Antes que nada, les deseo a todos un muy feliz 2015 :D y Feliz San Valentín, espero que la estén pasando bien en estas fechas tan deprimentes :DD (Sólo bromeo xD) Me alegra poder actualizar ya, iba a hacerlo antes pero no he tenido tiempo porque he tenido que viajar y el que no tenga conmigo la computadora era torturante, pero de todas maneras iba avanzando en el teléfono xD pero llegué a un nivel de sequedad mental que lo único que escribía eran puntos suspensivos… Lo sé, es triste cuando se te seca el cerebro D: pero no vengo a llorarles con excusas, sino a traerles el nuevo capítulo con un adicional de… (estúpidos puntos ¬¬) ¡Un capítulo extra large! :DDDD sé que no compensa mucho el tiempo que tardé para actualizar, pero como consuelo les comento que ya estoy trabajando en el siguiente capítulo, así que en un tiempo de una semana y media ya la actualizaré :D
Sin otros avisos que otorgarles, me despido dejándoles el tracklist de ésta nueva actualización y por cómo me han contado en los review de que les gusta mucho la selección, pos aquí una bufete para que puedan degustarse :3
* Se hace mención de la canción "Always" de Killswitch Engage.
* Dissident Aggresor – Judas Priest.
* Fall into the sky - Zedd & Lucky Date ft. Ellie Goulding.
Y ahora, me despido de ustedes, deseándoles una buena lectura :D Nos leemos más abajo xD
Guía Narrativa:
― Diálogo
«Pensamientos»
"Énfasis"
Letra de canciones.
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Cuando Michael dejó tras sus espaldas las puertas del bar en donde estaba hace un momento, permitió que el aire fresco lo envolviese. Necesitaba refrescarse después de tanto humo inhalado. La tos cansina, volvió a atacarlo, así que el golpe de aire le sentó de maravilla para dejar ir todo el aire contaminado que guardaba dentro suyo. Levantó la vista y se encontró con un manto oscuro, donde pocas estrellas figuraban con un fulgor tímido. No era de extrañarse, Nueva York era igual. Estaba hablando de ciudades del primer mundo donde la tecnología era un miembro importante, por no decir indispensable, para el cuerpo que representaban. Por ende, pequeños detalles, como lo era un cielo lleno de estrellas no encajaban.
Las manos del rubio estaban frías y mostraban un ligero temblor involuntario. Frunció el ceño y trató de respirar con más lentitud, dejando que el aire entrara hasta lo más profundo de su ser. Tuvo la necesidad de meter su mano en el bolsillo de su pantalón, pero recordó que no contaba con el inhalador que le permitía dotarse de aire. Cerró los ojos y aspiró por la nariz para luego soltar todo el aire cautivo por la boca.
─ Maldita sea… ─ Murmuró, rascándose la cabeza.
─ Wow, miren quién dice palabrotas. –Mike volteó a ver a sus espaldas a la dueña de aquella voz. Reiko lo miraba con una sonrisa divertida, mientras estaba parada no muy lejos de él con los brazos cruzados sobre el pecho.
─ Reiko… ¿Ya tomaron un descanso? –Preguntó el rubio guardándose las manos en los bolsillos, como si de esa manera pudiese ocultarse de ella.
Ella avanzó hasta él y observó el cielo. Intrigado por la dirección a la cual los ojos de la muchacha apuntaban, también redireccionó los suyos.
─ Así es. Cuarenta y cinco minutos tocando no es chiste. –Rio y su risa era tan contagiosa que Mike acabó sonriendo también. –No esperaba que vinieras. Dime, ¿qué te pareció?
Los ojos de la joven se iluminaron como los de una niña lo hacen ante una tienda de muñecas. El chico la miró un momento, pero tuvo que desviar la vista a otra parte. No se le daba bien sostener la mirada cuando ésta se la devolvía y mucho menos cuando expresaba la misma intensidad que sus orbes mostraban.
─ Estuvieron increíble. ¿Hace cuánto que tocan?
─ Llevo con los muchachos más o menos un año y medio, pero me dedico a la música desde hace tres. –Viendo la sorpresa del Borton, ella sonrió con orgullo. ─ Se nota, ¿no es verdad? –Rio. –No me malinterpretes, no quiero sonar pedante ni nada semejante, es sólo que… ─la vio abrazarse a sí misma y su pie derecho jugaba con una pequeña tapa de alguna botella que ya era historia. ─Es en lo único en lo que soy buena. Haría lo que fuera por llegar… Tú sabes, ─ elevó su mano. –a otro nivel.
Verla de aquella manera, con un ligero tono de vergüenza infantil y algo más profundo de lo que ella le había enseñado la primera vez, se dio cuenta que la chica no era tan mala compañía, que si pecaba de orgullosa, lo hacía sin intención de serlo y él entendía a lo que ella se refería. Sonrió a su par.
─ Lo único en lo que… soy bMetropolitano Daiba. –Susurró al viento. Entre otras cosas, recuerdos de su infancia afloraron en un segundo, memorias de un niño que tuvo que crecer alejado de todo y todos por protección. Su pequeño flashback fue interrumpido por la voz de Reiko.
─ ¿Y tú? –Viendo la confusión en el rostro de su acompañante, añadió. ─ ¿Tienes algo tan importante por lo que darías todo? –La Kurosawa mostró una sonrisa felina. ─ ¿O por alguien?
Ante la última pregunta, Mike trajo un rostro a su mente y era la de Mimi. Aquella niña adorable de la cual estuvo enamorado desde pequeño. ¿Haría todo por ella? Sin dudarlo. No supo cuánto tiempo estuvo en silencio rememorándola en su mente pero cuando volteó a ver a la pelirroja se encontró con la sorpresa de verla muy cerca de su rostro. Retrocedió instintivamente.
─ Y al parecer, di en el blanco. ¿Quién no sospecharía de ti, poniendo la cara de idiota enamorado que pusiste?
─ Para ser japonesa, no respetas mucho el espacio personal. –Contraatacó Michael mirando al frente, intentando que Reiko no se regocijara con el sonrojo que le traía encima. – Espera, ─ la miró entonces. ─ ¿idiota enamorado?
─ Tengo ascendencia americana por mi madre, si viene al caso. –Se excusó alzando los hombros. ─Y sí, ante esa simple pregunta has puesto una cara algo así –dice ella imitando el supuesto semblante que traía el rubio aunque exagerando un poco más. Aquel gesto sólo aumentó el sonrojo en él.
─ ¡Ey, yo no puse esa cara! –Reiko lo miró con una ceja enarcada.
─ Como quieras, Gringo. Ahora, ¿quién es ella? –Mike dejó escapar un suspiro exasperante. Retiraba lo dicho sobre que Reiko podría ser una buena compañía; aún ni transcurrían cinco minutos y él ya deseaba alejarse de ella.
─ No quiero hablar de eso y menos contigo. –Vio a Reiko fruncir el ceño, cruzándose de brazos.
─ Lo sabía. –Mike mostró su confusión a lo que ella prosiguió. –Eres de esos niñitos millonarios que se cree superior a los demás. Si quisiera, podría echarte a patadas de aquí, niño bonito. ─El Borton pegó un respingo por la acusación recibida.
─ ¡¿Qué?! ¡No, no quise darte entender eso! –Dejó escapar un gruñido frustrado. Ella sí que sabía ponerlo de malas.
─ ¿Entonces? –Los ojos de Reiko eran grandes orbes claros, mirándolo con retadora expresión. Una gotita de sudor resbaló por la sien de Mike.
─ Es… Complicado. –Profirió lo último con voz baja y dolida. Era verdad, era complicado. Todo lo que sentía por Mimi eran sentimientos guardados por tanto tiempo que, el saber que no era correspondido, hacía que el dolor fuese multiplicado por cada día que estuvo alejado de ella.
Reiko lo observaba en silencio, estudiando la expresión que poseía Mike, comprendiendo a qué se refería con "complicado". Se encogió de hombros. Estuvieron un momento en silencio, cada quien metido en sus pensamientos, o eso fue hasta que la Kurosawa habló finalmente, volviéndose hacia Michael.
─ Tienes que hablar con ella. –Mike no disimuló la confusión que provocaron las palabras de Reiko en él, como respuesta ella rodó los ojos exasperada. –Lo único tan complicado que hay es que, uno –dijo levantando su dedo índice. –no sepa de tus sentimientos o dos, ─ elevó ahora el del medio. –ya lo sepa pero no te corresponda. Y viendo tu cara de circunstancia, creo que es la primera.
Michael parpadeó un par de veces mirando incrédulo a la muchacha que tenía enfrente. Decir que Mike no estaba avergonzado, sonrojado y asombrado por la agudeza de Reiko, era poco. Ella rodó los ojos con exagerada expresión.
─ ¿Q…Qué…?
─ Oh, por favor. No intentes negarlo. ¿Le has hablado de tus sentimientos, Mickey? –El rubio iba a preguntar de dónde salió ese apodo, pero viendo que la pelirroja no estaba jugando, prefirió no hacerla enfadar más. Finalmente, Michael negó con la cabeza a lo que ella asintió. –Bien, ¿sabes si no te corresponde?
─ Lo sé. –Ella iba a preguntarle más al respecto, pero él le ahorró el trabajo. –No me mires así, sólo lo sé. Ella… Cuando estoy con ella, parece como si estuviese abstraída de la realidad, mirando a otro punto, caminando por las nubes, pendiente de todo menos de mí. Creo que está enamorada de otra persona.
Confesar aquello, sólo consiguió que los recuerdos afloraran en él. En todas las ocasiones que estuvo con Mimi desde que la volvió a ver, parecía que él no representaba absolutamente nada para ella. Era como si su cuerpo estuviese presente, pero su mente no. Era doloroso darse cuenta de ello, dolía no ser lo más importante para ella como ella lo era para él. Estuvo metido en sus pensamientos con tanta profundidad, que no notó cuando Reiko se puso delante de él. Ella lo trajo a la realidad con un fuerte golpe contra su brazo derecho.
─ ¡¿Qué demonios…?! ¡¿Por qué hiciste eso?! –Bramó el rubio sobándose el brazo adolorido. Muchos podrían desprestigiar la fuerza de la muchacha por sólo ser una mujer ciertamente delgada pero aquel golpe le había costado bastante.
─ ¡Para que dejes de ser tan marica! ¡Deja de autocompadecerte como si fueses una escoria mutante o algo así, al que todo el mundo desprecia! –Al tener la atención completa de Michael ella se encogió de hombros más calmada. –Escucha, odio que las personas actúen como si todo el mundo fuese a acabarse por algo tan banal. Si te molesta no tener su atención, pues búscala y baila desnudo frente a ella. Créeme, no te ignorará nunca más. –Sonrió con determinación. Michael la miraba con los ojos bien abiertos y algo en su interior se tornó cálido. Sonrió a su par. ─ ¿Quieres algún consejo? Pues la próxima vez que la veas, háblale de lo que sientes pero hazlo con confianza. A las chicas nos gustan los chicos con autoconfianza y que sepan transmitirla.
─ Tiene sentido, ¿y después? –Preguntó.
─ Acércate a ella y bésala. –Como si Reiko acabase de hablar en algún idioma extraño, Michael la miró con confusión. Ella volvió a rodar los ojos y se acercó a él. –No pienses, sólo acércate así –ella dirigió sus manos a las mejillas del Borton y la atrajo hacía sí misma, guardando una muy corta distancia entre ambos. –y bésala. –Susurró finalmente contra los labios del chico.
En aquel instante no pudo recordar alguna ocasión en donde el aire se le esfumara de los pulmones como lo fue en ese momento. Su debate interno se desarrollaba en mirar los ojos de Reiko o bajar hasta sus labios que estaban ligeramente abiertos. La chica olía a cerveza mezclados con una fragancia refrescante que lo estaba hipnotizando. Sin darse cuenta, sus manos comenzaron a sudar por el nerviosismo que subió por él, sentía cómo el palpitar de su corazón se oía en todas partes y eso lo perturbaba. Ella sonrió finalmente y lo besó en la mejilla para alejarse finalmente de él.
─ Para ser norteamericano, eres muy puritano. –Le guiñó el ojo y giró sus pies para ir de regreso hacia del local. –Avísame cómo te va. –la chica le hizo un ademán para que se marchara a lo que él buscó mirar otro punto. Cualquier cosa en el mundo era mejor que ver el rostro sonriente y burlón de aquella mujer.
Michael comenzó a avanzar, alejándose de ella mientras aún sentía el palpitar acelerado en su pecho. Reiko sonrió al verlo marchar para así girarse sobre sus talones con la intención de ingresar de vuelta al local del cual salió. Sin embargo, algo la interrumpió.
Oyó el sonido de un bramido femenino, uno que sólo puede dar una mujer que estaba hecha una furia. La curiosidad pudo más que ella tratándose de que el sonido no se hallaba a tan sólo una cuadra de dónde se hallaba ella; de ésta manera, caminó en el sentido contrario al que se marchó Mike y a unas cuadras de allí vio la espalda de un chico alto y rubio cuya voz ella bien conocía.
― …No lo tomes como algo personal, -lo oyó decir con diversión. –en realidad, no me interesa tomar en serio a ninguna chica. Ayer fue divertido; besas muy bien para ser virgen.
Los ojos de Reiko se sorprendieron al ver que no estaba alucinando, era él. Iba a acercarse pero al avanzar unos pasos reconoció que no estaba solo, sino que estaba sobre una chica que traía puesto un vestido de tubo corto y negro; era lo poco que pudo apreciar teniendo al muchacho barrera visual, aunque otro detalle llegó a conocimiento de ella: su cabello era largo, liso y castaño. No vio nada más, no reconoció a la chica pero sabía que era él, que Ishida Yamato estaba a tan sólo metros de ella.
― Si realmente fueses tan canalla como dices ser… -habló aquella chica, su voz, a pesar de sonar dulce estaba cargado de rencor y odio. «Idiota…Eso te ganas por meterte con alguien como él» pensó Reiko con una sonrisa retorcida. –No tratarías de "advertirme" sobre ti. Pero descuida, agradezco tu sinceridad…
Retrocedió al ver como un chico de cabello castaño y desordenado blandió un golpe en el rostro a Matt. No sabía qué estaba sucediendo pero ya había visto lo que necesitaba saber. Sonrió para sí misma y entonces ingresó al local donde la luz era tenue, la música alta y el aroma a nicotina y cerveza llenaban sus pulmones. Enseguida llegó a ella uno de los integrantes de su banda, llevaba el cabello largo hasta por los hombros de color caoba, tenía ojos del mismo tono y era mucho más alto que la muchacha. Su semblante mostraba cierta ansiedad que hizo que la joven sonriera divertida.
― ¿Dónde es el fuego, Masaru? –Preguntó regocijándose en el rostro del guitarrista.
─ ¿Qué te ha dicho el hijo de Borton? –preguntó con ansias notorias. -¿Aceptará?
─ Tranquilo. Sólo es el comienzo, pero ya mordió el anzuelo. –Dijo volviendo la cabeza hacia la salida. –A que no sabes a quién vi… ─Canturreó con una sonrisa triunfal, ganándose la mirada curiosa del castaño.
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Yamato había tratado de disimular la desagradable sorpresa que tenía enfrente, pero la simple imagen pudo más que él. Lo único que pudo hacer para no saltar sobre Taichi y reducirlo a golpes, fue apartar la mirada cuando éste se hizo sobre el rostro de Mimi. Apretó con fuerza sus puños, sintiendo el ardor que sus uñas le producían en cada palma.
Mimi abrió los ojos desmesuradamente cuando sintió los labios de Tai, realmente atónita por lo que estaba sucediendo. «Yamato…» pensó y se separó con cierta violencia del Yagami. Lo miró a los ojos mientras sus manos tapaban sus labios, intentando comprender qué demonios había sido aquel acto. Para su sorpresa, Taichi la observaba en silencio y con una mirada seria pero con cierto dolor en su semblante. Entonces, Mimi volteó hacia Matt, pero éste estaba mirando otro punto. Una punzada de dolor la embargó. Las palabras duras de Yamato volvieron a sonar en su interior y el choque de emociones pudo más que ella. Finas lágrimas cayeron por sus mejillas, silenciosas y ajenas al conocimiento de los dos chicos a su alrededor.
― Espérame en el auto. Iré enseguida.
Ella volvió a posar sus ojos en Tai pero él ya no la miraba. Quería explotar e instarle a qué le dijera por qué acabó de hacer aquello, pero tenía el rostro humedecido y las lágrimas quemándole la garganta acrecentando las ganas de romper en llanto; no podía enfrentarlo ni aunque quisiera. No deseaba que ninguno la viera de esa manera, sólo quería marcharse de allí. Se apartó de Taichi y avanzó hacia la dirección en que estaba el estacionamiento.
En cuanto la imagen de Mimi se alejó, Yamato habló con clara rabia infundada en su voz arrastrando las palabras, agravando el tono en su hablar.
― ¿Qué mierda tratabas de probar con eso? –Lo último fue tomando más fuerza en su voz, casi llegando a un bramido de ira.
Ver a Tai tan serio era algo nuevo para Matt; no obstante, descifrar aquella nueva faceta en el capitán de football no amortiguaba el odio que experimentaba contra éste. Ver el rostro de Mimi derrochando dolor y humillación calaron en su mente, se sentía fatal y lo único que deseaba era seguirla y explicarle las cosas pero eso estaba lejos de sus posibilidades, ya había movido sus piezas y su juego estaba hecho. No había marcha atrás, se dijo. A pesar de ello, la viva imagen de Taichi besándola delante suyo… No había palabras para describir todo lo que sentía por él en esos momentos. Un ardor indescriptible se formó en su pecho y muy en su interior sabía que la única forma de apagarlo era golpeando al causante de ello.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz seria y neutra de Taichi.
― ¿Cuánto tiempo creíste que me verías la cara de idiota? –Matt no ocultó su confusión así que Yagami continuó. –Porque de verdad te creí la imagen de "mejor amigo".
― ¡¿De qué hablas, maldición?! –Explotó Matt avanzando hacia Tai con clara intención de molerlo a golpes. ─¡Yo no soy el que te golpeó adrede sin razón alguna!
― ¡Te hablo de tu relación con Sora, maldita sea! –Bramó el moreno con rabia. Los pasos de Matt, que habían iniciado con decisión se atascaron a la mitad del trayecto como si estuviese plantado sobre brea. Toda expresión en Matt desapareció ante las palabras de su interlocutor, quien sonrió con cinismo. –Ah, supongo que no creías que me enteraría tan rápido, ¿o sí?
― ¿Q…Quién te lo dijo? –Yamato bajó la mirada avergonzado. Sabía que tarde o temprano Taichi se enteraría de ello pero no de esa manera.
― Supongo que en parte tengo que agradecértelo, ¿no? Si Sora no estuviese tan borracha, no me lo habría dicho de buenas a primeras. –Taichi rio secamente, acercándose a Matt amenazadoramente. –Y no pienses que ese golpe fue a causa de ello. No, eso fue por estar tan cerca de Mimi como no puedes estarlo. ¡Cómo te pedí que no lo estuvieras! ¡¿Pero qué haces tú…?! ¡Eh!
El Yagami iba a tomar el cuello de la camiseta de Matt y estaba claro que antes de oír lo último, Matt se lo permitiría porque la culpabilidad se lo decía. Pero ésta pasó a segundo plano con lo último que pronunció Tai. Yamato tomó la muñeca de Tai antes de que éste se hiciera con el cuello de su camisa y lo miró a los ojos, enseñándole que no estaba para juegos.
― ¿El beso si lo fue? –Habló Matt amenazadoramente. -¿Fue esa tu pequeña venganza? –Tai negó con la cabeza mientras reía por lo bajo, alterando aún más al rubio. ─ ¡Respóndeme, maldita sea! ¡¿Por qué demonios la besaste?! ¡Se suponía que yo era el condenado idiota que no la merecía, pero no creo que seas muy diferente a mí! Tienes problemas conmigo, Yagami, no tuviste el porqué de meter a Mimi en esto…
― ¿Oh? ¿Te molestó eso? Qué irónico. Para ser alguien quien sólo juega con las mujeres, te preocupas demasiado por ella. –Respondió Taichi con poco humor.
― ¡¿De qué mierda estás hablando?!
― No es el hecho que hayas salido con Sora lo que me ha molestado… O que me lo hayas ocultado… ¡El que no la hayas tomado enserio es lo que me enferma, Ishida! –Con fuerza, Taichi se soltó de Matt para empujarlo con fuerza. El rubio no reaccionó, sino que esperó. ─Sabes que Sora es… Dios, es perfecta. Se merece alguien que la ame y respete realmente… ¡No un idiota que quiera pasar el rato con ella! –Tai iba a volver a golpearlo pero Matt fue más rápido.
Yamato tomó a Taichi por el cuello de la camisa con fuerza, amenazándolo con la mirada, sin embargo, el castaño no cambió su expresión.
― ¡Si piensas que estuve con Sora para pasar el rato, estás muy equivocado! –Rugió, entonces esperó un segundo para continuar. ─Quiero a Sora tanto como tú. Y quizás no te lo ha dicho pero una de las razones por las que hemos salido juntos se debió a ti. –Al decir esto, el semblante de Tai (que al inicio se mostró iracundo), cambió totalmente mostrándose confuso y sorprendido. Matt lo vio reducir las fuerzas en sus hombros, así que acabó por soltarlo y así continuar. –Al regresar a Odaiba ella estaba dolida por todo lo que había sucedido, así que la idea de encontrarse contigo era algo impensable. ─guardó nuevamente distancia con su amigo.─ Nadie de entre los muchachos sabían sobre el verdadero motivo por el que Sora se mudó de aquí, salvo yo. Ella necesitaba hablar con alguien, así que no perdimos contacto. Sora era consciente que lo único que deseaba era estar cerca de ti, así que el estar conmigo la hacía sentirse como en los viejos tiempos, como cuando éramos niños y nos teníamos a los tres. ─Taichi se encogió de hombros y miró el suelo. Conocer esos detalles causaba sensaciones contradictorias en él, que no sabía si sentirse aliviado o angustiado.
«¡Ella te ama y no importa qué yo haya salido con ella! ¡Ella sólo lo hizo para poder sentirte cerca suyo!» pensó el Ishida, sin embargo no lo dijo en voz alta porque conocía al Yagami. Por más que no quisiera admitirlo, entendía que tanto Tai como él se asemejaban, así que decirle aquellas cosas provocaría que el Yagami vaya contra viento y marea con tal de estar al lado de Sora. A sabiendas de ello, dijo.
─ Pero será mejor que te alejes de ella. ─Taichi lo miró en silencio, sin un ápice de humor en el rostro, aunque se podía leer claramente la inconformidad del moreno. Matt siguió entonces. ─Creo que ya tuvieron suficiente uno del otro, así que mi recomendación es esa: aléjate de ella y no dejes que ella haga lo contrario. ─Vio que Tai quería interrumpirlo, pero no le dejó opción. ─Y no, no es una "venganza" por lo de Tachikawa. Hasta yo sé que no soy digno de ella… Y valoro que la protejas, pero así como tú la proteges, yo protejo a Sora. Háganse un favor y dejen de clavarse espinas.
Taichi estaba enmudecido, atónito y sin poder procesar aun lo que estaba oyendo. El moreno exhaló un suspiro y se revolvió los cabellos. Recordó a Sora diciéndole lo mismo y no tuvo opción. Era lo correcto. Lo odiaba, pero era lo mejor. Finalmente, asintió a las palabras de Matt. Ishida suspiró con desgano.
─ Lamento haberte golpeado, ─dijo Taichi, rascándose la nuca con vergüenza. ─supongo que estaríamos a mano si tú… ─Sus palabras fueron interrumpidas por el puño de Matt golpeándole la mandíbula al moreno con tanta fuerza que sintió su propia mano doler. – ¡A la mierda! ¡No te golpee tan fuerte, marica!
― Marica tú que lloras por un simple golpe. –Dijo riendo el rubio mientras se sobaba los nudillos de su mano. Se sentía ciertamente bien haberlo hecho, pero…–«Y en realidad eso fue por haber besado a Mimi.» pensó para sí mismo. Sabía no bastaría con golpear a un puñado de personas para conseguir olvidar aquella escena y el trago amargo que le provocó. ─Bien, iré a buscar a Sora.
─ Está durmiendo en mi auto, ─dijo Tai aun sobándose el rostro. ─Creo que será mejor que la lleve yo. ─Matt iba a protestar pero Tai se le adelantó. ─ ¿Acaso quieres que se tambalee mientras tú conduces?
Matt lo pensó un segundo para después aceptar. Sin embargo, no estaba tranquilo.
─ Iremos los dos, ¿bien?
─ ¡Que no la violare, pedazo de idiota!
─ ¡No va por ese lado, friki del fútbol!
Taichi echó a reír, confundiendo a Matt.
― Está bien. Andando. ─Tai comenzó a caminar en dirección al estacionamiento, seguido por Matt. Ambos iban en silencio, hasta que el moreno, con una notoria incomodidad, habló. ─Por cierto, Matt… ─dijo sin mirarlo, aunque él tenía la completa atención del rubio. ─No besé a Mimi. Al menos no en los labios, sino en la comisura de ellos.
Ante aquella confesión, Matt bajó la mirada al suelo, viendo cómo se movían sus pies al andar. «¿Él no la besó?», se dijo a sí mismo. Sintió entonces, un cierto alivio en su pecho, como si un gran peso se le quitara de encima. La boca de Matt esbozó una ligera sonrisa imperceptible para su amigo.
─ Tsk… Como si me importara. ─dijo el rubio.
Volvieron a caminar en silencio, oyendo el sonido de una noche urbana rodeándoles, pero ambos estaban absortos de tal detalle teniendo tantas cosas en qué pensar dentro de sí mismos. Llegaron hasta el estacionamiento, ingresando a él en búsqueda de sus propios móviles. Yamato fue hacia la zona de motocicletas y tomó la llave de su vehículo, sentándose a horcajadas de éste, encendió el motor entonces. Iba a sacar la moto del reposo en que estaba para ir hacia donde estaba Taichi, cuando lo vio trotando hasta su dirección.
─ ¡Matt! ─se puso frente al mencionado y éste notó la angustia en su rostro.
─ ¿Que sucedió? ─enseguida, a su mente vino la imagen de Sora y la posibilidad de que su ebriedad le haya costado su seguridad. ─¿Le sucedió algo a Sora? ─Tai negó con la cabeza.
─ No es ella… ─Los ojos de Yamato se abrieron con sorpresa, temiendo la verdadera razón. ─Mimi no está.
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Una brisa sacudió sus hebras castañas mientras un montón de preguntas se cernían sobre ella. La noche calma la hacía pensar sobre el supuesto beso que le había dado Tai esa noche, sin siquiera ser uno. ¿Qué quería probar él al fingir besarla delante de Matt? ¿Que él nunca vuelva a mirarla o algo semejante? No lo sabía y pensar en las razones que tenía su amigo para armar semejante teatro, la desconcertaba cada vez, dejándola de nuevo desde el punto de partida de sus preguntas.
Cuando dejó atrás tanto a Yamato como a Taichi, sus pies la llevaron hasta el estacionamiento e ingresó a él buscando el auto de su mejor amigo. No fue difícil encontrarlo, pues aunque el lugar era amplio y con muchas secciones, el rayón que ornamentaba desde la puerta del conductor hasta la caja de combustible, la ayudó a encontrarlo; una graciosa historia que fue aparar entre las anégdotas de Taichi por haber hecho enojar a un grupo de niños montados en sus bicicletas.
Caminó y se ubicó sobre el capó, impulsándose sobre sus brazos para sentarse sobre la nariz del vehículo. Observó el cielo, entonces, una negrura tan densa que se sentía como si pudiese fundirse en ella. Suspiró en silencio, viendo a su aliento esfumarse como humo de sus labios a causa de la baja temperatura que iba rodeándola. Oyó un ligero gemido que provenía de sus espaldas pero no le dio mucha importancia. Miró a sus alrededores pero sólo había unos guardias de seguridad en las dos entradas del lugar.
Se recostó sobre el capó y dejó que la inmensidad del cielo la consumiese de nuevo. Tenía toda la intención de esperar allí a Taichi para que luego él la llevara a su casa y todo quedase en el olvido, pero no estaba del todo tranquila o conforme con eso. Será Tai y todo lo que quiera, pero aún no encontraba razón suficiente para que su amigo haya obrado de esa manera.
Cuando más lo pensaba, las mil y un teorías se fueron reduciendo a una sola y no le gustaba para nada. Si Taichi había fingido besarla delante del rubio, sólo había una razón para hacerlo y era ponerlo celoso o algo así. «Era dejarle en claro a Yamato que yo soy "algo" que él nunca tendrá.»
Se enderezó sobre el capó mirando al frente. No podía creerlo, simplemente le resultaba ilógico que su amigo la hubiese utilizado de esa manera… ¿Con qué derecho o razón lo había hecho? Ya no importaba, solo restaba saber que Taichi y Matt la veían como la chica tonta de la cual uno podía aprovecharse tranquilamente.
De pronto, ya no deseaba estar allí, ni ver a Tai o a alguien más. Bajó del auto y sus piernas rodearon el vehículo para finalmente salir de aquel lugar, dejando que la deriva la guiase. Caminó y caminó durante un tiempo sin saber por cuanto específicamente, aunque no le interesaba. Agradecía que la luz de los alumbrados como la de los negocios hicieran guardia a su alrededor; la idea de verse sola le sentaba de maravilla, pero no si tenía que estar ahogada en penumbras.
Encontró un banco bajo un alumbrado público y se dirigió hasta él para sentarse allí y mirar a su alrededor. Sabía que aún estaba dentro de Palette Town, el lugar era inmenso, así que daba por hecho que al menos se hallaba lejos de Tai y Matt. Cuando el Yagami se diese cuenta que ella no estaba esperándolo en su auto, la comenzaría a buscar y en verdad no quería verlo ni a él o al Ishida. El tiempo transcurrió con ella allí sentada, recordando las palabras de Yamato, de su verdadera forma de ser y de que para él no significó absolutamente nada lo que la noche anterior había sucedido. Le dolió haber oído aquello, la forma en que la había tratado… Pero había algo en sus azules orbes que ella no podía simplemente aceptar. Yamato Ishida podía ser un canalla, pero se había fijado que sus ojos se mostraron ausentes cuando pronuncio todas aquellas cosas hirientes. ¿Podría él estar fingiendo?
Negó con la cabeza, riéndose de sí misma. En verdad era demasiado inocente, se lo había dicho él y muchas personas ya. Tenía la costumbre de mentirse a sí misma para no ver la realidad, o quizás esperaba más de las personas, más de lo que alguna vez le darían. Yamato jugó con ella, eso era un hecho; si se hizo para un lado quizá fue por Taichi, quizá se sintió mal al tomarla como una diversión momentánea… O sólo porque el Yagami era amigo suyo. «¿Acaso crees que él se preocupa por ti, tonta?» Se dijo a sí misma. Sin desearlo, su mente trajo a ella aquel momento en que Yamato y ella estuvieron en su auto, cuando la tormenta azotó y lo único que Mimi tenía para sostenerse eran los brazos de Matt. Su calidez aun prevalecía en su piel y aquella canción, en su mente.
I am with you always
From the darkness of night "til the morning
I am with you always
From life until death takes me
Sintió sus mejillas húmedas. Se sorprendió cuando, llevándose una mano a una de ellas, cayó en cuenta que estaba llorando. «Oh, no puedes ser más patética, Mimi» se dijo a sí misma, haciendo que las lágrimas brotaran con más concurrencia aun cuando ella tratara de evitarlo. Intentó de secarse el rostro con el dorso de las manos, pero solo logró mancharse con su propio maquillaje, tanto la cara como sus manos. Maldijo por lo bajo y dejó de luchar contra su tristeza. No había nadie más allí, podía darse el lujo de quitarse la mascarilla de falsedad nuevamente.
Evocó en el momento en que Matt le había dado aquel discurso sobre lo difícil que era mantener una imagen fingida. Entre lágrimas, sonrió con ironía mientras se repetía a sí misma lo idiota que era Yamato y que desde un principio lo sabía. Tenía razón, su instinto desde el inicio le dijo que aquel chico era totalmente diferente a ella y eso no le convenía. Yolei tenía razón y no la escuchó por haberse encaprichado con alguien a quien apenas conocía.
