Capítulo VII
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La noche había sido larga, demasiado para su gusto, Elsa no podía dejar de pensar en todo lo que había vivido estos meses desde que llego Hans. Todo había sido tan rápido y de un momento a otro se había visto envuelta en esta desgracia, la desgracia más grande que había tenido que pasar en su corta vida y esa, por supuesto, era estar casada con Hans.
Y con el antecedente, de los terribles problemas que había enfrentado desde niña, gracias a sus poderes era mucho decir.
Casarse con un príncipe guapo no era un sueño rosa e ideal como se decía en los cuentos, esto era una carga mortal.
Toda su vida, desde que tuvo conciencia de lo que quería, deseo libertad y ahora…
Elsa miró su anillo de bodas con desagrado.
Ese pequeño objeto a su parecer, se veía más como un par de esposas que la tenían prisionera.
El reino de Las Islas del Sur siempre había estado interesado en conquistar Arendelle debido a la conveniente posición estratégica de su costa norte.
Ambos reinos había chocado constantemente en conflictos militares por los deseos de expansión que los sureños tenían.
Su padre, el rey Agdar tuvo que hacer una alianza con el rey Eric, del reino vecino para evitar una guerra hace casi treinta años.
Suspiro cansada, al pensar en las pocas alianzas políticas y comerciales que le quedaban.
Estaba muy agradecida con el reino de Corona y Dinamarca por quedarse a su lado, sin embargo dos reinos aliados contra el resto del planeta no era suficiente.
En cuanto salió a la luz el gran secreto de su condición, fue llamada bruja y el resto del mundo se paso de inmediato apoyar al odioso reino de Las Islas del Sur.
Arendelle quedaría estancado si no recuperaba la confianza de los países colindantes.
Lo único bueno que tenía Hans, era su capacidad de poder encantar a las personas y engatusarla en sus redes para bailaran al son de su batuta.
Poseía carisma, algo de lo que ella carecía.
Tenía toda la razón al decir que la boda era un gran comercial, donde se tenía que vender la gran gracia y estabilidad de sus poderes.
Cambiar el enfoque de bruja de las nieves malvada a Reina de las nieves.
De monstruo a curiosidad, era lo mejor.
Aún que eso no evitaba que siguiera sintiéndose como mono de circo, que tenía que hacer su gracia para que lo recomenzaran con alguna golosina si hacia bien su show.
Toda esta situación le parecía humillante.
Y Anna, ¡oh Anna!
De nuevos los secretos se interponían entre ellas.
No quería hacerla sentir culpable o preocuparla con la amenaza de una posible invasión.
Todo lo que había hecho siempre, desde que eran niñas fue para protegerla.
Borrar su memoria, ocultar sus poderes, alejarse de ella…
No podía dejar de ver su hermana como la niñita de cinco años que la animaba a usar su magia, que jugaba con ella haciendo travesuras en el palacio, escabulléndose a la cocina para robar chocolate y atascarse hasta marearse, escapar de las clases aburridas de matemáticas y sobre todo las horribles de protocolo para ir hacer muñecos de nieve en el jardín.
Miró en dirección de la ventana de su habitación para ver al patio y el rostro de Elsa se ilumino al pensar en los bellos momentos que pasaron juntas.
Fue una época maravillosa que guardaba en su memoria con infinito cariño.
Se negaba a volver a perderla y menos por culpa de las viperinas palabras de Hans.
Tenía que hablar con Anna antes de irse al horrendo compromiso de viaje que suponía la "Luna de miel" o como ella y Anna bautizaron como: "Viaje de espanto en compañía con el diablo."
Anna tenía todas las razones correctas para estar molesta, muy a su pesar debía dejar de tratarla con la delicadeza de una figurita de porcelana por miedo a romperla.
Su hermana enfrentado los problemas de frente era el ser más valiente, determinado, fuerte y feroz que conocía.
También era compasiva, dulce, comprensiva e inteligente.
Ella era su heroína, el ser que más amaba y admiraba en el mundo. Anna podría con la difícil situación que enfrentaba al ser forzada al contraer matrimonio con su enemigo.
