Este es dedicado a: CaroCenCC quien me dio la idea :3

Agradezco enormemente a: June JK, D´Angeleri, Himiko-chan, Jessie Kurosaki y a la personita anónima :3 por sus lindos comentarios.


19.-

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Haruka Nanase siempre fue consciente de que sus ojos podían ver lo que los demás ignoraban, por eso no se sorprendió cuando, un día descubrió que nadie más notaba al chico pelirrojo que le molestaba siempre que pasaba por el parque.

El "Quiero hablar con alguien" que le había respondido cuando le pregunto porque lo molestaba cobro sentido. Así pues, Nanase comenzó a ir con más regularidad al parque, más por una extraña solidaridad hacia el sentimiento de soledad que por querer pasar la tarde con el chico.

El tiempo paso, y a Haruka le empezó a agradar la voz de Rin, sus gestos y sobre todo, la mirada soñadora que ponía cuando hablaba de conquistar los mares y natación.

"Mi padre solía traerme aquí cuando era pequeño" le había dicho un día cuando le pregunto qué hacía ahí, en un parque cuando era obvio que amaba el mar (Haru sabía que algunas almas quedaban ligadas a sitios importantes en su vida), Rin había tratado de aparentar normalidad al soltar la información, el hecho de que Haruka hubiera deseado con todas sus fuerzas poder sostener la mano del chico para consolarlo un poco era evidencia de que había fallado.

A pesar de la sonrisa con la que el chico siempre lo recibía, Haruka notaba que poco a poco la alegría en los ojos carmín se apagaba, lo notaba en cada vez que la sonrisa puntiaguda se volvía casi forzada cuando tenía que regresar a su hogar.

Preocupado por él, Nanase había recurrido a su mejor amigo Makoto, el cual un tanto asustado por la naturaleza de Rin, le aconsejo que buscara la forma de ayudarlo a "pasar al otro lado"

Mentiría si dijera que la idea no le había causado un vuelco en el estómago, pero después de una noche entera pensando decidió que era mejor eso a presenciar cómo, poco a poco, se apagaba la luz de los ojos carmín. Lo difícil seria que Rin dijera lo que necesitaba para estar en paz.

Después de varias semanas de insistencia, Rin admitió rojo como su cabello y mirando al suelo con incomodidad, que su padre le conto muchas veces que su primer beso había sido a los quince, justo la edad que Rin tenía cuando murió.

–Es estúpido, lo se…

El Haruka de doce años, en efecto, lo habría encontrado estúpido, pero el de dieciséis que ahora era no, en cierta manera lo entendía, si bien no por él, más bien por la etapa por la sus compañeros y amigos e incluso el mismo estaban pasando, suspiro, realmente no quería dejar de ver a Rin, pero la imagen de un los ojos carmín sin brillo era algo que no podía soportar.

Pero pese a que no lo encontraba estúpido, si lo encontraba problemático, ¿Cómo besar a algo que es intangible? Por aun ¿Quién podría hacerlo si solo el podía ver a Rin? además, la idea de que durante sus últimos instantes en la tierra Rin se la pasara besuqueándose con alguien, le molestaba demasiado, el llevaba dos años con él, no lo creía justo.

Por eso el día que llego al parque y vio a Rin revoloteando alrededor de dos chicos que con seguridad tenían más de veinte años con una expresión de alegría con la que nunca lo había recibido a él, no pudo evitar fruncir el ceño y fulminar con la mirada al pelirosa y al pelinegro cuando se fueron.

–¡Son mis amigos! ¡Dijeron que vinieron porque este lugar les trae buenos recuerdos de mí! ¡No me han olvidado!

Y la alegre conversación que le siguió acompañada de la mirada soñadora de Rin fue suficiente para que una leve sonrisa se acentuará en el rostro de Haru por el resto de la tarde. Pero a pesar de esas pequeñas grandes alegrías que Rin tenía, su presencia así como su aura cada vez era más pesada, Y Haru seguía sin saber cómo ayudarlo.

Sorpresivamente, fue el mismo Rin quien tomo la iniciativa en ese sentido; fue una tarde de primavera, cuando los pétalos de cerezos caían en una danza hermosa y el ambiente era cálido, ese día, Matsuoka lo había mirado intensamente y luego de decirle que ya sabía cómo podía ser libre se inclinó sobre de él.

Si alguna vez le preguntaran a Nanase, diría que fue como si una corriente de aire le rosara los labios, luego y como magia, juraría que fue capaz de sentir la calidez y suavidad de unos labios. El tiempo fue eterno por un segundo, aseguraría. Eso, y sentir una lágrima solitaria en su mejilla al saber lo que seguiría.

Entonces, cuando pasaran los años y su tiempo en la tierra también terminara, regresaría al parque solo para recordar el tono brillante que adquirió por completo el pelirrojo y después la brisa cálida que envolvió el lugar acompañada de pétalos rosas alegándose; pero sobre todo, el fuego de esos ojos que tanto le gustaban y la sonrisa más cálida que alguna vez recibió de Rin antes de que desapareciera con el viento.

Entonces solo cerraría los ojos y se dejaría llevar, deseando encontrarse con él nuevamente.

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Bea~