Capítulo V

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La puerta del despacho seguía cerrada por el hielo de Elsa, que aún se encontraba muy alteraba. No podía debatirle nada a Hans, porque todo lo que dijo era verdad, quería morir, escapar del dolor, la culpa, la perdida. Porque sin Anna el mundo no valía la pena.

No lo recordaba con toda claridad pero si conservaba en su memoria la felicidad que la inundo el día que sus padres le informaron que iba a tener a una hermanita, fue uno de los días más felices de su vida –el otro fue cuando Anna nació–. Era muy pequeña aún, tenía algo así como tres años, y siempre estaba acompañada de su niñera Gerda. Tanto su padre como su madre siempre se hacían tiempo para ir a verla a pesar de su trabajo y por desgracia no era suficiente, deseaba poder tener la compañía de otra persona cercana a su edad, alguien con quien jugar y compartir aventuras.

Cuando la bebé nació, su padre la llevo a conocerla después de pasarse toda el día caminando de una lado a otro en el pasillo fuera de la recamara real. Tenía muy vagos recuerdo de su papá con rostro preocupado y mirando la puerta donde se encontraba su esposa con ansiedad, cuando finalmente salió el doctor y la partera él se calmo, su alma intranquila por fin pudo descansar.

Entró con su progenitor tomando su mano a la recamara donde su madre que se encontraba en cama, con sus cabellos revueltos, rostro cansado pero infinitamente feliz y con un poco de brillo en sobre su piel, fruto del sudor que causo del esfuerzo por el parto que había tenido.

Su padre, la animo acercarse y fue hacia su madre que acunaba a su niña entre sus brazos envuelta con una frazada azul de algodón. La reina con mucho cuidado le paso a su hija al rey, que la miraba completamente enamorado.

—Elsa ella es Anna —la presento con la nena entre sus brazos.

—Anna ella es tú hermana mayor, Elsa.

Su remembranza su desvaneció y se dejo caer contra la pared deslizándose hacia el suelo sin fuerzas. Hans la había destrozado con sus crueles palabras.

Un azul profundo y brillante reflejaba la tristeza de sus ojos que se inundaba con lágrimas las cuales se deslizaban suaves por su rostro y al tocar el suelo se transformaban en hielo.

Ese día había prometido que cuidaría a su hermanita siempre, y había cometido el error no una sino dos veces de ponerla en peligro mortal.

Hans la miro a un par de pasos de distancia con desagrado, no le gustaba esa Elsa débil que seguía echándose la culpa de todo, la que cargaba con ese lastre de Anna. Siempre era su hermana el problema, la que arrastraba sobre su conciencia siempre porque era el único ser en todo el mundo que realmente le importaba.

Tenía que encontrar una forma de irlas separando poco a poco, para que a su mujer no le quedara más remedio que apoyarse en él.

Una vez que entendiera que él no iba a ir a ningún lado y era el único que iba a esta con ella hasta el final, sería más sencillo obtener lo que deseaba de Elsa.

—Vamos Elsa, no te sientas mal. Nuestro pequeño secreto se encuentra a salvo conmigo —se inclino al decir esto a la altura de su rostro.

—¿Por qué es tan cruel? ¿Por qué me apuñala para después tratar de consolarme? —no le veía sentido, primero la atacaba sin piedad hasta romper sus defensas para luego darle su apoyo. Un apoyo que deseaba con desesperación, pero no de él.

La voz de Elsa era apagada, pero firme. Su semblante decaído indicaba su desolación, sin embargo a pesar de estar ahí en el suelo se le veía hermosa. Dirigió su mirar a Hans que tenía un semblante que reflejaba mucha comprensión y compasión, al poco tiempo reparó en sus orbes verdes viendo ligeros destellos de menosprecio hacia ella.

—Solo trato de ser el sostén que necesitas ahora, eres mi esposa.

—No, usted está tratando de manipularme con su ataque pasivo-agresivo. De hecho en este momento puedo ver en sus ojos un minúsculo gesto de animadversión.

—Es porque no me gusta la Elsa que veo ahora, la que se desploma por los errores del pasado. Mira, no vale la pena que te tortures por eso. No analices tanto esto, si te sientes mal por algo y te arrepientes está bien; acéptalo. Te caíste en el lodo y te ensúciaste, pero no sigas revolcándote en el que te seguirás manchado. Tan solo levántate, límpiate la mugre como mejor puedas y continúa tú camino.

