Holaaa! ¿Cómo han estado, queridos lectores? De seguro me odian u.u No los culparía, los dejé esperando demasiado y con tantas preguntas. Lo lamento y enserio lo digo, pero la Universidad no me da un respiro y además de que me volví adicta a las actividades del Foro Proyecto 1—8
Y deben de estarse preguntando ¿por qué no me concentro en mi propia historia? Ejem Lo sé, es que no puedo con mi genio e.e
En fin, ya estoy trabajando en el siguiente capítulo para subirlo cuanto antes, así no les hago pasar la misma espera de siempre :c Lo lamento de verdad.
Entre otras cosas más, espero que estén todos bien y les deseo una bonita lectura. Y de esa manera, me despido dejándoles las músicas que se mencionarán a continuación. Espero y sea de su completo agrado :D
* Hit me with your best shot - Pat Benatar.
* LOVE - Nat King Cole. (Versión de Michael Buble)
* Run - Snow Patrol (version de Leona Lewis)
* Habits – Tove Lo (DUM cover)
* Hey, you - Pink Floyd (Hydra cover)
* F*ckin' Perfect - P!nk (male version)
* Just a Kiss - Lady Antebellum.
* This Girl - Stafford Brothers
Por cierto, la mayoría de las canciones mencionadas son covers que me dediqué a buscar para que puedan disfrutar de una lectura mucho más certera en cuanto a las voces de nuestros queridos cantantes :D Enjoy it!
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Guía Narrativa
—Diálogo
«Pensamiento»
Énfasis
Letra de canciones.
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La tensión era palpable en aquel lugar. Las miradas de todas las personas presentes en conjunto con la que ambos se enviaban, lograba que la densa atmósfera pudiese ser cortada en rebanadas y servida en bandeja de plata. Los murmullos, conforme fue avanzado el tiempo, se hicieron cada vez más fuertes a tal punto de oírse como graznidos de aves enjauladas. Mimi aspiró profundamente pero sin ponerse en evidencia, ya que no quería que Yamato pudiese confundirlo con nerviosismo.
Ella amaba ser el centro de atención, nació para estar bajo reflectores, miradas y el efecto ensordecedor de los aplausos; por tal razón, sabía que aquella corriente de energía que subía por ella era la emoción de verse en aquel escenario, siendo el foco de atención de todos los estudiantes y maestros.
Es cierto, al principio su enojo pudo más que su raciocinio y acabó por retar a Matt a un duelo de canto donde competían por el papel como coordinador de la banda sonora que el acto conmemorativo más importante llevaría; pero ganar esa competencia tenía un tinte mucho más personal.
—Bien, bien, bien... —habló Yolei con un micrófono en la mano, dirigiéndose a todos los estudiantes presentes dentro de la sala de teatro. —Como el propio Juvenal había dicho: panis et circenses, tenemos aquí una actividad previa a la festividad del Hanami.
Mimi sonrió de costado al oír aquella excusa. ¿Qué mejor forma de camuflar el enfrentamiento interno dentro de un poder sino es por el método del espectáculo? Claro que la comida no corría a cuenta, pero el espectáculo se ganaba la atención de todos como el gusto por la nueva presidencia. Su presidencia.
Ni ella o Yamato se apartaban la mirada de encima, por más que Yolei siguiese hablando sobre las reglas del juego que ellos ya sabían —porque era un juego para ellos , ambos se debatían en una batalla de miradas, donde llevaban un empate sin tregua desde que estuvieron plantados sobre el escenario.
¿Por qué otro motivo ambos estarían metidos en esa competencia? No sabía si alguien más se dio cuenta pero tanto para ella como para él, estaba más que claro que la coordinación de la obra parecía ya no importar. La razón por la que se hallaban allí plantados era tan legible porque se trataba de algo mucho más grande que una simple actividad estudiantil. Y esa razón tenía un nombre: orgullo.
—De éste lado tenemos a la Presidenta: Tachikawa Mimi, amante del jazz, pop y el indie… Silbidos y gritos se levantaron con fuerza ante su mención, haciéndola sonreír y mirar al público. Todos la vitoreaban pues la conocían muy bien. —Mientras que, opuesto a ella, se encuentra el presidente del club de música: Ishida Yamato, un rocker y metaler empedernido de la vieja escuela. Otra tanda de gritos, principalmente femeninos, provocó que la sala retumbara en respuesta.
Yamato sonrió con picardía, dirigiéndose a su público, sacando más de un suspiro por parte de las estudiantes presentes. Mimi rodó los ojos hastiada de aquel papel suyo de cazanova , cómo si tuviese a todo el Instituto comiendo de sus manos. De hecho, era así, se dijo mentalmente y darse cuenta de aquel detalle, hizo hervir aún más su sangre.
Koushiro, quien comandaba los controles del espectáculo, se acercó primero a Matt haciéndole entrega de un micrófono al tiempo de darle instrucciones sobre ciertas cosas, quizá sobre el modo de cómo debía enfocar la boca y cosas que Mimi estaba segura que él conocía bien; sin embargo, Yamato oía con atención y sin desprestigiar el amplio conocimiento de su amigo.
Para cuando Koshiro se acercó a ella le hizo entrega de un micrófono similar y las mismas indicaciones.
—...Así que si vas a alzar la voz, sólo aleja un poco la cabeza del micrófono y no habrá problemas.
—Gracias, Izzy. —sonrió la muchacha.
—Buena suerte. —deseó el del segundo año.
—...Y en la primera fila de asientos —continuaba hablando Yolei. —se encuentran los alumnos que dotarán al festival con su talento musical. —así como ella lo había anunciado, frente al gran escenario teatral iban ubicados todos los alumnos que completaban la lista que tanto Yols como Mimi habían llenado, nombres de los alumnos que a parte de sus dotes como científicos, deportistas o artistas, poseían conocimiento sobre instrumentos musicales.
Algún que otro rostro era conocido por ambos, principalmente los del bajista y baterista de The Warrior Wolf: Minamoto Koji y Shiota Hirokazu.
—Recuérdame por qué estamos metidos en éste asunto... —preguntó desganado el bajista de la banda, cruzándose de brazos y mirando con recelo a todas las personas que tenía tras él. Y a diferencia suya, Kazu se veía realmente eufórico cuando fueron mencionados por la Inoue, levantando los brazos a son de victoria, volviéndose al público a sus espaldas, gritando con ellos. —Al menos finge un poco que no te gusta llamar la atención...
—¡Eres un aguafiestas, Minamoto! —dio un grito impetuoso en coro con los espectadores. —¡Vive de tu público, hermano! ¡Siente la magia! ¡Yeah!
Koji exhaló un sonoro suspiro, preguntándose cómo llegó a hacerse amigo de semejante egocéntrico como lo era Kazu. Miyako siguió explicando a cerca de la pantalla blanca que se hallaba tras las espaldas de los músicos y por donde los dos competidores tendrían la letra de la canción como ayuda.
—…Oh, olvidé mencionar que ésta prueba trata de enseñar el vasto conocimiento musical que poseen, así que los pondremos a prueba, haciendo que salgan del estilo que les resulta más cómodo y del que acostumbran. —miró a Izumi que estaba tras uno de los telones corridos, acercándose entonces a la conductora para enseñar un pequeño cubo negro. —Realizaremos un sorteo rápido que les designará el estilo de música y la canción que tendrán que cantar.
El sistema se basaba en la elección al azar de tres canciones para cada uno de ellos, que deberán de completar el cien por ciento de ésta para ser validada; en el caso que ambos acaben en un empate, se decidirá una canción en dúo que, dependiendo su desenvolvimiento, serán calificados. Cuando finalizó con la explicación, los aplausos y griteríos fueron en aumento, dando inicio a aquella actividad.
—De acuerdo, por un acuerdo formal, decidan entre ustedes quién irá primero.
Inevitablemente, Matt y Mimi se dirigieron una mirada de soslayo, como si de ésa manera se decidiera todo. Yamato sonrió con autosuficiencia, consiguiendo que ella frunciera su ceño desconfiadamente; nada bueno podía salir de aquella mirada que le dedicó el cantante.
—Primero las damas...
No debía conocerle demasiado como para predecir aquella decisión suya. Con mandarla primera, estaba intentando desvelar la capacidad de su oponente para luego llevarle ventaja. Claro que Mimi no era tonta.
—Será un placer. Comentó y avanzó hacia Zoe para dirigir su mano hacia el interior del cubo negro, sacando de él un pequeño papel doblado en cuatro con la canción que le tocó. Miyako tomó el papelito y entonces se dirigió hacia Izzy, dejando que la Orimoto se situara en una esquina, esperando porque su participación vuelva a ser requerida al finalizar el primer asalto.
Yamato podría ser el chico frío y calculador que todos creían, pero ante ella estaba la evidencia contundente de las ansias que lo carcomían y eso se leía por la forma en que el chico tamborileaba con sus dedos a su brazos o el compás marcado con su pie. No se lo veía preocupado, para nada, pero sí deseoso por saber de qué iba su oponente; no lo culpaba, ella también lo estaría sabiendo que su contrincante manejaba sus habilidades, mientras que ella era una completa ignorante en cuanto a las suyas. Aunque pudiendo indagar en la forma en que la mente del Ishida trabajaba, podía asegurar que él la consideraba una persona completamente ajena a lo que música significaba.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la melodía cargada de energía que la guitarra eléctrica, la batería y el bajo marcaban en un compás de dieciséis tiempos como introducción inicial de un clásico de los 80 de la mano de Pat Benatar hizo vibrar las esquinas de la sala. Ver a Yamato sonreír con satisfacción marcada, creyendo que ella estaba perdida con la melodía sonante, le provocó esbozar una sonrisa de autosuficiencia, pero prefirió mantener la estrategia sorpresa aún en alto. Conocía las reglas del póker y sabía lo importante que era aplicarlo a la vida cotidiana, como en esos casos. Él creía que ella no tenía idea alguna de qué estaba sonando ni siquiera quién era Benatar; lo divertido estaba en que su padre era un coleccionista de rock clásico y Pat no podía faltar en su discoteca.
Entreabrió los labios y dejó que su vasto conocimiento musical fuese deslumbrado de una vez por todas.
Todos seguían con palmas la canción, dotándola de más libertad y expresión a la hora de cantar. Sin duda, se sentía tan a gusto de esa manera y lo estaba haciendo notar.
Aunque la verdadera satisfacción se hallaba en ver cómo la sonrisa de Matt se estaba esfumando lentamente hasta quedar tan sólo una fina línea que, sus labios contraídos, formaban; de seguro no vio venir este giro a la historia cuando sugirió entre su selección a Pat Benatar. En ese momento sí dio rienda suelta a una fanfarrona sonrisa que iba dirigido hacia él, con todo y el hit me with your best shot de la canción. No pudo haber escogido un tema mejor.
Las personas corearon a su voz y la adrenalina subió por ella como una fiebre sin control. Se recordó en el karaoke de Palette Town y la sensación de sentirse dueña de todo la volvió a consumir. Mientras los versos se oían, ella comenzó a desplazarse lentamente por su zona, mirando desde todos los puntos al público que, algunos incluso de pie, la observaban y gritaban su nombre.
Al tercer coro, la batería invitaba a las palmas y las personas no se hicieron esperar; Mimi los seguía y se dejaba llevar por la abrumadora emoción que la dominaba de pies a cabeza. Volvió a mirar a Yamato y ésta vez la observaba con seriedad, sin ninguna emoción aparente que ella pudiese descifrar, aunque estaba claro que no le gustaba que lo sorprendieran de esa manera.
Y no sólo era el único sin palabras; al igual que él, el rostro de Hirokazu mostraba tanta sorpresa que la mandíbula estaba por caérsele. Muy por diferencia suya, Koji estaba de brazos cruzados analizándola sin inmutarse demasiado. Recordó que él, a diferencia de los anteriores dos miembros, sí la había oído cantar en la sala de música cuando nadie estaba allí.
Por su parte y siendo conocedor de la talentosa voz de Mimi, Koji había advertido a Matt sobre ésta y de que cometería un error al no tomarla enserio, valiéndose de la excesiva autoconfianza y testarudez que caracterizaba al vocalista de la banda. Pero al ser precisamente éstas dos características algo propio en él, acabó por olvidarse de la recomendación del Minamoto y del dicho al hecho, estaba comprobando su temor aunque lo que Mimi enseñaba en esos momentos era mucho más de lo que llegó a considerar. Era verdad que conoció su talento vocal, pero lo que la chica estaba consiguiendo en esos momentos era conquistar al público de una manera tan natural, como si lo llevase en la sangre, como si no le costara ningún esfuerzo el tomar la atención de todos y hacerse con ella, hipnotizando a todo el mundo con su voz y con su energía.
Y entre el público, podía leerse con precisión el desasociego que dos alumnos de primer año experimentaban ante tal descubrimiento en lo que a la Presidenta Estudiantil implicaba. Daisuke no podía apartar la mirada de Mimi y por lo que podía suponer, tampoco Takeru.
—¿Tú sabías de ésta habilidad suya? —inquirió Daisuke a su amigo.
Los estudiantes de primer año se ubicaban entre los primeros puestos de la gran sala de teatro, donde tanto Daisuke como Takeru podían presenciar todo con suma claridad.
—Nunca la había oído cantar, —respondió el rubio. —pero oí de Kari que Mimi era buena.
—¿Buena? ─Davis se volvió hacia Tk. —Hombre, ésta chica se está llevando el alma de todos; incluyéndome.
Takeru sonrió ante el comentario de su amigo, conociendo la fascinación que sentía éste por el género femenino.
—Lo sé y se lo advertí a mi hermano.
—Veo que no le interesó demasiado. ─Takeru asintió. —Tampoco es que tu hermano sea un ignorante en éste tema. Sabrá cómo lidiar con ella.
Entonces, la música se redujo a un silencio momentáneo que no duró ni dos segundos, pues los aplausos y silbidos se alzaron con fuerza como una tormenta caótica que ella podía soportar y hasta volverse adicta. Mimi hizo una reverencia hacia el público y luego miró a Matt, encontrándolo con la misma postura de brazos cruzados con sus ojos puestos sobre ella.
—¿Sorprendido de que pudiese entonar algo más que Happy Birthday ? Preguntó lejos del alcance del micrófono, para que sólo él la pudiese oír. Lo vio esbozar una sonrisa mientras comenzaba a deshacerse de su postura rígida y eso la alertó.
—No seas arrogante, Tachikawa.
—Y tú no seas un mal perdedor, Ishida. –Él no detuvo su sonrisa y eso la hizo fruncir el ceño, molesta.
Odiaba verlo sonreír de esa manera altanera, pues aquel colmillo que se dejaba ver en el proceso, ayudando a fomentar la imagen tan desquiciadamente confiado. Apartó la vista, furiosa pues aquella sonrisa conseguía arrebatarle a Mimi la sensación de poderío.
—Ésto apenas inicia. —Susurró y esto la hizo cerrar los puños fuertemente.
Trató de que su voz no calara con fuerza, pero era un trabajo casi imposible conociendo el efecto que tenía Matt en ella. La chica resopló molesta y regresó a su zona con marcadas zancadas, exteriorizando su frustración. Yamato sabía cómo sacar lo peor de ella.
La instrumentación de un jazz de la década de los sesenta resonó en el teatro de tal forma que pudo lograr detener los pasos de Mimi en seco, parándose sorprendida al oír la introducción de L—O—V—E de Nat King Cole. Se mantuvo quieta en su sitio, esperando sólo por comprobar una cosa, sólo necesitaba cerciorarse que Matt no tuviese idea de lo que estaba sonando.
«Oh, por supuesto que no» se dijo e inmediatamente, esbozó una sonrisa triunfal pues conociendo el gusto musical de su contrincante, tendría suerte de haber oído aunque fuese de casualidad la palabra "jazz". Eso era obvio, no tendría oportunidad, se dijo y retomó el camino hacia su lugar, pero al mismo tiempo en que su mano echó para atrás su cabello largo y castaño, enseñando un aire despreocupado y tranquilo, la voz ronca y varonil de Yamato ascendió como neblina por todo el lugar, apoderándose de él.
Una pronunciación perfecta y dentro de las correspondientes notas la hacían descartar la idea de que estaba cantando a tientas ciegas. La serenidad inicial de la Presidenta acabó rota en mil pedazos; volteándose bruscamente a mirar con propios ojos lo que sus oídos no podían creer.
El ver la forma en que el público ovacionaba a Matt ante el descubrimiento de su gusto por el atrevido y divertido estilo del jazz, sólo la hicieron hervir la sangre. Regresó la vista hacia él y fue cuando se dio cuenta de la manera en que Matt la estaba mirando al cantar: cómo mantenía los ojos fijos en ella, los labios curvados en una sonrisa seductora y lasciva, dejando que sus manos jugaran descaradamente por el atril del micrófono para finalmente arrebatarlo de allí, haciéndose con él en su mano derecha. Poseía un buen dominio del escenario y eso se notaba al verlo caminando de un punto a otro siguiendo el compás bien marcado de la música, dejando que ésta haga uso de él como quisiera, entregándose a ella sin protestar. Verlo así, muy diferente a lo que llegó a ver en su presentación con The Warrior Wolf, le enseñaba que Yamato iba en serio.
Mimi retrocedió un paso cuando lo vio acercarse hacia ella, nuevamente mirándola de esa manera que la hacía sentirse como una barra de chocolate al sol, sin otra opción más que derretirse a sus efectos. No se dio cuenta de su cercanía hasta que los alaridos de las estudiantes explotaron y la sacaron de sus pensamientos, trayéndola a la realidad como su mano derecha hizo con la de ella, atrayéndola a él. De un momento a otro, Yamato la estaba haciendo bailar muy cerca de su cuerpo y ella, no podía poner resistencia alguna; era como el metal blando y ardiente a merced del molde que lo formaba y de la misma manera, él la hacía girar, meciéndola a su arbitrariedad, como si fuese una muñeca de trapo sin albedrío alguno.
Los ojos azules de Matt no se apartaron de los suyos, estuvieron allí como su cuerpo estuvo para ella, para sostenerla y jugar a tomar el control. Perdió la noción del tiempo y el dominio de sus facciones al descubrirse sonriendo por la verdadera sorpresa que tenía enfrente: Yamato no sólo sabía de jazz Lo vivía.
La melodía iba llegando a su culmen, pero ella sólo deseaba que él no se detenga, que siga de esa manera; o eso fue hasta que su cerebro hizo contacto. No, a él ya no le interesaba el concurso, en absoluto; el buscaba venganza y ella estaba otorgándole toda las de ganar con aquel comportamiento, con aquella sumisión a sus deseos por verle la cara de idiota.
Su descubrimiento y raciocinio lograron deshacerse del efecto "Matt" demasiado tarde, pues cuando intentó zafarse, él la hizo girar una vez más, para luego echar su espalda hacia atrás y sostenerla con su mano libre. Los ojos azules del vocalista brillaban pero de burla, al verle la cara que quería.
Se sonrojó hasta que sus orejas acabaron como tomates, separándose entonces de él con un empujón qué sólo logró hacerla perder el equilibrio y estrellarse contra el suelo. Los aplausos dirigidos hacia Matt en compañía de algunas risas ocasionadas por la caída de Mimi fueron la respuesta del público.
Mimi se mordió su labio inferior con frustración al verse como el centro de una atención para nada deseable de la gente, así que cuando Matt le tendió su mano para ayudarla, ella se la apartó con un manotazo cargado de ira e impotencia. Él ya no sonreía con sus ojos, la observaba seriamente, así que ella se levantó por cuenta propia, empujándolo al pasar para regresar a su puesto oyendo algunos abucheos por parte de los simpatizantes del Ishida, tachándola como la mala de la película .
Recuerdos borrosos se impregnaron en su mente, revividos por las risas y burlas que le tocaban los talones. Cerró los ojos con fuerza y se concentró en su propio micrófono, esperando por que Zoe se acercara con su caja negra y el azar eligiera su siguiente canción.
La espera fue interminable, mientras que su mente le jugaba malos pasajes de su infancia, de sus padres, de su tía, para acabar el recorrido de la tortura con la figura de Yamato también burlándose de ella sin guardar ningún tipo de contemplación.
Se escuchó una armonía, entonces, lenta y profunda al son de un piano; sonaba triste y melancólico. Mantenía los ojos cerrados, hasta que reconoció aquella melodía. Sorprendida, buscó con la mirada la pantalla blanca donde el nombre de aquella canción se ubicaba y no contuvo la sorpresa de ver que se trataba de la misma melodía que ella solía recordar entre flashes dudosos que su mente guardaba sobre su tía y su propia infancia. «Run ¿Snow Patrol?» pensó al leer tanto el nombre de la canción como el del grupo y una descarga de frío recorrió su espina dorsal con tanta fuerza que por un momento sintió que sus piernas le fallarían.
Comenzó a cantar y a pesar de saberse de memoria la canción, sus ojos no se apartaban de la gran pantalla. Seguía la letra como si intentara descifrar algo, como si allí hallaría las respuestas de esos recuerdos dolorosos que su mente albergaba; mas lo único que conseguía era avivar el fuego y la desconcentración se iba apoderando de ella, impidiendo hacer algo diferente.
Las mismas imágenes se aglomeraron en su cabeza, recuerdos de su tía ejecutando el piano mientras lloraba en silencio. La palidez se hizo con su rostro, como si acabara de presenciar algo sobrenatural que la dejó con el alma pendiendo de un sólo hilo para separarse de su cuerpo.
Yamato lo notó, notó aquel cambio en su mirada y en su confianza; se veía de la misma manera que cuando los atrapó aquella tormenta en su auto: un temor recorrió al chico ante la idea que pudiese experimentar un episodio semejante a aquel.
