Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen

Summary COMPLETO: Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a hacer estragos en sus vidas? ¿Su amistad sobrevivirá?

Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?

Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?

Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?

Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?


"Cosas del destino"

Taichi y Hikari

Taichi miraba la tv. distraído. No había absolutamente nada bueno en la televisión y eso era triste porque el joven deseaba poder relajarse perezosamente toda la semana de vacaciones que le quedaba antes de la universidad. Al parecer su plan empezaba a fracasar ya que sonó el timbre y a quien vio parado allí fue a un joven moreno con un estilo muy parecido al suyo propio y con un balón en la mano.

-¿Daisuke?

El aludido emite una boba sonrisa de esas que le caracterizan tanto.

-Taichi, ¿Qué haces en esas fachas? –pregunta mirando a su héroe de arriba abajo. –Prometiste que hoy practicaríamos.

Taichi resopla molesto.

-¿Yo? No recuerdo haber prometido eso.

-Eso es porque siempre traes la cabeza en otras, cosas como Sora.

Yagami meditó esto y comprendió que probablemente era cierto.

Daisuke y él habían estado en el mismo club de soccer por un par de años y desde ese momento el más joven creó una admiración por él casi ridícula. Si a esto se le suma que él y Kari eran buenos amigos (y que Motomiya le profesaba un amor platónico a ésta) era casi imposible para Taichi quitárselo de encima.

-Aunque si no te sientes con ánimos podemos quedarnos aquí. –dice Daisuke pasando sin ser invitado y dejando su balón en el suelo. –Y no hacer nada.

Taichi entonces cacha de qué va todo eso y se queja de que, a pesar de que Daisuke no sea el más listo de todos, ha encontrado su propia manera de manipularlo.

-Oh, vamos. –exclama Tai. -¿Esperas que te crea que me he olvidado de que quedamos de jugar usando el pretexto de Sora? Ya sé que estás aquí por Hikari.

Motomiya suspira resignado al ver que su plan maestro fracasa sin saber que por un segundo, Taichi realmente se lo ha creído.

-¿Está en casa?

Taichi no necesita responder porque justo en ese instante se escucha la risa de la castaña que viene saliendo de su habitación seguida de cerca por un joven centímetros más alto que ella, de cabellos rubios y ojos azules. Daisuke maldice por lo bajo mientras se pregunta cómo ese maldito remedo de japonés albino siempre va un paso más adelante que él.

-Daisuke, que sorpresa. –expresa Takeru Takaishi con una sonrisa amigable en su cara.

-¿Qué haces aquí, Daisuke? –interroga Hikari quien ha dejado de reír.

-Habíamos quedado de jugar pero lo he olvidado. –le solapa el hermano mayor de la chica. –Así que le dije que se quedara por aquí un rato. –añade decidiendo ayudar un poco a su pequeño discípulo.

Eso y el hecho de que no quiere que sea el hermano de Matt el que termine por hacerse de su casta y pura hermana menor. Y no porque tenga nada en contra de Takaishi, sino por puro espíritu competitivo hacia su familia en general.

-¿Qué hacían? –cuestiona Daisuke con obvios celos. -¿No le molesta a tu novia que estés en la habitación de Kari?

-No. –contesta la muchacha. -¿Cierto T.K.?

El rubio calla. Hikari se da cuenta entonces que es verdad, que a Miyako le molesta. Daisuke celebra en su mente haber tenido una victoria sobre Takaishi y Taichi decide que en realidad nada de eso le importa un carajo.

-Voy a bajar a comprar frituras, ¿Quieren algo? –pregunta el mayor de todos ellos. Sus amigos niegan y el moreno sale de la vivienda.

-¿Qué tal han estado tus vacaciones, Daisuke? –cuestiona Takeru en busca de zafarse del momento incómodo que tuvo con su mejor amiga.

El moreno comienza a relatar detalles insulsos acerca de su verano mientras la mente de Hikari vuela hacia otro lado. ¿Es correcto de parte de Miyako sentir celos de ella? Y peor aún, ¿Está mal por parte de Kari invitar al novio de su amiga a su habitación? Las respuestas a esas preguntas estaban claras en la mente de la chica Yagami: No.

