Capítulo VI

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La vio caminar por el pasillo directo hacia él en busca de la pelea que había provocado con toda la intención de fastidiar a la pequeña princesa y de paso plantar la semilla de la duda.

Alejar a Elsa de su hermana era un mal necesario si deseaba poder cumplir con su objetivo final. Este juego era como un perfecto efecto dómino, que llevaba con paciencia y pericia. Donde iba colocando las fichas para darles forma y rematar con el leve empujón para que el caos se desencadenara a su favor.

Los delgados labios de Hans dibujaron una ligera sonrisa ladeada, fue muy sutil. Se iba a divertir mucho jugueteando con Anna-la-tonta; que era una chica tan entretenida por su mentalidad tan simplona y visceral.

Anna por su parte escucho con mucha atención lo dicho por aquel cretino que se empeñaba en fastidiar a su hermana y a ella.

No tenía suficiente con haber tratado de robar su reino la primera vez, tenía que regresar por más, el muy mal nacido.

Frunció el ceño enojada, la sola presencia de ese hombre la enervaba, sabía que algo se traía entre manos. Y tal vez no pudo impedir que su hermana se casara con ese frio, calculador y cruel monstruo Jörmundgander*, pero eso no iba a evitar que tratara de separarlos con todas sus fuerzas.

Hans miro divertido como la hermana de su esposa le sacaba el dedo medio y lo miraba con desprecio.

—¿¡Qué es lo que pretendes!? —Exigió saber después de hacer su gesto obsceno en la cara de su indeseable cuñado.

—¿Yo? —Se señalo con fingida inocencia haciéndose el ofendido por la grosería, que más que enojarlo le causaba gracia. Jamás pensó que Anna pudiera cargarse esos modos dignos de un marinero.

—No te hagas el tonto, escuche muy bien lo que le dijiste a mi hermana —recalco ese mi con fuerza, mostrándose territorial.

—Vaya Anna nunca pensé que fueses tan posesiva con mi esposa —reto Hans marcando más fuerte ese mi.

Ambos entrecerraron los párpados comenzando un duelo de miradas.

Verde versus azul.

Esto era cuestión de orgullo para ambos y ninguno se rendiría, ninguno cedería a Elsa.

Anna acababa de conectar con su hermana de nuevo, después de pasar casi toda su vida buscándola; rogando como cachorro por su atención aun que fuera una mirada ¡Cualquier cosa que le indicara que su hermana la quería! Un villano como Hans no se la quitaría, no la merecía.

—No eres digno de ella —pronuncio entre dientes arrastrando las palabras lentamente.

—Ah… ¿Entonces de quien soy digno? ¿De ti?—Dejo caer con burla—. Porque si mal no recuerdo, en cuanto te propuse matrimonio no pensante dos veces en aceptarme.

El golpe bajo de Hans dio justo en la llaga haciendo que Anna pestañeara con ira, perdiendo el duelo de miradas.

—¡Tú me engañaste! —reclamo tratando de mantenerse digna y con la frente en alto, aún le dolía su orgullo por dejarse embaucar tan fácilmente por él.

—Te dije lo que querías escuchar —respondió con frialdad.

—Y yo sé muy bien, que algo de lo que nos contamos esa noche por minúsculo que fuera fue real —de eso estaba cien por ciento segura. El dolor que vio en sus ojos lo conocía muy bien, pues era un reflejo de lo que ella veía todas las mañanas cuando se miraba al espejo antes de darse ánimos, tratando de ser lo más positiva y alegre que pudiera, para ahuyentar la pena y soledad.

—Según Tomás de Aquino hay tres tipos de mentiras —contesto y comenzó a enumerarlas con sus dedos —la útil, la humorística y la maliciosa. Todas son pecado, todas son malas —declaro serio, tratando de demostrar su punto y que Anna viera su malas intenciones con ella desde el principio— ¿Adivina cual de las 3 fuiste tú? O… tal vez fuiste todas.