Elsa se tranquilizo un poco tratando de respirar con calma haciendo que los carámbanos y la escarcha se desvaneciera de la habitación. Estaba luchando por recuperar su centro y no dejarse vencer por las crueles verdades que la lengua viperina de Hans soltó.

Él tenía razón, tenía que levantarse. Detestaba que Hans la viera en un estado tan lamentable, no quería seguir siendo vulnerable ante sus ojos o se la comería viva, tenía que enfrentarlo, porque se negaba a que la tirara al lodo para luego tenderle la mano como si nada.

—Todo esto es culpa suya —dijo apoyándose en la pared para ponerse en pie de nuevo, rechazando la mano que Hans le ofreció—, ese es su plan maestro. Hacerme sentir mal conmigo misma para que pierda el control.

—No es ningún plan maestro, te dije los hechos tal y como los vi. Elsa tú me atacaste primero y me pediste, no, me exigiste una disculpa que me niego a darte —ella se alejo de él en cuanto termino de incorporarse, quería poner distancia—. A ti, si me lo preguntas directamente no te voy a mentir nunca, tienes mi respeto y no pienso ofender tu inteligencia diciéndote falacias cuando se muy bien que puedes ver atreves de ellas. Te engañe una vez y salió mal, ahora sabes cómo soy realmente, es inútil que vaya por ese camino.

—No tiene remordimiento alguno, usted es malo y no tiene alma, ni corazón.

—Exacto, estoy podrido hasta la medula.

—¿Por qué vino a este reino? —Dijo con genuina curiosidad—. Con sus mezquinas habilidades, habría podido…

—Hacerme de otro, al casarme con una princesa tonta que se dejara seducir como tu hermana —completo la frase por ella y recalco el tonta para molestar a Elsa.

Ella lo miro enojada, no quería que llamara tonta a Anna. Ella solo era una chica sin malicia y creía en la buena voluntad de la gente, sin embargo deseaba conocer la respuesta a eso.

—Deberías agradecerme. Elsa que le quitara lo ingenua a tu hermana, así se andará con más cuidado con las personas con las que se cruza —menciono solemne.

Y ahí estaba Hans dando lecciones de vida gratis, destrozando la burbuja a chicas jóvenes e inocentes con sueños de algodones de azúcar, unicornios y mierda de arcoíris.

—No evite la pregunta ¿Qué interés tiene en Arendelle? ¿Por qué este reino cuando hay otros tantos?

—Veras mi padre hace casi una década que tiene el ojo puesto en este lugar, sin embargo no había podido abrir sus puertas. Es un reino rico y misterioso, de un día para otro cerraron sus puertas…Bueno ahora todo el mundo sabe por qué tu padre hizo lo que hizo, pero en el pasado eso atrajo la atención de muchos. Querían saber cuál era el secreto de la riqueza de este reino, porque tanto ostracismo de pronto siendo que antes era un reino tan abierto. Quería lograr lo que mi padre y mis otros hermanos no pudieron, al descubrir sus secretos y hacerme con el reino.

Elsa lo miro atenta con los párpados entrecerrados, analizando con cuidado cada una de sus palabras y gestos.

—Es una muy buena y lógica explicación, pero hay algo más, esta no es su verdadera razón. Quiero la verdad —era hora de mostrarse exigente, Hans le había dicho que no le mentiría, era hora de ver si tenía palabra.

Sonrió de lado, admirando la perspicacia de su esposa.

—¿Cuándo y cómo aprendiste Elsa? —quería saber cómo era capaz de leerlo, de ver con claridad la cosas y no dejarse llevar por que lo que quería escuchar como todos los demás— ¿Quién te enseño la crudeza de la vida? Fue la soledad, ¿cierto?

—No evite la pregunta con otra, prometió no mentirme y se ha aprovechado de eso con creces para lastimarme— sus ojos reflejaban enfado. Su lapsus de hace rato, estaba pasando a segundo término ahora. No iba a caer de nuevo en sus retorcidos juegos.

—¿Estás segura que quieres la respuesta a eso? No te gustara lo que diga.

