Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen

Summary COMPLETO: Miyako, Hikari, Sora y Mimi son las mejores amigas. ¿Qué pasará cuando los hombres comiencen a hacer estragos en sus vidas? ¿Su amistad sobrevivirá?

Miyako y Takeru llevan meses saliendo, ¿Por qué Hikari parece no superarlo?

Kari es su amiga del alma, ¿Va a perdonarle a Sora estar jugando con su hermano y el mejor amigo de éste?

Mimi dice confiar en ellas ciegamente, ¿Por qué entonces les oculta a cierto pelirrojo?

Miyako sabe que lo que hizo en verano está mal, ¿Cómo va a contárselos a sus amigas?


"Zona de peligro"

Hikari

Dos semanas habían transcurrido y Hikari creía que todo estaba relativamente en orden. Nunca creyó tener una relación fuera a ser tan sencillo. Daisuke había demostrado ponérsela fácil ya que nunca la presionaba para hacer o decir algo que ella no quisiera. Ni siquiera la orillaba a besarse si ella no quería hacerlo.

Por su parte era detallista, simpático, asistía a casi todas las prácticas de baile de Kari y le llevaba regalos o flores, sin embargo Kari seguía sintiendo que era sólo su fiel amigo Motomiya…

Su hermano lo había tomado mejor de lo esperado y en general todos parecían estar felices por ellos, sin embargo si era notorio que Miyako se encontraba extra feliz por la pareja, también era obvio deducir que su novio no lo hacía.

Takeru había elegido dejar de dirigirle la palabra.

Por más que esto afectaba a Hikari y le hacía hacerse bolita en su cama todas las noches y pensar cómo arreglar la situación también le hacía sentirse aliviada por una parte, ya que si T.K. no seguía siendo unido a ella, ella ya no tendría esa extraña sensación de celos por Miyako.

-Además fue su decisión y no la mía. –se dice a sí misma mientras reflexiona sobre el tema.

-¡Kari! –la llama Taichi. –Date prisa si quieres que te lleve a la escuela.

Desde que su hermano se había comprado su primer automóvil (nada demasiado ostentoso, al contrario, algo modesto y un poco usado) se había vuelto más mandón de lo usual.

-Si así te vas a poner todas las mañanas no deberías llevarme. –se queja Hikari alisándose el pelo.

-Pues deberías decirle a tu novio que venga a recogerte y vayan juntos, eso era lo que se hacía en mis tiempos. –alega su hermano mayor chasqueando los dedos.

-Daisuke vive para el lado contrario, no debería sacarlo de su ruta. –repone la menor.

-Entonces, Takeru. –dice Tai. -¿No lo hacía antes?

Hikari sólo puede hacer una mueca.

-Ahora va por Miyako, la deja y luego llega a la escuela.

Taichi rueda los ojos sabiendo por la expresión de su hermana menor, que aquello le molestaba, tal vez demasiado. Decide no decir nada porque Kari acababa de comenzar una relación con un chico que era completamente devoto a ella y el cual tenía por seguro, no la haría sufrir. En cambio él mismo sabía por experiencia propia que enamorarte de tu mejor amigo del sexo opuesto te traía dolor, lágrimas y sudor y no quería que su hermana pequeña pasara por eso.

La deja en la puerta de la escuela secundaria, dónde Hikari haría su último año. Ella voltea hacia todos lados y sin poderlo prever pronto se encuentra con unos ojos azules que la miraron desafiantes. Takeru tenía una mirada en su cara que ella pocas veces había visto. Eso era decisión.

Se saludaron con un poco de incomodidad.

-Casi no he sabido de ti al final del verano. –se decide a decir Kari.

-He estado ocupado.

La joven siente rabia dentro de ella y todo aquel argumento de estar aliviada porque T.K. se estuviera alejando para no lidiar con sus sentimientos queda opacado por algo que la menor de los Yagami había experimentado muy pocas veces en su vida: Orgullo.

-Soy tu mejor amiga, así que si vas a ponerme una excusa para decidir dejarme de lado de esta manera, al menos podrías usar una creíble. –exclama con las orejas coloradas y los puños oprimidos mientras le da la espalda.

Takeru parece meditar si seguirla o no. Finalmente lo hace.

