Notas de la Autora:
Agradezco los reviews que me han dejado, son sus muestras de apoyo las que me motivan a seguir redactando.
TsukihimePrincess, espero resolver algunas de tus dudas ;)
ÉL QUE CONOCÍ
Decir que el silencio que había recaído de pronto entre ambos era agradable, era una total mentira. Ambos se sentían sumamente incómodos, Draco se limitaba a mirar algún punto inexistente al otro lado de la habitación mientras y por su parte Harry no sabía exactamente como tomar aquello, se sentía como si acabara de descubrir América.
Intentando encontrarle un sentido razonable a la situación, rebusco rápidamente entre sus recuerdos algún indicio que le hubiera dado el rubio para que se diera cuenta que no le eran indiferentes los hombres. Sin embargo, en todo cuanto podía pensar era en su confesión sobre sus sentimientos hacia Parkinson – espera – el rubio fijo su vista sobre él, se notaba su marcado interés en saber que le diría – tú estás enamorado de Parkinson, siempre lo has estado… eso me dijiste, ¿cómo puedes asegurar que eres gay? – no podía reprimir la acusadora mirada con la que lo veía; empezaba a estar seguro que el rubio solo le estaba jugando una broma de muy mal gusto con respecto a su sexualidad.
- Bisexual – se encogió de hombros restándole importancia a la situación. Harry abrió los ojos de par en par al darse cuenta que el punto del rubio era acertado. Siempre cabía la posibilidad de no ser exclusivamente hetero o gay, el mismo se lo había cuestionado cuando era pequeño, tras haber descubierto que tendía a mirar a los niños con mayor interés que a las niñas.
- Para saber que eres bisexual – intentó remarcar lo último – quiere decir que también intentaste o probaste lo que es estar con alguien de tu mismo sexo – el rubio lo miró divertido – ¡tú! Estuviste con hombre ¿verdad? – una punzada de traición amenazaba su corazón.
- Bastante perceptivo – comentó el rubio con aires de superioridad. El moreno empezó a sentir que por alguna extraña razón enfurecía con cada gesto del rubio. ¡Por Merlín! ¡Era bisexual y no se lo había dicho!
- ¡Por qué no me dijiste que eras bisexual! – no tenía idea de por qué se sentía tan traicionado, o tal vez sí, se suponía que entre ellos no había secretos, por lo menos eso quería creer él, Draco era su amigo, ¿se supone que lo era, verdad?
- ¿Por qué te alarmas tanto Potter? Soy bisexual, sí, me gusta Pansy y sí, tuve alguna vez a alguien en mi vida, ¿qué hay de malo con ello?
- ¡No me dijiste! - la cabeza le daba vueltas y las manos empezaban a temblarle, ¿qué demonios le ocurría? ¿por qué le molestaba tanto el enterarse que Draco había estado con un hombre? ¡Demonios! Nunca se había enojado tanto en toda su vida
- ¿Decirte? – el rubio cruzo los brazos y los recargo sobre su pecho – Potter, yo no tengo porque explicarte nada, ni decirte nada
- ¡Se supone que somos amigos! ¡Qué confiamos uno en el otro! – reclamaba completamente histérico.
- Pero…
- ¡Pero nada! ¡Tú estuviste con otra persona y no me lo dijiste!
- ¡Potter, cálmate! – Draco lo tomó por ambos brazos y lo sujeto fuertemente. Su grises ojos los clavo sobre las verdes esmeraldas – no quería hablar sobre él – murmuró – él, era parte de mi pasado
- Yo…
- ¿Puedo preguntarte algo? – el rubio tenía esa mirada de niño travieso que Harry no supo exactamente cómo interpretar, pero asintió aún con el corazón acelerado - ¿te pusiste celoso? – el moreno abrió los ojos de par en par.
- No… yo… - ¿qué se suponía que debía responder? Él ¡no! Estaba celoso, solo había caído al borde del estrés producto de una mentira, bueno tampoco es que fuera una mentira, Draco simplemente lo había obviado, pero no había querido hablar del tema, además no estaba en la obligación de decirle.
Todos sus pensamientos se tornaban en un remolino, un hoyo negro en su cerebro y corazón que no lograba interpretar – discúlpame – alcanzo a decir, rindiéndose por fin a su propia lucha – esta noche descubrí o bueno acepte algunas cosas sobre mi matrimonio. Ya sabes… basado únicamente en una enorme mentira, o bueno tal vez solo fueron muchas mentiras que me negaba a aceptar. Llegué aquí y ya sabes esperaba encontrarte, pero no estabas…
- Me dijiste que no vendrías a dormir – el rubio sonaba acusador – no vi el sentido a quedarme – sonaba bastante frío – solo salí, y se me paso el tiempo.