Elsa afirmo con la cabeza decidida.

—Nada de lo que usted diga es de mi agrado.

—De acuerdo —ladeo su cabeza y encogió sus hombros resignado—. La verdad es que al principio vine Arendelle por la gloria de hacer lo que no pudieron mis hermanos y padre como te había explicado. Meses antes de tu coronación vine al reino para saber más de la futura reina, de ti. No podría cortejarte de forma adecuada si no te estudiaba personalmente, los datos que tenía sobre ti era insuficientes y la lista de pretendientes que habías rechazado era larga. Suponía que eras una mujer realmente exigente y caprichosa, sin tolerancia pero muy diplomática.

»Se decían tantas cosas de ti y esos chismes no me ayudaban a saber nada, no podría presentarme como un pretendiente más, ni pedir audiencia, arruinaría las cosas. Así que busque a la servidumbre y les pregunte acerca de tus gustos, sin embargo nadie supo responderme. También se me hizo muy raro que no vivieran dentro del castillo y que solo iba hacer sus labores a lo largo del día para regresar a sus propias casas por la noche, el contacto que tenían con su reina era nulo. Me entere de que solo te atendían un par de sirvientes de confianza Kai y Gerda, son muy fieles Elsa. No los dejes ir nunca, no soltaron ni una palabra sobre ti cuando los aborde —señalo arrogante dándole la espalda a Elsa para ir a servirse una copa de vino que se encontraba en la gaveta a un costado del escritorio—. Y créeme los trabaje mucho e incluso les ofrecí dinero, el cual rechazaron.

»Sabes que puedo ser muy convincente cuando quiero —volteo a verla bebiendo de la copa—. Sabía que no podría seguir presionándolos o te hablarían de mí y eso arruinaría mis planes, así que pase a la siguiente opción y comencé a preguntar qué era lo que más se consumía en el castillo. Cualquier cosa, comida, ropa, objetos por insignificantes que fueran.

»Me sorprendió la increíble cantidad de chocolate que se consume en este lugar. Por un momento pensé que eras gorda —la miro de arriba abajo con un descaro que incomodo a Elsa y le entraron una ganas enormes de cubrirse—. Me alegra que esa suposición fuera errada —notó el visible desagrado que le causaba su escrutinio sobre su cuerpo y le encanto causar ese efecto—, me gustan las mujeres con formas delicadas como tú, aun que tampoco le hago el feo a las rollizas con buenas formas.

—Hans vaya al punto, no quiero un monologo sobre su vida y mucho menos de cómo le gustan o no las mujeres —estaba molesta por la forma tan descarada y sin recato con la que esos ojos verdes la veían.

—¿Te molesta te que mire? Eres mi esposa Elsa y me gusta observar tu cuerpo e imaginar cómo es sin ropa —dijo sin pudor alguno con voz grave— tú también puedes mirarme tanto como quieras Elsa, soy tu esposo.

—Me enfada el hecho de qué porque sea mi esposo, se crea con el derecho de mirarme de esa forma tan irrespetuosa —cambio de incomodidad a enfado, poco le importaba a ella ver el cuerpo de Hans—. Le repito que no evite la respuesta ¿Qué es lo que de verdad lo trajo a mi reino?

Hans suspiro y dejo caer sus hombros con decepción. Elsa no se dejo intimidar por sus insinuaciones y ciertamente no se le veía avergonzada como una mujer de buena cuna normal haría, su intento de avanzar en con sutiles sugerencias carnales no surtieron ningún efecto de deseo por parte de ella.

—Descubrí también que una notable cantidad de libros de todas partes del mundo eran llevados a palacio. Arte, ciencia, matemáticas, filosofía, ensayos, ciencias políticas y sociales, geografía, teología, física, química, una gran variedad de libros de arquitectura que solo alguien deseoso de aprender leería. Sabía de buena fuente que la princesa Anna no es una habida lectora de temas tan complejos, ella prefiere novelas de romance y aventura. Así que por proceso de eliminación concluí que tú eras la que pedía todo ese material. Cada dos semanas sin falta venía un encargo de libros nuevos.

»Deduje que la mujer que se hallaba detrás de esos muros, tan inaccesible, misteriosa, inalcanzable y muy diplomática era un ser demasiado inteligente para los hombres comunes que solo la buscaban por su puesto.