-No te permito que te quedes con la última palabra y seas tú la enfadada. –dice el rubio de manera abrupta.

-¿Estás insinuando que tú eres el que debería estar molesto? –pregunta Hikari con las manos en sus caderas.

-¡Pues que has sido tú la que ha empezado una relación sin siquiera contármelo! –chilla Takeru sin poderlo evitar. Afortunadamente nadie está pasando por allí en ese momento pues ya era suficientemente vergonzosa aquella discusión sin espectadores.

Kari entorna los ojos.

-No puedo creer que estés molesto por eso. –brama Yagami. –Cuando hay cosas más importantes que tú has decidido no contarme. –agrega haciendo alusión al encuentro sexual del que Miyako les comentó.

-¿De qué hablas?

-De ti y de Miyako… -Kari se pone roja porque sabe que eso no le incumbe. –Haciéndolo. –concluye apenada.

-¿Qué? Miyako y yo no hemos hecho aún nada que tenga que contarte, Hikari. –reprende el rubio negando con la cabeza. –Ahora sólo estás inventando excusas para gritarme.

-¡No lo hago! –chilla ella ofendida. –Bueno, olvida eso, no sabía que debía pedir tu permiso para salir con alguien. –niega con la cabeza. –Lo cual es curioso ya que tú no pediste el mío.

-Eso es diferente…

-¿Por qué lo es, Takeru?

-Porque tú no sientes absolutamente nada más que amistad por Daisuke y ambos lo sabemos.

El rubio Takaishi se ha acercado a ella sin que se diera cuenta y ahora la sujeta de la muñeca y la mira a los ojos fijamente. El agarre de él no le lastima pero sí la hace sentirse incomoda y atrapada entre la espada y la pared. No sabe que decir ni que pensar.

-¿Y por eso decidiste castigarme y dejar de hablar conmigo? –pregunta Kari evadiendo la afirmación anterior ya que no puede negar que sea verdad.

Takeru refleja conflicto en su mirada azul.

-Decidí dejar de hablar contigo porque es lo mejor para todos. –alega Takaishi. –Necesito poner distancia.

Hikari, que ya no sabe que más decir, decide que su enojo ha pasado. Ya no se encuentra furiosa, ahora se encuentra triste y no sabe bien el motivo.

-¿Por qué habrías de poner distancia entre nosotros? –pregunta con los ojos vidriosos. –Se supone que somos amigos…

-Necesito poner distancia por el bien de mi relación con Miyako, Kari. –responde T.K. –Necesito alejarme de ti…

Esta vez fue Takeru quien le dio la espalda y Hikari quien decidió no seguirlo. No sabía dónde iba a parar esa conversación y sinceramente no estaba segura de querer saberlo.

Daisuke no tardó en encontrarla, le había traído un café y ella le sonrió en respuesta ya que estaba tan alterada que no sabría que decir.

-No nos ha tocado en la misma clase. –dice con tristeza. –Pero ya les he hecho saber a todos que eres mi novia, así que descuida, nadie se te va a acercar. –sonrió triunfante.

Ella se sonrojó.

-¿Por qué has hecho eso? –indaga apenada.

-Pues porque eso es lo que los novios hacen, presumen de sus novias. –contesta con su sonrisa aún en su sitio. –Por cierto, me ha tocado en el mismo salón que el chico que va en mi edificio, se acaba de mudar a Odaiba.

-¿Ah sí? –pregunta Kari. -¿De dónde?

-De Tamachi. – contesta Motomiya. –Te agradará, es muy simpático. ¡Allá está!

Daisuke señala a un joven que, como ellos, trae puesto el uniforme de color verde. Su cabello es ligeramente largo y de un color negro azulado, sus ojos son muy azules y tiene una mirada que a Hikari la deja helada en su sitio y no sabe muy bien el motivo. Lo único que sabe es que a ese chico le ha visto antes.

El joven se acerca a ellos y con una cordial sonrisa hace una reverencia.

-Tú debes ser Yagami-san. –dice con una voz demasiado formal para un chico de quince años, aunque de alguna manera a Hikari le pareció una voz hermosa. –Encantado de por fin conocerte, Daisuke me ha hablado mucho de ti.

Hikari le regala una sonrisa.

-Llámame Hikari, por favor. –pide. –Igual, es un placer, ¿Cuál es tu nombre?

