo ante las palabras de Mimi, cosa que hizo sonrojar a la muchacha. Estaba claro que lo último que el hombre esperaba oír en ella eran palabras de disculpas. Sin más, apresuró sus pasos contra la escalera que la llevaba al piso de su habitación y completó el tramo hasta ella con un ligero trote.
Pensó en los labios de Yamato y aquella sonrisa tonta no hizo más que ensancharse. Cerró los ojos y trajo a su mente el recuerdo de sus manos acariciando su piel, de su aroma impregnándose en su nariz, del sonido de su voz y de la forma en que aquellos labios dibujaron la marca rojiza sobre su cuello.
Su rostro enrojeció. Estaba claro que le tomaría mucho trabajo el conciliar el sueño. Pero no le importaba.
Matt subió los escalones que faltaban para llegar a su piso. Estaba con la cabeza llena de cosas que no se percató de la presencia de Daisuke en la puerta de su casa junto a Tk hasta que el primero habló con su característico ímpetu.
― ¡Viejo, ¿acaso esa es la cara de un tipo que acaba de tener sexo?!
Matt levantó la mirada hacia los más jóvenes y se pasó una mano por la cara.
― ¿Qué les hace pensar que tuve sexo? Sólo la llevé a su casa. –Incluso Tk lo miró con el ceño enarcado.
― ¿Oh, enserio? ¿Y para eso tardas una hora y media? –Dijo Takeru con complicidad. –Qué yo recuerde, su casa está a sólo quince minutos de aquí, hermano.
Tanto Davis como Tk sostuvieron miradas sugerentes en Yamato, quien no sabía qué decir al respecto. Tenían razón. Tampoco podía estar diciendo que Mimi sufría de Brontofobia[9] porque, uno: le había prometido a Mimi guardar su secreto y dos: esos dos calenturientos jamás se lo creerían. Empujó a los menores para pasar al interior de la casa, oyendo las risas de los jóvenes a sus espaldas.
― Hombre, esa chica sí que te ha cambiado. –Comentó Davis con diversión, pero Matt no pudo evitar detener sus pasos.
― Daisuke tiene razón, hermano. –Concedió el Takaishi con una tierna sonrisa en los labios. –Claro que es un cambio positivo, por supuesto. –Se apresuró a aclarar.
― ¿A qué te refieres? –Preguntó Matt, volviéndose a ambos.
― Tú sabes, -dijo Tk avanzando hacia él. –parece que estás de mejor humor, ya no discutes con nuestra madre por cualquier tontería, estás en las nubes…
― Con una sonrisa de imbécil –aportó el Motomiya simulando su comentario a través de una tos falsa.
― Sólo digo que es bueno verte mejor –Finalizó su hermano sonriéndole sinceramente.
Yamato estuvo un momento en silencio procesando sus palabras. ¿Él había cambiado? Era verdad que su relación su madre había estado mejorando un poco más, no era la mejor relación pero al menos podían estar en la misma habitación sin tratar de matarse entre ambos. Pero ¿cuántos cambios más experimentó sin que se diese cuenta? ¿Era Mimi causante de ello?
― Entonces, -volvió a hablar Davis. -¿Besa bien? –Matt lo miró confundido. –Me refiero a Mimi. No me importa si tú lo haces bien, tengo bien definida mi orientación.
― ¡Daisuke! ¡Esas cosas no se preguntan! –Regañó Tk sonrojado. En realidad, tampoco le gustaba imaginarse a su hermano y a la castaña besándose.
― ¿De qué vas, Tk? Tú también besarás a una chica tan sexy como Mimi, sólo espera.
La discusión entre los amigos continuó, pero en realidad, Matt sólo deseaba meterse a su cama y tratar de dormir, aunque a juzgar por todas las preguntas que tenía en la cabeza, dudaba que eso se le fuera a conceder.
― Me iré acostar. –Fue todo lo que dijo, sin esperar respuesta alguna por parte de ninguno de los dos jóvenes. Simplemente avanzó por el pasillo que llevaba a su cuarto y se encerró dentro.
Se desabotonó sus jeans y a medida que avanzaba dejó que éstos se le deslizaran hasta acabar en el suelo. Se quitó la playera y la arrojó en alguna parte de su habitación. Cuando estuvo sólo con su ropa interior, apagó la luz y se metió bajo las sábanas. El frío del colchón al igual que el de las sábanas era reconfortante para tantos pensamientos que le calentaban la cabeza.
