Capítulo 3

Gregory abrió la puerta y ambos se quedaron sorprendidos. Si Mycroft iba del Doctor Frankenstein, Greg, con joroba, medio agachado y con una camisa negra con capucha solo podía ser el esbirro de Frankenstein:

―Igor ―susurró Mycroft.

Greg sonrió.

―Doctor Frankenstein ―dijo mientras sonreía ―. Pase, pase. Le estaba esperando.

Mycroft sonrió y entró en la casa, siguiendo a Greg que andaba con una pronunciada cojera.

El salón estaba repleto de decoración, telarañas, serpientes y arañas de plástico, murciélagos colgados de las lámparas y en la mesa de bebidas había un mantel que tenía un estampado de un cementerio.

Ya había cuatro personas allí que le miraron con odio mientras seguía a Greg hasta la mesa de bebidas, Mycroft no le prestó atención a ninguno estaba aún sorprendido por el disfraz del moreno.

―Sírvete ―le dijo Greg ―. Y si quieres, tenemos alcohol…

―Con refresco me vale, gracias ―dijo Mycroft rellenándose un vaso.

―¿Te ha costado trabajo encontrar mi casa? ―preguntó Greg

―En absoluto, vivo solo unas calles más arriba.

―¿En serio? ―preguntó sorprendido ―. Nunca te he visto por este barrio…

―Tengo cosas mejores que hacer que salir a dar vueltas, la verdad ―le dijo Mycroft molesto.

Greg le sonrió.

―Ah, ¿sí? ―preguntó alzando una ceja ―. ¿Cómo cuáles?

―¿Estudiar para sacar una buena selectividad quizás? ―le dijo Mycroft escéptico.

Greg rio y abrió la boca para responder pero llamaron a la puerta y se fue a abrir.

Cuando la casa comenzó a llenarse de adolescentes, Mycroft decidió retroceder y quedarse apoyado en una pared donde pudiera observar todo el salón. Greg procuraba hablar con todos pero se quedaba más rato con Mycroft, hablando sobre todo de Frankenstein y de novelas de terror de la época de la que ambos eran fanáticos. El pelirrojo no podía estar más encantado, tenía cosas en común con Greg y todo el mundo le estaba pasando por alto. La noche no podía ir mejor.

Pero, pasadas las doce de la noche, la fiesta dio un giro inesperado.

Matthew, el mejor amigo de Greg, que ya estaba pasado de copas cogió una silla y se subió a ella. Greg le miro sorprendido pero bajo la música cuando se dispuso a hablar.

―Bueno, bueno, todos nos lo estamos pasando muy bien pero como cualquier fiesta de disfraces tenemos que elegir cual es el mejor. Y tendremos un suculento premio.

―Ah, ¿sí? ―pregunto Greg ligeramente confuso.

Matthew sonrió.

―Tú serás el premio querido amigo. La chica que gane tendrá una cita contigo y podrá bailar contigo esta noche.

Mycroft observo como las chicas comenzaban a cuchichear entre ellas emocionadas y al borde del desmayo. Greg sonrió vagamente aunque no dijo nada en contra.

―Bien, bien. Cada uno votara a una chica y quien mayor número de votos tenga gana una velada con este semental de aquí ―dijo riéndose señalando a Greg con el pulgar.

Comenzó a repartir trocitos de papel a todos, lanzándole el suyo a Mycroft directamente a Mycroft en la cara. Los bolígrafos se lo fueron turnando y dejaron todos los papelitos dentro de un sombrero.

Mycroft fue a rellenarse una copa y se apartó del grupo tanto como pudo, concentrándose atentamente en la mancha de coñac que habían dejado en la alfombra.

Contabilizaron los votos en menos de cinco minutos y de nuevo Mathew se subió a la silla.

―Bien, bien. Señoras y señores, la chica que tendrá el honor de salir con Gregory Lestrade, es...

Se produjo un silencio sepulcral y varias chicas contuvieron la respiración.

―¡Mycroft Holmes!