Sin embargo bien podría ser que ella viviera en un error. Así como para ella no estaba bien que Miyako se sintiera amenazada por ella tampoco estaba mal el hecho de que siguiera tratando a TK como lo había tratado desde el momento que lo conoció a la tierna edad de ocho años. Siempre habían sido las cosas así entre ellos, ¿Por qué iban a cambiar ahora? Se negaba a que fuera así.

Aun así era obvio que tenían que hacerlo. Ya lo estaban haciendo. Ya existían cambios aunque ella lo quisiera negar con vehemencia. Takeru ya no era suyo. Y sin embargo ella no quería creérselo y prefería aferrarse a la mentira. ¿Qué debía hacer?

Sora

Sora llegó a casa más tarde de lo que esperaba. Ella habría querido estar allí a la hora de la comida, que era cuando su madre descansaba del negocio de ikebana y convivían juntas, sin embargo la práctica de tenis se había alargado y para colmo su rendimiento fue tan malo como lo venía siendo toda esa semana. Su entrenador estaba cansándose de ella y de su baja eficacia y si no hacía algo tal vez todas las becas que le habían ofrecido a principios de año no servirían de nada para cuando terminara la escuela.

Corrió por las escaleras del edificio y justo cuando llega a su puerta esperando recuperar el aliento ve algo que la deja sin respiración una vez más.

En su puerta hay un ramo de rosas tan rojas como la mismísima sangre que su corazón bombea apresuradamente en ese momento. Cada rosa es más bella que la anterior y el simple pensamiento la hace enrojecer. Toma el ramo de rosas del suelo y lee con anticipación la tarjeta que sobresale de los pétalos y espinas.

"Estoy pensando en ti todo el tiempo. Yamato"

Sora aprieta los labios porque la hermosa sensación que tenía en todo su cuerpo se esfuma cuando recuerda la penosa situación en la que se encuentra. Abre la puerta y se mete a su casa de manera apresurada poniendo las rosas en un florero y evitando mirarlas por el resto del día.

Las flores eran una señal obvia de todo lo que estaba mal.

Yamato, Taichi y ella habían sido buenos amigos prácticamente todas sus vidas. Sin embargo la relación entre los tres siempre fue un tanto caótica, a decir verdad. O eso era lo que Sora había empezado a notar hace poco.

Para empezar Taichi siempre la vio como algo más que su mejor amiga. Decir que la amó desde niños sería una exageración más o menos atinada. Sora por su parte nunca había desairado al moreno porque pensó que simplemente se quedaría en algo platónico por el resto de sus vidas, sin embargo cuando Tai le confesó sus sentimientos esto la tomó por sorpresa a pesar de que sabía que había algo de eso.

Le pidió tiempo y se propuso mantenerse alejada de él. Había fracasado hasta ahora.

Yamato por otro lado era mucho más amigo de Taichi que de ella y aun así Sora recuerda que por muchos años éste le inspiró confianza y un cariño ciego. El rubio Ishida no había estado enamorado de ella toda su vida como Yagami, sin embargo si había descubierto su atracción hacia ella hace un par de meses y desde entonces había hecho todo por conquistarla. Hasta ahora Sora no le había desairado así como tampoco le había dejado claro que fuera a aceptar sus afectos.

En conclusión, estaba haciendo un lío de todo aquello.

Así como Tai y Matt sabían de los sentimientos del otro hacia ella de lo que no tenían idea (gracias a que nunca gustaron de presumir entre ellos) era de que la jovencita estaba dándoles alas a ambos a la vez.

La pelirroja sollozó mientras escondía la cabeza en la almohada y se preguntaba qué demonios estaba mal con ella. Ninguno de los dos chicos que la cortejaban se merecía sufrir. Ellos merecían una decisión clara de su parte.

