Capítulo IV
.
.
.
Elsa se quedo con los brazos cruzados, sola en la recamara. Hans la había dejado pensando con su pequeño discurso sobre sus opciones, y con pesar suyo tenía que reconocer que tenía toda la boca llena de razón.
Escuchar esas verdades de boca del hombre que trató de matarla dos veces, seducir a su hermanita para obtener su mano y después matarla a ella, haciéndose de Arendelle en el proceso y de paso dejar a Anna sola encerrada en la biblioteca, a que muriera congelada, no era algo sencillo de digerir.
Se negaba a dejar pasar eso como si nada.
Sabía que Hans tenía razón, sin embargo haciendo un recuento de los hechos y de lo poco que sabía de él como persona, no se lo ponía fácil.
Tratar con él era muy complicado para ella.
La lógica le decía que ese hombre tenía un punto muy válido a su favor, estaban casados y vivir el resto de su vida pudriéndose en odio no era algo que quisiera hacer.
No estaba en su naturaleza odiar alguien, sin embargo sus acciones pasadas no dejaban mucho con que trabajar.
¿Cómo podía dejar pasar eso de largo?
Enfrentar esto suponía un gran debate interno entre pro y contras que no la llevaba a ningún lado.
Así que llego a la conclusión de que tenía que dejar de pensar en lo que paso y no para seguir adelante. Sin embargo necesitaba de Hans una disculpa, algo de arrepentimiento por sus acciones, algo que la hiciera sentir más cómoda con su persona.
Precisaba poder ver a Hans como un ser humano, por que para ella él era una ser inhumano que era capaz de todo para conseguir lo que quería.
Sus atroces acciones lo hacían ver como el ser más ruin del mundo ante sus ojos.
. . .
Elsa toco un par de veces la puerta del cuarto de su hermana, era casi medio día y los sirvientes le habían informado que Anna no había salido, ni dejado entrar a nadie a su habitación.
—Anna, soy yo. Por favor abre, necesito verte —dijo Elsa preocupada por cómo estaba tomando todo esto su hermanita.
Pudo escuchar los movimientos lentos de Anna atreves de la entrada que se arrastraba con sus pasos pesados para abrirle, Elsa posó sus ojos azules sobre la perilla que se movía temblorosa para finalmente ver una muy decaída Anna con los ojos hinchados de tanto llorar que se abalanzó abrazar a su hermana mayor con todas sus fuerzas.
—Lo siento, lo siento mucho ¡Todo esto es mi culpa! —chilló Anna en pijama entre mocos y lágrimas aferrándose con todas sus fuerzas al cuerpo de Elsa.
—¡Oh Anna! No tienes la culpa de nada, te lo he dicho muchas veces —consoló la rubia correspondiendo su abrazo y acariciando la cabeza despeinada, sinónimo de nido de pájaros que se cargaba su hermana.
Ambas entraron al cuarto, sentándose sobre el lecho destendido de la princesa.
—¿Te encuentras bien? ¿No te hizo nada? ¿Te toco? Porque si te toco te juro que voy a cortárselo y luego a matarlo con mis propias manos —dijo intranquila, pasando sus manos por el cuerpo de Elsa para verificar su estado.
Elsa sonrió ante la proposición, pero no podía permitir que su querida hermanita se transformara en una criminal por su culpa.
—Tranquila Anna, tranquila. Él no me hizo nada, de hecho por raro que parezca se comporto como un caballero —puso sus manos sobre las de Anna para detener el minucioso examen sobre su cuerpo —no va a tocarme hasta que yo le de mi permiso de hacerlo. Es parte de nuestro trato.
—¡Como si él tuviera palabra de honor! —exclamó en alto con el puño levantado y una voz cargada de rencor.
—No creo que tenga honor, pero si le interesa mucho el reino y si incumple las clausulas de nuestro acuerdo, se queda sin nada.
—Eso no me convence Elsa, él hará lo que tenga que hacer para salirse con la suya.
—Lo sé y su objetivo es gobernar, se encuentra obsesionado con eso. Confía en mí, te lo aseguro.
Anna miro el rostro de la reina tratando de analizarlo a conciencia.
