Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko Takahashi, sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.
Segunda entrega de éste mini regalo para las niñas del círculo mercenario y para todas las que les guste la historia. A los lectores silenciosos y a los que entran y salen sin darle una oportunidad.
Capítulo 2.
Kagome despertó con el sonido del frufrú de la tela y el de unos pasos en la habitación. Abrió los ojos y encontró a una de las doncellas poniendo un vestido azul en la cama. La cabeza había dejado de dolerle y ya no le daba vueltas ni le taladraba de forma ensordecedora.
—¿Qué hora es?
—Las ocho, señora. —Kagome se sentó en la cama y buscó las sandalias. El piso estaba frío y el viento entraba por la ventana abierta.
—¿Ya llegaron los accionistas? —preguntó recordando la cena.
—Si señora. El señor se ha disculpado, pero yo pensé que usted querría estar presente, así que me tomé el atrevimiento de dejarle el vestido que tenía previsto. —Kagome asintió y fue directo al baño. Cuando salió se metió en el vestido y se alació el cabello con la plancha.
—¿Cuánto tiempo llevan?
—Será una media hora. Así que aún puede presentarse. —Kagome miró su reflejo en el espejo y luego se giró a ver a su doncella—. Preciosa como siempre señora —ella se sonrojó y luego caminó con rumbo al vestíbulo.
Ahí estaban los caballeros. Tomando una copa de whisky y riendo de algo que les causó gracia. Kagome se disculpó por el retraso e Inuyasha se apresuró a brindarle su brazo para acompañarla hasta la pequeña reunión.
—¿Y la cena? —le susurró en el oído a su esposo.
—Tranquila cariño. Ya se han encargado de eso. —Kagome no dijo nada y sonrió al grupo de personas.
Recordaba a la mayoría. Todos eran accionistas de la empresa y sus esposas. A excepción de una mujer alta de cabello negro. Sus ojos profundos la taladraron desde que entró en la sala. Era una mujer bella y su piel blanca como la porcelana resplandecía preciosa bajo la luz de las lámparas. Era de buenas proporciones y el vestido blanco que traía le acentuaba la figura de una forma perfecta.
Kagome nunca había sido celosa, pero esa mujer parecía sacada de un concurso de miss universo y no le sería raro que Inuyasha la mirara interés.
—¿No recuerdas a mi nueva asistente, mi amor? —dijo Inuyasha. Kagome hizo amagos de recordarla, y aunque vagamente, supo que la había contratado él hacía casi un mes. Entonces asintió y le extendió una mano. La chica se puso pálida, pero le devolvió el gesto.
—Kikyo, casi no te reconozco, discúlpame.
—No te preocupes querida. —Kagome sonrió y se dio la vuelta para saludar a todos los asistentes.
Los guió hasta el comedor y mandó a traer la cena. Después de una buena plática, los caballeros comenzaron con los temas de negocios. A Kagome le pareció un tema privado y guió a las señoras a la sala. Estuvieron hablando de moda y de chismes. Aunque claro que en ese tema ella andaba un poco desubicada, pues no recordaba lo acontecido antes del accidente.
Los hombres volvieron a unírseles media hora después y cada uno se puso a lado de su respectiva esposa.
La asistente de Inuyasha les dedicó una mirada y luego se levantó, habló con una de las sirvientas y esta le dio una indicación. Kagome supuso que iba al sanitario. Entonces volvió a concentrarse en la conversación y a olvidarse del sentimiento extraño que sentía.
—Es una excelente anfitriona. —la aduló uno de los caballeros y ella le dedicó una sonrisa.
—Gracias.
—¿Quién iba a decir que las cosas entre ustedes se iban a arreglar? —de pronto el salón quedó en silencio y Kagome no supo qué decir, ¿arreglar las cosas?
—Mi esposa es una gran mujer, no le presta atención a tonterías. —intervino Inuyasha. Miró a Kagome y luego a los accionistas.
—Ah, claro, claro —contestó el hombre incomodo por el tema que había sacado. Sin embargo no pasó desapercibido para Kagome, quien se levantó disculpándose y caminó al sanitario. Cuando llegó a su habitación y después de mojarse la cara, se acostó en la cama y miró el techo. Estaba cansada pero debía volver a la reunión. A pesar de que la cabeza le dolía, no podía retirarse.
Se levantó y se miró en el espejo. El cabello ya comenzaba a ponérsele rebelde. Entonces lo reacomodó y volvió al salón.
Se detuvo cuando entró. Estaban los accionistas y sus esposas, pero no estaba Inuyasha y la asistente de su esposo no había vuelto del sanitario. Se giró antes de que la vieran y regresó al pasillo.