Tal vez no era capaz de contarle todo lo que habitaba en su corazón, pero si una gran parte. Merecía saberlo cómo su hermana y princesa de Arendelle.
Una vez que se decidido fue directa al baño para arreglarse y buscar a Anna antes de partir.
Todavía era temprano y su indeseable esposo seguía dormido en el incomodo diván con una pesada cobija de piel de reno. Parecía que había pasado algo de frío y eso le termino de alegrar la mañana un poco.
Y solo para estar segura de que su incomodidad fuera completa le lanzo una ligera brisa de viento helado debajo de su abrigo, para que le dieran unos cuantos escalofríos más.
Sonrió de lleno cuando lo vio templar y abrigarse más.
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Hans se despertó justo en el momento en que Elsa cerró la puerta del baño, la cual miro con odio puro.
El frío le calaba los huesos y sabía que ella lo había hecho apropósito, para obligarlo a mudarse de habitación y dormir en otro lugar.
—No querida, ni la incomodidad y un poco de viento helado me van a sacar de aquí —hablo a lo bajini, decidido a no dejarse vencer por los sutiles y no tan sutiles: Largo de mi cuarto, que no eres bienvenido, que le enviaba cada vez que se presentaba la oportunidad.
Vino preparado para eso.
Su ropa térmica no era bonita ni cómoda pero le daba calor por las noches.
Pantalones, camiseta, guantes y gorra de lana gris de carnero de pelo largo.
"Si los vikingos fueron capaces de sobrevivir a los inviernos más crudos con estas prendas, entonces, yo sobreviviré a Elsa." Pensó Hans dándose ánimos.
Este día iba a ser uno muy ocupado e iba a comenzarlo con el pie derecho.
Hace tiempo que había dejado de lado sus rutinas de ejercicios, por organizar la boda y era hora de volver a la tan ansiada rutina.
Y como ser disciplinado y controlador que era, necesitaba tener su cuerpo en forma, sano.
Pensaba gobernar Arendelle por muchos años.
Cuando Elsa salió del aseo con su inmaculado vestido verde se quedo sin palabras ante lo que vio.
Hans, colgado de cabeza en uno de los doseles de la cama haciendo abdominales con su pantalón como única prenda.
—Buenos días —saludo él disfrutando la cara de sorpresa de su esposa.
Se encontraba salpicado en sudor sobre su piel ligeramente bronceada por sus días de almirante.
Elsa vio su pectorales, bíceps, cuádriceps y brazos bien torneados adornados con ligeras pecas, en un rápido vistazo.
—Buen día —contesto lenta y algo confundida al verlo así—. Le informo que tenemos una habitación con las herramientas necesarias para hacer ejercicio en palacio —finalizo desviando la mirada, le incomodaba verlo con tan poca ropa.
Su pudor jugaba en contra suya en este momento causándole gran incomodidad.
Nunca había visto el torso en un hombre desnudo en vivo, solo en algunos libros.
—Me gusta ejercitarme por las mañanas en mi habitación —recalco, sin perderse el detalle de cómo Elsa miraba a todas partes menos a él.
—Pues el lugar correcto para hacerlo es en el gimnasio, no aquí en mí recamara —señalo en tono regañón, claro sin pasar por alto como Hans indicaba que no se iba a ir a otro lugar a descansar por las noches.
El pelirrojo bajo de un salto del tubo con rapidez y se acerco a Elsa.
—Te perturba que haga mis actividades físicas aquí o... —busco el rostro de la rubia con sus intensos orbes verdes, agachando su cabeza para entrar en su campo visual— verme así.
—Ambas —dijo firme y frunciendo el ceño enojada para enfrentarlo cuando sus ojos se cruzaron. No iba amedréntala.
—Pues acostúmbrate a las dos cosas —sonrió de lado casi burlándose—, puedo hacer ejercicio donde quiera y resulta que me apetece hacerlo en nuestra habitación. Además te serviría de mucho que vayas conociendo mi cuerpo —agrego en jocoso—, aun que solo sea de vista.