Pero entonces, su voz dejó de escucharse, permitiendo que la música sonara sin su compañía, volviéndose un simple instrumental que iba desapareciendo al no oír respuesta por parte de la Tachikawa. La sala de teatro, que hace tan sólo un momento, estaba cargado de gritos, silbidos y vítores, ahora estaba cargado de un silencio sepulcral, donde todos yacían sumidos en la sorpresa de verla plantada con la ausencia de expresión en su rostro.
«¿Por qué…? ─Podía oír la voz quebrada de su tía, la misma que en sus memorias aparecía. —¿…Por qué te fuiste?»
—¿Meems? —Tanto Yolei como Zoey se hallaban acercándose a ella, con la preocupación latente en sus rostros, mas las oía tan lejos. La visión de Mimi parecía desenfocada de la realidad, estaba tan consternada que lo único que deseaba era alejarse de allí. Por última vez, sus orbes castaños se dirigieron hacia la persona que yacía cruzando los tres metros que la separaban de él. Yamato la observaba en silencio pero con un semblante que denotaba preocupación.
—Y…Yo… «No puedo» —pensó e instintivamente, sus hombros comenzaron a temblar, pero sin que sepa la razón.
Mimi apretó el micrófono contra su pecho, manteniendo la cabeza gacha mientras un sin fin de pensamientos se aglomeraron en su cabeza. Repentinamente, sintió a la temperatura descender de golpe y su cuerpo a buscar calor sin hallarlo. Debía salir de allí, se dijo y de esa manera, colocó el micrófono por el atril de metal.
No miró a nadie para girarse y comenzar a caminar en dirección al telón de su lado, los mismos que la conducían hacia los escalones que descendían del escenario. Pudo oír como Miyako e Izumi la llamaban, pero no hizo más que cerrar sus ojos fuertemente para continuar avanzando. Estaba tan cerca de marcharse cuando, él habló.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?! —de entre el silencio del público, una voz se alzó con furor por encima de todo. Cada uno de los presentes voltearon a verlo, salvo ella, porque podía reconocer su voz donde fuera.
Sus pasos, que la conducían a una huida asegurada, se detuvieron cuando esa voz llegó a ella. La temperatura, entonces, volvió a subir a su cuerpo junto con las ganas de romper en llanto, pero no lo hizo. Abrió los ojos y con lentitud levantó su mirada hacia donde se hallaba él. Fue fácil encontrarlo, siendo la única persona de pie entre todo el público que se mantenía sentado; todos, observándolo expectante como siempre, como cada vez que él abría la boca lograba que multitudes enteras lo escucharan.
—Tai —Susurró ella y quizá él lo notó, pues se cruzó de brazos, manteniendo una postura recia y molesta. Él nunca la miraba así, salvo una ocasión: cuando se conocieron por primera vez.
—¡La Mimi que yo conozco jamás se echaría para atrás ante nada y mucho menos, ante nadie! ¡Ya no! —Ella abrió los ojos ante sus palabras. Así era, él también recordaba aquel día. Finas lágrimas se resbalaron por sus mejillas sonrojadas, humedeciéndolas a su paso. Podría ser sólo su imaginación, pero pareció verlo sonreír de la misma manera que lo hacía, de la forma que ella amaba porque le infundía tanto valor. —¿Qué harás tú?
Las palabras del Yagami no sólo calaron con ímpetu en ella, sino que todas las personas presentes en el salón lo observaban con tal asombro que acababan sonriendo. Yamato no era la excepción a la regla, observando a su mejor amigo haciendo alarde de aquel don que lograba depositar toda la fe que tenía uno en él, en sus palabras y en su determinación. «Eso es lo que haría Yagami Taichi» pensó rascándose la nuca, mientras que en sus labios se formaba una pequeña sonrisa.
Mimi se secó las lágrimas con el dorso de sus manos, recomponiéndose de la desagradable sensación que sus recuerdos le otorgaron. La voz de Tai se oía mucho más fuerte en su interior que la de sus pesadillas y por lo tanto, sabía que él jamás la perdonaría si se rendía sin dar batalla. Comenzó a mover los pies de regreso a su puesto, ocasionando que todos respaldaran su decisión con alaridos enérgicos, pronunciando su nombre en ellos.
—T…Todos… ¿La están apoyando? —se preguntó Kazu de mala gana, impávido desde su lugar, observando tal espectáculo. Miró a Koji y comenzó a zarandearlo. —¡No, Yamato debe ganar, maldición!
—Ya, no lloriquees. —dijo Koji a su lado, liberándose de su agarre.
—Para ti es fácil decirlo. ─Expresó con desesperación el Shiota, jalándose del cabello. —Mira si el voto popular acaba con Matt… ¡Puedes despedirte de la firma, viejo!
—Primero, no hay ninguna firma asegurada con el hecho de que Matt coordine o no la obra, así que deja de ser tan exagerado, hombre. Segundo… Deja de sujetarme el cuello de la camisa o te juro que aquí mismo te noqueo. —Kazu, que en un momento de desesperación, se abrazaba a Koji temiendo que las cosas no se pudieran dar como estaban en el plan inicial, no puso objeción ante las persuasivas palabras del Minamoto y acabó por alejarse de él.
—Cielos ¿De verdad Koichi es tu hermano? —preguntó el batero cruzándose de brazos.
—Sólo cállate.
Cuando Mimi volvió a su sitio, dirigió sus ojos de vuelta a su oponente, encontrándolo serio. Iba a pronunciar algo, pero él se le adelantó.
—¿Te sientes mejor?
Mimi pareció sorprenderse de aquella pregunta pues parecía cargada de verdadera preocupación; sin embargo, recordó que estaba hablando del mismo sujeto que se divirtió con ella y recordarlo, ayudó a que su semblante cambiara en un segundo, por uno que expresara seriedad como la de Yamato.
—¿Desde cuándo te interesa?
—Fue una pregunta por educación. No es que me importe. —respondió enseguida, intentando creerse lo que decía, porque era verdad, ella le interesaba.—Creí que no regresarías. —Continuó diciendo con aire despreocupado, el mismo que lo caracterizaba.
—¿Y marcharme para que pienses que puedes pasar sobre mí? Ja, no gracias. —respondió a sus palabras con determinación, con la fuerza infundida por su querido mejor amigo. Mimi volvió a mirar hacia el público para encontrarse con los ojos de Taichi, éstos viéndola con clara satisfacción. —Sólo necesitaba un recordatorio.
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Para su mala suerte, la canción que le tocó seguido al de Mimi fue de Tove Lo con Habits. Había oído algunas veces esa canción, principalmente por la radio, pero nunca le dio la necesaria importancia como para entender qué decía con sus letras. Es por eso que cuando tuvo el nombre en la pantalla, lo único que sabía era que conocía la música y que no sería problema alguno el cantarlo, o eso fue hasta ir descubriendo que sus versos eran la descripción perfecta de cómo él se sentía, de todo lo que hacía para mantener la mente apagada o pensando en algo que no sea en ella y en todo el dolor que le causó.
Ya casi no dormía o comía en forma por estar con la mente nublada; fingía que no sucedía nada, intentaba mentirse a sí mismo, decirse que el asunto de la banda era la razón de su constante insomnio o la falta de apetito, pero cantando esa canción toda falsedad hacia sí mismo se estaba deshaciendo. Era ella, era por Mimi que él ya no era el mismo. Debía olvidarla, se decía pero no era tan sencillo. Prefería odiarla, eso haría las cosas más fáciles pero no quitaba su recuerdo de la mente, de sus ojos, de su tacto, de sus labios… «Maldita sea» estaba completamente jodido y eso lo estaba matando.
No podía estar con ella, pero tampoco podía renunciarla y no sabía la razón. Había acabado la única cajetilla de cigarrillos que conservó intacto hace meses, y lo hizo en cuestión de un fin de semana. Su madre estuvo por descubrirlo de no ser por Tk, pero él también le hizo un ultimátum al respecto. Tenía razón, pero era débil. La única forma de "adormecer el dolor" era hiriéndose con algo más fuerte que le hiciera olvidarse momentáneamente de ello. Estaba mal, lo sabía pero no encontraba algo mejor.
La canción finalizó y él mantuvo los ojos puestos en sus pies. Los aplausos y gritos femeninos lo rodearon pero a él no le interesaba; la diversión de la competencia ya no le interesaba como al principio, antes de darse cuenta de lo triste que se estaba volviendo su vida. Levantó la vista y Mimi lo miraba atentamente; no como todas las chicas lo miraban, todo lo contrario. Pudo ver en esos ojos caramelo la ráfaga de la preocupación, o eso fue hasta percatarse que fue descubierta por él, entonces desvió la dirección de sus ojos hacia el público. Sonrió de costado. Dios, podía pasar horas mirándola sin cansarse.
Zoey se acercó hacia Mimi y le tendió la caja negra para que eligiera su última canción. La castaña sacó un pequeño papel doblado y se lo entregó a la estudiante de primer año para que ésta le hiciera entrega a Koushiro. Mimi volvió su vista al público, más específicamente al capitán del club de Fútbol que se hallaba hacia los últimos lugares del teatro, pudiendo ver como la sonrisa era fácilmente hallada cuando ella lo miraba a él.
Yamato gruñó por lo bajo. Sabía que Taichi era su mejor amigo y que fue gracias a él que ella seguía de pie, pero no había manera de tranquilizar el tormento que se desarrollaba en su estómago cada vez que ella veía a Tai de esa manera, o que él sonriera para ella.
Una nueva melodía sonó, llamando la atención de la castaña, quien regresó sus ojos a la pantalla, leyendo de qué iba. Por su parte, Yamato no necesitaba leer el nombre ni del tema o del grupo, ya que conocía la triste y melancólica sinfonía del aclamado álbum "The Wall" de Pink Floyd.
Ya no le sorprendería saber que Mimi conociese "Hey, you", pues viendo el deslumbrante espectáculo que les brindó con "Hit me with your best shot", Pink Floyd no sería un problema.
La introducción con guitarra fue llegando a su culmen y fue cuando Mimi tomó posesión del cuerpo del micrófono, aguardando el momento propicio para dar inicio a su canto. Al abrir la boca, su voz, con un genuino registro vocal, dulce y melódico, llenó el teatro. Volvió a cautivar al público fácilmente y por si fuese aún posible, volvió a conquistarlo a él. Pero su belleza no se hallaba sólo en su voz o en su exterior físico; había algo mucho más atractivo y excitante para él: era ella.
Ya no había falsedad en su mirada cada vez que cantaba. Era como si al hacerlo, la verdadera Mimi salía a la luz, la chica dulce, sensible y frágil que él conoció por primera vez en su auto, cuando sus miedos los hicieron verla con autenticidad.
Una larga instrumentación siguió al último verso donde Mimi parecía abstraerse de toda la realidad, sintiendo con profundidad cada nota de la melodía atrapante, meciendo la cabeza al compás, sosteniéndose del atril del micrófono, contando los tiempos al ir golpeando con su dedo índice el cuerpo del micrófono, haciendo alarde del conocimiento sobre el tema. Sonrió al verla así, le gusta aquella Mimi que sólo salía a la luz con la música haciendo posesión de ella.
Al pronunciar la última frase, abrió los ojos, dirigiéndose a los de él con aquellos ojos puros y profundos, mirándolo de una manera distinta que ni él podía descifrar. Y conforme más cantaba, más se compenetraba en la música y en su voz. Le gustaba esa canción, era una de sus favoritas en todo "The Wall".
Recordaba a su padre oyendo el álbum completo por las noches, decía que era uno de los discos que más le gustaba, pero nunca le había dicho por qué, lo único que recordaba oírle decir al respecto era "No seas como Pink Floyd, hijo. Porque el que no arriesga, no gana." No sabía a qué se estaba refiriendo al decirle eso, ni a qué hacía referencia el "no seas como Pink Floyd", pero tampoco es que le daba demasiadas vueltas al asunto.
Por más que la tarea sea sencilla cantar algo bien conocido—Mimi no escatimó en prohibirse implementar sus propios toques a la canción, enseñando la versatilidad que poseía, elevando notas o alargando finales que la hacía resaltar, además de su preciosa voz, su gran conocimiento musical. Cuando la canción finalizó, el público no dejó ni un segundo de silencio para explotar en aplausos y gritos, ya que se trataba uno de los clásicos de la banda estadounidense y la euforia no se contuvo por más que se tratara de una balada, pues la verdadera fuerza se encontraba en la esencia de la misma y en como Mimi se encargó de trasmitirla.
Matt no podía negar que esa presentación compensó con creces la que Mimi no pudo continuar anteriormente. Por más que no lo quisiera, tenía que admitir que la chica era algo más que una simple oyente, sin demasiado por reconocer de la verdadera música. No le negó nada y acabó por unirse al coro de aplausos dirigidos hacia ella. Mimi sonreía al público que la ovacionaba, mas al oír los aplausos provenientes desde el otro lado del escenario, volteó con sorpresa a ver que Matt estaba sonriendo con la misma autosuficiencia que lo caracterizaba, mas una genuina gentileza se leyó en sus gestos que hizo dudar a la oji-miel.
—No lo hiciste nada mal, Tachikawa. Expresó el Ishida con voz tranquila. Ella se recompuso para hacer recaer todo su peso sobre su pierna derecha, mostrándose relajada.
—Eso es lindo viniendo de ti, Ishida. —respondió ella, sonriendo también sin mezquindad.
Su pequeño momento se vio interrumpido cuando Zoey se aproximó a él para que metiera la mano en el interior de la caja negra y dejara que la suerte decidiera la última canción y con la cual la elección del Coordinador de la Obra se sabrá; sin embargo, eso ya estaba decidido cuando Mimi falló con la canción de Snow Patrol.
Volvió a recordar el momento en donde la chica palideció completamente cuando la melodía de "Run" comenzó a llenar el salón. La misma desolación fue la que él halló en sus ojos aquella noche que la tormenta sacó a flote su peor miedo y verla nuevamente de esa manera, le hizo desear que la competencia terminara para sacarla de allí, ponerla a salvo. Meditó los sucesos, ya que la razón por la que Mimi dejó de cantar no se debía a desconocimiento de la canción, si lo fue cantando con facilidad, respetando los tiempos, siguiendo las notas como la letra del mismo, mas la inseguridad que reflejaba su ser se debía a algo mucho más profundo, a algo que no se podía apreciar a simple vista.
No pudo hacer demasiado hincapié en el asunto cuando la melodía de su canción comenzó a sonar. Al principio no lo reconoció hasta que el nombre "P!nk" figuró en pantalla y ya se amargó con ese detalle, ni siquiera le interesó saber cómo se llamaba el tema sonante, externalizando su desagrado por medio de un suspiro cansino.
Si había algo que odiaba más que el pop comercial, era el pop—rock, o pop—punk y derivados de la escuela de Lavigne. Y siendo esa misma la razón, se declaraba un total ignorante en cuanto a "pseudos—chicas rebeldes" como las denominaban tanto él como Koji a artistas semejantes—respectaba. Y estaba seguro que si Sora lo escuchaba profiriendo esas palabras, se encargaría de otorgarle una bien cargada reprimenda. ¿Qué cómo lo sabía? Pues la pelirroja tenía como modelo a seguir, en muchos aspectos, a Alicia Moore.
Cerró sus dedos sobre el cuerpo del micrófono y comenzó a seguir el orden del tiempo que le indicaba el inicio de Fuckin' Perfect.
Las personas parecían conocer la canción a juzgar por la forma en que iban siguiéndolo y a pesar de no conocer muy bien aquella canción, la cantaba sin muchos tropiezos porque el ritmo era sencillo y todo seguía un patrón predecible. Sus ojos seguian la letra en la pantalla blanca y conforme iba llevándose por delante la melodía, se dio cuenta que se compenetraba cada vez más con ella.
Palabras, que anteriormente le sonaban sin sentido a través de la radio o el stereo de Sora, cobraron fuerza en su cabeza cuando él las fue cantando y apropiándose de ésta. Si, sentía que los versos de la canción eran palabras dichas por él, propiamente suyas, de sus memorias, de sus heridas y de su afligido ser,
Todas y cada una de sus malas decisiones, de los errores cometidos uno tras otro fueron tomando protagonismo dentro de su cabeza sin otorgarles permiso alguno. Recordó las tantas lágrimas que hizo brotar, de todos los golpes que creyó merecer, de todas las maldiciones dichas al cielo con impotencia y de los perdones callados por miedo. Todos sus fantasmas salieron del baúl donde los encerraba, haciéndolo pedazos desde adentro.
Con el pasar de los segundos, más fuerza empleaba en sostener el micrófono entre las manos, sentía a sus brazos ejercer tal presión innecesaria que pronto serían lánguidas e inútiles extensiones. No, debía detener ese torbellino de emociones que calaba con fuerza arrolladora en su pecho. Él no era de los que expresaba sus emociones con facilidad, no le gustaba exteriorizar sus sentimientos y todo lo que intentaba transmitir se encotraba camuflado entre notas y letras, siendo su sufrimiento, la melodía silenciosa que lo acompañaba siempre.
«¿Por qué sigues competiendo contra mí si sabes que no lo lograrás? Es triste que trates de fingir lo que no eres y nunca serás.»
Aquellas palabras las tenía bien grabadas en su cabeza y a la persona que las dijo. Recordarlo sólo le revolvía el estómago y lo sacaba de quicio, obligándose a sí mismo a hacer estupideces que le dijeran que el problema no era él, por más que dentro suyo sabía que eso no era cierto.
Tantos episodios de su infancia en las que sus tropiezos le hicieron preguntarse qué era lo que estaba mal en él, por qué tenía que ser diferente al resto, por qué otros eran mejores a él... Esas preguntas sólo lograban que él fuese cerrándose al resto, forjando una barrera con el mundo que le impidieran herirlo.
Cerró los ojos y fue apretando sus párpados en un intento fallido por escapar de los recuerdos dolorosos de su infancia, de como siempre estuvo marcado ante las personas, siempre siendo el foco de críticas, de menosprecio, una causa perdida para su familia, para todos... Salvo por él.
¿Ya tienes todo listo, hijo? A su mente llegó la voz de su padre, profunda y apagada, recordándose cuando tenía ocho años y el divorcio de sus padres se había concretado; en ese momento, se veía a sí mismo empacando sus cosas para marcharse a vivir con su padre. Era aún un niño y no sabía qué sucedía realmente, sólo sabía que tenía que marcharse del lado de su madre y de su hermano menor.
Su padre, que estaba en el umbral del cuarto, entró a su habitación y se sentó al borde de su cama, mirando a su alrededor.
La habitación parece más grande ahora, ¿no? formuló Hiroaki, intentando hacer pasar el mutismo. Yamato miró a su alrededor y le dio la razón a su padre; en verdad era bastante grande sin us cosas dentro. ¿Nos vamos? Preguntó entonces a su hijo, recibiendo un asentimiento de parte suya. Bien, andando.
Hiroaki tomó la maleta de su hijo y comenzó a caminar hacia la salida llevándose consigo la pequeña valija, creyendo que el menor lo seguía. Matt miró la habitación que estaba dejando atrás, las paredes celestes y las cortinas azules, el armario de color caoba en donde estaba pegado varios dibujos pertenecientes tanto a él como a Tk y entre el revoltijo de colores visualizó el dibujo que él había hecho el día en que Takeru nació: se trataban de figuras larguiruchas y desproporcionadas que vendrían a ser Hiroaki y Natsuko tomados de la mano, mientras ambos tomaban de la misma forma tanto a él como a Tk. Verlos sonreír allí, pero no en la realidad, le hacía pensar en una cosa:
—¿...Es mi culpa?
Vio a su padre detener sus pasos repentinamente y voltearse a verlo. El hombre dejó a un lado el pequeño equipaje de Yamato y fue hasta él para posar sus grandes manos a cada lado de sus diminutos hombros. Podía recordar aquel momento con claridad, siendo uno de los pocos donde su padre externalizó sus sentimientos hacia él; no lo hacía con frecuencia, no porque no lo sintiera, mas bien porque no sabía muy bien como hacerlo.
—No es tu culpa, Yamato... Dijo de inmediato, mirándolo con esos ojos oscuros y profundos que tanto lo reconfortaban, pero en esos momentos sólo podía ver dolor en ellos. Bajó la mirada al suelo para continuar hablando. Es sólo que... Tu madre y yo... —¿Cómo explicarle a tu hijo de ocho años que sus padres se divorciaran sin que sienta que él ha hecho algo malo? Hiroaki buscaba la forma de hablarle y decirle que no era como él pensaba. —No es culpa de nadie... Ni tuya ni de Takeru... Es cosa de adultos. Tú... —lo vio esbozar una sonrisa después de mucho, de esas que te dicen "todo estará bien" por más que en sus ojos, la tristeza lo inundaba. —Tú eres bueno, Yamato. No importa qué te diga el resto; eres perfecto para mí.
Sintió el nudo en su garganta haciéndose cada vez más fuerte. Sabía que si seguía con esos pensamientos sólo acabaría mostrando lo peor de sí. Volvió a mirar la pantalla blanca y vio cómo las palabras eran marcadas por el ritmo, pero no escuchó nada más que eso: simple melodía. El rostro de Kazu como el de Koji se quedaron atónitos y su semblante sólo se multiplicó al resto de espectadores presentes, incapaces de creer que Yamato dejara de cantar.
Por un momento, no le importó. Bajó la vista y extendió el brazo derecho (el mismo cuya mano sostenía el micrófono), clara señal de no poder continuar. La melodía se detuvo entonces y él levantó los ojos hacia su oponente.
Mimi lo miraba con notoria sorpresa pero sus ojos lo escrutaban suspicaces. Parecía inocente y era tierna, pero no era tonta. Él sonrió de costado casi con mofa, consiguiendo acentuación en el ceño de la Presidenta.
—¡Ishida Yamato se declara incapaz de continuar cantando y ésto sólo nos dice una cosa, Señores...! —El alboroto en el público se descontroló por un momento; todos sabían qué venía a continuación. —¡Tenemos un empate!