¿Dónde se había metido?
Caminó con paso decidido. Buscó en los otros salones de la planta baja, en la cocina y no encontró rastro de ellos. Faltaba el despacho y las habitaciones de arriba. Una desesperación se apoderó de ella, como si algo malo fuese a pasar, pero ¿qué?
Entró en el despacho que estaba completamente oscuro. La luz de la luna se filtraba por la gran ventana, pero no había rastro de Inuyasha ahí.
Dios, por favor, que no los encuentre en una de las habitaciones, rogó para ella misma. Si los encontraba en una, no sabría qué hacer.
Subió escaleras arriba, abrió la primera habitación en el pasillo y encontró, nada. Fue a la siguiente y tampoco. Quedaban tres habitaciones más. Una a la derecha y dos a la izquierda.
Fue por la de la izquierda, pero igual que las dos anteriores estaba vacía. Respiró profundo para ir a la derecha. Tomó la perilla y abrió la puerta con un ligero "clic"
La luz mortecina de la habitación le dificultó ver durante un momento. Y después, justo encima de la cama, estaban ellos dos. Él encima de ella. La besaba de la misma forma que la había besado a ella cuando la buscó en el hospital, de forma apasionada.
Experimentó una especie aturdimiento. Como si la sangre se le hubiese vuelto hielo. No respiraba, ni parpadeaba. Veía las dos figuras. Era su esposo, ¡por Dios!, era él siéndole infiel.
Dejó escapar un chillido que hizo que él se levantara de un brinco de la cama. Ella, su asistente, le siguió a continuación y se bajó la blusa. Kagome los miró con desprecio, con asco y repulsión. De pronto la cabeza le palpitó con fuerza. Ahora las imágenes eran claras y precisas en su cabeza. Recordaba casi todo.
Bankotsu era el mejor amigo de Inuyasha. Ella estaba enamorada de Bankotsu, pero se había casado con Inuyasha porque lo quería y porque él siempre había sido bueno con ella. Además Bankotsu nunca le había demostrado sus verdaderos sentimientos. Y ella no había esperado a que él aceptara que la amaba.
Así que cuando Inuyasha le dijo que la amaba, dejó su amor por Bankotsu y se concentró en su relación. Con el paso del tiempo lo llegó a amar tanto y aunque aún tenía sentimientos por Bankotsu, había logrado sacar adelante su matrimonio.
Sin embargo después de la boda, Inuyasha había comenzado a portarse diferente y ella no pudo soportar los altibajos de su matrimonio. Había vuelto a mantener comunicación con Bankotsu y después de tantos problemas con Inuyasha había decidido pedirle el divorcio y darse una oportunidad con el hombre que realmente amaba, pero esa tarde, cuando regresó a casa, encontró a Inuyasha en esa misma habitación con su asistente. Revolcándose en la cama.
Él se había levantado para detenerla, con su desnudez encima y su notoria erección al estarle haciendo el amor a su asistente. En ese momento ella experimentaba los mismos sentimientos de repugnancia y dolor que en aquel entonces.
Inuyasha le era infiel y además había tenido el descaro de volver a llevar a esa mujer a su casa. De presentársela y de repetir la historia.
Recordaba que aquel día había caminado a las escaleras y sentido como él la detenía. La discusión se les había salido de las manos y para cuando había sido consciente él ya se encontraba empujándola por las escaleras. Sus maldiciones eran lo único que recordaba y su miserable arrepentimiento que en ese entonces había odiado.
¡Dios!, ahora las cosas eran tan claras. Inuyasha se había estado aprovechando de su laguna mental para volver a tenerla a su lado.
Kagome retrocedió horrorizada. No podía ser cierto todo aquello.
—Cariño, déjame explicarte —dijo Inuyasha y Kagome negó—. Kagome por favor, detente.
—Lo recuerdo Inuyasha, lo recuerdo todo. —él se detuvo a medio paso de ella. Sorprendido y asustado. A Kagome le temblaban los labios, y el corazón le golpeaba con fuerza. La sangre le zumbaba en los oídos y un nudo en la garganta amenazaba con hacerle quebrarse en mil pedazos.
—Eso no es verdad. Estas confundida. —arguyó él.
—No, no lo estoy. Ahora lo sé todo. Y tu… —lo señaló—, ¿Cómo pudiste aprovecharte de la situación? —espetó llegando a la puerta.
—No pretendía hacerlo. Lo juro, pero es que te necesitaba a mi lado —murmuró—. Te amo Kagome, debes creerme. —ella dejó escapar una carcajada. Luego miró a la mujer detrás de él. Inuyasha se giró—. Ella solo es una aventura.