- No tienes que darme explicaciones – respondió el moreno, intentando convencerse a sí mismo que Draco no le debía nada, mucho menos explicaciones – eso es lo que quería decirte, antes que me interrumpieras – lo miro acusadoramente – creo que solo… toda la frustración que sentí con Riddle la volqué contra ti, supongo que mi cerebro busco algo para enojarme y lo uso de pantalla para gritar… lo siento, de verdad no debí comportarme así contigo. Tú eres mi amigo, o bueno… se supone que somos eso ¿no?
- Tenemos una relación laboral bastante complicada – sonrió el rubio – estamos preparando una venganza y vivimos bajo el mismo techo – elevo la mirada hacia un punto inexistente sobre la cabeza del moreno – creo que sí Potter, podríamos definirnos como amigos – el mencionado sonrió sintiéndose agradecido con el rubio.
- Y los amigos no tienen por qué darse explicaciones o contárselo todo necesariamente… - murmuro sintiéndose poco convencido con lo último – quiero decir… los amigos están para apoyarse, así que… de verdad lo siento
- Deja de disculparte – le reprendió el rubio – en realidad…
- ¿Qué?
- Se sintió bien el verte así
- ¿Cómo?
- Siendo tú mismo
- ¿A qué te refieres? Yo no soy un histérico – sus mejillas se sonrojaron, acaba de reconocer que esas actitudes habían sido bastante comprometedoras. Enmudecido desvió la mirada.
- Guardas muchas cosas Potter… haz pasado por mucho y hasta hoy no te he visto estallar, y eso no está bien. Quiero que sepas – soltó el agarre y tomando suavemente su rostro lo obligo a mirarle – que cuando necesites alguien que te escuche, alguien a quién quieras golpear o simplemente gritar – sentía el aliento del rubio tan cerca – aquí estoy yo – culminó el rubio soltándolo de pronto – los amigos están para eso – se encogió de hombros – bueno ahora, que te parece si vamos a descansar.
Un cabreado moreno asintió mecánicamente. Ambos con un leve buenas noches se encaminaron a sus habitaciones sin mirarse. El moreno tenía la cabeza hecha un remolino y el rubio luchaba contra sus pensamientos y recuerdos.
Esa, para ambos… sería una larga noche.
- Media cabeza de serpiente, dos gotas de baba de sapo y una escarmantula – no había duda que el moreno era un perfecto altanero. Ambos sabían que no era el único que sabía la respuesta de memoria, pero aún así siempre que tenía oportunidad dejaba que el resto de los presentes supieran quién era el más inteligente. No es que él lo reconociera como tal, pero si tan solo Severus le hubiera dado la oportunidad de responder, tal vez esa sonrisa triunfal en ese moreno rostro no existiría.
Chasqueó la lengua completamente enfadado – 10 puntos para Slytherin – y ahí estaba el premio por la muestra pública de egocentrismo y vanagloria. Tomó su pluma y se dedico a garabatear su pergamino, no es que estuviera haciendo algo realmente trascendental, pero si no se concentraba en otra cosa estaba seguro que haría la poción para generar acné y se lo haría beber - ¿Quién me puede decir para qué sirve la escarmantula? – alzó la mano casi por acto reflejo, pero una vez más y para su desagrado ese estúpido moreno había vuelto a alzar la mano antes que él y ahí estaba nuevamente explicando las propiedades mágicas – 10 puntos más para Slytherin – la sala se llenó de murmullos de decepción.
- Al paso que van, Slytherin ganará nuevamente este año – los gryffindor no sabían cuando mantener la boca cerrada, rodó los ojos al tiempo que se giraba a ver quién era él que no había podido contenerse.
- Sr. Weasley, gracias a su impertinente comentario, 10 puntos menos para gryffindor.
- Pero – el pelirrojo iba a refutar cuando un moreno de lentes estrafalarios, al criterio del rubio; lo detuvo con un leve toque en su brazo.
- Y 10 puntos menos por refutar al maestro – Severus pasó por el lado de los gryffindors con aire triunfal – tienen treinta minutos para preparar la poción – sentenció antes de volver a su escritorio.