—Prométeme que lo congelaras si trata de propasarse —rogó Anna viéndola con sus grandes ojos, reflejando sus peores temores.
—Te lo juro.
Un par de toc, toc se escucharon sobre la puerta.
—Buenos días ¡Traje pastel! —pronunció la alegre voz de Olaf.
—Le dije a Olaf que fuera por pastel de chocolate para ti —dijo Elsa en tanto se levantaba para abrir.
El muñeco entro alegre son la charola entre sus brazos de ramitas, haciendo que todo se moviera de una lado al otro, sonando por todo el lugar anunciando su paso.
Estaba segura que la visita del muñeco que nieve levantaría los ánimos de Anna.
La princesa recibió el recipiente de Olaf y lo coloco sobre la cama.
—Elsa eso es del pastel de bodas, no quiero –miro con mala cara el postre inflando los cachetes.
—Lo sé, lo sé pero es delicioso Anna —tomo un pedazo que le ofrecía Olaf y lo paso por la nariz de su hermana —vamos es pastel de chocolate alemán, con mermelada de albaricoque cubierto de chocolate blanco y natilla.
Anna se remojo sus labios rosados por el antojo, olía tan bien.
—Bueno tal vez lo pruebe —se dejo seducir por el dulce aroma—, después de todo el chocolate no tiene la culpa de nada.
—Eso mismo me pensé yo —le daba toda la razón, mientras ponía la cuchara con el delicioso dulce en la boca de Anna.
La princesa ataco sin piedad.
—Mmm…esta riquísimo –hablo con la boca llena.
Elsa la vio devorarse el plato que Olaf trajo con ganas, alegrándose de verla mejor.
—¿Estamos bien? —se notaba insegura al preguntar.
—Lo único que quiero es que alguien te ame no por lo que eres, sino por quien eres —dijo Anna con residuos del postre sobre su boca, mientras miraba a Elsa—, quiero que seas capaz de conseguir la felicidad.
—Tú me amas por quien soy Anna, no necesito nada más —contesto Elsa mirándola con cariño, mientras limpiaba el rostro de su hermanita con una servilleta—, este matrimonio no es tan malo. Fue un acuerdo conveniente que sacara Arendelle adelante, Hans logro abrir de nuevo las puertas de los reinos vecinos con esta boda. Está cumpliendo su parte del trato y eso es lo que importa.
—Y tú Elsa, ¿es que acaso no importas? Lo que tú quieres acaso no importa —reclamo Anna triste con el ceño fruncido y semblante cabizbajo.
—Puedo aprender a vivir con esto —contesto resignada Elsa, pues de las opciones que tenía y como bien le recordó Hans esta era la mejor.
. . .
Había escuchado la última parte de la discusión entre Hans y su hermano, cuando iba al despacho para revisar los nuevos contratos que Hans logro.
Se encontraba a un lado de la puerta cuando esta se abrió y vio al hijo mayor de las Islas del Sur.
—Si ya tienes todo lo que quieres ¿Por qué luces tan apenado?
Elsa lo vio irse a paso veloz.
La última frase que salió de su hermano y la acción de proteger a su hermana hizo que su corazón se ablandara un poco.
Tal vez si había sido muy dura con Hans, tal vez si podían a llegar a vivir de forma civilizada juntos.
"A quien engañas Elsa la única razón por la que defendió a Anna fue por nuestro acuerdo" se recordó seria las pautas de su prenupcial.
«Anna será libre de casarse con quien ella decida, no será parte de ningún tipo de trato o alianza política.»
Esa había sido la única razón de no arrastrar a su hermana a su juego de poder razono, aún que una muy minúscula parte de ella quería creer lo contrario.
Puede que ella sea joven e ingenua en muchas cosas, pero no era tonta. No iba a permitir que Anna se viera arrastrada a este mundo de manipulaciones y apariencias para que la controlaran.
Eso no lo iba aceptar, su hermana iba a vivir libre para elegir que hacer de su vida.
Entro al estudio con la cabeza en alto, tenía su habitual mascara de frialdad con la que trataba a su ahora esposo.