Declaro el muy cínico, con aires de grandeza.

—Elsa jamás va aceptarte —dijo firme con una mueca de autosuficiencia negando con la cabeza— no importa lo que hagas, ni cuantas plumas de pavo real intentes exhibir, o la "ayuda" comercial que brindes al reino, ni el estúpido contrato que hicieron. De ella no vas a sacar nada, porque sabe lo podrido que estas. Solo mira tu cara —era ahora Anna la que se burlaba de él con ganas— solo llevan un día de casados y ya te dio una tunda.

"Que merecidamente se gano, seguro" pensó ella con entusiasmo. Ya sabía ella que Elsa también podía dar buenos golpes cuando se lo proponía, era de familia seguro.

Hans acaricio su mejilla, trémulo ladeando su rostro, relajando su rictus para sorpresa de Anna.

—Esto es un recuerdo de ella, es una marca que nos une y sella nuestro acuerdo no escrito sobre guardar nuestros secretos.

Anna bufó incrédula rodando los ojos ante la sarta de tonterías que escuchaba.

—¿Secretos? ¿Ustedes? —Dijo cruzándose de brazos restándole importancia a lo dicho por ese príncipe arribista—. Ni que fueran tan íntimos como para confiarse algo. Estas peor de lo que pensaba si crees que un golpe en la cara, como ese, que te marque de esa forma es signo de confianza. Estoy segura que me encantará la historia cuando me la cuente Elsa —concluyo con entusiasmo aplaudiendo y dando brinquitos.

—Lo que un ser tan pedestre con tú crea o no, carece de importancia para mí —y así de nuevo Anna-la-tonta se encontraba cayendo en su redes.

No importaba si le creía o no lo que iba a decirle, sino que lo escuchara.

—Mi hermana y yo no nos guardamos secretos. Tenemos la política de puerta abierta —rebosaba de confianza.

Hans paso su mano por su nuca pelirroja mirando con aire distraído, como restándole importancia a su siguiente frase calculada.

—Claro, claro a ti no que guarda secretos. Me había olvidado por completo por qué no te conto que el reino estaba en peligro de ser invadido e ir a la guerra. Y que esa fue la verdadera razón de peso para aceptar casarse conmigo ¡Que tonto fui! —Termino exclamando viendo con todo gustoso placer como la cara de Anna se ponía en estado de shock.

—¡No, espera qué! —su cara era poesía pura para Hans.

Sus ojos alegres se volvieron opacos y boca estaba abierta al máximo, a su piel rosada se le fue el color de inmediato y su vena alegre y positiva se fue muy, muy lejos. Parecía un espectro, su transformación instantánea de princesa a figura fantasmal; era algo que el príncipe encontró bastante entretenido.

—Lo que escuchaste —expreso lento y deletreo la temida palabra guerra a su ex-prometida deleitándose con su rápido cambio de humor.

—Mientes, mi hermana jamás me ocultaría algo tan grave e importante —se negaba a creerle. No obstante sabia muy en el fondo de su corazón que Elsa si era capaz de eso, para protegerla, después de todo la seguía tratando como a una niña que necesita correa de seguridad.

Y eso la decepcionaba mucho, creía que ya le había mostrado a su hermana que ella también era una mujer fuerte y que podía salvarse sola.

—No, claro que no. Después de todo Elsa es tú querida hermana y tú eres la princesa de este reino ¡Cómo es posible que un extranjero como yo, que solo es el consorte de la reina iba a saber más! —Fingió pena por Anna, cerrando los ojos lamentándose.

—Cállate, que de tu boca solo sale veneno. Eres un Jörmundgander que desea tragarse todo lo está a su paso, tu único deseo es hacer daño.

