Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen
Summary COMPLETO: Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a hacer estragos en sus vidas? ¿Su amistad sobrevivirá?
Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?
Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?
Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?
Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?
"De consejos y decisiones"
Takeru
El rubio salió de casa de su novia sin estar demasiado convencido de que todo estuviera bien, como ella decía. Le besó en los labios como despedida y se trató de animar a sí mismo pero decidió que esa era una tarea que no iba a lograr solo.
-¿Disculpe señora Hida, sé que es tarde pero estará Iori despierto?
-Claro, Takeru. Acabamos de terminar de cenar, pasa por favor.
Su amigo más joven le pidió que le esperara unos segundos en su habitación y así lo hizo Takeru, admirando todas las figuras militares que el chico poseía perfectamente alineadas y sintiéndose demasiado intimidado para tocar nada.
-Te traje un plato de sushi. –dijo Iori. –Mi madre y yo escuchamos tu estomago tan pronto como llegaste.
Takeru se sonroja pero acepta el platillo de buena gana agradeciendo.
-Iba a cenar con los Yagami pero me surgió un problema.
Takaishi le relata a Iori todo acerca de Miyako y Hikari. Éste le escucha como el buen mejor amigo que es. Muchos se preguntan como T.K. puede considerar su mejor amigo a un chico de sólo trece años de edad pero Iori le ha demostrado ser más maduro que casi todas las personas que conoce. Además el hecho de que vivieran en el mismo edificio por años hizo su amistad muy estrecha.
Miyako vive en el mismo edificio y eso contribuyo mucho a su creciente romance. Luego Takeru se mudó con su madre a un departamento más grande (pero por la misma zona) y tuvo que despedirse de ambos.
-Si me preguntas creo que sabes la respuesta a tus problemas. –musita Iori que se encuentra sentado muy firme. –Miyako está obviamente celosa y si quieres proteger tu relación debes disminuir tus visitas a Hikari-san.
-Pero Miyako sabe que es mi mejor amiga.
-Takeru… -Iori niega con la cabeza. –Que yo sé que estuviste enamorado de Kari desde los ocho años, no tienes que mentirme a mí.
T.K. se sonroja violentamente mientras se pregunta cómo demonios un joven de trece puede ser tan perceptivo.
-Es verdad. –admite apenado. –Pero ahora eso se acabó, estoy con Miyako.
Iori asiente.
-No digo que tus sentimientos por Miyako no sean sinceros, sólo digo que sus celos están fundamentados y que si quieres que tu relación funcione debes dejar de ser tan aprensivo respecto a Kari. –dice el joven con sus ojos verdes puestos en los del rubio y sin titubear ni un segundo.
-¿Y cómo hago eso?
-Poniendo distancia.
Takeru sabe que es lo correcto por el bien de su noviazgo con la peli lila pero no sabe cómo hacerlo y siendo sinceros tampoco quiere hacerlo. Miyako es para él una chica hermosa, divertida y con la que jamás se aburre, sin embargo Kari es otro tipo de niña.
Hikari ha sido desde siempre su cómplice, su confidente, su amiga y en su momento, su gran amor. Es cierto que ella parecía jamás haber correspondido a sus afectos en el pasado y él estuvo demasiado asustado para confesarle lo que realmente sentía por ella y ahora el tiempo de ellos ya había pasado. Era tarde para arrepentirse de no haberlo intentado.
Ahora Miyako era quien iluminaba sus días y sinceramente la quería muchísimo y por ella tal vez tendría que soltar aquella parte de su vida a la que se aferraba tanto, a Hikari.
…
Sora
Escuchaba a sus padres discutir así que subió el volumen lo más que pudo. Estaba muerta en estrés y no sabía ya que hacer para aliviarlo. Incluso se le ocurrió prender uno de los cigarrillos de clavo que guardaba su padre en su estudio y había sido una idea garrafalmente mala.
-Como Mimi puede fumarse estos. –había dicho en voz alta mientras lo apagaba y lo lanzaba por su balcón.
Ahora estaba preocupada porque no había recibido noticias definitivas aún de la universidad, tampoco había podido juntar el dinero necesario en el trabajo para comprarse el auto que quería todavía, su remate en el juego de hoy había sido tan malo que a su entrenador casi le da algo y ahora sus padres peleaban a grito tendido fuera de su cuarto. Además claro de que estaba a punto de empezar su último año y si este no resultaba perfecto, la universidad se quedaría sólo en un sueño.
-Maldita sea. –exclama en voz alta tomando su celular y llamando a todas sus amigas.