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Takeru suspiró cuando vio a su hermano resignándose a continuar, consiguiendo que todo el público expresara su descontento. Apretó los puños sobre sus rodillas y trató de contener su enojo. Nadie sabía por qué Yamato se había declarado incapaz de continuar sobre el pedestal donde se hallaba ascendiendo con tanta facilidad. Oyó a Davis dar berrinches al viento mientras se jalaba los, de por sí, revoltosos cabellos. No era el único, lo sabía.
Miró a su hermano y la preocupación caló en él. Aquella canción (F*ckin' perfect) poseía tanto de él, era como un reflejo suyo, las palabras que él no decía fueron cantadas por él y reconocerlo fue lo que lo hizo echarse para atrás. Toda su vida la vivió bajo las críticas constantes de las personas, marcándolo y juzgándolo como si de un fenómeno se tratara. Era verdad que su hermano no era perfecto, pero no era mala persona.
Los comentarios seguían a sus espaldas y eso lo irritaba, pero nunca era lo suficientemente corajudo como para enfrentarlos.
Conocía con profundidad a Yamato y sabía que el dominio musical del chico era bastante amplio, tanto así que podría pasar horas y horas hablando sólo de música. Tuvo un muy buen maestro. Hiroaki fue un amante empedernido de la musa musical, invirtiendo la mayor parte de su tiempo y dinero en discos de vinilo de todo tipo de artistas y géneros, siendo ésta la razón por la que Tk no se sorprendió al oírle cantar y bailar al ritmo de Nat King Cole, pues de pequeño su padre los hacía oír ese tipo y muchos más estilos musicales. Nat King Cole estaba entre sus preferencias hechas vinilos, cuando las noches acechaban, sus padres solían oír juntos aquellas canciones y vagos recuerdos llegaban de Hiroaki haciendo bailar a su madre al son del jazz. Sonrió con ternura.
—¡¿Qué demonios fue eso, Ishida?! ¡Si tenía las de ganar! —Se quejaba Daisuke furibundo y de pie. Tk rodó los ojos para hacerlo sentar nuevamente, a pesar de los reclamos del jugador de fútbol. —Maldición... A éste paso perderé dinero.
—¿Apostaste por mi hermano? —preguntó Takeru sorprendido, mirándolo receloso.
—¿Tu no? ¿Qué clase de hermano eres? —Tk suspiró ante su amigo y volvió a mirar al frente en donde se debatía la última canción. —Dime... ¿Qué le sucedió?
—No lo sé. Mintió, porque sabía lo que atormentaba a su hermano mayor. Sintió la mirada de Daisuke sobre él, no teniendo más remedio que apartarle el rostro de su vista.
—Tú sabes algo. Acusó. Venía sobrellevando las cosas con tanta facilidad.
Tk levantó los hombros, declarándose incapaz de responder a la incógnita de su amigo, así que el silencio entre ambos se estableció; claro que no duró demasiado, no cuando del Motomiya se trataba. El moreno se precipitó con fuerza, gritando "bingo" y ganándose que Tk lo vuelva a sentar.
—¡¿Y si él no quiso ganar de una?! ¡¿Y si su intención fue siempre desde el inicio cantar a dúo con Mimi?!
—¿Por qué lo querría? —preguntó Tk sin estar del todo convencido en la teoría de su mejor amigo. —Es decir, ya está cantando con ella, ¿por qué querría hacerlo a dúo?
Davis pareció tener la respuesta en la punta de la lengua, pero pasado un momento, el radiante semblante del detective, se esfumó.
—No lo sé... —Takeru se encogió de hombros, igual de rendido. El Motomiya volvió a levantar cabeza para sugerir algo. —Y ¿que tal sí...? —Pero volvió a quedarse callado para cruzarse de brazos seguidamente.
Tk ignoró a Daisuke para centrarse de vuelta en su hermano, entrelazando sus dedos, depositando su mentón sobre éstos. «Vamos, hermano.»
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Yolei, posicionándose en medio de ambos estudiantes, enseñó al público una moneda que sostenía con su pulgar e índice. La última canción a dúo se decidiría por medio de aquella pequeña pieza, en donde uno de los dos estilos musicales sería el destinado dependiendo la cara de la moneda. Dos bandos de griteríos se debatía en aquella gran sala, cada uno apoyando a uno de los dos cantantes, fundiendo sus voces en un descontrolado mar de confusión; pero eso fue historia cuando la moneda dejó de ser cautiva por Miyako, en el que la gravedad la permitió vencerla unos segundos y girar hasta que su cuerpo metálico se estrelló contra la mano extendida de la Inoue.
Silencio y tensión eran los reinantes en aquel momento, el mismo que le tomó a la moneda volar en el aire para estrellarse de lleno contra la mano que la sostuvo inicialmente.
—¡Tachikawa Mimi, elige!
Otra trifulca acalorada azotó el teatro, apoyando a la Presidenta. Mimi sonrió al ser quien decidiera la última canción, mas su sonrisa, en lugar de mostrar satisfacción, denotaba cierto cansancio. Se acomodó el cabello, tratando de recuperar energías que las canciones anteriores le arrebataron. Miró a Yamato y éste le hizo una seña para que dijera su elección. Ella le sonrió entonces, mostrándose fuerte ante su escrutinio.
—¿Qué eliges? —preguntó Yolei.
—Country Respondió Mimi y vio a Matt esbozar una sonrisa burlona a causa de su elección.
La Tachikawa rodó los ojos ante la reacción de su compañero y entornó sus pies de regreso a su puesto; verla marcharse despertó una pequeña diversión en él.
—Espero que sin rencores, Tachikawa. —su voz sonó mientras retrocedía hacia el micrófono que le tocaba.
Descuida, trataré de no avergonzarte demasiado. Dijo guiñándole el ojo y volviendo a caminar para su lugar, meciendo las caderas con determinación. Matt trató de no sonreír, mas le resultaba imposible. Aquella chica sabía lo que quería y le gustaba que no se hiciera para atrás.
La selección de las músicas fue hecha y para un público ignorante del resultado, los parlantes fueron emitiendo la melodía que les adjudicó. El acompañamiento a base de un piano junto con el ragido de una guitarra era el primer indicio que tenían ambos cantantes, siendo Mimi quien reconoció primeramente la melodía sonante, maldiciendo en su interior.
Los ragidos de una guitarra en compañía con la melodía conferida por el sonido de una guitarra eléctrica, les dio el panorama final.
—Tienes que estar bromeando... —susurró Yamato, verificando que sus sospechas eran ciertas cuando el nombre de la canción apareció en pantalla.
—Entre todas las... —Fue el turno de Mimi de externalizar su descontento, siendo que el country tenía un millar de cantantes como música, debía tocarles "Just a Kiss" de Lady Antebellum.
Cuando todos apreciaron el nombre de la canción en la gran pantalla blanca, los aplausos no se hicieron esperar por parte de la mayoría del público, siendo una canción de conocimiento general. Cada uno de los opositores tomó a su manera el cuerpo del micrófono y con una mirada dirigida entre ambos, sentenciaron aquella canción como la última.
Y tras un asentimiento de cabeza por parte de ambos, los versos se dividieron intercalandose, siendo Mimi quien daría inicio. Y de esa manera, el tiempo de la introducción acabó para dejar oír la dulce voz de la muchacha. Pero Yamato no le dejaría el camino tan fácil, por supuesto; al llegar su turno, él tampoco dejó sin expectativas cumplidas a ninguno, enseñando cuanto podía arriesgar por ganar.
Fue con el pre—coro que sus voces se juntaron, fusionando los dos estilos de voces en una misma frase que los hizo pedir más para sentirse vencer al otro.
Ambos compartieron una mirada y al mismo tiempo quitaron el micrófono del atril metálico para sentirse libres con él, dirigiendo sus pasos con mayor pertenencia en sus respectivas zonas. Ambos iban compenetrándose cada vez en la canción, intentando no mirarse demasiado pues ambos sabían de qué iban la letra que pronunciaban y a dónde los hacía trasportar su mente. Así es, ambos tenían latente el momento en el que su primer beso tuvo lugar en aquel estacionamiento, entre odios y maldiciones aún podían sentir la calidez que hallaron en el otro.
Cuando el coro finalizó, se miraron nuevamente y fue Mimi quien pronunció primeramente el verso, mas Yamato la iba siguiendo de cerca, secundándola. Fue cuando ella lo miró y todo pareció perder sentido, desde sus pelas hasta aquella estúpida competencia. Sus voces regresaron a envolverse juntos, como si fuese lo que éstas buscaran de por sí, como si ellas fuesen la realización de su propio deseo.
Una sonrisa clandestina surgió entre ambos, como un secreto que sólo ellos debían conocer. Entonces sus pasos se iniciaron hacia el otro. No había manera de apatar la vista del otro, pero tampoco es que quisieran hacer algo diferente. Se acercaron lo suficiente y un anónimo roce de manos liberó una corriente eléctrica que les hizo acercarse aún más. Sin apartar los ojos del otro, fueron cantando, retándose entre ambos, por primera vez viéndose como eran, sin apariencia alguna que les resguardara del otro. Sólo ellos y la música envolviéndolos.
Sus voces se extendieron y la plenitud los acogió, sin darse cuenta. Y sin percatarse, su cercanía fue reduciéndose hasta casi desaparecer, pero eso no les llegó a importar hasta que el último coro finalizó y sus voces se extinguieron a la nada.
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Al pronunciar el último verso, sus ojos no se apartaron del otro, se miraban fijamente, mientras un brillo que sólo se encendía delante de los ojos del otro, fulguraba en ellos. Se estudiaban en silencio cada detalle, como la fina capa de sudor que acariciaba sus frentes y las respiraciones que se tornaron aceleradas, obligando a que sus pechos subieran y bajaran fuera de un compás armonioso. Estaban tan concentrados en el otro que no vieron venir la avalancha de euforia que llenó el teatro, con mucha más fuerza de las ocasiones anteriores; si no fuese por las manos de Yolei golpeando los hombros de ambos, éstos seguirían metidos en la burbuja que compartían.
—...Las votaciones se harán en estos momentos, así que por favor, estén atentos a los papeles blancos que están recorriendo.
Tanto Yamato como Mimi despertaron del sueño compartido para volcarse nuevamente a la realidad. Matt miró a su alrededor y fue cuando se percató de que estaba a tan sólo un paso de fundirse con Mimi y su cerebro encendió la alarma en todo su ser, apartándose de la Tachikawa con violencia, como si ésta estuviese envuelta en llamas. Ella lo miró dubitativa y acercó su mano a la de él para llamar su atención, mas él negó con la cabeza para alejarse de allí, de camino hacia el telón que lo llevaría fuera del escenario.
—¿Es así cómo funciona ésto? —la voz de Mimi lo hizo dar un ligero respingo, volviéndose a mirar a sus espaldas donde ella se hallaba sujetando el telón qus los apartaba de ojos de terceros. —¿Vienes armado de valor para luego salir corriendo como un cobarde?
—Tú no lo entiendes. —Respondió él, intentando calmar el torbellino de pensamientos que le impedían procesar sus ideas correctamente.
—Pruebame. —Exigió ella. —Te demostré no ser una analfabeta musical como creías que era.
—No fue eso lo que quise decir y lo sabes. —expuso irritado, volviéndose a ella, mirándola con desafío.
—¿Ah, no? —también se giró a verlo sin temerlo. —Que yo recuerde, eso fue lo que quisiste dejar en claro en la reunión de la mañana.
—No fue eso, además no viene al caso hablar de lo que dijimos en la reunión. Claramente nos demostramos la valía del otro, así que no seas tan amargada que aún estamos delante un público que cree todavía en la dulce chica que aparentas ser.
—Ja —soltó una risa cínica. —¿Que aparento ser? No me vengas con esas estupideces, Yamato, eres tú quién no sabe cuando detenerse.
—¿Qué demonios es eso de "no sé cuando detenerme"? Te he sido franco, Tachikawa... Pero por lo que veo no estás acostumbrada a que te digan la verdad.
Los hombros de Mimi se tensaron con el simple hecho de oír su voz, pero cuando profirió aquellas palabras, sintió que su compostura se fue al diablo. Adiós a la chica perfecta, adiós a la etiqueta, adiós a la niña buena. Volteándose casi con violencia, avanzó hacia él sin temor a nada, realmente furiosa.
—¡Escuchame muy bien, Ishida Yamato, no me quedaré aquí parada viendo cómo te haces el duro y chico malo, si alguien está aparentando ser algo que no es, ese eres tú! Y ni intentes decir que no porque sé que no eres más que un cobarde! Te escondes detrás de esa faceta tuya para que nadie te lastime y finges no sentir nada para evitar el dolor... Trata de negar que es verdad lo que digo mirándome a los ojos y prometo creerte tu "papel de canalla", como me has dicho la otra noche.
Yamato apretó con fuerza sus puños y contrajo su mandíbula, mirándola a los ojos. Comenzó a avanzar hacia ella de forma peligrosa. La confianza de la muchacha no se vio atentada hasta que sintió su cuerpo hacerse con el de ella, de esa manera retrocedió torpemente, mirando a sus espaldas, percatándose que le restaba poco por echarse de espaldas contra la pared.
—¿Sigues con eso, no? ¿No puedes simplemente superarlo o aceptar que no todos están rendidos a tus pies cómo te habrán enseñado desde pequeña?
Su voraz coraza fue quebrándose más bien por la amenazante voz del chico que por su cercanía, o quizá era la mezcla de ambos que sabían como calar en ella de esa manera tan asfixiante.
—N...No quieras cambiarme de tema... ¡Estamos hablando de ti! —intentó empujarlo lejos, pero él hizo posesión de sus manos, impidiéndola alejarse. Sus ojos la devoraban y ella ya comenzaba a perder la calma.
—¡Pues también se trata de ti, señorita "todos me aman"! ¡¿Qué clase de chica sigue adelante cuando fue claramente rechazada, eh?! ¡¿O es que sólo es un capricho tuyo?! ¡Entonces vamos, tengamos sexo en algún baño público si tanto odias recibir un "no" por respuesta!
Mimi lo miró con ojos dolidos y Matt fue consciente de ello. La soltó entonces, mordiéndose la lengua al ver el dolor en su rostro. Quería herirla, quería que entendiera de una vez por todas que él era así, que tarde o temprano acabaría lastimada, pero ante el primer indicio de dolor provocado, él se hallaba nuevamente con la soga al cuello, dispuesto a aventarse al abismo. Y nuevamente, fue un cobarde, apartando su mirada de la castaña.
—Querías una respuesta y aquí la tienes. Dijo Matt sin mirarla. Yo soy ésto, así que mejor te alejas.
Entre tanto, el silencio entre los dos se vio roto con la voz de Yolei por los parlantes, anunciando al voto ganador.
—¡Y el ganador es: Ishida Yamato! —la voz de Yolei les devolvió a la realidad al igual que el resto de gritos que vino a continuación.
Yamato dejó escapar el aire de sus pulmones en silencio y luego oyó a Mimi aplaudiendo lentamente, llamando su atención. Al mirarla, encontró en sus ojos decepción y rastros de dolor, no era para menos. Comenzaba a acostumbrarse a verlos húmedos, y aún más por ser él el provocador de ello.
—Felicidades, Ishida... Te lo mereces. —Tras decir esas palabras, dejó caer sus brazos y girarse, para darle la espalda. La chica comenzó a dirigirse hacia la puerta de salida que tenía cerca suyo.
Al abrir la puerta, encontró la imagen de la presidenta del club de periodismo, Motomiya June, mirándola claramente avergonzada y atónita al verse descubierta escuchando aquella conversación por demás, comprometedora entre los dos competidores. Mimi no le dio la importancia a merecer, o quizá no tenía ganas de hacerlo, pues sólo le dedicó una sonrisa forzada para cruzar por su lado. June la vio marcharse con tantas preguntas en su cabeza pero no hizo nada más que volver sus ojos hacia el vocalista y hallarlo cabizbajo.
—Yama... —sus palabras fueron interrumpidas cuando, de entre los pliegues del telón negro, saltó un muy eufórico batero, abalanzándose sobre la espalda del guitarrista de la banda.
—¡Ganaste, condenado suertudo! ¡Eres mi héroe, maldita sea!
—Ya, ya, Kazu. Que no eres muy livianito que digamos. —cortó Koji sonriendo al puchero del batero. Su mirada pasó al de Matt y verlo tan consternado, lo asustó.
—Ey, Yama... —habló Hirokazu una vez que se bajó de su espalda. —No sé si algún parlante te dañó el oído, pero ganaste, viejo.
El Ishida, que mantuvo los ojos puestos tras la figura de Mimi al alejarse, la desvió hacia su amigo con notoria confusión al verse despertado del trance en el que estaba. Intentó relajar los hombros y verse tranquilo tras aquella discusión con la presidenta, sin poder hacer pasar por alto su voz en la cabeza. Miró a los otros miembros de la banda y sonrió aunque fue más bien una mueca falsa pero que pasó desapercibida al brindarles la espalda a sus amigos, metiendo sus manos en sus bolsillos para seguir caminando de regreso al escenario y ser proclamado ganador.
—No me hagan caso, sólo son nervios post-concurso. —dijo, haciéndoles una seña para que lo siguieran.
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Todos los alumnos fueron despejando el área del teatro para retirarse finalmente de las instalaciones del Instituto; algunos volvían a sus aulas para sacar sus pertenencias o iban a sus clubes y así dar últimas directivas para la jornada siguiente. En su caso, algunos miembros del club de fútbol, basket y kendo yacían a las afueras de la cancha del primero, poniéndose de acuerdo en cuanto a horarios y tiempo de práctica.
—...Entonces, nos reuniremos aquí finalizada las horas de clase. —sentenció Taichi mirando a cada uno de los presentes, observando la aprobación de todos.
Cuando acabaron de hablar, todos tomaron sus cosas y fueron marchándose del predio, dejando de a poco sólo a Davis y a Taichi, ambos hablando animadamente mientras el mayor ponía seguro a los portones de la cancha de pasto sintético.
—Bien, debo irme. Jun quiere que la acompañea lo de una amiga suya. Nos veremos mañana, capi. —se despidió el Motomiya con una mano en el aire al ir avanzando camino a la salida.
—No te diviertas demasiado con Next top, viejo. —tras una carcajada por su parte, Taichi tomó en mano la correa de su bolsón e inició sus pasos que no consiguieron avanzar lo suficiente, pues se encontró con una figura parada no muy lejos de él, mirándolo con un poco de pena. Sorprendido de hallarla allí, miró a su alrededor, comprobando que estaba sola. —Mimi... ¿Qué haces aquí?
La chica dejó escapar un suspiro retenido por bastante tiempo y avanzó hacia su amigo sin dar indicios de detenerse. Taichi, por su parte, la miraba curioso pues se notaba muy afligida y temía que fuese a golpearlo o algo semejante, aún molesta por la discusión que tuvieron antes; a diferencia de todo lo que su mente supuso, ella se abrazó a él y ocultó su rostro en el pecho del capitán.
El espasmo duró a penas un segundo y tras sentirla contra su cuerpo, no dudó en soltar su bolsón y abrazarla con todas las fuerzas que tenía. Hundió su rostro entre los cabellos castaños de su mejor amiga y sonrió a sus adentros. Le gustaba sentir su aroma a vainilla colmando sus sentidos, mientras ella se llenaba con el de él. Era una relación extraña, pero les resultaba a ambos.
—No sé que haría sin ti, tonto... —susurró Mimi, aún abrazada a él. Tai suspiró y se preguntó lo mismo, porque él tampoco conseguía mucho sin ella.
—Perdóname por ser tan idiota, Meems. Lo último que quise fue herirte.
Mimi se separó un poco de él sin romper el abrazo que mantenían, para mirarlo y fingir un puchero que él respondió sonriente.
—No serías tú si no fueses idiota.
—Lo sé. Es mi encanto natural. —Taichi volvió a abrazarla y ésta vez, ninguno dio algún indicio por deshacer el gesto.
—Dime... —habló Mimi tras un prolongado silencio, siendo respondida por su mejor amigo con un farbullo. —¿recuerdas cuando nos conocimos?
Tai sonrió al oírle decir eso, entonces asintió.
—Si, lo recuerdo.
—Hoy me hiciste hacerlo a mí, como también me has hecho recordar cómo llegamos a ser amigos.
—Tienes razón, fue algo como eso. —se alejó de ella para mirarla directamente a los ojos. —Salvo que, quien gritó aquella ocasión fuiste tú.
Mimi bajó la mirada mientras una pequeña sonrisa adorno su rostro.
—Te habías metido en problemas por mi culpa, no iba a dejar que se salieran con la suya.
Mimi lo miró y poniéndose de puntillas, se acercó al rostro del moreno para besar su mejilla. Tai cerró los ojos al sentir los labios de su amiga en su cara y recordó aquel día en qué por primera vez se conocieron. Seguía siendo la misma niña, dulce e inocente de hace años y era por esa misma razón que se decía a sí mismo, haber tenido tanta suerte de conocerla.
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Los ensayos para el festival dieron inicio al día siguiente del concurso, cuando finalizaban las clases matutinas y la hora de los clubes empezaban, cada uno de éstos iba a su labor correspondiente para el festival. Las horas de ensayo eran extendidas y sacrificadas, cada alumno ponía de sí en los preparativos pues ya no quedaba mucho tiempo, siendo todos conscientes de tal detalle. Las horas de diversión, pasado la hora dentro del Instituto, fueron reduciéndose para centrar mayor atención y tiempo al proyecto Hanami.
Mimi observaba la tablilla de actividades y el rendimiento de toda la semana que había transcurrido desde el inicio de todo, pues cada semana se la notificaria sobre el avance. El desenvolvimiento de las personas era indudable, la mayoría de los clubes ya tenía aprendida su rutina para el festival como el club de nado y gimnasia, o los bailes por cortesía del los clubes de danza. Era gratificante ver cuánto avance se fue realizando con el transcurso de una semana.
