Como siempre, los personajes son de Kishimoto.
Debo pedir disculpas por haber anunciado la cancelación del fic, la verdad es que a mi en un principio la peticion de la chica me parecio bien fundamentada, supongo que porque tuve una larga conversacion con ella, pero tambien leyendo sus comentarios me di cuenta que no sé puede andar por la vida censurando lo que no nos agrada, así que decidí seguir escribiendo el fanfic, ¡asi que muchas gracias por su apoyo!
De ante mano me disculpo por la calidad del capitulo, esta cortito pero ya prometo seguir actualizando, se vienen partes importantes en la historia y pues he vuelto con todas las ganas.
De nuevo gracias por leer y sobre todo por opinar!
Doble inconveniente.
—¡Ahí viene un automóvil! —logró decir Hinata antes de salir disparada desde la gran puerta en donde estaba de pie hasta un buen escondite detrás de un montón de cajas.
Sasuke la miró dubitativo, su voluntad se dividía entre entender que estaba pasando ahí y que tan grave era, o romperle la cara a Kiba Inuzuka por haberle mentido de una manera tan descarada. Sí, ahí pasaba algo, pero no precisamente el secuestro de un niño pequeño.
Se trataba más bien del secuestro de un perro.
En medio de la nada, dentro de un gran granero viejo, que probablemente había sido abandonado el siglo anterior, alrededor de treinta perros de pedigree estaban confinados en pequeñas jaulas. El sitio apestaba a mierda y orina de perro, el polvo reinaba por doquier, apenas había una bombilla que bañaba todo el lugar con una luz amarillenta y opaca que apenas dejaba ver. Los perros ladraban y aullaban estruendosamente, se podían escuchar a kilómetros, eso explicaba el porqué estaban tan alejados de la civilización.
—¡Ya encontré a Akamaru! —gritó Kiba llegando junto a Sasuke. —Pero necesito algo con que romper el puto candado.
—¡D-después, Kiba-kun! —le dijo Hinata —Ellos vienen, escondámonos aquí.
El aludido desapareció de la vista de Sasuke de inmediato, jalado por una pequeña y blanca mano que salió detrás de unas grandes y polvorientas cajas, con-quién-sabe-qué dentro.
Luego lo que se asomó por el mismo lugar fue el rostro, de suaves facciones, de Hinata Hyuga. —Uchiha-san —lo llamó alterada, él alzó una ceja en su dirección, aún de pie en medio del lugar sin saber muy bien qué hacer. —¡Venga ya! ¡Ellos pueden ser peligrosos! —luego pudo ver a la chica asomándose por completo de detrás de su escondite, y con una fuerza que pareciera no provenía de ella, lo jaló y empujó junto a Kiba.
Sasuke gruñó y el otro joven a su lado también. Hinata los miró con una expresión culpable y de terror al mismo tiempo, como si solo en ese momento se hubiese dado cuenta que los había arrastrado a la fuerza a los dos.
De todas maneras, ninguno de los dos pudo protestar porque justo cuando los labios de Sasuke se iban a abrir para molestar a la Hyuga, las grandes puertas del viejo granero se abrieron de par en par y cinco sujetos de aspecto roñoso e intimidante entraron a grandes zancadas, hablando nimiedades con groserías en tres de cada cuatro oraciones que decían.
Kiba se adelantó de inmediato, posicionándose al filo de las grandes cajas tras las cuales se ocultaban, puso una de sus manos sobre su oreja a modo de amplificar el sonido lograba alcanzar. Sasuke siguió apoyado sobre una caja con aires de indiferencia y aburrimiento. Hinata se mantenía entre los dos, temblando levemente cada vez que la fuerte y rasposa voz de los hombres sonaba.
—¡¿Por qué mierda la luz está encendida?! —gruñó uno de los hombres. De inmediato los tres chicos tras las cajas se miraron entre ellos, dándose cuenta de su error. Los labios de Sasuke se fruncieron con fuerza y Hinata se llevó una mano a los labios intentando contener los espasmos de su cuerpo.
