Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko Takahashi, sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.
Hola niñas hermosas, les traigo la actualización, espero alguien ande por aquí esperándolo, sé que tardé en actualizar, pero prometo que no me tardaré con el epílogo.
Fic de capítulos cortos. Solo tendrá cuatro y espero les guste el final. Bueno, sin más blablablá las dejo leer.
Capítulo 3.
La voz automatizada de la mujer que anunciaba los vuelos, hizo eco en la sala de espera del aeropuerto. Estaban anunciando la salida del vuelo a Londres.
Kagome se levantó de la butaca mientras su chofer levantaba sus maletas.
—La esperamos pronto señora.
—Gracias, pero ojalá no sea tan pronto.
—Tenga prospera vida. —Kagome sonrió y tomó la maleta.
—No dejes que Inuyasha haga tonterías, recuérdale los días de cena con los inversionistas y delégale a una de las chicas el pago de las facturas con las deudas.
—Así será señora.
—No dejen caer a Taisho.
El hombre asintió e hizo una pequeña reverencia. Kagome rodó la maleta en el piso y comenzó a caminar hacia la salida.
Mientras iba sentada, iba pensando en lo que le diría a Bankotsu. No podía llegar así como así, porque por mucho que ellos se amaran, de seguro él tenía una vida hecha ahí en Londres y ella llegaba para hacerla cambiar por completo.
Bankotsu manejaba un consorcio de exportaciones de telas orientales. Llevaba sus negocios en Londres y lo último que Kagome sabía de él, era que estaba viviendo en la antigua casa de sus padres. Por lo mucho que viajaba, no tenía la necesidad de comprar otra. Con la pequeña casa era más que suficiente.
Recordaba que unos años antes, ellos se habían conocido en esa casa, cuando los padres de ella y de Inuyasha hicieron negocios con los padres de Bankotsu. En ese entonces eran unos críos y tenían una amistad bastante agradable.
Claro que había competencia entre los varones, competencia que con los años se volvió más reñida. Pues al pasar a la adolescencia estaban metidos en líos de falda.
Kagome por su parte era la chica, marimacho de aquel trío de chicos. Era la que los unía y también la que les había separado años después. Cuando ella e Inuyasha se casaron, Bankotsu emprendió sus viajes por el país y luego por el continente.
Hasta ese día que lo había visto en ese restaurante en la ciudad. Kagome había ido con Sango, su mejor amiga, y luego, cuando lo vio, había sido como volver a encender esa llama que pensó haber extinguido durante años. La misma que había intentado borrar y reemplazar por los besos y las caricias de su esposo Inuyasha.
Sin embargo ni todo el dinero, ni todo el amor que él le profesaba pudieron sacárselo de la cabeza, y la gota que había derramado el vaso había sido la infidelidad de Inuyasha. Pero eso estaba por cambiar.
Un par de horas después y de haber bajado del vuelo, se detuvo frente a la casa de Bankotsu. Una estructura antigua ribeteada de árboles. La entrada principal estaba protegida por un viejo portón oxidado que en tiempos pasados era una fortaleza preciosa.
—¿Necesita algo más? —preguntó el taxista. Kagome negó y bajó. El taxista la ayudó a bajar las maletas y después se perdió entre las calles.
Empujó el viejo portón mientras arrastraba las maletas por el piso adoquinado. El jardín estaba bien cuidado y las flores se alzaban preciosas. La estructura estaba tal como ella recordaba. Las paredes del exterior de la casa estaban llenas de musgo y enredaderas, que le daban un aspecto descuidado a la casa, pero al mismo tiempo intrigante y fantasmagórico.
De niña pensaba que esa casa era un castillo abandonado y ahora que lo veía era tan hermoso como los recuerdos que albergaba.
Una mujer canosa salió a su encuentro. Se detuvo en la puerta y achicó los ojos intentando reconocerla.
—¿A quién busca?
—Vamos Kaede, ¿no me reconoces? —la mujer abrió los ojos de sobremanera y luego se agarró el faldón que traía y corrió hasta Kagome.
—Señora, no lo puedo creer.
Kagome la recibió en brazos y luego la apretó con fuerza.
—Yo tampoco lo puedo creer. —dijo con una sonrisa nostálgica.
