Capítulo VIII
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El silencio sepulcral junto con el lento y rítmico vaivén que los mecía en la carrosa, por culpa del camino pedregoso era algo bastante incomodo, como el aire que rodeaba a la pareja; el cual era denso y Hans miraba a Elsa a detalle.
Desde sus pequeños pies enfundados en su calzado de color verde menta con una tira de encaje beige en el ruedo, que hacían juego con su vestido con godets, escote ojal y manga tres cuartos que se pegaban a sus delicadas curvas como piel de uva, hasta seguir con su largo cuello adornado con un discreto collar de perlas de rio.
No traía abrigo para el viento helado del invierno que llegaba.
El día de hoy había decidido peinarse con un moño bajo y una peineta adornada con una flor de azafran, planta originaria del reino e inspiración del escudo real.
La mirada ausente de Elsa, lo forzaba a seguir tratando de dilucidar como hacer conversación con su renuente esposa y evadir el mutismo.
Se inclino un poco hacia adelante, recargándose en sus piernas, analizando sin mucho éxito cuál era el libro que Elsa llevaba en su regazo. Sus hojas amarillentas y el lomo gastado de color azul le decía que era un tomo que se leía con regularidad.
Elsa por su parte suspiro removiéndose en su asiento inquieta, mirando la misma hoja del libro que traía desde hace media hora, abordando sin éxito su lectura, pues la insistente mirada esmeralda de Hans la incomodaba terriblemente.
Sentía la intensidad con la que la estudiaba desde que salieron del pueblo a las afueras de palacio y se adentraron al bosque, trató de ignorar al hombre. Primero poniendo toda su atención al delicioso paisaje del frondoso bosque cubierto de nieve que le brindaba la bendita ventanilla.
Se concentro en la belleza que la madre naturaleza brindaba, el olor a limpio de los arboles, la sensación de fresco en su rostro, la suave briza que tocaba sus rubios cabellos y jugaba con ellos. Pero Hans comenzó hablarle de los distintos tipos de flora y fauna que se encontraban en su reino y le arruino la vista.
Deslizó la cortina para cerrar e ignoro su intento de conversación dando respuestas escuetas.
¿Qué si fue grosero? Claro que sí, pero seguía muy disgustada con él.
Y aun que fuera una mujer que contaba con una educación y modales exquisitos propios de su noble cuna, no podía ser ni diplomática, educada, amable y mucho menos lo suficientemente racional con Hans como para entablar una conversación civilizada.
Alteraba demasiado sus emociones, en especial las negativas.
Tenía que mantener sus sentimientos en calma, ponerse a pensar en su lugar feliz y básicamente encerrarse en su burbuja, para que no comenzara a nevar sobre su cabeza en señal de molestia.
— ¿Qué libro lees? O más bien que libro tratas de releer —dijo Hans tratando de iniciar una vez más conversación forzada con la rubia.
Elsa cerro de golpe su tomo, cerrando sus párpados con frustración y tratando de contar hasta diez para calmar su ansiedad. Después de dar un profundo respiro y soltar con lentitud el aire acumulado, mientras acariciaba la tapa con toque suave para tranquilarse y se decidía a contestar.
—Los Elementos de Euclide —respondió con cierto tono snob. Segura de que no sabría ni de que se trataba el libro y que una vez, que le explicara que era de geometría y matemáticas la dejaría en paz de una buena vez.
—Oh, que interesante ¿Cuál de los trece volúmenes? —dijo con una sonrisa de lado adornando sus delgados labios, sin dejarse intimidar por el tema.
"Puede que no sea un genio matemático, pero se lo suficiente para defenderme en el terreno querida." Pensó Hans desafiándola con la mirada burlona a continuar con el tema.
—El primero —contesto de mala gana y entre dientes. No podía creer que él supiera lo que contenían esos libros, y que claramente la estaba retando a callarlo de una buena vez lo que faltaba del viaje, si ganaba esta ronda de conocimientos.
—Puntos, líneas, longitud, anchura, ángulos y triángulos —miro el muy leve casi imperceptible mirar de asombro de ella— ¿Te sorprendo? —Se señalo con su mano en su pecho—. Elsa tu sabes de geometría y arquitectura —se inclinándose hacia atrás para recargarse de forma relajada en el mullido asiento de terciopelo azul—. Yo sé de barcos y cartografía, querida. Obviamente se dé puntos, líneas y ángulos —ahora extendía sus largos brazos a lo ancho del respaldo del asiento mientras se cruzaba de piernas.
