Te amo sin saber cómo, ni cuando, ni de dónde,

te amo directamente sin problemas ni orgullo:

así te amo porque no sé amar de otra manera,

si no así en este modo en que no soy ni eres,

tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,

tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Soneto XVII

"Cien sonetos de amor" – Pablo Neruda

3. Aceptación

Era un tormento, una auténtica pesadilla, el mes que pasaron en su casa los mortífagos fueron unas vacaciones comparados con esto, pero no había solución, ninguna otra solución y prefería seguir sufriendo a su lado que separarse de él.

Fue un descubrimiento doloroso, jamás le habían interesado los chicos, al menos no de esa manera, si bien es cierto que en el mundo mágico no existían prejuicios de esa clase pero no era algo que hubiese tenido que plantearse nunca.

Realmente, y sobre todo al principio, decidió ignorar deliberadamente el extraño sentimiento de posesión que le asaltaba cuando estaba a su lado, el odio irrefrenable que sentía hacia quién se acercaba demasiado, pero en su mente, por aquel entonces, solo eran amigos, buenos amigos, grandes amigos, como siempre debían haber sido, en su defensa podía alegar que no tenía demasiado con lo que comparar. Las amistades más importantes son las que se crean en el colegio y con los Slytherin había otro tipo de relación, donde nunca podías ser del todo sincero con nadie, lo más cerca que había estado de conseguir algo parecido había sido con Theo, el callado Theodore que solo estudiaba y evitaba meterse en líos, pero durante su último año no había tenido demasiadas oportunidades de juntarse con él para desahogarse y su amistad había terminado como tantas otras, por falta de comunicación, con alguna lechuza en las fiestas importantes y en los cumpleaños. Desde que se había ido al Londres muggle únicamente mantenía contacto con sus padres, por lo que su amistad con Harry era algo normal, si, pasaban todo su tiempo libre juntos y quizás se sonreían y tocaban demasiado, pero con la falta de afecto que ambos habían tenido en sus vidas, para él esa amistad era de lo más normal.

Y todo había sido genial, maravilloso, los viajes, las noches hasta la madrugada viendo películas, las charlas intrascendentes, las cenas… hasta el momento en que todo cambió y decidió ignorar sus sentimientos, Harry era hetero, punto. Nunca sentiría lo mismo que él así que lo puso a un lado y siguió con su vida.

O al menos eso se repetía constantemente. Harry era su mejor amigo y por ninguna tontería, como besarle hasta perder el aliento, iba a perderle. Y la de veces que había tenido que morderse los labios para no saltar encima suyo, la de veces que había tenido que esconder tras una sonrisa las lágrimas que querían escapar cuando le contaba que había conocido a alguien, la de noches que había fantaseado con su mano derecha que él era ese alguien…

Pero desde hacía unas semanas las cosas habían cambiado. Harry no le hablaba, le miraba triste, apesadumbrado, como si algo le doliese profundamente, así que decidió que por mucho que le hiriese a él se apartaría, si le había ofendido se disculparía y se alejaría para dejarle vivir. Esa misma noche, en cuanto pudiese quitarse de encima a la pesada de Maggy que no hacía más que colgarse de su cuello. Las chicas ya no eran tan divertidas como antes.

Le vio entrar en el almacén con pasos lánguidos y apartando a Maggy se giró para seguirle, a medio camino encontró a Hanna.

—Deberías hablar con él.

Draco la miró reflejando todas sus dudas y temores.

— ¿Pero…? – ella meneó la cabeza – sois como niños, no os enteráis de nada, pasa anda, y habla con él…

—No te entiendo Hanna

La chica suspiró y se echó a un lado mirándole muy seria.

—Draco. Habla. Con. Él.

Estuvo a punto de contarle todo, a punto, pero la valentía no era una característica de su casa ni de él mismo y tuvo miedo, no quería perderle, no podía perderle.

Así que se aferró a esa amistad que les unía y lo dejó pasar.

No había dormido demasiado, la luz entraba por su ventana débilmente cuando consiguió dejar sus pensamientos de lado y descansar, estaba seguro que no habían pasado más de veinte minutos cuando el sonido del timbre y el aporreo de la puerta le despertó, se levantó cabreado maldiciendo a todos los vendedores que eran capaces de molestarle desde tan temprano. Abrió la puerta hecho una furia cuando se encontró con la persona más insospechada.