—¡Un Jörmundgander! Anna me alagas demasiado —soltó la carcajada de buena gana, jamás lo habían comparado con una bestia tan formidable y terrible. Una serpiente marina que se comería al mundo cuando el Ragnarok** llegara. Tal vez Anna no era tan tonta después de todo, termino pensando.

—Elsa no me guarda secretos —se seguía aferrando a esa minúscula esperanza.

—Anna, ella es mi esposa. Es obvio que compartimos secretos y vivencias que nunca va a contarte y no por protegerte —destaco al final. Y eso era verdad, Elsa guardaba sus misterios para sí por vergüenza y se auto-castigaba por sentir lo que sentía.

—Mientes, mientes —repetía como mantra aferrándose a la orilla de abismo donde Hans la había conducido sin que se diera cuenta.

—Lo que tú hermana y yo compartimos es pri-va-do —dijo lento señalando como si era lo más obvio del mundo—, y lo que pase en nuestra vida privada es solo nuestro —siguió con tono confidencial— y me reservo el derecho y deber de guardar nuestros asuntos de alcoba como se debe. No es correcto sacar a relucir nuestros asuntos con terceros, debo respetar los deseos de mi esposa —menciono con todo el propósito de molestarla.

—Elsa jamás me guardaría un secreto, prometimos compartirlo todo, ella es mi hermana, mi familia y tú no eres nada para ella. Nunca lo serás.

—A mi no me tienes que explicar nada, yo sé donde estoy parado. Si quieres saber lo que Elsa guarda en su corazón con tanto recelo ¿Por qué no vas y se lo preguntas? En fin y al cabo no son mis secretos, son los de ella.

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Para Hans el día había pasado muy rápido, después de plantar la discordia en Anna y encontrarse ocupado haciendo de anfitrión con los invitados de la boda que se despedían con entusiasmo, dejando saber sus mejores deseos para el reino de Arendelle y su matrimonio.

No vio a ninguna de las 2 el resto de la jornada.

Elsa estaba ocupando su mente en revisar minuciosamente los contratos comerciales, para evitar pensar en la discusión que había tenido con Hans.

Anna por su parte se fue a refugiar a los establos con su mozo y el reno extraño que actuaba como perro.

A él de nuevo para no variar en la rutina le toco hacer el trabajo diplomático en la compañía del muñeco de nieve de su esposa. Elsa lo había mandando como…a falta de mejores palabras: ¿Su represéntate?

Olaf tenía la suerte de ser encantador y que todo el mundo o casi todos, lo encontraran tan simpático.

Con el muñeco de nieve era fácil evitar que alguien preguntara por la clara marca de una mano en su cara. Y a los pocos que tuvieron el atrevimiento de preguntar le dijo que había tenido una "mañana agitada" con su esposa, sin más ni menos.

No veía la hora en la que todos se marcharan de una buena vez de su reino. Porque si, ya lo consideraba suyo. Lo único que faltaba era que Elsa le diera la corona y el título de rey que obtendría después de cumplir un año juntos. Eso también era una clausula del contrato que hicieron.

Mañana a primera hora, se iría con Elsa de luna de miel a recorrer los pueblos más apartados del reino para aplacar el creciente descontento por la falta de alimento gracias a la gran helada que causo en el verano. Iban a llevar comida, ver qué cosas les hacían falta y a que los vieran como una pareja. En fin, sería una gira meramente de trabajo nada más, le dejo en claro su esposa aguafiestas.

Estar a solas con Elsa en este viaje era lo que Hans llevaba esperando hace tiempo, en el transcurso pensaba redoblar esfuerzos para seducirla.

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El portazo que dio la princesa al salir de la habitación que compartía con Elsa le supo a gloria y escuchar el final de la fuerte discusión que tuvieron las hermanas lo llevo al edén.

Sabía que gracias él habían reñido, por desgracia no había llegado a tiempo para saber cómo inicio y se desarrollo la pelea. Solo supo que cuando iba entrar oyó a Anna gritando:

—¡No soy una niña a la que tengas que proteger!