Sasuke la miró raro ¿Ella tenía miedo? ¿Qué le pasaba a la Hyuga ese día? Con cuidado se acercó a ella por su espalda y poso sus grandes manos sobre sus estrechos hombros para que dejara de temblar. Apenas sus manos rozaron la tela de la blusa de Hinata el cuerpo de ésta se tensó y paralizó de inmediato. —Detente, es molesto —le susurró apenas junto a su oído.
—¡De seguro fue ese idiota de Daisuke! —gruñó otro hombre tardíamente. Pero esta vez la voz provenía de demasiado cerca, justo del otro lado de las cajas.
Kiba retrocedió demasiado brusco y rápido como para haber detenido lo que paso un segundo después. Empujando a Hinata con su cuerpo, ésta empujo a Sasuke y todos cayeron en un irónico efecto dominó. Sasuke cayó sobre una caja de cartón vacía, aplastándola y arrancándole un sonido ahogado, seguidamente Hinata cayó sentada sobre Sasuke, su firme y redondo trasero aplastó completamente la hombría de Sasuke. En cualquier otro momento y con menos fuerza quizás eso hubiese sido agradable, pero en ese preciso momento los ojos del Uchiha se desorbitaron y se mordió la lengua para evitar emitir un gruñido a causa del dolor que subía por su vientre bajo.
El mejor parado de la situación fue Kiba, quién logró apoyarse sobre una mano para no caer sobre su amiga. Sin embargo fue el primero en recibir la furia del primer hombre que se asomó tras las cajas al escuchar el jaleo que había sucedido.
El sonido del puño sobre la mejilla del Inuzuka sonó acuoso y desagradable, pero el joven apenas se inmutó y haciendo gala y uso de su fuerza bruta, Kiba estampó su puño de vuelta en el otro hombre, justo en la boca del estomago. Entonces dos hombres más cayeron sobre él lanzando puños y patadas hacia cualquier dirección, Kiba gruñó y maldijo mientras paraba un puño pero recibía otro en la nariz.
Hinata se levantó rápidamente de donde estaba, estirando una mano hacia donde se encontraba una gruesa barra de hierro, el cual al parecer había visualizado desde su lugar sobre Sasuke. Apenas y lo alcanzó cuando lo estampó en la frente de unos de los sujetos que estaba sobre Kiba, las manos ni siquiera le temblaron. El otro tipo al ver a la chica se dispuso de inmediato a derribarla, pero Kiba fue lo suficientemente rápido como para jalarle un pie y tumbarlo, haciéndolo caer sobre unas cajas y lanzándose sobre él, de inmediato le propinó dos golpes secos en el rostro.
Aún sin recuperarse del todo de sus bajos dolores, Sasuke se incorporó y lanzó un gancho derecho a un sujeto que apareció, justo antes de que arremetiera contra la Hyuga. El último tipo que apareció fue noqueado por la improvisada arma de Hinata.
Kiba se puso de pie y todos se miraron los unos a los otros por segunda vez en aquel lugar, jadeantes y sudorosos, el fierro que Hinata sostenía entre las manos cayó produciendo un fuerte ruido y de inmediato escondió sus manos tras su espalda.
—Siempre tocándome los cojones, Hyuga —masculló Sasuke, haciendo un intento de caminar evitando el dolor.
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—¡Kiba! —le reprendió Hana Inuzuka —¡te dije que esperaras a las autoridades pertinentes!
—Pero es que Akamaru… —intentó defenderse el joven, a su lado el gran perro blanco, recién sacado de su celda, ladró buscando defender a su amo.
De a poco lo policías comenzaron a liberar a los perros solo para introducirlos de nuevo en pequeñas jaulas transportadoras. Cada que encerraban alguno de los canes, tachaban su nombre de la lista que poseían.
