Ávido de recibir en si mismo

Otro cuerpo que sueñe;

Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

"No decía palabras" – Luis Cernuda

2. Descubrimiento

Lo primero que pensó fue un ¡JODER! Tan alto que por un momento creyó que lo había dicho en voz alta, de los nosecuántos miles de personas que había en la ciudad de Londres ya era coincidencia empezar a trabajar en el mismo club de Draco Malfoy ¿no?

Había conocido a Rupper por un compañero de clase, no es que necesitase el dinero con demasiada urgencia, aunque la mayor parte de la herencia de Sirius había ido a parar a donaciones para la recuperación del mundo mágico, seguía teniendo lo suficiente para vivir y él nunca se había sentido demasiado cómodo con todas las exigencias que implicaba el tener una buena cuenta en Gringotts. Pero los viajes eran caros y no estudiaba precisamente una carrera con una gran salida laboral así que cuando hablando con su compañero y Rupper éste le ofreció un trabajo no se lo pensó mucho.

Sabía que él también se había sorprendido al verle, no creía que correr hacia el paquete de tabaco con esa cara de susto fuese muy habitual en nadie y, cuando Rupper le dejó en compañía de sus nuevos compañeros decidió mantenerse en silencio y observar, una de las chicas se le acercó en seguida, parecía simpática y llenó el silencio con graciosos comentarios mientras Malfoy le enseñaba dónde estaba todo.

Pensó que tendría oportunidad de hablar con él a solas en algún momento de la noche pero estaba demasiado alucinado como para mantener una conversación sin resultar excesivamente estúpido.

El resto de la semana, y el mes posterior, Malfoy se las apañó para esquivarle constantemente, no le parecía raro, era hasta incluso normal, suponía que también estaría acostumbrándose a volver a verle todos los días. No fue hasta que Hanna llegó con el disgusto del mes, que volvieron a coincidir en la barra, al terminar la noche decidió que de ese día no pasaba, aunque tuviese que forzarle a hablar, si estaba demasiado molesto se marcharía, le gustaba estar allí pero por justicia Malfoy había llegado antes y ya estaba demasiado cansado de luchas sin sentido.

Extrañamente Malfoy accedió a hablar con él sin tener que llegar a las amenazas.

No tiene muy claro el momento en el que pasaron de ser compañeros de trabajo a amigos. Rupper les había medio obligado a trabajar juntos por lo que sus días libres coincidían, de quedar algunas veces para tomar algo o ver alguna película terminaron por verse todos los días. Malfoy, no, Draco, tenía un sentido del humor extraño pero no por eso desagradable y a menudo se sorprendía pensando en que de haber llegado a conocerle realmente bien en Hogwarts las cosas podrían haber sucedido de otra manera muy diferente.

Era divertido salir con él de excursión, siempre refunfuñando un poco sobre la cosas muggles que le sorprendían pero se veía claramente que le encantaban y que estaba deseoso de aprender todo lo posible, se había reído más que nunca cuando él le contó sus primeras experiencias al llegar al Londres muggle.

Se dio cuenta de que realmente se habían hecho amigos cuando en una de esas excursiones, volviendo de Oxford, hablaron de la guerra, era un tema que, aún sin palabras, habían acordado omitir de sus largas charlas, demasiados recuerdos dolorosos para ambos. Le contó todo, absolutamente todo desde su primer año, cómo se había enfrentado a cada una de las pruebas que le había puesto Voldemort a lo largo de su existencia, incluso le contó lo que había sentido en esos momentos, su desesperación por no poder ser un chico más, su angustia por la seguridad de sus amigos, el dolor de ver caer a todo el que se le acercaba con ánimo de cuidarle y protegerle, la eterna sensación de abandono, de ser solo un juguete, un peón en una guerra de la que no podía escapar.

Cuando terminó se sintió drenado, exhausto, pero al mismo tiempo como si se hubiese quitado un gran peso de encima. Vio la compasión y el dolor en los ojos de Draco y cuando este le contó su parte de la historia pudo darse cuenta de por qué se comprendían tan bien.

En la guerra nunca había vencedores, en ninguno de los dos bandos.