-Este es Ken Ichijouji. –interviene Daisuke.

El nombre golpea a Hikari de pronto como el balonazo que su hermano le dio a los trece años y que le hizo llorar a lágrima tendida. Ken era el chico que había estado en el campamento de verano con Miyako-chan.

-Creo que seremos buenos amigos, Ken. –dice Kari con una expresión afable.

Él responde de igual manera pero su expresión se borra en el segundo que Hikari hace la pregunta que tanto quiere hacer. La cara de Ken se torna roja y sus ojos se agrandan con la sorpresa, su mirada ha viajado a sus zapatos.

-¿Es verdad eso, Ichijouji? ¿Conoces a la pesada de Miyako?

Ken asiente con lentitud pero Hikari se está preguntando mentalmente que pasa y porque la reacción de Ken muestra tanta vergüenza ante una simple pregunta sobre una compañera de campamento. Además, si no se equivocaba, Miyako había dicho que ellos no se habían llevado nada bien, por lo que la reacción de Ken tenía ahora menos sentido.

¿Estaba él avergonzado de conocer a alguien como Miyako?

-Sí, es una chica muy linda. –musita en voz baja. –No sabía que ustedes la conocían, eso me ha tomado mucho por sorpresa.

Hikari arqueó las cejas mientras se cuestiona si lo que Ken hace es tratar de fingir que le agrada Miyako ahora que sabe que son amigos… no tiene sentido porque Daisuke acaba de llamarle pesada así que de nuevo no sabe qué pasa.

-Me gustaría poder saludarla un día de estos. –sonríe abochornado.

Daisuke se burla.

-Pero quita esa cara que hasta parece que la loca de Inoue te gusta. –exclama su novio en broma. Ken enrojece aún más.

Y algo hace clic en la mente de Hikari. ¿Será eso lo que está avergonzando a Ken? ¿Le gustaría a él Miyako?

Ella decide intervenir cuando ve a Daisuke molestando a Ichijouji demasiado y a éste no decir nada en su defensa.

-Claro que podrás saludarla cualquier día que quieras, Ken.

Mimi

-Hey Izzy. –le llamó la castaña.

El pelirrojo que se encontraba en el asiento junto a ella la ignoró debido a que el profesor Takamura que les impartiría Física ese año tenía fama de ser bastante estricto y de no soportar a los alumnos desobedientes en su clase. Mimi no sabía esto.

-Tssss Izzy. –vuelve a llamarle Mimi.

La chica se está cansando ya que si hay algo que Mimi Tachikawa odia en este mundo eso es sentirse ignorada y a sus diecisiete años esto sólo ha pasado cuando en cuestiones de Koushiro Izumi se trata.

-Izzy te estoy hablando. –hace un tercer intento.

Koushiro parece estar perdiendo la paciencia pero Mimi, que la ha perdido hace ya bastante, le jala de la manga intentando inútilmente que el pelirrojo le preste atención.

-¿No vas a hacerme caso? –pregunta enfadada.

-¡Suficiente! –exclama el profesor, al parecer cansado de las indiscreciones de Mimi. –Ambos, castigados.

Mimi resopla pero toma sus cosas y se pone de pie resignada, Koushiro por el contrario ruega un poco pero tras una negativa rotunda decide seguir sus pasos. Estar castigas es algo que el joven Izumi no ha experimentado en su vida y hubiera deseado no tener que hacerlo justo hoy ya que son ese tipo de cosas las que marcan su expediente académico.

Mimi ya ha estado en la biblioteca castigada en varias ocasiones, sobre todo por no querer cerrar el pico en clases y por llegar con un imperdonable retraso y sabe que no es la gran cosa. Una habitación aburrida dónde sólo se puede leer en silencio y dónde son vigilados de cerca por la maestra Yamaki.

-¿Y bien? –dice Mimi con los brazos cruzados. -¿No vas a pedirme perdón?

Koushiro pone cara de pocos amigos.

-¿Yo a ti?

-¡Pues claro! –chilla ella. –Si no me hubieras ignorado nunca nos hubieran sacado de clases en el primer día

El joven Izumi bufa.

-Pero si ha sido por tu escandalo que nos sacaron. –reclama él. –Si te ignoré fue para evitar justo esto.