─ Maldición… ─Dijo entre dientes. ─Soy una idiota ingenua…
─ ¿Mimi? ─Mimi levantó la mirada casi con violencia al oír que alguien la llamaba. Esperando encontrar a cierto rubio, sus orbes castaños buscaron en aquella figura alta y esbelta a los lapislázulis que eran razón de sus lágrimas, pero no era a quién ella esperaba encontrar. Las ganas de continuar con su llanto aumentaron porque se descubrió a sí misma esperando ver a Yamato, cuando debería de estar odiándolo en esos momentos.
─ M…Mike… ─Recordó que traía el rostro sucio por el maquillaje, así que bajó la mirada para ocultárselo al rubio. Él, en cambio, avanzó hacia ella y no le interesó el estado de su apariencia, sino la razón de sus lágrimas. Tomó el rostro de Mimi entre sus manos con delicadeza e hizo que lo mirara. Al principio, se resistió un poco pero acabó dejándose llevar por él. ─Mike… Estoy horrible, no…
─ Ey, ─interrumpió él con una sonrisa tierna. ─¿cuándo será el día en que yo te encuentre horrible? ─ella sonrió ante sus palabras, relajándose poco a poco, de verdad agradecida por sus palabras. ─para mi eres perfecta, aunque uses una bolsa de basura en la cabeza.
Ella sonrió pero sus ojos no hicieron otra cosa que no sea humedecerse aún más. Por más que su mente le dijera que no llorara, que dejara de humillarse, su cuerpo le hacía oídos sordos. Sus hombros comenzaron a temblar y se tapó la boca con sus manos, encogiéndose ante los arrebatos que el sollozo le producía. Michael la miró con ternura y la atrajo hacia él para rodearla con sus brazos. El fuerte abrazo que le permitió el norteamericano fue el interruptor para su llanto. Dejó ir todo el dolor y la frustración que traía sobre sus hombros; porque, de sentirse caminando sobre las nubes, en esos momentos era como si estuviese enterrada bajo kilos y kilos de arena.
─ L…Lo lamento… No quiero que…
─ Shhh… ─la hizo callar cariñosamente. La acarició el cabello largo hasta llegar a la mitad de su espalda. ─ ¿Desde cuándo uno se disculpa ante algo que siente? ─Mimi se aferró al rubio con fuerza como si fuese su única posibilidad para no ahogarse en ella misma.─ Tranquila, estoy aquí. ─susurró en su oído, haciendo que Mimi se abrazara a él. ─ ¿Quieres hablarlo?
─ Lo siento… Es… Complicado. ─susurró ella contra su pecho recuperándose del llanto. Estuvieron en silencio un momento y así ella se alejó un poco de él para mirarlo al rostro. ─pero gracias por estar aquí. Necesitaba de esto.
─ Sabes que es lo mínimo que haría. Si pudiese detener tu llanto, también lo haría sin dudar. ─Mimi lo miro sonriente y acaricio la mejilla de Michael.
Aquella seguridad, esa simple tranquilidad que el Borton causaba en ella era lo que deseaba para ese momento. El antídoto perfecto que clamaba su cuerpo. Volvió a abrazarlo y ésta vez pudo oír los latidos de Michael y descubrió que éstos iban con cierta presura en su andar. ¿Estará nervioso? ¿Por qué?
─ Meems… Hay algo que… Deseaba decirte desde que volvimos a vernos…─negó con la cabeza. ─No, más bien desde que te marchaste. ─Ella lo miró atentamente, viendo como el muchacho tragaba saliva con cierta dificultad y eso le hizo traer a su mente recuerdos de cuando niña había conocido a Michael y de cómo era su vida en Estados Unidos.
Michael sufría de asma cuando muy niño, desde pequeño su vida se había reducido a cuatro paredes blancas dentro de un hospital por las constantes bajas que sufría. Mimi lo había conocido a los ocho años, cuando su confinamiento dejó de ser el hospital para convertirse en su propia habitación. Él no iba a la escuela, sino que recibía clases de forma particular; él no sabía lo que implicaba estar cerca de otros niños a causa de su inestable salud. Muchos días, el tiempo transcurría con él mirando por la ventana, observando con tristeza la forma en que los hijos de los vecinos jugaban por las calles, se tropezaban, reían a viva voz… Mientras que él debía mantenerse lejos del mundo. O eso fue hasta que la empresa de los Tachikawa salió de los límites geográficos de su país para extenderse hacia el país norteamericano y de ésta manera, Michael conoció a su primera amiga que no fuese su primo, Wallace.
Desde que los Borton se hicieron amigos de la familia Tachikawa, Mimi iba de visita casi siempre a la mansión de los éstos y siendo poseedora de una curiosidad insaciable junto con una inocencia innata, iba a la habitación de Michael con una nueva historia que contarle sobre sus distintos viajes y las personas con las que su padres tenían que tratar. El rubio, aun acostado en su cama, la oía atentamente y maravillado con lo que oía, deseó poder tener las fuerzas necesarias para hacer todo lo que la niña podía. Y el día en que ella dejó Estados Unidos para volver a instalarse en Japón, le hizo una promesa a la muchacha: "cuando sea lo suficientemente fuerte, recorreré tantos lugares como pueda y seré yo quien te cuente sus historias".
Mimi sonrió al recordarlo y aquel gesto llamó la atención de su amigo. Ella notó los ojos esmeraldas de su acompañante encima suyo, se sonrojó por haberlo interrumpido así que se apresuró a negar.
─ No me hagas caso, sólo recuerdo algo de cuando éramos niños. ─Mike la miró sonriendo ligeramente; ella le mencionó aquello que fluía en su mente, logrando que el ambiente se tornara más calmo entre ambos. ─no es nada; continúa por favor.
─ De hecho, aquella promesa la he cumplido. Pero hay aún una cosa que no he hecho.
─ ¿Y de qué se trata? ─preguntó Mimi curiosa.
La sonrisa había desaparecido poco a poco en Michael, su mirada descendió al suelo. La del vestido negro notó aquel cambio, así que estaba segura que lo que Mike tenía para decirle era algo de suma importancia. Posó su mano sobre la del Borton. Él entrelazó sus dedos con los de ella y entonces, levantó su rostro para decir.
─ Al ser un chico que hasta hace poco no tenía contacto con el mundo exterior, la valentía no es una de mis mejores virtudes. –Se encogió de hombros. –Así que, me prometí a mí mismo que lograría hacer algo que suponga un gran reto y que me provoque temor.
Mimi lo miró un momento para luego levantarse del banco en donde estaba y ubicarse frente al muchacho, sin deshacerse del agarre que sostenía con la mano de Michael. Ella lo miraba como cuando era niña y un semblante de confianza afloró.
─ Pues te apoyaré a que lo hagas. ─alentó. Él le sonrió con ternura y también se paró del asiento. Acomodó un mechón de cabello castaño tras la oreja de la chica.
─ ¿Sin importar lo que fuera? ─ella asintió. Mike rompió la distancia que los separaba, dejó de sostener la mano de Mimi para que éstas fueran hasta cada lado del rostro de la muchacha y de ésta manera acercó sus labios a los de Mimi.
El tacto era nuevo, dulce y tranquilo. Era la primera vez que besaba a Mike, pero parecía que sus labios esperaron por los de ella desde hace tiempo. Entonces, se deshizo el beso y sus ojos se encontraron.
─ ¿E…Esto te atemorizaba? ─Michael asintió sonrojado. ─ ¿Por qué?
─ No sé qué haría si luego pudieras rechazarme o peor, odiarme.
El beso del norteamericano fue tan delicado que no podía sentirse ofendida. A diferencia de él, los besos de Yamato eran arrebatadores, podían dejarla sin aliento y con un sentimiento de que estaba haciendo algo erróneo y peligroso (y desear hacerlo de nuevo). Se abofeteó mentalmente al estar pensando en aquel idiota estando en presencia Mike. Se acercó al Borton y rodeó con sus brazos el cuello de éste.
─ Dime, ¿aún tienes miedo?
─ ¿Tendría que tenerlo? ─Ella sonrió y esta vez, fue ella quien besó sus labios.
Sin ningún choque de electricidad o cosquillas que iniciase desde el origen de su espalda hasta sus pies… Pero era un tacto dulce y cálido que la hacía sentirse segura, todo lo que ella necesitaba en esos momentos. Estar con Michael era eso: seguridad, tranquilidad, serenidad… Él era para ella.
─ ¿Por qué tardaste tanto en volver? ─pregunto Mimi al aire una vez que el beso se deshizo pero su distancia. Sus frentes se encontraban arrimadas y de esta manera, lo vio dejando escapar un suspiro. Aquellas palabras fueron comprendidas perfectamente por el Borton, ya que Mimi se cuestionaba por qué no se enamoró de Michael en lugar de Yamato.
─ Me pregunto lo mismo, ─dijo el rubio bajando levemente los ojos, pensó un momento en sus palabras y entonces volvió a mirar a Mimi. ─ Pero ser impuntual no quiere decir que no sepa luchar por lo que quiero.
La castaña se sorprendió de sus palabras, sonrojándose levemente. Se miraron en silencio y los ojos de Mimi bajaron a los labios de Michael, aquellos labios ligeramente carnosos y atractivos, que harían delirar a cualquier mujer. No había nada que decir, pero en su interior ella deseaba sentir algo más fuerte que naciese de aquel beso. Entonces Mimi volvió a acercarse a él y lo besó nuevamente, ahora mucho más demandante, dejando que sus manos se aventuraran al cabello de Mike y las de él a su cintura. Entreabrieron sus bocas y dieron rienda suelta a sus lenguas, sintiéndose con profundidad.
Mimi olvidó la razón por la cual estaba llorando hace un momento y sabía que al lado de Michael, eso ya no existiría. Se separaron entonces, sin dejar de sonreírse entre ambos.
─ ¿Quieres que te lleve a casa? ─preguntó Michael acariciando su mejilla. La castaña recordó a Taichi y lo pensó un momento; no quería tratar con él en esos momentos, así que consideraba que estaría bien dejarle un mensaje avisándole que regresaría con Michael.
Iba a contestar a la cortesía del rubio cuando una tercera voz se oyó, llamando la atención de la pareja.
─ Mejor si la llevo yo, pero gracias.
Mimi frunció ligeramente su ceño al reconocer a Tai a unos pocos metros de ellos, mirándola con un rostro desaprobatorio. La penumbra lo rodeaba así que le sorprendió no reconocerlo. ¿Hace cuánto tiempo que estaba allí? Se sonrojó ante la idea de que haya presenciado más de lo que debería.
─ Taichi, ¿qué haces aquí? ─Preguntó ella alejándose del norteamericano. Miró al Borton y luego regresó su vista a Taichi. ─Mike, él es Tai, un amigo. Tai, Mike es un buen amigo de la familia y se ofreció en llevarme.
─ Pero fui yo quien te busco de tu casa. ¿Quedará bien delante de tu madre que llegues con otra persona? ─dijo lo último en forma despectiva, pasando su mirada de Michael a Mimi. Ella enfureció aún más, así que sus palabras para con el Yagami eran tajantes y duras.
─ Agradezco tu preocupación pero ya lo decidí, Taichi.
─ Meems, ─llamó Michael con voz tranquila, tocando el hombro de la castaña. ─está bien si él te lleva. No te preocupes por mí.
─ No, quiero ir contigo. ─sonrió al rubio. ─además, mañana tengo que hacer muchas cosas y estoy cansada; será mejor que nos marchemos.
Iba a dar vuelta para regresar con Michael pero Tai volvió a hablar.
─ ¡Mimi, espera! ¡¿Que te ocurre?! ─por su voz, era un hecho que Tai estaba perdiendo la paciencia ante la actitud de la chica.
Ella suspiro exasperada y se acercó al moreno con zancadas bien marcadas, haciendo que el taco de sus zapatos repiquetease contra el suelo.
─ Espero que me respondas lo mismo porque en verdad no sé qué demonios fue lo de hace rato. Y ten un poco de consideración para ingeniar una excusa creíble. Más por ahora, me despido. ─hizo un gesto cansado con la mano para enfatizar sus palabras y ser guiada por Michael hacia donde tenía aparcado su vehículo.
Taichi quedó un momento mudo y luego se giró a sus espaldas, viendo a un Yamato oculto a la sombra espesa de un árbol frondoso.
─ Maldición… ¿Cómo pudo irse así nada más?
─ ¿Y tú la culpas? ─preguntó Matt. Tai lo miró sin comprender a qué iba aquello, por lo que el rubio sólo se encogió de hombros. ─Uno la hace sentirse como una idiota ingenua y el otro la utiliza sin razón aparente. ¿Eso te da una pista o debo dibujártelo?
─ ¿La has hecho sentirse como idiota? ─preguntó Tai, recibiendo una mirada de pocos amigos por parte del Ishida.
─ Eres la última persona con la cual deseo hablar de esto. ─ guardó sus manos en los bolsillos y comenzó a caminar hacia donde habían dejado sus móviles.
─ Ya veo… ─dejó escapar con un bufido que hace detener sus pasos a Matt. ─Habías dicho que querías proteger a Mimi y que te alejarías de ella, pero lo único que se te viene a la cabeza es dejar que se besuquee con aquel chico que…
─ Cállate, ¿quieres? ─cortó Matt arrastrando las palabras, tratando de contener la rabia que subía de a poco por todo su cuerpo. ─ No quiero discutirlo contigo. No eres el mejor ejemplo…
─ ¡¿Cómo puedes verlo besar a Mimi y no hacer nada para impedírselo?! ¡Un puñetazo le habría venido bien a él y no a mí! ¡Deja de huir, idiota!
─ ¡Cállate! ─bramó Yamato sin voltearse a verlo. Su voz se oyó mucho más ronca de la que acostumbraba, cosa que no pasó desapercibido por el Yagami. Era un hecho que Matt no estaba bien; sus hombros estaban completamente tensos, mientras que sus manos eran dos puños contraídos cuya fuerza se hacía visible en la forma en que los músculos de sus brazos resaltaban.
Tai bajó la mirada con cierta pena, pero ignorante de los verdaderos sentimientos de su amigo, o quizá no quisiera darse cuenta de ello.
─ No trates de recriminarme por algo que no está bajo mi control… Ya he dejado las cosas claras… Y tú deberías de hacer lo mismo. ─dijo el rubio y un nudo se le habían formado en la garganta. Respiró hondo y en silencio para aflojar sus fuertes puños, se pasó una mano por el cabello y continuó caminando. ─Mejor si te llevas a Sora. ─aquellas fueron las palabras que dijo a son de despedida.
Taichi tampoco lo detuvo, sólo lo vio marcharse y perderse de su vista. Quizá sí, Kari en verdad tenía razón y él era un verdadero cabezota que no sabe cuándo callarse. Comenzó a avanzar de regreso a por su vehículo y recordó que Sora estaba ebria y recostada en el asiento trasero; si no quería que el interior quedase tapizado bajo vómito, tenía que apurarse.
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Mimi bajo del vehículo de Michael cuando éste le abrió la puerta. Se enderezo y arregló el vestido, dándose media vuelta para despedirse de Wallace sentado en la parte trasera del Toyota blanco que conducía aquella noche. Mike le enseñó su brazo flexionado para que ella lo tomara y fueran hasta el portón de la gran mansión Tachikawa.
El portero había activado el deslizamiento de las rejas, mucho antes que ellos pudiesen asomarse como para ser vistos por él. A Mimi le resultó extraño aquel detalle; el hombre no daría el paso libre a nadie que no sea de la familia.
La chica detuvo sus pasos llamando la atención a Mike, imitándola. Ella dirigió sus ojos hacia la entrada y vio a su madre parada en la puerta principal de su hogar, la luz no le daba una completa imagen del semblante de su progenitora, pero a juzgar por el cruzar de sus brazos y el movimiento de su pie, golpeando el piso, supo que algo no andaba bien. No iba a exponer a Michael ante una escena sin sentido por parte de su madre.
─ ¿Esa es tu madre, no? ─pregunto Michael con un semblante preocupado aunque ella lo tranquilizó con una sonrisa. Sin embargo, Mimi sabía que ver el rostro serio de su madre nunca traía nada bMetropolitano Daiba. ─Vamos, te acompaño y…
─ No te preocupes, yo iré sola. ─Mike iba a protestar así que ella lo besó en la mejilla. ─Pero gracias por todo.
─ Bien ─aceptó no muy convencido. ─pero si tu madre quiere alguna explicación, sólo llámame, ¿de acuerdo?
Con aquella condición, Mimi asintió y lo vio marcharse para así comenzar a caminar el trayecto que restaba hasta la puerta principal de su hogar. Su madre ya no estaba en el umbral, sino que la encontró dentro de la sala, sentada en el bello sofá negro.
─ Madre… No creí que seguirías despierta.
─ No lo esperabas, querrás decir. ─su tono, que normalmente era tierno y aniñado, fue reemplazado por uno autoritario y cortante. ─En esta casa existen reglas, Mimi.
─ Y no veo que haya quebrado alguna… ─su contestación fue inmediata y casi bruta, vio la palpable sorpresa que su respuesta causó en ella, por lo que no tuvo otra opción más que bajar la mirada. ─lo siento, mamá.
─ ¿Cómo puedes llegar a ésta hora y decir que no has roto ninguna regla? Hay horarios, Mimi. Me has tenido preocupada toda la noche. Tai vino a buscarte en un principio y ahora te trae otra persona…
─ Fue Mike, Mamá. –volvió a contestar a viva voz, pero enseguida bajó los decibeles de su tono. -Además, Tai y yo discutimos, pero como Mike estaba cerca, entonces se ofreció en traerme.
Satoe miró a su hija un momento; Mimi no apartó su mirada de la de su madre y entonces la vio fruncir el ceño.
─ Tu padre volverá en unas semanas… Trata de que este comportamiento sea revocado. No eres así, Meems. Yo no eduqué a una rebelde. ─aflojó su semblante para acercarse a su hija y besar su frente. Aquel tacto resultó ajeno a la muchacha, sin desearlo. Era su madre y la amaba, pero ver esas escenas sólo aumentaba la sensación foránea que le producía las "preocupaciones" de Satoe. ─Ve a dormir, cariño.
Mimi apretó con fuerza sus manos hechas puños y asintió. Sintió como si su garganta se excoriaba, que no supo determinar si se debía al llanto que deseaba continuar o al grito ahogado que intentaba liberar. Prefirió sólo ignorarlo y caminar para alejarse de aquel lugar e ir a su habitación.
Cuando la puerta se cerró detrás suyo, ella recostó su espalda contra ésta y se dejó caer al suelo. Todos sus recuerdos fueron aglomerándose en su mente, sintiendo que en cualquier momento iba a estallar. Quería seguir llorando pero sabía que ninguno (Matt ni Tai) valía la pena o solucionaría algo con ello. En lugar de eso, se enderezó y comenzó a desvestirse para ir al baño. Sus ojos se encontraron con su propio reflejo que el espejo le ofrecía. Tenía los ojos ligeramente rojos del llanto que dejó escapar hace un rato atrás, entonces se dijo a sí misma que ya estaba harta de llorar y que todo el mundo le tuviese lástima, ya dejó aquella niña atrás, luchó por lograrlo y no haría que el esfuerzo haya sido en vano. Tenía que recordárselo a todo el mundo, pero principalmente, se lo recordaría a ella misma.
.
A la mañana del lunes, Koji volvía a encaminarse sólo hacia el Instituto, pues no era prudente exponer a Koichi aún en su estado, aún si ya estuviese mejor que la última vez que lo vio el viernes en la casa del Shiota, quien organizó una noche de bebidas y comida chatarra. Se le revolvía el estómago de sólo recordar la competencia de comida que involucró al dueño de casa como al Kimura. A veces se preguntaba cómo Kazu podía acabar convenciendo a las personas, pues Koichi era una persona muy prudente, pero era él quien en esos momentos se encontraba en cama con un dolor terrible de estómago.
La vívida imagen de Koichi esa mañana la tenía presente, igual que sus intentos fallidos por zafarse de su madre. Como todas las mañanas, Koji tocó la puerta de la casa Kimura esperando ser recibido por su madre o hermano, pero lo único que tuvo como bienvenida eran las voces de los mencionados debatiéndose en algo que, para el Minamoto, era inentendible. O eso fue hasta que las voces se hicieron más cercanas.
― ¡Pero Mamá…! –Se oyó a Koichi protestando tras la puerta, cuya voz acalló la rotunda y molesta voz de su progenitora.
― ¡Nada de peros, Koichi! ¡No irás al colegio en esas condiciones! –Fue la respuesta de la mujer ante la insistencia de su hijo y a juzgar por su tono al decirlo, Koji sabía que el caso estaba cerrado.
― Ya estoy mejor, no es nada… -Entonces Koichi abrió la puerta de su casa, recibiendo a su gemelo y quien acostumbraba a portar siempre un semblante serio, se mostró sorprendido al ver el estado en que su hermano se hallaba: tenía grandes círculos negros bajo los ojos y sus mejillas ligeramente hundidas, el cabello desarreglado y a pesar de llevar puesto el uniforme del Instituto, éste lucía deplorable pues era obvio que la condición de su hermano no ameritaba colocárselo en forma. -¡Koji, ¿cómo estás?!
― Mejor que tú, al menos. –Murmuró el aludido, retrocediendo un paso al ver el aspecto de su hermano. Enseguida vio asomarse al rostro de su madre y ésta, al verlo, suspiro de alivio.
― Koji, menos mal… Haz entrar en razón a tu hermano, por favor. No puede dar dos pasos sin sostenerse el estómago por el dolor. A penas pudo separarse del retrete y…
― ¡Mucha información! –Vociferaron los gemelos. Koji apartó la desagradable imagen de su hermano echando todo lo que podía dentro del inodoro para así mirarlo con rostro preocupado. –Deja de hacerte el fuerte y quédate a descansar, tonto.
― ¡Pero…!
― ¡Ya has oído a tu hermano mayor, Koichi! –Y con aquella frase, Tomoko volvió a estironear al menor entre los gemelos dentro de la casa. –Gracias, Koji. ¿Serías tan amable de recoger la tarea por su hermano, por favor?
― Claro. –Y dicho esto, la puerta se cerró y él comenzó a caminar.
Se detuvo delante de un semáforo que había dado luz verde al andar de los vehículos. En ese período de tiempo, Koji se colocó los audífonos y dio "play" a su lista de reproducción favorita, comenzando a sonar Dissident Aggressor de Judas Priest. Ajustó el maletín a su brazo y cuando por fin se detuvo el trayecto de los autos, volvió a avanzar. La melodía lo hacía mecer ligeramente la cabeza y provocaba que sus dedos tamborileasen la correa de su mochila. El día se iba iniciando apenas, pero el movimiento urbano era perceptible. Por las calles, las personas, salían de sus respectivos apartamentos para ir camino a sus actividades. Él no era la excepción, claro. El vivir en un departamento cercano a su Instituto era bastante práctico en cuanto a horas de sueño completas como el trayecto mismo; sin embargo, Koji se consideraba a sí mismo como una persona madrugadora, desde pequeño le gustaba despertarse temprano y disfrutar del día entero; también aquello se lo debía a su abuelo, cuando aún vivía junto a él y su padre con su esposa. Desde muy temprano, se levantaba y ayudaba a su abuelo a limpiar la casa, para seguidamente ir al Dojo familiar y practicar con su padre al kendo, pues provenía de una familia originaria de Kyoto donde el kendo era el estilo de vida por medio del cual su familia se había criado.
Iba caminando hacia el Instituto con la cabeza llena de recuerdos y mezclados con las letras de sus canciones, observaba su trayecto, faltaba poco por llegar. A tan sólo unas cuadras, algo llamó su atención. Detuvo un momento su paso mientras identificaba lo que parecía ser una pila de ropa de brillantes colores y muchos detalles. Continuó caminando hasta tomar el mismo ritmo que la persona delante suyo, que por lo que reconoció, se trataba de una muchacha pues una melena rubia se mecía de un lado al otro conforme movía sus caderas y una falda de medio largor color verdoso, el mismo que llevaban las mujeres en el Instituto Odaiba. Pero lo que creía era un movimiento normal, comenzó a convertirse en un tambaleo, quizá la pesadez de las prendas implicaba demasiado para su fuerza y ahora se lo estaba cobrando. El muchacho observó la recta faltante de la calle y dio por sentado que la chica iba al Instituto, siendo el único lugar que llevaba aquella dirección.
«¿Qué… Demonios…?» ─se dijo mentalmente, quitándose los auriculares para tratar de oír los pequeños sonidos guturales propios del cansancio proveniente de debajo de la pila de ropa.
─ Maravilloso, simplemente fantástico… Vuelve a aceptar éste tipo de trabajos la próxima vez.
El muchacho rodó los ojos al oírla quejarse e iba a seguir caminando intentando no prestar atención a aquella situación, pero la chica estaba perdiendo cada vez más el equilibrio. Estiró un poco el cuello para ver por delante a ella y la siguiente acera estaba aproximándose. La posibilidad de que ella olvidara levantar los pies para subir la acera y llegar al Instituto iban en aumento, así que era muy probable que en aquel descuido, las prendas salgan disparadas contra el suelo para acabar sucias; en el mejor de los casos, solo serían ellas las únicas perjudicadas. No era su problema, lo sabía pero a pesar de decírselo a sí mismo, sus pies avanzaron por si solos ante la caída que estaba tomando lugar. No era nada que agua y jabón no puedan curar y aún tras decirse esas palabras, sus suposiciones fueron ciertas y la chica tropezó con el zócalo de la vereda.
Con pies ágiles, movió su cuerpo como lo hacía estando en el dojo ante el ataque de su adversario y con aquella misma gracia, tomó las ropas que estaban por conocer su destino contra el suelo mientras usaba su propio cuerpo como escudo para que la chica no cayera. Un momento transcurrió para que el Minamoto se percatara que ninguna prenda se había estropeado, al tiempo de oírla profesar algo en un idioma que no reconoció. Ella lo miró con ojos grandes, llenos de sorpresa ante todo lo sucedido, comprendiendo que había sido Koji quien la había ayudado. Una sonrisa de satisfacción se formó en los labios rozagantes y carnosos que poseía la muchacha que, para sorpresa de Koji, poseía su misma edad. La chica le resultaba ciertamente familiar, pero entonces ella habló, interrumpiéndolo.
─ Vaya, nuevamente salvándome el día, ¿no? ─La chica se reincorporó mientras se ajustaba su falda. Ante sus palabras, Koji la miró con confusión.
─ Disculpa, ¿nos conocemos? –Preguntó el azabache, sorprendiéndose ante la familiaridad con que ella lo miraba. La joven parpadeó un par de veces para que sus mejillas se tornaran rosadas seguidamente. Sonrió apenada y negó con la cabeza.
─ N…No, claro que no… ─ Rio torpemente. –No sé de dónde vino eso. Quiero decir… Todos te conocen si eres el bajista de The Warrior Wolf así que…–Comenzó a farfullar palabras inentendibles y ante la ceja enarcada del Minamoto, ella calló, avergonzada. –Q…Quiero decir, gracias. No sé qué haría si las ropas caían contra el piso. El club de teatro me mataría. ─ sonrió con pena.
─ No es nada… ─La chica le pidió que le entregara las ropas y tenía toda la intención de hacerlo, pero entonces miró el trayecto faltante para el colegio. Volvió a mirarla y se encogió de hombros. ─Doy por sentado que volverás a tropezarte.
─ ¡Ey, eso no fue muy cortés! ─protestó sonrojada ante su sinceridad. ─Sólo fue un pequeño tropezón y…
─ Y volverás a tenerlo si cargas de ésta manera las ropas.
─ ¿Y cómo se supone debo llevarlas, señor sabelotodo? ─preguntó cruzándose de brazos. Él estudió un momento la situación y dividió las prendas en dos grupos.
─ Ten, lleva esto. ─habló al tiempo de entregarle unos cuantos vestidos de estilo victoriano. ─Vaya… No entiendo como lograste llegar tan lejos cargando tantas cosas.
─ ¿No crees que sea fuerte? Mírame… ─y al tomar las prendas, el peso casi la llevó hacia atrás. ─¡No estoy lista, espera, espera! ─Koji rodó los ojos cansinamente para ayudarle. ─Bien, bien. Pásamelos. ─tomó las ropas con mayor fuerza y logró sostenerse. ─Listo… ¿Sorprendido?
─ Lo único sorprendente es que con ese cuerpo tan menudo, tú… ─la chica lo miró por un costado de las prendas que cargaba, mirándolo con un ligero sonrojo en sus mejillas y el ceño fruncido. ─¿Qué?
─ ¿Me estabas observando, pervertido?
Ahora el del sonrojo era él al verse acusado de tal manera. Haciendo recuento, sí la estaba observando. El sonrojo fue en aumento.
─ ¡Y…Yo no…! ¡No te miré de ésa manera! Ni que haya algo qué mirar además. ─Zoe lo fulmino con la mirada para arrebatarle todas las prendas que él cargaba.
─ ¡No necesito la ayuda de un arrogante y pesado como t…! ─sus palabras fueron interrumpidas por un traspié que dio la chica sin percatarse de una rajadura en el suelo, que provocó que su pie se atorara y su equilibrio, quebrara.
El azabache la tomó por la cintura con más fuerza de la necesaria, apretándola contra su cuerpo. Zoe volvió a ser salvada por el chico pero tal detalle pasó a segundo plano cuando las manos del Minamoto se posaron sobre su abdomen; las traía frías pero por alguna razón, la zona donde tocaba su piel, aún por encima de su camisa, sentía un fuerte ardor.
─ ¿Estás bien? ─preguntó en un susurro el muchacho, rozando su aliento contra el oído de la rubia.
─ S…Si… Gracias…
Él podía sentir a la perfección las curvas de Izumi y por más que su educación tan reservada le dijera que era mejor guardar distancias con ella, no podía ─o quería─ alejar de él la tibieza de su cuerpo ni el aroma a jazmines que emanaba su piel. Cuándo se dio cuenta de sus pensamientos, deshizo el agarre y desvío su rostro a otro punto. Al verse suelta de las manos del estudiante, ella no recordó haber sentido frío como ese momento. Se sintió ciertamente decepecionada.
─ Será mejor que me des eso. Eres un completo desastre. ─Koji tomó todas las prendas de Zoe y comenzó a avanzar hacia el Instituto, intentando que las ropas ocultaran el sonrojo que traía encima.
─ ¡E…Espérame!
Al principio, Zoe comenzó a relatarle sobre cómo acabó tomando la tarea de cargar las ropas del club de teatro, mientras el chico sólo miraba al frente; el sonrojo había pasado pero era mejor evitar el contacto visual con aquella chica, ya que era dueña de unos grandes orbes verdes y profundos que lo incomodaban de cierta forma. Conforme iban caminando, acercándose cada vez más al colegio, él perdía atención en lo que Zoe iba diciendo, aunque un simple pensamiento fulguraba dentro.
«─ Vaya, nuevamente salvándome el día, ¿no?»
A pesar de hacer recuento en su memoria, Koji no recordaba haberse cruzado antes con ella como para justificar la forma en que aquella chica se dirigió a él. No se había dado cuenta que dejó de observar al frente para posar sus ojos sobre la rubia que lo acompañaba sino fuese por la mano que ésta agitaba delante de su rostro trayéndolo a la realidad. A juzgar por la forma en que ella lo miraba en esos momentos, supo que se quedó mirándola por un periodo de tiempo. Volvió su mirada al frente con un sonrojo avergonzado en las mejillas. «Eres un descuidado, Minamoto» Se dijo a sí mismo.
─ ¿H…Habías dicho que estas ropas son para el club de teatro? ─ preguntó Koji, tratando de disminuir la tensión que se formó.