—Buen día —saludo educada Elsa, dirigiéndose a su escritorio para sentarse donde de Hans se encontraba.
—Buen día —regreso el saludo viéndola desde la silla, no quería cederle el lugar.
—Podría por favor levantarse de mi lugar —recalcó Elsa seria.
—No me apetece —respondió sincero, negando al mismo tiempo con su cabeza.
—Le recuerdo que yo soy la reina de Arendelle y usted es solo mi esposo. Ni más ni menos —la solemnidad de su voz indicaba que no aceptaría replica alguna.
—Le recuerdo que quien cerro los tratos para revivir Arenelle fui yo —su molestia por indicarle que solo era su simple esposo se notaba.
—Usted es solo uno de los tantos príncipes que provienen de las Islas del Sur, la que gobierna en este reino soy yo.
—Elsa, Elsa querida, ¿así quieres jugar esto? —dejo atrás las formalidades, era hora de saber qué rumbo iba a tener su matrimonio que aquí en adelante.
—Lo único que deseo es hacer mi trabajo y en cuanto al desafortunado incidente de ayer en la noche pido me dispense por mi comportamiento. Reconozco mi falla, sin embargo no voy dejar que usted maneje a este reino como si le perteneciera. Puede que sea mi esposo ahora, acepto ese hecho por mucho que no me guste, pero no voy a permitir que usted ni nadie me controle.
—Acepto tu disculpa Elsa, mas no voy a dejar que me hagas menos. Rechazo la idea de ser un esposo florero. Yo estoy cumpliendo con mi parte del trato, estoy seguro que escucharse mi tajante rechazo a la propuesta de mi hermano —había notado el momento exacto en que llego, pues conocía el sonido de sus pasos con los ojos cerrados. Había pasado meses escuchándoles en un ir y venir cuando llego al reino de nuevo.
—Sabía que no lo hacía por lo bondad de su corazón —recrimino ella entre dientes.
—Claro que no, soy práctico. Cumplo mi parte y tú la tuya, es todo. Mitad y mitad en eso quedamos —claro que se guardo el hecho de que tenía el plus de fastidiar a su hermano.
Hans por fin cedió y se levanto de la silla frente al escritorio, esta relación se basaba en un dar y recibir o no funcionaria. Ya había tenido su momento de gloria al mando, era hora de dejar que Elsa tuviera el suyo por mucho que no lo deseara, le costaba tener que compartir el poder.
—Estuve pensando en las opciones que me planteo esta mañana —dijo sentándose en el lugar que le correspondía.
—¿Cuál es tu respuesta? ¿Odiarme hasta la tumba?
—No se encuentra en mi naturaleza odiar, solo pido una cosa de usted.
—¿Eso es…?
—Desde que puso un pie de nuevo en Arendelle, usted no se ha dignado a pedir una disculpa por sus acciones. Ni siquiera falsas, nada. Me cuesta mucho poder verlo como una persona, si usted no muestra ni un poco de empatía.
Esta escuchando mal o Elsa le había dicho que deseaba una disculpa por lo sus acciones pasadas. Esto era broma ¿verdad?
—No voy a pedir perdón por mis acciones pasadas, hice lo que creí correcto para mí. Y de eso no me arrepiento —dijo Hans con descaro—. Malo soy, y lo más probable es que malo muera Elsa* —señalo viéndola con sus penetrantes ojos verdes.
Elsa lo miro severa ¿Cómo era posible que hiciera esas declaraciones?
—¿Es que acaso no tiene moral? Le suena eso.
—De que me sirve regirme de normas y etiquetas sociales ¿Para ser una persona íntegra y correcta? Sabes que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones ¿verdad?
»Es decir si tú hermana no hubiera tenido la buena intención de volver a conectar contigo, su única familia no se habría descubierto tú poder, Arendelle no se habría sumido en el invierno eterno, no habrías huido, Anna no habría ido tras de ti y por lo tanto no habrías congelado su corazón accidentalmente. Claro al final todo salió bien, ¿no?
»¡Oh si! Lo olvidaba, ahora te encuentras casada conmigo. Elsa cariño, ¿no es maravilloso? —Expreso con burla—. Las buenas intenciones de su hermana y las del duque de Weselton nos han traído hasta este punto.