—Oh, no llore, ya todo está bien.
—¿Dónde está Bankotsu? —preguntó.
—Él ha salido de emergencia, pero no debe tardar —Kaede la tomó de la mano y comenzó a guiarla para la casa—, debes venir cansada del viaje.
—Lo estoy.
—Bien, porque acabo de hacer su platillo favorito.
Estuvieron platicando un par de horas, y con cada minuto que pasaba, Kagome se desesperaba más de lo normal.
Entonces decidió darse un baño mientras lo esperaba para relajarse y tomarse las cosas con calma. Kaede la guió hasta la habitación de Bankotsu y le permitió instalarse ahí.
—¿No crees que le enoje?
—¿Enojarle? —preguntó—, ¡Qué va! Si estuvo hablando de usted desde que llegó de Japón.
Esas palabras reafirmaron su decisión de buscarlo. Y ella estaba más que consciente de que era capaz de seguirlo hasta el fin del mundo y bajar hasta el mismo infierno sólo por él. Con tal de tenerlo a su lado.
Se metió en la bañera cinco minutos después y dejó que el agua caliente la fuese relajando. Encontró un par de lociones en la encimera que vació en la tina. Con la loción y el agua le entraron ganas de llorar, no supo la razón, pero lloró.
Cuando logró calmarse salió del agua y se colocó una toalla alrededor del cuerpo.
Un sonido en la puerta de la recamara la alertó. Pegó un brinco cuando acto seguido, la puerta del baño también se abrió de golpe.
Bankotsu estaba parado en el umbral y la miraba sin poder creerlo.
—Dime que eres real.
Ella soltó una carcajada y corrió para tirarse a sus brazos.
—Perdóname, juro que no recordaba nada.
—Oh, tranquila cariño, ya todo está bien.
Bankotsu la levantó en brazos y la llevó directo a la cama. La habitación estaba a oscuras, pero ella podía ver sus ojos azules chispeantes de felicidad y con una mezcla de pasión que ella misma sentía en todo su cuerpo.
Era un sentimiento aplastante, pero que competía de forma bastante igualada con las inmensas ganas de entregarse a él y hacerle saber que había llegado para quedarse.
—Bankotsu yo…
—No digas nada, por favor —entonces la besó despacio y con firmeza. Sus labios jamás habían sido besados de esa manera y mucho menos había sentido esa conexión con nadie más.
Las manos de Bankotsu parecían conocer cada centímetro de su piel. Eran fuego en su carne y lava que la inundaba desde el centro de su vientre hasta concentrarse en la parte interior de sus piernas.
—Sólo deseo quedarme a tu lado.
—No necesitas pedirlo.
Bankotsu se levantó de la cama y arrastró con él la toalla que cubría el cuerpo de Kagome. A continuación se desató la corbata, luego la camisa y se la sacó.
Volvió a posarse sobre ella y la besó de nuevo con fuerza, con pasión y con amor. Le acarició la cara mientras la miraba a los ojos.
—Aun me cuesta creer que de verdad estés aquí —susurró sobre sus labios.
—Pues créelo, porque me tienes aquí, debajo de ti, dispuesta a todo por amor.
—No me hagas ese tipo de sugerencias porque te he esperado tanto tiempo que te haría el amor ahora mismo. —ella sonrió mientras pasaba las manos por la espalda desnuda y cálida de Bankotsu. Su espalda ancha y trabajada.
—Lo sugiero porque quiero ser tuya de todas las formas posibles, quiero pertenecer a ti en cuerpo y alma.
Bankotsu bajó su cara hasta la curva de su cuello y pasó lentamente la lengua por toda esa longitud. Ella cerró los ojos disfrutando la electricidad que le recorrió por todo el cuerpo. La piel se le erizó con su contacto.
Sus pezones erectos se levantaron pidiendo atención mientras chocaban contra el pecho desnudo de Bankotsu. Él sonrió y miro los dos botones coronados por las aureolas rosadas.
—¿Puedo aquí? —ella sintió como una tonta con la cabeza y cerró los ojos esperando a que él los lamiera.
Cuando lo hizo, se arqueó contra su boca. Sintiendo como una lava caliente la recorría desde el centro de su pecho y se concentraba en la parte interior de sus piernas. Era una fuerza caliente y excitante.