Hikari se ha dormido temprano al parecer, Miyako le dijo que estaba con Takeru y sonaba un poco exaltada, Mimi tenía cena con sus padres y ella no tenía a nadie más a quién recurrir.
Pensó en marcar un número que conocía a la perfección, a fin de cuentas se trataba del de su mejor amigo.
-¿Sora? –se escuchó la voz de Tai.
Ella al principio se quedó callada, arrepintiéndose de aquella decisión, sin embargo habló finalmente.
-¿Podemos vernos? Tengo ganas de un paseo.
De la otra línea vino silencio.
-Es que tengo el examen de la universidad en dos días y he empezado a estudiar hace un par de horas, ¿Es muy importante?
Taichi, gracias a sus decentes notas y a su increíble desempeño en el deporte ya había recibido una oferta de Universidad para dentro de un año.
La pelirroja se abstuvo de decir nada porque a pesar de que no era importante en realidad, para ella era algo urgente y dado a que esta no era una buena respuesta prefirió colgar. Sintiéndose nada más que mezquina marcó un número diferente esta vez y no pasaron más de quince minutos para que tocaran a la puerta.
-Gracias por venir tan repentinamente. –dice abriendo e ignorando una llamada más de Taichi. -¿Cómo estás, Yamato?
El rubio le sonríe inspirándole un afecto en el que no se necesitaban palabras, la invita a pasar delante de él y emprenden una caminata.
-Yo bien, tú no tanto al parecer.
Ella comienza a narrarle todos sus problemas (Exceptuando que él y cierto moreno eran parte de ellos) y él la escucha sin decir nada hasta que ella acaba. Cuando finaliza toma su mano y sin decir nada sólo la aprieta con un poco de fuerza y le regala una caricia con su dedo gordo.
La pelirroja no sabe cómo reaccionar ante esto. Se siente escuchada y sabe que Yamato ha puesto mucha atención en todo lo que ella dice pero no sabe que pensar. Por un lado cree que no hacen falta palabras para que el callado joven le exprese su apoyo pero también le gustaría por su parte un poco de retroalimentación acerca de la odisea que acaba de narrarle.
-¿Qué opinas? –se anima a preguntar ya que el rubio no agrega nada.
-Creo que estará bien Sora, va a resolverse. –dice finalmente Ishida.
Ella suspira.
-¿Lo crees en serio? –cuestiona. –Si sigo así con el juego van a eliminarme de todas las listas de espera de las universidades a las que apliqué. ¡O me quitarán las becas que me ofrecieron!
Yamato, al verla alterada acarició más su mano y la miró fijamente.
-Sólo debes tener tu cabeza en lo que verdaderamente importa y olvidarte de lo demás. –dice el rubio de manera serena, sin contagiarse por su molestia.
Sora sabe que Yamato tiene razón y que en realidad no le acaba de dar el consejo más elemental del mundo el cual a nadie más se le hubiera ocurrido. Sabe que es algo muy obvio pero de su boca logra tranquilizarla y le hace creer que todo va a estar bien. Como agradecimiento le regala una sonrisa y sabe que se está empezando a calmar poco a poco.
-Gracias. –musita en voz baja.
-No debes agradecerme, Sora. –replica Yamato acercando su rostro al de ella. –Haría todo porque estés bien.
La besa y es un beso que ella necesitaba en esos momentos. Un beso con cariño y paciencia. Un beso que le hace creer que tal vez es Yamato quien se adueña más y más de su corazón.
Y sin embargo a quién llamó primero había sido a Tai y no a él.
…
Todas
Habían decidido ir a su cafetería preferida a deleitarse un poco con aquellos deliciosos manjares de cafeína que ellas tanto amabas. Un expreso bien cargado, un latte de vainilla con canela, un frappe de caramelo y un capuchino descafeinado.
Mientras parloteaban sobre hombres Sora se animó a contarles acerca de su paseo con Yamato y de lo que le había hecho sentir. Sabía que era un tema difícil ya que Hikari era hermana de Taichi y estaba al tanto de lo que sentía su hermano mayor por ella, sin embargo nunca había emitido juicios al respecto ni se había enfadado con Sora respecto a esto último.
Aunque claro, Kari no tenía idea de que ella alentaba a Tai al mismo tiempo que a Matt. En ese caso otra historia sería.
-Dale una oportunidad, el chico se volvió un bombonazo. –dice Mimi sonriendo de oreja a oreja. –Además ¿No dices que te hace sentir muy especial?