—¡Ey, Meems! —al oír su nombre, levantó el rostro de los papeles para dirigirse a Yolei. La peliviolacea se hallaba en el umbral de la puerta en compañía de un muchacho rubio y ojos esmeraldas que ella bien conocía. Sonrió al reconocerlo. —Novio a la orden. —Mimi se sonrojó un poco pues todas las miradas de los presentes en la sala se dirigieron al recién llegado, iniciando los cuchicheos y risitas por parte de las chicas.
—Así que ésta es la Mimi seria y mandona, ¿eh? —habló Mike ingresando a la sala. Dio un asentimiento de cabeza en forma de saludo al resto.
La castaña dejó a un lado sus papeles y así tomar su bolsón. Se cruzó de brazos, fingiendo estar molesta por su comentario, ganándose una sonrisa apenada por parte de Michael.
—¿A quién llamas mandona, eh?
—Obvio que a ti no, cariño. —Repuso el Borton acercándose para besar sus labios. El beso la tomó desprevenida, separándose de él casi de inmediato, escuchando el susurro de risitas provenientes de algunas alumnas presentes.
—B...Bien, mejor si nos vamos. —respondió Mimi acercándose a su amiga. —Por favor, Avísame cualquier cosa, ¿de acuerdo?
—No te preocupes, Meems. Todo está bajo control. —le guiño el ojo picaramente.
Michael tomó la mano de Mimi y entonces salieron de la sala en dirección a las escaleras.
—Es todo un halago que la Presidenta Tachikawa aceptara salir conmigo después de rechazarme toda la semana. —habló Michael mirándola de soslayo, esbozándole una sonrisa divertida.
—No me mires así. Estuve con muchas cosas ésta semana. —Se dio cuenta que sus palabras sonaron un poco bruscas, así que entrelazó sus dedos con los de él. —Aprovechemos que Yolei me cubrirá hoy, ¿bien? —besó su mejilla y sonrió para susurrarle al oído. —Además de que no tengo margen de tiempo esta noche.
—¿Y qué estamos esperando? —preguntó con una gran sonrisa, comenzando así a correr, llevándose consigo a Mimi. Al principio, le tomó un momento seguir el paso de sus largas piernas, pero una vez que lo consiguió, fue ella quien lo llevaba por delante.
Salieron del Instituto riendo a carcajadas y sólo se detuvieron al llegar a la acera, respirando con dificultad y con una fina película de sudor cubriendo su piel.
—¿Aún no vinieron por ti? —preguntó Mimi buscando con la mirada algún indicio del vehículo de los Borton.
—Creo que no, —acotó él mirando a su alrededor. —pero creo que sé como gastar el tiempo. —se acercó a Mimi y con una mano, rodeó la pequeña cintura de la chica, abrazándola a él. El rostro de Mike se acercó al de ella, donde sus labios buscaron los de su novia.
—Aún estamos en el Instituto, Mike... —susurró Mimi débilmente, centrando su atención en los rozagantes labios del americano.
—En realidad, estamos sobre la acera y técnicamente, no forma parte del Instituto. Aquí puedo besarte como Dios manda. —Entonces rompió la distancia entre sus labios con la misma ternura que lo caracterizaba.
Su beso no duró demasiado pues oyeron el sonar de una bocina que los obligó a separarse con sobresalto. Frente a ellos se hallaba el vehículo que su padre alquiló para él. Michael se encogió de hombros mirando con pena a Mimi, ella sólo le sonrió para besar su mejilla. Mike le abrió la puerta, dejándola pasar dentro.
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El conjunto de sonidos reinaba la sala, desde violines, chelos, piano, arpas, batería y guitarras eléctricas; en fin, una congregación de sonidos que en lugar de sonar como uno sólo, parecía que cada uno tomaba un camino diferente. La armonía era algo inexistente en aquel sitio, cada quien tomando por cuenta propia lo que creía correcto. Ya todos se daban cuenta de ello, así no tuvo otra opción; el líder de la nueva orquesta hizo un gesto con la mano para que detengan todo sonido. Al ver el 'alto' del líder, dejaron de tocar sus instrumentos, centrando sus miradas al guitarrista principal.
—Ésto no está funcionando... —expuso Matt peinándose el cabello hacia atrás con frustración, intentando pensar qué más podía hacerse para conseguir llegar a una solución.
—Nos hemos dado cuenta de ello desde la primera hora. —contestó uno de los violinistas de mala gana. Detrás suyo, recibió un asentimiento por parte de la mayoría.
—No nos estamos escuchando. —habló Koichi. —Cada quién sigue su propia ruta.
—Seguimos la partitura, Kimura —Repuso otro alumno con un chelo entre las piernas.
—Exacto... No todos somos rock stars y tocamos a lo loco.
Yamato perdió la paciencia ante el último comentario, fulminando a la chica que lo dijo, por medio de su mirada. Sabía que juntar a fanáticos de Mozart sólo crearía problemas. Rock y clásico no se llevaban y ahora daba testimonio de ello. Iba a decir algo más cuando vio a Kazu levantarse de su asiento y compartir miradas tanto con Koichi como con Koji.
—¿Qué ocurre? —preguntó al verlos avanzar hacia él.
Los tres músicos se miraron entre ellos para que Kazu dijera la tan temida frase de "tenemos que hablar". Llevaron a Matt fuera de la sala de música para más privacidad y eso sólo hizo que el mal presentimiento aumentara. Se recostó contra la pared del pasillo, teniendo a las lineas de ventanas contra sus espaldas, sentía el calor de la tarde a través del vidrio pero eso no era importante al fijarse en los semblantes que portaban de sus compañeros, una clara denotación de que su intuición no se equivocaba: algo andaba mal.
—A juzgar por sus rostros, ya tengo una idea vaga, pero los escucho. —repuso Matt cruzándose de brazos en forma mezquina.
Koji suspiró con hastío.
—Escucha, Yamato, hemos estado hablando con algunos de los integrantes de la orquesta y...
—Espera, ¿han estado hablando? ¿Desde cuándo son tan íntimos, eh?
Un suspiro unánime se leyó en los miembros de la banda que crispo aún mas los nervios en el líder.
—Precisamente de esto. No estamos dando resultado porque tú no eres el mismo, Yamato. —siguió hablando Koji.
—Así es, Matt —fue Koichi quien tomó la palabra. —, estás mucho más irascible, no te concentras y los instrumentistas no están cómodos con dejar sus respectivos clubes por algo en donde no se ven avances.
—¡Por supuesto que hay avances! —contradijo el líder a viva voz, pero más bien por sentirse atacado que por considerarlo verdad.
—¡No, no los hay y tú estás muy ciego como para notarlo! —la voz de Koji resonó por el pasillo, sorprendiendo a Matt, quien dejó su postura al ver los rostros de sus demás compañeros, pues todos pensaban igual.
—Todos estuvieron de acuerdo sobre hablar contigo y proponer una solución. —dijo Kazu. Matt lo miró un momento sin decir o hacer nada, para después hacerle un ademán con la mano dándole continuidad. —Queremos cambiar el sistema de liderazgo.
—¿Quieren sustituirme?
—No es sustituirte, —intervino Koichi con pena. —sino... Agregar a alguien más.
Matt frunció el ceño por las vueltas que estaban dando al asunto y lo hacían por algo, una razón que, estaba seguro, no le gustaría. Se apretó el puente de su nariz para contener el inicio de su jaqueca.
—¿A quién?
—A Tachikawa.
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El aroma al pimiento y salsa blandía el amplio salón del restaurante. Los colores fuertes y marcados, al igual que el claroscuro reinantes en el lugar, ambientaban a su alrededor con adornos vistosos y detalles que la transportaban al barroco parisinos. Mimi entró al restaurante junto con Mike y el mozo los ubicó en una mesa cercana a una ventana que permitía también una vista general del recinto.
—Ésto es hermoso, Michael... -habló la Tachikawa una vez sentados. Él tomó sus manos y las acarició con sus pulgares, deleintándose con mirarla a los ojos.
—Yo creo que tú eres lo que hace más hermoso todo aquí, Meems. -Las mejillas de la castaña se tiñeron de un ligero rojo, sacando en él una sonrisa galante. Su burbuja romántica se vio rota cuando el mozo se posicionó delante de su mesa y aclarándose la garganta, se anunció.
—Buenas noches, mi nombre es Yamazuki Yuuyiro; seré su camarero ésta noche. —conforme hablaba, les tendió educadamente una carta a cada uno, sin siquiera mirarlos. -¿Les aparecería ordenar algo o prefieren empezar con el vino de la casa?
Michael miró a Mimi, esperando por su respuesta. Ella levantó su copa vacía con una sonrisa que Mike correspondió.
—Creo que empezaremos con el vino.
Michael asintió a lo mismo y de ésa manera, el hombre se marchó. Mimi rodó los ojos, hastiada; no era sorpresiva la ocasión de encontrarse con un mesero tan estirado en lugares como aquel, mas no le siguió dando importancia cuando Michael le preguntó cómo le estaba yendo con los preparativos para el gran evento de su Institución.
Eso le gustaba de él, que mostrase tanto interés por lo que a ella incumbia. Ambos comenzaron a charlar sobre los preparativos del Hanami y mientras Mimi hablaba emocionada sobre todo, el mozo regresó con el vino en mano, sirviéndoles a cada en su copa, recibiendo, seguidamente los pedidos de cada uno. Una vez marchado el hombre, Mike tomó en alto su copa, siendo imitado por Mimi.
—Por los retos que nos dan miedo cumplir.
—Por los retos ya cumplidos. -repuso Mimi guiñándole un ojo que él respondió con una sonrisa. De ésta manera, ambos tomaron de su copa.
Mimi bajó la copa de nuevo a la mesa, riendo de que Mike no podía beber de un sólo golpe como ella. No lo culpaba; su abuelo, según cuenta su padre, era dueño de un viñedo y el buen hábito de catador lo llevaba en la sangre, como la familiaridad con las bebidas. Pero la gracia se vio opacada al dirigir, instintivamente, la vista a la puerta principal cuando ésta se abrió. Bajó la copa a la mesa al reconocer a la mujer que ingresaba al establecimiento, vistiendo un conjunto formal de trabajo aunque la sonrisa que le dirigió a su acompañante pudiese expresar que se trataba de algo más profundo que una simple cena laboral.
Se había olvidado por completo que Mike le estaba hablando y se sentiría terrible que su verdadera atención se hallara sobre la imagen de Takaishi Natsuko avanzando junto con hombre de su misma, o quizá más edad, detrás de los pasos de su mesero. No podía ignorar la sonrisa que compartían ambos adultos, haciéndola sentir con un nudo en la garganta al ir observándolos.
—¿Meems? -oír la voz de Michael le sentó como la aguja que hizo explotar el globo de su ensoñación, mirándolo sobresaltada, sin poder hacer un mejor trabajo por ocultarlo.- ¿Ocurre algo? -preguntó con rostro preocupado y aunque ella lo negara, sus ojos no podían dejar de desfilar hacia la dirección que el mesero estaba conduciendo a la pareja.
—N...No... ¿qué podría pasar? -volvió a mirar en la dirección de Natsuko con urgencia.
¿De verdad era ella? ¿Pero qué estaba haciendo con aquel sujeto? Inevitablemente, una sensación de profunda incomodidad y molestia se apoderó de su pecho; intentaba concentrarse en lo que Michael continuó diciendo más la desagradable sensación sólo incrementaba dentro suyo junto con la idea de acercarse a cerciorarse de que sus ojos no la estaban mintiendo.
Con monosílabos, respondía a lo que su novio le iba diciendo mientras observaba a su alrededor, pudiendo encontrar alguna manera que la acercara hacia la Takaishi sin que ésta cayera en cuenta de su presencia. Y al fijarse que los baños femeninos se hallaban a tan sólo un paso de la mesa de la pareja, sonrió casi con júbilo. Tomó la servilleta que descansaba sobre su regazo y la depositó sobre la mesa al tiempo en que se ponía de pie.
—¿Sabes qué? Creo que debo ir a... Empolvarme la nariz.
No esperó a que Michael le dijera algo, simplemente comenzó a caminar hacia el baño, intentando que su nerviosismo no fuese notorio y antes de cruzar el umbral sanitario, una mirada por encima del hombro le fue dirigida hacia Natsuko, aunque su plan perfecto fue frustrado por unos mozos que circulaban por allí, impidiéndole la vista. Maldijo por lo bajo e ingresó al baño.
Una vez dentro, apoyó las manos contra la macizo cuerpo de granito negro que poseía la mesada del lavabo, sosteniéndose de sus brazos, dejando que todo su peso se irguiese por ellos, intentando controlar la ansiedad que la recorría. Los ojos, los mantenía cerrados, tratando de dominar la avalancha de imágenes que surcaba su mente: Takaishi Natsuko en compañía de aquel hombre y la constante pregunta que se formulaba internamente... ¿Qué acaso Natsuko no acabó de perder a su esposo hace apenas seis meses?
Levantó la cabeza y observó su reflejo. Matt le había dicho que sus padres se divorciaron cuando él y Tk eran muy pequeños, pero de todas maneras, Mimi no podía simplemente comprenderla. Cálmate, Meems... Esa mujer no tiene nada que ver contigo. Además ya es grande y puede hacer lo que quiera con su vida... Y ¿quién sabe? Quizá sus hijos ya lo sabían y la única exagerada eres tú pensó y se acomodó su camisa escarlata, mirándose al espejo en el proceso. ¿Además, qué te importa lo que haga o deje de hacer la madre de Yamato? Él ya no tiene absolutamente nada que ver contigo...
Volvió a centrar su mirada en su reflejo. Hacía casi una semana que no volvió a tener contacto con Matt después de aquella discusión que tuvo lugar finalizando el concurso, a espaldas del público. Se decía a sí misma que aquel episodio sólo sirvió para recalcar que aquel sujeto era un simple patán y mientras más lejos esté de él, mejor. Pero decirlo resultó ser más fácil que hacerlo.
Mirara donde mirara, no lo veía y por más palabras que cruzara con Takeru, lo único que mencionaba el chico era que Yamato estaba demasiado ocupado con su labor como coordinador de la banda que ya ni tenía tiempo para él. ¡Deja de estar pensando en ese idiota! ¿Qué le sucedía? ¿Por qué siempre sus pensamientos acababan por centralizarlo a él? Tenía que parar con esa tortura interna porque quizá sea ella la única tonta quien lo tenía aún tan presente.
Salir con Michael tenía que mantener a raya sus pensamientos sobre Matt, pero se encontraba metida en aquel baño de damas porque creyó ver a la madre de Yamato entrar con un hombre. ¡No podía seguir pendiente de él!
Se decidió a salir entonces, dio una última mirada al espejo y sonriendo fue hasta la puerta; pero antes de tomar el picaporte de ésta para jalarla, la abertura se acciona en contra de ella. Mimi retrocedió por instinto y entonces ya fue tarde para correr. Natsuko entró al baño y al percatarse que había alguien allí, se disculpó pero fue cuando reconoció a Mimi.
—¡Tachikawa! -nombró la mujer con sobresalto. Instintivamente, la Takaishi miró a sus espalda, en dirección a la mesa que compartía con aquel hombre y su rostro se sonrojó. —N...No sabia que estabas aqui... ¿Y...Yamato está contigo?
—No. -dijo Mimi, igual de nerviosa al verse descubierta. Rodeó a la mujer y haciéndole un asentimiento con la cabeza en forma de respeto, salió del baño como cuál alma se lleva el diablo.
No dio muchos pasos antes de que Natsuko la tomara de la mano para impedir que se aleje demasiado. Mimi la miró y encontró cierta urgencia en el rostro de la mujer mayor.
—Escucha... Yamato o Tk no tienen que enterarse de ésto, ¿si?
Mimi la miró un momento y aquella punzada en su pecho volvió a acentuarse con más insistencia. Trató de sonreír para hacer pasar el incómodo sentimiento.
—¿Por qué deberían? Si sólo es una cena de trabajo, ¿no?
Natsuko pareció volver a respirar con tranquilidad y asintió a las palabras de Mimi, deshaciéndose del agarre ejercido por ella.
—Gracias.
—Debo irme. Fue lindo verla, Señora Takaishi. —repuso Mimi dándole la espalda para comenzar a caminar en dirección a Michael, pero antes de que el muchacho dijera algo, ella se le adelantó. —Quiero irme de aquí.
—¿Ocurrió algo? -Preguntó Michael poniéndose de pie, buscando con la mirada la razón por la que Mimi tenía aquel semblante en su rostro.
—N...No... Sólo quiero irme. -no esperó a que Mike pudiera opinar al respecto, simplemente salió del restaurante, ignorando la gentil despedida del mozo que se hallaba en la entrada.
Se abrazó a sí misma, tratándose de calmar, pues tenía la respiración acelerada, al igual que sus latidos. Trató de olvidarse de lo sucedido recientemente, pero aún no podía. Oyó a Michael salir del restaurante e ir hacia ella.
—¿Quieres ir a otra parte, cariño?
Mimi negó con la cabeza.
—S...Sólo quiero ir a casa... -murmuró y comenzó a caminar, dándole la espalda a Michael.
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Todos seguían el enérgico sonido del estéreo a todo dar, con cada movimiento acentuando el compás de la melodía. Con un juego de brazos y piernas, las chicas se mecían con gracia, mientras los chicos, llegado el momento, tomaban por la cintura a sus respectivas parejas y las levantaban a lo alto. Al ver esto, era la señal para Hikari de salir del reposo en donde se hallaba, al igual que las demás nadadoras, cada una ubicándose al borde de la piscina, preparados para un clavado.
El ensayo dio un respiro de unos minutos para que todos tomaran aire y un poco de agua. La castaña tomó una botella de agua bien fría que sacó del pequeño refrigerador del equipo, se llevó la botella a la boca y bebió con ganas; aquella rutina la dejaba exhausta.
—...Están por allá, vamos. —oyó que decían algunas chicas del club de gimnasia.
La curiosidad no le caló demasiado sino fuese porque otra tanda de chicas dejó sus cómodos asientos sobre el césped para así ir en la misma dirección a la que fueron las primeras alumnas. Al hallarse en el patio noreste del Instituto, se encontraban aislados de la mayoría de los otros clubes, en parte era bueno pues de esa manera, podían practicar sin distracciones; o eso fue hasta ver como algunas alumnas, en vista que la entrenadora fue un momento al baño, se dirigieron a la zona de los campos de deportes del Instituto. Kari las siguió instintivamente pues su curiosidad pudo más que ella; doblaron en una esquina que les llevaba directo a la cancha de fútbol de salón y allí, la Yagami fue consciente de la razón que atrajo la mirada femenina: los muchachos de clubes de deporte se hallaban practicando al kendo, mientras más atrás, en la zona de la cancha de basket estaban practicando los chicos del equipo.
Hikari dejó de prestar atención a las prácticas con la espada de madera para dirigirse a los que corrían con la pelota naranja revotando bajo sus manos. Enseguida sus ojos reconocieron a la figura que encabezaba la corrida, y al ver la manera en que su cabello rubio se mecía con fuerza y sus piernas corrían ágiles, sintió a su corazón dar un vuelco de la emoción. Le gustaba ver a Tk jugando, se lo veía tan libre pero a la vez, había algo en su mirada que dejaba de ser "infantil" o "aniñado".
Le lanzaron el balón y Tk lo tomó con facilidad, creando una barrera para sus adversarios con su espalda, mientras rebotaba la esfera con su diestra, entonces se la pasó a otro compañero y cuando los oponentes pasaron la atención al otro chico, Takeru volvió a hacerse con la pelota para, de esta manera, saltar y encestarla en la red. Un pitido por parte del entrenador les dio el aviso que podían descansar. A Tk se acercaron varios compañeros para golpear su espalda en forma de felicitación, recibiendo por su parte una sonrisa cansada del rubio, mientras trataba de retomar el control en su respiración.
—Capitana... —Hikari pegó un respingo de muerte cuando oyó la cantarina voz de Juri detrás suyo. Se giró a verla completamente roja y ese sonrojo se incrementó al ver la mirada pícara que le dedicó su amiga. —¿puedo acompañarla mientras espía a los chicos de basket?
—¡Y...Yo no...! ¡No estaba espiando, Juri! —miró en otra dirección, cruzandose de brazos tratando de calmar el sonrojo en sus mejillas.
—¿Están practicando para ésta tarde? —preguntó Juri olvidándose de su capitana para observar a los jugadores.
Kari se encogió de hombros con decepción; siempre había asistido a los juegos de Tk, a cada uno desde que él empezó a tener afecto a dicho deporte y participar en el equipo del colegio. Siempre que encestana él la miraba y sonreía, era como si lo hiciese por ella aunque eso estaba muy lejos de ser real.
—Creo que sí.
—¿Asistirás, no? —preguntó de nuevo Juri volviéndose a Kari y sorprendiendose al ver un rostro triste en la castaña. Juri lo medito un momento y dijo a continu, acercándose a su capitana para tomarla del brazo y entrelazarlo con el de ella. —Oí que el equipo contrario es el Instituto de mi primo Ryo... ¿Me acompañarías al partido? No quiero ir sola.
Hikari la observó un momento, estudiando sus palabras. Sabía lo que estaba haciendo Juri y se sentía ciertamente agradecida. Sonrió.
—Es hora de regresar a la práctica.
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—¡No, no debe ir así! ¡Alto! —bramó Yamato con exasperación. Los instrumentista detuvieron la música de mala gana, enviándose miradas exasperadas que iban dirigidas más expresamente para el líder de la banda. —¿No pueden seguir las partituras? ¿Es acaso tan difícil? No se tratan de músicas desconocidas o nuevas, maldición...