Él bajó sus labios por el centro de sus pechos y fue dejando besos por su abdomen plano y el vientre, hasta que a ella se le detuvo la respiración cuando sintió su cálido aliento ahí, en el centro de su placer.
—Bankotsu yo… —pero entonces él tomó el pequeño botón de carne entre sus dientes haciéndola soltar un gemido gutural. Elevó las caderas sin poder evitarlo.
La lengua de Bankotsu la recorrió desde su pequeño botón hasta su hendidura húmeda y caliente. Lo necesitaba dentro y lo sabía, quería gritar y decírselo, pero las palabras se le atoraban en la garganta, siendo intercambiadas por jadeos delirantes y placenteros.
—¿Quieres decirme algo? —ella asintió.
—Te necesito.
—Aquí me tienes cariño —él sonrió y luego se levantó para quitarse los pantalones. Se sacó primero el cinturón y luego lo bajó por completo llevándose el bóxer en el acto. Ella lo miró ensimismada. Todo él era perfecto. Sus brazos grandes eran compensados con unas manos igual de grandes y protectoras, su abdomen firme con un pequeño vello que bajaba hasta su poderosa erección que se alzaba imponente y orgullosa.
—Eres hermoso —le susurró.
—Eso es porque tú no te has visto bien. —ella sonrió y reprimió las ganas de taparse con los brazos.—, ahora cariño, te voy a hacer el amor sobre ésta cama y haré que recuerdes mi nombre siempre, no lo volverás a olvidar. Te lo prometo.
Entonces volvió a su lado y la besó. Le acarició una pierna con la mano libre, la elevó y la hizo rodearlo con ella. A continuación se acomodó entre ellas y rozó su falo en la hendidura mojada de Kagome.
Ella se arqueó al sentirlo y gimió cuando él la penetró de una sola estocada. Los movimientos de Bankotsu eran lentos, pero fueron aumentando a medida que la pasión los rodeaba a ambos.
Entró y salió de ella haciendo que una descarga de energía se acumulara en su vientre, que amenazaba con explotar y hacerla tocar el cielo con la punta de los dedos.
Nada podía hacerla cambiar de opinión en ese momento. Porque ella pertenecía a ese lugar, pertenecía a su lado, y lo sabía porque sus cuerpos se amoldaban perfectos, eran piezas encajadas y moldeadas solo para estar juntas.
Él era el refugio de donde nunca debió haberse ido.
Bankotsu embistió una última vez arrastrando toda su cordura. Gritó de forma gutural cuando la explosión de energía se extendió por todo su cuerpo. Sintió el propio orgasmo de Bankotsu en su interior, y no se arrepentía de nada.
—Kagome —balbució él y entonces dejó que su cuerpo enervado cayera sobre ella.
Lo rodeó con los brazos y lo retuvo ahí por largo rato. Sintiendo las pulsaciones aceleradas de su corazón y la agitación de su respiración.
—No te vuelvas a ir de mi lado.
—Prometo que no lo haré.
—Entonces cásate conmigo Kagome, sé mi esposa, mi amiga y mi amante.
Ella gimió consternada y lloró, pero no era un llanto de tristeza, ella lloraba de felicidad porque amaba a ese hombre con locura. Y ahora era total y completamente de ella.
—Es un sí. —susurró y lo abrazó con más fuerza.
Hola mercenarias, siento no haber subido el capítulo el lunes, pero tenía problemas de salud y me fue imposible subirlo. También he tenido un par de problemas, que me han mantenido ocupada.
Espero les haya gustado y me lo hagan saber en un lindo review.
También las invito a pasarse por mis otros fics.
Dulce atracción (Kōga/Ayame)
Seduciendo al conde (Sesshomaru/Kagome)
Esclava (Edward/Bella)
Y próximamente un OS que participará en "birthday contest" del grupo de Facebook Élite Fanfiction.
Igualmente gracias a las niñas que comentaron el capítulo anterior.
pao59
ljubi-sama
Raquel Cisneros Taisho Okumura
iblwe
PamConstantine
Yuli
Bien, sin más que agregar, nos leemos en el epílogo. :)