-No quiero arruinar nuestra amistad. –confiesa Takenouchi. –No quiero perderle a él ni a nadie que sea importante para mí. –se queja hundiendo su cara en sus manos.
-¿Por qué habrías de hacerlo? –pregunta Miyako confundida.
-Te entiendo. –habla Hikari y Sora se alarma porque tiene miedo de que Kari siendo lo observadora que es se haya dado cuenta de lo que ocurre en verdad. –Es como cuando saliste con ese chico de tu club de inglés y Taichi se puso furioso. Ahora que lo recuerdo Yamato también dejó de hablarte.
La pelirroja suspira más tranquila y asiente.
-No deberías privarte de ser feliz por no lastimar a alguien, Sora. –agrega Hikari. –Ni siquiera a mi hermano.
El problema, piensa Sora, es que ella misma saldría lastimada si tuviera que renunciar a alguno de los dos. Estaba siendo terriblemente egoísta y lo sabía, aunque no lo podía evitar.
-Mira Sora mientras no estés acostándote con Yamato no tiene por qué ponerse demasiado serio. –añade Mimi en tono relajado. –Así que mientras siguen en su plan romántico flotando sobre algodones tienes tiempo para pensar lo que realmente quieres. –finaliza dando un sorbo enorme a su café.
Miyako pestañea rápidamente.
-¡Mimi-san! –exclama alarmada. –No hables con tanta ligereza de esos temas.
-¿Por qué Miyako? –pregunta Tachikawa. –El sexo es algo completamente normal, no estoy hablando de ver a un unicornio antes del desayuno.
Hikari se ahoga con su frapuchino y se pone totalmente roja. Sora ahoga una risa porque las reacciones de sus amigas le están divirtiendo demasiado.
-¡No sean tan puritanas!
-Y tú no grites como si no hubiera nadie presente. –exige Inoue que sigue alterada para diversión de las demás.
-¿Qué pasa, Miyako? –pregunta Mimi en broma. –Es que eres de las que piensa que si una chica tiene sexo antes del matrimonio su pureza y su dignidad se han ido a la basura, ¿Verdad?
-Claro que no. –responde acomodándose sus gafas. –No lo creo mientras haya hecho lo que su corazón le dictaba.
-¿Entonces porque tu reacción tan exagerada? –Mimi continúa provocándola.
-Estás sudando, Miyako-chan. –añade Sora en burla.
-Y no creo que se deba al café. –concluye Hikari que encuentra todo eso demasiado sospechoso.
Miyako suspira y lo suelta de una.
-Que ya no soy virgen, chicas.
La reacción de las otras tres es realmente impresionante. Mimi chilla mientras se moja las faldas de café, Sora suelta un grito triunfal al ver que lograron sacarle toda la verdad a la peli lila, Hikari por su parte deja caer sus brazos al suelo y su mandíbula también, por decir algo.
La castaña de apellido Yagami está totalmente boquiabierta.
-¿Cómo no nos contaste antes? ¿Cuándo pasó? –interroga la chica Tachikawa.
-Al iniciar las vacaciones de verano antes de marcharme al campamento.
-Tú y Takeru son muy jóvenes, Miya-chan. ¿Usaron protección? –pregunta Sora, siempre dando su cara maternal y responsable.
Hikari no puede decir nada, saca su dinero de la cartera, se pone de pie y se decide a marcharse.
-Tengo que ir a arreglar mi uniforme para la vuelta a clases. –se excusa. –Con permiso, chicas.
Las otras tres la ven marcharse sin decir una sola palabra. La reacción de Hikari fue tal vez la que más dijo algo incluso cuando ella no había dicho más que una frase realmente. Mimi y Sora se preguntaron mentalmente si a Kari tal vez le apetecería hablar de ello o era Miyako la que ahora necesitaba ser cuestionada.
La pregunta se respondió sola.
-¿Qué pasa con ella? –indagó Miyako al aire.
Las dos mayores intercambiaron miradas sin saber que decir.
-¿Por qué se fue así? –siguió hablando Inoue. -¿Creen que sienta algo por Takeru? Por favor, chicas respóndanme con sinceridad, esto me está volviendo loca.
Sora tomó la mano de su amiga más pequeña y la miró a los ojos con cariño.
-No hagas preguntas de las cuales no quieres saber realmente la respuesta, Miyako. –anunció la pelirroja tenista. –Porque aunque nosotras no podemos contestarte eso, tal vez algún día alguien podrá y no será de tu agrado.