«Por más que no quieras lastimarla, lo harás.»
Apretó con fuerza su mandíbula al recordar las palabras de Tai. Él jamás haría daño a Mimi, pero estaba claro que no lo haría de manera consciente. Lo que Tai temía era que Mimi se enamorara de él, sin que él sienta algo tan fuerte por ella. No mentía al decir que también temía herirla de esa manera.
Si había algo peor que el amor no correspondido, era el amar sin recibir con la misma intensidad de la que estabas entregando. Él sabía de eso.
Pero con las palabras de su hermano y Davis… Ya no sabía qué pensar. Él no estaba enamorado de Mimi. Él no cambió. Él no… Él no era así y eso le asustaba.
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[1]Ensalada wakame: Acompana normalmente a platillos como el sashimi. Ensalada a base de algas wakame.
[2]Salsa Ponzu: Salsa elaborada con vinagre de arroz y mirim; tradicionalmente se utiliza para complementar el tataki o como salsa para el nabemono.
[3]Sashimi: Pescado crudo servido en tiras o cortes. El sashimi no es lo mismo que el Sushi, se diferencian porque el Sashimi no lleva arroz.
[4]Kasshu Hoju: "Lo más importante es cortar, cocinar viene después". Según esto, podríamos interpretar que el sashimi es superior a los platos cocinados debido a las diferentes técnicas y movimientos específicos que requieren los cortes.
[5]Wasabi: condimento japonés que se mezcla también con salsa de soja.
[6]Rainbow Bridge: es un puente colgante tendido sobre la parte norte de la bahía de Tokio. Conecta al puerto de Shibaura con Odaiba, en el barrio Minato-ku.
[7]Coulrofobia: Fobia a los payasos.
[8]Harley Quinn: es un personaje ficticio de DC Comics. Su nombre y vestimenta (aunque éste consiste más en un traje de bufón) hace alusión a un Arlequín.
[9]Brontofobia: Fobia a los truenos.
Notas de la Autora:
HEEEY! ESTOY VIVAAA!
Y... Lamento tanto esta tardanza infinita! No saben lo horrible que fue el semestre TT0TT lo único que quería era poder sentar mi trasero en mi sillón y escribir tranquila pero la Uni estuvo como loca... Por ese motivo (entiéndase, mi tardanza) la entrega de este nuevo capítulo sobrepasa en páginas a los anteriores! :D Yeeey! Mucho drama, muchos besos, mucho MIMATO!
Claro que también el Takari y Taiora estuvieron presentes y cada uno con sus dramas!
Como les resulto el capítulo? Les gusto? No? Afecto la U? xD COMENTEEEN! Aliméntenme con sus reviews! Juaz!
Y pos no podía pasar por alto el gran aporte de mi querida Beta, Eri-chan! Muchísimas gracias nuevamente por tu ayuda y consejos. ¿Qué haría sin ti? :3
En el capítulo aparece un personaje OC (Kurosawa Reiko) a quien les recomendaría tenerla en cuenta ;D es el personaje que quise implementar pensando en las lectoras que me habían pedido añadirlas de alguna u otra manera al fic y pos… Voalá! He aquí al "pasado no pisado" de Yamato Ishida ;P
Éste capítulo lo quise subir ayer, para conmemorar el aniversario de Digimon *Grita de emoción* y la fascinante noticia que nos aguarda el 2015 *w* ¡Dios, como lagrimeé al saber que sacarán una versión nueva de Digimion Adventure con todos nuestros amores grandecitos! =w=
Y además porque ahora ya es mundialmente reconocido el día de la amistad y quería acercar un nuevo capítulo como regalo mío a ustedes, mis queridos lectores :3
Espero que hayan pasado un buen rato leyendo el capi y les prometo que mi próxima actualización la haré más rápido antes de que el nuevo semestre me coma todo mi tiempo u.u
Un beso les envío y deseándoles un buen inicio de semana! :DDD
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Y me despido finalmente, respondiendo a sus comentarios :D