—Es una red de se-secuestro de perros —explicó Hinata cuando vio la expresión, casi imperceptible, de duda en el rostro de Sasuke. —Son perros muy finos… —continuó al ver que tenía su atención. —Los comercializan a altos precios o-o los usan para conseguir nuevos cachorros.
El Uchiha asintió con la cabeza. Comprendía la injusticia en el hecho de que usaran mascotas como objetos que se venden, incluso separándolos de sus respectivos dueños con quienes habían formado lazos de afecto, pero eso no quitaba el hecho de que quisiese patear el trasero de Inuzuka por haberle mentido y arrastrado a ese lugar.
—¿Este es suyo señorita? —preguntó uno de los policías, llevaba en brazos a un pequeño perro de ninguna raza en particular.
—No —respondió ella —¿por qué? ¿qué-e pasa?
—No está en la lista de desaparecidos —el hombre se encogió de hombros —, lo llevaremos a la perrera supongo.
—¡No! —chilló Hinata, de inmediato se llevó una mano a la boca con vergüenza —Yo me lo quedo —dijo al fin.
—¿Uh? Bueno —el policía asintió y le entregó al pequeño can —, por cierto, tiene mucha fuerza para verse tan delicada.
Un leve rubor se extendió por las mejillas de Hinata, pero se desvaneció de inmediato cuando negó con la cabeza y dirigió su nacarada mirada hacia Sasuke.
—Quédatelo —le dijo —, por favor.
—No —el Uchiha fue rotundo.
—Pe-ero yo no puedo tenerlo —insistió. —Tengo a Locky y ella…
—Ese no es mi problema —dicho aquello, Sasuke emprendió su camino de vuelta a su auto, que se encontraba escondido un poco más allá en el bosque. Hinata lo siguió dando pasitos tímidos indecisos, turnando la mirada entre la figura que, se alejaba cada vez más, del Uchiha, y Hana que seguía reprendiendo a su hermano menor. Cuando vio que Sasuke torcía por el sendero que lo llevaría hasta su automóvil, corrió tras él.
—Pero deberíamos dar una declaración de lo sucedido a la poli-
—Que se jodan, Hyuga, ya te dije que no es mi problema.
—Pe-pero Uchiha-san —se quejó Hinata, intentando igualar el paso de Sasuke con dificultad.
—No me quedaré con el estúpido perro —sentenció él, deteniéndose junto a su auto —, ni aunque estés actuando tan convincentemente.
Las cejas de Hinata se fruncieron un poco al no entender del todo las palabras de Sasuke pero decidió ignorar eso. Si bien ese hombre la intimidaba un poquito –bueno, quizás mucho –ella no podía tener a ese cachorro ni por una noche en su hogar, Locky lo descuartizaría de puros celos.
De repente se sintió incómodamente observada, se trataba de nada más y nada menos que de Sasuke, quien la miraba desde el interior del automóvil con una expresión molesta. —¿Vas a subir o qué? —le preguntó.
Antes de que se hubiese puesto a tartamudear e hiperventilar, Hinata subió al auto con movimientos torpes. Ya había estado otras veces en el automóvil de Uchiha Sasuke –también en su apartamento pero prefería no pensar en eso –como para sentirse nerviosa al pensar que podía ser un posible psicópata, pero por un lado, estaba en medio de la nada y no quería viajar en el mismo auto de los hermanos Inuzuka mientras discutían, y por el otro debía intentar convencer de que adoptara al cachorro.
Aspiró el agradable aroma del auto, una mezcla de cuero y el masculino aroma del conductor, y votó el aire con fuerza, preparándose para comenzar el trabajo de persuasión, pero antes de que pudiese abrir la boca Sasuke la interrumpió. —Ya te dije, ni lo intentes.
Hinata bajo la vista hasta el pequeño perro que se acomodaba en su regazo y viajó el resto del camino en completo silencio y acariciando el suave pelaje canino.