…
Kari
Pensar en Takeru en un plano sexual con Miyako le había provocado arcadas.
No sabía qué demonios pasaba con ella.
¡Maldita sea todo el que se cruzara en su camino justo ahora!
T.K…
Su amigo de la infancia…
Teniendo…
Sexo…
Con Miyako…
Y además, no se lo había contado.
Hikari sabía que Takeru no tenía que contárselo todo y sin embargo saber que le ocultó esa parte de su vida le había dolido bastante. Pero más le había dolido saber que su amiga había perdido su virginidad con T.K. porque eso significaba que realmente lo quería y que estaban compenetrados en un nivel que ella jamás lograría entender.
Estaba celosa de que Miyako tuviera con Takeru algo que ella jamás podría. Un vínculo más allá que pasaba el sentimental (el cual ella también tenía con el rubio), un lazo que llegaba a lo físico, a lo pasional y a lo íntimo.
El sexo.
Se puso roja, no supo si de pena ante sus propios pensamientos o de coraje ya que era obvio que lo que sentía eran celos. No supo que hacer por largos minutos así que tomó respiraciones muy largas y pausadas hasta que logró dejar de ver en rojo.
¿Qué podía hacer para que esa relación dejara de afectarle? Era obvio que ignorarla no era la solución y era obvio también que no podría hablarlo con ninguno de los dos involucrados. Tal vez la solución era tratar de pasar de hoja como sus amigas estaban haciendo. Era hora de crecer.
Mimi y Miyako ya habían tenido varios novios y ahora hasta relaciones sexuales. Sora había tenido una que otra esporádica relación donde había besos y abrazos. ¿Y ella qué? A sus quince años ni siquiera había dado su primer beso.
Era hora de abrirse e intentar sacar esa obsesión que sentía por T.K. y Miyako de su cabeza.
A Kari no le faltaban pretendientes y ella lo sabía, sin embargo ninguno de ellos había provocado nunca en ella las ganas de intentar algo con alguno. Aun así, estaba Daisuke quien no sólo era su enamorado, sino también uno de sus más grandes amigos. Le hacía reír, la defendía siempre que consideraba apropiado, era bien parecido y atlético además de que su hermano le tenía mucho aprecio. Había muchas chicas que morían por él y éste siempre le profesó fidelidad a su innegable enamoramiento por ella. Era alguien honorable y en quien se podía confiar y aunque tal vez en la escuela no fuese el mejor Hikari no le consideraba un idiota (a diferencia de Miyako).
Sus amigos le conocían y le querían y era bien aceptado en todos lados.
Quizás él fuera la opción correcta.
Le mandó un mensaje de texto diciéndole que tenía algo importante que hablar con él y decidió hacerlo antes de perder la iniciativa que la estaba embargando en aquel momento. Sintió la impulsividad Yagami a todo lo que daba en sus venas y sin pensárselo quiso embarcarse en ello.
El joven de googles llegó a su casa en menos de diez minutos (ventajas de vivir en un vecindario cercano) y ella le hizo pasar. Daisuke no se veía nada nervioso, al contrario como siempre el moreno lucía confiado y animado.
-Kari, ¿Qué pasa? –pregunta de manera relajada poniendo sus manos en su nuca y estirándose en su sillón. -¿Es qué ya te has dado cuenta que quieres estar conmigo?
-Sí.
Seguramente fue aquello lo último que Daisuke se esperaba escuchar de los labios de su amiga porque tan pronto como dijo aquello el joven Motomiya se fue para atrás en su silla y se golpeó la cabeza con tanta fuerza que Kari temía que fuera a abrírsela así que se apresuró a socorrerlo.
-No bromees así conmigo, Hikari. –dice tirado en el suelo.
-No bromeaba. –alega Kari.
El moreno la mira estupefacto.
-Debo estar soñando o me he pegado muy duro.
Se pone de pie y ella sonríe con diversión porque ese chico nunca la dejara quedarse seria, ese es un hecho.
-¿Es tan difícil de creer? –pregunta ella.
-No, no, no es eso. –responde Motomiya. –Sólo me tomaste por sorpresa, eso es todo.
Él le devuelve la sonrisa y la toma por la cintura.
-No te vas a arrepentir de darme esta oportunidad, Kari-chan. –dice el joven de ojos marrones. –Vamos a ser geniales juntos.
Ella sinceramente quiere creerle.
Muchas gracias por continuar leyendo y por seguir comentando esta historia, un abrazo!