Y sin embargo la chica no la tenía bien definida aún. Puede que Taichi fuese hasta ahora nada más que su mejor amigo, su confidente y su más grande fuente de ánimos cuando los necesitaba, pero ahora se estaba convirtiendo en algo más. Hubiera sido estúpido por su parte negar lo atrayente que era el moreno y la comodidad que inundaba el ambiente cuando estaban juntos. Taichi era magnético para ella y no podía salir del hechizo de sus ojos color avellana. Era como si juntos fueran una fuerza única en el mundo. Había pasión en los labios del moreno que la atrapaban y no podía alejarse de él aunque quisiera hacerlo.

Por su parte Yamato era todo un caballero y la hacía sentirse como toda una mujer. Era el único que la trataba como si fuera todo lo que importaba. El único que la hacía sentirse importante y querida a un nivel completamente diferente. La hacía transportarse y flotar en las nubes simplemente con tomar su mano y rozar sus labios. Tal vez no existiera entre ellos la misma compenetración pero sí existía entre ellos una magia de la cual era difícil hablar en voz alta. Con Yamato sentía un lazo más maduro.

Pero no todo eran cosas buenas, así como Taichi la atraía también la repelía con su terquedad y su ímpetu por seguir acercándose a ella a pesar de que Sora le había pedido lo contrario. La chica sabía que Taichi daría todo por ella sin pensarlo y ella haría lo mismo por él pero no estaba tan segura que este sentimiento fuera amor y no simplemente la hermosa amistad que habían cultivado tanto tiempo. Yamato, por su parte, a pesar de ser tierno, dulce y comprensivo era también un chico que no notaba los detalles y las cosas más indispensables acerca de ella. A veces pensaba que ni siquiera la conocía del todo. Una prueba de eso era que le obsequiara flores cuando ella las consideraba un regalo tan inútil y poco demostrativo. Taichi no hubiese cometido tal error pero tampoco es como que se hubiera molestado por enviarle un regalo tampoco.

Si tan sólo pudiese fusionarlos a ambos…

Mimi

-Ya te digo Miyako, que no todos tenemos la suerte de haber nacido con el cabello violeta. –se queja Mimi mientras escoge su nueva tintura para el cabello.

La Inoue se encoge de hombros sin saber que replicar. Mimi, que domina el centro comercial como si fuese su propia casa, puede presentir que hay algo fuera del lugar sucediendo. Llamenla loca de la misma manera que llaman a su tía abuela Kazuki que lee las cartas en un festival de la ciudad pero Mimi sabe que tiene razón.

Deja a Miyako sin siquiera decir nada y sale de la estética decidida a ver cuál es la anomalía que presiente en sus dominios. La encuentra en la forma de un curioso pelirrojo de ojos muy negros.

-¡Koushiro! –exclama la joven Tachikawa corriendo hacia el susodicho.

Koushiro Izumi tiene su misma edad y han ido juntos en el mismo curso todas sus vidas. Ella le considera un amigo cercano aunque si le preguntan al pelirrojo probablemente negaría esto y diría que para ser amigos necesitan tener algo en común, cosa que ellos dos no tienen. Izumi simplemente diría que son parte del mismo conjunto de amigos.

-Mimi, buenos días, ¿Qué te trae por aquí? –pregunta Koushiro con cordialidad.

-Paseaba con Miyako, iba a arreglarme el pelo pero ahora que te encontré me di cuenta que mi misión aquí es mucho mayor.

-¿Ehh? –Koushiro luce confundido.

-Nada. –niega la castaña. –Que creo que habernos encontrado aquí es una señal, digo, ¿Hace cuánto no pisabas un centro comercial?

El jovencito se encoge de hombros.

-No soy muy aficionado a este tipo de lugares. –confiesa.

-¡Y sin embargo mírate aquí hoy! Eso no puede ser una coincidencia Izumi, es el destino.