─ Eso fue lo que venía diciendo hasta que te me quedaste mirando. ─Un golpe para su orgullo. Koji comenzó a experimentar un tic nervioso en su ceja; aquella chica no guardaba sus pensamientos. –Bien, te lo diré de nuevo. La presidenta del club me pidió que los arreglara, ya que eran viejos harapos. Supongo que me ayudó bastante estar en el club de costura. Usualmente, recurren a mí para remendar sus trajes o cualquier…
─ Espera… ─interrumpió el muchacho. ─¿Club de costura? –El Minamoto iba escuchándola, pero le resultó curioso que mencionara dos clubes. Ella le dedicó una mirada con curiosidad. ─ ¿Acaso no eras del club de teatro?
─ No, es decir, participo como asistente en varios clubes, como el de costura, cocina, fotografía, entre otros. ─ viendo el semblante de duda con el cual Koji la miraba, se sonrojó de la pena. ─No me mires de esa forma… No suena tan extraño, ¿O sí?
Él se encogió de hombros digiriendo las palabras de la muchacha. ¿Cómo podía estar en varios clubes? Con el club de música, él ya tenía suficiente tiempo invertido. Ni siquiera sabía que aquello era posible.
─ No es extraño, sólo… ─la miró con curiosidad. ─¿Acaso no te quieren en tu casa?
Lo que al principio pareció ser una sonrisa por parte de Zoe al verse comprendida por alguien, se esfumó en cuanto el chico soltó aquella pregunta.
─ ¡N…No es…! Aaag… ─se encogió hombros. El azabache enarcó una ceja, preguntándose sobre la reacción de la muchacha, entonces se percató de algo que hace un segundo no notó y era el hecho de que aquella pregunta pareció incomodar bastante a la rubia. Ella volvió a él sus grandes ojos. ─ Sólo… Sólo tengo mucho tiempo libre, ─ bajó su mirada hasta sus manos, cuyos dedos estaban jugando con su cabello. ─además me gusta hacer estas cosas y ayudar a los demás. ─volvió a mirar al Minamoto. El chico se fijó entonces que la estudiante no era japonesa, o al menos completamente, pues los rasgos no eran propios de allí y además que sus ojos verdes resultaban ser muy poco comunes en la tierra del Sol Naciente[1].
El Instituto por fin asomó su arquitectura moderna, dejando que los rayos de un sol aun iniciándose comenzara a darle más vida al blanco material de las paredes. Cruzaron el portón y llegaron hasta la planta principal del colegio, en donde se abrían camino hacia distintas áreas, como el comedor, el gimnasio, la sala de juntas, el patio trasero y las escaleras que conducían a los demás salones en los dos restantes pisos superiores, culminando con la acostumbrada terraza.
─ Bien, será mejor que me apresure a llevar éstas ropas… ─tomó las prendas y aunque fuesen pesadas, las logró sostener.
─ A penas has podido caminar unas cuantas cuadras y ¿crees que podrás subir escaleras? ─Aún queriéndolo evitar, le resultaba casi imposible no mirar con una sonrisa la forma en que Zoe, una chica de estatura media y de contextura delgada, levantaba aquella carga.
─ ¿No crees que…? ¡Te estás burlando de mí! ─Sentenció molesta y dejando que el color volviese a tomar poder de su rostro, comenzó a avanzar hacia los escalones pero entonces sintió que tiraban de su muñeca.
─ Deja de ser tan terca.
─ No soy terca… ─la chica se giró a verlo y al estar sobre el primer escalón estaba casi a la misma altura del bajista, teniéndose tan cerca. ─Tú no confías en que pueda hacerlo. –Finalizó con un puchero.
─ Sólo déjame ayudarte, nos ahorraremos ésta escena. ─ella continuó mirándolo con el puchero, encogida de hombros, aceptando finalmente el dejarse ayudar por el muchacho.
Él cargó la mitad de las prendas y ella el resto, avanzaron hasta el primer piso y doblaron hacia la mano izquierda en donde se ubicaban los salones de primer año y los de algunos clubes como el de teatro. La chica cargó todo el peso de las ropas en su brazo izquierdo para que el derecho abriese la puerta a la clase.
─ Con que les dejemos sobre su pupitre, estará bien. ─ella se encaminó hacia la isla que formaban cuatro pupitres y reposó las ropas sobre éstas y así exhalar un suspiro. ─Bien… Déjalas aquí.
El Minamoto hizo lo mismo y en cuanto se giró para reincorporarse, vio que en una esquina descansaba una pila de ropa con un desbaratado aspecto.
─ ¿Y eso? ─preguntó señalando los evidentes harapos.
─ ¿Ah? ─miró en la dirección de la que Koji hablaba y retrajo sus hombros con desdén. ─Seguro se trata de las ropas que esperan que remiende.
Koji la miró y a pesar de ver una sonrisa en sus labios, algo le decía que esa no era toda la verdad. Volvió a mirar las prendas y frunció su ceños.
─ No eres muy amable, ─interrumpió la rubia, ganándose la mirada del azabache. ─pero gracias por la ayuda. ─la sonrisa de la chica, a diferencia del reciente, era sincera y muy bella. Koji se giró para darse la vuelta y otorgarle su espalda. Comenzaba a darse cuenta que no era muy fuerte ante aquel rostro. ─¿Podrías dejar de ignorarme? Ash… Creí que serías más amable…─Aquel comentario lo dijo más para sí misma, cruzándose de brazos y un semblante claramente decepcionado.
─ ¿Has dicho algo? ─preguntó volviendo a mirarla, pero la chica sólo negó con la cabeza, nerviosa.
─ Q…Que se me hace tarde para mi clase. ─Comenzó a empujar a Koji fuera del salón y así cerrar la puerta tras ellos. ─Hasta luego. ─dijo despidiéndose del chico con la mano, sin embargo al retomar el trayecto se interceptó con unos alumnos con los cuáles chocó.
El bajista suspiró al verla disculpándose con los otros alumnos y así echar a correr, perdiéndose de su vista. Koji negó con la cabeza, diciéndose a sí mismo que aquella chica tenía tanta gracia como una oruga. Iba a disponerse a retomar su trayecto, opuesto al que ella tomó, cuando algo llamó su atención. Sus ojos hallaron un brillo en el suelo que relució en un tono plateado.
Miró a sus lados y no había ya nadie al que pudiese pertenecer aquel óvalo de plata descansando en el suelo. Dirigió sus pasos hasta él y reconoció que la pieza era un relicario antiguo hecho de oro blanco, cuyo frente se encontraba adornado con el relieve de una flor con seis pétalos y un centro que parecía un ojo oscuro. La pieza se veía autentica y de una procedencia ajena a Japón. Lo volteó y halló escrito en él: Famiglia Brucocello. Enmarcó una ceja con confusión. Siguió estudiando al relicario hasta hallar la pequeña perilla que daba apertura al mismo, de ésta forma sus ojos fueron conocedores que en la cara interna del lado derecho iba la fotografía de dos personas, una pareja que podrían aparentar tener un poco más que su edad, veinte años sería una edad aproximada. Por la otra cara estaba escrito "Manantial" en una grabación en kanji y bajo del cual se leía escrito de la misma manera "Orimoto" y una fecha: 14/05/2000.
¿Orimoto?
Koji levantó la mirada y recordó el momento en que aquella chica se marchó y acabó chocando con esos estudiantes. Cayó en cuenta que no sabía su nombre a pesar de que ella parecía conocerlo (aunque fuese por medio de la banda). Tomó con fuerza el pequeño objeto en su mano derecha y la apretó. Tiene que ser de ella, pensó y tenía toda la intención de ir a buscarla para devolvérselo, pero un tercero lo interrumpió y por la forma en que se abalanzó sobre su espalda sabía que se apellidaba "Shiota".
─ ¡Te atrapé, pedobear![2] ─Gritó Kazu con su característico ímpetu que sacaba canas verdes al Minamoto. ─¿Qué haces husmeando en tierra de menores, eh? ─se alejó de Koji, mirándolo con una sonrisa pícara en el rostro. Ante aquella mirada, él desvió la vista a otro punto mientras un vistoso sonrojo lo precedía. ─Ey, ey, mira nada más… El silencio otorga, ¿eh?
─ ¡No seas idiota, Kazu! Además es "el que calla otorga". ─bramó Koji comenzando a caminar, dirigiéndose a las escaleras que llevaban al siguiente piso. ─Si no vienes ahora, te dejo atrás.
─ Viejo, no seas intolerante. ─La risa de Hirokazu sólo empeoraba las cosas y su humor por sobre todo. Era una pena pero aquella chica tendrá que esperar por su relicario. Subieron las escaleras con Kazu hablando sobre lo divertido que fue el "viernes de solteros" que vivieron en su casa. Pasado un momento, cuando llegaron al segundo piso, el batero se fijó que faltaba alguien más entre ellos.
─ Dime, ¿tu hermano no vino?
─ Gran observador, Shiota. ─soltó sin mucha gracia. ─En realidad, se lo debe a tu súper "viernes de soltero" que organizaste tras el ensayo. ─Kazu lo miró sin comprender qué quería decir. Entonces Koji rodó los ojos. ─Koichi ha tenido un cólico, grandísimo genio.
─ No es culpa mía que no tolere beber demasiado. Además, no fui yo quien lo obligó, ¿o sí?
Koji se llevó una mano a la frente; no había forma de contradecir al batero, siempre se salía con la suya. Llegaron hasta el aula de música y se interceptaron con un muy dormido Yamato. El rubio bostezó nuevamente y con una mano cansada, los saludó a lo lejos.
─ Viejo, ¿es que acaso tienes una doble vida nocturna? ─ habló Hirokazu con una sonrisa divertida en el rostro. Yamato no le sentó muy divertido el comentario, mirándolo con cara de pocos amigos.
Las acostumbradas burlas de Kazu inundando el inicio de la mañana remontaron al interior del salón de música, donde cada quien se ubicaba en su puesto auto proclamado, hablando de la melodía que Koji había estado trabajando aquel fin de semana. Un bostezo por parte del Ishida bastó para llamar la atención del Minamoto.
─ ¿Sigues sin poder dormir, Yamato? ─ preguntó Koji. El rubio asintió levemente, tenía los ojos puestos en su guitarra, pero se notaba como luchaba contra la pesadez de sus párpados.
─ ¿Cómo es eso, Yama? ¿No que lo habías superado? ─ Fue Kazu quien habló, por primera vez sin nota de burla en su voz.
Era verdad que Yamato experimentaba constantes cuadros de insomnio tras la muerte de su padre, era algo normal según los especialistas, pues era un trauma que el joven debía cargar, junto con las secuelas correspondientes. Y a pesar de la insistencia de sus allegados, se rehusaba a medicarse para lograr dormir. Mucho tiempo había transcurrido para conseguirlo en forma, pero por lo que han notado sus compañeros de banda fue un efímero resultado. Claro que sus amigos ignoraban la verdadera razón de su nuevo insomnio, aunque tampoco él deseaba hablar sobre ello.
─ En realidad, no se trata de ese tipo de insomnio. –Mintió el rubio. –Ayer, Takeru y yo nos pasamos la noche en vela hablando. Sólo eso.
Tanto Kazu como Koji se miraron con un semblante que denotaba confusión. Viendo que sus palabras no resultaban ser muy creíbles para aquellos dos, Yamato alegó.
─ Tk necesitaba un consejo sobre algo, así que fui de psicólogo. Dormí apenas tres horas. –En parte, su mentira no era completa, pues era verdad que Takeru recurrió a su hermano mayor para acallar las dudas que asaltaban al quinceañero.
La mentira se iniciaba sobre que aquella sesión de charla con su menor haya sido la única culpable de que el Ishida no haya conciliado el sueño deseado, pero eso no necesitaban conocer sus amigos.
─ Al menos, pude hablar un poco con Takeru. ─ Sus compañeros lo miraron con curiosidad. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Yamato. –El enano es bMetropolitano Daiba en muchas áreas, pero sí que es un niño en uno específicamente.
─ Adivinaré… Su hermano mujeriego hablándole de mujeres, ¿no? ─ Yamato sonrió divertido ante las palabras de del Shiota. No pudo haberlo dicho mejor, pero lo gracioso estaba en que aun siendo el "mujeriego", como lo denominó Kazu, no podía dormir a causa de una en específico.
.
Volvió a picar la pelota que tenía entre sus manos un par de veces y luego la lanzó contra el aro que lo esperaba a unos metros de él. Una encestada perfecta, como diría su entrenador. Era muy bMetropolitano Daiba con los lanzamientos a larga distancia. Tenía precisión, enfoque y puntería. "Tenía visión", habían sido las palabras del Señor Mori cuando le mencionó sobre la beca que podría ganarse si continuaba jugando de esa manera.
Dijo "estas oportunidades no aparecen siempre, es por eso que son únicas." Tenía razón. No siempre aparecerán mismas oportunidades. Estaba muy emocionado sobre lo que podría venir y trabajaría muy duro por conseguirlo. Estar en la cancha con la pelota rebotando bajo su mano, mientras sus pies se movían con gracilidad a lo largo y ancho del suelo… No conocía otro sentimiento más liberador que aquel.
Sin embargo, estando experimentando todo eso en aquel momento, no se sentía como debería de sentirse. Es más, se sentía abrumado, cansado sin haber hecho mucho esfuerzo. No entendía qué le sucedía.
Volvió a picar la pelota con su mano derecha, mientras que con la izquierda, iba apretando el botón de "next" que tenía en los auriculares inalámbricos. Se decía que lo mejor era practicar con música, con aquellas baladas que solía escuchar su padre.
No tenía un vínculo muy fortalecido con su progenitor, quizá porque el divorcio entre sus padres se dio cuando él aún era muy joven y casi nada pudo compartir con Hiroaki. A pesar de ello, tenía muy grabado en la mente, como un tatuaje indeleble por el tiempo, las canciones que su padre oía en la radio. Yamato había heredado el gusto por la música que caracterizaba a su padre, en parte lo envidiaba porque era como la imagen del mismo Ishida Hiroaki y por ende, era el favorito del hombre.
A pesar de eso, él no podía sentir otra cosa que no fuese amor por su hermano. Siempre lo había cuidado y veía en él un modelo a seguir. Sonrió sin darse cuenta. A pesar de las diferencias que había entre ambos y que nadie podía negar, eran muy unidos y sabía que era en Yamato donde podía recurrir cuando lo necesitase. Al igual que la noche anterior.
Volvió a girarse sobre su cama con la intención de encontrar una posición agradable y por fin poder conciliar el sueño. Ningún cambio, seguía despierto. Tomó su teléfono y lo encendió, verificando lo que temía. Eran las dos de la madrugada y él aún no podía pegar un ojo. Tenía la cabeza sobrecargada de pensamientos tan dispersos, sin ninguna conexión entre ellos… O quizá sí. Porque todo confluía a un solo punto, a una sola idea y a una sola persona.
Kari, pensó. El Takaishi no podía quitarla de la mente, mucho menos olvidar la discusión con ella. Habían pasado varios días, pero sin lograr avanzar en lo que respectaba a la Yagami. La extrañaba, maldición. Pero no entendía qué se supone que debía hacer para arreglar las cosas, ella era muy complicada y no la recordaba de esa manera cuando niña; sabía que con la adolescencia las hormonas se alborotaban, pero aquella chica tenía sus hormonas declarando una guerra mundial.
Se sentó sobre la cama, era un hecho que no podría dormir como que acabaría durmiendo en la clase de matemática, por ende, la maestra lo mandaría al frente a resolver los ejercicios y lo pondría en ridículo. Suspiró cansinamente. Sabía lo que le esperaba y no era divertido; se revolvió los cabellos con hastío.
─ Necesito agua. –Se dijo y con aquella motivación, salió de la cama, caminando hacia fuera de su cuarto para ir hasta la cocina. Las luces apagadas no representaba ningún problema para él, puesto que se conocía aquel lugar tan bien que incluso lo recorrería con los ojos vendados.
Llegó hasta la cocina y ni se molestó en encender la luz, directamente fue hasta la alacena y sacó un vaso limpio, lo cargó con agua y se puso a beber. A mitad de la acción, sus ojos fueron recorriendo a su alrededor, llamándole la atención que a través del vano que conectaba la cocina con la sala, se vislumbraba el brillo del exterior. Su madre acostumbraba a cerrar las cortinas, razón por la cual la casa permanecía en total penumbra durante la noche; hallar tal brillo sólo le decía que la ventana de la sala que daba al pequeño balcón, yacía abierta.
Una repentina excitación caló por la espina dorsal del joven, así que dejó su vaso sobre el desayunador con tal cuidado que no hiciese ruido, para comenzar a avanzar hacia la sala con cautela y sigilo. Las cortinas de la ventana se movían conforme la brisa nocturna les decía, no cabía duda, el ventanal estaba abierto. Avanzó un poco más, pero entonces el aire le faltó por un momento.
Pudo ver la silueta de su padre en el balcón, recostado contra el barandal con su típica pose, sosteniendo entre los dedos de su diestra un cigarrillo. Parpadeó un par de veces, no pudiéndose creer lo que estaba viendo y cayó en cuenta que se trataba de su hermano mayor. Aún tenía el corazón acelerado por aquel juego óptico, cuando Yamato se enderezó y volteó a ver a sus espaldas.
El rubio pareció sorprenderse también de verlo ahí, así que lo primero que hizo fue tirar el cigarrillo a medio terminar contra el piso y pisarlo.
─ Takeru…
El más joven fue hasta su hermano y salió al balcón, bajo la atenta mirada del Ishida. Tk miró el horizonte, recuperando el aliento que el susto de ver a su padre le causó. Sonrió entonces, llamando la atención en Matt. Lo miró entonces.
─ Por un momento, creí que eras papá. –Los hombros del mayor se relajaron ante aquellas palabras, pudiendo ver una ligerísima sonrisa en su rostro. Miró el suelo, donde el cigarrillo descansaba bajo el pie de Yamato. –Él hacía lo mismo… Para que mamá no lo viese, venía a fumar aquí.
Yamato dejó escapar una pequeña risa al recordarlo. El viejo sí que buscaba la forma de fumar y se las ingeniaba. Las noches en aquel balcón eran dedicadas a su querido vicio. Eran uno de los pocos recuerdos que guardaba preciadamente de su padre, cuando aún vivían juntos; recuerdos que no se reducían a peleas con Natsuko.
─ Creí que habías dejado de fumar…
─ Lo hice… Esto es un sueño. –Matt sonrió con inocencia a lo que su hermano lo golpeó en el hombro. ─¡Ey!
─ No, lo sentí muy real. –Yamato quería seguir bromeando, pero viendo la seriedad con que Tk lo miraba, prefirió dejarlo para otro momento. Matt sabía lo mucho que Takeru odiaba verlo fumar, siendo el inicio de constantes peleas entre ambos los primeros días que el Ishida empezó a vivir con los Takaishi. ─¿Por qué lo haces?
Matt bajó la mirada con pena, se lo veía avergonzado y es que así era. Él siempre había criticado a su padre de haberse dejado llevar por su vicio, de haberse dejado morir por él, pero Matt no mostraba ser diferente. Suspiró.
─ En verdad, hace tiempo que dejé de fumar… Me limito a hacerlo en casos de extrema necesidad. –Se sinceró.
─ ¿Cuál es tu extrema necesidad en estos momentos? –Preguntó Tk sin pisca alguna de gracia en su voz.
Matt no lo miró, no podía. Se limitó a mirar el cielo y respirar.
─ Es complicado… Y…Yo… ─Por un momento a Takeru le pareció ver en su hermano como si él acabara de darse cuenta de algo, entonces volteó a ver a su menor. ─¿Qué hacías despierto? ¿No podías dormir?
Tk se sonrojó un poco y volteó a ver a otro punto, recordando la razón por la cual el insomnio no lo dejaba.
─ N…No quieras cambiarme de tema.
─ No, a ti te pasa algo, enano. –Acusó Matt casi disfrutando de la vergüenza en él. Takeru trataba de volver al tema anterior, pero Yamato era persuasivo, lo conocía perfectamente y sabía cómo hacer hablar a su pequeño hermano.
Tras la insistencia de Matt, Takeru accedió a contarle todo lo que estaba afligiéndolo. Se sentaron en la sala con una media luz, para que su madre no los sintiera y comenzó a contar todo lo que había sucedido, desde la llegada de Wallace, el repentino interés por su mejor amiga y la cercanía que guardaba ésta para con el norteamericano, incluso le contó sobre su discusión y el vergonzoso show montado el día de la asamblea estudiantil.
Yamato lo fue escuchando atentamente, sin emitir opinión alguna hasta el final. Para cuando Tk acabó, esperó pacientemente a que su hermano le dijera algo, aunque sea una palabra, sin embargo Yamato lo miraba seriamente. Estaba por volver a hablar, pero el Ishida lo interrumpió golpeándolo en el brazo.
─ ¡E— Su protesta fue acallada por la mano de Matt. ─ ¿Por qué fue eso?
─ No queremos que nuestra madre se despierte, ¿o sí? –Respondió Yamato con una sonrisa divertida. Tk rodó los ojos.
─ No eso… ¿Por qué me golpeaste?
─ Oh, simple… ¡Eres un tremendo idiota! –Antes de que Tk contraatacara, volvió a hablar Matt. –Hermano, te quiero, lo sabes. Pero creo que pasas mucho tiempo con Davis y se te está pegando su "latosidad". ¿Es que acaso no hablan de mujeres? –Takeru estuvo por responder a eso, pero nuevamente fue interrumpido por Matt. –Cállate, no respondas, porque American Next Top Models no cuenta. Dios… ¿Cómo es que nunca hablamos de esto? Bien, te diré algo, has estado viviendo en una bola de cristal durante tanto tiempo que no te has fijado que Hikari ya es grande.
─ ¿Puedes saltar la parte donde me insultas?
─ Es la mejor parte, pero está bien. –Se aclaró la garganta. –Lo que a ti te está pasando es que estás celoso. –Se tuvo que morder la lengua para no reír por la mirada que le dirigió su menor. –Sí, estás celoso de Wallace porque despierta en Hikari cosas que crees que tú no. Y ella, bMetropolitano Daiba… Ha esperado mucho tiempo, así que creo que hace lo correcto en salir con el gringo éste.
─ ¡¿Qué?! –Yamato le hizo callar nuevamente a lo que Tk rezongó molesto. ─¿Por qué la apoyas? ¿De qué lado estás?
─ De ninguno. Escucha, ella ya ha madurado y está cansada de andar con un par de niños, así que si quieres un consejo… O te alejas de ella –viendo el fruncir de ceño en su hermano, sonrió. –o maduras y la buscas.
─ ¿E…En qué sentido?
─ Takaishi… ─El mayor buscó palabras correctas que se adecuen a lo que estaba tratando de hacer entender a su menor. ─¿Qué sientes por ella?
«¿Qué siento por ella?» Se volvió a repetir conforme corría por la cancha solitaria en dirección al aro y se impulsaba sobre sus pies, saltando a por la argolla y encestaba.
Aquella pregunta, a pesar de no ser la primera vez que la escuchaba, lo tomó por sorpresa. ¿Amistad? No… No había que ser muy maduro para darse cuenta que lo que sentía por la Yagami superaba lo que había conocido. ¿Amor? No lo sabía. Pero de algo estaba seguro, ya no la veía como antes. Ante sus ojos, ya no se trataba de la fanática del agua, de la poco femenina y enérgica niña de quien hablaba. Pudo descubrir que la "niña" se había vuelto tan esbelta y tenía un caminar un poco distraído pero encantador; que se concentraba en pequeños detalles que para muchos resultaban insignificantes; que sus ojos brillaban al observar el brillo nocturno del agua; amaba ver películas de suspenso, sentada en su sofá mientras apoyaba sus piernas sobre las de él.
Fue hasta la última pelota que había lanzado y retomó su posición de defensa para rebotarla. Aquel día, se había levantado temprano con la simple idea de verla, de poder hablar con ella pero cuando puso un pie en el Instituto, comenzó a llenarlo la incertidumbre y el miedo. ¿Qué le diría? ¿Cómo reaccionaría ella? No, no podía hablarle teniendo tantas cosas en la cabeza. Así que su solución fue ir al gimnasio y ponerse su uniforme de basket en los vestidores y comenzar a practicar. Su hermano se refugiaba entre notas y acordes para pensar, pues él lo haría con el basket.
Y allí se encontraba practicando, sin tener en cuenta la hora ni el tiempo, no le interesaba que las clases hayan dado inicio, sólo deseaba alejarse de todo y jugar, tratar de apaciguar el torbellino de ideas que le impedía pensar con claridad.
Cuando estuvo listo, fue corriendo hacia el aro y se impulsó nuevamente para encestar. Fue perfecto, se repitió estando colgado del aro. Finalmente se soltó y aterrizó con tanta precisión que sonrió para sí mismo. Quería repetirlo, tenía que hacerlo. Comenzó a retroceder para voltearse a iniciar una corrida hacia la primera pelota que hallase cerca suyo, pero el ver a Kari materializada detrás suyo, lo sorprendió tanto que olvidó como frenar y se le fue encima.
Un estrepitoso ruido de dos cuerpos cayendo al suelo fue lo que llenó el gimnasio. Ambos echaron protestas por el dolor recibido, Takeru comenzó a razonar y ver a Hikari debajo suyo con los ojos fuertemente cerrados, quejándose por el repentino golpe, lo asustó. Dejó de apoyar su cuerpo contra el de la más joven y centró todo su peso sobre sus brazos.
─ Kari… Lo lamento.
─ ¿Qué acaso no me escuchaste, tonto? –Le recriminó. –Te estuve llamando desde la entrada pero no me hacías caso. –Tk se quitó los auriculares y se los enseñó. –Claro, debí suponerlo.
─ Lo lamento… Pero, ¿qué haces aquí?
Ella dejó de quejarse para mirarlo a los ojos. Ligeras perlas de sudor adornaban el rostro de su amigo, mientras su respiración se notaba ciertamente acelerada. El rostro de Kari se tornó rojo entonces.
─ ¿P…Podrías…apartarte?
Takeru también se sonrojó pero por haberse mantenido encima de ella por tanto tiempo. «¡Idiota!» Se gritó mentalmente Tk, mientras se reincorporaba y tendía una mano a Kari para que hiciera lo mismo. Ella lo tomó y se enderezó, arreglándose el uniforme.
El Takaishi la miró hacerlo, le gustaba cómo le sentaba la falda del Instituto aunque ella no se ameritaba tal detalle, razón por la cual casi nunca llevaba la falda puesta, prefiriendo por encima de todo los pantalones de gimnasia. Cuando se dio cuenta de lo que su mente estaba pensando, desvió la mirada a otro punto. ¿Qué demonios sucedía con él?
─ Entonces, ¿a qué has venido? –Habló el chico fingiendo estar interesado en las rayas que contenía la pelota de basket, como si no se la supiese ya de memoria.
─ Yo… Quería hablar contigo. –Ante sus palabras, el rubio la miró y encontró vergüenza en el semblante de la joven. Un lindo tono carmesí descansaba en sus mejillas, haciéndola lucir adorable. –No quiero que estemos peleados, Tk. Eres mi mejor amigo –lo miró por fin. –yo creo que ambos actuamos mal.
Él sonrió y se acercó a ella para posar sus manos sobre los pequeños hombros de la Yagami.
─ Si, ambos estuvimos mal. Lamento haber sido tan poco comprensivo. –Recordó las palabras de su hermano mayor y se mordió el labio inferior.
Yamato se paró del sofá e hizo leves estiramientos. Takeru por su parte, seguía mirando a la lejanía, concentrado en la charla que tuvo con su hermano.
─ No te tortures con todo esto, Tk. Sólo quiero que entiendas que si quieres a Hikari como dices quererla, que aceptes lo que ella desea. Que antepongas sus necesidades a las tuyas… ─El Takaishi no podía ver el rostro de su hermano, pero por la forma en que los hombros de éste estaban caídos, supuso que estaba portando un semblante derrotado. –Si consideras que ella está mejor lejos, pues mantenla así.
En aquel momento, resultaba fácil el decir que lo haría, que no tendría en cuenta sus propias necesidades sino las de la joven. Pero plantado delante de ella, no sabía si podría pronunciar las siguientes palabras. Cerró con fuerza los puños a cada lado suyo y trató de sonreír con sinceridad.
─ Actúe como un niño y lo lamento en verdad. No te comprendí, fui… Creo que estuve celoso de que se robaran a mi mejor amiga… –Ella lo miraba en silencio conforme iba hablando él. –Pero quiero que sepas que haces una bonita pareja con Wallace. ¡Mis dos grandes amigos siendo pareja, en verdad es…Maravilloso! –Finalizó acercándola a él para abrazarla. Por un momento sentía que, tras decir aquellas palabras, no tendría fuerzas en sus brazos ni en sus piernas pero ante la manera en que ella le correspondió, regresó a la realidad y la apretó aún más contra él.
─ Tk… ─Ella se separó de él lo suficiente para mirarlo a la cara, pero él no entendía por qué el rostro de la joven se veía tan triste, sus ojos estaban vidriosos y atentaban a echar lágrimas, no obstante, una sonrisa estaba dibujada en el rostro de la Yagami, pero no cuadraba con la tristeza que enseñaba. ─En verdad eres un gran amigo… ─dijo lo último casi en un susurro.
Ella dio un paso al frente y se acercó al rostro de Takeru. Se miraron un momento pero entonces, ella besó su mejilla. Una pequeña sonrisa le dedicó seguidamente para así darle la espalda. El rubio, por su parte, la miró sorprendido; ella no era muy demostrativa en cuanto al afecto físico, así que aquel beso sería uno de los pocos, si no es el primero, que ella le daba. Se llevó una mano a su mejilla y sonrió levemente, bajando la mirada al suelo.
― Bien, Tk. Me voy marchando, no quiero llegar tarde. –Lo miró por sobre el hombro, fingiendo una mirada seria. –Y si no quieres llevarte otro reporte de llegada tardía de la Señora Minami, será mejor que vayas moviéndote también tú.
― ¿Quién eres, mi madre? –Preguntó riendo a lo que ella rió también, pero comenzó a caminar para volver a salir por donde había llegado. Takeru la vio caminando y tuvo el impulso de atajarla, que no se marchara, pero debía de controlarse y no ser impulsivo, lo sabía. Pero no pudo con su genio. –Ey, mira… Llevas falda. No te queda tan mal, Kari.
La castaña se detuvo abruptamente en su caminar, haciendo que Tk sonriera satisfecho de que su mejor amiga, a pesar de conocerlo, siempre acababa cayendo en sus trampas. Lo que no esperaba el Takaishi era que Kari haya tomado en mano uno de los balones naranjas que se encontraba cerca de ella y con una velocidad abrumadora, se la haya lanzado. Si Takeru no tuviese experiencias con lanzamientos sorpresas la historia sería otra, pero el rubio atajó con precisión la pelota que su amiga le lanzó y a juzgar por el ardor que sentía el capitán del equipo de basket en las palmas de sus manos, supo que Kari estaba molesta.
― ¡No me lo pongo para que te guste, Takaishi!
Ver el rostro sonrojado de Hikari no tenía precio ni aquellas rabietas que parecía impropio de la tan tranquila capitana del club de natación. Tk, por su parte, amaba esa parte de ella que desde pequeño conocía. Él volvió a devolver el balón; ella lo tomó con facilidad, aunque él no se lo había lanzado con las mismas intenciones asesinas que la Yagami.
― Pues deberías, soy tu mejor amigo.
― Muy gracioso, Tk. –Comentó ella intentando mantener su seriedad, volvió a lanzarle le balón pero sin menos fuerza. -¿Es que acaso debo de preguntarte como me queda todo para que yo pueda salir a la calle? No me hagas favores.
― ¿Por qué no? –Preguntó con su típica sonrisa angelical que la hizo vacilar, ese rostro de niño que hacía delirar a todas sus compañeras de curso.
― ¡Vaya, –comenzó a decir tratando de hacer pasar el sonrojo en su rostro. –así que las hormonas te están lavando el cerebro! –Recibió el balón con facilidad y volvió a aventárselo.
― ¿Hormonas? ¿De qué hablas? –Rio para así hacer girar la pelota naranja sobre su dedo con tanta facilidad que hizo sonreír a su amiga. –Si te pones labial para salir con Wallace, por lo menos vístete para mí. ¿Es justo, no? –Y dicho esto volvió a lanzarle el balón a Kari, pero no contó con que la chica estuviese distraída y la pelota dio de lleno contra su cabeza.