Indignada retrocedió para salir del cuarto con la frente en alto, claro no sin antes dejarle un regalito a su marido por su insensato comportamiento.
—¡Elsssaaaa! —clamó Hans cuando una nube con pequeños copos de nieves comenzó a caer sobre su cabeza.
—¡Pues acostúmbrate a eso! —Contesto fuerte desde el otro lado de la puerta antes de irse a ver su hermana.
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La reina llevaba toda la mañana tratando en vano hablar con su hermana, y se estaba preocupando mucho al ver que la estaba evitando.
Un enorme sentimiento de inseguridad la invadió.
Anna jamás la había eludido.
Su primer indicio fue cuando toco a su cuarto y esta se negó abrir.
Volvió a tocar insistente, por que podía escucharla respirar del otro lado. Sin embargo por más que le rogó dejarla pasar para hablar, la puerta no se abrió.
Fui inútil.
Frustrada y triste entendió de primera mano cómo era estar del otro lado, como se había sentido Anna en el pasado, todos esos años tocando sin respuesta.
Unas enormes ganas de llorar la invadieron.
—Anna, no quiero irme sin hablar —pidió con un nudo en la garganta—. Sé que lo que hice estuvo mal, solo lo hice para protegerte. Todo lo que soy y hago es para que tú seas feliz y este a salvo. Sé que obré mal y lo entiendo.
Sin saber que hacer o decir para que le permitiera el paso, comenzó a crear con su magia de hielo un girasol –la flor preferida de Anna–, con un lo siento en el centro y la colgó en su entrada.
No disponía del tiempo para seguir ahí.
El viaje que tenía que hacer con Hans contenía un itinerario muy apretado.
Si no fuera algo tan necesario, lo dejaría de largo para quedarse acampar enfrente de la recamara de su hermana y esperar a que saliera para hablar.
A lo lejos Hans vio con animadversión la ofrenda de paz que Elsa dejó para Anna.
Sus planes se iban a ir a la basura si ese par se reconciliaba antes de su partida.
De alguna forma vería la forma de impedir que se vieran.
—Elsa —llamó fuerte para que Anna lo escuchara—, los preparativos para partir están listo. Tienes que apresurarte hablar con los sirvientes y el consejo que se va a quedar a cargo durante nuestra ausencia.
»Cuidar el castillo es una labor muy importante —recalco solemne.
La rubia suspiro con decepción y hastió.
Sabía que tenía razón y eso fue lo que más le molesto; sin dirigirle la palabra fue a cumplir con su deber.
Cuando Elsa quedo fuera de su campo de visión, Hans se recargo en pared con los brazos cruzados con aire despreocupado a un lado de la entrada del cuarto de Anna.
—No es decepcionante, cuando tus padres o en este caso tú hermana —señalo vehemente—; le da una labor a otro que sabes que es tuya por derecho. A mí me parece que no te considera suficientemente responsable para mantener el castillo —habló serio, conocía muy bien ese sentimiento de desilusión.
En cuanto escucho pasos que se alejan de la puerta se fue.
Sí, conocía muy bien el sentimiento de impotencia por el que Anna estaba atravesando, ella no estaba molesta con Elsa, solo infinitamente decepcionada. Y eso era peor que solo estar molesta.
La decepción implica cosas más complejas de fondo, una expectativa destrozada es un golpe duro y más si viene de un ser querido.
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Sin Anna al alcance, Elsa tuvo que ir por el plan B para hacer llegar sus palabras.
Después de dar algunas últimas ordenes y afinar los detalles de su viaje se dirigió a las caballerizas, en busca del único ser que era capaz de calmar a su hermana y hacerle entrar en razón.
—Buen día Kristoff, Sven —habló Elsa amigable, inclinando su cabeza a modo de saludo.
—Buen día su alteza —dijo Kristoff mientras su fiel reno movía la cola y las orejas feliz de ver a Elsa con un par de zanahorias entre las manos.