Y ahí fue cuando las cosas empezaron a cambiar, al menos para él, nació un nuevo sentimiento al que no sabía, ni podía, darle forma. Cuando rompió con Sarah se dio cuenta, no es que ella no le gustase, era una chica estupenda, pero no se divertía, o al menos no tanto, como al principio, todo lo comparaba con Draco, qué habría hecho Draco en "esa" situación o cómo le gustaría haber visto esa película, lo que se habría reído con ese comentario… y se encontraba de pronto pensando en salir a buscarle o llamarle para contarle algo gracioso que le había ocurrido… justo lo que tendría que estar haciendo con su novia, así que se fue corriendo a casa y llamó a la única persona que podía ayudarle.

Hermione.

Las cosas habían sido difíciles al principio, no entendieron porqué necesitaba alejarse, Ron que se había sentido mal por no poder ayudarle y se sintió feliz cuando volvió a Londres, pero al descubrir que Draco estaba tan cerca de Harry había puesto el grito en el cielo aunque, poco a poco, habían terminado aceptando su nueva vida.

— ¡Herm!

—Hola Harry – su cabeza apareció en la chimenea – no hace falta que grites… ¿te ocurre algo? pareces alterado.

— ¿Puedes venir? sabes que odio hablar así.

—Claro, échate a un lado.

Quince minutos y varios tés más tarde, Hermione le miraba con las cejas alzadas y esa sonrisilla que había descubierto en el colegio que decía "sé algo que no sabes".

—Es increíble que me preguntes eso, pensé que ya te habías dado cuenta.

—Explícate Herm, no tengo la cabeza como para demasiadas adivinanzas.

— ¡Ay Harry! si está muy claro, te gusta Malfoy.

— ¡No! no lo entiendes, sólo somos amigos, nos llevamos bien y eso…. y además, ¡no soy gay!, ¡ni él!, sólo nos gusta estar juntos, es tan diferente al estúpido niño que conocimos, pero… pero… — se dejó caer sobre la mesa, enterrando la cabeza entre sus brazos — ohh, mierda¡

Sintió la mano de Hermione acariciando su pelo, como cuando estaban en la sala común y se sentía desbordado por los acontecimientos.

—No es algo tan raro, además ya te he dicho un millón de veces que esa obsesión que tenías con él en el colegio no era muy normal…

—Mmm

Ella rió bajito y se levantó para marcharse.

—Me voy, Ron está al llegar y tú tienes mucho en lo que pensar.

—No le dirás nada ¿verdad?

Su cara de pánico contrastaba con lo roja que estaba por haberse quedado en esa posición tan incómoda.

—No, no de momento, supongo que primero querrás aclararte antes de soltar la bomba – sonrió – no te preocupes, sabes que le costará un poco, gritará, desconfiará de él y jurará que te ha lavado el cerebro, chillará un poco más pero al final lo aceptará.

Ya estaba en la chimenea cuando la llamó.

— ¿Herm?

— ¿Si?

—Gracias.

Sonrió y le guiñó un ojo mientras soltaba los polvos flu – Cuando quieras – le oyó decir antes de desaparecer.

Intentó olvidarlo. Realmente intentó que las cosas entre ellos no cambiaran pero era difícil, extremadamente difícil y el estar con Draco todos los días no ayudaba demasiado. Sabía que todo su cuerpo se tensaba cuando le pasaba un brazo por los hombros amigablemente, sólo porque sentir el roce de su piel le hacía saltar el corazón de tal manera que le parecía que todo el mundo en el club podía escucharlo, que se le secaba la boca cuando le miraba poniendo esa sonrisilla sarcástica, cuando veía elevarse esa perfecta ceja entre los mechones de pelo.

El día que consiguió desahogarse había salido corriendo hacia la trastienda, Draco salía por aquellos días con una chica morena con el pelo corto y risa contagiosa que había conocido hace algunas semanas, les había visto reírse y besarse durante toda la noche pero la ansiedad estaba pudiendo con él así que se alejó con la excusa de ir a buscar más refrescos. Una vez allí se dedicó a patear una caja vacía intentando aplacar su ira antes de volver a salir.