Hikari, que estaba tan concentrada en no perder de vista la pelota de basket, quedó con la mente en blanco tras oírle decir aquello a Tk. "Si te pones labial para salir con Wallace, por lo menos vístete para mí. ¿Es justo, no?" ¿Cómo se suponía que debía tomar esas palabras? Cuando se dio cuenta, estaba mirando el techo mientras la fría cancha adormecía su espalda. Enseguida vio el rostro de Takeru encima del suyo con un claro semblante de preocupación.
― ¡Kari, mírame! ¿Estás bien? –Él la ayudó a sentarse en el suelo pero ella aún estaba con la cabeza dándole vueltas. -¡Lo siento tanto, creí que atajarías el balón! ¿Qué te ocurrió? Te colgaste de repente.
― Yo…
Lo miró y se dio cuenta que la cercanía de sus rostros era tan ínfima que sentía el aliento de Tk chocando contra el de ella. Los castaños ojos de la muchacha recorrieron el rostro de Tk y la belleza de sus ojos hizo que su corazón palpitara con mayor fuerza. Se llevó una mano al pecho y lo apretó fuertemente. No quería sentirse así cada vez que estaba frente a él. ¿Por qué tenía que reaccionar de esa manera cuando él estaba cerca suyo? Bajó la vista hasta lo labios de su amigo, ligeramente húmedos porque Tk siempre tenía la costumbre de relamérselos. Una corriente eléctrica la tomó desprevenida con esos pensamientos en la cabeza, con un deseo por acercarse a él y besarlo, probar de ellos y también humedecérselos.
Kari no estaba respondiéndolo y eso comenzó a darle terror. ¿Es que acaso el golpe de la pelota fue más fuerte de lo que creyó? ¿Acabó de dañar el cerebro de su amiga? ¡¿Qué haría?! ¡¿Qué demonios acabó de hacer?! Tomó el rostro de Kari entre sus manos y observó sus ojos en caso de que éstos mostraran alguna anomalía, sangre o algo semejante. Estaba aterrado, no quería ser el causante de algún dolor suyo, prefería morir antes de ser el culpable de algo que la lastimara. Ella lo miraba a los ojos pero parecía tan lejana y confundida, entonces vio como los castaños orbes de la Yagami bajaron hasta sus labios y la simple idea de que ella los esté observando, hizo que él se los relamiera inconscientemente. ¿Por qué lo estaba mirando de esa manera? ¿Ella en verdad estaba bien?
― Kari, por el amor de Dios… Dime algo. –Volvió a hablar Tk sin poder creerse que ella aún no había dicho palabra alguna.
El sonido del balón estrellándose contra la cabeza, ahora del Takaishi, resonó en todo el gimnasio. Tantas preguntas afloraron en su mente, primeramente ¿quién le había lanzado por la espalda aquella pelota? ¿Por qué razón lo hizo? ¿Por qué estaba besando a Hikari? ¿Por qué…? Tk abrió los ojos desmesuradamente al ver que era verdad, sus labios estaban sobre los de Hikari, quien también lo miraba confundida.
"Estas oportunidades no aparecen siempre, es por eso que son únicas." Escuchó la voz de su entrenador en la cabeza. Seguidamente, aquella voz se volvió demasiado real al oír cómo lo llamaba.
― ¡Takaishi! ¡¿Qué demonios estás haciendo?! –La voz del entrenador Mori llenó el gimnasio. Los dos jóvenes se separaron como si aquel tacto les haya consumido los labios. Takeru volteó a ver al entrenador plantado en la entrada del gimnasio con otro balón entre las manos, dispuesto a lanzárselo en caso de ser requerido. – ¿Qué es todo este desastre? –preguntó refiriéndose al revoltijo de pelotas desperdigadas por todo el campo.
Hikari vio cómo todos los músculos de su amigo se tensaron al ver la hombre, entonces Tk se alejó de ella para ponerse de pie y mirar al hombre con claro semblante de culpabilidad, como cual cachorro que ha sido regañado por su dueño al encontrar sus zapatos totalmente mordidos y empavonados con saliva.
─ S…Sólo estuve practicando un poco. –Respondió Tk sin despegar la mirada del hombre. Kari también se puso de pie con lentitud, aún con la cabeza dándole vueltas. Tk la miró y le tocó la parte donde la pelota dio impacto. –Será mejor que te vayas. Te alcanzaré enseguida, ¿bien? –A pesar de la sonrisa que le dedicó su amigo, se notaba muy nervioso y ansioso. Ella sólo asintió y caminó hacia donde se hallaba la salida, pasando junto al entrenador, sin antes hacer una reverencia en forma de saludo que el hombre respondió pero de muy mala gana.
Tk la vio marcharse y se sintió peor a cuando ella iba a dejar el gimnasio la primera vez. Muchas cosas habían sucedido en cuestión de segundos y no podía procesar nada aún, sólo podía concentrarse en la figura del entrenador Mori, quien le sostenía la mirada ceñuda.
─ Escúchame, hijo… -Comenzó a hablar el entrenador mientras iba a cortando distancias con su jugador estrella. –No me interesa lo que hagas o dejes de hacer con tus novias, pero si esa niña te está distrayendo… -Dejó la frase en el aire, que enseguida recibió como respuesta una negación por parte de Tk.
─ Es sólo una amiga, le prometo que no volverá a suceder, entrenador Mori. –El hombre asintió tras mirarlo un momento, esperando encontrar sinceridad en los ojos de su estudiante. Satisfecho, le dio unos golpecitos sobre el hombro.
─ Éste viernes empieza la temporada de amistosos… ─Recalcó el hombre con tono firme. –Recuerda para dónde estás apuntando, Takaishi. –Tras recibir un asentimiento por parte del rubio, el hombre le sonrió ligeramente para así caminar hacia la salida. ─ ¡Limpia todo este desastre y vete a clases, hijo!
Takeru asintió a las indicaciones del mayor y así comenzó a guardar las pelotas en la bolsa negra de tela de la cual las había sacado en un principio. Su cuerpo accionaba pero su mente estaba lejos de la realidad, por fin pudiendo procesar lo que acabó de suceder. Metió la última pelota dentro de la bolsa de tela para así mirar el contenido naranja dentro de ésta. «Y…Yo… Hikari y yo…» Frunció el ceño y negó con la cabeza efusivamente. No, aquello no podía considerarse un beso, fue sólo un golpe que provocó que sus labios acabaran sobre los de su amiga… Sólo eso. «Sólo eso»
Por su parte, Hikari avanzaba por el pasillo con acelerado andar ya que estaba por empezar la primera clase. No era tan motivador tener como primera materia de un lunes matemática aplicada y más cuando la maestra se empecinaba en repartir hojas de llegadas tardías a diestra y siniestra. Conforme llegó al salón y verificó que la mujer aún no había llegado, dejó escapar un suspiro de alivio. Hizo correr la puerta a un lado e ingresó al revoltijo de alumnos, aun disfrutando de la ausencia de la docente.
Fue a sentarse en su sitio cuando Juri voltea a verla con una sonrisa.
― Hikari, al fin llegas. Creí que te habías escapado. –Bromeó la muchacha, tomando asiento junto a su amiga. -¿A dónde has ido, a todo esto?
―… -Kari dejó de sonreír con naturalidad ante su pregunta, pues recordó qué estaba haciendo un momento atrás y con quién. Su rostro se tornó colorado, comenzó a hiperventilar sin comprender realmente lo que sucedió, dejando que un tic nervioso se apoderara de su ceja. Todo había pasado tan rápido que no tuvo tiempo para pensar o digerir lo acontecido. Juri, por su parte, inclinó su cabeza en clara señal de no comprender la reacción de Kari ante su pregunta.
― ¿Por qué estás tan roja? ¿Tienes fiebre?
― N…No, es sólo que… -La puerta del salón se abrió repentinamente y entonces Takeru entró corriendo como alma que se lleva el diablo.
Aquella entrada triunfal fue suficiente aviso para que todos los alumnos comprendieran que la maestra estaba a tan sólo pasos de entrar al salón. Todos y cada uno, dejaron lo que estaban haciendo para ir a donde sus respectivos asientos y situarse en ellos, fingiendo que estaban resolviendo algún problema matemático o algo semejante que no provocara el regaño por parte de la maestra.
Hikari vio sentarse a su mejor amigo, unos lugares por detrás a ella. El chico, aún con la respiración agitada, se ganó varios comentarios graciosos por parte de los compañeros vecinos a él, siendo respondidos por la acostumbrada sonrisa radiante del Takaishi. Antes de que él se fijara que estaba siendo blanco de sus castaños ojos, la Yagami miró al frente con el ardor en sus mejillas. «Tranquilízate, Hikari… Sólo fue un beso… Sólo fue… Tu primer beso.» Sus pensamientos fueron interrumpidos por el resonante golpe que dio la puerta cuando ésta se abrió y dejó ver la figura veterana de la maestra de matemáticas. Aquello era ideal para despejar la cabeza de esos pensamientos.
Volvió a mirar a sus espaldas y se fijó que Tk la estaba observando, entonces lo vio sonreír. Ella trató de hacer lo mismo pero sólo consiguió desviar la mirada al frente, de regreso a la Señora Minami.
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La noticia de que una reunión general del Centro de Estudiantes se desarrollaría en horas del almuerzo, llamó la atención de la mayoría de sus miembros, pero ahí estaban, situándose en sus respectivas sillas, esperando porque la reunión tuviese lugar. Mimi cruzó el umbral de la puerta, cerrándola detrás suyo y caminando hasta su lugar en silencio. Observaba a todos los presentes, todos y cada uno de los asientos estaban ocupados por los miembros del comité, sonrió satisfecha en sus adentros hasta que sus orbes castaños se encontraron los de su mejor amiga. Ambas se sostuvieron la mirada en silencio, pero eso no frenó el paso de la Tachikawa.
Tomó lugar en su sitio y abrió una carpeta que sacó de su bolsón. Enseguida, habló.
─ Bien, los he citado en este horario debido a que la primera actividad del año se está acercando rápidamente y necesitamos ponernos en campaña. Tenemos a un nuevo miembro dentro del plantel que se presentó como reemplazo de la presidenta del club de teatro en la anterior reunión y me complace anunciar que esta estudiante tiene magníficas ideas que proponer para dicha actividad. –Sonrió a Orimoto, cuyos ojos brillaban de emoción. –Procede, Orimoto.
─ Sí, digo… Gracias, presidenta. –Hizo un saludo al resto de presentes y sacó de entre las hojas de su cuaderno, unos apuntes escritos a mano. –Bien, como ha dicho la presidenta, la primera actividad vecina es la del Hanami y es uno de los más importantes a nivel general, por lo cual debemos poner mucho empeño el hacerlo bien. –Buscó entre los apuntes uno en específico y así leyó un momento para continuar. –Viendo el descenso en el porcentaje académico de varios estudiantes, se me ocurrió unir este problema y convertirlo en la razón de ser para la organización del Hanami…
─ Disculpa, ─una mano se levantó de entre los miembros del comité, interrumpiéndola. ─¿cómo es eso de convertirlo en la razón de ser? ¿Dónde un problema es solución?
─ Pues así como suena. –dijo sonriendo y enseñándole sus apuntes. -La idea es emplear otro método de enseñanza, en donde el alumno no tenga que estar anclado a un libro por horas sin lograr nada más que repetir como un rezo la lección. –Miró a una de las comensales. –Himekawa─san había dicho que uno de las áreas de menor rendimiento era la de historia, pues aquí veo la solución. Que el Hanami se convierta en una clase de historia en donde cada uno pueda vivir en persona lo sucedido durante la Era Meiji y por ende, comprender mejor de qué va la lección.
─ ¿Tu punto es? –Preguntó otro compañero, un tanto impacientado por no ver a dónde quería llegar la rubia.
─ Organizar los preparativos del Hanami, fomentando la historia y que cada alumno dentro del Instituto trabaje para esta actividad. Por ende, todos los que participen que vayan acumulando puntos que les ayude a aumentar su porcentaje académico. Es… enseñar historia de una forma más divertida.
─ ¿Y qué me dices de física? O ¿ciencias? –Preguntó otro.
─ Pues sería lo mismo, salvo que con otra actividad recreativa que fortalezca el aprendizaje real de las personas.
Todos iban asintiendo conforme hablaba Izumi, realmente convencido de lo que estaba hablando la chica. Mimi le dirigió una sonrisa de satisfacción a la menor, pues estaba ganándose al público y cabe destacar que los miembros del comité eran muy quisquillosos.
─ Entonces, ─habló Yolei acallando los cuchicheos entre los presentes, haciendo que la vista se centrara en ella. ─¿cuál es el plan para el Hanami? La directora Oda había eliminado ésta actividad, por lo que debes de tener una muy buena razón para llevarle la contraria. Lo único que veníamos haciendo los últimos cinco años era ir a los parques a presenciar la caída de los pétalos de Sakura.
La rubia comenzó a repartir hojas unidas con presillas a cada miembro del comité y todos observaban con curiosidad lo que iba escrito y dibujado en él. Era la imagen de la portada de la película "Flor de cerezo"[3], seguidamente iban fotografías de Seki Minako[4] en distintos bailes de butoh[5] y finalmente, un pequeño texto con el título "Leyenda del Sakura".
─ Cómo pueden ver, hay tres referencias sobre el Hanami en aquellas hojas y es esa la idea, realizarlas para conmemorar ese día tan importante. Una serie de actividades que comprometan a todos los estudiantes del Instituto y sea, de igual manera, una representación pública, como un tipo de festival con el cual se fomente el gusto por lo tradicional y nuestro.
─ Entiendo, pero ¿cómo pretendes realizarlo? Es decir, el Hanami tiende a durar dos semanas, no estarás planeando realizar un festival que dure dos semanas, ¿o sí?
─ No necesariamente tiene que durar muchos días. Lo que trato de explicar es juntar las artes tradicionales de Japón y realizar un acto conmemorativo. –Enseñó la portada de la película. –La idea que les propongo es hacer una representación teatral del Hanami, pero viendo que estamos cortos de tiempo, sugiero que el trabajo sea distribuido a varios clubes, de esa manera, el trabajo simplificado se hará rápido y efectivo.
─ Creo que es una buena idea.
─ Así es, me parece genial. –Aportó otra persona.
─ Está muy bien, ─dijo ahora Mimi, quien había guardado silencio hasta ese momento. ─ ¿pero cómo sugieres que pongas a trabajar a todos los clubes si el factor tiempo es débil?
─ Simple… Una obra de teatro que cuente la leyenda del Sakura, utilizando cierta cantidad de actores, pero en lugar de que ellos estén memorizando guiones, se fusionará un elenco musical que relate la leyenda. –Todos parpadearon ante sus palabras, sin poder creerse lo que estaba proponiendo. ─Lo que trato de decir es que mientras se realiza la obra, no existirá ningún momento de silencio; en lugar de eso, habrá un acompañamiento musical o un Soundtrack con el cual, las personas comprendan de qué trata la historia. Como el teatro Nô[6], salvo que con más actores. ¿Comprenden?
El silencio se instaló en la sala, haciendo flaquear la determinación inicial de la Orimoto; se encogió de hombros, temiendo por los comentarios que vendrían a continuación, porque era un hecho que no les gustó su idea. Cerró los ojos esperando por lo que dirían, en lugar de eso, unos aplausos se escucharon provenientes de la primera comensal: la presidenta. A continuación a ella, Yolei comenzó a aplaudir y tras ella, otros compañeros más. Izumi levantó el rostro hacia los presentes sin poderse creer lo que estaba viendo, todos le estaban sonriendo con satisfacción y aceptación en el rostro. Su corazón comenzó a latir con fuerza y su sonrisa se debatía en el rostro.
Mimi fue la que habló entonces.
─ Voto a favor del proyecto. –Levantó su mano.
─ Yo también. –Dijo otro compañero, dando inicio a la aprobación colectiva para el proyecto "Hanami".
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Cuando estuvo preparado el reporte sobre el Proyecto Hanami para que la Directora del Instituto diese el visto bMetropolitano Daiba, Mimi se encaminó al despacho de la misma. Llegó hasta la secretaria de la mujer y ésta la saludó con un asentimiento de cabeza. Si fuese cualquier otro estudiante, era un hecho que el recibimiento por parte de ésta sería diferente, pero al tratarse de la Presidenta Estudiantil, las cosas cambiaban.
― BMetropolitano Daibas días, Señora Sanjo. ¿Se encuentra disponible la Directora Oda?
― Permíteme ver. –Dice la mujer de mediana edad al tomar el teléfono en mano y marcar el interno de Oda. Tras una breve charla con la directora del Instituto, cuelga y mira a Mimi. –Puedes pasar, pero que sea rápido. Está con algunos asuntos.
« ¿Asuntos más importantes que los de su propio Instituto?» pensó la castaña pero quedó allí, dentro suyo. Agradeció a la secretaria y se acercó hasta la puerta de la Directora para dar unos breves golpecitos, informando de su presencia. La voz de la mujer tras la puerta se oyó con fuerza, indicándole que podía pasar y así lo hizo, cerrando la puerta tras ella con cuidado.
― BMetropolitano Daibas días, Directora O…
― Vaya al grano, Tachikawa. No sé si Sanjo le ha informado que estoy corta de tiempo. –La directiva se encontraba sentada tras su escritorio completando unos cuantos papeles, sin haber dedicado mirada alguna a la alumna. Mimi infló los cachetes con molestia ante el poco trato que poseía la mayor, pero prefirió expulsar el aire con tranquilidad. Después de todo, había ido a verla con el fin de que aceptara el proyecto; no podía darle motivos por los cuales no lo haga. -¿Y bien?
― Se trata sobre el primer proyecto estudiantil del año. Es la actividad del Hanami, nosotros hemos…
― ¿Hanami? ¿Qué acaso esa actividad no fue removida de la malla de actividades del colegio? –La mujer dejó de escribir para recostarse sobre su gran sillón y llevarse a los labios la taza de café que descansaba sobre el escritorio.
― Se lo ha reincorporado por un fin académico, Directora. –Vio como ésta enarcó una ceja y Mimi comenzó a perder la paciencia. –El proyecto del Hanami tiene por objetivo cambiar la temática de enseñanza en cuanto al área de historia y…
― Espera, -Mimi detuvo sus palabras cuando Oda levantó la mano y le dio una pausa a su discurso. -¿esperas que acepte un proyecto en donde pone a juicio el desempeño académico de mi institución?
La estudiante tragó saliva con algo de temor. Entendía por qué todos odiaban ir al despacho de la Directora. Era una mujer que expresaba tanta autoridad como miedo y éste último era uno de las armas más eficientes que empleaba. Todo a base del miedo y la amenaza. La mentalidad japonesa no era tan difícil de alterar cuando se tiene la palabra "orden" y "eficiencia" en la oración, pero al estar vinculado con el coaccionar de un miedo subliminal, la acción era procesada inmediatamente y la productividad era la correcta.
― N…No… -Soltó casi ahogándose ella misma. Trató de mantenerse firme pero la directora poseía tal fuerza que la estaba haciendo retroceder. –Jamás lo haría. –La muchacha comenzó a pensar que si mencionaba el descenso de la categorización de promedios de estudiantes del año pasado, perdería la oportunidad de que aceptara el proyecto. Cerró los ojos un momento y respiró con calma. No podría poner en peligro el trabajo de sus compañeros. Miró a Oda y sonrió con inocencia. –Es sólo que como Presidenta Estudiantil, deseo motivar el trabajo en equipo de nuestros estudiantes. Como sabrá, cada club está en lo suyo, no tiene en cuenta a otros que quizá necesiten ayuda. Ésta actividad tiene como objetivo precisamente eso: ayudar a una buena integración para mejorar el relacionamiento a lo largo del año.
Oda la observó con los ojos entrecerrados, estudiándola tanto a ella como a sus palabras, intentando entrever alguna farsa en ellas o trampa que luego pueda arrepentirse. Mimi seguía sonriendo con una naturalidad que hasta el más desconfiado podría creérsela. Oda tomó la taza entre sus dedos y con la mano libre le pidió que le enseñara la hoja con las actividades del proyecto. La Tachikawa se lo entregó y esperó pacientemente su reacción, cruzando los dedos internamente, rogando porque pudiese aceptar sin problema.
― Veo que han hecho de las actividades una recreación cultural… -Mimi sonrió con satisfacción, pero entonces Oda torció el labio, unas gruesas líneas coloreadas en un rojo intenso que, al menos en ella, resultaba repulsivo. -¿Cómo sería el "acto cultural" que está escrito aquí?
― Una recreación teatral con acompañamiento musical, contando la leyenda del sakura.
Oda emitió un sonido gutural que Mimi no estaba segura de que se trataba de una aprobación o no. Sólo podía seguir mirando atentamente a la Directora y esperar pacientemente.
― Espera… ¿Acompañamiento musical? –Volvió a mirar a la estudiante. -¿Qué tipo de música? –Antes de que Mimi respondiera, Oda se le adelantó. –Espero que no sea la basura auditiva que escuchan los jóvenes en la actualidad.
― N…No, hablamos de instrumentación tradicional. –Dijo inmediatamente sin caer en cuenta de sus palabras. Cuando se dio cuenta de lo que acabo de decir, algo que no iba de acuerdo al plan inicial, vio a Oda esbozar una pequeña sonrisa de costado para continuar leyendo. No podía retractarse.
Finalmente, dejó la hoja sobre la mesa para entrelazar sus dedos sobre ésta, mostrando las uñas finamente pintadas de aquel rojo chillón que llevaba impreso en sus labios.
― Tengo entendido que los ensayos comenzarían inmediatamente, ¿es verdad? –Mimi asintió. –Bien… Ahora, mira a tu alrededor, Tachikawa. –La joven la miró con curiosidad pero decidió hacerle caso. Los ojos castaños de Mimi fueron recorriendo la habitación. Era bastante amplia, decorada en un tapiz caoba con detalles como cortinas, alfombras y jarrones en dorado. Muchos cuadros descansaban sobre las paredes, principalmente cuadros con reconocimientos en competencias. Más arriba, en la pared opuesta a donde se sentaba la directora había una repisa larga con una cantidad exuberantes de trofeos catalogados por ámbitos, pudiendo leer dichas categorías: Deporte – Ciencia – Artes. –Dime qué ves.
― Tiene muchos… Trofeos y diplomas.
― Como ha dicho, tengo muchos y espero seguir teniéndolos. –Mimi volvió a mirarla y ésta vez, los ojos de Oda enseñaban real amenaza que caló con fuerza en ella. –Si esta actividad, que en un principio no estaba dentro de la malla de actividades del año, se convierte en un impedimento para que ésta sala siga teniendo muchos trofeos y reconocimientos me veré obligada a culparte de ello y estarías poniendo en peligro tu papel como Presidenta Estudiantil… ¿Estamos claras? –Una sonrisa apareció en sus labios, donde estos se estiraban con fuerza, logrando que el color rojo se escurriese.
― S…Si, Directora Oda.
La mujer tendió de vuelta la hoja del proyecto tras haberlo firmado y sellado. Mimi lo tomó con timidez y de ésta manera, Oda la despidió. Mimi salió de su despacho para pasar por alto la presencia de la secretaria. Lo único que quería era verse libre de allí. Tenía las palabras de la directora circulando en la cabeza y eso le atemorizaba. No podía permitirse el lujo de que el proyecto fracase y mucho menos que el tiempo invertido de los estudiantes desmerite las competencias que participa el colegio, porque eso es lo que desea Oda, seguir regocijándose del nombre del Instituto como el mejor de toda Odaiba y de Tokio… Cerró los ojos con fuerza. No, no podía dejar que su puesto como Presidenta Estudiantil se vea afectado por algo así.
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Con el informe enviado a la Directora Oga y tras recibir su aceptación, Mimi se hizo con el micrófono general y cuya voz se oyó por todo el Instituto, haciéndoles llegar a los estudiantes la primera gran actividad a la cual el colegio se vería involucrado después de mucho tiempo.
─…Así que miembros del comité pasarán por cada club para entregarles una lista, la cual deben de llenar con los miembros que participarán. Cabe recordarles que todas las áreas, tanto de arte, ciencia, cultura y deporte están invitados a participar, así que no se preocupen que cada quien tendrá algo que hacer. Sin más que decir, esperamos su completa colaboración.
Yamato dirigía sus orbes hacia el parlante con que contaba el salón de música, atento a las palabras que había pronunciado la Tachikawa. Aún no la había visto, pero haberla oído provocó que el rubio se encogiese de hombros, como si un peso se le haya escapado de encima. Sabía que la había fregado con ella, que era lo correcto no estar pensando en cosas relacionadas a la castaña, pero oír su voz le hizo darse cuenta que quien estaba fregado realmente era él.
Sin admitirlo realmente, había una parte de él que se decía a sí mismo "Mimi es la culpable de tu insomnio" y no lo acreditaba hasta ese momento en que, tras oírla, pareciese que su cansancio desapareció momentáneamente. ¿Es que acaso aquella chica había calado tan profundamente en su interior? Conocer la respuesta le aterraba, porque eso significaría que le daría control total a Mimi sobre él y eso no podía permitírselo; ya había dejado las cosas en claro con ella, no tenía que andar pensando nuevamente en ello. Era lo correcto.
Un ligero golpe se acentuó en su cabeza, trayéndolo a la realidad. Se sobó la zona lastimada y volteó a ver con enfado a un sonriente Kazu.
─ ¡¿Q…Qué te…?!
─ Te estamos hablando, idiota. –Interrumpió el castaño sacándole la lengua. –Parecías a mitad de un trance, ¿acaso llegaste a tu estado avatar o algo así?
Koji, que había observado la cómica escena, negó con la cabeza y avanzó hasta sus compañeros, empujando a Hirokazu a un lado para hacerse notar frente al líder de la banda.
─ Lo que el zopenco quiere decir es que necesitamos cambiar nuestro amplificador viejo ─se hizo a un lado para dejar que el Ishida viese por ojos propios el desbaratado aspecto de la consola negra que estaba en una esquina.
― Un amigo del club de teatro me ha dicho que tienen uno sin uso y que podíamos pedírselo prestado. –Añadió el batero con entusiasmo. Matt miró el artefacto y asintió, tenía sus años aquella reliquia que había pertenecido al club desde hace años, según había oído. Ya era hora de que lo renovaran, pero sin apoyo monetario estaba claro que la ayuda del club de teatro no les vendría para nada mal.
─ Está bien, ─dijo Yamato. Miró a Kazu. –Vamos, busquemos a tu amigo.
─ Matt, estás cansado, deja que Kazu y yo lo hagamos. –Intervino Koji enseguida. Sabía que su amigo tenía una fatiga encima y no quería forzarlo, pero el rubio, al verse como blanco de la preocupación, frunció el ceño. Odiaba que lo miraran de esa manera, como si fuese un perrito abandonado.
─ ¿De qué estás hablando? Estoy de maravilla. Kazu, vamos. –Sin oír las protestas del azabache, Matt tomó la consola junto con el batero y salieron de la habitación.
Koji los vio marcharse, echó un suspiro cansino por lo cabezota que podía llegar a ser el líder del grupo. Volvió a ubicarse en su asiento tomando entre sus manos su bajo, retomó la melodía que estuvo trabajando aquel fin de semana, dejando que sus notas empaparan el interior del salón.
Teniendo en cuenta la evolución que estaba llevando a cabo el grupo, fue componiendo una armonía de notas que pudiesen expresar aquel "asombro" que estaban buscando, algo que hable de sorpresa y una alternativa sinfónica.
La melodía era ciertamente pesada y tétrica, pero poseía belleza, una hermosura oscura que lo caracterizaba. Conforme iba avanzando en su trayecto musical, más cuerpo iba tomando la canción pero era sólo eso, una melodía sin letra porque no encontraban palabras que pudiesen expresar lo que la música hacía. ¿Volver a lo de antes? ¿Furia, dolor y perdición? No conocía otra cosa… No era como Yamato o Koichi para poder salir del cuadrado en donde se empecinaba a quedarse.
Unos golpes en la puerta lo alertaron y pausó la música con su bajo para dejarlo a un lado, ponerse de pie e ir hasta la puerta. ¿Ya eran los muchachos? No lo creía, si habían salido casi recientemente, o quizá al tonto de Kazu se le olvidó algo y tuvieron que regresar. No le extrañaría que fuese aquel el motivo.
Cuando abrió la puerta, la sorpresa de ver una cabellera larga y rubia dándole la espalda, le hizo recordar su pequeño encuentro con aquella muchacha. Ella se volteó a verlo cuando advirtió que la puerta fue abierta y al igual que él, la joven se mostró sorprendida.
─ Eh… N…No sabía que te encontraría aquí.
─ Lo mismo digo. –Admitió el azabache, haciéndose a un lado para dejarla pasar. ─¿Has venido por tu relicario?
─ ¿R…Relicario? –Pregunta ella atónita. El muchacho va hacia su mochila y saca la ovalada pieza fina de color blanco plata con el relieve de una flor de seis pétalos en su frente. Cuando la rubia lo vio en las manos del azabache, palideció totalmente, llevándose ambas manos a la boca, intentando cubrirla. ─¡Oh, Dios mío! ¡¿Dónde encontraste eso?! –Preguntó avanzando hacia él sin apartar la mirada de la pieza.
El muchacho observó la reacción en la joven y comprendió que era de vital importancia para ella. Se la entregó en sus manos y ella lo tomó con fuerza para así apegarlo contra su pecho, como si fuese un pedazo de cielo que ella había encontrado y con lo cual era inmensamente feliz. Koji no pudo evitar mirarla, delineando cada facción en su níveo rostro. Era realmente hermosa y más aún con aquella sonrisa en sus rozagantes y carnosos labios. «¿En qué estás pensando, Koji?» Se dijo, reprendiéndose mentalmente. Miró a la pared vecina a él, conteniendo las ganas de mirarla nuevamente.
─ L…Lo dejaste caer cuando chocaste con esos estudiantes esta mañana. No me sorprende, claro… –Informó el muchacho, recibiendo entonces la mirada verdosa de la joven. Él la miró por el rabillo del ojo, la vio sonreír más abiertamente y con sus ojos ligeramente humedecidos.
Sin prevenirlo, ella se lanzó a abrazarlo con fuerza, rodeando con sus brazos el cuello del muchacho. Koji quedó echo una piedra al sentir el cuerpo de la muchacha contra el suyo, pudiendo percibir como la sangre bombeaba con más fuerza en su cuerpo, lo sabía porque sentía arder su rostro. No pudo negar que aquello lo tomó desprevenido y se sentía incómodo, pero nuevamente, una cálida sensación afloró en su interior. Entrecerró los ojos a causa de lo agradable que se sentía estar cerca de ella, pero entonces recordó las bromas de Kazu y la simple idea de que tanto él como Matt aparecieran tan pronto, acabaron con su tranquilidad, así que posó sus manos a cada lado de la cintura de la muchacha para apartarla un poco. La chica se apartó entonces de él con el rostro aún más sonrojado que el que traía puesto Koji.
─ L…Lo lamento… No quise incomodarte. Qué tonta… Lo siento, enserio. –Decía la chica realmente apenada por su efusividad. A ella no se le daba muy bien respetar el espacio personal como a los japoneses, eso delataba que la chica no fue criada allí. Entonces, ella agregó. –Es sólo que este relicario es algo muy preciado para mí. Lo lamento.
─ D…Descuida, no ocurre nada. –Dijo él. –Sólo ten más cuidado con tus cosas.
Ella se quedó observando un momento más al pequeño objeto y esto sólo trajo al Minamoto el recuerdo de aquella fotografía que habita el interior de la pieza. Durante la clase, volvió a abrir el relicario con disimulo para no llamar la atención de sus compañeros y mucho menos del maestro de historia, contemplando así la fotografía de la pareja; el hombre era notoriamente japonés, sus rasgos lo demostraban como el cabello azabache propio del tradicional "hombre japonés", sin embargo la mujer que se encontraba a su lado era completamente diferente a éste: en lugar de rasgos marcados y duros, ella expresaba tanta dulzura en su rostro, al igual que la tonalidad de su nívea piel en compañía de su cabellera rubia y larga, que caía como un manantial de oro sobre su pecho. Los ojos de la mujer eran de un verde esmeralda, casi mezclándose con el celeste y sus labios eran carnosos y rojos. Volvió a mirar el apellido "Orimoto", comprendiendo que le pertenecía al hombre. Cerró el relicario y leyó en su lateral "Famiglia Brucocello". ¿Serían sus padres? Muy probable, viendo la forma en que atesoró el relicario entre sus manos. ¿Estaría bien preguntar al respecto? ¿Y qué le diría? "Ey, anduve de curioso y me puse a ver lo que había dentro del relicario, ¿son tus padres?" Imposible, aquella falta de tacto era propia de Hirokazu, no de él.