—¡Ya tuve suficiente de ésta mierda! —se levantó un chelista realmente furioso. —Ésto no está funcionando, lo único que has logrado es hacernos perder el tiempo.—el apoyo unánime del grupo se oyó con afirmaciones y cabeceos, otros se levantaron también indignados. —¡Desde un principio sabía que Tachikawa debía ser la líder de ésto!
Nuevamente otra tanda afirmativa se oyó, logrando que los nervios de Yamato se crispen de rabia.
—¡Al diablo con ustedes, si tanto les molesta como dirijo ¡¿qué hacen aquí?!
—Tienes razon por primera vez, Ishida —habló el chelista. —No sé por qué nos hemos quedado tanto tiempo. —miró a su alrededor y entonces todos comenzaron a salir de la sala, cargando con ellos sus instrumentos.
Cuando por fin estuvieron sólo los cuatro integrantes de la banda, Koji se volvió a Matt. El semblante del Minamoto, que siempre se mostraba sereno, ahora se veía realmente mosqueado.
—No me mires así, ni siquiera valía la pena si es que ellos no...
—¡Tienes un maldito problema, Yamato y no quieres admitirlo!
—Koji, no creo que decirlo así...
—¡Cállate, Koichi, de verdad no necesito tus sermones de madre! —volvió a mirar a Matt. —Y en cuanto a ti, si de verdad quieres hacer algo de tu vida, será mejor que te tranquilices porque tu amargura n sólo disolvió a la orquesta... —miró a sus demás compañeros. —está por disolver a la banda.
Sin más, se alejó de ellos para salir de la clase, cerrando detrás de el puerta. Koichi y Kazu suspiraron al mismo tiempo. Tanto Koji como Yamato se asemejaban en muchos aspectos y uno de ellos era temperamentos.
—¿Irás tras él? —preguntó Matt sentandose en una silla vacia.
El Kimura sonrió con pena para asi mirar el reloj dentro de la sala.
—No querrá oirme después de todo. —hizo una pausa para guardar su bajo. —Sé que no lo dijo de una manera adecuada... Pero creo que tiene razón, Matt. Y lo decimos porque te queremos.
—Vaya... De verdad tienes complejo de madre, Koi. —bromeó Kazu riendo y haciendo que la tensión se esfumara momentáneamente. Koichi rio por lo bako para así alistarse el bajo a la espalda.
—Mi madre necesita una mano con la limpieza, ya que mi abuela vendrá de visita éste fin de semana. Nos vemos, chicos.
De esa manera, el Kimura se despidió de sus compañeros para retirarse. Kazu se volvió a Matt, tomó una silla para sentarse con el respaldo al frente, cruzando sus brazos sobre este para apoyar allí su mentón. Yamato lo miró sin ocultar la desconfianza que aquella mirada en el batero.
—¿Qué? —preguntó de mala gana.
—No "qué", sino "quién". —Matt rodó los ojos, de verdad no deseaba un interrogatorio y menos por parte del Shiota. —Oh, no te preocupes que sé como se llama tu problema —Kazu extendió su manos como si estuviese exponiendo algo brillante delante de los ojos del cantante. —¡Sufres de "Tachikawitis"! Es una enfermedad peligrosa cuando va avanzando y por lo que veo, estás en la etapa critica de esa terrible enfermedad.
Yamato rezongo enfadado y se levantó de la silla para pasarse las manos por el cabello, siendo la diversión de su querido amigo.
—Y no te molestes en negarlo que aún recuerdo tu "super" encuentro con taichi y la presidenta, dando aquel show de su triángulo amoroso... Vaya, eso de que amigos lo comparten todo lo han tomado un poco literal, ¿no crees?
—¡Tú...! —acusó Matt rojo de vergüenza al verse descubierto por el castaño, quien poseía una sonrisa de oreja a oreja. —Eres un metiche... Ni siquiera es un triángulo amoroso. Taichi no siente absolutamente nada por Mimi...
—¿Y tu sí, verdad? Por eso la llamas por su nombre de pila, ¿eh? —la sonrisa zorruna en Kazu se extendió con vehemencia al ver que de rojo que experimentaba su amigo se iba extendiendo.
—Yo no... Ella no me... ¡Ah! —apoyó las manos contra las ventanas. Cerró los ojos con fuerza y dejó escapar un suspiro derrotado. ¿Qué más daba si Kazu lo supo todo?
Sintió la mano de Kazu sobre su hombro, dándole palmaditas de aliento.
—El primer paso es aceptar que tienes un problema, Yama.
—No tengo ningún problema... —susurró aún con los ojos cerrados, respirando pausadamente.
—¿De verdad? Entonces, si no sufres de nada no te molesta esa escena, ¿no es cierto?
Ante las palabras de Kazu, Matt fue abriendo los ojos de apoco, encontrándose con la entrada principal del Instituto donde se hallaba Mimi acercandose a un chico rubio de cabello ondulado, vistiendo una camisa verde manzana con pantalones de vestir y zapatos finamente lustrados. Sus nervios se crisparon y se separó entonces del vidrio como si éste estuviera ardiendo en llamas.
—¡¿Qué demonios?! ¡Ese hijo de...! ¡¿Cómo se le ocurre?!
—¿Te molesta, Yama?
Matt lo pensó un momento y por más qué tratara de parecer tranquilo, una vena comenzó a latir en sien.
—N...No... Pero ¿cómo viene a buscarla dos días de seguido? Es decir... Es ilegal, ¿no? Andar merodeando por un Instituto como cuál secuestrador.
Buscó consuelo en el rostro de su amigo pero Kazu se encogió de hombros para negar con la cabeza.
—Lo único ilegal aquí es cómo permotes que ella vaya con otro si tú sientes...
—¡Ni siquiera lo pienses, Shiota! —cortó Matt casi gritando. —¡No me gusta Mimi y ése tipo no es adecuado para ella! ¡Hasta tú eres partido para ella!
—Matt, viejo, creo que lo tuyo es caso serio. —Kazu se sostuvo el puente de su nariz, intentando calmar el dolor de cabeza que le provocaba su restaurado amigo. —Necesitamos a Tachikawa si queremos seguir adelante con esto del Festival y en lo que a mí respecta, sí lo necesitamos.
—Ella no aceptará, Kazu... Me odia. —antes de que el batero preguntara al respecto, él se lo adelantó. —Me encargué de que así fuera y he hecho un trabajo excelente. —volvió a mirar a través del vidrio, observando como le sonreía a Michael y lo besaba. Su pecho ardía como si tuviese una hoguera dentro de sí, no sabía si aguantaría mucho antes de ir hasta el Borton y desfigurar su rostro a base de golpes. Apartó la mirada, centrándose en el suelo.
—Si lo que dices es cierto, ella sólo te odia a ti —Matt levantó la mirada a su amigo, expectante de lo que su mente estaba craneando. —pero ella ama su puesto como presidenta más que nada, ¿no es verdad? —Matt asintió con duda. —¡Pues hemos hallado la solución! Ella jamás te ayudaría a ti por ser, bueno, Matt... Pero tratándose del Hanami, no podría rehusarse.
—No lo sé...
—Bueno... Cambiemos un poco el panorama. —dijo tomando la cabeza del rubio entre sus manos para redirecionarla de vuelta a la ventana, volviéndose a topar con la desagradable vista de Mimi riendo por algo que Mike habria dicho. —Si ella acepta ayudarnos, cosa que todos queremos, ella tendrá la mayor parte de tiempo invertido aquí que su lindo gringo no tendrá que buscar otra entretencion... Cosa que tú quieres.
Matt guardó silencio pensando en lo que el batero le estaba diciendo, observando a Mike blandiendo un beso en la frente a la muchachada mientras la abrazaba. Entrecerró los ojos crispado ante tal escena, pero entonces su consciencia volvió a emerger, diciéndole que no era una buena idea tener cerca a Mimi, pues ya la había alejado por una razón. Sin embargo, la orquesta no volvería a juntarse sin que Mimi estuviese dirigiendo con él. Si seguía la marcha de esos pensamientos no lo estaría haciendo por estar con ella, sino por el proyecto.
Su teléfono comenzó a sonar, sacandolo de sus pensamientos de tirón. Tomó el aparato entre sus dedos y contestó la llamada de su amiga.
—¿Sora?
—¿Dónde estás? —habló la pelirroja claramente molesta. —Creí que estarías por tu casa como hace media hora. Tk ya está preparándose.
Matt recordó el partido de su hermano menor, golpeandose la frente por olvidrlo.
—Estoy en camino; dile a Tk que me espere. —entonces colgó y fue directamente hacia su guitarra. —Lo lam, Kazu. Olvidé el partido del enano.
—Piensa en lo que hablamos, Yama. —dijo Kazu con una sonrisa inocente que Matt prefirió ignorar.
Salió en dirección a las escaleras, bajandolas con presura. Se maldecía por hacer caso a su madre y no traer su motocicleta cuando en esos momentos la necesitaba más que nada. No hay problema si voy corriendo pensó y al llegar a la planta baja del Instituto, empezó a correr, ganando de a poco velocidad. Estaba por cruzar el portón principal cuando la imagen de Mimi junto a Mike, ahora acompañados de Hikari y Jolie lo sorprendió. La Yagami lo saludó como siempre, recibiendo por su parte una media sonrisa y aunque no lo quiso, miró en dirección a Mimi pero ella encontró más entretenido jugar con los rizos de su novio. Maldito sea.
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Zoe recorría los diferentes grupos de personas que se encargaban de determinadas tareas, anotando el avance de cada uno en la planilla que traía consigo. Era halagador ver cómo todos la conocían y saludaban, hablaban con ella. En contraste con la vida que llevaba en Italia, todo era tan distinto. Se sentía a gusto con aquel nuevo estilo de vida que estaba llevando en Odaiba.
Cuando salió de los recintos del edificio del Instituto, vio a una figura alejarse del mismo. Su cabello negro le dio una idea de su identidad, aunque conforme fue avanzando hacia él se dio cuenta que no se trataba de la coleta azabache de Koji.
―¿Koichi? –Al oír cómo lo llamaban, el muchacho se volvió hacia quién lo nombró y al ver que se trataba de ella, lo vio sonrojarse y desviar la mirada al suelo. Sonriente, Zoe se acercó más hacia él.
―Así que te estás fugando. Eso es sospechoso. –Inquirió divertida y aún más al notar la tensión en el muchacho.
―N…No, es sólo que el ensayo de la banda acabó ya y…
―¿Ya acabaron? –Preguntó sorprendida, dejando de lado las bromas. Miró su reloj comprobando que aún faltaba una hora para que el horario de los clubes finalizara. ―¿Sucedió algo? Aún queda tiempo.
Viendo que la chica no se trataría cualquier excusa sin fundamento, decidió resignarse a ocultarlo. Zoe lo miró con duda, pues ver cómo se encogió de hombros le hacía pensar en muchas cosas.
―No te mentiré, aún estamos pasando por un periodo de adaptación. –Se llevó una mano a la nuca y suspiró, consiguiendo que ella sonriera apenada.
Zoe dirigió su mano libre sobre el hombro de Koichi, llamando su atención, haciéndolo sonrojar, pero eso pareció no importunar a la italiana.
―No te preocupes, sé que podría ser duro pero si luchan por ello, lo conseguirán.
Koichi no podía oír con exactitud sus palabras, o mejor dicho no les podía prestar la necesaria atención pues los latidos de su corazón resonaban en sus oídos.
―E…Eh… Gracias.
―Bien, dime… ¿Has visto a Koji? –El Kimura aún seguía con los latidos a flor de piel así que no prestó mucha atención a la pregunta de Zoe, siendo practica de Kendo su única respuesta.
Con la información que quería, Zoe se despidió del tecladista para caminar de regreso al interior del predio estudiantil, doblando en la esquina del Instituto encontrándose con las distintas canchas de deportes que contaba la gran manzana que abarcaba el colegio.
Su vista se dirigió hacia el tumulto de estudiantes con espadas de madera que la agitaban con fuerza, pegando gritos con cada estocada. Zoe los observó un momento, embelesada con los finos movimientos que realizaban, mostrando tanta concentración y dedicación que encontraba tanta belleza en ello. Por un momento, deseó también estar allí y sonrió ante tal ocurrencia.
―Si sigues plantada allí, confirmaré que tienes instintos de acosadora.
La italiana salió del trance con un respingo de sorpresa, buscando la fuente de aquella voz. Su sonrojo se acentuó al ver a Koji sentado en el suelo, también observando la practica. Él le dedicó una mirada de soslayo y ella se acercó a él con una sonrisa.
―¿Acaso tú no estás haciendo lo mismo?
―No me los quedo mirando de forma rara. –El sonrojo en Zoe aumentó con aquellas palabras, haciéndola refunfuñar.
―Siempre con tus comentarios poco caballerosos, ¿no es verdad? –Se cruzó de brazos, intentando disimular su nerviosismo. Él la miró un momento para así exhalar un suspiro resignado.
―¿Piensas quedarte allí parada o te sentarás?
Zoe parpadeó un par de veces sin creerse que Koji la estaba invitando a sentarse junto a él. Ante el repentino mutismo de la chica, él levanta la mirada topándose con la sorpresa plasmada en ella, logrando que las mejillas del Minamoto se tiñeran ligeramente.
―¡¿Q…Qué tanto miras?!
―Lo siento, ―Rio la chica, tomando asiento finalmente junto a él. ―es difícil añadir a tu perfil el calificativo de amable después de portarte tan gruñón. Sus palabras sólo aumentaban la viveza en el rostro del Minamoto, quien trataba de apaciguar el calor en sus mejillas. Umh Mírate nada más, si estás todo rojo. Qué ternura. decía Zoe divertida, tocándole con su índice la mejilla derecha al bajista.
―¡Deja de hacer eso, extranjera!
―¡Ey, no soy extranjera! Soy genuinamente japonesa. ―Respondió ofendida, aunque el bufido que le dirigió Koji sólo la hizo enfadar aún más.
―Tienes tanto de japonesa como yo tengo de ternura.
―Oh, cállate. –Izumi se cruzó de brazos mirando nuevamente al frente, observando cómo seguían practicando los alumnos de Kendo. –Dime… ¿Qué haces aquí? –Volteó a verlo. ―¿Por qué acabaron tan rápido el ensayo de la banda?
Koji mantuvo la vista al frente, guardando silencio por un momento. Ella era la coordinadora del acto conmemorativo, acabaría por enterarse del conflicto entre la orquesta y el líder de ésta. La observó por el rabillo del ojo percatándose que lo miraba detenidamente, como cual niña observa algo prestando su total atención. Sus grandes ojos verdes lo ponían nervioso, a tal punto que si deseaba entablar una conversación decente con ella, debía evitar verla a los ojos. Y así lo hizo.
―Cuando aún vivía en Kyoto con mi padre y mis abuelos solía practicar kendo. El capitán del equipo es amigo mío y me invitó a que viera la práctica si no estaba ocupado. –Hizo una pausa. –Y sobre el grupo, tuvimos una diferencia o mejor dicho, venimos arrastrando una completa diferencia entre todos los miembros. Es realmente estresante ver cómo todo se sale del control de Yamato, pero no porque él no sea capaz de llevar adelante al grupo, sino porque no está siendo él mismo.
De esa manera, Koji comenzó a contarle sobre todo lo sucedido aquella semana, de las opiniones del resto de los instrumentistas y del cambio que llevó a Matt el comenzar a fracasar en su labor como líder. Zoe iba oyendo atentamente todo lo que estaba diciendo Koji, sin interrumpirlo hasta que él detuvo sus palabras. Ella lo meditó un momento y entonces dejó escapar un suspiro.
―Vaya, está muy alterada la situación. –Koji asintió. –Si le han puesto un ultimátum a Yamato, pues no tiene de otra más que aceptar y conociéndolo, sé que buscará lo mejor para el grupo. –Sonrió al azabache. ―¿Han avanzado con las canciones?
―En parte. –Respondió el Minamoto. –Aún queda mucho por corregir en cuanto a los temas seleccionados para el acompañamiento.
―Ya veo… ―Guardó un momento en silencio para luego mirarlo expectante. ―¿Y cómo va el grupo en sí? ¿Tienen temas nuevos?
―Hay un pequeño avance en cuanto a los demás, pero no puedo conseguir acabar una mísera canción.
Los ojos de Zoe brillaron con entusiasmo.
―¿Puedo oírla? –Koji la miró sin mucha credibilidad a lo que ella añadió. No creas todo lo que ves; puedo ser de gran ayuda si me lo permites.
Koji lo pensó un momento para así rendirse. No es que fuese a perder nada con el intentarlo, ¿no?
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En cuanto las prácticas se vieron finalizadas, Hikari se apresuró a ir a los vestidores para cambiarse su equipo de nado por su uniforme. Estaba camino a colocarse los zapatos cuando Juri salió del vestidor completamente lista.
― ¿Acabaste? –Preguntó a Hikari. La chica sonrió para ponerse de pie y de esa manera salir de los vestidores, despidiéndose de sus compañeras.
Cuando iban camino a la entrada principal del Instituto se encontraron con Miyako mirando atentamente su teléfono móvil. Parecía muy concentrada, pues a la primera que Hikari la llamó ésta no pareció oírla hasta que se acercó lo suficiente como para tocar su hombro. Yolei salió de su trance y se sonrojó al verse tan absorta.
― ¿Todo bien, Yols? –Preguntó Hikari con ternura. La peliviolacea se encogió de hombros guardando su teléfono.
―Todo está perfecto. –Miró a sus acompañantes. ―¿Acabaron las prácticas?
―Así es, íbamos para el partido de Tk. –Hikari detuvo un momento sus palabras para darse cuenta de lo que estaba sucediendo. ―¿No irás al hospital?
Yolei palideció un momento y desvió la mirada con presura a otro punto, parecía nerviosa y algo incómoda.
―P…Pues sí, es sólo que ahora mismo no. Iré más tarde. –Sonrió tratando de hacer pasar la inseguridad en sus palabras.
Hikari no dijo nada más pues las tres chicas oyeron la voz de Mimi no muy lejos de allí, llamándolas. La presidenta se hallaba en la entrada del Instituto en compañía de Michael abrazándola por la cintura.
―¿A dónde van? –Inquirió Mimi curiosa al verlas juntas.
―Queríamos ir a ver a Tk jugar. –Dijo Juri mirando a Hikari.
―Pasaríamos por mi casa para cambiarnos. –Repuso la Yagami.
Mimi entornó sus ojos de las menores a Yolei.
―¿Y tú? ¿Irás al hospital?
―En realidad… ―Miró a las más jóvenes. –Creo que iré también a ver el partido de Tk. –Ante la sorpresa de sus amigas, se encogió de hombros. Hikari le sonrió y apretó su hombro en forma de apoyo.
―Eso suena genial.
―Creo que deberíamos de ir también, ¿no crees? –Preguntó Mimi a su novio a lo que éste asintió.
―No veo por qué no. –Saco su teléfono y miró a Hikari. –Le avisaré a Wallace para que nos acompañe, ¿te parece bien?
La castaña enmudeció un momento pero viendo que todas las miradas se cernían sobre ella, asintió con una sonrisa algo forzada.
―Claro, mientras más, mejor.
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Llegó hasta su departamento y abrió la puerta de un tirón casi desesperado, respirando con fuerza a causa del esfuerzo, pues correr quince cuadras no sonaban tan divertidas. Sora, que se encontraba en el sofá leyendo alguna revista que habrá encontrado desperdigada por la sala, la dejó a un lado para mirarlo.
―Takeru está terminando de prepararse.
―Gracias. ―dijo casi sin aliento al tiempo en que se deshacía de su mochila. Sora se puso de pie y antes de que Yamato se alejara, ella lo tomó por la manga de su camisa, llamándole la atención. ―¿ocurre algo?
―De hecho, si. ―dijo la chica sonriendo con preocupación. ―Tk parece un poco... No sé ni cómo llamarlo. Parece nervioso por el partido, pero no es la primera vez que juega y ni siquiera es un campeonato importante. ―soltó a Matt, buscando alguna solución en los ojos de su mejor amigo.
―¿Te ha dicho algo? ―Sora negó con la cabeza y Matt se encogió de hombros. ―Creo saber cuál es su problema. Esperame aquí.
Y de esa manera, el guitarrista avanzó por el pasillo dirigiéndose hacia la habitación de su hermano, del cual se oía salir una lenta melodía que logró que Matt frunciese el ceño preocupado. Toco un par de veces y tras unos segundos, Takeru le abrió la puerta.
―¿Dónde estabas? ―Habló Tk exasperado. ―Creí que...
―Siéntate. ―ordenó Matt abriéndose paso en la habitación de su menor. Tk lo miró curioso pero cerró la puerta entonces, ubicándose al borde de su cama.
―¿Por qué tienes esa cara? ¿Sucedió algo? ―preguntó Takeru tratando de aminorar la tensión creciente en su cuarto, pero Matt lo miró levantando una ceja.
―Me pregunto lo mismo, Tk. Y créeme que ésta banda sonora de Phil Collins sólo me hace pensar lo peor. ―Takeru rodó los ojos hastiado para así dejarse caer sobre la cama, extendiendo los brazos y manteniendo la mirada fija en el techo. Yamato tomó la silla del escritorio de su menor y se sentó frente a él. ―Dime, ¿tiene algo que ver con Hikari?
Tk dejó escapar un suspiro dramático.
―¡Claro que no! Todo está perfecto, no sé por qué te empecinas en buscar algún problema donde no lo hay. ―En La habitación se sumó un silencio momentáneo que lo rompió nuevamente la voz de Tk. ―Ella no irá al partido.
A Matt le costó entender sólo un momento a que iba eso de "ella no irá". Se recostó por el respaldo de su silla y pensó en sus siguientes palabras.
―Ya veo... ¿Te dijo por qué? Siempre va a tus partidos.