- Ron, deja de restarle puntos a nuestra casa – un muchacha, que al instante Draco identifico como Granger, le reprendía al pelirrojo desde una mesa cercana. Esa castaña también lo lograba sacar de sus casillas, no podía evitar tratar de ser la cerebrito del aula. Entre Riddle y Granger no lograba identificar quien era peor. Giro nuevamente y junto a Zabini empezó su tratamiento de la poción
Los minutos habían pasado rápidamente, como siempre Zabini y él habían hecho buena dupla, aunque debía de reconocer que el moreno no resultaba de gran ayuda cuando de pociones se trataba, sin embargo, al menos le servía para entretenerle – Ve yendo, tengo que guardar algunas cosas aún.
- Vale Dragón, pero no te retrases mucho, recuerda que la siguiente clase es transformaciones con McGonagall y esa bruja no perdona una tardanza – el rubio asintió al tiempo que le hacía un ademán con la mano para que se fuera. Su compañero asintió y salió precipitadamente por la puerta.
- Nada mal, Malfoy – como detestaba esa voz.
- Riddle – se limitó a responder, al tiempo que alzaba la cabeza y se encontraba con el susodicho. El moreno se encontraba observando con interés su caldero.
- Puedes ser bueno en pociones pero no en todas las materias – se mofó, y antes de darle tiempo a responder se giró rumbo a la salida. Draco iba a lanzarse un vituperio cuando noto que "accidentalmente" el Slytherin golpeada con su maleta su caldero provocando que este cayera y toda la poción se esparciera en el piso – Parece que tendrás que limpiar, Malfoy… es una lástima que llegues tarde a transformaciones.
El rubio quiso cruciarlo, pero sabía que eso no haría más que meterlo en problemas a él. Intento contar hasta diez y termino de alistar sus cosas – Si no limpias… - esa amenazante voz no hizo más que aumentar su mal genio.
- Severus, hay elfos para eso - se quejó al tiempo que se giraba y se encontraba cara a cara con su profesor y padrino.
- Eso no implica que no debas a aprender a asumir tus responsabilidades
- Pero…
- Draco, será mejor que empieces a limpiar si no quieres que McGonagall te castigue por llegar tarde.
El de ojos grises bufó indignado y con la cabeza gacha se dirigió hacia el lavadero en busca de algún trapo.
- ¿También te castigo? –se encontró con un moreno de gafas estrafalarias que limpiaba un viejo caldero de peltre – Soy Harry Potter, mucho gusto – le tendió la mano. Draco considero seriamente no estrecharla, estaba llena de jabón y sabe Merlín que sustancias tóxicas hubiera habido en ese caldero.
- Draco Malfoy – apretó firmemente la mano, aún preguntándose si después de aquello debería visitar la enfermería solo para estar seguro que no había nada malo con él – no me castigo – respondió relajado – solo… debo aprender a asumir mis responsabilidades – recitó indignado.
- ¿Te refieres a lo que provocó Riddle?
- ¿Lo viste? – el moreno asintió
- He notado que no le agradas – comentó, volviendo su atención al caldero.
- Y yo acabo de notar que no tienes más cosas que hacer, que observarnos – el moreno soltó una carcajada y siguió fregando.
- Digamos… que Snape tiende a castigarme constantemente… entonces, sí, tengo bastante tiempo libre – el rubio se contagio de su risa – entonces, ¿necesitas ayuda?
- Está bien, solo es un poco de pócima. Además por lo visto aún te quedan calderos por lavar – examinó el aula desierta.
- Lo haré después – comentó un tranquilo moreno – Snape deja que vaya a clases y al terminar debo volver para continuar con el castigo.
- ¿Y por qué te castiga? Parece como si no te importara.
- ¿Importar? – el moreno lo miró divertido – claro que me encantaría que no me castigue, pero creo que es la rutina de cada clase, tengo la sospecha que me odia, pero aún no averiguo el motivo.
- ¿Y hoy porque te castigo?
- ¿Recuerdas el comentario impertinente de Ron?
- ¿Te refieres a la comadreja? – Draco y sus amigos gustaban de apodar a las personas, era uno de sus pasatiempos preferidos y a Ronald Weasley habían decidido llamarlo así, sonaba mejor que su nombre y era más práctico.
- ¿Comadreja? – el moreno le lanzó una dura mirada – no debes insultar a las personas.
- No es como si fuera un insulto… - intento excusarse el rubio
- ¿Te gustaría que te digan comadreja?