-Creo que no te ha salido bien, ¿O sí? –pregunta la muchacha sonriéndole y sacándole la lengua.

Mientras caminan hacia el salón dónde deberán permanecer por la siguiente hora y media Mimi gira la cabeza haciendo que su castaño cabello se balancee y llamando la atención de cualquiera que pase por allí. Koushiro sólo la puede observar en silencio mientras la joven saluda a varios chicos y chicas que se encuentra en el camino.

Es obvio para ella que es alguien popular entre el alumnado pero esto no es algo que realmente le parezca importante. Mimi considera grandioso el hecho de tener muchos amigos, aunque claro que le cuesta mucho entender porque algunos de esos amigos tienen actitudes tan raras con ella. Sora dice que es debido a su gran inocencia que no se imagina que muchas de esas personas realmente no se interesan por ella y sólo buscan algo: popularidad, dinero o sexo y que encontrarlo en Mimi, una joven sociable, bien acomodada y guapa no es algo para sorprenderse.

Es por eso que a pesar de ser una chica admirada por sus compañeros nunca se ha alejado de las que ella sabe, son sus únicas verdaderas amigas.

Justo cuando estaban a punto de llegar al salón Mimi soltó un chillido y jaló a Koushiro del brazo obligándole a esconderse con ella.

-¿Qué…?

-Shh… -pide Mimi. –Ese que está entrando a la biblioteca es Michael, mi ex. –dice la castaña. –Seguro le recuerdas, está de intercambio y salimos hace un par de meses.

Izzy rodó los ojos sin mostrar el más mínimo interés.

-No puedo pasar hora y media encerrada en el mismo salón que él después de lo que me hizo. –decide Mimi.

-Entonces te veré luego…

-¡No, debes venir conmigo! –exclama Tachikawa. –Ya sé, salgamos por la parte trasera y vayamos a almorzar, yo invito.

Koushiro frunce el cejo.

-No me harás escapar de la escuela en el primer día, Mimi. –se queja el pelirrojo. –Podrían descubrirnos y…

Ella le regala una bella sonrisa.

-Prometo que no será así. –asegura. –Vamos, Koushiro, vive un poco.

Él suspira mientras niega frenéticamente con la cabeza. Ella le está arrastrando sin importarle su opinión y balanceando sus caderas al compás de su apresurada caminata. Koushiro la observa en silencio pensando lo poco que Mimi trataba de llamar la atención pero lo fácil que lo conseguía.

-Por favor. –ruega Mimi y decide que tiene que usar un último truco para conseguir sus fines. Pone los ojos llorosos. –Ver a Michael me ha afectado más de lo que creí, no sé si puedo estar sola justo ahora. Te lo imploro, Izzy. –añade haciendo un puchero.

Para alguien que posee una reputación de una chica inocente y un poco boba, Mimi es una manipuladora excelente.

Sora

Tan pronto como la emoción por su último año ha llegado se ha ido.

El entrenador, los profesores, sus padres, ella misma… hay tanta gente a la que puede defraudar que siente el miedo dejarla paralizada tan pronto como pisa la escuela. Y no sólo en el sentido académico, sino también en muchos otros.

Ella no quiere defraudar a nadie, mucho menos quiere lastimar a la gente que le importa, por eso cuando entra al salón de clases y se encuentra a Tai y Matt sentados en el mismo lugar en el que ella tomará sus materias ese año se le hiela la sangre. Va a tener que compartir la misma clase no sólo con uno, sino con ambos.

Y eso no es todo, los dos apuestos muchachos están sentados juntos, conversando de manera tranquila y amigable. No puede sorprenderse por esto, después de todo son mejores amigos…

Y ella no quiere ser la causa de que dejen de serlo.

Se sienta con ellos y trata de disimular que no está aterrada.

-Buenos días. –saluda de manera cordial, ambos le responden de igual manera.

-¿Estás lista para el último año? –pregunta Taichi sonriéndole.

-No. –es su simple respuesta. No agrega nada más, y ninguno de los dos pregunta al respecto.

-He visto a Izzy antes de clases y me ha contado algo graciosísimo de Jou. –dice Taichi.

-Ya, me lo ha contado Takeru ayer, se lo dijo Miyako. –habla Yamato. –Ese Jou no cambia más.

-¿Qué hizo ahora el Superior? –indaga Sora.