El silencio se hizo tenso y el nombrado alzó la cabeza al oír su nombre. Todo el mundo le miraba, las chicas con asco y los chicos al borde de un ataque de risa. Mycroft cambio de color del rojo al verde y fue cuando las carcajadas resonaron por todo el salón. Las chicas pronto se unieron y le empezaron a señalar.

El pelirrojo agachó la cabeza y dejo su vaso en la primera mesa que vio. Avanzo haciéndose sitio para poder irse y salir de allí pero cuando llego a la puerta alguien le agarró de la muñeca y lo detuvo.

―Déjame ―le dijo en tono de advertencia.

―Mycroft... ―susurró la voz de Greg.

El nombrado tomo aire y se volvió para mirarle lo más fríamente que pudo. Aun se escuchaban las risas de Matthew pero el resto esperaba en silencio las burlas de Greg. Incluso Mycroft las esperaba.

―Menos mal que has salido tu ―dijo al fin Greg sin dejar de sonreírle ―. No sabría qué hacer con una chica.

Mycroft le miro sorprendido, procesando lo que le había dicho y sin esperárselo, Greg lo atrajo hacia el cogiéndole de la bata y le beso.

Las risas de Matthew se cortaron de golpe y un "¡Oh!" de sorpresa resonó entre las chicas. Mycroft cerró los ojos y disfrutó del beso sin poder creer aquello que le estaba pasando.

Cuando se separaron, Greg le cogió las manos y sonrió.

―Hoy bailamos, mañana tenemos nuestra cita.

Mycroft asintió, no tenía palabras. Se dejó arrastrar al centro de la habitación, dejándose llevar por Greg.

―¿Sabes bailar? ―preguntó Greg mientras le cogía las manos

―No ―admitió el pelirrojo notando como las pulsaciones del corazón subían.

―Yo tampoco ―rio Greg ―. Aprenderemos juntos.

Mycroft no supo quién puso la música pero de fondo se escuchó una canción de Metallica pero lo suficientemente lenta para que se pudiera bailar. Greg se acercó a Mycroft, puso las manos de este en su cintura y él puso las suya sobre los hombros de Mycroft.

―Es mejor para ti, eres más alto ―susurró Greg.

Mycroft asintió y se movió al ritmo de Greg de forma intuitiva, temiendo pisarle. Las chicas observaban la escena en silencio, con una sonrisa dulce en el rostro.

Los chicos sin embargo murmuraban entre ellos, pero ninguno prestaba atención. Mycroft acercó su rostro al de Greg y este inmediatamente comenzó a besarle, pegándose más a él y rodeando el cuello.

Cuando la canción acabó, Greg miró a Mycroft completamente sonrojado. El pelirrojo rio nervioso y se frotó el brazo sin saber qué hacer.

―¡Greg! ¿Qué te gustan las pollas? ―preguntó la voz de Matthew un tono burlón.

―Sí ―respondió Greg sin mirarle ―. Y a quien le moleste que se vaya de mi casa.

Pero nadie se movió de su sitio, es más, las chicas comenzaron a felicitarle. Mycroft se movió nervioso en el sitio y apretó la mano de Greg.

La fiesta no duró mucho más, los chicos se fueron enseguida y las chicas se quedaron un poco más, le dieron la enhorabuena y se fueron, dejándoles solos.

―Yo… No entiendo por qué –se atrevió a decir Mycroft tras sentarse en el sofá ―. ¿Por qué yo?

―Porque eres fantástico… Además eres muy atractivo ―le dijo acariciándole la mejilla con los dedos.

―No te atrevas a mentirme a la cara…

―No te miento… ―dijo entrelazando sus dedos con los de Mycroft ―. ¿Te acuerdas el trabajo del curso pasado sobre Isabel II?

―¿El que hicimos en Mayo?

Greg asintió.

―Ya me había fijado en ti antes, tengo un nosequé con los pelirrojos ―admitió sonriendo ―. Cuando expusiste tu trabajo, hablando con esa pasión sobre el gobierno y la monarquía inglesa, dando tantos detalles… Me encantó. Eres tan inteligente y culto que me terminé de enamorar de ti.

Mycroft lo observaba con la boca entreabierta.