"Eso lo juzgaré yo" pensó Elsa decidida alzando su mentón en señal de aceptar el implícito desafío de conocimientos. Iba arrastrarlo por el suelo, lo dejaría tan mal parado que no volvería a osar a dirigirle palabra en lo que restaba del viaje.
"Dispara Elsa, dame tú mejor golpe" decían las orbes verdes de Hans reflejando sus ideas. Porque con su esposa, valerse de sus atributos físicos y palabras cursis no era suficiente para seducirla. Tenía que demostrar su inteligencia y así forzarla a entablar conversación con él.
—Así que haces mapas —fue más afirmación que pregunta por parte de Elsa y con cierto tono de escepticismo. Ella también podía meterse en otros campos de estudio y dar pelea.
—Sí, es algo que se aprende en la marina, después de todo soy almirante. Hacer mapas es un arte muy complejo digno de mí —presumió alzando el mentón con orgullo, era la oportunidad de que Elsa lo conociera un poco—. Para leer mapas hay que saber de latitud…
—La distancia angular que existe desde cualquier punto de la Tierra con respecto al Ecuador —dijo sin dejarlo terminar su explicación, decidía a tomar la delantera.
—Exacto, todos los puntos se ubican sobre el mismo paralelo tiene la misma latitud. También se necesita la longitud —contesto moviendo la cabeza de forma afirmativa y alegre. Por fin tenían una conversación decente, aun que algo competitiva.
—La distancia que existe desde cualquier punto de la Tierra con respecto a Greenwich. Los puntos sobre el mismo meridiano tiene la misma longitud. Los polos Norte y Sur no tienen longitud —hablo Elsa como si estuviera haciendo un examen oral algún antiguo tutor de su niñez.
—Y la altitud es la distancia vertical de un origen dado, considerado como nivel cero, para el que se suele tomar el nivel del medio del mar —expuso Hans viendo que Elsa se había metido en su terreno para silenciarlo, tratando de hacer que retrocediera e intimidarlo por sus conocimientos.
Una muy buena táctica, para despachar a los hombres comunes que no eran capaces de seguirle el ritmo y decidían que era mejor dar la vuelta. Solo que él no era un hombre corriente e iba a demostrárselo.
No daría marcha atrás a lo que había iniciado, ahora era su turno de meterse en su campo: La geometría.
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Mientras tanto en el castillo de Arendelle, Olaf trataba de abrir la entrada del cuarto de Anna poniendo su nariz de zanahoria en la cerradura con Kristoff viendo desde lo alto.
— ¿Seguro que puedes abrir con eso? —pregunto escéptico el joven repartidor real de hielo.
— ¡Claro es muy fácil! —Dijo en muñeco de nieve girando la hortaliza—. Además Anna nos necesita, esta triste y hay que darle abrazos.
—Y si mejor tocamos la puerta —afirmo el rubio dando un par de golpecitos—. Anna, ¿podemos entrar?
La puerta se abrió.
— ¡Lo logre! —salto Olaf contento de alegría abrazando a Anna quien era la que realmente había abierto.
Anna recibió a su amigo con los brazos abiertos y miro a su novio con cariño.
—Adelante —señalo, dándole un beso a Kristoff una vez que Olaf le soltó.
— ¿Te encuentras bien? No te despediste de tu hermana y te dejo esto –señalo el girasol colgado de hielo.
La pelirroja lo vio con ojos llenos de añoranza, lo recogió pegándolo a su pecho y asomo su cabeza una vez que los chicos entraron, para asegurarse de ojos extraños no los vieran entrar y cerro a sus espaldas de forma muy suave.
—Elsa hablo contigo antes de irse ¿Verdad? —pregunto insegura, mordiendo ligeramente su labio inferior.
—Sí —contesto mirando con sospecha a su novia. Pensando por que le había pedido ir a verla y que se asegurara de que nadie lo viera.
— ¿Qué te dijo? No, no ¿Mejor dime primero como se veía? Triste, enojada, ambas… —callo un momento para pensar— ¿Sabes? Mejor no me digas, bueno si, no, si…
—Te lo diré —dijo su novio antes de que continuara divagando, por que se encontraba entre triste y nerviosa—. Ella está preocupada por ti, no quiere que estés sola y se encuentra afligida.
— ¿Lucia muy desolada? —se sentó sobre la cama con Olaf entre sus abrazos.
—Sí, no quería irse.
A la princesa el entraron muchas ganas de llorar y un gran nudo en su estomago hizo que se estremeciera.