—Usted es un cínico.
—Me gusta pensar que soy brutalmente sincero contigo.
—¡Trató de matarme y a mi hermana igual! ¿Cómo espera que lo acepte?
—En primer lugar solo trate de matarte de ti, no a Anna. Es cierto, la deje encerrada y le dije mis planes porque estaba moribunda, error mío lo reconozco. Pero según tengo entendido para romper tu hechizo —le indico con su poderoso dedo índice al otro lado del escritorio donde Elsa lo veía con la boca abierta—, se necesitaba de un acto de amor verdadero y eso era algo que no podía darle, porque jamás amé a tu hermana. En cuanto a lo de matarte a ti era algo conveniente, nunca fue personal o porque te odiara. Simplemente estabas entre mi meta y yo.
La reina se levanto enseguida con el ceño fruncido y cerro la boca en línea recta.
¡Esto era demasiado descaro de su parte!
Elsa estaba sin palabras, tenía una fuerte mescla de sentimientos. Se encontraba trabada en su lugar, con los puños fuertemente cerrados que le iban a dejar una dolorosa marca en sus palmas gracias a sus uñas, sus ojos gélidos se encontraban posados sobre Hans, y la temperatura de la habitación bajo un par de grados.
—Y para que conste, pensaba que para deshacer tu hechizo lo mejor era matarte. Tú misma me lo confesaste en prisión —indico Hans duro observando a Elsa y tratando de ignorar el frio que lo recorría de arriba abajo—, no sabias controlar tu poder ¿Qué otra opción tenía? Arendelle tenía que ser libre y la segunda vez que levante mi espada en contra tuya, tu deseabas morir.
Esa fue la gota que derramo el vaso para Elsa, no pudo resistirlo más, fue rápida hacia Hans y lo golpeo en la cara dejando su mano escarchada sobre su mejilla.
Sus emociones estaban a flor de piel, su corazón comenzó a latir con fuerza, sus músculos se tensaron de forma dolorosa, un sudor en frio invadia su cuerpo y las lágrimas se acumularon sobre sus orbes. Le costaba respirar, sentía como la tráquea se le cerraba y la habitación de repente comenzó hacerse pequeña.
Hans tenía el rostro ladeado, de inmediato sitio la baja temperatura calando en su piel, como se adormecía la zona donde lo golpeo y un ligero hormigueo lo recorría de cabo a rabo. Se encontraba seguro de que la mano de Elsa había congelado ligeramente su pómulo y vio como una grácil nevada comenzó a rodear a Elsa que se abrazaba a sí misma, mientras temblaba tratando de protegerse y al mismo tiempo controlar su poder.
Había tocado un punto muy sensible en Elsa, su deseo de muerte.
—No te atrevas a negarlo, que los únicos que sabemos esa verdad somos tú y yo —continuo Hans, con la cara de lado.
—Eres un maldito —contesto a punto del llanto.
—Adelante, niega la verdad —declaró acercándose a Elsa, en tanto ella retrocedía hasta topar con pared y él, coloco su boca a la altura de su oído mientras recargaba sus manos en el muro haciendo una prisión improvisada para susurrarle en tono muy íntimo—. Tú deseabas que me presentara ante ti sin máscaras, pido la misma cortesía y enséñame a la Elsa real, a la que conocí en la montaña.
Las lágrimas se deslizaron de forma involuntaria en las delicadas orbes azules de Elsa, recordar ese horrible momento donde se creía la culpable de la muerte de Anna era demasiado por ella.
Se llevo las manos a la boca, sus piernas comenzaron a flaquear y un hueco en el estomago se hizo presente.
Aire, le faltaba el aire.
En la habitación la temperatura bajo más, empezaban a formarse pequeños carámbanos en el techo con reflejos rojos de enojo y amarillo de miedo, la puerta del cuarto se hallaba sellada con hielo y los pequeños copos de nieve comenzaron rodear a la pareja.
Las piernas de Elsa fallaron.