La muchachita de cabello color miel miró a su amigo para arriba. Los recuerdos de cuando ambos eran mucho más jóvenes la invadieron. Mimi nunca tuvo que ver hacia arriba al joven Izumi quien siempre fue considerablemente más bajo que los niños de su edad, sin embargo de pronto y sin siquiera preverlo el chico dio el estirón y ahora tenía que agacharse ligeramente para quedar a la altura de ella.

A Tachikawa le gustaba más ver a Koushiro teniendo que alzar la mirada. Le hacía tomarle mucho más en serio.

-¿Qué necesitas, Mimi? –preguntó el pelirrojo pensando que si la joven estaba mostrando tanta efusividad al verlo era porque algo querría de él, sin saber que en realidad era todo lo contrario.

La jovencita lo medita por unos instantes y al final responde:

-He estado tomando clases de cocina y quiero a alguien con estomago fuerte que pruebe mis recetas. –le regala al muchacho una deslumbrante sonrisa. –Te veo mañana en mi casa a las cuatro.

Aquella afirmación dejó a Koushiro sin palabras.

Era por aquello que jamás había congeniado con Mimi. Era una chica tan demandante que quería que siempre se hicieran las cosas a su modo. A un chico simple como Izzy le costaba mucho tratar de convivir con una persona tan compleja y dramática como Mimi Tachikawa.

Y sin embargo, aunque intentó negarse al principio, terminó por acceder a las exigencias de la castaña.

Miyako

Como Mimi la había dejado tirada en el centro comercial y se había esfumado a quién sabe dónde Miyako decidió que lo mejor que podía hacer era dejar de esperar a su distraída amiga y tomar el autobús por su cuenta.

-¡Hey, pesada!

La peli lila rodó los ojos e intentó bajarse del autobús cuando escuchó aquella molesta voz en sus oídos. Lamentablemente ya había tenido su oportunidad y a menos que quisiera saltar de un autobús en movimiento y ocasionarle al mismo varias demandas no le quedaba más que aguantarse.

-Daisuke… -suspiró resignada sentándose a su lado.

-Que coincidencia tan enorme Miyako encontrarnos en el mismo autobús.

-No realmente, verás Odaiba no es tan grande. Además claro de que ambos vivimos en el mismo vecindario así que tiene mucho sentido que…

-¡Sólo trataba de hacer plática contigo, pesada! –exclamó el moreno molesto por los tecnicismos de su literal compañera.

-¡Pues haz plática conmigo con comentarios coherentes, neandertal!

Por eso le parecía tan odioso Daisuke, porque no sólo era un jovencito molesto e inmaduro sino que le hacía a ella misma sacar su parte odiosa e infantil que llevaba dentro y aquello le parecía realmente injusto porque ella era una joven educada y madura que siempre terminaba cayendo en las redes de ese pocas-neuronas.

O eso creía ella.

-Pues perdona. –Daisuke se cruza de brazos. -¿Te parece más coherente si te comento que vi a tu novio hace un par de horas en casa de Kari?

El semblante molesto de Inoue se relajó e intentó por un segundo no ver a Daisuke como una bestia irracional sino como un jovencito común y corriente.

-¿Takeru?

-¿A caso tienes otro novio, jirafona?

Él, cabe destacar, no hacía mucho para ayudarla a lograrlo.

-No seas tonto, claro que no tengo otro novio. –se defiende de manera aprensiva. -¿Qué hacían los dos en casa de Hikari?

-Cuando llegué él ya estaba ahí.

-Y debo suponer que tú, como es común en ti, estabas acosando a mi amiga.

-¡No la acosaba!

-¡Deja de gritar tanto!

Ambos bajaron sus voces cuando la mala mirada del conductor les hizo recordar que había más gente con ellos.

-Que no la acosaba. –repite Daisuke en una voz mucho más tranquila. –Que yo iba a verme con Taichi y… ¡Eso no importa! El caso es que Takeru estaba allí cuando llegué así que los tres jugamos un juego de mesa y luego comimos palomitas mientras Hikari nos obligaba a ver uno de esos aburridos recitales así que ahí fue cuando decidí marcharme sin T.K.

