¡Hola! ¡Hace tanto tiempo! Estaba desesperada por poder actualizar esta historia, jaja.
Vamos a actualizarnos de nuevo y empezar a escribir de una vez. ¡Trataré de estar más presente!
Agradecemos a betita, ShadowLights
Disfrazando el pasado
—Daisuke…—susurró Iori al ver al susodicho frente a él.
El moreno asintió en señal de afirmación.
—Vine a hablar contigo. Eres el único que, seguramente, me escuchará…—con su mano, lo invitó a sentarse en una banca.
—Claro que sí. No tengo nada contra ti…
Daisuke suspiró mirando el despejado cielo azul. Las nubes andaban desaparecidas y el sol ya estaba en lo más alto de aquel cielo al cual todos quieren alcanzar con tan solo estirar sus manos.
—Yo creo que Takeru no tendría que haber actuado así. No tenía por qué golpearte, Daisuke.
—¿Tú lo crees así?—se dejó caer pesadamente sobre la despintada madera de la banca.
«No lo creo así, es así»
—Por supuesto, está bien que las palabras lo hayan afectado pero, en realidad, no tenía que haber hecho eso…
El castaño recordaba exactamente las palabras de Daisuke. Las procesaba cada día, pensando y poniéndose en el lugar del rubio menor. No entendía exactamente por qué aquellas palabras lo habían afectado. Recuerda que, al rubio, casi se le escapan las lágrimas al escucharlas pero, aquel dolor, lo cambió lanzando un golpe al otro. Él era el único que escuchó a los dos, los demás estaban entretenidos hasta que escucharon el grito de Daisuke al sentir el puño del rubio. Claro, no era tan raro verlos pelear pero, ¿verlos golpearse? Sí lo era.
"¡Daisuke!"
"¡Takeru!"
Ese era el recuerdo del heredero del Valor y del heredero de la Amistad tratando de entender qué era exactamente lo que había pasado.
La mueca que aquel día había puesto Takeru, luego de golpear a Daisuke, estaba entre dolor y odio, entre desprecio y depresión.
—Me sorprende que tú no estés enojado conmigo…—murmuró Daisuke.—Tal vez me merecía el golpe. Lo único que no entiendo es… ¿por qué seguimos todos peleados?
—Tampoco lo entiendo. Entendería si solo tú y él lo estarían pero… que Hikari y Taichi también… me sorprende…
—¿Te sorprende? Hikari sale con Takeru y Taichi es su cuñado, contando que él y Yamato son muy unidos…
—Tienes razón, no debería de sorprenderme…
Daisuke lanzó una risa traviesa junto con una sonrisa.
—A veces me sorprendes, Iori… —juntó sus manos entre sí— bien, debería de irme…
El menor asintió mientras extendía una mano y sonreía. El moreno devolvió ambos gestos.
—Gracias —murmuró, y se marchó dejando solo al menor.
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—¿Cómo te sientes?
Yamato, Sora, Ai y Taichi ya se encontraban en la habitación de Takeru. Había llegado lo más pronto posible.
—No bien pero, sí mejor —le sonrió Takeru.
Una mueca de preocupación apareció en el rostro de Yamato al oír la voz seca de su hermano. Sin pensarlo dos veces, posó una de sus manos en la frente del rubio menor para poder medir su temperatura.
—Tienes un poco de fiebre aún… —murmuró, luego dirigió su mirada a la castaña— ¿hace cuánto esta así?
Hikari observó el techo por unos segundos mientras posaba un dedo en su mentón. Cerró sus ojos rubíes para recordar mejor.
—Unas dos horas, aproximadamente… no, media hora...
—Media hora… ya veo… —susurró mientras se levantaba.
Takeru, confundido, miró a su hermano. Notaba en el gesto del mayor que algo andaba mal, y no era con respecto a la fiebre.
—¿Suced…? —intentó articular pero el mayor lo interrumpió.
—Deberías descansar, veremos hasta mañana. Si la fiebre no desaparece iremos al hospital, ¿entendido?