—Anna no seas ingenua, lo hago por tu bien —trataba de calmarla Elsa.

—¡No puedo creer que hayas confiado más en él que mí! —se le escuchaba herida y a punto de llorar—. Teníamos una promesa, siempre juntas ¿Lo recuerdas? O es que no significa nada para ti ahora —eso último sonó demandante reclamo y dolor.

—Anna, por favor no… —su voz se fue apagando y no pudo distinguir qué fue lo que dijo el final.

—Yo también te quiero Elsa, más de lo que te puedas imaginar. Eres mi hermana, mi familia y después de todo lo que pasamos creía que te había recuperado por fin —ahora estaba seguro de que Anna lloraba a rienda suelta.

—Nunca me perdiste —el tono afligido que escucho de Elsa casi lo hizo sentir mal, casi pero no.

—¿Por qué no siento que eso sea verdad? —Pregunto Anna decepcionada y más calmada.

Al poco rato la escucho ir a la puerta y le vio salir con lágrimas muy aprisa y ni reparo en su presencia.

Hans entro y vio a una Elsa decaída acompañada de unos ojos apagados. Se encontraba sentada sobre la cama sin maquillaje, vestida con su camisón para dormir blanco de algodón y sus largos y ondulados cabellos libres de su clásica trenza.

No había signo de llanto como pensó que la encontraría, solo veía desolación.

Confusión.

Pena.

Dolor.

—Si pensaba en morir, mi deseo de morir era puro. No tenía dudas, mi mente se encontraba calmada y con una resolución absoluta de que hallaría paz si tú me asesinabas Hans. Era un favor, porque en un mundo sin Anna, no es mundo —declaro dirigiéndose por primera vez de forma informal a su esposo que la veía y le parecía tan lejano.

—Lo sé —contesto comprensivo.

—No puedo decirle eso a mi hermana, no puedo. No es correcto —declaro frunciendo el ceño afligida colocando su mano diestra sobre su boca, para tratar de callar las terribles ganas que tenía de gritar.

Tenía que recobrar el control de sus emociones. Amaba a su hermana y daría la vida gustosa por ella, pero ese secreto no podía compartirlo.

—La moralidad es por mera estética, decisión tras decisión. No lo que es que es correcto, o, incorrecto, sino la estética del momento. Lo que te hace sentir mejor. Lo que era bueno o malo para las personas es cuestión de cómo lo mires.

Elsa frunció el ceño incomoda porque ella pensaba de manera similar en ese aspecto "La ética y la moral se encontraban en la mente de cada uno y puede diferir de la ética moral de la sociedad."

Había llegado a esa dolora verdad después de la muerte de sus padres y la reafirmo cuando descubrió la respuesta para tener en control sus poderes.

Aceptarse a sí misma totalmente sin pensar en lo que los demás dirán, sin tener que preocuparse por que le haga daño alguien y el amor tanto a sí misma como a los demás seres que apreciaba.

Odiaba que sus padres la condenaran al ostracismo, por temor a que ella le hiciera daño alguien y que jamás aceptaran del todo el hecho de tener a una hija con poderes. La ocultaban por que la querían y creían que hacían lo correcto, pero le hicieron más daño que bien. Fue una decisión inevitable para ellos; pues sabían lo que sufría por estar aislada, más el peso social fue más fuerte. Por su seguridad y de los que la rodeaban, lo comprendía pero no por ello dejaba de ser tan doloroso.

Hans le miro con atención analizando con sumo cuidado sus ligeras y casi imperceptibles expresiones faciales. Tratando de leerla, con ella siempre le costaba saber en qué pensaba. Elsa dominaba con gran maestría el arte de ocultar sus sentimientos cuando se lo proponía. Su cara de póker era casi impenetrable, la única pista que tenía era ver sus grandes ojos azules, su iris podía agrandarse o contraerse por milisegundos cuando se alteraba y su respiración se hacía más lenta y pausada.