─ ¡Ey ─la chica agitó su mano por enfrente de su rostro con impaciencia, trayéndolo a la realidad. ─te estoy hablando!
Koji parpadeó, percatándose que se había quedado con los pensamientos floreciendo en su cabeza mientras ella le hablaba y vaya a saber Dios de qué. Carraspeó y fue de ésta manera en la que se percató que la joven traía consigo una libreta.
─ Dime, ¿venías aquí por algo en específico? ─preguntó señalando la libreta a lo que ella deja escapar un suspiro cansino y toma la libreta en mano.
─ Era precisamente de lo que estaba hablándote. Gracias por escucharme.
─ Sólo repítelo, ni que fuese algo tan difícil. ─rezongo el azabache volteándose para tomar asiento. Ella rodó los ojos y se acercó a él para sentarse en el lugar de Yamato.
─ De seguro has escuchado el mensaje que la Presidenta ha dado hace un momento… -recibió por su parte sólo el rumor de una afirmación. -pues he venido a tomar nota de los nombres de aquellos que deseen participar en este gran evento. –Le señaló con su bolígrafo. ─¿Todos en este club desean participar? Recuerda que implica acumulación de puntos para el área de Historia. –canturreó lo último con una sonrisa triunfante.
Koji, tras oír "historia" y "puntos", no necesitó otra razón más para tomar el bolígrafo de la chica y apuntar su nombre y el del resto del grupo. Ella sonrió satisfecha para así retomar la posesión de pequeño cuaderno, leyó entonces el nombre que encabezaba la lista.
─ Minamoto Koji. –Él sostuvo su mirada con confusión hasta que ella le tendió su mano abierta en señal de saludo. –Soy Orimoto Izumi, pero puedes llamarme Zoe.
Él bufó con cierta diversión por las palabras de la chica para así corresponder al saludo, estrechando la pequeña mano de la estudiante. Su tacto era suave y tierno, mientras que el aroma que desprendía la chica era embriagante.
─ No eres de por aquí, ¿no? ─ella dejó de sonreír con facilidad para mirarlo con ojos temerosos. Él los leyó con claridad pero no la soltó hasta que dijo. ─Haces caso omiso a la etiqueta de presentación, Orimoto Izumi.[7]
─ E…Eh… D…De igual forma, si uno lo permite, el otro puede tutearlo. ─respondió altivamente, intentando que no se la notara nerviosa. Él sonrió de costado y deshizo el agarre de sus manos. Se observaron un momento, por primera vez él no apartó la mirada, le gustaba la forma en que ella lo miraba, sin respeto ni etiqueta, tan natural y tan ella. ─Sostener la mirada por tanto tiempo tampoco entra dentro de las normas de etiqueta, si viene al caso, Minamoto.
─ Si no lo vas a respetar, ¿por qué debería de hacerlo yo? ─ella se sonrojó ante aquellas palabras, cosa que él disfrutó sin saber realmente por qué. No era la primera vez que una chica reacciona de esa manera por él, pero las anteriores ocasiones a él no le interesaban.
─ ¡Ahora sí puedo decir que lo he visto todo! ─la eufórica voz de Kazu llenó el salón de música, ganándose la mirada sorprendida de los dos jóvenes dentro y cabe destacar que ambos fueron experimentando los distintos tonos de rojo. ─¡Ver a Koji coqueteando con una de primer año! ¡Dios, ¿por qué Matt no está cuándo se lo necesita?!
─ ¡Hirokazu! ─bramó molesto el Minamoto. ─¡¿Quién demonios está coqueteando?!
Una de las entretenciones del Shiota era molestar al tsundere de su amigo y el verlo tratando de ocultar la verdad sólo hacían que su sonrisa se ampliara a tal punto de dolerle el rostro. Zoe miraba a todos lados buscando alguna forma de enmendar la situación, causándole más gracia al batero.
─ ¡S…Sólo vine como representante del centro de estudiantes para tomar nota de aquellos que participarán en el proyecto del Hanami! ─dijo Zoe sin lograr aminorar el sonrojo en su rostro.
─ ¡Ya, ya, preciosa! Respira. ─dijo Kazu caminando hacia ella para abrazarla por los hombros. ─Nadie está cuestionado tu presencia aquí, pero si me dices que Minamoto trató de hacerte alguna propuesta ilícita…
─ ¡Shiota! ─Koji ya no podía ocultar lo avergonzado que estaba, necesitaba sacar a Zoe de allí o no podría contar que viera algo agradable si el azabache perdía la paciencia con Hirokazu. ─¡No digas estupideces, ni siquiera la conozco, deja de decir esas cosas!
Los grandes orbes de la Orimoto se posaron en Koji pero él no se percató que con sus palabras acabó de lastimarla, pues lo único que deseaba era que se marchara para estar tranquilo. Kazu frunció el ceño al oírle decir eso entonces sintió como Zoe se apartó de él. Preocupado, la miró aunque se sorprendió de hallar una sonrisa en sus labios.
─ Tiene razón, sólo venía a avisarles sobre el proyecto y que habrá una reunión entre la presidenta y todos los líderes de cada grupo junto con su mano derecha, mañana a la mañana. Así que por favor, no falten. –Con un agitar leve de mano, salió del cuarto dejándolos solos.
─ ¿Cuál es tu problema, eh? ─reprendió Kazu con enojo. En cambio, Koji lo miró igual de molesto para decir.
─ El tuyo es no saber cuándo callar. ─miró hacia la puerta y vio al nuevo amplificador que trajo Kazu. ─ ¿Dónde está Yamato?
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El amplificador nuevo no era tan pesado como el que habían tenido que cargar hasta la sala de Teatro. En cuanto se hicieron con el nuevo aparato en desuso, salieron del amplio cuarto para ir nuevamente a la sala de música. Yamato echó un suspiro más ante los malos chistes que se le ocurrían a Kazu, quien estaba en su labor de "buen amigo", pues el castaño notaba al Ishida muy cabizbajo así que necesitaba animarlo.
Iban cruzando uno de los pasillos que correspondía a las aulas de los cursos superiores, cuando a Hirokazu se le ocurren chistes de animales. Matt sólo asentía sin disimular las ganas que tenía que el chico cerrara la boca, pero su atención fue prontamente robada por una voz que él bien conocía ya.
─ …Entonces la vaca dijo… ─El chiste del batero quedó en el aire para Matt, pues en uno de los pasillos que interceptaba al suyo, vio a Mimi de brazos cruzados y el rostro sonrojado, hablando acaloradamente con un chico que estaba dándole la espalda a los dos músicos.
─ Espera un momento. –Interrumpió el rubio, indicándole a Kazu que bajara el amplificador en el suelo y lo esperase ahí. El batero iba a preguntarle qué ocurrió, pero Matt comenzó a avanzar hasta Mimi y fue cuando reconoció que el chico era Tai.
─ ¡Si me dejaras explicarte…!
─ ¡No hay nada que explicar, Yagami! –sentenció molesta Mimi. -Creo que soy lo suficientemente grande como para reconocer cuando alguien me utiliza. ─Las palabras de Mimi eran duras, firmes y sin contemplaciones. No era la primera vez que la veía así, aunque sí era la primera vez que no había flaqueza en su mirar.
─ ¡Yo no te utilicé! Ni siquiera fue un beso real. ─Tai trataba de hacerle cambiar de opinión a la muchacha, pero solo estaba empeorando la situación.
─ ¡No solo se trata del beso, tonto, sino de la razón por la cual lo hiciste! ¡Yo no…! –Mimi dejó de hablar cuando vio a Matt aproximarse hasta ellos. Su rostro de sorpresa duró apenas un segundo, para que su ceño volviera a fruncirse. Así era, no había vacilo en su semblante.–Oh y por si fuera poco. –Miró a Tai. –¿Sabes qué? Ya no quiero hablar del tema.
Tai miró a Matt y luego volvió sus ojos hasta la joven castaña, intentando que no se alejara de ahí.
─ No te besé, lo sabes. Yo jamás lo haría, además tuve mis razones. –Siguió hablando el Yagami. Mimi sonrió cínicamente.
─ ¡A ver, entonces! ¡¿Cuál fue la "gran razón" para que te atrevas a si quiera utilizarme de esa manera?! –Levantó su dedo índice contra Yamato. ─¡¿Es que acaso querías darle celos?! ¡Hasta donde yo recuerdo ustedes dos eran amigos!
─ ¡Lo somos, enserio! Es sólo que… ─Tai calló sin saber si lo correcto era desvelar sus intenciones a la castaña, pero ante la insistencia por parte de Mimi, no contuvo sus impulsos. ─Fue sólo un malentendido… Es una historia graciosa. Si te lo cuento, estoy seguro que… ─Yamato se golpeó la frente con la palma de su mano ante la poca seriedad que el moreno estaba otorgando al asunto. Si las miradas matasen, Tai estaría muriendo lentamente ante la furia que iba creciendo en la Tachikawa. Taichi se encogió de hombros, al ver que su táctica no estaba dando el resultado deseado. ─Bien… Sora, la chica que me gustaba, salía con Matt y…
Mimi abrió los ojos con una sorpresa clara. Enseguida hizo callar al moreno para pasar su mirada del mencionado al Ishida. Ambos jóvenes estaban pendientes de la reacción que Mimi podía tener, pues como se habían dado cuenta, era una chica muy impredecible. Ella negó con la cabeza incrédula.
─ No puedo creerlo… Fui embarrada en una discusión entre ustedes… ¿Por una chica? Así que la verdadera razón por la cual has fingido besarme fue para marcar tu territorio frente a él. ─dijo señalando a Matt. ─ ¿Es así? ─Su mirada volvió a pasar sobre Tai, pero el muchacho se mantuvo en silencio y cabizbajo. Las lágrimas fueron queriendo ganar terreno en Mimi, así que cerró los ojos y miró en otra dirección. ─Por favor, Tai… Creí que eras diferente.
El Ishida se encogió de hombros. No podía defender a Tai porque incluso él sabía que estuvo mal lo que hizo con Mimi. La chica estaba dolida; ¿y cómo no estarlo? Pensó. Aunque era la primera vez que se decía aquello. Él no era en tener en cuenta lo que las mujeres sentían, y mucho menos con las que salía para pasar el rato.
― Meems, espera…
― No te conozco, Yagami.
Mimi iba a avanzar para alejarse de ambos, pero Tai la tomó por la muñeca y trató de detenerla. En cambio, la Tachikawa se volvió hasta él para implantar en su rostro una bofetada. Taichi quedó petrificado ante la agresión de su amiga y la soltó, entonces. Ella comenzó a lagrimear pero sin dejar atrás el semblante de rabia que les provocaba aquellos dos.
─ Las mujeres… No somos juguetes. Apréndanlo. –Sin más, se alejó de ahí corriendo.
Aquella frase colgada en el aire no sólo iba dirigida a Tai, ambos lo sabían. Yamato endureció su mandíbula, contrayendo el impulso de hacer cualquier tontería. Mimi tenía razón. Ni Tai o Matt se movió de su sitio, ambos se quedaron mirando a la nada. Sólo se podía oír el sonido de los zapatos de Mimi huyendo de aquel lugar.
─ Matt… ─Kazu se acercó hasta donde estaban ambos, por primera vez sin saber qué decir. Había presenciado todo lo ocurrido y no se animaba a decir algo por temor a romper lo poco que quedaba de los dos chicos plantados en aquel pasillo. –Me adelantaré al salón.
A Hirokazu le pareció ver que el rubio le dedicó un asentimiento, pero no estaba seguro. No esperó a replantear su pregunta, sólo hizo el esfuerzo de tomar el amplificador y marcharse de allí. Hasta el muy payaso del Shiota sabía que tanto Tai como Matt necesitaban estar solos en ese momento.
─ Eres un tremendo idiota… ─Susurró Matt.
─ Lo sé… No me canso de recordármelo. –Respondió Tai. El castaño se llevó su mano derecha sobre la mejilla donde la mano de Mimi accionó. La sentía cálida por la agresión, se la tenía bien merecido. –Los dos lo somos.
Yamato asintió, ante sus palabras. Era verdad. Quizá sus intenciones eran protegerla, pero acabaron por lastimarla aún peor. Yamato cerró en puños sus manos y avanzó hasta Tai para hacerlo girar. No fue tanta la sorpresa del Ishida en ver húmedos los ojos del castaño, pues Tai era muy sensible, desde pequeño lo fue y no hacía falta mencionar el cariño que le tenía a Mimi. Saber que la hirió de esa manera y por fin darse cuenta de ello, sólo aumentaba el odio hacia sí mismo. Matt se encogió de hombros y lo soltó entonces.
─ ¿Qué estás esperando? –Preguntó entonces el rubio. Tai no disimuló su confusión ante aquella pregunta. ─ ¿Piensas dejar que se vaya? ¿Qué te siga odiando? Eres un tremendo idiota, pero también eres su mejor amigo. Enmiéndate, maldita sea.
El Yagami lo miró profundamente, sin comprender del todo las palabras del rubio. En los orbes azules de Matt se podían leer dos cosas, sinceridad y dolor. Taichi recordó entonces la forma en que Yamato se mantuvo tieso ante la imagen de Mimi besando a Michael y reconoció aquellas dos cosas en sus ojos. ¿Es que acaso Matt en verdad sentía algo sincero por Mimi? Era la pregunta que se hacía Taichi en su interior. Antes de externalizar su inquietud, preguntó al rubio.
─ ¿Qué harías en mí lugar?
Ante aquella pregunta, Matt enarcó una ceja para después sonreírle de costado, su típica sonrisa autosuficiente que desde pequeño enseñaba.
─ Mejor pregúntate, ¿qué haría Yagami Taichi en tu lugar? –Matt retrocedió entonces para continuar con su camino, pero la voz de su amigo lo detuvo.
─ Deberías de estarme odiando también tú… ─Los pasos del Ishida se detuvieron ante sus palabras, pero no regresó su mirada a Taichi. Entonces, él continuó. ─¿Por qué quieres ayudarme? Yo hice que te alejaras de ella.
Matt abrió la boca para responder, pero al cabo de un segundo la volvió a cerrar. Era una muy buena pregunta, pero la respuesta era simple. Metió sus manos en sus bolsillos y bajó la mirada a sus pies. Entonces, dijo.
─ Uno tiene que ser el héroe, ¿no? –Sin esperar a que Tai le replicara nada más, se alejó de allí.
Taichi lo vio marcharse mientras que en su pecho comenzaba a acrecentar el dolor. Tratando de proteger a Mimi, acabó lastimándola pero no sólo a ella. Se revolvió los cabellos con impaciencia, incapaz de discernir lo que debería de hacer. Entonces, los ojos castaños de Tai dieron con su reflejo dibujado por una ventana. «Mejor pregúntate, ¿qué haría Yagami Taichi en tu lugar?»
.
Mimi trataba de que las personas no viesen su rostro humedecido por las lágrimas, pero su trote por los pasillos era suficiente para llamar la atención de las personas que circulaban por esos lares. Inquieta, bajaba la mirada, permitiendo que su larga cabellera cubrirse la vergüenza que representaba para ella las lágrimas. El ver al baño femenino a poca distancia de ella fue un alivio indudable, así que aceleró sus pasos y abrió la puerta sin reparo alguno, aunque cuando vio a Miyako plantada frente al gran espejo, arreglándose el cabello, palideció momentáneamente.
Rogó porque la chica no la reconociera y con la tarea de retroceder, su cuerpo se ladeó ligeramente pero ya fue muy tarde.
─ ¿Mimi? ¡Espera! ─no supo por qué se detuvo, pero ahí estaba, tapándose la boca con su mano reprimiendo sus sollozos. La peliviolácea reconoció el estado de la castaña, así que su preocupación afloró. ─ ¿Qué ocurrió, Meems? ¿Por qué lloras?
Mimi negó con la cabeza, sin intención de contárselo, pero Yolei no pensaba dejarla en ese estado. Su preocupación era sincera.
─ ¿Prometes no decirme "te lo dije"? ─ante su condición, Yolei supo enseguida lo que afligía el corazón de su amiga. No lo dudó y avanzó a ella para estrecharla entre sus brazos y dejar que Mimi llorase en su hombro.
Sentadas sobre un banco blanco que disponía el amplio baño de mujeres, Mimi fue relatándole a su amiga todo lo sucedido, pero desde el inicio, desde que ellas habían tenido aquella pequeña discusión que les costó mucho en qué pensar. Yolei, a diferencia de siempre –y siguiendo el consejo de Ken– escuchó a la Tachikawa sin interrumpirla, expresando alguna que otra vez semblantes que ameritaran la situación. La castaña fue calmándose entonces, hablando con más lentitud, cosa que al inicio parecía no dar tregua pues los sollozos la hacían hablar con torpeza. Finalmente, cuando la castaña terminó de hablar se secó el rostro con un pañuelo que Miyako le tendió.
― ¿Entonces? –Preguntó Mimi mirando a la peliviolácea con curiosidad. Su amiga siempre tenía una opinión para todo y sabía que esta no sería la excepción.
Por su parte, Miyako se llevó una mano a su mentón y pensó un momento para luego mirar a su amiga a los ojos con una incógnita en sus ojos.
― Entre todo lo que me has contado, no puedo creer que Taichi te haya hecho eso. Sabemos que es tanto inmaduro e impulsivo, pero esto ya pasó la línea de tolerancia. ¿De verdad fue por una chica?
Mimi asintió.
― Por la pelirroja del concierto que dio Ishida la otra noche. –Miyako asintió recordándola. No había que ser muy lista para darse cuenta que la apariencia de aquella muchacha iba acorde con los gustos de Tai o Matt. Un aire que enseñaba una enigmática sencillez, atractiva en muchos aspectos y con un estilo tan suyo. A juzgar por los cabos unidos también se trataba de la manzana de la discordia entre dos amigos.
― ¿Crees que Ishida…? –Ante la simple mención, Mimi levantó sus ojos a su amiga. Era una pregunta que, a juzgar por la mirada que le dedicó la Tachikawa, era una que se hacía constantemente. ─ ¿Crees que en verdad sienta algo por ella? ¿Qué no fue por su causa que él te alejó como si nada?
La castaña desvió la mirada a otro punto y se mordió el labio inferior. Su amiga la observaba atentamente, pero con muchos cálculos en la cabeza. Aquella era una posibilidad, sin embargo, lo que atentaba a la mente de la de lentes era otra pregunta… «Si Yamato se presentaba a sí mismo como un idiota mujeriego misógino… ¿Por qué advirtió a Mimi sobre eso? ¿Acaso un idiota mujeriego no pasaba sobre los sentimientos de las mujeres sin rendirle cuenta a nadie? ¿Por qué la alejó de esa manera?» Mirara cómo lo mirara, él estaba tratando de protegerla al alejarse, las razones sobraban para albergar tal intención; en cambio, Yolei no se concentraba en lo que motivó al Ishida el hacerlo, sino más bien en ¿por qué hacer que ella lo viese como el malo de la película?
«Porque él sabía que Mimi ya estaba enamorándose de él» se respondió. Miró a su amiga quien aún luchaba por verse libre de los hipidos propios del llanto reciente. Dirigió su mano hasta la de su acompañante y la apretó con fuerza, otorgándosela. Mimi la miró con una sonrisa triste que fue correspondida por la Inoue.
― No tiene caso, Meems… -Habló Yolei, cuidado de decir con certeza sus siguientes palabras. –Quizá, él te hizo un favor. –Mimi asintió. –No es tan idiota cómo creí que era, pero de todas maneras… No es el chico para ti. –Entonces, una sonrisa pícara se le formó a la de lentes. –Pero Michael, sí. Ya lo comprobaste al hallarlo en aquel lugar. ¡Es el destino! –Mimi se encogió de hombros intentando mantener en alto su sonrisa, pero le resultaba imposible teniendo aquellas palabras en la cabeza.
― Si… -Farfulló sin el mismo ímpetu con el que lo estaba diciendo su amiga y ella lo notó. Se mordió la lengua al volver a hablar sin medir sus palabras.
― Creo que estamos dando muchas vueltas al asunto, ─intervino Miyako rompiendo el silencio instaurado en ese lugar. Mimi volvió a mirarla y encontró una sonrisa comprensiva por parte de su amiga. ─ ¿quieres ir a tomar algo después del colegio?
― Pero tú vas al hospital después de aquí. –Mimi negó con la cabeza. Ella sabía la importancia que tenía para la Inoue ir a visitar a los hermanos Ichiyouji. –No te preocupes por mí. No debería de darle relevancia al asunto. Esos dos son unos idiotas y punto final. –Mimi se puso de pie.
Yolei sonrió pero negó con la cabeza.
― Tienes razón, pero creo que nos merecemos una tarde de chicas, ¿no crees?
Mimi se encogió de hombros. Quería pasar tiempo con su mejor amiga, pero sin privarle de su visita al hospital. Sonrió entonces.
― ¿Y qué tal si te acompaño junto a Ken? –Inoue no disimuló la sorpresa que le causaron aquellas palabras por parte de la castaña. ─¿Por qué me miras así? ¿Acaso querías estar a solas con él?
― N…No es eso, es sólo que… ─Viendo que Mimi no iba a cambiar de parecer, fue ella quien se encogió de hombros esa vez. Sonrió entonces. –Está bien, vayamos a visitarlos.
― Pasemos por una florería, quiero llevarles algo.
― ¿Estás segura? –Preguntó un tanto preocupada su amiga, también poniéndose de pie para ir caminando hacia la salida.
― Oh, por favor. No puedo llegar con las manos vacías. ¿Qué flores les gustan?
Y su conversación se perdió entre los pasillos, mientras ambas caminaban a su salón de clase, aún con los preparativos del Hanami esperándolas.
Faltaban sólo una hora para que el horario de clases culminara y con él, un lunes más. Los alumnos fueron dejando sus aulas con presura por verse libre de la instalación que los acogía todas las mañanas. Los empujones no faltaban, mientras todos iban hablando sobre lo que harían después de clases.
Mimi y Yolei hablaban animadamente como siempre lo hacían sobre temas triviales que normalmente comprometía moda, famosos o música. Mientras que a la lejanía se encontraba saliendo Hikari con su mochila a cuestas. Cuando la castaña las divisó, apuró el paso para alcanzarlas, tocando el hombro de ambas jóvenes de último curso.
― ¡Kari! No te había visto en todo el día, ¿cómo estás? –Preguntó Mimi con una sonrisa radiante.
― Y pues…
― Hikari, estamos algo apuradas –dijo Yolei sin intenciones de sonar grosera. ─ ¿Nos acompañas? Vamos al hospital a visitar a Osamu.
Antes de que la más pequeña pudiese responder, fue interrumpida por la voz de Takeru llamándola no muy lejos de allí. Las tres chicas viraron su atención hacia el rubio que se acercaba a paso acelerado con su acostumbrada sonrisa.
Tanto Mimi como Yolei pudieron leer en el rostro de la Yagami un sonrojo que iba en aumento conforme iba acercándose el Takaishi. Una mirada cómplice se resolvió entre las mayores a lo que Mimi habló.
― Ahora que recuerdo, Yols… ¿No había un mínimo de visitas?
― Sí, ahora que lo mencionas es cierto. –Respondió con una sonrisa pícara la de lentes.
Hikari volteó a verlas con un rostro circunstancial, no pudiéndose creer que sus propias amigas la abandonasen a su suerte cuando Tk estaba acercándose a ellas. De verdad no deseaba hablar con él en esos momentos, pero sus amigas lo interpretaron como un "nerviosismo enamorado" del que siempre hablaban aquellas dos. Sin que pudiese obrar en contra la nadadora, Takeru llegó a ellas saludándolas con una mano.
― ¿Interrumpí algo? –Preguntó viendo que tanto Mimi como Yolei lo miraban como si fuese la razón de su charla.
― ¡Oh, para nada, Takeru! Nosotras ya nos íbamos. –Mimi miró a Hikari. –Avísame cómo te fue.
Kari bajó la mirada con un sonrojo aumentando a cada segundo, maldiciendo a sus amigas por ser tan poco sutiles en algunas ocasiones. Se despidieron de los de segundo año y fueron perdiéndose entre el mar de gente.
― Kari, yo… ─Inició Tk a lo que la aludida lo miró por el rabillo del ojo, sorprendiéndose que él también poseía un tono rojizo sobre sus mejillas. El corazón de la Yagami comenzó a bombear con más fuerza ante la dulce imagen de su amigo con aquel sonrojo adorable, odiándose a sí misma por ser tan débil cuando se trataba de él. –Nuevamente, lamento lo que sucedió en el gimnasio. –El recuerdo de aquel beso la puso aún más colorada, así que tuvo que bajar la mirada para que él no lo notara. –No quise lastimarte, lo lamento.
― N…No te preocupes. Fue mi culpa por estar distraída. –Se rascó la mejilla, intentando pensar en otra cosa.
― Y también lamento haberte besado. –Ella dejó su fuero interno a un lado al oírle decir eso, lo miró disimuladamente de costado. El rostro del muchacho estaba sonrojado pero mostraba culpa en su semblante. –E…Es decir, ni siquiera fue un beso, ¿no? No quiero que tengamos malinterpretaciones.
Su nerviosismo anterior comenzó a verse aplacado por una quietud y desolación repentina, como si la marea que tenía dentro se halla calmado de la nada; pero tranquilidad era lo último que sentía en esos momentos. Cerró sus manos a cada lado de su cuerpo en puños, mostrando la fuerza que en ellos residía, mordiéndose al mismo tiempo su labio inferior.
"Ni siquiera fue un beso" se repetía en su mente y con cada repetición, más deseaba estrellar su puño contra su mejor amigo, pero ¿por qué? Si no fue un beso, fue un accidente. Darse cuenta de aquel detalle se sintió como si le hayan echado sal y limón a una herida abierta.
― ¡Oh, también te quería contar que este viernes es nuestro primer partido, me preguntaba si irás a…
― No creo poder, -cortó de inmediato mirándolo por un momento y comprobando que sus palabras fueron como una aguja acabando de explotar el globo de un niño pequeño. -las prácticas del equipo de natación se extendieron, así que no podré ir. Lo lamento.
Fue la respuesta que dio sin mirarlo, no quería hacerlo porque lo único que deseaba era salir de allí e ir a su casa, acurrucarse en su sofá y terminar de ver la primera temporada de "The Black List" para luego comenzar a ver la segunda.
― Oh… -Lo vio encogerse de hombros ante su negativa, pero eso sólo hizo que ella frunciera los labios, recriminándose por haberse negado a una petición de su mejor amigo, siendo la costumbre de estar allí para él, al pie del cañón. –Bien, de todas maneras, la invitación está hecha. –Sonrió como siempre, con tanta dulzura y sin una pizca de molestia, él jamás la miraría así. -En verdad me gustaría verte allí.
Hikari comenzaba a preguntarse cómo era posible sentir tantas cosas en un corto pedazo de tiempo, porque del nerviosismo a la rabia y luego a la culpa… Necesitaba salir de allí, se dijo. Así que se despidió como un autómata y comenzó a avanzar lejos de Takeru, intentando que el gentío pusiese una distancia entre ambos. ¿Por qué actuaba de esa manera? ¿Por qué no podía controlarse a sí misma? Se sentía como en una montaña rusa cada vez que estaba junto a su amigo. Tantas emociones en tantos intervalos de segundos que las subidas y bajadas eran casi incontrolables. Lo odiaba, no deseaba perder el control en sí misma y él sólo hacía que su tranquilidad la abandonara.
.
Cuando la campanilla anunció el final de las clases, Sora tomó sus cosas y caminó en dirección a la salida del aula al igual que el resto de estudiantes. Con los auriculares puestos en los oídos caminaba por los pasillos sin fijarse en mucho, nada más que en su camino y en esquivar personas. Cuando bajó a la planta baja del Instituto Superior para Chicas divisó a su prima y se acercó hasta ella para saludarla. Iban en clases distintas ya que Ruki era un año menor a la Takenouchi.
Caminaban a la salida principal hablando sobre los ensayos de los muchachos en la casa de la menor, cuando Sora oyó como alguien le llamaba. Ambas primas buscaron a la dueña de la voz y encontraron a una sonriente estudiante, en compañía de otras compañeras. Eran cinco en total y Ruki las reconoció enseguida.
― Ah, Reiko. –Saludó Sora amablemente. La Kurosawa se acercó a ambas, recibiendo una mirada no tan amable por parte de la Makino. –Creo que ya conoces a mi prima.
― Por supuesto, Makino. Nunca olvido a la competencia. –Bromeó la pelirroja, pero Ruki acentuó su fruncir de ceño. –No lo digo enserio. Su negocio de instrumentos es uno de los mejores, sin mencionar que han estado en el mercado desde más tiempo que el de mi padre. –Miró a Sora. –En fin… Dime, ¿no has estado por Palette Town este fin de semana? –La Takenouchi la miró con curiosidad ante la pregunta que le dirigió, así que asintió. – ¡Lo sabía! Creí verte con Yamato la otra noche. ¿Qué hacían por allí? ¿Iban sólo ustedes dos?
― ¿Conoces a Yamato? –preguntó curiosa Sora. Sintió entonces que Ruki jaló de la manga de su camisa, llamándole la atención. ─ ¿Qué ocurre? –Preguntó a su prima.
― Tenemos que irnos, ¿recuerdas? –No era verdad y Sora lo sabía, pero a juzgar por la mirada que le dirigió su prima, algo ocurrió. Así que miró a la estudiante de tercer año y sonrió con pena.
― Es verdad, tenemos que irnos. Hablaremos mañana. –Se despidió educadamente a diferencia de la Makino, quien no le dedicó nada más que un asentimiento rápido a la Kurosawa.
― Claro. Saluda a Matt de mi parte. –Le guiñó el ojo y comenzó a caminar en compañía de sus demás compañeras.
Ruki y Sora avanzaron con mucha velocidad fuera de la Institución gracias a que la primera apuraba el paso. Al estar lo suficientemente lejos, Sora detuvo a su prima jalándole del brazo, preguntándole qué sucedía con ella. ¿Por qué de repente cambió su actitud ante Reiko? La Makino la miró en silencio un momento y luego suspiró.
― Esa chica no me agrada. –Sora iba a protestar, después de todo, Reiko estaba en su mismo año, salvo que en salones distintos. ─ ¿Desde cuando hablas con ella?
― Pues… ─Haciendo cuenta de ello, era la primera vez que la Kurosawa hablaba con interés con ella. Normalmente eran saludos y pocas palabras, como meras conocidas. Comprobó el punto que angustiaba a su prima, pero no le daba el completo crédito. –Es la primera vez. ¿Qué ocurre, Ruki? ¿Por qué estás tan paranoica?
― La conozco porque he oído hablar de ella, no es de fiar. –Viendo que sus palabras no eran suficiente para su prima, buscó las palabras para continuar. –No conozco lo suficiente a Yamato, pero sé que esta chica le trajo problemas.
― ¿Problemas? ¿A qué te refieres?
― ¡Sólo mantente al margen con Kurosawa Reiko, ¿bien?! No estoy al tanto de la historia completa, pero si tienes dudas al respecto, será mejor que hables con Matt sobre el tema. –Sin esperar reclamos posteriores, le dio la espalda a la mayor para retomar su caminata.
Sora, tratando de no quedarse atrás, inició un ligero trote y redujo la velocidad al alcanzar a su prima. Todo aquel misterio estaba incomodándola pero Ruki tenía razón. Si deseaba saberlo, sería mejor que lo hablase con el protagonista de los hechos.
Su prima se despidió de ella cuando hubieron llegado al negocio Takenouchi. Como todos los días después del colegio, Sora iba a ayudar a la tienda de su madre, cumpliendo el turno de la tarde en compañía de otra empleada de la tienda. Cuando llegó, Takumi la saludó con un asentimiento de cabeza debido a que estaba atendiendo a otros clientes.