A Elsa le sorprendió la acertara deducción que hizo. Alejaba a sus pretendientes por su entonces secreto poder de hielo y por que pronto se dio cuenta que los príncipes, diplomáticos y nobles que iban a verla con intentos de cortejo le parecían unos tontos, ineptos que a la vista saltaba que deseaban una entrada a su reino.

—Le concedo su acierto, continúe.

—Me di cuenta, que ibas a ser un reto que valía la pena —calló de pronto.

—Y ¿qué más? —deseaba saber el resto, su razón para empeñarse tanto en este reino. Era acaso solo el capricho de un hombre son delirios de grandeza que se creía merecedor de algo más digno de él, por qué no soporto nacer con lo que tenía.

—Y no hay más, creí que sería algo entretenido de hacer.

Elsa tenía la boca abierta de la sorpresa.

—Está diciendo que solo vino aquí, a mi reino por que le pareció "entretenido" poder cortejarme —se negaba a creer eso.

—Sí, pensé que iba ser un juego divertido —sin contar que triunfaría donde uno de sus hermanos fallo—, y que si me hacía de un reino y tenía que casarme con alguien para conseguirlo era mejor adquirir una esposa con cerebro.

—¿Esta bromeando verdad? —interrogo con la voz llena de esperanza.

—No.

—Entonces su si objetivo era yo, y su plan original era cortejarme después de mi coronación en…la fiesta supongo —Hans le dio la razón— entonces ¿Por qué fue tras de mi hermana?

—Fue una casualidad encontrarla en los muelles, venia para acá y la atropelle con mi caballo. La reconocí enseguida y pensé que si podía acercarme a ella, sería una excelente forma de acercarme a ti.

—Continúe —presiono Elsa tratando de controlar su creciente enfado.

—Vi su necesidad de atención, estaba desesperada por darse a notar e iba hacer lo que sea necesario lograrlo. Prácticamente se me ofreció con charola de plata.

Elsa apretó sus puños mirando a Hans con los ojos fruncidos y él se dio cuenta qué tenía que ser muy cuidadoso con sus palabras.

—Elsa, ella quería con desesperación algo de cariño, atención. Lo habría tomado de cualquiera que se le cruzara. Toda su vida se la paso encerrada en este lugar, sin el afecto que necesitaba, ella está deseosa de salir y que alguien la notará, sin tener que vivir a tú sombra. Quería que alguien le dijera que era única y especial. Importante para alguna persona allá afuera, porque tú la alejabas.

La reina se mordió su labio interno con culpa.

—Así que decidió aprovecharse de ella, seduciéndola, haciéndole creer que la amaba y fue ahí cuando quiso jugar con mi hermana porque era más "entretenido" que su plan original.

—Lo dices de manera bastante simplificada, pero si.

A Elsa le entraron una ganas grandes de gritar, no podría creer que estaba atada a un ser tan ruin.

—¿Todo esto es un capricho? Quiso venir a invadir mi hogar por un capricho.

—La verdad es que siempre quise un lugar para mí, un reino que pudiera gobernar. Un puesto que me diera poder —y que fuera el lugar donde le diría adiós al dolor que sintió casi toda su vida—, entonces en algún punto después de mi fallido primer intento para hacerme con este reino vi que a pesar de la mezcla de admiración y desprecio que siento por ti Elsa, podía verte como mi igual.

Lo oía y no lo creía. Se quedo sin palabras.

—Te dije que no querías escuchar la respuesta, Elsa querida —finalizo arrastrando esa última palabra.

¿Esta era la forma retorcida de Hans de decirle que gustaba de ella más allá de que le pareciera atractiva físicamente?

—¿Siente admiración y desprecio al mismo tiempo por mí? —se encontraba confundida.

—En partes iguales, me gusta la Elsa que tenía todo lo que siempre he querido para mí: Un reino, poder, admiración, respeto…y tuvo la audacia de mandar todo la diablo para ser libre. Antes habías llamado mi atención pero el día de la coronación cuando vi tú poder definitivamente captaste mi interés.

—Cuando fui coronada reina de Arendelle hice el juramento de proteger al reino de todo mal, y eso me incluye, por eso hui.