- Bueno… no… pero
- Será mejor que hagas tus labores, Malfoy – bufó un indignado gryffindor
- Que sensible… - murmuró el rubio. El moreno frunció el ceño – de acuerdo, Potter, no le diré comadreja si tanto te molesta – el mencionado lo miró sorprendido – ¿entonces, Snape te castigo por eso?
- Nos castigo – respondió poco convencido – Ron debe limpiar la mazmorra en la noche
- Pero si tu no dijiste nada
- Pero soy su amigo – volvió a sonreír mientras continuaba con su labor
El rubio negó más para sí que para su interlocutor, tomó un trapo y se dirigió hacia su asiento – te ayudaré – murmuro el moreno siguiéndolo.
- No es necesario
- Malfoy, se nota a leguas que nunca has limpiado algo por ti mismo – Harry se arrodillo en el piso junto a la mancha de pócima y empezó a limpiar.
- ¿Cómo puedes decir eso? – ese moreno empezaba a exasperarlo
- Cuando estreche tu mano, era suave – comentó – y eso solo implica que no sueles hacer actividades domésticas.
- Pero… - no sabía que responder.
- Déjalo, yo lo limpio, ahora ve a tu clase.
- Pero tú llegarás tarde.
- McGonagall sabe que estoy castigado, así que asumirá que llegue tarde por ello, no te preocupes – le regaló una sincera sonrisa – vamos ve – le apremió.
No supo realmente porque pero haciendo lo que el moreno le ordeno, tomo su maleta y tras un leve gracias salió corriendo del aula. Conforme avanzaba sentía como su corazón se aceleraba y sus mejillas se tornaban rojas. ¿Qué le pasaba? Una simple acción de ese moreno de brillantes y hermosos ojos verdes había logrado que se pusiera así. ¿Cuándo había notado que tenía unas bonitas orbes? Negó con la cabeza y siguió corriendo, no tenía motivos, ni el tiempo para pensar tonterías. Era hora de ir a clases.
Draco abrió los ojos pesadamente, recordar no le hacía bien y lo sabía. Hacía años que se había jurado así mismo mantener la caja de pandora de sus pensamientos encerrados; y ahora estaba allí, ocho años después… recordando cosas que no debería, abriendo lentamente la caja… ¿qué se suponía que debía hacer? - ¡Díselo Draco!
- ¡No puedo Blaise!
- Draco… - la mirada de reproche de su mejor amigo lo taladraba – las mentiras siempre salen a la luz, ¿acaso no has aprendido nada?
- Él no recuerda nada, ¿por qué lo voy a atormentar con mis recuerdos? Blaise, él ama a Riddle, es mejor que todo se quede así – la sala empezaba a sentirse pequeña. Y él empezaba a sentirse enfermo.
- Dime Draco, que vas a hacer cuando él se quede con Riddle y note que no quieres a Pansy.
- Yo… le diré que no funcionó, que conocí mejor a Pansy y no somos compatibles – la mirada de reproché de Zabini le confirmaba todo, ese era un pésimo plan y esa, la peor mentira del mundo.
- Draco, si no quieres hacerlo por ti – Blaise se sentó sobre el sofá invitándolo a seguirle. El rubio obedeció y lado a lado se miraron – hazlo por él. No sabemos que le hizo Riddle, puede haberle lanzado un Obliviate como puede haber alterado parte de su memoria, no sabemos que recuerde y que no, que cosas le habrá hecho pensar o creer. Ponte en su lugar, si él hubiera descubierto que no conoces tu vida, que te arrebataron tus recuerdos, ¿no crees que Potter te lo hubiera hecho saber? – el rubio evito su mirada, sabía con exactitud que Harry hubiera movido cielo, mar y tierra con tal de hacerle recordar.
- Blaise… si yo le digo eso, él no me creerá.
- Muéstrale
- Me hará preguntas
- Respóndelas
- ¿Cómo le diré que no lo noté?
- No te culpara, nadie lo notó
- Se suponía que yo lo conocía mejor que nadie
- Lo entenderá
- Aquel día no lo busqué
- Aquel día él rompió tu corazón
- No lo busqué
- Por lo visto… tienes respuestas para todo – frunció el ceño incómodo
- Draco… han perdido ocho años, y ahora tienes una segunda oportunidad, no la desperdicies.
- Pero…
- Draco Malfoy, te mataré si no luchas por lo que quieres, ¿Dónde quedó el bribón de la escuela? ¿dónde quedó mi amigo?