Y justo ahí están esas sutiles pistas de que ella estaba pensado, muy seriamente lo que dijo. Eso era bueno, que le escuchara, no tenía que creerle o compartir su opinión solo oírlo para sembrar su semilla en ella y esperar que germinara poco a poco.

—Para muchos tu poder viene del mismo Satán, como el Duque de Weselton asegura que eres una bruja de hielo. Para él lo correcto es eliminarte y eso es lo que pretende, pues te tiene mucho miedo y el miedo es como la gripe, le da a uno y pronto otros dos más se le unen en el contagio —comento Hans tratando alejándose apropósito de la discusión que él causo.

—Y usted no me tiene miedo…¿Por qué? —Volvía la fría formalidad de Elsa hacia Hans.

—Porqué eres sé que no haces daño adrede, es más te culpas a ti misma si algo malo le pasa alguien. Eres capaz de renunciar a todo lo que tienes por defender lo que amas; a los que dependen de ti, sin embargo también eres capaz de pelear con todo para defenderte cuando estás sola —. Dijo Hans recordando lo que Elsa dejo atrás cuando huyo del castillo al quedar al descubierto su poder y como estando sola en la montaña iba a matar a un par de soldados por defender su nueva libertad.

»Ahora tu reino depende de ti nuevamente y el amor que tienes por tu hermana hizo que regresaras. No vas arriesgar todo lo que se has logrado en estos meses restableciendo el reino y el sacrificio de casarte conmigo.

»Tu moralidad te lo impide y porque te sentirías muy mal después.

—Entonces acepta que soy capaz de matarlo si le hace daño a mi hermana —afirmo dura Elsa.

Sabía muy bien quién era el responsable su pelea con Anna. No quería que Hans le siguiera metiendo ideas y que causara una ruptura irreparable entre ellas.

Hans pesco al vuelo la sutil amenaza de la bien llamada Reina de las nieves y quedo fascinado.

—Todos somos capaces de matar por la motivación correcta Elsa, querida. Ya impedí una vez que te mancharas de sangre las manos y pienso seguir manteniendo esas bellas manos limpias, no quiero te mancilles tu pureza con eso. Para eso estoy yo, que tengo mi cuerpo bañado en sangre, y puedo seguir así por siempre.

Elsa quedo sin palabras, acabada de hacerle una promesa espantosa y conmovedora al mismo tiempo.

Hans quería rodear a Elsa con su oscuridad, para que ella fuera su luz, después de todo, la luz brilla y se aprecia más cuando tenía negro de fondo.

Tal vez ella era la única que podía llegar a entender su existencia, verlo como un igual y contrario al mismo tiempo, con quien compartir y repeler.

La dualidad perfecta.

—No vuelva a meterse con mi hermana.

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Definiciones cortesía de la wiki.

Jörmundgander*: Serpiente marina gigante de la mitología nórdica la cual mordiéndose la cola podía rodear al mundo. Hijo de Loki y Angrboda.

Ragnarok**: En la mitología nórdica, es la batalla del fin del mundo.

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N/A: ¡Hola! Perdón por el retraso, pero mi musa no quería cooperar, en mi mente todo está muy claro pero cuando me pongo a escribir las palabras se me escapan, y no soy capaz de plasmar lo que quiero.

Este capítulo me quedo muy denso, no me gusto como me quedo pero fue lo mejor que pude sacar y si sigo exprimiéndome no va a salir capitulo nuevo jamás D:

Y ya sé que Hans se porta muy patán pero es necesario, no me odien –me escondo detrás de Olaf para que me dé un abrazo–.

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F: Si a Hans dan ganas de darle a palos, pero tranquila que poco a poco irán limando asperezas y veras como su convivencia mejora con Elsa.

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Gracias por leer, bolas de nieve, tomatazos, abrazos y lo que quieran decirme en la caja de comentarios.