—Entendido —asintió.
Yamato le sonrió, al igual que los demás, y le revolvió los cabellos.
—Bien—acercó a la silla del escritorio a la cama y se sentó—, me quedaré por aquí hasta que mamá regrese.
—No tienes que hacerlo…
—Pero quiero hacerlo. No estoy siendo obligado, Takeru.
—De acuerdo… —contestó el nombrado incómodo.
Hikari sonrió al igual que los demás presentes mientras ladeaba la cabeza hacia la derecha y cerraba sus ojos contenta.
—¡Ay! —exclamó al sentir un suave golpe en su cabeza.
—Deja de soñar con fantasías junto a un rubio oxigenado, hemanita… —rió Taichi a lo bajo.
Un color carmesí se presentó en las mejillas de la heredera de la Luz, bajando la mirada, comenzó a mover sus pies nerviosa.
—Bu-bueno… yo… —miró a su hermano y arrugó la nariz enfadada— ¡cállate!
El moreno rió al oírla y no pudo evitar darle otro suave golpe en la cabeza fraternalmente, esta le sonrió golpeándole el hombro cariñosamente. Ai y Sora sonreían con las reacciones del par de hermanos pero, dos pequeños rugidos interrumpieron el momento.
—Takeru… ¿qué hay de comer por aquí? —preguntó el moreno mientras se rascaba la cabeza nervioso.
La peli-rosada también se encontraba de la misma forma al ser su estomago el segundo rugido que había interrumpido ambas escenas.
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—Esto por aquí… y esto aquí…
—Miyako…
—Humm… no te queda bien, mejor esto por aquí…
—Miyako… —volvió a repetir.
—Sh… ya termino, creo. Este va aquí, no, este queda mejor…
—…
—¡Lo tengo! —la peli-morada levantó una mano hacia el techo— ¡Así te ves mejor!
Un largo suspiró salió de los labios de Ken. Faltando aún tres días para la obra teatral que tuvieron que armar por un pequeño inconveniente con Koushiro, Miyako se encontraba arreglando y modificando un atuendo para el personaje que Ken interpretaría.
—Miyako…
—No, así te ves horrible… —infló sus mejillas enojada consigo misma.
Ken optó por sujetarla de los hombros y obligarla a que lo viera a los ojos. Un pequeño rubor apareció bajo los zafiros de ella.
—Amor, tranquila… —sonrió con confianza— recuerda que esta obra no tendrá importancia y está a tu cargo, todo saldrá bien.
Él, sin darse cuenta, le acomodó un largo mechón atrás de su oreja, pegado a sus lentes, y se acercó para besarle aquella pequeña nariz que poseía.
—Ni se te ocurra, Ichijouji —murmuró agarrándolo de la camisa y acercándolo a ella.
—¿Eh? —confundido, frunció el entrecejo.
Los ojos ámbar de ellas se conectaron con los zafiros de él. Ella sonrió de costado y lo jaló hacia sí misma, quedando ambos pegados. Se conectaron, como ellos amaban conectarse, a través de un maravilloso beso.
—Miyako… —suspiró al haberse separado.
—Solo diré una cosita…
—Dime… —sonrió.
—Quédate quieto, aún no he terminado —lo regañó regresando a su labor de acomodar el traje.
Y así, a las tres de la mañana, era como Ken Ichijouji se quedaba junto a Miyako. Una cosa quedaba clara, tendría una venganza en contra de Koushiro porque, justo en este momento, podría estar haciendo mejores cosas junto a Miyako en vez de un estúpido traje sin importancia, ya que, lo usaría una vez en su vida.
Sinceramente no sabía cómo terminar y siento que me quedó demasiado corto. ¿Hace cuánto que no actualizo? Ah, cierto, CASI CUATRO MESES.
He estado con trabajos para una exposición escolar y, ahora que todo acabo, espero poder estar más seguido por aquí aunque ya llegan los exámenes de fin de año… pronto llegarán las vacaciones, pronto :)