-Pues resulta que…

La historia de cómo Jou había confundido a su suegra con su novia y la había abrazado por detrás a Sora le sacó una sonrisa sincera, sobretodo porque imaginarse la reacción del peli azul de gafas era monumentalmente divertido. Taichi soltó una carcajada musical alegando que jamás dejaba de entretenerlo la historia y hasta Yamato alzó las comisuras de sus labios perfectos.

-Es algo que bien te podría pasar a ti, Taichi. –dice Ishida.- así que si fuera tú no me reiría tanto.

-¿A mí? Pero si yo jamás haría algo tan tonto. –exclama el moreno Yagami.

-En cuarto grado llamaste mamá a la maestra. –recuerda Sora con gracia.

-¡Y jamás me dejarás olvidarlo, Takenouchi! –se molesta Tai. –Es un error que cualquiera puede cometer.

-No yo.

-Ah es que claro, el gran Yamato Ishida, estrella de rock, no comete errores. –dice Taichi.

-Exactamente. –clama el rubio sonriendo.

Sora se ríe y se da cuenta que tal vez sólo estaba exagerando al sentirse tan atemorizada de volverse a enfrentar a estos dos chicos. Después de todo, no sólo eran Taichi el que besaba de maravilla y Yamato el romántico comprensivo, también eran Tai y Matt, sus mejores amigos.

Koushiro

Mimi estaba realmente loca.

Pero eso no era lo preocupante, después de todo haber compartido años en la misma clase que ella le había hecho darse cuenta de aquello hace algunos años, lo preocupante era que arrastraba a todo el que estuviera cerca en sus locuras y en este caso él había estado irremediablemente cerca.

Izumi no entendía la actitud de la chica Tachikawa. Nunca antes había mostrado demasiado interés en formar afinidad con él. Es decir, se llevaban bien y a veces le pedía ayuda con las tareas, pero de ahí a querer tener conversaciones tendidas como las que habían tenido últimamente había un gran trecho.

¿Por qué estaba ella interesada en él?

-Quita esa cara, volveremos después del almuerzo. –promete la jovencita con una sonrisa. –Ahora yo quiero una ensalada verde y un licuado de frambuesa. ¿Tú?

Él pide simplemente una hamburguesa de queso y una soda. Mimi le pasa la orden al mesero y se sienta en la mesa más cercana mientras Koushiro observa alrededor. Nunca antes en sus diecisiete años de vida ha comido en el centro comercial.

-¿Cómo? –pregunta Mimi cuando se lo comenta. -¿Por qué?

-Mi mamá está en contra de la comida chatarra así que casi nunca la como. –dice Izzy. –Y frecuento muy poco el centro comercial, así que es por eso.

-Por eso estás tan flaco. –observa Mimi.

Koushiro se sonroja. Ya sabe que no tiene una musculatura marcada como la de Taichi, por ejemplo, pero tampoco es que le guste que le mencionen lo enclenque que está. Y menos una chica.

-No lo tomes a mal. –agrega Mimi. –Me gusta, te ves estilizado. –dice con una sonrisita divertida. –Jamás me han gustado los cuerpos fornidos, siento que son de mastodontes. Delgado siempre es mejor. –añade.

-¿Tú crees?

-Claro, por eso me deje de preocupar por mi falta de curvas hace mucho. –explica la castaña. –Tengo lo necesario. Tal vez no poseo un trasero o unas caderas tan marcadas como las de Sora pero así soy y así me gusto.

Koushiro asiente a ella sin poder comprender del todo. Mimi le parecería el tipo de chica que haría dietas y ejercicios para tornear su cuerpo y que se preocuparía todo el día por cómo se ve, sin embargo hoy se da cuenta que Mimi no es guapa porque se produzca, es guapa porque lo es y punto. Y ella lo sabe y acepta tanto sus defectos como sus virtudes.

-Me gusta ser pelirrojo. –suelta Izzy de pronto. Mimi enmarca las cejas sin entender. –Digo, ya que estamos con este punto creo que soy alguien muy poco especial, no destaco entre la gente por mi carisma o por mi físico. –admite sin sentirse mal por eso.

-Destacas por tu inteligencia. –replica Tachikawa.