―El equipo de natación extendió el horario de entrenamiento y no podrá ir por eso. ―se reincorporó sobre la cama para mirar a su hermano casi con súplica en su voz. ―¿Cómo debería de tomar eso, eh? En cualquier caso, comprendería porque es la capitana del equipo, pero a juzgar por su repentina evación, no sé que sacar en conclusión...
―¿No recuerdas haber hecho algo para hacerla enfadar? Hikari no es del tipo de chicas que se enfadan por simples cosas.
―No lo sé, creo conocerla pero resulta que no sé absolutamente nada sobre ella... Creo que... ―miró a su hermano y leyó preocupación en sus ojos. ¿Qué estaba haciendo? Matt no consigue dormir en forma y ¿espera en verdad que lo escuche quejarse de sus problemas sobre chicas? Tk sonrió a su mayor para ponerse en pie. ―Creo que sólo estoy un poco inseguro al saber que no irá a verme mi mejor amiga, pero ¿qué mejor compañía que mi hermano?
―¡Y Sora! ―se oyó tras la puerta. Ambos hermanos se miraron con una sonrisa para así abrir la puerta y ver la figura de Sora plantada en la puerta con una sonrisa avergonzada. ―No es que los haya estado escuchando...
―Yo sé que no. ―responde Tk abrazando a la chica. ―¿Sabes que iría bien con ese pircing? Una playera de los Tancho Koi[…] –Se alejó de Sora para ir hasta su armario y tenderle una camiseta con el logo del equipo de basket del Instituto.
―¡Lo amo, gracias! –Dijo Sora al tomarlo entre las manos y ponérselo encima de su camiseta roja, anudando la parte final de la playera para que de ésta manera se ciñera a su figura y quedara a la vista su pircing en el ombligo.
―¿Qué hay para tu hermano? –Preguntó Matt fingiendo enfado.
―Cuando seas una chica sexy con un arete en el ombligo, te la daré. Mientras tanto, confórmate.
Matt rodó los ojos ante los otros dos para así ir a su habitación y tomar ropa limpia. Tanto Sora como Takeru lo esperaban en la sala, así que podía darse una ducha rápida para luego salir a toda prisa hacia la cancha del Instituto.
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Hikari fue la primera en subir los escalones de la gradería, situándose a una altura en donde le permitiese observar con mayor comodidad el partido. Siempre se abría paso hacia los primeros asientos, de esa manera no tenía que estar estirando el cuello con desesperación intentando ver cómo la pelota era pasada de mano en mano sin contemplación alguna.
―Y allí va mi hermana con su faceta de porrista. –Declaró Taichi divertido siguiendo los pasos de su menor. Ella le sacó la lengua mofándose de él, recibiendo un ceño fruncido por parte del mayor. Los jóvenes de ahora ya no respetan a sus mayores. ¿Por qué no eres como Juri, eh? Pero a sus palabras, ninguna de las estudiantes prestó atención, haciendo que se encogiese de hombros y se sentara en el escalón superior a donde se hallaban las dos menores.
Juri se ubicó al lado de su compañera, hablándole de la última vez que había visto a su primo jugar y lo emocionada que estaba. Hikari la miraba cuando ésta hablaba pero no podía evitar redireccionar sus ojos hacia la cancha en donde ya iban a por el segundo tiempo.
Subió la mirada hacia el marcador y los Tancho Koi estaban empatados con el equipo contrario, faltaba aún tiempo para que acabara el partido así que no estaba nerviosa. Conocía a Takeru y él no bajaba los brazos por más de que el marcador no esté siendo amigable con ellos, pues era consciente que siempre puede ocurrir algo en el último momento, como decía él, "la esperanza es lo último en perderse".
Oyó a Mimi y Miyako pedir permiso para abrirse paso entre las personas ya sentadas. No tardaron demasiado en acompañar a las de primer curso, sentándose a sus espaldas junto con Taichi, intentando comprender el juego. A diferencia de ellas, Kari comprendía muy bien el manejo de las reglas del basket y todo gracias a tener como jugador a su mejor amigo.
Kari buscó la mirada de Tk, por alguna razón quería que la viese, que viera que no le había fallado y que allí estaba ella. El Takaishi se movía con agilidad entre sus adversarios, picando la pelota hasta que se la pasó a su compañero, creando mientras tanto una barrera contra los demás y así permitirle el paso libre al que llevaba la pelota.
Un movimiento brusco se blandió en contra del capitán del equipo local, que el árbitro si lo vio, no le dio importancia ganándose griteríos por parte del público a favor de los Tancho Koi. Hikari apretaba con fuerza el dobladillo de sus shorts, tratando de calmar la necesidad de unirse a la jauría de voces en protesta por aquella falta; pero sabía que eso no ayudaría en nada y Tk era consciente de ello.
El dolor por aquella falta desapareció al tiempo en que la pelota fue arrebatada por el quipo contrario y él tuvo que volver a ponerse en acción, siguiendo la pista del que picaba y antes de que pudiese hacerse con el aro, Takeru flexionó sus piernas y golpeó la pelota logrando que ésta se alejara de su aro. Un grito unánime se alzó con furor al instante, una salvada perfecta por parte del capitán. No se había dado cuenta que ella llamó la atención del salvador con un pequeño suspiro de alivio.
Los ojos azules de su mejor amigo mostraron tal sorpresa al verla que sus mejillas se tiñeron en un rosa tímido. Era increíble como él podía notarla entre tanta multitud sin necesidad de levantar revuelo para conseguir su atención. Ella era tranquila pero no dejaba de ser enérgica cuando algo la hacía encenderse por dentro, por más de que muchos apreciasen sólo la faceta tierna y delicada que ella podía expresar algunas veces, Tk sabía que ahí no acababa todo. Él la conocía tan bien como ella a él. Quizá sea por esa razón que él siempre la hallaría en mitad de una multitud con el más ligero movimiento porque su intención no se basaba sólo en vitorearle, sino en hacerle ver que ella estaba allí para él.
Retomó el pase de la pelota y todo era una mezcla de colores blancos con rojos, donde el sonido de las zapatos deportivos chillaban contra el suelo y el golpe que premiaba la esfera naranja contra el mismo.
―Parece que Tk te ha visto. –Comentó Juri, pero Hikari no le prestó la deberida atención. Su concentración se hallaba delante de sus ojos, atendiendo el partido.
―Al parecer Takaishi necesitaba una motivación, ¿eh? –Dijo Mimi dándole pequeños golpes a las costillas de Tai. Claro que el comentario no le sentó muy divertido al aludido.
―La única motivación que necesita es la de ganar. –Protestó cruzándose de brazos y ganándose unas risitas por parte de sus amigas. ―¿Qué?
―Nada, sólo que eres un tremendo celoso. –Contestó ahora Yolei riendo a coro con la castaña sentada a su lado.
―No me imagino el día que Hikari tenga novio o que de su primer beso. –Dijo ahora Mimi pero ante la simple mención de lo último, Hikari se tensó por completo. No quería ser demasiado evidente pero recordar aquella escena con su mejor amigo sólo conseguía que su sangre corriera con mayor fuerza y actuara demasiado rígida.
Prefirió ignorar los comentarios de sus amigas para volver a centrarse en el partido, pero de todas maneras el recuerdo estaba latente y el mirar a Tk sólo empeoraba las cosas. Estaba tan desconcentrada que el grito unánime y ensordecedor de la multitud la hicieron pegar un respingo. Al mirar el marcador se percató que los Tancho Koi encestaron una vez más gracias a su capitán, a quien todos golpeaban en la espalda en forma de felicitación y él sonreía abiertamente, de esa manera que la contagiaba también a ella. Entonces él buscó su mirada, como siempre lo hacía después de encestar y el tiempo pareció detenerse para ella. Se sonrojó sin poderlo evitar pero no apartó su vista de la suya, sólo la disfrutó hasta que un pequeño jalón en su brazo cortó la conexión.
―Hikari… ―La chica volteó a ver quién llamó su atención y cuando vio a Wallace al lado suyo, dio una mirada rápida a la cancha como si rogara porque Tk no lo viera.
―Wallace, ―habló en una octava más aguda, casi odiándose por eso pues era una forma de expresar su nerviosismo. El chico la atrajo hacia él y la abrazó. –e…es bueno verte de nuevo.
―Eres una ingrata pero te perdono. –Respondió divertido.
―Si yo fuese tú, comenzaría a apartarme de ella. –Ambos quinceañeros levantaron la vista hasta la imagen de un Taichi para nada complacido de ver la escena que estaba montando Wallace con su hermanita.
El norteamericano se alejó de ella, rojo de la vergüenza y por más que Kari odiara que su hermano intimidara a sus amigos varones, esa vez se lo agradecía. Michael llegó con Wallace pero éste se ubicó junto a Mimi, besándola fugazmente en los labios.
―Lamentamos la tardanza, pasamos por casa pues mi padre nos retuvo un momento. –Explicó el Borton sin apartar los ojos de su novia.
―¿Todo bien? –Inquirió la castaña.
―Así es. Sólo tuve que encargarme de una de las tiendas de papá pero asunto solucionado. Direccionó su mano para abrazarla por la cintura.
Antes de que lo lograra, sintió un par de ojos encima suyo que emanaban un aura amenazante. Al fijarse bien, Taichi (quien se hallaba del otro lado de Mimi) lo fulminaba con la mirada como cual hermano sobreprotector. Mimi se dio cuenta del aura asesina de su mejor amigo por lo que ella entornó sus ojos hacia el moreno, quien cambió de inmediato su semblante.
―Taichi…
―No te preocupes, Meems. –Habló Michael tranquilamente, llamando la atención de ambos amigos. –Sólo cumple el papel de buen amigo, no lo culpo. Si estuviese en su misma situación, haría lo mismo.
A pesar de que sus palabras parecían desalentar la tensión inicial, Taichi no estaba muy convencido con el numerito de novio perfecto del cual Michael pensaba arraigarse. Sin embargo, ver a Mimi abrazada a él y sonriendo le hacía pensar que quizá aquel chico era el ideal para ella.
―Si eres consciente de ello –habló Taichi cruzándose de brazos mirando nuevamente al frente. ―, sabrás que si algo le sucede a Mimi te las verás conmigo, ¿no?
―Por supuesto. –Respondió el Borton.
Mimi suspiró cansinamente ante aquella escena, comprendiendo perfectamente las rabietas de Hikari cuando su hermano se comportaba tan sobreprotector con ella ante la mínima insinuación masculina. La Tachikawa buscó el apoyo de su mejor amiga y para su sorpresa, la muchacha se hallaba con la mirada perdida observando su teléfono celular. Algo estaba sucediendo con ella, no había vuelto a ser ella misma desde que habían ido a ver a Osamu al hospital.
Mimi deshizo su agarre por el brazo de Mike, diciéndole que deseaba ir al baño, él no objetó nada más así que ella se levantó de la banca para pasar por el diminuto espacio que tenía disponible y conseguir la atención de Yolei al tocarle el hombro.
―¿Me acompañarías al baño, Yols?
―Claro. –Respondió la peliviolácea guardando su teléfono en el bolsillo de su bandolera, parándose en su sitio y así seguir los pasos de su mejor amiga.
Bajaron de las gradas, pidiendo permiso y abriéndose paso entre las personas que se aglomeraban en las escaleras al no haber conseguido un lugar en las graderías, se alejaron de aquel abarrotado lugar. Doblaron en la esquina donde el letrero de Sanitarios iba escrito en inglés, Mimi abrió la puerta y lo primero que hizo fue voltearse hacia Miyako, cruzándose de brazos para mirarla con toda la seriedad que podía expresar. Cuando Yolei fue consciente de aquella mirada por parte de Mimi, dio un paso hacia atrás con temor. No eran muchas las ocasiones en las que veía a la Presidenta portando tal semblante, así que algo había sucedido.
―¿Meems…?
―¿De verdad me tendrás con la duda de lo que te sucede? –Su pregunta pareció sorprender a su amiga, pero no vaciló en sus palabras. –Porque parece que no confías en mí. Sucedió algo con Ken, ¿no es verdad? ¿Por qué no…?
―No es nada. ―Interrumpió cabizbaja.
―Mientes. –Recriminó enseguida Mimi. –Trata de mentir una vez más y me veré obligada a llamarlo a él para que me diga lo que está sucediendo.
―¡No sucede nada, Mimi! ¡Deja de ser tan paranoica! –Espetó Yolei perdiendo la paciencia con la castaña.
―¡¿Soy paranoica?! ¡Pues déjame decirte que tu rostro no me dice lo mismo!
―S…Sólo no dormí bien, estoy cansada… Eso es todo… ―Miyako bajó la mirada al hablar, abrazándose a sí misma. Mimi conocía aquella reacción en su mejor amiga. No estaba siendo del todo sincera con ella. Antes de que Mimi volviera a hablar, Miyako se le adelantó. –Todo está bien con Ken, Meems. Luego del partido iré a verlo en el hospital.
Mimi guardó silencio un momento, estudiándola. Por su parte, Yolei no apartaba la vista del suelo y era una de las reacciones que poseía ella a la hora de mentir, no podía ver a los ojos mientras lo hacía. La Tachikawa tenía los hombros tensos pero los fue relajando para así dejar escapar el aire de sus pulmones. El ambiente se sumió en un silencio forzado y ninguna de las dos parecía querer romperlo. Entonces Mimi comenzó a caminar hacia su amiga acabó por rodearla con sus brazos, sorprendiendo a Yolei. La de lentes se tensó ante el contacto porque lo que esperaba realmente era que Mimi explotase y cayesen en una nueva pelea, pues desde su última discusión el ambiente entre ambas no se sentía como antes. Pero ahora Mimi la estaba abrazando y era uno sincero, como aquel que uno desea recibir cuando ya no tiene formas de levantarse.
―¿Por qué mejor no vas ahora al hospital? –Habló Mimi casi en un susurro. Miyako cerró los ojos fuertemente, reprimiendo las ganas que tenía para llorar, así que lo único que hizo fue asentir torpemente ante las palabras de su amiga.
Mimi se separó de ella entonces y sonrió tiernamente para limpiar la mejilla derecha de la Inoue, quien se percató que una lágrima silenciosa cayó por ella. La Tachikawa fingió no haberla visto, Yolei lo sabía y estuvo muy agradecida con su mejor amiga.
―Bien, mejor regresaré con Michael antes de que Taichi le saque los ojos, tanto a él como a Wallace. –Rió por lo bajo y la tensión en Yolei pareció ir desapareciendo de a poco.
Mimi pasó por al lado de su amiga y antes de que pudiese cruzar la puerta, Miyako volvió a hablar.
―Meems… ―Ante su llamado, Mimi volvió la vista a su amiga pero ésta le estaba dando la espalda. –Gracias.
La castaña aspiró profundamente. Yolei sabía que Mimi estaba usando todo su autocontrol para no arremeter contra ella por no contarle la razón que la acongojaba.
―Ni lo menciones. –Sin nada más que decir, Mimi salió del baño dejando a Miyako sola en aquel lugar.
La chica respiró con fuerza y entonces entornó sus pies hacia la salida, para empujar la puerta y salir de allí. Necesitaba pensar y sabía a dónde tenía que ir para conseguirlo.
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Yamato volvió a resoplar por vigésima sexta vez en lo que iba aquel partido, claramente ignorando por completo el juego que se desarrollaba delante de sus narices. El rubio estaba de brazos cruzados y el ceño bien fruncido, encontrando mucho más interesante el cruce de los cordones en sus converse que cualquier otra cosa. Sora, que se encontraba sentada junto a él, vitoreando el nombre del capitán del equipo de basket, no pasaba por alto aquel resoplido molesto que dio su amigo. Bajó los brazos y se encogió de hombros mirándolo con clara pena. Ella volteó hacia su izquierda visualizando la razón de que Matt estuviese tan molesto.
―Es el partido de Takeru… ―Habló Sora apoyando una mano sobre la rodilla de Matt. Él dirigió sus ojos hacia el semblante maternal de su mejor amiga y eso hizo que el pesar fuese disminuyendo de a poco. –Trata de enfocarte en eso, ¿está bien?
―Soy un idiota, lo lamento. –Tomó el banderín con el logo de los Tancho Koi y lo agitó frente a Sora. –Gracias por acompañarnos.
―¿Bromeas? No me lo perdería por nada del mundo. –Sonrió, pero inevitablemente volvió su vista hacia su izquierda.
Allí no sólo se encontraba el talón de Aquiles de Yamato, sino el suyo propio. La llamada Tachikawa Mimi se hallaba sentada entre Taichi y un muchacho rubio de aspecto elegante; demasiado elegante para un partido de basket, diría ella. Y debajo de ellos se encontraba Hikari, una chica castaña de cabello corto con coleta y otro chico rubio de apariencia menos sofisticada, pero aún delatándose a sí mismo por el reloj Rolex que adornaba su muñeca izquierda.
Tai parecía muy entretenido discutiendo con Hikari sobre algo, mientras ella trataba de ignorarlo aunque podía notarse lo difícil que resultaba muchas veces no entrar en batalla contra él. A su lado, la chica de larga cabellera castaña jugaba con la mejilla de Tai, quizá fingiendo estar regañándolo aunque no le interesaba lo que estuviese haciendo, la sola idea de verlo tan cerca de él la enfermaba.
La otra ocasión en que habían ido al hospital por la entrega de flores y se cruzaron con aquella chica, Yamato le había contado algunas cosas que acontecieron entre ambos. No era bueno con los detalles y por toda la batalla que tuvo que darle para que soltara algo, sabía que tampoco deseaba explicarle mucho; pero de lo que era realmente consciente era que Matt no podía acercarse a aquella chica porque la relación con ella era complicada. No sabía a lo que se estaba refiriendo con complicada pero por más justificaciones que buscara al respecto, para Sora, Mimi era la responsable de muchas cosas que a Matt ponía mal y esa era razón suficiente para detestarla. Sin meniconar que se encontraba jugando con Tai como si fuesen íntimos.
Ahora era ella quien resopló molesta. Pero su atención pronto dejó de posarse en ellos, pues un rostro conocido iba acercándose al chico elegante junto a Mimi. Frunció el ceño con curiosidad, le resultaba extraño que Reiko conociese a esas personas sabiendo que estaba en un colegio totalmente apartado al Instituto Superior de Odaiba.
Recordó lo que Ruki había dicho la otra vez, de que no confiara en Reiko y que le preguntara a Matt al respecto. La otra ocasión olvidó por completo preguntárselo pues comenzaron a hablar de temas delicados para ambos, pero podía preguntárselo en esos momentos. Miró a Yamato a su lado, observando el partido de su hermano y sintió curiosidad por saber qué había sucedido entre ambos, pero ¿sería lo correcto hablarlo en esos momentos? No lo sabía y temía cometer una equivocación.
―¿Está todo bien? –La voz de Matt la trajo a la realidad. –Al parecer el aura depresiva se mudó a ti ahora.
―Muy gracioso, pero no es un aura depresiva. –Contradijo la pelirroja mirándolo con una ceja enarcada. –Escucha, te… ―Se aclaró la garganta un poco nerviosa. Matt lo miraba con curiosidad, esperando porque terminara de hablar. ―¿Te apetece comer algo? Creo que tengo algo de hambre.
―Seguro. Veamos qué tienen para comer por aquí. –Matt se puso de pie y Sora lo imitió seguidamente. Fueron abriéndose paso entre las personas hasta salir a la escalera principal que llevaba a la salida del estadio. –Entonces, qué te apetece.
―No lo sé. –Sora volvió a mirar a sus espaldas buscando algún indicio que le dijera que estaba lejos de Reiko o algún otro conocido. No estaba segura de preguntárselo al respecto teniendo la oportunidad de cruzarse con ella. Ruki la había vuelto paranoica desde que mencionó lo de Matt y Reiko, así que no se recriminaba el estar actuando de esa forma.
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Koji dio una terminación a su melodía, para levantar su mirada hacia su acompañante. Zoe se hallaba sentada en el sofá frente a él, mirándolo atentamente. Luego de salir del Instituto fueron hasta el departamento del Minamoto para oír la melodía del bajista y darle una mano para escribir algunas letras.
―¿Y bien? –Preguntó él al tiempo en que reclinaba el Instrumento contra la pared a su lado.
Zoe se llevó una mano a su mentón en clara señal de estar pensando.
―Tenías razón con lo de "tétrico"…
―Lo sé. Es imposible escribir algo diferente de lo que te hablé. –Se recostó contra el respaldo del sofá y dejó escapar un suspiro.
―No, no es imposible. –Habló Izumi tranquilamente, mirando al bajo de Koji.
―Claro que lo es. ¿Te suena algo de "romance" este tipo de melodías"? Demonios… No entiendo como Yamato pudo escribir always. Es malditamente distinto al estilo que solía cantar pero lo hizo ver como si no represntara ningún esfuerzo.
―Ey, no hables demasiado rápido. –Profirió Izumi con una sonrisa poniéndose de pie. Comenzó a caminar de un lado para otro, pensando, siendo seguida por los ojos del azabache.
Por más que le costara admitirlo, le gustaba ver como sus piernas se movían con tanta gracia bajo su falda. Siempre había criticado a las chicas que llevaban faldas tan cortas como si quisieran exhibirse delante del público masculino, pero en esos momentos se preguntaba por qué Zoe no empleaba esa política. «¡¿Te das cuenta de lo que estás pensando, pervertido?!» Se gritó internamente Koji, apartando la mirada sonrojada hacia la pared donde se hallaba su bajo.
―¡Lo tengo! –Vociferó Izumi con emoción girándose a verlo mientras una gran sonrisa adornaba su níveo rostro. Koji la miró curioso, entonces ella se acercó a él casi corriendo. –Habías dicho que no te suena a nada de romance aquella melodía… ―Koji asintió. Quizá no sea el feliz romance lo que oyes, pero puede ser como un romance prohibido . El Minamoto enarcó una ceja sin comprender a lo que ella rodó los ojos retrocediendo unos pasos para ir a buscar su mochila. Mira, sería como la leyenda de la flor de Sakura. Tomó uno de los volantes en donde iba escrito la leyenda y se la tendió a él.
