Los Fungis Maravillosos

Llegamos a Kourindou a la tardecita y el dueño de la tienda no parecía muy sorprendido por nuestro reciente y radical cambio de aspecto aunque viéndolo por otra parte es normal ya que nos vimos muy pocas veces.

"¿Buscan algo en especial?".

Preguntó Rinnosuke.

"Pues sí, de hecho buscamos algo muy especial…".

Le expliqué largo y tendido al puestero que buscábamos unas pastillas que produjeran el efecto de hacer crecer el cuerpo y aunque le dimos un ejemplo (nos quedaban dos de estas pastillas pues una la tomó Koishi y la otra yo) más tarde quedó en claro que Rinnosuke no sabía algo de la cuestión…

"¿O sea que no se producen en Gensokyo?".

Pregunté empezando a notarme bajoneada.

"Así es al menos hasta donde yo sé... pero por lo que me cuentan podría llegar a ser una creación experimental de Kirisame Marisa que vive cerca de mi tienda o de Yagokoro Eirin que reside en Eientei".

"¡Gracias! ¡Ya sólo diciéndonoslo creo que nos ayudaste mucho!".

Enseguida nos retiramos de Kourindou hacia la casa de Marisa tras despedirnos del puestero.

Pero cuando llegamos a su residencia no la encontramos.

"Señorita Satori, me parece que el que no esté en su casa es algo típico de ella…".

Me informó Orin.

Cuando pasamos cerca de una zona en las afueras de la aldea de los humanos nos saludaron Remilia y su sirvienta personal Sakuya que habían ido de compras al mercado junto con unas sirvientas hadas.

"¿Quieren decir que casi se muestran así como están ahora a los humanos de la aldea?".

Nos interrogó Remilia a Koishi y a mí.

"Sí, ¿acaso tiene algo de malo?"

Le contesté.

"¡Pues claro que sí, tonta! ¡Con lo bellísimas que están ahora llamarán demasiado la atención!".

No entendí bien por qué lo dijo pero le noté un leve sonrojo.

"¡Ya sé! ¡Acompáñenme las cuatro a mi mansión!".

Manifestó Remilia.

"Pero…".

Empecé a decir.

"¡Sin peros! ¡Mañana podrán hacer lo que ahora iban a hacer! ¡Además ya casi oscurece! ¡Las invito a pasar la noche en mi gran casa!".

Propuso Remilia golpeándose el pecho y entrecerrando los ojos.

Después de deliberar unos momentos entre nosotras convenimos en que era lo mejor dada las circunstancias.

Después de cenar todas juntas en su enorme comedor Remilia nos invitó a todas a sus dos gigantescos baños (a mí al primero junto con ella y al segundo se metieron Koishi, Orin y Okuu con Flandre)".

"Entonces, Satori, ¿cómo es que te creció el cuerpo de forma tan bonita?".

Empezó a interrogarme Remilia (que estaba sentada tomando una copa con vino tinto y el agua le llegaba hasta el ombligo).

"Koishi y yo ingerimos unas pastillas que encontramos frente a la puerta principal del palacio de los espíritus terrenales".

"¿Cómo…? ¿Las tomaron así nomás…?".

"Oh no… estaban empaquetadas y hasta con instrucciones anotadas en un papelito sobre su correcto consumo… y admito que sólo las ingerimos llevadas por la curiosidad…".

"Mmm, entonces dudo que Marisa haya tenido algo que ver y encuentro mucho más probable que sean una producción de la médica de Eientei…".

"Hacia allí nos queremos dirigir mañana a la mañana porque mucho me temo que el efecto de estas pastillas sea temporal…".

Expresé, mientras hacia burbujas en el agua y evitaba la mirada directa de Remilia.

"Bueno, dejando este asunto de lado…".

Inició Remilia dejando la copa a un lado del baño y parándose en su escaso metro con cincuenta y poniéndose justo frente a mí.

"Tengo tetas muy pequeñas… pero las tuyas que ahora son grandes me parecen exquisitas…".

Aseguró Remilia al momento en que se agarraba las tetitas y sonreía buscando que la mirara directo a los ojos.

Empecé a alarmarme pero logré mantener un poco la calma.

"¿No te da vergüenza decir algo así…?.

Empecé a decir pero sin que se me ocurriera qué mencionar a continuación…

Remilia me abrazó por la espalda y empezó a lamerme la oreja derecha…

"¡No, Remilia! ¿¡Qué chucha haces…!?".

Traté de zafarme pero ella era muy fuerte a pesar de su pequeño tamaño, me sostuvo los brazos y cuando la vi directo a los ojos sufrí su mirada carmesí… y entonces mi cuerpo aunque un poco grande y hasta rechoncho se debilitó…

"Satori, siempre me pareciste atractiva pero ahora que tienes este cuerpazo exuberante estás irresistible…".

"¿S-Siempre le haces algo así a tus visitas…?".

Pregunté lánguidamente pero empezando a leerle la mente…

"No, sólo en Sakuya y en vos utilicé mi mirada carmesí…".

Me contó la vampiresa al momento en que me llevaba entre brazos hacia la las escaleras del baño de tal modo que el agua me llegara sólo hasta la base del trasero.

"Siempre obtengo lo que deseo".

Y luego ingirió una de las dos pastillas que nos quedaban…

"¿Cuándo la agarraste…?".

Pregunté ya más por decir algo que por verdadero interés y entretanto seguramente tenía una expresión cansada y ridícula…

"No tiene importancia… ¡Buen provecho!".

Aquella noche Remilia Scarlet me marcó para el resto de mi vida aunque me haya violado… ¿Violado…? ¿Se dice en verdad que algo es una violación cuando a una le gustó tanto el contacto con la otra persona…? Es vedad que no me preguntó si quería pero cuando en principio llamé por telepatía a Orin y a Okuu y cuando ellas nos interrumpieron en el primer baño en pleno acto sexual me arrepentí de haberlas llamado y les ordené que se fueran dejándonos en paz…

No recuerdo mucho más de lo que ocurrió tras ese momento en el baño… pero notar el cuerpo de Remilia (ahora bien desarrollado como el mío gracias a la pastilla) como si estuviera fundiéndose con el mío… me hizo gozar… esas son las palabras que buscaba… me hizo gozar… y aunque fue la primera vez que tenía sexo no noté ni un poco de dolor ni de asco…

Unos días después me enteré de la verdad tras las pastillas maravillosas por parte de la misma Remilia ya en mi palacio… Es decir, me dijo toda la verdad… pero no me molesté sino que noté alivio por su visita a mi palacio y por su sinceridad…

Tras un poco más de charla Remilia sacó de uno de sus bolsillos una de esas pastillas.

"Estas pastillas hechas a base de hongos son una maravilla de las de Eientei, ¿no te parece, Satori?".

"Sí…".

Le respondí y dos segundos después Remilia me estaba metiendo la pastilla en la boca…

"Sí que lo son".

Aseguró mientras ella se tragaba otra y de inmediato me colocó un collar con cadenita.

Desde ese momento supe que le pertenecería a la Ama de la mansión escarlata por el resto de mi vida.