—Idiota, idiota, idiota…

—No creo que hacer eso solucione tus problemas.

La voz de Hanna le sorprendió y se detuvo de golpe.

— ¡Ah!, hola… estaba…estaba…

—Pateando una caja

—Si, eso,… digo, no, no, es que…

La rubia sonreía condescendiente mientras se apoyaba en el quicio de la puerta.

—No te preocupes, todos sabemos lo malvadas que pueden llegar a ser las cajas, sobre todo las vacías.

Harry rió pero era una carcajada triste, se reclinó contra la pared tapándose la cara con las manos.

—Si, la venganza de las cajas vacías, ella empezó…

Ella se colocó a su lado mientras encendía otro cigarro y se lo pasaba.

— ¿Sabes? no es malo sentir celos, lo malo es si esos celos te sobrepasan y no dejan que veas la verdad.

— ¿Celos? Yo no…

—Tú si, Harry. Pero no te preocupes, ella no significa nada, sólo es una más – le miró con una dulce sonrisa – si en algún momento quieres hablar ya sabes dónde estoy.

Y sin más le dejó allí, desolado, desesperado por entenderse, luchando por no salir a maldecir a Maggy, mientras el cigarro se consumía en su mano. Solo. Con la única compañía de las cajas vengativas.

Sentado en la terraza había terminado viendo amanecer, ese sábado por la noche había sido tremendamente duro y estaba cansado, agotado, pero supo nada más poner un pie dentro de su casa que no podría dormir de ninguna de las maneras, la cabeza le daba vueltas.

Habían pasado varias semanas desde su extraña conversación con Hanna en el almacén y él había intentado comportarse normalmente pero todos no dejaban de preguntarle que si le pasaba algo, que estaba inusualmente ausente y callado durante la mayoría del tiempo, raro, apático, incluso Draco se le había acercado anoche, durante uno de sus descansos, con la mirada preocupada.

— ¿Qué te ocurre?

Solo pudo hacer un gesto con los hombros mientras sentía como esos ojos grises le escrutaban fijamente.

—Nos tienes preocupados, incluso Rupper está planteándose darte algunos días de descanso – se sentó a su lado en el suelo - ¿les pasa algo a Granger o a Weasley?

—No. En serio, no es nada, únicamente que me encuentro cansado, eso es todo.

— ¿Es por mi?

Giró la cabeza para mirarle por primera vez desde que había entrado.

—Pensé que éramos amigos, buenos amigos Harry, pero hace semanas que no hablas conmigo…

—Si que hablamos.

—No, no como antes, ahora… no sé, sólo me preguntas cosas en el trabajo, nunca nos vemos fuera de aquí… ¿he hecho algo que te haya molestado?

—No, de verdad, tú no has hecho nada, y si no nos vemos fuera es porque siempre estás muy ocupado – le dio un golpecito con la pierna sonriendo – supongo que estas cosas van por rachas, pero soy tu amigo Draco, siempre seré tu amigo.

— Mi mejor amigo – le contestó apoyando la cabeza en su hombro.

Y con esa frase Harry sintió como su corazón se rompía.

Por eso estaba sentado fuera, con las manos heladas y los ojos llorosos, intentando que su corazón volviese a latir aunque con cada inspiración sintiese que se le partía un poco más.

El sonido del teléfono le sobresaltó y corrió a cogerlo.

— ¿Si? No, no estaba dormido. Vale, como quieras. Si, si, aquí estaré. No te preocupes te espero.

Y entró a lavarse la cara y a esperar a esa extraña visita.

Volvió a golpear la puerta con los nudillos mientras apretaba el timbre con insistencia, después de lo que a él le parecieron siglos aunque no podían haber pasado más de diez minutos, la puerta se abrió dejando ver a un adormilado, cabreado y sorprendido Draco.

— ¡Quién coño…! ¿Harry? ¿Ha pasado algo? ¿Qué…

No pudo acabar la frase, sin más Harry se acercó lentamente a él y susurró justo antes de besarle.

—No puedo soportarlo más.