— ¡Pero qué coño! ¿Harry? ¿Qué ha…

Y después nada, se había muerto, seguro, o quizás no porque si estuviese muerto no podría sentir, y sentía, vaya que si sentía. Harry se había abalanzado contra sus labios y eso era un beso. Un beso temeroso, ansioso y asustado, que le estaba dejando sin respiración y volviendo sus piernas de gelatina pero que no quería que finalizase por nada del mundo ¿estaría soñando?

En algún punto dentro de ese beso habían cerrado la puerta y llegado al principio de las escaleras pero no avanzaron más y ahí, atrapado entre la pared y el cuerpo ardiente de Harry pensó que si la muerte le llegaba en ese momento no le importaría.

Harry no podía creerlo, Draco no le había empujado y mandado de vuelta al mundo mágico de una patada, no, Draco respondía al beso abriendo más la boca, apretándole más cerca, haciendo que entre sus cuerpos no hubiese espacio alguno y suspirando como si lo desease tanto como él.

Sólo había ido para que hablaran, contárselo todo y esperar que no le odiase, pero había abierto la puerta le había mirado y no pudo contenerse.

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Tres minutos? ¿Una hora? no lo sabía, no le importaba, pero poco a poco iba tomando conciencia de que necesitaba hablar más que besarle, y era mucha la necesidad de esos besos, pero resultaba insuficiente, únicamente con eso no era capaz de expresar todo lo que sentía. Se separó ignorando los quejidos de su acompañante y de su propia ansiedad.

—Dios…

—Si

Se sentaron en el salón, Draco trajo unas tazas de té y habló, le contó todo, como habían cambiado las cosas, cómo se sentía cada vez que le miraba, cada vez que accidentalmente, o no, rozaba su brazo en la barra del bar, lo maravilloso que era salir de excursión con él, le dijo todo lo que había tenido que callarse durante esas últimas semanas y siguió farfullando incoherencias, con frases entrecortadas y la mirada fija en el suelo por la vergüenza, hasta que Draco le levantó la cara con sus manos.

—Gryffindor tonto... – le susurró mientras acariciaba su cara – El tiempo que hemos estado perdiendo…

Y se lanzó a sus labios como si no hubiese un mañana.

Era una sensación extraña, saber que era Draco quien le desabrochaba la camisa con desesperación, el dueño de esos labios que estaban recorriendo cada centímetro de su cuello, que la piel que tocaba, tan suave, tan cálida, era de otro hombre, y sin embargo era tan correcto, se sentía tan bien, que su cerebro se desconectaba por momentos y se limitaba a dejarse llevar

Ninguno había estado antes con otro chico, pero habían visto demasiado porno como para no saber qué hacer, además, quería, no, necesitaba sentirlo todo, cualquier cosa que pudiese menguar ese fuego interno que le devoraba, que le hacía querer fundirse con Draco de la manera que fuese.

— ¿Cómo quieres…? – le preguntó mientras intentaba mantener el aire en sus pulmones

—No lo sé, no me importa, lo que quieras, como quieras…

Harry no dudó un segundo, le empujó suavemente hasta que cayeron los dos al suelo sin dejar de besarse y mientras su boca exploraba el pecho lampiño sus manos tomaron vida propia dirección sur. Los pantalones del pijama volaron en cuestión de segundos, ¡Merlín había tanta piel inexplorada!… pero lo dejo pasar, ya habría tiempo de conquistar cada centímetro, le masturbó suavemente, intentando calmar sus ansias mientras Draco arrancaba sus pantalones y ropa interior de una sola vez, dejándolos en igualdad de condiciones.

Si había creído que su piel era suave y tersa cuando sus palmas tocaron las pálidas nalgas un sonido gutural se escapó de su garganta, todo su autocontrol se escapó en ese gemido, de un rápido movimiento sucedieron varias cosas, un accio no verbal trajo una crema corporal de donde fuera que estuviese y se encontró sentado, apoyado contra los asientos del sofá con Draco en su regazo, tan pegado a él como era posible sin estar fundidos.

Casi vaciar el bote sobre su mano e introducir el primer dedo fue algo instintivo, no pensó en ello y provocó un gemido agradecido. Segundos después Draco se frotaba contra él y al mismo tiempo contra la mano desesperado.