―Conozco la leyenda, pero no veo donde mi melodía pueda contar esa historia.
―¿No lo ves? Escucha… Imagínate que hable de un amor que desea consumarse por el resto de vida que les queda, pero algo les impide… ―Se quedó pensando un momento a lo que Koji enarcó una ceja, preguntándose qué podría estar pensando la rubia.
―¿La muerte? –Opinó el Minamoto, logrando que con sus palabras los ojos de Zoe se iluminaran, haciéndolo temer.
―¡Es perfecto! Ya todos saben la historia de un amor prohibido por los padres o por la sociedad ¡Cambiarías por completo el enfoque si hablas de un amor prohibido por la propia muerte!
El bajista se le quedó mirando un momento a Zoe digiriendo lo que la chica acabó de decir. Enseguida tomó el bajo y comenzó a tocar nuevamente la melodía ante la atenta mirada de la rubia. Con aquella idea que le brindó Izumi, la melodía le sabía distinto, como si tuviese una razón de ser y sentirse a sí misma de una manera única. Sonrió por lo bajo y dejó de tocar, levantando la mirada hacia la Orimoto.
―¿Y bien? –Preguntó ella con cierta duda en su mirada. Él se encogió de hombros para ponerse de pie frente a ella. Koji no era tan alto como Yamato o Hirokazu, pero ante la italiana había una diferencia de estatura ideal.
―Creo que no eres tan inútil como parecías.
―¡Eh…! –antes de que pudiese protestar ante su ofensa, él le tendió una mano, dejando que todo el enojo en ella pasara a segundo plano para mirarlo con duda.
―Trabaja conmigo para escribir la letra.
Ella abrió los ojos con sorpresa ante la petición del Minamoto, pero éste no dejó de observarla de esa manera tan inquisitiva ni profunda. Entreabrió los labios para responder, pero antes de que pudiese decir nada su teléfono comenzó a sonar con la melodía "This Girl" de Stafford Brothers, logrando que pegara un respingo y se apresurara a tomar el aparato entre sus dedos.
Hizo un gesto con su dedo índice para que la aguardara un momento mientras tomaba la llamada, así que atendió, llevándose el aparato al oído al tiempo en que se alejaba un poco de Koji.
El azabache volvió a sentarse en el sofá para mirar el techo, aunque al oír cómo la chica hablaba en italiano le provocó virar sus ojos hacia ella. Izumi parecía algo alterada al hablar pero esa idea fue desechada al recordar algunas de esas películas italianas que solía ver con su madrastra, en donde todos parecían alterados al hablar. Ella decía que era algo característico en ellos hablar con tanta esponteaneidad y al conocer a Izumi, supo que era cierto. Lo que menos resultaba la chica era ser tímida o aburrida y aunque él fuese amante de la quietud, tranquilidad y sobriedad, ella le agradaba.
Finalmente colgó y la vio bajar la cabeza en forma de derrota. La chica pareció olvidar que estaba con él, por eso giró con fuerza a verlo y las mejillas se le tiñeron ligeramente de rojo. Parecía avergonzada.
―Debo irme, no me di cuenta que la hora había pasado tan rápido. –Se dirigió hacia sus cosas y las tomó para dirigirse hacia la puerta.
Koji se levantó de donde estaba y la acompañó para así despedirla.
Una vez estuvo en el pasillo, ella volvió a mirarlo con una pequeña sonrisa aunque el sonrojo seguía vigente en su rostro.
―Por cierto… Será un placer ayudarte con la letra. –Y le tendió su mano extendida. Él esbozó una sonrisa de lado y tomó su mano, era pequeña, fina y suave, todo lo contrario a la suya. –Nos vemos mañana.
―Claro.
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Cuando finalizó el medio tiempo, ambos equipos tenían el marcador en empate y conforme fueron avanzando los minutos, los Tancho Koi estaban disminuyendo su juego dándole oportunidad al equipo contrario. Hikari estrujaba con fuerza el dobladillo de sus shorts sin apartar ni un segundo su vista del juego salvo para parpadear, estaba muy concentrada y pendiente del equipo local que no oía otra cosa que no sea el sonido de la pelota rebotando ni de los calzados chillando contra el suelo.
―¿Kari? –sintió como mecían un poco su hombro y se volteó a ver a Wallace junto a ella, sonriendo con diversión.
―¿S…Si?
―Preguntaba si querías algo para comer.
Antes que pudiera responder, la voz de una mujer dirigiéndose a ellos, los hizo voltearse en su dirección. Los más sorprendidos fueron Michael y Wallace al reconocer a Reiko cerca de ellos, sonriéndoles a ambos. La chica fue acercándose hasta ubicarse junto a Mike y entonces saludar a las personas que los acompañaban.
―Qué sorpresa encontrarlos aquí, muchachos. –Dijo Reiko aún mirando sólo a sus conocidos.
―Lo mismo digo. –Contestó Mike y luego hacer notar a Mimi y al resto de sus acompañantes. –Vinimos porque su amigo es el capitán de los Tancho Koi.
―Vaya… Odaiba es todo un pañuelo. El capitán de los Taiga Ryu es amigo mío. De hecho, su primo toca en mi banda.
Mimi observaba a la chica con curiosidad, todo en ella tenía un llamativo y casi alarmante atractivo, aunque por la forma en que Michael y Wallace se dirigían a ella, debía ser una conocida de la disquera de su padre; no le sorprendería tal hecho. Mike pareció volver a notar que ella existía así que se giró a verla para presentársela a Reiko y aunque no dijo mi novia , tampoco es que Mimi deseaba portar un cartel semejante.
―Mucho gusto, ―saludó la vocalista. –me llamo Kurosawa Reiko. Debes de ser la chica que vuelve loco a Mickey.
―No me llames así, es vergonzoso. –Respondió el rubio con pena aunque sin disminuir su sonrisa. Ella rio y tocó su hombro con demasiada confianza.
Mimi no pasó por alto aquel detalle, pero antes de sacar conclusiones, la muchacha volvió a dirigirse a ella.
―Demonios, tienes un cabello hermoso. ¿Siempre lo llevas en ondas o te lo alisas?
―Suelo alisármelo para salir. –Respondió Mimi intentando sonar agradable, pero aquella pregunta le resultaba algo capciosa.
―¿No tienes hambre, Rei? –La aludida miró a Wallace que se hallaba en un asiento por debajo a ella. –Íbamos a comprar algo.
―Oh, sí. Me estaba muriendo de hambre. Vamos, los acompaño. –Primero Michael y Wallace se levantaron de su sitio, siendo imitados por Reiko quien antes de continuar caminando se volteó hacia Mimi sonriéndole, pero ya no con aquella amabilidad que aparentaba con Mike presente. Mándale mis saludos a Yamato. Susurró para que sólo Mimi pudiese oírla.
La Tachikawa no disimuló la sorpresa al entender sus palabras pero no pudo preguntar al respecto ya que le había dado la espalda para seguir a los norteamericanos. Mimi la vio marcharse con sus palabras rondando su cabeza sin comprender qué quería decirle con eso. ¿Cómo conocía a Matt? ¿Y cómo sabía que ella lo conocía?
―¿Meems? –La voz de Tai hizo que dejara de mirar a Reiko para centrarse en él. ―¿Ocurre algo?
―N…No… ―Tanto Hikari como Juri la miraba con preocupación, así que reforzó su negación sonriendo. –No es nada. ¿Cómo va el marcador?
Hikari resopló.
―Volvieron a empatar. Si esto continúa así declararán prórroga. –Un silencio sepulcral se instaló detrás de ella y volteándose halló los rostros de su hermano como el de Mimi observándola dubitativos. Ella suspiró. –Que alargarán un periodo de cinco minutos para desempatar.
―Oh… ―Respondieron al unísono tanto Taichi como Mimi. –Bien, ―comentó el futbolista. –no crean que no me divierto, pero encuentro más divertido ir al baño.
El mayor se puso de pie para comenzar a caminar entre las personas y dirigirse al baño más próximo. Mientras tanto las tres chicas se mantuvieron en silencio, cada uno prestándole atención a distintas cosas. Hikari por supuesto al partido, Juri jugando con su teléfono y Mimi viéndose las uñas. Entre tanto, la última paseó su mirada de Hikari a la cancha y fue cuando visualizó la forma en que Tk giró a verla y sonreírle. Kari por su parte movió un poco la mano en forma de saludo, aunque no había que conocerla mucho para ver la tensión en los hombros de la chica.
Al darse cuenta que encontró algo mucho más interesante que mirarse las uñas, sonrió con tanta diversión que casi se le escapó una risita por lo labios.
―Parece que Tk está mejorando en sus tiros, ¿no crees, Kari? Habló la mayor a la aludida, acercándose a ésta y Juri. Ambas quinceañeras miraron a Mimi y un escalosfrío bajó por sus espaldas al ver la mirada en la Tachikawa, una que denotaba que estaba disfrutando de sobremanera algo y a expensas de la Yagami.
―¿P…Por qué lo dices?
―No lo sé, dime tú. –Mimi señaló de vuelta a la cancha consiguiendo que tanto Kari como Juri miraran en su dirección. –Creo que Takeru está más motivado cada vez que mira para éstos lados y créeme que ni Juri ni yo somos motivo suficiente…
Hikari comenzó a hiperventilar, sonrojándose hasta las orejas y eso no pasó desapercibido por su compañera, quien al comprender el juego de Mimi, decidió unírsele.
―Ya lo creo. Está muy pendiente de ti, Kari. Incluso creo que comenzó a decaer cuando vio que estaba Wallace al lado tuyo.
Hikari la miró casi con desesperación.
―¿Crees que fue por eso?
―¿Quién sabe? –Apoyó Mimi. –Aunque eso sólo confirmaría que ahora está jugando con mayor voluntad que antes.
Hikari guardó silencio, intentando ignorar a sus amigas para centrarse en el partido. Ya faltaba poco tiempo para el final del cuarto periodo y el marcador seguía igual. Era un hecho que alargarían unos cinco minutos más, pero nadie asegura que esos cinco minutos serían suficientes.
Apretó fuertemente sus manos y la necesidad de levantarse y gritarle eran tentadoras. Ella nunca lo había hecho, siempre creía que esos gritos podrían desconcentrar a los jugadores y costarle algo muy preciado; sin embargo, no podía evitar pensar en lo que Mimi y Juri habían dicho. ¿De verdad él estaba tan pendiente de ella como para afectar en su juego? No lo sabía y suponerlo la hacía querer sonreir sin razón.
Volvió a mirar el marcador y una ansiedad la carcomió por dentro. No lo pensó, sólo se puso de pie y juntando las manos alrededor de su boca, gritó a todo pulmón.
―¡TÚ PUEDES HACERLO, TK!
Ni siquiera sabía si sería oída en aquel lugar ni que él pudiese oírla, pero ahí estaba ella de pie con las manos aún en la boca, cerrando los ojos fuertemente por, quizá, tres minutos para después abrirlos con lentitud en el preciso momento en que Takeru se hallaba detrás del triple, saltó y tiró el balón de lleno contra el aro. La esfera naranja se debatía si entrar o no en la red y fueron los segundos más largos de toda su vida, pero oír los gritos desaforados de todo el estadio al caer la pelota dentro de la red, lograron que ella quedara absorta en el aire. «Tres puntos Fin del juego»
.
Los jugadores iban saliendo de los vestuarios con grandes sonrisas, satisfechos de haber ganado aquel partido, comentando entre ellos todo lo que fue haber ganado con tres puntos de diferencia gracias al gran tiro del capitán del equipo. Takeru estaba guardando sus cosas junto con Matt, recibiendo halagos y agradecimientos por parte de sus compañeros. Tk sonreía a sus palabras y al tener toda listas sus cosas, ambos hermanos salieron de allí encontrándose con Sora recostada por la pared.
―¡Allí está mi jugador estrella! –Dijo Sora para abrazar a Tk por el cuello. –Ese último tiro fue estupendo.
―Sin duda, aunque debo decir que agradezco tanto el haber traído la moto conmigo porque te encajaré el casco en la cabeza y así no tendremos que oír todos los piropos de tus admiradores.
―No digas eso, Matt. Se lo merece. –Respondió Sora rodeando a Tk con su brazo y empezar a caminar a la salida del gimnasio.
―No lo culpo, Sora. Siempre estuvo celoso de mi talento deportivo. –Respondió Tk con falsa altanería, ganándose un golpe por parte de Matt en el hombro.
―Sí, claro. ¿Olvidas quién te enseñó a jugar, enano?
―Y hoy claramente hemos confirmado que el alumno supera al maestro. –Matt rio ante el comentario de su hermano, sacudiendo sus cabellos y contagiando su risa al menor.
―Chicos… ―Sora interrumpió su momento de juegos cuando visualizó a Hikari al final del pasillo, recostada por la pared. Tk se enderezó y sin esperar a nada, salió corriendo en dirección a su mejor amiga.
Hikari oyó los pasos acelerados de Tk y se alejó de la pared para saludarlo, aunque éste fue más rápido y la abrazó por la cintura, elevándola por los aires. Pegó un gritito por la sorpresa y se abrazó al cuello de Tk, riendo por el efusivo trato de su mejor amigo.
―No sabes cuánto me alegra que hayas venido. Susurró Tk para que sólo ella pudiese oírlo.
La cálida sensación que sintió hace un momento, cuando Mimi y Juri habían dicho que Tk estaba pendiente de ella, volvió a acentuarse con mayor candor ante sus palabras. Se abrazó más a él.
―Y a mí, el haberlo hecho.
Tk bajó a su amiga y se miraron a los ojos, no dijeron nada, sólo sonreían como cuales niños, como cuando eran pequeños. Kari oyó las risitas de Sora y Matt, quienes trataban de ser lo más discretos posibles para no romper el ambiente entre ambos, aunque sin conseguir demasiado. La Yagami saludó a los mayores y luego volvió a Tk.
―Sólo quería felicitarte. Fue un tiro excelente.
―Gracias, aunque no lo hubiese hecho sin ti. –Las mejillas de Kari enrojecieron y ella tuvo que mirar a otro punto aunque sin ocultar la sonrisa en sus labios.
―B…Bien, debo irme. Nos veremos el lunes. –Se despidió de Yamato como de Sora para comenzar a correr lejos de allí.
Tk la vio marcharse y suspiró, olvidándose que no estaba solo.
―Un poco más y vomito. Respondió Matt desordenando los cabellos de su menor y pasar a su lado. Sora volvió a recriminarle a Matt con que era poco amable con el jugador estrella, pero Tk ya ni les escuchaba.
.
Hikari volvió hasta donde estaba Mimi y Juri esperándola a las puertas del Instituto, ambas sonriendo al verla llegar con un sonrojo en sus mejillas.
―¿Dónde está mi hermano? –Preguntó, intentando ignorar las miradas que le dedicaban sus dos amigas.
―Creo que dijo que iría con Michael y Wallace a traer el vehículo, pero no importa. Ahora dime… ―Mimi estaba tan sonriente que sólo la contagió aún más. ―¿Qué dijo Tk cuando te vio?
Kari pasó su mirada de Mimi a Juri, igual de emocionada que la primera y no pudo evitar sonrojarse aún más. Aquella señal fue suficiente para Mimi, quien comenzó a aplaudir emocionada.
―¡Sabía que te besaría! ¡Lo sabía!
―N…No… No me besó… ―Respondió Kari avergonzada y viendo la decepción en el rostro de Mimi, continuó. –No me besó, allí al menos…
La emoción de Mimi y Juri fue casi palpable, pero no duró mucho pues la alegría de la Tachikawa se desvaneció como el color en su rostro al ver que detrás de Hikari se encontraba Taichi con los ojos abiertos como platos. Kari enarcó una ceja con confusión al ver el repentino cambio en su amiga y luego vio a Juri taparse la boca con ambas manos, claramente sorprendida y para qué negar que aterrada también. Iba a preguntar qué les sucedió pero prefirió voltearse a sus espaldas para ver lo que acalló el gozo de sus amigas, transformándolo en terror. Pero al ver el furibundo estado de su hermano mayor, comprendió a sus amigas.
―Lo mataré…
.
—¿Crees que mamá ya esté en casa? —preguntó Tk buscando la llave de su departamento. Yamato prefirió no opinar al respecto, pues últimamente el trabajo se había vuelto algo de mayor prioridad para la mujer. En lugar de eso, miró a su amiga.
—¿Te quedarás, no? Pediremos comida mexicana.
—Sabes que no me quedo sólo por los tacos.
—Lo sé,—respondió Matt. —lo haces por el guacamole. —sonrió victorioso cuando Sora lo golpeó el hombro.
Subieron por medio de las escaleras hasta el piso de los hermanos y al entrar a su departamento, Takeru llamó a su madre verificando que tampoco estaba en casa. Dejó sus cosas en la sala, dando paso a Sora. La pelirroja al ver las cosas desperdigadas en la sala, le dedicó una mirada seria.
—¿Qué? —inquirió el menor con duda. Yamato sonrió divertido acudiendo ap rescate de su hermano.
—Olvidas que tratas con mamá gallina, Tk.
—No me llames así y Tk, ¿no podrías llevar tus cosas a tu habitación?
Takeru accedió a llevar sus cosas a su cuarto sin protesta alguna; con Sora no cabían esas cosas. Al dejar su mochila en la silla de su escritorio, sintió como su teléfono celular comenzó a vibrar en el bolsillo de su pantalón. A juzgar por los largos lapsos de vibra supo que alguien lo estaba llamando. Tomó el teléfono en mano cuando salió de su habitación y se sorprendió en leer el nombre de Mimi en la pantalla, lo atendió enseguida.
—¿Mi...?
—¡No abras la puerta, Tk! —El Takaishi tuvo que apartar el aparato de su oído ante el alarido pronunciado por su amiga.
—¿Que no abra la puerta? —pronunció sonriendo ante lo que Mimi deseaba decirle. No consideró la respiración entrecortada de la chica ni el bullicio que se oía alrededor como algún indicio de que algo podría estar andando mal. —No lo entiendo, Mimi. ¿A qué estás jugando?
Su hermano lo miró con duda al verlo hablar por la línea, pero Tk hizo un gesto con la mano restandole importancia al asunto.
—¡No estoy jugando a nada! ¡Sólo no abras la condenada puerta o...! ¡Taichi, detente, maldición! —oyó gritar lo último con fuerza, obligándole a apartar el aparato de su oreja.
—¿Qué es todo ese ruido? —preguntó Sora, obligando a Takeru a tapar el micrófono del celular con una mano, diciéndoles que Mimi lo había llamado.
—¿Mimi? —preguntó Matt tratando de aparentar indiferencia pero sin lograr mucho avance.
Antes de que Tk pudiese responder a la pregunta que vagaba por la mente de su hermano, la puerta de su departamento comenzó a ser azotada por fuertes golpes que les hizo pegar un respingo a los habitantes.
—¿Qué demonios...? —preguntó Matt poniéndose de pie del sofá, alterado por los repentinos golpes. —¿Acaso nuestra madre volvió a olvidarse de las llaves?
Tk vio a su hermano acercarse a la puerta al tiempo en que las palabras de Mimi resonaban en la cabeza del Takaishi y entonces su cerebro hizo contacto. Algo andaba mal y ella trató de advertirle.
—¡Hermano, no abras la pue...!
Pero ya era tarde. Cuando Matt quitó el seguro de la puerta, ésta casi cayó encima del vocalista cuando se abrió con fuerza dejando a la vista a un muy molesto Taichi tratando de ser sujetado por Hikari y otra niña de su misma edad.
—¡Tú! —bramó el moreno al visualizar al Takaishi, quien al reconocerse como la razón del enojo en él, retrocedió unos pasos con pavor. Conocía la fuerza del Yagami y aún más sus característicos golpes que no discriminaban para lanzarse. —¡¿Cómo te atreves a abusar de mi confianza para ultrajar a mi hermana?!
Todos quedaron de piedra ante la acusación del capitán de fútbol, entonces la voz de Hikari resonó con furor.
—¡Hermano, no digas estupideces! —Tai se giró a verla iracundo.
—¡¿Acaso no te había besado?!
—Eh... Si, pero...
—¡Eres un maldito abusador de hermanas menores! —Taichi se iba a avalanzar sobre Tk de no ser porque Matt lo tomó con fuerza del hombro para apartarlo.
—No lo repetiré, Yagami, así que mejor te vas recobrando la cordura o te juro por lo más preciado que tengo que restriegare todo el edificio con tu cara si tratas de poner un dedo sobre mi hermano.
—A mi no me vengas con amenazas, Ishida. No te tengo miedo. —miró a Tk. —Éste asunto es entre él y yo, así que apartate.
—¡Taichi, cálmate, maldita sea! —Sora se interpuso entre sus amigos pero ninguno pareció caer en cuenta de su presencia. —¡¿Cómo puedes venir de esta manera a una casa ajena?!
—No te metas, Sora. —habló Tai sin mirarla, exhalando rabia en cada sílaba pronunciada. Él nunca se había referido a ella de ésa manera, poniéndola mucho mas molesta.
—Todos, calmémonos. —Mimi habló entonces y Sora fue consciente de su presencia recién en ese momento. La Tachikawa tomó el brazo de Taichi e hizo que la mirara a pesar de su resistencia. —Taichi, escúchame, por favor. No puedes irrumpir a la casa de Takeru o de ninguna persona para violentarlo de ésta manera. No somos salvajes, tonto.
—¡Oh y qué...! —Mimi enarcó una ceja con molestia clara al oírle dirigirse a ella con aquel tono elevado. Él se encogió de hombros, para continuar. —¿qué se supone que deba hacer? Él besó a mi hermana.