- Yo…
- ¿Qué me dijiste que te dijo el gryffindor un día? – el moreno masajeaba su barbilla - ¡Oh sí! – lo miro significativamente y casi como recitando agregó – Draco, para ser feliz a veces vas a tener que hacer cosas que no te gusten, pero igual tendrás que hacerlas, no todos las entenderán y mucho menos aceptarán, pero, al final del día tu felicidad es lo que primara. El propio Potter te dio la respuesta.
- No lo sé… - quería creerle, realmente necesitaba creer que su amigo tenía razón, se masajeo las sienes, ese molesto dolor que desde hacía días lo atosigaba había vuelto. Era un dolor muy extraño, sentía como si alguien aprisionara su cabeza, y a la vez algo jalara hacia el suelo su columna. Se lo había comentado a Theo, y este se había limitado a decirle que los muggles lo llamaban "estrés"
Y ahí estaba otra vez esta perturbación latente… por extraño que pareciera, cada que ese malestar se apoderaba de su cuerpo solo pensaba en volar… quería sentir de nuevo la brisa del viento contra su piel… lo había dejado años atrás, ocho años… ¿cuántas cosas había dejado de lado? – Debo irme – murmuró sintiéndose completamente patético – es tarde.
- Deberías creer un poco más en él – el moreno se recargo sobre su hombro – no dejes que te pase lo mismo que a mí.
- Zabini… - siseó incomodo
- Yo también lo extraño Draco, lo sabes
- Pensé que habíamos decidido no tocar ese tema – el moreno alzó la mirada y el rubio se sintió verdaderamente mal al ver aquellas orbes brillosas.
- Tú lo tienes viviendo contigo… no sabes cuan afortunado eres – sonrió con tristeza – a mí solo me llegan noticias eventuales…
- Blaise yo…
- Ahora ¡estúpido cabrón! ¡ve a tu casa! ¡confiesa! Y luego me cuentas – la bipolaridad de Blaise la conocía en exceso, él sabía que ese mal genio solo aparecía cuando el moreno quería ocultar sus sentimientos - ¡ve y confiesa o juro que te mataré Draco! – el rubio asintió, dio una leve palmada en el hombro de su amigo y conforme llegó se marchó.
Sonrió para sí mismo. Blaise tenía razón, debía seguir el consejo del propio Harry, del verdadero. No podía dejar que su amigo olvidara, él tendría que recuperar esos preciados recuerdos a toda costa. Se sentó sobre el barandal y cerró los ojos una vez más. Ese maldito dolor en sus sienes había vuelto.
Se masajeo el cuero cabelludo intentando relajarse, si era estrés o no, no estaba seguro, lo cierto era que lo primero en su agenda aquel día sería animar al moreno. En cuanto pensó en ello sonrió, ¿animar al gryffindor? De pronto se sintió como un escolar con una gran y traviesa idea.
De un salto se puso de pie, corrió a la ducha, se aseo rápidamente, eligió cuidadosamente que usaría, se vistió y peino tan rápido que él mismo se sorprendió de la hazaña. Una vez se aseguro que llevaba todo lo necesario bajo casi saltando al comedor donde estaba seguro que el moreno ya debía de estar desayunando.
Cuando lo vio recargado sobre la mesa, con la mirada perdida y el cereal a medio comer, sonrió para sí. Zabini tenía razón, él era afortunado – buenos días Potter – el moreno respondió con un gruñido que bien podría interpretarse con un saludo de respuesta – mal día ¿eh? – se sentó frente a él. El moreno agito su varita con aburrimiento y en seguida y frente al rubio apareció una taza de café y tostadas untadas de mantequilla – al menos no te olvidaste que necesito alimentarme – sonrió de medio lado, pero el moreno no lo veía, seguía perdido en su mundo – estaba pensando… - Draco bebió un sorbo de café – qué te parecería si saliéramos hoy – ¡bingo! Había obtenido su atención. El gryffindor centro su mirada en él – tu y yo, ¿qué tal si vamos a volar?
- ¿Te refieres a usar una escoba? – las orbes verdes estaban abiertas de par en par.
- ¿Existe otro modo de volar? – Draco le guiño un ojo divertido
- Podríamos usar el auto… - ladeó levemente la cabeza, como recordando algo
- No sería divertido
- Draco, ¿tú sabes volar? – touché y ahí estaba de nuevo hablando la más reciente versión de Potter, estuvo tentado a increparle muchas cosas, entre las cuales había un bien marcado ¡no recuerdas que volabas conmigo! Pero tan pronto lo pensó, lo deshecho. No podía culparle, él no sabía. Contó hasta diez e intentando esbozar una sincera sonrisa agregó.