Hans le rodeo con sus brazos para evitar que cayera, la cubrió con su cuerpo de forma protectora, fuerte y firme. El frío que sentía carecía de importancia, le estaba dando lo que ella necesitaba en esos momentos.
Enfrentar la verdad a veces dolía demasiado, era un mal necesario que estaba dispuesto a enfrentar para derribar las defensas de Elsa.
—Es normal querer desaparecer cuando te crees culpable de matar a tú ser más querido, eso es algo que nunca se supera —explico triste, como si supiera de lo que hablaba y comprendiera el dolor de su esposa.
Si quería que Elsa lo aceptara, no lo iba a logran con los métodos que usaría con una mujer normal.
Llevarle regalos, hacerle piropos, hacer promesas que nunca cumpliría y usar palabras cursis de amor no iba a funcionar, porque simplemente ella no las creía. No las sentía y si no las sentía entonces no era real.
Hans la obligaría a quererlo, acéptalo tal y como era.
Él había tomado la decisión de abrir el corazón de su esposa a la fuerza y estrujarlo tanto que no podría resistirse más a él. La dejaría tan vulnerable ante él que no le quedaría más remedio admitirlo y así por fin haría suya a Elsa, para bien o para mal.
Elsa no podía pronunciar palabra alguna, su mente estaba en blanco, solo escuchaba y sentir a Hans sobre ella.
—Vamos Elsa, acéptalo a mi no me vas ahuyentar con tu poder. Conozco tus secretos, todos y cada uno de ellos, secretos que ni tú misma sabes que tienes —se aferro más al cuerpo frio de su mujer—. Tuve mucho tiempo para aprender de ti, no fue fácil lo admito —dijo en tono trémulo acariciando su garganta, Elsa podía sentir el cálido aliento de Hans sobre su oído.
—¿Aprender? —alzo la vista confundida, por fin había recuperado su voz.
Era pequeña, frágil y el sonido proveniente de su boca era tembloroso. Esa visión seducía a Hans mucho más de lo que quisiera admitir, no porque le gustara sentirse superior a una mujer en un estado tan vulnerable, sino porque a pesar del riesgo que corría con los poderes de Elsa, ella no lo alejaba o peor aún le congelaba el corazón.
Seguía paseado sus dedos de su diestra sobre su cuello de cisne y este hecho donde Elsa se dejo tocar, suponía una pequeña victoria para él.
—No tienes ni idea de lo mucho que te he perseguido, pero eso no importa ahora.
Dejo caer su mano a un costado de su cuerpo, no iba a presionarla más. Ella se hallaba en el imite.
—Si te sirve de consuelo yo también he tenido deseos de muerte y de libertad. No voy a disculparme por mis acciones, no me lo vuelvas a pedir. Acéptame como soy o no lo hagas, yo te acepto como eres Elsa.
. . .
N/A: Chan, chan, chan otro cap. nuevo con reveladoras escenas de Hans. Me salen escenas muy retorcidas, todo es culpa de él –o yo estoy bien loca─. En fin, se dijeron cosas fuertes aquí, espero que no moleste a nadie con esto, pero va con el contexto de la historia.
También puse una frase con un asterisco (*), esta frase la saque del libro de Tess de D´Urberville. Me parece una cita muy adecuada, porque no pienso poner a un Hans arrepentido con la cola entre la patas de buenas a primeras. Eso requiere de tiempo.
No olviden pasar por el blog (se encuentra hasta abajo en mi perfil), que tiene nuevas cosas. Como un mini comic que me encontré en tumblr que me inspiró para el beso de la boda *A*.
. . .
¡Hora de contestar comentarios que no tienen cuenta! ¿Qué esperas para hacer el tuyo?
F: Gracias, el titulo anterior lo puse sin pensármelo mucho D: y este nuevo expresa muy bien de que va el fic *A*.
Guest: Gracias ;d ¿a ver qué opinas de este? Ese Hans está bien loquillo.
B: Gracias *A*
Rose: ¡Verdad que sí! Ya quisiera que Hans me cargara *A*
. . .
Gracias por leer, tomatazo, bolas de nieve, un Hans inflable XD –bueno eso ya es mucho─, teorías con conspiración, comentarios largos que me encantan tanto se reciben.