Eri-sshi: ¡Yeellow! Jajaja seguro conoces este capítulo como la palma de tu mano xD Uhhh, si! Es un super capítulo, largo y lleno de drama y escenas y drama *0* Aww, el kenyako fue muy tierno, tienen su propio drama ellos, aunque en este capítulo casi no se los menciona pero se sabrá más de ellos :3 Osamu y Ken, polos totalmente opuesto en cuanto a mujeres se refiere xDDD Pobre Miya que está metida tan profundamente entre los sentimientos de los Ichijoujis xD PONY *3* cuando veo el mundo color rosa hay muchos arcoíris y las nubes son algodones de azúcar :3 Jajajaja la persecución de los gemelos contra Mimi xD pobre chica, pero ella se lo buscó, lo hizo personal y ellos desenfundaron sus armas xP Koichi es taaan tierno y romántico *w* Koji, por otro lado, es TOTALMENTE lo puesto xD jajajaja Lo amo :3 Todo su lado Tsundere que lo hace aún más comestible =w= ñam… Y Luego están el otro par de hermanos: Ishida/Takaishi xD seep, su discusión fue tremenda y le sienta tan bien a Tk cuando muestra los dientes como todo un hombre (¿) xD Y Yamato que no se queda atrás ufff… Se encendió la morada de Natsuko con ese pleito jajaja Tai siendo tan buen amigo que ya peca por otra cosa… Y en este capítulo, Gooosh! Tai ya le lanzó la bomba a Sora sobre su supuesta relación con Mimi :o Tai, tai, tai… Simplemente Taichi. ¡Todas queremos a los mini-guys con papas fritas! :3 xD Matt está cayendo a los pies de Mimi y con éste capítulo se nota que hará algo al respecto :o Sip, Mimi no tiene buen trato con nadie u.u es mala, muy mala pero quizá las cosas cambien a partir de ahora e.e jajaja Tanakaa, de Kuroshitsuji estás pensando? Pues la verdad que usé el apellido, no tuve la intención de agregar ningún personaje de otro anime xD invento nombres random para completar la falta de elenco que tengo u.u Y me encantan tus predicciones, algunas has acertado pero otras no :P ¡Eres la mejor beta! Ya extrañaba mandarte mis horrores ortográficos para que tú hagas tu magia :D jajajaja Por supuesto, soy consciente que tus críticas son altamente positivas y por eso me agradas :3 Te entiendo con eso de que quede perfecto u.u jajaja ¡Tus palabras! ;w; ¡Muchísimas graciaaas, Eri! Enserio, las tengo siempre presente :D ¡Gracias por todo tu apoyo y te deseo también tooodo lo mejor del mundo! ¡Un besoo! :3
IzzieBlake: ¡Hola, holaa! :D ¡Taanto tiempo! :D así es y éste nuevo capítulo es aún más largo xD por haberme ausentado tanto tiempo Cuando iba describiendo la escena del auto no pude evitar recordar tu review y el pedido de un beso tipo película porno xDDD Cómo te pareció el beso, eeeh? xD ¡OMG! :o ¡Me cedes tu trono y yo que te tengo a ti en un altar! D: Lo siento, no puedo evitar matar gente xD Es algo que necesito hacer xD en todas mis historias tengo que matar aunque sea al perro del protagonista para sentirme bien xDDD jajajaja Yo culparía a las novelas que suelo leer porque todos mis autores hacen un genocidio con sus personajes y me dejan el alma por el suelo Dx estoy de duelo meses completos y aún sigo sin recuperarme u.u Por lo visto la escena Kenyako fue la que se llevó el trofeo a la mejor escena y no es para menos, ambos son tan tiernos *w* Y así también, Mimi se llevó el premio a la más odiada en todo el capítulo, pero tranquila, la querrás próximamente xD y posiblemente odies a otros personajes e.e uhh… Yamato es el héroe favorito de todas *w* Todas queremos un Yamato para nosotras jajaja Quizá te identifiques con algún OC que meta de repente y posiblemente haya una Izzie por allí que se quiera robar a Yama xD Yeeey, un beso también para ti y nos leeremos próximamente :D
