ERAS TÚ EL DE LAS CARTAS, DRACO
Todos han cambiado mucho en estos años. Casi no parecen los mismo, de hecho, no son los mismos. Hay un montón de críos correteando de un lado a otro y dos adolescentes interrogando a los adultos sobre el mundo que les rodea. Victoire y Teddy, sin duda alguna.
Mi pequeño Teddy, le he echado tanto de menos que me parece irreal tenerle aquí ahora. Estar en la misma habitación que ellos es un sueño. Aunque él todavía no sepa ni siquiera quien soy yo. Aunque eso es solucionable. Habrá que empezar a hablar.
Molly se lanza a mis brazos, como siempre hacía. Para ella soy un hijo más. Igual que Harry, Hermione y los demás. Hijos y añadidos, solíamos bromear. Nos quería a todos por igual. Y por la mirada que me echa, sé que ese amor no se ha modificado por el hecho de que hayan pasado 10 años desde que la vi por última vez.
Otro que tampoco reacciona es Harry. Nos miramos unos instantes, ninguno da un paso.
-¿Quién es ese señor, mami?
Desvió la atención y veo que la pequeña niña se esta dirigiendo a Hermione. Siempre supe que ella y la comadreja tendrían hijos. No muchos, pero sí alguno. Ambos me sonríen. Todo el mundo me sonríe. Excepto Harry.
Él solo me mira, pero parece haber recuperado algo de compostura porque ya camina hacia mí. Con lentitud, eso sí. Se ve que el retiro forzado del mundo de los aurores no le ha sentado demasiado bien a sus reflejos. Sigue caminando en mi dirección, con una expresión insondable en esos maravillosos ojos verdes. Y yo no puedo evitar sonreír. Eso sí… en el momento en el que él me devuelve la sonrisa, me tiemblan las rodillas y hasta el alma.
-Vaya vaya… espero que esa poción Pimienta sea realmente efectiva, Draco Malfoy.
Durante unos instantes temo que haya perdido la cabeza, hasta que lo recuerdo. Aquel fatídico día cuando salía de casa le prometí que traería una poción pimienta para Ted. Entonces fue cuando me detuvieron y jamás pude volver a decirle nada.
-Me matarás si te digo que no la llevo conmigo? Debí olvidarla.
Nos reímos como dos maníacos y aunque nadie en esa habitación entiende nada… no importa. Somos Harry y tú, que por fin volvemos a reunirnos. Y nos abrazamos, nos abrazamos muy fuerte. Tanto que los 10 años se me olvidan de un plumazo: vuelvo a estar entre los brazos de Harry y a tenerle entre los míos. No hay nada mejor que eso en el mundo.
Quiero besarle, pero Harry siempre ha sido muy estricto con lo de las muestras públicas de cariño y decido conformarme con el beso que me planta en la mejilla y que está cargado de millones de promesas.
-¿Y ya está?-salta Weasley indignado-¿10 años para esto?
-Compórtate Ronald.
Cosas que nunca cambian. Cosas que no hacen más que cambiar. Eso es la vida, una mezcla agridulce de ambas cosas. Y yo he tenido ya mi cuota de ambas.
-¿Draco?- escucho una voz titubeante. Teddy Lupin. La última vez que lo vi era un trasto de 7 años de pelo turquesa y sonrisa permanente. Ahora tengo delante a todo un hombre, que me mira con algo que parece una mezcla de sorpresa y
-¿Si, Ted?
Se muerde un poco el labio y te recuerda tanto a ese niño menudo al que leías antes de dormir que te dan ganas de abrazarlo muy fuerte.
-¿Tú eras el de las cartas, Draco?
