Baile
Antonio sentía que esa noche todo parecía estar perfecto.
Velas, una deliciosa comida, buen vino, una sonrisa en ambos rostros y una estupenda compañía mucho más importante para esa cena. No podía dejar de sonreír a cada sorbo a la copa con vino Rioja con un toque cariñoso a su adorable y atractivo acompañante, haciendo que Lovino también devolviese la mirada. Solo que le pasó un suave escalofrío por su espalda con esos ojos observando, esta vez de forma intensa.
─ ¿A qué viene mirarme así tan fijamente?
─ Es que pensaba en cómo hacer de esta noche tan especial algo más inolvidable ─ contestó Antonio justo después de darse cuenta que Lovino lo miró con deje confundido.
Y por supuesto, más aún estaría por dicha respuesta completamente extraña. No debía de hacer falta nada más, al fin y al cabo, a Lovino le gustaba tanto como a su extravagante amado español cenas sencillas pero dedicadas para celebrar sus aniversarios o cumpleaños. Los dos eran románticos a más no poder, pero de todos modos pensó que esa noche estaba bien así. Pétalos de rosa en la mesa, pasta recién hecha, acabar riendo como tontos después de beber y posiblemente una insaciable noche íntima y lujuriosa... ¿Qué diantres faltaría entonces?
El joven italiano dio un suspiro apoyando el tenedor en el plato vacio y se encogió rápido de hombros.
─ Oye, creí que esto ya lo considerábamos inolvidable ─ dijo Lovino, notándose más que acostumbrado y conforme con sus habituales aniversarios ─. ¿A qué te refieres entonces con "más inolvidable"?
─ Bueno... ─ Antonio dio una pequeña pausa meditando la pregunta ─. Sé que siempre hemos celebrado así nuestras cenas especiales así, pero me gustaría pensar en algo para poder ser un poco más distinto... ─continuó con la mano apoyándose en su palma pensativo.
Desgraciadamente, tampoco Lovino tenía ninguna idea distinta a lo habitual. El plan ya sonaba perfecto de por sí, cena, mimos y mucho sexo. Pero quizás, tambien haria falta buscar otra cosa más, algo que ambos adorasen hacer y que no olvidasen su quinto aniversario en mucho tiempo.
Los ojos de Antonio dieron un giro por todo el salón en búsqueda de ese algo, pero oyó un delicado sonido un poco alejado desde fuera en la terraza llamándole mucho la atención. Cerca de su piso había violinistas callejeros tocando baladas seguramente para dar ambiente por las grandes calles de Madrid y ganarse unos pocos céntimos. ¡Qué recuerdos! ¡Así fue como conoció a Lovi! Siempre tocando canciones hermosas y cantando con su guitarra frente al restaurante donde trabajaba. La sonrisa de oreja a oreja con el recuerdo tan importante no tardó en hacerle levantarse de la mesa y acercarse al otro lado.
─ ¿Hm? ¿Qué haces, Antonio? Aún falta el postre ─espetó Lovino arqueando las cejas.
─ ¡Lovi ven, ya se me ha ocurrido la manera de hacerlo todo inolvidable! ─ dijo jubiloso y con su sonrisa emocionada tomándole de las manos para levantarle ─. Te va a encantar~.
El pobre chico vergonzoso no sabía qué esperar, qué tonteria haría ahora para estar tan contento de repente, Lovino como una masa rojiza por cara solo esperó que a Antonio no se le ocurriera soltar a los cuatro vientos en medio de la calle que llevan 5 años juntos.
Era capaz, muy capaz.
El español le guió hacia la terraza, girándose para estar frente a él entrelazando sus manos y quedarse quieto.
Ahora que estaban más cercanos para oirlo, Lovino parpadeó un poco mirando fuera.
─ ¿Música?...─ susurró por un instante para luego prestar solo atención a la voz de Antonio y a sus movimientos, todavia inquieto y expectante.
Con ternura, sus pupilas le idolatraban al tenerle mucho más cerca, levantó su mano junto a la suya atrayéndole del todo a su cuerpo con la mano izquierda puesta en su cintura.
Lovino se aferró a su camisa tocándole el hombro, siendo incapaz de ocultarle nada, ni siquiera sus latidos fuertes y nerviosos mientras deseaba ese contacto más que nada. Estaba loco por Antonio, amando su sonrisa, sus ojos sinceros...incluso su calor, le hacía querer estar junto a él sin soltarse. Un cúmulo de sensaciones, que el mismo español sabía y correspondía. Jamás se había sentido tan enamorado, tan querido y amado por todo lo que es. Le quería tanto...queria tanto a Antonio...ya no podía pensar qué seria de él ahora si no estuviese, después de estar en los momentos más dificiles y nunca irse. A pesar de seguir viéndose a sí mismo como lo más torpe, descuidado y horrible, era increíble lo feliz que se sentía junto a él, alguien que hasta la más mínima cosa que ve le parece lo más dulce y especial del mundo.
Lovino no era igual que los demás, Lovino era diferente, y lo diferente era lo que su amado más adoraba, ver cómo es en el fondo, en sus momentos de intimidad, de bromas y risas, besos y sonrisas, gemidos y abrazos. Antonio creía tener junto a él un tesoro único que le hace rebosar de felicidad.
─ Lovi, mi vida...¿Recuerdas cuando nos conocimos? ─ dijo con suavidad cerca de su oido, moviendose despacio para dar comienzo al baile, lento y cercano─. Cuando nadie parecía querer escucharme, tú fuiste quien cada día me oía. Que te gustase en especial a ti, me hizo lo feliz que soy ahora. Me alegro de estar a tu lado, de no haberme echado atrás para conocerte...─ sin detener sus pasos guiándole por la terraza y nublándose junto a la tenue melodía,recostó la frente cerca de su sien, sintiendo un jadeo de Lovino al momento─. Dios...habría perdido a la persona más maravillosa que he visto nunca.
El corazón de Antonio palpitaba lleno de alegría como si por esos simples instantes que no le importaría morir feliz. No era el único, Lovino no cabía en sí de emoción, perdiendo palabras para describir todos los sentimientos. Se le escapaban lágrimas terriblemente conmovidas por lo especial que era de verdad para Antonio. Era importante para alguien, alguien que le daba las mejores sensaciones que nunca antes podía sentir por nadie más. Se detuvo para abrazarlo con todas sus fuerzas hasta hundir la cara sobre su pecho y sentir sus latidos acelerados.
Pero al escucharle sollozar, el español se alarmó un poco tocando sus hombros.
─¿L-Lovi? ¿Por qué lloras?
─ Idiota...no podría estar triste en un momento así... ─musitó Lovino incapaz de detener ninguna lágrima, alzándose para mirarle con una sincera y bonita sonrisa─. Tampoco me olvidaré nunca de ese día.
Creía ver a un ángel cuando observaba aquella sonrisa. Solo él vería esa sonrisa, llorosa y tan dulce a la vez.
─Te amo, Lovino. Ahora y por siempre.
Tener a su amado italiano llorando de felicidad, era lo que más se haría inolvidable. Terminando no solo con el recuerdo de estar feliz y enamorado a su lado, sino con un beso que ayudaba a responder sin palabras todo el amor que sentía por Antonio. Repetiría mil veces en su corazón esa noche, pasar más años juntos, cayendo rendidos entre besos el siguiente año con anillos colocados en sus dedos.