- Tal vez no recuerdes que era buscador de Slytherin – el moreno entrecerró lo ojos - ¿por qué me miras así?
- Me estas mintiendo…
- ¿Perdón?
- Yo era buscador de gryffindor desde el primer año y si tu lo eras de Slytherin en los partidos nos hubiéramos enfrentado – se sentó recto y con un dedo acusador lo señalo – yo nunca te vi – sentenció molesto – no me gusta que me mientas Draco – el mencionado se sintió incómodo con aquella acusación, pero intentando serenarse. Empezó a cavilar posibilidades.
- Según tú… ¿quién era el buscador de de Slytherin? – increpó con desgano
- Era… - el gryffindor miraba a todas partes como buscando la respuesta – es extraño…
- ¿El qué?
- Yo… no recuerdo – comentó algo preocupado – yo… no lo sé – culmino completamente cabreado.
- Era yo… - Draco intentó sonar relajado, como si le restara importancia, pero el acabar de descubrir que Harry tenía otro recuerdo modificado empezaba a preocuparlo, ¿cuántas cosas más había olvidado? - ¿quieres una evidencia? – comentó
- ¿Qué?
- Arriba, en mi habitación, tengo una fotografía del equipo de Slytherin, verás que yo estoy allí
- Puedo… - el moreno se notaba indeciso, Draco podría jurar que fuera de la clásica curiosidad Gryffindor, Potter estaba intentando encontrar una respuesta a ese extraño olvido que había tenido - ¿puedo verla?
- Claro, terminaré de desayunar y te la mostraré
- Gracias
Draco intentaba ocultarlo pero por lo que quedo de desayuno no pudo evitar mirar al moreno, no quería pasar por alto ningún detalle. Desde su manera de comer el cereal hasta la extraña mirada que tenía. El rubio realmente sentía que había extrañado ello - ¿por qué siempre me miras Draco? – sus recuerdos empezaron a regresar llevándolo a algún punto en su tercer año escolar - ¿qué es tan fascinante en mí para que no quites tu mirada de mi cara? – el moreno parecía incómodo pero divertido - ¡oh vamos! Deja de mirarme… - se cubrió la cara con ambas manos.
- Me gustas – respondió tranquilo – y me gusta mirarte – continuó, notando como el moreno rostro escondido bajo las manos del gryffindor empezaba a teñirse ligeramente de rojo – ¿acaso no puedo apreciar a mi novio? – Harry dejó de cubrirse y se llevó el dedo índice a los labios.
- Silencio – murmuro apenado – alguien podría oírte – susurro.
- ¿Y eso qué? – Draco conocía perfectamente la respuesta, sin embargo siempre podía intentar disuadirlo una vez más.
- Nuestros amigos no lo saben, aún… - murmuró el moreno.
- Zabini, sí – confirmo, frunciendo la mirada
- ¡Fue un accidente!
- ¿Ahora quién es el que no sabe bajar la voz? – el gryffindor se llevó ambas manos a la boca – tú lo llamas accidente, yo le digo señal.
- Tú no crees en las señales.
- En esta sí – el rubio tomo al moreno por un hombro y lo obligo a recargarse sobre su pecho. Una vez lo logro se recorto tranquilamente contra el árbol – creo que el universo nos está diciendo que debemos decirles.
- Aún no estoy seguro – escondió su mirada en el cuello del mayor
- ¿Sigues pensando que lo nuestro terminara?
- No terminar… es solo… aún tenemos trece
- El año pasado teníamos doce – le recordó – y me dijiste lo mismo
- Sabes que todo era diferente
- Sí, el año pasado Zabini no lo sabía…
- No hablo de eso
- ¿Qué debo hacer para que creas que no te dejaré?
- Nada… es solo… - su silencio se lo decía todo. Harry era inseguro, no lo culpaba. De lo poco que se había animado a decirle sobre su niñez, sus tíos no habían sido la principal fuente de amor en su vida. Estaba acostumbrado a que lo dejen de lado y de lo poco que había podido apreciar, ese morenito que tanto quería seguía con la tonta idea de que él también se cansaría y lo dejaría. Lo abrazo con más fuerza. No se quejaba de su clandestina relación, al contrario, valoraba esos furtivos encuentros… era solo… ya iban seis meses juntos y aún no podía reclamarlo públicamente como suyo. Bufó con indignación.
- ¿Pasa algo? – el moreno lo miró dulcemente.