-¿Takeru sigue con Kari? –pregunta la jovencita de gafas redondas.

-¿A caso no escuchaste mi historia?

Miyako se reprendió a sí misma por ese mal hábito que tenía de preguntar cosas que no necesitaban respuesta. Daisuke seguía parloteando acerca de cómo, según él, Hikari estaba a corto tiempo de darse cuenta de su amor por él, sin embargo la chica Inoue había dejado de escuchar hace minutos enteros y ahora se preguntaba que era lo que tendría que hacer para dejarles claro a Takeru y a Hikari que la relación entre ellos empezaba a molestarle sin tener que decírselos directamente.

Miyako entendía el hecho de que ambos fueran tan unidos, después de todo eran amigos desde los ocho años y pedirles que ignoraran una relación así sería cruel, sin embargo ella creía que estaba en todo su derecho de cabrearse de vez en cuando, ¿Quién no lo haría en su lugar?. Estaba segura de que ni T.K. ni Kari le harían eso a ella ya que ambos la querían pero eso no la hacía sentir menos celos de Hikari y del hecho de que su novio estuviese tan compenetrado con ella.

"No seas ridícula Miyako" dice una voz en su cabeza "No tienes derecho de enfadarte después de haber hecho lo que hiciste"

Ignora dicha voz (que de paso sea dicho, suena mucho como Sora) porque como la testaruda terca que era, no le gustaba admitir sus errores.

-¿Me estás escuchando acaso, pesada? –se indignó Daisuke al verse completamente ignorado.

-Perdón, es que hablas tanto y de tantas tonterías que es difícil seguirte el ritmo. –se excusa la peli lila. Daisuke frunce el ceño en señal de molestia.

-Pero si tú eres la reina de hablar sin parar de pura estupidez. –se queja jalándole la oreja. -¡No te permito!

-¡Suéltame, energúmeno! –se jalonea del Motomiya que la suelta sin quererlo realmente. Miyako se frota la oreja porque realmente le ha dolido y se pregunta mentalmente porque es que ese chico tan maleducado no recibe una buena paliza de su madre, o mínimo de su hermana mayor.

-Bueno, te decía que hay un nuevo chico en mi edificio. –retoma la plática donde la dejó. –Es muy bueno con el balón así que lo invitaré a entrar al equipo cuando terminen las vacaciones, ha dicho que entrará a nuestra escuela.

A Miyako eso le da más o menos lo mismo, después de todo ella ya tiene dieciséis años y los estúpidos partidos de Daisuke y sus compañeritos que patean el balón le dan igual. Su mente sigue pérdida en Takeru.

Llegaron a su vecindario y dividieron los caminos, no sin que antes Miyako le diera a Daisuke unos gritos estruendosos por no ofrecerse a acompañarla a casa como un caballero. La chica sacó su celular del bolsillo y marcó el número de su novio mientras caminaba y veía el sol ponerse.

-¿Aló? Miya-chan, ¿Cómo estás?

La chica le responde de manera cortante y rápidamente pregunta dónde se encuentra.

-En casa de los Yagami, Taichi acaba de volver y nos está preparando la cena.

-¿No había nadie más en casa?

-No. –responde Takeru y Miyako siente su voz dudosa, quizá ya se dio cuenta que algo le molesta.

-¿Estabas con Hikari solos en casa?

-Sí. –contesta simplemente, ahora a sabiendas de que algo anda mal.

-¿Y has estado allí todo el día?

-Sí pero es que me dijiste que ibas a centro comercial con Mimi, yo…

Le cuelga el teléfono.

Miyako no está furiosa pero sí está molesta y Takeru lo sabe. Ella misma no entiende el porque de su enojo si ya muchas veces se ha metido en la cabeza que Kari y T.K. sólo son amigos, sin embargo no puede dejar de pensar que tal vez lo que la castaña sienta por el rubio sea más que eso.