—¡Fue un accidente! —respondieron al unísono los quinceañeros, claramente avergonzados por semejante jaleo que se mandaba la situación. Todos centraron su atención en ellos, así que Mimi volvió a hablar.
—¿Lo ves? Fue un accidente... —Taichi no parecía querer ceder ante aquella justificación, así que Mimi alentó a que Hikari o Tk relataran lo sucedido y explicaran las cosas.
Ambos menores se dirigieron una mirada rápida enseñando la clara frustración que aquel momento les proporcionaba. Todos tomaron asiento en la compacta sala de estar, oyendo primero a Hikari relatar lo sucedido, siendo secundada por Tk.
—...Y eso fue todo. —habló el Takaishi intentando no sentir la latente presión de que los ojos de Taichi ejercían sobre él.
—Un simple accidente que nunca debió pasar. —Añadió Kari con tono firme y seguro que sirvió para que su hermano no siguiera hostigando a su mejor amigo de esa manera; consiguió lo que buscaba, pero no fue consciente de que sus palabras calaron con fuerza en Tk, ganándose su mirada con una lámina de decepción en sus ojos celestes. Las únicas en notar ese detalle fueron Sora y Mimi, quienes dejaron escapar un suspiro al mismo tiempo.
—¿Te es suficiente justificación o debo usarte como bolsa de boxeo? —preguntó Matt fulminandolo con la mirada, pero el aludido no se hizo hacia atrás con tal amenaza.
—Deja de ladrar, Ishida. Éste no es tu asunto.
—Y tuyo tampoco, pero si insistes en inmiscuirte, no tengo de otra que hacer lo mismo. —Ambos hermanos mayores dejaron sus asientos y la calma de sala volvió a verse corrompida ante la forma en que éstos estaban dispuestos a colisionar su puño contra el otro.
Mimi y Sora se adelantaron y cada una tomó a ambos chicos de sus playeras, intentando contener sus fuerzas.
—¡Basta, Taichi! ¡El asunto era el supuesto beso, no ésto! —Bramó Hikari iracunda.
—Maldición, éstos cabezotas... —Takeru tomó a su hermano junto con Sora con mayor fuerza, logrando que la distancia entre los dos mayores aumentara. —¡Deténganse!
Hikari miraba con desesperación la situación, así que sus labios evocaron el primer pensamiento que cruzó su mente.
—¡Takeru no fue mi primer beso!
Su grito logró que en la habitación reinara el silencio y la quietud. Kari abrió los ojos de a poco y cayó en cuenta que todos los presentes la estaban mirando con clara sorpresa y duda. Dudó en continuar con la mentira, pero al ver que todo estaba logrando erradicar la furia de su hermano a otra dirección que no eran en la de Matt o Tk.
—T...Tu primer... ¿Beso? —preguntó Tai desconcertado.
—Eh... —Kari miró los rostros de Mimi y Sora. Ambas chicas sabían qué estaba intentando hacer. —Así es. Hace tiempo lo di. —Sus palabras fueron suficientes para que Tai bajara los puños contra su amigo y centrara por completo su atención en ella. —Por favor, Hermano. ¿Creías que Tk fue mi primer beso? Pretender eso es como que bese a un hermano... No seas ridículo.
—¿Entonces? ¡¿Quién te beso?! —ella se cruzó de brazos molesta, mirándolo con el ceño fruncido.
—¿Para qué? ¿Para que vayas irrumpiendo casas ajenas y golpees personas inocentes? No gracias. —miró a Matt, Tk y Sora, dirigiéndoles una pequeña reverencia. —Lamento tanto todo éste malentendido. No volverá a suceder.
Y de esa manera, tomó a su amiga Juri para comenzar a caminar de regreso a la salida, siendo seguidas por Tai quien exigía saber quién fue el que ozo arrebartarle la pureza de sus labios. La voz de los Yagami se fue perdiendo en la lejanía conforme iban bajando los escalones de regreso a la planta baja del edificio, dejando en el departamento Takaishi un ambiente tenso, aunque fue disminuyendo de a poco.
—Es un tremendo idiota... —se lamentó Mimi llevándose una mano a la frente. Oyó la voz de Matt preguntándole a su hermano si estaba bien, entonces Mimi recordó que se hallaba sola entre ellos. Se volvió para despedirse de los presentes cuando dio con el semblante apagado de Tk.
Sabía que Hikari trató de desviar la furia de su hermano mayor a otro punto, pero sus palabras fueron suficientes para herir a Takeru, confirmándole a la Tachikawa lo que ya suponía sobre los verdaderos sentimientos del chico. Olvidándose de la presencia de Matt o Sora, Mimi se acercó hasta Tk, sentado en el sofá de dos cuerpos, hablando con su hermano. Al tener a Mimi frente suyo, ambos hermanos la miraron y entonces ella se acuclilló delante del menor, acariciandole su mejilla.
—Yo te elegiría a ti. —sus palabras hicieron que Tk esbozara una pequeña sonrisa y asintió agradecido. No le importaba que Mimi supiese sobre sus sentimientos hacia Kari, quizá siempre estuvo al tanto de ellos antes que él mismo incluso.
—Y yo a ti. —respondió Tk amablemente y por más que lo decía en forma de corresponder a las buenas intenciones de Mimi, ésta trató de sostener un semblante tranquilo, pues ya era consciente que Yamato se hallaba cerca de ella. Se puso de pie y con una mirada rápida dirigida a Sora, se marchó.
Sora la vio marcharse y por más que fue muy tierna con Takeru no podía deshacerse de la pesadez que acechaba su pecho cuando Mimi calmó de esa manera a Taichi. Cegado por su rabia no la había reconocido a ella, a Sora, a su amiga de infancia... Pero cuando Mimi lo tocó y estuvo delante de sus ojos, pareciese que despertó de aquel colerico trance. Apretó los puños y contrajo la mandíbula. Sus pensamientos fueron interrumpidos al ver como Matt avanzaba hacia la puerta de salida.
—¿A dónde vas?
—Debo hablar con ella. —respondió sin mirarla, con el objetivo claro delante de sus pasos. Cerró la puerta cuando salió y el peso que se instauró en su pecho sólo fue en aumento.
Molesta se cruzó de brazos.
—¿Qué demonios le ven? —murmuró cabreada dejándose oír por su joven acompañante. Tk rió por lo bajo, divertido y fue suficiente para ganarse los ojos inquisidores de la Takenouchi. —¿Qué es tan gracioso?
—Oh, nada... Yo sólo... —comenzó a ponerse nervioso, así que se excusó rápidamente para pedir la cena.
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Cuando Matt dejó su departamento se acercó al barandal de su piso y vio la cabellera larga de Mimi mecerse con gracia conforme iba bajando las escaleras a velocidad un tanto apresurada, viéndose tras Taichi, Hikari y Juri. Al principio no se movió del reposo de sus pies, sólo estrujó sus manos contra el hierro de seguridad de la baranda del pasillo. Podía oír la voz de Hirokazu aquella mañana diciéndole que necesitaban a Tachikawa y por más que no deseara admitirlo, tenía razón; lo sabía pero recurrir a ella era sólo volver a estar juntos con las dichosas peleas que los caracterizaban, ver constantemente sus lágrimas por su culpa... Pero algo lo hizo decidirise con rapidez, olvidándose de sus temores con respecto a ella para que la decisiva voz en su interior se alzara con fuerza a la realidad.
Mimi estuvo por descender todos los escalones cuando una melena rubia y ondulada se dibujó a su espera. Ella lo reconoció enseguida y bajó hasta él más a prisa para que los largos brazos del Borton la rodearan y sus labios encontraran la frente de la castaña.
—Lamento tanto haberte dejado de esa manera. —dijo Mimi apenada, separándose un poco de su novio. —Es que Taichi comenzó con sus ataques de histeria y su sobreprotección que...
—Ey, no te estoy reclamando nada. Sé lo que sucedió hace un momento, no te preocupes. —ella se encogió de hombros con pena, poniéndose de puntillas para besar los labios de su novio en un fugaz beso.
—Eres el mejor.
—¡Ey, par de tortolos, apúrense! —gritó Taichi a lo lejos. —¡Sigues a prueba, Borton, no me creo tu papel del Príncipe Azul... Pero tienes un bonito carro, viejo!
Mimi suspiró con exasperación al fijarse que su amigo yacía parado junto el vehículo de Michael, en compañía de Hikari, Juri y Wallace, los tres menores negando con la cabeza ante la actitud del jugador estrella.
Mike rio divertido y sacó de su bolsillo sus llaves para lanzarsela a Tai, quien las tomó con suma facilidad, aunque sin comprender a qué iba aquel gesto.
—Puedes llevarlo si me dejas un momento con ella.
—¡Michael! —gruñó Mimi molesta.
Taichi lo pensó un momento para así sonreír.
—Dos minutos, Borton y las manos donde las vea. —dicho ésto se aventuró hacia el lugar del conductor para encender el motor.
Hikari y Juri compartieron una mirada de resignación, ya que Michael se ofreció en llevarlas, así que opciones no tenían muchas. Subieron al interior de la cabina, seguidas por Wallace.
Cuando Mike retornó su atención a Mimi, ésta vio que sus ojos verdes pasaron de ella a algo que había detras suyo, más específicamente, encima de ella. Mimi giró su rostro para ver lo que atrajo la atención de Mike y se sorprendió de ver a Yamato en el descanso de las escaleras. Mimi quiso desviar sus ojos de él, pero entonces Matt habló.
—Necesito hablarte, Tachikawa. —oírle decir eso sólo aumentaba la sorpresa en ella, mirándolo con suspicacia, esperando ver con qué juegos le saldría en esos momentos. El rubio bajó los escalones hasta estar al mismo nivel que ella, mirándola detenidamente para despues enfocar la vista al novio de ésta. —De ser posible, sólo contigo.
Ella no dijo nada, ni siquiera sabía qué se suponía que debía decir en esos casos. ¿Reusarse o algo así? Entre tanto, Mike se alejó de ella, logrando que así ella lo mirara claramente dubitativa. Él sonreía pero sus ojos no, mas ella casi ni lo notó.
—Te esperaré en el auto. —y con esas palabras, retomó la caminata en dirección a su vehículo.
Mimi lo vio marcharse y deseaba verlo a él que afrontar los ojos de Matt; sabía que era pedir demasiado. Él volvió a hablar y ella no tuvo más remedio que volverse a él.
—¿Qué quieres?
—Que me escuches. —pidió él, demasiado tosco para llegar a sonar como un verdadero pedido. Lo notó y carraspeó, rascándose la nuca. Parecía que estaba por hacer algo que odiara y la idea de que se disculpara era tentadora. —Los músicos quieren que los lideres.
Decir que aquello no lo veía venir era poco, no cabía en el hecho de que Matt le estuviese diciendo aquello y él pareció notarlo, así que desvió la vista nervioso, quizá hasta sonrojado por lo que estaba diciéndole.
—¿Acaso no has sido electo tú, Ishida?
—Te quieren a ti y a mí juntos. —soltó molesto. La chica enarcó una ceja completamente desconcertada.
—¿Les has dicho que tú y yo sólo servimos juntos para crear disturbios?
—¡No es algo que también quisiera yo, ¿bien?! Ellos... —exhaló un suspiro resignado, bajando los hombros. —Ellos renunciaran al evento si tú no colaboras.
—¿Qué...? ¿Por qué tu...?
—¡Ya lo intenté pero me odian! —Ella esperaba hallar falsedad en sus palabras, algún indicio que le dijera lo que esperaba: que él sólo quisiera tomarle el pelo; pero realmente parecía desesperado.
—Y...Yo... Debo pensarlo, Ishida...
—No hay mucho que pensar, Mimi —cuando lo oyó pronunciar su nombre, ella levantó sus ojos a los suyos. Él la miró en silencio un momento para luego apartar la mirada. —Te necesito.
Mimi cerró los ojos y respiró pausadamente. Se abrazó a si misma, como si la temperatura hubiese descendido absoritadamente. Se odiaba porque parecía no aprender nunca que Yamato sólo acabaría lastimandola. Mordió su labio inferior cuando él volvió a preguntar por su decisión, pero antes de que pudiera responderle, su teléfono comenzó a sonar. Maldijo por lo bajo creyendo que se trataba de Tai y su complejo de hermano mayor, pero cuando leyó el nombre de Ken en su pantalla, la incertidumbre subió por ella. Atendió y oyó la voz del Ichijouji con algo de prisa.
—¿Mimi? Dime que Miyako está contigo...
—¿Miyako? ¿De que hablas? Se supone que debe estar contigo, dijo que iría al hospital y de eso hace una hora y media.
—¿Cómo? Hace días que no sé nada de ella. Su madre acaba de llamarme, no ha regresado a casa y estuve tratando de ubicarla, pero su teléfono está fuera de servicio.
El alma se le cayó por el suelo a la Tachikawa cuando lo oyó, entonces todas las veces en que vio a su amiga cabizbaja y meditabunda, galoparon en su cabeza. Ella estaba mal y no supo verlo, no supo ayudarla. Sus ojos se humedecieron y entonces sintió la mano de Matt sobre su hombro. Ella lo miró con desesperación y él enserió su rostro al ver sus lágrimas.
—No encuentran a Yolei... —pronunció con voz rota.
Yamato frunció el entrecejo al oirla. Enseguida el motor del vehículo se detuvo y de él descendieron todos sus pasajeros, de seguro preocupados por la repentina llamada y la notoria consternación de la muchacha. Matt le pidió a Mimi que le tendiera el teléfono, ella sólo lo hizo, sin protestas o preguntas, estaba muy alterada como para pensar en esos momentos.
—¿Ken? ¿Dónde vieron por última vez a Inoue? —mientras el Ichijouji comentaba al respecto al Ishida, Mimi les ponía al tanto a sus allegados. Finalmente cortó la llamada y la mirada acongojada de Mimi se encontró con la suya. —No llegó a su casa, ni siquiera al hospital. Ustedes fueron los ultimos en verla. ¿Hace cuánto que se retiró del partido?
—Como una hora y media. —respondió Hikari.
—No debió de ir demasiado lejos, ¿no, hermano? —Tk miró a Matt, pero éste guardó silencio un momento.
—No lo sé... La zona del Instituto es bastante grande.
—¡Debemos encontrarla! —Mimi llamó la atención de todos, haciendo que todos asintieran a sus palabras.
—Comencemos la búsqueda. —aportó Michael pero Tai negó con la cabeza.
—Necesitamos separarnos, las posibilidades de lugares son bastantes, así que hagamos cuatro grupos y dividamonos por zonas. Uno que vuelva al Instituto, otro la zona urbana proxima, otro grupo regresará a la zona del hospital con Ken para ayudarlo a él a hallarla y otro hacia su casa,
—Déjenme ir de vuelta al Instituto, —pidió Mimi. —recorreré el parque y los alrededores.
—No puedes ir sola, Meems. —Dijo Michael desmotivador. —Iremos en el auto y...
—El auto no puede moverse con mucha libertad en esa zona, —dijo Matt interrumpiendolo. —iré yo.
—Bien. Meems, vamos a la siguiente zona. —volvió a sugerir Michael, pero Mimi negó con la cabeza.
—Quiero ir con él. —miro a Matt con súplica. Él pasó su mirada de la castaña al rubio y se encogió de hombros.
—Yo la cuidaré. Andando, tengo la moto aparcada aquí.
Mimi no objetó nada sobre la moto, a pesar de ser la primera vez que subiría a una, demostrando lo desesperada que estaba por encontrar a su mejor amiga.
No oyó las distintas zonas asignadas, solo ponía atención a las espaldas de Yamato caminando hacia el estacionamiento del departamento donde vivía. Matt sacó de su bolsillo un juego de llaves y se montó a orcajadas del móvil, tomando el único casco que contaba el vehículo de dos ruedas y se la tendió a Mimi. Ella lo tomó con algo de torpeza, entonces Matt posicionó sus manos sobre las de Mimi para llamar su atención.
—Debes tranquilizarte, Mimi. La hallaremos. —la confianza que le dedicaba Matt con sus ojos era revitalizador, así que esbozó una pequeña sonrisa para asentir a él. Se colocó el casco al tiempo en que se sentaba detrás suyo y lo abrazaba por la cintura, apoyando su cabeza contra su espalda. —La hallaremos.
—Si... Gracias.
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Notas de la Autora:
¡Hola, hola! ¿Qué tal les pareció el capítulo? Espero haber redimido mi tardanza con ésta entrega y trataré también de subir la actualización más pronto. Se viene un feriado largo por aquí, así que entre tareas y estudio, me haré de tiempo para continuar escribiendo.
Todo es peleas entre Yamato y Mimi, aunque quizá las cosas comiencen a cambiar de aquí en adelante, con lo del meter a Mimi como otra líder para los instrumentistas y con la desaparición momentánea de Yolei. Veo un panorama positivo entre ambos, pero claro que no será fácil! Por supuesto. Ya que Matt está haciéndose el duro, tendrá sus razones, claro.
Taichi celoso hasta de su sombra xD y Hikari mintiendo para salvar el pellejo a Takeru. Luego tenemos las escenas entre Koji e Izumi e.e sin mencionar a Natsuko! Prometo muchas cosas para el siguiente capítulo.
En fin, me despido agradeciendo a todos los que siguen ésta historia y tienen la paciencia para esperar mis actualizaciones u.u lo lamento! Y también a aquellas personas que se detienen a dejarme un comentario! Muchas gracias!
*Try to follow me: Holaaa! Sii, ha pasado un laaargo tiempo pero trataré de redimirme! Me alegra que te haya gustado el capítulo y tranquila que yo te aviso si ella vende algo suyo e.e todas saltaremos por eso jajajaja espero que éste capítulo te haya gustado también! Nos seguiremos leyendo! Byee~
*IzzieBlake: Izzieeee! Cómo se ha sentido tu ausencia por el foro, estás bien? Lo sé, me gané sus odios quitando el Michi pero no me canso de poner escenas que ameriten el shipeo xDDD y aunque aquí tampoco hay beso Mimato, hay muchas emociones y sentimientos encontrados entre ambos! Prometo muuucho Mimato para el siguiente capítulo! Sii, me pasé de largo vez, y ésta no conseguí por falta de tiempo xDD jajaja pues sí, Michael se merece ser el bueno también, lo veía más así que como el villano malvado que suelen pintarle en muchos fics. Oh y la pelirroja pos prontamente se sabrá cómo va la cosa con ella, lo prometo xD Awww me emocionó mucho saber que te gusta como va armándose el tema y el Sorato; sí, yo también soy partidaria de ese estilo, que haya algo entre ambos pero triunfante el Mimato xDD hay muuchas parejas y todas tendrán su momento, por ahora sería el Kenyako y el Takari, por ejemplo y más con todo el drama que se está mandando Yolei. Amo a Koji pero no niego que Zoe x Takuya quedan también muy magníficos / veamos como va la osa jajaja Espero que te haya gustado el capítulo nuevo y trataré (lo digo enserio) de no tardarme demás con el siguiente siendo que allí habrá muuucho material para todos los gustos :D
*Stephanie: Holaaaa! Si, mis actualizaciones misteriosas xDDD ni yo sé cuando lo haré jajaja pero ahora prometí reformarme / Así es, la interacción se viene con todo ahora que Matt no tiene de otra más que meter a Mimi como la otra líder para el evento e.e prometo mucho Mimato para el siguiente capítulo! Jajaja nos seguiremos leyendo, muchas gracias por tu comentario que también me has hecho el día con tu review. Besos!~
*Krayteona: holaa! Pos si, aquí experimentamos las cuatro estaciones en un sólo día, siendo la razón de tantas gripes u.u espero que estés pasando bien, querida! Jajaja amo el melodrama e.e si, hubo más lágrimas que besos y en éste capítulo, hay más odios que otra cosa xDD me gusta crear disturbios :B Por supuesto, si fuese sencillo, ¿dónde estaría la gracia? Y créeme que aún queda mucho para esos dos e.e mas las insinuaciones no estarán descartadas jajaja En cuanto a Mimi y Matt pos el que frena el mambo es Matt y Mimi lo enfrentó ésta vez, aunque salió lastimada; sin embargo, ésta situación en el que Mimi debe acceder a ser líder junto con Matt, podría abrir muchas puertas. Así es, Kozumi es amor /o/ jajaja amo su pareja y también me imaginé al abuelo de Zoe bien al estilo mafioso, siendo italiano y toda la osa e.e jajajaja ojala te haya gustado el capítulo nuevo, me apresuraré con el siguiente! Nos leemos! ~
*Hivari: holaaa! Graciaaas por tu comentario! Me alegra que te guste la historia! Ojalá que te haya gustado el capítulo de hoy! Nos leeremos! :D
*Almaroja: Holaaa! Gracias por hacerte de tiempo y dejarme un review! Me gustó mucho leerte :DD no sabes cuanto me alegra saber que te gusta tanto mi historia! Me hiciste el día, sinceramente! Me agrada que te guste mi estilo de escritura, eso me motiva a sacar lo mejor de mí! Gracias, enserio! Así es, trato de que mis visiones sobre los personajes se adecuen a sus características correspondientes y me hace feliz saber que voy cumpliendo :DDDD Sii, debo actualizar con más continuidad pero hay veces que la universidad no me lo permite, mas me haré de tiempo para dedicarle el tiempo necesario :) Nos leeremos prontamente! Un beso!~
*Nanamisamaa: Holaaa! Cómo has estado, querida? No sabes lo feliz que me hiciste con tu comentario! No se me borró la sonrisa del rostro por mucho tiempo y eso que fue un fin de semana muy ajetreado u.u En fin, gracias por ello y no te preocupes, que me tardo pero no dejaré ésta historia, aún queda mucho por contar jajaja Nos seguiremos leyendo! Un beso~
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