-Ya, pero eso es algo que muy pocos pueden ver de mí, no es como si trajera la boleta de calificaciones pegada en la frente. –afirma Koushiro. –Así que mi llamativo color de pelo, bueno, es algo que me gusta.

Mimi sonríe.

-Si crees que necesitas una boleta de calificaciones para que los demás vean lo listo que eres estás en un error. –alega la señorita. –Es algo que se puede ver tan pronto y hablas.

Ella tuerce sus bonitos labios en una sonrisa de brillo labial rosado y su pequeña nariz, en la que hay algunas pecas decorándola, se arruga. Sus ojos color miel brillan mientras lo observa y su cabello del color del caramelo con algunos reflejos rubios cae como una cascada rizada sobre sus hombros. Koushiro y ella están ambos reclinados hacia adelante y él capta un olor a vainilla proveniente de la chica. Las mejillas de Mimi están sonrosadas por el calor que hace aquel día, incluso dentro del recinto y la hacen ver como una muñeca de porcelana que podría encontrar en cualquier aparador. Las uñas, perfectamente cuidadas y de un color nacarado, golpetean la mesa ansiosamente. Sus manos son blancas y Koushiro las encuentra diminutas. Sus largas pestañas, como un abanico color café se balancean de arriba abajo.

-¿Pasa algo? –pregunta Mimi. –Estás todo rojo.

El color ha subido a sus mejillas al percatarse que se le ha quedado viendo y que no puede dejar de pensar lo bonita que ella es.

-Es el calor. –se excusa sin saber muy bien que decir.

La comida llega en el momento justo y ambos comienzan a comer. Koushiro no está acostumbrado a charlar mientras come y sin embargo Mimi posee una destreza casi brillante para hacerlo. Le habla de sus padres y de sus amigas, le cuenta de la ruptura con Michael y le dice el miedo que tiene de reprobar Física.

-Prometo ayudarte. –dice el pelirrojo de pronto.

-¿A hacer que regresen a Michael a Estados Unidos?

-¿Qué? ¡No! –niega el joven Izumi. –Con Física. No es mi mejor materia pero creo que la entiendo bien. –explica. –Si quieres te ayudaré y no reprobarás.

-¿De verdad?

-Claro, aunque para eso tendrás que evitar que nos expulsen del salón de clases una vez más. –aclara el chico de ojos negros.

-¡Lo prometo, Izzy! –exclama Mimi sonriente y abrazándolo como puede por sobre de la mesa. El sonrojo regresa a la cara del pelirrojo mientras aspira ese perfume que huele a vainilla. –Pero yo debería ayudarte con algo a cambio.

-No seas ridícula…

-¡Sí, es lo justo! –chilla la jovencita e Izzy piensa que Mimi alza demasiado su voz. –Ya sé, te enseñaré como tener una novia.

La cara del chico Izumi se desencaja y su mandíbula se abre. ¿Qué demonios está diciendo esta muchacha y porque Izzy tiene que seguirle siempre el juego? Él no quiere ninguna novia. No está interesado en las relaciones amorosas y jamás lo estará (o eso cree él) mucho menos si van a traerle tantas decepciones como a Taichi o a Yamato…

-No será necesario, Mimi.

-Sí lo es. –le contradice Tachikawa. –Y empezaremos con Kaede, ya sabes esa chica que se sienta tras de ti en clase.

-¿Takae?

-Esa justamente, Kaede Takae. –asiente Mimi. –Se nota tanto que está enamorada de ti que sólo le falta un letrero que lo diga. –afirma la castaña. –Es linda y se ve también que es inteligente.

-Pues está conmigo en el club de computación. –dice Koushiro.

-Perfecto, ya tienen algo en común.

Izzy niega con la cabeza.

-¿cómo sabes que le gusto? Es ridículo.

Mimi sonríe.

-Es tan obvio, las mujeres sabemos de esas cosas. –contesta la chica de apellido Tachikawa. –Pronto serás capaz de verlo tú también.

Koushiro traga saliva mientras da el último sorbo a su soda. Mimi ha llamado al mesero para pedir un postre de manzana y le pregunta a Koushiro si es que quiere algo. Éste lo medita mucho antes de finalmente responder.

-¿Tienes algo de vainilla? Tal vez un helado…


De nuevo les agradezco el apoyo y los comentarios, les mando un abrazo enorme!