—Si me amaras como dices, no necesitarías de aventuras.
—Kagome, por favor entiende.
—¿Qué voy a entender? ¿Qué trataste de verme la cara de idiota? ¡Por Dios! —gritó con ironía—. Inuyasha me hiciste el hazme reír de los invitados. Todos sabían que ella era tu amante y te atreviste a traerla de nuevo.
—Eso no fue así, yo…
—Tú eres un maldito bastardo —concluyó ella.
Entonces dio la media vuelta y salió corriendo por el pasillo. Escuchaba la voz de Inuyasha detrás de ella, pero no se iba a detener hasta estar fuera de esa casa. Debía ir con Bankotsu y explicarle todo.
Él estaba en el hotel San Benito, del otro lado de la ciudad, y solo estaría ese día ahí, porque al siguiente regresaba a Londres. "ya sabrás donde encontrarme" le había dicho.
Él estaría en Londres, en la ciudad donde se habían conocido. En la misma casa donde se habían vuelto amigos, donde habían conocido también a Inuyasha y donde había pasado los mejores momentos de su vida. Ya sabría dónde buscarlo si no llegaba a recuperar la memoria a tiempo.
Pasó por el salón donde estaban los accionistas, pero no se detuvo, solo lo necesario para recoger su bolso de la percha. Justo a tiempo, el chofer apareció en su camino.
—Llévame al hotel San Benito —el hombre asintió y fue a preparar el automóvil.
Inuyasha apareció detrás de ella.
—No puedes irte Kagome, eres mi esposa.
—Ya no lo soy. Ahora mismo te pido el divorcio.
—No puedes.
—¡Claro que puedo! —gritó exasperada.
El chofer apareció con el auto y ella subió. Luego salió de aquella casa dejando todo atrás. Recordando al verdadero amor de su vida, a Bankotsu, ¿Cómo había podido olvidarlo? Lo conocía desde niña, ¿Cómo era que sólo lo había olvidado a él?
Quizá su cabeza había decidido borrar el mal trago que Inuyasha le había hecho pasar y con ello había olvidado todo lo que aconteció ese día. Ahora se odiaba por ello.
Ladeó la cabeza hacia la ventanilla del auto, del otro lado del vidrio, la avenida principal estaba abarrotada de autos y las luces de la ciudad eran el escenario perfecto para la lucha de sus sentimientos.
Cuando por fin el auto se detuvo frente al hotel, no esperó para ir y pedirle a la recepcionista el número de habitación de Bankotsu.
—Discúlpeme, pero él abandonó el hotel esta tarde.
Kagome sintió que se congelaba en su lugar. Había tardado demasiado en descubrir el engaño de Inuyasha, que ahora había perdido la oportunidad de regresar con Bankotsu antes de que él volviese a Londres.
—¿Necesita que la lleve a algún lado señora? —preguntó el chofer. Ella se giró a verlo y negó.
—Sólo necesito que traigas mi bolsa del auto. —el chofer asintió y regresó al estacionamiento. Ella se giró de nuevo a la recepcionista—, ¿puede darme la habitación donde estaba instalado?
—Claro, ¿su pago será en efectivo? —ella movió la cabeza en afirmación.
Minutos después el chofer regresó y le trajo la bolsa que ella había pedido. Cuando le dieron la llave de la habitación, le pidió al chofer que volviese a casa.
—¿Necesita algo más?
—Dile a una de las muchachas que me prepare una maleta para mañana —él asintió.
A continuación entró a la habitación y se dejó caer en la gran cama. Pensó que Bankotsu debió de haber dormido ahí y luego se sintió tan miserable y sola. Cuando estaba decidida a darse una oportunidad, un accidente le quitaba sus recuerdos y ahora que los recuperaba, él se iba.
Era una mala broma del destino en definitiva.
Nadie dijo que la vida es justa, pensó con resentimiento.
Pero ella no se iba a dar por vencida, porque estaba decidida a viajar en el primer vuelo a Londres sólo para recuperarlo.
Hola niñas mercenarias y a las que leen porque les gusta lo que hago.
Gracias por sus reviews del capítulo anterior, y perdonen el Ooc de mis personajes, pero como dice mi querida iblwe, es el toque que les doy. Nadie dijo que tenía que ser perfecto, ¿no?
Bueno, también disculpen la tardanza para subirles el capítulo, ando un poco estresada con asuntos de la universidad.
Andeeii
rogue85
pao59
iblwe
bulbriouji
ljubi-sama
Raquel Cisneros Taisho Okumura
Nos leemos en la próxima actualización preciosas.