Sora cruzó el negocio saludando a los clientes y fue a la pequeña oficina que se separaba del salón principal, allí se hallaba un escritorio medio de metal, una mesada con papeles de envoltorio festivos y otros elementos. Detrás de la puerta se ubicaba un perchero de dónde colgaban delantales verdes, lo tomó y se lo colocó, para de ésta manera, volver al salón principal para ayudar a Takumi con los clientes.
La tarde fue transcurriendo lentamente, pero con los ingresos acostumbrados. Era temporada de jazmines así que la mayoría venía buscando un ramillete de éstas maravillosas flores. Cuando las cinco de la tarde tocó en el reloj, la puerta de la tienda se abre con el acostumbrado timbrado que anunciaba la llegada de un nuevo cliente.
― Bienvenido. –Saludó Sora pero se sorprendió de encontrar a Yamato surcando el umbral del salón. ─¿Matt? ¿Qué haces aquí?
― Normalmente se alegran de verme. –Sora sonrió ante el comentario y salió desde tras del mostrador para saludar a su amigo.
― ¿Buscando flores?
― Oh, por supuesto. Pensaba en regalármelas a mí mismo. ¿Eso es raro? –Sora se reiría de las ocurrencias del Ishida si es que el chico no portara un semblante tan distraído y distante. Algo lo inquietaba.
De la misma manera en que él podía leer la mentira en su rostro, ella podía saber cuándo algo le sucedía, lo invitó a que tomara asiento frente a su mostrador. Él aceptó la invitación, se quitó la correa de su mochila para ponerla en el suelo y finalmente, se sentó sobre la butaca alta que lo esperaba frente a la mesa con vidrio.
― Es raro que vengas aquí.
― Lo sé. No quería ir a casa, nadie está allí de todas maneras, así que sólo caminé y mírame, acabé aquí. –Apoyó sus codos sobre la superficie dura de la mesa y miró el detalle que la madera poseía.
― ¿Es este el momento en que te doy un trago mientras limpio distraídamente la cantina, esperando a que me cuentes qué te sucede? –Yamato sonrió ligeramente a lo que ella prosiguió. –Dime, ¿qué ocurre?
Matt la miró un segundo, pensando si era lo correcto hablarle sobre el tema. Después de todo, la involucraba enormemente, pero no deseaba que se sintiera culpable al respecto… ¿Qué debía hacer?
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el sonido de la puerta se abrió y ambos jóvenes voltearon a ver quién ingresaba. Era una mujer mayor con un extraño sombrero que prefirieron omitir para no pasar por maleducados. Sora miró a su amigo con cierta preocupación, sin embargo, Matt sonrió.
― ¿Dónde consigo ese delantal?
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Llegaron hasta el Hospital Central de Odaiba, tras haber comprado unas violetas en una florería cercana al centro de atención médica y fueron hasta la secretaria principal de planta baja a registrarse. En el instante en el que se acercaron a la mesada blanca, la secretaria saludó con notoria familiaridad a la Inoue, revelando que la chica llevaba tiempo viniendo a aquel lugar. Mimi, al darse cuenta de ello, no sabía si sonreír o no; las visitas al hospital se habían convertido en una actividad diaria, a pesar de ser algo poco agradable el tener verse en aquella rutina.
La castaña miró a su alrededor, era un Hospital del estado y por más atractivo que pudiese verse superficialmente, aquellas paredes blancas conocían la verdadera realidad de aquel lugar. Una punzada de dolor se concentró en su pecho al imaginar a Yolei asistiendo todos los días a aquel lugar sin descanso ni reproches, visitando a una persona que no guardaba lazos sanguíneos con ella… «No, lo que la une a Osamu es algo más fuerte», pensó Mimi se apretó el cuello de su camisa blanca.
─ ¿Meems? ─la voz de Miyako la trajo de vuelta a la realidad, así que se volteó a verla. La peliviolacea le indicó que debían continuar su trayecto hasta el elevador. ─Estás algo ausente… Es la primera vez que vienes a un hospital ¿no?
Mimi la miró sonrojada y algo avergonzada con ella misma. De hecho, lo era y se sentía tan egoísta al nunca haberse dado cuenta de lo que otros debían padecer. A veces le resultaba ridículo pensar que no todos tenían sus mismas posibilidades como para tener un médico de cabecera que la atendiera a domicilio, pero viendo lo que su amiga debía vivir y de una manera desinteresada e incondicional. «Sigues siendo una ilusa, Tachikawa» pensó. Nunca se había imaginado verlo desde el otro punto, en donde la gente se encuentra.
─ Tranquila, no es tan malo como parece, ─siguió hablando Yolei. ─no verás gente amputada ni órganos al aire cómo en las películas.
─ Qué tranquilizador. ─murmuró sin dejar de mirar a su alrededor.
Al llegar al piso deseado, bajaron de la cabina del ascensor para que la Inoue fuese quien marcara el trayecto a seguir. Mimi contaba en su mente las habitaciones que iban pasando hasta que vio detenerse a Miyako. La peliviolacea se paró frente a una puerta, semejante al resto que fueron dejando atrás salvo por la enumeración 538 que llevaba la pieza de madera en color dorado. La de lentes llamó con unos pequeños golpes, que enseguida fueron atendidos por Ken Ichijouji. El muchacho sonrió con alivio al ver a Yolei, entonces sus ojos le enseñaron que la chica no venía sola. Palpable fue la sorpresa del Ichijouji al ver a Mimi plantada junto a su amiga.
─ No me mires así que me haces sentir incómoda. ─reclamó la castaña sonrojándose ante él, pues era cierto. Desde que Osamu ingresó a aquel lugar, nunca había ido a verlo. Reconocer esto sólo aumentaba el hueco en su interior.
─ L…Lo lamento. Que descortés de mi parte; pasen, por favor. ─y haciéndose a un lado, les dio paso. Mimi hizo entrega de las flores a Ken con una sonrisa pícara.
─ Un pajarito me contó que te gustan las violetas. Es gracioso, porque el cabello de Yols es igual. ─ante su, para nada sutil comentario, Ken se sonrojó notoriamente, rascandose la nuca con nerviosismo.
─ Vaya, éstos pajaritos de ahora… Van de chismosos. ─agradeció el gesto y tomando las flores, vacío un jarrón de rosas viejas para poner las violetas en él. ─Que lindo de tu parte, Mimi.
─ Oh, no es nada. ─Había dicho la Tachikawa abriéndose paso en la habitación, pero sus pies se detuvieron abruptamente cuando reconoció la figura de Osamu tendido sobre la cama, mientras todo a su alrededor era de un blanco sombrío, hasta la molesta máquina que pitaba el ritmo cardiaco del Ichijouji. Sus ojos fueron recorriendo todo el cablerío que tenía el muchacho de a penas unos veinte años, como la mascarilla de oxígeno que se empañaba con cada aliento expulsado por él. Sintió como si el pequeño hueco en su pecho se halla expandido por todo su ser.
― Tomen asiento, por favor. –habló con amabilidad el hermano menor y tras oírlo, Yolei se encaminó hasta el sofá negro con que contaba la sala. Mimi apartó la mirada de Osamu para así imitar a su amiga y sentarse a su lado. Ken hizo lo mismo pero del otro lado de Miyako.
─ ¿Entonces, ─preguntó Mimi, tratando de que no se notara el cambio en su semblante.─cuál es el diagnóstico de Osamu?
A pesar de que Mimi estaba al tanto de lo que acontecía gracias a que Yolei siempre hablaba del tema, no detuvo a Ken a que le hablase al respecto y se desahogara. Si era algo que el Ichijouji necesitaba en ésos momentos era tener personas a su lado que hicieran algo más que dar sus condolencias, como si Osamu estuviera muerto. El menor entre los hermanos paseaba su mirada de las chicas a la de un Osamu dormido, explayándose y dejando que todo lo que pensaba al respecto aflorara. Mimi también lo miraba esporádicamente, acostumbrándose a la imagen; volvió su atención a Ken y tanto ella como Yolei lo vieron apretar ligeramente sus rodillas con sus manos, como dándose fuerzas para continuar hablando. Finalmente, añadió.
─…Pero confío en que mi hermano se despertará. ─Mimi lo miró con ternura y entonces el muchacho sonrió sin darse cuenta de ello, quizá recordando algo. ─Siempre odió los hospitales.
─ ¿Más que las alturas? ─preguntó Yolei con una sonrisa triste. Ken la miró sonriendo también.
─ Mucho más. ─volvió a mirar a su hermano mayor. ─Él…
─ Quiere despertar. ─habló entonces Mimi volviendo a mirar a Osamu, pero llamando la atención de los otros dos presentes. Al sentir la mirada de sus acompañantes, sonrió con confianza. ─Creo que está haciendo todo lo posible por salir de aquí.
─ También lo creo. ─dijo en un susurro Ken. ─Gracias.
Ken siguió hablando sobre anécdotas del mayor, pero a pesar de escucharlo, Mimi no podía apartar sus ojos de Osamu. Sentía cómo una extraña sensación de familiaridad se apoderaba de ella, «dejavu» pensó, pues su mente le decía que ya había estado en una situación parecida, como si hubiera visto a Osamu en aquella cama pero hace tiempo atrás. «No, no era Osamu a quien recuerdo, pero sí había alguien en su misma situación.»
─ ¿Irán luego a algún lugar a pasear? ─la voz de Ken la despertó de su ensoñación, volviendo su vista al mencionado.
─ No lo sé, ─dijo ahora Yolei, mirando a su amiga. ─ ¿Aceptaras mi propuesta de ir a tomar algo?
─ Ya te dije que no te preocupes por mí, Yols. Quédate. Tanaka está esperándome abajo, después de todo. ─ante la mirada ceñuda de la Inoue, Mimi suspiró derrotada. ─ Bien, pero yo pago.
Y allí se inició una nueva discusión entre las dos jóvenes, de aquellas que Ken ya estaba acostumbrado; sabía, entonces que lo mejor era sonreír como si nada. Lo más estúpido que podría hacer, era intervenir.
Cuando se decidieron a marcharse, a Mimi pareció reconocer una urgencia en los ojos de su amiga de lentes. La Tachikawa miró a la pareja, supo entonces que Miyako deseaba un momento a solas con el Ichijouji. La presidenta estudiantil sonrió entonces se puso en pie, llamando la atención de la pareja.
─ Tengo que hacer una llamada, así que tómense su tiempo. ─les guiñó el ojo para así caminar hacia la salida, dándole el tiempo que necesitaban para despedirse. La castaña no podía evitar verlos sin sentir un mínimo de envidia. La forma en que Ken miraba a Yolei o que la mano de la peliviolácea buscaba la del Ichijouji. «Mágico», pensó.
Recordó las palabras que le había dicho a su amiga en un arranque de rabia aquella ocasión en que habían discutido. Decir que se sentía culpable era poco. No había nada falso en lo que ellos sentían, era tan correspondido como toda historia de princesas que cualquier chica sueña tener.
Cerró la puerta detrás de ella y se recostó por la pared, mirando el techo blanco de aquel pasillo. Entrecerró los ojos y pensó en Michael. Sí, era el tipo de muchacho que te toma las manos con delicadeza y te las besa ante un atardecer, o que te susurra versos dulces cuando estén tirados sobre el prado verde. Era el sueño de toda muchacha como ella, quien idealizó desde pequeña a su "Príncipe Azul" y ahora era realidad. Dejó escapar una sonrisa de sus labios. Aún podía sentir los labios del Borton sobre los suyos y la calidez y suavidad que lo caracterizaban.
Cerró los ojos al acariciar sus labios con la punta de sus dedos, pero al tiempo en que lo hizo otro sabor y otro tacto vino a su mente, uno donde la ternura no era su característica primordial, sino la fuerza, la impertinencia y el éxtasis. Besos salvajes y mordeduras en sus labios que podían volverla loca. Llegó al recuerdo el tacto atrevido de aquellas manos que en tan poco tiempo se adueñaron de ella y su ser más primitivo le rogaba que regresaran. El mismo que se despertaba ante el tacto que su piel experimentó con las grandes y cálidas manos del dueño de esos besos. Oyó en su interior su ronca voz susurrándole cosas que la podrían hacer delirar de la vergüenza pero al mismo tiempo del deseo.
Abrió los ojos de par en par, sorprendiéndose a sí misma al verse pensando de esa manera. ¡Ella no era así! ¡¿Desde cuándo tenía ese tipo de pensamientos por un muchacho?! ¡Era una dama, por el amor de Dios, no una salvaje!
« ¿Y si siempre has sido así…?»
Una voz resonó en su interior. Recordaba a su madre recriminándole que ella había cambiado, que no era así la Mimi que ella conocía… Pero, ¿y si ella nunca fue de la manera en que todos creían? ¿Y si…?
¡NO! Aquello era inaudito, se dijo. Negó con la cabeza. Yolei tenía razón, el mejor favor que pudo haber hecho Yamato por ella era el de alejarse por su propia cuenta; esa clase de chicos sólo traían problemas y ella no era de las que buscaba ese tipo de cosas. Se enderezó y arregló el uniforme que aún llevaba puesto. Ella era Tachikawa Mimi, una chica digna de la realeza, llena de virtudes y sin ningún atisbo de salvajismo.
Y mientras ella se recordaba quién era y lo que no, Yolei tenía un debate interno que no podía sacarse de la cabeza. Ken tocó su brazo con cariño, llamándola a pisar tierra. Ella lo miró en silencio, tratando de esbozar una pequeña sonrisa pero él sabía que algo no estaba del todo bien.
― ¿Yols? ¿Sucede algo? ─preguntó con tranquilidad. ─Has estado un poco callada.
―… ─Ella no podía responder aún, el nudo en su garganta se lo impedía. Entonces sus ojos fueron hasta la camilla donde descansaba Osamu y sus ojos se le llenaron de lágrimas. Bajó la mirada y se mordió el labio inferior, conteniendo sus impulsos. Aspiró con profundidad. Sintió entonces la mano del Ichijouji sobre su hombro. ─¿Qué somos? –Preguntó casi inaudiblemente.
El muchacho a su lado no comprendió las palabras de Yolei, así que ella elevó su rostro, cuyos orbes estaban cristalinos por las lágrimas que amenazaban con brotar de la comisura de éstos. Ken se sorprendió al verla así, entonces los labios de Miyako se volvieron a abrir, replanteándole la misma pregunta.
― ¿Qué venimos a ser nosotros, Ken? –El muchacho no pudo evitar echarse para atrás ante aquella pregunta y este gesto dejó sin palabras a la joven. Ya tenía su respuesta.
― ¿P…Por qué preguntas eso?
― Llevamos tiempo de… ésta manera. –Dijo señalando el agarre entre sus manos que poco a poco iba aflojándose. Ella ahogó un sollozo, se dio fuerzas para poder seguir hablando. –Pero aún no tengo idea qué somos… O ¿qué soy para ti?
Ken soltó la mano de Yolei y se puso de pie entonces acercándose hasta la cama de su hermano, dándole la espalda a Miyako. Ella enmudeció ante aquel gesto por parte del muchacho, su mano nunca sintió tanto frío como cuando él se alejó de ella. La cerró y sintió como su puño comenzaba a temblar, pero no sólo éste, sus hombros mostraban un ligero temblor. «No… no llores… No ahora…» con éstos pensamientos, se mantuvo erguida, conteniendo las ganas que tenía para desmoronarse en cualquier momento.
―…No creo que sea el mejor momento para hablar del tema. –Dijo entonces Ken tras una pausa muy prolongada.
― ¡¿Y cuándo será?! –Explotó Yolei sin contenerse o a las lágrimas que ahora ya corrían por sus mejillas. Ken la miró sobre el hombro con el ceño fruncido. Ella contuvo un sollozo al ver la forma en que la estaba mirando. Desde que lo conoció, nunca la había mirado de aquella manera, como si no la conociera. De pronto, una distancia abismal se formó entre ambos. Se paró del asiento cabizbaja, no podría permanecer allí por más tiempo sin deshacerse en llanto y eso sólo empeoraría las cosas. ―Mimi… Me está aguardando. –Fue lo único que dijo para salir de la habitación y toparse con su mejor amiga haciendo gestos raros y una posición de batalla.
─ ¿Tan rápido? ─preguntó Mimi sin percatarse del estado de Yolei hasta que dio con las mejillas húmedas de su amiga. Todo rastro de diversión en la Tachikawa desapareció para que su ceño se frunciese. Los orbes marrones de Mimi dieron hacia la puerta que las separaba de Ken. ─Ese chico me va a oír… ─pero antes de que diese otro paso más, Miyako la tomó del brazo para empezar a caminar, poniendo distancia entre ellas y la habitación de Osamu. ─¡Yols, detente!
─ ¡No, tú detente!
─ ¡Pero tú no…!
─ ¡Estoy perfectamente! ─se detuvo para mirarla y fingir que las lágrimas dejaron de correr por su rostro. Mimi frunció sus labios y se encogió de hombros de forma vencida. ─S…Sólo necesito un baño, ¿de acuerdo?
Miyako comenzó a caminar en busca de uno, seguida de cerca por su amiga e ingresaron al primero que hallaron. Por más insistencia que pudiese imponer la castaña, Yolei no quería hablar del tema, sólo se limitaba a limpiarse el rostro frente al espejo y arreglarse el cabello. Cuando se secó la cara, tomó un poco de maquillaje que guardaba en su bolsón pero aún estaba con el shock del momento, aquello era evidente al ver como sus manos temblaban. Yolei maldijo en su mente al darse cuenta de su estado, le sería inútil aplicarse el polvo por las mejillas. Fue entonces que la Tachikawa tomó el frasquito del polvo y la plumerilla, para ser quien le retocara el maquillaje a su amiga.
― Sé que no quieres decirme qué pasó con Ken y aunque yo te he contado todo lo mío, confiándote mis cosas como buena amiga que soy… ─Sonrió ante la mirada cansina que le dedicó su amiga. –Tienes mi completo apoyo.
― Eres muy buena haciendo sentir mal a las personas, ¿te lo han dicho? –Contestó Yolei en broma, pero con cierta fortaleza al oír las palabras de su mejor amiga.
― Y me sale tan natural. Creo que es un don. –Sonrió, finalizando su tarea. –Listo. –Entonces le tendió sus utensilios, que Miyako volvió a guardarlos dentro de su bolsón, para ponerse de vuelta los lentes. –Ahora, tenemos una cita importante en Café La Boheme [8].
Salieron del baño y fueron directo al ascensor más próximo, el cual se iba cerrando cuando llegaron. Un hombre un tanto mayor las vio corriendo en dirección al elevador e hizo que detuvieran las puertas de la cabina, brindándoles la oportunidad para ingresar. Muy amablemente, las jóvenes agradecieron al hombre y se ubicaron junto a él y unas personas más dentro del cubículo de metal, cuyas espaldas los envolvía un blindex transparente, enseñándoles el patio interno del hospital que contaba cada piso.
El transcurso del pequeño viaje pasó en silencio, viendo como subían y bajaban personas de él. Cuando la luz que indicaba el piso al que llegaron, dio en el segundo piso, el amable hombre se despidió de ellas con un cabeceo leve que correspondieron, sonrientes. Siguieron su trayecto, pero a diferencia de hace un momento que iban calladas, una mujer de quizá unos treinta años tocó el hombro de Mimi.
― Disculpa mi inoportunidad, pero ¿es un bolsón original de Dolce y Gabana? –Mimi sonrió ante la pregunta, como cual niña a la cual le han halagado por su dibujo.
― Así es. Me lo compré cuando fui a Milán hace unos años atrás.
― ¡Oh, qué maravilla! Mi esposo y yo siempre hemos deseado ir de vacaciones por allí, pero con los niños…
― ¿De verdad? ¿Cuántos tienen? –Preguntó Mimi curiosa, pues sus padres nunca tuvieron problemas de llevarla a ella. Aunque claro, era hija única.
― Tenemos tres niños, así que nos resultaría muy costoso ir con ellos. –Mimi palideció ante la cifra.
Mimi estaba muy ocupada hablando animadamente a diferencia de Yols, quien mantenía los mismos pensamientos que involucraban a Ken o eso fue hasta que la puerta del ascensor se abrió, permitiéndole a la Inoue el panorama de la planta baja del lugar, al igual que la desagradable sorpresa que se llevó al reconocer a cierto rubio de ojos azules.
Yamato estaba registrándose en la secretaria de planta baja, vistiendo aun su uniforme del colegio; claro que eso no fue lo que alarmó a la de lentes, sino al hecho de que Matt no estaba sólo. A su lado se ubicaba una chica pelirroja con el uniforme del Instituto Superior de Chicas sosteniendo un ramillete de rosas.
Sintió como si le hubiesen derramado un balde entero de agua congelada al reconocer realmente a la muchacha: era la misma que conocieron en aquel bar donde el Ishida y su banda habían tocado; más específicamente: "la manzana de la discordia". La pareja de jóvenes acabaron la gestión con la secretaria, por lo que habían iniciado su caminata en la dirección del elevador. Su misma dirección. El encuentro era inevitable… O quizá no.
Oyó a Mimi despedirse de la mujer con quien empezó a tomar conversación y la simple idea de que la Tachikawa viera la misma escena que la dejó helada, le aterraba. Tenía que distraerla.
Miró a su alrededor y vio que a unos metros de ellas, se encontraba las puertas principales cristalinas que enseñaba la calle Daiba[9] quizá lo mejor era salir por la puerta noroeste que llevaba a otras calles no principales, sólo que ninguna de ellas conducía al Café La Boheme. No interesaba aquel detalle, sólo quería que Mimi no viese nada de aquella escena tan poco alentadora. Tomó el brazo de la Tachikawa y comenzó a avanzar hacia la puerta noroeste, pero enseguida Mimi frenó a su amiga.
― ¿Qué haces, Yols? Tenemos que ir por la calle Daiba si queremos ir a Le Boheme. –Se soltó de su amiga con diversión, creyendo que Yolei sólo estaba desorientada.
Sin embargo, la peliviolácea estaba pendiente de que Yamato y aquella chica estaban acercándose cada vez más hacia donde estaban ellas. Tenía que pensar rápido, se dijo.
― ¡S…Si, lo olvidaba…! Pero quería comprar algo en aquella tienda. –Dijo señalando por la tienda de antigüedades que las esperaba en la calle noroeste al hospital.
― ¿Lo dices enserio? Pero si a ti no te gustan esas cosas. –Se alejó de su amiga, pero ésta volvió a estironear de su brazo. Cansada de juegos, se soltó con violencia de Yolei. ─¡¿Qué te ocurre?! ¡¿Por qué no quieres ir por allá?! –Dijo volteándose a la puerta principal, pero en aquel acto, su mirada interceptó directamente con los de Yamato.
Mimi quedó de piedra al verlo caminar hacia su dirección en compañía de Sora y un ramillete de rosas rojas perladas. Él también advirtió su presencia y detuvo sus pasos por un momento, mirándola con la misma sorpresa poco agradable que representaba aquella escena. Un nudo se le formó en la garganta a la Tachikawa, pero entonces recordó lo que se había dicho fuera de la habitación de Osamu. «Tú no eres así…»
Quitó su semblante de sorpresa y la reemplazó por una totalmente seria, recobrando la compostura, se irguió y lo miró a los ojos como cuando lo conoció por primera vez y se dijo a sí misma que un fulano con aires de roquero no iba a arruinar su candidatura.
Yolei miró con preocupación a su amiga hasta que aquella mirada seria apareció en su rostro, fue entonces cuando supo que Mimi no dejaría que Yamato volviese a tomar el control. Por su parte, Matt volvió a recuperar el paso en compañía de su acompañante, quien observaba la escena con notoria curiosidad. Los ojos azules del Ishida la observaron con la misma intensidad con la que ella lo hacía y una sonrisa de costado se forjó en él.
― ¿Aún quieres ir a Le Boheme, Yols? –Preguntó Mimi sin mirarla porque sus ojos no se apartaban de los azules de Matt. –Pues andando. –Sin esperar palabra alguna de la Inoue, Mimi fue avanzando a paso firme hacia la dirección de Yamato.
Yolei no se quedó atrás y la alcanzó con un pequeño trote que se normalizó posteriormente. Entonces lo vio, vio el cambio que había en ella. Mimi cruzó al lado de Matt, pero esta vez, su mirada estaba puesta al frente.
Si Yamato creía que ella seguiría llorando como una niña pequeña porque él la rechazó, estaba muy equivocado. Y por la forma en que ella actuó frente a él, estaba segura que ya se dio por enterado.
.
Sora se acercó a la recepción del piso seis que pertenecía a Pediatría y Maternidad. Buscó con la mirada la habitación que correspondía a quien iba dirigido las flores que traía con ella. Aquel día una señora hizo un pedido de flores para su nuera que acababa de dar a luz a su nieto y como la mujer no podía ir a llevárselo, Sora y Matt hicieron un trabajo extra en ir a entregárselo.
─ ¿Me ha dicho Suzuki Aiko? ─preguntó la recepcionista al verificar entre sus expedientes.
─ Así es. Estas flores la ha enviado su suegra. ─informa Sora con una sonrisa.
─ ¿Vienen juntos? ─preguntó la de uniforme al mirar a Matt sentado entre el compendio de sillas en la sala de espera. Sora asintió. ─Bien, la señora Suzuki se encuentra en la habitación 625.
La pelirroja agradeció a la mujer y se giró para ver a Yamato e indicarle la habitación a la cuál tenían que ir, pero encontró a su amigo sentado con la mirada fija en sus pies y un aire ausente. Nunca lo había visto de esa manera, como si fuera un ente ajeno a la realidad. Desde pequeño, el niño era reservado y meticuloso, aguardando el mejor momento para hablar o actuar. Claro que el chico que tenía enfrente no estaba en sí, parecía que dentro de su cabeza se estaba desarrollando un tremendo conflico, pues tenía el ceño fruncido.
Se acercó a él y tocó su hombro, despertándolo de su ensoñación.
─ ¿Te quedarás a calentar el asiento? ─sonrió ella para indicarle que la siguiera.
Matt no esperó para levantarse y seguirla. Sora fue contando las habitaciones que estaban cruzando hasta hallar la 625. Matt dio un par de golpes y tras un momento la puerta se abrió. Un hombre joven de quizá 27 años los recibió.
─ Entrega de flores para el recién nacido y su madre. ─anunció Sora con una sonrisa. El hombre la miró con extrañeza así que Sora añadió. ─Son de su madre.
Los ojos del hombre se abrieron con notoriedad ante tal mención y con torpeza se hizo a un lado para permitirles el paso. Tanto Sora como Matt ingresaron pidiendo el debido permiso y la imagen de una mujer recostada al final de la habitación, cargando a un pequeño bebé envuelto en sábanas azules, los hizo detener sus pasos.
─ Muchas Felicidades, Señora Suzuki. ─dijeron al unísono los dos jóvenes, para que luego Sora avanzara un poco más enseñando el racimo de rosas que traía con ella.
─ Oh, muchas gracias. ─sonrió con un sonrojo en las mejillas, volviendo su vista al bebé. ─ ¿Quién las envía?
─ Son de mi madre, Aiko. ─habló el hombre con clara emoción que fue igualada por su esposa.
Al principio, a los jóvenes les resultó extraño que haya tanta conmoción por parte del hombre en saber el remitente de las flores, pero al ver que ante tal mención, los ojos de la dama se mostraron llenos de sorpresa y admiración, compartieron una mirada unánime. Ante su desconcierto, la reciente madre rio por lo bajo, abrazándose más a su bebé.
─ Lamentamos tanto dramatismo, ─se excusó el reciente padre tomando posesión de las flores. ─es sólo que mi madre no había visto con bMetropolitano Daibas ojos nuestra relación.
Sora, que enfocaba sus ojos en el pequeño bebé, pasó su atención hacia el hombre tras oír esas palabras. Matt leyó aquella reacción y sabía lo que circulaba por la mente de su amiga. Se acercó a ella para posar sus manos sobre los hombros de la Takenouchi, diciéndole con aquél gesto que su labor acabó allí. Ella asintió y así se despidió de la joven pareja.
─ Cariño, entrégales una propina a los chicos. ─animó la mujer, pero enseguida Sora negó con las manos.
─ No es necesario, se lo agradecemos.
─ Ya su madre nos ha pagado, pero muchas gracias. ─respaldó Matt.
Se despidieron de la pareja para así salir de allí. Todo era tan silencioso que ni siquiera ellos deseaban romper con aquella quietud, de esa manera cerraron la puerta con delicadeza y así fueron camino al elevador que se encontraba doblando la esquina del pasillo.
Yamato miró a su acompañante, tenía la vista fundida al frente, se notaba tan inmersa en sus pensamientos y él tenía una ligera sospecha de saber qué estaba sucediendo dentro de ella. Quizá sea por el hecho de que la conocía desde pequeña que podía entender el mecanismo de su mente. Posó su mano sobre el hombro de la pelirroja, logrando que, con su tacto ella volviera a la realidad. La muchacha lo miró un momento, reconociendo la inquietud que produjo en su amigo. Sora formuló una pequeña sonrisa y así apartar nuevamente su vista de la del chico.
─ Se ve que la pasaron mal… ─a pesar de haberse dirigido a Matt, su voz se oyó como un susurro dirigido a sí misma. ─con una madre que no aceptó su relación.
─ No sé tú, pero me parece haber oído algo parecido. ─Matt le dedicó una pequeña sonrisa a su amiga que ella respondió con un ligero golpe en el brazo.
─ No quiero hablar del tema.
─ Me lo he imaginado, es por esa razón que no he hecho preguntas al respecto. ─se rascó la nuca buscando sus palabras.─ Pero toma a esa pareja como ejemplo, ellos no…
─ ¿Se rindieron? ─cortó enseguida Sora de mala gana, mirando con el ceño fruncido a su amigo. ─No se rindieron porque ella acabó embarazada… ¿Quieres que los tome de ejemplo? ¿Estás bromeando?
Yamato también frunció el ceño molesto por la actitud de la pelirroja. Llegaron hasta la puerta del elevador y apretaron el botón para llamarlo.
─ Olvídalo. ─sentenció Matt cansado. ─Tienes razón, sólo sería una mala idea.
─ Gracias. ─lo miró y suspiró. El ascensor abrió sus puertas, permitiéndoles el paso al interior. Para suerte de Sora, no había nadie dentro, así que se armó de valor para formular la siguiente pregunta. ─ ¿Me dirás que te sucede? ─Yamato la miró confundido a lo que ella enarcó una ceja.─ ¿De verdad me lo harás decir? ¿Qué luces como si hubieses entregado tu alma al diablo o algo así? ─Matt sonrió ante la comparación.
─ Habérsela entregado me ahorraría muchos problemas. ─se metió las manos a los bolsillos pero no dio indicios de alegar algo más.
Sora lo miró por un momento, esperando que la presión de su mirada lograra algo con él. Se cruzó de brazos, rindiéndose. Sora dirigió sus ojos a la pequeña pantalla donde indicaba el descenso de pisos que estaban llevando y mientras iba contabilizándolos, algo afloró en su mente. La imagen de aquella estudiante de cabellera larga y castaña con la cual se toparon al llegar al hospital.
─ Se debe a esa chica, ¿no? ─Matt la miró por el rabillo del ojo. Se encontró con los orbes de la morena, sabía que no podría engañarla. ─ No, no soy tonta ni ciega. Vi cómo se miraron. Además, ¿no es acaso la novia de Taichi?
Las puertas del ascensor se abrieron de vuelta, dando paso a dos personas del primer piso. Sora se hizo a un lado para darles paso y así volver a acercarse a Matt. Por su parte, Yamato miraba el frente con el ceño fruncido, cosa que llamó la atención de la Takenouchi. Bajó la vista por el brazo del Ishida y vio la clara tensión que provocaban los puños del chico.
El líder de la banda no era una persona muy demostrativa, muy pocas veces lo había visto reaccionar ante algo; normalmente, atinaba a hacer pasar y dejar que no le importe, pero al haber hecho mención de aquel detalle que involucra tanto a Taichi como a aquella chica, supo que no le gustó para nada enterarse de eso. ¿Debía preocuparse de la forma en que Matt estaba reaccionando? ¿Es que aquella muchacha significaba algo para él? Imposible, no era de los que se interesan por chicas de una noche. ¿Y si no lo era…?