—Y en el proceso hallaste a la verdadera Elsa, la que me gusta más —dijo en tono seductor extrañando ese vestido azul de hielo que llevaba en la montaña. Ese que la hacía verse tan sensual y acentuaba sus formas femeninas, no es que se viera menos atractiva con tu ropa normal. Hoy llevaba un vestido azul pálido con un escote redondo al cuello, aplicaciones de flores tejidas blancas y con mangas bombachas largas y pliegues en el puño que la cubría toda, era lindo pero muy recatado.

Elsa se estaba regresando sus formas reservadas poco a poco. Ahora no ocultaba su poder, tenía mayor confianza, era mucho más cálida y abierta; sin embargo su puesto como reina le exigía un mayor decoro por el muy molesto protocolo que la nobleza y el pueblo pedían. Era como una regla no escrita que uno tenía que acatar por prudencia y sentido común.

Ser reina no era una carta libre hacer lo que se te diera la gana, ese puesto conllevaba muchas responsabilidades. Las cadenas de la civilización la iban apresando lentamente y el llamado de la montaña se iba haciendo cada día un poco más fuerte. Extrañaba la sensación de poder explotar su poder sin restricciones.

Ella ignoro el comentario de Hans, no quería pensar en la libertad que perdió cuando regreso a su reino.

Para este punto Elsa se encontraba más tranquila y el hielo de la puerta se había ido, era como si nada hubiera pasado. La única prueba de que había perdido el control era la mejilla de Hans, una ligera quemadura de hielo era visible y una muy oscura parte que vivía en el fondo del corazón de Elsa se alegro un poco por dejarlo marcado por un rato.

Así aprendería tener cuidado con lo que salía de su mordaz boca.

Hans fue hacia la salida, para dejar a su esposa en paz por hoy.

Abrió la puerta y alcanzo a ver por el pasillo a Anna, así que volteo a ver a Elsa y le dijo:

—Te dejo de momento querida, hoy compartimos muchos secretos —hablo lo suficientemente alto para que la hermana menor de la reina escuchara—, no te preocupes que la princesa jamás sabrá de mi lo que tanto quieres ocultarle. Eso es algo solo nuestro —concluyo en tono confidencial.

Salió campante cerrando tras de sí para enfrentar a su ex-prometida a que calculadamente había provocado.

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N/A: Otro capítulo nuevo, donde Hans confiesa algunas cosas muy interesante y hace unas insinuaciones muy sutiles con Elsa a ver qué pesca, pero ella no cae *A*. Y más cosas que me ha dicho Hans que quiere hacer con su esposa tal vez hagan que tenga que cambiar este fic a M, así que no se sorprendan si pasa esto.

Hay un largo camino que recorrer con este par. Parece que los planes del princeso van en factor Yoko para separar a las hermanas, ese hombre siempre tiene un plan malvado debajo de la manga.

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B: Gracias, bueno juntar a Elsa y Hans para que puedan ser una pareja en forma es difícil, pero considero que es posible.

F: Si ya sé que estoy medio loca, mis padres y amigos me lo dicen en el buen sentido claro XD. Gracias.

LA: Palabra, Hans es malo y de nuevas a primeras no se va a sentir culpable. Para llegar al centro del guapo príncipe hay que pelarlo en capas y aún así creo que su núcleo sigue teniendo algo de malicia.

Duran-nomo: Si, a mí tampoco me convence eso de poner a Hans pidiendo perdón de buenas a primeras y que Elsa lo perdone tan rápido. Lo que Hans hizo fue muy ruin y no es algo fácil de perdonar ¡Gracias! Me alagas mucho, hago lo que puedo XD.

Guest 1: Hans es un maldito, siempre tratara de sacar partido a su favor y me parece que es un hombre de mundo porque ha vivido mucho, así que eso lo hace sabio.

Guest 2: Bueno acá el nuevo cap. no mueras, por acá no veras al Hans arrepentido, pero llegare a eso con el tiempo. Tanto Elsa como Hans tienen mucho camino que recorrer.

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Gracias por leer, y acompañarme en esta aventura. Si gustas compartir tus opiniones, tomatazos, bolas de nieve, teorías de conspiración acerca de Hans y Elsa en la caja de comentarios por favor.