—No podía abrir esa puerta para despedirme, porque si lo hacía no habría podido dejar que se fuera. Elsa necesita hacer el viaje, es algo muy importante para el reino. No confió lo suficiente en mí para no dejarme llevar y enfrentar a Hans, eso solo le causaría más problemas a Elsa. Además él tiene que creer que gano, que me rindo.
— ¿Pensante un plan para separarlos? —se cruzo de brazos con los párpados entrecerrados con interés.
—Claro que si Kristoff, con Hans fuera de palacio y confiado en que me desmoralizo, podré ver el contrato prenupcial que firmaron.
—Y así ver las clausulas para el divorcio —sonrió al saber los planes de Anna.
—Exactamente, no puedo actuar impulsivamente con ese Jörmundgander. Hay que ser astutos y adelantarse a sus planes.
—Sabía que no te habías rendido, le dije a la reina que eras una mujer muy fuerte.
— ¿En serio le dijiste eso? —una calidez inundo su pecho, desplazando un poco su preocupación y desconsuelo.
—Es verdad —Kristoff directo como siempre dio su respuesta con gran seguridad.
Por cosas como esas sabía que ese hombre alto, de cabello un poco largo enmarañado, que hablaba con los renos, que era brusco, poco refinado y con cara de pocos amigos era el indicado.
—Tenemos que ir al despacho real y buscar pistas de esos papeles, conociendo a ese villano estoy segura de que los escondió en algún lugar del castillo. No se arriesgaría a que alguien viera ese documento.
—¿Podemos preguntarle a los sirvientes en que lugares han visto a Hans?
—Sí, pero hay que tener cuidado Kristoff. Hans dejo soldados provenientes de su reino, que son sus ojos y oídos mientras él se encuentra ausente. Solo hay que hablar con los más antiguos y leales.
—Entonces hay que comenzar con Kai y Gerta —sugirió el rubio viendo como Anna se paró y comenzó a caminar de una lado al otro pensando.
—Exacto, nada pasa en este lugar sin que lo sepan. Ellos tampoco confían en él.
— ¿Y qué pasa con los hombres que dejo? ¿Qué vamos hace con ellos? —su voz mostro algo de preocupación.
Hans había dejado un pequeño ejército aparcando entre el castillo y el puerto principal con la escusa de la boda y la seguridad de los invitados. Así a la gente del pueblo no le parecería nada sospechoso ver a tantos soldados recorriendo el reino.
—Hay que distraerlos y se quien es el indicado para esta misión— dijo la princesa viendo a Olaf—. Y también hay que hacer una visita rápida a tus padres —finalizo enigmática.
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—Tenemos que dejar esto en un empate Elsa, estamos por llegar— dijo Hans, cuando uno de los soldados toco a su puerta y se asomo por la ventana viendo a pocos minutos su destino.
Elsa abrió la cortina blanca y vio con emoción las coloridas casas que se mostraban en el horizonte del valle.
Al entrar al pueblo vio a la gente reuniéndose en el camino para verlos con algunos caballos y ovejas entre las granjas que alcanzaba a ver en el recorrido.
Aún que la exaltación le duro poco al ver que la tierra estaba deslucida y los cultivos que estaban ahí antes, se pudrieron y quedaron completamente arruinados, antes de poder cosecharlos como era debido.
No hubo pedazo de tierra para cultivar que se salvara y todo era culpa suya. Los estragos de la gran helada que causo, seguían generando graves consecuencias.
Pronto comenzó a ver las caras de desdicha de los pobladores, al saber que no iban a poder comer como era debido, gracias, a la escases de comida y recursos.
Esta realidad ya la sabia de antemano, pero verla de frente le cayó como un yunque a su estomago.
La terrible culpa golpeaba a su puerta entrando y sentádose en el gran sofá de su mente, desplazando la poca alegría que tenía.
Ella tan cómoda en su castillo con abundante comida y esta gente sufriendo por las consecuencias de su poder, aún desde de tantos meses de ello.
—Fue un accidente, mírame Elsa —llamo Hans al ver unos cuantos copos de nieve de color gris flotando en el aire sobre la cabeza de su esposa.
La reina volteo con su semblante cabizbajo.
—Venimos arreglar esto, le dejaremos suficientes provisiones y dinero para que puedan recuperase, esto no es nada que no tenga solución. Nuestro pueblo necesita ver a su reina fuerte y benevolente —señalo serio, no se podía permitir que nadie viera a Elsa soltando copitos inofensivos de nieve flotando a su alrededor.
Si iba a mostrar su poder, tenía que ser algo más alegre y que diera confianza a la gente.
En respuesta a lo dicho, Elsa se controlo y despareció los copos, dándole la razón en silencio y por supuesto que no le paso inadvertido el que Hans mencionara las palabras "venimos" y "nuestro."