Tras unos minutos de mirar por la ventana hacia la carretera, apreciando el boscoso paisaje aledaño al camino, cayó en cuenta que desde que llegaron al granero abandonado ni siquiera había pensado en Naruto. Se sorprendió levemente solo para que luego se le sobrecogiera el corazón al recordar al rubio que la había visto dentro del auto acompañada de Kiba y Sasuke, se preguntó que había pensado Naruto, si había sentido celos, o por el contrario, no sintió absolutamente nada al verla, quizás era lo segundo, a veces su novio podía ser muy despistado.
Su novio…
Ya iba un mes en el que ni siquiera se habían visto ¿Tanto tiempo necesitaba Naruto para pensar? Algo dentro de su interior le decía que una relación en las que ambas partes se encontraban felices no necesitaba de ningún tiempo, o al menos no de un mes, a lo mínimo una semana ¿o no? ¿Estaba Naruto realmente feliz con la relación todo el tiempo que estuvieron juntos? ¿Lo estaba ella…?
De inmediato el recuerdo de lo que sintió escondiéndose de los secuestradores de perros, aquella sensación de estar viva y del aire llenándole los pulmones, vino a ella, y se dio cuenta que hacia mucho que no se sentía así, probablemente desde que era una pequeña niña que jugaba a ser ninja con su hermana menor y su primo Neji.
Suspiró.
—¿Qué rayos te pasa hoy, Hyuga? —preguntó de la nada Sasuke.
Hinata lo miró algo confundida… le pasaban muchas cosas ese día ¿A cuál en específico se refería Sasuke?
—Me duele la cabeza —le respondió, en parte no era mentira.
—Tsk…
Quince minutos después de eso, ya estaban en el departamento de Hinata, ella vaciló un poco antes de bajar del auto, aún no conseguía convencer a Sasuke de quedarse con el cachorro, no podía entrar a su departamento así como así, si lograba encerrar a Locky en una habitación separada podría esperar al día siguiente y quizás se lo llevaría a Neji.
—Uchiha-san —pidió cuando se encontraba con un pie dentro y el otro puesto en el pavimento. —. Necesito que me ayude a hacer algo.
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Sasuke sostuvo al can, de pie bajo el marco de la puerta mientras Hinata corría dentro del departamento y cogía en brazos a un perro blanco de raza pequeña para luego desaparecer por una de las puertas del pasillo de su hogar. Se removió incómodo por unos instantes Hasta que Hinata volvió a aparecer, ella le dirigió una mirada inquieta y pareció dudar sobre si decir algo o no, por su parte él gruño bajito, con el perro aún entre los brazos.
—¡OH! —exclamó Hinata y arrancó al perrito de sus brazos para depositarlo en el suelo —Disculpa las molestias… eh…eh... ¿quieres un té o algo?
Sasuke frunció el ceño, sintiéndose cada vez mas inquieto frente a la actitud tan pasiva por parte de Hinata. —No, gracias, pero oye Hyuga ¿Por qué…? —su pregunta quedó en el aire, la joven sacando una fuerza descomunal de quién sabe donde, lo jaló dentro del departamento y cerró la puerta tras de ellos. Sasuke la miró absortó y estuvo a punto de preguntar que coño le pasaba, pero ella parecía inquieta por algo más que no era precisamente su presencia.
—Es Na-Naruto-kun.
—¿Tu novio?
—Si-si —asintió con angustia —, si te ve de nuevo conmigo to-todo estará perdido.
Sasuke permaneció de pie, procesando gran cantidad de información en pocos segundos. Primero: Hinata y su novio estaban peleados. Y Segundo: al parecer él era un factor dentro de aquella ecuación que era la pelea de pareja.
—E-escondete por favor… —le suplicó la chica con un hilo de voz —ju-uro que te recompensaré por el inconveniente.
—Tsk…
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Y estuvo mas de una hora encerrado en la habitación de Hinata ¡Claro que debía recompensarle todo ese tiempo perdido! Pero por otro lado… se enteró de muchas cosas interesantes sin querer.