- No, nada
- Lo siento, yo si te quiero Draco – le dio un corto y casto beso sobre los labios – es solo que necesito…
- Algo de tiempo – completo el rubio – lo entiendo Harry, esperaré lo que creas necesario.
- ¿Lo dices en serio?
- Sí – confirmó – mientras tanto te miraré todo lo que se me plazca – el gryffindor volvió a sonrojarse.
- ¿Te pasa algo Draco? ¿Draco? ¡Draco! – una versión adulta de su amor de niño lo miraba con la boca manchada de yogurt.
- Perdona, ¿me decías? – sacudió levemente la cabeza e intentando volver a la realidad le regaló la mejor sonrisa que se le ocurrió - ¿terminaste de desayunar?
- Hace un buen rato – comentó – el que no ha comido nada desde hace un buen rato, eres tú – apuntó – parecías perdido en tus pensamientos, ¿está todo bien? ¿pasa algo? – sonrió al recordar como de niños también le preguntaba aquello.
- No, nada – respondió divertido – solo recordaba algunas cosas.
- Pues han de haber sido recuerdo agradables
- ¿Por qué lo dices?
- Sonreías mientras pensabas. Parecías disfrutar de tus recuerdos.
- ¿Eh? – el rubio se sintió enrojecer – esto… es mejor que traiga la foto, ahora vengo – antes de darle el tiempo suficiente a Potter para decir algo, se levanto y atropelladamente se dirigió a su alcoba.
Se sentía torpe en su andar, nada propio de un Malfoy como pudo comprobar, ¿qué le pasaba con ese moreno? Era cierto que aceptaba sentirse afortunado de poder verle cada día, pero… eso no quitaba que ese gryffindor siguiera sintiendo cosas por la serpiente de Riddle. Sonrió tristemente, quién lo diría… esa víbora realmente había logrado su objetivo.
Se acercó a su armario, lo abrió de par en par y teniendo que inclinarse para tomar una caja en la parte más honda, busco a tientas el paquete. Cuando lo hubo hallado regreso a su escritorio donde lo coloco y observo pensativo. No era una caja especial, ni siquiera mágica, era una simple caja de zapatos, pero de la cual no había podido deshacerse nunca - ¡Feliz Cumpleaños Draco! – la imagen de un moreno de gafas redondas llego rápidamente. Llevaba esa boba sonrisa y las mejillas considerablemente sonrojadas – espero que te gusten.
- No tenías que molestarte, no era necesario que me dieras nada – había sido una completa mentira. Él siempre había esperado recibir algo de ese moreno. No era que no agradeciera las increíbles muestras de afecto de años anteriores, como la tarjeta que le hizo para su cumpleaños número trece, o la increíble noche que pasaron en la torre de astronomía para su cumpleaños quince, pero siempre se le había quedado la curiosidad por saber que le regalaría Potter si tuviera que comprarle algo.
- Blaise me dijo la talla – el rubio lo miro divertido, así que Zabini también había estado involucrado. Realmente Harry había pasado por mucho para obtener lo que sea que estuviera escondido en ese paquete de regalo – verde y plata, como te gusta – alcanzo a decir el moreno al notar el cuidado con que desenvolvía el lazo plateado el rubio.
- Gracias Harry – le regaló una significativa mirada – pero… - caviló las posibilidades antes de continuar con su labor.
- ¿Sucede algo? – notaba el temor grabado en los ojos de su novio. El rubio frunció el ceño y cuidadosamente lo observó - ¿Qué… qué pasa?
- ¿Este regalo significa que esta noche no te podré hacer el amor? – el moreno enrojeció completamente – por qué de ser así, no puedo aceptarlo. Quiero comerte – no podía evitar mirarlo con lujuria… lo deseaba tanto, y más porque en las últimas semanas a penas y había podido verlo a causa de las múltiples prácticas de quidditch y las tareas constantes de los maestros.
- No…
- ¿No?
- Es decir sí… sí lo haremos – el de orbes verdes agacho avergonzado la mirada.
- Así está mejor – el rubio acarició dulcemente la cabeza del moreno y luego volvió a su labor.
Hubiera querido rasgar el papel como cualquier otro mago, pero le habían enseñado que ello era sumamente inapropiado. Aún cuando con cada pliegue su corazón se aceleraba más por saber que le había dado aquel león, procuraba mantenerse tranquilo - ¿Y bien? – el moreno le apremiaba - ¿te gusta? – Draco observaba los finos zapatos de charol, se notaban excesivamente costosos – son de la última colección de Gregorry Towler, sé lo mucho que te gustan sus calzados – el rubio abrió los ojos de par en par al comprobar lo dicho por su novio.