—Kristoff ya te he dicho que no es necesario que me hables de forma tan formal, con solo decirme Elsa está bien.
Entro de lleno y se dirigió a Sven con su alimento favorito para dárselo, al tiempo que acariciaba sus orejas.
—Lo siento me cuesta trabajo dejar de hacerlo. No me acostumbro.
—No tienes que disculparte, solo quiero que cuides a Anna durante mi ausencia. Odia estar sola y…
Sus palabras quedaron en el aire.
—Sigue molesta por la boda.
—Sí.
—Ser reina es complicado, hay que hacer cosas que a uno no le gustan por un bien superior —se compadeció poniendo un gesto comprensivo en su rostro normalmente serio.
—Exacto, y por eso quiero evitarle a Anna esas cadenas. Quiero que sea libre de hacer lo que quiera y haré todo lo que esté en mi poder para lograrlo.
—No creo que sea necesario, Anna sería mucho más feliz si la dejaras ayudarte, cuidarte, protegerte.
—¿Tú crees? —pregunto con los ojos iluminados por esa valiosa información.
—Claro, ella es así.
Elsa río de lleno, Sven le hacía cosquillas con su hocico y lo siguió acariciando a Sven hasta que se termino sus zanahoritas.
—Solo cuídala, por favor — tener a Kristoff a lado de Anna le daba cierta paz. Él era un buen hombre para su hermana.
—Lo haré, aunque si no le molesta que se lo diga…Creo que ella es muy capaz de cuidarse sola, lo único que quiere es que reconozcas su fuerza su majestad, digo Elsa —se corrigió rápido al final, recordarse que ella gustaba de la informalidad entre ellos.
—Anna es el ser más fuerte y noble que conozco, por eso quiero que sea libre —finalizo saliendo de los establos, tenía una carroza que abordar.
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La reina miro por última vez su hogar y se despido con un abrazo de Kai, Gerta y Olaf; el viaje que haría era largo y regresaría en un par de meses.
La comitiva que iba con ellos era más grande de lo que pensó en un principio, pero Hans había insistido pues debían llevar alimentos, semillas y algo de dinero para arreglar los estropicios que causo con su arrebato en la gran helada.
Treinta soldados suyos y otros diez provenientes de las Islas del Sur, junto con cuatro caravanas grandes para trasportar la comida y las valiosas semillas a las dos decenas pueblos lejanos que visitarían.
Esta sería la primera vez que dejaba palacio por tanto tiempo y recorrería su reino a cabalidad.
Se sentiría feliz y muy emocionada sino fuera por la horrible compañía.
Miro con el ceño fruncido a Hans cuando le extendido la mano para ayudarla a subir al carro, y sin decir nada decidió arreglárselas para hacerlo ella sola.
No quería nada de él.
Por su culpa no se había podido despedir de Anna.
Una vez sentados observo con disimulo y algo recelo a su marido sentado a un enfrente de ella. Ambos iban en la carroza en silencio y se podía cortar con un cuchillo bien afilado la tención que sentía en esta posición.
Siempre había soñado hacer un viaje similar en compañía más grata, con Anna.
Esto era una decepción.
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N/A: Y que regreso con esta historia, ¿alguien la extraño?
*Y que me escondo detrás de una piedra, por estar tanto tiempo desaparecida*
Sé que este capítulo es más que nada de transición, pero oigan lindas que salió Hans sin camisa y Elsa lo puso en su lugar eso vale algo ¿no?
También salió mencionado el príncipe, ahora Rey Eric. El guapeton esposo de la hermosa Ariel *A*
El próximo episodio vine con más acción y espero no tardan tanto en actualizar. Si todo va bien espero que la próxima semana, máximo dos suba lo que viene.
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Una vez gracias por los comentarios, se siento especial al recibirlos XD. Ya saben cualquier cosa que quieran aportar, decir, recomendar, corregir y demás en la caja sensual que acá abajo.
Que la fuerza Helsa las acompañe, tienes las bendiciones de la sensual Jedi Elsa.