─ Matt… ¿Estás bien? ─Sora tocó el brazo del Ishida y fue como si lo acabara de despertar. Él bajó la vista al piso.─ ¿No te lo había dicho Taichi? Él me la presentó de esa forma. ─Matt la miró un momento y luego relajó los hombros. Podría decirse que Sora se sintió mal de hablar sobre aquella chica pero no era así. Esa muchacha se estaba volviendo el centro de atención de sus dos amigos y admitirlo sólo acrecentaba el pesar que se acentuaba en su estómago.
─ Si te ha dicho eso, es porque estaba tratando de alejarte. ─contestó con voz baja para que sólo Sora lo escuchase. A su amiga le pareció apreciar que al decir aquello, él también trataba de asimilarlo. ─ Y no te preocupes por mí, estoy perfectamente.
─ Tú cara no dice lo mismo.
─ ¿Quieres que hable sobre Taichi y tú? ─retó el rubio. Ambos se observaron amenazadoramente para luego desviar la atención a otro punto.
Las puertas del elevador se abrieron delante suyo y entonces bajaron de la cabina junto al resto de personas que los acompañaban, dando paso a quienes deseaban subir. Los jóvenes estudiantes caminaron en dirección de la salida principal, cada uno inmerso en sus pensamientos. Sora miró a su amigo por el rabillo del ojo.
Ella sabía que su relación con Matt era más fraternal que cualquier otra cosa, el simple recuerdo de haberlo besado cuando pasaban más tiempo juntos, le provocaba una sensación de extrañeza; pero a pesar de ser consciente de ello, Sora no podía evitar sentirse un tanto ofendida, por no decir celosa, de que el problema que atormentaba a su amigo fuese una chica, ya que era consciente que Matt nunca estuvo realmente vinculado con ninguna mujer en sus relaciones y Sora no era la excepción pues para él, ella siempre sería la niña que conoció de pequeño en la escuela.
Por más que costara admitirlo, se arriesgaba a poner las manos al fuego al decir que la razón de aquel cambio en el líder de la banda, tenía escrito el nombre y apellido de aquella muchacha. Darse cuenta de eso sólo hacía que Sora sintiera rechazo hacia ella.
─ ¿Volvemos al negocio? ─preguntó Yamato a una distraída Sora.
─ Sólo si no tienes nada que hacer. ─sonrió cuando Matt se encogió de hombros.
─ Sabes que no. ─y con un ademán de caminar, ambos tomaron la dirección de la florería de la Takenouchi.
Continuaron sin hablar mucho por el camino de regreso. Yamato no era de los que amaba conversar largo y tendido, Sora lo sabía pero de todas maneras conseguía que sus caminatas fuesen entretenidas. Apreciaba a la Takenouchi por eso, siempre intentaba levantarle el ánimo, cuidaba de él como cuál hermana mayor que era; pero en esa ocasión, la chica estaba muy callada. Como si ella hubiese escuchado sus pensamientos, lo miró y dijo.
─ ¿Quién es ella entonces?
«Así que de eso se trataba», pensó Yamato rodando los ojos. El complejo de hermana mayor que poseía Sora tenía sus ventajas como desventajas y en ese momento se recordó por qué nunca les pidió a sus padres una hermana.
─ Escucha, de verdad no quiero hablar del tema y sé que tú tampoco deseas tratar con el asunto entre Tai y tú, así que…
─ Ya es un hecho que Tai y yo no podemos estar juntos en el mismo el mismo lugar. Creo que la posibilidad de que volvamos a ser amigos se volvió nula, pero eso ya todos lo sabían, ¿no? Los únicos en no darse por enterado éramos sólo él y yo. ─Se abrazó a sí misma y con los ojos puestos en sus pies mientras éstos andaban a paso tranquilo, continuó. ─Mi madre tenía razón… BMetropolitano Daiba, supongo que siempre lo supe, de que Tai y yo arruinamos las cosas esa vez, pero nunca quise admitirlo, así que ahora sólo se trata de pagar las consecuencias. De verdad, yo… No pensé que fuese tan difícil ponerle fin a las cosas estando ebria… ─una risa amarga salió de sus labios.
─ El alcohol sólo funciona como la adrenalina. ─Habló Matt. ─Frena el dolor por un momento para que, pasado el efecto, sientas con plenitud todo. ─Sabía esa sensación de deterioro cuando uno regresa a la realidad y se da cuenta que el sedar su mente y cuerpo sólo postergaba el dolor, no lo erradicaba.
Sora asintió a sus palabras. Miró a Matt un momento y supo que él sabía más al respecto de lo que cualquiera. Levantó sus ojos al cielo y pensó en su madre, en todo lo que ella le había dicho y por un momento la comprendió.
─ Mi madre… Se enamoró de un hombre al que creyó conocer. ─Matt la escuchaba con atención, pues era la primera vez que la oía hablando de su madre de esa manera tan íntima, normalmente rehuía de recuerdos del pasado. ─Mi abuela tampoco estaba de acuerdo con que ella se vea con aquel hombre y por más advertencias que recibió de su parte, ella luchó por estar a su lado… Pero muy poco duró su historia de amor. Él desapareció tras enterarse que iba a ser padre.
Matt abrió los ojos con una sorpresa desagradable. Él sabía que los padres de Sora estaban separados desde que ella era muy pequeña, pero nunca pensó que el hombre las haya abandonado cuando Sora estaba en camino.
─ Lo lamento… No lo sabía. ─susurró Matt tomando la mano de su amiga. Ella entrelazo sus dedos con los de él y pasado un momento, continuó hablando.
─ Entenderás por qué nunca hablé de esto con nadie, ¿no? ─El Ishida apretó con fuerza el vínculo que poseía con su Sora y ella se lo agradeció internamente.
Nunca había contado eso a nadie porque era recordarse cosas innecesarias. Era mejor ser la hija cuyos padres se divorciaron cuando pequeña, que ser la razón por la cual tu padre te abandona.
─ Pues mi madre teme que me suceda lo mismo. Es el mayor miedo que tiene porque cuando mi padre la abandonó, ella no tenía a dónde ir ya que su madre le dio la espalda. Si no fuese por la madre de Ruki… No lo sé. ─hizo una pausa para suspirar y mirar a su alrededor. Aún faltaba un poco para llegar a su destino, pero parecía como si el trayecto fuese de no acabar. ─Mi desliz con Tai, tu sabes… Fue un error que cometimos al beber en exceso en aquella fiesta del club de fútbol.
─ Me habías dicho que él te había llevado hasta tu casa cuando ya no podías estarte en pie. ─Sora asintió. Ella le había contado a grandes rasgos lo poco que recordaba de aquella fiesta que tuvo lugar tras las finales de temporada cuando habían ganado y cómo mérito al esfuerzo, se organizó una fiesta que tuvo lugar en la casa de uno del equipo.
Claro que, aun tratándose de Matt, prefirió evitar mencionar ciertos detalles cómo lo es la forma en que su madre acabó descubriendo el acto ilícito que su hija y el mejor amigo de ésta, cometieron. Y es que siendo la primera vez de una chica estando tan ebria como lo estuvo ella, detalles como cuidar de no dejar evidencias notorias, pasaban a segundo plano y más cuando la libido nublaba la visión de uno.
Su madre, anteriormente viajaba debido al trabajo que mantenía como organizadora de eventos y aquello vino como anillo al dedo cuando Sora despertó desnuda en su cama junto a un Taichi profundamente dormido.
Miedo, confusión y culpa era lo que corría por el cuerpo de la joven en esos momentos, por lo que echar como cual perro sarnoso a un muy confundido Yagami, era comprensible pero no fue correcto, lo sabía. La evidencia de sus actos estaba plasmada en sus sábanas, se sentía tan afligida, que lo primero que hizo fue deshacerse de la mayor evidencia de todas, aunque a ¿qué precio? Vivir en un departamento tenía sus ventajas, pero tampoco era lo mejor del mundo si tus vecinas eran conscientes de que algo había ocurrido en tu casa viéndote llegar con un notorio estado de ebriedad, en compañía de un muchacho en tu misma o peor situación etílica para que a la mañana siguiente te vean echándolo del departamento y finalmente evidenciarte al tirar a la basura tus sábanas.
Las voces se esparcieron y los dedos comenzaron a apuntar a un sólo blanco, que cuando su madre lo supo, no sabía si sentirse enojada o humillada de que todo el vecindario tuviese a su hija al filo de sus lenguas.
Sora sabía que Matt no la juzgaría, nunca lo hizo y siempre estuvo para ella. Nunca podría terminar de agradecer todo el apoyo que recibió por parte del Ishida como de su querida prima Ruki. A pesar de eso, siempre latería en su consciencia el que ella y Yamato se volvieron muy cercanos a tal punto de llegar a salir juntos, a pesar de que él lo hacía más para no dejarla sola.
Sonaba estúpido, pero ella se sentía como en los viejos tiempos al lado de Matt, como cuando eran niños y eran tan unidos… Pero seguía palpitando en su interior que sólo utilizó a Yamato por un fin egoísta.
─ Las cosas suceden por una razón, nada es al azar. ─habló el muchacho, logrando que los orbes de Sora se centraran en él. ─No te lamentes por cosas del pasado, sólo sigue adelante. Es más sencillo.
Ella apretó el agarre que mantenía con él, sentirlo de esa manera le recordaba que no estaba sola. Acabaron por separarse cuando el negocio se materializó delante de ambos y una vez que entraron, Takumi los recibió con una sonrisa.
─ Estamos de regreso. ─dijo Sora acercándose al mostrador. ─Yamato se quedará conmigo atendiendo, así que puedes cederme tu turno, Takumi.
─ ¿Lo dices enserio, Sora? ¡Ah, eres un ángel! ─exclamó emocionada la muchacha.
─ Que no te engañe su ternura… ─bromeó Yamato. ─Me hará trabajar a mí.
─ No te quejes, Ishida. Tú te ofreciste. ─Sora lo fulminó con la mirada.
Luego de recoger sus pertenencias, Takumi se marchó muy contenta, diciendo que se iría a verse con su novio. Sora suspiró al verla marchar, sintiendo un poco de envidia de aquella felicidad que mostraba la joven.
─ ¿De qué te quejas? Estás conmigo, ¿no te basto? ─preguntó Matt fingiendo estar ofendido. Ella enarcó una ceja intentando no reírse del chico.
─ Ya, ya. No llores. ─ella se sentó tras el mostrador y Matt la imitó al sentarse frente a ella. ─Ahora dime… ¿Qué hay entre tú y esa chica? ─Yamato se pasó sus manos por el cabello, enseñando la frustración que sentía con su persistencia, recibiendo una sonrisa por parte de Sora. ─ ¿Qué? ¿En serio creíste que te he contado mis cosas por diversión? Vamos, suéltalo.
No tenía opción. Sora era una verdadera estratega, tal y como toda hermana mayor debía ser cuando de sacar provecho a su menor se trataba, aunque el mayor entre ambos fuese él. Suspiró derrotado.
.
La mañana estaba dando inicio nuevamente y casi por costumbre, Zoe despertaba antes de que su alarma sonara. La chica terminó de ajustarse los zapatos cuando su mucama se acercó a ella informándole que el chofer ya estaba listo y esperándola fuera. La rubia agradeció a la mujer y se dirigió hasta el comedor en donde se encontraba un anciano de mirada seria leyendo el periódico y una humeante taza de café a un lado suyo.
Cuando la puerta de la habitación se cerró detrás de ella, el hombre volteó a mirarla y un pequeño brillo vislumbró en los ojos del mayor, pero sólo eso, nada de sonrisas o gestos que le dijera algo. Ella bajó la mirada mientras avanzaba hacia él.
─ BMetropolitano Daibas días, abuelo. ─saludó la muchacha en italiano. El hombre asintió con la cabeza y dejó a un costado el periódico.
─ BMetropolitano Daibas días. ¿Ya te vas al Instituto? ─ella asintió. ─Bien. ─su abuelo le hizo un gesto para que se acercara a él y así lo hizo. La mano del hombre formó una cruz en el pecho de su nieta. ─Buena suerte.
Ella agradeció la bendición, comenzando a caminar para volver a salir del comedor. Pero entonces, la voz de su abuelo volvió a resonar.
─ ¡Primavera, [10]─llamó antes de que ella desapareciera tras la puerta. ─no olvides que esta tarde tienes clase de ballet!
La rubia tragó saliva con cierta dificultad pero acabó por sonreír y asentir al mayor. Salió entonces de su casa para ir hasta el frente de ella en donde ya la aguardaba su limusina. Subió a la parte trasera y acomodó sus pertenencias a su lado. Al tiempo en que el vehículo se había puesto en marcha la música inundó el interior. Izumi sonrió cuando los ojos del chofer se visualizaron en el retrovisor, siendo consciente que el hombre ponía las canciones favoritas de la muchacha cuando ella iba a bordo.
─ ¿Cómo amaneció, señorita? ─saludó el hombre de mediana edad.
─ Muy bien, ¿y usted, Hatoyama?
─ De maravilla teniéndola aquí. ─Zoe rio ante aquel comentario. Era sabido que el chofer, así como el resto de los sirvientes dentro de su hogar, sentía un gran afecto hacia la muchacha al igual que ella hacia ellos, a pesar de no llevar mucho tiempo viviendo en Japón. ─ ¿La dejaré nuevamente a una cuadra del Instituto, Señorita?
─ Así es. Ya sabes, no…
─ No quiere llamar la atención. ─completó la frase. ─Pero aún creo que debería de completar el viaje. Que no suceda como ayer que tuvo que cargar con todos esos vestidos. Mire si se les venía encima y caían al suelo.
La rubia sacó de su bolsillo el relicario de oro blanco que Koji recogió para ella. Acarició la superficie con lentitud y aunque sintiese aún una punzada de tristeza al recordar la forma en que había reaccionado el bajista ante las bromas de su compañero, diciendo que ella era una desconocida para él, el recuerdo de sus ojos ―oscuros y profundos― aceleraban su ritmo cardíaco.
─ Lo sé, pero no sucedió nada malo. Confío en llevar la misma suerte.
El día anterior fue la primera vez que había hablado directamente con aquel chico. Era decepcionante saber que él no la recordara como ella a él. Suspiró y miró a su ventana. Hace casi un año que ella había dejado su tierra natal para ir al de su querido padre; instalarse en Odaiba implicaba tantas cosas y una de ellas era iniciar de cero, algo que creía era lo que ella necesitaba.
Continuaron el mismo trayecto escuchando una selección increíble de música electrónica. Ella mecía sus pies al compás de Fall into the sky, disfrutando cada compás que el estilo fresco y adictivo del electro house[11] causaba en ella, sumergiéndose con la voz de Ellie Goulding y el remix de Zedd y Lucky Date. Observaba por la ventanilla y veía pasar casas y personas como un pliegue infinito de imágenes que corrían a su lado, sus ojos se entretenían con el juego de colores que pasaban delante suyo. Unas gotas de agua fueron estrellándose contra el parabrisas aumentando así la sensación de paz y tranquilidad que ella amaba.
Al detenerse el vehículo ante la luz roja del semáforo, fue cuando sus ojos dieron con una figura en específico, una cuya simple presencia expresaba un juego de claroscuro con lo que lo rodeaba. No pudo apartar la mirada de él y fue consciente que la lluvia iba en aumento al igual que sus pasos. Verlo empapándose cada vez más bajo el agua, sólo lograron que el recuerdo de aquel día aflorara en su mente, de la forma en que él la había salvado la vida hace apenas unos meses atrás. «De verdad… ¿No me recuerdas?» pensó con tristeza. Sus dedos se cerraron con mayor fuerza al rededor del relicario y sin pensarlo dos veces, habló.
─ ¡Estaciona el auto! ─El chofer, aunque desconcertado por la repentina orden, no discutió contra ella. Dobló en una esquina y paró el vehículo, entonces la miró.
─ ¿Sucedió algo, Señorita?
─ Sí, creo que me bajaré aquí. ─dijo sonriendo y a pesar de las protestas del chofer, ella bajó del vehículo y con la sombrilla a cuestas, escondida en aquella esquina, esperó que el Minamoto avanzara lo suficiente para que ella pudiera pasar desapercibida por él.
Koji se había colocado la capucha de su chaqueta y con los auriculares a cuestas, caminaba bajo la lluvia, disfrutando de las gotas que caían con tranquilidad. O eso fue hasta que la intensidad de las gotas aumentaron.
─ Maldita sea… ─dijo por lo bajo, amarrándose mejor la chaqueta. ─Y eso sucede por no traer paraguas.
─ Es una suerte que lo traiga yo. ─Comentó Izumi cubriendo a Koji con su paraguas.
El muchacho se sorprendió de verse libre de la lluvia, entornó entonces sus ojos hacia sus espaldas y vio la sonrisa de Zoe. Se quitó los auriculares y la miró con una ceja enarcada.
─ ¿Eres algún tipo de acosadora?
─ ¿Te han dicho lo agradable que eres? ─Izumi hizo un puchero que fue respondido con un rodar de ojos, y aunque no lo notara, una pequeña sonrisa se formó en los labios del Minamoto.
─ Supongo que gracias.
─ Supongo que de nada. ─Koji trató de disimular la gracia que le causaba el verla haciendo pucheros. ─ ¿Siempre vas sólo? ─preguntó al alcanzar su andar.
─ No, suelo ir con mi hermano pero está enfermo.
─ ¿Qué le sucede?
─ Es débil con la bebida. ─se encogió de hombros al recordarlo. Por lo que su madre le había dicho, Koichi no volverá al Instituto hasta al día siguiente por precaución, ya que el chico seguía sin despegarse del baño. La miró disimuladamente.─ ¿Y tú? ¿Siempre vienes sola?
─ Si, ─recordó a Hatoyama, su chofer pero prefirió no hablar de más. ─es aburrido pero qué se la va a hacer.
─ Para ti ha de ser un suplicio. Pareces ser una chica escandalosa.
─ ¡Ey, no seas tan amable, ¿quieres?! ─Lo sabía. Sabía que Koji era completamente distinto a ella, pues él se lo veía tan retraído y serio, mientras que ella no podía estarse quieta o callada por mucho tiempo. Sus comentarios, en lugar de molestarle, sólo acrecentaba la curiosidad que sentía por él; el chico desprendía tanto misterio que no podía sólo ignorarlo, ella deseaba conocerlo.
El Minamoto miraba al frente mientras que ella lo observaba por el rabillo del ojo. No sabía que llamaba más su atención, la forma en que sus ojos enseñaba tanta concentración en lo que tenía enfrente o la belleza que enseñaba, una peligrosa y que creaba una barrera ante todo aquél que deseara acercarse demasiado.
Izumi no pudo evitar recordar aquella pintura de Kawakami Gensai[12] que Hinata, su mucama tenía en su recamara. A pesar de que se tratara de una imitación, era muy antigua, se notaba por el color añoso que enseñaba la pieza de arte. En ella la figura del proclamado samurái se erguía junto con una mirada tan profunda que podía sentir que calaba dentro de uno. Era imposible no compararlo con la mirada de su acompañante, cuyas facciones eran indudablemente japonesas, una entidad tan propia que por un momento se sintió celosa de ello.
─ ¿Orimoto, no? ─ella se sobresaltó al oír la voz de Koji que por un momento creyó haber sido descubierta en el apogeo de sus pensamientos. Sin embargo, el muchacho le señaló su hombro. ─ ¿No traes algún bolsón?
Ella parpadeó un momento sin comprender a qué se estaba refiriendo, pero cuando se fijó en sus brazos cayó en cuenta de lo que él quería decir: se olvidó de su mochila en la limusina.
Deseó golpearse contra algo bien fuerte por haber sido tan distraída, pero necesitaba mantenerse calmada o Koji la tomaría por una completa distraída (cosa que era, pero eso no tenía por qué saberlo).
─ S…Sucede que… «Piensa, piensa, piensa» Me quedé a dormir en lo de una amiga y… Y pues me habré olvidado allí. ─comenzó a rascarse la nuca con nerviosismo. Koji la miró fijamente pero no hizo ningún comentario.
Iban acercándose al Instituto cuando Zoe y Koji visualizaron a un hombre vestido con un traje negro que agitaba su mano al aire. La escena resultó muy llamativa a ambos jóvenes pero lo fue más para la rubia al reconocer que se trataba de Hatoyama que la estaba llamando exageradamente mientras cargaba con su otra mano su bolsón.
─ ¿Conoces a aquel sujeto? ─preguntó Koji mirando con desconfianza al chofer. Por su parte, Zoe se sonrojó enormemente para así decir.
─ ¡Eeh, Señor Hatoyama! ¡Qué amable, me ha traído mi bolsón! No tenía por qué. ─la rubia fue corriendo hasta el chofer y tomando de la cartera, se acercó lo suficiente al hombre para susurrarle. ─Te lo agradezco, Hatoyama pero por favor, finge no conocerme.
─ ¿Eh?
─ ¿Está todo bien, Orimoto? ─Koji se acercó hasta ambos y miró fijamente al chofer, sin poderse aún tragar la historia que Izumi le había contado.
─ S…Si, te presento al señor Hatoyama. Es el padre de la amiga que te mencioné. ─Viendo que el chico de la bandana no se creía mucho la historia, lo tomó del brazo y comenzó a avanzar hacia el interior del Instituto. ─Muy bien, debemos ir adentro. Hasta luego, señor Hatoyama. Saludos a Gou.
El sirviente se quedó mirándolos caminar hacia el interior del recinto estudiantil, aún sin comprender completamente lo que acabó de acontecer. Izumi siguió avanzando a paso acelerado aun teniendo entre sus manos el brazo del muchacho. Koji la miraba con desconfianza, pero había diversión en sus ojos al percatarse de la forma en que ésta se comportó hace un momento, sin mencionar que se notaba tan nerviosa que ni cayó en cuenta que lo seguía tomando del brazo. La chica era pésima mintiendo.
─ Te agradecería que me soltaras, sé caminar por mi cuenta.
Cuando lo oyó, la chica miró a sus manos y vio que lo tenía bien sujeto. El sonrojo que ya traía encima aumentó considerablemente y se soltó del Minamoto, bajando la mirada a sus pies. No podía ser más idiota.
─ Lo lamento.
Antes de que Koji dijera algo más, ambos oyeron que alguien llamaba al Minamoto a lo lejos. Tanto el aludido como Zoe se voltearon a ver que Kazu venía acercándose a la entrada del Instituto al igual que muchos otros alumnos. El bajista carraspeó al ver y esto fue suficiente para que Zoe comprendiera la situación.
─ Será mejor que me marche. ─Él volteó a mirarla con curiosidad, pero sólo encontró una sonrisa en los labios de la de primer año.
No esperaba que Koji dijera nada e hizo bien, porque el muchacho sólo asintió. Una punzada de dolor la asaltó pero prefirió no darle importancia. Ella comenzó a caminar dejándolo atrás y de ésta manera poder subir la escalera que la llevaría a su salón.
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Mimi observó la lluvia caer desde el interior de su vehículo. Apretó con fuerzas el dobladillo de su falda, tratando de contener los impulsos que la asaltaban por marcharse nuevamente a su casa. «Es solo agua, Meems. No hay trMetropolitano Daibas ni nada semejante» Era su única forma para tratar de calmarse y bajar del auto. Su respiración era lenta y pausada, controlada. Necesitaba tener la mente en calma para actuar como debía.
─ Señorita Tachikawa, ─la tenue voz de Tanaka le recordó que no estaba sola y que estuvo mirando la ventana por más de veinte minutos. Las clases estaban por dar inicio y por más que lo sabía, su cuerpo no accionaba. ─no se preocupe por la demora, la esperaremos el tiempo que sea necesario.
Ella no volteó a mirarlo, pero asintió levemente a sus palabras. Él no tenía problemas para aguardar y ella lo sabía, pero no podía seguir temiendo y dejar que el miedo la controlara. Trataba de evitar pensar en Yamato pero aquella noche que estuvieron en su auto él la hizo sentir como nunca antes se había sentido: segura. Cerró los ojos con fuerza y entonces quitó el seguro a su puerta.
Tanaka la observaba silenciosamente, intentando no mostrar la preocupación que ella le inspiraba; sin embargo, la sorpresa no pudo disimularla demasiado cuando la vio quitando el seguro a la puerta. A pesar de que el temblor estuviera presente en sus manos enseñando el miedo que la apabullaba, ella se mantuvo firme. No podía deshacerse de sus temores en un abrir y cerrar de ojos, pero el intento por conseguirlo ameritaba un cambio en ella. Tanaka bajó del auto y enseguida hizo lo mismo con el paraguas, cubriendo el espacio que tenía Mimi para bajarse del coche.
─ Que tenga una exitosa mañana, Señorita.
─ Ese es el plan. ─respondió con un ligero quiebre en su voz.
Ella no volvería a verse débil ante nadie más que ella misma. Ya no le daría el gusto a nadie de verla deshecha. Haría que se arrepintieran del día en que se burlaron de una Tachikawa.
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Yamato veía por la ventana del aula como caía el agua, primero con pasivo andar y luego fue en aumento. Frunció el ceño al recordar a Mimi. ¿Cómo estaría en esos momentos? ¿Le afectaría incluso ver gotas de agua? Se negó a sí mismo. No podía tener la cabeza llena de esos pensamientos. Ella no tenía que representar ya nada en su mente y mucho menos en su vida. Dejó escapar un suspiro cansado, de esos que pareces entregar todas tus fuerzas en el intento. Apartó su mirada de la ventana y las centró en sus manos sobre su pupitre, las tenía amarradas en puños que ni él recordaba haberlas formado. Se deshizo de la fuerza en ellos y observó a su alrededor.
La maestra de física estaba a mitad de la explicación y él con la cabeza en las nubes. Tomó su lápiz en mano y volvió a anotar todo lo que la mujer había escrito en la pizarra. Sí que era rápida, hace un momento tan sólo una pequeña parte del acrílico estaba escrito pero al regresar a la realidad, ya había llenado todo cuanto su superficie le era permitida.
― Entonces, ¿qué ocurre cuando se incrementa la presión aplicada a una superficie de un fluido incompresible?
«El incremento de la presión aplicada a una superficie de un fluido incompresible conteniendo en un recipiente indeformable, se transmite con el mismo valor a cada una de las partes del mismo.»[13] Pensó al escribir. Estaba bien, siempre se sintió atraído por la física así que no era ningún esfuerzo seguirle el hilo a la maestra. Miró por encima de la cabeza de la docente al reloj que marcaba la primera hora desde que el timbre había dado inicio a las clases. A penas había pasado la primera hora y ya deseaba verse libre de aquel salón. Necesitaba pensar en sus escritos, la letra que faltaba para la melodía de Koji que aún les tenía de malas.
Para cuando se dio cuenta, se encontraba escribiendo sobre la última página de su cuaderno ideas que revoloteaban en su mente. Ninguna que vaya acorde al ritmo que el Minamoto proponía.
─ Maldita sea… ─Susurró o eso creyó, pues la voz de la maestra se detuvo.
Llamado por la curiosidad de no oír más la estridente voz de la mujer, levantó el rostro para fijarse en qué la había interrumpido. La mala noticia era que ella estaba mirando en su dirección. No podía ser, tenía que ser otra persona. Miró a sus espaldas pero no corría con buena suerte, pues era el último en la fila.
─ Le recuerdo, Señor Ishida, que esta sala es de aprendizaje, así que si es tan amable guárdese sus comentarios inadecuados para el receso.
Todos lo estaban mirando, algunos con sonrisas divertidas, otras con ceños fruncidos pero ninguno era el que esperaba. Se encogió de hombros y asintió a la docente; por su parte, ella regresó a lo que iba en la pizarra mientras que Matt ya había perdido por completo el interés en la clase y se entretenía en hacer un brainstorm en su cuaderno.
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La hora del primer receso dio inicio y por ende, la hora de la tan nombrada reunión de directivos. Todos los presidentes de cada club en compañía de su vicepresidente y profesores asiduos a cada uno fueron ingresando a la sala de juntas que se empleaba para las sesiones de gran amplitud llevada a cabo por el centro de estudiantes.
Los asientos fueron llenándose de a poco, conforme el tiempo iba transcurriendo. Zoe observaba a la multitud creciendo para luego regresar su vista a la hoja con escritos que traía entre sus manos. Estaba nerviosa, eso no lo podía negar ni el más distraído del mundo al fijarse en cómo se encontraba la rubia.
¿Dónde quedó toda aquella facilidad para decir lo que pensaba a tal punto de hartar a las personas? Vaya a saber Dios, pues ella estaba aterrada. Volvía a releer la misma línea una y otra vez hasta darse cuenta que no avanzaba de allí. Se pegó en la frente y dio la vuelta la página para seguir leyendo.
Al ser ella la dadora de la idea madre del proyecto Hanami, Mimi estuvo de acuerdo en ceder la palabra a la Orimoto para que entrara en más detalles y además de darle la dirección del Acto cultural que había planeado. Era más de lo que había pedido y estaba tan emocionada que no durmió absolutamente nada la noche anterior de la alegría, pero en esos momentos no sabía si "alegría" sea la palabra correcta para describir a lo que latía en su estómago y pecho.
─ ¿Sabías que la mayoría de las personas que sufren de pánico escénico terminan vomitando?
Izumi pegó un respingo y miró a sus espaldas encontrándose con la mirada seria de Minamoto Koji junto con Ishida Yamato. Ella trató de parecer relajada, pero tenía la costumbre de que, cada vez que estaba cerca del primero, terminara por perder la calma, era ciertamente un alivio ver a Matt allí, de esa manera no tenía que concentrarse tanto en Koji.
─ Que suerte que no sufra de pánico escénico. –Respondió sonriendo, tratando de hacer pasar la sensación de vértigo que traía encima de ella.
─ ¿Estás segura? –Preguntó Koji enarcando una ceja.
─ ¿Te parezco nerviosa? –Rió fingidamente. –Deberías de ir al oculista. –Mal chiste. Se abofeteó mentalmente y acabó por darle la espalda. –S…Sera M…Mejor que vayan a sentarse. Está por empezar la reunión.
Yamato observó la escena y una pequeña sonrisa afloró en su rostro. Kazu tenía cierta razón en lo que le había comentado y a pesar de verlo, no lo acreditaba. El vocalista golpeó ligeramente el brazo del Minamoto cuando éste daba indicios de marcharse. Koji lo miró dubitativo pero entonces Matt se alejó de él.
Zoe había devuelto su atención a sus anotaciones, sin oírlos decir nada más. Ella sólo esperaba que se fueran, ya tenía suficiente con el repentino nerviosismo que le provocaba hablar entre aquellas personas, como para sumarle la inseguridad que le provocaba el muchacho.
En vez de eso, sintió el peso de una mano sobre su hombro izquierdo, tensándose al oír la voz de Koji junto a ella.
─ Te diría que los imagines en ropa interior, pero no creo que quieras traumatizarte con algo así. ─sin nada más que decir, comenzó a avanzar dejándola atrás.
Ella esbozó una sonrisa y un pequeño bufido se le escapó de sus labios, viéndolo marchar hasta situarse al lado de Yamato. Entonces cayó encuentra de que él estaba… ¿Estaba siendo amable con ella? O ¿es que estaba empezando a perder la cordura y le pareció escuchar que Minamoto Koji fue dulce con ella?
Inconscientemente, se llevó una mano a su hombro izquierdo y sonrió. ¡No, Zoe! Se dijo, deja de pensar en estupideces. Y volvió su atención a sus hojas para luego sentir un leve golpe sobre los hombros.
─ ¿Lista? –Preguntó ahora Mimi en compañía de Miyako. Zoe asintió. –Ya sabes cómo procederán las cosas, ¿no? Primero yo hablo y doy un breve discurso sobre el proyecto, luego Yolei –señaló a la muchacha a su lado. –citará a los miembros de los clubes, tomando lista y por último empezarás tú a explicar el proyecto en sí. ¿Vamos bien?
─ Perfectamente.