Esas conjunciones que le señalaban su apoyo, eran un ligero consuelo que ayudaba a su estado de ánimo, y casi le creyó el que realmente se preocupara por el bienestar de estas personas a su cargo.
Se recordó que él solo quería quedar bien y verse como un héroe, porque de eso se alimentaba su egocentrismo y egoísmo. De los halagos de desconocidos que le darían poder si estaban contentos con él.
Hans era un excelente actor.
—Voy a hacer todo lo que se encuentre en mi poder para arreglar esto, y mitigar aunque sea un poco el duro invierno —afirmo Elsa, cerrando los párpados y concentrándose en su poder para ahuyentar la frialdad.
— ¿Realmente puedes controlar el invierno real? —sentía mucha curiosas con respecto a eso y sintió que hacia una ligera diferencia en el temperatura.
Hacer caer una gran helada con un clima cálido sonaba más fácil que, hacer más cálido un clima helado.
—Es complicado, puedo disminuir el frío pero no hacer que el invierno retroceda. La caída de la nieve, la congelación de los lagos y el fiordo no puedo detenerla a gran escala, solo puedo atenuar el clima y descongelar cosas pequeñas. Como romper el hielo para hacer que un barco pase o algo similar.
—Por lo que dices puedes hacer el invierno más frío de lo que es, pero no deshacerlo si es causado de forma natural —concluyo Hans pensativo, analizando como es que funcionaba el poder de Elsa.
—Correcto.
—Es bueno saber que tienes límites, así que debo suponer que intentaste frenar el invierno y no funciono.
Elsa lo miro con recelo, era sospechoso que de la nada comenzara a interesarse en cómo funcionaba su poder.
"¿Usará lo que sabía para trazar un plan para someterla?" Pensó Elsa mirándolo con cuidado, no quería caer en su perverso juego, solo para que se divirtiera porque estaba aburrido o por qué podía hacerlo.
A su esposo no le paso desapercibido la mirada precaución que puso su esposa de un momento a otro, y, por extraño que pareciera en ese momento le importo lo que ella pensara de él.
Realmente le importo.
Bueno, era obvio que deseaba seducirla para que lo dejara entrar en su cama lo más pronto posible y poder disfrutar de su bello cuerpo; para eso no necesitaba que pensara bien de él.
Para tener sexo, poco importancia tenía si se caían bien o mal, eso era algo simplemente biológico.
Fue un extraño sentimiento que lo incomodo y decidió ignorar.
El carruaje se detuvo y un guardia abrió la puerta, Hans salió primero y ayudo a Elsa a salir, de momento tenían que actuar como una pareja de recién casados muy enamorados para el mundo.
Elsa se dejo abrazar y tomar de la mano.
Fueron recibidos por el noble que dirigía la región: Algot Håkonsson.
Era un hombre viudo que rondaba en los cuarentas, bastante alto, rubio cenizo con cabello largo y barbas cual antiguo vikingo, bastante fornido, sus brazos y piernas eran tan fuertes como un roble.
Tenía un aspecto algo salvaje, parecía listo para salir en su barco con escudo y espada en mano para ir a saquear pueblos.
—Bienvenidos —pronuncio con su gruesa voz, abriendo las puertas de su hogar.
Parecía un hombre curtido de pocas palabra que pasaba del protocolo ante la realeza y eso le gusto mucho a Elsa.
Era algo diferente y en cierta forma refrescante al trato usual que le daban.
Algot los condujo a la habitación en la cual se quedarían y dándoles en el camino una ligera introducción de su hogar.
—Esta es mi habitación, la de mi hija –señalo en el pasillo de lado derecho donde una pequeña niña se asomo tímida en la segunda puerta.
—Astrid, ven acá y saluda —la pequeña de apenas unos seis años salió lenta escondiéndose detrás de las piernas de su padre.
—Hola, bienvenidos a la casa Håkonsson —su voz fue apenas audible.
—Perdonen a mi hija, es muy tímida con los extraños —su pequeña hija jaló del pantalón de su padre y este de agacho para estar a su altura, mientras le murmuraba al oigo—. Si Astrid, ella es nuestra reina. La reina Elsa de Arendelle.
A la niña rubia de vestido violeta y ojos castaños se le iluminaron los ojos viendo a Elsa y rápidamente se fue a meter a su cuarto.
Su padre de inmediato se disculpo por su hija.
Elsa sintió una chispa de alegría al escuchar a Algot reconocer en voz alta que ella era su reina. Lo dijo directo, sin temor y sin ninguna doble intención.