Y es que no es por nada que lo piensa. Al principio Hikari se mostró terriblemente feliz de lo que había entre ellos para después pasar a entrar en una etapa posesiva y celosa que descontrolaba a Miyako. Era frecuente que la Yagami le soltara frases como "Es que a Takeru no le gusta así" o "¿No sabes que es el favorito de T.K.?" con las semanas ella se fue tranquilizando pero aun así había algo en sus ojos que le decían que T.K. era alguien que ella consideraba SUYO.

Además estaba el hecho de que a pesar de ser una de las niñas más guapas y populares de la escuela Kari jamás había tenido un novio y no parecía interesada en ello. Daisuke la perseguía sin remedio y ella no le daba más que largas y desaires. Y no es que Daisuke fuera feo, al contrario era ligeramente apuesto y lo que Miyako encontraba en él irritante otras habían descrito como "divertido, espontaneo y enérgico"

Llega a casa y decide tomar un baño para relajarse y olvidarse de todas sus preocupaciones pero la cena, que ya está hecha, la distrae de esto y prefiere comer de manera veloz, lo cual hace siempre que está enfadada por algo. Su hermana la interroga acerca de esto y Miyako le relata lo ocurrido de manera breve.

-Tienes todo el derecho a estar molesta, hermana. –dice Momoe, su hermana mayor. –T.K. es un cínico.

Jou Kido, que era el novio de Momoe y que Miyako presentía que era indigente ya que últimamente almorzaba, comía y cenaba con ellos, se encogió de hombros.

-Creo que decir eso es una exageración, T.K. y Kari son buenos chicos, no te harían nada que te hiriera. –agregó el estudiante de medicina.

Cabe recalcar que éste le dio asesorías en la escuela a Taichi y Yamato, hermanos mayores de los susodichos, además de a Sora, Mimi, Daisuke, la misma Miyako y otros agregados, así que era gran amigo de todos ellos. Y otra razón por la cual Miyako creía que era indigente. Demasiado tiempo libre para gastar en la biblioteca y según ella, nadie haría eso por gusto.

El sonido de la puerta siendo golpeada la distrajo de sus pensamientos.

-Yo abriré, no le llenes la cabeza de cosas a mi hermanita Jou. –dice Momoe mientras se pone de pie rápidamente ya que tanto sus padres como su hermano se han ido a descansar y no quiere que el timbre les moleste.

-No hagas caso a Momoe. –dice Jou.

-No lo hago desde que a los seis años me dijo que mamá me había recogido del basurero.

Jou hace una mueca sin creer la crueldad infantil de su novia y Miyako ni le presta atención porque entonces nota que Takeru está entrando a casa con Momoe a su lado, ésta le mira como si él fuese el mismísimo demonio y Miyako, que sabe lo incómodo que se pone T.K. con las excentricidades de su cuñada, decide llevárselo a platicar a su habitación aprovechando que sus padres están dormidos.

-¡Pero con la puerta abierta que no estamos pintados! –se queja Momoe mientras les ve marcharse.

Takeru se sienta sobre el cobertor violeta de la chica. Miyako se avergüenza de haber derramado barniz azul eléctrico en él hace unas semanas y se pregunta si T.K. lo estará comparando con el de la habitación de Hikari. Es tan inmaculada y angelical que de seguro usara ropa de cama de un color blanco pulcro sin una sola mancha.

Entonces recuerda que conoce la habitación y que sabe que Hikari tiene un cobertor color amarillo con franjas rosadas sobre el cual derramaron soda de naranja hace un año y asume que son sus celos los que están hablando

-Miyako, sentí por teléfono que estabas molesta y quise venir a ver que ocurre. –el chico la toma de la mano y ella decide no retirarla. -¿Está todo bien?

Miyako suspira porque Takeru es un buen chico que ha ido hasta allá a verla sólo porque escuchó que estaba rara por el teléfono. Es un gran muchacho al cual quiere y que de verdad no merece a una novia como ella.

-Todo está bien, Takeru.


Gracias por leer y sobre todo por comentar. Como veran los capitulos serán divididos entre los protagonistas de esta historia, ojala esto no le dificulte la lectura.

Un beso!