─ Buena suerte. –Dijo ahora Yolei para que tanto ella como Mimi se alejaran de la Orimoto.
La rubia respiró un par de veces para así seguirlas y tomar asiento en un lugar cercano al de Mimi. «Tranquila, todo saldrá excelente»
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Para cuando Mimi y Yolei se sentaron, la sala se mostraba llena de estudiantes como de algunos maestros a cargo de los clubes, todos y cada uno sentados esperando porque la reunión diese inicio. La Tachikawa estudió rápidamente lo que la rodeaba y se encontró con los orbes castaños de Taichi, quien la miraba con total seriedad, pero un aire triste que le hizo fruncir el ceño y apartar la mirada, evitando prolongar el drama; dejó de enfocarse en el capitán de fútbol para así mirar otro punto y continuar con su escaneo. Todos estaban presentes, desde los clubes deportivos a los científicos y artísticos, sin poder faltar el club de música. Ishida y Minamoto, leyó desde los identificadores de papel responsando sobre la mesa que los señalizaba como tal.
«Concéntrate, Meems» Se dijo a sí misma y centró sus ojos en los papeles que contaba. Cuando llegó la hora acordada para la apertura de la reunión, Mimi se levantó de su silla y dio un saludo general a todos los presentes.
─ Antes que nada, quisiera agradecer la presencia de todos dentro de ésta sala, desde alumnos como maestro, pues esto no podría ser posible sin la colaboración de ustedes. ─sonrió dando una vista general de todos los presentes y recibiendo una como respuesta. ─Como ya sabrán, el proyecto Hanami es el primero en realizarse en el año después de haberlo suspendido hace cinco y el que vuelva a formar parte como una actividad propia del Instituto compete mucha responsabilidad y lleva una carga de importancia, de por sí, muy grande. Es una de las tradiciones más bellas que tenemos, pero no se trata sólo de cumplir con una fecha en específico, sino en enseñar que el Instituto Odaiba es una sola entidad y trabaja cómo uno.
»Y la función del proyecto es exactamente eso, encontrar una forma de impulsar el trabajo en equipo, consiguiendo que de ésa manera, el cuerpo estudiantil vea con otros ojos que el aprendizaje no se basa sólo en memorizar libros o versos, sino que la cuestión erradica en el aprendizaje real… ─Todos guardaban silencio escuchándola con atención, asistiendo a sus palabras, sonriendo con ella; era verdad que la mayoría de los estudiantes como los maestros mismos, sentían simpatía por la presidenta Tachikawa, pues se veía tan transparente al hablar, transmitiendo dulzura como decisión. Además, era conocimiento de todos con quienes ella compartió salón a lo largo de sus años de preparatoria, el esfuerzo por verse como mejor alumna en el presente.
Una vez acabada su presentación, cedió la voz a su mano derecha, Inoue Miyako. La peliviolácea se levantó de su sitio al tiempo en que Mimi volvió a sentarse, tomó su lista de nombres presentes y comenzó a llamarla. Cuando iban oyendo su nombre, levantaban su mano derecha y afirmaban estar presentes para recibir una puntuación por parte de Yolei al lado de su nombre. Eran cuarenta alumnos, dos para cada club que se dividían en cuatro grandes áreas, las cuales contaban con cinco clubes específicas y a cargo de cada una estaba un profesor responsable.
Yolei volvió a sentarse y esa fue la señal para que Izumi se parase de su sitio. Lo hizo de golpe y sin gracia alguna, mostrándose rígida. Trató de respirar con tranquilidad y sus ojos dieron con los de Koji, dos orbes oscuros que la observaban detenidamente y aunque todos centraban sus ojos en ella, la italiana sólo podía verlo a él, porque cada vez que aquellos ojos se posaran sobre algo, él lo observaba con tanta calma y concentración como si fuese a entender el mecanismo de funcionamiento de aquello que llamó su atención… Ahora ella era el centro focal de la sala, y la de él. Caer en cuenta de ello generó una electrizante sensación y sus mejillas se tiñeron de rojo, pero eso no la hizo acobardarse.
─ De acuerdo a la breve reseña de la Presidenta Tachikawa, me toca entrar con más detalles sobre cada una de las actividades aceptadas para ser desarrolladas en el Hanami, el cual cumplirá con cinco partes en tres distintos días, siguiendo el tratado de "Los cinco anillos"[14] de Miyamoto Musashi, pero adecuándonos a las actividades propias del Instituto como lo es el deporte, la ciencia, la cultura y el arte. De ésta manera lo que se desarrollarán en esos tres días, empezando por el Día uno, será una demostración de los antiguos deportes nacionales como el kendo, judo y sumo o lucha, seguida de danzas tradicionales como lo es el Mai[15] y Odori[16] y se finalizará con un concurso de comida.
»Para el Día dos, se iniciará con la proyección de la película Flor de Cerezo, seguido de una demostración de gimnasia artística como gimnasia acuática; se dará culmino con un festival de comida y concurso de sake. Y para finalizar, el Día tres habrá una exposición de arte antiguo y esculturas humanas, seguido del baile de Butoh, posteriormente la demostración del Acto cultural que incluye tanto teatro y música y de ésta manera, cerraremos el último con una demostración de fuegos artificiales. Antes de cada actividad culminante, se dará tiempo para realizar el Hanami desde el patio principal del Instituto, cuya vista da al Parque Metropolitano Daiba [17] –Al terminar de hablar, observó a su alrededor y vio mucha quietud. Entonces el maestro Aizawa Kaoru ―docente en el área de historia― elevó su mano derecha tomando la palabra.
─ ¿La directora Oda dio su consentimiento a estas actividades? –Mimi asintió y entonces una sonrisa se dibujó en el rostro del hombre de mediana edad. –Pues entonces no tengo otra cosa que decir que suena maravilloso.
La aceptación unánime del gran grupo presente se elevó y entonces todos empezaron a hablar en conjunto sobre lo que correspondería mejor a su grupo o club, algunas disputas por tomar el control de las actividades que sonaron como a halagos para la Orimoto.
Koji miró a Matt a lo que éste sonrió, comprendiendo qué quería decir con sus ojos. Antes de ir a la sala, Kazu interceptó a los dos músicos con la orden de aceptar sólo y exclusivamente el papel como instrumentistas para el acto cultural del que todo el mundo hablaba. Al principio no entendían porque tanta obsesión con aquella actividad por parte del Shiota, hasta que éste sonrió maniáticamente.
─ ¡¿No lo ven?! ─dijo extendiendo las manos con exageración, logrando que tanto Matt como Koji retrocediesen un paso. ─ ¡Es la oportunidad perfecta para nuestra banda! Imagínense que somos amos y señores de la parte musical, todos los que acudan al festival, gente de afuera del Instituto, nos conocerá… Podríamos hasta incluso llamar la atención de algún caza talentos…
─ Espera… ─dijo Koji interrumpiéndolo. ─ ¿Un caza talentos? ¿Cómo estás tan seguro que haya uno?
─ No es necesario que vengan… ─Habló Matt de forma pensativa, hablando a modo de sólo él oírse, aunque ya tenía puesta sobre él la atención de sus compañeros. Miró a Kazu con una sonrisa de satisfacción. ─Si Mahoma no viene a la montaña…
─ ¡La montaña va a Mahoma! ¡Exacto, Yama! Podemos enviar invitaciones o incluso grabar el acto y que ésta sea nuestra carta de presentación.
Ahora Matt y Kazu miraban con ojos expectantes al bajista del grupo, quien al verse como centro de atención de ambos, los miró con extrañeza para después encogerse de hombros rendidos. No había elección, iban a aceptar tomar aquella tarea y así las fuentes de Ruki hiciesen su trabajo, consiguiendo que The Warrior Wolf sea conocido.
Mimi se levantó de su asiento y con aquella acción, todos comenzaron a guardar silencio para prestarle atención nuevamente.
─ Es motivador ver la predisposición de todos, pero necesitamos designar los puestos de cada club con respecto al proyecto, así que Yolei irá mencionando cada actividad y nominarán al club y la persona que creen corresponda para tomar dirección de la misma. –Hizo un ademán de dar continuidad al asunto así que Miyako tomó la palabra citando la primera actividad. ─ Lo has hecho muy bien, Zoe. ─Felicitó Mimi a la rubia en un susurro desde su sitio. Orimoto asintió complacida por ello y el rubor fue en aumento cuando volvió su vista a Koji, aunque éste no la estuviese viendo ya que estaba hablando con Matt.
─…Entonces la demostración artística va para…
Hikari levanta la mano al igual que Arikawa Momo, la presidenta del club de gimnasia artística.
─ Natación y Gimnasia. ─va anotando Yolei. ─ ¿Quién será el coordinador? ─las dos jóvenes se miran con una sonrisa tímida para que Kari hable seguidamente.
─ Creo que Momo tiene más experiencia. Sería un placer que guíe a los miembros del club de nado.
Momo asiente con una sonrisa entonces Yolei escribe su nombre al lado de la actividad. Los demás actos fueron mencionados y de la misma manera que Hikari y Momo, otras manos se elevaron solicitando la participación de su club en dicha actividad. De esa manera los clubes de Football, basket y kendo se anotaron para la demostración de deportes tradicionales; los del club de danza y volleyball tomaron participación para los bailes del día uno y tres; miembros del club de informática y escritura fueron quienes solicitaron la proyección de la película; el club de cocina y botánica se encargarían del festival de comida como de la competencia de sake; los del club de arte y biología harían la representación de las esculturas humanas; los fuegos artificiales sería responsabilidad del club de química, física y astronomía; mientras que el club de fotografía en compañía con la de periodismo se encargarían de las tomas del evento, sin mencionar que llevarían adelante y a conocimiento general, todas y cada una de las demás actividades como número importante para el periódico del Instituto; la decoración iba a cuenta de todo el Instituto, cada grupo ornamentando su zona y stands. Ya todo estaba prácticamente decidido, sólo faltaba una actividad…
─ Y para el acto conmemorativo tenemos a… ─Yolei leyó en su papel los clubes que faltaban por alistarse. ─ ¿Que me dicen, música, teatro e historia? ─tres manos se elevaron al ser mencionados. ─participarán en ésta actividad. Perfecto. ─anotó sus nombres. ─Ahora, todos saben que el coordinador principal de éste acto es Orimoto Izumi, ¿no? Lo que resta asignar sería un representante de cada área, es decir de la obra en sí y con los cuales, Orimoto trabajará de aquí en adelante. Bien, empecemos con la obra en sí…
─ Tomaré el rol de la obra. ─expresa Matsura Joshira, presidente del club de teatro. Mira a Yamato. ─Supongo que estarás de acuerdo en ser el representante del acompañamiento musical, ¿no?
─ Recuerda lo que había dicho Kazu, Yamato. ─escucha decir a Koji.
─ Lo sé, ─responde Matt con una tenue sonrisa. Aquella mañana, Hirokazu les había proporcionado una de las pocas grandes ideas que se le pudo ocurrir a fin de hacerse conocer y por fin conseguir la anhelada firma con alguna disquera. Era un hecho que iba a aceptar ser el coordinador del área musical, estaba en camino por levantar la mano cuando, otra voz lo interrumpe.
─ Con todo respeto, Ishida ─habla Mimi, ganándose la mirada de todos los presentes. ─somos conscientes de que tienen una banda y experiencia tocando en público, pero no creo que sean lo suficientemente flexibles para tomar éste rol.
Yamato entrecerró los ojos al mirarla, sin comprender por qué lo estaba llamando "inflexible". Ella se mostraba tranquila al hablar, como cuando dio su discurso inicial, pero algo le decía que aquello estuviese yendo por buen camino. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Yolei añadió.
─ Creo que la presidenta tiene razón en éste punto… ─busca entre sus hojas y saca una lista de nombres. ─Hicimos una investigación sobre los estudiantes que tienen conocimiento musical y hallamos satisfactorios resultados, pues se podría formar un elenco de músicos con la variedad de instrumentos que ejecutan.
─ ¿Qué…? ─Tanto Matt como Koji miraban a su alrededor pasmados cuando vieron la aceptación colectiva a su propuesta. No podían permitirlo.
─ Tenemos conocimiento musical, considero que Yamato es apto para tal rol. ─discutió el bajista del grupo.
─ Pero el conocimiento que manejan se basa sólo en música pesada… ─responde Mimi a la protesta del Minamoto. ─Este acto necesita más… "Universalidad" y conocimiento de lo tradicional.
─ Nosotros contamos con esa universalidad de la que hablas ─contradice Koji con más fuerza. ─podemos encargarnos de esa actividad.
─ No es nada personal, Minamoto─ responde Mimi con neutralidad. ─Es sólo que queremos una presentación apta para todo tipo de gustos musicales, y en cuanto a mi opinión…
─ ¿Qué sabes tú esto? ─la voz grave y ronca de Matt se abrió paso entre la discusión de Koji y Mimi. Ella dejó de hablar para mirarlo a los ojos con el ceño fruncido. ─Dices que no tenemos "universalidad", cuando en realidad nos estás privando de salir del supuesto cuadrado del que nos acusas. Además, ¿qué sabes tú de música? ─Hizo una pausa para luego continuar. ─Trato de imaginar cuál sería tu track list, Tachikawa y sólo se me viene a la cabeza músicas comerciales y superficiales.
Si anteriormente los cuchicheos privaban de un completo silencio, aquello se acabó cuando Matt confrontó de esa manera a la Presidenta. Nadie se atrevía a llevar la contraria a una autoridad como ella, pero no porque se tratara de Mimi, sino porque tenía un puesto que ameritaba respeto. Viéndose como centro de atención y tras oír semejante acusación por su gusto muscial, Mimi se irguió en su silla con el rostro sonrojado a causa de la vergüenza. Por su parte, Yamato no apartaba sus ojos de ella, mostrándole que no se quedaría callado viendo cómo ella le arrebataba lo que quería.
─ ¿Cómo te atreves a juzgarme sin siquiera conocerme? ─acusa la Tachikawa.
─ Oh, ¿es que acaso sólo tú puedes blandir tu índice contra las personas, mientras yo debo guardar silencio? Creo que la presidencia no es para alguien así. ─Más leña al fuego por cortesía del Ishida. El rostro de Mimi dejaba pálidos a los tomates en ese momento. Yamato sonrió de costado al ver el efecto de sus palabras en ella. Ambos contrincantes comenzaron a olvidarse en donde estaban y con quienes; como siempre.
─ En realidad, lo único por lo cual puedes acusarme es de buscar lo mejor para éste proyecto, cosa que creo no lo notas por lo egoísta que eres.
─ ¿Egoísta? –Ladró con repulsión. -¿Te has mirado al espejo?
Un maestro trató de intervenir en la discusión sin sentido de los dos jóvenes, pero enseguida fue aplacado por la voz de Mimi y en respuesta, la de Matt.
─ ¡Eres un impertinente, Yamato!
─ Es mejor que ser una niña mimada, Mimi.
Todos observaban atónitos la discusión. La mayoría, claramente sorprendido de ver con qué familiaridad se trataban. Los murmullos iniciaron y las miradas suspicaces que provocaba tal relación; claro que ni Matt o Mimi eran conscientes de tal detalle. Yolei miró a su amiga y luego al vocalista de la banda para así regresar su atención a sus hojas, buscando con presura alguna solución. Mimi se estaba olvidando que era una imagen pública y tenía que salvar la situación, como casi siempre que sucedía cuando Yamato estaba cerca.
─ En síntesis… ─habló Miyako. ─Podemos fusionar a la banda del colegio con los miembros que hemos seleccionado, así todos participarían. ─Tanto Yamato como Mimi siguieron observa amenazadoramente.
─ Por mí está bien… -Matt pareció recomponerse con la intervención de la Inoue. –Seré el coordinador de…
─ ¡No nos hagas reír, Yamato! ─Interrumpió Mimi, cruzándose de brazos. Koji se apretó el puente de su nariz, intentando reprimir el dolor de cabeza que aquella discusión estaba logrando. ─ ¿qué podrías saber tú sobre música que no sea el ruido que tocas?
Aquella fue la gota que derramó el vaso de su paciencia, Koji lo sabía pero no intentó detener al cabreo de su líder. Matt se puso de pie, llamando con terror la atención de la gran mayoría; Yamato portaba una imagen imperturbable ante las personas, así que verlo de aquella manera, fuera de sus casillas, era algo nuevo. Las miradas se debatían en mirar a ambos lados, también sorprendidos cómo Mimi no se inmutaba porque ella no lo temía o quizá la cólera que sentía en esos momentos le impedía temerlo.
─ Aquí la pregunta es ¿qué sabes tú al respecto? ─Habló él arrastrando las palabras, generando aún más tensión en la sala.
─ Sé mucho más de lo que crees. Es más, me considero apta para llevar adelante el acompañamiento musical…
Matt resopló con burla, logrando que una venita comenzara a palpitar en la sien de la Presidenta.
─ Me gustaría verte intentándolo…
─ ¿Y por qué no lo hace? ─La voz de Izumi se ganó la atención de la sala, como de los adversario que habían convertido aquella sala en una revuelta. –Creo que la presidenta…
― Ni lo menciones, Zoe –escupió Matt sin apartar la mirada de Mimi, ni ella de la suya. –Ella no podría manerjarlo. Sólo es una charlatana.
Enfurruñada, dejó de sentarse para elevarse frente a él. Había tenido suficiente de su impertinencia.
― El que no sabe cuando callarse, eres tú. Ya-ma-to… -Pronunció con sorna su nombre, otorgando más tensión en el vocalista como en la sala misma.
Zoe observaba atenta la situación y entonces, volvió a hablar.
― ¿Por qué no trabajan juntos? Ya que consideran que el otro no está apto, podrían juntar sus conocimientos. -Todas las miradas puestas en la pareja se dirigieron con violencia sobre Izumi quien sugirió tal cosa. La negación se forjó en el aire, todos estaban de acuerdo que Matt y Mimi no podrían trabajar juntos ni aunque fuesen los últimos humanos sobre la tierra y su vida dependiera de ello. Ella se encogió de hombros, rendida. ─Entonces… Compitan por el puesto.
Yamato y Mimi, que no dejaron de observarse como dos fieras a punto de saltar sobre la yugular del otro, miraron fugazmente a la dadora de la idea para regresar su vista al otro. Matt rio por lo bajo, mientras Mimi enarcó una ceja.
― ¿Qué ocurre, Yamato? No me digas que te aterrorizó la idea. –Mala idea, pensaron en unánime los presentes. Él, en cambio no pareció inmutarse en sus palabras, pues con la misma sonrisa burlona, la miró.
─ No es eso, Mimi. Me gustaría verte intentándolo… Aunque sé cuál sería el resultado.
─ ¿De qué acabarás llorando como cuál niñita? Pues, sí. Así será. –Miró a Izumi. –Ya tienes tu respuesta, Zoe. Yo nunca…
― ¿Ah? ¿Es miedo lo que escucho? No te presionaré, se nota que eres una chica muy lista.
― ¡Oh, cállate! Podría vencerte hasta dormida. –Miró a Yolei. –Anótame; éste acto necesita un verdadero guía.
─ Ja, ¿y crees que tú eres ese guía? ─También se dirigió a Yolei. ─Anótame también. Te enseñaré que no eres más que una charlatana.
Un maestro levantó la mano para tomar la palabra.
─ No hay tiempo para éstas niñerías.
─ No afectará el cronograma si se decide esta tarde. ─dijo ahora otro profesor, la idea de aquel enfrentamiento resultaba entretenido teniendo en cuenta el poco entretenimiento que solía haber en el Instituto.
─ Me parece muy bien.
― A mí también. –opinó otro.
─ De acuerdo… ─dijo Miyako. ─Después de la última clase en la sala de teatro se decidirá la coordinación del acompañamiento musical. Corran la voz.
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[1]Nippon/Nihon: ésta palabra está formada por "Sol" y "Origen", de ésta manera, se lo lee cómo "el país en que nace el sol".
[2]Pedobear: es un meme de un oso pedófilo, empleado para crear macros humorísticos sobre temas tabú.
[3]Película Flor de Cerezo: Es una película alemana que habla de la naturalidad, la cercanía de la vida con la muerte, el amor y la amistad.
[4]Seko Minako: Maestra japonesa de Butoh contemporáneo.
[5]Baile de Butoh: o "Danza hacia la oscuridad", un abanico de técnicas de danza creadas en la postguerra, inspiradas en la desesperación y el dolor de la época. Son movimientos lentos, expresivos y siempre toca temas de la existencia humana.
[6]Teatro Nô: manifestación del drama musical japonés, que procede de danzas rituales de los tempolos basados en escritos budistas, poemas, mitología, leyendas populares tanto japonesas como chinas.
[7]Etiqueta de presentación japonesa: Los japoneses utilizan de forma habitual el apellido como una forma social de dirigirse a los demás. El nombre de pila sólo se utiliza en un círculo más íntimo de confianza o familiares, o si el otro le da la autorización a llamarlo de esa manera.
[8]Café La Boheme: Es un restaurante italiano de categoría 4 estrellas, ubicado sobre la calle Daiba 1-7-1 en Odaiba.
[9]Calle Daiba: una de las calles principales donde se ubican la mayoría de los sitios concurridos de comida, entre ellos el café mencionado.
[10]Primavera: en italiano significa "manantial", haciendo referencia al significado de "Izumi".
[11]Música House: Es un estilo de música electrónica influenciado por el soul y funk.
[12]Kawakami Gensai: Fue uno de los grandes Hitokiri (denominación de samurái) del periodo Bakumatsu. Luchó contra el shogunato Tokugawa quien promulgó un edicto que aisló al país del resto del mundo.
[13]Teoría de Pascal.
[14]Tratado de los cinco anillos: Tratado sobre el kenjutsu (arte de la espada japonesa) escrito por Miyamoto Musashi.
[15]Danza Mai: es un tipo de danza desarrollado en sus inicios hacia el oeste de Japón, fue influido por el teatro nô como en la sofisticación y glamour de los hábitos de la Corte Imperial de Kioto.
[16]Danza Odori: Es un tipo de baile desarrollado fuera del escenario teatral y es orientado más a los sentimientos masculinos.
[17]Parque Metropolitano Daiba: es un espacioso parque público localizado en la calle del mismo nombre, donde es un punto de encuentro social y recreativo, especialmente para el Hanami.
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Notas de la Autora:
¡Chan!
Las cosas volvieron a encenderse entre Matt y Mimi, que pasaron de acaramelarse un momento para estarse arrojando fuego con los ojos. ¿Quién creen que acabará ganando el duelo entre éstos dos? ¿Cuál es el presentimiento que tienen con respecto a la actividad del Hanami? ¡Comenten!
Para los fans de TaKari: pleitos adolescentes hormonales entre nuestros niños u.u y ahora Hikari está en un fuero interno por lo que siente hacia su querido mejor amigo, quien ya "bajó los brazos" a cerca de su querida castaña. Éstos hombres que se retiran sin luchar ¬.¬ pero se les entiende "si la amas, déjala ir".
Tai anda de cabozotas, propio de nuestro impulsivo héroe pero así de cabezota, conocemos ese lado luchador incansable que no acepta un 'No' por respuesta. KenIako están desentonados en cuanto a sus intereses. Y muchas lágrimas, mucho drama, mucho dolor, pero prometo un capítulo más divertido en el siguiente. :D Además, que trataré de actualizar en lo que acaba esta semana, así compensaré mi tiempo ausente.
¡Espero sus comentarios, que me hacen tan feliz y me motivan a escribir más!
Me despido, deseándoles un buen inicio de semana y nos leeremos pronto :DDD
De ésta manera, vamos a los reviews! :D
Try To Follow Me: ¡Holaaa! Muchísimas gracias por tu comentario xD Mi leve inclinación hacia el Michi siempre acaba en una relación más fraternal entre éstos dos, pero descuida que no te dejaré sin los deliciosos celos que ponen sabor a su relación :3 Jajaja Mimi está que desea vender a Yamato al mercado negro por sacarle canas verdes, pero eso sólo pondrá más diversión al asunto cuando luego ellos… e.e Mejor dejo hasta allí, luego lo sabras kukuku ¡Awwww, a mí me encanta regresar con un nuevo capítulo :D Nos leeremos!~ Besos, besos!
Mimato bombon kou: ¡Hoooola! :DDD Gracias por tu comentario :333 Y sí, Yamato se pasó con ella y en la forma en que la trató. Jajaja Si, en los bares deben estar escritos "prohibida la venta a menores de edad y a Sora Takenouchi" xDDD Es un peligro andante esa niña jajaja La situación entre Sora y Tai está tan truncada y en éste capítulo, Sora se da cuenta que ya no hay cabida para Tai en su vida. Dolor, dolor, doloooor… Pero más Dolor de cabeza por parte de Tai y Matt para con Mimi, ambos lastimándola con la excusa de "protegerla" ¬.¬ Me alegra tanto que te haya gustado el capítulo anterior, ojalá éste te agrade también. ¡Muchísimas gracias por los bMetropolitano Daibas deseos, también para ti, querida! Nos leeremos pronto, un beso!~
Kathy1: ¡HolaHolaaa! :D Si, adoro hacer sufrir a las personas con mucho drama… Es un mal hábito, lo lamento u.u Matt es un cabronazo pero como todo chico duro, no quiere aceptar sus sentimientos y peor, prefiere alejarse que salir hiriendo personas. El Matt que pondré será medio masoquista antes de tomar las cosas enserio, ya te habrás fijado cuando vio a Mimi besándose con Michael D: Los celos vendrán a continuación, cargados de odio entre ambos, pero siempre muchas risas están aseguradas :D El distanciamiento entre Tai y Sora era inevitable, pero no será por siempre, conociéndolos, lucharán a su manera. Yoleei D: otra niña que acabó llorando mucho en el capítulo, pero Ken estuvo muuuy mal con sus acciones ¬¬* Mimi le hubiese pateado el trasero de no haber sido por Miya xD La banda ahora está luchando contra Mimi, a ver si consiguen su objetivo :D Muchas gracias por dejar este hermoso review, esperaré por tu comentario. Me despido, mucho éxito para todo! :3
IzzieBlake: ¡Joooola! :DDD Aaaaawww, siii… a mí también me encantan los capítulos largotototes xD ésta vez superé mi record porque me he atrasado bastante y prometo actualizar pronto, además. Jajajaja Michi, alegrando los días desde días inmemorables :3 yo también amo al Michi, es decir, el hecho de que sea Mimi ya hace divina la relación /o/ jajajaja Su relación está tambaleándose también ahora que Tai actuó de ésa manera, pero ambos se quieren mucho, así que no pasará mucho tiempo antes de que vuelvan a ser como antes, igual que Yolei y Meems. Jajajaja me pasa lo mismo con mi mejor amigo, su categoría no es "hombre" es "mejor amigo" así que no lo veo como otra cosa xDDD Así es, Sora rememora cómo fue pasar por todo aquello y conociendo la sociedad japonesa, no fue fácil… Sora borracha, epic winner xDDD Sii, su relación con Matt se va esclareciendo también y se nota que son como Tai y Mimi, se quieren mucho mucho pero no iría en otra dirección sus intenciones, es decir, Matt nunca las desvió. Jajaja así es, de adolescentes todo representaba ser el fin del mundo; así mismo, Yolei comenzará a cuestionarse su relación con Ken y a ver si él piensa un poco en lo que hizo ¬¬* Yama se tendrá bien merecido una carga extra de celos que sólo acrecentarán aún más en el siguiente capítulo :D ¡Gracias por comentar, Izzie! Nos leeremos prontoo! ~
Damae: ¡Hiii! :DDD Awww, que tierna esta Izzie que te la recomendó / jajaja somos igual en cuanto a ser quisquillosas, odio cuando la historia se vuelve tan predecible o cliché y los personajes se vuelven otros por no seguir el carácter del original ¬¬* ¡Ihhh! Me alegra que te haya gustado tanto xD Sii, como que me gusta darle cuerpo a la historia, trato de poner cosas reales y otras tatnas sacadas de mi cabeza como algunos personajes secundarios que ayudan a la trama, ejemplo Reiko. Muchas gracias, me informo bastante de los otros digi-elegidos de las demás temporadas para no caer en el OOC jajaja Mimi siendo toda una sensualona e.e a ver si Yamato deja de ser tan tonto y se va a por ella xDDD Con lo que Sora fue contando sobre su madre fue comprendiendo por qué ella estaba en contra de que volviera a tener contacto con Taichi :/ es comprensible, pero lo suyo con Tai es amor puro (?) La mezcla entre la chica popular y la Presidenta estudiantil que yo concibo gracias a películas, series y demás, me imaginaba a Mimi de esa manera, además teniendo a padres muy exitosos, ella desearía aspirar a lo mismo. Koji es todo un tsundere y ahora más que nunca con Zoe cerca jajaja También odio cuando hacen a Kari como una total sumisa, es cierto, es tranquilita y lo todo lo que uno quiera, pero también tiene su carácter, señores xD Jajajaja no prometo nada sobre Osamu (?) xDDD es una broma jajaja Tai fingió besar a Mimi, algo que sólo fue mucho más doloroso para Mimi al saber sus verdaderas intenciones xDDD Tampoco soy fan del Sorato pero me gusta ponerlos como pareja inicial o algo así para que después todo arda como Roma cuando Mimi aparezca e.e xDDD Muchas gracias por tu comentario, me ha hecho muy feliz! Y ahora ya nos conocemos un poco más gracias al foro! :D Nos seguiremos leyendo, byeee!~
Stephanie: ¡Hooola! :DDD Jajaja de seguro me odias por haber tardado tanto tiempo, lo sieeeento DDD: prometo actualizar con más rapidez c: jajaja ¿quién no odia cuando lo dejando con el corazón en la mano al ver que la historia queda paralizada momentáneamente? D: Te entiendo y agradezco tanto que le hayas podido dar una oportunidad a esta historia, promento no decepcionarte :3 Muchísimas gracias por tu bellísimo comentario, nos leeremos prontamente :D Bye-Byeee!~
Krayteona: ¡Hola, holaa! Muy bien y ¿tú? Pero si eres tan adorable, cómo no derretirse *¬* jajaja gracias por la muestra de afecto :3 Jajaja nuestro calor es húmedo y parece que tienes encima como veinte kilos de más y es horrible andar por la calle DDD: Hoy por suerte llovió y refrescó un poco más c: Yolei anduvo de metiche y boah, lo bMetropolitano Daiba es que ahora andan bien otra vez con Mimi jajaja Taiora está rompiendo corazones, empezando por ellos mismos :c pero irán cambiando las cosas e.e se pondrá cada vez mejor /o/ Jajajaja prácticamente fue incesto viendo la forma en que ambos se toman, pero al final Tai aclaró que no la besó realmente, sin embargo su relación con Mimi está teniendo problemas por ser tan impulsivo :/ jajaja Prometo aclarar tus dudas conforme avance la historia :D Nos seguiremos leyendo, muchísimas gracias por tu comentario! :DDD
MyaMalfoyGranger: ¡Holaaa! Muchas gracias por tu comentario que me ha hecho taaan feliz :3 me encanta que guste la historia, trataré de no decepcionarte! /o/ ihhh, me pone tan feliz que la selección de temas te haya gustado, seguiré poniéndoles más temas, espero que te guste el duelo que tendrán Matt y Mimi en el capítulo que entra :D Awww, aquí estamos! Apoyando el Mimatooo! :DDD
Midnighttreasure: ¡Hola, hoooola! :DDD Siii, hermana del Mimato /o/ xD me alegra tanto que te guste mi historia, espero que este nuevo capítulo te haya gustado también. Actualizaré con más rapidez! :) Jajaja lo que importa es que me dedicaste este bello review y soy muy feliz con él :333 Si, Matt está siendo idiota por sufrir de esa manera, pero por más que lo haga con el fin de no lastimar a Mimi, sólo logra todo lo contrario. Jajaja Koji y Mimi comenzaron con un tropiezo –literalmente- y su relacionamiento fue en picada, quizá eso cambie con el tiempo e.e Así es, el orgullo en Tai y Sora, impidiéndoles ser felices :/ Jajaja el Mimato dominará el mundo /o/ (?) Ihhh, que felicidad que te gusten las canciones que recomiendo! :D Gracias nuevamente por tu comentario, nos leeremos pronto! Adiooosa!~
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