—No, está bien, yo también era una niña muy introvertida —Hans la miro como diciendo, aun lo eres.
—Esta es su habitación —índico abriendo su puerta—, enfrente de la mía. Los sirvientes ya han acomodado sus pertenencias y la cena se sirve en un par de horas. Mañana después del desayuno los llevare a la iglesia, con el padre Elof. Desea verlos y en la tarde se convocara a audiencia para discutir el reparto las provisiones y las reparaciones que necesita el pueblo.
Una vez dentro del cuarto Elsa fue al armario a buscar que iba a ponerse para la comida de esta noche. Tenía que causar una buena impresión a los nobles que vendrían a verla.
Esperaba que todos en ese lugar fueran tan directos y sin malicia como su anfitrión.
Todo ese viaje era una prueba, que pensaba pasar con excelencia.
—Le gustaste mucho a esa niña —dijo Hans viéndola escoger ropa—. Y parece que también al padre, esta familia ha estado a cargo de estas tierras por muchas tiempo, por tradición los Håkonsson son pragmáticos. Sin embargo debes tener extrema precaución en la reunión de mañana con ese padre.
— ¿Conoce al padre Elof? —pregunto Elsa atendiendo la advertencia.
—Solo su reputación, es hombre es muy religioso —la rubia volteo a verlo intrigada—. Lo investigue, Elsa. De hecho investigue a todas las personas importantes que vamos a ver a lo largo del recorrido.
— ¿Cree que tenga algún problema con mi poder? —estaba preocupada.
—No lo sé, es muy probable que sí.
Elsa mordió su labio inferior, pensando en todas la horribles posibilidades. Si quedaba mal con el padre, el pueblo probablemente no la aceptaría.
Eso era algo que le mantenía intranquila, tenía que arrancar de raíz esas habladurías de que era una terrible hechicera que causaba destrucción con monstruos de hielo gigantes. Esa mala publicidad le costaba mucho al reino.
Solo había hecho dos muñecos de nieve, no un ejército.
Olaf era incapaz de herir a alguien y Marshmallow era una bolita de azúcar una vez que la conocías, le gustaba bailar piezas de ballet con una pequeña corona que le hizo al momento que le devolvió la suya cuando fue a visitarla al castillo de hielo de la montaña.
Ella solo era agresiva si se sentía agredida, era una buena chica.
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Un par de ojos oscuros, vieron con desprecio a los visitantes que se hospedaban en la casa la Håkonsson.
—No puedo creer que una bruja con poderes de hielo y el hijo bastardo de las Islas del Sur gobiernen Arendelle. El Duque de Weselton tiene razón, permitir esto es una aberración para la casa real, contra nuestra gente y contra Dios —dijo un hombre alto y tan delgado que parecía que la piel la tenía pegada al hueso y no tenía musculo alguno.
—Tiene toda la razón padre, esta infamia no se debe aceptar —el resentimiento era latente en su tono.
—Haremos algo al respecto joven Harold –hablo con solemnidad y autoridad.
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N/A: Hola gente guapa del otro lado de la pantalla, acá ando subiendo nuevo capítulo.
Saque del saco el lado nerd de Elsa y Hans le siguió el juego, esos dos son más cultos e inteligentes que yo, por que apenas si entendí lo que querían decir. Agradezco que exista la wiki para que me dé una idea de lo que se hablaron esos dos, porque su discusión sobre el teorema de Pitágoras y comparando sus aplicaciones en el mundo me dieron dolor de cabeza, así que la deje de lado y pase a una discusión más tranquila, por sugerencia de Hans :´D.
Lo siento Elsa, pero de lo que tú querías hablar era muy complicado para mi cerebro moral y se me funden los fusibles.
Tomé las definiciones del Blog de la Geografía (Perú y el mundo).
Y si alguien tiene curiosidad y se pregunta cómo es Algot Håkonsson, me lo imagino como Adam Copeland. He estado viendo la serie de Haven y me vino a la mente su imagen cuando escribía XD.
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Ahora de los comentarios anónimos:
Rose: Gracias por leer y pasarte a comentar.
Guest: Voy lenta pero voy, no llores que ya actualice.
Mello: ¿Enserio tu primer fic Helsa? Únete al helsa mafia, toma tu botón de bienvenida de parte del grupo sensual de este fandom. Espero que te quedes por este lado oscuro de la fuerza.
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Como siempre gracias por pasarse a leer y muchas más por animarse a comentar.
Flores, bolas de nieves, peluches de snowgies en la caja sensual de acá abajo.