La Sra Darcy: ¡Amo tu Nick! ¿Quién no ama al Sr. Darcy? *w* jajaja yendo a tu review… Te entiendo, yo también odio a Mimi y al poco trato que tiene con las personas u.u en especial con las personas que trabajan en su casa. Qué desconsiderada u.u Y por supuesto, Matt se robó el corazón de todas las lectoras con su aparición heroica en el capítulo anterior xD ¿Cómo te resultaron en este capítulo? Por supuesto, Mimi cambiará y todo gracias a Ishida. Se complementan y se necesitan el uno al otro :3 En cuanto a Tai y a Sora, pos como dices hay heridas en ambos que les impide ir con sinceridad. Ahora Tai lastimó a Sora con sus palabras, pero tiene que haber algo lo suficientemente fuerte como para que Tai actúe de esa manera con Sora y próximamente se revelará qué es lo que les sucedió por eso están así u.u Jajajaja te entiendo, cuando encuentras algo así es cuando dejas un comentario, me ha pasado xD Muchas gracias por tus palabras, me gusta que vayas con toda tu opinión así tengo una idea de como te sentará el nuevo capítulo o los demás que escribiré :D Nos seguiremos leyendo, te me cuidas! Un beso!~
Lux Havsanglar: Holaaa! :D Sii, Tanaka es todo un padre con Mimi y ante la idea de que sus propios padres casi nunca están en casa, pos le viene bien a ella :D La escena entre Miyako y Ken fue la campeona en el capítulo anterior xD Si u.u no lo mencioné porque no era relevante en ese momento, pero conforme su pareja aparezca con más frecuencia les daré más protagonismo :) En lo que respecta a Zoe, acabará de besos y abrazos con uno de los gemelos pero aún no puedo revelerar con cual e.e así que como vaya la historia se irá tejiendo su propio drama jajaja Yep, Mimi es la repudiada en el capítulo anterior, pero a ver como salva su papel con este capítulo y los que vendrán :3 Matt posiblemente deje de ser el favorito e.e no digo nada más jajaja Aww gracias por tus cumplidos, trato siempre de darles lo mejor de mi :D Muchísimas gracias por tu comentario y nos leeremos pronto :P Ops, lamento haberte tenido despierta tan hasta tarde quizá este capítulo te tome más tiempo ^3^U jajaja Byee!~
Valeeee: ¡Yeeellow! Así mismo, Matt está que babea por Mimi pero a ver si eso cambia e.e como dejó en claro en este nuevo capítulo él no es así, esa actitud no va con él y quizá haga algo por cambiarlo :o ¡Aaah, qué genial que te haya gustado tanto el capítulo de la vez pasada! Sí, fue todo un héroe nuestro Yama :3 Pos tranquila, que él se pondrá verde verde veeerde posteriormente, pero a ver si se lo tiene bien merecido :P jajajaja Y buaah, nos seguiremos leyendo, Vale! Qué pases super y te deseo una excelente semana! Un beso! Bye-Byee!~
Johy Garcia: ¡Holaaa Holaaa! :D Verdad que sí, cuanto tiempo! Oh, Dios. La Uni nos tiene acorraladas y amordazadas u.u Es horrible pero a seguir luchando xD Awwww ¡Qué emoción! Te gustó el capítulo y me llamas genia :3 Ya te quiero máaas! :* Jajajaja ¡Oh, hell yeah! Los temas siempre irán acorde a la situación, como lo fue en ésta nueva entrega :) Trataré de no tardar tanto con la siguiente actualización, pero agradezco que comprendas mi situación, ya que pasas por lo mismo :D Muchas gracias por dejarme un comentario y nos seguiremos leyendo! Un beso!~
Krayteona: ¡Yeeellow! Todo suave por aquí, y ¿tú? :D Ops, lo siento u.u Maté a Hiroaki pero su muerte no será en vano! Sep, soy muy cruel u.u Pasa que tengo que matar personajes en mis historias xD Todo gracias a las novelas que leo y a los autores que se pasan matándome personajes que adoro DDD: Jajaja te entiendo, acabas un capítulo y ya te entra las ganas de leer el siguiente que dejas el review para el último capítulo, no te preocupes, me pasa siempre xD Awww, me emociona tanto que te guste mi historia :3 Eres el primer comentario que no maldice a Mimi xDDD Comprendes su forma de ser y eso está super bien ;w; me harás llorar TT3TT jajaja Quién sabe? Posiblemente Mimi reemplace a Matt en la banda…. Ok, no xD jajajaja Pero me gusta que hagan sus suposiciones porque posiblemente, estemos pensando igual o/ Trataré de no tardarme tanto para actualizar los capítulos :D Buena suerte también para ti y nos seguiremos leyendo! Un beso! :*
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