- Muchas gracias – atinó a decir intentando mantener la postura – de verdad Harry, muchas gracias – pero el moreno parecía decepcionado con su respuesta - ¿por qué estas triste?
- No pasa nada – el gryffindor siempre había sido un libro abierto para él, y una de las primeras y más sencillas líneas de leer era cuando mentía.
- Dime – casi exigió.
- Es solo… - Potter miraba a un lado y a otro indeciso – pensé… que te gustaría más – Draco entendió a la perfección a que se refería su moreno, por lo que aunque en su fuero intento y en su mente la voz de su padre decía "no Draco, no, así no se comporta un Malfoy" dejó a un lado su obsequio y se abalanzó sobre el moreno, logrando tirarlo al piso para empezar a devorarlo – Draco… - los gemidos del gryffindor empezaron a retumbar en la habitación.
Las lagrimas caían a borbotones por sus mejillas – duele – murmuró al tiempo que tomaba un pañuelo y eliminaba las marcas de aguas. Draco maldijo mentalmente a Riddle, no sabía ni entendía que había podido hacerle la serpiente a su novio, a aquel dulce niño que había sido suyo en la época de colegio. ¿Cómo había logrado que lo olvidara?
Abrió la caja intentando disipar cualquier pensamiento de su cabeza, y sintiéndose profundamente cabreado, para su desgano lo primero que encontró en aquella caja fue un pedazo de pergamino completamente arrugado. Él conocía perfectamente el contenido de aquel pergamino, se suponía que debía de haberlo tirado hacía muchos años atrás… pero, al igual que aquella caja, no había podido deshacerse de él.
Tomó con mano temblorosa el pergamino, estuvo tentado a leerlo pero decidió que no quería volver a verlo. Lo arrugo y formo una bola con el. De inmediato y sin girarse lo arrojo tras de sí.
- ¿Qué es esto Draco? – mecánicamente se giró para encontrarse con la escena que más temía. Harry tenía en la mano el pedazo de pergamino y empezaba a desdoblarlo.
- ¡No lo toques! – la furia con la que había dicho aquello sobresalto al moreno – perdona, es… algo privado – se acercó para quitarle el pergamino, pero Harry llevando la mano hacia su espalda retrocedió.
- ¿Qué es? – demandó
- Es privado – tenía el cuerpo completamente rígido – dámelo
- ¿Es de él? – el rubio avanzaba y el moreno retrocedía
- No… - la inseguridad de su voz, lo delato
- ¿Por qué lo guardas?
- No sabía que lo tenía
- Si lo sabías, y si lo tenías era porque es importante
- No es de tu incumbencia - El moreno se giró dándole la espalda y salió corriendo de la habitación.
- ¡Potter ven aquí! – Draco estaba fuera de sus casillas corrió detrás del moreno pero este se encerró en su cuarto - ¡Potter no te atrevas a leerlo! ¡Potter!
Dentro en la habitación del moreno, éste, recostado contra la puerta y oyendo solo los fuertes golpes en la puerta y los gritos desesperados de Malfoy; acercó el pergamino a su rostro y leyó:
Draco,
Perdona. Ya no puedo seguir contigo, me he dado cuenta que amó a Riddle.
De verdad lo siento.
Por favor, no me busques.
Esperando que seas feliz,
Harry Potter
Draco al otro lado de la puerta, estaba completamente fuera de sí, Harry no debía leer el contenido de aquél pergamino, cómo no lo había tirado antes. ¡Maldición! ¡Era el mago más imbécil del mundo! Ante aquella revelación recordó quién era, y sin pensárselo dos veces sacó la varita de sus pantalones y, apuntando a la cerradura de la puerta gritó – ¡Alohomora! – la puerta se abrió de par en par dejando entrever a un moreno gryffindor que con la mirada fría y el cuerpo rígido tenía un pergamino abierto en la mano.
Al notar al rubio, clavó sus ojos sobre él – ¿Qué demonios significa esto, Malfoy?
Notas de la Autora:
Al igual que Draco, últimamente sufro de estrés xD creo que ando en tantas cosas que he llegado al punto de nuestro amado rubio.
Por cierto, no sé si se los he contado pero últimamente me he vuelto fanática de Tom Felton ;P así que puede que por ahí en alguno de sus grupos me encuentren.
Un fuerte abrazo y que la magia gobierne sus vidas!
DulceMinina