―¿Y por qué…? Hasta ahora no dijiste nada…

―Nunca estaré a tu altura. Tú eres muy inteligente, educado, elegante… Y yo solo soy alguien a quien se le da bien el deporte y que aprueba por los pelos. Somos polos opuestos así que… No pensé que fueras a hablarme si te invitaba a salir ―se explicó mientras se sonrojaba.

Mycroft rio nervioso.

―Es cierto, somos polos opuestos pero los polos opuestos se atraen ―dijo mientras le sonreía ―. Dios… Esto parece un sueño ―dijo riéndose.

Gregory le besó el cuello varias veces hasta llegar a los labios de Mycroft.

―No lo es ―le dijo con una sonrisa.

Mycroft tenía las mejillas sonrojadas pero sonreía. Se aproximó a Greg y le besó, dejando que este lo arrastrara con él para quedar tumbados en el sofá. Pasó un rato hasta que Mycroft se separó un poco.

―Creo que debería irme a casa… ―susurró antes de volverle a besar.

―Puedes quedarte aquí si quieres… ―murmuró Greg contra sus labios.

Mycroft aguantó el aire e hizo un esfuerzo por separarse. Se puso de pie y le miró con una sonrisa.

―Me encantaría, pero tengo que volver. Mañana sin embargo podemos quedar, podríamos ir a comer fuera…

Greg se puso de pie y asintió.

―Me parece bien, ¿paso a recogerte a las una?

Mycroft asintió.

―Dame tu número de móvil y te envío mi dirección en un mensaje.

Greg cogió el teléfono que le tendía Mycroft y lo apuntó antes de devolvérselo. Mycroft se dirigió hacia la puerta, la abrió y se volvió sin saber cómo despedirse. Greg se acercó a él y lo besó durante unos segundos.

―Hasta mañana Mycroft.

―Adiós Greg…

Mycroft le dio otro beso antes de salir de la casa y bajar la calle. Cuando oyó la puerta cerrarse suspiró profundamente y sonrió. Jamás pensó que la noche podría acabar así.

Cuando quiso darse cuenta ya estaba en casa. Era tarde así que abrió la puerta en silencio y fue al baño para quitarse todo el maquillaje y tomar una ducha, se puso su albornoz y fue a su cuarto.

Sherlock estaba metido en la cama de su hermano, con la lámpara encendida y mirando fijamente a la puerta. Al verle hermano sonrió.

―¡Lo ves! ―exclamó ―. ¡Lo sabía!

Mycroft se sonrojó un poco y fue a coger su pijama.

―¿Tú no deberías de estar dormido? ―le preguntó.

―Te estaba esperando… ―se quejó Sherlock ―. ¿Le besaste? ¿Te besó? ¿Cómo fue? ¡Cuenta!

Mycroft sonrió y puso el pijama, se sentó al lado. Sherlock se acomodó a su lado y le miró mientras Mycroft le explicaba todo lo sucedido.

―Entonces… ¡Tienes novio! ―dijo Sherlock sonriendo ―. Eso es genial…

Mycroft rio.

―Ahora, ¿me vas a explicar por qué estás en mi cuarto a estas horas? Seguro que no era por esperarme…

Sherlock hinchó los mofletes y sacó debajo de las sábanas el libro que su hermano le había regalado: "Los cuentos más terroríficos de Edgar Allan Poe".

―Es que… ―murmuró Sherlock ―. El cuento de la casa Usher no me ha gustado…

Mycroft sonrió y cogió el libro.

―¿Quieres que te lea yo?

Sherlock asintió y se acomodó en la cama. Mycroft le leyó hasta que su hermano se quedó dormido. Apagó las luces y se le quedó mirando mientras se acomodaba a su lado.

Gracias a él y solo a él había pasado la mejor noche de Halloween de su vida. Y eso no iba a olvidarlo.

FIN

¡Por fin escribo algo! Dios... Hacía mucho que no publicaba y sienta bien hacerlo de nuevo...

Espero que el fic os haya gustado mucho, el Mystrade es una de mis parejas favoritas así que espero haberlo hecho bien.

¡Mystrade Rules!