—Vamos Harry, vamos…

No había tiempo para la ternura, era algo animal lo que corría por sus venas arrasando todo indicio de prudencia, sacó los tres dedos que ya tenía dentro y se introdujo de una sola envestida, el grito de Draco le detuvo un segundo, lo justo para mirarle a los ojos y comprobar que todo estaba bien, pero pasado ese instante Draco volvió a besarle con más fiereza que antes anclándose a sus hombros y sin parar de subir y bajar, repitiendo su nombre como si fuese un mantra que estuviese llevándole hacia el nirvana.

Harry no podía hablar, las sensaciones se agolpaban sin darle tregua, deseo, lujuria, pasión, anhelo, placer…tanto placer que no había hueco para las palabras, no había nada más que ese cuerpo cabalgándole con desenfreno.

Habría sido imposible que durasen mucho más, un cuerpo humano no podía con tanto.

Draco gritó su nombre mientras echaba la cabeza hacia atrás y arqueaba la espalda y Harry no pudo contenerse, sentir su miembro apretado hasta lo imposible y ver Draco así, desmadejado, dejándose las cuerdas vocales en ese alarido que decía tantas cosas con una sola palabra, tan libre… se dejó llevar por el orgasmo enterrando la cabeza en ese cuello eterno que se exponía ante él.

—Por Circe y todos los magos, eso fue…

—Si

—…tan intenso… tan…

—Si – suspiró

—Merlín…

No podía moverse, quería quedarse aferrado a ese maravilloso cuerpo para siempre.

Continuaron besándose, besos suaves y tiernos, besos lánguidos y desfallecientes. Al rato Draco se movió, poniéndose de pie y estirando la mano.

—Vamos

Harry le miró frunciendo el ceño mientras estiraba las piernas.

— ¿Dónde?

—A la cama, y a vuelvas a contarme todo lo que dijiste antes – le sonrió – eso de que soy tan genial que no puedes vivir sin mi

Harry meneó la cabeza negando.

—Creído

— ¿Estoy mintiendo?

—No, pero eres un creído

— ¿Y?

—Nada, solo eso – le contestó mientras le abrazaba y sentía como volvía desearlo más intensamente que antes. No dudaba que nunca podría apagar del todo ese sentimiento de había descubierto en él, le besó con más intensidad y notó la sonrisa de Draco contra sus labios.

—Cama. Ahora.

—Si

— ¿Lo llevas todo?

—Voy a estar fuera unas horas Harry, un día a lo sumo, no creo que necesite nada

—Lo sé, lo sé, ¿en serio no puedes decirme dónde vas?

—No, prefiero que sea una sorpresa – se giró para mirarle de frente. Harry desnudo en la cama era una de esas cosas que había que mirar con detenimiento, beberse los detalles, era lo que necesitaba para la confrontación que le esperaba con su madre.

No que si ella se negaba a escucharle fuesen a cambiar mucho las cosas, pero necesitaba hacerlo, "salir del armario definitivamente" como le había dicho Hanna, Harry se lo había contado a sus amigos y familia a los pocos meses, cuando vieron que no era una fase por la que tenían que pasar, cuando decidieron irse a vivir juntos y no separarse para nada, ni un segundo si podían evitarlo. Pero él había tenido miedo, si bien su padre no era la persona de antaño seguía con esa manía de "los Malfoy no… " y lo que se le ocurriese después, si bien para los magos estar con alguien de tu mismo sexo era algo normal, su pareja seguía siendo Harry Potter después de todo, el que había acabado con sus ansias de poder y había librado al mundo de ese mago desequilibrado y egocéntrico.

Pero habían pasado dos años y sentía que se lo debía, no solo a Harry sino también a si mismo, cuando decidió entrar completamente en el mundo muggle supo que tenía que dejar su pasado atrás y ser fiel únicamente a lo que sentía, y no quería vivir una mentira aunque fuese por omisión, quería poder hablar con su madre de Harry, de sus planes, de todo lo que le ocurría como aquella vez en el parque.

—Échame de menos – le susurró en el abrazo.

—Si tengo tiempo… - sonrió – he quedado con Hanna para comer y después vendrán Hermione y Ron, si tengo un rato pensaré en ti.

—Capullo – le dio otro beso – Te quiero.

Harry le volvió a sonreír.

—Y yo a ti. Anda vete ya, cuando antes te marches antes volverás.

Bajaron juntos hasta la chimenea le dio un último beso.

—Mansión Malfoy – dijo con una sonrisa mientras soltaba los polvos flu y veía difuminarse la cara extrañada de Harry.

Fin